Archivo para la etiqueta ‘Kevin Pangos

IMÁGENES REFRESCANTES   1 comment

En tiempos era una práctica habitual, no sé si hoy seguirá siéndolo porque ya casi no veo noticiarios televisivos, con Internet tengo más que suficiente. En tiempos te sentabas a ver el telediario veraniego y tras tragarte la habitual ristra de catástrofes, escándalos, disturbios, sucesos y conflictos varios el comunicador (suplente) de turno ponía su mejor cara de felicidad y te soltaba aquello de …y hoy, para acabar nuestro informativo, les dejamos con unas imágenes refrescantes. Y en tu televisor se iban sucediendo esculturales cuerpos practicando esquí náutico, intrépidos surfistas cabalgando sobre las olas, gráciles veleros surcando la mar serena mientras tú, ahí bien recocido en tu sofá a tus cuarenta y tantos grados centígrados, sin aire (ni acondicionado ni sin acondicionar) ni ventilador ni vacaciones, te acordabas de la madre que parió al comunicador, al director, al realizador y al surfista incluso, ya puestos. Nunca hubo nada menos refrescante que unas imágenes refrescantes, ni aún por muy sugestivas que éstas fueran. De hecho en mi caso siempre produjeron el efecto contrario, si bien habré de reconocer que los exabruptos que soltaba al verlas sí acababan dejándome una extraña sensación de liberación. Quizá fuera eso lo que pretendieran…

Y sin embargo aquí me tienen, intentando provocarles ese mismo efecto… sólo que en términos estrictamente baloncestísticos, no vayan a pensar. No teman, no abundaré en la serie de catastróficas desdichas que aflige a la ACB en estos días, no abundaré porque ya las conocen de sobra, porque ya se las hemos contado en este mismo lugar y por no amargarles (aún más si cabe) la vida. Pero a cambio les ofreceré mis particulares imágenes refrescantes, casi las únicas que ofrece en estos días nuestra atribulada competición. No hará falta que les recuerde que cada vez hay menos dinero para desembolsar, que cada vez llegan americanos de menos postín y tronío, que los que vienen pesan mucho menos que los que se van… pero no hay mal que por bien no venga, dicen. Antes los fichábamos curtidos en mil batallas europeas, ahora los fichamos casi recién salidos del cascarón universitario, lo cual, para alguien que se pasa los inviernos enteros pegado a la NCAA como es mi caso, no deja de ser un plus. Así que esas van a ser mis particulares imágenes refrescantes, si buscaban esculturales cuerpos en traje de baño me temo que no acudieron al lugar adecuado. Eso sí, a cambio les presentaré (in alphabetical order) a seis sujetos casi recién salidos de fábrica y que llegan con la loable misión de refrescar (en la medida de lo posible) nuestra endogámica, esclerotizada, envejecida y encorsetada Liga ACB. Ojalá lo consigan.

1. Algunos que ya peinamos abundantes canas aún recordamos a su padre. También es verdad que tiene truco, si se hubiera apellidado Smith o Jones probablemente lo habríamos olvidado pero Abromaitis no creo yo que haya muchos en la guía telefónica, en cualquier caso si usted no lo recuerda no se preocupe, más bien alégrese, es una mera cuestión de edad. Aquel Jim Abromaitis se hizo carne y habitó entre nosotros en la temporada 1980/1981, hace la friolera de 35 años ya;abromaitisx-large no diré que dejó una huella imborrable (más allá de su apellido) porque no sería cierto, y eso que no estuvo en un equipo cualquiera sino en el mismísimo Real Madrid de los Corbalán, Brabender, Iturriaga, Rullán, Romay, Prada, You Llorente, Indio Díaz, Randy Meister y demás familia. Era un buen tirador, nada más (y nada menos) que eso. Bastante más que eso (pero también eso) es su hijo, Tim Abromaitis, gracias entre otras cosas a haberse formado en una universidad como Notre Dame en la que no basta con tirar bien sino que además tienes que jugar muy bien al baloncesto. Los Fighting Irish de Mike Brey podrán tener mejores o peores promociones pero mueven siempre el balón como los ángeles y utilizan como nadie los espacios, lo que les convierte en una verdadera delicia de equipo. No por casualidad sus productos acostumbran a ser jugadores muy bien formados, aquí mismo hemos podido comprobarlo hace bien poco con Ben Hansbrough o Luke Harangody (y aprovecho la ocasión para dejarles otro nombre recién graduado, Pat Connaughton, si no cuaja en NBA y tienen mano en ACB tírense en plancha a por él). Abromaitis es otro buen ejemplo, y ello a pesar de que se perdió su último año de elegibilidad por culpa de una rotura del ligamento cruzado anterior que pareció cercenar ya para siempre su carrera profesional. Pero se repuso, se vino a Europa y durante estas tres últimas temporadas (Villeurbanne, Estrasburgo, Braunschweig) no ha hecho sino mejorar. Si a todo esto añadimos su inmejorable currículum académico y su impecable estampa de yerno ideal, el resultado de todo ello nos dará un producto que parece hecho a medida para un proyecto como el de Tenerife, del mismo modo que la propuesta de Alejandro Martínez parece que ni pintada para un jugador como él. Que sea por muchos años.

