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ENTRE TODOS LA MATARON   5 comments

A veces llega un momento en la vida en que tienes que dejar de esconder la cabeza debajo del ala y afrontar la realidad tal como es; ser capaz de mirar a las cosas de frente aún por mucho que te hieran, cara a cara, ser incluso capaz de escribir sobre ellas aún por muy dolorosas que te resulten. Éste es sin duda uno de esos momentos: sé que me va a costar, no saben cuánto, pero me dispongo a escribir sobre la crisis. Sobre la crisis en el seno de la ACB. Sobre el proceso de sucesión a la jefatura de esta Asociación de Clubes de Baloncesto (por otro nombre Liga Endesa) de nuestros desvelos, una sucesión de la que intenté mantenerme informativamente al margen mientras me fue posible (ya que estos temas A) me aburren, B) me hastían, C) me crispan y D) me deprimen profundamente) hasta que llegó el momento en que ya no pude darle la espalda por más tiempo. Una sucesión que (tal como se ha planteado) no es sino otro paso más en su imparable proceso de autodestrucción. Otro clavo más (y no menor) en el ataúd de la ACB.

No sé a quién le leí que si la ACB eligiera a su nuevo presidente ejecutivo sin definir previamente un proyecto cometería un grave error. Que el mecanismo tendría que ser exactamente al contrario, primero saber lo que se quiere y luego ya escoger a la persona adecuada para llevarlo a cabo. Ojalá, así debería de ser en un mundo perfecto, el problema es que ese mundo perfecto nos queda demasiado lejos. Reconozcámoslo, en nada se diferencia realmente la ACB de tantos otros estamentos de nuestro país: pedirles a nuestros clubes que establezcan un proyecto común es como pedirles a los vecinos de cualquier comunidad de propietarios que miren por el bien de su edificio y no por el suyo propio, o como pedirles a nuestros partidos políticos que se pongan de acuerdo en un proyecto de nación en lugar de pensar cada uno exclusivamente en sus intereses electorales. Es uno de los principales males que nos aquejan, solemos ser extremadamente individualistas y/o corporativos, por lo general no vemos más allá de nuestro propio ombligo y así nos va. Claro está, la ACB no habría de ser en modo alguno una excepción, un puto reino de taifas en el que cada club vela exclusivamente por sus propios intereses. No es ya que por un lado estén los que piensan en Europa y por el otro los que piensan en su supervivencia (que también), no es ya que haya dos o tres sectores muy claramente diferenciados sino que la cosa va aún un poco más allá, en realidad no hay tres grupúsculos sino dieciocho a razón de uno por equipo, a ver si votando a éste tendré más posibilidades de sacar tajada que votando a este otro, a ver si por elegir a un dirigente de por allá vamos a tener menos opciones los de acá. Provincianismo a tope.

Por supuesto que todo esto no es nuevo, lo que pasa es que ahora se nota más. Durante muchos años el (sucedáneo de) consenso en torno a la figura de Eduard Portela tapó todas estas divergencias, en realidad ya entonces eran todos de su padre y de su madre pero la presencia del pseudocomisionado hacía que no lo pareciera, lograba que viéramos a la ACB como un todo y no como una mera suma de las partes, si la cosa no marchaba le caían a él los palos como si fuera él la causa y no la consecuencia (una de ellas) de todos los males que aquejaban a la institución. Pero Portela aguantó mucho más de lo que hubiera sido razonable (quizá precisamente por esto, por el miedo a que se les viera el vacío tras su marcha) y la llegada de un presunto salvador como Agustí no hizo sino empeorar las cosas hasta límites insospechados. Hasta hoy. Hoy sería ya el momento de refundar y empezar de cero pero no teman, no caerá esa breva. Aquí entre reforma o ruptura siempre solemos decantarnos por la primera opción, somos así de cobardes, para qué cambiar de perro cuando podemos conformarnos con ponerle otro collar, para qué cambiarlo todo cuando podemos limitarnos a cambiar algo para que en el fondo todo siga exactamente igual. No, tampoco en esto se diferencia la ACB de tantos otros males que nos aquejan en este país. Tenemos lo que nos merecemos, también en baloncesto.

