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Advertencia previa: hoy les voy a hablar de sistemas de competición, por lo que presumo (aún antes de empezar a escribirlo) que me va a quedar una entrada espesa, farragosa y con cierta tendencia a lo infumable. Si usted decide huir para dedicarse a cualquier otra actividad mucho más placentera y/o apetecible (qué sé yo, planchar, limpiar el polvo, hacer los baños, sacudir las alfombras, quitar la grasa acumulada en los armarios de la cocina…) tenga por seguro que no se lo tendré en cuenta; si usted en cambio elige quedarse en el pecado llevará la penitencia pero eso sí, luego no venga diciendo que no se lo advertí.

brasil2014-002-589x450Sí, aquí donde me leen hoy pretendo compararles el sistema de competición del pasado Mundial de fútbol y el del inminente Mundial de Baloncesto. [Inciso, por si alguien tuviera a bien meterme el dedo en el ojo: sé bien que ahora ya no se llama Mundial sino Copa del Mundo pero qué quieren, también el de fútbol se llama Copa del Mundo y no por eso hemos dejado de llamarle Mundial; además tengo ya una edad como para andar cambiando el chip a estas alturas, así que me van a permitir que siga llamándolo Mundial casi todas las veces, que serán todas aquellas que no lo llame Mundobasket. Fin del inciso] Pues vaya tontería dirán ustedes, para qué comparar ambos sistemas de competición si a partir de un determinado momento vienen a ser lo mismo. O así lo parece, al menos:

Mundial-BaloncestoMundial de fútbol: 32 equipos, 8 grupos de 4 equipos cada uno, se clasifican los 2 primeros de cada grupo, 16 en total, y a partir de ahí octavos de final, cuartos de final, semifinales y final.

Mundial de baloncesto: 24 equipos, 4 grupos de 6 equipos cada uno, se clasifican los 4 primeros de cada grupo, 16 en total, y a partir de ahí octavos de final, cuartos de final, semifinales y final.

Pues eso, que si usted mira uno y otro concluirá que ambos torneos una vez finalizada la fase de grupos transcurren ya de la misma manera hasta su final: octavos, cuartos, semifinales… Parecen lo mismo pero créanme, no son lo mismo. Y es justo ahora cuando llega la parte farragosa (aún más si cabe) de este tocho, que es explicarles dónde está la diferencia:

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Mundial de fútbol: el primer clasificado de cada grupo va a un determinado lado del cuadro, mientras el segundo de ese mismo grupo va al otro. Es decir, lo único que sabes a ciencia cierta es que al que pase contigo no volverás a encontrártelo hasta la final (en su caso), pero todo lo demás está abierto. Sabes que empezarás cruzándote en aspa con el inverso del grupo de al lado, y que a partir de ahí en cuartos o semis ya te podrás cruzar con (casi) cualquiera.

Mundial de baloncesto: los cuatro clasificados de cada grupo van a parar al mismo lado del cuadro, a cruzarse con los cuatro clasificados del grupo de al lado. Es decir, es francamente probable que en cuartos o semis te puedas volver a cruzar con equipos con los que ya jugaste en la fase de grupos, y ello mientras que con los otros ocho clasificados de los otros dos grupos no te podrás encontrar hasta la final, jamás, de ningún modo.

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Lo quieren aún más farragoso (o quizá más claro, no sé):

Mundial de fútbol: a un lado del cuadro quedan A1, B2, C1, D2, E1, F2, G1, H2, mientras que al otro quedan A2, B1, C2, D1, E2, F1, G2, H1.

Mundial de baloncesto: a un lado del cuadro quedan A1, A2, A3, A4, B1, B2, B3 y B4, mientras que al otro quedan C1, C2, C3, C4, D1, D2, D3, D4.

Es decir, en el Mundial de fútbol hay equipos de todos los grupos en cada mitad del cuadro, puedes ir a parar a cualquiera de los dos lados independientemente de en qué grupo empieces. En cambio en el Mundial de baloncesto el grupo en el que empieces determina por completo tu futuro en la competición: sabes que si hay un equipo infinitamente superior a los demás (imagínense una USA sin bajas) y vas por ese lado del cuadro tu suerte estará echada: por muy bien que lo hagas probablemente morirás en semifinal.