2. No me pregunten por qué, pero hubo un tiempo en el que a los entrenadores ACB les encantaba fichar mormones. Cualquier jugador recién importado de USA venía siempre rodeado de incertidumbres, cómo será, qué carácter tendrá, cómo se adaptará, etc. Incertidumbres que en tratándose de mormones se reducían contylerhawssiderablemente ya que su adaptabilidad, entrenabilidad, disciplina y entendimiento del juego resultaban estar siempre muy por encima de la media. Ejemplos hubo a patadas (también excepciones, claro), todos los que usted quiera, desde aquel legendario Steve Trumbo hasta los recientes Toolson (todos los Toolson) o Yeisi Carroll. Bien, pues el siguiente a añadir a esta lista se llama Tyler Haws y llega a Santiago de Compostela directamente desde Brigham Young (BYU para los amigos), la universidad mormona por antonomasia. Ahora bien, más allá de sus creencias, más allá de esa cara de asco (mi madre, menos diplomática para estas cosas, diría que parece que estuviera oliendo mierda), más allá de ese aura de superioridad tan yanqui que le caracteriza, sepan bien que estamos ante un anotador compulsivo: un sujeto que ha promediado más de 22 puntos por partido superando así los registros históricos de otros legendarios cougars como Danny Ainge o (mucho más recientemente) Jimmer Fredette. Añádase además que no llega con los típicos 22 años de cada graduado universitario sino con 24, fruto de haber pasado esa particular mili mormona de los dos años de misión, concretamente en Filipinas; añádase también que la criatura nació en Bélgica por esas cosas raras de la vida, lo que supongo que le conferirá la condición de comunitario por si su fichaje no fuera ya suficientemente chollo de por sí. Pensé yo que encontraría hueco en cualquier franquicia NBA, probablemente también lo pensaron en el Obra cuando lo apalabraron, probablemente aún no acaben de creerse que vayan a disfrutar durante todo un año de un jugador así. Eso sí, tampoco le pidan más, tengan claro que en apenas unos meses (y siempre y cuando no le reclamen de USA) seguro que habrá ya unos cuantos grandes de Europa peleándose por sus servicios. Al tiempo.

