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dos mundos   2 comments

(publicado originalmente en jordanypippen.com el 21 de diciembre de 2012)

Tanta globalización, tanto Internet, tanta red social y tanta leche pero en el fondo seguimos siendo dos mundos, ellos en el suyo y nosotros en el nuestro. Donde nosotros tenemos escudos ellos tienen logos, donde nosotros tenemos ultras ellos ponen cheerleaders, donde nosotros metemos himnos ellos escuchan el rock & roll de Gary Glitter, donde ellos tienen mascotas nosotros tenemos a Manolo el del Bombo. Dos mundos paralelos, acaso cada vez más cerca el uno del otro aunque el Atlántico siga siendo igual de ancho, acaso más permeabilizados en estos últimos tiempos pero aún dos mundos al fin y al cabo. En Europa el deporte el general (y el fútbol en particular, pero también a veces por extensión otros deportes de equipo) viene siendo la continuación de la guerra por otros medios, como dijo aquél. En USA es una fiesta. En USA la gente acude a los estadios o a los pabellones a disfrutar del espectáculo, si luego resulta que además gana su equipo tanto mejor. En Europa la gente acude a ver ganar a su equipo, si luego resulta que además juega bien tanto mejor, si no tampoco pasa nada, no crean, con ganar así sea por lo civil o por lo criminal ya nos parece más que suficiente. Aquí la victoria está siempre por encima del espectáculo, allí no es ya que el espectáculo esté por encima de la victoria sino que hay incluso un tercer factor que está por encima de ambos, espectáculo y victoria: el negocio. Al fin y al cabo ellos inventaron el show business, choubisnes como si dijéramos, la simbiosis perfecta, espectáculo y negocio unidos en un solo concepto. Otro mundo, ya se lo dije.

Antes de que me echen los perros les reconoceré que sí, que estoy generalizando. Antes de que me digan que ustedes no son así o que conocen a uno de allí que tampoco es asao, les reconoceré que en todas partes hay de todo (afortunadamente); de hecho yo soy el primero que no me identifico en absoluto con esa filosofía europea casi prebélica. Yo no soy así y conozco a muchos de por aquí que tampoco son así pero por desgracia también conozco a demasiados que sí lo son, los veo y los escucho a cada rato en el trabajo, en el bar del desayuno, en los transportes públicos, ganar a toda costa, ganar por encima de todo, ganar de cualquier manera, ganar aunque sea de penalti injusto en el último minuto, a quién le importa lo demás. Basta echar una ojeada a la prensa deportiva o escuchar las emisoras de más audiencia para comprobar que eso es exactamente lo que venden, si lo venden es porque el cliente se lo pide. No podemos luchar contra ello como tampoco podemos luchar contra la telebasura (y no estoy comparando una cosa con otra, se trata de dos realidades paralelas, simplemente), no podemos acabar con la oferta si no modificamos antes la demanda, la filosofía que lo sustenta. Y eso es imposible, es la cruda realidad y no vamos a poder cambiarla, limitémonos a adaptarnos a ella para poder sobrevivir.

Dos mundos, tan cerca y tan lejos. En nuestro deporte hemos asistido a unos cuantos intentos de aproximación, algunos han funcionado pero muchos otros se han acabado estrellando contra esa cruda realidad de la que antes les hablaba. Importamos las cheerleaders y funcionó, cómo no iba a funcionar, eso nos gusta a todos, que también guste a todas ya sería otro cantar. Importamos los playoffs y también cuajó, cuajó entre los del baloncesto pero los que son de otros deportes y sólo pasan por aquí de vez en cuando nunca dejan pasar la oportunidad de echárnoslos en cara. Importamos con ansia viva los all star, los concursos de triples y mates, creímos que cuajarían pero se nos fueron muriendo sistemáticamente uno tras otro precisamente por eso, porque aquí podemos entender un deporte sin divertimento pero nos resulta sencillamente imposible entender un divertimento (presuntamente deportivo) sin deporte. Y cuántos de por aquí no nos habremos hecho pajas mentales (yo el primero, no crean, y cantidad de veces) con la posibilidad de convertir nuestras euroligas y acebés del alma en ligas cerradas al más puro estilo USA, sin ascensos, sin descensos, sin clasificaciones previas. De verdad les digo que me encantaría, pero de verdad les digo también que en mi fuero interno estoy convencido (mal que me pese) de que a la larga sería un fracaso, el aficionado mayoritario europeo no lo entendería, el aficionado mayoritario europeo (y el de aquí no digamos) se alimenta exclusivamente de fútbol desde que se levanta hasta que se acuesta, no tiene otra cultura deportiva que no sea la del fútbol, no entiende otro modelo de competición que no sea el del fútbol, si ya les damos playoffs y se nos descomponen no quiero ni pensar si además les diéramos ligas cerradas, probablemente se les descuajaringaría la neurona.

