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APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT (III – LOS DE FUERA)   Leave a comment

Toca bases, toca empezar con esa tierna criatura amamantada bajo los pechos de Thad Matta (apenas seis meses de lactancia) en Ohio State y que responde al bello nombre de D’Angelo Russell. Para muchos el mayor talento de este draft, no me atrevería yo a afirmarlo con tanta rotundidad pero sí habré de reconocer que es una auténtica delicia de jugador, uno de esos que te entran por los ojos cuando lo ves y que se te quedan ya ahí grabados en la retina para casi toda la vida. Gracilidad pura, así en sus penetraciones por resquicios insospechados como en su incomparable capacidad para trazar no menos insospechadas líneas de pase donde otros sólo ven bultos.Angelo+Russell Nadie es perfecto, claro está, y él no habría de ser una excepción: a mi modo de ver le falta consistencia, algo lógico dada su edad y su inexperiencia: inconsistente en su toma de decisiones, como si no fuera un base natural (que no lo es), como si fueran las circunstancias de la vida (y su inmensa calidad, también) las que le hubieran empujado a ejercer de (presunto) director de juego; e inconsistente en su tiro. No digo que sea mal tirador, líbreme el cielo, más bien todo lo contrario, pero es de esos que tan pronto te hacen cuatro triples seguidos como te clavan un 2 de 13 en cualquier partido decisivo del Torneo Final. Dando por supuesto que sus virtudes permanecerán (y se acrecentarán, incluso) y que sus defectos se irán puliendo con los años, creo sinceramente que podemos estar ante un grandísimo base NBA… siempre y cuando tengan paciencia con él, siempre y cuando asuman que necesitará tiempo para crecer (no precisamente en estatura, sino en musculatura y sabiduría) y desarrollarse en aquella Liga. Por si acaso ya se lo rifan, y si hasta hace dos días dábamos por hecho que sería carne de Tankers (digo Sixers) con su número 3, hoy ya las cosas no están tan claras: unos le han bajado al 4 para subir al 3 a Porzingis, otros en cambio le han ascendido incluso hasta el 2 (bajando a Okafor al 4 y manteniendo también en el 3 a Porzingis, de lo que parece deducirse que los Sixers deben estar como locos con el letón). 2, 3 ó 4 significaría Lakers, Sixers o Knicks, Los Ángeles, Philadelphia o Nueva York, no parecen precisamente malos sitios donde empezar una sólida carrera profesional.

Y pasemos a continuación a uno de los grandes enigmas de este draft, ese sujeto de nacionalidad congoleña (de Kinshasa, antiguo Zaire, aún más antiguo Congo Belga), crianza estadounidense (asilo político mediante) y formación (es un decir) china llamado Emmanuel Mudiay. Vi por primera (y última, y única) vez a Mudiay en una de esas maravillosas fiestas de graduación que montan los yanquis para presentar en sociedad a sus criaturas en edad de merecer, no recuerdo ahora mismo si el evento en cuestión fue el McDonald’s All America, el Nike Hoop Summit, el Jordan Brand Classic o el Sabrá Dios Qué. Lo cierto es que su puesta de largo se saldó con notable éxito de crítica y público, al menos en lo que a mí respecta: me encantó, y ni que decir tiene que a partir de ese instante empecé a salivar con lo que nos depararía cuando cumpliera su promesa de cursar estudios en la Universidad Metodista del Sur (SMU para los amigos), y ni que decir tiene que mi salivación se me pasó a los pocos días, justo lo que tardó en cambiar los Mustangs del insigne Larry Brown por los Guangdong Southern Tigers, millón y pico de dólares mediante.Emmanuel-Mudiay Y como solía decir en estos casos doña Mayra Gómez Kemp (si no sabe quién es no se preocupe, más bien alégrese, son cosas de la edad), hasta ahí puedo leer. Sé que debería haber visto uno o varios partidos de Mudiay en China para poder ofrecerles una valoración más pormenorizada pero habré de reconocerles que no he encontrado el momento, mi indolencia es lo que tiene. De allí llegaron primero noticias de que estaba haciendo unos números extraordinarios (creo que hasta mi octogenaria madre podría hacer unos números medianamente decentes en aquella liga, dado el nivel defensivo que se gastan), luego llegaron noticias de que se había escogorciado el tobillo, finalmente dejaron de llegar noticias lo cual (si nos atenemos a ese famoso proverbio yanqui, no news, good news) puede que hasta fuera una buena señal… No lo sé. Sólo sé que me gustó en aquella lejana pachanga (pero pachanga al fin y al cabo), sólo sé que algún afamado columnista ha escrito de él que es uno de los tres jugadores de este draft (junto a Okafor y Towns) con potencial de jugador franquicia, ahí es nada la pomada, no seré yo quien se lo discuta… pero tampoco quien se lo confirme. Si él lo dice, sus razones tendrá.

