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ABRIL   3 comments

El pasado 11 de septiembre de 2014, cabreado como estaba tras aquel estrepitoso orengazo que nos dejaba fuera del Mundobasket, escribí, entre otras muchas cosas, lo siguiente:

188578-944-629Se acabo. Es el fin de una era. Y fíjense que no digo fin de ciclo, que ése más o menos lo dábamos ya por descontado ganáramos o perdiéramos. Digo fin de una era, digo fin de la ilusión por esta selección que es tanto como decir fin de la ilusión por el baloncesto, en el supuesto de que aún quedara algo de ella. Echen cuentas, entre jubilados, sabáticos y desencantados en 2015 no nos reconocerá ni la madre que nos parió, iremos al Eurobasket multisede a que nos pinten la cara, la consecuencia inmediata será que no obtendremos plaza para Río’2016 ni con preolímpico ni sin preolímpico, ni de coña, si tenían alguna ilusión con dicha cita vayan quitándosela de la cabeza, yo ya estoy en ello. Quizá en 2017 seamos capaces de empezar la regeneración o quizá no, quién sabe…

Hasta aquí, no les pongo más, con este fragmento tienen más que suficiente. Lo escribí en pleno arrebato y luego pensé que quizá me había pasado, que se me había ido la mano con el pesimismo, demasiado agorero tal vez para lo que se estila por estos pagos, vender la moto aunque no tengamos moto, luego cuando nos la compren ya se darán cuenta de que en realidad les estábamos vendiendo humo. Es lo que se estila pero nunca fue mi estilo, yo escribo las cosas como las siento aunque luego lo sienta. Sentí entonces que me había pasado, seguí pensándolo mucho después pero hoy más bien creo que me quedé corto. Muy corto.

Saez.jpgHoy, siete meses después (al menos a día 17 de abril de 2015, que es cuando escribo esto), seguimos sin tener seleccionador nacional de baloncesto. Supongo que será inminente su nombramiento si nos atenemos a las sabias palabras de nuestro Egregio e Insigne e Inmarcesible (signifique eso lo que signifique) Presidente de la Federación, el Nunca Bien Ponderado e Ilustrísimo y Excelentísimo Sumo Hacedor Don José Luis Sáez a quien dios guarde muchos años (bien guardado, a ser posible). Dijo el Egregio que tendríamos seleccionador en abril pero no especificó de qué año, que es bien sabido que suele haber un abril cada doce meses. Es decir, puede que ya haya seleccionador cuando usted lea esto, puede que esté al caer o puede que lo dejemos para más adelante, total ya de perdidos al río, quedando lo que queda para qué nos vamos a molestar.

Les parecerá una tontería, dirán que total qué más da que haya seleccionador en abril cuando el Eurobasket Multisede no empieza hasta septiembre. Quizá tengan razón, no digo yo que no, yo al fin y al cabo no soy nadie como para meterme en estos berenjenales así que no estará de más que escuchemos una segunda opinión, a ser posible de una voz más autorizada que la mía. Por ejemplo ésta que leerán a continuación, formulada por un sujeto cuyo nombre les resultará levemente familiar:

Pau-GasolMe parece sorprendente que la selección no tenga todavía entrenador a punto de llegar al mes de abril. Es importante que se elija a un técnico para que pueda preparar el campeonato. Un seleccionador nuevo para un cargo nuevo con nuevas dinámicas necesita tiempo para adaptarse a su rol. Me sorprende como jugador y como aficionado que no se haya tomado una decisión al respecto.

(Pau Gasol, Marca, 26/03/2015)

Repito: Pau Gasol. No Marc, no, que ya sabemos que el segundo de la familia acostumbra a ser más respondón y contestatario en todos los órdenes de la vida, pero esta vez no, esta vez es el mayor el que levanta la voz con su sobriedad y discreción características, pareciendo que no dice nada y diciéndolo todo. Y como si no. Han pasado ya más de tres semanas desde aquellas palabras, hemos doblado ya la esquina entre quincenas pero ahí seguimos, sin la menor noticia, sin un indicio siquiera. Esperemos que no le haya pasado como a Sabina, esperemos que al Egregio no le hayan robado el mes de abril.

