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GRIS   3 comments

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Existe el gris. Sí, no me pongan esa cara, de verdad que existe, se lo juro, he podido comprobarlo con mis propios ojos, de hecho lo compruebo con mis propios ojos cada vez que me miro en el espejo, y no sólo por la tonalidad de mi (escaso, por otra parte) cabello. Y no es ya que exista el gris sino que hasta existen varias tonalidades de gris, hay gris claro y gris oscuro, hay gris perla y gris plata y gris antracita y gris marengo (sea lo que sea un marengo), probablemente haya hasta miles de grises diferentes a poco que se juegue con los pantones. Que muchos me dirán que ya lo sabían (y bien que me alegro), pero que ante el empeño que últimamente observo a mi alrededor por demostrarnos que todo es blanco, o negro, me ha parecido oportuno efectuar la aclaración. Créanselo, existe el gris, nos están intentando vender un mundo de verdades absolutas pero aún existen los matices, las tonalidades, existen aunque ya no estén de moda, aunque lo único que se lleve sea la certeza. Frente a tanta certeza yo (gris) sólo tengo dudas pero el problema no es tenerlas (pobre de aquél que no las tenga), el problema es expresarlas, a poco que las expreses te caerán hostias por todos los lados, hostias desde todos aquellos (felices ellos, cómo les envidio) que están en posesión de la verdad. Sea cual sea su verdad.

Pierde tu equipo, tu selección, expresas confianza y te dicen (y el problema no es el qué sino el cómo) que parece mentira, que son unos inútiles, que están acabados, que todo es una mierda, que cómo no lo ves. O (aún más) al contrario, pierde tu equipo, expresas una mínima (pero mínima) duda y ahí ya estás perdido,bandwagon-500x401 parece mentira que dudes de ellos con todo lo que nos han dado estos jugadores, ya vendrás luego a subirte al carro, ya. El carro. El puto carro. Estoy del carro hasta donde nadie sabe, iba a poner otra cosa pero he preferido ser elegante por una vez. Dónde estará mi carro, me preguntaría si no se lo hubiera preguntado ya un legendario tonadillero muchas décadas atrás. Será que me lo robaron anoche cuando dormía.

Donde quiera que esté, mi carro es mío. No necesito subirme a ningún otro. ¿Me van a decir a mí que ya vendré luego a subirme al carro? ¿A mí que llevo década y media confiando en ellos, disfrutando con ellos, soñando con ellos, sacando la cara por ellos (como si lo necesitasen) en éste y otros lugares? ¿A mí que hasta he escrito un libro (en qué hora) sobre aquel inolvidable sueño (de una mañana de verano) de Saitama 2006, a mí que hasta podría escribir otros tantos (no teman, no lo haré, con una dosis he tenido ya más que suficiente) acerca de tantas otras batallas ganadas a lo largo de esta década prodigiosa? ¿A mí que hasta me he quejado en estos días de que no les hayamos dado el reconocimiento que merecen por todos estos años, a mí que hasta miro con envidia (sana, que los quiero casi tanto como a los nuestros) el homenaje de Argentina a su Generación Dorada, por contraposición al que no hemos sido capaces de montar nosotros aquí? No me den lecciones, por favor. No me vengan a decir que ya vendré luego a subirme al carro. Entre otras cosas porque no recuerdo haberme bajado jamás de él.

fr1La España del carro me aburre profundamente, escribió hace unos días en Twitter el gran periodista de Eurosport Fernando Ruiz. Y obviamente no puedo estar más de acuerdo con él. ¿En qué momento la confianza infinita en estos jugadores dejó de ser compatible con el espíritu crítico? ¿Acaso el mero hecho de dudar (¡¡¡dudar!!!) siquiera mínimamente de su juego o sus resultados implica necesariamente que ya no creas en ellos, que ya no estés en su carro? Tanto más cuanto esas dudas (las mías, al menos) no fueron tanto hacia ellos como hacia todo lo que les rodea, todo lo que está por encima. Y obviamente en ése por encima no me refiero al Seleccionador (cuyo gran trabajo tampoco estamos reconociendo suficientemente) sino que miro bastante más arriba, a la Federación (no sé si a la entrante o a la saliente porque a estas alturas ya ni siquiera sé si hay una entrante y una saliente), a esa despreparación o preparación inversa de la que me he quejado ya chiquicientasmil veces, la última hace apenas unos días.fr2 Es nuestra imagen de marca, la verdadera idiosincrasia de esta selección: llegamos en pésimo estado, palmamos los dos primeros, nos jugamos la vida ante Nigeria (como en otro tiempo ante Gran Bretaña o Alemania), salvamos una vez más los muebles y aquí paz y después gloria, a partir de ahí a volar… o no, porque esta vez en el pecado llevábamos la penitencia, porque la tontería nos supuso encontrarnos a USA en semis… o tampoco, porque quién sabe qué habría podido pasar si hubiese sido al revés: lo mismo llegamos bien preparados, hacemos una primera fase impecable, quedamos primeros de grupo y luego en el cruce el cuarto del otro (o sea Serbia) va y nos manda para casa, tampoco sería la primera vez. Y ya me imagino lo que habríamos dicho entonces (conozco a mis clásicos, casi como si los hubiera parido), la culpa es nuestra por llegar demasiado bien, por haber alcanzado nuestro óptimo estado de forma demasiado pronto, si hubiésemos ido de menos a más como otras veces otro gallo cantaría. Ya se lo dije, sólo tengo dudas. Dudo hasta de cosas de las que jamás pensé dudar.

Pero esa supuesta bajada de carro de los días anteriores te acompañará ya como una losa sobre tus hombros para todo lo que quede de torneo, porque al día siguiente de rozar el nigeriazo meterás de cincuenta a Lituania y de inmediato acudirán presurosos a reprochártelo, anda que bien que os subís todos ahora, como si el mero hecho de haber expresado un mínimo escepticismo inicial te deslegitimara para disfrutar todo lo que venga después. Y por si no tuvieras bastante con los del blanco acudirán también presurosos los del negro, éstos a ver biscottos por todas partes (que aquello más que unos Juegos Olímpicos parecía una panadería) no vaya a ser que entre ellos y su catastrofismo se interponga la cruda realidad: si apalizamos a los lituanos es porque les venía bien perder (¿?), si luego ganamos con cierta holgura a los argentinos es porque les daba igual ganar (la broma les costó cruzarse con USA, recuerden), de la sobrada victoria ante Francia en cuartos ya no dijeron nada porque era eliminatoria directa, si no ya habríamos visto. Me encanta, de verdad se lo digo. Vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio o si prefieren que lo diga en un lenguaje más comprensible, vemos el cholismo en el ojo ajeno y no el mourinhismo en el propio, somos así, no sé si el embudo fue un invento español pero merecería serlo. Qué quieren que les diga, a mí al menos me ha dejado mucho más orgulloso este bronce de Rio que aquella plata de Londres. Y no me obliguen a recordar por qué.

rubio-navarro-rudyAhora bien, puedo entender que me vengan con lo del carro mis contertulios, mis convecinos o mis congéneres pero me jode sobremanera (aún más si cabe) que me vengan con lo del carro mis jugadores, justo aquellos en los que confío y a los que admiro profundamente desde tiempo inmemorial. Dedico esta victoria a los que creían en nosotros y a los que no, que hay muchos, y que seguro que ahora vendrán todos a subirse al carro, lindezas así de Navarro o de Rudy que te hacen pensar dónde tienen el oremus estas criaturas. Un personaje público debería entender que está expuesto a la crítica (siempre y cuando ésta sea respetuosa) por el mero hecho de serlo, un deportista profesional debería entender que si juega mal y pierde y se sitúa al borde de la eliminación la peña no va a estar contenta ni aún por mucha fe que le tenga, que rentabilidades pasadas no presuponen rentabilidades futuras ni aún por mucha confianza que te genere todo lo anterior. Si ése es el combustible del que se alimentan para reaccionar y sacar los torneos adelante pues bienvenido sea, pero vamos, que yo preferiría que encontraran ese combustible mucho más cerca. Por ejemplo en las verdaderas raíces de su pésima preparación.

Debería estar yo como unas castañuelas tras ese bronce y tras la plata femenina, dos presencias en el podio (como USA y como Serbia, por cierto), cien por cien de éxito, a ver qué otro deporte puede presentar un balance así. Y no les negaré que ello me hace sumamente feliz pero no les negaré tampoco que ando un tanto contrito en estos días. Y no tanto por el hecho evidente de que se hayan acabado los Juegos Olímpicos (lo cual cada año me afecta más, quizás porque cada vez me quedan menos;begotxu son ya muchos menos los Juegos que me restan por vivir que los que ya he vivido, por una mera cuestión de edad) como por todo lo que he aprendido sobre relaciones humanas (quién me lo iba a decir, a mis años) en estos Juegos Olímpicos, y que me debería hacer replantearme muchas cosas a partir de este mismo instante. Replantearme por ejemplo mi relación con Twitter.