Un poco más abajo en el escalafón, ya hacia el final de la lotería, encontramos a Cameron Payne, recién llegado desde la humilde Murray State para continuar la senda que ya iniciara en su día Isaiah Canaan. Cuentan maravillas de él, me encantaría refrendárselas pero no me atrevo porque no le he visto jugar lo suficiente (apenas nada) como para tener formada una opinión (y ya sé que este capítulo me está quedando un poco deslucido, pero es lo que hay). Bastante mejor conozco a los cuatro siguientes (ya bien avanzada la primera ronda), los últimos que mencionaré aquí para no aburrirles (aún más si cabe): Tyus Jones (íntimo amigo de Jahlil Okafor por cierto), que fue de menos a más hasta cuajar un extraordinario fin de temporada, no les quepa la menor duda de que sin su concurso no sería hoy Duke campeón NCAA. Delon Wright, formado a las órdenes de Larry Krystkowiak en Utah, que nos epató a todos en su año júnior y nos desepató un poco en su año sénior (quizá porque de tanto como nos había epatado antes se nos desmesuraron las expectativas). Terry Rozier, ex pupilo de Pitino en Louisville, potente donde los haya, mucho más físico que técnico (sin que sea manco tampoco en este aspecto) por lo que podemos estar seguros de que los general managers beberán los vientos por él. Y finalmente Jerian Grant, de los Grant de toda la vida (hijo de Harvey Grant, sobrino de su gemelo y Señor de los Anillos Horace Grant, hermano del ex de Syracuse y hoy en Sixers Jerami Grant), completo donde los haya, de esos que juegan y hacen jugar, determinante cuando hace falta, muy bien formado (si bien con algún altibajo por su mala cabeza) en Notre Dame y que me da a mí que puede ser una gratísima sorpresa. Y aún cabría añadir alguno más a esta lista, pero a ése casi mejor prefiero reservármelo para la última entrega de esta serie. Ya les diré por qué.

el partido de nunca acabar   1 comment

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 16 de febrero de 2013)

Cada sábado, la ESPN culmina su incesante chorro de partidos universitarios (a cuál mejor) con el College GameDay, lo que aquí llamaríamos el partido de la jornada. Ya imaginarán que dicho encuentro tiene tratamiento especial: los mejores medios, el mejor narrador y/o comentarista (generalmente Dan Schulman y el histriónico a la par que incomparable Dick Vitale) y toda la cohorte de analistas de esa casa (Jay Bilas y demás familia) que por una vez a la semana dejan el plató y se desplazan en pleno al lugar de los hechos haciendo desde allí el previo, los reportajes del descanso, etc. Un verdadero lujo emitido además en pleno prime time, a las 21:00 horas (como aquí, vamos), no se me sorprendan y recuerden que la ESPN al fin y al cabo es un canal de deportes, no tiene que preocuparse de otros contenidos, le basta con colocar en su mejor horario lo mejor que tiene. Y en estas fechas no hay mejor producto que éste, así que echa el resto: hace algunas semanas le tocó a aquel maravilloso Butler-Gonzaga, hace semana y pico fue el duelo en la cumbre entre Indiana y Michigan, este pasado sábado tocaba una oferta muy interesante pero quizá no tan llamativa en principio como las anteriores, Notre Dame-Louisville, dos muy buenos equipos (cada uno a su manera) que auguraban que al menos veríamos un buen partido. ¿Un buen partido, dije? ¿Un gran partido, tal vez? Entonces aún no podíamos ni imaginar (ni siquiera aquellos que lo vemos con casi tres días de retraso, que mi trabajo me cuesta no enterarme de según qué resultados) que el College GameDay se nos va a convertir en algo así como el College GameYear. El partido del año.

