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el Mejor   1 comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 31 de mayo de 2013)

De alguna manera es un salto cualitativo. Hasta ahora habíamos mandado a nuestras criaturas a hacer las américas, hasta ahora nos habíamos sentido orgullosos de ellos (incluso de aquellos que más pronto que tarde hubieron de volverse con el rabo entre las piernas), hasta ahora habíamos presumido de tener a uno de los mejores jugadores interiores de la NBA (caso de Pau), algún año también pudimos presumir de tener a uno de los mejores bases de la Liga (caso de Calde) y aún a veces nos lanzamos al ruedo y presumimos de tener a uno de los tíos con más y mejor futuro de esa competición (caso de Ricky). Pero eso, siempre en plural, nunca en singular. Siempre uno de los mejores, nunca el mejor. Nunca… hasta hoy. Hoy ya sí. Por fin.

Acaso piense que me estoy refiriendo a Marc Gasol, y en ese caso habré de reconocerle que evidentemente está usted en lo cierto. Acaso crea que me estoy refiriendo a su reciente nombramiento como Mejor Defensor del Año, y en ese caso habré de decirle que está usted absolutamente equivocado. Pero antes de que se me tire al cuello al grito de ya está aquí el tocahuevos éste tirando por tierra nuestros magníficos logros a escala internacional, permítanme al menos que me explique: yo no le habría dado a Marc Gasol ese premio al Mejor Defensor, y no se lo habría dado por pura coherencia personal, porque ya en alguna ocasión despotriqué acerca del hecho de que de un tiempo a esta parte la NBA sólo reparta dicho galardón entre los pívots como si sólo ellos defendieran, como si defender bien fuera sólo intimidar, plantificarte allí en medio de la zona y poner tapones, como si cualquier otra manera de parar reglamentariamente a un rival no mereciera ser tenida en consideración. Antaño fueron Ben Wallace o Mutombo, más recientemente (reiteradas veces) Dwight Howard, el pasado año Chandler, éste Marc, más pronto que tarde lo será Ibaka. Créanme que nadie estará más contento que yo (igual es posible, más es difícil) por el hecho de que a nuestro Gasolito le haya caído en gracia este premio, pero una cosa es eso y otra no reconocerle que yo tal vez se lo habría dado antes al abrasivo LeBron James o en su defecto a cualquiera de los machakas que pueblan esa Liga, quién sabe si a su mismísimo compañero Tony Allen. Es un premio raro éste de Defensor del Año, tan raro es que hasta puede suceder que el Defensor del Año no forme parte del Quinteto Defensivo del Año, cualquier año sucederá (precedentes hay al respecto) que el MVP de la Liga no forme parte del Quinteto Ideal de la Liga, si algo así pasara en ACB se nos llevarían los demonios (de hecho ya se nos llevan sin que pase), en cambio allí nos cuentan que es que son votantes diferentes, mire usted, y sólo con eso ya nos parece de lo más normal. Somos así.

Ahora bien, es posible que usted con su natural perspicacia aprecie una contradicción entre mi satisfacción del primer párrafo y mi discrepancia del segundo, así que déjeme que le explique: no creo que Marc Gasol sea el Mejor Defensor de la Liga, pero sí creo firmemente que es (no uno de los mejores, sino) el Mejor en otro aspecto muy concreto de dicha Liga. Marc, permítaseme el atrevimiento, es a día de hoy el mejor cénter puro de la NBA. Repito, cénter puro, o pívot puro o cinco puro si así lo prefieren. Repito una vez más, a día de hoy.

