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CARTA ENTREABIERTA A LA FIBA   7 comments

Estimados Señores Mandamases de la FIBA:

Disculpen antes de nada mi intromisión. Soy plenamente consciente de que estarán ustedes disfrutando de un merecido descanso en estos días tras las agotadoras jornadas del Mundobasket, más de dos semanas yendo de acá para allá, de la ceca a la meca, de Granada a Madrid, de Gran Canaria a Barcelona, viajando en aviones de mala muerte, durmiendo en hoteles infectos, comiendo de cualquier manera, trabajando a destajo veinticuatro horas al día (o más si cabe) con absoluta entrega y total dedicación para que no quede ni un solo cabo suelto, por dios qué agobio, me está entrando fatiga sólo de pensarlo, fíjense lo que les digo. Disfruten de su asueto que bien ganado se lo tienen, y perdonen que justo en estos días venga yo a importunarles pero qué quieren, soy así, está en mi naturaleza impertinente y desabrida, no lo puedo evitar. Así que me voy a tomar la libertad de comentarles algún asuntillo, poca cosa, nada que deba obligarles a interrumpir sus vacaciones (como si lo fueran a hacer), de hecho ni siquiera hace falta que lo lean ahora, pueden dejarlo para cualquier otro momento (como si en algún momento lo fueran a leer). Gracias por dedicarle a mi carta una pequeña parte de su precioso tiempo (apenas unas décimas de segundo, lo que se tarda en romperla), y ahora ya sin más dilación paso por fin a comentarles todas esas chuminadillas que me traen a mal traer en estos días…

I- Pueden estar orgullosos, el sistema de competición que diseñaron para este Mundial marcará un hito, un antes y un después, un alfa y un omega, una nueva era en la organización de grandes eventos deportivos. La genialidad de partir el Torneo por la mitad cual si se tratara de dos conferencias independientes con sus respectivos cabezas de serie ha provocado la admiración de muchos pero también el resquemor de algunos otros, seres por lo general avinagrados y renegridos (véase éste por ejemplo), gente indeseable que prefiere buscar siempre el lado negativo de las cosas en lugar de colmarles de loas y parabienes como está mandado. Claro está, ante tamaña afrenta ustedes reaccionaron (cómo no habrían de reaccionar), reivindicaron su modelo (cómo no lo habrían de reivindicar) y en su reivindicación recurrieron al socorrido ejemplo del tenis, algo en lo que no estuvieron solos pues no fueron pocos los que les hicieron el coro, dicho sea de paso. Hombre, un poco cogido por los pelos sí que está el ejemplo, si me permiten que se lo diga. Es bien cierto que en el tenis (o en el torneo final de la NCAA, por poner otro ejemplo que a los baloncesteros debería resultarnos más familiar) los dos principales cabezas de serie van por cada lado del cuadro, es bien cierto que nunca podrán encontrarse hasta la final como no es menos cierto que los equipos de un lado del cuadro nunca podrán cruzarse con los del otro… pero se les olvidó un pequeño detalle, que es que en tenis (o NCAA) se hace así porque no podría hacerse de ninguna otra manera. Porque no hay grupos, déjenme que se lo repita, no hay grupos, no se parte de grupos de cuatro o seis equipos sino de eliminatorias directas desde el principio, win or go home, quien gana sigue y quien pierde se va para casa, razón por la cual resulta científicamente imposible que pueda repetirse un partido que ya se haya producido antes. Miren en cambio su Conferencia de Madrid, vean cómo gracias a su prodigioso a la par que inmarcesible sistema de competición todos los enfrentamientos que se dieron a partir de cuartos de final ya fueron bises, ya se habían jugado en Granada previamente (y en todos además se fue a dar el resultado contrario al que se había dado antes, para hacer aún más patente la absurdez del modelo). O dicho de otra manera, que la próxima vez que tengan que defender lo indefendible cúrrense al menos un poquito los argumentos, con que se hubieran limitado a decir sí, lo hacemos así porque nos da la gana y punto, desde luego habrían resultado muchísimo más convincentes. Esa sería una opción, la otra es dejarse de zarandajas y volver al método de siempre, que los equipos vuelvan a cruzarse entre ambos lados del cuadro como se ha hecho toda la vida de dios. Y asumir el riesgo que conlleva, siempre y cuando sean capaces de soportarlo.

II- Seguramente no se habrán enterado, se les habrá pasado (tan liados como han estado en estos días) pero déjenme que les cuente que ha vuelto a suceder. Jueves 4 de septiembre, Gran Canaria Arena, partido Australia-Angola, los unos ya clasificados, los otros ya eliminados, los australianos ganando de calle hasta que en un momento dado empiezan a fallar casi en la misma medida en que los angoleños empiezan a meter, al final victoria africana, nada de particular si no fuera por el pequeño detalle de que gracias a esa derrota los australianos consiguieron quedar terceros en vez de segundos situándose así fuera del alcance de USA en cuartos de final (que dicho sea de paso, si lo hicieron a propósito les salió como el culo ya que luego ni tan siquiera pasaron de octavos, Turquía mediante). Nada nuevo bajo el sol, quizá tampoco recuerden que algo así ya sucedió con nuestra selección en 2012 o con Francia en 2011, aún podríamos seguir remontándonos años atrás y casi en cada torneo encontraríamos algún numerito de éstos, situaciones todas ellas ante las que ustedes tienen por costumbre hacer la vista gorda. Que la tienen bien gorda (la vista) pero que quizá no estaría de más que empezaran a afinarla un poco, a ver si así se coscaban de algo alguna vez. Claro está, me dirán que estas cosas es muy difícil probarlas a posteriori y por ello mi propuesta es que a partir de ahora intenten solucionarlas a priori. Prevenir antes que curar. ¿Cómo? Pues es bien sencillo: sorteando los emparejamientos a partir de octavos de final. Un sorteo mínimamente dirigido en función de los puestos ocupados en la primera fase, de tal manera que (por ejemplo) al primer clasificado del grupo A le pueda tocar el cuarto del B, C ó D, o que al segundo clasificado del grupo D le pueda tocar el tercero del A, B ó C y así sucesivamente. De esta manera en cada esquina del cuadro habría un primero, un segundo, un tercero y un cuarto (como hasta ahora, pero sin que tuvieran el camino establecido previamente), de esta manera ya nadie tendría la tentación de dejarse ir, en caso de duda siempre será mejor quedar segundo que tercero al no saber lo que te vendrá después. Claro está, me dirán que no les gusta, que quedaría el cuadro en manos del azar y ya no podrían mangonearlo a su antojo. Razón tienen, cómo no habrían de tenerla, pero piensen por un momento en las ventajas que acarrearía: no sólo se ahorrarían todas las disquisiciones y maledicencias sobre si fulano se dejó ganar o mengano prefirió perder, sino que además (y por el mismo precio) tendrían un ingrediente más para ofrecer, un sorteo que podría celebrarse media hora después de que acabara la primera fase y que mantendría pegados al televisor a los aficionados de los dieciséis países supervivientes (o de quince, que los de USA pasarían). Tendría más audiencia que muchos partidos del Campeonato, no les quepa la menor duda. Ahí les dejo la idea (y gratis total), ahora ustedes verán lo que hacen con ella. De nada.

III- Este es un tema menor, que de hecho ni siquiera sé si es competencia suya o de sus acólitos de la FEB. Miren, el pasado miércoles 10 asistí en carne mortal a los dos partidos de cuartos de final disputados en el Palacio de los Deportes, y con gran sorpresa pude comprobar que cada vez que se interrumpía el juego ponían música. Fíjense que no hablo de descansos entre cuartos ni de tiempos muertos (que eso a estas alturas ya nos resulta de lo más normal), hablo de todas las interrupciones en el juego aún por breves que éstas fueran, sin excepción: lo que se tarda en hacer un cambio, lo que va desde que sale el balón fuera hasta que se saca de banda o desde que se pita una falta hasta que se lanzan los tiros, incluso el brevísimo lapso de tiempo que transcurre desde que se anota una canasta hasta que se saca de fondo, todo ello es tiempo más que suficiente para que el diyéi de turno apriete el botón y nos deleite con piezas (más bien pedazos, trozos, fragmentos) de tres o cinco segundos de duración en las que cabe de todo, desde clásicos convenientemente pasados por la túrmix hasta la Danza Kuduro pasando por el porompompero remasterizado (o como se diga), que ya llega uno a un punto en el que no sabe si está en una cancha de baloncesto en la que de vez en cuando ponen música o en una discoteca en la que de vez en cuando ponen baloncesto. Claro está, todo esto empecé a entenderlo cuando nos dijeron que Los 40 Principales era la radiofórmula oficial de la Copa del Mundo. [Que a ver, que vale que tenga que haber un cronómetro oficial de la Copa del Mundo, pero… ¿una radiofórmula oficial de la Copa del Mundo? ¿Qué será lo próximo? ¿Durex, preservativo oficial de la Copa del Mundo? ¿El Ocaso, servicio de pompas fúnebres oficial de la Copa del Mundo? A lo mejor ya lo hay y yo no me enterado] Acabáramos. Miren, yo entiendo perfectamente que por el mero hecho de asistir a una jornada del Mundial tenga que escucharme 3.414.327 veces (y en varias versiones diferentes) sube la copa uo uououó, sube la copa uo uououó, sube la copa uo uououó, sube la copa uo uououó, cómo no lo voy a entender si es la canción oficial del certamen. Ahora bien, que también tenga que escucharme 27.915 veces yo quiero estar contigo, vivir contigo, bailar contigo, tener contigo una noche loca y besar tu boca, uououó (el uououó debe ser la clave del éxito), pues como que ahí ya no acabo yo de ver qué relación pueda tener dicho engendro con el Mundial ni con el baloncesto mismo (más allá de que el sujeto que lo perpetra fuera visto alguna vez luciendo el careto en la cancha de los Heat). Y de decibelios ya no hablemos, claro. No sé, será que estoy muy antiguo (además de serlo) pero me cuesta, qué quieren que les diga. Quizás en la próxima macrofiesta podrían probar a interrumpir de vez en cuando la música (o lo que fuere) para poner highlights a ver qué pasaba, a ver cómo reaccionaba la peña, lo mismo alguno hasta se quejaba y todo. Rebozamos el baloncesto con toda clase de aditivos como si nos avergonzáramos de él, como si sólo bien envuelto en papel celofán confiáramos en poder venderlo, cuanto más mejor no vaya a ser que se vea lo que hay dentro. Si ya ni siquiera nosotros mismos confiamos en nuestro producto, no queramos luego que le guste a los demás.

IV- Y ahora volvamos si me lo permiten a temas más serios, por ejemplo a esa extraña cosa que hemos dado en llamar falta táctica y que en este Mundial se ha convertido en algo así como el coño de la Bernarda si se me permite la expresión (mis disculpas si pasara alguien por aquí con ese nombre y pudiera sentirse ofendida), ese lugar en donde acaban las defensas cuando ya no queda ninguna otra opción. Antes la veías una o dos veces por partido (a la falta, no a la Bernarda), se te llevaban los demonios, se reanudaba el juego y a otra cosa, antes era excepción pero ahora casi es regla, hay equipos que parecen haber hecho de esta falta su principal medio de vida, que la usan casi más que la defensa misma, de hecho en el cruce de cuartos de final entre Serbia y Brasil (quizá me fijé más por verlo in situ) llegué a pensar que tal vez deberíamos cambiarle el nombre y en vez de falta táctica empezar a llamarla falta serbia por la desenvoltura con que la usaban (y abusaban) los de Djordjevic. La filosofía es bien simple, tenemos faltas a chorros para administrar, hagamos las que sean menester con tal de evitar canastas fáciles, recordemos siempre aquella vieja máxima futbolística, si pasa el balón que no pase el jugador, claro que en fútbol tienen tarjetas y las sacan como si les sobraran, aquí en cambio tenemos antideportivas pero nos las ahorramos no se nos vayan a gastar. En estos casos suele instaurarse un peculiar debate en las redes sociales entre aquellos que consideran que habría que cambiar el reglamento para penalizar más estas acciones y aquellos que responden que la penalización de estas acciones ya está en el reglamento y sólo es cuestión de aplicarlo como es debido. Yo no sé quién tiene razón, si los unos o los otros o todos o ninguno, yo sólo soy un mero aficionado que (como tantos otros) empieza a estar harto de que le estén matando este juego y de que el contraataque sea ya una especie a extinguir. O como bien dijo el gran Piti Hurtado, que con cada falta táctica dos espectadores cambian de canal y otros diez miran el guasap, las cifras son estimativas, no tengo delante la cita exacta. Hagan algo, por favor. Si no existe una norma específica créenla, si ya está en el reglamento aplíquenlo que para eso está. Pero cualquier cosa antes que este basket-interruptus, este fraude de ley de que a los equipos les compense delinquir porque la pena que se les impone resulta ser siempre mucho más leve que el beneficio que obtienen por la comisión del delito. Hagan algo. YA.

V- No teman, voy terminando, pero antes déjenme que les diga que son ustedes unos linces, como no podía ser de ninguna otra manera dada su elevada condición. Ante la imposibilidad de que Ucrania pueda organizar el próximo Eurobasket han inventado el Eurobasket multisede, con dos… razones. Cuatro grupos que se disputarán en Montpellier, Berlín, Zagreb y Riga para luego finalmente confluir en la fase final de Lille, qué gran idea, qué bien pensado, qué maravillosa noticia para todos aquellos que tengan por costumbre seguir a su selección. Imaginemos por ejemplo a un señor de Socuéllamos (elección nada casual, que ahí vemos la bandera en cada partido) que siguiera a la nuestra hasta Riga, imaginemos incluso que pasamos a la siguiente fase (que no deja de ser mucho imaginar, tal y como están las cosas), dile tú ahora que después de haberse ido hasta Letonia si quiere seguir viendo a la selección tiene que venirse a Francia, dile que si antes se dejaba los ahorros de todo un año en el empeño ahora se tendrá que dejar los de dos, ya verás qué cara te pone. O a lo mejor el de Socuéllamos tiene posibles, no digo yo que no, a lo mejor los finlandeses también los tienen pero a lo peor muchos lituanos no, diles que tienen que ir primero a Zagreb y luego a Lille y verás dónde te mandan. Están ustedes en racha, desde aquella idea (que supongo que aún mantienen) de interrumpir las temporadas en pleno invierno para hacer fases de clasificación (en los despachos NBA todavía  están descojonándose) no se les había ocurrido nada tan brillante, así que yo les propongo que para el próximo Mundial hagan lo propio, ya puestos: un grupo en México, otro en Senegal, un tercero en Filipinas, el cuarto en Nueva Zelanda y luego ya los cruces en Sebastopol y Vladivostok. Por ejemplo. Cuentan que hace algunos siglos hubo en este país un monarca absolutista que implantó el despotismo ilustrado, una manera de gobernar que se resumía en el siguiente lema: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Ustedes sin saberlo van por ese mismo camino, de hecho son fieles seguidores suyos, no hay ocurrencia que no nos lo confirme, como si no nos hubiera quedado ya suficientemente claro con el mamoneo de invitaciones de cada torneo que organizan. Todo para el aficionado pero sin el aficionado, eso por ahora, a este paso acabará siendo todo para el baloncesto pero sin baloncesto. Están en ello.

