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EL BAILE DE LOS BANQUILLOS   Leave a comment

guiancaa1516Un año más, las buenas gentes de Basket Americano vuelven a publicar su imprescindible Guía NCAA, acaso la mejor publicación de baloncesto universitario en castellano que encontrarse pueda en todo el mundo mundial, y en la que de nuevo me han hecho el honor de ofrecerme que les emborrone unas cuantas páginas. Y este año además por si no querían caldo fui y les di dos tazas, además de aquella que les ofrecí hace unos días les endosé también esta otra que les muestro a continuación. Que les sea leve…

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Cada verano (y finales de primavera, y comienzos de otoño), la expresión coaching carousel se adhiere como una lapa a nuestras sufridas mentes de NCAAdictos, una manera como otra cualquiera (una más) de mantenernos ocupados durante esos consabidos siete meses de ayuno y abstinencia. Cada offseason nos entretenemos (amén de con recruits, transfers, JuCos y demás fauna) con las renovaciones, ceses, fichajes, suspensiones, idas y venidas de los sujetos mejor pagados (tampoco es que haya mucha competencia a ese respecto), las verdaderas estrellas de todo este tinglado colegial.

Claro está que hay veranos y veranos. Hay años en que los cambios pasan casi desapercibidos, dos o tres que de tanto perder acaban cayendo por su propio peso, otras tres o cuatro universidades que decidan reinventarse y lo demás ya saben, el lógico arrastre y corrimiento de cargos que todo ello pueda acarrear. Y hay en cambio otros años absolutamente luminosos, años en que los cambios tampoco es que sean muchos (nunca van a serlo, dada la idiosincrasia de la competición) pero sí bastantes y además espectaculares, lo suficiente como para poner el mapa entero (y a alguna que otra conferencia, de paso) del revés. No hará falta que le diga que éste es uno de esos años, no hará falta que le recuerde los principales cambios porque a estas alturas los sabrá usted ya de sobra pero aún así le pido que tenga la bondad de acompañarme durante los siguientes párrafos para hacer un somero repaso a las novedades más destacadas (sólo las más destacadas, no tema, no huya despavorido), para así estar ya al cabo de la calle cuando el balón eche a rodar…

Shaka Smart quizá sea una de las mejores cosas que le han pasado al baloncesto colegial durante estos últimos años. shaka texasMás allá de aquel insólito periplo (de First Four a Final Four) en 2011, su extenuante defensa y agresivo ataque convirtieron a la modesta (o casi) VCU en uno de los equipos más apetecibles de ver a nivel nacional. Era cuestión de tiempo que empezaran a lloverle ofertas, las cuales fue despreciando olímpicamente hasta que por fin recibió una imposible de rechazar: Texas acababa de despedir (meses después de renovarle) a Rick Barnes, que por más y mejores mimbres que hubiera tenido durante estos últimos años había sido incapaz de hacer un cesto mínimamente consistente. Dicho y hecho. Shaka viajó de Richmond a Austin, firmó su contratazo, se convirtió en Longhorn de-toda-la-vida y se puso a la tarea, y el resultado de todos sus desvelos podremos empezar a apreciarlo ya en los próximos días. ¿Cómo encajarán ese tremendo havoc y ese dinámico juego de ataque, basado todo ello en jugadores tan móviles como versátiles e intercambiables, en una plantilla tan estructurada como ésta de Texas, con bases muy bases y pívots muy pívots? ¿Será éste por fin el gran año de Isaiah Taylor? ¿Veremos correr incluso a Cameron Ridley? ¿Será capaz Smart de cuestionar e incluso hacer que se tambalee la sempiterna hegemonía de Kansas en la Big12? No se pierdan el próximo episodio.

Ahora bien, tampoco se me vayan a preocupar por el futuro profesional de Rick Barnes, que al hombre ni le dio tiempo a apuntarse al paro siquiera, aún no había acabado de hacer cajas en Texas y ya estaba deshaciéndolas en Tennessee.barnes+from+ut+2 Curiosa la historia de estos Volunteers que han cambiado más de técnico que de camisa en estos últimos tiempos: con el histriónico (a la par que gran entrenador) Bruce Pearl fueron el hotel de los líos, con Cuonzo Martin creyeron ser felices hasta que éste les dio calabazas para marcharse a Berkeley, recurrieron a Tyndall como solución de compromiso pero cuando vieron que podían volver a ser el hotel de los líos (aunque en este caso no fueran suyos, que el susodicho ya los traía de serie) hicieron cruz y raya y se abalanzaron de bruces sobre Barnes que casualmente en ese mismo momento pasaba por allí. Barnes habrá conocido ya en su carrera todos los tonos de naranja, pasó del chillón de Clemson al arcilloso de Texas y pasa ahora al yema-de-huevo de Tennessee, esperemos que aquel prestigio tan bien ganado con sus Tigers y sus primeros Longhorns (cuando aún le salían bien los cestos) renazca ahora con los Volunteers, esperemos que aún estemos a tiempo de reencontrarnos con aquel gran entrenador que un día conocimos.

Éste de Tennessee es sólo uno de los múltiples cambios que podemos encontrar en una SEC a la que nos la han dado la vuelta como un calcetín. A ver, tampoco desparramemos, por supuesto que el Gabinete Calipari aún continuará en Kentucky como continuarán también los cuarenta minutos infernales de Anderson en Arkansas, los maravillosos histrionismos de Pearl en Auburn, los ojos inyectados en sangre de Martin en South Carolina, los silbidos a cuatro dedos de Stallings en Vanderbilt… Pero reconozcamos que cuatro cambios de entrenador es una cifra apreciable para una sola off-season y una sola conferencia. El más sonoro el de Florida, por supuesto. Billy Donovan llevaba años siendo carne de NBA, muchas veces estuvo a punto de dar el paso (de hecho una vez llegó a darlo, para arrepentirse inmediatamente después) pero ha sido este año cuando por fin ha pronunciado el sí quiero, de ahora en adelante tendrá ante sí la hercúlea tarea de domesticar a Westbrook para que sus portentosas facultades no resten (e incluso sumen, a ser posible) a la vera de Durant e Ibaka.michael-white-2 Para reemplazarle los Gators han recurrido a Michael White, entrenador aparentemente de perfil bajo (hasta en el nombre, Miguel Blanco como si dijéramos) pero que viene de hacer una magnífica labor en Louisiana Tech. White se enfrentará a un reto mayúsculo, el de hacer olvidar (o no añorar demasiado, al menos) al técnico que trajo dos títulos y otras tantas Final Four a Gainesville, el que logró que una universidad tradicionalmente footballística se convirtiera también en una potencia baloncestística a nivel nacional. Sólo esperemos que esa sombra de Donovan no sea demasiado alargada.

Mientras tanto en Starkville, Mississippi, decidieron que algo había que hacer. Mississippi State llevaba ya sin rascar bola desde los tiempos de Arnett Moultrie y Renardo Sidney (y tampoco es que rascaran mucha entonces), desde que Rodney Hood huyó despavorido a Duke. Así que puerta para Rick Ray (tres años después de dar puerta a Stansbury) y borrón y cuenta nueva otra vez para los Bulldogs.howland Claro que la cuenta nueva se llama Ben Howland, sujeto del que así de primeras habré de confesarles que no es precisamente santo de mi devoción. Howland impuso en su día un baloncesto obrero e industrial en Pittsburgh (muy en consonancia con la idiosincrasia de dicha ciudad), de pétrea defensa (hasta ahí todo perfecto) y pajizo ataque. Pittsburgh se me hacía bola (aún hoy con Dixon se me sigue haciendo) pero ganaba, por lo que Howland fue pronto llamado a metas mayores. Hizo el petate y se bajó con toda su metalurgia a la otra punta del país, a la soleada California, un lugar donde la mano de obra se estila bastante menos que el glamour. En la mítica UCLA así de primeras no le fue del todo mal. Pese a jugar con el freno de mano echado (lo que no dejaba de tener mérito, contando con tipos como Westbrook, Darren Collison o Kevin Love entre otros) consiguió alcanzar dos Final Four, para estrellarse sucesivamente en ambas contra la bicampeona Florida. Pero si a una propuesta basada casi exclusivamente en resultados le dejan de acompañar los resultados, el castillo de naipes acaba irremisiblemente por caer. Howland se fue al paro en 2013 y emerge ahora en 2015 para sacar del ostracismo a Mississippi State. Juega con dos ventajas: 1) que llega de la mano de uno de los freshman maravilla de este curso, Malik Newman; y 2) que con el listón tan bajo nadie le pedirá veleidades estéticas, con que lleguen los triunfos será más que suficiente. Veremos.

Tres cuartos de lo mismo en Alabama, cuya irregularidad (y algún puntual problema disciplinario, también) acabó costándole el cargo al bueno de Anthony Grant. Y para sustituirle no han buscado asistentes de relumbrón ni veteranos de prestigio ni técnicos de universidades menores, qué va, más bien han preferido rompernos por completo los esquemas:
Avery Johnson, aquel base sobrio y sacrificado que ganó un anillo con los Spurs, aquél a quien Montes rebautizó como Míster Bonobús porque siempre trazaba el mismo recorrido en su camino hacia el aro rival. Ejerció luego como entrenador en Mavs (donde le fue regular) y Nets (donde le fue mal), y luego nunca más se supo. Su averyexperiencia como técnico NCAA se reduce a cero, cero patatero, lo cual no tiene por qué ser malo ni bueno, es un mero hecho objetivo. Le van a pedir que reflote a esta Marea Carmesí, y no me negarán que así a priori la apuesta no puede ser más apasionante. Que además salga bien ya será otro cantar.

Claro que a todo hay quien gane: Si Avery no tiene experiencia en banquillos NCAA pero sí está curtido en banquillos NBA, el siguiente de quien vamos a hablar no tiene experiencia alguna como técnico ni en profesionales ni en universitarios ni en el patio de su casa siquiera (bueno, quizás ahí sí). Vamos, que no ha entrenado ni ejercido de asistente jamás en la vida, lo cual no evitará que la mera mención de su nombre nos haga ponernos metafóricamente (e incluso físicamente) en pie:mullin Chris Mullin, aquél que está ya por méritos propios en el Salón de la Fama (desde 2011), que ganó dos oros olímpicos y que sentó cátedra durante más de una década en Golden State y aún antes en su Universidad de St. John’s, justo la misma que se ha agarrado ahora a él como a un clavo ardiendo para intentar recuperar parte de su prestigio perdido. Un prestigio que desde la marcha del legendario Lou Carnesecca no hizo más que decaer, por más que durante esta última etapa de Steve Lavin pudiera parecer lo contrario: su postrera (a la par que insospechada y un tanto discutible) invitación al Baile no evitó que acabaran la temporada como un solar, un solar que tras el cese de Lavin se acrecentó aún más si cabe. Mullin llegó como revulsivo y se encontró un erial, (casi) nadie a quien entrenar, todo el trabajo aún por hacer… Nada que debiera preocuparle, que los banquillos aún está por ver cómo se le den pero los despachos se le dan como hongos (por qué se dirá esto), lleva en ellos desde que se retiró más o menos. Contrató de inmediato a dos asistentes con buena fama de reclutadores y se puso a la tarea mañana, tarde y noche, asumiendo que casi todo lo bueno (cinco y cuatro estrellas) estaba ya pillado, rastreando hasta debajo de las piedras. El resultado es un equipo con nueve (¡¡¡9!!!) jugadores nuevos, cinco de ellos freshmen, uno de ellos nuestro Yankuba Sima. Un montón de novatos sobre el parquet dirigidos por un novato en los banquillos, un proyecto al que habrá que conceder tiempo y paciencia… y sin embargo un proyecto tremendamente apetecible de ver, por todo lo que representa, por ser quien es quien lo representa. Ojalá les salga bien.

Y si lo de Mullin les agrada aunque les chirríe (o viceversa), lo que viene a continuación no les chirriará ni les agradará menos tampoco. Les presento (aunque tampoco debería necesitar ninguna presentación) o otra ex leyenda NBA, otro sujeto que fue varias veces all star. Señoras y señores, con todos ustedes Mark Price;MAIN_MarkPrice_UNCC_HeadCoach-afb70961 pinta de yerno ideal, dirección de juego impecable, muñeca de seda (de los mejores lanzadores de tiros libres que haya dado este juego en su historia), base indiscutible de aquellos elegantísimos Cavs de finales de los ochenta y primeros noventa que cuando dejaron de estrellarse contra los Pistons empezaron a estrellarse contra los Bulls; a su vera Craig Ehlo, Larry Nance (sénior, obviamente) y aquel maravilloso ex Tar Heel, Brad Daugherty. Todo lo cual estuvo muy bien, como no estuvo mal tampoco haberse ganado luego muy dignamente la vida como asistente en chiquicientos equipos NBA durante todos estos años, de hecho hasta hace apenas unos meses se la ganaba muy bien ganada en los jordanescos Hornets (ex Bobcats) de Charlotte. Así que cuando la Universidad de Charlotte dio por terminada la etapa Major (tiempos difíciles, con abundantes problemas de salud) y decidió ponerse a buscar un nuevo técnico tampoco tuvo que ir muy lejos, de hecho lo fue a encontrar a la vuelta de la esquina. Vale aquí lo dicho sobre la inexperiencia de Mullin, será éste también el primer trabajo de Mark Price como head coach (y su primer trabajo de cualquier clase en NCAA que yo sepa, ya que todas sus anteriores prácticas como asistente lo fueron en NBA); como vale igualmente aquí el mismo deseo que con Mullin: ojalá que le vaya bonito.

Y de Charlotte a Ames, Estado de Iowa, sede la Universidad de Iowa State. Un lugar donde Fred Hoiberg (otro yerno ideal, por cierto) lo tenía todo, lo era todo, una ciudad entera y casi medio estado rendido a sus pies. El Alcalde le llamaban, el Puto Amo le habríamos llamado aquí que somos más ordinarios. Pero es bien sabido que el hombre es un ser inquieto por naturaleza, siempre en trance de mejorar aunque sea a costa de asumir riesgos, de sacrificar su propia zona de confort. A la llamada de esa NBA en la que un día le conocimos no pudo decir que no, tanto menos si dicha llamada venía de un lugar tan apetecible como Chicago.prohm Para allá que se fue con su Pau y su Niko, con su Butler, su Rose y su Noah, a intentar devolver un poco (o un mucho) de alegría a aquellos Bulls tristones que legó Tibodó. Y dejando de paso a sus Cyclones de toda la vida con un palmo de narices… o no del todo: otearon el horizonte, vieron lo que había en el mercado y se fueron de cabeza a por Steve Prohm, técnico que ha hecho una extraordinaria labor durante estos últimos años al frente de Murray State (contar a sus órdenes con bases como Isaiah Canaan y Cameron Payne también ayudó, claro) y que representa además una clara apuesta por la continuidad en su estilo de juego. Con él los Cyclones seguirán haciendo honor a su nombre (aún más si cabe) en ésta 2015/2016, con él volverán a ser legítimos aspirantes (como Oklahoma, como la antes mencionada Texas) a desbancar del trono a Kansas. Palabras mayores.

Y si hablamos de equipos divertidos cómo no mencionar a los Sun Devils de Arizona State, equipo sumamente apetecible de ver sobre todo en su casa gracias a ese teatrillo que montan para distraer al rival en los tiros libres, y que no tiene parangón (que yo sepa) en toda la NCAA. Claro que en lo tocante a baloncesto no pareció haber tanta diversión es estos últimos años, menos quizá de la que esperaban con todo su Jahii Carson y su McKisssic y su Bachynsky y demás familia. ¿Solución? Pues la de siempre, Sendek a la calle y a buscar alguien que devuelva la ilusión, alguien cuyo mero nombre evoque resonancias pretéritas y legendarias…Hurley Bobby Hurley fue el base del mejor equipo de Duke que vieron los siglos (y miren que hay donde escoger), aquel con Grant Hill y Christian Laettner que se proclamó campeón consecutivamente en 1991 y 1992. Más allá le esperaba el profesionalismo, la fama y el dinero, todo lo cual se habría cumplido a rajatabla si aquel terrible accidente no le hubiera destrozado la carrera, de hecho a punto estuvo de destrozarle bastante más que eso [Lean al respecto (si no lo hicieron ya) el magnífico artículo que escribió Iker García en la Guía del pasado año, La Zanja]. Intentó volver al baloncesto pero el baloncesto no logró volver a él, se retiró oficialmente cinco años más tarde y casi desapareció de nuestras vidas, casi nos olvidamos de él. Un día no lejano reapareció como técnico asistente a la vera de su hermano menor, otro día aún menos lejano ascendió a head coach y se marchó a la humilde Buffalo… Y el resto ya se lo saben: brillante título de la compleja Mid-American Conference, viaje al Baile, reputación que sube como la espuma, media América (ligera exageración) le quiere, Arizona State se abalanza sobre él antes de que se lo quiten. No lo va a tener fácil, tanto menos en esta Pac12 que volverá a ser una de las más disputadas conferencias de la nación. Pero es que nadie dijo que fuera fácil. Y no me negarán que merece la pena intentarlo.

musselmanY antes de acabar no me resisto a sacar todavía a colación otro par de nombres: de un lado el Hombre-Mejillón, Eric Musselman, un obseso de esto, un sujeto del que dicen que hace honor a su apellido porque es capaz de pasarse las 24 horas del día (y porque no hay más) encerrado en su caparazón sin pensar en otra cosa que no sea baloncesto. Entrenó a Kings y Warriors, fue asistente en Arizona State (sí, con Sendek) y LSU y llega ahora a Reno para intentar reflotar a la Universidad de Nevada, en el que (creo que) es su primer trabajo como técnico-jefe NCAA. Que sea para bien. Y del Mejillón al Lechón (dichos sean ambos con todo el respeto y el cariño, faltaría más), Dave Leitao, lo de Lechón no es mote sino apellido traducido literalmente del portugués (de baloncesto no les aportaré nada, pero al menos me aprenden idiomas). Leitao (de antepasados caboverdianos, por si se lo estuvieran preguntando) hizo un magnífico trabajo en De Paul durante los primeros años del presente siglo, suficiente para que nada menos que Virginia pusiera sus ojosleitao en él. Pero en los Cavaliers fue de más a menos hasta acabar casi en nada, tanto que finalmente optaron por cargárselo e irse de cabeza a por Tony Bennett, sabia decisión donde las haya.
Y de Leitao nunca más se supo… hasta ahora, que vuelve precisamente a De Paul. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero también dicen que no hay regla sin excepción. Y tiene dos ventajas, que conoce la casa y que el listón aquí ya no es que esté bajo sino que está literalmente por los suelos, a poco bien que lo haga mejorará con creces la desastrosa herencia de Purnell. Ojalá sea así, ojalá a medio/largo plazo volvamos a ver competir de verdad a esta histórica Universidad.

Y hasta aquí, que por esta vez ya les he entretenido (o aburrido) lo suficiente, que queda mucha Guía y mucha Liga por delante. Disfrútenlas, háganme el favor.

IOWA EXISTE   1 comment

Iowa existe, como Teruel. Iowa es uno de tantos sitios de los que muy rara vez recordamos su existencia, si fuera usted a concursar al Un Dos Tres Responda Otra Vez (ya sé que los más jóvenes no tendrán ya ni idea de qué era eso, pero aún así correré el riesgo) y le preguntaran por estados de los Estados Unidos de América, por veinticinco pesetas cada uno (ya sé que los más jóvenes tampoco tendrán ya ni idea de qué era eso de las pesetas, pero aún así volveré a correr el riesgo), probablemente jamás se acordaría de Iowa como tampoco se acordaría de Idaho, Montana (si no fuera por Joe, o por Hanna), las Dakotas, Nebraska o Wyoming (si no fuera por el Gran) pongamos por caso. La América profunda, como dicen por allá. Y sin embargo Iowa existe, aunque no lo parezca: tiene casi tres millones de habitantes y cuenta en su territorio con metrópolis tan renombradas como Des Moines, Davenport, Cedar Rapids, Sioux City, Ames o Iowa City por ejemplo. Sí, Iowa existe, vaya que si existe. También en baloncesto.

Más allá de apariciones puntuales como aquella de Northern Iowa en marzo de 2010. cuando contra todo pronóstico se cargaron en segunda ronda a los entonces número 1 de la nación Jayhawks de Kansas (en lo que supuso el minuto de gloria de aquel Ali Farokhmanesh, de quien luego poco más se supo), la historia del baloncesto en Iowa es sobre todo la historia de los dos grandes colleges del Estado, a saber: la Universidad de Iowa State, por otro nombre los Cyclones (sospecho que debe tratarse de un fenómeno meteorológico bastante frecuente por aquellos pagos), sita en Ames, Iowa; y la Universidad de Iowa (a la que de vez en cuando nos referiremos como Iowa a secas, para diferenciarlas mejor), por otro nombre los Hawkeyes (Ojos de Halcón, como si dijéramos) y sita en Iowa City, Iowa.

Ambas universidades tienen su historia, no vayan a pensar. Probablemente ésta se remonte al principio de los tiempos (de los tiempos baloncestísticos, me refiero) pero en lo que a mí respecta se remonta a finales del siglo pasado, más o menos el momento en que el baloncesto universitario dejó de ser un simple pasatiempo o una mera afición para convertírseme (casi) en obsesión. Mis primeros recuerdos de Iowa State son los de un equipo entrenado por Larry Eustachy en el que jugaban por aquel entonces dos auténticos referentes: de un lado un fornido ala-pívot tan limitado en centímetros como sobrado de talento y (mal) carácter llamado Marcus Fizer, que cayó muy alto en el draft, apenas asomó por los Bulls, pasó con cierto éxito por Murcia, hizo incluso sus pinitos en Maccabi y del que lo último que supe es que andaba triunfando en Estudiantes (de Bahía Blanca, no se confundan), y yo bien que me alegro; y del otro lado un base que a mí me fascinaba, un auténtico jugón de playground que aún a pesar de su carácter rebelde y pendenciero era también magnífico en la labor de asistir e implicar a sus compañeros, un tipo llamado Jamaal Tinsley al que su mala cabeza (y su mala salud también, a veces) no le permitió hacer la gran carrera a la que parecía destinado en el siguiente nivel. Luego fueron pasando los años, Eustachy se fue con la música a otra parte (a día de hoy anda en Colorado State) y la historia en el campus de Ames desde hace ya cuatro temporadas la escribe un sujeto al que tal vez recuerden enchufando triples en Pacers, Bulls o Wolves, Fred Hoiberg. Desde entonces sus Cyclones no han hecho más que crecer: en 2012 ya fueron muy grandes de la mano de esa problemática maravilla llamada Royce White (qué historia más triste) y este año pasado aún pudieron serlo más, de hecho de no haber sido por aquel histórico triple sobre la bocina de Aaron Craft (que salvó los muebles de Ohio State) vaya usted a saber de qué estaríamos hablando ahora.

Aquel equipo que cayó en tercera ronda fue el germen de éste que aún continúa invicto a día de hoy (14-0 en el momento en que lo escribo, viernes 10 de enero), de hecho las dos principales patas sobre las que se asienta siguen siendo las mismas, Ejim y Niang, suenan exóticos pero no se dejen engañar por las apariencias. Melvin Ejim, canadiense de Toronto, es un extraordinario alero: buenas condiciones físicas y aún mejores condiciones técnicas a las que hay que añadir una deliciosa muñeca; y Georges Niang, estadounidense de Massachusetts, es un no menos extraordinario ala-pívot, que por físico no lo parece pero que muestra una clase en sus movimientos cerca del aro (así de frente como de espaldas) de esas que causan sensación, así como una mano muy a tener en cuenta en las distancias cortas. Ejim es ya sénior, si la NBA no le quiere (que a día de hoy no parece que se le vea en los pronósticos pre draft) créanme que yo de tener un equipo ACB me tiraría en plancha a por él, y hasta le pondría la alfombra a su llegada al aeropuerto. Niang es todavía sophomore, todo parece indicar que se tirará aún sus dos buenos años más en Ames, dado que es muy probable que la NBA tampoco se acuerde de él yo iría ya preparándole la alfombra para cuando acabe la carrera…

Son sus dos principales patas pero no las únicas, déjenme que les hable también de un peculiar sujeto llamado DeAndre Kane, que atesora calidad e intensidad por arrobas y al que las circunstancias en la confección de la plantilla (estas cosas son así a veces en este baloncesto) le obligan a desempeñar el papel de base… lo cual no quiere decir que lo sea. No lo es en absoluto (o a mí no me lo parece, al menos), pero ello no significa que no pueda salir del paso y hasta marcarse partidazos como el que se marcó este pasado martes ante Baylor (otro de los gallitos de la NCAA en general y de la Big12 en particular): 30 puntos, 8 rebotes, 9 asistencias y 5 robos, la criatura. Añádanle a todo ello las socorridas y eficaces aportaciones de Dustin Hogue, Naz Long, Percy Gibson y de los freshmen Matt Thomas y Monté Morris (quizá lo más parecido a un director de juego que tengan en plantilla) y ya tendremos el lote completo, un lote que a día de hoy continúa poniendo patas arriba la NCAA. Y lo que les queda.

Cambiémonos ahora de acera y vayámonos a Iowa City, territorio de los Hawkeyes. Mis primeros recuerdos de esta Iowa a secas datan también de finales del siglo pasado o comienzos del presente, a los mandos un sujeto que había sido estrella en los Hoosiers y empezaba a labrarse una sólida carrera en los banquillos, nada menos que Steve Alford, a día de hoy flamante técnico de los Bruins de UCLA. Y a sus órdenes (entre otros muchos) un jugador que parecía tenerlo todo para triunfar incluso en la NBA hasta que aquel terrible accidente cortó dramáticamente su progresión, debiendo conformarse con acabar ganándose la vida en ligas más o menos menores como por ejemplo la nuestra, seguro que en Girona o Bilbao todavía se acordarán de Luke Recker. Luego pasaron los años, Alford se cruzó el país de norte a sur para continuar su brillante carrera en Nuevo México y hasta Iowa City llegó finalmente quien puede que sea a día de hoy uno de los mejores a la par que más infravalorados técnicos de toda la nación, Fran McCaffery. Con él Iowa (a secas) tiene siempre un sello propio que hace que cada vez que les ves exclames ¡joder, qué bien juega este equipo! Como Notre Dame, como Butler, como tantos otros que podrán tener mejores o peores jugadores, mejores o peores camadas, mejores o peores resultados pero que siempre que te los echas a la cara te transmiten la sensación de tener un magnífico entrenador detrás.

Iowa a secas tiene justo aquello de lo que adolece Iowa State: un base, un base de los verdad, de los que juegan y (sobre todo) hacen jugar, Mike Gesell, que está aún en su segundo año por lo que en condiciones normales (y dado que no responde precisamente al perfil físico imperante, ese que haría que en la NBA se pelearan por sus huesitos) dispondrá aún de otros dos para acabar de pulir defectillos y para hacer de estos Hawkeyes un equipo aún mejor si cabe. A su lado un buen escolta anotador de-los-de-toda-la-vida, Roy Devyn Marble, y ya más hacia adentro iremos encontrando la pétrea solidez del alero Aaron White, la eficacia del cénter (o similar) Adam Woodbury, la socorrida aportación del transfer (escapado de Wisconsin) Uthoff y el trabajo sucio bajo los aros de Basabe u Olaseni. Equipo compensado, más para mi gusto que Iowa State (puestos a comparar) aunque sin tanta calidad como atesoran los Cyclones (salvo en la dirección del juego). Suficiente en cualquier caso para estar ya 13-3 (a la hora de escribirlo, viernes 10, recuerden), esa tercera derrota ocurrida esta misma semana en cancha de otro de los gallitos de la competición (y otro de los invictos a día de hoy), Wisconsin, una derrota que tuvo también su historia: Iowa fue por delante en el marcador durante tres cuartas partes del partido (y créanme que ir ganando a Wisconsin no es nada fácil, aún menos en Wisconsin), un partido que tuvo un arbitraje mucho más errático de lo que se estila por aquellos pagos y que acabó desquiciando a ambos dos técnicos. La diferencia fue que el gran técnico local Bo Ryan supo tragarse su desquicie y en cambio McCaffery en un momento dado explotó, se fue como una fiera a por los árbitros, le cascaron dos técnicas más la expulsión consiguiente, un verdadero punto de inflexión (tanto más con el chorro de tiros libres que trajo consigo) a partir del cual ya no existieron los Hawkeyes. Una verdadera pena.

Ambas iowas no tendrían por qué encontrarse ya que militan en conferencias diferentes, Cyclones en la Big12 (Kansas, Texas, Baylor, las oklahomas…) y Hawkeyes en la Big10 (Indiana, Ohio St., Illinois, Wisconsin, las michigans), pero aún así no dejan pasar la oportunidad de citarse año tras año en uno de tantos rivalry games como jalonan el calendario universitario durante su periodo de non-conference. En otras temporadas ese derby acostumbraba a pasar casi desapercibido fuera de los confines del Estado, ésta en cambio se televisó a toda la nación ya que era la primera vez en la historia en que ambas se enfrentaban formando parte del Top25, el ranking semanal que clasifica a las mejores universidades de la nación. El duelo se disputó el viernes 13 de diciembre en cancha de Iowa State y no hará falta que les diga que cayó también del lado de Iowa State (como no podía ser de otra manera, dado que antes les dije que estaban invictos), 85-82, no sin que ambos colleges ofrecieran un espectáculo formidable que durante muchos minutos pareció que se resolvería justo al contrario, ya que durante buena parte del encuentro fueron los Hawkeyes quienes llevaron la iniciativa en el marcador. Muchos aficionados norteamericanos debieron descubrir aquella misma noche que Iowa existe, muchos más habrán podido confirmarlo esta misma semana tras sus respectivos (y ya comentados) enfrentamientos ante Baylor y Wisconsin. si a alguno aún no le quedara claro seguro que allá por marzo acabará saliendo definitivamente de dudas. Iowa existe, créanselo, y además tiene pinta de que va a seguir existiendo (en términos baloncestísticos, entiéndase) durante mucho más tiempo todavía.

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com)

Aclaración a posteriori: lo malo de publicar las cosas dos días después de escribirlas es que te puede pasar esto, que se te desactualicen antes de que te des cuenta. Hoy Iowa State ya no está invicta, conoció su primera derrota de la temporada este sábado en su visita a los Sooners de Oklahoma, 87-82. Quede aquí al menos constancia del hecho (dado que me da pereza reescribir casi todo lo anterior…)

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