Escribí esto mismo en Twitter hace algunas semanas y por si acaso me curé en salud, por si acaso empecé advirtiendo que no soy precisamente de aquellos que suelen pecar de chauvinismo, no me fueran a linchar. Y contra todo pronóstico no me linchó nadie, contra todo pronóstico casi todo dios me dio la razón, si acaso alguno prefirió puntualizar que lo sería igualado con Fulano o que estaría al mismo nivel que Mengano, pudieron encontrarle alguno a su altura pero nadie, nadie por encima. Nadie a día de hoy, insisto en ello, hace apenas un año aún le situábamos en tercer lugar pero hoy aquellos dos primeros clasificados andan desaparecidos o en vías de desaparición: Andrew Bynum no ha vuelto a jugar ni tan siquiera un segundo desde entonces, sumido al parecer en una peculiar convalecencia que no le impide viajar por todo lo largo y ancho de este mundo ni participar en los más variopintos saraos, inclúyanse tablaos flamencos y demás antros y garitos de la noche madrileña cuando es menester. En Philadelphia estarán contentos. Y el inefable Dwight Howard prosigue su interminable viaje hacia la insignificancia, hace años creyó haberse convertido en Supermán y a día de hoy no nos consta que haya vuelto a bajar a la Tierra, con que se hubiera preocupado un poco menos de sus músculos y un poco más de sus fundamentos ya le habría bastado para convertirse en un pívot absolutamente incomparable, no fue el caso, en su lugar prefirió enredar, ahora me apetece cargarme este entrenador, ahora ser el amo de este equipo, ahora ya me he cansado de estar aquí y me quiero ir allí que hay más playa, ahora me vuelvo a cambiar que es que allí hace demasiado calor, durante años le rieron las gracias como a todo niño malcriado que se precie pero ya cansa, cansa a los aficionados y acabará cansando hasta a las franquicias más pacientes a este paso. Qué desperdicio.

Ausentes (o algo así) Bynum y Howard, ¿quién queda? Vale, sí, la NBA ha incluido a Marc en su segundo mejor quinteto, lo cual habría de significar que para los votantes sí que hay un cinco mejor que Marc; and the winner is… Tim Duncan. Pues vale, pues será así si usted lo dice pero yo creo que eso es trampa, qué quiere que le diga. Algunos conocimos a Duncan hace ya casi veinte años (tópico al canto, madre mía, cómo pasa el tiempo, si parece que fue ayer), cuando el Plus nos ofreció unos pocos partidos de temporada regular de Wake Forest para que viéramos a nuestro Ricardo Peral; recuerdo que nos recomendaron que nos fijáramos sobre todo en Randolph Childress (excelso chupón, de quien luego poco más se supo) pero nuestros ojos se nos fueron de inmediato hacia aquel pívot novato recién llegado de Islas Vírgenes que parecía ya entonces la mismísima reencarnación de Olajuwon, sin duda habría heredado su trono de haber caído en cualquier otra franquicia pero fue a parar a San Antonio por obra y gracia del más afortunado sorteo del draft que recuerdan los tiempos. Sucedió que allí ya estaba desde tiempo inmemorial David Robinson lo cual le obligó a moverse a la posición de cuatro, cuatro y medio si así lo prefieren, y en ello sigue desde entonces. Tim Duncan puede ser eventualmente un cinco, hasta podría ser un seis o un siete si dichas posiciones existieran pero lo que sí es full time es un cuatro, no un cuatro cualquiera sino acaso el mejor cuatro de toda la historia de este juego. No me lo comparen pues con Marc, no procede, en lo que cincos respecta Duncan está fuera de concurso.

¿Otros? Obviamente el kilo de cinco bueno va bastante caro en estos días, obviamente la demanda supera con creces a la oferta. Podríamos meter en la comparación a Joakim Noah, ya saben, el hombre arrebatado por antonomasia, pura garra, cuajo, carácter… pero que en lo tocante a talento creo yo que está algún pueblo por detrás del segundo de los Gasoles. O a su ex compañero (de Noah, me refiero) en Florida, Al Horford (¿no sería también cuatro y medio?), o a ese pobre Andrew Bogut al que las lesiones le han dejado en menos de la mitad de lo que fue. ¿Quién más? Ese Monroe que es seda pura pero al que quizá le falte un hervor todavía, ese Cousins que podría ser lo que él quisiera si no fuera por esa cabeza que parece un sonajero, ese Varejao que fue a lesionarse justo cuando mejor estaba, ese Brook López que apenas parece tener sangre en las venas… ¿Todavía alguien más (recuerden, cincos puros, sucedáneos abstenerse)? ¿Tyson Chandler, DeAndre Jordan, JaVale McGee, Omer Asik? ¿¡¡¡Kendrick Perkins!!!? (Vale, está bien, ya lo dejo…)

Y aún quedaría uno que nos es muy familiar en estos días (y a quien me he dejado fuera a propósito con la sana intención de dedicarle párrafo aparte), Roy Hibbert, un sujeto por el que confieso tener una particular debilidad desde sus ya lejanos tiempos en Georgetown, un sujeto que además tiene en común con Marc una fascinante historia de superación personal: a ambos les sobra estatura para jugar de lo que juegan pero ambos también, por tipología física (el uno por exceso, el otro por defecto), tuvieron muy mal pronóstico en sus comienzos. Hoy Hibbert ya es la imponente presencia interior que yo siempre pensé que sería, un pívot que pudo alguna vez dejarnos fríos en temporada regular pero que está alcanzando su consagración definitiva en estos playoffs. ¿Significa ello que esté al nivel de Marc? No, en mi opinión. Significa simplemente que es muy bueno y será aún mejor, como lo será el propio Marc, como lo será Noah, como lo será cualquier jugador que tenga una mínima inquietud por prosperar en su profesión, como no lo será Howard si no cambia ni Bynum si no madura (física y mentalmente). Lo que ocurra en el futuro no podemos saberlo ni falta que nos hace, con el presente tenemos ya más que de s0bra. Y el presente nos dice que hoy por hoy Hibbert es un obstáculo casi insalvable en defensa que cada vez se mueve más y mejor en ataque, pero que con todo y con eso no creo que tenga aún la movilidad ni los fundamentos técnicos ni la capacidad de pase ni el conocimiento del juego ni el toque suave de muñeca que atesora nuestro Marc. Opinión personal, creo que alejada de cualquier chauvinismo (aunque no soy la persona más adecuada para juzgarlo). No obstante son ustedes muy dueños de pensar lo contrario, faltaría más.

Habría estado bonito un duelo a siete partidos Hibbert-Marc en la Final de la NBA, pero por ahora nos vamos a quedar con las ganas. Marc Gasol está ya de vacaciones, acaso pensándose si va a la selección o si se toma un verano sabático (o acaso teniéndolo ya decidido y callándose astutamente). Sea como fuere el futuro es suyo, entre otras cosas porque suyo es también el presente. Marc Gasol es a día de hoy el mejor cinco puro de la Liga, no es que lo diga yo que no soy nadie sino que lo dicen ya hasta en USA, de hecho parece haber mucho más consenso en esto que en lo del Mejor Defensor. Todo lo cual, como diría un señor de cuyo nombre no quiero acordarme, me llena de orgullo y satisfacción. Genuino orgullo, inmensa satisfacción. Que sea así por muchos años.

cuestión de dignidad   Leave a comment

Muy pocos habrían tenido más motivos que Joakim Noah para entrar a formar parte de aquello que Montes llamaba el sector pijo de la Liga. Nacido y criado en Brooklyn (precisamente en Brooklyn), hijo de mítico campeón de Roland Garros y de cotizadísima reina de belleza, sangre francesa y camerunesa por parte de padre, sangre sueca por parte de madre, ciudadano del mundo, digamos que no parecía responder en absoluto a ese prototípico perfil que tantas veces nos encontramos en aquella Liga, tíos a quienes el baloncesto les sacó de las calles y les permitió huir de un incierto futuro de bandas y drogas, él no, a él no parece que le faltara nunca de nada, cualquier estereotipo nos diría que de ahí a aquel otro club del se dejaba llevar sólo habría un paso… O no. Nadie como él para desmentir esa correlación familia acomodada = jugador acomodado que tantas veces han querido vendernos, podrá ser en todo caso una probabilidad pero no tiene por qué ser una seguridad, entran en juego otros muchos factores, el carácter, los genes, tantas otras cosas. Ya a mediados de la pasada década nos quedó muy claro que aquello de acomodarse no iría nunca con un Joakim Noah que aún vestía el uniforme de la Universidad de Florida por aquel entonces, a su alrededor tipos talentosísimos como Al Horford, Corey Brewer o aquel inefable Tigrín (oséase T. Green, Taurean Green para ser exactos), él no, Noah no iba sobrado de talento pero poseía a cambio ese espíritu que le rebosaba por los poros, alma, corazón y vida de aquellos bicampeones Gators, cuántas veces no le vimos colocar un tapón escalofriante o clavar un mate (más adicional) tras rebote ofensivo imposible y seguidamente empezar a aporrearse el pecho cual si se tratara del rey de la selva, acaso gritara también AAAAaaauuUUUuuaaauuuuAAAaaaa (entiéndase como el grito de Tarzán, aunque no sé si lo habré escrito correctamente) como si toda su energía no le cupiera en el cuerpo y tuviera que darle salida por donde fuera, de la manera que fuera…

Si Noah (manteniendo todas sus actuales virtudes) tuviera además sólo la mitad de la clase que atesora Brook López sería un jugador interior incontestable en aquella Liga. Del mismo modo, con que López tuviera siquiera un diez por ciento del cuajo de Noah sería también un pívot (o similar) impresionante. A López le conocimos en la prestigiosa Universidad de Stanford compartiendo aún equipo con su hermano gemelo y es bien sabido que en tales circunstancias resultan inevitables las comparaciones, de hecho nos bastó un somero vistazo para comprender que casi todo el talento se lo habían puesto a Brook y casi todo el carácter a Robin, a éste por desgracia no le pusieron tampoco la inteligencia para saber administrarlo de tal manera que hay días en los que parece que se va a comer el mundo y otros en los que parece que sólo fuera a comerse a sí mismo. Pero hablábamos de Brook, pura clase en el interior de un témpano de hielo; cierta frialdad puede ser buena en situaciones de máxima presión pero un exceso de frialdad puede ser contraproducente en esas mismas situaciones, sobre todo si pasas por la vida transmitiendo la sensación de que todo te diera absolutamente igual. Cuentan que hay noches en que Brook López atrapa un rebote y semejante acontecimiento se celebra en el Barclays Center como si fuera una canasta, qué digo una canasta, como si hubiera metido un gol (o un field goal, que suena más yanqui), a la mañana siguiente los tabloides neoyorquinos titulan a cinco columnas ¡¡¡anoche Brook López cogió un rebote!!!, se agotan todas las ediciones, cunde el asombro, Wall Street se paraliza, la Gran Manzana entera se ve de otro color…

De alguna manera Joakim Noah y Brook López no dejan de ser una metáfora de sus respectivos equipos. Nadie en su sano juicio habría dado un duro (un dólar, más bien) este pasado sábado por unos Bulls sin Rose (no hay previo en que no nos cuenten que Rose podría volver esta misma noche, es como el cuento del lobo, cuando finalmente sea cierto no nos lo creeremos), sin Deng, sin Hinrich, unos Bulls que en algún momento de la serie (o en toda la serie, según los casos) tuvieron disminuidos y/o achacosos a Nate Robinson, a Taj Gibson, por supuesto al propio Noah, unos Bulls que tras estar 3-1 arriba palmaron el quinto en Brooklyn y el sexto en su propio feudo del United Center, aquello habría de ser necesariamente el final, demasiado habían hecho, estaban reventados, el séptimo no pasaría de ser un mero trámite, en qué cabeza cabía imaginar siquiera otra posibilidad… Pues en la de Noah, cuál iba a ser: no tendremos salud pero tenemos corazón, algo así dijo, y esto va precisamente de eso, de corazón, y en ese aspecto nadie tiene más corazón que nosotros así que está claro, que nadie tenga la menor duda de que vamos a ganar este partido. Y hasta podría haber añadido que nadie tiene más corazón que nosotros y nadie tiene menos corazón que estos Nets, afortunadamente no lo dijo, habría sonado muy feo y hasta habría podido resultar contraproducente, no fuera a ser que al final se acabaran picando en su amor propio (que algo tendrán, por ahí debe andar). Ni falta que le hacía menospreciar al contrario, con arengar a los suyos tuvo más que suficiente.

Así que ahí salieron, la eterna pareja interior Boozer-Noah (más los buenos relevos de Gibson) acompañada por un trío exterior irreconocible, inimaginable, impensable a priori en cualquier equipo con mínimas aspiraciones de hacer algo en playoffs: el anárquico Nate Robinson, el insospechado Jimmy Butler (quién se lo iba a decir en sus nada lejanos tiempos de Marquette) y Marco Belinelli, repito, Marco Belinelli, no Mario como se empeña en llamarle algún afamado narrador plusero cada vez que toca el balón. Marco Belinelli lleva ya la friolera de seis años en aquella Liga, recurramos al tópico, hay que ver, cómo pasa el tiempo, si parece que fue ayer. Pues sí, seis años ya en los que apenas ha pasado de desempeñar un mero papel secundario, si acaso con alguna ligerísima excepción en Nueva Orleáns. Pero Marco Belinelli está para lo que se necesite y si le necesitan responde, vaya si responde, puede que en USA no lo supieran y se estén haciendo cruces al respecto pero en Europa lo sabíamos ya de sobra porque le vimos hacerlo cientos de veces, algunos hasta le vimos echarse sobre sus hombros a la peor selección italiana que recuerdan los tiempos, como para extrañarnos ahora de esa respuesta. Dentro de unos años, cuando algún indocumentado escriba que Belinelli fracasó en la NBA (cosas aún peores hemos leído recientemente) no estará de más tener a mano este vídeo, para mostrárselo o para darle con él en las narices, según.

Nate Robinson, Jimmy Butler y Marco Belinelli versus Deron Williams, Joe Johnson y Gerald Wallace, así a priori podría parecer que el trío de los Bulls no habría de tener ni media hostia (discúlpenme la blasfemia aquellos que profesen la fe católica) pero afortunadamente esto va de hombres, no de nombres. A Deron (asumiré el riesgo de que me linchen por lo que voy a escribir) le sobrevaloramos todos hace algunos años, yo el primero, de tal manera que hoy viéndole no puedo evitar la sensación de que hay al menos media docena de bases mejores y más completos que él en aquella Liga (y me quedaré corto). Joe Johnson hizo un papel medianamente digno y siempre podrá alegar que él al menos tenía coartada ya que arrastraba (literalmente) una molestísima lesión en el pie. Y de Gerald Wallace pues qué quieren que les diga, que se pasó todo el año deambulando por la pista y transmitiendo como una sensación de acabamiento prematuro que a ratos intentó disimular durante esta serie, nada del otro mundo, si acaso algún triplito y para usted de contar, de defensa lo justo no fuera a cansarse que en eso tampoco habría de ser menos que sus compañeros. Gerald Wallace además puso la guinda cuando afirmó no tener ni idea de cuál era su papel en este equipo, probablemente pensó que así haría de menos a su entrenador (qué momento tan oportuno para hacerlo) y no se le ocurrió pensar que también se haría de menos a sí mismo, si a estas alturas de tu carrera y de tu vida no tienes ni idea de cuál es tu papel en el equipo que te paga pues mal vamos, chato. Y por dentro Brook López que es lo que es (no insistiré en ello) y Reggie Evans que difícilmente puede ser lo que no es. Pura lógica carlesimiana: si al lado de López que no coge un rebote pongo a Evans que los coge todos, pues así compensaré el apartado reboteador; irreprochable razonamiento si no fuera porque de paso estarás descompensando todos los demás apartados, es lo que tiene poner de titular a un tío que más allá de rebotear no sabe hacer ninguna otra cosa salvo soltar un codo a destiempo de vez en cuando y llamarle a eso defensa como si en verdad lo fuera. Y Humphries infrautilizado, y Blatche pintando la mona como en él viene siendo habitual, y Teletovic de miranda, pero literalmente de Miranda, afamada localidad burgalesa que queda cerca de una no menos afamada capital alavesa en la que todavía se estarán preguntando qué demonios pintará este tío en el Barclays con lo bien que estaría en el Buesa… En fin.

Me caen bien estos Nets, pura solidaridad, si soy del único equipo de barrio en la máxima categoría de nuestro fútbol cómo no habría de simpatizar con el único equipo de barrio en la máxima liga de baloncesto del mundo. Claro que en lo económico se acaban las semejanzas, Prokhorov se ha dejado dinero a espuertas (total pa ná) y tiene toda la intención de seguir dejándoselo, de hecho hace unos días declaró que lo único que les faltaba para aspirar al anillo era fichar a otra estrella. Pues mire, no. Estrellas de verdad hay muy pocas y casi todas están pilladas, estrellas de cartón-piedra hay bastantes más (usted debería saberlo ya que tiene alguna que otra en su equipo) pero esas casi mejor déjelas en su casa. No mire tanto el hoy como el mañana, no piense tanto en nombres como en compromiso. Construya desde cero si es preciso pero construya, como se ha hecho en la NBA desde toda la vida de dios; no pretenda lucir una fachada monísima sin haber puesto antes los cimientos. Ah, y por cierto: ya que se pone fiche también un entrenador. Un verdadero entrenador. Carlesimo a estas alturas no vale ya ni como parche, Carlesimo fue grande hace siglos en Seton Hall pero la transición NCAA-NBA es sumamente compleja, Carlesimo pudo ser grande en NBA como asistente pero como entrenador-jefe se ha estrellado allá por donde ha pasado, no hará falta que se lo recuerde. Que tanta paz lleve como descanso deja, y en su lugar… pues mire, no le voy a proponer nombres pero sí le propondré un modelo, un estilo, que no tendrá que ir muy lejos a contemplarlo porque lo ha tenido enfrente durante siete largos partidos (no pretendo que les quiten a Thibodeau, líbreme el cielo, tan sólo lo pongo como ejemplo): estos Bulls podrían jugar incluso con el tío del guardarropa, el utillero, el que vende las cervezas, el que pasa la mopa y el que limpia los baños, probablemente perderían pero aún así seguirían transmitiendo esa incomparable sensación de equipo trabajado con un entrenador detrás. Esa sería la idea o al menos esa sería mi idea, que por supuesto no tiene por qué coincidir con la suya; probablemente usted piense que basta sólo con juntar estrellas y que todo lo demás es secundario, opinión muy respetable como no podía ser de otra manera. Pero déjeme que le diga, con el debido respeto, que si piensa así es porque todavía no ha acabado de entender cómo funcionan las cosas en aquella Liga. En casi cualquier liga, en realidad.

Y total, tanto rollo para acabar cayendo ante los Heat, dirán algunos. Pues sí, así es, de hecho suscribo plenamente lo que decía Daimiel la otra noche, si montáramos un equipo con lo mejor de los Bulls y lo mejor de los Nets esa supuesta selección también caería inexorablemente ante estos Heat. Es así, incluso seguiría siendo así aunque cualquier noche de éstas el cuento se hiciese realidad y finalmente apareciera el lobo, es decir Rose. Todo lo cual no quita para que haya maneras y maneras de caer: los Bulls caerán con dignidad (sea cual sea el resultado) tras haber eliminado brillantemente a un rival que les superaba en efectivos y ventaja de campo, los Nets no sabrán lo que es eso, ya les gustaría poder saberlo. Y es que al final, como tantas otras cosas en esta vida, casi todo se reduce a una mera cuestión de dignidad: la que no tuvieron los Nets, la que tienen y aún seguirán teniendo estos Bulls.

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