Así que todo lo que se nos ocurre es poner un parche, al parecer. Ya, pero… ¿cuál? Los medios de comunicación nos contaron que la short list quedó finalmente reducida a tres candidatos, no diré que a cuál peor porque no tengo elementos de juicio para decirlo, sí diré que así a priori ninguno de los tres me seduce en absoluto. Nos contaron que uno de ellos era Josep Maria Farràs, un señor a quien no tengo el placer de conocer pero de quien cuentan las crónicas que es (o era) Director de Deportes de TV3, conociendo como conozco a mis paisanos de por aquí abajo ya les digo yo que a alguien con ese currículum le van a mirar mal ya de entrada, aún por bueno que sea. Nos contaron que otro de ellos era Fernando Arcega, quizá el único de los tres que sepa que el balón es redondo y naranja y sea capaz de distinguir entre defensa individual y en zona, no olvidemos que durante buena parte de los ochenta y un poquito también de los noventa fue parte esencial de aquel CAI (Helios, Natwest, Amway) Zaragoza y a ratos también de nuestra selección nacional; y punto, es decir, no me consta que haya mantenido la vinculación con nuestro deporte durante estos últimos (pongamos) veinte años y aún menos me constan sus cualidades como gestor para hacer frente a un reto de tal calibre: todo lo que supe de él tras su retirada es que montó con su hermano José Ángel un negocio vitivinícola, Viña Arcega se llamaba (tampoco se quebraron mucho la cabeza con el nombre), sospecho que a día de hoy ya no debe existir dado el escaso fruto que se obtiene al guglearlo. Y nos contaron finalmente (last but not least) que el tercer candidato se llamaba Albert Soler, un sujeto que por sí solo merece párrafo aparte.

Quizá no lo recuerden (o quizá nunca lo supieran, y tan felices que vivieron sin saberlo), pero Albert Soler fue Director General de Deportes durante un par de años a la vera de Jaime Lissavetzky, de tal manera que cuando allá por la primavera de 2011 éste aceptó el puesto de víctima propiciatoria en las elecciones municipales madrileñas de inmediato Albert Soler fue promocionado al siguiente nivel: Secretario de Estado para el Deporte, nada menos… pero eso sí, con fecha de caducidad, apenas seis meses. Tan corto espacio de tiempo parecía una invitación a no tocar casi nada (no fuera a romperlo), probablemente así fue en otros ámbitos pero en el ámbito del baloncesto desembarcó cual elefante en cacharrería. Le tocó mediar en el enésimo conflicto recurrente ACB/ABP, uno de un mediador esperaría la más estricta equidistancia pero él no se cortó un pelo: si la ACB no protege al baloncesto español, yo sí lo haré, y podemos tener una liga sin extracomunitarios; que la ACB dice que a nivel europeo puede haber un club en España con sólo comunitarios, la ley lo acepta, pero la ley dice también que la decisión final es del CSD y si la ACB cree que éste es el modelo, yo también creo que podemos tener una ACB para proteger a los jugadores españoles y sin extracomunitarios (…) Si la ACB plantea restricción de españoles en la liga y que como efecto secundario la selección tenga un nivel bajo, pues no estamos de acuerdo (fin de la cita). Opinión muy respetable (aunque no necesariamente compartible) si la expresas a título particular o incluso a título de Secretario de Estado, pero que si la expresas a título de mediador como que canta un poco que antes de empezar a mediar ya hayas tomado partido de forma descarada por una de las partes en conflicto. Eso sí, la cosa del ultimátum le funcionó, en apenas unos días se llegó al acuerdo éste de los cupos, los criterios de formación y demás zarandajas que disfrutamos (¿?) actualmente. Y punto final, y si volvió a tener algo que ver con nuestro deporte a mí no me consta, y luego ya nunca más se supo. Hasta hoy.

