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NO OS MEREZCO (edición 2016)   1 comment

Lo he dicho muchas veces, lo diré una más aún a riesgo de resultar cansino: no las merezco. NO OS MEREZCO. Laia, Silvia, Leti, Leo, Alba, Anna, Xargy, Niky, Laura Q, Laura G, Lucy, Astou, no os merezco, no diré que no os merecemos no vaya a ser que por generalizar alguien me diga que él sí. Yo no. Yo me paso años sin ver baloncesto femenino, nada, cero, ni de aquí ni de Europa ni de USA, temporadas enteras sin haceros el menor caso, tragándome hasta la náusea todos los demás baloncestos habidos y por haber sin encontrar ni un solo segundo para mirar un Perfumerías-Conquero o un Lynx-Fever pongamos por caso.villaolímpica Y podría alegar dificultades de acceso, podría pretextar que no lo tengo a mano pero sería mentira, si me busco la vida para ver recónditos partidos universitarios en la América profunda igualmente me la podría buscar para ver a estas tías allá donde estuvieran. No lo hago y lo que es peor, luego llega el verano (cualquier verano, tanto más éste) y me pongo a vibrar y a soñar con vuestras medallas como si realmente me las mereciera. Y tanto dará que ahora haga examen de conciencia y propósito de enmienda porque sé que me volverá a pasar lo mismo, sé que estas buenas palabras de agosto se las volverá a llevar el viento en noviembre, que a pesar de lo cual cuando vuelva a llegar agosto (o septiembre) empezaré de nuevo con la misma canción. No tengo remedio.

[Acotación al margen: si a alguien ofendiera la utilización del término tías ruego tenga la amabilidad de perdonármelo; lo uso con la misma familiaridad con la que uso a menudo el término tíos, pero vivimos tiempos de susceptibilidad a flor de piel: Lalo Alzueta se ha pasado años diciendo ¡¿pero a este tío quién lo para?! sin que ello le supusiera a nadie el menor trauma, pero bastó que en un partido femenino dijera ¡¿pero quién para a esta tía?! para que algunos/as se le tiraran a la yugular por irrespetuoso. Yo no lo veo así, para mí no es un término peyorativo en ninguno de los dos géneros, y en caso de que lo fuera lo sería por igual en ambos géneros. Creo que el verdadero respeto es otra cosa que desde luego que va mucho más allá de la mera utilización de un guiño coloquial en el lenguaje (y si de lenguaje hablamos bastante peor es estar llamándoles niñas cada dos por tres, como si el deporte femenino aún no hubiera alcanzado la mayoría de edad). Pero repito una vez más, para que no queden dudas: mis disculpas si aún así a alguien le hubiera podido molestar]

Me acuso además (por una vez y sin que sirva de precedente) de falta de fe. Os tuve como aspirantes a medalla (y cómo no habría de teneros) hasta el día aquel en que se nos dijo que se nos había averiado Sancho Lyttle, reconozco que en ese mismo momento me bajé del carro (expresión que odio profundamente, otro día hablaré de ello), que pensé que la plata o el bronce eran ya una quimera y que todo lo que consiguierais vendría ya por añadidura, si erais séptimas como si novenas, bien estaría en cualquier caso. Qué error, hacia todas en general pero hacia Astou en particular: no es ya que no echáramos de menos a Sancho, es que consiguió que casi ni recordáramos que existía, y eso es sólo el principio.tirodeCruz Qué inmenso error, como aquel otro que tuve cuando recuperé la fe en vosotras tras una impecable primera fase, cuando me volví a subir al carro (y dale) y desde ahí arriba os vi 8 abajo ante Turquía a poco más de tres minutos para el final. Ya está, se acabó, fue bello mientras duró, pensé como si no os conociera, como si no supiese ya de sobra de qué pasta estáis hechas, con quién nos la estábamos jugando. Ocho puntos, tres minutos, para otros puede ser un mundo, para vosotras sólo fue cuestión de tiempo. El que tardamos en comprender que (aún perdiendo) estáis siempre al otro lado de esa frágil línea roja, la que separa a los buenos equipos de los verdaderamente grandes. GRANDES.