Una última cosa antes de cerrar: si ven por ahí a nuestro egregio mandatario baloncestero patrio Don José Luis Sáez, Pepe para los amigos (que alguno tendrá), salúdenlo muy efusivamente de mi parte y díganle de paso que deje ya de repetir una y otra vez que hemos organizado el mejor Mundial de Baloncesto de la historia. Que a ver, que yo lo entiendo, que el hombre tiene que sacar pecho en esto porque en lo otro le ha quedado muy poco pecho que sacar, ya que no ha podido colgarse la medalla real intenta colgarse la virtual, algo es algo. Pero… ¿el mejor de la historia? Entiendo que no lo dice en términos deportivos (que ni siquiera será el mejor de los celebrados en España) sino en términos organizativos. Pero aún así, ¿de verdad, el mejor de la historia? ¿Mejor incluso que Japón 2006? (que ya sabemos que aquel es un país entregado a la improvisación, la holgazanería y la molicie, no como el nuestro tan metódico, tan concienzudo, tan de no dejar ningún cabo suelto) Puede ser, quién soy yo para negarlo pero por favor, díganle de una vez que deje de decirlo. Si lo dijeran otros me convencería, que sólo lo diga él me hace sospechar, es como si yo me paso una tarde entera diciendo qué buenas me han salido hoy las lentejas, cualquier observador ajeno pensaría que no debían estar tan buenas si tengo que repetirlo a cada rato. Una cosa no es más cierta por repetirla mil veces, aunque los propagandistas lleven tiempo intentándonos convencer de lo contrario. Que se relaje por favor, que se olvide ya del mejor Mundial de Baloncesto de la historia y se dedique de una puñetera vez a organizar su casa, que no sé si se habrán dado cuenta pero la tiene un poco revuelta últimamente…

Y ya sin otro particular, aprovecho para reiterarles el testimonio de mi consideración más distinguida (signifique eso lo que signifique). O dicho de otra manera, hasta más ver o lo que viene siendo lo mismo, hasta 2018 que no sé por qué me da que volveremos a tenerles por aquí, dada nuestra innata propensión a organizar saraos. Por si acaso vayamos ya ensayando, pueden estar seguros de que si nos lo conceden haremos el mejor Mundial de Baloncesto (femenino) de la historia. Y que con su pan se lo coman, faltaría más.

EL FIN DE UNA ERA   8 comments

Esta no es la entrada que pensaba escribir hoy. Hoy había pensado aburrirles con mi día en el Mundial, el único día de toda mi vida del que podré decir que asistí in situ a un Mundial de Baloncesto. Hoy tendría que haberles calentado los cascos con toda clase de historias del antes, del durante y del después, un poco a la manera en que lo hice en aquel Eurobasket de hace ya siete largos años. Hoy tendría que haberles puesto la cabeza mala con las curiosidades que llamaron mi atención, con las ocurrencias que escuché, incluso con las fotos que tomé para la ocasión, con tantas otras cosas que rondaron toda la tarde por mi cabeza y que luego al caer la noche se me fueron todas juntas al carajo, cuando en los minutos finales del infausto España-Francia comprendí por fin que ya no podría haber ninguna otra cosa de qué hablar. Cuando fui palpando la angustia que se vivía a mi alrededor (que acaso no fuera más que un reflejo de mi propia angustia), cuando fui bajando las escaleras del Palacio entre gestos desencajados y ojos enrojecidos, cuando entré en el metro junto a otros tropecientos más y una señora que viajaba en el vagón supo de inmediato que habíamos perdido porque no hay más que veros las caras, cuando fui poco a poco tomando conciencia de la magnitud de aquel fracaso, FRACASO con mayúsculas, fracaso generado entre otras cosas por nuestras enfermizas expectativas de éxito, éste ya con minúsculas. Nunca escribiré ya el post de mi día en el Mundial, o acaso sólo pueda hacerlo cuando haya pasado el tiempo suficiente para que no tenga ya ningún sentido. Ni puñetera falta que le hará tenerlo.

A veces la vida te da la razón cuando menos te lo esperas, cuando menos te gustaría tenerla. Hace 14 días les conté aquí mis razones para el escepticismo, recuerdo bien que mi primera intención fue titularla razones para el pesimismo pero me contuve, era tal el desparrame de triunfalismo alrededor de nuestra selección que pensé que iba a ser yo la única nota discordante, que con ese nombre no me la iba a leer ni dios y el que lo hiciera lo haría para insultarme. Plegué velas, cambié de título en el último instante, quizá suavicé algo el tono pero la esencia fue más o menos la misma, salirme del discurso oficial, explicarles por qué yo, al contrario de (lo que parecía ser) el común de los mortales, no lo veía nada claro. Y empezó el campeonato, empezamos a arrollar a todo dios, empecé a ilusionarme como todo dios pero en el fondo de mi alma seguí sin verlo claro, seguí temiendo el petardazo a la vuelta de cualquier esquina, vi ayer el Serbia-Brasil y comprendí que aquella Serbia en nada se parecía ya a la de Granada, que tenía argumentos más que de sobra para pintarnos la cara… Como si le fuéramos a dar la oportunidad. Me quedé corto. La realidad superó a la ficción, por una vez la realidad superó incluso a mi propio pesimismo/escepticismo. Temí una muerte lenta en semis, jamás imaginé una muerte rápida (pero no por ello menos dolorosa, más bien al contrario) en cuartos de final. Hasta se nos acabó volviendo en contra lo que nos montamos a favor, ese cuadro que preparamos a conciencia para no tener que ver a USA hasta la Final como si fueran dos conferencias separadas, como si todo lo demás no importara, como si diera igual ocho que ochenta, Brasil que México, Francia que Finlandia, Serbia que Ucrania. En el pecado llevamos la penitencia, y qué penitencia. Tenemos lo que nos merecemos.

Ahora todos los dedos apuntan a Orenga y no seré yo quien los aparte, pero me gustaría que fuéramos capaces de señalar un poco más allá. El problema no es Orenga (o no es sólo Orenga), es quien lo nombra. El problema es que en un país con docenas y docenas de extraordinarios entrenadores alguien decida poner de seleccionador nacional a un becario (dicho sea con todos los respetos a Orenga y a los becarios), becario no en lo que se refiere al sueldo (obviamente) sino a la experiencia. ¿Experiencia? Cuatro aciagos meses (y de eso hace ya demasiados años) en uno de los peores Estudiantes que se recuerdan (y miren que hay donde escoger), justo hasta que no les quedó más remedio que enseñarle la puerta de salida. ¿Y con ese portentoso bagaje va el iluminado de turno (por otro nombre José Luis Sáez, no se me vaya a olvidar nombrarlo) y decide que es la persona idónea para regir los des(a)tinos de esta selección? Argumento irreprochable donde los haya, vamos a ponerles a estas criaturas un entrenador contemporizador y poco intervencionista, no vaya ser que si les ponemos jefe alguno no venga. Y usted y yo sabemos que esto por desgracia no funciona así, usted y yo podemos ser extraordinarios en nuestro trabajo y tener además un elevado sentido de la responsabilidad, pero si nos ponen un jefe de paja que no nos dirija sino que nos mire probablemente haremos lo justo, y sin orden ni concierto además. Qué duda cabe, la vida sin jefes sería maravillosa, todos hemos soñado con ello alguna vez, pero sólo a los jugadores de nuestra selección les fue concedido el privilegio de convertir ese sueño en realidad. Y fueron felices y comieron perdices y demás opíparas viandas, jugaron a la pocha, cantaron juntos, zascandilearon por los pasillos y se lo pasaron chachi chupi requeteguay… hasta ayer. Querías perfil bajo, pues ahí lo tienes. Por los suelos.

Pero es que hay algo peor que equivocarte, y es ser contumaz en el error. Sostenella y no enmendalla, que decía aquel. Tropezar de nuevo con la misma piedra, aún por grande que fuera la hostia que te llevaste la primera vez. Puedo llegar a entender el nombramiento de Orenga para el Eurobasket 2013, al menos el ochenta o noventa por ciento de aficionados al baloncesto de este país no lo veíamos pero puedo llegar a entender que usted sí lo viera, usted al fin y al cabo sabe mucho más de baloncesto que nosotros, faltaría más, como corresponde a su alto rango y elevada condición. Pero eso fue antes. Después del Eurobasket 2013 seríamos ya el 99 por ciento de aficionados de este país los que no veíamos a Orenga (ni en pintura, y nunca mejor dicho), y aún me quedaré corto. Se ganó el bronce, se nos vendió como un éxito (sin Pau, sin Navarro, sin Ibaka, a ver a qué más podíamos aspirar), puede que numéricamente así lo fuera pero más allá de los números y de las medallas están las sensaciones. Y éstas nos mostraron partido tras partido a un equipo mal preparado física, técnica y psicológicamente, un equipo incapaz de administrar sus exiguas fuerzas, que arrasaba en los tres primeros cuartos para luego hundirse irremisiblemente en el último, que no sabía remar contra corriente ni era capaz de manejar finales apretados fueran éstos contra quien fueran, así una y otra y otra vez… Las señales parecían evidentes para cualquiera que quisiera verlas pero usted nada, usted erre que erre (nada que ver con Ricky & Rudy en este caso). No queríais Orenga, pues toma, dos tazas. A ver si aún hay huevos para una tercera.

¿Sabe cuál es la diferencia? Que hace un año nos ganó una Francia que era un pedazo de equipo, el mismo que luego sería campeón, también el mismo al que habíamos ganado en 2012, 2011, 2009, tantas otras veces. Hace un año le forzamos una prórroga a la Francia de Tony Parker, en cambio este año no hemos visto ni de lejos a una Francia sin Parker, sin Nando de Colo, sin Joakim Noah, sin Michael Pietrus, sin Ronny Turiaf, sin Kevin Seraphin, sin Alexis Ajinça, sin Ian Mahinmi, si quieren sigo que aún me dejaré alguno. Una Francia light, probablemente la selección francesa con peor pronóstico en un campeonato internacional de los últimos quince años. Pero una Francia con entrenador, fíjense qué cosa más curiosa, una Francia con un pedazo de técnico llamado Vincent Collet que nos conoce como si nos hubiera parido, que nos tiene estudiados hasta la náusea y que debió pasarse las horas previas al partido ensayando mil y una maneras de explotar nuestras debilidades: cómo dejarnos en inferioridad en todos sus picanroles, como invertir e invertir hasta que en uno u otro lado hubiera un tío solo, cómo cortocircuitarnos todo nuestro ataque, cómo negarnos todos los rebotes. Lo que viene siendo preparar un partido, hasta el hartazgo si es preciso. Claro está, ellos tenían que prepararlo, nosotros para qué, si ya sabemos de sobra que somos mejores que ellos, si ya les ganamos de paliza el otro día, si no tenemos nada de que preocuparnos, que se preocupen ellos si se quieren preocupar, nosotros a lo nuestro. Una sesioncilla suave, un permiso de paternidad, algún pasatiempo lúdico-festivo y a otra cosa mariposa, no se nos vayan a cansar.

Claro que si no queríamos que se cansaran a lo mejor podríamos haberlo pensado antes. Haberlo pensado en todos esos días en que ganábamos de treinta y aún así manteníamos a todos los pesos pesados sobre la cancha hasta que quedaban apenas tres minutos, no fuera a ser que nos vinieran a remontar. Haberlo pensado el día de Serbia, que no nos jugábamos absolutamente nada ni ellos tampoco, que el sentido común (el menos común de los sentidos) dictaba meter como titulares a Felipe, Claver y Abrines y darles treinta minutos pero nosotros nada, nosotros con toda la artillería desde el principio hasta el final para que supieran con quién se estaban jugando los cuartos, puras salvas de artificio, luego ya nos iremos por las patas abajo cuando toque jugárselos de verdad. Si no queríamos que se cansaran a lo mejor pudimos caer antes en la cuenta de que los baqueteados cuerpos de 34 años ya no responden como los de 22, es ley de vida. Pero si no caímos y ahora ya les tenemos cansados siempre quedaría la opción de activar el plan B: que Diaw se está quedando una y otra vez en superioridad y nos está crujiendo desde fuera, que Marc está como si no estuviera, que Ibaka parece al borde de un ataque de nervios, que no cogemos un puto rebote y los pocos que cogemos nos los quitan de las manos… pues a ver si es que ha llegado el momento de darle por fin una oportunidad a un tal Felipe Reyes, que no es precisamente un novillero a punto de confirmar la alternativa como Abrines ni un ente etéreo como Claver, que no es un fino estilista como alguno de los que le preceden pero está más que harto de fajarse en cienmil batallas como ésta, que en un partido que se juega en las trincheras será difícil encontrar otro mejor. Claro que para activar el plan B primero hace falta tenerlo. No digo que no lo hubiera, no lo sé ni soy quién para saberlo. Sólo digo que si lo había se esforzaron muy concienzudamente en disimularlo.