¿De verdad que (puestos a escoger personas, y no proyectos) no había nada mejor en el mercado? ¿No habría sido infinitamente mejor alguien como Alfonso López que en su papel de responsable de marketing y/o comunicación (o similar) de Endesa fue acaso el principal culpable de que la Liga se llame hoy como se llama (y cobre una pasta por ello), un sujeto que en cierta entrevista en Tirando a Fallar dejó bien clara su pasión por este juego y cuyas capacidades como gestor parecen estar fuera de toda duda, un sujeto que (al parecer) la cagó en un tuit puntual y eso ya le obligó a autodescartarse para la carrera presidencial? ¿No habría sido infinitamente mejor alguien como José Luis Mateo que desde sus orígenes periodísticos en Gigantes ha desempeñado luego toda clase de puestos ejecutivos en Granada, Alicante o Santiago de Compostela, alguien a quien supongo que sus actuales responsabilidades obradoiristas son precisamente las que le descartan para el cargo en base a no sé qué estúpida norma que exige al menos dos años de desvinculación? ¿No habría sido infinitamente mejor incluso alguien como Pepe Chamorro, publicista de quien hasta hace apenas dos días ni siquiera conocía su existencia, pero que en una entrevista en el Gigantes de diciembre mostró bien a las claras que ama esta Liga y que además tiene ideas para mejorarla? ¿De verdad, tan difícil es encontrar a alguien que reúna dos características básicas, dos tan solo, no pido más, saber de qué va esto (y si además le gustara ya sería la leche) y tener las cualidades adecuadas para gestionarlo?

Todo lo cual ya da lo mismo, dado que tiene toda la pinta de que el próximo presidente ejecutivo de la ACB será sí o sí Albert Soler, de hecho ya anduvo cerca de serlo en aquella otra (presunta) asamblea de mediados de diciembre en la que los clubes (muy en su papel de reinos de taifas) prefirieron hacerse el harakiri y seguir pintando la mona (o mareando la perdiz, según el animal que se prefiera) otro mes más para pasmo y disfrute del resto de la población. Habemus Soler me temo, lo cual podría parecer (en base a lo que recordé hace dos párrafos) que será como poner al zorro a cuidar las gallinas, con perdón… o no, quién sabe. De hecho para saberlo nos bastaría con conocer su programa, saber qué piensa del actual estado de la Liga, cuáles son sus ideas para mejorarla y a qué medios piensa recurrir para llevarlas a cabo, nos bastaría con saberlo de él y de paso también de los restantes candidatos (si es que a día de hoy siguen siéndolo), cuáles son sus intenciones respecto al modelo de competición, los derechos de televisión, la generación de ingresos, la organización del calendario, la implantación social o la repercusión mediática de la ACB. Estaría bien saberlo pero a día de hoy nada se nos ha dicho al respecto (o acaso sí y yo no me haya enterado, que ya les dije al principio que anduve rehuyendo el tema), lo cual puede ser por tres razones: bien porque lo lleven en secreto, bien porque no consideren interesante contárnoslo o bien porque ni siquiera haya proyecto, ningún proyecto. Sólo personas, lo cual por otra parte encajaría perfectamente con otra de nuestras más acendradas tradiciones, por lo general no votamos programas electorales sino candidatos, de hecho el programa electoral es sólo eso que hacen para decir que lo tienen y luego poder incumplirlo. Sólo personas revoloteando alrededor del poder, candidatos, candidatables, lobistas, acólitos, aduladores, lameculos y demás egos desmedidos, presuntos seres humanos que ni se habrán parado a pensar qué pueden hacer por el baloncesto porque lo único que les importa es lo que el baloncesto pueda hacer por ellos. Si antes les dije que era un error elegir presidente sin definir previamente un proyecto, ahora la duda que me queda es que incluso después de elegir presidente llegue a haber siquiera un proyecto. El mundo al revés.

