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APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT (IV – LOS DE DENTRO)   Leave a comment

No teman, no volveré a hablar aquí de Towns y Okafor, que ya bastante bola les di en el primer episodio. Ni de Porzingis (en la medida en que le consideremos también interior), que ya bastante bola le di en el segundo. Vayamos un poco más allá.

¿Recucauley-steinerdan que cuando les hablaba de Towns les decía que había progresado en tres meses lo que otros no logran progresar en tres años (ni en treinta, si se diera el caso)? Pensaba en aquel entonces en otro fornido mocetón calipariano, justo aquél que lleva por nombre Willie Cauley-Stein. Cauley-Stein aterrizó en Kentucky en la temporada 2012/2013 como una fuerza de la naturaleza, siete pies de músculo absolutamente bien proporcionado que sembraba el terror en defensa y que parecía evidente que a poco que trabajara lo sembraría también en ataque. Contra todo pronóstico volvió para un segundo año, esperábamos encontrar grandes mejoras en su juego pero el único cambio apreciable fue aparecer con el pelo teñido de rubio platino, algo de lo que afortunadamente se arrepintió a los pocos días a la vista de los resultados. Contra todo pronóstico volvió también para un tercer año, creímos ingenuamente que ésta ya sería la definitiva, que por fin su torrente defensivo se correspondería con un amplio caudal de habilidades ofensivas, lo creímos hasta que comprobamos que este Cauley-Stein seguía siendo exactamente el mismo que habíamos conocido años atrás, que probablemente lo seguiría siendo ya para toda su vida deportiva. No, ahora ya no volverá para un cuarto año, tampoco es de extrañar, visto lo visto podría repetir curso 28 veces, podría volver a la universidad un año tras otro hasta el 2043 y aún así seguiría siendo el mismo jugador unidireccional que conocemos hoy. Que no es que esté mal, a ver si me explico: la intimidación cotiza al alza, las franquicias se lo rifarán, de hecho hasta algún pronosticador se ha atrevido a ascenderle hasta el número 4 en las previsiones pre-draft, lo cual no sería de extrañar porque en ese puesto escogen los Knicks y es bien sabido que son capaces de cualquier cosa. Triunfará en lo suyo aunque al otro lado sólo le veamos anotar en plan pichichi (tras rebote ofensivo o culminando alley-oops), llegará el día en que le nombren defensor del año y todos nos congratulemos de ello… aunque algunos (sólo algunos) no podremos evitar pensar también en lo que pudo haber sido y no fue.

Y ahora (para desengrasar) pasemos a algo así como el anti-Cauley-Stein, un tipo que carece del músculo y el atleticismo del kentuckiano pero que rebosa de absolutamente todo lo demás. Señoras, señores, con ustedes, recién llegado de Wisconsin, el Jugador del Año, el único, el incomparable, el irrepetible Frank Kaminski, pónganse todos en pie.kaminski Se me cae la baba con Kaminski, se me cae hasta ponerme perdido y lo peor es que no me pasa a mí solo, con las babas que todos los kaminskianos hemos generado durante estos últimos años se podría llenar un embalse, discúlpenme la guarrería. Saben que a mí se me gana mucho más por talento que por físico y por eso Kaminski es de esos jugadores que me llevaría a una isla desierta o aún mejor, a un equipo de baloncesto si lo tuviera. Así me va, por eso nunca llegaré a nada en la vida, por decantarme por la estética en detrimento de la sordidez, afortunadamente (para ellos) los general managers tienen sus pies mucho más en el suelo que yo y por eso todo parece indicar que pasarán de Kaminski en los primeros puestos del draft. Los pronósticos más favorables le sitúan en el puesto 8 mientras que los más desfavorables le mandan hasta el veintitantos, entre uno y otro un amplísimo abanico de posibilidades. El susodicho, oliéndose la tostada, ha ido ampliando sobremanera su rango de tiro ante la evidencia de que las franquicias despreciarán sus fundamentos bajo el aro por no llevar una gran cáscara de músculo a su alrededor (el síndrome de Tomic, como si dijéramos). Acabará ganándose la vida de especialista, puro cuatro abierto por una mera cuestión de supervivencia, muy probablemente emergiendo desde el banquillo. Y a muchos les encantará y les parecerá la quintaesencia del baloncesto moderno, pero a mí (que soy muy raro) no dejará de parecerme un desperdicio.

Volvamos ahora a Kentucky para hablar de Trey Lyles, otro espigado mocetón muy al gusto de aquella casa. Montones de centímetros, kilotones de músculo, atleticismo devastador, una especie de Cauley-Stein 2.0… pero con un ligero matiz. Cauley-Stein es un libro cerrado, resulta muy difícil imaginar que kentuckybigspueda llegar a ser otra cosa distinta a lo que ya es; Lyles en cambio es una página en blanco, está por escribir, puede quedarse en mero físico o evolucionar a jugador total, vaya usted a saber. Obviamente también está más verde, será mucho más trabajosa su adaptación a la Liga, los románticos de esto siempre pensaremos que debería haber permanecido al menos otro año en Lexington (aunque el currículum de Cauley-Stein nos lo desmienta) pero eso ya no tiene vuelta atrás. Dependerá (como en tantas otras ocasiones) de cuánto trabaje, de en dónde caiga, de cuánta bola le den. Apunta a número 8 en el mejor de los casos aunque tampoco en este caso ha faltado algún (presunto) especialista insinuando que los Knicks podrían escogerle en el 4, así están las cosas en la Gran Manzana, creo que si yo me presentara al draft también sonaría para los Knicks. Qué cruz.

Y permítanme que como de costumbre acabe el capítulo con cuatro nombres más, cuatro jugadores interiores que me provocan fascinación y me generan dudas, todo a la vez aún por contradictorio que ello resulte: Myles Turner, de Texas, trabajadísimo saco de fundamentos, calidad excelsa no exenta de músculo pero que fue de más a menos en la misma medida en que fue de más a menos (para acabar casi en nada) su Universidad. Bobby Portis, de Arkansas, debilidad personal del que suscribe, intenso todoterreno con todas las papeletas para convertirse en un interesantísimo cuatro de rotación aún a pesar de su falta de centímetros para ese puesto. Kevon Looney, de UCLA, fascinante físico longilíneo y bracilargo a lo Kevin Garnett, fascinante cóctel de aptitud y actitud que me enamoró en sus primeros partidos con los Bruins… y que me decepcionó (quizá por culpa mía, que esperé más de lo que debería) en casi todos los demás. Tierno e inconsistente como corresponde a su edad, prototípico caso de jugador al que otro año en la universidad le hubiese venido de cine… tanto más teniendo en cuanta que no parece ni que vaya a oler siquiera las primeras posiciones de este draft. Y finalmente Montrezl Monster Harrell, personaje de Louisville que por sí solo requeriría un capítulo aparte, si bien intentaré sintetizarlo en unos pocos renglones: un monstruo (como su propio apodo indica) que en su primer año pareció que iba a comerse el mundo, que en su segundo año (jamás pensamos que volviera para un segundo año) pareció habérselo comido y que en su tercer año (jamás pensamos que volviera para un tercer año) pareció haberle sentado mal la digestión. Puede salir una megaestrella o un bluff, casi sin término medio. Yo aún le tengo fe, aunque su estancamiento en esta última temporada y su propensión al cruce de cables me hagan cogérmela (la fe) con pinzas. Pero aún así no apostaría en su contra.

CON OCHO BASTA   1 comment

Eight is enough. Eight is enough! Así lo proclamó Mike Krzyzewski a los cuatro vientos (y a la CBS, y a la ESPN, y a quien se le pusiera por delante) nada más finalizar su victoriosa Final contra Wisconsin. Eight is enough, con ocho basta, a quienes sean insultantemente jóvenes les parecerá una frase como otra cualquiera, en cambio a quienes ya peinamos (demasiadas) canas nos retrotrae a los últimos Setenta y los primeros Ochenta, a una empalagosa y blandurriagfdfgdsfs serie yanqui que hizo furor en nuestras pequeñas pantallas, ya saben, esa típica familia llena de hijos (ocho, concretamente) que tanto juego dio siempre para comedias (presuntamente) costumbristas de clase alta, así en aquel lado del charco como en éste. Se emitía los viernes a la caída de la tarde, justo antes de Más Vale Prevenir (programa dedicado a la salud presentado por Ramón Sánchez-Ocaña, nada menos), y ni que decir tiene que arrasaba con la audiencia incluso en aquellos tiempos en que aún no teníamos por costumbre medir las audiencias (también es verdad que no tenía nada con qué competir), créanme que no había nada más visto en nuestro panorama televisivo semana tras semana, aún por raro que hoy nos resulte siendo ese día y a esa hora. Nos la tragábamos como pavos (a ver qué quieren, no había otros canales, no había Internet, no había ordenadores ni videojuegos, ni siquiera había nacido aún la costumbre de salir los viernes) y la olvidábamos inmediatamente después hasta el episodio siguiente, finalmente un día desapareció de nuestros televisores y nuestras vidas y la olvidamos ya para siempre o al menos eso creímos, yo al menos he vivido perfectamente durante más de treinta años sin acordarme jamás de ella, y así seguiría si no fuera porque al laureado y milenario (en victorias) Coach K le dio por recordármela la otra noche, justo después de convertirse (además) en pentacampeón…

Eight is enough. Eight is enough!… No, no es que al afamado Krzyzewski (que debería peinar aún más canas que yo, aunque por algún inexplicable e insospechado prodigio no sea así) le sobreviniera un repentino ataque de nostalgia televisiva, en absoluto. Es sólo que el susodicho K acababa de demostrar (por si alguien no lo tuviera ya suficientemente claro a esas alturas) que con lo que tenía tenía más que de sobra;2015-04-07T034227Z_1111927202_NOCID_RTRMADP_3_NCAA-BASKETBALL-FINAL-FOUR-CHAMPIONSHIP-GAME-WISCONSIN-VS-DUKE acababa de dar en las narices a todos aquellos que dijeron (dijimos) que a Duke esta plantilla se le quedaba muy corta, a todos los que insistieron (insistimos) aún más en ello tras la abrupta salida de Sulaimon. Pues ahí lo tienen, con ocho becas deportivas basta, con una rotación de ocho jugadores es más que suficiente. Suficiente para pasarse por la piedra con inusitada claridad a San Diego State, Utah y Gonzaga, suficiente para llegar más sobrados que nadie a Final Four, suficiente para apalizar a Michigan State, suficiente para derrotar finalmente a Wisconsin en una final extraordinaria, a esa misma Wisconsin que un par de días antes se había cepillado a la hipersupermegafavorita Kentucky en otra semifinal no menos extraordinaria. Con ocho basta. Pues va a ser que sí.

Pero tiene truco, claro. Tan sencillo como que no es sólo una cuestión de cantidad, sino también (y sobre todo) de calidad. Que hay ochos y ochos, vamos. Que cuántos, con una rotación manifiestamente más larga, no se hubieran dado con un canto en los dientes (a riesgo de hacerse daño) sólo con tener la cuarta parte del talento que atesoraban estos Blue Devils. Ocho apenas, y cuatro de ellos (y qué cuatro) novatos además para más inri, para que a todos aquellos que recurrieron (recurrimos) al factor experiencia para explicar lo de Wisconsin vs Kentucky el argumento ahora se les (nos) caiga por su propio peso. Con ocho basta, y si encima son unos críos recién salidos del cascarón (pero buenos como diablos) pues tanto mejor, así que ya puestos no estará de más que aprovechemos este modesto (y molesto) blog para rendirles homenaje, que bien merecido se lo tienen. Helos aquí, in alphabetical order:

Grayson ALLEN: La salida de Sulaimon fue el punto de inflexión. Antes apeDuke_c0-262-3082-2058_s561x327nas habíamos conocido a esa cara de chico travieso que llegó a Duke con magníficas referencias desde el instituto, que en sus escasísimas apariciones mostraba con cuentagotas la calidad que atesoraba… pero que no cabía, sin más; era el noveno, rotaban ocho, normalmente se quedaba sin jugar, nada grave, ya habría tiempo, ya llegaría su momento… Todo cambió a partir del 29 de enero: Grayson pasó de noveno a octavo, empezó a tener minutos, empezó a aprovecharlos, empezó a mostrar bien a las claras (por si a alguien le quedaba alguna duda) el pedazo de jugador que había detrás, y todo ello además en progresión ascendente, cada partido un poquito mejor que el anterior. ¿Hablábamos de puntos de inflexión? Lunes 6 de abril, Final universitaria, Wisconsin 9 arriba bien avanzada ya la segunda mitad, los Badgers relamiéndose y de repente el partido entero puesto del revés, un triple por allá, un dos más uno por acá, otro robo por acullá, un cóctel de talento, intensidad y descaro que los de Bo Ryan no supieron cómo procesar. Saben bien en Durham que sin esa eclosión no serían campeones, lo sabe todo dios y lo sabe él mejor que nadie, hasta el punto de que ya ha empezado a escuchar cantos de sirena garantizándole (¿?) un puesto en primera ronda del draft. Afortunadamente ha hecho caso omiso, afortunadamente parece que se quedará en Duke (al menos) una temporada más, créanme que sólo por ver jugar a esta criatura (titular indiscutible ya para entonces, no lo duden) merecerá ya la pena contemplar cualquier partido de los Blue Devils. Sólo denle tiempo.

Quinn COOK: Aterrizó en Durham a mediados de 2011, apenas un año despuéstyus-jones-quinn-cook del anterior título de Duke. Padeció importantes sinsabores, vivió en sus propias carnes la prematura eliminación ante Lehigh en 2012, la no menos prematura eliminación ante Mercer en 2014, la frustrante derrota ante Louisville en la Final Regional de 2013. Compartió vestuario con Austin Rivers, Seth Curry, Andre Dawkins, Michael Gbinije (sí, el de Syracuse), Josh Hairston, Ryan Kelly, Rodney Hood, Jabari Parker, todos los Plumlees. Llegó como una especie de combo guard (signifique eso lo que signifique), las circunstancias le llevaron a ejercer de base full time con notable éxito de crítica y público y justo entonces, cuando ya todos le teníamos como director de juego, apareció Tyus Jones y hubo de desandar lo andado para volver a ejercer de dos, a veces también de uno pero sólo a tiempo parcial. Y los agoreros auguraron catástrofes sin cuento en el perímetro de los Blue Devils por las crisis de celos que podrían suscitarse, pero nada más lejos de la realidad: Cook entendió la maravilla que le habían puesto al lado, asumió la situación, se adaptó a su nuevo rol sin decir oste ni moste. Base correcto, muñeca excelente, no tiene la calidad de alguno de sus compañeros (ni de lejos), no sabemos qué le deparará el destino en su carrera profesional pero de una cosa al menos sí que podemos estar bien seguros: nadie se merece este título tanto como él.

Amile JEFFERSON: Prototípico jugador de equipo, de esos que pareció que serían mucho más amile jeffersonde lo que fueron pero que en el fondo son mucho más de lo que parece que son (no sé si me explico). Pídanle que se asocie con cualquier Plumlee y a fe que lo hará, pídanle que sea referencia interior (no había otra) con Jabari Parker como imprevisto socio y también lo será, pídanle que sirva de báculo a Okafor y cumplirá con creces con su cometido, pídanle que salga desde el banquillo para limpiar la zona a Okafor y aceptará su nuevo rol sin rechistar. Puede parecer que su importancia haya ido disminuyendo con el paso del tiempo (probablemente porque así sea) pero un análisis más profundo quizá nos revelaría aspectos insospechados: nos revelaría, por ejemplo, que allá donde no llegó el amigo Jahlil ni aún menos Marshall Plumlee sí llegó él, que nadie consiguió parar a Kaminski como lo hizo él en esos minutos finales, justo cuando Okafor andaba atenazado en el banquillo con sus cuatro faltas a cuestas. De no haber sido por esa defensa puntual, por ese súbito apagamiento del hasta entonces inspiradísimo Frank the Tank, vaya usted a saber de qué estaríamos hablando ahora.

Matt JONES: En un momento dado de la temporada, quizás en aquella remontada en cancha de Virginia o quizás viniera ya de lejos, Mike Krzyzewski tuvo una idea (que para eso le pagan). Si la defensa rival se cierra sobre Okafor me tapa también a Jefferson, necesitaría un cuatro abierto para generar otras posibilidades pero no lo tengo, así que… ¿qué hacer?matt jones Pues muy fácil, Jefferson al banquillo, Winslow a ejercer de sucedáneo de cuatro y Matt Jones al quinteto titular para tener un arma homicida más desde el exterior. Lo que se llama abrir el campo, cuatro pequeños y un grande, que él por dentro se basta y se sobra y cuando la defensa se cierre sobre él (o sea, casi siempre) ya aprovecharemos su capacidad de pase para sacarla hacia el tirador. Y ni que decir tiene que el cambio le vino a las mil maravillas y que la impecable muñeca de Matt Jones hizo el resto, ya fue instrumental en aquella histórica remontada virginiana y a partir de ahí siempre estuvo donde y cuando se necesitó. Matt Jones aún es sophomore, es carne de cuatro años en Duke, si éste ya fue bueno imaginen lo que aún nos puede deparar en los dos siguientes. Nunca le pierdan de vista.

Tyus JONES: Cuentan que su madre le puso Tyus porque se enamoró de la manera de jugar de Tyus Edney, aquel menudo y maravilloso base que nos epató en UCLA (cómo olvidar aquella Madness de 1995, aquel canastón de costa a costa sobre la bocina, aquella lesión que le impidió jugar casi toda la Final) y que años más tarde siguió epatándonos por media Europa (cómo olvidar aquella Final Four de 1999, aquella Euroliga que ganó para el Zalgiris). Quién le iba a decir a esa madre que cuando escogió ponerle Tyus a su retoño no sólo estaba predestinándole a ser un base tan bueno (al menos) como el anterior, sino incluso a que ganara el título NCAA exactamente veinte años después de que lo hiciera el anterior. Tyus Jones empezó la temporada con más titubeos que Okafor o Winslow (lo cual no quiere decir qu164040615-407-wisconsin-v-dukee estuviera mal, sino que no estaba tan bien) pero eso fue sólo hasta que cogió confianza. Su mes de febrero ya fue extraordinario y su mes de marzo fue aún mejor si cabe, poniéndole todo ello al nivel del mejor base NCAA que podamos imaginar. Y qué decir de esas dos noches de abril… Hace días alguien me aseguraba estar convencido de que Tyus volvería a Duke para su segundo año, discrepé entonces y discrepo aún más ahora, yo más bien estoy convencido (mal que me pese) de que cogerá de la manita a su íntimo amigo Jahlil y se apuntará presuroso al draft, ojalá me equivoque. Eso sí, vaya usted a saber si alguna madre enamorada del juego de Jones no le pondrá a su hijo Tyus cualquier día de estos, vaya usted a saber si ese Tyus Loquesea no liderará a su universidad a ganar el título universitario de 2035… Y nosotros que lo veamos, claro.