Digamos que llegué a Twitter en marzo de 2012, que me enamoré de Twitter en Londres 2012… y que casi he acabado odiándolo en Rio 2016. Como si aquel parque natural en el que todas las especies convivíamos pacíficamente hubiera degenerado en un coto de caza en el que está levantada la veda. El Twitter que yo conocí era un lugar maravilloso donde podías informarte, aprender, opinar, compartir y (cómo no) discrepar en perfecta armonía, siempre podía haber alguna excepción que confirmara la regla pero era exactamente eso, excepción. El Twitter que hoy conozco es un lugar enrarecido en el que no siempre sabes por dónde te pueden venir los golpes, en el que algunas (presuntas) discrepancias ya no son tanto opiniones como hachazos a la yugular. Un lugar en el que (como leía a alguien el otro día) das los buenos días y corres el riesgo de que alguien te conteste ¡¡¡¡¡serán para ti, imbécil!!!!!, un lugar en el que hay gente que te sigue no porque le interese lo que dices sino para descojonarse sistemáticamente de lo que dices, un lugar en el que cualquier comentario nimio puede ser respondido con un zarpazo que apenas tenga nada que ver, total para que de inmediato aparezca a festejarlo un tercero al grito de ¡¡¡¡¡juajuajua, vaya zasca, jojojojojo!!!!!, que ganas te entran de decirles os vais a reír de vuestra P.M. (al menos en público) pero que como eres educado te limitas a bloquearlos no sin antes desearles que les vaya bien. Como diría una persona que me es muy próxima, estoy ya muy mayor para estas gilipolleces.habiauntuiter Creo que he demostrado sobradamente a lo largo de estos años que a mí desde el respeto se me puede decir todo, pero cuando a eso se me contesta que ¡lo digo como me sale de los cojones y si te molesta te jodes, faltaría más! (cita textual) pues qué quieren que les diga, ésa precisamente es una línea roja que no estoy dispuesto a sobrepasar. Ni a que me la sobrepasen, tampoco.

Y sé que obviamente estoy siendo muy injusto con muchísimos seres humanos/virtuales a los que sigo y que me siguen, a los que aprecio y que hasta puede que me aprecien, y que son la única razón por la que no he dejado (aún) Twitter en estos días. Sí, de ese carro (y no del de la Selección) sí que estuve tentado de bajarme, si no lo hice fue por eso… y porque tampoco estoy seguro (otra duda) de que no sea (en parte) culpa mía, también. Según voy cumpliendo años debería encallecerme, debería endurecérseme el caparazón pero me sucede justo al contrario, se me está reblandeciendo la concha, ciertas cosas me afectan más que antes cuando debería ser al revés. Será que ya no me reconozco en esta sociedad que parece hecha a imagen y semejanza de los programas ultramontanos televisivos, un lugar de certezas absolutas en el que ya no se opina sino que se pontifica, en el que lo de menos son las formas porque se ve que el que está en posesión de la verdad no tiene por qué guardarlas, que se jodan los equivocados que son todos los demás. Un lugar de blancos o negros en el que hemos dejado de tener cabida aquellos que reivindicamos (ingenuamente) el gris. Así nos va.

(con mi agradecimiento a Fernando RuizAna Ruiz Echauri y Begotxu, por haber tomado prestados sus tuits)

NO OS MEREZCO (edición 2016)   1 comment

Lo he dicho muchas veces, lo diré una más aún a riesgo de resultar cansino: no las merezco. NO OS MEREZCO. Laia, Silvia, Leti, Leo, Alba, Anna, Xargy, Niky, Laura Q, Laura G, Lucy, Astou, no os merezco, no diré que no os merecemos no vaya a ser que por generalizar alguien me diga que él sí. Yo no. Yo me paso años sin ver baloncesto femenino, nada, cero, ni de aquí ni de Europa ni de USA, temporadas enteras sin haceros el menor caso, tragándome hasta la náusea todos los demás baloncestos habidos y por haber sin encontrar ni un solo segundo para mirar un Perfumerías-Conquero o un Lynx-Fever pongamos por caso.villaolímpica Y podría alegar dificultades de acceso, podría pretextar que no lo tengo a mano pero sería mentira, si me busco la vida para ver recónditos partidos universitarios en la América profunda igualmente me la podría buscar para ver a estas tías allá donde estuvieran. No lo hago y lo que es peor, luego llega el verano (cualquier verano, tanto más éste) y me pongo a vibrar y a soñar con vuestras medallas como si realmente me las mereciera. Y tanto dará que ahora haga examen de conciencia y propósito de enmienda porque sé que me volverá a pasar lo mismo, sé que estas buenas palabras de agosto se las volverá a llevar el viento en noviembre, que a pesar de lo cual cuando vuelva a llegar agosto (o septiembre) empezaré de nuevo con la misma canción. No tengo remedio.

[Acotación al margen: si a alguien ofendiera la utilización del término tías ruego tenga la amabilidad de perdonármelo; lo uso con la misma familiaridad con la que uso a menudo el término tíos, pero vivimos tiempos de susceptibilidad a flor de piel: Lalo Alzueta se ha pasado años diciendo ¡¿pero a este tío quién lo para?! sin que ello le supusiera a nadie el menor trauma, pero bastó que en un partido femenino dijera ¡¿pero quién para a esta tía?! para que algunos/as se le tiraran a la yugular por irrespetuoso. Yo no lo veo así, para mí no es un término peyorativo en ninguno de los dos géneros, y en caso de que lo fuera lo sería por igual en ambos géneros. Creo que el verdadero respeto es otra cosa que desde luego que va mucho más allá de la mera utilización de un guiño coloquial en el lenguaje (y si de lenguaje hablamos bastante peor es estar llamándoles niñas cada dos por tres, como si el deporte femenino aún no hubiera alcanzado la mayoría de edad). Pero repito una vez más, para que no queden dudas: mis disculpas si aún así a alguien le hubiera podido molestar]

Me acuso además (por una vez y sin que sirva de precedente) de falta de fe. Os tuve como aspirantes a medalla (y cómo no habría de teneros) hasta el día aquel en que se nos dijo que se nos había averiado Sancho Lyttle, reconozco que en ese mismo momento me bajé del carro (expresión que odio profundamente, otro día hablaré de ello), que pensé que la plata o el bronce eran ya una quimera y que todo lo que consiguierais vendría ya por añadidura, si erais séptimas como si novenas, bien estaría en cualquier caso. Qué error, hacia todas en general pero hacia Astou en particular: no es ya que no echáramos de menos a Sancho, es que consiguió que casi ni recordáramos que existía, y eso es sólo el principio.tirodeCruz Qué inmenso error, como aquel otro que tuve cuando recuperé la fe en vosotras tras una impecable primera fase, cuando me volví a subir al carro (y dale) y desde ahí arriba os vi 8 abajo ante Turquía a poco más de tres minutos para el final. Ya está, se acabó, fue bello mientras duró, pensé como si no os conociera, como si no supiese ya de sobra de qué pasta estáis hechas, con quién nos la estábamos jugando. Ocho puntos, tres minutos, para otros puede ser un mundo, para vosotras sólo fue cuestión de tiempo. El que tardamos en comprender que (aún perdiendo) estáis siempre al otro lado de esa frágil línea roja, la que separa a los buenos equipos de los verdaderamente grandes. GRANDES.

No os merezco, pero no es ya que yo no os merezca. Es que no os merece el deporte español, ese mismo deporte que no ve más allá del Bugati de Cristiano o el tinte de Messi, que durante quince días se llena la boca contando medallas como si sólo eso importara pero que hoy ya ni recordará quiénes son Craviotto, Cooper Walz o Coloma, que aún menos se acordará durante estos próximos cuatro años (como tampoco se acordó durante los cuatro anteriores) de reinas absolutas como Beitia, Belmonte, Chourraut o Marín. Reinas, sí, cada una en lo suyo como reinas sois también vosotras en lo vuestro. El oro de los mortales, no sé en qué portada lo leí el otro día pero es una verdad como un templo, oro bañado en plata como aquel masculino de Pekín 2008 pero en vuestro caso mucho más todavía. Las yanquis juegan en otra liga (ya, claro, en la WNBA, pero entiéndanmelo también en sentido figurado), si en masculino puedes ganarles una vez de cada cien en femenino ¿puedes? hacerlo una vez de cada mil, y no sé si aún estoy tirando muy por lo alto. Porque las diferencias (sobre todo) físicas son abismales (mucho más que en el masculino), pero también porque para más inri vienen todas, en los tíos siempre hay algún LeBron o algún Curry que se te cae del cartel pero en las tías no sólo son todas las que están sino que además están todas las que son.comunachica La selección femenina de USA no pierde en Juegos Olímpicos desde Barcelona 92, y (como diría el bolero) pasarán más de mil años, muchos más antes de que volvamos a asistir a algo similar. Créanmelo, nunca hubo plata más dorada que ésta o para ser más preciso, nunca hubo oro más plateado que éste. Oro puro, al fin y al cabo.