Preparar el campeonato, nuevas dinámicas, adaptarse a su rol… O dicho de otra manera: ¿Se han parado a pensar (por ejemplo) que en condiciones normales la lista de este año no se debería parecer en nada a la de años anteriores, ni aún a pesar de la santa voluntad de nuestro Sumo Hacedor para que vayan siempre los mismos, lo merezcan o no? ¿Se han parado a pensar que Ricky, Calderón e Ibaka estarán convalecientes y sus franquicias (y puede que ni ellos mismos) no verán con buenos ojos que anden haciendo excesos durante el verano?pepe_saez_feb2--644x362 ¿Alguien se ha dirigido a los hermanos Gasol (el mayor ya 35 años para entonces, no lo olviden) para averiguar qué intenciones tienen al respecto? ¿Saben acaso si Felipe Reyes (otros 35 tacos) sigue retirado de la selección como anunció en 2014, o si vuelve a estar desretirado y hasta los cojones como acabó en 2015? ¿Son conscientes de que Navarro está al límite y tensar aún más la cuerda (tanto más en un torneo con partidos casi a diario) puede hacer que se rompa para siempre? ¿Habrá alguien (más allá de nuestro Egregio Sumo Hacedor, por supuesto) que se esté preocupando de monitorizar los progresos (si los hubiere) de Claver en Khimki? ¿Habrá alguien (que para esto, Egregio e Inmarcesible Prócer, me da que no sería usted el más indicado, por ser persona non grata) que esté llamando a Chicago cada lunes y cada martes para decirle, NIko, te queremos, vuelve aquí, te necesitamos Niko, de verdad que nunca fuiste plato de segunda mesa, todo fue un malentendido, pelillos a la mar? ¿Se ha contactado incluso con Fran Vázquez para explorar la posibilidad de que pudiera venir, en el dudoso e indeseado supuesto de que Pau decidiera no venir? ¿Se están evaluando como es debido los progresos (o no) de Jaime Fernández, Pau Ribas, Alex Abrines, Dani Díez, Carlos Suárez, Alex Suárez, Willy Hernangómez, tantos otros? ¿Es acaso éste y no otro el archifamoso Método FEB?

¿A qué espera, Señor Sáez (me permitirá Su Ilustrísima que mientras me dirija a usted le apee el tratamiento aunque sólo sea para agilizar la lectura, no tema, serán sólo un par de párrafos)? ¿A que se levante (cosa improbable) la normativa que le impide fichar un técnico ACB en activo? ¿A que algún equipo cese a un entrenador de su agrado para así poder ficharlo? Hace meses se rumoreó que el elegido sería Pablo Laso, que sólo esperaban a que el Madrid le decapitara para hacerse con sus servicios, si así fuera la cosa no salió como la tenían planeada, el Madrid remontó el vuelo y Laso salvó la cabeza,saezcariolo si no gana la Euroliga el florentinismo afilará de nuevo los cuchillos pero no es probable que ello suceda antes del verano, tarde ya para sus fines. Al igual que se rumoreó unas cuantas veces que el elegido sería Scariolo 2.0, si por ahora no lo ha sido (y dado que no tiene ningún vínculo contractual que le ate) habrá que pensar que es porque no traga, segundas partes nunca fueron buenas tanto más cuando tienen tan mala pinta como ésta. Ergo una vez (presuntamente) descartadas estas dos opciones con las que los futurólogos nos calentaron sobremanera la cabeza, ¿qué les queda? ¿Esperar a ver qué entrenador queda libre al acabar la ACB? ¿Forzar que algún entrenador de su gusto se libere al acabar la ACB? ¿Pillar al vuelo a un entrenador que vaya a cambiar de equipo y contratarlo como seleccionador-para-toda-la-vida aunque sea un secreto a voces que cuando acabe el campeonato dejará el cargo y se irá a ese otro equipo (lo que llamaríamos Modelo Aíto 2008)? O acaso…

¿O acaso habrá llegado ya el momento de dejarnos por fin de subterfugios y empezar a llamar a las cosas por su nombre? Señor Sáez, no se prive, nómbrese usted seleccionador a sí mismo, aunque sólo sea para oficializar una situación de hecho. Absolutismo baloncestero como si dijéramos, la Federación soy Yo, de ahí a decir la Selección soy Yo sólo hay un paso.808jose_luis_saez A la selección con alegría, no tema por el qué dirán, al fin y al cabo hemos llegado ya a un punto en el que no nos asustamos de nada, a ver por qué habría de ser usted la excepción. Anúncielo a los cuatro vientos, sin rodeos, tras largas y procelosas conversaciones con cientos de aspirantes para el cargo he llegado a la conclusión de que nadie está más preparado para ejercer de seleccionador que yo, entre otras cosas porque nadie reúne más experiencia que yo a ese respecto. Recibirá críticas, no le digo yo que no, de envidiosos y mezquinos está el mundo lleno, pero usted sabe bien por sus largos años en el cargo que las críticas son sólo el peaje que hay que pagar en su largo camino hacia la excelencia. Un paso más, acaso el definitivo.