Jahlil OKAFOR: Podríamos decir que ha hecho casi el mismo viaje que su amigo Tyus Jones, solo que en sentido inverso. Casi toda su temporada fue excelsa, confirmando las gloriosas expectativas generadas tras sus años de high school y sus fugaces (pero muy brillantes) apariciones durante el último Mundial Sub19. Durante meses hubo consenso en considerarle no ya el unánime número 1 del próximo draft sino el único jugador de dicho draft perfectamente capacitado para jugar ya en NBA y aportar desde el primer día, durante meses hubo consenso en proponerle para jugador del año casi por encima de Kaminski, menos mal que luego la realidad (y el propio Kaminski) acabó poniendo las cosasAPTOPIX NCAA Duke Wisconsin Final Four Basketball en su lugar. Y sin embargo, a partir de un determinado e impreciso momento de finales de temporada, su juego empezó a decaer: ya no era tan dominante, ya las constantes ayudas sobre él empezaban a hacerle mella, ya tenía dificultades no ya para anotar sino incluso para distribuir (otra de sus grandes cualidades, el pase, esa capacidad de doblar el balón desde el poste para encontrar siempre al hombre abierto cada vez que le sobremarcan). Importante siguió siéndolo, siempre lo fue (aunque sólo fuera por el hecho de atraerse a media defensa rival, aunque sólo fuera por el espacio que libera para que los cañoneros tengan tiempo de clavarla desde fuera); pero ya no determinante. Sirva como coartada que hubo de bregar (y habremos de reconocer que salió airoso) contra algunos de los juegos interiores más ilustrados de la competición: el de Utah (Poeltl, Bachynski), el de Gonzaga (Karnowski, Wiltjer, Sabonis)… o contra un juego interior bastante menos ilustrado pero no por ello menos incordioso, esos rústicos Costello y/o Schilling de Michigan State. Pero en la Final palideció (así en defensa como en ataque) ante Kaminski, por más que un par de canastas en los minutos postreros le sirvieran al menos para cubrir el expediente. Ha perdido cartel, qué duda cabe, hasta el punto de que a día de hoy resulta difícil seguir apostando por él como número 1 del draft, tanto más tras la emergencia de ese fascinante dominicano (y kentuckiano) llamado Karl-Anthony Towns (más verde en términos de presente, mucho más potencial en términos de futuro). No teman, Okafor en el peor de los casos será número 2, lo demás será ya cosa suya. Eso sí, yo le recomendaría encarecidamente que desde ya se ponga a trabajar en (por ejemplo) las faltas personales: las que hace (que le pitan demasiadas) y (sobre todo) las que le hacen: verle arrojar tiros libres es un dolor, se lo aseguro. Aún me dura el vello de punta tras aquel escalofriante airball que se marcó en semejante suerte ante Gonzaga…

Marshall PLUMLEE: Desde su primer año se vio ya que no se parecía ni WEB_PLUMLEEde lejos a Myles ni a Mason (con quienes llegó a coincidir, protagonizando el hecho insólito de que tres hermanos no gemelos ni trillizos jugaran a la vez en una misma universidad). Bueno, sí: en el apellido (obvio), en la inicial del nombre (qué fijación con la M) y en el físico, bien se ve que los tres han sido fabricados con el mismo molde. Pero pare usted de contar. Marshall anda bastante menos dotado en cuanto a talento que sus dos predecesores (que tampoco es que sean la quintaesencia a ese respecto), de hecho en su primer año ni le vimos y en el segundo sólo en momentos muy puntuales (y no sería porque hubiera mucha competencia, dada la escasez de juego interior en aquellos Blue Devils 2014). En este tercer año ha entrado por fin en la rotación como miembro de pleno derecho, exclusivamente para dar descanso a Okafor cada vez que necesitaba oxígeno o se cargaba de faltas. Y lo mejor que se puede decir de él es que no ha desentonado y ha cumplido muy dignamente con ese papel. Aún le queda un año, y será interesante ver qué le depara el futuro a partir de entonces; difícil será que siga los (discretos) pasos NBA de sus dos hermanos, pero no descarten que acabe ganándose muy bien la vida con esto. Planta tiene, actitud también, sólo le falta todo lo demás.

Justise WINSLOW: para muchos de nosotros será ya para siempre el hijo de Rickie, por más que para los americanos (de USA) Rickie Winslow sea ya sólo el padre de Justise. Vaya joya Justise, uno de esos jugadores totales que pueden hacer casi de todo y casi todo lo hacen bien, un tres que puede ser dos pero también cuatro más o menos abierto, de hecho ha ejercido ya de ello unas cuantas veces durante estos últimos meses. Wisconsin v DukeEn USA (tan propensos como son a las odiosas comparaciones) ya andaban el otro día comparándole con Kawhi Leonard, palabras mayores, no negaré que es ese corte de jugador pero aún así no deja de parecerme un atrevimiento, si le comparan con Leonard como si le comparan con Harden (por ejemplo), pero por ahora es sólo Justise Winslow (que no es poco) y tiene que encontrar su propio camino. Un camino que será mucho más fácil si parte desde posiciones altas del draft, a día de hoy anda ya encaramado en el Top 5 y no tiene visos de bajar, más bien al contrario, su aptitud y su actitud han entusiasmado durante este mes de marzo a todos aquellos que no vinieran ya entusiasmados de serie. Resulta tentador en este punto compararle (más comparaciones odiosas) con otro alero freshman del mismo corte, ese Stanley Johnson arizónico que llegó con mejor cartel y que sin embargo ha hecho exactamente el camino inverso, Justise fue p’arriba y Stanley p’abajo. De verdad se lo digo, si nuestro hijo de Rickie se aplica con las faltas y consolida su (aún mejorable) tiro exterior, el futuro es suyo (y si no también, pero menos). O como suelen decir por allí, sólo el cielo es el límite. Amén.

MEMENTO MORI   2 comments

dA 01Memento mori (en latín), recuerda que eres mortal (en traducción más o menos libre al castellano), cuentan que algo así les decían a los prebostes de la Antigua Roma para que no se creyesen dioses, para que no perdieran la perspectiva de su condición humana ni se situaran por encima del bien y del mal. O dicho a la manera de la Güiqui (que lo explica mucho mejor que yo): cuando un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, tras él un siervo se encargaba de recordarle las limitaciones de la naturaleza humana, con el fin de impedir que incurriese en la soberbia y pretendiese, a la manera de un dios omnipotente, usar su poder ignorando las limitaciones impuestas por la ley y la costumbre. Luego ya otra cosa es que le hicieran caso, claro…

Quizás a Kentucky (universidad de, equipo de baloncesto de) le faltó precisamente eso, que alguien le recordara que era mortal. En las semanas previas a esta March Madness se instaló un debate sobre si a los Wildcats les vendría bien perder algún partido antes de llegar al baile, es decir, antes de entrar en esa fase de la temporada en la que ya no podrían permitirse el lujo de perder ninguno. Yo en este tipo de debates suelo contestar siempre que sí, que la perfección no existe, que cualquier equipo grande tuvo siempre a alguien que le procurara una cura de humildad, que le recordara que el deporte es siempre un juego de dos caras, puedes ganar pero también (aún por bueno que seas) siempre puedes perder. Suelo estar convencido de ello aunque a veces me lo coma con patatas, aún recuerdo cómo me pasé el verano de 2006 argumentando que a aquella selección española le vendría bien perder durante la fase de preparación previa al Mundobasket de Japón, cómo empezó el campeonato y seguí con lo mismo durante la primera fase. Obviamente no sucedió ni una cosa ni la otra, obviamente luego ya todo fueron eliminatorias directas, obviamente pensé que pagaríamos caro el hecho de que nadie nos hubiera recordado nuestra mortalidad… si aquel triple del Chapu hubiera caído del otro lado me habría dado la razón, afortunadamente no sucedió así y ya saben cómo acabó aquella maravillosa historia. Una de tantas excepciones que confirman la regla, y que no impide que a día de hoy siga pensando exactamente lo mismo en cuanto se presenta la ocasión. Memento mori.

En cualquier caso el pecado de Kentucky no fue de soberbia, fue de exceso de presión. Muchos equipos jugaban por llegar cuanto más lejos mejor, algunos peleaban por ganar el título, Kentucky no (o no sólo): Kentucky aspiraba a la grandeza, 40-0, primer campeón invicto desde hace 39 años, un pedestal en el escalón más alto de la historia. Ya no era que pudieran ganar ni que aspiraran a ganar, era que tenían que ganar.NCAA Kentucky Wisconsin Final Four Basketball Demasiada carga sobre las espaldas de chavales de dieciocho, diecinueve, veinte años, muy buenos y muy grandes y muy físicos y muy dotados para jugar a esto (probablemente más que cualquier otro equipo NCAA e incluso alguno NBA), todo lo que usted quiera, sí. Pero chavales al fin y al cabo. Chavales que llegaron a Lexington como estación de paso en su camino hacia el estrellato profesional, que escogieron Kentucky porque allí nadie les rogaría que se quedaran ni les pediría cuentas cuando se fueran antes de tiempo, y que un día de la noche a la mañana se encontraron con que ganar el título no era ya legítima opción sino auténtica obligación. Y hacerlo invictos además, por si el reto de pelear por el campeonato no fuera ya suficientemente grande por sí solo. Aún por bueno que seas, en el momento en que una victoria se convierte en obligatoria estás dando el primer paso hacia la derrota. Ahora ya lo saben.

No es posible ser sublime sin interrupción, por más que un tal Baudelaire pretendiera lo contrario. Entre otras cosas porque esto acostumbra a ser un juego de dos, en el que el de enfrente por lo general cree tener el mismo derecho a perseguir la perfección que tú. Por eso a veces ganas y a veces (aún por raras que sean) pierdes, y tan normal debería resultar una cosa como la otra. O como alguien escribió en Tuiter hace once meses, tras la derrota del Madrid (otro que nunca está preparado psicológicamente para perder, por la pura idiosincrasia de la Entidad), en aquella Final de Euroliga: es baloncesto. Ganas y pierdes. Si ganas lo celebras, si pierdes felicitas al rival y te vas a casa, a entrenar para intentarlo con más fuerza la próxima vez (la cita no es textual, como ya habrán deducido dado que sobrepasa los 140 caracteres; pero esa era la idea). Felicitas al rival, tan fácil de decir como difícil de hacer. Kentucky lo hizo aunque lo tenía más difícil que nadie, más que nada por la falta de costumbre: con la cabeza alta y los ojos llenos de lágrimas hizo el habitual pasillo para felicitar a los Badgers…KENTUCKY_WISCONSIN_FINAL_FOUR_BASKETB_34135877 con alguna desagradable excepción (que debería confirmar la regla): Willie Cauley-Stein se saltó el protocolo y la buena educación y se fue directamente al vestuario, sin saludar ni abrazar ni dar la mano a nadie. Lo entiendo, cómo no voy a entenderlo, dada la frustración del momento; otra cosa ya es que lo comparta. Willie Cauley-Stein entró en la universidad hace tres años pero la universidad todavía no ha entrado en él (y a estas alturas ya no lo hará, dado que se marcha presuroso al draft); ni en lo meramente deportivo (se va tal cual llegó, imponente en defensa, cero a la izquierda en ataque) ni aún menos en lo que respecta a su formación fuera de la pista. Salidas de pata de banco (como aquella otra que cuentan de Andrew Harrison, que al parecer ofendió luego a Kaminski… aunque se retractó y disculpó inmediatamente después) propias de quien no está preparado psicológicamente para perder, quizá porque nadie le hubiera explicado que ello podía pasar. Memento mori, insisto.