Y sin embargo, de entre todas las cualidades de Albert Soler hay una que es quizá la única que a mí no me molesta en absoluto pero que en cambio a mis congéneres les trae a mal traer, hasta el punto de que no paran de expresar su indignación al respecto en los medios tanto más cuanto más ultramontanos sean: que es catalán, lo cual al parecer le convierte de inmediato en sospechoso. Hemos interiorizado de tal modo las corruptelas, los amiguismos, los complots, las conspiraciones y los mamoneos que ya para ver fantasmas ni siquiera necesitamos que aparezcan, ya empezamos a verlos antes incluso antes de que se asomen. David Stern (por poner un ejemplo) es neoyorquino y no recuerdo yo que en sus treinta años de Comisionado NBA se le haya acusado jamás de favorecer a los Knicks (que de haberlo hecho lo habría hecho fatal, visto como le ha ido a esa franquicia durante todo este tiempo); como neoyorquino es también (y reconocido fan de los Knicks desde crío, además) su próximo sustituto Adam Silver sin que me conste que en California, Texas, Oklahoma o Florida se haya expresado la más mínima preocupación al respecto. Como no me consta tampoco (sin ir más lejos) que en Rusia, Grecia o Turquía se hagan cruces por la procedencia del mandamás euroliguero Jordi Bertomeu (o tal vez sí, y aquí no nos llegue). Miren, a mí lo único que me podría preocupar (y me preocupa, de hecho) de Albert Soler es que tenga o no la capacidad para sacar a la ACB del pozo, todo lo demás se me da una higa, si es catalán como si es de Huesca, de Huelva, de Wisconsin, de Guanajuato o de la isla de Guam (si es que existe). Quién sabe, quizás esa podría ser la solución, nombrar un presidente de la ACB neozelandés (por ejemplo) para que así estuviera libre de toda sospecha. O ni por esas, seguro que aún así alguien saldría diciendo que Nueva Zelanda está muy cerca de Australia y que dado que uno de los grandes de nuestro baloncesto tuvo a dos australianos hasta fechas recientes está bien claro por quién habría de tomar partido. Créanme, no tenemos remedio.

Mencioné antes a Bertomeu, y no es que el susodicho sea precisamente mi ídolo ni que la Euroliga esté entre mis sueños más húmedos en materia de organización deportiva, pero las comparaciones son odiosas y ésta de puro odiosa resulta casi estremecedora. Lean la entrevista que se le hace en el Gigantes de diciembre, podrán estar de acuerdo o no con lo que allí se expresa pero al menos comprobarán que la Euroliga sabe a dónde va, que va dando pasos cortos pero firmes en esa dirección y tiene las ideas claras para lograrlo, y que además no anda sola sino que hay alguien al mando, alguien que te podrá gustar más menos pero que parece estar perfectamente capacitado para tal fin. ¿La ACB? La ACB se despeña sin rumbo ni piloto, sin remedio, la ACB es como aquella frase hecha que a veces decían nuestras abuelas, entre todos la mataron y ella sola se murió, un cadáver al que todo lo que se nos ocurre hacer es maquillarlo para que parezca que sigue vivo, podríamos resucitarlo o crear algo nuevo a partir de sus cenizas pero eso nos aterra, preferimos limitarnos a intentar (inútilmente) detener su caída, echarle el freno al féretro para que así parezca despeñarse a menor velocidad. Tarde o temprano se estrellará, y con él se habrá estrellado también todo nuestro baloncesto. Descanse en paz.

(publicado originalmente en Jugant per la vida)

uni-caraja   3 comments

Empezó la temporada y al que más y al que menos (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra) se le hicieron los dedos huéspedes con el (presunto) plantillón que había hecho Unicaja. Earl Calloway, Marcus Williams, Zoran Dragic, Txemi Urtasun, Sergi Vidal, Krunoslav Simon, James Gist (¿se acuerdan de James Gist?), Fran Vázquez, Kosta Perovic, la de dios, y todos ellos convenientemente amasados por un clásico, uno de los técnicos de referencia en Europa como era Jasmin Repesa. Empezó la temporada y todos dijimos hay que ver qué buena pinta tiene este Unicaja, incluso muchos situamos su plantilla muy por encima de la de Baskonia y/o Valencia, casi a la misma altura de Madrid y Barça. Vale que los resultados no acabaran de acompañar en esas primeras semanas pero ya se sabe, eso es normal, demasiado jugador nuevo, la lesión de Vidal que tampoco ayuda pero no les quepa la menor duda, en cuanto estén conjuntados serán temibles, sólo es cuestión de tiempo… Es posible que fuera cuestión de tiempo, de más tiempo todavía quiero decir. Es posible que al año que viene o al siguiente hubieran acabado pareciendo finalmente un equipo, quién sabe. Afortunadamente ya no creo que tengamos la ocasión de comprobarlo.