Eso sí, todo tiene un límite, póngase de seleccionador pero no se le ocurra ponerse además de entrenador, una cosa es una cosa y otra cosa más ya son dos cosas, imagine la hilaridad que podría provocar en los rivales verlo ahí a usted al pie del banquillo (quién sabe, a lo mejor podría resultar una buena táctica, mientras se descojonan no juegan), no tentemos la suerte, sea usted seleccionador pero nombre a alguien que haga el papel de entrenador, da igual quién, con que haga el papel es más que suficiente. Alguien que ya esté en nómina de su Federación a ser posible, que se le dé bien el paripé, que sea buen chaval, que diga a todo que sí y jamás ose cuestionar las decisiones de su Amado Líder. ¿Experiencia? ¿Conocimientos? Todo eso qué más da, total a quién le importa si para todo eso ya está usted. Y por si no se le ocurre quién aquí le dejo un nombre muy socorrido que además le pilla bien cerca, Jorge Garbajosa, si no le acaba de convencer (no vaya a ser que la criatura tenga personalidad y se crea con derecho a utilizarla) no se preocupe, candidatos no le habrán de faltar, recuerde que estamos en crisis y que la gente tiene la funesta manía de comer, por un buen puñado de euros y por el bien de nuestra amada Federación se hace lo que sea. Y si luego perdemos los palos ya se los llevará él, y si luego ganamos las medallas ya se las colgará usted. Vaya novedad.

17 de abril. El Eurobasket es en septiembre, la Rutaeñe de los cojoñes es en agosto, la concentración digo yo que empezará a finales de julio, la lista supongo que habrán de facilitarla ya a finales de junio cuando acaben ACB y NBA… Ustedes mismos. Hace siete meses titulé el fin de una era, pensé ingenuamente que habíamos tocado fondo pero reconozco que me equivoqué, que infravaloré la capacidad de nuestras autoridades (o más bien de nuestra AUTORIDAD, con mayúsculas) para seguir cavando, para seguir profundizando más y más todavía. Veremos hasta dónde son capaces de llegar.

EL FIN DE UNA ERA   8 comments

Esta no es la entrada que pensaba escribir hoy. Hoy había pensado aburrirles con mi día en el Mundial, el único día de toda mi vida del que podré decir que asistí in situ a un Mundial de Baloncesto. Hoy tendría que haberles calentado los cascos con toda clase de historias del antes, del durante y del después, un poco a la manera en que lo hice en aquel Eurobasket de hace ya siete largos años. Hoy tendría que haberles puesto la cabeza mala con las curiosidades que llamaron mi atención, con las ocurrencias que escuché, incluso con las fotos que tomé para la ocasión, con tantas otras cosas que rondaron toda la tarde por mi cabeza y que luego al caer la noche se me fueron todas juntas al carajo, cuando en los minutos finales del infausto España-Francia comprendí por fin que ya no podría haber ninguna otra cosa de qué hablar. Cuando fui palpando la angustia que se vivía a mi alrededor (que acaso no fuera más que un reflejo de mi propia angustia), cuando fui bajando las escaleras del Palacio entre gestos desencajados y ojos enrojecidos, cuando entré en el metro junto a otros tropecientos más y una señora que viajaba en el vagón supo de inmediato que habíamos perdido porque no hay más que veros las caras, cuando fui poco a poco tomando conciencia de la magnitud de aquel fracaso, FRACASO con mayúsculas, fracaso generado entre otras cosas por nuestras enfermizas expectativas de éxito, éste ya con minúsculas. Nunca escribiré ya el post de mi día en el Mundial, o acaso sólo pueda hacerlo cuando haya pasado el tiempo suficiente para que no tenga ya ningún sentido. Ni puñetera falta que le hará tenerlo.