Hay derrotas y derrotas. Suelo decir que la alegría por una victoria nos puede quedar para siempre pero la tristeza tras una derrota nunca debería durarnos más de cinco minutos. Porque la vida es mucho más que baloncesto, porque todos tenemos cosas mucho más importantes en que pensar más allá de un mero partido, sea éste cual sea. Suelo decirlo y además suelo cumplirlo… el 99 por ciento de las veces. Porque hay derrotas y derrotas, porque hay algunas (muy pocas, afortunadamente) que se te enquistan y se te quedan para toda la vida en tu interior. Esta es una de ellas, evidentemente. Desde aquel infausto chinazo en el Mundial de Canadá’1994 no había vuelto yo a sentir esta amargura por un resultado de la selección (y fuera de la selección tampoco, exceptuando el presunto descenso estudiantil). Nunca. Ni con las derrotas griegas de 1995 y 1998, ni con las finales perdidas en 1999, 2003 y 2007 (al fin y al cabo éramos finalistas), ni con la durísima eliminación ante USA en los cuartos de final de Atenas 2004, ni con el triplazo de Teodosic en 2010, ni con la prórroga ante Francia del pasado año… Nunca, nunca desde aquel chinazo que marcó (mucho más que el angolazo de dos años antes) un antes y un después. Como lo marcará esta derrota que algún día no lejano nos atreveremos a llamar franciazo. Aunque ni de lejos sea lo mismo, aunque Francia en ningún caso pueda compararse a aquella China o a aquella Angola. Pero tampoco veníamos entonces de donde vinimos ahora, ahora nos hemos pasado todo el Torneo sin otra preocupación que la de si seríamos o no capaces de ganar la Final a los yanquis como si ya estuviéramos en ella, ahora fuimos al Palacio como a una fiesta campestre, como si la única duda no fuera si íbamos a ganar sino de cuánto íbamos a ganar, como si no jugáramos contra nadie sino contra nosotros mismos (y quizá fuera así). Íbamos tan de favoritos, tan creídos, tan sobrados, tan de anfitriones (miren que se lo advertí, que la condición de anfitriones casi siempre acaba resultándonos contraproducente, a nosotros y casi a cualquiera), tan de chulos por la vida, tan de españoles en suma… Ya saben, hay una España envidiada por el mundo, soy español a qué quieres que te gane y demás fanfarronadas propias de nuevo rico (en términos estrictamente deportivos, entiéndase) que nunca tuvo donde caerse muerto, que un día de repente ganó cuatro cosas y a partir de ahí se creyó el amo del cortijo como si en verdad lo fuera. Somos campeones del mundo en vender pieles de oso, nada más que en eso, luego es el oso quien nos mata y además se regodea, con todo merecimiento. Somos campeones del mundo en generar vanas expectativas, así más dura será la caída. Lo está siendo.

¿Y saben qué es lo peor? Lo peor es haber dilapidado con todas estas tonterías los dos últimos años buenos que le quedaban a esta maravillosa generación. Como si diera lo mismo, como si el talento nos saliera a borbotones de debajo de las piedras, como si no hubiéramos necesitado toda una vida para tener una generación así… Se acabo. Es el fin de una era. Y fíjense que no digo fin de ciclo, que ése más o menos lo dábamos ya por descontado ganáramos o perdiéramos. Digo fin de una era, digo fin de la ilusión por esta selección que es tanto como decir fin de la ilusión por el baloncesto, en el supuesto de que aún quedara algo de ella. Echen cuentas, entre jubilados, sabáticos y desencantados en 2015 no nos reconocerá ni la madre que nos parió, iremos al Eurobasket multisede a que nos pinten la cara, tanto dará quien nos (des)entrene, la consecuencia inmediata será que no obtendremos plaza para Río’2016 ni con preolímpico ni sin preolímpico, ni de coña, si tenían alguna ilusión con dicha cita vayan quitándosela de la cabeza, yo ya estoy en ello. Quizá en 2017 seamos capaces de empezar la regeneración o quizá no, quién sabe, si aquel chinazo nos costó cinco años no descarten que ahora haya que esperar más todavía. Es lo que hay, no suelo adivinar el futuro (así que no pierdan la esperanza) pero a día de hoy no sé venderles otra cosa, ustedes me disculparán si les he dado el día (aún más si cabe). Hace dos semanas convertí mis razones para el pesimismo en razones para el escepticismo, hoy ya no, hoy ya sólo me queda pesimismo. A chorros, además. Y no sé cuántos años más habrán de pasar hasta que pueda cambiar de opinión.

ALGUNAS CONSIDERACIONES   Leave a comment

– Ricky: llevo toda la semana reivindicándolo, aún a riesgo de que en ese patio de vecindad que llamamos Twitter muchos me den la razón pero otros muchos se me tiren cordial y afectuosamente a la yugular (entiéndase en sentido figurado, of course). Es obvio que Ricky no las mete, y que el hecho de haber fallado alguna bandeja desde debajo mismo del aro no ha ayudado precisamente a su reputación en ese aspecto. Pero es que yo ya no le pido que las meta, yo soy de los que creen que la función primordial de un base no es jugar él sino hacer jugar al equipo, llevo pensando así toda la vida, comprenderán que a estas alturas ya no voy a cambiar. Y convendrán conmigo en que la dirección de Ricky en este Torneo está resultando sobresaliente, nada que ver con el Ricky timorato y constreñido que vimos hace un año, aquel que daba mil vueltas para no llegar nunca a ningún lado. Este año sí, este año Ricky sabe a dónde va, dinamiza el juego, da al equipo la velocidad que necesita, mete un ritmo en defensa y ataque muy difícil de soportar para cualquier rival, pone cada pase en el sitio adecuado y en el momento justo. Y disfruta, se le ve que disfruta, y aquellos que llevamos viendo a Ricky desde que tenía catorce años (desde antes incluso, en aquella Minicopa de Sevilla) sabemos ya de sobra que sin disfrute no hay Ricky (no Ricky no party, o viceversa) sino una mala copia de sí mismo, lo supieron bien en Badalona y Barcelona (aquellos por acción, éstos por omisión), lo saben bien también en Minneapolis. Y es verdad que no las mete, he ahí el problema, pero es que el meterla nunca fue parte esencial de un base sino un mero complemento. Cierto es que a día de hoy no posee ni ese mero complemento siquiera, cierto es que tarde o temprano tendrá que meterlas (sobre todo en NBA) si quiere dar el paso que separa a los buenos de los verdaderamente grandes. Pero por ahora (y a nivel de selección) se lo perdono, vaya si se lo perdono. Le sube la riquirrubina, tantos años después, y esa es una magnífica noticia para todos aquellos que hace apenas un año creímos haberla echado a perder, tal vez ya para siempre. Que dure.

– Calde: no sé si bien aconsejado o repentinamente iluminado, pero lo cierto es que un día Orenga tuvo por fin la ocurrencia de ponerle de (verdadero) base y ¡oh prodigio!, ¡oh maravilla!, de repente volvió el José Manuel (por otro nombre Juan Carlos) Calderón que siempre habíamos conocido, ya ven ustedes qué casualidad. El de Toronto, el de Dallas, el que triangulará en el Madison a la vera de Spike Lee en apenas mes y medio. Bastó con eso, volver a sentirse importante, volver a pensar (siquiera por un instante) que el equipo podía girar a su alrededor en lugar de que fuera él quien girara alrededor del equipo. Y recuperar el toque, la penetración y la muñeca fue todo uno, y recuperar el placer de jugar incluso cuando (vuelta la burra al trigo) vuelven a ponerle de dos vino ya por añadidura. Hemos recuperado a Calde, inmensa satisfacción para todos aquellos que siempre creímos en él, toque de atención para los que ya se llenaban la boca en estos días hablando de llevárselo muerto, hay gente pa tó. El patio de vecindad, ya saben, que por mucho que pulas tu TL nunca faltará alguno que te suelte lo del postureo de Calde o lo de que Navarro está ya acabado (tal cual, se lo juro), hacen bien en soltarlo si así lo piensan, la libertad de expresión es lo que tiene. En un caso y en otro bastó con dejar pasar el tiempo para la cruda realidad les pusiera en su lugar.

– El Chacho: la cuadratura del círculo no tiene solución que yo sepa, lo mismo la han descubierto ya en estos años y yo no me he enterado, tampoco sería de extrañar. No hay soluciones perfectas, arreglar una pieza esencial puede conducir a que se inutilice otra o a que no rinda ya a su nivel esperado. Teníamos desubicado a Calderón, puede que el precio a pagar por reubicarle haya sido desubicar a Sergio Rodríguez. O no, que visto desde fuera puede uno tener sensaciones que no se correspondan con la realidad. Orenga sigue abusando (en mi opinión) de las combinaciones de tres bases tomados de dos en dos, pero al menos habremos de reconocer que se han asignado roles y se ha recuperado un atisbo de (lo que yo entiendo por) sensatez: lo de toda la vida, un titular, un suplente y un tercero para momentos puntuales, cambiar ritmos, dinamitar partidos, esas cosas. A Sergio parece haberle correspondido este último papel, que sea habitualmente el segundo en entrar no evita que acabe siendo casi siempre el tercero en orden de importancia, puede parecer un rol menor pero nada más lejos de la realidad, dígaselo a José Luis Llorente en aquellos Juegos de Los Ángeles o al propio Sergio en Japón 2006, de no haber sido por su participación ante Argentina habríamos acabado peleando el bronce con los yanquis. Quedan (esperemos que queden) tres partidazos en los que no faltarán motivos para recurrir al Chacho, otra cosa ya es que a alguno quizá nos gustara que el orden de los factores fuera un poco diferente. Pero dicen que el orden de los factores no altera el producto y el producto por ahora no puede ser mejor, así que dejémoslo estar.

– La defensa: empezamos cada partido como si no hubiera un mañana, luego con las sucesivas rotaciones nos vamos sedimentando pero es empezar el tercer cuarto y comenzar el arrebato de nuevo. Y podría parecer que es porque salen los mismos que empezaron el encuentro pero no es así, o no exactamente: si el trío exterior inicial acostumbra a ser Ricky-Rudy-Navarro, el trío exterior tras el descanso acostumbra a ser Ricky-Rudy-Llull. Y así lo que perdemos en tacto y finura lo ganamos en agresividad y desenfreno, mire usted. Los equipos rivales se van al vestuario tras el segundo cuarto pensando que han conseguido capear el temporal y cuando vuelven confiados a la cancha se encuentran otra vez el temporal sólo que ahora ya corregido y aumentado, una tremenda defensa de anticipación a la que tampoco son ajenos los gasoles guardándoles las espaldas. Tampoco hemos inventado nada, no es algo tan diferente a lo que hacía (por ejemplo) el propio Laso con Draper mientras le duró la salud (y bien que lo pagó cuando se le acabó). Pero está bien recordarlo porque demasiadas veces nos fijamos sólo en lo que ocurre a un lado de la cancha y nos olvidamos del otro, valoramos si acaso los tapones de Ibaka & cía y nos olvidamos de casi todo lo demás, jugamos bien y bonito y nos creemos que con eso ya basta sin darnos cuenta de que para llegar a eso tiene que haber muchísimo trabajo detrás. Justamente ahí, detrás.

– Los pases: yo soy yo y mis obsesiones, y una de ellas en lo tocante a baloncesto tiene que ver con los pases. No ya con las asistencias (que también) sino con el mero hecho de saber encontrar al compañero y hacerle llegar el balón a la velocidad adecuada en el lugar correcto y en el momento justo, nada más y nada menos que eso. Tengo para mí (que diría Paniagua) que un equipo con buenos pasadores tiene muchísimo ganado en este juego, fue así desde que a Naismith le dio por desfondar aquella cesta de melocotones, fue así desde los Celtics de Bird a los actuales (y maravillosos) Spurs pasando sin ir más lejos por aquellos Kings en los que todos parecían bases, tanto daba que se llamaran Chris Webber, Vlade Divac o Brad Miller. No haré comparaciones (que son odiosas), no descubriré la pólvora a estas alturas cuando les diga que tenemos (también en este aspecto) un lujo al alcance de muy pocos. No hablo ya del trío de bases (que es obvio), no hablo ya de los gasoles (bases de siete pies ambos dos), hablo de otros jugadores cuyo talento en este departamento del juego tiende a pasar más desapercibido pero que son fundamentales para que el balón fluya: mismamente Navarro, mismamente Rudy, mismamente Ibaka. Tenemos un perímetro que es la envidia de medio mundo y un juego interior que es la envidia del mundo entero (y un agujero entre el uno y el otro, también), pero tenemos algo más, algo de lo que casi nadie habla, tenemos la seguridad de que el balón viaje siempre en buenas manos para que llegue cuando y donde tenga que llegar. He ahí nuestro verdadero hecho diferencial.

– Ibaka: cuentan que anda un tanto mohíno en estos días (y su lenguaje no-verbal así parece atestiguarlo), que echa en falta más balones, más participación en el juego de ataque, más jugadas preparadas para él. Y yo le entiendo, cómo no le voy a entender. Hace ya tiempo que Ibaka dejó de ser el chico de los gorros, hace ya tiempo que unió a sus incomparables condiciones físicas unas nada desdeñables aptitudes técnicas: te da lo que le pidas, de cara y de espaldas, por arriba y por abajo, por fuera y por dentro, por delante y por detrás. Y te lo da además (por si con lo físico y lo técnico no fuera suficiente) con una intensidad sin parangón. Sólo el cielo es el límite (frase original donde las haya), será all star más pronto que tarde, no nos quepa a nadie la menor duda. Yo entiendo a Ibaka, de verdad que sí, pero él tiene que entender también lo que tiene a su alrededor: tiene que entender que no es exactamente lo mismo tener como compañeros a Kendrick Perkins, Nick Collison o Steven Adams que tener a Marc y Pau, por razones obvias. Claro que le duele, claro que está acostumbrado a tener mucho más protagonismo en su club (digo franquicia) que en la selección, pero díganme a ver qué jugador no está acostumbrado a tener mucha más participación en su club de la que tiene en esta selección: Calde, el Chacho, Ricky, Navarro, Llull y así sucesivamente, así podríamos continuar hasta agotar la lista, todos son más importantes en su club/franquicia que en el equipo nacional, todos excepto Claver que no es importante ni en un sitio ni en el otro (pero esa es otra historia). Todos. ¿Que se podría sacar más partido de Ibaka en ataque? Sin duda, estoy convencido de ello, como estoy convencido de que nos hará mucha falta ese partido a lo largo del Torneo. Pero que el propio interesado ande mostrando públicamente su insatisfacción porque no se lo sacan no ayuda precisamente al equipo, y aún menos le ayuda a él mismo. Creo que fue Marc Gasol quien dijo una vez (con su habitual escasez de pelos en la lengua) que a la selección se viene sin ego. Pues eso.

– Orenga: que no soy de su club de fans lo saben ustedes de sobra. Pero saben también (o me gustaría que supieran) que no suelo ser ventajista, en esta ocasión tampoco lo seré. Nunca he creído en aquello de que los fracasos sean culpa de y los éxitos a pesar de, ese es el recurso fácil contra el que he peleado siempre (véase por ejemplo al respecto el chorro de entradas sobre Pablo Laso, así en las buenas como en las malas). Si pierdes te linchan pero si ganas te dirán que con esos jugadores es lo menos que podías hacer (o que con esos rivales es lo menos que se te podía pedir, ligera variación), ya ven qué manera tan socorrida de tener siempre razón. [Nada nuevo bajo el sol, recuerdo un afamado coach que ganó once anillos como técnico y en todos y cada uno de ellos tuvo que escuchar que con esos jugadores así cualquiera, si entrenara a Milwaukee ya veríamos cuántos ganaba, cosas así (y no vayan a pensar que estoy comparando a Phil Jackson con Orenga, líbreme el cielo, todavía hay clases). Cosas muy de nuestro deporte por cierto, nadie dice nunca que a ver cuántos títulos ganarían Simeone o Ancelotti si entrenaran al Rayo, será que los del baloncesto somos más de autoflagelarnos con obviedades, me he ido del tema]. Vuelvo: sé que me ganaré la animadversión de muchos (dichoso patio de vecindad) pero creo sinceramente que si a Orenga le llovieron palos (entre ellos los míos) hace un año, no sería descabellado que le llovieran parabienes (entre ellos los míos) a día de hoy, a la vista de cómo está jugando y ganando esta selección. Las cosas no suceden por casualidad, por abundante que sea el talento también hay que gestionarlo, incluso en supuestos autogestionarios como el que nos ocupa también es necesario gestionar la autogestión. Y además, que no se juega así sólo con autogestión, que por buenos que sean (que lo son) se ve de lejos la mano de un entrenador detrás, podemos pensar (y puede que hasta lo pensemos) que esa mano es la de Sito pero el que da la cara aquí es Orenga mientras no se demuestre lo contrario. Y escribo esto aunque muchas de sus decisiones sigan sin gustarme (ese mantener en cancha a los buenos con todo resuelto, hasta mucho más allá de lo razonable, que ya veremos si el día menos pensado no nos acabará Pau dando un disgusto), escribo esto a sabiendas de que en un par de días me puedo arrepentir de haberlo escrito, que sacar la cara (siquiera mínimamente) por él se me puede volver en contra en cuanto vengan mal dadas, ojalá no. Pero qué quieren que les diga, aún a pesar de mi escepticismo creo que Orenga se ha ganado por fin el beneficio de la duda. El mío. Ahora ya sólo falta que se gane también el de todos los demás.

RAZONES PARA EL ESCEPTICISMO   3 comments

Habré de confesarles (por si nunca lo notaron) que el triunfalismo me pone de los hígados. Entiéndanme, no cualquier triunfalismo, no vayan a pensar, sino ese triunfalismo irracional, desmedido y pestilente que desprenden por lo general algunos de nuestros más afamados medios de comunicación, esos que te sacan campañas tan cínicas como aquella de que hay una España admirada por el mundo, sólo tienes que saber qué periódico leer, esos a los que se les llena la boca hablando de eÑebeá, esos que a cada baja ajena para el Mundial dan palmas con las orejas porque así aumenta nuestro (supuesto) favoritismo, como si alguna vez pudiera ser una buena noticia la devaluación de una competición que en este caso además y para más inri organizamos nosotros mismos. Me pone de los nervios ese provincianismo de creernos el ombligo del mundo como si los demás no fueran nadie, me revienta que me vendan la piel antes de cazar el oso, si luego el oso no se deja cazar ya le echaremos las culpas al bosque, al guardia forestal o al que fabricó la escopeta, según. No puedo con ese hedor de euforia mediática premundialista que nos atufa en estos días (no compartido necesariamente por el aficionado de a pie) y quizá por eso me gustaría poner (como aficionado de a pie que soy) un contrapunto, un catálogo de razones que nos permitan mantener siquiera por unos días los pies en el suelo. Luego ya habrá tiempo de volar si se presenta la ocasión.

– La fase de (no) preparación: verán que este año he decidido perdonarles y no ponerles la cabeza mala con mis eñefobias de cada verano. Pero el que no haya escrito específicamente sobre ello no significa que haya cambiado mi opinión al respecto, sigo pensando que los demás equipos hacen (verdaderas) fases de preparación mientras que lo nuestro es otra cosa, una sucesión de bolos y galas veraniegas que más parecen partidos de exhibición que partidos de verdad, eventos plagados de complacencia, colegueo y buenrollismo que acaso sean muy útiles para las arcas de nuestra Federación y para la promoción de nuestro deporte pero que en nada contribuyen al que debería ser el principal objetivo de toda fase de preparación, es decir preparar. Es muy de agradecer que equipos como Croacia (qué buena pinta tienen) o Ucrania (versión postmoderna de aquellos ninjas de Fratello) se pusieran las pilas y nos llevaran un poco (sólo un poco) al límite, todo lo cual no dejó de ser un mero sucedáneo para cuando empiecen los partidos de verdad. Así que un año más volverá a suceder, el 30 de agosto el resto de equipos habrán acabado la preparación y comenzarán la competición, nosotros en cambio habremos acabado la exhibición y comenzaremos la preparación. Haremos el rodaje cuando los demás ya estén rodados y en partidos que ya cuenten para el resultado final, algo que en ocasiones (tras el susto inicial) nos acabó saliendo francamente bien (véase 2009 ó 2011) pero que otras veces nos salió como el culo, disculpen la ordinariez. Veremos este año.

– La edad no perdona: la generación de oro, aquellos que un día fueron los niños de Lisboa, se nos ha hecho mayor, es ley de vida. Pau, Navarro y Felipe ya cumplieron los 34, Calderón (que no estuvo en Lisboa por accidente, pero que pertenece por derecho propio a aquella generación) anda ya por los 33. Decía Chichi Creus que ésta es casi la mejor edad (y él debía saberlo por experiencia, dado que jugó hasta los 42), puede que ello sea cierto a nivel de conocimiento del juego pero no necesariamente a nivel físico, tanto más en una competición de esta índole en la que (a partir de un determinado momento) te la juegas noche sí, noche también. Mi principal recuerdo del pasado Eurobasket 2013 es el de una selección que hacía puntualmente los deberes durante los tres primeros cuartos pero que luego se hundía irremediablemente en el último, consecuencia tal vez de una muy mala preparación (física y/o psicológica). Tras lo visto este año nada me hace pensar que llevemos una preparación mejor (véase punto 1), si acaso lo contrario, puede que esta vez no esperemos necesariamente al último cuarto y nos vengamos abajo ya en el tercero, indicios ha habido al respecto en las pachangas de estos días. Ojalá me equivoque.

– Somos previsibles: si yo fuera entrenador de cualquier selección de medio pelo que hubiera de enfrentarse a España (hipótesis absurda), cerraría por completo mi defensa sobre el juego interior rival. Muchísimas ayudas, constantes traps, no ya dos contra uno sino hasta tres contra uno en cuanto el balón llegue ahí dentro, puntuales zonas 2-3 que les formaran el lío más todavía, especial atención a las líneas de pase dentro-fuera para minimizar en lo posible lo buenos pasadores que son… y bien sé que haciendo eso me quedaría vendido en el juego exterior, bien sé que me podrían crujir a triples librados pero ese sería el riesgo, que me ametrallaran desde fuera a ver cuánto aciertan, quien a triple mata a triple muere y a día de hoy nuestra selección tiene mucha más pinta de morir que de matar en este aspecto, lo que le endosamos a Argentina fue sólo la excepción que confirma la regla. Queríamos cuatro abierto y ahora ya lo tenemos, por fin, no se llama Garbajosa ni Mirotic sino Ibaka, quién nos lo iba a decir, su evidente mejora en todos los aspectos del juego le ha llevado a convertirse en (entre otras cosas) un consumado tirador exterior. Esa es la buena noticia. La mala noticia es que durante este mes ha sido nuestro mejor tirador exterior, algo absolutamente incomprensible en un equipo que cuenta con nombres como Navarro, Rudy, Calderón, Llull o Sergio Rodríguez (nótese que no incluyo a Ricky en esa lista, por razones obvias). O afinamos la puntería o seremos previsibles, o anotamos desde fuera o las pasaremos putas, con perdón. Al tiempo.

– El mal del anfitrión: ¿de verdad que somos favoritos (o algo así) por el mero hecho de jugar en casa? Les daré una lista rápida, Eurobasket 1973, Mundial 1986, Juegos Olímpicos 1992, Eurobasket 1997, Eurobasket 2007, me dejaré algún evento pero éstos son los que se me vienen ahora mismo a la cabeza. Y ahora díganme si son tan amables en cuántos de ellos acabamos alzándonos finalmente con el título: efectivamente, ninguno, cero patatero (o pelotero, según). Y puede que en alguno no fuéramos nadie pero en algún otro éramos mucho más favoritos de lo que somos hoy, echen la memoria siete años atrás si les queda alguna duda. No, ejercer de anfitriones nunca se nos ha dado bien (quizá por el suplemento de presión que conlleva) pero tampoco vayan a pensar que nos pasa a nosotros solos. He repasado las últimas competiciones internacionales (Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo y Campeonatos de Europa, que ya para otros continentes no me da la memoria ni el tiempo para mirarlo), y… ¿saben cuál fue la última gran competición ganada por el anfitrión? Efectivamente, los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Desde entonces (y han pasado ya 18 años) ni un solo Eurobasket, Mundobasket o torneo olímpico fue ganado por el equipo de casa, y me dirán que en ese tiempo hubo países organizadores sin pedigrí ninguno en este deporte como Suecia, Japón o el Reino Unido de la Gran Bretaña, lo cual es cierto, casi tan cierto como que en ese mismo periodo hubo países organizadores como la propia USA, Serbia, Lituania, Turquía, Grecia o España, estos tres últimos por partida doble. Puede que ser anfitrión suponga un plus pero en nuestro caso (y en otros como el nuestro) ese plus se nos convierte demasiadas veces en minus. Que no nos pase na.

– USA: no niego que los nombres ausentes pesan casi más que los presentes, no niego que un hipotético quinteto Chris Paul, Kevin Durant, LeBron James, Kevin Love, Dwight Howard (incluso), más los puntuales añadidos de (pongamos) Wall, Kobe (renacido), George (sano), Melo, Kawhi, Aldridge o Griffin impone casi más de lo que hay pero qué quiere que le diga, yo podría ir hasta el fin del mundo con esta verdadera selección USA, yo iría hasta el infinito y más allá con estos Derrick Rose (o lo que quede de él tras estos dos años, casi en fase de pretemporada para llegar a punto a los Bulls), Steph Curry (mi debilidad absoluta desde sus tiempos de Davidson, como les habré dicho ya 792 veces), James Harden (un hipotético emparejamiento defensivo con el Chacho podría ocasionar problemas capilares insospechados), Kenneth Rasta Faried y Anthony Unicej Davis, tanto más si vienen acompañados por Kyrie Irving, Klay Thompson, Rudy Gay, DeMarcus Cousins (esperemos que no se le suelte la pinza) o Andre Drummond entre otros, tanto más si vienen entrenados por los sempiternos Krzyzewski & Boeheim, casi dosmil victorias les contemplan. Se pongan como se pongan y aunque le joda al Marca y me joda incluso a mí mismo, para mí siguen siendo los únicos e indiscutibles favoritos, y así lo seguirán siendo hasta que alguien (ojalá nosotros) me demuestre lo contrario.

– Los Otros: probablemente usted no lo sepa porque los medios están tratando deliberadamente de ocultárnoslo, pero aunque parezca mentira el Mundial no lo juegan sólo Estados Unidos y España, lo juegan también otros veintidós equipos más, varios de ellos de raigambre, tronío y prosapia (sea eso lo que sea) suficiente como para ser tenidos muy en cuenta. Claro que gracias al prodigioso, incomparable e inmarcesible sistema de competición no tendremos que preocuparnos de países como Lituania (ay, Kalnietis), Eslovenia, Turquía, República Dominicana o (la muy apetecible de ver) Australia, de esos que se preocupe USA si así le apetece. Sí tendremos que preocuparnos en cambio de un Brasil que viene con todo (y todo es decir mucho) y que ya nos ganó en Londres 2012 (no haré más comentarios al respecto), de una Serbia puesta en manos de Djordjevic (en pie), de la nueva y rutilante Grecia de Katsikaris y Antetokoumpo (o como se diga), del Puerto Rico de Olmos y/o Arroyo, de una Francia a la deriva (sin dirección, sin Parker, sin De Colo… pero Francia al fin y al cabo), de una Croacia deseosa de entregarse ya a Herzonja o Saric como nosotros nos entregamos a Navarro y Pau hace casi tres lustros, de una Argentina sin Ginóbili (ninguna otra ausencia me duele tanto, ni la de Durant siquiera), y no venga usted ahora a decirme que a éstos ya les ganamos fácil el otro día, quien piense que una pachanga es lo mismo que un cruce es que no conoce el carácter argentino. Suficientes preocupaciones como para no dar nada por supuesto, creo yo. No niego que si un extraterrestre hubiera llegado a la Tierra a comienzos de agosto sin ninguna información previa y se hubiera dedicado a ver todos los amistosos de todas las selecciones participantes (teletransportándose de un lugar a otro para la ocasión) probablemente también pensaría a día de hoy que este Mundial es sólo cosa de dos, pero los que nacimos y crecimos en este planeta sabemos (citando a los clásicos) que no hay rival pequeño y que ya no quedan peritas en dulce. No va a ser un camino de rosas.

– Mis dudas con Orenga: no esperen encontrar aquí un linchamiento, saben que no es mi estilo, no lo haré con Orenga como tampoco lo hice antes con Scariolo (que dicho sea de paso, resulta curioso ver en estos días cómo muchos de los que en su día lincharon a Scariolo hoy no se cortan un pelo en echarlo de menos cuando lo comparan con Orenga, me pregunto si llegará el día en que los que hoy linchan a Orenga le añoren luego cuando toque compararlo con el siguiente). Nada me gustaría más que le fuera bien a Orenga, por el bien de mi selección y por el suyo propio, porque (lo diré una vez más) me cae bien, me parece un sujeto sobradamente preparado y creo que reúne muchas condiciones esenciales para ser un buen entrenador. Ya otra cosa es que lo sea, claro. Las dudas que tuve antes del pasado Eurobasket no sólo no se disiparon sino que se acrecentaron con el transcurso de la competición, dejándome un técnico inexperto, inseguro, de mira corta y perfil bajo. Que a lo mejor es justo eso lo que quiere la FEB, un técnico de perfil bajo para perpetuar el (presunto) modelo autogestionario, nada que ver con Aíto o el primer Scariolo no vaya a ser que se nos enfurruñen las criaturas, si así fuera y los resultados acompañaran créanme que hasta me callaría la boca. Pero a día de hoy sigo sin entender qué sentido tiene ver a Orenga de head coach mientras uno de los mejores técnicos que tenemos en este país, de nombre Sito Alonso, se limita a ejercer de asistente, no lo entiendo como tampoco lo entendí hace un año con Ponsarnau, ganas entran de decir coño, dad un golpe de estado, echadle a un lado y poneros vosotros a ver si así pudiéramos tener un equipo medianamente normal. Insisto, creo que Orenga tiene conocimientos y tiene además una elevada capacidad didáctica para transmitirlos, creo que llegará el día en que pueda ser un entrenador de alto nivel… pero que las prácticas para llegar a serlo tenga que hacerlas precisamente en la selección tiene bemoles, por no decir otra cosa. El mundo al revés.

– La carencia de tres: desde que se retiró Carlos Jiménez no hemos vuelto a tener un tres como es debido, lo cual con ser malo no es lo peor, lo peor es que no parece que vayamos a encontrarlo a corto/medio plazo. Mumbrú se extinguió muy poco después, el Chimpa Suárez se nos fue apagando, Rabaseda ni llegó a encenderse, Dani Díez es aún una luz muy tenue que ya veremos si llega a prender alguna vez. Ante lo cual sólo queda en nuestro baloncesto un tres que así merezca ser llamado, y que como ya habrán deducido responde (poco) al bello nombre de Víctor Claver. Ese mismo pelirrojo de aire lánguido, media sonrisa y mirada perdida que parece pasar cada verano por la selección sin que la selección pase por él, ese mismo que acude puntual a la llamada del seleccionador (sea éste quien sea) porque no tenemos ningún otro jugador de sus características, ese mismo que luego acostumbra a acabar los campeonatos reconvertido en agitatoallas (loable desempeño por otra parte, pero que ya a estas alturas quizá cabría esperar algo mejor), ese mismo que lleva ya dos años enteros echados a perder en Portland y alrededores, y lo que te rondaré morena. Buscas en el diccionario eterna promesa y aparece su foto al lado… Ojalá llegue el día en que me tape la boca, ojalá llegue el día en que un entrenador le dé algo más que minutos de compromiso y/o de la basura, ojalá llegue el día en que él dé a su entrenador algún motivo para darle esos minutos. Ojalá.

– Las rotaciones extrañas: una de las principales consecuencias de esa casi carencia de tres es que tendemos a jugar sin tres, por razones obvias. Pero hay maneras y maneras de jugar sin tres. Está la manera clásica, un base y dos escoltas (la que tantas veces hicimos nosotros durante estos años, disfrazando a Rudy de tres mientras Navarro o Llull jugaban de dos); y luego está la manera Orenga, dos bases y un escolta (que a lo peor también acostumbra a ejercer de base en su club). Que habrá a quien le entusiasme pero que yo no lo veo, mire usted: tenemos tres bases extraordinarios pero que son bases-bases, puros unos (cada uno a su manera) así Ricky como Calde como el Chacho, para uno y medio ya está Llull. Pero ahora nos ha dado por hacer combinaciones de tres elementos tomados de dos en dos, Ricky & Calde, Ricky & Chacho, Chacho & Calde llevándonos a Navarro o al susodicho Llull al puesto de alero, los gasoles y los tres enanitos se llamaría la película. Y qué quieren que les diga, poner a dos bases siempre me pareció un recurso (repito, recurso) para situaciones puntuales, generalmente finales igualados para asegurarte el control del juego, si acaso excepción que ahora por obra y gracia de Orenga se ha convertido en norma. Quintetos que acaban pareciendo cuartetos porque el quinto elemento está de miranda, porque dirigir lo que se dice dirigir sólo dirige uno, el otro base por lo general no sabe qué hacer consigo mismo, no está acostumbrado a buscarse la vida para circular y salir de bloqueos sin balón a la espera de recibir, tiende si acaso a quitarse de enmedio, echarse al costado y esperar a que se la den para tirarse algún triple, punto. Mención especial para Calderón en este aspecto, que ya el año pasado le pidieron que ejerciera de dos (y se estrelló) pero al menos Orenga tuvo coartada porque no estaba Navarro, este año sí que está pero se lo siguen pidiendo y así le va. Y sé que es posible que algún presunto iluminado-que-parece-saberlo-todo se me tire al cuello y me diga que si afirmo esto es porque no he visto a Calderón en Dallas (que sí lo he visto), pero aún así (desde mi ignorancia de mero aficionado que no tiene puta idea) lo seguiré diciendo: Calderón está desubicado en este esquema, Ricky y Sergio a veces también pero Calde especialmente. Y no sé hasta qué punto es lícito desperdiciar un jugador así.

Mi primer impulso fue titular esta entrega razones para el pesimismo, pero al final me corté. Me corté por no amargarles la vida pero me corté también por puro sentido común: porque en realidad no creo que existan razones para el pesimismo (ni siquiera yo, que tiendo a ser pesimista por naturaleza), porque creo que tenemos la mayor dosis de talento que hayamos tenido jamás, porque creo que todas esas contrariedades que les he ido poniendo más arriba (la edad, los desequilibrios, las presuntas orengadas, tantas otras) en el fondo son pecata minuta si cuando llegue la hora de saltar a la cancha somos capaces de jugar como sabemos, podemos (con perdón) y debemos. No soy pesimista, de verdad que no, en absoluto… pero no me pidan tampoco que sea optimista, no todavía. Mantengamos (por ahora) los pies en el suelo, volvamos de nuevo a los clásicos, hasta el rabo todo es toro, los partidos duran cuarenta minutos, cada partido es una historia, no queramos meter el segundo gol antes que el primero (que en versión Mundobasket sería no queramos ganar la final antes de haber llegado a ella). O por citar a otro clásico mucho más reciente (pero no por ello menos clásico): vayamos partido a partido, no hay más. No vendamos la piel del oso antes de cazarlo, y ello aunque algunos lleven ya meses (incluso años) intentando vendérnosla. Yo al menos no se la voy a comprar.

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Advertencia previa: hoy les voy a hablar de sistemas de competición, por lo que presumo (aún antes de empezar a escribirlo) que me va a quedar una entrada espesa, farragosa y con cierta tendencia a lo infumable. Si usted decide huir para dedicarse a cualquier otra actividad mucho más placentera y/o apetecible (qué sé yo, planchar, limpiar el polvo, hacer los baños, sacudir las alfombras, quitar la grasa acumulada en los armarios de la cocina…) tenga por seguro que no se lo tendré en cuenta; si usted en cambio elige quedarse en el pecado llevará la penitencia pero eso sí, luego no venga diciendo que no se lo advertí.

brasil2014-002-589x450Sí, aquí donde me leen hoy pretendo compararles el sistema de competición del pasado Mundial de fútbol y el del inminente Mundial de Baloncesto. [Inciso, por si alguien tuviera a bien meterme el dedo en el ojo: sé bien que ahora ya no se llama Mundial sino Copa del Mundo pero qué quieren, también el de fútbol se llama Copa del Mundo y no por eso hemos dejado de llamarle Mundial; además tengo ya una edad como para andar cambiando el chip a estas alturas, así que me van a permitir que siga llamándolo Mundial casi todas las veces, que serán todas aquellas que no lo llame Mundobasket. Fin del inciso] Pues vaya tontería dirán ustedes, para qué comparar ambos sistemas de competición si a partir de un determinado momento vienen a ser lo mismo. O así lo parece, al menos:

Mundial-BaloncestoMundial de fútbol: 32 equipos, 8 grupos de 4 equipos cada uno, se clasifican los 2 primeros de cada grupo, 16 en total, y a partir de ahí octavos de final, cuartos de final, semifinales y final.

Mundial de baloncesto: 24 equipos, 4 grupos de 6 equipos cada uno, se clasifican los 4 primeros de cada grupo, 16 en total, y a partir de ahí octavos de final, cuartos de final, semifinales y final.

Pues eso, que si usted mira uno y otro concluirá que ambos torneos una vez finalizada la fase de grupos transcurren ya de la misma manera hasta su final: octavos, cuartos, semifinales… Parecen lo mismo pero créanme, no son lo mismo. Y es justo ahora cuando llega la parte farragosa (aún más si cabe) de este tocho, que es explicarles dónde está la diferencia:

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Mundial de fútbol: el primer clasificado de cada grupo va a un determinado lado del cuadro, mientras el segundo de ese mismo grupo va al otro. Es decir, lo único que sabes a ciencia cierta es que al que pase contigo no volverás a encontrártelo hasta la final (en su caso), pero todo lo demás está abierto. Sabes que empezarás cruzándote en aspa con el inverso del grupo de al lado, y que a partir de ahí en cuartos o semis ya te podrás cruzar con (casi) cualquiera.

Mundial de baloncesto: los cuatro clasificados de cada grupo van a parar al mismo lado del cuadro, a cruzarse con los cuatro clasificados del grupo de al lado. Es decir, es francamente probable que en cuartos o semis te puedas volver a cruzar con equipos con los que ya jugaste en la fase de grupos, y ello mientras que con los otros ocho clasificados de los otros dos grupos no te podrás encontrar hasta la final, jamás, de ningún modo.

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Lo quieren aún más farragoso (o quizá más claro, no sé):

Mundial de fútbol: a un lado del cuadro quedan A1, B2, C1, D2, E1, F2, G1, H2, mientras que al otro quedan A2, B1, C2, D1, E2, F1, G2, H1.

Mundial de baloncesto: a un lado del cuadro quedan A1, A2, A3, A4, B1, B2, B3 y B4, mientras que al otro quedan C1, C2, C3, C4, D1, D2, D3, D4.

Es decir, en el Mundial de fútbol hay equipos de todos los grupos en cada mitad del cuadro, puedes ir a parar a cualquiera de los dos lados independientemente de en qué grupo empieces. En cambio en el Mundial de baloncesto el grupo en el que empieces determina por completo tu futuro en la competición: sabes que si hay un equipo infinitamente superior a los demás (imagínense una USA sin bajas) y vas por ese lado del cuadro tu suerte estará echada: por muy bien que lo hagas probablemente morirás en semifinal.

O dicho de otra manera (sí, todavía otra manera): los grupos del Mundial de fútbol son vasos comunicantes, los del Mundial de baloncesto compartimentos estancos. Los del fútbol se mezclan unos con otros, los del baloncesto van en dos mitades que jamás se pueden comunicar. En la práctica es como si fueran dos mundiales en uno o aún peor, como si fueran dos conferencias al más puro estilo NBA, Este y Oeste, sus respectivos campeones se ven en la final pero jamás se encuentran antes. Dos conferencias que podríamos denominar Conferencia Anfitrión y Conferencia Campeón, o si se prefiere Conferencia España y Conferencia USA (que viene a ser lo mismo) en base a sus respectivos favoritos; o aún mejor, Conferencia Madrid y Conferencia Barcelona en base a sus respectivas sedes.

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Ahora bien: ¿por qué sucede esto? ¿por qué la organización del certamen (llámese FIBA, llámese FEB, llámese como se quiera) ha optado por esta solución que habrá a quien le guste, no digo yo que no, pero que a mí particularmente me parece tremendamente injusta (a la par que una cagada descomunal)?

A) para asegurarnos de que nuestra selección no pueda cruzarse con la de Estados Unidos hasta la final.

B) para asegurarnos de que nuestra selección juegue los cruces en Madrid y no le pueda tocar de ningún modo jugarlos en Barcelona.

C) A y B son correctas.

O a lo mejor soy muy mal pensado y es simplemente que a la FIBA le gusta así, vaya usted a saber. Pero qué quiere que le diga, no puedo evitar la sensación de que alguien (apellidado Sáez o no, quién sabe) tras una profunda reflexión haya recordado el estrepitoso cante que dimos contra (lo de contra es un decir) Brasil en Londres 2012 y a partir de ahí haya movido sus hilos para que el susodicho cante no se tenga que volver a repetir, que luego la gente es muy mala y muy deslenguada y dice cosas inconvenientes que afectan sobremanera al buen rollito que siempre debe reinar en el ámbito de nuestra selección. Muerto el perro se acabó la rabia, si no nos podemos encontrar con USA hasta la final no tendremos que hacer juegos malabares para evitar encontrarnos con USA antes de la final. De cajón.

Claro que la opción B resulta aún más absurda si cabe, como bien habrán podido comprobar todos aquellos que hayan visto los eñemistosos de estos días ante Croacia y Ucrania en el Olimpic de Badalona. Barcelona es muy grande (y no digamos ya su área metropolitana) y hay gente pa tó (tanto más al precio que van las entradas) pero qué quieren, aquí nos la cogemos con papel de fumar en esto como en tantas otras cosas, no descarten que alguien (que tampoco tiene por qué apellidarse necesariamente Sáez) mirara en su día el calendario, viera que la semifinal barcelonesa se jugará precisamente el 11 de septiembre (¡¡¡el 11 de septiembre!!!) y le entrara de inmediato la temblequera de piernas, como si alguno fuera a tener la tentación de irse al Sant Jordi a terminar la manifestación. Muerto el perro se acabó la rabia, again.

SORTEO-MUNDIAL-BALONCESTO

Así que si va usted a participar en una porra en la que acertar los finalistas del Mundial piénselo muy cuidadosamente antes de jugarse los euros, no vaya a hacer como en el fútbol que bien puede decir España-Brasil, Alemania-Argentina, Holanda-Italia o Ghana-Japón, puede decir lo que le dé la gana y nadie le mirará raro (o quizá sí en ese último caso) porque cualquier cosa es posible, aquí no, aquí en el de baloncesto no me vaya usted a apostar por una final España-Francia, Brasil-Argentina, USA-Australia o Turquía-Lituania porque estará tirando el dinero y se descojonarán de usted en la cara, porque todos esos emparejamientos (y tantos otros) sólo podrán darse a cada lado del muro, no hay más. Y si usted soñó alguna vez (como pudo ser mi caso) con una final España-Argentina, o quizá Serbia-Croacia por aquello del morbo, o Lituania-USA porque sí, o tal vez México-Dominicana por sus raíces centroamericanas y/o caribeñas, pues va siendo hora de que vaya dejando de soñar. Que los sueños sueños son, ya lo dijo Calderón (el De La Barca, no el de la selección), y hay que soñarlos con moderación.

