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CRÓNICAS DE MARZO (y IV)   Leave a comment

Aunque el calendario diga que ya estamos en abril, para mí sigue siendo marzo. Para mí y para todos los que amamos (en exceso, incluso) este baloncesto universitario seguirá siendo marzo hasta que el próximo lunes 7 (que para nosotros será ya martes 8) se entregue el trofeo al ganador, hasta que se apaguen finalmente las luces del gigantesco estadio de los Cowboys de Dallas, hasta que en los televisores norteamericanos (y poco después en los youtubes del mundo entero) suene por fin ese imprescindible one shining moment, la catarata de escenas inolvidables de cada torneo final. Sí, en nuestros corazones y en nuestras vidas sigue siendo marzo, seguirá siendo aún March Madness aunque ya sólo nos queden tres partidos, ese maravilloso colofón de cada temporada que solemos llamar Final Four. Los cuatro finales, los cuatro únicos supervivientes, los cuatro grandes. Aquí los tienen.

FLORIDA

Una vez más perdí una magnífica oportunidad de permanecer callado. Fue aquí mismo, hace apenas dos semanas, cuando en lugar de dejarme llevar por la vía fácil y conceder el favoritismo a Florida como hizo casi todo dios preferí meterme en camisas de once varas y decirles que Florida era el principal favorito de esta edición sin favoritos (o con demasiados favoritos) (…) Se ha beneficiado de una conferencia como la SEC que pasa por ser grande pero que anda un poco sobrevalorada en estos últimos tiempos (opinión muy personal que no tienen por qué compartir, faltaría más); ganó en casa y fuera, ganó a todos los que se encontró pero también lo pasó mal por el camino (…) Equipo muy completo, muy veterano, muy profundo pero que a mí con todo y con eso me deja alguna duda, qué le vamos a hacer. Si algún aficionado gator tuvo la infeliz ocurrencia de leerse esta solemne sarta de tonterías creo yo que debió quedarse muy tranquilo, dadas mis conocidas habilidades pronosticadoras. Dicho y hecho, hoy Florida está ya en Final Four y yo a la altura del betún. Cada cosa en su lugar.

La cosa no es ya que Florida esté en Final Four, la cosa es que está en Final Four sin despeinarse, sin dar casi un palo al agua ni hacer el más mínimo esfuerzo más allá de lo estrictamente necesario. Obviamente contó con la ventaja de que le fueron limpiando el camino, obviamente se lo fue limpiando Dayton que les quitó del medio a Ohio State, Syracuse y Stanford la cual a su vez se había cargado previamente a Kansas. Así las cosas, rivales de postín como si dijéramos Florida sólo se encontró a Pittsburgh y UCLA y a ambos los despachó con solvencia, con suficiencia incluso. Todo ello antes de jugarse la Final Four con la sorprendente Dayton, esos modestos Flyers que juegan como los ángeles (no me refiero a los Lakers precisamente) y que hasta osaron oponer un atisbo de resistencia pero hubieron de acabar claudicando ante la maquinaria pesada Gator como no podía ser de otra manera. La maquinaria pesada de un talentazo (a la par que portento físico) como Scottie Wilbekin en la dirección (no es propiamente un director, pero se las apaña), de un interior sólido y efectivo (aunque no alcanzó a ser todo lo que yo esperaba en su primer año) como Patrick Young, de la intendencia de un Will Yeguete, de un sumamente mejorado Casey Prather y de un jugador del que apenas se habla (quizá por ser el único sophomore entre tanto sénior) pero que cuenta con una de las muñecas más prodigiosas de la Liga, Michael Frazier. Llevan mucho tiempo juntos (salvo Frazier, obviamente), se conocen como si se hubieran parido, juegan de memoria y defienden como lobos (o como caimanes, sería más apropiado en este caso). He ahí su principal valor.

Llevan sin perder desde que allá por el 2 de diciembre Connecticut (precisamente Connecticut) les ganara gracias a un canastón sobre la bocina de Napier (precisamente Napier). Podríamos pensar entonces que han tenido un año fácil pero nada más lejos de la realidad, de hecho sus dificultades fueron más fuera de la cancha que dentro y empezaron ya en verano con alguna historia extradeportiva que hizo dudar de la presencia de Wilbekin y/o Yeguete en esta temporada. Y eso sólo fue el principio, lo siguiente fueron las dificultades para incorporar a su debido tiempo a sus dos más rutilantes freshmen, Kasey Hill y Chris Walker, por haber incumplido sabrá dios cuál de las doscientosmil millones de normas de la NCAA. Hill pudo jugar por fin desde mediados de temporada (y bien que lo agradece Wilbekin, a quien a menudo libera de sus responsabilidades en la dirección permitiéndole dedicarse casi por entero a lo que mejor hace, la anotación) y Walker desde febrero, más vale tarde que nunca, ambos aportan desde el banquillo (sobre todo el primero) aunque quien más aporta desde el banquillo (el verdadero sexto hombre de este equipo, de hecho) es otro sophomore que llegó vía transfer desde Virginia Tech, Dorian Finney-Smith, quédense con ese nombre (aunque sea largo) porque seguro que oirán y leerán hablar de él largo y tendido en los próximos años. Equipo sólido, sin grandes estrellas (Wilbekin, si acaso) pero sin fisuras, al que es dificilísimo hincarle el diente como lo prueba el que sólo se lo hayan hincado dos veces en esta temporada, la ya comentada de Connecticut (precisamente Connecticut) y anteriormente Wisconsin (precisamente Wisconsin), contra su tercer compañero de viaje a Dallas (o sea Kentucky) ya no perdieron pero también las pasaron canutas (o cualquier otra cosa que acabe en utas) en las tres ocasiones en que les tocó enfrentarse, especialmente en la tantas veces mencionada Final de la SEC. También es casualidad, tiene pocas bestias negras este año Florida pero todas han ido a juntársele en esta Final Four, ya veremos si ello les aporta un plus de motivación o más bien les supone una complicación.

CONNECTICUT

En 2011 tocaron el cielo. En 2011 los Huskies de Connecticut, guiados desde el banquillo por el reputado a la par que veterano técnico Jim Calhoun y desde la cancha por ese milagro llamado Kemba Walker, ganaron el campeonato universitario. Ganaron a la meritoria Butler de Brad Stevens, ganaron 53-41 en una Final infame pero ganaron, fueron felices, comieron perdices y colorín colorado que este cuento se ha acabado, entre otras cosas porque el cuento que empezó a continuación fue más bien una especie de pesadilla. En la temporada 2011/2012 Kemba ya era historia, las sospechas de amaños académicos se cernían sobre la universidad, Calhoun (entre enfermedades y sanciones) estaba ya casi más fuera que dentro y el equipo en sí mismo era una jaula de grillos, a mayor gloria y miseria de un sujeto llamado Shabazz Napier. Si el año anterior nos habían encantado los relevos que le daba a Kemba, en éste resultaba pavoroso verle ir por libre tirándose lo suyo y lo de los demás. El equipo soy yo parecía decir, y el equipo que era él, ante la aparente dejación de funciones por parte de Calhoun, se encaminó paulatinamente hacia el desastre. Sólo fue el principio. La NCAA confirmó las sanciones que ya se venían barruntando desde tiempo atrás, la más importante de las cuales fue castigarles sin postre o lo que viene a ser lo mismo, que aún por bien que lo hicieran durante toda la temporada regular 2012/2013 no les sería permitido disputar el Torneo Final. Calhoun acabó por fin de irse y además no se fue solo, ante semejante panorama hubo unos cuantos pesos pesados del vestuario que no se recataron en pedir también el transfer. De repente el equipo era un solar. Sin futuro, casi sin presente, sin más clavo ardiendo al que agarrarse que un jugón egocéntrico y una panda de colegas desestructurados… ¿quién demonios querría lidiar con semejante situación?

ollieNBAQuiso Kevin Ollie. Sabíamos que había jugado también en los Huskies en sus años mozos, le habíamos conocido luego ejerciendo labores de intendencia en no sé cuántas franquicias NBA (resulta casi más fácil enumerar los equipos en que no jugó que aquellos en los que jugó), finalmente tras retirarse encontró cobijo a la vera de Calhoun en su alma máter… hasta ahora. Ante situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Le ofrecieron el cargo y lo aceptó, probablemente muchos fans de Connecticut pensaran que era una locura darle las llaves del reino a un tipo con tan escaso bagaje como técnico, probablemente muchos amigos de Ollie pensaran que era otra locura meterse en un marrón de semejante calibre… Unos y otros se equivocaron de medio a medio, afortunadamente. Ya ese primer año de Ollie fue estupendo, no tendrían derecho al Madness pero nadie les podría quitar el derecho a jugar bien y a ser competitivos y a fe que lo fueron, de principio a fin. De repente los Huskies volvían a parecer un equipo, de repente incluso Napier pareció haber encontrado el punto exacto de equilibrio entre su felicidad y la de sus compañeros, el ser por fin capaz de ayudar a su equipo (o de no ser contraproducente, al menos) sin tener que renunciar por ello a su espontaneidad y su frescura. Todo eran buenas noticias en UConn pero claro (siempre hay un pero claro), al fin y al cabo era un año sin presión, cuando llegue la 2013/2014 y se tengan que jugar las habichuelas de cara al Madness ya veremos lo que pasa…