Pero tanto dará, que hoy aún estáis en Rio celebrando vuestro oro (plateado) pero mañana os tendréis que ir a jugar a Ekaterimburgo (que levanten la mano quienes sepan dónde está Ekaterimburgo), eso si no os tenéis que conformar con quedaros en Salamanca (plaza privilegiada, en cualquier caso) o con bajaros a Huelva (por ejemplo) aún a riesgo de que desaparezca la entidad antes incluso de que empecéis a vestiros de corto. No es una figura literaria, qué más quisiéramos, al fin y al cabo hubo un equipo que se proclamó campeón de Europa un domingo y desapareció un lunes, aún no habían empezado a celebrarlo y ya se habían quedado sin club. Esa es nuestra realidad, para ponernos en la foto somos muy diligentes (y dirigentes) pero lo de sentar las bases de una liga medianamente competitiva ya nos cuesta más, anda y que se busquen todas la vida por esos mundos de dios. Ahora bien, no escurriré el bulto: si durante el resto del año paso de vosotras, si cuando os ponen por la tele no os veo, si cuando jugáis aquí al lado ni me planteo asistir difícilmente me puedo sentir legitimado para criticar nada, para dar lecciones a nadie. No soy digno de alegrarme siquiera con vuestros triunfos, y sin embargo el día de Turquía y el de Serbia los festejé (y lloré) como muy pocas veces he festejado (y llorado) triunfo alguno a lo largo de mi vida. Lo diré otra vez aún a riesgo de resultar cansino, NO OS MEREZCO, qué más quisiera yo que mereceros. Razón de más para estaros (aún más) infinitamente agradecido.

RUTA ÑOÑA   1 comment

Un año más, me había prometido a mí mismo no volver a ponerles la cabeza mala con esa cosa que algunos llamamos fase de preparación y otros llaman Ruta Ñ. Un año más voy a incumplir mi promesa aún a sabiendas de que dirán joder, ya está aquí otra vez el plasta éste con la misma canción de todos los veranos. Es más, a sabiendas de que si luego triunfamos (como en 2009, como en 2011, no digamos ya 2015) me lo reprocharán aún más si cabe, ya ves, tanto quejarte y mira luego lo bien que nos ha ido.rutaÑ avion Tienen razón, unos y otros tienen razón, sé bien que ahora mismo debería envainármela y dejar en paz las teclas, sé que me arrepentiré de haberlo escrito como sé también que me arrepentiría si no lo escribiera. Créanme que lo siento en el alma, pero es superior a mis fuerzas.

De entrada, las cartas sobre la mesa: no he visto prácticamente nada de toda esta (presunta) fase de preparación. Mi muy particular Ruta Ñ se limitó casi a lo que no es Ruta Ñ, ya que el único partido que pude ver íntegro fue el que jugamos en Kaunas. Añádanle un cuarto (segundo, por más señas) contra Venezuela y ya tendrán todo lo que he podido ver a nuestra selección en estos días. Y no, no me voy a colgar por ello una medalla ni diré que lo he hecho a modo de protesta ante el nulo interés que suscita etc etc, en realidad es todo muchísimo más simple: estaba de vacaciones, y (por paradójico que resulte) la dura rutina vacacional (playa, piscina, comida, sopor, más playa, tal vez excursión, paseo, cañas, pinchos, cena, más sopor) me resulta mucho más incompatible con la contemplación baloncestera que la laboral (de casa al trabajo, del trabajo a casa). Dicho lo cual, no les negaré que en otras ocasiones aún estando de vacaciones me he buscado la vida para verla, pero en ésta no. Igual que me la busqué para ver (y disfrutar) a la Sub20 me la podría haber buscado para ver a sus mayores, pero reconozco que en este caso me faltó la motivación. Durante los Juegos no tendré ningún reparo en trasnochar (incluso por encima de mis posibilidades) para ver lo que haga falta, durante la preparación no me pidan que altere en absoluto mi rutina. Ya no.

Ahora bien, espero que el hecho de no haberlo visto no me deslegitime para quejarme de ello, que por información no habrá de quedar. Seis partidos, seis (que ya de entrada son menos que otras veces): contra Angola (¿hubo alguna vez una fase de preparación en la que no jugáramos contra Angola?), contra Lituania, otra vez contra Lituania, contra Venezuela, otra vez contra Venezuela…rutaÑ cmf y con (que es que si pongo contra me da la risa) Costa de Marfil. Perdimos dos veces, en y con Lituania, y sobrevivimos a todo lo demás. Es decir, en esta Ruta Ñ (que por fin hace honor a su nombre ya que acaso sea la más ÑOÑA que se recuerda) hemos ganado nada más y nada menos que a Angola (que no estará en los Juegos), Venezuela (por la que tengo muchísimo respeto tras su fenomenal Torneo de las Américas de hace un verano, pero que con una sola vez habría sido más que suficiente) y Costa de Marfil, y con ese imponente bagaje nos vamos a plantar en Rio para enfrentarnos (diez días después del último amistoso, que ésa es otra) a Croacia, y luego a la anfitriona Brasil, a Nigeria, a Lituania (again), a Argentina y a lo que venga, si es que algo ha de venir. Así de entrada a una Croacia que estará aún como una moto tras ganar su Preolímpico llevándose por delante a Italia (en Turín) y Grecia. Palabras mayores. Como para encararlas en paños menores.

Una vez más la FEB ha demostrado con creces aquello de que cualquier cosa aún por muy mal que esté siempre es susceptible de empeorar, ya sea por acción o por omisión. Sí, por omisión, porque la sensación que nos queda desde fuera no es tanto de que se hayan hecho mal las cosas como de que no se han hecho, punto. Primer ejemplo: apenas tres o cuatro días antes de ese último amistoso de Zaragoza aún no se sabía quién habría de ser el rival, supongo que si finalmente engañaron a los costamarfileños debió ser porque Andorra o Liechtenstein ya estarían pillados. Segundo ejemplo: hace días trascendió (creo que fue el propio Pau quien lo dejó caer) que estaban buscando deprisa y corriendo un rival para estos días que aún faltan hasta el inicio de los Juegos, supongo que porque finalmente repararon en que estar semana y media sin jugar ni un solo partido (o casi dos semanas, si no consideráramos como tal el de Costa de Marfil) es una barbaridad a estas alturas. Por ahora no parece que lo hayan encontrado…rutaÑ entradas Y tercer ejemplo: hasta hace apenas unas horas, si pinchabas en la web de la FEB, lo primero que se te aparecía era un monísimo anuncio en el que se leía España, Ruta Ñ 2016 presentada por Endesa, tienes que estar, entradas ya a la venta. ¡¡¡Entradas ya a la venta!!!, meritorio concepto teniendo en cuenta que hacía ya más de 24 horas que había finalizado el último partido de la gira. Acaso hayan inventado una novedosa aplicación que permita viajar hacia atrás en el tiempo, ganas me entraron de pinchar para intentar sacarlas para (por ejemplo) el España-Angola del 12 de julio, ir al partido me daría igual pero si me permitiera iniciar otra vez las vacaciones lo daría todo por bien empleado. O dicho de otra manera, que esa misma FEB que en otro tiempo transmitía sensación de rapiña transmite ahora una incomprensible sensación de abandono. Y no sé qué es peor.

Lo peor es el (aparente) vacío de poder de todos estos meses, con un presidente saliente yéndose discretamente por la puerta de atrás (no fuera a ser que nos acordáramos de las razones que le empujaban a marcharse) sin dejar por ello de tutelar todo el proceso sucesorio como si eso fuera lo único importante. Y con un presidente entrante que lleva apenas dos días como aquel que dice y al que obviamente no se le pueden pedir peras al olmo. El problema es lo que se hizo (o mejor dicho, lo que no se hizo) antes, como si no hubiera nadie al mando, como si hubiéramos cambiado la planificación meramente recaudatoria de otro tiempo por la nula planificación de este 2016. Retales, chapuza y pastiche, remiendos, tapujos y parches, total apariencia de improvisación en medio de una permanente jornada de puertas abiertas (no tanto hacia dentro como hacia fuera), salgo ahora a San Antonio que he quedao, que llaman de Nueva York que a ver si me puedo pasar un segundo, voy un momento a Philadelphia a firmar unos papeles y ahora mismo vuelvo.rutaÑ pauricky Y hoy éste no juega porque tiene aún papeles por arreglar, y ahora aquél tampoco no vaya a ser que se le desarreglen, y Pau que reconoce que no está ni de lejos al cien por cien (¿y cómo habría de estarlo tras tres meses sin jugar, si casi ni ha empezado a calentar siquiera?), la cuestión no es ya que no lo esté Pau (siendo eso lo más grave) como que no lo debe estar ninguno, algo particularmente terrible en una selección cogida con alfileres y en la que los veteranos achacosos no son pocos precisamente. El coño de la Bernarda, si alguna lectora con ese nombre tuviera a bien pasarse por aquí ruego tenga la amabilidad de disculparme la expresión.