A veces la vida te da la razón cuando menos te lo esperas, cuando menos te gustaría tenerla. Hace 14 días les conté aquí mis razones para el escepticismo, recuerdo bien que mi primera intención fue titularla razones para el pesimismo pero me contuve, era tal el desparrame de triunfalismo alrededor de nuestra selección que pensé que iba a ser yo la única nota discordante, que con ese nombre no me la iba a leer ni dios y el que lo hiciera lo haría para insultarme. Plegué velas, cambié de título en el último instante, quizá suavicé algo el tono pero la esencia fue más o menos la misma, salirme del discurso oficial, explicarles por qué yo, al contrario de (lo que parecía ser) el común de los mortales, no lo veía nada claro. Y empezó el campeonato, empezamos a arrollar a todo dios, empecé a ilusionarme como todo dios pero en el fondo de mi alma seguí sin verlo claro, seguí temiendo el petardazo a la vuelta de cualquier esquina, vi ayer el Serbia-Brasil y comprendí que aquella Serbia en nada se parecía ya a la de Granada, que tenía argumentos más que de sobra para pintarnos la cara… Como si le fuéramos a dar la oportunidad. Me quedé corto. La realidad superó a la ficción, por una vez la realidad superó incluso a mi propio pesimismo/escepticismo. Temí una muerte lenta en semis, jamás imaginé una muerte rápida (pero no por ello menos dolorosa, más bien al contrario) en cuartos de final. Hasta se nos acabó volviendo en contra lo que nos montamos a favor, ese cuadro que preparamos a conciencia para no tener que ver a USA hasta la Final como si fueran dos conferencias separadas, como si todo lo demás no importara, como si diera igual ocho que ochenta, Brasil que México, Francia que Finlandia, Serbia que Ucrania. En el pecado llevamos la penitencia, y qué penitencia. Tenemos lo que nos merecemos.

Ahora todos los dedos apuntan a Orenga y no seré yo quien los aparte, pero me gustaría que fuéramos capaces de señalar un poco más allá. El problema no es Orenga (o no es sólo Orenga), es quien lo nombra. El problema es que en un país con docenas y docenas de extraordinarios entrenadores alguien decida poner de seleccionador nacional a un becario (dicho sea con todos los respetos a Orenga y a los becarios), becario no en lo que se refiere al sueldo (obviamente) sino a la experiencia. ¿Experiencia? Cuatro aciagos meses (y de eso hace ya demasiados años) en uno de los peores Estudiantes que se recuerdan (y miren que hay donde escoger), justo hasta que no les quedó más remedio que enseñarle la puerta de salida. ¿Y con ese portentoso bagaje va el iluminado de turno (por otro nombre José Luis Sáez, no se me vaya a olvidar nombrarlo) y decide que es la persona idónea para regir los des(a)tinos de esta selección? Argumento irreprochable donde los haya, vamos a ponerles a estas criaturas un entrenador contemporizador y poco intervencionista, no vaya ser que si les ponemos jefe alguno no venga. Y usted y yo sabemos que esto por desgracia no funciona así, usted y yo podemos ser extraordinarios en nuestro trabajo y tener además un elevado sentido de la responsabilidad, pero si nos ponen un jefe de paja que no nos dirija sino que nos mire probablemente haremos lo justo, y sin orden ni concierto además. Qué duda cabe, la vida sin jefes sería maravillosa, todos hemos soñado con ello alguna vez, pero sólo a los jugadores de nuestra selección les fue concedido el privilegio de convertir ese sueño en realidad. Y fueron felices y comieron perdices y demás opíparas viandas, jugaron a la pocha, cantaron juntos, zascandilearon por los pasillos y se lo pasaron chachi chupi requeteguay… hasta ayer. Querías perfil bajo, pues ahí lo tienes. Por los suelos.

Pero es que hay algo peor que equivocarte, y es ser contumaz en el error. Sostenella y no enmendalla, que decía aquel. Tropezar de nuevo con la misma piedra, aún por grande que fuera la hostia que te llevaste la primera vez. Puedo llegar a entender el nombramiento de Orenga para el Eurobasket 2013, al menos el ochenta o noventa por ciento de aficionados al baloncesto de este país no lo veíamos pero puedo llegar a entender que usted sí lo viera, usted al fin y al cabo sabe mucho más de baloncesto que nosotros, faltaría más, como corresponde a su alto rango y elevada condición. Pero eso fue antes. Después del Eurobasket 2013 seríamos ya el 99 por ciento de aficionados de este país los que no veíamos a Orenga (ni en pintura, y nunca mejor dicho), y aún me quedaré corto. Se ganó el bronce, se nos vendió como un éxito (sin Pau, sin Navarro, sin Ibaka, a ver a qué más podíamos aspirar), puede que numéricamente así lo fuera pero más allá de los números y de las medallas están las sensaciones. Y éstas nos mostraron partido tras partido a un equipo mal preparado física, técnica y psicológicamente, un equipo incapaz de administrar sus exiguas fuerzas, que arrasaba en los tres primeros cuartos para luego hundirse irremisiblemente en el último, que no sabía remar contra corriente ni era capaz de manejar finales apretados fueran éstos contra quien fueran, así una y otra y otra vez… Las señales parecían evidentes para cualquiera que quisiera verlas pero usted nada, usted erre que erre (nada que ver con Ricky & Rudy en este caso). No queríais Orenga, pues toma, dos tazas. A ver si aún hay huevos para una tercera.