Pues pasó que hicieron un año sumamente irregular, con grandísimas victorias como esa (tan cacareada ya) ante Florida pero también con derrotas impropias de su condición, pongamos por ejemplo ante Houston o ante la SMU de Larry Brown (dos veces) en esa nueva American Athletic Conference. Pasó que subieron y bajaron, que entraron y salieron del Top25 y que finalmente lograron meterse en el Torneo Final (lo cual está muy bien) pero con un seed 7 que casi les convertía de inmediato en carne de cañón. Nadie dio un duro por ellos más allá del campus de Storrs, pero hete aquí que Shabazz y sus amigos (su alma gemela Boatright, el termómetro DeAndre Daniels, el alemán Giffey, el repescado del JuCo Kromah o el descomunal freshman ghanés Brimah pongamos por caso) tenían otros planes: de entrada ganaron con muchísimas dificultades a esa St. Joseph’s que venía de campeonar en su Conferencia y seguidamente se cepillaron a la mismísima Villanova, uno de los gallitos de esta temporada desde la nueva Big East. Claro está que con el atrevimiento que nos caracteriza todos nos lanzamos a interpretar dicho resultado en base a los deméritos de Villanova y no a los méritos de UConn, así que Ollie y sus chicos nos hubieron de dar un par de veces más (y de qué manera) en las narices, nada menos que ante Iowa State y ante la favoritísima (para casi todo dios) Michigan State. Hoy son ya Final Four y el resto es historia, y creo yo (aunque no tenga datos al respecto) que no habrá por ahí muchos entrenadores que puedan presumir (como presume ya Kevin Ollie, y a mucha honra) de haberlo logrado en su primera oportunidad. ¿Carne de cañón? Pues qué quiere que le diga, yo no volvería a pensar en ellos en esos términos, más que nada porque no tienen nada que perder. Y nadie es más peligroso que Shabazz Napier cuando no tiene nada que perder.

WISCONSIN

Tiene cara de pardillo, de pringao como si dijéramos. Ese típico crío patoso y bonachón al que le dirían que no las chicas cuando las invitara al baile, ese al que le quitarían el bocata en los recreos, le meterían porquería en la taquilla y le pondrían la chincheta en el asiento cuando fuera a sentarse. O no, vaya usted a saber. Las apariencias engañan, vaya que si engañan. Si hubo hace muchos años un presidente del gobierno que a la hora de nombrar ministros del interior valoraba que tuvieran cara de represor, igualmente hubo un entrenador que a la hora de buscar pívots valoraba que tuvieran cara de intimidador. La mirada del tigre, ya saben. Frank Kaminski no es ya que no tenga cara de intimidador ni mirada de tigre sino que por no tener ni siquiera tiene pinta de haber roto jamás un plato en su vida, muchos se quedarían sólo en eso pero Bo Ryan supo ver aún más allá. Bo Ryan no dudó en reclutarle aún a pesar de que no parecía responder en absoluto al típico patrón germánico y cabezacuadrada de tantos otros Badgers de antaño (Leuer, Bruesewitz, Berggren, Krabbenhoft, Nankivil, Butch…), Bo Ryan llamó a filas a aquel escuálido sietepiés quizá porque supo ver que más allá de su frágil apariencia había mucho baloncesto en su interior. En sus dos primeras temporadas en Madison no pasó de ser un jugador más, uno cualquiera, esos promedios de apenas 4 puntos y 2 rebotes no hacían presagiar grandes cosas pero se ve que el talento permanecía ahí agazapado esperando sólo el momento adecuado para aparecer. Apareció por fin en esta 2013/2014 y fue como si hubiera pasado de la nada al todo de un día para otro, si de noviembre a febrero ya nos maravilló lo que ha hecho en marzo roza casi lo paranormal: envidiables movimientos de espaldas, talento igualmente para atacar de cara, buena mano desde donde sea (de tres, incluso), rebotes a espuertas, buenos pases desde el poste, defensa insospechada, carácter en los momentos decisivos y sobre todo esa lectura del juego, ese tomar siempre la decisión más adecuada para ocasión. El verdadero MVP de lo que llevamos de Madness, no les quepa la menor duda.

Pueden estar seguros, el cénter arizónico Kaleb Tarczewski ya no podrá olvidar jamás en lo que le quede de vida a Frank Kaminski [En este Torneo Final tuvimos (que yo recuerde) un Tarczewski, dos Kaminskis, un Bachynski y un Karnowski… de los que sólo este último es polaco, por cierto].Tarzewski no podrá olvidar a Kaminski como Arizona entera no podrá ya olvidar a estos Badgers que se les presentaron casi a las puertas de su casa (Annaheim, California) para levantarles a la chica y llevársela al huerto, es decir a la Final Four (ruego me disculpen si la metáfora no les parece adecuada). ¿Que cómo lo hicieron? Pues utilizando una estrategia muy vieja, muy gastada, que cada vez está menos de moda pero no por ello resulta menos efectiva: jugando muy bien (qué digo muy bien, extraordinariamente bien) al baloncesto. En este mismo Torneo hemos visto unas cuantas universidades pequeñas que interpretan maravillosamente bien este juego (pequeño detalle que a igualdad de calidad es el que te permite marcar diferencias), pero entre las universidades (digamos) grandes no creo que haya ninguna otra que lo interprete como lo hace Wisconsin. Kaminski podrá ser medio equipo (literalmente, a veces) pero de ninguna manera me dejen de lado al otro medio: Decker, Gasser, Traevon Jackson y el tirador Brust más la interesante aportación desde el banquillo del prometedor freshman Hayes y el alero (con nombre de dieta) Dukan. Acaso la mayor concentración de talento que haya tenido jamás entre manos Bo Ryan, un talento que no le impide seguir siendo una de las mejores defensas de la nación pero que le permite además regalarse desacostumbradas alegrías en ataque: ya no necesitan tirarse necesariamente treinta segundos por jugada moviendo la bola hasta encontrar finalmente ese resquicio por el que clavársela al rival, ya su calidad les permite intentar cosas que antes no intentaban o jugarse (y hasta meter) tiros que antes ni por asomo se jugaban. Y hasta correr, cuando se les presenta la ocasión. No les voy a engañar, si buscan un baloncesto trepidante y vertiginoso Wisconsin no es (o no tiene por qué ser) su equipo; pero si buscan un baloncesto bien jugado y que explote como ningún otro las debilidades del contrario difícilmente encontrarán otro equipo que les satisfaga tanto como Wisconsin.

ryanSagerTras acabar esa Final Regional ante Arizona vimos a un Bo Ryan visiblemente emocionado, con voz rota y que apenas podía contener las lágrimas ante el micrófono de Craig Sager (y no, esta vez no se trataba de la lógica reacción ocular ante el deslumbramiento producido por los estrafalarios trajes que acostumbra a lucir el susodicho). Emoción plenamente justificada porque sólo Bo Ryan sabe lo que le ha costado llegar hasta aquí, la de generaciones que han pasado por sus manos durante todos estos años, las veces que lo ha rondado y las que se ha quedado literalmente a las puertas… Clasificarse para la Final Four es un fin en sí mismo, es incluso un título (el de campeones regionales) en sí mismo, pero puede ser también un principio, el principio de algo mucho más grande todavía: Wisconsin casi es novata en estas lides, miren que en esta Final Four tendremos tres equipos que fueron campeones ayer como quien dice mientras que en cambio los Badgers no llegaban tan arriba desde el 2000, cuando aún les entrenaba Dick Bennett (padre del actual técnico de Virginia Tony Bennett), cuando aún Bo Ryan se ganaba la vida en la vecina Wisconsin-Milwaukee. Es así, Wisconsin tiene menos experiencia en estas lides que los demás pero tiene tanto baloncesto como el que más, si no más (valgan las redundancias). Sólo hará falta que se lo crean.

KENTUCKY

Miren que se lo vengo diciendo, que este año perdí unas cuantas oportunidades de permanecer callado. Esta vez fue en diciembre, cuando me despaché a gusto sobre aquel Gabinete Calipari de mis pecados: dos obviedades, que les falta experiencia y que un equipo acostumbra a ser mucho más que la mera suma de sus miembros. El talento lo tienen, la cohesión (aún por secundaria que a su técnico le parezca) tendrá que llegar también tarde o temprano. (…) qué duda cabe de que volverán a estar entre los favoritos… pero eso, a estar entre, no a ser, no sé si captan la sutil diferencia: hoy ya nadie apuesta que esta Big Blue Nation vaya a llevarse necesariamente el gato al agua… lo cual tampoco significa que no pueda llevárselo a poco que se lo proponga. Mimbres tienen para ello, más que nadie. Ya otra cosa será que acaben de hacer el cesto… Todo eso y más escribí yo en diciembre sin reparar precisamente en ese pequeño detalle de que aún estábamos en diciembre. En este juego (y no digamos ya en esta competición, y no digamos ya si además tienes un equipo casi enteramente nuevo y plagado de chavales recién salidos del insti) las realidades de noviembre o diciembre muy poco tienen que ver con las de marzo, menos aún con las de abril para aquellos privilegiados que aún pueden darse el gusto de seguir jugando en abril. Como estos Wildcats, precisamente.