No os merezco, pero no es ya que yo no os merezca. Es que no os merece el deporte español, ese mismo deporte que no ve más allá del Bugati de Cristiano o el tinte de Messi, que durante quince días se llena la boca contando medallas como si sólo eso importara pero que hoy ya ni recordará quiénes son Craviotto, Cooper Walz o Coloma, que aún menos se acordará durante estos próximos cuatro años (como tampoco se acordó durante los cuatro anteriores) de reinas absolutas como Beitia, Belmonte, Chourraut o Marín. Reinas, sí, cada una en lo suyo como reinas sois también vosotras en lo vuestro. El oro de los mortales, no sé en qué portada lo leí el otro día pero es una verdad como un templo, oro bañado en plata como aquel masculino de Pekín 2008 pero en vuestro caso mucho más todavía. Las yanquis juegan en otra liga (ya, claro, en la WNBA, pero entiéndanmelo también en sentido figurado), si en masculino puedes ganarles una vez de cada cien en femenino ¿puedes? hacerlo una vez de cada mil, y no sé si aún estoy tirando muy por lo alto. Porque las diferencias (sobre todo) físicas son abismales (mucho más que en el masculino), pero también porque para más inri vienen todas, en los tíos siempre hay algún LeBron o algún Curry que se te cae del cartel pero en las tías no sólo son todas las que están sino que además están todas las que son.comunachica La selección femenina de USA no pierde en Juegos Olímpicos desde Barcelona 92, y (como diría el bolero) pasarán más de mil años, muchos más antes de que volvamos a asistir a algo similar. Créanmelo, nunca hubo plata más dorada que ésta o para ser más preciso, nunca hubo oro más plateado que éste. Oro puro, al fin y al cabo.

Pero tanto dará, que hoy aún estáis en Rio celebrando vuestro oro (plateado) pero mañana os tendréis que ir a jugar a Ekaterimburgo (que levanten la mano quienes sepan dónde está Ekaterimburgo), eso si no os tenéis que conformar con quedaros en Salamanca (plaza privilegiada, en cualquier caso) o con bajaros a Huelva (por ejemplo) aún a riesgo de que desaparezca la entidad antes incluso de que empecéis a vestiros de corto. No es una figura literaria, qué más quisiéramos, al fin y al cabo hubo un equipo que se proclamó campeón de Europa un domingo y desapareció un lunes, aún no habían empezado a celebrarlo y ya se habían quedado sin club. Esa es nuestra realidad, para ponernos en la foto somos muy diligentes (y dirigentes) pero lo de sentar las bases de una liga medianamente competitiva ya nos cuesta más, anda y que se busquen todas la vida por esos mundos de dios. Ahora bien, no escurriré el bulto: si durante el resto del año paso de vosotras, si cuando os ponen por la tele no os veo, si cuando jugáis aquí al lado ni me planteo asistir difícilmente me puedo sentir legitimado para criticar nada, para dar lecciones a nadie. No soy digno de alegrarme siquiera con vuestros triunfos, y sin embargo el día de Turquía y el de Serbia los festejé (y lloré) como muy pocas veces he festejado (y llorado) triunfo alguno a lo largo de mi vida. Lo diré otra vez aún a riesgo de resultar cansino, NO OS MEREZCO, qué más quisiera yo que mereceros. Razón de más para estaros (aún más) infinitamente agradecido.

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NO LAS MEREZCO   2 comments

Pusimos nuestros huevos en la cesta equivocada. Allá por el mes de junio, mientras las criaturas de Del Bosque la cagaban en Brasil, solíamos tuitear que no pasaba nada, que al fin y al cabo ese no era nuestro mundial, que el verdadero Mundial empezaba en agosto. Y así nos lo creímos, así nos lució el pelo, así nos pasamos todo el verano elucubrando sobre nuestra supuesta final contra Estados Unidos como si ya estuviéramos en ella, como si ni siquiera hiciera falta llegar a ella. Así vivimos aquel orengazo como si fuera el fin del mundo, curiosamente entonces a ninguno de nosotros (que yo sepa) se nos ocurrió tuitear que no, que aquel tampoco era nuestro mundial, que el verdadero Mundial empezaría en Turquía a finales de septiembre. El Mundial era éste, rechace imitaciones, lo anterior sólo fue un mero sucedáneo. Tanto clamar por aquella presunta final versus USA, quién nos iba a decir que al final la tendríamos, y la disfrutaríamos… solo que mucho más lejos de casa, solo que tres semanas después de la (que hubiera sido) original.

¿Qué pensaría Sáez durante su habitual baño de medallas, mientras las colocaba sobre los cuellos de nuestras jugadoras como si se las estuviera poniendo a sí mismo? ¿Qué pensaría (sobre todo) mientras se abrazaba a Lucas Mondelo? ¿Pensaría acaso que aquél era el triunfo de la sencillez, de la normalidad, algo tan vulgar como juntar al mejor grupo de jugadoras posible y ponerlas además a las órdenes del mejor seleccionador posible?sel1 Ojalá fuera así, aunque dudo mucho que su ego se lo permitiera. Ojalá se diera cuenta de que el espíritu que preside esta selección femenina de 2014 es el mismo que el de aquella selección masculina de 2006, un grupo de amigos/as, extraordinarios/as jugadores/as todos/as ellos/as, capaces aún de disfrutar del baloncesto por el mero placer de jugar. De alguna manera ese espíritu se les fue perdiendo a nuestros chicos por el camino, de manera lenta, apenas perceptible hasta que llegó el día en el que de repente ya nada fue igual, justo ese día en que nos caímos del guindo al descubrir que la selección había pasado a estar al servicio de los jugadores y no los jugadores al servicio de la selección. A nuestras chicas en cambio ese espíritu aún les pervive, les pervivió siempre (incluso en los peores momentos), no hay razón alguna para pensar que no vaya a seguir siendo así. Ellas no disfrutan porque ganan, sino que ganan porque disfrutan. Ese es el secreto.

No las merecemos. O al menos yo no las merezco. Soy aficionado al baloncesto (esto igual ya lo sabían), me paso el año entero viendo ACB, Euroliga, NCAA, NBA, ligas internacionales, a veces hasta LEB, a veces hasta cualquier otra cosa que caiga en mis manos o pase ante mis ojos, me trago todo el baloncesto masculino habido y por haber pero al baloncesto femenino ni agua, oigan. Podría argumentar como disculpa que ni cae en mis manos ni pasa ante mis ojos pero no sería justo, otros baloncestos tampoco me vienen a buscar, más bien soy yo quien me busco la vida para encontrarlos. El femenino en cambio sólo depende de que se me aparezca en un momento puntual, una final de Copa de la Reina, una Final Four euroliguera, algo así. Y aún así. Sé que Connecticut ganó la NCAA femenina, lo sé gracias a que esa misma universidad ganó también la masculina, de no ser así es muy probable que se me hubiera pasado el dato. No me pregunten quién ganó la WNBA, no me pregunten quién gano nuestra Liga Femenina (creo saberlo, pero no me arriesgaré a ponerlo por miedo a meter la pata), no me pidan que les diga en qué equipo juegan nuestras jugadoras porque sólo en algún caso concreto les podría responder. Mi relación con el baloncesto femenino se parece mucho a la de tantos aficionados al fútbol con el baloncesto masculino, esos que sólo lo ven cuando se enfrentan Madrid y Barça o cuando juega la selección, esos que te preguntan sin pudor dónde juega el número 8 (es decir, no es ya que no sepan dónde juega Calderón, es que ni siquiera recuerdan su nombre), esos que (por ejemplo) tuve a mi alrededor en el Palacio de Deportes durante la fatídica noche del 10 de septiembre luciendo camisetas rojas de Sergio Ramos o David Villa (tan baloncesteras ellas), esos que al primer fallo de Marc gritaron ¡¡¡pero qué malo es, pero cómo es posible que esté en la NBA ese tío!!! (repito, al primer fallo, mejor no les cuento lo que soltaron después), esos que cuando Pau cometió la quinta le despidieron al grito de hijodeputa (y hasta me miraron raro por aplaudirle) cuando durante toda la segunda mitad había el único en sacar las castañas del fuego… Afortunadamente no soy tan energúmeno como ellos (ni de lejos) pero en el fondo no soy mejor que ellos. Al menos en lo que a baloncesto femenino se refiere.

Y no, esta vez ni siquiera haré ya propósito de enmienda. Cada año es lo mismo: las veo ganar, me emociono, me vengo aquí, me flagelo por no haberles hecho caso durante el año y me digo a mí mismo (y a ustedes, que es peor) que hasta aquí hemos llegado, una y no más santotomás, ya nunca más me volverá a pasarsel2 para luego empezar la temporada y volver a las andadas. Mi tiempo de ocio es exiguo (como el de casi todo el mundo, por desgracia), necesitaría días enteros de 96 horas (que con 24 no tendría ni para empezar) para poder ver todo lo que me gustaría (y escribir todo lo que me gustaría, y leer todo lo que me gustaría, y viajar todo lo que me gustaría, y…) No doy más de sí. Dijera ahora lo que dijera sé que me volvería a pasar lo mismo, me tiraría en plancha a lo de siempre y luego al llegar el verano estaría otra vez con la misma canción. No prometeré lo que no soy capaz de cumplir. Aunque me duela. Aunque me avergüence (mucho) reconocerlo.