Hagamos las presentaciones, para empezar. Ortodoxia versus heterodoxia como si dijéramos. La ortodoxia vendría representada por el equipo local, Notre Dame, los Fighting Irish; que como decían no sé a santo de qué en un capítulo de Los Simpson (no me pongan esa cara, mi hijo es adicto, todo se pega), no deja de ser  curioso que se hagan llamar Irlandeses Combativos teniendo un nombre francés (pero eso sí, pronunciado siempre a la inglesa, Notredéim). Notre Dame es de esos equipos que siempre juegan bien (muy bien, incluso), de esos equipos cuyos resultados siempre parecen estar muy por encima de sus expectativas. Este año tampoco es una excepción: un buen base como es Atkins, un interesantísimo escolta como es Jerian Grant, el muy apañado alero Connaughton y sobre todo un cénter grandote y de aspecto tosco pero no se me fíen de las apariencias porque nada más lejos de la realidad: el gran Jack Cooley. Todos ellos (y alguno más, que ya irá apareciendo en escena) dirigidos por un pedazo de entrenador nunca suficientemente valorado (aunque ya alguna vez haya sido reconocido como técnico del año), Mike Brey. Desde luego, mucho menos mediático y glamouroso que su rival de hoy…

Porque enfrente están los Pitinitos (si Valdano dijo una vez que un equipo entrenado por Camacho siempre garantizaba once camachitos, lo mismo cabría decir de los equipos entrenados por Pitino), o sea los Cardinals, o sea Louisville. Louisville que a comienzos de temporada nos parecía lo más de lo más, un quinteto de lujo, el pívot senegalés Gorgui Dieng que cada año que pasa es mejor jugador, dos aleros imponentes como Blackshear y Behanan, el maravilloso base Peyton Siva y un escolta que es puro talento, Russ Smith, uno de esos tíos de los que siempre había pensado yo (ya desde la pasada temporada) que si en vez de estar en Louisville estuviera en un equipo menos coral sería una de las estrellas de la Liga (fíjense que lo he puesto en pasado, había pensado yo; luego verán por qué). Nadie parecía tener más argumentos que estos Cardinals pero por alguna misteriosa razón los equipos de Pitino suelen ser ciclotímicos, de rachas, así en los partidos (minutos de trance alternados con minutos de berza total) como en las temporadas incluso. No hace mucho alcanzaron el número 1 de la nación y justo entonces perdieron tres partidos seguidos (Syracuse, Villanova, Georgetown) así que ahora mismo ahí andan, entre el favoritismo y el desconcierto. Suelen pillar la racha buena en marzo, cuando llega la March Madness Pitino les pone a cien, si el pasado año fueron Final Four no hay razones objetivas para que este año no puedan repetirlo y hasta mejorarlo incluso. Pero de momento…

De momento vayamos a un partido que durante la primera mitad y buena parte de la segunda transcurre como tantos otros, ni mejor ni peor: igualdad, intensidad, baja anotación y una cierta tendencia arbitral a pitar más que de costumbre (virus bastante extendido en esos días por cierto, y no sólo en USA), con la consecuencia lógica de que unos cuantos jugadores importantes se carguen de faltas antes de tiempo. El problema parece más grave para el que menos profundidad de banquillo tiene, es decir Notre Dame, y la cosa se confirma abruptamente cuando el primer eliminado resulta ser nada menos que Jack Cooley, tras una quinta falta sumamente discutible (ya lo había sido la cuarta) que desata las iras de la parroquia (nunca  mejor dicho) que abarrota el Purcell Pavilion de South Bend, Indiana. Notre Dame para entonces ya pierde de 6, está atascadísimo en ataque, quedan aún casi siete minutos para el final. No tardarán mucho los Irish en perder también a su otro soporte interior, el mucho más discreto Tom Knight, y todo ello mientras enfrente Gorgui Dieng aún aguanta con sus cuatro personales sobre la pista. Así que pasa lo que tiene que pasar: Louisville se va en el marcador, 53-45 a falta de minuto y cuarto, 56-48 a falta de 50 segundos, 8 puntos de diferencia que con tan baja anotación parecen más aún, los estudiantes de a pie aún aguantan en los fondos con su entusiasmo habitual pero en las localidades caras empiezan a verse claros que antes no existían, buenas gentes que habrán dado todo el pescado por vendido, que acaso estén ya camino del aparcamiento…