Al final Calipari hizo el cesto, y como los mimbres son buenos pues resulta que el cesto no puede tener mejor pinta. Los mimbres no hace falta que se los presente porque ya se los conocerán de sobra, pero como el saber no ocupa lugar (y menos en Internet) permítanme que les recuerde que el principal se llama Julius Randle, portento físico adobado con nada desdeñables virtudes técnicas, cuatro de libro que rebotea que es un primor y cuya mera fuerza centrífuga (amén de su habilidad en los reversos) hace que los rivales vayan cayéndose a su paso cual bolos al paso de la bola. Un monstruo que debería salir revalorizadísimo hacia el draft (aún más si cabe) por méritos propios pero también por deméritos ajenos, los de Wiggins mayormente. Y a su alrededor pues ya saben, sus egregios compañeros de promoción, el alero James Young y esos gemelos Harrison que parecen mejores cada día que pasa, Andrew cada vez mejor director de juego y más agresivo de cara al aro rival, Aaron cada vez mejor tirador y más clutch, más decisivo en esos momentos en que a otros les tiembla el pulso, pregúntenselo a los Wolverines si les queda alguna duda. El quinteto titular lo completa el quinto freshman (no recuerdo otro caso igual desde aquellos Fab 5 del 92) Dakari Johnson, por méritos propios (cada día que pasa tiene mejor pinta este cénter) pero también por deméritos y achaques varios de Willie Cauley-Stein (pedazo de examen tendrá que pasar mi amigo Kaminski ante este tremendo juego interior). Y no me perdonaría acabar el párrafo sin hacer siquiera una mínima mención a un actor secundario al que hubo de recurrir Calipari cuando los problemas le crecieron por dentro: se llama Marcus Lee, es también freshman (para variar), apenas había jugado en todo el año pero de no haber sido por su portentosa demostración ante Michigan (10 puntos y 8 rebotes -7 de ellos ofensivos- en apenas 15 minutos) hoy los Wildcats no estarían en Final Four. Así de sencillo.

Ya les conté muchas veces que si no ganaron la Final de la Southeastern a Florida fue sólo porque Young tuvo la fatalidad de resbalarse en la jugada clave, algo que por sí solo debería haberme bastado para revalorizar a Kentucky pero que yo en cambio interpreté al revés, minusvalorando a Florida en particular y a la SEC en general, ya me vale. Mal de muchos consuelo de tontos, el Comité de Selección (o como se llame) de la NCAA hizo lo propio y colocó a los Wildcats en el seed 8 de la Región de la Muerte, para empezar cárgate a Kansas State y luego ponte en el trance de tener que cepillarte a la invicta (y aún más revalorizada ahora si cabe, visto el éxito de su rival) Wichita State, aquel milímetro que faltó para que entrara el triple de VanVleet bien pudo cambiar la historia. Luego tendrás que acabar también con tu eterno rival Louisville y ni tiempo tendrás siquiera de recrearte viendo a Pitino sobre la lona porque a la vuelta de la esquina te esperarán Stauskas y sus Wolverines, acaba con todos, métete en Final Four y a ver quién demonios se atreve ahora a no darte como favorito para todo lo que te queda por delante, tan sólo mirando a lo que ya dejaste por detrás. Que nadie tiene unos mimbres como los de Kentucky ya lo sabíamos, ahora sabemos también que finalmente Calipari hizo el cesto, y qué cesto. Que sea además el mejor cesto aún está por demostrar.

Pues ya está, presentada queda la Final Four, por una vez no me dirán que se lo he puesto difícil, cuatro universidades cada una con el mero nombre de su respectivo estado, sin apellidos ni State ni otros palabros raros, sin aditivos ni conservantes ni colorantes, más fácil no puede ser. Ahora bien, ¿qué va a pasar? Buena pregunta (que es lo que se suele contestar cuando no se tiene clara la respuesta). Con el corazón me encantaría una final Connecticut-Wisconsin pero con la cabeza mucho me temo que tendremos una final Florida-Kentucky, una reedición corregida y aumentada de la pasada Final de la SEC. De todos modos creo que en los renglones precedentes ya les he dejado pruebas más que abundantes de mis portentosas habilidades como pronosticador, así que casi mejor no me lo tengan en cuenta…

(publicado originalmente en tirandoafallar.com)

CRÓNICAS DE MARZO (III)   Leave a comment

Debe tratarse de una enfermedad. Si yo fuera contando en según qué ámbitos (mis compañeros de trabajo, mis vecinos, mi familia política) que el pasado domingo a la hora del Madrid-Barça yo no estaba viendo el Madrid-Barça como Dios manda (una cosa así debe mandarla Dios, si no no se explica) ni aún teniendo el Plus siquiera, que a esa misma hora estaba viendo un Wichita State-Kentucky y a continuación un Iowa State-North Carolina, probablemente todos aquellos que lo escucharan me mandarían a esparragar, me marginarían, me situarían en el último nivel de la escala social o incluso los más allegados me llevarían de los (escasos) pelos al psiquiatra. Pero así fue, a ustedes puedo contárselo porque son de baloncesto (no estarían aquí si no lo fueran), espero que me entiendan aunque no sean necesariamente de este baloncesto (y conste que no se trata de desprecio al Clásico, líbreme el cielo, yo mismo le eché un ojo en cuanto pude, el Clásico me interesa en lo que tiene de deporte, de enfrentamiento crepuscular entre dos grandísimas escuadras; pero todo lo demás, todo el ruido y la furia que se genera a su alrededor, no sólo no me interesa sino que me molesta profundamente). Así pues (tras esta prescindible introducción) me pongo por fin a ello, a contarles una semana más con pelos y señales los procelosos entresijos de esta maravillosa locura de marzo que nos ha tocado vivir. Vamos allá.

SOUTH 

Florida (1) – UCLA (4)

Stanford (10) – Dayton (11)

Érase una vez una universidad californiana llamada Stanford que no estaba en la Ivy League porque le pillaba lejos pero no porque no lo mereciera, un centro del saber considerado unánimemente entre la élite académica de la nación. De Stanford salieron presidentes, salieron grandes próceres y demás gente instruida, salieron también jugadores de baloncesto a veces. Les recuerdo un gran equipo a finales de los noventa de la mano de (el actual técnico de la vecina Universidad de California) Mike Montgomery, les recuerdo volviendo al Torneo con los gemelos Collins (Jarron y Jason) y más tarde con los gemelos López (Brook y Robin), les recuerdo un peludo jugador que pensé que iría para estrella y se nos quedó en muy poca cosa, Josh Childress. Y pare usted de contar. Cuentan que en 2009 decidieron dar un golpe de timón y ponerse en manos de Johnny Dawkins, un sujeto al que conocimos en los ochenta formando aquella dupla exterior Dawkins-Hawkins (Johnny & Hersey) en los Sixers de Barkley, un sujeto que tras retirarse volvió a su alma máter Duke como tantos otros ex bases de la casa para situarse a la vera de Krzyzewski y ejercer durante un montón de años como asistente, un sujeto que finalmente decidió que había llegado por fin el momento de volar solo y aceptar esta oferta que le llegaba desde la otra esquina de la nación. Las cosas no fueron fáciles, cuatro años sin Madness fueron más que suficientes para que empezara a abrirse el suelo bajo sus pies, de haberse repetido este año la historia quizás habría rodado su cabeza pero no fue así, sucedió que tras alguna irregularidad finalmente sacaron su billete para el baile y finalmente sucede que tras dos rondas aún continúan bailando, quién se lo iba a decir.

Y veremos si no continúan todavía otra ronda más: con un equipo tan largo de estatura como corto de efectivos, con su aguerrida defensa, la aportación exterior de Chason Randle, el intrépido taponador Huestis y la socorrida pareja interior que integran Dwight Powell y Stefan Nastic (que pese a su apellido no es de Tarragona ni de los Balcanes sino canadiense, al igual que Powell) se la liaron en segunda ronda a New Mexico (profundamente decepcionantes los Lobos, con mención especial en ese aspecto para su base Kendall Williams) y se plantaron en tercera con la misión imposible de cargarse a Kansas. ¿Imposible? Ponga usted una buena zona 2-3, meta un poco de sentido común en ataque y tendrá a los archifavoritos Jayhawks en estado de pánico antes de que se dé cuenta. Que un equipo como Kansas con todo su Wiggins, Selden, Ellis (finalmente no se estrenó Embiid) y demás familia tenga que recurrir a dos freshmen de banquillo como Mason y (sobre todo) Frankamp para que le salven los muebles dice mucho del papelón que hicieron estos Jayhawks en general y del que hizo su afamado Andrew Wiggins en particular: en el día más importante de su carrera universitaria (si es que a esto se le puede llamar carrera universitaria) volvió a desaparecer (como en aquella otra noche ante Oklahoma State) y se marcó un espantoso 1 de 6 en tiros de campo en 34 minutos para totalizar 4 puntos (al menos anotó dos tiros libres) y 4 pérdidas de balón. Todo lo cual por supuesto provocó en su rostro el mismo impacto gestual que si hubiera ganado o se le hubiera caído el techo encima, es decir ninguno. Ni una mueca, impasible el ademán, no diré que ni siente ni padece pero desde luego que se esfuerza concienzudamente en disimularlo. Wiggins es muy bueno y va a ser mejor, no me cabe la menor duda, pero esa sensación de falta de implicación y de no tener sangre en las venas no creo que le beneficie en absoluto a lo largo de su carrera profesional. Hoy sabemos que Wiggins pasó por la universidad, lo que ya no está tan claro es que la universidad haya pasado por Wiggins.

Claro que si les parece grande lo de Stanford esperen a ver lo de Dayton. Dayton fue el sexto equipo de la muy venida a más conferencia Atlantic 10 en entrar en el Torneo, se sumó así a St. Joseph’s. St. Louis, VCU, Massachusetts y George Washington para enojo de un Krzyzewski al que (visto lo que sucedió después) más le habría valido callarse. Pero Dayton fue equipo de burbuja, de los que entran en el último instante, de los que normalmente juegan ese First Four (ahora llamado Primera Ronda) de los puestos 11 y 12, de hecho si no lo jugaron es muy probable que fuera porque esa Primera Ronda se disputaba precisamente en Dayton. Y Dayton que ya que estaba aquí decidió hacer la gracia, Dayton que se llevó por delante a dos grandes un tanto venidos a menos, primero a la irregularísima Ohio State y luego a esa Syracuse de mis desvelos a la que la temporada se le acabó en febrero por razones que no alcanzo a comprender. Dos grandes venidos a menos pero dos grandes al fin y al cabo, dos equipos que siempre serán favoritos ante Dayton aún por mal que estén ellos y bien los Flyers. Así que ahí les tienen, nada menos que en Sweet Sixteen y ante Stanford o lo que es lo mismo, que esto no tiene por qué haberse acabado todavía. Todo ello a mayor gloria de un Archie Miller (hermano del técnico de Arizona Sean Miller aunque tampoco hace falta que yo se lo diga, les bastará con ver la foto para saberlo) al que a partir de ahora se van a rifar todas esas universidades en busca de coach, al tiempo. 

La otra parte del cuadro viene ya bastante más normal, el 1 contra el 4 como mandan los cánones (sean éstos quienes sean) en Sweet Sixteen. O dicho de otra manera, que con las sucesivas eliminaciones de Kansas, Syracuse u Ohio State a Florida se le ha abierto una autopista de tres carriles para llegar a Final Four. Claro está que para vérselas como hiperfavorito contra Stanford o Dayton en su correspondiente Final Regional antes tendrán que haber dado cuenta de UCLA… y fíjense, eso ya no lo tengo yo tan claro. Llegan bien los Bruins aunque justo será decir que tampoco han tenido rivales de mucha entidad por el camino, de entrada Tulsa y luego esa Stephen F. Austin que protagonizó en Segunda Ronda el final más alucinante de lo que llevamos de Torneo. Imaginen, 10 segundos para el final, VCU 4 arriba y posesión, SFA que hace falta, dos tiros libres que fallan los Rams, 3 + 1 (en falta más que discutible) que clavan los Lumberjacks, prórroga y desenlace y ahora son ya los de Shaka Smart los que se quieren morir… tras semejantes esfuerzos no les quedaron ya muchas fuerzas a estos Lumberjacks como para oponer resistencia ante los Bruins, poniendo así fin a la racha victoriosa que arrastraban desde finales de noviembre. Habemus Florida-UCLA, un duelo que evoca aquellos otros duelos en las Final Four de 2006 y 2007 ganadas por los Gators, tiempos aquellos en que los Bruins aún no jugaban al ritmo del alegre Alford sino al del espeso Howland. Nadie da tampoco un dólar por ellos en esta ocasión pero créanme que yo no les descartaría tan temprano. Quizá porque soy muy de Kyle Anderson, no les digo yo que no…

WEST

Arizona (1) – San Diego St. (4)

Wisconsin (2) – Baylor (6)

¿Cómo les podría explicar yo ese maravilloso Wisconsin-Oregon? Para empezar baste decir que en el descanso Oregon ganaba 49-37, que se dice pronto. Meter 49 puntos en 20 minutos ya es un lujo en cualquier competición, tanto más en baloncesto universitario (posesiones de 35 segundos, recuerden)… pero metérselos a los Badgers de Bo Ryan no creo que lo recordaran ni los más viejos del lugar. [Mención especial merece en este punto la extraordinaria actuación de un Joseph Young que llegó a Oregon como transfer procedente de la Universidad de Houston, la misma en que estudió su padre. ¿Que quién era su padre? Michael Young, que si usted es insultantemente joven no le dirá nada pero si usted tenía ya uso de razón en los ochenta/noventa sin duda le recordará enchufando triples en Valladolid y más tarde en Limoges, entre aquellas criaturas de Maljkovic que le amargaron una Euroliga al Madrid. Fin del inciso] ¿Suficiente? Qué más hubieran querido los Patos oregonianos. Otros años Wisconsin complementaba su siempre magnífica defensa con un ataque tirando a rácano que acostumbraba a apurar hasta treinta segundos por posesión a la espera de encontrar una buena posición de tiro, pero este año tiene tanta calidad el amigo Ryan que ha decidido darse unas cuantas alegrías, tanto más si además tiene que remontar como era el caso. Lo que vino tras el descanso fue una catarata de baloncesto ofensivo por parte de los Badgers como no creo que hayamos visto otra en todo en Torneo, quizá en toda la temporada: Decker, Gasser, Brust, Traevon Jackson (hijo de Jimmy Jackson, aquel de la triple J en los Mavericks con Jason Kidd y Jamal Mashburn)… y ese insospechado Frank Kaminski que jamás ni en el mejor de sus sueños imaginaron que le fuera a dar el rendimiento que le está dando a Ryan. Añadan además que el partido se jugó casualmente en Milwaukee (que está unos cuantos miles de kilómetros más cerca de Madison, Wisconsin que de Eugene, Oregon), imaginen a esas buenas gentes enloquecidas animando a sus Badgers y ya pueden suponer cuál fue el resultado final.

Cómo les podría explicar yo ese asombroso Creighton-Baylor? (Más difícil todavía que lo anterior) ¿Cómo explicarles que los maravillosos Bluejays de la familia McDermott se hundieran tan estrepitosamente ante los (habitualmente irregulares) Bears de Baylor? ¿Un exceso de responsabilidad tal vez, un exceso de fatiga tras el sobreesfuerzo que hubieron de realizar en la ronda anterior ante la fascinante Louisiana-Lafayette, una mala preparación del partido sin duda? Aún no habíamos entrado en materia y Baylor ya ganaba de veinte que antes de que nos diéramos cuenta ya eran treinta, antes del descanso ya se había acabado el partido y todo lo que vino después ya sólo fue felicidad para los Bears y una pura agonía para las buenas gentes de Creighton en general y para Doug McDermott en particular, un Doug McDermott que quedará ya para la historia como uno de los más grandes anotadores NCAA de todos los tiempos (quinto, de haber jugado un par de rondas más aún habría podido escalar alguna otra posición), un maravilloso jugador cuya carrera universitaria en modo alguno mereció acabarse así. Ahora sólo nos quedará ya saber qué será de su vida, si por una vez los prejuicios físicos dejarán paso al talento en la noche del draft o si en su defecto se le abrirán de par en par las puertas de Europa (lo cual tampoco estaría nada mal, por cierto). No sé dónde, cuándo ni cómo pero lo que sí tengo claro es que volveremos a encontrárnoslo y a disfrutarlo, no me cabe la menor duda.

Vayan también estas líneas en desagravio de Baylor, un equipo que tiende a decepcionarme y con el que siempre tengo la sensación de que su resultado suele estar muy por debajo de la suma de las partes. No esta vez, claro. No cuando a Chery o Haslip les entra todo lo que tiran, no cuando Isaiah Austin no sólo participa sino que además se implica, vamos que hasta se atreve a fajarse bajo el aro alguna vez (incluso). Baylor ha destrozado por sí sola las ilusiones baloncestísticas del Estado de Nebraska, la propia Nebraska en Segunda Ronda y Creighton en Tercera, probablemente sus integrantes serán considerados personas non-gratas a partir de ahora en dicha demarcación. Ahora bien, lo siguiente será ya Wisconsin y esa será ya otra historia, me temo que necesitarán algo más que la mera suma de sus miembros para tener siquiera alguna opción.

Por el otro lado de esta Región Oeste las aguas bajan bastante más tranquilas. Arizona muy en su papel de número 1 se llevó por delante a Gonzaga sin dejar a los Zags (también llamados Bulldogs) ni la menor esperanza. Fue ese también como es lógico el final de varias carreras universitarias, entre ellas la de un David Stockton del que me intriga (casi tanto como en el caso de McDermott) cuál será su futuro a partir de ahora. Y en cuanto a los Aztecs de San Diego State baste decir que en Segunda Ronda se deshicieron con muchos apuros de la New Mexico State del gigantesco (en términos meramente físicos) Sim Bhullar y que luego en cambio dieron buena cuenta de la cenicienta de turno, esa North Dakota State que ya había cumplido con creces eliminando a Oklahoma en la ronda anterior. Si todo va normal (que es mucho suponer, dadas las circunstancias) viviremos un alucinante Arizona-Wisconsin en Final Regional, un hipotético encuentro que habría de coronar de una vez por todas a Sean Miller o a Bo Ryan en Final Four. Créanme, cualquiera de los dos lo merece tanto como el que más.