O dicho de otra manera (sí, todavía otra manera): los grupos del Mundial de fútbol son vasos comunicantes, los del Mundial de baloncesto compartimentos estancos. Los del fútbol se mezclan unos con otros, los del baloncesto van en dos mitades que jamás se pueden comunicar. En la práctica es como si fueran dos mundiales en uno o aún peor, como si fueran dos conferencias al más puro estilo NBA, Este y Oeste, sus respectivos campeones se ven en la final pero jamás se encuentran antes. Dos conferencias que podríamos denominar Conferencia Anfitrión y Conferencia Campeón, o si se prefiere Conferencia España y Conferencia USA (que viene a ser lo mismo) en base a sus respectivos favoritos; o aún mejor, Conferencia Madrid y Conferencia Barcelona en base a sus respectivas sedes.

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Ahora bien: ¿por qué sucede esto? ¿por qué la organización del certamen (llámese FIBA, llámese FEB, llámese como se quiera) ha optado por esta solución que habrá a quien le guste, no digo yo que no, pero que a mí particularmente me parece tremendamente injusta (a la par que una cagada descomunal)?

A) para asegurarnos de que nuestra selección no pueda cruzarse con la de Estados Unidos hasta la final.

B) para asegurarnos de que nuestra selección juegue los cruces en Madrid y no le pueda tocar de ningún modo jugarlos en Barcelona.

C) A y B son correctas.

O a lo mejor soy muy mal pensado y es simplemente que a la FIBA le gusta así, vaya usted a saber. Pero qué quiere que le diga, no puedo evitar la sensación de que alguien (apellidado Sáez o no, quién sabe) tras una profunda reflexión haya recordado el estrepitoso cante que dimos contra (lo de contra es un decir) Brasil en Londres 2012 y a partir de ahí haya movido sus hilos para que el susodicho cante no se tenga que volver a repetir, que luego la gente es muy mala y muy deslenguada y dice cosas inconvenientes que afectan sobremanera al buen rollito que siempre debe reinar en el ámbito de nuestra selección. Muerto el perro se acabó la rabia, si no nos podemos encontrar con USA hasta la final no tendremos que hacer juegos malabares para evitar encontrarnos con USA antes de la final. De cajón.

Claro que la opción B resulta aún más absurda si cabe, como bien habrán podido comprobar todos aquellos que hayan visto los eñemistosos de estos días ante Croacia y Ucrania en el Olimpic de Badalona. Barcelona es muy grande (y no digamos ya su área metropolitana) y hay gente pa tó (tanto más al precio que van las entradas) pero qué quieren, aquí nos la cogemos con papel de fumar en esto como en tantas otras cosas, no descarten que alguien (que tampoco tiene por qué apellidarse necesariamente Sáez) mirara en su día el calendario, viera que la semifinal barcelonesa se jugará precisamente el 11 de septiembre (¡¡¡el 11 de septiembre!!!) y le entrara de inmediato la temblequera de piernas, como si alguno fuera a tener la tentación de irse al Sant Jordi a terminar la manifestación. Muerto el perro se acabó la rabia, again.

SORTEO-MUNDIAL-BALONCESTO

Así que si va usted a participar en una porra en la que acertar los finalistas del Mundial piénselo muy cuidadosamente antes de jugarse los euros, no vaya a hacer como en el fútbol que bien puede decir España-Brasil, Alemania-Argentina, Holanda-Italia o Ghana-Japón, puede decir lo que le dé la gana y nadie le mirará raro (o quizá sí en ese último caso) porque cualquier cosa es posible, aquí no, aquí en el de baloncesto no me vaya usted a apostar por una final España-Francia, Brasil-Argentina, USA-Australia o Turquía-Lituania porque estará tirando el dinero y se descojonarán de usted en la cara, porque todos esos emparejamientos (y tantos otros) sólo podrán darse a cada lado del muro, no hay más. Y si usted soñó alguna vez (como pudo ser mi caso) con una final España-Argentina, o quizá Serbia-Croacia por aquello del morbo, o Lituania-USA porque sí, o tal vez México-Dominicana por sus raíces centroamericanas y/o caribeñas, pues va siendo hora de que vaya dejando de soñar. Que los sueños sueños son, ya lo dijo Calderón (el De La Barca, no el de la selección), y hay que soñarlos con moderación.