Y podía, vaya si podía. Notre Dame ya había enseñado el camino, apenas con una semana de antelación. Si el pez grande siempre se comiera al chico esto no sería baloncesto, sería la naturaleza o la vida misma, afortunadamente en el deporte existen a veces (raras veces) otras opciones. Kentucky es pez grande en el sentido literal de término: tíos como castillos, fornidos mocetones rebosantes de centímetros y músculo, promedio de estatura que sobrepasa al de 29 franquicias NBA (la excepción es Portland), pónganles enfrente a Sixers, Knicks o Lakers (tanto más con la pasión por la derrota que éstos muestran a diario) y ya veremos quién gana. Pues vale. ¿Y contra eso qué se puede hacer? Jugar al baloncesto, por ejemplo (lo cual no significa que lo de Kentucky no lo fuera, líbreme el cielo; simplemente es que cuando hablo de baloncesto me refiero a lo que los tarras como yo entendimos siempre por baloncesto): pasar bien el balón, llevarlo al lado débil, moverlo cuanto sea menester hasta encontrar tiros librados, sacar a los grandes de sus casillas (en todos los sentidos), poner buenos bloqueos, abrir pasillos, generar espacios, limpiar la zona para posibilitar penetraciones, etc etc.15 15-USP-NCAA-BASKETBALL-FINAL-FOUR-WISCONSIN-VS-KENTU-72110868 Y en defensa asumir que allá donde no llegue tu físico (por comparación con el de ellos) tendrá que llegar tu esfuerzo, tus ayudas, tus recuperaciones de esas ayudas… Cinco contra cinco en vez de uno contra uno (aún por buenos que sean esos unos), baloncesto solidario vs baloncesto de apisonadora, tan sencillo (y tan difícil) como eso. A la mayoría no les funcionará (los pajaritos no suelen disparar a las escopetas) pero a algunos quién sabe, si tienen los pajaritos adecuados y esquivan las balas cualquier cosa puede pasar: a Notre Dame le funcionó durante 39 minutos, lo que tardaron en pesarles las piernas y en entregarse exhaustos al Jeriansistema. En cambio a Wisconsin (que es como Notre Dame, pero más y mejor) le aguantó hasta los cuarenta. Y porque no hubo más.

Y la experiencia, claro. Resulta curioso escuchar/leer a los kentuckianos en estos días, quejándose amargamente de que ahí pudo estar la clave: sus yogurines (yogurines enormes, pero yogurines al fin y al cabo) contra los Kaminski, Dekker, Gasser, Jackson y demás familia wisconsiniana, tíos hechos y derechos y curtidos ya en mil batallas universitarias. Razón tienen, qué duda cabe: la falta de experiencia de sus Wildcats fue decisiva en la derrota. Pero puestos a reflexionar quizá deberían ir un poco más allá, pensar no sólo en la causa sino también en la causa de la causa: esa falta de experiencia no es un hecho casual, sino la lógica consecuencia del modelo. Si compras a Calipari sabes también que compras el one (or two) and done, sabes que acarrearás all americans a espuertas y que se te irán al poco rato, está montado así, no quieras estar al plato y a las tajadas ni estar en misa y repicando (y demás frases hechas que solían decir nuestros antepasados), no quieras conseguir a los mejores chavales de instituto y a la vez tener experiencia, no es posible, no se puede tener todo en esta vida. Si soy tu hada madrina y te pongo una preciosa carroza, unos zapatitos de cristal y un vestido con el que vas a ir monísima de la muerte pero a la vez te digo que a medianoche se te acaba el chollo luego no me vengas a quejarte cuando den las doce, bonita, que conste que yo ya te lo advertí. Es su modelo, que a algunos no nos entusiasme no significa que no sea válido, que a algunos nos guste más la cocción a fuego lento que la cocina con microondas no significa que ésta no pueda dar platos exquisitos, sobre todo cuando cuenta con los mejores ingredientes como es el caso. Es su modelo y es tan válido como cualquier otro, cómo ncalipari NCAA Kentucky Wisconsin Final Four Basketballo habría de ser válido cuando les ha proporcionado cuatro final four en cinco años, cuántos lo quisieran (todos, de hecho). Pero no le pidan además la cuadratura del círculo.

No es tan grave, de verdad se lo digo. Hoy se recuerda aquel 32-0 de Indiana hace 39 años, pero casi nadie se acuerda de que a aquella Final Four llegó también otro equipo invicto, unos Scarlet Knights de Rutgers cuyo sueño también murió (para siempre, jamás han vuelto a verse en otra semejante) en semifinales. Créanme, ha habido unos cuantos casos más en la historia, los suficientes como para no tener que rasgarse ahora las vestiduras como si esto fuera el fin del mundo. Vendrán otras promociones, algunas tan extraordinariamente buenas como para alcanzar la gloria (aún sin experiencia) como aquella de 2012, otras suficientemente buenas para tocarla con los dedos como la de este año o el pasado, justo hasta que (como entonces, como ahora) aparezca otro equipo mejor. Porque al final todo consiste en eso, en este juego casi siempre acostumbra a ganar el mejor: si Kansas, Texas, North Carolina, UCLA, Louisville, Texas A&M, Ole Miss, Arkansas, Florida, LSU, Cincinnati, West Virginia, Notre Dame, tantos otros, al final no acertaron a recordarles su condición de mortales fue sencillamente porque no tuvieron argumentos suficientes para hacerlo, si se lo recordó (demasiado tarde) Wisconsin fue porque finalmente fueron a dar con la voz de su conciencia, porque tras toda una temporada preguntándole al espejito si habrá otra en el reino más guapa que yo, al final éste se acabó cansando y le dijo sí, Calipari, aunque no lo creas hay otra en el reino más guapa que tú, se llama Kaminski (licencia poética). No hay más, es así de sencillo, si Wisconsin ganó a Kentucky es porque a día de hoy (y aunque no tenga necesariamente mejores jugadores que Kentucky) Wisconsin es mejor equipo que Kentucky. Tal cual, no le den más vueltas, es tan simple como eso. Pura ley de vida.

CRÓNICAS DE MARZO (y IV)   Leave a comment

Aunque el calendario diga que ya estamos en abril, para mí sigue siendo marzo. Para mí y para todos los que amamos (en exceso, incluso) este baloncesto universitario seguirá siendo marzo hasta que el próximo lunes 7 (que para nosotros será ya martes 8) se entregue el trofeo al ganador, hasta que se apaguen finalmente las luces del gigantesco estadio de los Cowboys de Dallas, hasta que en los televisores norteamericanos (y poco después en los youtubes del mundo entero) suene por fin ese imprescindible one shining moment, la catarata de escenas inolvidables de cada torneo final. Sí, en nuestros corazones y en nuestras vidas sigue siendo marzo, seguirá siendo aún March Madness aunque ya sólo nos queden tres partidos, ese maravilloso colofón de cada temporada que solemos llamar Final Four. Los cuatro finales, los cuatro únicos supervivientes, los cuatro grandes. Aquí los tienen.

FLORIDA

Una vez más perdí una magnífica oportunidad de permanecer callado. Fue aquí mismo, hace apenas dos semanas, cuando en lugar de dejarme llevar por la vía fácil y conceder el favoritismo a Florida como hizo casi todo dios preferí meterme en camisas de once varas y decirles que Florida era el principal favorito de esta edición sin favoritos (o con demasiados favoritos) (…) Se ha beneficiado de una conferencia como la SEC que pasa por ser grande pero que anda un poco sobrevalorada en estos últimos tiempos (opinión muy personal que no tienen por qué compartir, faltaría más); ganó en casa y fuera, ganó a todos los que se encontró pero también lo pasó mal por el camino (…) Equipo muy completo, muy veterano, muy profundo pero que a mí con todo y con eso me deja alguna duda, qué le vamos a hacer. Si algún aficionado gator tuvo la infeliz ocurrencia de leerse esta solemne sarta de tonterías creo yo que debió quedarse muy tranquilo, dadas mis conocidas habilidades pronosticadoras. Dicho y hecho, hoy Florida está ya en Final Four y yo a la altura del betún. Cada cosa en su lugar.

La cosa no es ya que Florida esté en Final Four, la cosa es que está en Final Four sin despeinarse, sin dar casi un palo al agua ni hacer el más mínimo esfuerzo más allá de lo estrictamente necesario. Obviamente contó con la ventaja de que le fueron limpiando el camino, obviamente se lo fue limpiando Dayton que les quitó del medio a Ohio State, Syracuse y Stanford la cual a su vez se había cargado previamente a Kansas. Así las cosas, rivales de postín como si dijéramos Florida sólo se encontró a Pittsburgh y UCLA y a ambos los despachó con solvencia, con suficiencia incluso. Todo ello antes de jugarse la Final Four con la sorprendente Dayton, esos modestos Flyers que juegan como los ángeles (no me refiero a los Lakers precisamente) y que hasta osaron oponer un atisbo de resistencia pero hubieron de acabar claudicando ante la maquinaria pesada Gator como no podía ser de otra manera. La maquinaria pesada de un talentazo (a la par que portento físico) como Scottie Wilbekin en la dirección (no es propiamente un director, pero se las apaña), de un interior sólido y efectivo (aunque no alcanzó a ser todo lo que yo esperaba en su primer año) como Patrick Young, de la intendencia de un Will Yeguete, de un sumamente mejorado Casey Prather y de un jugador del que apenas se habla (quizá por ser el único sophomore entre tanto sénior) pero que cuenta con una de las muñecas más prodigiosas de la Liga, Michael Frazier. Llevan mucho tiempo juntos (salvo Frazier, obviamente), se conocen como si se hubieran parido, juegan de memoria y defienden como lobos (o como caimanes, sería más apropiado en este caso). He ahí su principal valor.

Llevan sin perder desde que allá por el 2 de diciembre Connecticut (precisamente Connecticut) les ganara gracias a un canastón sobre la bocina de Napier (precisamente Napier). Podríamos pensar entonces que han tenido un año fácil pero nada más lejos de la realidad, de hecho sus dificultades fueron más fuera de la cancha que dentro y empezaron ya en verano con alguna historia extradeportiva que hizo dudar de la presencia de Wilbekin y/o Yeguete en esta temporada. Y eso sólo fue el principio, lo siguiente fueron las dificultades para incorporar a su debido tiempo a sus dos más rutilantes freshmen, Kasey Hill y Chris Walker, por haber incumplido sabrá dios cuál de las doscientosmil millones de normas de la NCAA. Hill pudo jugar por fin desde mediados de temporada (y bien que lo agradece Wilbekin, a quien a menudo libera de sus responsabilidades en la dirección permitiéndole dedicarse casi por entero a lo que mejor hace, la anotación) y Walker desde febrero, más vale tarde que nunca, ambos aportan desde el banquillo (sobre todo el primero) aunque quien más aporta desde el banquillo (el verdadero sexto hombre de este equipo, de hecho) es otro sophomore que llegó vía transfer desde Virginia Tech, Dorian Finney-Smith, quédense con ese nombre (aunque sea largo) porque seguro que oirán y leerán hablar de él largo y tendido en los próximos años. Equipo sólido, sin grandes estrellas (Wilbekin, si acaso) pero sin fisuras, al que es dificilísimo hincarle el diente como lo prueba el que sólo se lo hayan hincado dos veces en esta temporada, la ya comentada de Connecticut (precisamente Connecticut) y anteriormente Wisconsin (precisamente Wisconsin), contra su tercer compañero de viaje a Dallas (o sea Kentucky) ya no perdieron pero también las pasaron canutas (o cualquier otra cosa que acabe en utas) en las tres ocasiones en que les tocó enfrentarse, especialmente en la tantas veces mencionada Final de la SEC. También es casualidad, tiene pocas bestias negras este año Florida pero todas han ido a juntársele en esta Final Four, ya veremos si ello les aporta un plus de motivación o más bien les supone una complicación.

CONNECTICUT

En 2011 tocaron el cielo. En 2011 los Huskies de Connecticut, guiados desde el banquillo por el reputado a la par que veterano técnico Jim Calhoun y desde la cancha por ese milagro llamado Kemba Walker, ganaron el campeonato universitario. Ganaron a la meritoria Butler de Brad Stevens, ganaron 53-41 en una Final infame pero ganaron, fueron felices, comieron perdices y colorín colorado que este cuento se ha acabado, entre otras cosas porque el cuento que empezó a continuación fue más bien una especie de pesadilla. En la temporada 2011/2012 Kemba ya era historia, las sospechas de amaños académicos se cernían sobre la universidad, Calhoun (entre enfermedades y sanciones) estaba ya casi más fuera que dentro y el equipo en sí mismo era una jaula de grillos, a mayor gloria y miseria de un sujeto llamado Shabazz Napier. Si el año anterior nos habían encantado los relevos que le daba a Kemba, en éste resultaba pavoroso verle ir por libre tirándose lo suyo y lo de los demás. El equipo soy yo parecía decir, y el equipo que era él, ante la aparente dejación de funciones por parte de Calhoun, se encaminó paulatinamente hacia el desastre. Sólo fue el principio. La NCAA confirmó las sanciones que ya se venían barruntando desde tiempo atrás, la más importante de las cuales fue castigarles sin postre o lo que viene a ser lo mismo, que aún por bien que lo hicieran durante toda la temporada regular 2012/2013 no les sería permitido disputar el Torneo Final. Calhoun acabó por fin de irse y además no se fue solo, ante semejante panorama hubo unos cuantos pesos pesados del vestuario que no se recataron en pedir también el transfer. De repente el equipo era un solar. Sin futuro, casi sin presente, sin más clavo ardiendo al que agarrarse que un jugón egocéntrico y una panda de colegas desestructurados… ¿quién demonios querría lidiar con semejante situación?

ollieNBAQuiso Kevin Ollie. Sabíamos que había jugado también en los Huskies en sus años mozos, le habíamos conocido luego ejerciendo labores de intendencia en no sé cuántas franquicias NBA (resulta casi más fácil enumerar los equipos en que no jugó que aquellos en los que jugó), finalmente tras retirarse encontró cobijo a la vera de Calhoun en su alma máter… hasta ahora. Ante situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Le ofrecieron el cargo y lo aceptó, probablemente muchos fans de Connecticut pensaran que era una locura darle las llaves del reino a un tipo con tan escaso bagaje como técnico, probablemente muchos amigos de Ollie pensaran que era otra locura meterse en un marrón de semejante calibre… Unos y otros se equivocaron de medio a medio, afortunadamente. Ya ese primer año de Ollie fue estupendo, no tendrían derecho al Madness pero nadie les podría quitar el derecho a jugar bien y a ser competitivos y a fe que lo fueron, de principio a fin. De repente los Huskies volvían a parecer un equipo, de repente incluso Napier pareció haber encontrado el punto exacto de equilibrio entre su felicidad y la de sus compañeros, el ser por fin capaz de ayudar a su equipo (o de no ser contraproducente, al menos) sin tener que renunciar por ello a su espontaneidad y su frescura. Todo eran buenas noticias en UConn pero claro (siempre hay un pero claro), al fin y al cabo era un año sin presión, cuando llegue la 2013/2014 y se tengan que jugar las habichuelas de cara al Madness ya veremos lo que pasa…

Pues pasó que hicieron un año sumamente irregular, con grandísimas victorias como esa (tan cacareada ya) ante Florida pero también con derrotas impropias de su condición, pongamos por ejemplo ante Houston o ante la SMU de Larry Brown (dos veces) en esa nueva American Athletic Conference. Pasó que subieron y bajaron, que entraron y salieron del Top25 y que finalmente lograron meterse en el Torneo Final (lo cual está muy bien) pero con un seed 7 que casi les convertía de inmediato en carne de cañón. Nadie dio un duro por ellos más allá del campus de Storrs, pero hete aquí que Shabazz y sus amigos (su alma gemela Boatright, el termómetro DeAndre Daniels, el alemán Giffey, el repescado del JuCo Kromah o el descomunal freshman ghanés Brimah pongamos por caso) tenían otros planes: de entrada ganaron con muchísimas dificultades a esa St. Joseph’s que venía de campeonar en su Conferencia y seguidamente se cepillaron a la mismísima Villanova, uno de los gallitos de esta temporada desde la nueva Big East. Claro está que con el atrevimiento que nos caracteriza todos nos lanzamos a interpretar dicho resultado en base a los deméritos de Villanova y no a los méritos de UConn, así que Ollie y sus chicos nos hubieron de dar un par de veces más (y de qué manera) en las narices, nada menos que ante Iowa State y ante la favoritísima (para casi todo dios) Michigan State. Hoy son ya Final Four y el resto es historia, y creo yo (aunque no tenga datos al respecto) que no habrá por ahí muchos entrenadores que puedan presumir (como presume ya Kevin Ollie, y a mucha honra) de haberlo logrado en su primera oportunidad. ¿Carne de cañón? Pues qué quiere que le diga, yo no volvería a pensar en ellos en esos términos, más que nada porque no tienen nada que perder. Y nadie es más peligroso que Shabazz Napier cuando no tiene nada que perder.

WISCONSIN

Tiene cara de pardillo, de pringao como si dijéramos. Ese típico crío patoso y bonachón al que le dirían que no las chicas cuando las invitara al baile, ese al que le quitarían el bocata en los recreos, le meterían porquería en la taquilla y le pondrían la chincheta en el asiento cuando fuera a sentarse. O no, vaya usted a saber. Las apariencias engañan, vaya que si engañan. Si hubo hace muchos años un presidente del gobierno que a la hora de nombrar ministros del interior valoraba que tuvieran cara de represor, igualmente hubo un entrenador que a la hora de buscar pívots valoraba que tuvieran cara de intimidador. La mirada del tigre, ya saben. Frank Kaminski no es ya que no tenga cara de intimidador ni mirada de tigre sino que por no tener ni siquiera tiene pinta de haber roto jamás un plato en su vida, muchos se quedarían sólo en eso pero Bo Ryan supo ver aún más allá. Bo Ryan no dudó en reclutarle aún a pesar de que no parecía responder en absoluto al típico patrón germánico y cabezacuadrada de tantos otros Badgers de antaño (Leuer, Bruesewitz, Berggren, Krabbenhoft, Nankivil, Butch…), Bo Ryan llamó a filas a aquel escuálido sietepiés quizá porque supo ver que más allá de su frágil apariencia había mucho baloncesto en su interior. En sus dos primeras temporadas en Madison no pasó de ser un jugador más, uno cualquiera, esos promedios de apenas 4 puntos y 2 rebotes no hacían presagiar grandes cosas pero se ve que el talento permanecía ahí agazapado esperando sólo el momento adecuado para aparecer. Apareció por fin en esta 2013/2014 y fue como si hubiera pasado de la nada al todo de un día para otro, si de noviembre a febrero ya nos maravilló lo que ha hecho en marzo roza casi lo paranormal: envidiables movimientos de espaldas, talento igualmente para atacar de cara, buena mano desde donde sea (de tres, incluso), rebotes a espuertas, buenos pases desde el poste, defensa insospechada, carácter en los momentos decisivos y sobre todo esa lectura del juego, ese tomar siempre la decisión más adecuada para ocasión. El verdadero MVP de lo que llevamos de Madness, no les quepa la menor duda.

Pueden estar seguros, el cénter arizónico Kaleb Tarczewski ya no podrá olvidar jamás en lo que le quede de vida a Frank Kaminski [En este Torneo Final tuvimos (que yo recuerde) un Tarczewski, dos Kaminskis, un Bachynski y un Karnowski… de los que sólo este último es polaco, por cierto].Tarzewski no podrá olvidar a Kaminski como Arizona entera no podrá ya olvidar a estos Badgers que se les presentaron casi a las puertas de su casa (Annaheim, California) para levantarles a la chica y llevársela al huerto, es decir a la Final Four (ruego me disculpen si la metáfora no les parece adecuada). ¿Que cómo lo hicieron? Pues utilizando una estrategia muy vieja, muy gastada, que cada vez está menos de moda pero no por ello resulta menos efectiva: jugando muy bien (qué digo muy bien, extraordinariamente bien) al baloncesto. En este mismo Torneo hemos visto unas cuantas universidades pequeñas que interpretan maravillosamente bien este juego (pequeño detalle que a igualdad de calidad es el que te permite marcar diferencias), pero entre las universidades (digamos) grandes no creo que haya ninguna otra que lo interprete como lo hace Wisconsin. Kaminski podrá ser medio equipo (literalmente, a veces) pero de ninguna manera me dejen de lado al otro medio: Decker, Gasser, Traevon Jackson y el tirador Brust más la interesante aportación desde el banquillo del prometedor freshman Hayes y el alero (con nombre de dieta) Dukan. Acaso la mayor concentración de talento que haya tenido jamás entre manos Bo Ryan, un talento que no le impide seguir siendo una de las mejores defensas de la nación pero que le permite además regalarse desacostumbradas alegrías en ataque: ya no necesitan tirarse necesariamente treinta segundos por jugada moviendo la bola hasta encontrar finalmente ese resquicio por el que clavársela al rival, ya su calidad les permite intentar cosas que antes no intentaban o jugarse (y hasta meter) tiros que antes ni por asomo se jugaban. Y hasta correr, cuando se les presenta la ocasión. No les voy a engañar, si buscan un baloncesto trepidante y vertiginoso Wisconsin no es (o no tiene por qué ser) su equipo; pero si buscan un baloncesto bien jugado y que explote como ningún otro las debilidades del contrario difícilmente encontrarán otro equipo que les satisfaga tanto como Wisconsin.

ryanSagerTras acabar esa Final Regional ante Arizona vimos a un Bo Ryan visiblemente emocionado, con voz rota y que apenas podía contener las lágrimas ante el micrófono de Craig Sager (y no, esta vez no se trataba de la lógica reacción ocular ante el deslumbramiento producido por los estrafalarios trajes que acostumbra a lucir el susodicho). Emoción plenamente justificada porque sólo Bo Ryan sabe lo que le ha costado llegar hasta aquí, la de generaciones que han pasado por sus manos durante todos estos años, las veces que lo ha rondado y las que se ha quedado literalmente a las puertas… Clasificarse para la Final Four es un fin en sí mismo, es incluso un título (el de campeones regionales) en sí mismo, pero puede ser también un principio, el principio de algo mucho más grande todavía: Wisconsin casi es novata en estas lides, miren que en esta Final Four tendremos tres equipos que fueron campeones ayer como quien dice mientras que en cambio los Badgers no llegaban tan arriba desde el 2000, cuando aún les entrenaba Dick Bennett (padre del actual técnico de Virginia Tony Bennett), cuando aún Bo Ryan se ganaba la vida en la vecina Wisconsin-Milwaukee. Es así, Wisconsin tiene menos experiencia en estas lides que los demás pero tiene tanto baloncesto como el que más, si no más (valgan las redundancias). Sólo hará falta que se lo crean.

KENTUCKY

Miren que se lo vengo diciendo, que este año perdí unas cuantas oportunidades de permanecer callado. Esta vez fue en diciembre, cuando me despaché a gusto sobre aquel Gabinete Calipari de mis pecados: dos obviedades, que les falta experiencia y que un equipo acostumbra a ser mucho más que la mera suma de sus miembros. El talento lo tienen, la cohesión (aún por secundaria que a su técnico le parezca) tendrá que llegar también tarde o temprano. (…) qué duda cabe de que volverán a estar entre los favoritos… pero eso, a estar entre, no a ser, no sé si captan la sutil diferencia: hoy ya nadie apuesta que esta Big Blue Nation vaya a llevarse necesariamente el gato al agua… lo cual tampoco significa que no pueda llevárselo a poco que se lo proponga. Mimbres tienen para ello, más que nadie. Ya otra cosa será que acaben de hacer el cesto… Todo eso y más escribí yo en diciembre sin reparar precisamente en ese pequeño detalle de que aún estábamos en diciembre. En este juego (y no digamos ya en esta competición, y no digamos ya si además tienes un equipo casi enteramente nuevo y plagado de chavales recién salidos del insti) las realidades de noviembre o diciembre muy poco tienen que ver con las de marzo, menos aún con las de abril para aquellos privilegiados que aún pueden darse el gusto de seguir jugando en abril. Como estos Wildcats, precisamente.

Al final Calipari hizo el cesto, y como los mimbres son buenos pues resulta que el cesto no puede tener mejor pinta. Los mimbres no hace falta que se los presente porque ya se los conocerán de sobra, pero como el saber no ocupa lugar (y menos en Internet) permítanme que les recuerde que el principal se llama Julius Randle, portento físico adobado con nada desdeñables virtudes técnicas, cuatro de libro que rebotea que es un primor y cuya mera fuerza centrífuga (amén de su habilidad en los reversos) hace que los rivales vayan cayéndose a su paso cual bolos al paso de la bola. Un monstruo que debería salir revalorizadísimo hacia el draft (aún más si cabe) por méritos propios pero también por deméritos ajenos, los de Wiggins mayormente. Y a su alrededor pues ya saben, sus egregios compañeros de promoción, el alero James Young y esos gemelos Harrison que parecen mejores cada día que pasa, Andrew cada vez mejor director de juego y más agresivo de cara al aro rival, Aaron cada vez mejor tirador y más clutch, más decisivo en esos momentos en que a otros les tiembla el pulso, pregúntenselo a los Wolverines si les queda alguna duda. El quinteto titular lo completa el quinto freshman (no recuerdo otro caso igual desde aquellos Fab 5 del 92) Dakari Johnson, por méritos propios (cada día que pasa tiene mejor pinta este cénter) pero también por deméritos y achaques varios de Willie Cauley-Stein (pedazo de examen tendrá que pasar mi amigo Kaminski ante este tremendo juego interior). Y no me perdonaría acabar el párrafo sin hacer siquiera una mínima mención a un actor secundario al que hubo de recurrir Calipari cuando los problemas le crecieron por dentro: se llama Marcus Lee, es también freshman (para variar), apenas había jugado en todo el año pero de no haber sido por su portentosa demostración ante Michigan (10 puntos y 8 rebotes -7 de ellos ofensivos- en apenas 15 minutos) hoy los Wildcats no estarían en Final Four. Así de sencillo.

Ya les conté muchas veces que si no ganaron la Final de la Southeastern a Florida fue sólo porque Young tuvo la fatalidad de resbalarse en la jugada clave, algo que por sí solo debería haberme bastado para revalorizar a Kentucky pero que yo en cambio interpreté al revés, minusvalorando a Florida en particular y a la SEC en general, ya me vale. Mal de muchos consuelo de tontos, el Comité de Selección (o como se llame) de la NCAA hizo lo propio y colocó a los Wildcats en el seed 8 de la Región de la Muerte, para empezar cárgate a Kansas State y luego ponte en el trance de tener que cepillarte a la invicta (y aún más revalorizada ahora si cabe, visto el éxito de su rival) Wichita State, aquel milímetro que faltó para que entrara el triple de VanVleet bien pudo cambiar la historia. Luego tendrás que acabar también con tu eterno rival Louisville y ni tiempo tendrás siquiera de recrearte viendo a Pitino sobre la lona porque a la vuelta de la esquina te esperarán Stauskas y sus Wolverines, acaba con todos, métete en Final Four y a ver quién demonios se atreve ahora a no darte como favorito para todo lo que te queda por delante, tan sólo mirando a lo que ya dejaste por detrás. Que nadie tiene unos mimbres como los de Kentucky ya lo sabíamos, ahora sabemos también que finalmente Calipari hizo el cesto, y qué cesto. Que sea además el mejor cesto aún está por demostrar.

Pues ya está, presentada queda la Final Four, por una vez no me dirán que se lo he puesto difícil, cuatro universidades cada una con el mero nombre de su respectivo estado, sin apellidos ni State ni otros palabros raros, sin aditivos ni conservantes ni colorantes, más fácil no puede ser. Ahora bien, ¿qué va a pasar? Buena pregunta (que es lo que se suele contestar cuando no se tiene clara la respuesta). Con el corazón me encantaría una final Connecticut-Wisconsin pero con la cabeza mucho me temo que tendremos una final Florida-Kentucky, una reedición corregida y aumentada de la pasada Final de la SEC. De todos modos creo que en los renglones precedentes ya les he dejado pruebas más que abundantes de mis portentosas habilidades como pronosticador, así que casi mejor no me lo tengan en cuenta…

(publicado originalmente en tirandoafallar.com)

CRÓNICAS DE MARZO (II)   2 comments

Habemus bracket, ergo como cada año por estas fechas toca que les ponga la cabeza mala con los emparejamientos del bracket. Avisados quedan…

SOUTH

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Florida es el indiscutible número 1 de la nación, Florida ha ganado sobradamente su conferencia (así la temporada regular como el Torneo, of course), Florida lleva sin perder desde que allá por primeros de diciembre (éramos más jóvenes) ese prodigioso incordio llamado Shabazz Napier le clavó aquel triple sobre la bocina que tan felices hizo a las buenas gentes de Connecticut. Florida es el principal favorito de esta edición sin favoritos (o con demasiados favoritos), qué duda cabe… pero yo no sería yo si no tocara un poco (sólo un poco) las narices al respecto. Florida se ha beneficiado de una conferencia como la SEC que pasa por ser grande pero que anda un poco sobrevalorada en estos últimos tiempos (opinión muy personal que no tienen por qué compartir, faltaría más); ganó en casa y fuera, ganó a todos los que se encontró pero también lo pasó mal por el camino, vean si no la final de Conferencia disputada este pasado domingo, llegó a tener a Kentucky 15 abajo y al final caminó sobre el alambre, si en la última jugada no se llega a resbalar el Wildcat James Young vaya usted a saber de qué estaríamos hablando ahora. Equipo muy completo, muy veterano, muy profundo pero que a mí con todo y con eso me deja alguna duda, qué le vamos a hacer.

Dando por supuesto que pasarán con la gorra la ronda de 64, el primer marrón lo encontrarán cuando les toque enfrentarse al ganador del 8 vs 9, Búfalos vs Tigres, Colorado vs Pittsburgh. Particularmente me gustaría que fueran los Buffaloes, equipo al que da gloria ver jugar y que no sólo se ha sobrepuesto a la lesión para toda la temporada de su estrella exterior Dinwiddie sino que incluso ha hecho un dignísimo papel. En cambio los Tigers tienden a aburrirme soberanamente, lo cual no quita para que reconozca una vez más el inmenso mérito de Jamie Dixon y de un equipo que fue de más a menos  en su estreno en la ACC pero que ahora parece estar acabando bien la temporada. Ojo con ellos.

El siguiente posible marrón de Florida (o de quien sea) también tendrá historia porque saldrá del cuarteto VCU-SFA, UCLA-Tulsa (será por siglas). VCU es la Virginia-Commonwealth de Shaka Smart, a la que le han dado un número 5 que a priori parece un chollo y en la práctica es un regalo envenenado porque se enfrentará a Stephen F. Austin (12), los Lumberjacks (¿?), universidad modesta donde las haya pero que lleva sin perder desde noviembre, segunda mejor racha tras (obviamente) Wichita St. Quien sobreviva se enfrentará al ganador del UCLA-Tulsa, que en condiciones normales deberían ser los Bruins de Alford, del maravilloso Kyle Anderson (debilidad absoluta) y del portentoso freshman Zach LaVine. Pero fíese usted de las condiciones normales. No sería la primera vez que los Golden Hurricanes de Tulsa la lían en el Torneo (en cierta ocasión hasta se plantaron en Elite 8, lo que lanzó a la fama a su entonces técnico Bill Self), sí que lo sería en cambio para su debutante entrenador de este año, un sujeto que llevaba ya unas cuantas temporadas de asistente en Kansas y que responde al afamado nombre de Danny Manning, Terciopelo Azul como si dijéramos. Pongámonos todos en pie.

Precisamente Kansas es la número 2 de esta Región Sur, es decir la que si todo fuera normal debería disputarle la final regional a Florida. No teman, no les pondré otra vez la cabeza mala con Wiggins, Embiid (que lleva un tiempo sin jugar, un tanto achacoso de la espalda anda la criatura), Selden y demás familia pero sí les contaré que en estas últimas semanas vienen flojeando un poco sin que la baja del camerunés deba servirles como coartada. Ganarán a Eastern Kentucky (otra cosa sería una catástrofe) y luego se las verán con el vencedor del New México-Stanford, a los Cardinals les tengo poco vistos (fallo imperdonable) pero no así a los Lobos de Albuquerque, equipazo que me encanta éste de Nuevo México, por nada del mundo me pierdan de vista al imponente base Kendall Cucamonga Williams (no es insulto sino localidad de nacimiento, Rancho Cucamonga, California) ni a ese alero australiano con pinta de surfero que responde al bello nombre de Cameron Bairstow.

Y quedaría hablarles (y sé que me va a costar) del número 3 de esta Región, o sea Syracuse. ¿Qué les cuento yo de mis Orange que no les haya contado ya? Que hasta mediados de febrero pareció que se iban a comer el mundo y desde entonces no se comen ni una mandarina (muy apropiado), que van de mal en peor (como demostraron durante el Torneo de la ACC cayendo ante North Carolina St.), que a estas alturas ya sólo el rutilante freshman Ennis aguanta a duras penas el tirón. Y que si ganan a Western Michigan (no lo demos por hecho en las actuales circunstancias) se las verán contra Ohio State o contra Dayton, que debería ser Ohio State pero vaya usted a saber, que los Buckeyes (con todo su Aaron Craft o su Laquinton Ross) también saben muy bien lo que es ir de más a menos. En este rincón del cuadro (en casi todos, en realidad) puede pasar cualquier cosa.

WEST

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Decir Región Oeste es decir Wildcats de Arizona, es hablar de otra de las grandes sensaciones de la temporada. A Sean Miller de alguna manera le vino dios a ver cuando al fin pudo utilizar a T.J. McConnell, transfer desde la modesta Universidad de Duquesne que no sé cómo sería en su anterior destino pero que aquí sencillamente se ha salido. Con él Miller encuentra al base puro que nunca tuvo estos últimos años, con él Nick Johnson puede liberarse de las tareas de creación para entregarse a las de anotación, con él el juego de estos Wildcats adquiere mucho más sentido. Con él y con el freshman Aaron Gordon, un jugador con el que yo era muy escéptico antes de comenzar la temporada porque me parecía el típico saltimbanqui, uno de esos que juegan como si se hubieran tragado un muelle… o no, porque en el momento en que entró en el engranaje de Arizona pudimos comprobar que además había un buen jugador detrás. Súmenle la apreciable mejora del enorme Kaleb Tarzewski (enorme en sentido literal, es decir, exclusivamente físico, tampoco nos volvamos locos) y réstenle al alero Brandon Ashley que en un momento dado se lesionó para toda la temporada, un contratiempo que a cualquier otro le habría hundido en la miseria pero que los Wildcats superaron elegantemente gracias a sus sexta y séptima piezas, el base tirador Gabe York y sobre todo el freshman chico-para-todo Rondae Hollis-Jefferson, que no es ya que haga de todo sino que todo lo que hace lo hace francamente bien, valgan todas las redundancias. Tan favoritos como el que más estos Arizona Babies.

Estos Arizona Babies (también llamados Wildcats) se desharán sin despeinarse de Weber State y luego se las verán con el ganador del Gonzaga (8)-Oklahoma State (9). Palabras mayores gane quien gane, así sean los tremendos Zags de Pangos y David Stockton (y de Bell Jr, Dower o el cada vez más enorme pívot polaco Karnowski) o los no menos tremendos Cowboys del ínclito Marcus Smart y sus amigos, que cuando tienen una buena tarde (y últimamente las están teniendo) son muy capaces de ganar y de paso desquiciar a cualquiera. Quizá el mejor partido (o al menos uno de los mejores) de esa 2ª ronda, en mi opinión.

A quien sobreviva de todo este lío, Arizona o el que sea, le esperará el que se salga con la suya en el cuarteto contiguo, que debería estar entre Oklahoma (¿imaginan un derby entre Cowboys y Sooners en Sweet Sixteen?) y San Diego State. Con ligera ventaja para estos últimos, que un año más han hecho un temporadón de la mano de ese tan veterano como incombustible técnico llamado Steve Fisher, ese mismo que ya ganaba campeonatos en la Michigan de los ochenta y ponía un poco de orden en los desbocados Fab Five de los noventa. Un grande, y un equipo estos Aztecas que a sus órdenes llevan ya unos cuantos años de esplendor.

Al otro lado del cuadro la principal amenaza se llama Wisconsin, ya saben, los Badgers, la habitual tela de araña de Bo Ryan… pero no nos quedemos sólo en eso porque este año sin perder un ápice de su eficacia defensiva se han dado también alguna que otra alegría en ataque, ya no son necesariamente ese equipo que agota una y otra vez las posesiones, ayuda a ello el tener tíos de tanto talento como Traevon Jackson, Decker, Gasser o el sorprendente pívot Frank Kaminski, viéndole la cara jamás imaginarías que llevara tanto baloncesto en su interior. Wisconsin se deshará sin problemas (digo yo) de la modesta American y afrontará luego un cruce envenenado frente al ganador del Oregon-BYU, sin duda otro de los enfrentamientos más atractivos de 2ª (ex 1ª) ronda. Los Patos oregonianos han tenido un año mucho más irregular de lo que cabía esperar (aquella sanción a Artis por venderle a sus compañeros el material deportivo que le facilita la universidad evidentemente no les ayudó en absoluto) pero han renacido de sus cenizas y tienen baloncesto más que de sobra para darle un disgusto a cualquiera. Como lo tiene por supuesto Brigham Young, la universidad mormona por antonomasia, el reino del gran Tyler Haws o del sorprendente pívot freshman Eric Mika. Partidazo.

Y aún quedaría completar el cuadro con Creighton, la casa de los McDermott como si dijéramos, apenas he podido verles este año (la nueva Big East vendió su alma televisiva a la Fox y ello hace que sea casi imposible encontrar partidos en Internet) y bien que lo siento, en cambio el año pasado debí verles como docena y media de veces y sé bien lo que pueden dar de sí todos ellos en general y ese incomparable Doug McDermott (¿jugador del año?) en particular. Un equipo que me cae francamente bien ya desde los tiempos en que los entrenaba Dana Altman (hoy en Oregon) y su estrella era Kyle Korver, por lo que me encantaría que todo les saliera a pedir de boca, que se deshicieran sin más trámite de Louisiana-Lafayette (probable) y luego sobrevivieran también al cruce frente al ganador del Baylor-Nebraska, que también es posible pero ya va a estar un poco más difícil. Baylor me suele decepcionar casi en la misma medida en que suele hacerlo su presunta estrella Isaiah Austin, siempre me parece que tiene equipo de sobra para no ser tan irregular como acaba siendo. No obstante han acabado bien, han alcanzado la Final de la Big12 y se la han peleado a Iowa State que es tanto como decir que pueden liársela a cualquiera. Por ejemplo a Nebraska que vendría a ser todo lo contrario, nadie contaba con ellos en la Big10 y han hecho un año inimaginable a priori para mayor gloria de su recién estrenado técnico Tim Miles. Otro de tantos partidos imprescindibles.

MIDWEST

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Los números por sí solos difícilmente puedan explicar la prodigiosa temporada de Wichita State pero aún así resulta inevitable recurrir a ellos, recordar por ejemplo que los Shockers aún prolongaron la racha durante el Torneo de su Conferencia, recordar que llegan finalmente a este momento de la temporada con ese inmaculado 34-0 que no tiene precedentes en la historia. Y que hacía 23 años que un equipo no llegaba invicto al Torneo Final (1991, aquella Nevada-Las Vegas que luego fue Final Four), y que hace ya 38 años (Indiana, 1976) que un equipo no prorroga aún más esa racha para acabar proclamándose campeón invicto. Ese será el reto al que se enfrentarán desde hoy estos Shockers, que siempre supimos que no tendrían un camino de rosas pero tampoco imaginamos jamás que fueran a tener tantas espinas, tres de los últimos cuatro campeones y el actual subcampeón en el horizonte, ahí es nada. Pero vayamos por partes…

Dando por supuesto que superarán sin problemas su primera ronda (que ahora se llama segunda ronda, recuerden) el primer marrón de consideración lo encontrarán en el cruce siguiente, frente al ganador del Kentucky-Kansas State. Que podrían ser perfectamente los Wildcats de Kansas State, equipo renacido de sus cenizas de la mano de Bruce Weber y que cuenta además con un freshman que sencillamente me entusiasma, Marcus Foster;  pero que es más que probable que sean los Wildcats de Kentucky, ya saben, el mismo Gabinete Calipari de siempre pero esta vez con Randle, Young, los gemelos Harrison y demás familia, quién nos lo iba a decir, si hace unos meses nos hubieran contado que Wichita St. estaría en el número 1 y Kentucky en el 8 no nos lo habríamos creído, es más, habríamos pensado que era el mundo al revés. Kentucky fue casi unánime favorita antes de comenzar la competición pero luego la cruda realidad de la vida fue poniendo las cosas en su sitio: inexperiencia, falta de cohesión, lo normal en un equipo lleno de imberbes yogurines como éste… hasta ahora. Porque ahora ya no son tan inexpertos ni están tan descoordinados, justo ahora están empezando a funcionar, que se lo pregunten a unos Gators de Florida que aún no se habrán quitado el susto del cuerpo y todavía estarán pensando en qué habría sido de ellos si no llega a resbalarse Young. Si yo fuera Kansas State y/o Wichita State no estaría nada tranquilo, en absoluto.

Pero es que lo siguiente podría ser el vigente campeón Louisville (¿imaginan un derby de Kentucky en Sweet Sixteen?), ahí es nada la pomada. Si alguien pensó que por perder a Siva, Dieng o Behanan (este último a mitad de temporada, y no por haberse hecho profesional sino por su mala cabeza) estos Cardinals serían menos competitivos es que no conoce suficientemente a Rick Pitino. Jones, Hancock o Van Treese apuntalan un equipo con dos patas básicas, a saber, el siempre alucinante Russ Smith (un inmenso chorro de talento generalmente muy mal administrado, ya saben) y el prodigioso ala-pívot sophomore Montrezl Harrell, para mí una de las grandes sensaciones de la temporada, un jugador que poco tiene que envidiar a (por ejemplo) Julius Randle y del que sin embargo se habla (repito, en mi opinión) mucho menos de lo que merecería. La primera piedra (y no pequeña) en el camino de Louisville será Manhattan, esos Jaspers de Steve Masiello que tras ganar brillantemente a sus vecinos de IONA se proclamaron flamantes campeones de la MAAC. Llegan muy de vez en cuando estos Jaspers al Torneo pero suelen dejar huella, así lo hicieron hace ya casi veinte años con nuestro Jerónimo Bucero y hace ya casi diez con el dominicano Luis Flores (sí, aquel mismo Luis Flores del Trío Los Panchos estudiantil), así pueden hacerlo este año con tíos como Michael Alvarado o Emmy Andújar por ejemplo, ponga un hispano (o mejor dos) en su vida. Quien gane se las verá previsiblemente con Saint Louis… o no, porque éste a su vez tendrá que haber ganado al superviviente de uno de esos duelos aislados de lo que ahora llaman primera ronda y yo preferiría llamar ronda previa, North Carolina State-Xavier, partidazo ya para empezar.

Al otro lado del cuadro baste decir que Michigan es el número 2 y Duke el 3, a ver si no son éstos motivos más que suficientes (junto con los de antes) como para que a las buenas gentes de Wichita les tiemblen las piernas.Captura de pantalla 2014-01-27 a las 18.14.14 Empecemos por los Wolverines, que creyeron que se les venía el mundo encima cuando se les lesionó para toda la temporada su fuerza interior Mitch McGary (que ahí anda el hombre agitando toallas y mostrando carteles motivacionales a falta de mejor suerte) pero Beilein tuvo claro aquello de que lo que no te mata te hace más fuerte y predicó con el ejemplo: Burke será historia pero Stauskas es puro presente, y qué presente, cada día que pasa es mejor jugador esta criatura; súmenle a LeVert, a Glenn Robinson III y al renacido pívot Jordan Morgan y ahí están los resultados, desde luego muy por encima de las expectativas que había generado este equipo. Eso sí, para que estos Wolverines lleguen a medirse con Duke en sweet sixteen tendrán antes que haber dado buena cuenta de Wofford y luego medirse al ganador del Texas-Arizona State, otras dos muy gratas sorpresas. Los Longhorns parecían estar en año de transición pero han causado sensación de la mano (sobre todo) de su emergente base freshman Isaiah Taylor; y los Sun Devils han respondido con creces a las esperanzas que generaban su eléctrico base sophomore Jahii Carson y su fornido pívot canadiense Jordan Bachynski. Bonito cruce.

Y cómo no, Duke, quizá uno de los mejores juegos exteriores de la nación, quizá uno de los más endebles juegos interiores hasta que Krzyzewski decidió hacer de la necesidad virtud: optimizó a Amile Jefferson, recurrió por fin a Marshall Plumlee (que no estará al nivel de sus dos hermanos mayores, pero que siempre ha respondido cuando se le ha necesitado) y acercó más al aro a esa maravilla disfrazada de jugador de baloncesto llamada Jabari Parker, mi particular número 1 del draft si no fuera por Embiid. No serán los mejores Blue Devils de la historia pero vuelven a aspirar a casi todo como casi todos los años. Eso sí, en el camino se las verán con Mercer y luego o bien con Massachusetts (me encanta su base Chaz Williams) o bien con el ganador de la ronda previa (o sea, primera ronda) entre Tennessee (me encanta su pívot Jarnell Stokes) y Iowa, una pena estos Hawkeyes que andan también en caída libre estas últimas semanas pero que vaya usted a saber si en llegando al Torneo no les diera a los Marble, Gesell y cía por recuperar su espléndido baloncesto anterior. Ojalá.

EAST

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Y si ya epataban los números de Wichita State no epatan menos los de Virginia, esos Cavaliers que no ganaban la temporada regular de la ACC desde hace 33 años (o sea, desde 1981) y no ganaban el Torneo de Conferencia desde hace la friolera de 38 años (o sea, desde 1976). TEMPORADÓN con mayúsculas el de estos chicos de Tony Bennett, esos maravillosos Harris, Brogdon, Tobey, Mitchell y demás familia… que sin embargo no habrían sido números 1 de esta Región de no haberse producido las derrotas postreras de Villanova, Kansas, Michigan o incluso Duke (ante la propia Virginia) en sus respectivas conferencias. Bien está lo que bien acaba, este seed 1 podrá haber sido el último en ser adjudicado pero no por ello es menos justo.

Tras ganar (démoslo por hecho) a los Chanticleers (¿?) de Coastal Carolina los Cavaliers se las verán con el ganador del Memphis-George Washington. No he podido ver a los Colonials (y bien que lo siento) pero sí unas cuantas veces a los Tigers del histriónico Josh Pastner y de Joe Jackson, Geron Johnson y Michael Dixon, veterano y muy físico juego exterior con calidad de sobra para liársela a cualquiera. Ese hipotético Virginia-Memphis podría ser un tremendo duelo táctico, quien lo gane sentirá poco menos que una liberación… y sin embargo su calvario no habrá hecho más que empezar ya que a la vuelta de la esquina bien podría esperarle Cincinnati o aún peor, nada menos que Michigan State.

Ningún sénior sin Final Four, he ahí el lema virtual de Izzo durante todos estos años, casi ya desde finales del pasado siglo. Ningún sénior sin Final Four, así fue durante casi todo este tiempo pero ahora corre cierto riesgo de que deje de serlo, de que tíos como Appling o Payne se le gradúen sin haber disfrutado de la experiencia. Para impedirlo (y para hacer valer su buen momento de forma, también, demostrado durante el reciente Torneo de la Big10) encararán a Delaware y luego probablemente se las verán con los musculitos de Cincinnati (mención especial para Sean Kilpatrick, uno de los jugadores del año sin ninguna duda) o en su defecto con los cerebritos de Harvard, una vez más brillantes campeones de la no menos brillante (en términos académicos) Ivy League. Un camino difícil porque a estas alturas ya no hay caminos fáciles, pero que tampoco parece el peor que les podría haber tocado, en absoluto. Izzo y sus Spartans tienen el legítimo derecho de volver a soñar.

Con permiso sobre todo del número 2 que llegará por el otro lado del cuadro, y que se llama Villanova. Habré de confesar aunque me avergüence que no he visto en todo el año a Villanova, no porque no haya querido sino porque no he podido, por lo que antes les conté de la católica Big East vendiendo su alma a la Fox. Poco más puedo aportar que lo que antes supe de ellos, que sigue entrenándoles (muy bien por cierto) el Clooney de los banquillos Jay Wright, que en la dirección en cancha seguirá ese frágil base de extraño apellido que nos cautivó en su año freshman, Ryan Arcidiacono (pronúnciese Archidiácono). Y que habrían sido número 1 con todas las de la ley (en detrimento precisamente de Virginia) de no haber caído prematuramente en el Torneo de su Conferencia ante Seton Hall.

Villanova deberá ahora deshacerse sin excesivos problemas de Wisconsin-Milwaukee y luego encarar al ganador del Connecticut-St. Joseph’s. Que en condiciones normales deberían ser los Huskies de Kevin Ollie y de ese espíritu libre llamado Shabazz Napier, pero que no descarten tampoco a los sorprendentes chicos de St. Joe’s. En el hipotético caso de que dieran la campanada (como ya la dieron en su conferencia cargándose en la Final contra todo pronóstico a VCU) hasta podríamos encontrarnos un Villanova-St. Joe’s, un insospechado derby de Philadelphia en la 3ª ronda del Torneo. Esperemos acontecimientos.

Y quedaría hablarles de otro de los equipos que más me han cautivado esta temporada, los Cyclones de Iowa State, de Fred Hoiberg y del afamado trío Kane-Ejim-Niang. Van con el número 3 lo que les hará verse de entrada con la desconocida (para mí al menos) North Carolina Central y luego ya con North Carolina (pero ésta ya no Central sino la de verdad, la de toda la vida) o Providence. Los Tar Heels han sido con diferencia el equipo más desconcertante de la temporada, el que un día te perdía con Belmont o UAB y al siguiente te ganaba a Michigan State o Kentucky pongamos por caso, el que una noche atacaba como los ángeles y a la siguiente defendía como el culo, con perdón. Marcus Paige es un fuera de serie, Tokoto, Bryce Johnson o McDonald hacen un gran trabajo, Britt y Meeks apuntan grandes cosas, van tan sobrados de talento que son perfectamente capaces de vencer a cualquiera… o de perder contra cualquiera, también. Con Providence por ejemplo, esos Friars que se llevaron contra todo pronóstico el Torneo de la (nueva) Big East ganándose de paso el billete para el baile, esos Friars que por desgracia tampoco pude ver en todo el año, lo de su Conferencia vendiendo el alma a la Fox, ya saben…

Si han llegado ustedes hasta aquí (cosa que dudo) sin duda merecen un premio, por ejemplo contarles que en apenas una semana (con permiso de la autoridad, y si el tiempo no lo impide) estará en sus pantallas la siguiente entrega, que en un alarde de originalidad llevará por título Crónicas de Marzo (III). Entre tanto denle una oportunidad a este maravilloso baloncesto universitario y a esta aún más maravillosa locura de marzo, háganme ese favor…

(publicado originalmente en tirandoafallar.com)

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