Pero Jerian Grant no es de esa misma opinión. Jerian Grant aún no sabe que acaba de entrar en trance, Jerian Grant anota un triple que es su primera canasta de la noche y seguidamente (tras la consiguiente falta y los consiguientes tiros libres de Louisville) mete otro, y luego (tras otros dos tiros libres de Louisville) otro más y de repente Notre Dame que ya está a 3 puntos, ¡¡¡one possession game!!! grita Vitale sin dar crédito a lo que está viendo pero es que aquello todavía no ha acabado, Louisville tiene otros dos tiros libres pero esta vez le toca a Dieng que los estampa contra el hierro, quedan aún 23 segundos, la sube directamente Grant que esta vez por hacer algo diferente se va de cabeza hacia el aro, por supuesto la mete y saca de paso la falta, ni que decir tiene que convierte el adicional… ¡This game was over! dice Schulman sin entender nada, ¡absolutely! le responde alucinado Vitale, a falta de 46 segundos para el final ganaba Louisville 56-48, a falta de 16 segundos para el final el resultado es ya de empate a 60, esos 12 puntos locales anotados todos por el mismo jugador… Pero ojo que aún faltan esos 16 segundos, aún tendrán bola los Cardinals para ganar el partido, la sube Siva, se la da a Dieng, se le cae, no tiran… ¡PRÓRROGA! La locura en el Purcell Pavillion: Cooley brinca como un loco, Brey no sabe ni qué hacer, hasta el cura (trátase de una universidad católica como cualquiera podría deducir a la vista de su nombre, razón por la cual siempre hay un sacerdote en su banquillo, debe ser fundamental) está allí dando saltos de alegría en medio de la pista. Y aquellos claros de cuando perdían de 8 son ya historia, aquellas gradas vuelven a verse llenas quizá porque los que se iban se arrepintieron a tiempo antes de salir del recinto, o quizá porque los del gallinero se bajaron a ocupar los huecos dejados por los que se fueron (los cuales, si los hubiere, jamás en toda su vida se perdonarán haberse ido…)

Aquí suele decirse que las prórrogas las gana el que las fuerza, pero en USA no conciben esa razón. O no necesariamente, al menos. A falta de dos minutos estamos empate a 66 y es entonces cuando sobreviene otro drama para Notre Dame, la quinta falta de su hombre milagro Jerian Grant. Más difícil todavía. Tras el habitual intercambio de tiros libres (anotados) y tiros de campo (fallados) resulta nos encontramos otra vez en la misma situación, empate y Louisville de nuevo con la última bola a su entera disposición y casi 12 segundos para intentar ganar el partido, por alguna misteriosa razón deciden que esta vez no la suba Siva sino un Russ Smith que cruza parsimoniosamente la línea del centro del campo… y se para. Tal cual. Como si tuviera una posesión entera de 35 segundos, como si esperara a que le hicieran un aclarado, como si no hubiera compañeros a quienes dársela, como si no le quedaran ya 5, 4, 3… a Pitino le va a dar algo, Smith que finalmente se da cuenta (a la fuerza ahorcan), que se levanta desde casi 10 metros para tirarse un mendrugo, que lo falla como era de esperar, empate a 68, ¡¡PRÓRROGA!! (y ya serán dos), Pitino que abronca a Smith, que se lo quiere comer, que acaso luego lamente no habérselo comido…

Pues allá vamos, o here we go como dicen en USA. Continuamos de empate en empate pero a falta de 2,20 para el final de esta segunda prórroga se va a producir una sustanciosa novedad, la primera eliminación por faltas en Louisville (recordemos que los Irish ya llevan tres), nada menos que su base Peyton Siva. Habrá de ser Russ Smith quien se encargue de dirigir al equipo a partir de ahora… Russ Smith meterá un par de tiros libres a falta de 25 segundos para el final que situarán a los Cardinals tres arriba, una situación que ya nos resulta extrañamente familiar. Notre Dame obligada otra vez al milagro como no podía ser de otra manera, la sube Atkins, hace como que penetra pero se da la vuelta y encuentra en la línea de tres puntos al impronunciable alero freshman Biedscheid, ni que decir tiene que éste se levanta y la clava, otra vez empate pero quedan aún 15 segundos, otra vez (y van tres) Louisville dispone de la última bola para ganar, la sube Russ Smith (esta vez a velocidad normal), decide penetrar que se supone que es su especialidad pero se encuentra en su camino a las torres suplentes rivales y suelta por encima de ellas una especie de globo (lo que allí llamarían un floater y aquí una bombita a lo Navarro) que no toca ni el aro, ni de lejos, empate a 75, ¡¡¡PRÓRROGA!!! (y con ésta serán tres…)