Sí, hemos asistido a muchos intentos (la mayoría de los cuales han sido casi como picar piedra) de acercar aquel mundo a éste; y sin embargo a lo que casi nunca habíamos asistido hasta ahora es que desde aquel mundo se intentara copiar algo de éste. Les supongo al cabo de la calle, hace algunas semanas los Spurs estaban de larga gira por el Este, llevaban ya cinco partidos y les tocaba el sexto y último en Miami antes de volver a San Antonio para recibir a los Grizzlies. Se ve que Popovich vio cansados a sus tres principales y veteranísimos jugadores, Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginóbili, y decidió ahorrarles la parada en Florida y mandarles para casa junto con Danny Green que es del país y conoce el camino, no fuera a ser que se perdieran las criaturas. Y qué, dirán ustedes, sabiendo como saben que los Spurs disponen de un espectacular fondo de armario que les permite presentar batalla en cualquier situación como lo prueba el hecho de que en ese mismo partido, aún sin estrellas, estuvieran a punto de cargarse a domicilio al mejor equipo de la Liga. Y qué, dije también yo, dijimos casi todos, debería también haberlo dicho David Stern pero en lugar de eso montó en cólera, cólera que trasladó al propietario de los Spurs en forma de multa por un cuarto de millón de dólares, lo que vienen siendo casi doscientosmil eurillos. Que serán poco más que calderilla para tan acaudalado señor, no digo yo que no, que para él serán como si a usted o a mí nos sancionan con veinte euros por cruzar la calle con el semáforo en rojo, un suponer, pero que aún así no le habrán hecho ni puñetera gracia, pueden estar seguros.

Lo que subyace bajo todo esto no es sólo la legítima decisión deportiva de un técnico ni el legítimo arrebato de un Comisionado, lo que subyace es todo un modelo de espectáculo, es decir, de negocio. Les pondré un ejemplo que debió suceder hace aproximadamente veinte años, no puedo precisar la fecha exacta. Los Bulls andaban de gira por el Oeste y en uno de sus partidos, pongamos en Denver, se montó una tangana a consecuencia de la cual a Michael Jordan le cayeron dos partidos de sanción. Los dos siguientes partidos de los Bulls pongamos que fueran en Utah y en Phoenix (del de Utah estoy seguro, lo de Phoenix no puedo asegurarlo). ¿Cómo reaccionaron los aficionados de dichos lugares ante esa noticia? ¿Cómo reaccionarían los aficionados de Valladolid si hoy les dijeran que el Barça va sin Messi, los de Málaga si les dijeran que el Madrid va sin Cristiano? Probablemente se pondrían como unas castañuelas, darían palmas con las orejas, preguntarían que dónde hay que firmar. ¿Igualito que en Utah y (pongamos que) en Phoenix? Pues no, porque seguramente ya imaginarán que en dichos lugares se montó la de dios. No les diré que salieran en manifestación porque allí no se estila, no les diré que expresaran su descontento en las redes sociales porque entonces no había, simplemente escribieron cartas, colapsaron las centralitas radiofónicas, probablemente lucieron alguna pancarta durante el partido, puede que hubiera alguno que hasta exigiera la devolución de lo que había pagado por su entrada aunque no me consta ese dato. Querían ver a Jordan, no tendrían otra oportunidad en temporada regular de ver a Jordan, habían pagado por ver a Jordan. Puede que también hubiera alguno que se alegrara porque la ausencia de Jordan les daba más posibilidades de ganar el partido pero si lo hubo nadie nos contó. Lo que sí se nos contó, largo y tendido, con pelos y señales, fue lo otro: la indignación.