3. Providence es una fiesta. No me refiero a la capital del estado de Rhode Island (que puede que también lo sea, pero que no tengo el placer de conocer) sino al equipo de baloncesto de su universidad, esos Friars que siempre que los ves te devuelven el precio de la entrada (si lo hubiere), lástima que por jugar en la Big East les veamos mucho menos de lo que nos gustaría. Así fue en 2014 gracias al eléctrico Bryce Cotton (lo último que supe de él es que andaba por los Jazz),henton así ha sido aún más si cabe en 2015 gracias a una fantástica pareja: de un lado el mágico base Kris Dunn, uno de esos jugadores que te entran por los ojos ya desde la primera vez que le ves (y que volverá a Providence en unos meses para completar su año sénior, de lo cual me alegro); y del otro un alero interesantísimo, físicamente muy potente, agresivo en penetración y con muy buena mano, que responde al bello a la par que insospechado nombre de LaDontae Henton (si se están preguntando qué extraña razón lleva a unos padres a ponerle LaDontae a su retoño, habré de confesarles que yo también me lo pregunto). Henton acabó su periplo universitario hace unos meses, no fue drafteado y pensé que se lo rifarían en Europa pero fue pasando el verano y nadie pareció acordarse de él… justo hasta que este pasado fin de semana se ha acordado por fin de él el Baloncesto Sevilla, ese mismo (ex) Caha que en apenas un mes ha pasado de estar casi al borde de la muerte a fichar a todo bicho viviente, apoyo de su entidad financiera propietaria mediante: Bamforth (again), Nachbar (nada menos), Miljenovic (joyita) y ahora este Henton que debería salirles muy bien, aunque el fichaje de una criatura recién salida del cascarón siempre deje alguna duda: cómo procese ese paso del amateurismo al profesionalismo, de Rhode Island a Andalucía e incluso de Ed Cooley a Luis Casimiro; dos pedazo de entrenadores si bien completamente diferentes el uno del otro. Luego acabará como acabe, pero por ahora es una magnífica noticia tenerlo por aquí.

4. Ya he contado alguna vez la historia de aquel primer partido que le vi, que era en realidad el segundo que jugaba en su universidad de Gonzaga. Aquella noche de noviembre de 2011, ante su nuevo público de Spokane, frente a la vecina Washington State, el recién aterrizado Kevin Pangos se marcó la friolera de nueve triples, tal cual, nueve triples uno detrás de otro (claro está, no iban a ser todos a la vez), nueve triples con envidiables porcentajes además, dejando ojipláticos no ya a sus aficionados ni a quienes lo vimos desde la distancia sino incluso a los mismísimos analistas televisivos (que más de una vez se confundieron y le llamaron Pargo, ya que ocupaba jukevin_pangossto el lugar que Jeremy Pargo acababa de dejar). Ni que decir tiene que el canadiense no volvió jamás a repetir una actuación así, pero ello no quita para que durante todos estos años haya seguido jugando a un magnífico nivel. No siempre ejerció de base puro porque a menudo le tocó compartir cancha con un cerebrito como David Stockton (de los Stockton de toda la vida), pero este último año recuperó el mando en plaza y dejó meridianamente claras dos cosas: a) que siempre va a ser un base más anotador que director, y b) que en cualquier caso ha mejorado muchísimo en las labores de dirección. Triunfará en el Granca siempre y cuando sus fieles aficionados tengan paciencia con él (al fin y al cabo es su primer trabajo remunerado como baloncestista profesional), siempre y cuando tengan claro que no van a encontrar en él al sucesor de Tomás Bellas sino a otro estilo de base completamente distinto, casi contrapuesto. Ahora bien, con un maestro en el banquillo como Aíto (extraordinario en la dirección de jóvenes, de toda la vida de dios) y otro en el parquet como Oliver tendrá ya mucho ganado en su proceso de adaptación. Dejemos que Gran Canaria (la isla, la gente, el equipo) se ocupe de todo lo demás.