Esa misma vergüenza acrecienta mi orgullo ante lo que han hecho. Porque sé lo difícil que lo tienen, porque no soy la excepción sino la regla, porque les hago poco caso pero quienes me rodean les hacen aún menos caso que yo. Di que quieres quedarte a ver la semifinal o la final del Mundial de Baloncesto Masculino y todo dios lo entenderá (incluso aunque no juegue España, como fue el caso), di que quieres quedarte a ver la semifinal o la final del Mundial de Baloncesto Femenino y te mirarán como si fueras un extraterrestre, créanme que no lo digo por decir sino que lo he experimentado en mis propias carnes este pasado fin de semana. El deporte ajeno a los portaaviones futboleros se está convirtiendo en un erial pero el deporte femenino está ya un paso más allá, no es ya erial sino páramo desolado. Luego llegarán Juegos Olímpicos, nuestras deportistas ganarán medallas y se nos llenará la boca de alabanzas que serán sólo el paso previo para volver a olvidarlas otra vez durante los cuatro años siguientes, al menos de las de baloncesto nos acordamos una vez al año, démonos con un canto en los dientes. Hace pocos días la selección española de gimnasia rítmica fue campeona del mundo en la categoría de mazas y no se enteró ni dios, por no tener ni siquiera tuvieron quien les televisara (y aún no se apagó Teledeporte, imaginen cómo será cuando se apague), hubieron de hacer este sábado el saque de honor en el Rayo-Barça para que algunos supieran (siquiera por un segundo) de su existencia. Ese es el nivel, el de una liga femenina de baloncesto (no digamos ya en los demás deportes) que languidece a pasos agigantados, que ve marcharse a sus principales estrellas en busca de un lugar donde las paguen, que ve a sus equipos desapareciendo a chorros, hasta uno hubo que ganó la Euroliga un domingo y se murió un lunes, casi cuando jugadoras y aficionados aún estaban de celebración. Una liga femenina que también es competencia del Señor de las Medallas, por cierto. Será eso que llaman el Método FEB.

No sé por qué me estoy yendo por la calle de la amargura justo el día menos indicado para hacerlo, justo hoy que son Subcampeonas del Mundo apenas un año después de haber sido Campeonas de Europa, que se dice pronto. Y sólo es el principio.sel3 Es curioso, hace casi un mes acabábamos una era y hoy ya toca empezar otra, en realidad empezó hace un año, en realidad viene de muy lejos porque son ya muchos años de satisfacciones, lo que pasa es que se interrumpió bruscamente en 2011 y 2012 (nadie es sublime sin interrupción, es ley de vida) y por eso 2013 fue como empezar de nuevo, el principio de una gran amistad que decía aquél. Laia vislumbra ya el final del camino (aunque un par de buenos años aún le quedan en su zurrón) pero es la única, a Sancho, Nuria o Lucy (recién estrenaron la treintena) aún les queda recorrido, Silvia y Anna están en los 27 pero ninguna otra pasó aún de 25, por ahí andarán Laura Nichols y la maravillosa Alba Torrens (¿acaso el mayor talento puro que haya producido jamás nuestro baloncesto femenino?) que llegaron juntas, más lejos aún Marta Xargay o Laura Gil. Leticia y Leonor (que no se apellidan Ortiz ni Borbón ni falta que les hace, sino Romero y Rodríguez) ya cruzaron la puerta, al otro lado aún esperan su turno Queralt Casas, Astou Ndour, Elena de Alfredo, Ángela Salvadores, incluso Iris Junio, tantas y tantas y tantas y tantas otras, sin prisa, cuando toque, cada una a su tiempo, en el punto justo de maduración. Lo mejor no es el presente (aún por extraordinario que sea). Lo mejor es lo que queda por venir.