Dos por uno como el híper, en vez de un Mundial dos semimundiales, qué más se puede pedir. Pero eso sí, luego no venga a llorarme en cualquier otra competición porque haya cabezas de serie, luego no venga a hablarme de sorteo teledirigido. ¿teledirigido, dice usted? Unos aprendices es lo que son, si quiere usted sorteo teledirigido (teledigerido) véngase al Mundial de baloncesto, rechace imitaciones. Y ya le daré yo teledirección.

neurobasket   2 comments

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 13 de septiembre de 2013)

Señoras y señores de la FIBA, permítanme que hoy traiga ante ustedes una propuesta innovadora que les hará palidecer de gusto y estremecerse de felicidad, eso como poco: de cara al próximo Eurobasket de Ucrania 2015, amplíen a 48 el número de equipos participantes. Pongo 48 por poner una cifra, la idea es que participen en el evento todos los países de Europa, no sé cuántos son porque no me apetece contarlos pero pongamos que fueran 48 para facilitar los cálculos. Imaginen, una primera fase de ocho grupos (A, B, C, D, E, F, G y H) con seis equipos cada uno, los tres primeros de cada grupo pasarían a una segunda fase de cuatro grupos (I, J, K y L) también con seis equipos cada uno, a su vez los tres primeros clasificados de cada grupo pasarían a una tercera fase ya con sólo dos grupos (M y N, a poco que nos descuidemos llegará el día en que no tengamos letras suficientes) también con seis equipos cada uno, por supuesto que los cuatro primeros de cada grupo se cruzarían en cuartos de final para luego ya acabar con semifinales y final como viene siendo habitual. Sigan imaginando: 25 días de competición, catorce o quince sedes, casi doscientos partidos en disputa entre los que podrían darse derbis tan atractivos e insospechados como Francia-Luxemburgo, Grecia-Chipre, Italia-San Marino o incluso España-Andorra, baloncesto de altísimo nivel, duelos en la cumbre que harían las delicias de chicos y grandes, enfrentamientos a cara de perro, tanteos disparados, días habría en que se superaran incluso los 40 puntos de promedio, no les digo más. Y cada equipo podría llegar a jugar hasta catorce partidos, casi el equivalente a una primera vuelta de cualquier liga pero condensado aquí en apenas tres semanas y media, rechace imitaciones, luego ya devolveríamos a los jugadores hechos unos zorros a sus respectivos clubes pero total eso qué más da, a quién le habría de importar esa nimiedad si la comparamos con el inmenso honor de defender hasta la extenuación la enseña nacional de su país de origen (o de adopción, en según qué casos). Eso sí, por supuesto, tengan ustedes la precaución de no anunciarlo todavía, monten la tradicional fase de clasificación como si fueran 24 y luego ya cuando los equipos se hayan dejado la piel en el pellejo díganles que fue una broma, que no tontos, que os lo habéis creído, que al final vais todos, ya verán qué risa…

¿Cómo dicen? ¿Que eso sería absurdo, que les parece una auténtica barbaridad? Pues claro. Como barbaridad fue anunciar poco antes del Eurobasket de 2011 que toda aquella interminable fase de clasificación no había servido para casi nada, que donde antes iban a ser 16 equipos ahora de repente serían 24. Como barbaridad ha sido mantener esa misma escalofriante cifra de 24 equipos (si a mí 16 ya me parecían demasiados…) para este Eurobasket de 2013. Como barbaridad es esta estructura sobredimensionada, como barbaridad es que un campeonato continental tenga los mismos equipos que un Mundial (pero bastantes más partidos) y el doble que unos Juegos Olímpicos: 19 interminables días de competición, 90 partidos en total, los ocho mejores equipos jugando 11 partidos cada uno, ¡¡¡11 en 19 días!!! (ó en 18, en algún caso), luego nos echaremos las manos a la cabeza con el salvaje calendario NBA pero en cuestiones de salvajismo a nosotros no nos gana nadie, hasta ahí podíamos llegar. Pongan si así lo quieren el grito en el cielo porque las estrellas se escaquean pero créanme que a la vista de este calendario lo raro no es que vayan tan pocos, lo verdaderamente raro es que vayan tantos, de hecho más de uno andará diciendo que si esto no cambia a mí que me esperen sentado, anda que otra vez me van a meter a mí en semejante embolao. Barbaridad son esos escalofriantes partidos ya en segunda fase, Letonia-Ucrania, Croacia-Finlandia, Lituania-Bélgica, todos esos equipos débiles que echaron el resto en primera ronda y que ahora ya cumplido su objetivo se han quedado vacíos, sin fuerzas (ni físicas ni psíquicas) para pelear por nada más; barbaridad es que los aficionados huyan despavoridos (así de los pabellones como de los televisores) porque esto ya no hay quien lo trague, porque ya no encuentran aquí ni el diez por ciento de la calidad que antes acostumbraban a encontrar; barbaridad es que todos esos clubes que prestan a sus jugadores sin apenas contraprestación tengan casi que acabar como Mafalda cuando su padre volvía de la oficina, mandamos a nuestra estrella a jugar el Eurobasket y nos devuelven esto

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Pero no se me vayan a preocupar por estas pequeñeces, faltaría más, sigan ustedes en sus trece, o en sus 24 ó en sus 48 o en los que sean menester. Sigan ustedes confundiendo cantidad con calidad, sigan cebando a la gallina de los huevos de oro hasta que reviente, sigan reinterpretando los refranes a su antojo, miren que ya solía decir mi abuela que lo bueno si breve dos veces bueno y que lo poco agrada y lo mucho enfada, desgraciadamente ustedes no conocieron a mi abuela y claro, así les va. Es más, dado que ya participa Israel y dado que en las primeras ediciones participó hasta Egipto, yo les recomendaría que no dejen pasar la magnífica oportunidad que se les presenta para engrandecer aún más y más y más si cabe (hasta que explote) este acontecimiento, extendiéndolo ya puestos hasta Oriente Próximo, Norte de África y demás países de ultramar. Claro que quizá para entonces no tenga ya mucho sentido seguir llamándolo Eurobasket (que de euro ya tendrá poco) por lo que yo les sugeriría también un sutil cambio de nombre, añadirle simplemente una N al comienzo para así ilustrar nuestro estado de nervios, ese desquiciamiento colectivo en el que andamos sumidos todos los aficionados sólo con ver lo que están haciendo con esta (en otro tiempo apasionante) competición. De nada.

Publicado septiembre 18, 2013 por zaid en selecciones

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Kuala Lumpur   1 comment

Pues nada, que andaban últimamente los mandamases y demás prebostes de la FIBA un tanto lánguidos, mohínos, contritos incluso, desmoronados en sus sofás mirando la vida pasar sin que la vida les hiciera el menor caso, que en verano bien que nos acordamos todos de ellos (y de sus familiares, a veces) pero de octubre a junio la FIBA como si no existiera, ni puñetera falta que nos hace. Pues eso, que ahí estaban estas pobres criaturas sumidas en la desidia y el desaliento hasta que uno de ellos, acaso un poco más aburrido que los demás, tuvo de repente una idea luminosa: Reunámonos. ¿Reunirnos?, exclamaron todos los demás al unísono, pero si estamos todo el día aquí metidos mirándonos las caras los unos a los otros, para poder reunirnos tendríamos que desreunirnos primeroNoooo, no se trata de eso, volvió a tomar la palabra el aburrido en cuestión, no se trata de una de nuestras reuniones rutinarias sino de una reunión extraordinaria, salir de una vez por todas de entre estas cuatro paredes para tomarle el pulso a la realidad, para recuperar el contacto con la actualidad que nos circunda, para volver a vivir y sentir el baloncesto al más alto nivel