Dos por uno como el híper, en vez de un Mundial dos semimundiales, qué más se puede pedir. Pero eso sí, luego no venga a llorarme en cualquier otra competición porque haya cabezas de serie, luego no venga a hablarme de sorteo teledirigido. ¿teledirigido, dice usted? Unos aprendices es lo que son, si quiere usted sorteo teledirigido (teledigerido) véngase al Mundial de baloncesto, rechace imitaciones. Y ya le daré yo teledirección.

aquella noche del 73   2 comments

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 30 de septiembre de 2013)

Aquella noche del jueves 4 de octubre de 1973 podría haber sido una noche como otra cualquiera. Mi hermano (seis años menor) y yo ya habíamos cenado, yo apuraba mis últimos instantes de libertad ante al televisor mientras mis padres acababan de cenar en la cocina, éramos así, cenábamos en dos turnos, en estos tiempos quizá sería impensable pero en aquel entonces mi padre llegaba del pluriempleo a las diez de la noche tras haberse tirado casi quince horas fuera de casa trabajando como un cabrón, supongo que ésa era la manera que tenían mis padres de reservarse apenas un pequeño rato para ellos solos. Yo sabía que en breves momentos sucedería lo de siempre, que una vez cenados llegarían por fin al cuarto de estar, nos verían allí y exclamarían ¡¡¡pero ¿qué hacéis aquí todavía?!!! ¡¡¡Venga, a la cama los dos!!!, yo protestaría, reivindicaría que tenía ya trece años, que a esa edad ya no necesitaba dormir tanto, que todos mis compañeros de clase se quedaban hasta las tantas y veían todo lo que echaban por la tele, que yo era el único al que no le dejaban, mi protesta inútil de cada noche porque de inmediato mi madre contestaría que mi hermano era más pequeño y necesitaba dormir más horas, que no habría forma de acostarle si no me iba a la cama yo también… Fin de la historia, nosotros finalmente nos acostábamos y mis padres se quedaban con la tele para ellos solos, en apenas cinco minutos mi madre estaría viendo lo que fuera y mi padre roncando en el sofá. La eterna película de mi infancia.

Aquella noche del 73 podría haber sido una noche como otra cualquiera pero no era una noche como otra cualquiera, no lo era para mí al menos. Apenas había dos canales en la televisión de aquellos años, y digo apenas porque decir dos canales es decir mucho, sería más correcto hablar de uno y medio o de uno y cuarto. Estaba lo que hoy conocemos por TVE1, que en aquel entonces en lenguaje oficial se llamaba la primera cadena de Televisión Española y en lenguaje coloquial era la tele, sin más, para qué íbamos a andar precisando si prácticamente no había otra, preguntábamos qué ponen esta noche en la tele y todos sabíamos de qué hablábamos, para qué entrar en más detalles. Y luego estaba lo que hoy sería La2, ésa a la que el lenguaje oficial denominaba el segundo canal o la segunda cadena y a la que nosotros por alguna misteriosa razón que nunca llegué a descifrar llamábamos el UHF (supongo que la primera cadena todavía iría por la banda de VHF). Era una especie de canal fantasma, que casi ni emitía todos los días siquiera y que cuando lo hacía emitía sólo programación de noche. Y era un signo de distinción, también. Si a mediados de los sesenta el mundo se dividía entre quienes tenían o no tenían televisión, a comienzos de los setenta el mundo se dividía ya entre quienes tenían o no tenían UHF. Aunque a finales de 1973 algo habíamos ya evolucionado (sólo en esto, no crean), al menos en mi colegio y mi vecindario ya casi todo dios tenía (teníamos) UHF. Ya otra cosa era que además lo quisiéramos utilizar.

Aquella noche ponían Sesión de Noche, tocaba una antiquísima película de los años treinta o tal vez los primeros cuarenta, no me pregunten cuál, no doy para tanto. Eso en la tele propiamente dicha, en el UHF en cambio había baloncesto. Y qué baloncesto. Se disputaba en aquellos días el Campeonato de Europa, un torneo que en relación a otros anteriores reunía dos peculiaridades esenciales: 1) que se disputaba en casa, en Barcelona concretamente; y 2) que por primera vez dimos en llamarlo Eurobasket, recuerdo al respecto incluso algún artículo de algún sesudo columnista abogando por que aquello sirviera para desterrar por fin de nuestro deporte la arcaica denominación de baloncesto y sustituirla por aquella otra (mucho más moderna, dónde va a parar) de basquetbol, no cuajó su idea pero al menos el Torneo sí se quedó ya en Eurobasket para toda la vida, esa marca aún sigue acompañándonos fielmente cuarenta años después.

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Aquella noche del jueves 4 de octubre de 1973 nuestra selección iba a enfrentarse a la de la URSS en una de las semifinales del Campeonato de Europa de Baloncesto. Decir enfrentarse ya era decir mucho, hoy puede parecer un partido más pero créanme que en aquel entonces casi ni era un partido siquiera. USA (aún con universitarios) y URSS eran entonces dos mundos absolutamente inaccesibles, dos equipos que nos metían de 30, 40 ó 60 cada vez que nos tocaban, a un lado estaban ellos y a años luz estábamos casi todos los demás, quizá con la honrosa excepción de Yugoslavia. Para una selección como la nuestra, acostumbrada a ser sexta o séptima en el mejor de los casos, era ya todo un éxito sin precedentes haberse clasificado para disputar aquella semifinal. Pensar en pasar de ahí era ya una utopía irrealizable… aunque a algún crío de trece años que acostumbraba a pensar más con el corazón que con la cabeza aún le pareciera que quién sabe, que quizá el hecho de jugar en casa tal vez nos concediera alguna remota posibilidad…

No recuerdo a qué hora fue aquel partido, sí recuerdo que empezó y me puse a verlo, porque quería verlo, porque aquel día no había ninguna otra cosa en mi cabeza que no fuera verlo, porque además mis padres estaban cenando en la cocina y todavía pasaría un rato antes de que aparecieran por aquel cuarto de estar. Obviamente no recuerdo con precisión los detalles pero para eso está el vídeo, hace algunos años la revista Gigantes tuvo a bien ponerlo a nuestra entera disposición en formato DVD, con magnífica calidad de imagen pero con la desgracia de que la narración original del recientemente desaparecido José Félix Pons se hubiera perdido por el camino. Para rellenar aquel vacío los de Gigantes improvisaron unos comentarios de aliño entre su director Paco Torres, Rafa Rullán (que jugó aquel Campeonato) y Sergio García-Ronrás, si usted se lo perdió entonces y hoy desea darse el gusto (cosa que le recomiendo encarecidamente) lo tiene realmente fácil, no tiene más que pinchar aquí y de inmediato sus deseos se habrán convertido en realidad…

En aquel 1973 la televisión era un poco como la vida, en blanco y negro (es decir gris), aún habrían de pasar algunos años para que llegara el color (a nuestros televisores y a nuestras vidas). Suponíamos que España iba de blanco y la URSS de rojo en aquella noche de 1973, hoy podemos confirmarlo gracias a que el vídeo sí se conserva en color, España de blanco y la URSS no tanto de rojo como de rojos, en plural,eb2 no le busquen connotaciones políticas porque no van por ahí los tiros, eran dos rojos distintos, su uniforme recordaba casi a aquel legendario anuncio de lejía (también de hace muchos años), he lavado más veces la blusa que la falda… ¡y mira cómo ha perdido el color! La camiseta en un rojo oscuro, terroso, un rojo tirando a granate con los dorsales además en un tono gris verdoso indefinible que hacía casi imposible distinguirlos (así en el blanco y negro de entonces como en este color desvaído de ahora). Y el pantalón… El pantalón daría casi para un artículo entero por sí solo, rojo fucsia brillante, más corto imposible (de haberlo sido más se les habría visto el culo), ajustado hasta lo inverosímil, una especie de shorts que hoy nos parecerían casi más apropiados para la moda adolescente femenina de la segunda década del presente siglo que para el estilismo deportivo masculino de la octava década del pasado siglo. Vivir para ver.

Así que ahí estaban nuestros Luyk, Brabender, Buscató, Ramos, Cabrera o Santillana contra la Rusia de los Sergei Belov, Miloserdov, Edeshko, Paulaskas o Kovalenko, nótese que he puesto Rusia como si lo fuera, evidentemente no lo era pero todos la llamábamos así, hasta los comentaristas de aquella época la llamaban también así, esto fue como aquello que decía el del pueblo, toda la vida para aprender a decir pinícula y ahora que ya sabemos decir pinícula van y les llaman flimes, pues esto igual, media vida para aprender a decir Unión Soviética y cuando por fin lo conseguimos resultó que aquello desapareció y volvió a llamarse Rusia.eb3 Rusia o sea la URSS se iba en el marcador como estaba previsto, pero por mucho menos de lo que estaba previsto:  17-10, 31-26, 39-28, un choque fascinante, la perfección de Belov o los centímetros de Kovalenko contra los ganchos de Luyk, la pasmosa seguridad de Brabender, la magia de Cabrera o los arrebatos de Buscató, los rusos (digo soviéticos) lo llevaban controlado pero no lo suficiente como para que nos quitaran la ilusión de que allí seguía habiendo partido. Al descanso 45-40, al descanso seguía siendo muy difícil pero aún había razones más que sobradas para continuar soñando, al descanso…

Al descanso pasó lo que tenía que pasar. Mis padres finalmente aparecieron y descubrieron que esta vez ya no era sólo que nosotros estuviéramos donde no teníamos que estar, es que además la tele tampoco estaba en el canal que debía estar. Pero qué hace esto puesto, pero por qué no está en el canal normal, qué ponían esta noche, mi madre encolerizada y yo templando gaitas, buah, una película antigua, un rollo, no coló, mi madre cambió un momento, ¡¡¡uuuhh, con lo que me gusta a mí Errol Flynn!!! (o Clark Gable, o Montgomery Cliff, o Alan Ladd, alguno de esos, qué sé yo quién sería), ¡¡¡Venga, a la cama los dos!!! ¡¡¡Ahora mismo!!! Monté un pollo espectacular, intenté explicarles (probablemente entre lágrimas) la trascendencia de aquel evento y la importancia de aquel partido en concreto, recuerdo que hasta me negué con todas mis fuerzas (lo cual no tenía precedentes) pero como si no, aquellos eran otros tiempos, a los padres no sólo no se les desobedecía sino que ni siquiera se les discutía, como protestaras cualquier cosa te llamaban respondón y te decían que a los padres no se les contesta, éramos la metáfora perfecta del país en que vivíamos. Aquella noche yo lloré, rabié, pataleé, no diré que me llevaron a la cama agarrado de los pelos porque no sería cierto pero algún azote en el culo (eterno recurso de la innovadora pedagogía de la época) sí que me cayó por el camino. Suele decir mi sobrina que en este mundo hay dos clases de personas, personas-perro y personas-gato, supongo que yo siempre fui persona-perro, por más que ladro siempre acabo haciendo lo que ordenan mis amos. Entonces y ahora.

Me metí en la cama sollozando todavía, casi me faltaba el aire tras el berrinche que me había cogido, me iba a costar dormirme, estaba claro… tanto más teniendo en cuenta el sonido que llegaba desde el cuarto de estar. Tras la refriega la tele se había quedado sintonizada en la segunda cadena, mis padres contra todo pronóstico no la habían cambiado, supongo que pensaron que ya total para qué si la película estaba empezada, se olvidaron del televisor y se quedaron ahí hablando de sus cosas.eb6 Y mientras tanto yo intentando escuchar, de fondo tenía la voz de mi madre, la de mi padre y la de José Félix Pons, obviamente las dos primeras me enmascaraban la tercera que era justo la única que en aquel momento me interesaba oír, la que me iba contando que así de entrada todo seguía igual o peor incluso, 61-50 para la URSS a apenas 12 minutos para el final, algo así me parecía interpretar entre la voz de mis padres que ahí seguían sin callarse ni un instante, sin prestar ni siquiera un segundo de atención a todo aquello que ahí estaba sucediendo ante sus ojos…

Acaso ustedes se pregunten (si es que no han huido ya despavoridos a estas alturas del relato) por qué demonios no me levanté, por qué no volví otra vez al salón y les dije, pues si al final lo estáis viendo me vengo aquí con vosotros y así lo veo yo también, dirán que no tuve huevos (y será cierto) pero es que además sé que habría sido mucho peor el remedio que la enfermedad, según me hubieran visto aparecer habrían exclamado ¡¡¡¿pero qué haces tú aquí, por qué no estás durmiendo todavía?!!!, de inmediato habrían caído en la cuenta de cuál era la razón y habrían apagado la tele (o cambiado el canal), me habrían enviado de vuelta a la cama pero ahora ya sin la posibilidad siquiera de poder oírlo, no me atreví, preferí dejar las cosas como estaban, mejor seguir escuchando a duras penas cómo ahora las cosas poco a poco comenzaban a cambiar, cómo Díaz-Miguel acertó montando aquella zona 1-2-2 (a ratos 2-3) y metiendo en cancha a un inesperado Miguel Ángel Estrada, cómo les fundimos por completo a base de velocidad en las transiciones, cómo Brabender seguía sin fallar, cómo Buscató enchufaba suspensión tras suspensión y de paso arengaba a las masas… En un abrir y cerrar de ojos estábamos a un punto, 63-62 a apenas 8 minutos para el final, aún faltaban muchos años para que el añorado Manel Comas formulase su táctica del conejo pero ésta sin embargo ya existía, nosotros la estábamos ejecutando a las mil maravillas…

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A tal extremo de emoción llegó el encuentro que en un momento dado mis padres dejaron por completo de hablar y se pusieron a verlo, y a disfrutarlo, y a gritar incluso con cada canasta… Aquello era el mundo al revés: un matrimonio de mediana edad, carente por completo de cualquier interés por deporte alguno (nunca supe a quién salí), ahora de repente absolutamente enganchado frente al televisor, vibrando ambos dos como nunca imaginé que pudieran hacerlo con aquel espectáculo que en el fondo ni les iba ni les venía; y mientras en la otra punta de la casa (apenas cincuenta metros cuadrados, tampoco exageremos) un preadolescente descerebrado de apenas trece años, para el que no había ninguna otra cosa que importara en el mundo aquella noche, limitándose a tener que escucharlo a duras penas porque no se lo dejaban ver. No entendía nada, nunca entendí nada, tal vez a día de hoy siga sin entender nada…