5. Siempre es un placer ver jugar a Vanderbilt, universidad sita en Nashville, Tennessee. Siempre es un placer ver a los Commodores sobre todo en su casa, en ese incomparable Memorial Gym que no se parece a ningún otro pabellón (que yo haya conocido) sobre la faz de la Tierra, con sus banquillos no en el lateral sino en los fondos, casi al pie de las canastas. Pero más allá de peculiaridades Vanderbilt acostumbra a jugar buen baloncesto gracias a su técnico Kevin Stallings y a interesantes promociones de jugadores,Jeffery_Taylor_Vanderbilt_InsideOnly pongamos por ejemplo aquella de 2012 con el escolta anotador John Jenkins (carne de Liga de Desarrollo durante todos estos años), el pívot fajador nigeriano Festus Ezeli (hoy ya con un anillo en los Warriors) y el alero-chico-para-todo Jeffery Taylor, jugador interesante donde los  haya. Jordan (sí, ESE Jordan) puso sus ojos en él y le escogió para sus Bobcats (hoy ya Hornets) en el 31 del draft (lo que viene siendo el 1º de la segunda ronda), justo un puesto detrás de Ezeli y ocho detrás de Jenkins por cierto. Su elección desató la euforia en las buenas gentes de Charlotte que creyeron (tanto más tras sus magníficas actuaciones en las ligas de verano) haber conseguido un verdadero robo. Bueno, pues no. La realidad como tantas otras veces vino a poner las cosas en su sitio, primero en forma de lesión (aquiles) y luego en forma de sanción por un lamentable episodio de violencia de género que él mismo reconoció y por el que le cayeron 24 partidos. Así las cosas (y tras múltiples idas y venidas a la Liga de Desarrollo) los Hornets acabaron cortándole hace pocos meses. Se le cerraba así la puerta de la NBA pero a cambio se le abría de par en par la de Europa, gracias además al pequeño detalle de que Taylor es sueco; no sueco de conveniencia sino sueco sueco, sueco de pura cepa, nacido en Norrköping mientras su padre estuvo jugando allí. De hecho ha defendido ya la camiseta de su selección, de hecho hasta participó en el Eurobasket 2013 con notable éxito de crítica y público. Dicen que le ha fichado el Real Madrid para sustituir a KC Rivers (que la cosa de los pasaportes la tiene algo más revuelta, por lo visto), de hecho todos los medios lo dieron por hecho hace un par de meses aunque yo a día de hoy no he sido capaz de encontrar confirmación alguna al respecto, bien porque las cosas de palacio van despacio o bien porque soy así de torpe y no habré sabido dónde buscar. Sea como fuere (y dando por supuesto que finalmente llegue a la casa blanca) que nadie espere un clon de Rivers porque su posición podrá ser similar pero su juego es muy distinto: más defensa, más físico, menos tiro que su antecesor. Y más carácter, también. Esperemos que mezcle bien con un equipo tan hecho como este Madrid.

6. En los cinco casos anteriores les he vendido optimismo a raudales pero no se me vengan arriba, no todo ha de ser jijí jajá, me temo que con éste que viene ahora voy a bajar un poco (bastante) el listón. Señoras, señores, les presento a los gemelos Wear, Travis y David Wear, dos gotas de agua como no podía ser de otra manera, dos esbeltos yogurines a los que imaginamos intercambiándose exámenes y castigos sin que sus profesores se dieran cuenta cumpliendo así con la mística asociada a su condición.DavidWearTravisWear Juntos llegaron a North Carolina, juntos decidieron cambiar de aires y emigrar a la soleada California en busca de mejor fortuna, juntos aterrizaron en UCLA, juntos se graduaron cumpliendo casi en la cancha ese mismo papel intercambiable que les imaginábamos en las aulas. Las diferencias (más allá de que el uno llevaba el 12 y el otro el 24) eran sólo de matiz: Travis, a menudo titular, era más completo, algo (sólo algo) más interior, algo menos alérgico a las zonas; David, por lo general suplente, era aún menos fajador si cabe, prototípico cuatro abierto (y decir cuatro es decir mucho) con buena mano y pare usted de contar. Acabada la carrera se separaron finalmente sus destinos, la adultez es lo que tiene: Travis fue a parar a los Knicks para confirmar el hecho evidente de que allí ya juega cualquiera (de hecho recientemente han fichado a Sasha Vujacic, por si nos quedara todavía alguna duda), David en cambio hubo de buscarse la vida (como tantos otros) en la D-League. Supongo que habrán sido sus números en esa competición y (sobre todo) en la pasada Liga de Verano los que han llevado al Fuenla a contratarle, algo que como ya habrán deducido a partir de todo lo anterior no me hace especial ilusión; fíjense que hasta me preguntaron en Twitter si mejoraba a Daniel Clark (comparación odiosa donde las haya) y respondí que para mí no, en absoluto. Dicho lo cual, si yo fuera aficionado fuenlabreño tampoco me preocuparía demasiado al respecto. Primero porque acaso mi recuerdo sea exagerado, porque puede que haya progresado mucho desde entonces. Segundo porque no soy de fiar, no soy un experto sino un mero aficionado cuyo atrevimiento va en paralelo a su ignorancia. Y tercero (y principal) porque bastante tienen ahora mismo con preocuparse sobre si saldrán en ACB como para preocuparse de con qué jugadores saldrán (en su caso) en ACB.