Y dicho y hecho, y puestos a salir de su sede de Munich bien podrían haberse reunido en Móstoles, Socuéllamos o Navalmoral de la Mata pero ellos prefirieron hacerlo en Kuala Lumpur, la mera enunciación de ese nombre ya conlleva resonancias míticas, Kuala Lumpur, pruebe a decirlo en voz alta, deléitese en su pronunciación y sólo con eso ya le parecerá estar viajando por lugares exóticos, Kuala Lumpur, capital de Malasia, país de honda raigambre baloncestera donde los haya, tan honda es que por mucho que profundices no logras encontrarla pero por ahí debe estar, seguro. Claro está, una vez que estaban en Kuala Lumpur los prebostes y demás mandamases de la FIBA bien pudieran haberse dedicado a recorrer las maravillas arqueológicas y arquitectónicas de aquel lugar ignoto; o bien, si eso no les pone, bien pudieran haberse dedicado a presenciar partidos y más partidos de baloncesto de la incomparable Liga Malaya… Pues ni lo uno ni lo otro: ya que estaban allí, decidieron que el mundo entero debía enterarse de que estaban allí; a ver qué va a ser eso de que ellos se vayan a reunirse al culo del mundo (dicho sea con todos los respetos) y en cambio el planeta entero permanezca sumido en la ignorancia. Y ya puestos, decidieron también recuperar la vieja filosofía que ha presidido el funcionamiento de tan magna Organización desde tiempo inmemorial: el porculismo. Démosles (que hace mucho que no les damos) un cambio normativo, y ya que nos ponemos hagámoslo además con premeditación, alevosía y nocturnidad, sobre todo nocturnidad, aprovechémonos de que estamos en extremo oriente y llevamos la hora cambiada, justo ahora en Occidente estarán durmiendo, con lo felices que se habrán acostado el sábado y verás tú qué cara de gilipollas se les queda cuando se levanten el domingo, hay que ver, qué traviesos somos, como en los buenos tiempos

Les supongo al cabo de la calle de la travesura en cuestión, pero si así no fuera no se preocupen que aquí estoy yo para ponerles sucintamente al corriente (copiopego a tal efecto la nota de agencia que ayer publicó casi todo dios): La FIBA aprobó hoy en Kuala Lumpur una modificación de los calendarios, que entrarán en vigor en 2017, y que tienen como principal novedad la disputa de partidos de clasificación para la Copa del Mundo o los distintos campeonatos continentales en plena temporada. Además, después de la Copa del Mundo de 2014 que se disputará en España, el torneo pasará a disputarse en 2019, en lugar de en 2018, y a partir de ese año cada cuatro, con un total de 32 equipos en competición. La clasificación para la Copa del Mundo se efectuará en el transcurso de los dos años anteriores y constará de seis ventanas que serán en noviembre (2017), febrero, junio, septiembre, noviembre (2018) y febrero (2019). (…) A partir de 2017, los campeonatos continentales se llevarán a cabo cada cuatro años (2017, 2021, 2025) con un sistema similar de clasificación como para la Copa del Mundo. Las fases de clasificación se adaptarán en sus fechas teniendo en cuenta los años olímpicos. La clasificación para los Juegos Olímpicos de 2020 será a través de la Copa Mundial de la FIBA de 2019 y cuatro Torneos Olímpicos que se celebrarán en cuatro zonas. Según la FIBA, la modificación del sistema actual “es esencial para estimular aún más el crecimiento mundial de baloncesto, aumentar su visibilidad en todo el mundo y desarrollar aún más las federaciones nacionales”. Respecto al nuevo formato, la FIBA asegura que los partidos a ida y vuelta “permitirán a los aficionados de los 140 países”, que forman parte de la organización, “ver a sus equipos nacionales”. “El baloncesto tiene que ampliar su alcance y generar un estímulo nuevo y dinámico para su crecimiento. Esto sólo puede suceder si cada país crece y juega regularmente frente a sus propios aficionados”, dijo en Malasia Yvan Mainini, presidente de la FIBA.