Hace seis años, tras la inolvidable Final masculina de Pekín 2008, escribí que era mentira que hubiésemos ganado la plata, en realidad ganamos el oro, sólo que nos lo dieron bañado en plata para no levantar sospechas ni herir susceptibilidades. Pero por dentro era oro puro, nunca hubo un oro más puro que aquél… hasta este pasado domingo. Volvió a suceder, volvieron a decirnos que era plata pero usted y yo sabemos que no es cierto, un mero baño que apenas puede ocultar todo el oro que encierra en su interior. Créanselo, fuimos Campeonas del Mundo porque quienes nos ganaron no son de este mundo, la guerra de las galaxias queda fuera de nuestro alcance por ahora. Y sé que no debería incluirme, sé que no debería utilizar esa primera persona del plural como si formara parte de ello, sé que no lo merezco, que no las merezco, que los pseudoaficionados como yo no nos merecemos un pedazo de equipo como éste, que deberíamos mantenernos al margen y limitarnos a dar las gracias, gracias por estar ahí año tras año, gracias por jugar como jugáis, por pelear como peleáis, gracias por seguir peleando cuando cualquier otro se habría ido, gracias por empatar el tercer cuarto y ganar de 6 el último, gracias por ser como sois… y gracias, sobre todo, por no tenérnoslo en cuenta.

20141006

orchiesazo   Leave a comment

No es nada fácil ganar un partido decisivo en campo contrario. Podrás ganar batallas, cómo no, pero ya otra cosa será ir a ganar precisamente la batalla decisiva de una guerra cuando encima te toca pelearla en territorio hostil. No es nada fácil, dígaselo usted a todos los que jugaron en cancha ajena un quinto partido de playoffs ACB o un séptimo de playoffs NBA, dígaselo a los Spurs o aún antes a los Pacers, dígaselo al Barça de este año o al Madrid y al Baskonia de la temporada pasada, tantos otros. No es nada fácil lo que hicieron hace algunas semanas Granca o CAI, ganar a domicilio el tercer partido de una serie al mejor de tres, y eso todavía otorga más mérito a su hazaña. ¿Y si es a 1? ¿Y si se trata de una final directa disputada en el territorio de uno de los contendientes, con casi todo el público animando sin parar a ese mismo contendiente? No, no me pongan el ejemplo de alguna Final de Copa del Rey más o menos reciente así en baloncesto como en fútbol, no me vale (o no del todo), el escenario podría ser parcial pero el reparto de entradas hacía que el público fuera más o menos neutral. Como tampoco me vale el ejemplo de la Final de aquel Eurobasket de 2007, España-Rusia, que ahí el público no era neutral pero el trabajo de Sáez llenando el Palacio de mullidos sofás para regalárselos al famoseo consiguió que lo pareciera. No es nada fácil, dígaselo a la selección de fútbol lo fácil que es, sospecho que a estas horas ya debieron darse cuenta. Dicen que no importa el ruido ni la presión ni el ambiente, dicen que jamás un aficionado metió nunca una canasta (y si lo hizo debieron anulársela), dicen muchas cosas pero a la hora de la verdad la historia nos deja múltiples evidencias de lo contrario, de lo duro que resulta tener que acabar jugándote la vida precisamente en la casa del rival. A no ser que…

A no ser que te llames Alba Torrens (algunos aún se empeñan en escribir Torrent como si fuera un pueblo de Valencia o un personaje de Santiago Segura), que seas seda pura, que el baloncesto se te salga por los poros, que haya más talento en esas piernas y esas caderas que en el noventa por ciento de los jugadores ACB, y créanme que aún me quedaré corto en el porcentaje. O a no ser que te llames Sancho Tracy Constance Lyttle, vaya usted a saber qué se les pasaría a sus padres por la cabeza para ponerle ese primer nombre tan contradictorio como premonitorio, quién le iba a decir durante su infancia y su adolescencia en San Vicente y Las Granadinas (uno de esos países de los que sólo nos acordamos en las ceremonias de apertura de los Juegos) o durante su formación en Houston (Universidad de) que un día acabaría representando a un lejano país rojo y amarillo, y disfrutándolo, y sintiéndose además (o pareciéndolo, al menos) tremendamente orgullosa de hacerlo. O a no ser que te llames Laia Palau, nunca parecieron tan alegres esos ojos tristes; o Silvia Domínguez, la base de bolsillo, acaso el secreto mejor guardado de esta selección; o las otras joyas de la corona, Marta Xargay (qué maravilla de Torneo), Cristina Ouviña (qué final de Torneo), Cindy Lima (qué Final), Laura Nichols, Laura Gil (qué presencia) o esa Queralt Casas de la que ya sabemos desde hace años que el futuro es suyo. O a no ser que te llames Amaya Valdemoro (Valdem-ORO le dicen ahora) o Elisa Aguilar, si lo dices que dejar que sea así, por dios, precisamente así, con un pedazo del metal más preciado entre los dientes. A no ser que además de ser tan buenas (que lo sois, mejores que nunca) tengáis aún esa innata capacidad de dejaros la vida si es preciso, de devolverles la presión a las de enfrente y ponérsela en contra, de poner a un pabellón entero del revés. Como hace diez o veinte años, como ayer, como mañana, como siempre.

Este oro es vuestro pero no es sólo vuestro, no creáis, de alguna manera es también de Betty Cebrián, Marina Ferragut, Luci Pascua, Anna Montañana, Anna Cruz, Nuria Martínez, Marta Fernández (sí, también Marta Fernández, por supuesto, sólo faltaría), tantas otras que ahora mismo no se me vienen a la cabeza pero que también fueron alma, corazón y vida de este equipo durante todos estos años. Es también por supuesto de Isa Sánchez, la cara opuesta de Laia (esa sonrisa eterna, esa cara transmitiendo siempre alegría aunque no siempre esté alegre), ayer por sus triples, hoy por su impagable trabajo a la vera de Mondelo. Mondelo, Lucas Mondelo, tan buen entrenador como motivador, algunas de sus frases de este Torneo quedarán ya para la historia y eso que esta historia no ha hecho sino comenzar, este oro es también suyo y es de todo su cuerpo técnico, es de todos los que estuvieron como es también de todas las que se fueron y de todas las que vendrán (Leonor, te esperamos como agua de mayo en Turquía 2014). Y este oro es también (y sobre todo) de toda esa gente que sigue y apoya en silencio durante todo el año al baloncesto femenino, de toda esa gente que se merece esta felicidad más que nadie y que es además capaz de disfrutarla sin pedir cuentas a nadie [por contraposición a cierto sector que decidió aprovechar los minutos posteriores a la gran Final para convertir twitter en una especie de ajuste de cuentas, como si sólo ellos fueron los depositarios exclusivos de este baloncesto (dime de qué presumes y te diré de qué careces), como si aquellos que sólo lo miramos en estos trances debiéramos pagar por ello, como si no tuviéramos bastante con nuestros remordimientos como para tener que administrar también los reproches de los demás]. Lo dije y lo repetiré cuantas veces sea necesario, tenemos una selección femenina que no nos la merecemos, aunque sólo sea por el poco caso que les hacemos durante el resto del año. Y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, como dicen que dijo aquél.

Probablemente anoche nuestros mal llamados diarios deportivos (sería mucho más correcto hablar de diarios futbolísticos) tendrían ya preparada para la ocasión su enorme portada a doble página con el titular MARACANAZO llenándolo todo de esquina a esquina, portada y titular que obviamente y por desgracia se tuvieron que comer. En su defecto tampoco se complicaron mucho la vida, los dos igualitos cual si se plagiaran el uno al otro o se practicaran mutuamente espionaje industrial, VOLVEREMOS, periodismo puro como si dijéramos, algo que no es noticia ni información ni tan siquiera opinión sino una mera declaración de intenciones. Pues vale, pero mientras volvemos quizá no esté de más que de vez en cuando también informemos, que miremos hacia otros sitios, que reparemos en que aquello que no consiguió la selección de fútbol (ningún reproche, alguna vez tenían que perder) sí lo logró la selección femenina de baloncesto, poner una pica en Flandes (o casi), ganar su Final y hacerlo además en territorio adverso (que no hostil). Merecían algo más que un trozo de mancheta o que una esquina imperceptible en el último rincón de la portada, merecían algo más que treinta segundos de mención (sin imágenes siquiera) en algún informativo de televisión. Merecían y merecen nuestra admiración y nuestro aplauso, pero también (y sobre todo) nuestro respeto. Ya que tanto se nos llena la boca con los éxitos de nuestros deportistas (especialmente si son en Francia y contra Francia, como es el caso) no estará de más que los valoremos cuando lo merecen en lugar de arrinconarlos en un cajón para luego acordarnos de ellos sólo cuando nos conviene, si acaso para restregárselos por la cara al de enfrente. Ya que se quedaron con ganas de maracanazo bien podrían haber acuñado el orchiesazo, no suena igual pero es lo mismo, el reconocimiento a un Torneo extraordinario y a una impagable victoria en campo contrario, el recuerdo a esa pequeña localidad francesa casi fronteriza con Bélgica a la que ayer (a su pesar) le tocó vivir uno de los mayores éxitos que este año dará nuestro deporte. Algunos difícilmente lo olvidaremos en lo que nos quede de vida (o de memoria); ustedes hagan lo que quieran.

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