A todo esto a los Irish ya no los reconoce ni la madre que los parió; aún siguen en cancha (jugando minutos y minutos, haciendo sendos partidazos, literalmente reventados) Atkins y Connaughton pero el resto son actores secundarios (algunos incluso terciarios), el ya mencionado alero Bietscheid, el ala-pívot freshman Zach Auguste y y el cénter sénior Garrick Sherman, que no se ha visto en otra semejante y que probablemente esté viviendo esa noche sus minutos de gloria, esos que ya no podrá olvidar jamás en la vida. Enfrente en cambio Louisville aún mantiene a su plana mayor (excepto Siva): Russ Smith (cuando no la caga) metiendo tiros libres, el impagable Behanan reboteando y anotando sin parar, el suplente (de lujo) Hancock enchufando triples desde las esquinas (desempeñando ese papel fundamental en cualquier equipo de Pitino, ése que el pasado año desempeñaba Kyle Kuric) y cómo no, Dieng, aún Dieng que lleva ya con cuatro faltas desde el siglo pasado poco más o menos. Y vuelta la burra al trigo, a 16 segundos para el final Behanan anota un tiro libre y empata, parece que esta vez la última opción será para Notre Dame pero tampoco, Atkins en su penetración se trompica y se cae, los defensores de Louisville recuperan la bola, piden tiempo, quedan aún casi 4 segundos, se la dan a Russ Smith, esta vez a la carrera, llega a tiempo, se levanta, pega en el hierro, empate a 83, ¡¡¡¡PRÓRROGA!!!! (y con ésta serán cuatro…)

La cuarta prórroga (se dice pronto) ya huele a final, no podría ser de otra manera dado que Louisville sigue con todo su arsenal y Notre Dame apenas con los meritorios. A 40 segundos gana Louisville de 4, Notre Dame ataca a la desesperada pero entonces emerge una vez más el último héroe inesperado de la noche, ese Garrick Sherman que debió salir de las profundidades de su banquillo para ocupar el hueco dejado en el centro de la zona por las prematuras eliminaciones de Cooley y Knight. Se anticipa en el salto a Behanan (los Cardinals también están cansados, obviamente), gana el rebote, la mete, todavía 2 abajo Notre Dame a falta de 34 segundos, balón para Louisville con casi una posesión completa a su entera disposición, el sentido común dicta que los Cardinals se limiten a tener el balón al menos hasta que los Irish decidan interrumpir el proceso y llevarlos a la línea de tiros libres… Pero el sentido común no es el fuerte de Russ Smith, que según recibe pasa de contemporizar y decide irse de cabeza hacia la canasta contraria. Si la metiera aún tendría un pasar, vale, les has regalado un chorro de segundos pero al menos has sumado dos puntos… No es el caso. La bandeja que ni siquiera toca el aro, Pitino que parece arrepentirse profundamente de haberle perdonado la vida allá por la primera prórroga, la bola otra vez para Notre Dame, 24 segundos aún por jugar, ¿creíamos haberlo visto todo? Bola para Atkins, está fundido y se le escapa pero la salva Auguste que se suelta un gancho imposible, pega en el aro, rebote para Sherman que la estampa contra el tablero pero aún así les vuelve otra vez la bola ante la imposibilidad e impasibilidad de las torres (no menos fundidas) de Louisville, Auguste y Sherman la palmean a dos manos, es otro empate, ¡¡¡unbelievable, unbelievable!!! grita Vitale, quedan aún 5 segundos, la última opción casualmente para Louisville que aún dispone de dos tiempos muertos pero nadie se acuerda de pedirlos, la última bola casualmente para un Russ Smith que en su cabalgada desesperada hacia el aro contrario se deja el balón atrás, ya lo que le faltaba a la criatura, cuando quiere recuperarlo ya es tarde, 93-93, ¡¡¡¡¡PRÓRROGA!!!!! y ya serán cinco, Vitale está enajenado, ¡¡¡¡¡¿Are you serious? ¿Are you serious? Five Overtimes!!!!!, Schulman apela al recuerdo de aquellas 6 prórrogas de hace cuatro años entre Syracuse y Connecticut, el Purcell Pavilion se instala en una especie de locura colectiva, incluso a los propios árbitros les da ya la risa…