Claro que a esas horas ya no estaba yo acostado sino sentado sobre los pies de la cama, lo más cerca posible de la puerta, escuchando (ahora ya con más facilidad, gracias al silencio de mis padres y a la subida de tono del narrador) cómo igualábamos por primera vez (70-70) a falta de 4 minutos y medio, cómo Buscató conseguía por fin la primera ventaja (72-70), cómo seguidamente Estrada hacía el 74-70 y luego Vicente Ramos el 76 y el 78, la locura, los rusos (o sea soviéticos) que ya no veían por dónde les venían los golpes, quedaban apenas dos minutos, ¿realmente íbamos a ganar, de verdad podía ser posible lo imposible?,eb7 mis padres volviéndose locos (no sé qué me extrañaba más, si que estuviéramos ganando o que mis padres lo estuvieran viendo), yo pegando brincos sobre la cama (con moderación, no se fuera a despertar mi hermano), a falta de un minuto los rusos volvían a perderla, todavía 6 arriba, aún no había triples, ya casi no habría tiempo pero ahí estaban los rusos otra vez a 4, agotamos posesión, va Brabender a meter la bandeja definitiva y le taponan pero el balón le cae a Estrada, ¡¡¡a Estrada!!! que se saca un churrigancho, entra, 80-74, aún faltan 10 segundos pero ya da igual, aún los rusos anotan sobre la bocina pero ya da igual, HEMOS GANADO, en aquel pabellón se desató la locura colectiva y en aquella cama yo ya no sabía si reír o si llorar, si aquellas lágrimas que me resbalaban por las mejillas eran de alegría o de pena, no sabía si sentirme inmensamente feliz porque habíamos ganado o un desgraciado de mierda porque para una vez que ganábamos algo así no había podido verlo, probablemente nunca hubo alegría más amarga ni tristeza más feliz que aquella, un puto caos de emociones encontradas era yo a aquellas altas horas de la noche…

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Y a la mañana siguiente fue aún peor, fue llegar al colegio y todo dios lo había visto gracias entre otras cosas a que en casi todas las casas de casi todos mis compañeros se vivía con un horario mucho más español que el nuestro, tenían todos la insana costumbre de cenar casi a las once (hoy me parece una auténtica barbaridad, pero en aquel entonces me daban mucha envidia), por supuesto que aquella mañana nadie hablaba de otra cosa, todos me preguntaban ¿tú no lo viste?, yo podría haber mentido y contestar que claro que sí, que cómo no habría de verlo, faltaría más, pero nunca se me dio muy bien mentir (tampoco se lo habrían creído) así que decidí pecar de ingenuo, la primera parte sí la vi, la segunda la oí desde la cama, y todo lo que obtuve a cambio fue una mezcla de conmiseración y descojone, como si les diera lástima y risa al mismo tiempo el tener de compañero a un gilipollas al que le no le dejaban ver justo aquello que más le gustaba, justo aquello que todos los demás veían. Pocas veces a lo largo de mi vida (y miren que hay donde escoger) me sentí tan PRINGAO con mayúsculas (y eso que aún no solíamos utilizar esa palabra) como en aquella mañana de viernes.

Fue tal la repercusión de aquel triunfo que TVE decidió hacer algo insólito, volver a emitirlo (esta vez por su primera cadena, evidentemente) en la mañana del sábado 6 de octubre, en las horas previas a la gran Final. Lo cual por supuesto dio pie a que mi madre me lo restregara,eb8 ¿lo ves?, tanto disgusto el otro día por no poder verlo y resulta que ahora te lo vuelven a echar, después de la noche que nos diste, ya estarás contento… como si yo aquella noche hubiera sabido que lo volverían a poner, como si fuera lo mismo verlo en directo que en diferido, ella no soportaba que nadie le destripara el final de las películas, en cambio el ver un partido sabiendo ya el resultado debía resultarle de lo más normal, supongo que eso a ella no le parecería que tuviera la menor importancia, qué cosas. Por supuesto que vi por fin todo lo que me había perdido, por supuesto que fue mucho peor haberlo visto porque aún me dio mucha más rabia habérmelo perdido. No, definitivamente ya no tenía yo remedio a esas alturas de mi vida.

Y luego a la tarde/noche la Final, ésta sí puede verla sin problemas, quizás porque fuera por la primera cadena, quizás porque fuera más temprano, quizás porque al ser sábado me dejaran quedarme hasta más tarde, quizás por todas esas cosas a la vez. Enfrente la Yugoslavia del grandioso (en todos los sentidos) Kresimir Cosic pero también de Kicanovic, Dalipagic, Slavnic, Plecas, Jelovac, Jerkov, Turdic, pónganse en pie si no lo están ya. Resultaba una quimera pensar siquiera en poder ganar a aquel impresionante equipo (tanto más cuando ya habíamos perdido claramente contra ellos en la primera fase) pero oigan, al fin y al cabo acabábamos de ganar a la URSS, la campeona olímpica en ejercicio, soñar era gratis, por qué no… Pues no. Ni olerlos siquiera. fue el principio de una larga sucesión de finales perdidas que tendría continuidad en 1983, 1984, 1999 y 2003 y que se acabaría finalmente en 2006, claro está que todo eso aquella noche aún no lo sabíamos y por eso mismo no nos importó, lo verdaderamente grande ya estaba hecho, éramos Subcampeones de Europa, la mera denominación producía vértigo, mareaba casi hasta decirlo (quizás por la falta de costumbre), quizás por eso hubieron de pasar casi diez años hasta que pudimos volverlo a repetir. Pero ésa ya fue otra historia

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Supongo que llegados a este punto se estarán preguntando por qué no me he limitado a contar sin más aquel partido, por qué demonios me he tenido que poner en plan abuelo Cebolleta y contarles también (una pequeña parte de) mi vida. Sé que no debería haberlo hecho pero sé también que jamás habría podido separar una cosa de la otra,descarga (1) que aquello me afectó lo suficiente como para no poder recordar lo que sucedió entre las cuatro paredes de aquel vetusto Palacio de Deportes de Barcelona sin recordar también lo que sucedió entre las cuatro paredes de mi casa. Quizás aquella noche empezó todo, quizás fue aquella la noche en que una simple afición se me convirtió ya para siempre en adicción. Nada habría sido igual si hubiéramos perdido, nada habría sido igual (ni aún ganando) sin el trauma de no haber podido verlo, un trauma que aún sigue durándome cuarenta años después, de ahí quizás esta catarsis de tener que escribirlo. Toda mi pasión por este deporte, toda mi obsesión por ver baloncesto y luego contarlo, todos estos rollos que les meto periódicamente probablemente tuvieron su origen en aquella mágica noche del jueves 4 de octubre de 1973. Sólo espero que haya merecido la pena.

del 4 al 15   Leave a comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 23 de septiembre de 2013)

4. Pablo Aguilar. El hombre-Guadiana de esta selección, no precisamente por culpa suya sino porque quienes podían guadianearle le guadianearon convenientemente a lo largo de todo el Torneo. No les negaré que yo en un principio tenía una cierta prevención con Aguilar, siendo como era el jugador más inexperto en lides internacionales de este equipo (junto con Rey) y el que más fácilmente podía pagar la novatada. Pero dicha prevención se me fue quitando en cuanto vi que aportaba minutos de calidad, que no le temblaba el pulso en ataque y que (quizá gracias a ser el cuatro más cuatro de la rotación) hacía un trabajo más que socorrido en defensa, guardando las espaldas de Marc o Xavi cada vez que éstos salían a defender y acudiendo cumplidamente en su ayuda cuando era menester. Todo lo cual debería haberle supuesto que se fueran incrementando sus minutos y sin embargo le supuso todo lo contrario, de hecho llegó hasta el punto de que cuanto mejor lo hacía menos jugaba: si le salía un partidazo luego desaparecía de la rotación en los dos siguientes, si hacía un magnífico segundo cuarto ya no volvía a tocar bola el resto del partido… Y así sucesivamente. Doctores tiene la santa madre iglesia, es bien sabido que los entrenadores ven cosas que permanecen ocultas para el resto de los mortales, supongo que eso es lo que habrá sucedido también en esta ocasión. Pero a mí al menos me queda la sensación de que Pablo Aguilar ha llegado para quedarse. Quizá no quepa en el equipo de 2014 (si vuelven Pau, Felipe y/o Ibaka) pero si todo va normal debería tener plaza asegurada a partir de 2015. Esperemos acontecimientos.

5. Rudy Fernández. Depende de dónde hubieras puesto el listón. Quienes lo pusieron en que Rudy tenía que ser el Navarro de esta selección se habrán llevado un chasco, Rudy no está a día de hoy para desempeñar ese papel (¿y quién lo está?), mal que nos pese. En cambio quienes lo pusimos en base a su última temporada en el Madrid podemos sentirnos moderadamente satisfechos ya que Rudy ha mejorado con creces las prestaciones que ofreció en su año en blanco. Es decir, al menos parece haber puesto fin a su sempiterna pelea con el aro, ya las mete, quizá no tanto como a tantos les gustaría pero las mete (y a veces en condiciones francamente difíciles, además), lo cual no es poco si recordamos su desempeño en la pasada Final de Liga. Y aunque no las meta Rudy se ha ganado ya a pulso a estas alturas que dejemos de valorarle sólo por lo que mete o por lo que deja de meter (pausa valorativa), Rudy es más que eso, Rudy es agresividad en defensa, intensidad, rebote, cabe incluso preguntarse dónde estaríamos a estas alturas si no fuera por el chorro de rebotes defensivos que ha cogido durante toda la competición. Que sí, que a veces le entra la tontería y desespera al más pintado, que a más de uno nos salió espuma por la boca en la prórroga ante Francia, aquellos 20 segundos que se tiró botando allí parado sin mirar a nadie para al final acabar tirándose aquel melón (aunque en su descargo habremos de reconocer que cosas aún más inverosímiles ha metido alguna vez), que cuando se le cruza el cable y se mete en piques resulta insoportable, que todo lo que usted quiera… pero que con todo y con eso estaremos de acuerdo en que ha sido de lo más valioso que hemos tenido en este Eurobasket. No es el Rudy que un día fue ni aún menos el que un día pensamos que sería, pero creo que vuelve a estar (por fin) en el buen camino. O será que puse yo el listón demasiado bajo, no sé…

6. Sergio Rodríguez. Todo el mundo desata por lo general filias y fobias, a cada minuto de cada partido cada jugador genera elogios desmedidos a la par que críticas furibundas… pero quizá en ninguno de ellos se haga tan patente esa bipolaridad como en Sergio Rodríguez. Entre los chachofóbicos que le consideran el culpable de todos los males y los chachofílicos que le consideran el sumo hacedor de todos los bienes debería haber un término medio, y en ese mismo término medio debería intentar situarme yo si no fuera por el pequeño detalle de que (probablemente ustedes ya lo sepan) soy mucho más de chachofilia que de chachofobia. Es decir, creo que mucho de lo bueno que le ha sucedido a la selección en este Torneo ha sido gracias a Sergio, creo que ha creado juego más que ningún otro base (Ricky porque se perdió en el empeño, Calde porque no le dejaron), que ha alimentado a sus compañeros más que nadie (que luego las metieran o no ya es otra historia), que incluso ha defendido más de lo que solía y que cuando no ha encontrado a quién dársela se la ha jugado con la plasticidad, eficacia y agresividad de cara al aro rival que viene siéndole habitual. Y creo además que en más de una ocasión fue sentado indebidamente cuando estaba en pleno trance, que se le racionaron en exceso los minutos, que actuaciones como la que protagonizó en el cruce ante Serbia deberían disipar todas esa dudas que los chachoescépticos puedan aún tener… Amor de fan, dirán ustedes (y con razón, no lo niego), y me dirán también que en los minutos finales ante Francia se dedicó a jugársela sin pasarla, que algunas metió pero demasiadas falló en ese delicado trance, todo lo cual a la larga resultó perjudicial para el equipo… Niego la mayor, como dicen los juristas (tampoco sé muy bien lo que quiere decir, pero queda bien decirlo): la primera opción de Sergio suele ser buscar el pase definitivo, si se encebolló (digámoslo así) en esos minutos fue precisamente porque no había pase alguno, porque todos sus compañeros estaban tapados, porque los mocetones franceses cerraban cualquier fuente de alimentación. A partir de ahí básicamente tenía dos opciones, o lanzar un pase errático al bulto que muy probablemente acabaría en las manos del rival o driblar y buscarse la vida, ya que los demás no se liberan tendré que liberarme yo. Y dicho y hecho, y pudo salir bien (y más de una vez salió bien), y a la postre salió mal porque nadie es perfecto, porque Francia es mucha Francia, porque no se puede luchar solo contra los elementos, porque no es fácil ser sublime sin interrupción. Pero asumió la responsabilidad cuando nadie la quería, y créanme que cuánto mejor nos iría (en la selección e incluso en la vida cotidiana) si hubiera más gente capaz de asumir de la misma manera esa misma responsabilidad. He dicho.