Ay, el tiempo, ese juez insobornable que da y quita razones y pone a cada uno en su sitio… (frase legendaria de cierto ex comunicador deportivo no menos legendario, nada añorado por otra parte). El tiempo es ideal como coartada pero llega un momento en que ya huele. El tiempo que tuvo Repesa para conjuntar su plantilla no fue menor que el que tuvo (por ejemplo) Moncho Fernández para conjuntar la suya, casi con tanta gente nueva como la malagueña por cierto. Y fíjense qué curioso, ya desde el primer día Obradoiro pareció un equipo, no digamos después, no digamos ya el último. Vale que se metieran prácticamente en playoffs sobre la bocina pero eso es lo de menos (cuántos lo quisieran), de hecho estoy completamente seguro de que si no hubieran tenido lesionado durante varias semanas a su base titular se habrían clasificado muchísimo antes. Y no creo, puestos a comparar, que Obradoiro se hubiera gastado ni la cuarta parte en confeccionar su plantilla (y me quedaré muy corto) de lo que se gastó Unicaja en confeccionar la suya. O acaso sea precisamente ese el secreto, que los jugadores baratos se adapten mejor mientras que a los caros les cueste más quizá porque crean que es el mundo entero el que debe adaptarse a ellos y no al revés. Y quizá para los entrenadores también valga ese axioma, ya puestos.

¿Jugamos a los tópicos? Puedes fichar nombres o puedes fichar hombres, habré de confesarles que no es un tópico que me guste porque no siempre tengo claro dónde está la diferencia pero en esta ocasión me viene al pelo así que me van a permitir que abuse de él. Podría continuar con la comparación con Obradoiro pero lo iba a tener demasiado fácil, casi mejor me complicaré un poquito la vida para hacer otra comparación mucho más igualitaria: Valencia Basket. Coja usted aquella lista que le puse en el primer párrafo y compárela con esta otra, Pau Ribas, Thomas Kelati, Bojan Dubljevic, Justin Doellman, Keselj o Lukauskis que no salieron bien pero son jugadores por los que todos habríamos apostado, más los puntuales (y eficaces) postizos de Chris Quinn, Hrycaniuk, Jason Robinson. Evidentemente la lista es más corta, evidentemente ya había una base, evidentemente Perasovic ya estaba allí y con él Markovic, San Miguel, Rafa Martínez, Pietrus, Faverani, Lishchuk, todo lo que usted quiera. No estoy comparando resultados, estoy comparando maneras y maneras de fichar, nombres vs hombres, lo que les dije. Y antes de que me lo diga usted me lo digo yo, evidentemente juego con ventaja, comparar ahora a toro pasado es muy fácil. No se lo voy a negar, a mí también me encantaba la plantilla de Unicaja, ya se lo dije en el primer párrafo (y que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra). Pero creo que Valencia, Obradoiro, Granca, tantos otros que han tenido que hacer de la necesidad virtud (cada uno a su manera, cada uno con su presupuesto) nos han dado este año una verdadera lección, de la que otros bien deberían tomar ejemplo.