Y a mí a esas alturas no diré que se me ha caído un mito con Russ Smith porque nunca alcanzó la categoría de mito, pero sí sé que a partir de ahora tendré que mirarlo de otra manera. O no, porque queda (al menos) otra prórroga y todo puede cambiar, vaya usted a saber. De momento lo que cambia es que a 4 minutos para el final cae por fin la quinta falta de Dieng casi media hora después (de juego real, me refiero) de que le pitaran la cuarta y de que cayera su rival Cooley. El puesto de Dieng pasa a ocuparlo un freshman más que interesante que hoy por alguna misteriosa razón ha jugado poquísimo, Montrezl Harrell, en cualquier caso Louisville sigue encomendándose a Behanan al igual que Notre-Dame sigue encomendándose a sus insospechados Auguste y Sherman, y en estas llegamos al último minuto con la ligera sensación de que algo ha cambiado por fin, de que por primera vez la iniciativa parece haber pasado a Notre Dame y Louisville parece ir a remolque, a 24 segundos para el final los Cardinals están 2 abajo y el susodicho Harrell tiene dos tiros libres para empatar pero los falla, Connaughton meterá uno para poner 3 arriba a los Irish, quedan aún 9 segundos y como en los cinco finales anteriores Louisville vuelve a tener a su disposición la última bola pero esta vez con una pequeña diferencia, esta vez no es bola para ganar sino para salvar los muebles, por supuesto que la sube Russ Smith, por supuesto que no mira a nadie, que se va a un costado para jugarse un triple (tampoco podía jugarse ya otra cosa) desde nueve metros que se estampa contra el aro, el rebote se va fuera, suena la bocina, 104-101, ¡¡¡¡¡¡IRISH WIN!!!!!!, es el acabose (nunca mejor dicho), en el Purcell Pavilion se instala la locura (sí, aún más si cabe), no ha pasado ni un segundo y ya hay cienes y cienes de estudiantes sobre el parquet abrazando a sus héroes mientras Pitino se retira desencajado, mientras sus jugadores se esconden donde buenamente pueden, mientras un no menos desencajado (pero inmensamente más feliz) Mike Brey atiende (policía mediante) a la piedepista de la ESPN, mientras aquellos (presuntamente) neutrales que lo vemos a muchos kilómetros (y a muchas horas) de distancia no podemos evitar pensar que al final ha ganado el que más lo mereció, el que mejor hizo las cosas, el que resistió y superó todas las adversidades imaginables, el que tuvo más fe (será por fe en Notre Dame); ese equipo de esa Universidad que además (y por si fuera poco todo lo anterior) resulta que está en Indiana, dónde si no, recuérdenlo una vez más, en los otros 49 estados es sólo baloncesto, pero

Jamás en mi vida (y miren que llevo vida) había visto yo un partido con cinco prórrogas. Evidentemente aún tengo fresco en mi memoria el recuerdo de aquel famoso Syracuse-Connecticut de las seis prórrogas pero no pude verlo en su día (y sólo yo sé cuánto me dolió perdérmelo, pérdida que subsanaré próximamente porque no hace mucho me lo bajé, por fin), como tampoco pude ver aquel Manresa-Barça con cuatro prórrogas que tuvo lugar más o menos en esas mismas fechas. Y hasta tengo oído que en tiempos remotos existió incluso algún partido con siete u ocho prórrogas… pero en lo que mí respecta mi récord personal estaba en tres, así en ACB (Estudiantes mediante) como en NBA o NCAA. Hasta ahora, claro, hasta este partido que duró 65 minutos, que acabó presuntamente con empate a 60 y que conoció sucesivos presuntos finales con empate a 68, 75, 83 y 93 antes de acabar (esta vez ya sí) 104-101. Por si les apetece algún dato particular les contaré que la versión que me descargué duraba más de tres horas (y eso que venía ya limpia de tiempos muertos y publicidades varias), que empecé a verlo el pasado martes a eso de las diez y media de la noche y lo acabé más allá de la una y media de la madrugada (hora prohibitiva para alguien a quien le suena el despertador cada mañana a las siete menos cuarto), y que una vez en la cama tardé al menos otra hora en poderme dormir, tal era el estado de excitación (en términos deportivos, entiéndase) que me había dejado el partido, con un montón de ideas bulléndome aún en mi cabeza y que acaso sólo encontraran salida si las plasmaba por escrito, aunque ello hubiera de ser unos cuantos días después…

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