Y veteranos por veteranos, resulta especialmente estremecedora en estos días la comparación con Argentina. En todos los sentidos, además. Estos Juegos habrán de significar la despedida de las dos generaciones que han marcado el baloncesto mundial (USA aparte) durante la primera década y media del presente siglo, pero mientras Argentina no cesa de rendir pleitesía por activa y por pasiva a lo que aún queda de su Generación Dorada (Ginóbili, Scola, Nocioni) nosotros parecemos casi avergonzarnos de lo que aún queda de la nuestra (Pau, Navarro, Calderón, Felipe) como si la despedida por la puerta de atrás fuera la imagen de marca de esta FEB, si así lo tuvo que hacer su presidente que lo hagan también así sus jugadores más emblemáticos no vaya a ser que alguien piense que fueron más importantes que el Sumo Hacedor, hasta ahí podíamos llegar. Y en lo que respecta a la preparación en sí tampoco hay color, echen un vistazo a lo que aún está jugando Argentina en estos días (en casa, sí… pero es que esta vez tendrán los Juegos en la casa de al lado), compárenlo con lo que hemos jugado (ya hace días) nosotros y díganme si no se les cae el alma a los pies a la vista de dicha comparación (que es sólo un ejeriogruposmplo, que cualquier otra comparación con cualquier otra selección no sería menos odiosa: Francia, Serbia, Croacia o Lituania también andan jugando estos días por el Cono Sur mientras nosotros nos dedicamos a la vida contemplativa). Qué envidia. Sana, sí, pero envidia al fin y al cabo.

Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Que en similares circunstancias se nos haya aparecido alguna vez la virgen (hace un año en forma de tiro libre fallado por Schröder, sin ir más lejos) no significa que se nos vaya a aparecer siempre. Nos hemos especializado en jugar con fuego, en tirar la gira a la basura para que la primera fase de competición sea nuestra verdadera fase de preparación, que hasta ahora hayamos sobrevivido (y hasta hayamos salido reforzados del trance, en aplicación de aquella vieja máxima de que lo que no te mata te hace más fuerte) no significa que siempre vaya a ser así. Permítanme recordarles que el grupo es tremendo (y cómo no habría de serlo, tratándose de unos Juegos), que si la cagamos el primer día ante Croacia y luego ante la anfitriona Brasil (escenario perfectamente plausible) nos veremos abocados a jugárnosla ante Lituania y Argentina (y pocas cosas más terribles que un duelo a vida o muerte con Argentina), palabras mayores. Y que de seis pasan cuatro, sí, pero que pasar como cuarto es poco menos que un pasaporte a la eliminación porque lo normal es que te esté esperando USA al otro lado. Circunstancias durísimas, que requerían una preparación acorde a dichas circunstancias y no este destensado paripé de brazos caídos y rivales inexistentes. Nos hemos especializado en jugar con fuego, pero de tanto hacerlo llegará tarde o temprano el día en que nos acabemos quemando. Y no sé yo si esta vez no se nos ha ido un poco la mano con la llama.

1984   4 comments

1984 fue el año en que leímos 1984, de hecho fue el año en que (re)descubrimos que existía esa novela escrita 36 años antes (1948, nótese el juego de cifras) y en la que Orwell pintaba un desolador y aterrador futuro plagado de pantallas que vigilaban hasta el más mínimo movimiento de sus ciudadanos. Claro está, nos hacía mucha gracia todo aquello,bigbrother piénsese que en 1984 apenas teníamos un canal y medio de televisión, que aún no había Internet ni móviles ni portátiles ni tablets ni pecés ni deuvedés ni pendrives ni casi cedés ni disquetes siquiera (no desde luego el de tres un medio, quizá ya hubiera nacido el de cinco un cuarto), que el más pequeño de los ordenadores ocupaba una mesa entera, que lo más parecido a un programa informático era aquella interminable ristra de tarjetas rosas perforadas y necesariamente clasificadas en el orden correcto que solía manejar el enterao de turno, que como un día se le cayeran al suelo y se le desordenaran era hombre muerto… Sí, nos hacía mucha gracia aquel pronóstico presuntamente errado por Orwell en 1984, hoy treinta años después ya no nos hace tanta gracia cuando miramos a nuestro alrededor, ello aunque aquel terrible concepto del Gran Hermano haya quedado completamente prostituido con el paso del tiempo y hoy ya sólo lo identifiquemos con un no menos terrible programa de televisión, ése del que el 99 por ciento de sus telespectadores (me quedo corto) ni siquiera sabrán de dónde le viene el nombre…

1984 fue principio y fin de muchas cosas, demasiadas. Mírenme a mí por ejemplo (lo prometo, serán sólo estas líneas), miren a ese típico licenciado en paro (sí, ya entonces existía esa especie, y en abundancia) echando currículums por doquier mientras poco a poco iba asumiendo que jamás encontraría trabajo de lo mío, que llegado este momento habría de conformarme con trabajar de lo que fuera. En ese mismo lo que fuera continúo aún hoy más o menos, casi treinta años después…

1984 fue principio y fin, también en baloncesto. A nivel de clubes acabábamos de parir la ACB (aunque casi ni nos hubiéramos enterado), acabábamos de ver al CAI dar un golpe de estadio y birlarle la Copa al Barça. acabábamos de importar los playoffs, ese invento del demonio, por dios, a quién se le ocurre, dos equipos enfrentándose entre sí ¡¡¡hasta tres veces seguidas!!!, qué barbaridad, eso nunca puede acabar bien. Los agoreros se echaban las manos a la cabeza y los acontecimientos a punto estuvieron de darles la razón durante aquella Final liguera que disputaron (casualmente) Madrid y Barça: Mike Davis, Fernando Martín y Juanma López Iturriaga enzarzándose a puñetazo limpio durante el segundo partido, el Barça negándose a disputar el tercero tras las peculiares decisiones del Comité de Competición (o lo que fuera aquello), el Madrid ganando finalmente la Liga por incomparecencia del rival… ¿Se dan cuenta, ven lo que les decíamos, que una cosa así jamás podía acabar bien? Como si este sistema no estuviera ya más que probado en otros lares, como si esta clase de enfrentamientos no fueran el pan y la sal de cualquier rivalidad deportiva, como si estas mismas cosas no fueran a suceder también (corregidas y aumentadas) en la Final que habrían de disputar (casualmente) Celtics y Lakers pocas semanas después. Claro que en aquel entonces casi ni sabíamos aún de la existencia de dicha Final, casi empezábamos siquiera a conocer qué demonios sería aquello de la NBA… Qué tiempos.

1984 fue también principio y fin (primero creímos que principio, luego supimos que fin) para nuestra selección de baloncesto. Habíamos recogido el desencanto futbolero en 1982, habíamos tocado (sólo tocado) el cielo en 1983, soñábamos legítimamente con los Juegos Olímpicos de 1984. Pero ojo, soñábamos con moderación, no vayan a pensar, nada que ver con esto de ahora de llegar una gran competición y vendernos ya el oro con meses de antelación para que luego más dura sea la caída, para que luego cualquier otra cosa (incluso la plata, no digamos ya el bronce) nos acabe pareciendo poco. Entonces no, entonces la palabra medalla estaba casi proscrita en nuestro vocabulario, a nadie en su sano juicio se le habría ocurrido montar una porra como se hace hoy en día para adivinar cuántas íbamos a ganar en aquellos Juegos, era absurdo porque rara vez pasábamos de dos, por lo general en algún deporte de masas como la vela. Y en baloncesto ya no digamos, podíamos atrevernos a soñar con hacer un buen papel (fuera eso lo que fuera) pero a casi nadie se le ocurría soñar con llegar aún más allá.

Claro que para soñar con llegar aún más allá primero teníamos que soñar con llegar allá. A Los Ángeles, concretamente. Así como suena, éramos cuartos del mundo y segundos de Europa pero el billete para los Juegos aún nos lo tendríamos que ganar como tantos otros, sólo USA por aquello de ser sede y Yugoslavia e Italia por haber sido las anteriores finalistas quedaban eximidas de semejante empeño.preolimpico Así que entre el 15 y el 25 de mayo de 1984 se juntaron en territorio francés 16 selecciones (sí, dieciséis) para dirimir las 3 (sí, tres) plazas europeas en disputa. Once días, nueve partidos, todo lo más florido y granado del Continente (excepto las dos excepciones antes citadas), la de dios.

Por alguna misteriosa razón tengo mucho más borrosos los recuerdos de aquel Preolímpico que los de los Juegos que vinieron después. Sí tengo fresco en mi memoria algo que siempre han declarado los integrantes de aquel equipo: que en contra de lo que pudiera parecer, fue aquel el momento culminante en cuanto a juego de aquella generación. Sí, mejor que en el Eurobasket de un año antes, mejor incluso que en Los Ángeles dos meses después, mejor que cualquier otro que podamos recordar. ¿Seguro? Si de muestra vale un botón, no estará de más recordar que el quinteto ideal de aquel Torneo, elegido por todos los periodistas europeos que se dieron cita en el mismo, fue el integrado por Corbalán, Gallis, Epi, Martín y Sabonis. Es decir, tres de cinco, mayoría absoluta. Así como pareció haber consenso general (o eso nos contaban, al menos) en que aquella selección española quizá no fuera necesariamente la mejor del Preolímpico (como veremos un par de párrafos más abajo) pero sí fue la que mejor baloncesto practicó a lo largo del Torneo. Dicho y hecho.

Aún así yo he buceado por las profundidades de Internet para intentar comprobarlo, no es que haya mucho material al respecto pero al menos sí he podido rescatar alguna cosa, algún retazo del España-Grecia de la primera fase (grabación de vídeoaficionado en condiciones lamentables, ya que no se televisó en su día) y luego sí, ya íntegros los partidos ante Israel y la URSS de la ronda final, narrados ambos desde París-Bercy por Héctor Quiroga junto con las portentosas aportaciones técnicas (si estaban en hombre o zona, punto) de aquel extraño sujeto llamado Nacho Rodríguez Márquez. Y créanme que así fue, créanme que aquel partido ante la Israel de los incombustibles Berkowitz y Aroesti y el incipiente Jamchi (partido que acabó de darnos el pasaporte a Los Ángeles, por cierto) fue una verdadera maravilla, 61-44 al descanso, 120-97 al final, puntos a chorros ante un equipo cuyas alternancias defensivas siempre nos complicaron sobremanera la vida, obviamente ni las defensas ni los físicos de entonces se parecían en nada a lo de ahora pero ese chorro de puntos lo veíamos de pascuas a ramos, entonces y ahora, tanto menos en un partido de la trascendencia de éste, tanto más si nos paramos a pensar que aún no se habían inventado los triples. Gozada absoluta, con Corbalán impartiendo magisterio y repartiendo asistencias como churros y Martín, Itu, Epi o el Matraco convirtiendo en oro casi todo lo que tocaban. Pura delicia.

El de la URSS fue otra delicia, pero ésta más por la parte soviética. Les pondré en situación: último partido del Preolímpico, ambas dos selecciones invictas y lógicamente ya clasificadas jugándose sólo el honor de ver cuál quedaba primera y cuál segunda. Les seguiré poniendo en situación: Eremin, Valters, Tarakanov, Kurtinaitis, Sabonis, Tkatchenko, Khomicius, Iovaisha, Lopatov, Belosteny, pónganse todos de pie si aún no lo han hecho. Aquel equipo de todas las rusias (y las lituanias, y las letonias) no había sido construido para clasificarse para los Juegos sino para ganarlos, ya empezaban a despertarles del sueño antes siquiera de empezar a soñarlo pero de momento aquella tarde nos clavaron 119-92, paliza sumamente engañosa porque les aguantamos tres cuartos (entiéndase cuartos en sentido figurado, ya que sólo había mitades) casi de igual a igual,arvydas_sabonis2 paliza que les sirvió para llevarse ese honorífico primer puesto del Preolímpico y marcharse tan contentos y felices a sus casas para ya nunca más volver. Porque a esas alturas era ya un hecho que todo aquello no les servía para nada, a esas alturas era ya de dominio público que la URSS devolvería a USA su boicot a Moscú 80 no acudiendo tampoco a Los Ángeles 84. Lo que pudo haber sido y no fue.

Claro que en realidad nunca sabremos lo que pudo haber sido (y no fue). En aquellos días, y en todos estos años cada vez que a alguien le dio por recordar aquel evento, era habitual debatir sobre lo que podría haber pasado si los rusos (tanto daba que hubiera lituanos y letones, para nosotros seguían siendo rusos) hubieran acudido a la cita olímpica. Pregunta retórica que por lo general acarreaba una respuesta no menos retórica, anda que si llegan a ir los rusos íbamos a haber ganado la plata, ya te digo yo que no, ni de coña, ellos se habrían jugado el oro con los yanquis y a nosotros nos habrían dejado las migajas, si acaso aspirar al bronce, eso como mucho… Puro brindis al sol. Cierto es que aquella perfecta maquinaria soviética había sido construida para ganarlo todo, cierto es que habría sido tal vez más favorita que la propia USA (factor cancha al margen), cierto es que nos apalizó en ese último partido del Preolímpico, todo eso es cierto, casi tan cierto como que dicho partido se jugó sin tensión competitiva alguna, casi tan cierto como que el año anterior habíamos ganado a la propia URSS en el Eurobasket de Nantes y al año siguiente volvimos a ganarla en el (infausto) Eurobasket de Stuttgart, y en ambos casos con un equipo relativamente parecido a éste. Vale, reconozcámoslo, aquella URSS 1984 en condiciones normales nos habría ganado ocho o nueve veces de cada diez, que es tanto como decir que probablemente sí pero que luego vaya usted a saber. O dicho de otra manera: ¿y qué? Preguntarnos si hubiéramos ganado la plata si llegan a ir los soviéticos es como preguntarnos si los Rockets habrían ganado los anillos de 1994 y 1995 si Jordan no se hubiera marchado a jugar al béisbol, o como preguntarnos si habríamos ganado el Mundial 2006 si la final hubiera sido contra USA, si los griegos no hubieran dado buena cuenta de los yanquis en semis (son sólo los dos primeros ejemplos que se me han venido a la cabeza, obviamente habría muchos más). Puras pajas mentales muy propias de nuestra innata condición de perdedores, esa que nos dejaba descolocados si alguna rara vez ganábamos algo y nos obligaba de inmediato a buscarle una explicación para justificar nuestra no-derrota. Las cosas fueron como fueron, cuánto mejor sería que nos limitáramos a disfrutarlas sin más.

Dejémonos de conjeturas y volvamos a la realidad, pongámonos ya de camino a Los Ángeles (qué más quisiéramos) pero antes hagamos una parada técnica para explicar algún detalle de aquel proceso, por ejemplo el proceso mismo. La Liga acabó bruscamente el 13 de abril, apenas dos días más tarde se concentraron ya nuestras criaturas para preparar el Preolímpico, acabado éste pudieron escaparse ocho o diez días a sus casas para luego volver a concentrarse de inmediato para preparar ya los Juegos, dado que la Final fue el 10 de agosto estaríamos hablando de casi cuatro meses de concentración, concentración que tampoco es que se pareciera demasiado a lo que hoy se estila sino que era concentración en el más estricto sentido de la palabra, sometidos además a la rígida disciplina monacal de ese personaje imprescindible en nuestro baloncesto (y casi en nuestras vidas por aquel entonces) llamado Antonio Díaz-Miguel. Cuento este dato para dejar constancia de una extraña paradoja, mientras nosotros por estos pagos idealizábamos a aquella selección, a miles de kilómetros de distancia sus integrantes estaban ya un poco hasta las pelotas. No es algo que diga yo que no soy quién para decirlo, es algo que más de una vez han comentado por lo bajinis algunos de los integrantes de aquel equipo, mención especial para Iturriaga en este aspecto. Y está bien saberlo, y es perfectamente humano reconocerlo.

A aquella selección le faltó desde el principio un Chicho Sibilio que prefirió irse a pasar el verano a su país de origen (o que no soportaba ya ni un segundo más a Díaz-Miguel, según versiones), a aquella selección entre el Preolímpico y los Juegos se le cayó un imberbe Jordi Villacampa y le creció un José Manuel Beirán vaya usted a saber por qué. Los otros once seguirían siendo los mismos, citémoslos ahora no vaya a ser que alguno se me pierda por el camino, Corbalán, Solozábal, You Llorente, Epi, Itu, el Matraco (Margall), Fernando Arcega, Fernando Martín (renqueante y achacoso iba a andar el hombre todo aquel verano, y bien que lo íbamos a notar), Andrés Jiménez, De La Cruz y Romay. Para allá que se fueron, previa estancia en territorio Dean Smith (es decir Chappel Hill, sede los afamados Tar Heels de North Carolina) y previa minigira por el México profundo que acabó como el rosario de la aurora (por qué se dirá esto), afortunadamente no hubo que lamentar desgracias personales. Y ya por fin Los Ángeles…

canada

Y ya por fin Canadá, primer rival. La Canadá del ex de la Penya Gerald Kazanowski y el ex barcelonista Greg Wiltjer (padre por cierto del ex de Kentucky y hoy jugador de Gonzaga Kyle Wiltjer), la Canadá del ex técnico de los Raptors y hoy seleccionador canadiense Jay Triano, la Canadá incluso de aquel rocoso armario a quien años más tarde veríamos fajarse a la vera de Jordan en los Bulls, Bill Wennington. Un señor equipo, magnificado además hasta la náusea en los días previos por el propio Díaz-Miguel. Sus cuentas eran claras, éramos presuntamente inferiores a USA y presuntamente superiores a Uruguay, China y Francia, ergo para tener un cruce de cuartos más favorable necesariamente habríamos de empezar ganando a nuestro rival más parejo, es decir Canadá. Dicho y hecho. Lamentablemente no he podido recuperar aquel partido pero tengo muy claro el recuerdo de que los tuvimos de corbata, quién nos iba a decir que sería el partido más duro de aquellos Juegos (USA aparte) como bien indica el resultado final de 83-82. El drama no había hecho sino comenzar.

El drama continuó contra Uruguay un par de días después, sólo que de otra manera. Éste tuvo ya más que ver con maneras de interpretar el baloncesto, con el juego en las trincheras, con no poder ganar por lo civil e intentar hacerlo entonces por lo criminal. ¿Cómo se lo explicaría? Uruguay se entregó en cuerpo y alma a aquella vieja filosofía del haz veinte faltas y te pitarán veinte, haz doscientas faltas y te pitarán veinte, si alguna vez te pitan las doscientas monta el pollo y así se las pitarán también al de enfrente. Defensa con constante uso de las manos, palos por doquier, basket interruptus, todo lo cual no funcionaría si no viniera además aderezado de una espectacular coreografía: a cada falta (repito, a cada falta, aún por evidente que ésta fuera) los jugadores uruguayos se echaban las manos a la cabeza, elevaban los brazos al cielo, rodeaban a la pareja arbitral cual si les hubieran anulado el gol de la victoria en el último minuto del descuento. Con mención especial para su técnico, por supuesto: piensen en el más ultramontano Óscar Quintana, en el más tremebundo Ioannidis, incluso en el más insoportable Mourinho que sean capaces de recordar (ya puestos); pues créanme, todos ellos unas hermanitas de la caridad al lado de don Ramón Echamendi, creo que nunca vi nada igual (bueno sí, hace treinta años, cuando lo vi por primera vez; pero aún así ha conseguido volver a sorprenderme) hasta el punto de que acabó chupando más cámara que el partido mismo, pensaría el realizador yanqui que vaya chollo acababa de encontrar, ríase usted de Bobby Knight. Baste decir, para que se hagan una idea de lo que fue aquello, que sólo en la primera mitad ya se lanzaron ¡¡¡59 tiros libres!!! (34 por parte española y 25 por la uruguaya), baste decir que sólo esa primera mitad duró 1h.03′, tal cual, una hora y tres minutos de reloj, y recuerden que entonces no había descanso entre cuartos (más que nada porque no había cuartos), que los tiempos muertos jamás duraban más de un minuto, que aún no se habían inventado (a nivel FIBA) los tiempos muertos de televisión. Luego la segunda mitad ya fue medianamente normal, más que nada porque estaba todo el pescado vendido y tampoco era cuestión de marear más la perdiz. En cualquier caso un espectáculo delirante, crepuscular, miren que no soy dado a ponerme méritos pero créanme que me merezco una medalla sólo por habérmelo vuelto a ver para poder contárselo a ustedes.

uruguay

Luego vendrían días más apacibles: contra una Francia muy venida a menos a la que se ganó con relativa comodidad y contra una China que aún no había empezado a venirse a más y a la que se ganó más cómodamente todavía. Total, cuatro victorias a falta del último encuentro de esta primera fase, el que habría de enfrentarnos al otro equipo invicto, al único e indiscutible favorito, a los mismísimos Estados Unidos de América, una bendición así de entrada tenerlos en nuestro grupo porque te asegurabas que en el cruce de cuartos no te los ibas a encontrar. ¿Qué les cuento yo de aquel Team USA que no sepan ya? Si en cualquier edición de los Juegos recuperar el trono olímpico es para USA una prioridad absoluta, pues en éstos en su casa ya ni les cuento. No pewingodían llevar aún a los profesionales pero tanto daba, porque justo en aquellos años gozaban de una promoción universitaria que quitaba er sentío, un cuasi Dream Team ocho años antes del (único y verdadero) Dream Team. Pasemos lista: Steve Alford (ojito derecho del coach, que luego no hizo carrera en NBA y hoy se gana la vida entrenando a UCLA), Vern Fleming, Michael Jordan (pónganse en pie), Pat Ewing (vuelvan a ponerse), Chris Mullin (no se sienten todavía), Alvin Robertson, Sam Cara de Sueño Perkins, Leon Wood (que jugó luego en Zaragoza y más tarde se hizo árbitro NBA), Jeff Turner, Wayman Tisdale y hasta los incomparables armarios Kleine y Koncak. Todos ellos dirigidos por el grande entre los grandes (y ogro entre los ogros, y borde entre los bordes, aunque cuando hoy le vemos comentando NCAA en plan viejito apacible ya casi no nos lo parezca), Bobby Knight, rechace imitaciones. Hoy nos epatan todos estos nombres (unos más que otros) pero entonces aún muy poco sabíamos de ellos, por eso nuestros pesos pesados periodísticos se entregaron gustosos a la tarea de presentárnoslos… si bien unos con más acierto que otros. Hoy aquella reseña del enviado especial de ABC sobre Pat Ewing sería casi querellable y perseguible de oficio, hoy su mera lectura produce vergüenza ajena pero en aquel entonces se ve que aún no nos dábamos cuenta de estas cosas, o no queríamos dárnoslas. De aquellos polvos vinieron estos lodos.

jimenez usa

Aquella primera mitad contra USA en la fase de grupos es sin duda uno de mis dos recuerdos más gratos de aquellos Juegos (y miren que hay donde escoger), el otro llegaría días más tarde ante Yugoslavia. Y eso que así de primeras parecíamos todos empequeñecidos (ellos sobre el parquet y nosotros en nuestras casas), contemplando boquiabiertos la superioridad de Ewing bajo los aros y la magnificencia de Jordan en todo lo demás, pero fue atreverse Jimix (o sea, Andrés Jiménez, qué pedazo de partido el suyo) a ponerle un taponazo al susodicho Ewing y quitarse de repente todos los complejos, como si hubieran descubierto que eran humanos y podía jugárseles de igual a igual, podía llegarse incluso hasta adelantarles el marcador, 21-20, hito (de Itu) histórico que no sería el único durante aquellos inolvidables 20 minutos. Y casi en empate técnico habríamos llegado al descanso de no haber mediado la dichosa canasta psicológica: últimos segundos, perdíamos de 3, Romay taponó a Mullin, nos las prometimos muy felices pero perdimos el balón y éste fue a caer justo al ladito de Jordan que nos la clavó sobre la bocina casi desde media pista. Numéricamente sólo fueron 2 puntos (que aún no había triples), sólo fue irnos al descanso 5 abajo pero bastó con eso para que el Forum de Inglewood pasara en pleno de la depresión a la euforia.

romay usa

Y si a todo ello además le sumamos la bronca que Knight debió echarles en el descanso, pues como que la segunda mitad para los yanquis fue ya coser y cantar. Aún duró el espejismo algunos minutos, no crean, pero resultó que en un determinado momento aquellos monstruos se pusieron a defender. No a defender sin más sino a DEFENDER con mayúsculas. Y si al maravilloso festival de Jordan & cia en ataque ahora le sumabas también defensa, le sumabas cinco tíos cuya movilidad y superioridad física cerraba todos los espacios y obturaba todas las líneas de pase, pues apaga y vámonos. Nos fuimos, cómo no, no sin antes echarle las culpas al empedrao en la mejor tradición carpetovetónica. Resultó que en estos Juegos Héctor Quiroga no tenía ya a su vera al insufrible Nacho Rodríguez Márquez sino al joven pero sobradamente preparado Pedro Barthe, que ya entonces unía a su indudable calidad periodística esa innata capacidad suya para ver fantasmas, incluso aunque no los hubiera. Le parecía tremendamente sospechoso que uno de los árbitros fuera canadiense (el otro era francés, es decir vecino nuestro, pero eso le parecía de lo más ecuánime), claro que en su descargo habremos de reconocer que en varias disciplinas de aquellos Juegos las sospechas de pucherazo a favor de USA estaban a la orden del día. ¿En baloncesto? Si en condiciones normales te metían ya de 30 sin despeinarse, díganme para qué habrían de necesitar una colaboración adicional. Buena gana de buscar fantasmas, ciertamente.

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Y llegó el cruce de cuartos, el eterno todo o nada, si bien en aquel entonces aún no le dábamos toda la mística de hoy en día. Australia iba a ser la llave que nos abriera la puerta de semifinales o que nos condenara a jugar por el quinto puesto, según. Al miedo en el cuerpo que ya llevábamos de serie se sumó el que nos añadieron nuestros comentaristas ante el hecho de que los árbitros fueran estadounidense y canadiense nada menos, convencidos estaban de que había una confabulación norteamericana para quitarnos de enmedio, el barthismo empezaba a hacer mella pero no era eso lo peor, lo peor es que incluso estaba contagiando a alguien tan sobrio y aséptico como Quiroga. Claro que la preocupación así de entrada se nos fue quitando a todos (ellos y nosotros) cuando vimos que esta vez tocaba la selección de las grandes ocasiones, la que recordábamos del Preolímpico, la que con su trabajadísima 2-3 no dejaba pensar al rival, la que luego al otro lado movía el balón que daba gloria verlo… Demasiado bonito para ser verdad. Pasamos de ir casi doblando a Australia a ver cómo se nos ponía a 7 al descanso, tras éste más de lo mismo, en ataque lo metíamos casi todo pero al otro lado su habitual batería de tiradores (ya andaba por allí Andrew Gaze, por cierto) hacía lo propio, cuando nos quisimos dar cuenta nos habían empatado a 75 y luego a 77 a menos de 7 minutos para el final. Fue suficiente, fue quizá el aldabonazo para que nos pusiéramos otra vez las pilas, para que siguiéramos atacando como lo hacíamos y volviéramos a defender como sabíamos. Al final 101-93. Tres cuartos de medalla.

Y por fin, el gran día. 8 de agosto (que aquí sería ya 9, porque si la memoria no me traiciona el partido se jugó a las 2 de la madrugada), semifinal, España-Yugoslavia. No éramos favoritos, ni aún por buenos que fuéramos, ni aún por bien que estuviéramos jugando. Yugoslavia era la vigente campeona olímpica, vale que acaso estuviera en una etapa de transición entre la grandísima selección que habíamos conocido antes y la aún más grande que habríamos de conocer después, pero no por ello dejaba de ser Yugoslavia: Dalipagic, Radovanovic, Nakic, Knego, Zorkic, Zizic, Sunara… y cómo no, los Hermanos Petrovic: el 4 que es el que decían los yugoslavos que iba para figura, mientras que el 5 es el que lleva más tiempo en la selección, según la primorosa descripción de Pedro Barthe. Obviamente el 5 que llevaba más tiempo era Aleksander, obviamente el 4 que iba para figura era Drazen, entendámoslo, en aquel tiempo aún faltaban unos meses para que cumpliera veinte años, aún faltaban esos mismos meses para que se convirtiera en la bestia negra del madridismo. Sólo era un atisbo de lo que llegaría a ser pero aún así era ya la figura con todas las letras de aquel equipo, quien lo movía a su antojo, quien con la incomparable ayuda del ya veterano Praja Dalipagic nos la empezó a liar. Entre el uno y el otro nos estaban sacando a gorrazos del partido pero eso no era lo peor, lo peor era que no dábamos una a derechas tampoco en ataque, estábamos atrofiados, perdíamos balones a chorros, nos movíamos a su ritmo y éramos incapaces de correr. Un desastre, vamos.

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A cuatro minutos para el descanso, 10 abajo ya, y ante la evidencia de que nada de lo que probaba funcionaba, Díaz-Miguel decidió jugarse una última carta. O más bien dos: Romay para poner algo de sustancia física en la zona y que los yugoslavos dejaran de pasearse por ella como Pedro por su casa, y Llorente para subir un puntito la defensa y sobre todo cambiar el ritmo en ataque. Suficiente para que nos fuéramos al descanso perdiendo de 5, casi una bendición tal como habían ido las cosas. Recuerdo escuchar a José María García en aquel descanso (sí, en aquel tiempo hacíamos cosas así), recuerdo que dijo una frase que se me quedó grabada, que me sonó entonces a exceso de optimismo pero que a la larga resultó ser la pura verdad: si jugando tan mal sólo perdemos de 5, en cuanto empecemos a jugar medianamente bien el partido no se nos puede escapar. Dicho y hecho.

Empezamos la segunda mitad 35-40 y apenas dos minutos después ganábamos 43-40, es decir, lo que viene siendo un parcial de 8-0 en un abrir y cerrar de ojos. Con aquel inhabitual quinteto de Llorente, Epi, Margall, Jiménez y Romay, con esa zona 2-3 que ejecutábamos a las mil maravillas y con la que asfixiábamos a (casi) todo dios y con el ex presidente del sindicato (quién se lo iba a decir entonces) metiendo velocidad, rompiendo esquemas y sentando cátedra, de repente el tercer base convertido en primero justo el día más importante, un poco a la manera de aquel Sergio Rodríguez en la no menos inolvidable semifinal ante Argentina de Japón 2006. 22 años antes, aquel 8 de agosto que ya era 9, aquella semifinal olímpica ante Yugoslavia fue más de You Llorente que de ningún otro.

yugoslavia

Intercambio de canastas, nuevo parcial favorable, 51-44, las ventajas oscilando entre 5 y 7 puntos, todo iba viento en popa y justo entonces a Antonio Díaz-Miguel le dio (lo que pareció) un ataque de entrenador: sentó a Llorente, Margall y Jiménez para recomponer el quinteto con Corbalán, Iturriaga y Martín, ni que decir tiene que Quiroga y Barthe pusieron el grito en el cielo, probablemente también nosotros lo pusiéramos en nuestras casas, en aquel tiempo aún no se había acuñado el concepto rotaciones, aquí éramos más del si funciona no lo toques. Es bien sabido que los entrenadores por el mero hecho de serlo ven cosas que al resto de los mortales se nos escapan, probablemente Díaz-Miguel vio que el dinamismo empezaba a decaer, que era el momento de meter frescura física y asestar ya la puntilla definitiva. Fuera por lo que fuera lo cierto es que le salió bien, que tras algún leve titubeo el equipo empezó de nuevo a correr y la diferencia a subir, que a pocos minutos para el final estábamos 10 arriba y empezábamos a pellizcarnos, que Drazen se fue entre protestas tras cometer la quinta y seguíamos pellizcándonos, que Díaz-Miguel puso a dos bases para asegurar las posesiones y aún le pareció poco por lo que metió también al tercero, Corbalán, Solozábal y Llorente juntos en cancha (lo nunca visto) mientras nosotros ya no parábamos de pellizcarnos, que sonó la bocina y Díaz-Miguel tras estrechar deprisa y corriendo la mano de Novosel se fue dando brincos como un niño a abrazar a todos y cada uno de sus jugadores mientras nosotros en el sofá pellizco tras pellizco, quizá también lágrima tras lágrima porque todo aquello no podía ser real, porque teníamos que estar soñando a aquellas altas horas de la madrugada, eso iba a ser, cómo iba a ser verdad que fuéramos (al menos) subcampeones olímpicos, eso sí que no, era imposible, de ningún modo… Sólo un dato: si en el descanso perdíamos 35-40 y al final ganamos 74-61, una mera operación matemática nos dirá que el parcial de aquella segunda mitad fue de 39-21. Si hoy dejar a un rival en 21 puntos tras 20 minutos de juego es ya sumamente improbable, ni aún con las defensas y los físicos que se estilan hoy en día, en aquel entonces era simplemente inverosímil. Pero sucedió.

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10 de agosto (que ya sería 11) de 1984, si la semi había sido (creo) a las 2 de la mañana la final iba a ser a las 4, nada que en aquel tiempo pudiera arredrarnos, aún recuerdo como si fuera ayer cómo mi hermano y yo nos cruzamos el barrio a pie de punta a punta en plena madrugada para ir a verlo a casa de unos amigos, la ocasión bien lo merecía, la que no lo merecía era su madre que dormía plácidamente en su cama (o lo intentaba, al menos) mientras nosotros nos arremolinábamos frente al televisor con la única precaución de no hacer demasiado ruido que pudiera despertarla, no fue el caso, tampoco es que hubiera nada que gritar ni que festejar porque la celebración ya estaba hecha, ya la llevábamos de serie, ya nos bastaba con vivir el momento, sólo eso, nada más. Y nada menos.

Y es que cualquier parecido con aquella otra primera mitad contra USA jugada seis días antes fue mera coincidencia. Nuestros jugadores han contado alguna vez que estando allí no eran ni remotamente conscientes de la que se estaba liando aquí, que no sabían para nada la repercusión que aquello estaba teniendo (recuerden, ni Internet ni móviles ni emails ni esemeeses ni guasap ni tuiter ni feisbuc ni na de na), que sólo empezaron a saberlo cuando llegaron al vestuario en las horas previas a aquella final y se encontraron unas cuantas sacas repletas de telegramas de ánimo llegados desde España. Quizás el error fuera ponerse a leerlos… Ellos entraron a la cancha como en una nube, en cambio los americanos (de USA) entraron sabiendo que los de antes habían sido simplemente partidos, sin más, pero que aquél era EL PARTIDO. ¿Partido? Qué más hubiéramos querido. Desde los primeros minutos se vio ya claramente que allí no iba a haber color, sólo barras y estrellas. Tanto daba, a estas alturas. Que nos quitaran lo bailao.

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Las desventajas (o ventajas, según de qué lado del cristal se mire) se iban sucediendo, ahora 15-6, luego 28-19 pero sólo un poco después ya 42-19, al recreo 52-29… nos abrumaban en defensa y se exhibían en ataque con mención especial casualmente para ese tal Jordan que rozaba lo paranormal, que volaba donde los demás andaban, miren qué cosas hace, fíjense como han bajado ya los dos españoles (Jiménez y Romay) y él todavía está por encima del aro, decía admirado Barthe. Claro que otras de Barthe nos dejaban ya un poco más con los ojos a cuadros, como cuando afirmaba que Ewing con esa pinta de bruto que tiene es licenciado en bellas artes, o cuando soltaba un ¡está loco ese Tisdale! ante la innata costumbre del susodicho de utilizar los codos cual ventilador para proteger los rebotes, afirmaciones todas ellas que nos rompían sobremanera los esquemas porque en las sobrias narraciones televisivas de la época no se estilaban aún este tipo de cosas. No estará de más añadir aquí que aquel Wayman Tisdale en realidad distaba mucho de estar loco, que Tisdale fue luego un tremendo ala-pívot con una grandísima carrera en el baloncesto (Oklahoma, Pacers, Kings, Suns) y otra aún mejor si cabe en el mundo del jazz (busquen su discografía si les queda alguna duda), y al que un cáncer se le llevó por delante prematuramente en 2009 cuando aún no había cumplido los 45. Un tipo muy especial.

Los primeros minutos de la segunda mitad fueron quizá los mejores de nuestra selección, los que nos hicieron creer por un segundo que aún podía pasar algo y hasta provocaron algún que otro enfado y algún que otro tiempo muerto por parte de Bobby Knight. Mero espejismo. De ahí se pasó al intercambio de canastas (sin otra preocupación ya para Knight que atemperar los codos de Tisdale) y de ahí a los minutos de la basura (si bien entonces jamás se nos hubiera ocurrido llamarlos así) para que jugaran aquellos Turner, Koncak y Kleine que hicieron exclamar a Pedro Barthe que los reservas de Estados Unidos son muy reservas, desde luego mucho más que los españoles. Ya a esas alturas nos fijábamos más en la anécdota que en la categoría (de hecho ya no había categoría de ninguna clase), por ejemplo en cómo a Héctor Quiroga le bailaban los nombres y cómo se las apañaba seguidamente para salir del paso, la perdió Michael Jackson, perdón, Michael Jordan, los dos Michael son dos ídolos sobre todo aquí en California, se les compara a uno con otro, de hecho está ganando enteros el Jordan sobre el Jackson porque es un auténtico ídolo, lo que pasa es que se les va a marchar a Chicago y los de Chicago serán los que tengan el ídolo

usa jordan

Al final 96-65, claro que todo esto probablemente ya se lo sepan (aunque no lo vivieran en su día, aunque ni siquiera hubieran nacido) porque TVE lo ha redifundido chorrocientas veces por sus diferentes soportes durante todos estos años, el partido en sí y la entrega de medallas, y al de megafonía presentando a Iturriaga al subir al podio como Juan María López (no sólo le borraban el apellido de guerra sino que además le cambiaban el nombre), y a las buenas gentes del Forum de Inglewood aplaudiendo a la selección española casi como si fuera la suya propia (ligera exageración), y a Knight y Díaz-Miguel medio abrazados departiendo afablemente durante la ceremonia como los buenos amigos que eran, y a Quiroga y Barthe enviando saludos cordiales y despidiéndose hasta una próxima ocasión

1984 fue principio y fin, ya se lo dije. Que Héctor Quiroga andaba mal de salud lo intuíamos todos (bastaba con verle la cara) pero jamás creímos que tanto. Héctor Quiroga se indispuso en el viaje de vuelta mientras hacía escala en Nueva York y ya jamás salió de allí, sólo sobrevivió trece días a aquella final. Los aficionados al baloncesto nos quedamos un poco (un mucho) huérfanos, tanto que hasta se creó un torneo con su nombre (Memorial Héctor Quiroga), aún más huérfano se quedó un Real Madrid que ahora ya de repente no tenía quien le televisara, soluciones había de sobra en el Ente Público (o lo que fuera eso entonces), José Félix Pons o el propio Barthe pero el Madrid se negó en redondo, eso nunca, poner a un catalán a retransmitir las gloriosas gestas blancas por Europa, por dios qué barbaridad, hasta ahí podíamos llegar. Hoy treinta años después puede sonar a coña pero créanme que en el otoño de 1984 la cosa casi degeneró en una crisis institucional. Ya ven que no hemos cambiado tanto desde entonces. Por desgracia.

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1984 pareció principio pero fue fin para aquella selección. Pensamos que el futuro sería nuestro (tanto más con el Mundial en casa, un par de años después) pero ya todo lo que tuvimos fue pasado. Algo se rompió en el equipo nacional a la vuelta de Los Ángeles, y no sólo por la anunciada marcha de Corbalán. De alguna manera Antonio Díaz-Miguel capitalizó todo aquel éxito, sus méritos eran innegables pero durante un tiempo pareció que la plata sólo fuera suya y no de todos, durante un año entero recibió homenajes por doquier, hasta se inauguraron polideportivos con su nombre… Y a la vuelta ya nada fue igual. Su pésima gestión del Eurobasket 85 desembocó en el checoslovaquiazo y a partir de ahí ya todo fue caída tan suave como imparable,airados desde el mal del anfitrión en 1986 hasta el angolazo del 92 (que le costó el puesto) o el chinazo del 94 (ya con Lolo Sainz). Aquellos jóvenes airados que cantó Loquillo nos dieron muchas alegrías pero bien pudieron (debieron) habernos dado muchas más. Lo que pudo haber sido y no fue, again.

1984 fue el año en que descubrimos 1984, año de Orwell, de reaganismos y thatcherismos, de presuntos (muy presuntos) socialismos a la española, año de parados de provecho que ya casi al límite de 1985 se reconvirtieron en subempleados de provecho, año de cambios, no todos necesariamente para bien. El año en que supimos que nuestra selección de fútbol podía también jugar finales (y perderlas), el año en que inventamos la ACB aunque aún no lo supiéramos, el año en que inventamos los playoffs aunque aún no los entendiéramos, el año en que descubrimos (justo inmediatamente después de aquellos Juegos) que las canastas también podían ser de 3… Todo lo que usted quiera, pero en nuestro imaginario colectivo (sea eso lo que sea) 1984 quedará ya para siempre como el año de plata, el año aquél en que nuestro baloncesto alcanzó de una vez por todas la mayoría de edad. Aunque luego no supiéramos muy bien qué hacer con ella.

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Agradecimientos:

– A acb.com en general y al crack Óscar Cuesta (@oscarcuesta76) en particular, por las fotografías de aquel Torneo que ilustran estas líneas y que han sido extraídas de su Galería de la plata de Los Ángeles 84, ya están tardando si aún no la vieron.

– A J.A. Hernán (), por la página de Nuevo Basket con el calendario del Preolímpico. Y a Alberto Escalante (), por el recorte de ABC sobre Pat Ewing.

– Y a allsports-tv.com, sin cuyos impagables aportes habría sido totalmente imposible volver a ver todo aquello, no digamos ya escribirlo. Gracias infinitas.

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