¿Sabe cuál es la diferencia? Que hace un año nos ganó una Francia que era un pedazo de equipo, el mismo que luego sería campeón, también el mismo al que habíamos ganado en 2012, 2011, 2009, tantas otras veces. Hace un año le forzamos una prórroga a la Francia de Tony Parker, en cambio este año no hemos visto ni de lejos a una Francia sin Parker, sin Nando de Colo, sin Joakim Noah, sin Michael Pietrus, sin Ronny Turiaf, sin Kevin Seraphin, sin Alexis Ajinça, sin Ian Mahinmi, si quieren sigo que aún me dejaré alguno. Una Francia light, probablemente la selección francesa con peor pronóstico en un campeonato internacional de los últimos quince años. Pero una Francia con entrenador, fíjense qué cosa más curiosa, una Francia con un pedazo de técnico llamado Vincent Collet que nos conoce como si nos hubiera parido, que nos tiene estudiados hasta la náusea y que debió pasarse las horas previas al partido ensayando mil y una maneras de explotar nuestras debilidades: cómo dejarnos en inferioridad en todos sus picanroles, como invertir e invertir hasta que en uno u otro lado hubiera un tío solo, cómo cortocircuitarnos todo nuestro ataque, cómo negarnos todos los rebotes. Lo que viene siendo preparar un partido, hasta el hartazgo si es preciso. Claro está, ellos tenían que prepararlo, nosotros para qué, si ya sabemos de sobra que somos mejores que ellos, si ya les ganamos de paliza el otro día, si no tenemos nada de que preocuparnos, que se preocupen ellos si se quieren preocupar, nosotros a lo nuestro. Una sesioncilla suave, un permiso de paternidad, algún pasatiempo lúdico-festivo y a otra cosa mariposa, no se nos vayan a cansar.

Claro que si no queríamos que se cansaran a lo mejor podríamos haberlo pensado antes. Haberlo pensado en todos esos días en que ganábamos de treinta y aún así manteníamos a todos los pesos pesados sobre la cancha hasta que quedaban apenas tres minutos, no fuera a ser que nos vinieran a remontar. Haberlo pensado el día de Serbia, que no nos jugábamos absolutamente nada ni ellos tampoco, que el sentido común (el menos común de los sentidos) dictaba meter como titulares a Felipe, Claver y Abrines y darles treinta minutos pero nosotros nada, nosotros con toda la artillería desde el principio hasta el final para que supieran con quién se estaban jugando los cuartos, puras salvas de artificio, luego ya nos iremos por las patas abajo cuando toque jugárselos de verdad. Si no queríamos que se cansaran a lo mejor pudimos caer antes en la cuenta de que los baqueteados cuerpos de 34 años ya no responden como los de 22, es ley de vida. Pero si no caímos y ahora ya les tenemos cansados siempre quedaría la opción de activar el plan B: que Diaw se está quedando una y otra vez en superioridad y nos está crujiendo desde fuera, que Marc está como si no estuviera, que Ibaka parece al borde de un ataque de nervios, que no cogemos un puto rebote y los pocos que cogemos nos los quitan de las manos… pues a ver si es que ha llegado el momento de darle por fin una oportunidad a un tal Felipe Reyes, que no es precisamente un novillero a punto de confirmar la alternativa como Abrines ni un ente etéreo como Claver, que no es un fino estilista como alguno de los que le preceden pero está más que harto de fajarse en cienmil batallas como ésta, que en un partido que se juega en las trincheras será difícil encontrar otro mejor. Claro que para activar el plan B primero hace falta tenerlo. No digo que no lo hubiera, no lo sé ni soy quién para saberlo. Sólo digo que si lo había se esforzaron muy concienzudamente en disimularlo.

Hay derrotas y derrotas. Suelo decir que la alegría por una victoria nos puede quedar para siempre pero la tristeza tras una derrota nunca debería durarnos más de cinco minutos. Porque la vida es mucho más que baloncesto, porque todos tenemos cosas mucho más importantes en que pensar más allá de un mero partido, sea éste cual sea. Suelo decirlo y además suelo cumplirlo… el 99 por ciento de las veces. Porque hay derrotas y derrotas, porque hay algunas (muy pocas, afortunadamente) que se te enquistan y se te quedan para toda la vida en tu interior. Esta es una de ellas, evidentemente. Desde aquel infausto chinazo en el Mundial de Canadá’1994 no había vuelto yo a sentir esta amargura por un resultado de la selección (y fuera de la selección tampoco, exceptuando el presunto descenso estudiantil). Nunca. Ni con las derrotas griegas de 1995 y 1998, ni con las finales perdidas en 1999, 2003 y 2007 (al fin y al cabo éramos finalistas), ni con la durísima eliminación ante USA en los cuartos de final de Atenas 2004, ni con el triplazo de Teodosic en 2010, ni con la prórroga ante Francia del pasado año… Nunca, nunca desde aquel chinazo que marcó (mucho más que el angolazo de dos años antes) un antes y un después. Como lo marcará esta derrota que algún día no lejano nos atreveremos a llamar franciazo. Aunque ni de lejos sea lo mismo, aunque Francia en ningún caso pueda compararse a aquella China o a aquella Angola. Pero tampoco veníamos entonces de donde vinimos ahora, ahora nos hemos pasado todo el Torneo sin otra preocupación que la de si seríamos o no capaces de ganar la Final a los yanquis como si ya estuviéramos en ella, ahora fuimos al Palacio como a una fiesta campestre, como si la única duda no fuera si íbamos a ganar sino de cuánto íbamos a ganar, como si no jugáramos contra nadie sino contra nosotros mismos (y quizá fuera así). Íbamos tan de favoritos, tan creídos, tan sobrados, tan de anfitriones (miren que se lo advertí, que la condición de anfitriones casi siempre acaba resultándonos contraproducente, a nosotros y casi a cualquiera), tan de chulos por la vida, tan de españoles en suma… Ya saben, hay una España envidiada por el mundo, soy español a qué quieres que te gane y demás fanfarronadas propias de nuevo rico (en términos estrictamente deportivos, entiéndase) que nunca tuvo donde caerse muerto, que un día de repente ganó cuatro cosas y a partir de ahí se creyó el amo del cortijo como si en verdad lo fuera. Somos campeones del mundo en vender pieles de oso, nada más que en eso, luego es el oso quien nos mata y además se regodea, con todo merecimiento. Somos campeones del mundo en generar vanas expectativas, así más dura será la caída. Lo está siendo.

¿Y saben qué es lo peor? Lo peor es haber dilapidado con todas estas tonterías los dos últimos años buenos que le quedaban a esta maravillosa generación. Como si diera lo mismo, como si el talento nos saliera a borbotones de debajo de las piedras, como si no hubiéramos necesitado toda una vida para tener una generación así… Se acabo. Es el fin de una era. Y fíjense que no digo fin de ciclo, que ése más o menos lo dábamos ya por descontado ganáramos o perdiéramos. Digo fin de una era, digo fin de la ilusión por esta selección que es tanto como decir fin de la ilusión por el baloncesto, en el supuesto de que aún quedara algo de ella. Echen cuentas, entre jubilados, sabáticos y desencantados en 2015 no nos reconocerá ni la madre que nos parió, iremos al Eurobasket multisede a que nos pinten la cara, tanto dará quien nos (des)entrene, la consecuencia inmediata será que no obtendremos plaza para Río’2016 ni con preolímpico ni sin preolímpico, ni de coña, si tenían alguna ilusión con dicha cita vayan quitándosela de la cabeza, yo ya estoy en ello. Quizá en 2017 seamos capaces de empezar la regeneración o quizá no, quién sabe, si aquel chinazo nos costó cinco años no descarten que ahora haya que esperar más todavía. Es lo que hay, no suelo adivinar el futuro (así que no pierdan la esperanza) pero a día de hoy no sé venderles otra cosa, ustedes me disculparán si les he dado el día (aún más si cabe). Hace dos semanas convertí mis razones para el pesimismo en razones para el escepticismo, hoy ya no, hoy ya sólo me queda pesimismo. A chorros, además. Y no sé cuántos años más habrán de pasar hasta que pueda cambiar de opinión.

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