Volvamos al presente. En realidad Popovich lo único que hizo en Miami (evidentemente sin saberlo, sin planteárselo de esa manera) fue aplicar un concepto que a este lado del Atlántico llevamos siglos aplicando: las rotaciones. No me refiero a rotaciones en un sentido baloncestístico, un rato en la cancha y otro en el banquillo, que ésas sí las importamos de USA y así nos pasa (dos mundos, recuerden), que cada dos por tres nos las echan en cara todos aquellos que se quedaron anclados en tiempos de Lolo Sainz, ya saben, los buenos permanentemente en cancha sin descansar jamás salvo que les echen por faltas. Me refiero más bien a rotaciones de día completo, rotaciones en un sentido más futbolístico (que en baloncesto salvo contadas excepciones no tenemos plantillas tan largas), hoy me dejo fuera a Messi, Xavi e Iniesta en liga porque quiero que estén frescos para la Champions del martes, cosas así. Que parece muy moderno pero créanme que cuando yo era niño ya se hacía (y créanme que hace ya muchos años de eso), cuántas veces no jugaba el Madrid con sus suplentes la Liga del sábado para tener a sus titulares frescos y lozanos en la Copa de Europa del miércoles. Evidentemente se hacía mucho menos que ahora, pero es que tampoco los calendarios deportivos de entonces tenían nada que ver en términos de exigencia con los de ahora. Hoy lo vemos a menudo y a todo dios le parece lo más normal del mundo, nadie se escandaliza porque un equipo juegue la Copa con sus suplentes o porque determinadas estrellas descansen un partido de cada tres. Y por supuesto, a nadie en su sano juicio se le ocurriría plantearse siquiera la posibilidad de que un equipo cualquiera pudiera ser sancionado por ello, al fin y al cabo no hay normas al respecto y además todo el mundo entiende que esa parcela es competencia exclusiva del entrenador; y en todo caso si quieren jugar sin estrellas allá ellos, es su problema, ellos se lo pierden. Sin más.

Evidentemente no estoy en absoluto de acuerdo con la sanción a los Spurs. Evidentemente me parece una barbaridad, porque soy de este mundo (del de este lado del Atlántico, me refiero) y me he criado en una filosofía según la cual el entrenador tiene pleno derecho a decidir sobre su equipo sin que nadie tenga por qué entrometerse en dicha decisión. Que esto es como aquella manida frase, el entrenador no va a tirar piedras contra su propio tejado… pero claro, ya otra cosa es que las tire contra el tejado de la empresa que le paga o, para ser más precisos, de la empresa a la que pertenece la franquicia que le paga. Para los estándares europeos no tendría nada de particular, para los americanos (de USA) digamos que traspasó una muy delgada línea roja. Dé usted descanso a Duncan, Parker o Ginóbili si así lo desea pero de uno en uno, sin aglomeraciones, no me los mande a casa a todos a la vez. O dé usted descanso a todos a la vez si es la última jornada de temporada regular y no hay nada en juego, eso se consiente y hasta se fomenta para que las criaturas lleguen más frescas a los playoffs. Pero dar descanso a todos a la vez el día que viajan a Miami, que a mí me puede parecer lo más normal del mundo, a David Stern le parece poco menos que un torpedo bajo la línea de flotación de ese inmenso transatlántico llamado NBA. Popovich piensa en victorias, Stern piensa en dólares. Stern piensa en los que se han repantingado en su sofá para verlo a través de una plataforma de pago, piensa en los que han aflojado un pastón inmenso por una silla de pista o un palco del American Airlines Arena y de inmediato me le dan los siete males, la tierra entera moviéndose bajo sus pies. Porque sabe que este tinglado se sostiene sobre los hombros de sus estrellas, sabe que el aficionado paga por verlas, que luego jueguen cinco minutos en vez de cuarenta tanto dará pero al menos sáquelas a pasear para que las gente las vea, no me las esconda usted por dios. Que no importa tanto el resultado como el espectáculo, que ni siquiera importa tanto el espectáculo como el negocio que sostiene dicho espectáculo. Choubisnes, recuerden. O como solía decirse en aquellas películas de temática circense que estuvieron tan de moda hace varias décadas, pase lo que pase el espectáculo debe continuar. Pues eso.

Publicado diciembre 24, 2012 por zaid en NBA

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