Y hasta aquí. Me habría encantado dedicarle también un parrafito a ese magnífico fichaje del Valencia Basket llamado John Shurna (por quien siento especial debilidad desde su etapa en Northwestern) pero en este caso no tendría sentido que yo se lo presentara ya que ustedes lo conocen ya de sobra tras su etapa en Badalona. Como me habría encantado dedicarle unos parrafillos al flamante fichaje de la Penya Ousmane Drame (Quinnipiac) y al no menos flamante obradoirista Alec Brown (Wisconsin Green-Bay), pero si lo hiciera les estaría vendiendo la moto (aún más si cabe) dado que apenas pude ver jugar a sus respectivas universidades (y bien que lo siento) como para tener formada una opinión. Como me encantaría poder dedicarle algunas líneas a jugadores interesantísimos como Juwan Staten (West Virginia), Askia Booker (Colorado), Jordan Sibert (Dayton), LeBryan Nash (Oklahoma State), Jonathan Holmes (Texas), Emmy Andújar (Manhattan) o Matt Stainbrook (Xavier), me encantaría porque eso significaría que les veríamos por aquí pero por ahora no parece que sea el caso (ni por ningún otro sitio, que yo sepa), por si acaso ahí les dejo sus nombres para lo que gusten mandar. Como me encantaría escribir algo también de tíos como Miljenovic, Vezenkov, Sobin, Vrkic, Musli, McGrath, Caloiaro, Benite, incluso Doncic, Yusta o Rico… pero como dijo aquél, hoy no toca, hoy la cosa iba sólo de denominación de origen NCAA. Además que creo yo que ya está bien, que con seis imágenes refrescantes tienen más que suficiente. No se me vayan a enfriar.

(publicado originalmente en BASKET Y PUNTO)

la cenicienta que dejó de serlo   3 comments

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 25 de enero de 2013)

Hubo un tiempo en el que la palabra Gonzaga sólo nos sonaba a santoral, generalmente con un sanlúis delante. Hubo un tiempo en el que casi nadie sabía si aquel jugador elegido con el número 16 del draft de 1984 era Stockton de la Universidad de Gonzaga o Gonzaga de la Universidad de Stockton. Hubo un tiempo en el que daba igual la temporada que hubiera hecho Gonzaga, daban igual las victorias que hubiera conseguido ante rivales de cierto nivel porque llegaba el Torneo y sistemáticamente me la plantaban en el puesto 10 u 11 de su Región; como daban igual las victorias que consiguiera luego, daba igual que pasara dos o tres rondas, daba igual que al año siguiente continuara ganando porque en llegando marzo más de lo mismo, si antes fuiste 10 u 11 ahora te pondremos 8 ó 9 pero más arriba no, cenicienta eres y cenicienta seguirás siendo toda tu vida que aquí no hay príncipes ni hadas madrinas ni carrozas que antes fueran calabazas, ni siquiera zapatitos de cristal… ¿o tal vez sí?

Recuerdos de un pasado que ya nunca más ha de volver, que decía la copla. Gonzaga sigue siendo una Universidad pequeña, sita en una localidad no demasiado grande (Spokane, estado de Washington, esquina noroeste del mapa) e integrada en una conferencia tirando a mediana, la West Coast Conference (WCC para los amigos), una de esas que allí llaman mid-majors. Y sin embargo hace ya algún tiempo que Gonzaga dejó de ejercer de cenicienta, hace ya unos cuantos años (quizá desde que Mark Few se hizo cargo del equipo, casualmente) que se convirtió en referencia indispensable en este baloncesto: podrá tener equipos mejores o peores pero siempre merece ser tenida en cuenta. Cierto es que aún se les resiste la Final Four (y bien cerca que estuvieron, y aún nos duelen casi como si fueran nuestras aquellas lágrimas desoladas de Adam Morrison contra el parquet) pero es sólo cuestión de tiempo, no les quepa la menor duda de que caerá cualquier año de éstos, quién sabe si este mismo incluso. ¿Difícil? Por supuesto, que la competencia va a ser brutal. ¿Imposible? En absoluto.