Y luego está la traca final, un solo partido (un solo cuarto, incluso) como metáfora de toda una temporada. Si ganas en el Palau Blaugrana te metes en playoffs, sin vuelta de hoja, sí o sí, vale que en principio no parezca la visita más cómoda del mundo pero tampoco parece como para asustarse, enfrente el Barça más diezmado que vieron los tiempos, tercero gane o pierda, sin otra obligación que la de agradar a su parroquia lo cual tampoco es mucho decir porque allí hay básicamente cuatro gatos, cuatro gatos silenciosos además, más que en el Palau parecieran estar en el Liceu, por no oírseles casi ni se les oyó pedir la independencia en el minuto 17 siquiera. El caldo de cultivo perfecto, el Barça que sólo quiere dejar pasar el partido, Unicaja que debería dejarse la vida, al final del tercer cuarto 1 abajo, 45-44, el Barça no tiene una marcha más y si la tiene no la va a meter, es el momento de echar el resto… ¿el resto? El resto del partido será una parodia, un espectáculo más digno de una pachanga de solteros contra casados que de un equipo que (se supone que) se la juega: una caraja (uni-caraja) descomunal, decir patético es decir poco, seis puntos en todo el cuarto más decisivo de la temporada, resultado final 57-50, escribí en tuiter que si fuera malagueño se me llevarían los demonios, añadí después que se me llevaban aún sin serlo. Nadie mereció más los playoffs que Obradoiro, nadie los mereció menos que Unicaja, al menos esta vez el baloncesto no pudo ser más justo.

Pero si hablamos de justicia me permitirán que vaya aún un poco más allá: les contaba yo hace poco más de un año que no acababa de tener muy claro cómo se reparten las plazas en Euroliga, por qué hay equipos que necesitan casi ganar la ACB para tener el derecho y otros que parecen tener reservado su puesto desde tiempo inmemorial así llueva o truene. Hoy sigo sin tenerlo claro, no vayan a pensar (probablemente no es culpa suya sino mía, que será que no doy más de sí), pero sí creo haber entendido que a esos equipos de-toda-la-vida se les mantiene su reserva de plaza siempre y cuando queden novenos en su competición doméstica. Es decir, Unicaja no fue octavo y se ha vuelto a quedar sin eliminatorias por el título, pero Unicaja volvió a ser noveno y por ello se ha ¿ganado? (creo) su derecho a participar en la máxima competición continental, un año más. Y yo me pregunto, ¿hasta cuándo? ¿Esta cosa de la Categoría A (o como demonios se llame) no caduca nunca? ¿Podría Unicaja seguir quedando el noveno año tras año hasta (pongamos) 2053, y aún así seguiría teniendo garantizada su participación año tras año en la Euroliga hasta (pongamos) 2054? ¿Podría Valencia (y quien dice Valencia dice Bilbao, incluso Granca o CAI, el que ustedes quieran) ser tercero o cuarto año tras año hasta el próximo siglo y aún así seguir quedándose sin Euroliga porque el que queda noveno tiene su plaza reservada? Insisto, no lo sé, les confieso mi ignorancia, quiero pensar que en algún momento todo este proceso tendrá un límite. Pero si lo tiene ya está tardando en llegar.

Se lo dije también entonces, la Euroliga debería decidir de una vez por todas si quiere ser carne o pescado, si quiere ser una liga cerrada con plazas fijas basadas en criterios económicos y que se olvide de una vez por todas de las ligas nacionales, o si quiere ser una liga abierta de-las-de-toda-la-vida en la que sean exclusivamente los méritos deportivos en las competiciones nacionales los que clasifiquen para la máxima competición continental. O lo uno o lo otro, o liga abierta o cerrada pero no esta liga entornada que tenemos ahora y que queriendo dejar contento a todo el mundo al final no satisface absolutamente a nadie. Y que quede claro (por si alguien pudiera tener alguna duda): quiero mucho a Unicaja, en algún momento le consideré mi segundo o tercer equipo, disfruté su Copa y su Liga como si fueran mías, conozco a muy buena gente de allí. Por eso me duele más verle hacer este papelón, y por eso me duele aún más que aún haciendo papelones como éste se vaya de rositas mientras que otros que se lo ganan sobre una cancha tengan que limitarse a ver la vida pasar. Quiero mucho a Unicaja y me consta que mucha gente ajena a Málaga quiere mucho a Unicaja, pero de ser amado a odiado sólo hay un paso y si esto sigue así algunos no tardarán mucho en darlo. Señor Bertomeu, se lo ruego, cambie de una vez por todas la normativa de su competición, en un sentido u otro: o abierta o cerrada, o blanco o negro pero déjese ya de medias tintas, déjese ya de gris. Se lo pido por el bien de todos. Por el bien (incluso) de Unicaja.

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