Ya dijo Murphy (y si no lo dijo debería haberlo dicho) que cualquier cosa, por muy mal que esté, siempre es susceptible de empeorar. La organización del baloncesto a nivel internacional dista mucho de ser perfecta, qué más quisiéramos, pero al menos mantenía lo que podríamos llamar una imperfección controlada; repite un mismo esquema desde hace años, un esquema que a mí particularmente no me entusiasma, que me parece manifiestamente mejorable pero que a fuerza de repetirlo año tras año ya forma parte de nuestras vidas, ya estamos todos acostumbrados a él: en agosto y/o septiembre selecciones, de octubre a mayo/junio competiciones de clubes (así nacionales como internacionales, solapándose entre sí), en julio vacaciones y competiciones de formación… Podría ser mejor, qué duda cabe, podrían no solaparse unas competiciones con otras, podrían repartirse el calendario de manera mucho más razonable, hasta aquí la liga doméstica y a partir de aquí la continental (o viceversa), sin interrupciones, sin que tuvieran que andar pisándose necesariamente el terreno la una a la otra… Podría ser mejor, pero hoy, gracias a FIBA, sabemos que también podría ser (que va a ser, de hecho) mucho peor.

Lo peor ya no es que se lleven el Mundial del 2018 al 2019 y a partir de ahí de nuevo cada cuatro años (impares preolímpicos), eso creo que podremos superarlo sin demasiado esfuerzo. Ni siquiera es lo peor que el Eurobasket a partir de 2017 vaya a celebrarse también cada cuatro años (impares postolímpicos), si bien reconozco que es ésta una modificación que me toca sobremanera las pelotas porque llevo viéndolos cada dos años toda mi vida (y miren que llevo vida) y me va a costar mucho acostumbrarme. No, lo peor de lo peor, lo que verdaderamente me pone de los hígados (ya lo habrán deducido) es esa luminosa idea de abrir ventanas en el calendario otoñal e invernal para incrustar las competiciones de selección en lo que hasta ahora venía siendo territorio exclusivo de los clubes. Que esto de abrir ventanas suena muy bonito, no digo yo que no, pero deberían abrirlas con sumo cuidado porque este edificio del baloncesto es en realidad mucho más frágil de lo que parece; no vaya a ser que el día menos pensando acaben agujereando el muro de carga y cuando quieran darse cuenta ya sólo les queden los escombros.

Señores de la FIBA, llevan ustedes años queriendo parecerse al fútbol y no parecen darse cuenta de que al lado del fútbol los del baloncesto no tenemos ni media hostia, perdonen que me encienda. El fútbol lo aguanta todo, el fútbol se puede permitir el lujo de interrumpir su calendario ocho o diez veces por temporada para montar fases clasificatorias irracionales y jurásicas, para que hasta las selecciones más potentes tengan que hacer el paripé de pelear su clasificación con Liechtenstein o San Marino, le quitan a la gente su dosis semanal de liga y con todo y con eso se lo tragan sin chistar y esperan pacientemente a que llegue el siguiente finde, el fútbol es lo que tiene, le podrán hacer todos los boquetes que quieran para meterle ventanales o vidrieras que ése no se les va a caer nunca, se lo aseguro. En cambio los del baloncesto bastante tenemos ya con seguir manteniendo este tinglado en pie. De hecho los del baloncesto puestos a conformarnos nos conformamos con muy poco, fíjense que hasta ahora nos quedaba la íntima satisfacción de que al menos en esto no nos parecíamos al fútbol, al menos nuestros calendarios aún seguían manteniendo una mínima continuidad, no tenían que someterse a interrupciones artificiales o absurdas cada cuatro semanas… Fíjense, ya ni siquiera eso nos queda.

Quizá recuerden que esto ya lo intentaron ustedes hace unos años, en Europa al menos. Sería hacia finales del siglo pasado o comienzos de éste, montaron ustedes fases clasificatorias para el Eurobasket, ahí estaban nuestras ligas domésticas empezando a toda prisa, jugando martes, jueves y domingos y parando luego durante tres semanas para dejar hueco a la selección, y luego volviendo a empezar otra vez y empezando también las ligas continentales y teniendo luego otra vez que pararse otras tres semanas y así sucesivamente… Aquello era un sindiós, la mejor manera posible de destrozar las delicadas estructuras de nuestro baloncesto, hasta ustedes mismos a pesar de sus evidentes limitaciones acabaron entendiéndolo y pusieron punto final a aquella locura… o eso creímos. Ahora quieren volver a las andadas, será que ya no se acuerdan de todo aquello, o será que no escarmentaron lo suficiente.

Además en fútbol la FIFA o la UEFA dicen que toca selección y los clubes se les ponen firmes, a ver qué remedio les queda: Madrid, Barça, Bayern, Milan, Chelsea, United, el que usted quiera, todos ceden a sus jugadores cuando toca sin decir oste ni moste, no es que lo hagan por gusto, de hecho bien que les jode porque les rompe su planificación y porque de vez en cuando se los devuelven averiados, todos lo hacen a regañadientes pero callan y aguantan por la cuenta que les tiene. ¿En baloncesto? A ver, no me cabe la menor duda de que Madrid, Barça, CSKA, PAO, Efes y demás familia se abrirán todos de piernas cuando llegue la ocasión, está en nuestra naturaleza pusilánime, ahora bien, ¿qué sucederá al otro lado del charco, allá por la América del Norte? ¿Se imaginan al Presidente de la Federación Alemana llamando a Cuban, oye Mark, que me tienes que dejar unas cuantas semanitas a Nowitzki y ya puestos que se traiga también de la mano a Kaman, no te preocupes que es sólo febrero, en cuanto llegue marzo te los devuelvo, espero que en buen estado…? Las carcajadas del dueño de los Mavs se seguirían oyendo en Alemania hasta después de colgar el teléfono. Y no me vengan ahora diciendo que es tal la superioridad de las principales selecciones que incluso sin sus NBA no tendrán ningún problema para clasificarse, tanto más tratándose de un Mundial con 32 plazas. Dígaselo usted por ejemplo a Alemania, o dígaselo a una hipotética Francia sin Parker, Batum, Noah, Turiaf, Beauvois, De Colo, Seraphin, Mickael Pietrus, o a una supuesta Argentina sin Ginóbili, Scola, Prigioni o Delfino, o a… (sí, a esa otra que está usted pensando, y que no he querido mencionar hasta ahora porque acaso nosotros tengamos todavía un buen fondo de armario; pero que nos dolerían las ausencias, eso seguro). Y, por favor, no me vengan tampoco con que ésta es la realidad de 2012 pero a saber cuál será la situación en 2017: ustedes y yo sabemos que la presencia internacional en la NBA no se va a reducir, más bien al contrario; dentro de cinco años estos nombres ya no serán los mismos, puede que ni siquiera las selecciones más afectadas sean ya las mismas pero el problema no será menor, de eso pueden estar bien seguros.

Cabría preguntarse, dada nuestra natural ingenuidad, qué demonios pretende la FIBA con todo esto. Es decir, qué pretende más allá de lo evidente, descojonarse de todos nosotros con premeditación, alevosía y (sobre todo) nocturnidad. O qué pretende más allá de lo retórico, esa pavada de que las selecciones son la locomotora del baloncesto de cada país y así las buenas gentes de Moldavia o Tailandia serán locomotorizadas por poder ver a su equipo nacional al ladito de casa. Pues miren, más allá de todo esto la FIBA pretende otra cosa que no ha hecho pública (se les caería la cara de vergüenza si lo hicieran) pero que a mí al menos me resulta bastante evidente, razón por la cual voy a compartirla con todos ustedes: la FIBA con todo esto pretende, sobre todo, recaudar. La FIBA se muere de envidia cada vez que ve a la FIFA y a la UEFA llevándose una comisión o un porcentaje de cada partido clasificatorio para sus respectivos mundiales y eurocopas y pretende importar para el baloncesto ese modelo, ni más ni menos. No tiene bastante ya la FIBA con los huevos de oro que le caen cada verano y ha decidido extender su producción al resto del año, sin darse cuenta de que así lo único que van a acabar consiguiendo es matar la gallina. No se engañen, en realidad lo único que pretenden los mandamases y demás prebostes de la FIBA, tomando esta decisión mientras viven a tutiplén y se ponen hasta el culo en Kuala Lumpur, es poder seguir viviendo a tutiplén y poniéndose hasta el culo cada vez que les plazca en Kuala Lumpur (o en las Bahamas, o en las Maldivas, o en las Seychelles, o en…) Acabáramos.

Publicado noviembre 12, 2012 por zaid en selecciones

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