Ahora bien, ¿qué tienen a día de hoy estos Zags (también llamados Bulldogs) para ser merecedores de semejante consideración? Empecemos por el principio, es decir, ese señor que juega de base, viene del otro lado de la frontera (que pilla a apenas dos pasos de Spokane como si dijéramos), es sophomore y se llama Kevin Pangos. Vi jugar por primera vez a Pangos en noviembre de 2011, en el que era tan solo su segundo partido (no sé si incluso el primero oficial) con esa Universidad; en semejantes circunstancias quizás habría cabido esperar que el chaval se cortara, ya saben, el típico freshman apocado y prudente, pendiente sólo de ejecutar al pie de la letra las órdenes de su entrenador… Y una leche: aquella noche ante Washington State Pangos metió nueve triples, nueve. Y no vayan a pensar que se tiró hasta las zapatillas (tampoco se lo habrían consentido), debió hacer 9 de 12 ó 9 de 13, algo así. Claro está, ante semejante exhibición cabían básicamente dos posibilidades, pensar que estábamos ante un megacrack que haría tambalearse los mismísimos cimientos de este deporte en años venideros o pensar que estábamos ante un mero espejismo. Pues ni tanto ni tan calvo, que decía mi abuela: Pangos no ha repetido ni de lejos aquel portento (que yo sepa) pero ello no quita para que sea un magnífico base; que tiene como principal virtud el tiro exterior (quizás esto ya se lo habrían imaginado) pero que ha mejorado también su pase (el cómo y el cuándo), que se nos está convirtiendo en un gran director de juego y aún más habrá de convertírsenos en años venideros siempre y cuando no le dé por escuchar los cantos de sirena de la NBA (que no debería, pero vaya usted a saber). En cualquier caso un dignísimo sucesor de esa estirpe de bases gonzaguianos que se remonta por supuesto hasta el mismísimo John Stockton pero que en los últimos tiempos nos ha dejado a tipos como Matt Santangelo, Dan Dickau, Blake Stepp, Derek Raivio o Jeremy Pargo entre otros.

Y cómo no, un candidato claro (otro más) a llevar la batuta de esa hipotética selección de Canadá que debería epatarnos en unos cuantos años siempre y cuando todos esos compatriotas suyos que están ya triunfando en NCAA (y los que aún vendrán) logren ponerse de acuerdo algún día para jugar juntos, que esa es otra. Aquí mismo tenemos a otro más (que ya les dije que la frontera pilla cerca), una gratísima sorpresa llamada Kelly Olynyk. Hace unos meses no parecía que tuviera tanto baloncesto ni de lejos pero ya saben que a veces pasan estas cosas: el hoy laker Robert Sacre (también canadiense, para variar) se graduó y a partir de ahí Olynyk debió ver el cielo abierto, de tal manera que hoy ya no sabemos si fue antes el huevo o la gallina: si juega tan bien porque ha ganado en minutos y confianza o si ha ganado en minutos y confianza porque juega bien. Sea por lo que fuere se ha convertido en la principal referencia interior de estos Bulldogs (también llamados Zags), un cuatro y medio con fundamentos (sobre todo de cara al aro) más que decentes. Ténganlo muy en cuenta.

El principal socio exterior de Pangos se llama Gary Bell Jr. y es otro consumado triplista, a la par que sumamente capaz de llevar también la batuta cuando es preciso. Y el principal socio interior de Olynyk se llama Elias Harris y es muy probable que ese nombre no les resulte del todo desconocido, incluso aunque no sigan para nada la NCAA, ya que nació a orillas de Rhin, en Speyer (o Espira, en absurda traducción al castellano), Renania-Palatinado, razón por la cual le hemos visto ya unas cuantas veces a la vera de Nowitzki defendiendo los colores de la selección alemana absoluta. Nos lo venden como ala-pívot (que es el papel que está debiendo desempeñar en Gonzaga en estos días, un poco por necesidades del guión) si bien yo le veo más bien como alero raso. En cualquier caso un jugador completísimo, de esos a quienes puedes pedir que te hagan de todo y casi todo lo hacen bien, o decentemente al menos. Otro de los secretos de la buena marcha de estos Zags.