7. Xavi Rey. Por alguna misteriosa razón que no alcanzo a comprender, muchos presuntos aficionados de este país (el concepto presuntos aficionados vendría a englobar a todo ese público mayoritariamente futbolero que sólo se asoma al baloncesto cuando juega la selección, y que ni conoce a la mayoría de los jugadores ni sabe siquiera en qué equipo juegan) decidieron hacerle el blanco de sus chanzas, mofas y befas durante todo el Torneo, convirtiéndole incluso (para vergüenza propia y ajena) en esa cosa que ahora solemos llamar trending topic. Como si fuera un picapedrero o un destripaterrones al que hubieran puesto ahí sólo porque es grande y fuerte y no porque sepa jugar al baloncesto… Todo lo cual confirma una vez más lo atrevida que puede llegar a ser la ignorancia, tanto más en este país. Xavi Rey, no lo olvidemos, llegó a la selección aún convaleciente de una grave lesión, y durante la dichosa Ruta Ñ (que dios confunda) resultó manifiestamente claro que no estaba ni al cincuenta por ciento de su nivel. Pero según fueron pasando los partidos se le fue viendo mejor, mucho más asentado atrás y aportando también sus cositas en ataque gracias entre otras cosas a las asistencias que le proporcionaba su amigo y compañero de habitación Sergio Rodríguez, con quien solía coincidir en cancha. Qué quieren que les diga, su principal función era proporcionar minutos de descanso a Marc Gasol y creo que esa la cumplió con creces, de hecho lo único que lamento es que no tuviera más minutos para que así Marc hubiera podido tener más descanso de cara a los instantes finales. Pero me temo que ese aspecto no dependía ya de él…

8. José M. Calderón. Otra de misterio: por alguna misteriosa razón que se me escapa, Calde se ha convertido también en estos últimos tiempos en el blanco de las iras de cierto sector ultramontano de presuntos aficionados, que hablan de él en unos términos de desprecio que sólo recuerdo haber visto antes en los últimos años de Garbajosa. Como si pegara un atraco, como si viniera a la selección a llevárselo muerto, todas esas expresiones e incluso otras peores he tenido que leer yo en estos días, no necesariamente durante el Torneo sino que incluso antes de que empezara ya le señalaban de ese modo. Pues qué quieren que les diga, ojalá tuviéramos muchos atracadores como Calde en nuestras filas. Recuérdese que se ha tirado todo el Campeonato jugando en un puesto que no es el suyo ni por asomo, como si fuera lo mismo jugar de uno que de dos, como si el mero de tener buena mano en el tiro exterior te convirtiera ya en escolta. Y aún así ha hecho su trabajo lo mejor que ha podido, y hasta ha metido sus tiros exteriores en un porcentaje más que decente, todo lo cual no le ha evitado acabar señalado como uno de los principales responsables de la derrota ante Francia porque falló el tiro que pudo ser decisivo (se salió por muy poco) y porque en la prórroga no se le vio liberado en ningún momento, lo cual llevó a muchos a decir que se escondió. Repitámoslo una vez más, no es su puesto, yo desde mi ignorancia no creo que sea lo mismo subir el balón, repartir juego y luego buscarte espacios que tener que trabajarte esos mismos espacios antes de que te llegue el balón, no puede ser lo mismo cuando enfrente tienes a esos mostrencos galos taponando todas las vías de acceso… No, evidentemente Calderón no ha hecho un buen Eurobasket, eso ya lo sé yo. Lo que ya nunca sabremos es qué parte de responsabilidad fue de él y qué parte fue de quien se empeñó día tras día en que fuera lo que no es. Y aún menos sabremos ya lo que perdió también la selección a causa de ese mismo empeño…

9. Ricky Rubio. Empezó moviéndonos al optimismo, porque en defensa estaba tan hiperactivo como siempre (robando balones como sólo él sabe hacerlo) y porque en ataque ha añadido a su repertorio un tirito de cinco o seis metros saliendo del bloqueo que resulta ser sumamente eficaz. Todo lo cual está muy bien pero no deja de ser un mero espejismo porque Ricky sigue siendo un base, porque a un base por lo general se le pide que dirija al equipo y porque Ricky en esa función en particular fracasó estrepitosamente. Conducción errática, mucho bote inútil, mucho pase picado buscando al pívot que acababa estrellado contra las piernas del defensor, mucha penetración hasta la cocina buscando la bandeja o el pase abierto que acababa sin bandeja y sin pase y con Ricky saliendo de la cocina exactamente igual que había entrado (pero dejándose unos cuantos segundos de posesión en el empeño…) Hay un mal que suele a veces afectar a los bases europeos en NBA, que cuando vuelven para jugar con su selección parecen mucho peores de lo que parecen cuando les ves jugar allí (al propio Tony Parker le afectó este mismo mal durante unos cuantos años), témome que eso sea también lo que le esté pasando a Ricky. Personas que saben de esto bastante más que yo explicaban el otro día que la clave está en esas defensas ilegales que existen allí y no aquí, lo que posibilita que a la hora de circular Ricky encuentre muchos más espacios allí (recuérdese que también la cancha es más ancha) de los que acostumbra a encontrar aquí, a menudo con toda la defensa rival atiborrando la zona y cortando cualquier línea de pase interior. Sea por lo que fuere, resulta evidente que Ricky cada vez es más base NBA y menos base FIBA, lo cual (en lo que a nuestra selección respecta) resulta sumamente preocupante. Esperemos que (como a Parker) se le cure también con el tiempo.

10. Víctor Claver. Sin lugar a dudas, el jugador que más ha mejorado sus anteriores prestaciones con la selección… lo cual no es decir mucho, dado que sus anteriores prestaciones con la selección se limitaban a pelarse el culo en el banquillo y ejercer de espectador privilegiado de los encuentros, sin pisar jamás el parquet para otra cosa que no fuera la rueda de calentamiento. Claver ha sido un poco el Carlos Jiménez de esta selección (salven todas las distancias), el hombre-intangible, rebotes, defensa, trabajo aseado en general e incluso momentos muy puntuales de excelsa brillantez… fuera de los cuales ha vuelto a ser el jugador apocado que siempre conocimos, un tipo con una envidiable condición física y unas no menos envidiables aptitudes técnicas pero a quien le falla estrepitosamente el carácter. Sigue siendo el campeón mundial de encogimiento de brazo, el que rehúsa tiros abiertos para endosarle el marrón al compañero, total para que al final la bola le vuelva en peores condiciones y se acabe sacando de encima un mendrugo sin ningún sentido (y no sólo en la prórroga contra Francia sino en bastantes más ocasiones a lo largo del Torneo). Y sin embargo luego a veces le ves hacer una maravilla puntual que te hace exclamar ¡¡¡joder, pero si sabes hacer esto ¿por qué demonios no lo haces más a menudo?!!!, mero espejismo para volver de nuevo a las andadas pocos segundos después. No me interpreten mal, no fue ni de lejos lo peor de esta selección pero aún sigue siendo el jugador pasmado, pensé que el pasar un año fuera de casa le habría venido bien (como a tantos otros) en términos de espabile pero está claro que me equivoqué. Debería entender que esto es la jungla (y más en USA), que o comes o te comen, debería entenderlo de una puñetera vez pero me da la sensación de que ya empieza a ser demasiado tarde para eso.

11. Fernando San Emeterio. No hizo un buen año con Baskonia (no al nivel que nos tenía acostumbrados, al menos) y ello sirvió para que muchos cuestionaran su presencia en la selección, para que le pusieran como el típico ejemplo de jugador que va porque le toca ir (por su pertenencia al club, como si dijéramos) pero no porque realmente lo merezca. Y sin embargo una vez allí yo definiría su actuación con una sola palabra, infrautilizado. Un equipo que alineaba sistemáticamente un uno en el puesto de dos, un dos en el de tres y un tres en el de cuatro no fue capaz de aprovechar convenientemente a un (llamémoslo así) dos y medio como SanEme, alguien que te puede defender a los treses rivales mejor que (por ejemplo) Rudy o Llull y que en ataque (aún no estando en su mejor versión) tiene la agresividad suficiente para atacar el aro y el aplomo suficiente para (sin ser un tirador) jugársela cuando la ocasión lo requiere. Insisto, yo mismo que siempre fui muy de SanEme no sé si le habría llevado en esta ocasión… pero ir pa ná es tontería como dijo aquél, si finalmente le llevas le tienes que sacar partido. Quizás precisamente en detrimento de Llull…

12. Sergio Llull. Llull es el jugador arrebatado por antonomasia, la versión baloncestística de aquel ¡¡¡a mí el pelotón Sabino que los arrollo!!! que cuentan que popularizó la selección de fútbol hace casi un siglo. Llull salta a la cancha como si le fuera la vida en ello, a menudo no parece que esté jugando un partido sino que estuviera emprendiendo una cruzada, algo que muchas veces puede ser muy bueno (y que en tantas ocasiones le sirvió para salvar a su club, cuando corrían tiempos peores) pero que también en determinadas ocasiones puede resultar muy perjudicial. Llull a veces parece que estuviera peleado con el mundo (contra el mundo, más bien), puede hacerte una semifinal horrorosa ante Francia y luego ponerse a ensartar triples uno tras otro en el partido por el bronce ante Croacia, y en medio de todo ello ponerse a celebrarlo no como si hubiera conseguido una canasta sino como si estuviera exorcizando todos sus demonios interiores. De hecho ya no sé si parece que estuviera peleado con el mundo o consigo mismo, o si en su cabeza el mundo y él vienen a ser la misma cosa. Llull juega en el Madrid de base y aquí de escolta, y lo que con otros me parece francamente mal con él me parece francamente bien porque a mi Llull no me gusta de base, me gusta (en la medida en que me gusta) de escolta. Llull es el jugador arrebatado por antonomasia pero entre el arrebato y el atropello a veces sólo hay un paso, puestos a atropellarse prefiero que no lo haga de uno (que arrastrará a todo el equipo) sino de dos (que con un poco de suerte sólo se arrastrará a sí mismo). Y así anduvimos en este Eurobasket, de atropello en atropello hasta el arrebato final. Baloncesto visceral, es decir, no jugado tanto con la cabeza sino con las vísceras, desde las mismísimas entrañas. Baloncesto crepuscular, un poco al estilo de aquellos legendarios spaghetti westerns de Sergio Leone. Así es Llull, o lo tomas o lo dejas. Rechace imitaciones.

13. Marc Gasol. Siendo como era nuestro hombre-franquicia, estaba más que claro que los rivales habrían de intentar pararle por lo civil o por lo criminal. Vaya si lo hicieron, garrotazo y tentetieso, a cinco faltas por pívot tenemos unas cuantas para gastar así que apliquémonos a ello, si anulamos a éste habremos anulado también a casi todos los demás Tal cual. Marc aguantó el tipo, se fajó, encajó, sacudió también alguna vez de vez en cuando, resistió el embate a duras penas y acabó haciendo un gran campeonato (no excelso pero sí muy bueno) y entrando por méritos propios en el quinteto ideal del Torneo. ¿Qué le faltó para que todo fuera perfecto? Le faltó ayuda, le faltó que alguien llegara a donde no podía llegar, que si salía a defender el bloqueo de su par alguien le cubriera consistentemente las espaldas. Le faltó (vuelta la burra al trigo) descanso, a este ritmo de partidos (11 en 19 días, recuerden) y a este nivel de intensidad los excesos se pagan, vaya si se pagan, repasen los últimos minutos ante Grecia, Italia o Francia si les queda alguna duda. E incluso le faltó (ya puestos) algo de entendimiento con sus compañeros, acabar de saber dónde se la podía poner Sergio o (sobre todo) que los demás supieran dónde se la podía poner él. Detalles menores, en cualquier caso. Seamos realistas, con Marc fuimos bronce, perdimos cuatro partidos de muy mala manera pero fuimos bronce. Sin Marc, estoy convencido, no habríamos llegado siquiera a cuartos de final. Su mejor jugada, no les quepa la menor duda, la hizo el día aquel de julio en que anunció que finalmente estaría en Eslovenia con la selección. Todo lo demás vino ya por añadidura.

14. Germán Gabriel. A Germán le tocó el premio gordo del sorteo, un viaje de tres semanas a Eslovenia con todos los gastos pagados visitando Celje, Ljubljana y alrededores, con entrada garantizada para presenciar en primera fila todos los encuentros de la selección y con la posibilidad además de convivir en el día a día con todos y cada uno de sus jugadores. Cuántos lo quisiéramos. Claro que, puestos a querer, algunos de los que llevábamos años queriendo que Germán Gabriel fuera a la selección habríamos querido también que tuviera minutos significativos en ella, y cuando digo minutos significativos obviamente no me refiero a entrar en el minuto 38 cuando vas ganando de 30, me refiero a un poquito antes, al rato ese en el que todavía te estás jugando las habichuelas. Algunos (desde nuestra supina ignorancia, por supuesto) seguimos pensando que esa versatilidad de cuatro y medio de Germán podría haber causado estragos en más de un rival, ahora te destrozo la cintura con un juego de pies sin apenas comparación, ahora que te lo has creído te la clavo desde fuera, ahora… Ahora leches. Germán que es muy buen tío seguro que se lo habrá pasado bien y habrá disfrutado la experiencia, que habrá hecho equipo, se habrá echado unas risas y a la vez provocado que otros también se las echen, y hasta puede que (ya puestos) todo esto le haya servido también para hacer prácticas de cara a su futura carrera como entrenador. Todo eso está muy bien, qué duda cabe, pero seguro que usted y yo esperábamos otra cosa. Y él muy probablemente también, aunque ahora intente disimularlo.

15. Alex Mumbrú. Reconozco que no sé si fue antes el huevo o la gallina: no sé si la FEB le tiró los tejos para que volviera y él aceptó, o si más bien fue él quien se dejó querer diciendo que estaría dispuesto a volver hasta que la FEB aceptó. Sea como fuere, incluso a mí que nunca fui muy de Mumbrú me pareció bien su vuelta, al fin y al cabo venía a rellenar esa posición de tres en la que tenemos un agujero endémico, bienvenido fuera, seguro que al final acabaría pasándome como tantas otras veces en años anteriores, que primero eché pestes por su convocatoria y luego al final tuve que acabar reconociendo que su presencia le hacía mucho bien a la selección… Bueno, pues no. Esta vez no. Tampoco necesariamente por culpa suya, alguno se debe creer que por el hecho de que de vez en cuando postee a su defensor para hacer valer su superioridad física eso ya le convierte en un cuatro, ojalá fuera todo tan fácil pero la realidad es que Mumbrú tiene de cuatro lo que yo de monje cisterciense poco más o menos (ligera exageración). Y sin embargo casi no ha jugado de otra cosa, casi no ha tenido otro papel que dar relevos a Claver (que tampoco es necesariamente un cuatro) en esa misma posición, tanto más cuanto más ajustado estuviera el marcador y cuantos menos minutos quedaran, total para estamparse una y otra vez contra la cruda realidad de la vida (o contra la defensa rival, que viene a ser lo mismo). Aquella sucesión de balones perdidos en el último cuarto ante Francia fue la metáfora perfecta para demostrarnos que ni él estaba ya para estos trotes ni estos trotes estaban ya para él. Se le agradecen una vez más los servicios prestados, señor Mumbrú, pero creo yo que hasta aquí hemos llegado, esta vez de verdad. Fue un placer.

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