MIDWEST

Louisville (4) – Kentucky (8)

Michigan (2) – Tennessee (11)

Imaginen (ya sé que es mucho imaginar, pero imagínenlo de todos modos) que Osasuna (por ejemplo) fuera líder de Primera División, que el Madrid estuviera octavo, que Osasuna fuera a jugar contra el Madrid, que ganara el Madrid gracias a un solitario gol en el tiempo de descuento y que entonces todo dios hablara de sorpresa porque el octavo clasificado habría ganado al primero. ¿Sorpresa? A ver, un poquito de por favor, sorpresa es que un modesto le gane a un grande aún por bien que esté el modesto y mal que esté el grande, sorpresa es que los pajaritos disparen a las escopetas, nunca al revés. Este pasado domingo el número 1 Wichita State cayó finalmente ante el número 8 Kentucky, y fueron muchos los que hablaron de sorpresa sin pararse a valorar la diferente dimensión de una u otra universidad, sin pararse a pensar en que si esto nos lo hubieran contado en noviembre no nos lo habríamos creído, que habríamos podido imaginar entonces a Kentucky en el 1 y Wichita en el 8 pero nunca al contrario. Están los que hablaron de sorpresa y están también aquellos a quienes les faltó tiempo para sacar pecho y predecir el pasado, lo veis, si ya lo decía yo, si los rivales nunca son los mismos, si una mid-major nunca puede ser número 1 por mucho que haya ganado todo lo habido y por haber… Calma señores, por favor, y en lugar de tanta grandilocuencia valoremos las cosas en su justa medida: Wichita State ha hecho un temporadón incomparable, Wichita State ha enlazado una tras otra 35 victorias que no tienen precedentes en la historia, Wichita State ha llegado invicta al Madness que hacía 23 años que nadie lo hacía… y Wichita State perdió en Tercera Ronda, eso es incontestable, lo dicen los números, pero hay maneras y maneras de perder: un partido sublime, grandioso, jugado de poder a poder (disculpen el tópico) y que al final fue casi una moneda al aire, un épico desenlace sobre la bocina: si aquel triple postrero del gran Fred VanVleet hubiera entrado ahora ya nadie dudaría de estos Shockers. En cualquier caso la duda es libre, faltaría más, pero para mí no hay ninguna: pase lo que pase a partir de ahora, gane quien gane el Campeonato, éste quedará ya para siempre como el año de Wichita State. Aunque ya sean historia.

Todo lo cual no me impide reconocer como se merecen a estos Wildcats de Kentucky. Saben perfectamente que el caliparismo no es mi fuerte, saben también que en noviembre eran poco menos que una banda, una pandilla de yogurines cada uno de su padre y de su madre, incapaces de integrarse en un proyecto común. Pero es que sucede que ahora ya estamos en marzo, ahora ya se conocen y hasta se complementan, que tíos con tanto talento consigan finalmente ser equipo representa un serio peligro para cualquiera. Su partido fue soberbio, con los gemelos Harrison a muy buen nivel y con un Julius Randle sencillamente imponente, y ello a pesar de la magnífica defensa que (aunque pareciera imposible, dada la diferencia física) le hizo Cleanthony Early. Sale por ahora muy reforzado Randle de cara al draft, por activa (la suya) y por pasiva (la de Parker y Wiggins), salen muy reforzados en general estos Wildcats pero ojo porque a la vuelta de la esquina les esperan ya sus ilustres vecinos de Louisville. Los Cardinals lo pasaron muy mal ante los fantásticos Jaspers de Manhattan y tampoco lo pasaron muy bien ante los aguerridos Billikens de Saint Louis, pero sobrevivieron a ambas pruebas y aquí los tenemos ya preparados para revivir otro derby de Kentucky, otro de esos duelos crepusculares con que nos obsequian cada año a finales de diciembre. Louisville vs Kentucky, Pitino vs Calipari, Harrell vs Randle, Smith & Jones vs Harrison Twins, Hancock (el sempiterno desatascador de este equipo) vs James Young. Louisville vs Kentucky nunca es un partido más, aún menos es un partido más si nos lo encontramos ya en Sweet Sixteen. ¿Favorito? Será por Pitino, será porque son los actuales campeones, será por lo que sea pero las casas de apuestas de Las Vegas dan como favoritos a los Cardinals no ya para este partido sino para alcanzar incluso la finalísima de la competición junto a Florida. Dado que se juegan su dinero no seré yo quien les lleve la contraria…

Claro que eso será con permiso de Michigan. Michigan que se deshizo sin despeinarse de Wofford y con muchas menos dificultad de la esperada de Texas, Michigan que ahora debería vérselas con Duke pero en su lugar se las verá con Tennessee, ya ve usted lo que son las cosas. Duke puso en el mapa a la Universidad de Mercer y a Langston Hall al igual que hace dos años puso también en el mapa a la Universidad de Lehigh y a C.J. McColllum, segunda catástrofe en tres años que ha dado pie a que muchos se apresuren a enterrar al enterrador Krzyzewski. Permítanme que no compre yo ese discurso. No es que yo sea superfán del Coach K, ni por asomo, pero una cosa es una cosa y otra más ya son dos cosas, no puede ser que dos cagadas puntuales (aún por graves que sean), pesen más que los títulos, las final four, los oros olímpicos o las casi mil victorias que lleva en su carrera. Duke perdió por tener un equipo descompensado a más no poder, por juntar al mejor perímetro de la nación con un juego interior casi inexistente y porque enfrente tuvo a una Mercer que será todo lo modesta que usted quiera pero que supo optimizar sus virtudes y minimizar las de Duke casi mejor que cualquier otra. Minimizar a Hood, a Cook, a Thornton e incluso a Jabari Parker, que mire usted por dónde fue a hacer el pasado viernes el peor partido que le hemos visto este año (el peor que yo le haya visto, al menos), Tanto que hasta dijo estar pensándose muy seriamente lo del draft, que a ver cómo iba a dejar así Duke con tan mal sabor de boca. Ojalá se quede, yo bien que me alegraría… pero permítanme que lo dude, una cosa es lo que se dice al calor de la derrota en marzo y otra muy distinta lo que se hace al olor de los dólares en abril o mayo. Al tiempo.

Mercer fue cenicienta por un día, al segundo ya no hubo más cenicientez, lo impidió una Tennessee que podría también ser cenicienta a su manera, no por tradición ni por historia pero sí por presente. Entraron en el Torneo de milagro, hubieron de clasificarse en el First Four ante (la muy venida a menos) Iowa, luego ya instalados en el seed 11 se comieron con patatas al 6 Massachusetts (que algunos todavía no entendemos qué demonios hacía ahí tan arriba) y finalmente la susodicha Mercer tampoco fue ya rival para estos Volunteers. Equipo apañado con dos presencias fundamentales, Conrad McRae por fuera y Jarnell Stokes por dentro, no tienen ni de lejos un plantillón como los que llegó a reunir (de aquella manera) el histriónico Bruce Pearl, pero ya habría querido el susodicho Pearl sacar a aquellas criaturas la mitad del rendimiento que a estas otras les está sacando Cuonzo Martin. ¿Suficiente como para molestar o incluso poner en aprietos a los Wolverines? Permítanme que lo dude, pero… que les quiten lo bailao.

EAST

Virginia (1) – Michigan St. (4)

Iowa St. (3) – Connecticut (7)

Si tiene usted un taburete firmemente asentado sobre tres patas y de repente va y le quita una de las patas, pueden pasar dos cosas: 1) que se caiga sin remedio, ó 2) que se mantenga en equilibrio inestable sobre sus dos patas pero siempre expuesto a que cualquier mínimo roce acabe derribándolo. la Universidad de Iowa State es un taburete (permítanme la metáfora) que se asentaba sobre tres patas básicas llamadas DeAndre Kane, Melvin Ejim y Georges Niang, era un taburete estupendo en el que te podías sentar y hasta subirte encima con total confianza hasta que en Segunda Ronda se le rompió definitivamente una de sus patas, esa delicia de jugador interior llamada Niang que no te gana por físico sino por clase y por el que algunos hemos desarrollado una particular debilidad. Todo parecía indicar que en cuanto lo rozaran los Tar Heels el taburete de los Cyclones se nos caería sin remedio, pero resultó que el diseñador del susodicho taburete (o sea, Fred Hoiberg) tenía otros planes, que se puso a apuntalarlo con un poco de Dustin Hogue, de Naz Long, de Monte Morris y de todos los demás y que gracias a eso consiguió no ya mantener ese equilibrio sino incluso aguantar las sucesivas embestidas de North Carolina, así hasta que a una de las patas supervivientes (como metáfora me está quedando un poco larga), el presunto base DeAndre Kane, le dio por jugársela y meterla casi sobre la bocina, ese casi fue el segundo y medio que a los Tar Heels se les fue en pedir un tiempo que ya llegó fuera de tiempo, valga la redundancia. Partidazo enorme, sublime, de los mejores si no el mejor del Torneo (y miren que hay donde escoger). Que en el caso de North Carolina llovía ya sobre mojado porque no era menos partidazo el que habían disputado en Segunda Ronda ante Providence, para el recuerdo quedará la portentosa (y a la postre inútil) actuación del base de los Friars Bryce Cotton, háganme el favor de apuntar ese nombre en el supuesto de que no lo tuvieran apuntado ya.

Iowa State-Connecticut, ese será su próximo cruce y ya veremos si esas dos patas que le quedan (aún por fuertes que sean) siguen bastándole a Hoiberg ante Napier y demás familia, ojalá porque una vez que se han muerto mis Orange y además Creighton, Iowa u Oregon estos Cyclones son ya los únicos favoritos sentimentales que aún me quedan, aunque sólo sea por lo mucho que me han divertido viéndoles jugar a lo largo de este año. Pero mucho ojo con esta UConn que en Segunda Ronda acabó con las aspiraciones de St. Joseph’s (flamante campeona de la Atlantic 10) y que seguidamente fue a enfrentarse con Villanova, una vieja pelea de perros y gatos (como la llamó la CBS) entre dos viejos rivales de la Big East cuando la Big East era todavía la Big East. Tanto dio que los gatos estuvieran en el número 2 y los perros en el 7 porque a la hora de la verdad los perros (o sea, los Huskies) pudieron con los gatos (o sea, los Wildcats) con inusitada facilidad. Equipo interesantísimo este de Connecticut en el que Kevin Ollie cada vez parece mejor entrenador y en el que Shabazz Napier es capaz de lo mejor y de lo peor (pero ahora ya lo primero mucho más frecuentemente que lo segundo) junto a su socio Boatright y a ese impagable supporting cast, Giffey, Daniels, Kromah, Brimah, etc. Les encanta jugar a estos Huskies, como buenos chuchos cuando están contentos y mueven el rabo son capaces de llevarse cualquier cosa por delante… y no digamos ya si por el camino se tropiezan con un taburete de sólo dos patas.

Por el otro lado de esta Región Este sigue viva y coleando Virginia, no es ya que siga viva y coleando sino que además goza de muy buena salud. Tanta como para llevarse por delante en Tercera Ronda a los Tigers de Memphis, esas criaturillas del histriónico Josh Pastner que parecía que se fueran a comer el mundo y a la postre no se comieron ni un colín ante los Harris, Tobey, Brogdon y demás familia virginiana. Estamos tan poco acostumbrados a ver a estos Cavaliers por aquí arriba que cada dos por tres pensamos que van a caer y que ésta será ya la definitiva, pero ellos afortunadamente se empeñan en dejarnos una y otra vez con un palmo de narices y en demostrarnos que su maravillosa temporada y sus títulos en la ACC no fueron en modo alguno una casualidad. Hasta el infinito y más allá…

O hasta que se vean las caras (ya mismo) con los Spartans de Michigan State. Yo les metí en Final Four porque son un gran equipo (mucho más que la suma de sus magníficas individualidades), porque llegan en gran momento pero también por esa regla no escrita de que todo Spartan que cumpla ciclo universitario acaba jugando al menos una Final Four a las órdenes de Izzo. La última fue en 2010 luego de no jugarla este año se rompería la racha (lo cual sería una pena para Appling y Payne, mayormente), quizá por eso más que por ninguna otra razón les di como favoritos por esta zona del cuadro… para posteriormente descubrir que casi todo dios les había dado también como favoritos por esta zona del cuadro, soy así de original. In Izzo we trust, y no nos hará flaquear en nuestras creencias el hecho de que los cerebritos de Harvard les llevaran al límite en tercera ronda, a mayor gloria de un técnico como Tommy Amaker que por segundo año consecutivo sale reforzadísimo del Baile. Pero sobrevivieron (los Spartans, me refiero) y a partir de aquí el cielo es el límite… aunque eso sí, pasando por Virginia en lo que habrá de ser uno de los más intensos y maravillosos duelos (y miren que hay donde escoger) de Sweet Sixteen.

Créanme, perdérselo (ni este partido ni ningún otro) no es una opción, ni aunque nos pongan otro Clásico (que no toca pero vaya usted a saber, que es bien sabido que los designios del Señor son inescrutables). Y por si acaso aquí nos encontraremos la semana que viene en lo habrá de ser ya la previa de la Final Four, en lo que será ya la última crónica de marzo… aunque quizás para entonces ya estemos en abril.

(publicado originalmente en tirandoafallar.com)

GABINETE CALIPARI   3 comments

No sé por qué tengo la sensación de que cada vez que escribo sobre Kentucky (Universidad de) acabo escribiendo exactamente lo mismo. Cambian los apellidos, cambian (de un año para otro, indefectiblemente) los jugadores pero la vida sigue igual en Lexington, la filosofía sigue siendo la misma, una filosofía que no no mira al futuro sino al presente (o a veces ni eso siquiera), que según crea equipos los destruye, que no es alta costura sino pret a porter, que no implica vocación de permanencia sino un mero usar y tirar. La filosofía del one and done colectivo, las criaturas llegan, pasan un año por imperativo legal y luego se van perdiendo el culo a por los dólares de la NBA, tanto dará que luego sean estrellas como que se lo pelen (el culo, me refiero) en los banquillos por haberse ido sin la debida preparación, tanto dará ser un John Wall como ser un Daniel Orton, toma el dinero y corre, sólo cuenta el hoy, el mañana a quién le importa, ya nos preocuparemos por él cuando llegue si es que llega. Puro Calipari.

Hace casi dos años ganaron el título y no faltaron entonces los iluminados que saludaron aquel acontecimiento como si fuera el advenimiento de una nueva era, podrá parecer exagerado pero creo recordar que la frase en algún caso fue casi literal. Como si aquel resultado supusiera un antes y un después, un cambio de filosofía colectiva en la NCAA. Como si el resto de universidades pudieran reclutar lo que recluta Kentucky, como si pudieran conformarse con tener a sus chavales un año y luego despacharlos, como si ya no fuera su tarea formarlos (para el baloncesto, para la vida) durante cuatro cursos sucesivos. Estos iluminados tienden a confundir sus deseos con la realidad, trátase en su mayor parte de enebeadictos que en su día consideraron a la NCAA como un mal necesario y hoy ya ni eso siquiera, hoy miran a la NCAA como si fuera la NBDL porque en el fondo les encantaría que así fuera, que la NCAA acabara siendo devorada por la propia Liga de Desarrollo de la NBA. No digo que no pueda acabar sucediendo dentro de veinte o treinta años pero lo cierto es que a día de hoy las cosas siguen más o menos como estaban: la NCAA (aún con sus evidentes contradicciones) sigue viva y aparentemente goza de buena salud, Kentucky sigue reclutando año tras año lo más florido y granado de cada promoción, Kansas o Duke también suelen pescar algún que otro prodigio y el resto (es decir, las restantes trescientas y pico universidades) se limitan a seguir entendiendo este baloncesto igual que siempre lo entendieron, como un proceso de formación a medio/largo plazo. Si el título de Kentucky supuso el advenimiento de una nueva era la verdad es que lo disimula bastante bien, por ahora la vida sigue igual. Y que dure.

Kentucky también sigue igual, como esa especie de sucursal NBA en territorio NCAA a la que ya vamos estando acostumbrados. Hace ya unos cuantos años se instauró entre las estrellas de instituto ese lugar común, nada como una estancia de apenas unos mesecitos en el Gabinete del Doctor Calipari para salir ya perfectamente preparados para la LIGA con mayúsculas, si hay que pasar necesariamente por la universidad procuremos al menos hacerlo donde más parecida sea a lo que nos vayamos a encontrar después, donde nadie nos pregunte si vamos a seguir y todos den ya por hecho que sólo estamos de paso. El propio Calipari echó más leña al fuego (digámoslo así) este pasado verano con unas declaraciones que no recuerdo textualmente (soy así de torpe) pero en las que más o menos venía a decir que él no entrena a un equipo sino que entrena jugadores, sin más, como si sólo fuera un mero preparador individual y se le diera una higa lo que hicieran colectivamente sus Wildcats. Ese es el modelo, que a aquellos que siempre entendimos el baloncesto como un deporte colectivo nos chirría extraordinariamente pero que a sus aficionados se ve que les encanta, total a quién le importa crear equipo si la mera suma de individualidades ya les basta para conseguir títulos como aquel de 2012. Allá ellos.

Claro está, en tratándose de la mera suma de individualidades igual te puede pasar que ganes el título, véase 2012, como que ni siquiera te metas en el March Madness (lesión de Noel mediante), véase 2013. ¿En 2014? Evidentemente en 2014 estamos (al menos a priori) mucho más cerca de la realidad de hace dos cursos que de la de esta pasada temporada, es bien sabido que la camada de novatos de este año es extraordinaria y lógicamente una buena parte de ella fue a parar a Lexington, ya ven qué casualidad. Tres joyas de la corona había en el mercado, se les escapó Wiggins que fue a parar a Kansas, se les escapó el maravilloso Jabari Parker que prefirió Duke pero se llevaron finalmente al huerto al imponente Julius Randle. Y a partir de ahí vino todo lo demás.

Julius Randle es un nombre que probablemente a estas alturas ya les resultará familiar (como Wiggins, como Jabari) aunque no sepan nada de baloncesto universitario, y que aún mucho más familiar les empezará a resultar dentro de unos meses cuando le vean aparecer en los puestos más altos del draft. Julius Randle es un ala-pívot cuyo físico así de primeras no recuerda tanto al de un Karl Malone como al de (por ejemplo) un Zach Randolph de la vida, es decir, más redondeado que musculado todavía a estas alturas. Pero es que estas alturas son apenas 19 años recién cumplidos, es decir, tiempo (y actitud, parece) tiene por delante para que le veamos convertirse en una fuerza de la naturaleza. Todo lo cual por sí mismo ya está muy bien, pero es que además la criatura no es sólo el típico cacho carne sino que sabe jugar, y mucho. Imparable en el uno contra uno, aguanta bien los dos contra uno, buena mano en las distancias cortas (y a ratos también en las más largas), es una mala bestia en el rebote y tiene además un primer paso sencillamente demoledor, muy superior a lo que solemos encontrar en jugadores de su tamaño (tamaño que en lo que se refiere a estatura tampoco es desmesurado, en pies le dan 6,9 que traducidos a metros vendrían a ser como 2,05 más o menos, no le vendría mal algún centímetro de más para sobrevivir en el siguiente nivel). Por ponerle alguna pega me da que es tan imparable de cara al aro como muy mejorable todavía de espaldas al aro, aún no se prodiga demasiado en esa suerte (entre otras cosas porque el puesto de cénter en Kentucky está muy bien cubierto, como luego veremos), nada que no pueda trabajar en cuanto se lo proponga. Y por ponerle otra pega, ya en un par de partidos le he visto dolerse de achaques diversos, nada de particular si no fuera porque está justo en esa fase en la que todo se lo van a mirar con lupa. Problemas menores en cualquier caso, la criatura es una joyita también en actitud e implicación, nada que ver con algún antecesor suyo en ese centro ni con ese otro Wiggins que parece situarse siempre por encima del bien y del mal (ya les contaré cuando hablemos de Kansas). En condiciones normales habremos de tener Randle para muchos, muchos años.

Toca ahora hablar de los gemelos Harrison, Andrew y Aaron, uno y dos, dorsal 5 y dorsal 2 respectivamente. Dos gotas de agua, de esos que te los imaginas dando el pego, intercambiándose en los exámenes o jugando cada uno con la camiseta del otro… aunque en lo tocante a su juego sí que existen pequeñas pero significativas diferencias. Aaron (el dos) es más tirador (aunque también ataca bien el aro), más jugón como si dijéramos, no se le aprecian actitudes de base aunque tampoco le vendría mal ir adquiriéndolas porque difícil será que se gane la vida como escolta. Andrew (el uno) es tan buen penetrador como su hermano pero con mucha menos muñeca, algo que se hace notar incluso en los tiros libres; obviamente es más director de juego pero tampoco crean que llama la atención en ese aspecto: mucho más administrativo que creativo, mucho más de soltarla sin más a ver si así le vuelve, mucho más de jugársela que de pasar, al igual que su hermano. Ambos dos tienen el potencial para llegar a ser muy buenos pero ambos dos a día de hoy me dejan muy muy frío, qué le vamos a hacer. Si aguantan al menos otro año en el campus quizá tengan aún tiempo de hacerme cambiar de opinión.

Y aún encontrarán un cuarto freshman en el quinteto titular… pero last but not least como suele decirse, porque a mí (que soy muy raro) es casi el que más me gusta de los cuatro, si acaso en dura competencia con Randle: se llama James Young, juega aquí de tres aunque para el siguiente nivel será en mejor de los casos un dos/tres (o más bien un dos a secas) y es de esas criaturas que hacen que este juego parezca fácil, de esas que te transmiten la sensación de hacerlo todo bien. Ya quisieran por ejemplo los gemelos Harrison tener la visión de juego y el talento para el pase que atesora este Young, y así tantas otras cosas: tiro exterior sublime, explosividad cuando es necesaria, colaboración en todos y cada uno de los departamentos del juego. Eligió Kentucky y en el pecado llevó la penitencia, en mi opinión: podrá ganar muchos partidos, podrá hasta ser campeón incluso pero su presencia aquí estará mucho más opacada (por Randle) de lo que lo estaría en cualquier otra universidad donde fuera el puto amo, con perdón. Con todo y con eso es carne de draft, carne de one and done, diría yo incluso que carne de lotería. James Young, suena  a nombre y apellido común y corriente pero mejor será que no se nos olvide de ahora en adelante.

El titular que nos queda ya no es freshman (aunque parezca increíble) sino sophomore, se llama Willie Cauley-Stein y es otro al que encontraremos en puestos de arriba del próximo draft dado que la carne de cénter bueno se cotiza bastante por aquellos pagos (y por éstos). Cauley-Stein causó sensación en su año freshman (casi tanto como Noel, aún más tras la lesión de éste), contra todo pronóstico (y con buen criterio) decidió volver al campus para su segundo año, todos pensamos entonces que sería instrumental en estos Wildcats 2013/2014… y la sensación que ahora nos queda (a mí, al menos) es como de un sí, pero. Que está muy bien, no digo yo que no, pero que podría estar mucho mejor. Que del año pasado a éste la única evolución que se le aprecia es la del color de su pelo. Importante sin duda… pero no tanto como debería serlo. Digamos también en su defensa que acaso este año brille menos porque tenga mejores compañeros alrededor, algo que también afecta (y cómo) a otro que volvió para su año sophomore, el sexto hombre Alex Poythress. He ahí otra de las contradicciones del caliparismo: eres ya importante en tu primer año, eliges volver al campus para seguir mejorando y perfeccionando tu juego… y resulta que acabas jugando mucho menos de lo que jugabas antes porque te comen el sitio todos aquellos que llegaron tras de ti. El mundo al revés.

Completan la rotación el base sénior (sí, por increíble que resulte también juega un sénior, a veces) Jarrod Polson y cómo no, otros dos freshmen, no tan epatantes como los cuatro titulares pero que también tienen sus minutos y aún más tendrán en años venideros si no cometen el error de marcharse antes de tiempo (y si no aterriza luego otra camada de novatos que también les cierre el paso, claro), el base Dominique Hawkins y el imponente (pero aún muy tierno) sietepiés Dakari Johnson. Súmenlo todo ello y el resultado les dará una sobredosis de talento que en su día hizo que casi todos los analistas les dieran como máximos favoritos en los meses previos al comienzo de temporada. Hoy ya las cosas son ligeramente diferentes, me temo. Llevan ya tres derrotas (por doce victorias), tres derrotas que además tuve ocasión de presenciar, ante Michigan State, ante Baylor y ante los sorprendentes (por irregulares) Tar Heels de North Carolina. Tres derrotas que evidenciaron dos obviedades: que les falta experiencia y que un equipo acostumbra a ser mucho más que la mera suma de sus miembros. El talento lo tienen, la cohesión (aún por secundaria que a su técnico le parezca) tendrá que llegar también tarde o temprano. Acaso ya esté llegando, de hecho en su último partido ganaron con suficiencia a Louisville en el habitual derby de Kentucky de cada final de diciembre. Ganaron aún teniendo que prescindir de Randle durante los últimos minutos, ganaron también gracias a que el partido se jugó en su Rupp Arena, de haber sido en el KFC Yum! Center (nada menos) de Louisville quizá la historia habría sido muy distinta. En cualquier caso están ya en el buen camino estos Wildcats, qué duda cabe de que volverán a estar entre los favoritos… pero eso, a estar entre, no a ser, no sé si captan la sutil diferencia: hoy ya nadie apuesta que esta Big Blue Nation vaya a llevarse necesariamente el gato al agua… lo cual tampoco significa que no pueda llevárselo a poco que se lo proponga. Mimbres tienen para ello, más que nadie. Ya otra cosa será que acaben de hacer el cesto.

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com)

la que se nos viene encima   Leave a comment

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com)

O dicho de otra manera: todo aquello que siempre quiso saber sobre esta nueva temporada de baloncesto universitario, pero que jamás se le habría ocurrido preguntar. Como el saber no ocupa lugar (y menos en Internet), me dispongo a satisfacer su curiosidad al respecto incluso aunque no sienta dicha curiosidad, esto es así, aquí le damos respuestas aunque no tenga preguntas. Y todo por el mismo precio…

Creo que hacia finales de la pasada temporada les dije ya (y si no pues se lo digo ahora) que a esta NCAA 2013/2014 no la iba a reconocer ni la madre que le parió. Tal cual. Para empezar deberemos revisar todo lo que un día supimos sobre conferencias y equipos que las integran: no es ya que haya cambios puntuales (que esos los hay todos los años) sino que en algún caso concreto hay pocas cosas que continúen igual. La Big East, por ejemplo. A algunos, aficionados Orange(men) de por vida, se nos rompieron los esquemas cuando hace unos cuantos meses se anunció que Syracuse dejaría esa Conferencia en la que llevaba casi la vida entera (o casi desde que empezó a entrenarla Boeheim, que viene a ser lo mismo) para entrar a formar parte de la Atlantic Coast Conference, en siglas la ACC. O dicho de otra manera, que Syracuse dejaría de jugar en enero y febrero contra St. John’s o Georgetown como llevaba haciéndolo toda la vida de dios, que ahora pasaría a jugar contra Duke o North Carolina pongamos por caso. Y que no se iría sola, que con los Orange de la manita llegarían también a la ACC los Figting Irish de Notre Dame o los Panthers de Pittsburgh. Créanme que a algunos nos va a costar hacernos a la idea, casi tanto como nos va a costar que (quizá para hacerles hueco) Maryland deje en 2014 la ACC para ir a parar a la Big10 (con Indiana, Michigan, Michigan St…), una conferencia en la que no pega ni con cola, ni geográficamente siquiera. ¿Les parece raro? Pues mejor será que se vayan acostumbrando, porque todo esto con ser raro fue sólo el principio…

El lío gordo llegó a finales de la pasada temporada: siete universidades católicas de la Big East, a saber Georgetown, De Paul, Marquette, Seton Hall, Providence, St. John’s y Villanova, decidieron escindirse de la Big East y crear una conferencia nueva a la que tras darle muchas vueltas y quebrarse sobremanera la cabeza decidieron ponerle el bello nombre de… Big East. Como lo oyen (como lo leen, más bien), la vieja Big East tragó con que la nueva se llevara el nombre y hasta su tradicional Torneo Final en el Madison, todo ello a cambio de que la vieja se quedara con la caja común (o eso cuentan, que habré de reconocerles que yo en estos asuntos burocráticos me pierdo), así a priori tampoco parece un mal acuerdo. Así pues, a partir de esta temporada tendremos una nueva Big East con las siete universidades antes mencionadas más otras tres igualmente católicas llegadas a su vez de otros lares, Xavier, Butler (que últimamente sale a cambio de conferencia por año) y Creighton, ubicadas respectivamente en Cincinnati, Indianapolis y Omaha, cada una un poco menos al Este que la anterior, no está mal para llamarse Big East. Y tendremos asimismo una vieja Big East a la que obviamente a partir de ahora ya no volveremos a llamar nunca más Big East sino por su nuevo y flamante nombre, American Athletic Conference, en siglas AAC (qué bien pensadas para que nos confundamos una y otra vez con la ACC). De todo lo cual témome que apenas se habrá enterado de casi nada pero qué quiere que le haga, estas cosas son así, no sé contárselas de otra manera…

Todavía dos pequeñas aclaraciones respecto a todo lo ¿explicado? en el párrafo anterior: 1) No vayan a pensar en un cisma religioso ni nada similar, los católicos por un lado y los protestantes por otro cual si de una guerra santa se tratara, ni hablar, recuerden que aquello es América (Estados Unidos de), allí esta clase de transacciones no se rige por razones eclesiásticas sino por razones meramente comerciales, que allí podrán ser muy puritanos pero para la cosa de los negocios son muy prácticos: la cuestión tiene más que ver con que se agrupen por un lado las universidades más tradicionalmente baloncesteras y se queden por el otro las más tradicionalmente futboleras (fútbol americano, of course), tiene mucho más que ver con la respectiva negociación de sus respectivos contratos de televisión. Y 2) No vayan a pensar que todo esto va a parar aquí, en absoluto, la cosa del deporte universitario está en continuo movimiento: a lo que les contaba antes de Maryland cabría añadir que incluso la mismísima campeona en ejercicio, es decir Louisville, dejará también la ex Big East (o sea, la Athletic etc) a mediados de 2014 para ir a parar a… (adivinen): efectivamente, a la ACC, que quedará así ya convertida sin discusión alguna en la conferencia más fuerte (aún más si cabe) de todo el baloncesto universitario. Al menos hasta el siguiente movimiento…

Dejemos los temas burocráticos (no vaya a ser que acaben huyendo los pocos lectores que aún queden) y pasemos a los estrictamente deportivos. Así de entrada quédense con tres nombres, las tres joyas de la corona, tres sujetos de los que probablemente ya hayan oído hablar (incluso aunque no sigan para nada este baloncesto) y de los que mucho más oirán de aquí en adelante, no ya este año sino durante los próximos quince o veinte años: 1) Andrew Wiggins, portentoso alero canadiense, presunto número 1 del próximo draft, acaso el jugador al que más bola mediática se haya dado tras salir del insti desde los tiempos de LeBron James (y eso es decir mucho), y que tras darle muchas vueltas decidió finalmente jugar su one and done para los Jayhawks de Kansas; 2) Julius Randle, no menos portentoso ala-pívot, de imponentes condiciones físicas y no menos aparentes condiciones técnicas, que se decantó (fíjense qué original) por ponerse a las órdenes de Calipari en los Wildcats de Kentucky; y 3) Jabari Parker, alero al que poco a poco se le fue dando menos bombo que a los dos anteriores pero que es una auténtica delicia de jugador, y que tras pensárselo muy mucho (es mormón, por lo que a punto estuvo de recalar en BYU) decidió finalmente ponerse a las órdenes del Coach K en sus Blue Devils de Duke. Y no están solos, que la nueva generación viene sobrada de niños prodigio, que no habremos conocido muchas otras como ésta:  Tyler Ennis en Syracuse, Noah Vonleh en Indiana, Aaron Gordon (un brincador nato, un tipo que juega como si se hubiese tragado un muelle) en Arizona, Kasey Hill  en Florida, medio equipo de Kansas, casi el equipo entero de Kentucky… Buenísimos freshmen (y presuntos one and done) para dar y tomar.

Sí, el principal favorito para casi todo dios es Kentucky. Esta vez no es ya que Calipari se haya vuelto a llevar a la mejor promoción de novatos de la nación (que eso este año es decir mucho), es que incluso podría alinear un quinteto titular entero de freshmen si quisiera, un poco a la manera de aquellos legendarios Fab five de hace más de veinte años: los gemelos Harrison por fuera, el tremendo James Young de tres, el susodicho Randle de cuatro, Dakari Johnson completando el quinteto y hasta podría añadir aún un sexto novato en caso de necesidad, Marcus Lee. Tremendo despliegue de talento y (sobre todo) físico que se completa con el imponente pívot sophomore Cauley-Stein (titular indiscutible, así que lo del quinteto freshman va a estar difícil), el también sophomore Poythress… El típico equipo apisonadora calipariano, a cuya presumible inexperiencia se opondrán la inmensas sabidurías de Izzo en Michigan State (Payne, Appling, Harris), Krzyzewski en Duke (Cook, Sulaimon, el transfer de Mississippi State Rodney Hood, el ya mentado Parker), Self en Kansas (la joya Wiggins más los también freshmen Selden, Mason o Embiid, más el retorno de Perry Ellis) y cómo no, Pitino en Louisville (con buena parte del equipo campeón de hace 7 meses: Blackshear, Behannan, el talentoso a la par que anárquico Russ Smith…)

¿Aún más? Michigan (con el regreso de Glenn Robinson III, McGary o Stauskas), Syracuse, Arizona, Florida, Oklahoma State (con el retorno de ese portentoso incordio llamado Marcus Smart, que bien pudo haber sido top3 ó al menos top5 del pasado draft pero que finalmente decidió volver al campus de Stillwater, por razones que no me explico pero que me hacen sumamente feliz), Ohio State, Wichita State, Gonzaga, Oregon, UConn, VCU (con lo que se quiera sacar el mago Shaka Smart de su chistera…). Apunten además el eterno retorno a Creighton de ese impagable Doug McDermott, el de Jahii Carson a Arizona State, el de Kyle Anderson a un sumamente atractivo equipo de UCLA… Atractivo entre otras cosas porque largaron a Howland y contrataron como técnico a Steve Alford, como atractivos serán sus vecinos de USC (ese hotel de los líos) tras haberse puesto en manos de Andy Enfield (sí, el autor de aquel milagro del pasado marzo con Florida Gulf Coast). Como atractivos espero que sean los Gophers de Minnesota tras haber cesado a Tubby Smith y contratado en su lugar a Richard Pitino (que obviamente no es Rick Pitino sino su hijo, casualmente del mismo nombre). Como atractivos no sé ya si serán los Bulldogs de Butler con el ex asistente Brandon Miller o lo que es lo mismo, sin el impagable Brad Stevens, a día de hoy topándose ya contra la cruda realidad de la NBA…

Muchas cosas, demasiadas sin duda (y no vean las que me dejo) como para extractarlas en un solo (presunto) artículo, que digo yo que tampoco es cuestión de aburrirles (aún más si cabe) ya desde el primer día. Les invito a acompañarme si lo tienen a bien durante estos próximos cinco meses, ésta es su casa, pasen y encontrarán toda clase de historias al respecto. De verdad se lo digo, se nos viene encima una temporada NCAA sencillamente apasionante, quizá la más espectacular de estos últimos tiempos (así lo aseguran casi unánimemente todos los expertos, quién sería yo para llevarles la contraria aunque quisiera, que no quiero), yo que usted no la daría de lado por nada del mundo, no vaya a ser que luego se tenga que arrepentir…

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