El quinto puesto de titular acostumbra a ser el del machaka (figura cada vez más consolidada en NBA pero que también podemos encontrar a menudo en NCAA, con más razón ya que la calidad media es menor), para el que se turnan Mike Hart y el mucho más discreto Guy Landry-Edi, costamarfileño por más señas. Y no se me pierdan tampoco a lo que emerge del banquillo por la parte de dentro, con mención especial para el magnífico cuatro Sam Dower y para un fornido mocetón de aproximadamente 216 centímetros de longitud que responde al bello a la par que impronunciable nombre de Przemek Karnowski, nativo de Polonia como usted con su sagacidad habitual ya habrá sido capaz de deducir (ya ven que se trata de un equipo muy internacional). Freshman todavía, recién aterrizado como si dijéramos, por ahora lo mejor que se puede decir de él es que se trata de un jugador de infinitas posibilidades. Tiempo al tiempo.

Y por supuesto, jamás podría yo acabar un artículo sobre Gonzaga sin hablarles del base suplente de Gonzaga, David Stockton, cómo no, de los Stockton de toda la vida. David Stockton tiene básicamente dos problemas: 1) el peso de ese apellido sobre sus hombros, que hace que consantemente le estemos comparando con su (incomparable, por definición) progenitor; y 2) Kevin Pangos, cuya calidad (y acaso también la de Bell) le impide jugar más minutos de los que acaso deberían corresponderle. Ahora bien, entre aquel tímido (en su manera de jugar, me refiero, que en otras cosas no me consta) David Stockton que conocimos en su año freshman y este otro que conocemos en su año júnior hay una gran diferencia: no es que sea precisamente un descarado ni va a a serlo nunca, pero a poco que se suelta el pelo emergen esos grandes fundamentos y esa visión de juego (de tal palo…) que parece reservar sólo para paladares exquisitos. Desengañémonos, no va a parecerse nunca a su padre (¿ven lo que les decía de las comparaciones?), ni de lejos… pero creo sinceramente que (en contra de lo que pensé de él en su primer año) podría ganarse muy bien la vida con esto (ya otra cosa será que quiera, o que lo necesite). Aún le quedará esa cuarta temporada, que bien podría ser la de su definitiva explosión… sobre todo si se va Pangos. Veremos.

Dicho todo lo cual, habré de reconocerles que ésta no es precisamente la mejor semana para hablar de Gonzaga, que llevaba un chorro impoluto de victorias consecutivas hasta que se presentó este sábado en el maravilloso Hinkle Fieldhouse de Indianapolis para rendir visita a otra (ex) cenicienta que dejó de serlo, los (también) Bulldogs de Butler. ¿Cómo se lo explicaría? Partidazo de poder a poder (toma tópico), baloncesto del bueno, últimos instantes alucinantes y en éstas que nos encontramos a 3 segundos para el final con el partido casi ganado para Gonzaga, un punto arriba y posesión, a Butler sólo le quedaba hacer falta, forzar tiros libres e intentar montar luego un ataque imposible en apenas dos segundos desde su propia línea de fondo (que aquí no se puede sacar de medio campo, ni aún con tiempo muerto siquiera)… o eso creíamos todos: saca Stockton, se la va a dar a Olynyk pero Roosevelt Jones que se anticipa, que se la lleva, que se levanta a cuatro metros del aro literalmente sobre la bocina (tan literalmente que hubo casi que mirarlo con lupa para determinar la validez de la canasta…) Butler es el clutch team, el equipo bocina, si antes se decía que el último tiempo muerto siempre es de Dean Smith ahora habrá que empezar a decir que el último segundo siempre es de Brad Stevens. Sospecho que a estas alturas David Stockton todavía no se habrá recuperado del disgusto.

colorín colorado, este cuento no se ha acabado; Gonzaga ya no ejerce de cenicienta pero aún está a la espera de que el príncipe se deje de tonterías y se la acabe llevando al huerto, metáfora tan absurda como cualquier otra para referirme a la Final Four pero qué quieren, a estas alturas ya no doy más de sí. No tiene por qué ser este año (aunque tampoco sería tan extraño si así fuera) pero no duden que tarde o temprano serán felices y comerán perdices a poco que se sigan haciendo bien las cosas en esa esquina del mapa llamada Spokane. Al tiempo.

A %d blogueros les gusta esto: