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NO SOMOS NADIE   5 comments

Un sábado cualquiera te proponen salir, hay baloncesto (Final de la Supercopa además, que suena así como muy rimbombante), protestas tímidamente y te montan la de dios, pero eso qué es, pero eso qué más da, pero qué baloncesto vas a tener si ya se acabaron los Juegos, ya vendrá otra vez el baloncesto cuando vuelva a ser verano y se vuelva a juntar la selección. A efectos del gran público somos como los melones o las sandías, una mera fruta de temporada para tomar fresquita en las largas tardes de agosto.balonacb Más allá de eso a nadie le importamos una mierda, lo cual obviamente es muy triste pero tiene también su puntito de ventaja aún por increíble que pueda parecer: antes quedabas, dejabas el partido grabando para verlo a la noche y te tenías que andar con cien ojos para no enterarte del resultado, en cuanto te descuidabas te lo destripaba alguien o se te aparecía en la pantalla de cualquier televisor. Ahora ya no hay peligro, ahora ya puedes juntarte con quien te dé la gana que nadie te lo va a decir, ahora ya puedes asomarte a pecho descubierto (a ojos descubiertos, más bien) a veinte o treinta bares que todo lo que vas a encontrarte en sus respectivos televisores va a ser el mismo tapete verde. Hoy ya el espóiler es imposible precisamente por esa misma razón, porque a nadie le importamos una mierda. O dicho de otra manera, que el que no se consuela es porque no quiere.

Sí me pilló en casa la segunda semifinal, lo cual me impidió llevar a cabo un apasionante experimento: a priori nuestro menú no podía ser más sustancioso, nada menos que un Madrid-Barça, nuestro clásico por antonomasia, nuestro único e incomparable e irrepetible duelo al sol. Y sin embargo reto a quienes estuvieran de bares el pasado viernes entre (pongamos) las nueve y media y las diez y media de la noche (una hora menos en Canarias) a que me digan qué había sintonizado en los televisores de aquellos establecimientos por los que fueran pasando: ¿acaso esa primera parte de nuestro clásico baloncestero? ¿o más bien el Betis-Málaga (de fútbol, of course) que había comenzado tres cuartos de hora antes, por lo que a esas alturas andaría ya por su segunda mitad? No hace falta que me lo cuenten, me temo que conozco demasiado bien la respuesta. Como conozco (aún mejor, que esa sí la viví en persona) la del sábado, ni triples ni Barça ni Granca ni Final ni leches, sólo fútbol y más fútbol en todas las pantallas habidas y por haber.icono-50_450 Y en todas las conversaciones que te ibas cruzando por la calle, pues el Barcelona ha metido cinco (a quién se los hubiera metido daba igual, se ve que a partir de un determinado escalón los rivales son intercambiables), pues no sé quién va ganando uno cero, pues el Madrid creo que juega después. Ya no es que tengas que ser muy torpe para que te hagan espóiler baloncestístico, ya es que lo tendrías crudo (más allá de Internet, obviamente) incluso aunque quisieras enterarte a propósito. Para esto hemos quedado.

Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria. Podemos tener una perspectiva engañosa porque a menudo hablamos, nos rodeamos o tuiteamos con otros friquis de esto como usted o como yo, pero la realidad es que más allá de eso (es decir, más allá de ese círculo cerrado en el que a menudo nos movemos) no existimos. No existimos para el 99,99 por ciento de la población de este país, no existimos para el noventa por ciento de (esos que dicen ser) aficionados al deporte, esos que en realidad son sólo aficionados al fútbol y sólo miran tangencialmente a otras disciplinas cuando el honor de la nación está en juego, digámoslo así. Cuando un Nadal o una Marín o una selección cualquiera (la de baloncesto, sin ir más lejos) puede obtener un éxito internacional con el que sacar pecho a la mañana siguiente a la hora del café, justo antes de retomar la tradicional dinámica sobre si es mejor Cristiano o Messi. No existimos, no existimos a nivel de clubes, no existimos durante once meses y medio al año. No somos nadie, aunque nos creamos muchos cuando interactuamos unos con otros para reforzar nuestra opinión. Ya ni cuatro gatos siquiera.

Haga una prueba: coja a uno de esos futboleros que un día (o un rato, ya muy lejano) fueron también baloncesteros y háblele del Baskonia (de Vitoria para abajo, me refiero); o háblele del Valencia Basket; o del Zaragoza (sin CAI). Hágalo y comprobará que no sabe de qué le está hablando. Que necesita traducción. Cuando le ponga cara rara al oír Baskonia dígale Tau (o aún mejor, Taugrés) y verá como ya sí lo entiende, tuityagocuando se le queden los ojos a cuadros al escuchar Valencia Basket dígale Pamesa y le responderá ah, coño, el Pamesa, joder, haberlo dicho antes, haber empezado por ahí. A esto hemos llegado, hasta a perder/prostituir nuestra propia identidad. Ya no es que añoremos aquella burbuja de los Ochenta (cuando tomar el aperitivo en cualquier bar un domingo por la mañana y ver en su televisor la ACB eran casi la misma cosa; hoy son recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver), es que hasta estamos peor que en los Sesenta o los Setenta. No, no exagero, entonces apenas se veía baloncesto pero mal que bien se informaba de baloncesto, mal que bien se leían (y hasta se sobreimpresionaban, incluso) los resultados de cada jornada en los telediarios de la época, en los estudioestadios de la época. Mal que bien nos resultaban familiares (de tanto escucharlos) nombres como Breogán, Kas, Águilas, Picadero o Náutico de Tenerife, incluso nombres resonantes de otros deportes (aún más marginales hoy que el nuestro) como Teucro, Anaitasuna o Voltregá. Hace tiempo que el monocultivo futbolístico acabó con todo eso. Y a donde no llegó dicho monoculrivo llegamos nosotros, gracias a nuestra propia capacidad de autodestrucción.

¿Y hoy, desde esa misma insignificancia, aún nos echamos las manos a la cabeza (yo no, desde luego; pero sí muchísimos en estos días) por el hecho de que el producto ACB vaya a ser de pago? ¿Aún nos parece que nuestro baloncesto se va a ver condenado al ostracismo y la marginación? No, a ver, déjenme que se lo explique: en el ostracismo y la marginación ya estamos, desde el fondo del pozo ya es difícil caer más bajo. Y aunque así no fuera, ¿me podrían explicar cuál es la alternativa, si son tan amables? ¿Seguir como hasta ahora? No hará falta que les recuerde que hubo años (no pocos) en los que TVE no pagó un solo céntimo a cambio de la ACB (pagó en todo caso por la Copa, pero no por la Liga); no hará falta que les recuerde que hubo incluso años en los que TVE no sólo no pagó sino que hasta pidió dinero (no me consta si finalmente llegó a obtenerlo) a cambio de televisarla, como una forma de que sus patrocinadores pudieran tener visibilidad. Claro está, si todo ese sacrificio año tras año tuviera como contrapartida una cobertura excelsa, un seguimiento mediático acojonante, una calidad en las retransmisiones digna de superproducción pues a lo mejor en ese caso hasta podrías pensar que pudiera merecer la pena. Pero asumámoslo, TVE se ha comportado con la ACB durante todos estos años como si le estuviera dando una limosna, como si le estuviera haciendo un favor (quizá porque en el fondo le estaba haciendo un favor). Nunca fue una apuesta ni un producto que vender, fue más bien un peaje, una de esas servidumbres que se ven obligados a acometer en su condición de televisión pública.acbtve Como la misa de los domingos (que esa es otra), como la Orquesta y Coros de RTVE, como la bonoloto o el euromillón. Pues vale, pues si tenemos que darlo lo damos, pues qué le vamos a hacer; pero encima no nos pidan que además le pongamos ganas. El pobre Lalo Alzueta sólo fue una mera (a la par que maravillosa) excepción.

A ver, que yo sería el primero que estaría encantado de que los canales en abierto hiciesen cola a la puerta de la ACB queriendo comprar sus derechos. Pero sucede que hace muchísimos años me explicaron un extraño concepto que es de aplicación inmediata en este caso, una extraña cosa llamada ley de la oferta y la demanda. Si la demanda de ACB fuese aún decente (no digo ya alta) ahí estarían los diferentes operadores peleándose por nuestra audiencia; pero como es no ya baja sino ínfima a los operadores nuestra audiencia se les da una higa, con perdón. No es ya que no peleen por nosotros los grandes, es que no lo hacen ni siquiera sus filiales, esos Nova, Mega, Energy o Gol que pululan por la parrilla de programación. Vamos, que ni gratis siquiera, que se ve que la gran labor social es competencia exclusiva de TVE. Quejarnos de la ACB de pago tendría algún sentido si hubiese alguna otra alternativa más allá de pedir limosna, aay payo, dame un hueco, que es triste pedir pero es mucho más triste tener que robar. Más allá del Plus (o como se llame ahora) sólo nos quedaba la caridad pública, y ante esa ya nos hemos humillado demasiadas veces.

Claro está, luego no faltarán los que se acuerden de Santa Bárbara cuando truene, aunque tronar lo que se dice tronar sólo truena ya una o dos veces al año. He escuchado demasiadas veces la cantinela durante estos últimos mayos, ¡lo que es vergonzoso es que un equipo español juegue la Final Four de la Euroliga y no se televise en abierto! (Curiosamente sólo la escuché cuando fue el Madrid el que la jugó, cuando fue el Baskonia no dijeron nada, supongo que en Vitoria sería al revés). Claro que sí, campeón: te tiras todo el año sin hacer ni puto caso a una determinada competición (vamos, que ni mirar sus resultados siquiera), ¿y cuando luego descubres que la sección baloncestística de tu equipo va a jugar su final exiges que te la echen en abierto? Vuelvo a lo del párrafo anterior, si en todo el curso eres incapaz de generar una demanda no pidas luego que para sólo un par de partidos te generen una oferta. Llegará quizá el día en que estas cosas se comercialicen por lotes, éste para la temporada regular, éste para los playoffs, éste para la Copa. Pero hoy por hoy va todo junto, o lo tomas o lo dejas, y a ver cómo les dices luego que después de todo un año dando morralla cuando llega el solomillo se lo quitas para dárselo a aquel otro que es más guapo que tú. A no ser que la idea fuera recuperar aquella infausta Ley de Eventos Deportivos de Interés General (o como se llamara) que parió tiempo atrás el ínclito Álvarez-Cascos: que a donde no llegue el mercado llegue el decretazo gubernamental. Acabáramos.

Niego la mayor (frase jurídica que nunca acabo de saber qué significa exactamente, pero queda bien ponerla). No ya porque el grado de penetración de la televisión de pago sea hoy infinitamente superior (Internet mediante) al que existía en (por ejemplo) 1999; también porque aquella vieja cantinela de que la televisión de pago va a matar al baloncesto (como el vídeo a la estrella de la radio, poco más o menos) ya huele un poco, mire usted. ¿Hace un par de años estábamos clamando por un league pass para la ACB (como si hubiera mercado para ello) y hoy nos echamos las manos a la cabeza porque la vaya a dar Movistar +? A ver, señores, un poquito de por favor. Yo les pediría que me acompañen por un momento a más de veinte años atrás, concretamente al verano/otoño de 1995. En aquel entonces ya se nos había explotado la burbuja pero la ACB aún gozaba de una popularidad inifinitamente mayor que ahora, tanto más tras el repunte que había supuesto aquella espectacular Final Barça-Unicaja (sí, la del no-triple de Ansley). Y en aquel entonces la NBA era una lejana entelequia cuya popularidad en este país había caído en picado tras arrumbarla TVE en el último rincón de su (des)programación.montesdaimiel Y una vez hechos los recordatorios, tengan ahora la bondad de recrear conmigo lo sucedido a partir de aquella temporada 1995/1996: la ACB siguió siendo en abierto, sólo dejó de serlo entre 1999 y 2003 pero incluso durante ese periodo aún siguió viéndose por las Autonómicas, puede que éstas no tuvieran los mejores partidos pero ACB gratis nunca dejó de haber en buena parte del territorio. La NBA en cambio pasó a ser de pago, ya nunca dejó de serlo si bien en alguna temporada le regalaron un partido semanal al Cuatro por pura estrategia comercial. Y ahora pregúntense cómo ha evolucionado la popularidad de la NBA (de pago) durante estos últimos veinte años, cómo ha involucionado la (im)popularidad de la ACB (gratis) durante ese mismo periodo de tiempo. Y a partir de ahí concluyan si lo más determinante para el éxito o fracaso de una determinada disciplina es que ésta se dé en abierto o no.

Es decir, quizá la clave no esté tanto en el medio como en el mensaje. Quizá la verdadera madre del cordero sea el atractivo del producto, no el vehículo elegido para transportarlo. Qué duda cabe, la NBA se vende sola (más allá del extraordinario trabajo que hizo siempre el Plus con ella), la ACB en cambio se ha especializado en pegarse tiros en el pie. La NBA no engaña a nadie, sabes siempre exactamente qué puedes esperar de ella; la ACB en cambio es una liga en la que nada es lo que parece: la desproporción entre temporada regular y playoffs es abismal (ocho meses de morralla para luego despachar el solomillo en apenas veinte días), los finalistas se presuponen desde octubre (aunque luego intentemos engañarnos a nosotros mismos en noviembre), los ascensos y descensos son de mentira, los primeros puestos no clasifican necesariamente para Europa, los equipos son impares (que descender no descenderán, pero al final acaban cayendo por su propio peso), las plantillas son efímeras, los pasaportes son falsos, los conflictos arden, los dineros escasean, los presupuestos estámovistar-endesan cogidos con alfileres, las deudas se disparan, los contraataques aún se penalizan, el espectáculo parece a veces una especie a extinguir. Incluso nuestros suelos lucen mustios y opacos por comparación a cómo resplandecen siempre los parquets USA, no ya en NBA, incluso hasta en el último rincón NCAA. Vemos otros baloncestos y apreciamos su continua evolución, vemos ACB y es como si la imagen se nos hubiera quedado pinchada en un plano de hace treinta años. Algunos (pocos) la seguiremos viendo, porque es nuestro juego, porque no sabríamos qué hacer sin él, porque ningún otro nos queda más cerca, porque estamos ya más que vacunados contra la desmotivación. Pero no somos nadie, ya se lo dije. Si quieren que seamos más quizás haya llegado ya el momento de que empiecen la casa (por una vez) por los cimientos: hágase primero ese producto atractivo que una vez tuvimos/soñamos, (re)conquístese luego un puñado mínimamente digno de potencial audiencia y finalmente inténtese vender al mejor postor (siempre y cuando hubiera más de uno). Y mientras tanto démonos con un canto en los dientes (aún a riesgo de hacernos daño) por el hecho de que en las actuales circunstancias al menos un operador (uno que tiene la sana costumbre de cuidar sus productos, además) haya tenido a bien apostar firmemente por nuestro deporte. Aún por muy de pago que sea.

Publicado septiembre 28, 2016 por zaid en ACB, medios

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UN MAL DÍA   Leave a comment

Hace poco más de nueve meses intenté engañarme a mí mismo. Hace poco más de nueve meses, cuando era aún un poco más joven (o menos viejo) y un poco más gilipollas (incluso) que ahora, intenté automotivarme (y lo que es peor, motivarles también a ustedes) de cara al curso ACB que se nos avecinaba. Me sobran los motivos, titulé, como queriendo decir que por muy mal que estuvieran las cosas (que lo estaban) y por muchos que fueran los problemas (que lo eran), había también elementos positivos más que suficientes como para ilusionarnos con una temporada maravillosa. Y hasta encontré no una ni dos sino hasta 35 (¡¡¡treinta y cinco!!!) razones, y probablemente no convencí a nadie (que el poder de convicción nunca fue mi fuerte) pero yo sí que casi acabé creyéndomelo, por qué no, si al fin y al cabo era nuestra Liga, puede que ya no fuera (ni de lejos) la mejor liga del mundo después de la NBA (hoy da hasta risa recordar aquel manido lugar común) pero cómo no darle al menos otra nueva oportunidad…

Hasta aquí. Nueve meses después me arrepiento profundamente de haber escrito aquello, será quizás que hoy tengo un mal día (lo tengo). Quién sabe, lo mismo cuando esté a punto de empezar la temporada 2016/2017 vuelvo a encontrar elementos positivos por todas partes pero a día de hoy miro a mi alrededor y sólo encuentro mierda, con perdón. Miro a mi alrededor y veo una Liga que desafía las más elementales leyes de la física, una Liga en la que los que bajan no descienden y los que suben no ascienden,AsambleaACB me dirán que siendo estudiantil debería estar tan contento pero es justo al revés, otro año más se me caerá el alma a los pies cada vez que me recuerden (y si nadie me lo recuerda ya me lo recordaré yo solo) que los míos no están donde merecen estar sino donde les han regalado estar. Seré un ingenuo (así me va), pero si soy de un equipo lo soy entre otras cosas para poderme sentir orgulloso de él. Si en vez de enorgullecerme tengo que avergonzarme ante el hecho evidente de que no juegue donde le corresponde, para eso casi prefiero no ser de ese equipo.

Una Liga que ante la imposibilidad de ofrecer ascensos en directo (canon mediante) creyó haber inventado el ascenso en diferido, así se lo vendieron hace doce meses a Ourense, un sí pero no (o un no pero sí), tomaros un año para ver si eso y luego ya si eso pues eso, y los pobres fueron y se lo creyeron como se lo habrán creído también esta misma temporada Palencia y Melilla, a ver qué iban a hacer las criaturas, si te dan a escoger entre caer al vacío o agarrarte a un clavo ardiendo normalmente escoges la segunda opción, tanto dará porque en cuanto te abrases las manos te acabarás cayendo también. Sí, creímos que habían inventado el ascenso en diferido cuando en realidad se trataba de un ascenso en diferido en forma de simulación, como los finiquitos de Mari Cospe: este año no subes pero te reservamos la plaza para el año que viene, fíjate si te la reservamos que ni tendrás que pelearla siquiera, total para que cuando llegue el momento tú solito te des cuenta de que sigues sin poder subir. No querías caldo, pues toma, dos tazas. Encima recochineo.

Una liga en la que hasta a los grandes (sí, a los grandes, y no digamos ya a los que aparentan serlo) se les van las estrellas, (Chacho, Satoransky, Bourousis, Kuzminskas, Mike James, veremos si Ayón, tantos otros), a los medianos y a los pequeños ya no es tanto que se les vayan las estrellas (si las hubiere) como que se les va la vida. Incluso aquellos que bajan pero no descienden (o viceversa) a veces también se acaban cayendo por su propio peso (véase GBC), como para corroborar aquella ley de Murphy (o de quien fuera) que asegura que cualquier cosa aún por muy mal que esté siempre es susceptible de empeorar. Hoy nos amenazan con otra liga impar pero no teman por ello porque el día menos pensado puede volver a ser par porque se muera el Caha (o sea el CB Sevilla), zeus no lo quiera; o porque se nos muera cualquier otro: hace apenas unos días celebrábamos la enésima ¿salvación? (sobre la bocina) del Bilbao Basket gracias a la enésima inyección de dinero público, mandagüevos, para que a la lógica alegría de seguir contando con tan imprescindible institución se le superponga la mala leche de que dicha salvación la hayamos pagado (en cierto modo) usted y yo, y todos.garbajosa saez Es decir, con el dinero de nuestros impuestos, justo esos mismos impuestos que a veces también se olvidan de pagar nuestros equipos ACB, revisen la lista de morosos de la Agencia Tributaria si les queda alguna duda. Y no, no escurro el bulto, otra vez mis colores en lo más alto de la tabla (de esta tabla), para que esa grieta entre el orgullo y la vergüenza de la que les hablaba hace dos párrafos se me haga más grande todavía.

Una Liga que es fiel reflejo del baloncesto que le rodea, a la misma hora que cayó GBC cayó también Araberri en LEB Oro, cayó también Navarra en LEB plata (ya ven qué mañana tan bien aprovechada), en LEB Bronce ya no cayó nadie porque hace años que no existe, en Liga Femenina mejor no entraré en detalle no vaya a ser que se me salten las lágrimas. Hace pocas fechas la FEB se vio en la tesitura de tener que elegir presidente (mientras el anterior hacía mutis discretamente por la puerta de atrás, no fuera a ser que algún medio no afín se acordara de repente de las razones que propiciaban su marcha) y ni que decir tiene que (como en tantas otras ocasiones en este país) optó por el continuismo y el miedo al cambio, personificado esta vez en la figura de Don Jorge Garbajosa. No teman, no le crucificaré antes de tiempo (ni después, ya que no suelo ser de crucificar a nadie), no me sumaré al mayoritario linchamiento al que hemos asistido en estos días; por el tremendo respeto que le tengo (fruto de su enorme trayectoria como jugador) y porque aunque no se lo tuviera creo que bien merece el beneficio de la duda, como todo el mundo en realidad. Pero eso sí, me permitiré hacerle desde aquí una pequeña sugerencia, aún a sabiendas de que caerá en saco roto: sea usted todo lo continuista que quiera en lo tocante a las selecciones, en lo tocante incluso a las rutas eñe (cielo santo, jamás pensé que diría esto), pero en lo tocante a las ligas que aún están bajo su jurisdicción olvídese del continuismo, sea más bien rompedor a ser posible: que hemos llegado a un punto en el que no basta ya con poner parches, que hay que operar, que nuestro baloncesto de clubes está pidiendo a grito pelado que alguien le dé la vuelta como a un calcetín. Escuche a quien sepa (no es mi caso), tome nota y haga algo, lo que sea pero algo. Seguir muriéndonos lentamente no es, no debería ser una opción.

Una Liga (vuelvo a la ACB) de mentira, una liga (de la marmota) en la que hasta los niños de teta saben ya en julio qué dos equipos jugarán la final en junio, tanto dará que una vez más nos engañemos a nosotros mismos en noviembre con la buena pinta que este año tiene éste o aquél. Una Liga que ya ni siquiera clasifica (ni por activa ni por pasiva) para la primera competición continental, una Liga que acaso sí clasifique para la segunda pero tampoco se fíen mucho, es tal la inconsistencia de dicha competición que en cuanto se descuida se le caen media docena de equipos (incluso al día siguiente de sortear los grupos) como para certificar que en todas partes cuecen las mismas habas. Y todo ello con la FIBA ahí detrás, aparentemente (sólo aparentemente) retirada a sus cuarteles de invierno pero dispuesta a recurrir de nuevo a su estrategia natural, el porculismo. No tardará en hacerlo, piensen que aún sigue publicitando esas ventanitas clasificatorias para el Mundobasket 2019 al más puro estilo FIFA,orquesta titanic ésas que habrán de hacer añicos las ligas nacionales y/o continentales a partir de noviembre de 2017. La amenaza del cisma en nuestro baloncesto no ha desaparecido, más bien al contrario, está más viva que nunca. Simplemente permanece agazapada, a la espera de que se le presente su oportunidad.

Entre todos la mataron y ella sola se murió, frase hecha que suelo utilizar demasiado a menudo pero que refleja perfectamente lo que estamos viviendo, lo que estamos muriendo. Mires hacia donde mires (excepto a USA, claro está, que allí siguen atando a los perros con longaniza) sólo ves vías de agua, vías de agua por doquier, resulta ya más que evidente a estas alturas que el barco se hunde pero no hay problema, somos como la orquesta del Titanic, hacemos como que no pasa nada, seguimos tocando aunque estemos ya por debajo de la línea de flotación, seguiremos tocando aunque estemos con el agua al cuello, el día menos pensado nos ahogaremos y no sabremos ni cómo ni por qué. Deberíamos arrojarnos por la borda antes de que sea demasiado tarde pero no lo haremos, no tenemos remedio. Lo siento, tengo un mal día, ya se lo dije, no descarten que en otra ocasión (otro mes, otro año, otra vida) vuelva a verlo todo de color de rosa, vuelva a venderles las supuestas bondades de la ACB (y si así lo hiciera, por favor, no me lo tengan en cuenta) o de qué sé yo qué otra competición. Hoy no.

Publicado julio 13, 2016 por zaid en ACB

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IMÁGENES REFRESCANTES   1 comment

En tiempos era una práctica habitual, no sé si hoy seguirá siéndolo porque ya casi no veo noticiarios televisivos, con Internet tengo más que suficiente. En tiempos te sentabas a ver el telediario veraniego y tras tragarte la habitual ristra de catástrofes, escándalos, disturbios, sucesos y conflictos varios el comunicador (suplente) de turno ponía su mejor cara de felicidad y te soltaba aquello de …y hoy, para acabar nuestro informativo, les dejamos con unas imágenes refrescantes. Y en tu televisor se iban sucediendo esculturales cuerpos practicando esquí náutico, intrépidos surfistas cabalgando sobre las olas, gráciles veleros surcando la mar serena mientras tú, ahí bien recocido en tu sofá a tus cuarenta y tantos grados centígrados, sin aire (ni acondicionado ni sin acondicionar) ni ventilador ni vacaciones, te acordabas de la madre que parió al comunicador, al director, al realizador y al surfista incluso, ya puestos. Nunca hubo nada menos refrescante que unas imágenes refrescantes, ni aún por muy sugestivas que éstas fueran. De hecho en mi caso siempre produjeron el efecto contrario, si bien habré de reconocer que los exabruptos que soltaba al verlas sí acababan dejándome una extraña sensación de liberación. Quizá fuera eso lo que pretendieran…

Y sin embargo aquí me tienen, intentando provocarles ese mismo efecto… sólo que en términos estrictamente baloncestísticos, no vayan a pensar. No teman, no abundaré en la serie de catastróficas desdichas que aflige a la ACB en estos días, no abundaré porque ya las conocen de sobra, porque ya se las hemos contado en este mismo lugar y por no amargarles (aún más si cabe) la vida. Pero a cambio les ofreceré mis particulares imágenes refrescantes, casi las únicas que ofrece en estos días nuestra atribulada competición. No hará falta que les recuerde que cada vez hay menos dinero para desembolsar, que cada vez llegan americanos de menos postín y tronío, que los que vienen pesan mucho menos que los que se van… pero no hay mal que por bien no venga, dicen. Antes los fichábamos curtidos en mil batallas europeas, ahora los fichamos casi recién salidos del cascarón universitario, lo cual, para alguien que se pasa los inviernos enteros pegado a la NCAA como es mi caso, no deja de ser un plus. Así que esas van a ser mis particulares imágenes refrescantes, si buscaban esculturales cuerpos en traje de baño me temo que no acudieron al lugar adecuado. Eso sí, a cambio les presentaré (in alphabetical order) a seis sujetos casi recién salidos de fábrica y que llegan con la loable misión de refrescar (en la medida de lo posible) nuestra endogámica, esclerotizada, envejecida y encorsetada Liga ACB. Ojalá lo consigan.

1. Algunos que ya peinamos abundantes canas aún recordamos a su padre. También es verdad que tiene truco, si se hubiera apellidado Smith o Jones probablemente lo habríamos olvidado pero Abromaitis no creo yo que haya muchos en la guía telefónica, en cualquier caso si usted no lo recuerda no se preocupe, más bien alégrese, es una mera cuestión de edad. Aquel Jim Abromaitis se hizo carne y habitó entre nosotros en la temporada 1980/1981, hace la friolera de 35 años ya;abromaitisx-large no diré que dejó una huella imborrable (más allá de su apellido) porque no sería cierto, y eso que no estuvo en un equipo cualquiera sino en el mismísimo Real Madrid de los Corbalán, Brabender, Iturriaga, Rullán, Romay, Prada, You Llorente, Indio Díaz, Randy Meister y demás familia. Era un buen tirador, nada más (y nada menos) que eso. Bastante más que eso (pero también eso) es su hijo, Tim Abromaitis, gracias entre otras cosas a haberse formado en una universidad como Notre Dame en la que no basta con tirar bien sino que además tienes que jugar muy bien al baloncesto. Los Fighting Irish de Mike Brey podrán tener mejores o peores promociones pero mueven siempre el balón como los ángeles y utilizan como nadie los espacios, lo que les convierte en una verdadera delicia de equipo. No por casualidad sus productos acostumbran a ser jugadores muy bien formados, aquí mismo hemos podido comprobarlo hace bien poco con Ben Hansbrough o Luke Harangody (y aprovecho la ocasión para dejarles otro nombre recién graduado, Pat Connaughton, si no cuaja en NBA y tienen mano en ACB tírense en plancha a por él). Abromaitis es otro buen ejemplo, y ello a pesar de que se perdió su último año de elegibilidad por culpa de una rotura del ligamento cruzado anterior que pareció cercenar ya para siempre su carrera profesional. Pero se repuso, se vino a Europa y durante estas tres últimas temporadas (Villeurbanne, Estrasburgo, Braunschweig) no ha hecho sino mejorar. Si a todo esto añadimos su inmejorable currículum académico y su impecable estampa de yerno ideal, el resultado de todo ello nos dará un producto que parece hecho a medida para un proyecto como el de Tenerife, del mismo modo que la propuesta de Alejandro Martínez parece que ni pintada para un jugador como él. Que sea por muchos años.

2. No me pregunten por qué, pero hubo un tiempo en el que a los entrenadores ACB les encantaba fichar mormones. Cualquier jugador recién importado de USA venía siempre rodeado de incertidumbres, cómo será, qué carácter tendrá, cómo se adaptará, etc. Incertidumbres que en tratándose de mormones se reducían contylerhawssiderablemente ya que su adaptabilidad, entrenabilidad, disciplina y entendimiento del juego resultaban estar siempre muy por encima de la media. Ejemplos hubo a patadas (también excepciones, claro), todos los que usted quiera, desde aquel legendario Steve Trumbo hasta los recientes Toolson (todos los Toolson) o Yeisi Carroll. Bien, pues el siguiente a añadir a esta lista se llama Tyler Haws y llega a Santiago de Compostela directamente desde Brigham Young (BYU para los amigos), la universidad mormona por antonomasia. Ahora bien, más allá de sus creencias, más allá de esa cara de asco (mi madre, menos diplomática para estas cosas, diría que parece que estuviera oliendo mierda), más allá de ese aura de superioridad tan yanqui que le caracteriza, sepan bien que estamos ante un anotador compulsivo: un sujeto que ha promediado más de 22 puntos por partido superando así los registros históricos de otros legendarios cougars como Danny Ainge o (mucho más recientemente) Jimmer Fredette. Añádase además que no llega con los típicos 22 años de cada graduado universitario sino con 24, fruto de haber pasado esa particular mili mormona de los dos años de misión, concretamente en Filipinas; añádase también que la criatura nació en Bélgica por esas cosas raras de la vida, lo que supongo que le conferirá la condición de comunitario por si su fichaje no fuera ya suficientemente chollo de por sí. Pensé yo que encontraría hueco en cualquier franquicia NBA, probablemente también lo pensaron en el Obra cuando lo apalabraron, probablemente aún no acaben de creerse que vayan a disfrutar durante todo un año de un jugador así. Eso sí, tampoco le pidan más, tengan claro que en apenas unos meses (y siempre y cuando no le reclamen de USA) seguro que habrá ya unos cuantos grandes de Europa peleándose por sus servicios. Al tiempo.

3. Providence es una fiesta. No me refiero a la capital del estado de Rhode Island (que puede que también lo sea, pero que no tengo el placer de conocer) sino al equipo de baloncesto de su universidad, esos Friars que siempre que los ves te devuelven el precio de la entrada (si lo hubiere), lástima que por jugar en la Big East les veamos mucho menos de lo que nos gustaría. Así fue en 2014 gracias al eléctrico Bryce Cotton (lo último que supe de él es que andaba por los Jazz),henton así ha sido aún más si cabe en 2015 gracias a una fantástica pareja: de un lado el mágico base Kris Dunn, uno de esos jugadores que te entran por los ojos ya desde la primera vez que le ves (y que volverá a Providence en unos meses para completar su año sénior, de lo cual me alegro); y del otro un alero interesantísimo, físicamente muy potente, agresivo en penetración y con muy buena mano, que responde al bello a la par que insospechado nombre de LaDontae Henton (si se están preguntando qué extraña razón lleva a unos padres a ponerle LaDontae a su retoño, habré de confesarles que yo también me lo pregunto). Henton acabó su periplo universitario hace unos meses, no fue drafteado y pensé que se lo rifarían en Europa pero fue pasando el verano y nadie pareció acordarse de él… justo hasta que este pasado fin de semana se ha acordado por fin de él el Baloncesto Sevilla, ese mismo (ex) Caha que en apenas un mes ha pasado de estar casi al borde de la muerte a fichar a todo bicho viviente, apoyo de su entidad financiera propietaria mediante: Bamforth (again), Nachbar (nada menos), Miljenovic (joyita) y ahora este Henton que debería salirles muy bien, aunque el fichaje de una criatura recién salida del cascarón siempre deje alguna duda: cómo procese ese paso del amateurismo al profesionalismo, de Rhode Island a Andalucía e incluso de Ed Cooley a Luis Casimiro; dos pedazo de entrenadores si bien completamente diferentes el uno del otro. Luego acabará como acabe, pero por ahora es una magnífica noticia tenerlo por aquí.

4. Ya he contado alguna vez la historia de aquel primer partido que le vi, que era en realidad el segundo que jugaba en su universidad de Gonzaga. Aquella noche de noviembre de 2011, ante su nuevo público de Spokane, frente a la vecina Washington State, el recién aterrizado Kevin Pangos se marcó la friolera de nueve triples, tal cual, nueve triples uno detrás de otro (claro está, no iban a ser todos a la vez), nueve triples con envidiables porcentajes además, dejando ojipláticos no ya a sus aficionados ni a quienes lo vimos desde la distancia sino incluso a los mismísimos analistas televisivos (que más de una vez se confundieron y le llamaron Pargo, ya que ocupaba jukevin_pangossto el lugar que Jeremy Pargo acababa de dejar). Ni que decir tiene que el canadiense no volvió jamás a repetir una actuación así, pero ello no quita para que durante todos estos años haya seguido jugando a un magnífico nivel. No siempre ejerció de base puro porque a menudo le tocó compartir cancha con un cerebrito como David Stockton (de los Stockton de toda la vida), pero este último año recuperó el mando en plaza y dejó meridianamente claras dos cosas: a) que siempre va a ser un base más anotador que director, y b) que en cualquier caso ha mejorado muchísimo en las labores de dirección. Triunfará en el Granca siempre y cuando sus fieles aficionados tengan paciencia con él (al fin y al cabo es su primer trabajo remunerado como baloncestista profesional), siempre y cuando tengan claro que no van a encontrar en él al sucesor de Tomás Bellas sino a otro estilo de base completamente distinto, casi contrapuesto. Ahora bien, con un maestro en el banquillo como Aíto (extraordinario en la dirección de jóvenes, de toda la vida de dios) y otro en el parquet como Oliver tendrá ya mucho ganado en su proceso de adaptación. Dejemos que Gran Canaria (la isla, la gente, el equipo) se ocupe de todo lo demás.

5. Siempre es un placer ver jugar a Vanderbilt, universidad sita en Nashville, Tennessee. Siempre es un placer ver a los Commodores sobre todo en su casa, en ese incomparable Memorial Gym que no se parece a ningún otro pabellón (que yo haya conocido) sobre la faz de la Tierra, con sus banquillos no en el lateral sino en los fondos, casi al pie de las canastas. Pero más allá de peculiaridades Vanderbilt acostumbra a jugar buen baloncesto gracias a su técnico Kevin Stallings y a interesantes promociones de jugadores,Jeffery_Taylor_Vanderbilt_InsideOnly pongamos por ejemplo aquella de 2012 con el escolta anotador John Jenkins (carne de Liga de Desarrollo durante todos estos años), el pívot fajador nigeriano Festus Ezeli (hoy ya con un anillo en los Warriors) y el alero-chico-para-todo Jeffery Taylor, jugador interesante donde los  haya. Jordan (sí, ESE Jordan) puso sus ojos en él y le escogió para sus Bobcats (hoy ya Hornets) en el 31 del draft (lo que viene siendo el 1º de la segunda ronda), justo un puesto detrás de Ezeli y ocho detrás de Jenkins por cierto. Su elección desató la euforia en las buenas gentes de Charlotte que creyeron (tanto más tras sus magníficas actuaciones en las ligas de verano) haber conseguido un verdadero robo. Bueno, pues no. La realidad como tantas otras veces vino a poner las cosas en su sitio, primero en forma de lesión (aquiles) y luego en forma de sanción por un lamentable episodio de violencia de género que él mismo reconoció y por el que le cayeron 24 partidos. Así las cosas (y tras múltiples idas y venidas a la Liga de Desarrollo) los Hornets acabaron cortándole hace pocos meses. Se le cerraba así la puerta de la NBA pero a cambio se le abría de par en par la de Europa, gracias además al pequeño detalle de que Taylor es sueco; no sueco de conveniencia sino sueco sueco, sueco de pura cepa, nacido en Norrköping mientras su padre estuvo jugando allí. De hecho ha defendido ya la camiseta de su selección, de hecho hasta participó en el Eurobasket 2013 con notable éxito de crítica y público. Dicen que le ha fichado el Real Madrid para sustituir a KC Rivers (que la cosa de los pasaportes la tiene algo más revuelta, por lo visto), de hecho todos los medios lo dieron por hecho hace un par de meses aunque yo a día de hoy no he sido capaz de encontrar confirmación alguna al respecto, bien porque las cosas de palacio van despacio o bien porque soy así de torpe y no habré sabido dónde buscar. Sea como fuere (y dando por supuesto que finalmente llegue a la casa blanca) que nadie espere un clon de Rivers porque su posición podrá ser similar pero su juego es muy distinto: más defensa, más físico, menos tiro que su antecesor. Y más carácter, también. Esperemos que mezcle bien con un equipo tan hecho como este Madrid.

6. En los cinco casos anteriores les he vendido optimismo a raudales pero no se me vengan arriba, no todo ha de ser jijí jajá, me temo que con éste que viene ahora voy a bajar un poco (bastante) el listón. Señoras, señores, les presento a los gemelos Wear, Travis y David Wear, dos gotas de agua como no podía ser de otra manera, dos esbeltos yogurines a los que imaginamos intercambiándose exámenes y castigos sin que sus profesores se dieran cuenta cumpliendo así con la mística asociada a su condición.DavidWearTravisWear Juntos llegaron a North Carolina, juntos decidieron cambiar de aires y emigrar a la soleada California en busca de mejor fortuna, juntos aterrizaron en UCLA, juntos se graduaron cumpliendo casi en la cancha ese mismo papel intercambiable que les imaginábamos en las aulas. Las diferencias (más allá de que el uno llevaba el 12 y el otro el 24) eran sólo de matiz: Travis, a menudo titular, era más completo, algo (sólo algo) más interior, algo menos alérgico a las zonas; David, por lo general suplente, era aún menos fajador si cabe, prototípico cuatro abierto (y decir cuatro es decir mucho) con buena mano y pare usted de contar. Acabada la carrera se separaron finalmente sus destinos, la adultez es lo que tiene: Travis fue a parar a los Knicks para confirmar el hecho evidente de que allí ya juega cualquiera (de hecho recientemente han fichado a Sasha Vujacic, por si nos quedara todavía alguna duda), David en cambio hubo de buscarse la vida (como tantos otros) en la D-League. Supongo que habrán sido sus números en esa competición y (sobre todo) en la pasada Liga de Verano los que han llevado al Fuenla a contratarle, algo que como ya habrán deducido a partir de todo lo anterior no me hace especial ilusión; fíjense que hasta me preguntaron en Twitter si mejoraba a Daniel Clark (comparación odiosa donde las haya) y respondí que para mí no, en absoluto. Dicho lo cual, si yo fuera aficionado fuenlabreño tampoco me preocuparía demasiado al respecto. Primero porque acaso mi recuerdo sea exagerado, porque puede que haya progresado mucho desde entonces. Segundo porque no soy de fiar, no soy un experto sino un mero aficionado cuyo atrevimiento va en paralelo a su ignorancia. Y tercero (y principal) porque bastante tienen ahora mismo con preocuparse sobre si saldrán en ACB como para preocuparse de con qué jugadores saldrán (en su caso) en ACB.

Y hasta aquí. Me habría encantado dedicarle también un parrafito a ese magnífico fichaje del Valencia Basket llamado John Shurna (por quien siento especial debilidad desde su etapa en Northwestern) pero en este caso no tendría sentido que yo se lo presentara ya que ustedes lo conocen ya de sobra tras su etapa en Badalona. Como me habría encantado dedicarle unos parrafillos al flamante fichaje de la Penya Ousmane Drame (Quinnipiac) y al no menos flamante obradoirista Alec Brown (Wisconsin Green-Bay), pero si lo hiciera les estaría vendiendo la moto (aún más si cabe) dado que apenas pude ver jugar a sus respectivas universidades (y bien que lo siento) como para tener formada una opinión. Como me encantaría poder dedicarle algunas líneas a jugadores interesantísimos como Juwan Staten (West Virginia), Askia Booker (Colorado), Jordan Sibert (Dayton), LeBryan Nash (Oklahoma State), Jonathan Holmes (Texas), Emmy Andújar (Manhattan) o Matt Stainbrook (Xavier), me encantaría porque eso significaría que les veríamos por aquí pero por ahora no parece que sea el caso (ni por ningún otro sitio, que yo sepa), por si acaso ahí les dejo sus nombres para lo que gusten mandar. Como me encantaría escribir algo también de tíos como Miljenovic, Vezenkov, Sobin, Vrkic, Musli, McGrath, Caloiaro, Benite, incluso Doncic, Yusta o Rico… pero como dijo aquél, hoy no toca, hoy la cosa iba sólo de denominación de origen NCAA. Además que creo yo que ya está bien, que con seis imágenes refrescantes tienen más que suficiente. No se me vayan a enfriar.

(publicado originalmente en BASKET Y PUNTO)

DELIRIOS BLAUGRANAS   3 comments

Ficha el Barça compulsivamente. Ficha como si no hubiera un mañana, como si le faltara el aire, como si se acabara el mundo. Ficha todo lo que se menea y lo que no se menea también, ya puestos, no vaya a ser que se empiece a menear. Ficha con ansia, sin medida, sin merma ni tasa, ficha como decía mi madre que comía yo de niño (y aún a veces mi señora, de adulto), hijo, comes sin conocimiento, ficha el Barça sin conocimiento, casi sin saber qué ficha, puro fichar por fichar. Ficha como si tuviera que desahogarse en baloncesto de la carencia de fichajes del fútbol, como la FIFA no nos deja echemos aquí la casa por la ventana no vaya a ser que se olviden de lo que somos. Ficha como si no le importara una mierda (acaso porque no le importe una mierda) esa reciente auditoría que cuantificaba en 5 millones los ingresos y en 27 millones los gastos de la sección, nos podrá importar a usted o a mí pero a ellos obviamente se la suda, los llenazos del Camp Nou pagan sobradamente los inmensos vacíos del Palau, será por dinero.carlos-arroyo-640 Fichan y fichan y vuelven a fichar, fichan para hacer aún más grande la distancia entre el segundo y el tercero (y ello aunque también fiche el tercero), luego cuando vuelva a hablarles de liga de dos, de bipolaridad, de previsibilidad, de liga de la marmota y demás zarandajas no se les olvide volverme a linchar.

Ficha el Barça a Arroyo, Ribas, Perperoglou, Samuels, Vezenkov, Lawal, Diagné, no nos ficha a usted o a mí porque no estamos en el mercado que si no también nos ficharía aunque sólo fuera para llevar el agua. Ficha cincos como para poner una cinquería, hasta un quinteto de cincos (añadiendo a Tomic) podría alinear si le diera la vena (acaso sea ese el sueño húmedo de Pascual y no nos hayamos enterado), una especie de cinco por cinco (veinticinco) como si dijéramos. Ficha a un Perperoglou que es el pegamento que todo buen equipo necesita, ficha a un Pau Ribas que haría las delicias de cualquiera, hasta ahí todo normal, lo emocionante llega cuando se pone a buscar base y dispara a todo lo que se mueve como si le diera igual huevo que castaña, director que anotador, cerebral que crepuscular, viejo que joven, Prigioni que Shved… o que Arroyo, pongamos por caso.

Ficha el Barça a Arroyo a sus 36 años cumplidos, aún éramos jóvenes cuando le veíamos trotar a la vera de Raül López por esas canchas de dios (del dios mormón de Salt Lake City, para ser exactos). Ficha un potro (ya más bien caballo percherón) desbocxavipascualado, un manantial de talento a chorros, un líder absoluto, un jugador que allá donde pasó no giró en torno al equipo sino que más bien fue el equipo el que giró en torno a él… ¿y en tales circunstancias aspira el Barça a que se convierta en algo así como la prolongación del entrenador sobre la cancha? Si lo de las riendas funcionó mal con Ricky y regular con Marcelinho, con Arroyo (que no es precisamente de riendas) no quiero ni imaginármelo. Pueden pasar dos cosas, que Arroyo se pascualice (que ya me extrañaría, a estas alturas de su carrera) o que Pascual se arroyice aunque sólo sea por la cuenta que le trae, entreguemos las llaves del reino a Don Carlos que él sabrá muy bien que hacer con ellas, para todo lo demás dios proveerá. Puede que tengamos un one man show al más puro estilo Galatasaray o puede que no haya pascualización ni arroyamiento alguno, que cada cual vaya por su lado y los demás ya no sepan de qué lado estar. Llega Arroyo para ser (algo así como) el brazo armado de Pascual, sólo espero que esa extremidad no acabe separándosele del cuerpo. Al menos siempre le quedará la otra, de nombre Satoranski. Menos da una piedra.

Y puestos a fichar hasta ficha el Barça a Lassa, tal cual, con dos eses y en femenino no se me vayan a confundir. Lassa como usted ya sabrá perfectamente (sobre todo ahora que voy yolassa a contárselo) es la marca líder en neumáticos de Turquía, seguramente en el país otomano la conocerá todo dios (o todo alá, según), en esta otra parte del globo quizá también pero yo (que vivo permanentemente instalado en la ignorancia) he tenido primero que averiguarlo para poder escribirlo. Lassa no ha encontrado mejor manera de expandirse que patrocinar a las secciones barcelonistas, bienvenido sea aunque rompa los esquemas a todos aquellos que sostienen que éstas ya están patrocinadas por su sección de fútbol, será que en Turquía no se han informado al respecto. Ya estoy viendo el titular del Marca en el próximo Clásico, el Barça Lassa contra el Madrid de Laso, cosas peores hemos leído. Y aún se podría mejorar, bastaría con que el Madrid se dejara de tekas y pasara a estar esponsorizado (terrible verbo) por Leche Pascual (o aún mejor sería Pascuala por aquello de la simetría, me cuentan que en Valencia hay un mítico bar con ese nombre pero no creo que le llegue el presupuesto para esponsorizaciones de tal calibre). Imaginen, Barça Lassa vs Madrid Pascual, ese sí que sería el verdadero mundo al revés, desde el tiempo aquel en que el Clásico era Real-Regal no se vio nada semejante. Todo es ponerse.

LA LIGA DE LA MARMOTA   3 comments

Hará cosa de un mes (día arriba, día abajo), en uno de esos momentos de enajenación mental transitoria que me caracterizan, se me ocurrió escribir en Twitter el hashtag #LaLigaDeLaMarmota para ilustrar el hecho evidente de que los finales de temporada ACB se parecen unos a otros como gotas de agua: un año más (y van…) el premio al Entrenador del Año recaía en el técnico del primer clasificado en temporada regular como si no existiera ninguna otra posibilidad; un año más (y van…) Burgos volvía a ascender a ACB para quedarse finalmente en LEB; un año más (y van…) la cobertura televisiva dejaba mucho que desear y las audiencias se desmoronaban (llegará el día en que dejen de caer por una mera cuestión física, porque una vez que estás en el fondo ya no es posible ir más abajo); un año más (y van…) la final de la Liga (como antes la de la Copa, y aún antes la de la Supercopa) habría de enfrentar irremisiblemente a Barcelona y Real Madrid. Ni que decir tiene que dicho hashtag provocó el efecto que cabía esperar, es dmarmotaecir, el 99 por ciento de mis hipotéticos fólogüers pasó olímpicamente de él y de entre el 1 por ciento restante hubo de todo, como en botica: alguno a favor, alguno en contra… y alguno que reaccionó como si le hubiera mentado a la madre.

Me pilló por sorpresa, reconozco que nunca suelo estar psicológicamente preparado para estas cosas. No esperaba yo que por quejarme de otra final Madrid-Barça alguien me dijera que vivía en un cuento de hadas, que cómo podía yo despreciar de ese modo una final entre dos de los mejores equipos del Continente (como si la hubiera despreciado en algún momento, como si no la disfrutara tanto como el que más) y lo mejor de todo, que si yo pensaba así era porque veía muy poco baloncesto [Acotación al margen: ¿que yo veo poco baloncesto? Creo que si mi mujer leyera esto iría a buscarle y le mataría con sus propias manos (entiéndase esto último en sentido figurado y en un tono meramente lúdico-festivo, no vaya a ser que dentro de cinco años alguien me lo encuentre y me acuse de inducción al asesinato, o similar)], opinión jaleada desde su cla por una seguidora sumamente fiel que le aclamaba al grito de ¡¡¡Muy bien Javi, así se habla!!! como si en verdad supiera de lo que estaba hablando, como si aquello fuera un combate en un ring y no un intercambio de pareceres en Twitter. La gota que colmó el vaso vino cuando alguien (que no fui yo) le hizo una exposición sumamente razonada y su respuesta fue bla bla bla. Tal cual, simplemente esas nueve letras, bla bla bla, así como diciendo lo vuestro son sólo palabras, total qué me importan a mí vuestros argumentos de mierda si de mi lado está La Razón, con mayúsculas. Hasta ahí. No me importa (incluso me agrada) la sana discrepancia, pero no soporto la prepotencia. Dejé de seguirle, él de inmediato dejó de seguirme, y punto. Y aquí paz y después gloria.

O eso pensaba yo, en mi tierna ingenuidad. Días después, con evidente retraso, me topé en su púlpito con un artículo suyo, que llevaba el breve a par que elegante título de La final repetida entre Real Madrid-Barcelona y el postureo de los ¿puristas? Obviamente no me mencionaba (tampoco era cuestión de hacerme publicidad), pero bastaba con leer su primer párrafo para que no hubiera lugar a dudas (aclaro que copio y pego íntegramente, por lo que la puntuación y la sintaxis son ajenas a mi responsabilidad): No puedo evitar soltar una sonrisa picarona durante estos días que se confirma la final entre los dos mejores equipos de la ACB y todos aquellos muestran su amargor sobre la enésima repetición entre Real Madrid y FC. Barcelona comenzando su perorata habitual sobre el duopolio de ambos contendientes, el presupuesto del fútbol, la imposibilidad de alternativa y algunos se atreven incluso a calificarlo de la liga de la marmota como si no pudiéramos disfrutar del espectáculo que, a partir del viernes, ambos equipos nos ofrecerán en un duelo de altísimo nivel y que es difícil de encontrar en alguna de las otras ligas europeas.posturistas Y tras esta elaborada argumentación (¿qué tendrá que ver el preferir otra final con el que se pueda o no disfrutar de esta final?), añadía: las dudas me asolan ante tanto “postureo” y me hacen dudar del verdadero conocimiento sobre la ACB de estos puristas… Acabáramos, era eso: si prefieres una final Madrid-Barça es que sabes de esto, si prefieres cualquier otra es que no tienes ni puta idea. Y así todo. Haberlo dicho antes, ahora ya nos vamos entendiendo.

Vayamos por partes. ¿Postureo? ¿Qué es postureo? (y tú me lo preguntas, postureo eres tú…): la Real Academia aún está trabajando en su definición, así que mientras acaba les pongo la que ofrece la Fundeula adopción de ciertos hábitos, poses y actitudes más por apariencia que por convicción. ¿Apariencia, a estas alturas? Vaya por dios, y yo sin saberlo. Llevo opinando así media vida (y la otra media no porque aún no tenía dónde opinar), a lo mejor llevo media vida postureando sin darme cuenta o a lo mejor es que algunos etiquetan como postureo a todo aquello que se escapa de su entendimiento. ¿Purista?: Según la Real Academia (prescindo deliberadamente de las dos primeras acepciones, de contenido meramente lingüístico) dícese de aquel que defiende el mantenimiento de una doctrina, una práctica, una costumbre, etc., en toda su pureza y sin admitir cambios ni concesiones. Lo que ya no dice la Real Academia es que quien se reconoce purista lo hace (supongo, no es mi caso) con todas las de la ley, en cambio quien define a otro como purista lo hace en términos despectivos, arrojándoselo a la cara con toda su bilis. Pues vale, si he de ser purista lo seré, obviamente me han llamado y me llamarán cosas mucho peores. Pero si me atengo a la definición de la Real Academia habré de reconocer que no me siento identificado en absoluto. ¿En toda su pureza y sin admitir cambios ni concesiones? Todo lo contrario. Yo quiero que las cosas cambien, que se dinamice nuestro deporte, que no haya una brecha tan enorme entre ricos (dos) y pobres, que nuestro baloncesto no sea bipolar sino multipolar. Mucho más puristas serán aquellos que prefieren que las cosas sigan como están.

Qué duda cabe, esto de utilizar adjetivos descalificativos debe ser muy tentador, el pedestal es lo que tiene. Siempre me han dado muchísima envidia todos aquellos que se sitúan ante su interlocutor en un plano de absoluta superioridad, sabiendo de antemano que su opinión es la verdad absoluta y que la del de enfrente (en tanto en cuanto sea diferente) sólo merece desprecio. Qué envidia, de verdad, yo de mayor quiero ser como él (y eso que soy mayor que él). Yo por desgracia sólo tengo dudas, me lo habrán notado quienes me leen desde hace años, me lo notarán quienes me lean hoy por primera vez. Suelo decir que la duda es el estado natural del ser humano, tantas más dudas cuanto más humano. Por eso me inquietan tanto todos aquellos que no parecen dudar jamás.

Pero todas estas disquisiciones a ustedes les traen al pairo, así que vuelvo al tema. Siguiente sentencia por su parte: ¿Saben cual es el problema principal? Que hay demasiado baloncesto, así como lo digo, todos estos puristas que critican la final se pasan la vida viendo ACB, NBA, NCAA, Euroliga, Liga Femenina y algún torneo que juegue su equipo de barrio, lo que obliga, de forma indefectible, a no poder seguir una competición en su totalidad y realizar juicios de valor sin entrar a profundizar en lo que se está diciendo… Y se queda tan fresco. Yo jamás he tenido la tentación de hacer juicios de valor ni de de entrar a profundizar, aún menos en Twitter. Yo lo único que hago en dicha red social es expresar mi opinión, no sé si tan válida como cualquier otra pero sí al menos tan legítima como cualquier otra. Si él es tan sabio como para que sus aseveraciones vayan a misa pues olé sus cojones, las mías en cambio no pretenden pasar de la pantalla del ordenador. Sin juzgar, profundizar ni pontificar. Simplemente opinar. Como casi todo el mundo.

Así que al parecer estoy (estamos, que no lo dirá sólo por mí) incapacitado(s) para seguir una competición en su totalidad. Pues nada, que al final con tanto insistir me va a obligar a contarles mi vida (baloncestística): a ver, no es ningún secreto (cualquiera que me lea y/o me siga lo sabe) que entre mediados de noviembre y primeros de abril me centro sobre todo en NCAA, lo cual evidentemente tiene un precio: no veo NBA en temporada regular (luego me desquito en playoffs), no veo Liga Femenina (y bien que lo siento) y el único equipo de barrio al que sigo no juega al baloncesto sino al fútbol, por lo que queda fuera de este análisis. Ahora bien, mi seguimiento NCAA no me impide dejar un hueco cada jueves/viernes para la Euroliga y otro cada domingo para la ACB.bilbao-granca Cualquiera que me lea y/o siga conoce bien mis disquisiciones al respecto, mis difericestos varios (suelo dedicar el domingo por la mañana a tareas domésticas, suelo desquitarme por la tarde), mis legendarias peleas con Orange Arena, si alguien lo duda no tiene más que rebuscar en mis tuits de años atrás ya que ahora está tan de moda. Rara es la jornada ACB en la que no caen al menos dos partidos, incluso tres en la mayoría de los casos. Eso sí, suelo seleccionar, escoger en base a criterios de afinidad (Estu… cuando lo dan), calidad, presumible igualdad o mera estética. Habrá equipos a los que haya visto quince o veinte veces y otros a los que haya visto apenas una vez, no lo niego. Y no sé si eso es mucho o poco, no sé si veo más o menos ACB que él (ni me importa) ni sé si eso me deslegitima (como parece) para opinar acerca de dicha competición. No sé qué es seguir una competición en su totalidad, ni siquiera me atrevería a afirmarlo de la NCAA (y miren que le echo horas) como para afirmarlo de la ACB. Sólo sé que a mí jamás se me ocurriría descalificar la opinión de un interlocutor porque vea menos NCAA/ACB que yo, o porque crea yo (sin tener ni puta idea) que ve menos NCAA/ACB que yo. Como dijo el torero, hay gente pa tó.

En algunas cosas estamos de acuerdo, no vayan a pensar: creo como él que en ACB hay un montón de partidos extraordinarios y un montón de equipos que practican un magnífico baloncesto (y por eso mismo me apena que no puedan llegar más lejos), creo como él que (por ejemplo) la serie de cuartos de final entre Bilbao y Valencia fue sencillamente fantástica. Y creo como él (porque es un hecho cierto) que Valencia y Unicaja tuvieron contra las cuerdas a Madrid y Barça, casi del mismo modo en que hace un año tuvieron contra las cuerdas a Barça y Madrid. Pero exactamente eso, contra las cuerdas. Una cosa es tener a alguien contra las cuerdas y otra romper las cuerdas, una cosa es acorralar y otra ser incapaz de rematar, y que al final el golpe definitivo lo acabe dando siempre el acorralado y nunca el que acorraló. El número 20 del mundo (permítaseme el símil tenístico) puede tener contra las cuerdas a Djokovic cada vez que se enfrenten, pero si de cada diez veces que lo hagan gana una y pierde nueve no dejará por ello de ser el 20 del mundo, ni aún por muy apretado que haya tenido al serbio en todas esas derrotas. Es la delgada línea roja entre ser bueno y ser grande, entre tener la oportunidad de ganar y (sencillamente) ganar. Tan simple como eso.

Pero vale, está bien, Madrid y Barça estuvieron una vez más contra las cuerdas, asumámoslo como hecho (más o menos) objetivo. Asumido esto, ahora me van a permitir que les traiga yo aquí unos cuantos hechos más, aún más objetivos si cabe: En las 28 primeras ligas ACB, las que van desde la temporada 1983/1984 hasta la 2010/2011, sólo hubo 9 finales Madrid-Barça. Nueve en 28 años, y sólo en un par de ocasiones hubo dos consecutivas (1988 y 1989, 2000 y 2001); en cambio desde la 2011/2012 llevamos cuatro (o sea todas), las cuatro de manera consecutiva como no podría ser de otra manera.copas Y si esto pasa en la Liga aún es más llamativo el dato de la Copa: en sus primeros 26 años auspiciada por la ACB, es decir, desde la temporada 1983/1984 a la 2008/2009, hubo sólo cuatro finales Madrid-Barça. Cuatro en 26 años (1988, 1989, 2001 y 2007, nótese por ejemplo que no hubo ni una sola en toda la década de los Noventa). En cambio en los seis años que van desde 2009 hasta ahora llevamos cinco, es decir todas excepto la de 2013 (y porque en ésta ambos equipos quedaron emparejados en cuartos de final, que si no ya habríamos visto). Repito, 4 de 26 contra 5 de 6. ¿Quieren más? Si sumamos las tres competiciones ACB, Liga, Copa y Supercopa, descubriremos que ambos grandes se han jugado el uno contra el otro diez de las últimas doce finales, trece de las últimas dieciocho. Pero si miramos sólo títulos el tema resulta ya estremecedor: para encontrar un título no ganado por Madrid ni Barça tenemos que remontarnos otra vez a la temporada 2009/2010, a aquel dos más uno de SanEme que consumó aquel histórico baskoniazo. Madrid y Barça se han repartido íntegramente los últimos 15 títulos ACB en disputa, 17 de los últimos 18. Y lo que te rondaré morena. O como diría una insigne comunicadora, estos son los datos y suyas son las conclusiones.

La ACB es una Liga que juegan dieciocho contra dieciocho y siempre gana el Madrid o el Barça, que diría Gary Linerker si supiera de qué va esto. Dualidad, duopolio, bicefalia, bipartidismo, bifrontismo, bipolaridad… Denominaciones que al parecer hieren la sensibilidad de todos aquellos que tienen la sensibilidad a flor de piel predispuesta a que se la hieran. Nada me gustaría más que no tener que utilizarlas, nada me gustaría más que el que no fueran ciertas. Por desgracia los datos están ahí, y a poco que los repasemos comprobaremos que ya hasta hemos conseguido superar a la liga de fútbol (y miren que lo teníamos difícil), hasta a esa liga escocesa de la que tanto hemos rajado en los últimos tiempos. Al menos ellos conocieron hace un año una excepción (que confirma la regla) llamada Atlético de Madrid, al menos otra excepción llamada Athletic de Bilbao se atrevió a asomarse tímidamente este mismo año a la Final de Copa. Flor de un día, no digo yo que no. Pero flor al fin y al cabo. El fútbol además aún está a tiempo de corregir errores pasados con el nuevo reparto de sus milmillonarios derechos de televisión. Nosotros en cambio casi no tenemos ni migajas televisivas que repartir.

Yo creo que uno de los principales indicadores de la grandeza de una liga es precisamente el número de equipos con posibilidades reales de ganarla, con posibilidades de aspirar a ganarla al menos. Y no es algo que crea yo solo, precisamente uno de los leitmotiv (o como se diga) de la ACB cuando nació hace treintaitantos años fue precisamente ese, que esto no fuera sólo cena para dos sino que hubiera unos cuantos con legítimas aspiraciones a pillar una buena parte del pastel. Con tal motivo se incorporó el segundo extranjero, con tal motivo el tercer extranjero provocó llanto y crujir de dientes unos pocos años después (y téngase en cuenta que hablamos de los ochenta y los primeros noventa, en aquel entonces aún no había libre circulación de trabajadores ni Bosman ni cotonús ni guineanos o turkmenistanos repentinamente nacionalizados). Se consiguió sólo a medias, claro está, siempre habrá ricos y pobres y esta competición no habría de ser la excepción. Pero aún siendo sólo a medias hubo un tiempo en que no sólo decíamos ser la mejor liga del mundo después de la NBA sino que muy probablemente lo éramos, aún consiguiéndose sólo a medias hubo equipos como CAI, Penya, Estu, Baskonia, Unicaja, Valencia, Sevilla, Cáceres, Granada, Manresa o Bilbao que durante un momento (o varios) se creyeron con derecho a soñar, que algunos no sólo se creyeron con derecho a soñar sino que a veces hasta soñaron, que algunos no sólo soñaron sino que hasta se atrevieron a convertir esos sueños en realidad. Pregúntense ahora si esos sueños (sólo sueños, no hablo ya de realidades) serían siquiera imaginables a día de hoy.

¿Cómo hemos llegado a esto? En estos casos resulta muy socorrido recurrir al concepto crisis, esa de la que (dicen que) ya estamos saliendo aunque la tozuda realidad se empeñe día tras día en demostrarnos lo contrario. Un tópico si así lo quieren, pero no por más tópico menos cierto. Quizá recuerden que hubo un tiempo en que los patrocinadores comían de nuestra mano, un tiempo en que mirabas los nombres de nuestros equipos y sólo veías entidades financieras, otro en que sólo veías compañías de seguros, otro en que sólo veías inmobiliarias, la burbuja que les explotó poco después también se le estampó en plena cara a la ACB. Añádase que se cerró también (salvo excepciones) el grifo del dinero público (afortunadamente, porque en tiempos de escasez debe estar para otras cosas) y el resultado de todo ello salta a la vista. La clase alta (dos) cada vez más alta y en cambio la media-alta cada vez más media, la media cada vez más baja, de la que antes era baja mejor no hablemos. Hoy Unicaja y Mercadona (más bien su Cultura del Esfuerzo) pasan por ser nuestros mejores patrocinadores pero es mentira, en realidad no son patrocinadores sino dueños, y que sigan siéndolo por muchos años por la cuenta que les (nos) tiene. El resto andan mendigando a ver si una caja de ahorros local, una empresa de productos dietéticos, una agencia de viajes o una gran compañía telefónica (loado sea el cielo) va y se acuerda de nosotros, y cuando ello sucede nos damos con un canto en los dientes y nos decimos que en el fondo podría ser mucho peor. Lo cual es cierto, pero no es menos cierto que (al menos en esto) cualquier tiempo pasado fue mejor. Además de anterior.

Claro está que en esto de los patrocinadores también podemos engañarnos a nosotros mismos, lo que antes les comentaba de Unicaja o Mercadona apenas es nada al lado del argumentario de mi sesudo interlocutor: …como si fuera un pecado mortal que tu principal patrocinador sea una parte de tu mismo club que se dedica al fútbol y tenga menos mérito que, por ejemplo, una entidad bancaria o una cadena de alimentación por poner ejemplos de los semifinalistas de esta temporada. Me encanta, de verdad se lo digo.madribarça Toda la vida creyendo que el Madrid y el Barça eran clubes de fútbol que además tenían una sección de baloncesto y ahora resulta que no, que el fútbol en realidad es sólo una parte de ese mismo club, el cual además ejerce de patrocinador principal de sí mismo. Pues vale, aceptemos barco como animal acuático (o pulpo como animal de compañía), aceptemos que el Madrid y el Barça de fútbol son simplemente patrocinadores de sus secciones de baloncesto (me da la risa de sólo escribirlo), como Río Natura del Obra, La Bruixa d’Or del Manresa o Montakit del Fuenla pongamos por caso, lo mismo. ¿Lo mismo? Sin necesidad de entrar en cantidades (que en ningún caso serían comparables), quizá no esté de más reparar en el pequeño detalle de que Madrid y Barça no tienen que vivir bajo la espada de Damocles de que su patrocinador principal les abandone a final de temporada dado que llevan patrocinando al baloncesto desde su fundación, ya ven que cosas. Es más, ni siquiera tienen que preocuparse de que les cuadre el debe y el haber, los demás si no les cuadra tienen un serio problema (con las nefastas consecuencias que conocemos verano tras verano) pero ellos dos no, si a final de año el debe supera con creces al haber no tienen más que tirar de la caja común, será por dinero, éstos son patrocinadores y lo demás es tontería. Y no estará de más recordar que el Madrid hoy llena el Palacio pero hubo un tiempo en que ni siquiera era capaz de llenar el viejo pabellón de su extinta Ciudad Deportiva, del mismo modo que el Barça que un día llenó el Sant Jordi hoy es incapaz de promediar media entrada en el Palau. ¿Que no cuadran las cuentas? No hay problema, Dios (o el fútbol, que viene a ser lo mismo) proveerá.

En este punto del debate siempre suelen aparecer dos puntos de vista antagónicos, A) el que reclama que Madrid y Barça sean abducidos full time por la Euroliga para que así podamos recuperar la igualdad en nuestra liga doméstica, y B) el que afirma que una supuesta liga sin Madrid ni Barça sería la ruina absoluta para la ACB. Y aquí mis convicciones flaquean, ya les dije al principio que en el fondo sólo tengo dudas: mi romanticismo escogería la A pero mi (escaso) sentido común reconocería que tienen razón los de la B. Esto es como aquella coplilla de antaño, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero. Tal cual. A veces me pregunto qué popularidad habría alcanzado nuestro deporte en este país si el Madrid y el Barça no hubiesen creado una sección de baloncesto (perdón, quería decir si el Madrid y el Barça de fútbol no hubiesen decidido patrocinar a un equipo de baloncesto, en qué estaría yo pensando): probablemente hoy no sería más popular que el balonmano, el voleibol o el waterpolo, por más que me duela reconocerlo. Como me pregunto también (soy muy de preguntarme cosas; mis dudas, ya saben) qué sucedería si se diera aquella hipótesis que les planteaba más arriba, si Madrid y Barça se integraran en una Euroliga cerrada que les obligara a dejar la liga doméstica. Si aún con ellos (y aún con el futbolerismo y el madribarçismo que nos meten hasta en la sopa nuestros medios) nos cuesta tener visibilidad, pues imagínense sin ellos: probablemente caeríamos en el ostracismo más absoluto, probablemente nuestra repercusión se asemejaría a la de la LEB. Tan triste como cierto.

Para el final dejó mi ínclito contertulio su última andanada, ni que decir tiene que tan sutil como las anteriores: …a muchos no los convenceré (tampoco lo pretendo) y otros entrarán en esa categoría moderna de “haters” que su principal objetivo es ver a uno de los dos finalistas fuera de los títulos sin entrar en más profundidades (seguramente estén ocupados viendo otras cosas porque su equipo hace ya mucho que acabó la liga), (…) y quién no quiera verlo, pues nada, que siga con su “postureo” mientras ve una de las mejores finales posibles. Cómo no, un ganador como él (tanto más este año) no podía dejar pasar la oportunidad de restregarnos a los demás nuestra condición de perdedores, hasta ahí podíamos llegar. Es curiosa la vida. Habrá haters, no les digo yo que no, pero yo más bien pertenezco a esa otra categoría de perdedores que podríamos denominar perdedores gilipollas (no hace falta que me pongan adjetivos, ya me los pongo yo solo), que es como ser perdedores por partida doble: tan gilipollas como para alegrarme muy sinceramente con algunas victorias europeas de los ganadores;rmeuroliga alegrarme incluso más que algunos (sólo algunos) que se pasaron años deseando que perdiera su propio equipo para que echaran al coach; alegrarme incluso más que algunos (sólo algunos) que (de tan ganadores como son) cuando ganan de verdad ni siquiera saben cómo disfrutarlo, todos esos para quienes la victoria es más un alivio que una alegría en palabras de su propio entrenador. Alegrarme por lo bien que me cae su (otrora vilipendiado) técnico, por la debilidad que siento por cierto jugador, por lo que sea. Alegrarme muy sinceramente porque me gusta el baloncesto aún por encima de cualquier color, de sobra lo saben un montón de madridistas de bien que tienen la insana costumbre de leerme y de aguantarme, si ahora el listo de turno lo quiere llamar postureo llámelo como le plazca pero le aseguro que es la pura verdad. Aunque hoy, a la vista de ciertas actitudes, casi me arrepienta de haberme alegrado tanto.

Así que al parecer yo debería haber estado ocupado viendo otras cosas porque mi equipo hace ya mucho que acabó la liga, y sin embargo vi y disfruté la Final como el que más, acaso más que el que más porque me daba igual cómo acabara, porque la habría disfrutado igualmente si el resultado hubiera sido otro. Y sin embargo algunos que estaban predestinados para disfrutar esta final prefirieron no disfrutarla, ya ven lo que son las cosas. Les contaré una historia absolutamente verídica, que tiene que ver con un compañero de trabajo del que les he hablado alguna vez: justo ese que es casi el único con quien puedo hablar de baloncesto, justo ese que alguna vez (con toda la buena intención del mundo) viene a comentar conmigo el partido de la noche anterior sin saber que yo aún lo tengo grabado esperando para poder verlo. No escribiré su nombre completo no vaya a ser que alguna vez le dé por guglearse y se encuentre con lo que no se espera [Él no sabe que tengo este blog ni puñetera falta que le hace, procuro mantener a rajatabla la separación entre mi vida laboral y mi vida virtual no vaya a ser que algún día mi jefe me encuentre blogueando o tuiteando en horas de servicio; sólo una vez un par de compañeros me pillaron un artículo publicado en otro lugar con mi nombre y mis dos apellidos, mi buen disgusto me costó pero la cosa no pasó de ahí], sólo diré (para añadir verosimilitud al relato) que sus iniciales son JMPG y que es quien lleva (muy bien por cierto) los asuntos informáticos de mi oficina. Baloncestero sin exageraciones (es decir, que le gusta esto pero no es un enfermo como el que suscribe), madridista sin forofismos ni fanatismos, de esos capaces de ver por igual la paja y la viga, en el ojo propio o en el ajeno. Un gusto hablar de baloncesto (y de cualquier otra cosa) con él.

Bueno, pues JMPG vino a mi despacho al día siguiente de acabar la semifinal Barça-Unicaja y me comentó que no pensaba ver la final Barça-Madrid. JMPG sólo deja de ver al Madrid de baloncesto por dos razones, porque sus múltiples obligaciones familiares se lo impidan o porque la tensión de los últimos minutos le haga dar la espalda al televisor, no lo vaya a pagar en salud. Y sin embargo en este caso resultaba evidente que su decisión no se correspondía con ninguno de esos dos motivos, era algo mucho más simple: de verdad, tío, no puedo ya con más Barça-Madrid, no aguanto más, todos los años lo mismo, la misma historia, las mismas tonterías, los mismos rollos, siempre igual, como si no hubiera más equipos, ya estoy cansao, de verdad…  Tal cual. Y hasta donde yo sé cumplió su palabra, no vio ninguno de los tres partidos ni vino a comentármelos ni fui yo tampoco a comentárselos a él. Ahora llamen también a esto postureo si así lo quieren, pero díganme antes qué necesidad tendría JMPG de posturear ante un compañero de trabajo al que ni le va ni le viene lo que haga con su vida. Y es que en el fondo es todo mucho más sencillo (y mucho más complicado, a la vez), en realidad las cosas no son sólo blancas y negras (o blancas y blaugranas, para el caso que nos ocupa), también las hay grises. Incluso en el propio blanco hay múltiples tonalidades de gris. Véase la muestra.

Que sí, que ya lo sé, que mi compañero es otra de esas excepciones que confirman la regla, que son muchos más los madridistas o barcelonistas jurboleros que sólo consideran a su equipo de baloncesto digno de ser mirado cuando se enfrenta al eterno rival. Algunos por lo que parece estarían tan felices con aquella ACB que imaginé para 2053 (en otro de mis habituales procesos de enajenación mental), una liga en la que sólo se enfrentaran chiquicientas veces al año Madrid y Barça con todos los demás equipos confinados en la LEB.vialibre Sería tal vez el sueño húmedo de ese futbolerismo mediático que sólo vive para el Clásico (para todos y cada uno de los Clásicos) como si cualquier otra realidad careciera de sentido. Pero como decía mi abuela, lo poco agrada pero lo mucho enfada. No es ya que este país sea muchísimo más grande que Madrid y Barcelona (afortunadamente), no es ya que en esas mismas ciudades haya también otras sensibilidades distintas a las oficiales, no es ya que en un montón de estadios y pabellones de nuestra geografía se coree ese estoy hasta los huevos del Barça y del Madrid… Es que incluso en algunos sectores (todavía muy minoritarios) de esas mismas aficiones comienzan a apreciarse ya algunos leves síntomas de saturación, algunos librepensadores capaces de ver que hay otros mundos (pero están en éste), que otras rivalidades también son posibles. Por algo se empieza.

No tengo la solución, ojalá la tuviera. Eso sí, algo me consuela (mal de muchos…) saber que otros no es ya que no vean la solución sino que ni siquiera ven el problema. Yo al menos tengo claro que esta desigualdad entre ricos (dos) y pobres (el resto, con matices) está matando (si no la ha matado ya) a la gallina de los huevos de oro, o quizá sería más propio decir a la marmota de los huevos de oro dadas las circunstancias (ya sé que las marmotas no ponen huevos, es sólo una licencia poética). En apenas diez o doce meses (o diez o doce años, o diez o doce siglos) nos encontraremos aquí de nuevo repitiendo como papagayos (como marmotas) que el Madrid y el Barça volvieron a encontrarse en la final de Liga, en la de Copa, en la de Supercopa y en la de la Recontracopa si la hubiere, que volvió a ser nombrado Entrenador del Año el técnico del primer clasificado en temporada regular, que las audiencias siguieron cayendo hasta el infinito y más acá (¿pararán en el cero o llegará incluso el día en que alcancemos audiencia negativa, desafiando así las más elementales leyes de la física?), que Burgos volvió a ascender un año más a la ACB para quedarse finalmente en LEB… O no, o quizá esto último no suceda, que toda paciencia tiene un límite y en esa recia capital castellana parecen haberlo sobrepasado con creces. Pero ésa (la de Burgos, la Ourense, la de…) es ya otra historia, y deberá ser comentada en otra ocasión.

Publicado julio 5, 2015 por zaid en ACB

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ABÓS   9 comments

Ayer vi a tu CAI, José Luis. Ayer vi a tu CAI plantar cara a un gran Valencia como tantas otras veces, aguantar hasta el final, tocar incluso la victoria con la punta de los dedos. Ayer vi a tu CAI por vez primera en esta temporada, créeme que me costó reconocerlo entre tanta gente nueva, Robinson, Katic, Lisch, Goulding, Jelovac, créeme que me costó hacerme a la idea pero en realidad no fue tanto por quien estaba como por quien ya NO estaba: no era que faltaran Rudez, Jones, Sanikidze o Shermadini, al fin y al cabo los jugadores son pasajeros, vienen y van; era que faltabas tú. Pero tú ibas a ser aún más pasajero, tú no ibas ni venías sino que estabas, era sólo cuestión de tiempo que volvieras, eso nos dijeron, eso nos creímos, o quizá no fuera tanto que lo creímos como que lo quisimos creer gracias a esa extraña habilidad que tenemos los seres humanos para engañarnos a nosotros mismos. Tú ni siquiera tuviste esa oportunidad de engañarte a ti mismo, José Luis, tú probablemente supiste desde el primer momento lo que te esperaba. Supiste que te irías, lo que quizá ya no imaginaste es que te llevarías un buen trozo de nosotros contigo. No sabes cuánto.

No nos hagas esto, José Luis. No nos dejes solos. Los del baloncesto cada vez somos menos, cada vez soportamos peor las ausencias tanto más si éstas son definitivas, tanto más si siempre sois los mejores quienes os vais. Tu CAI no será ya lo mismo sin ti, no eras simplemente el entrenador del CAI, ERAS EL CAI, con mayúsculas, llevabas media vida siéndolo, lo fuiste en LEB, lo fuiste en los difíciles primeros tiempos de ACB, trabajando codo a codo con Willy Villar, construyendo paso a paso, sin prisas, sin agobios, sin excesos, sabiendo tú mejor que nadie cuánto os había costado llegar a la élite como para dilapidarlo luego en un exceso de precipitación. Sólo era cuestión de tiempo hasta que el trabajo diera al fin sus frutos, hasta que en aquella primavera de 2013 os llevarais por delante al Valencia Basket, precisamente al Valencia, hasta que le rompierais los esquemas a media España (y el Granca a la otra media) entrando en semis, siendo terceros, ganando ese billete para Europa que debió ser de Euroliga y sólo fue Eurocup. Pero ahora ya qué más da, ahora ya no importan las cosas que hiciste, ahora ya sólo importan las que te quedaban por hacer, las que ya no podrás hacer, en el CAI, en Zaragoza o en donde fuera. Las que ya no te dejarán hacer.

Puto cáncer, puta vida de mierda, puta mierda de muerte, ya sé que no son formas y que no es lugar para soltarlas pero ahora mismo no me sale otra cosa, José Luis. Es demasiado tarde, debería estar ya en la cama, debería despejar mi mente pero no puedo, no dejo de darle vueltas al hecho irreversible de que ya no estás, de que ya nunca más volverás a estar. Tenías 53 años, casi mi edad, casi una edad a la que nadie debería morirse. Y menos que nadie tú, José Luis, tú que transpirabas baloncesto, tú que amabas este juego sobre todas las cosas, tú que formabas parte de ese selecto grupo de imprescindibles. Volveré a ver a tu CAI, lo sé, como también sé que nada será igual; ahora ya me dará lo mismo quiénes jueguen, nuevos o viejos, mejores o peores, qué más da. Ahora ya miraré a tu banquillo y no te veré, pero lo peor no será no verte como ayer tampoco te veía, lo peor será ya saber que esta vez es para siempre, que esta vez no hay vuelta atrás. Créeme José Luis, ya nunca más podré mirar un solo partido de tu CAI sin acordarme de ti, sin echarte de menos. Ya no es que el CAI no vaya nunca más a ser lo mismo, es que nuestro baloncesto como tal tampoco volverá ya nunca más a ser lo mismo. Hasta siempre, José Luis. Descansa en paz.

abos

Publicado octubre 20, 2014 por zaid en ACB

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LA ARAÑA   Leave a comment

Allá por mis lejanos tiempos universitarios (tan lejanos que ya han pasado más de treinta años, hay que joroderse), solía contarse, sobre todo en las facultades de ciencias, un chiste (por decirlo de algún modo) que solíamos llamar del investigador y la araña. Se suponía que el investigador cortaba a la araña una de sus ocho patas y a continuación la llamaba, ¡araña, ven!, ante lo cual la araña (aún mostrando una leve cojera) acudía presurosa a la llamada del investigador, que así lo anotaba en su cuadernillo. Luego el investigador amputaba otra pata de la araña, ¡araña, ven!, la araña venía si bien ya con más dificultades, el investigador volvía a anotarlo, así sucesivamente (les ahorro los pasos intermedios) hasta que a la araña ya sólo le quedaban (pongamos) tres patas, de nuevo el investigador le cortaba una, quedaban dos, ¡araña, ven!, la araña tras denodados esfuerzos aún conseguía llegar hasta el investigador, éste así lo anotaba en su cuadernillo, lo siguiente era quitarle a la araña una de las dos patas que le quedaban, ¡araña, ven!, la araña con su única pata a modo de palanca, tras muchísimos intentos y casi arrastrándose conseguía finalmente acercarse hasta donde estaba el investigador, éste una vez más lo anotaba en su cuadernillo para seguidamente quitarle ya a la araña su última pata, ¡araña, ven!, pero ahora ya la araña no se movía, ¡¡¡ARAÑA, VEN!!!, pero no había manera, ¡¡¡¡¡ARAÑAAA, VEEEN!!!!!, pero la araña seguía quieta, ante lo cual el investigador, una vez hechas las comprobaciones pertinentes, procedía a anotar la conclusión final del experimento en su cuadernillo: cuando a una araña se le quitan todas las patas, se queda sorda.

La ACB es una araña (quizá esté un poco traída por los pelos la metáfora) a la que de vez en cuando le quitan patas y de cuando en vez se le caen solas. Hace pocos días fue Bilbao, sin duda una de sus patas principales, pero es que en otro tiempo más o menos lejano fueron también Granada, Alicante, Girona, Huesca, León, Cáceres, Salamanca, tantas y tantas otras, cada una a su manera, cada una en su estilo. La araña siguió siempre andando cual si no pasara nada, siguió acudiendo puntual (o casi) a la llamada de cada temporada pero no hacía falta ser un observador avezado para comprobar que ya nunca andaba de la misma manera, que a cada año que pasaba la cojera se le iba haciendo más y más evidente. Patas que se pierden y patas que aún aguantan a duras penas apuntaladas por sabe dios qué, acaso por dinero público (sujeto además a los caprichos del mandamás político de turno, para más inri), acaso por alguna entidad financiera hasta que se canse del juguete, acaso por dudosas corporaciones de ultramar justo allá donde la entidad financiera ya se cansó. Y patas que parecen aguantar pero que en realidad ya hace tiempo que dejaron de hacerlo, patas que siguen ahí disimulando como si aún sostuvieran el cuerpo de la araña, como si aún anduvieran en lugar de dejarse llevar por las demás. Y patas que se amputan una vez tras otra, un año tras otro, patas que se caen a pedazos pero que en pasando unos meses se regeneran como si nada, como si siempre hubiesen estado ahí; y en cambio otras patas nuevas, a estrenar, patas ajenas pero flamantes y lustrosas que sin embargo no pueden serle implantadas porque hete aquí que nuestra araña es sumamente delicada y exige rigurosísimos controles de calidad, no le vale cualquier injerto, de hecho es que no le vale casi ninguno… Apasionante mundo éste de la araña, sin duda.

Por supuesto que siempre habrá patas y patas, por supuesto que a nuestra araña nunca le pasará lo que a la del chiste porque siempre le quedarán dos patas que no se le van a caer, dos patas futboleras que nadie en su sano juicio osará arrancar jamás. ¿El resto? Que levanten la mano (la pata) las que no hayan dado siquiera un traspiés, las que no se hayan visto con el agua al cuello, las que no se hayan sentido al menos una vez al borde del abismo de la desaparición. Quizá recuerden que hace ahora año y pico parí un delirio titulado 2053 (léanlo después de éste, y así ya les habré acabado de estropear el día), quizá recuerden que en aquella elucubración a la ACB ya sólo le quedaban dos patas, digo equipos, casualmente Madrid y Barça enfrentándose entre sí chiquicientas veces por temporada, el uno era campeón y el otro descendía… para finalmente permanecer y así perpetuar el modelo, ya que ninguno de nuestros restantes equipos (confinados todos ellos en la LEB) era capaz de cumplir las draconianas condiciones impuestas por la ACB para su readmisión. ¿Ridículo? Por supuesto que sí (de hecho pretendía que lo fuera)… pero no tanto como me gustaría. Recuerden que la naturaleza imita el arte y que la realidad tiende a parecerse cada vez más a la ficción. Cuestión de tiempo.

La araña de la ACB pende de un hilo, lo cual no tiene nada de particular porque pender de un hilo es muy de arañas. Claro que también es muy de arañas trenzar con ese hilo una tela de araña para procurarse el sustento, en cambio a nuestra araña de la ACB la tela le sale como el culo, disculpen la vulgaridad, cada vez más desvaída y llena de agujeros por los que año tras año se le siguen escapando aficionados, seguidores y patrocinadores por doquier. Mientras enfrente el investigador contempla todo este proceso pero no ve más allá de sus narices, mira apenas un segundo a esa araña renqueante y hecha unos zorros y con eso ya le basta para pontificar al respecto y anotar sus sesudas conclusiones en su cuadernillo, pongamos por ejemplo el baloncesto ya no interesa, con esos marcadores normal que la gente no quiera verlo, la defensa y el tacticismo están matando el juego, el problema es la dispersión de horarios, el problema es el sistema de competición, la culpa es de los playoffs… O lo que viene siendo lo mismo, que si la araña cojea no será porque se le pierdan las patas ni porque se muera de hambre ni porque se caiga a pedazos ni porque no haya quien la venda ni por su pésima administración ni por el monocultivo del fútbol ni por la madre que les parió a todos, será sólo porque se nos está quedando sorda, va a ser eso. No tan sorda como ciegos estamos los de alrededor.

Publicado julio 30, 2014 por zaid en ACB

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LA SEGUNDA MUERTE   Leave a comment

Santiago Segurola, bilbaíno de pro a la par que extraordinario cronista deportivo, escribió alguna vez acerca de lo que representaba el Athletic de Bilbao no ya en dicha ciudad sino en todo el territorio de Bizkaia. En otros lugares su equipo de fútbol sería parte importante e incluso esencial de la comunidad pero en Bilbao resultaba ser aún mucho más que eso, una presencia hegemónica que de alguna manera consumiría toda la atención deportiva, que haría prácticamente imposible el surgimiento de cualquier otro equipo profesional de alto nivel. Una hegemonía que casi se palpa si vas por allí o incluso si te acercas, si (como es mi caso) acostumbras a pasar tus periodos vacacionales en un bello lugar de la costa cántabra, en el que el predominio del turismo vasco es muy superior al de cualquier otra comunidad y el predominio de camisetas rojiblancas es infinitamente superior a cualesquiera otras que usted pueda imaginar. Y sin embargo…

Y sin embargo, en al menos dos momentos muy puntuales a lo largo de la historia, hubo un deporte llamado baloncesto que se creyó con derecho a comerse siquiera una pequeña parte de ese pastel. Primero en los ochenta con aquel Caja Bilbao de La Casilla, Josean Figueroa, Davalillo, aquella mítica pareja Darrell Lockhart & Joe Kopicki, tantos otros.cajabilbao Aquello se murió (o más bien lo mataron), hubieron de pasar casi veinte años pero un día de repente aquella fiebre reapareció por fin, sólo que corregida y aumentada. Ya la sociedad bilbaína/vizcaína dejó de pensar sólo en términos de fútbol porque (re)descubrió que había otros mundos, ya la camiseta rojiblanca del Athletic siguió siendo hegemónica (y cómo no habría de serlo) pero no necesariamente excluyente, ya podías venir de vacaciones a esta misma costa cántabra y cruzarte en el paseo por la playa, en la plaza del pueblo o en la cola del súper con algún sujeto vestido de negro, no de cualquier negro sino del inimitable color de los hombres de negro. Y te reconfortaba, veías un día esa camiseta, ese polo o esa sudadera y pensabas que no todo estaba perdido, que al menos quedaba una ciudad en la que el baloncesto aún crecía y crecía sin cesar, que de una vez y para siempre (qué ridículo suena esto ahora, para siempre) Bilbao había entrado por fin a formar parte del círculo de grandes capitales de nuestro deporte…

Recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver, decía la copla. No teman, no culparé por ello a la ACB, esta vez no, difícilmente podría hacerlo sin que se me cayera la cara de vergüenza. Tal vez recuerden que hace algunos meses, en uno de esos momentos de enajenación mental transitoria que me caracterizan, escribí un largo post con todo lo que yo haría en el imposible supuesto de que algún día fuera presidente ejecutivo de la Asociación de Clubes de Baloncesto. Decía yo entonces (entre otras muchas tonterías) lo siguiente:

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB sí complacería en algo al sindicato, y con mucho gusto además: los impagos. En esto sería absolutamente radical, y miren que no suelo serlo en casi nada en esta vida: club que no esté al corriente de pago, club que no podrá fichar y al que (si reincide) se le retirará además la licencia para poder jugar. (…) Y si para ello hay que bajar el nivel general de la competición pues se baja y punto pero qué quiere que le diga, prefiero una chabola de ladrillo a una torre de papel. O a un castillo de naipes.

Sería todo un ejercicio de cinismo por mi parte criticar ahora a la ACB por haber hecho (siquiera esta vez) justo aquello que le pedí que hiciera. El problema en todo caso no estará tanto en la acción como en la omisión previa, en no haber sabido poner los parches adecuados antes de que la vía de agua se hiciera ya insostenible, en haber dejado que las cosas se pudrieran hasta este punto. Saben que son muchas (demasiadas) las cosas que no entiendo de la ACB, no entiendo que los ascensos y descensos sean mentira, no entiendo que (si como sospecho esto ya se barruntaba desde tiempo atrás) no hayan aprovechado para oficializar ambos descensos y hacer liga de dieciséis (nada en contra de Manresa sino más bien al contrario, pero es que ya huele), no entiendo que se conformen con hacer otra vez liga impar de diecisiete con todo el caos que ello conlleva. Son demasiadas cosas las que no entiendo de la ACB pero ésta no es una de ellas, al menos sí que entiendo que hayan tenido que tomar la decisión que han tomado. Nadie en su sano juicio prescindiría de una de sus plazas principales así porque sí, nadie eliminaría de un plumazo una sede estratégica si no fuera porque ya no les quedaba más remedio. Porque ya no tenían ninguna otra opción.

No, el problema no está en la ACB, ojalá lo estuviera. El problema es que todos, yo el primero (desde la distancia) miramos para otro lado mientras la burbuja fue creciendo. Pero es que aquella burbuja daba gloria verla, es que hasta tocaba con las manos la Liga en 2011, es que se codeaba con el CSKA en cuartos de final de la Euroliga 2012, es que no era fácil ver más allá y comprender que todo lo que la sustentaba era un castillo de naipes, naipes de dinero público además, que mientras atábamos a los perros con longaniza a nadie pareció importarle pero cuando la longaniza empezó a acabarse todos comprendimos que el dinero público debía estar para otras cosas. Fue quitar el naipe de la Diputación Foral y venirse abajo el tinglado, por más que se recurriera a patrocinios fantasmagóricos como el de Gescrap (fuera aquello lo que fuera) o se volviera a pedir árnica a la Diputación ya aquello no había quien volviera a levantarlo. El penúltimo capítulo ya lo vimos todos, nóminas que no se pagan, jugadores que se plantan, planes de viabilidad que no hay por dónde cogerlos, presuntos patrocinadores que huyen como de la peste en cuanto se dan cuenta del estado real de la entidad… El penúltimo capítulo ya lo vimos todos, el último acabamos de verlo.

Habré de reconocérselo, siempre desconfié de los crecimientos repentinos, del surgimiento de nuevos ricos de la noche a la mañana, de ese (como decían antes en los anuncios de coches) pasar de cero a cien en diez segundos. Recuerdo que hace años mostré en un foro mi escepticismo ante el desembarco gerundense de Akasvayu, y recuerdo igualmente que unos cuantos contertulios se me echaron cordialmente al cuello, aquello iba a ser la hostia en verso para nuestro deporte que saldría finalmente de las catacumbas en que estaba sumido etc etc. No hará falta que les recuerde lo que tardó en marcharse Akasvayu ni el pufo que dejó por el camino, dónde fue a parar el equipo de baloncesto de Girona ni qué queda de él a día de hoy. Podría ahora jugar a predecir el pasado y decir que lo mismo me pasó con Bilbao Basket pero no lo haré, no se lo diré porque sería mentira. Siempre creí (al menos mientras se llamó Bizkaia Bilbao Basket, e incluso cuando antes fue Lagun Aro) que se sustentaba sobre una base firme y sólida, ya ven lo ingenuo que puede llegar a ser uno cuando no quiere ver la realidad.

Por no desconfiar ni siquiera desconfié de un sujeto a quien había tenido terriblemente atragantado (aún lo tengo, de hecho) en sus años pre Bilbao Basket, cuando no era nada más (y nada menos) que un agente de jugadores cuyo fin no parecía ser tanto el bienestar de sus representados como el suyo propio. Hay agentes que parecen trabajar para sus jugadores y hay jugadores que parece que trabajaran para sus agentes, éste (visto desde lejos) era uno de esos casos: cuerdas que se tensaban hasta límites insospechados, profesionales que cambiaban de equipo casi tanto como de calzoncillos, jugosas comisiones tras cada operación… Un día Gorka Arrinda decidió dejar de jugar a ser David Falk o Arn Tellem y empezar a jugar a ser Paul Allen o Mark Cuban: se quitó el traje, se vistió de sport, se soltó el pelo, se sentó tras la canasta y se puso su mejor cara de todo esto es obra mía, joder qué grande soy, qué encantado estoy de haberme conocido cada vez que ante él se posaban las cámaras de televisión. Pero ni por esas desconfié (y miren que no me habrían faltado motivos), ni siquiera supe ver que Bilbao no es Dallas ni Portland, ni siquiera supe apreciar la sutil diferencia entre unos multimillonarios cibernéticos que apenas se juegan una pequeña parte de su capital y un advenedizo que parece columpiarse sobre el capital de los demás. No lo vi, lo cual no tiene la menor importancia porque el que yo no lo viera es irrelevante, lo verdaderamente grave es que tampoco lo vieran quienes tenían que verlo, ni siquiera aquellos a quienes pillaba más cerca. O que sólo lo vieran cuando ya era demasiado tarde.

Cuentan los que saben de esto que la ACB pierde su tercera plaza en número de espectadores, cuentan que pierde incluso su primera plaza en porcentaje de espectadores en relación con el aforo total del pabellón. Supongo que esos datos serán ciertos, no me consta, sé poco de números, sé mucho más de sensaciones, de emociones, de etiquetas que se nos habían ya grabado a fuego en el imaginario colectivo de una ACB que no está precisamente sobrada de ellas, hombres de negro, efecto Miribilla, cosas que con sólo decirlas todo dios sabía de qué estábamos hablando, lo que se llama identificación, algo que trascendía mucho más allá de unos simples colores o de toda una ciudad. La ACB se acaba de pegar un tiro en el pie, eso es indudable, pero la duda que me queda es si tenía otra opción, si no habrá sido el mal menor, sacrificar el pie para que no te vuelen la cabeza, condición necesaria (y no sé si suficiente) para seguir (mal)viviendo. El precio a pagar por nuestro baloncesto no será poco, ni más ni menos que andar cojeando durante toda una larga temporada.

Claro que otros habrán de pagar un precio muchísimo mayor. No me refiero a los jugadores, que no sé si algún día cobrarán siquiera un euro de lo que les dejaron a deber pero que al menos encontrarán más pronto que tarde otro lugar donde ganarse el sustento. Me refiero a los aficionados, todos esos miles de bilbaínos y vizcaínos que se implicaron en el proyecto hasta extremos insospechados, que lo sintieron como suyo, que se creyeron con derecho a soñar hasta que les dieron con la cruda realidad en la cabeza. Primero les dijeron que no serían grandes, luego que no serían competitivos, finalmente que no serían, punto. El Bilbao Basket 2014/2015 será LEB, será EBA o no será, qué sé yo lo que será, saber lo que se dice saber sólo sabemos (si hacemos caso a los que entienden de esto) que como dijo el bolero, pasarán más de mil años, muchos más antes de que vuelvan a verse en la máxima categoría de nuestro baloncesto. Porque hay quien dice que mantendrán los derechos ACB pero no son pocos los que aseguran que en caso de ascenso habrían de pagar el canon íntegro, como un Burgos cualquiera de la vida. O lo que vendría a ser lo mismo, la muerte del baloncesto de élite en Bilbao. Otra muerte más pero esta vez mucho más dura, mucho más definitiva que aquella primera. Una segunda muerte a la que a día de hoy no se le ve posibilidad alguna de resurrección.

TORO O TORERO   5 comments

Antes de nada me gustaría dejar claras algunas cosas, para que así se entienda mejor lo que venga después: Creo que Laso la cagó pero bien en esta Final ACB, disculpen la vulgaridad. Creo que Laso se puso la venda antes de la herida, probablemente porque en su fuero interno supiera que dicha herida existía aunque nosotros no la viéramos. Y además se fue a poner la venda equivocada, vaya por dios. La venda arbitral, que no sólo no tapa la herida sino que la abre más todavía. El victimismo arbitral nunca sirvió para nada, si alguna vez dio réditos a corto plazo fue a costa de proporcionar grandes pérdidas a medio/largo plazo, el tiempo justo de quedar grabado a fuego en la entidad (cualquier entidad), total para qué lo vamos a intentar si no nos van a dejar, el pretexto para algo que todavía no ha pasado (pero que ya estamos predisponiéndonos a que nos pase), la coartada perfecta. El victimismo (versión arbitral) fue siempre el primer paso hacia la derrota.

Laso vio cosas raras en el arbitraje del primer partido, no las vio ni Roncero (ligera exageración) pero él sí, vaya por dios, o las vio o creyó verlas o ni lo uno ni lo otro pero decidió jugar con eso, si tantos otros lo han hecho antes a ver por qué yo no, dejo caer que nos han perjudicado en el primero y ya verás cómo nos benefician en el segundo. O no. En el segundo no hubo caso porque ganó el Madrid de calle, en el tercero menos porque ganó de calle el Barça. Agarrarte al victimismo con palizas así no es de recibo pero ya saben, hay gente pa tó. Lo cierto es que el Madrid entró al cuarto partido con la venda puesta, menuda porquería de venda, aún no habían transcurrido tres minutos y ya les estaba escapando la pus. Aún no había un motivo siquiera para quejarse de los árbitros y ya se comportaban como si hubiera un plan preconcebido, como si les estuvieran robando, como si tuvieran que justificarse ante su afición, mirad, que si no ganamos no es porque no queramos ni porque no podamos sino porque no nos dejan, qué mejor manera de mostrarle al mundo entero que llevamos ya la derrota pintada en la cara, perder ya hemos perdido (aún antes de empezar), ahora ya sólo necesitamos inventarnos una explicación. Sólo fue el principio, hubimos de llegar al tercer cuarto para presenciar aquella patética escena que habrá de quedar para los anales de la historia, Laso abandonando su silla de ruedas y atravesando media pista a la pata coja para espetarle al trío arbitral en su propia cara que aquello era una puta vergüenza, jamás en la vida se vio nada igual, si queríamos imágenes de impacto para ganar audiencia ahí tuvimos una buena, ya otra cosa sería que además supiéramos qué hacer con ella. Por un momento (por toda una serie, más bien) Laso se nos convirtió en Óscar Quintana sin reparar en que ese papel no le pega nada (de hecho no le pega ni al propio Óscar, pero eso ya no tiene remedio), ni le pega a Laso ni aún menos a su club, un club que se autodefine como Club Señor aunque en demasiadas ocasiones haya tratado de disimularlo, el mourinhismo es lo que tiene. Pero Mourinho sólo hay uno (afortunadamente) como sólo hay un Quintana, rechace imitaciones. Laso no puede ponerse a ese nivel de verdulera (dicho sea con todos los respetos para tan noble profesión), ni como estrategia ni como arrebato. Ni le pega al entrenador que es ni al jugador que fue ni al buen tío que aparenta ser. Todo tiene un límite.

Laso se fue al vestuario a verlo por la tele (supongo) y justo entonces sucedieron dos cosas paradójicas: 1) que el Madrid encontró por fin algún verdadero motivo para quejarse de los árbitros, bastante superados ya por la presión (y quién no lo estaría en su lugar) a estas alturas: aquellas dos andideportivas, la primera no lo pareció en absoluto, la segunda sí… pero como tantos otros hachazos intencionados en media pista para cortar el contraataque que antes se habían dejado sin pitar; dos nimiedades, sin duda, pero mucho más llamativas que aquellas otras por las que (supuestamente) habían montado el pollo un rato antes. Y 2), y mucho más importante, que el Madrid se rearmó: el Madrid, reunido en asamblea tras la marcha de Laso, decidió (o eso interpreté yo desde mi casa) dejarse de lloros, prescindir de paranoias, olvidarse de los árbitros y ponerse de una vez por todas a jugar al baloncesto aún teniéndolo todo perdido, aún con las escasas fuerzas que les quedaban. Y funcionó, casualmente funcionó, el Madrid no sólo volvió al partido sino que estuvo a punto de ganarlo, si no lo hizo fue (como bien explicaba Mariano de Pablos en su magnífico artículo) porque los tiros librados del Barça entraron casi todos mientras que al Madrid no le entró casi ninguno: cansancio extremo (físico y/o psicológico), agarrotamiento, quizás también un exceso de presión. Paradójicamente fueron mejores en régimen de autogestión (o con la gestión de López y Cuspinera, reconozcámosles los méritos), algo que quedará en el debe de Laso como también quedará en el debe de Laso no haber sabido medir los tiempos, no haber sabido distribuir adecuadamente los picos y valles de estado de forma a lo largo de la temporada (algo que ya fue un problema en años anteriores, pero aún mucho más en éste) y, sobre todo, no haber sabido recuperar ni física ni aún menos psicológicamente a sus criaturas tras lo de Milán. La defensa se les quedó allí, en la Piazza del Duomo, quizá la última gota de gasolina también. Siguieron por inercia, pero sólo con inercia no ganas la Liga. Necesitas algo más.

Quedará todo ello en el debe de Laso, he querido escribirlo cuanto antes porque casi nadie ha sido más proLaso que yo en estos años, porque de tanto defenderle casi parezco su cuñado (o algo así), porque nadie es perfecto (y yo menos que nadie), Laso es un buen entrenador pero tiene también sus pros y sus contras, su debe y su haber como lo tiene todo dios. Así que si hoy nos desgañitamos en el debe no será porque desaparezca el haber, si nos cebamos en las múltiples cagadas de esta Final no habremos de pasar por algo toda la grandeza derramada por este equipo en los meses previos a dicha Final. Claro que ahora vendrán todos a decirme que todo eso no sirve para nada, que el segundo sólo es el primero de los que pierden, que del subcampeón no se acuerda nadie y demás zarandajas varias que acostumbran a ser lugar común. Pues qué quiere que le diga, puede que del segundo no se acuerde nadie pero yo (que no soy nadie) no concibo esa razón. Yo sí me acuerdo de los segundos, tanto más cuanta más huella me dejaran con su juego; me acuerdo de mi Estu en 2004, me acuerdo de Butler (Universidad de) en 2010 y 2011, me acuerdo de los Fab Five de Michigan en 1992 y 1993, me acuerdo de los Spurs de 2013 y me seguiría acordando igual aunque no hubieran ganado el título en 2014. Me acuerdo incluso de equipos que ni siquiera llegaron a ser segundos pero también me cautivaron de un modo u otro, sirvan como ejemplo aquellos Kings de comienzos de siglo o los Bucks y (sobre todo) Warriors de Don Nelson, podría ponerles otros doscientos ejemplos más pero acabaría aburriéndoles (aún más si cabe) y no es esa mi intención. Del segundo no se acuerda nadie pero yo a veces me acuerdo más de los segundos que de los primeros, soy así de raro. Fíjense si me acordaré de los segundos que aquí me tienen escribiendo sobre uno de ellos en lugar de lo que en realidad debería estar haciendo, glosar como es debido las virtudes del campeón.

Total, que aún no había acabado el cuarto partido (de hecho puede que aún no hubiera acabado ni el tercero) y ya teníamos a Fotis Katsikaris hasta en la sopa, tal como nos lo vendían casi parecía que estuviera ya embarcando en el aeropuerto de Atenas, dirección Madrid of course. El Madrid lo niega pero no faltan iluminados que lo dan por hecho, ya otra cosa será que estemos dispuestos a creernos cualquier iluminación. A mí Katsikaris me gusta, habré de reconocerlo, de hecho si me pusieran en el brete de tener que escoger entre uno de los dos acabaría confesando que me gusta más que Laso. Pero es que (como decía el añorado Luis Aragonés) ése no el tema y tal. El tema es consolidar un proyecto ya iniciado y en proceso de maduración (aunque a veces algún fruto salga pocho, es ley de vida) o preferir empezar otra vez de cero con todo lo que eso conlleva. El tema es escoger entre lo malo conocido (en el supuesto de que fuera malo) y lo bueno por conocer. El tema es (por utilizar una expresión que oímos a menudo últimamente) decidir si quiere ser toro o torero. Si quiere marcar el paso o que se lo marquen, si quiere seguir llevando la iniciativa en el juego y que sean los demás quienes tengan que contrarrestarla o si prefiere volver a las andadas, perder la personalidad, ser otra vez ese típico equipo que tras tantos técnicos distintos ya ni sabe a qué juega, verse otra vez pegando tumbos por esas canchas de dios, de filosofía en filosofía, de proyecto en proyecto, de entrenador en entrenador.

Así que si quieren cargarse a Laso allá ustedes, son muy dueños, pero antes déjenme que les diga una cosa (a sabiendas de que evidentemente no van a leerla): en el deporte de equipo, hoy en día, no hay mayor valor añadido que la estabilidad. Los clubes que triunfan son los que no se vuelven locos, los que no cortan cabezas a las primeras de cambio, los que saben lo que quieren, sientan las bases para conseguirlo y realizan simplemente los ajustes necesarios para afianzar el proyecto. Podría ponerles otra vez el ejemplo de los Spurs pero les iba a resultar cansino (aún más si cabe) así que les pondré otro que les queda bastante más cerca, justo enfrente: ¿se han parado a pensar cuántos títulos mayores ganó el Barça la temporada pasada, no ésta que acaba ahora sino la anterior, 2012/2013? Uno, exactamente uno, exactamente el mismo que han ganado ustedes este año, la Copa del (ex)Rey. Pudieron decapitar a Pascual el pasado verano, no faltaron voceros que así se lo reclamaron desde todos los ámbitos, pero con buen criterio decidieron apostar por la continuidad. ¿Por qué? Porque saben que el Barça podrá enamorar o no (más bien no), podrá ganar o perder títulos pero siempre, SIEMPRE, va a estar peleando por ellos. Peleándolos hasta el final, hasta la gloria o hasta quedarse a las puertas, hasta el último minuto del último partido, hasta la mismísima bocina de cualquier final. Eso tiene el Barça y eso tiene ahora también el Madrid, me dirán que para la grandeza de su entidad no basta con pelear los títulos sino que además hay que ganarlos, puede ser pero permítanme que les recuerde (una vez más) que ahora al menos los pelean, no siempre fue así, tiempos hubo en que ni se acercaban a ellos, tiempos en los que no es ya que no jugaran finales sino que incluso algún año ni jugaron playoffs, tiempos en que si alguna rara vez ganaban algo era más fruto de la casualidad que de la causalidad, justo esos mismos tiempos en los que casualmente cambiaban casi tanto de entrenador como de equipación. ¿Es ese el modelo que quieren? Traerse al Fotis de turno para luego empezar a cuestionarlo en cuanto pierda dos partidos (que los perderá, nadie es perfecto)? ¿Decir luego aquello de que con Laso vivíamos mejor como ya lo dijeron con Plaza en su día, eso sí después de haberle hecho la vida imposible durante los años que permaneció al frente de la Sección? Toro o torero, recuerden. Lo dejo en sus manos.

SI YO FUERA PRESIDENTE   1 comment

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB no sería yo, sería más bien una imposibilidad metafísica. Nadie en su sano juicio confiaría en alguien como yo (ni yo mismo) para ser presidente ejecutivo de la ACB, y si lo hiciera en el pecado llevaría la penitencia. Obviamente no pretendo presidir la ACB, líbreme el cielo (si hasta me aterra presidir mi propia comunidad de vecinos, si hasta me considero incapaz de presidirme a mí mismo), ni en el peor de mis sueños ni en la mejor de mis pesadillas, hasta ahí podíamos llegar; sólo pretendo desbarrar un rato con las cosas que yo haría y las tonterías que se me ocurrirían en el hipotético caso de que un día (por esos azares del destino, por algún extraño alineamiento planetario o por sabrá dios qué extraña causalidad cósmica) llegara yo a ser presidente ejecutivo de la ACB, Zeus no lo quiera. Que les sea leve.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB dimitiría, eso lo primero, y luego huiría despavorido calle Iradier abajo (en el supuesto de que esté en cuesta, que lo desconozco) hasta llegar a la Barceloneta para desde allí arrojarme al mar y nadar presuroso hacia Castelldefells (por ejemplo). Y si aún así me pillaran les explicaría por activa y por pasiva que se han equivocado, que no soy la persona indicada para el cargo. Y si aún así insistieran en que lo aceptara (porque no hubiera ninguna otra persona en el mundo dispuesta a aceptarlo, no podría haber otra razón) les pediría que me dejaran manos libres durante un tiempo, que al menos durante unos cuantos meses me permitieran hacer lo que me apeteciera. Probablemente entonces serían ellos mismos los que me tiraran al mar (y con una piedra de molino atada a los pies) pero qué quieren, por intentarlo no habría de quedar.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB me reuniría de inmediato con mis colegas de las otras grandes ligas europeas para explicarles mi declaración de intenciones, y de ahí acudiría raudo y veloz a reunirme con el patriarca de la Euroliga don Jordi Bertomeu para decirle está bien macho, has ganado, olé tus huevos, para ti la perra gorda, ahí tienes tus fines de semana para ti enteros ya que tanto los deseas… pero eso sí, durante medio año, el otro medio me lo dejas a mí. O dicho de otra manera…

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB propondría partir la temporada en dos: de octubre a febrero (por ejemplo) ACB, con dos (y hasta tres, a veces) jornadas por semana. Y de febrero a junio competiciones europeas, igualmente con dos/tres partidos por equipo y semana para que así cupieran íntegras (y convenientemente simultaneadas en el calendario) la Euroliga y la Eurocup (o como toque llamarla ese año). ¿Qué ganaríamos con esto? Eliminaríamos interferencias y solapamientos indeseados, concentraríamos la atención (así la pública como la mediática) en una sola competición para cada periodo (que esto de atender a varias cosas a la vez en fútbol no les genera ningún trauma, pero en cualquier otro deporte les rompe sobremanera los esquemas), posibilitaríamos que cada liga tuviera un seguimiento mucho más intenso. Cuatro meses y medio para competiciones nacionales, otros (más/menos) cuatro meses y medio para competiciones internacionales y los tres meses restantes tal cual están ahora, para vacaciones, competiciones de selección y/o pretemporadas varias. Parece sencillo…

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB adelgazaría la temporada regular y engordaría los playoffs, para así atenuar la desproporción existente que hace que en nuestra Liga las eliminatorias por el título no parezcan la parte culminante de cada temporada sino una mera excrecencia de la misma [Recuérdese al respecto que la temporada NBA dura siete meses y medio de los que cinco y medio son de Regular Season y 2 de playoffs, más/menos el 27 por ciento del total; en cambio la temporada ACB dura ocho meses y medio de los que uno escaso es de playoffs, apenas el 12 por ciento] ¿Cómo adelgazaría la Regular? Pues es bien sencillo: primera vuelta todos contra todos como hasta ahora, Copa como hasta ahora… y segunda vuelta en dos grupos, uno de 10 equipos que pelearían por las plazas y posiciones de playoffs (9 jornadas, lógicamente en campo contrario al que se enfrentaron en primera vuelta), el otro de 8 equipos que pelearían por evitar los dos puestos de descenso (a doble vuelta, 14 jornadas en total, en este caso no habría problema de solapamiento con los playoffs). ¿Cómo engordaría los playoffs? Pues es bien sencillo: cuartos del final al mejor de 5 partidos y semifinales y final al mejor de 7, si le parece excesivo recuerde que todo es acostumbrarse, también hace treinta años nos echamos las manos a la cabeza con la mera idea de los playoffs y bien que los disfrutamos después.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB descenderían todos aquellos que bajaran e incluso bajarían todos aquellos que descendieran, no sé si me explico. No quiero una liga entornada o entreabierta como tenemos ahora (ni chicha ni limoná, ni carne ni pescado, que quiere contentar a todos pero en la práctica no contenta absolutamente a nadie), así que si no puedo cerrarla por completo (porque la tradición deportiva europea probablemente no lo entendería) prefiero abrirla de par en par, y que corra el aire. Reduciría al mínimo indispensable (si es que tiene que haber un mínimo indispensable) el canon de ascenso, y si aún así algún equipo LEB no pudiera pagarlo pues qué le vamos a hacer, pues que no suba… pero sin que ello tenga que significar necesariamente que tampoco bajen los que bajen. Un descenso es un descenso, punto. Prefiero ir perdiendo equipos a mantener una liga basada en la mentira, en la que el concepto descenso en realidad significa permanencia y el concepto ascenso en realidad significa frustración.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB me pegaría (no en sentido literal, sino virtual), con Bertomeu o con quien fuera, para garantizar que los cuatro primeros clasificados de mi liga tuvieran plaza asegurada en la Euroliga siguiente. Si luego él además quiere mantener cupos o categorías o licencias A o como demonios se llamen para que determinado equipo tenga plaza fija aunque quede decimotercero, por prestigio, por repercusión social, por su cara bonita o porque salga bien en la foto, pues por mí perfecto, cuantos más mejor, faltaría más. Pero a mis cuatro primeros que no me los toquen, hasta ahí podíamos llegar. Dicen que dijo Ortega (y Gasset, no vayan a pensar en algún otro) que el esfuerzo inútil conduce a la melancolía y yo no quiero equipos melancólicos, la melancolía está bien para la poesía pero no para el deporte de alta competición. Si me esfuerzo durante varios meses en pos de un objetivo tendrá que ser porque verdaderamente exista ese objetivo, si me quitan el objetivo para qué me voy a esforzar.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB no regalaría nunca, jamás, en ningún caso, bajo ningún concepto los derechos de televisión. Si yo fuera etcétera no minusvaloraría aún más la Liga transmitiendo ese mensaje, fijaros si valdrá poco mi producto que os lo doy gratis, el siguiente paso ya será que os pague para que os lo llevéis. Trocearía el pastel televisivo en (al menos) tres porciones, vendería la Copa al mejor postor, vendería los playoffs al mejor postor y vendería también la Regular al mejor postor. La primera probablemente me la quitarían de las manos, la segunda quizás me costara un poco más pero al final también caería, la tercera así de primeras no la vendería ni de coña… pero es que precisamente de eso se trata, de que alguien diga yo quiero ver esto y a partir de ahí alguien puje por comprarlo, de que se genere la demanda y a partir de ahí surja la oferta, no al revés como hemos venido haciéndolo toda la vida de dios.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB me esmeraría en tener una aplicación informática que nos permitiera ver la competición entera por Internet a un nivel acorde con nuestros estándares de exigencia (o sea, bien), tanto más mientras no tuviéramos televisión: que no se cortara cada dos por tres, que no se colgara en según qué dispositivos, que no dejara de funcionar en según qué navegadores, que estuviera preparada para soportar grandes flujos de espectadores en un momento determinado, que ofreciera una nitidez cercana a la alta definición y no a la definición de chichinabo que tenemos ahora… Todo ello con con Orange o con el que fuera, con cualquier empresa especializada que nos garantizara un producto de calidad, recibiendo a cambio por nuestra parte (contraprestaciones económicas al margen) toda aquella publicidad que fuéramos capaces de proporcionar.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB sería terriblemente riguroso (obsesivo, enfermizo incluso) con las realizaciones televisivas, hasta conseguir que éstas se parecieran siquiera mínimamente al ideal de todos los aficionados al baloncesto: respeto escrupuloso al juego en vivo, repeticiones que no lo machacaran sino que lo complementaran (aprovechando para ello los múltiples espacios muertos que se dan en cada partido), comentaristas que lo explicaran con pasión, amenidad y rigor, cámaras adecuadamente situadas para favorecer la estética y garantizar el instant replay, infografías que no parecieran retrotraernos a los ochenta, despliegue gráfico, apoyo estadístico… En resumidas cuentas, hacer de cada retransmisión no un mero partido televisado sino un verdadero espectáculo deportivo, nada más y nada menos que eso. Mirarnos en el espejo del baloncesto USA, o bien (si aquello nos resulta muy caro o nos pilla muy lejos) mirarnos en el espejo de cómo se televisa por aquí algún que otro deporte en alguna otra televisión. ¿Lo demás? Una buena dosis de talento, otra aún mayor de cariño, tal vez una pizca de sentido común. No pido más.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB aparcaría por ahora todas esas ensoñaciones en torno al pay per view. Si aún hay gente que achaca todos los males de nuestro deporte al cuatrienio del Plus (y ello aunque ya hayan transcurrido quince años desde entonces), como para volver a jugárnosla ahora con una cosa así. Recuérdese al respecto la coyuntura socio-económica que aún seguimos atravesando (aunque se empeñen en vendernos lo contrario), recuérdese al respecto que aquí no existe precisamente mucha tradición de aflojar pasta a cambio de recibir contenidos, recuérdese al respecto que en este país las siglas PPV no significan tanto pagar por ver como piratear por ver. No nos engañemos, que muchos nos abalancemos cada semana sobre OA o cualesquiera otros dispositivos no significa necesariamente que esos mismos estuviéramos dispuestos a rascarnos el bolsillo si nos viéramos abocados a ello. Vuelvo a lo mismo, si no hay demanda (y a día de hoy no puede decirse que la haya) no tiene sentido crear oferta, no empecemos la casa por el tejado una vez más. Todo a su tiempo.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB repartiría a partes iguales los hipotéticos ingresos televisivos (y cualesquiera otros que pudiéramos obtener) entre todos nuestros asociados, sin excepción. Sé bien que de inmediato Real Madrid y Barcelona pondrían el grito en el cielo, oiga usted, a nosotros dennos más que generamos más audiencia, a ver por qué vamos a cobrar lo mismo que esos que no tienen dónde caerse muertos cuando a nosotros nos ve mucha más gente. Miren, un objetivo primordial de mi (llamémoslo así) mandato sería igualar la competición, o al menos (ya que igualarla entra en el terreno de las utopías) desigualarla lo menos posible. Me encantaría montar un draft o establecer un límite salarial pero sé a ciencia cierta que jamás podría hacerlo, tendría las manos atadas, estas cosas se dan de patadas con el tradicional funcionamiento del deporte a este lado del Atlántico. Mi único margen de maniobra sería esta especie de justicia retributiva televisiva, darles a todos por igual y que no me calienten no vaya a ser que todavía lo reparta en sentido inverso, a más tengas menos te doy (y viceversa), pa chulo yo. Sólo eso me faltaba, que hubiera que premiar a los dos únicos equipos que jamás tienen que dar explicaciones a nadie, los únicos que pueden gastarse el dinero a chorros porque a donde no llegan los ingresos del baloncesto siempre acuden al rescate los del fútbol. Hasta ahí podíamos llegar.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB estaría seriamente preocupado por la percepción que buena parte de la población tiene de nuestra competición, disculpen el ripio. Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB sería sumamente consciente de haber perdido al segmento joven, un sector que durante años fue nuestro principal sostén y para el que ahora prácticamente no existimos, ya que su atención deportiva se centra mayoritariamente en el fútbol y su atención baloncestera (si la hubiere) se centra mayoritariamente en la NBA. Nos hemos convertido en un deporte viejuno (al menos en lo que a ACB respecta), algo a lo que no es ajeno el hecho de haber permanecido años y años enclaustrados en la sintonía televisiva más viejuna del dial, justo ésa que los jóvenes ni miran porque la consideran la tele de sus padres (cuando no de sus abuelos). Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB intentaría cambiar eso, radicalmente y de inmediato. ¿Cómo? Buena pregunta…

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB arriesgaría, hemos llegado ya a ese punto en el que podemos permitírnoslo, quienes tienen algo (o mucho) procuran no arriesgar por temor a quedarse sin ello pero nosotros a estas alturas (bajuras, más bien) no tenemos ya nada que perder. Intentaría montar una campaña publicitaria agresiva (en el buen sentido), nada conservadora (es decir, diferente a todo lo hecho hasta la fecha), nada cara (que no estamos para grandes dispendios), con escasa presencia en los medios tradicionales y abundante en los alternativos, muy casual, muy viral, que vendiera frescura y dinamismo, que enganchara e impactara sobre todo a ese segmento de población al que queremos recuperar (véase párrafo anterior). Con imágenes llamativas e ideas-fuerza repetitivas que quedaran firmemente instauradas en el imaginario colectivo: si todo dios en el planeta Tierra identifica el I love this game y el where amazing happens con la NBA, a ver por qué demonios no vamos a ser capaces de inventar un eslogan, claim o como se llame eso ahora que haga identificarse a todo un país con la ACB (eso sí, cualquier cosa antes que seguir repitiendo como papagayos aquello de que somos la mejor liga de baloncesto del mundo después de la NBA; al menos hasta que fuéramos capaces de creérnoslo…) Todo es ponerse, dejarlo en manos de (buenos) profesionales, tener muy claro cuáles son nuestros puntos fuertes y (sobre todo) saber a quién se los queremos vender.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB me pelearía (en sentido figurado, again) con mi homólogo de la ABP para liberalizar el actual marco laboral que rige los des(a)tinos de esta competición. O dicho de otra manera, me pelearía para suprimir los cupos, esa extraña entelequia que establece un mínimo de nacionales y/o seleccionables por equipo y que se suma a toda esa absurda parafernalia de comunitarios, cuasicomunitarios, pseudocomunitarios, cotonús y demás criaturas de ultramar. No creo en el proteccionismo para salvaguardar el producto nacional de una supuesta invasión extranjera, tanto menos cuando en este caso no hablamos de lechugas sino de seres humanos que (al menos en lo que a mí respecta) tienen los mismos derechos independientemente de cuál sea su lugar de nacimiento. No creo en ponerle puertas al campo, tanto menos si esas puertas funcionan en una sola dirección, tanto menos si esas puertas han demostrado ser manifiestamente contraproducentes: porque han creado la figura del cubrecupos, prototipo de jugador adocenado que en lugar de labrarse su futuro en otras tierras prefiere pelarse el culo en un banquillo a cambio de un magro estipendio; y porque quien hace la ley hace la trampa, si ya no podemos ficharlos talluditos ni en edad de merecer nos los traeremos con el chupete, los amamantaremos nosotros mismos hasta que llegue la hora de destetarlos y entonces les llamaremos seleccionables, ello aunque jamás vayan a jugarnos en ninguna selección. O dicho de otra manera, el precio que habremos pagado por preservar la (presunta) españolidad de nuestros séniors habrá sido echar a perder la (supuesta) españolidad de nuestros júniors, para ese viaje no hacían falta alforjas. Dejémonos de puertas y preservemos al jugador de aquí (si es que hay que preservarlo) desde la convicción: que el producto local no necesita adaptación, es más fiable, genera mejor rollo y favorece la identificación de la afición. Y que en el peor de los casos siempre estará mejor jugando que chupando banquillo, así sea en LEB o en la liga finlandesa. He dicho.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB sí complacería en algo al sindicato, y con mucho gusto además: los impagos. En esto sería absolutamente radical, y miren que no suelo serlo en casi nada en esta vida: club que no esté al corriente de pago, club que no podrá fichar y al que (si reincide) se le retirará además la licencia para poder jugar. Y control férreo de cada presupuesto para asegurarnos de que los gastos jamás puedan superar a los ingresos. Cualquier cosa antes que una liga a la que los jugadores no quieran venir porque no cumple puntualmente sus compromisos o porque sus clubes no son de fiar. Y si para ello hay que bajar el nivel general de la competición pues se baja y punto pero qué quiere que le diga, prefiero una chabola de ladrillo a una torre de papel. O a un castillo de naipes.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB promovería la publicidad en nuestros clubes, cuanta más mejor, cómo no habría de promoverla si vivimos de ella (entre otras cosas)… pero poniendo especial cuidado en que los árboles (publicitarios) no nos impidieran ver el bosque (deportivo). Piense en todos esos aficionados al deporte que años atrás seguían semana tras semana el baloncesto pero hoy ya sólo lo miran tangencialmente y de pascuas a ramos (es decir, justo esos a los que deberíamos de intentar recuperar), hábleles del Laboral Kutxa a ver si saben de qué demonios les está usted hablando, pruebe a decirles Baskonia que le sucederá tres cuartos de lo mismo (yo he probado, sé lo que me digo), para ellos el equipo de baloncesto de Vitoria sigue siendo el Tau (cuando no el Taugrés) del mismo modo que siguen identificando a los equipos de Valencia, Valladolid o Manresa como Pamesa, Fórum o TDK por poner sólo tres ejemplos. Pruebe a hablarles del Obra, el Granca, el Fuenla o el GBC que le mirarán ojipláticos perdidos, pero eso qué es lo que es. Hemos creado un monstruo, hemos reventado a la gallina de los huevos de oro de tal manera que ahora ya no hay dios que sepa cómo demonios se llaman en verdad nuestros equipos, y ese es un lujo que de ningún modo nos podemos permitir. Usemos la publicidad con moderación, restrinjamos el naming a renombrar pabellones, graderíos y hasta esquinas del parquet si así lo quieren pero procuremos preservar (en la medida de lo posible) nuestras denominaciones históricas. Para que así podamos identificarnos con ellas… o para que podamos entendernos entre nosotros.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB pondría mucho énfasis en todas esas cosas pequeñas a las que casi nunca hacemos caso precisamente por ser pequeñas, y que quizás son las primeras que deberíamos intentar cambiar: la estética de los pabellones (esos parquets mustios y desvaídos, esas gradas mortecinas, esos focos pobres y no siempre bien dirigidos, ese tono de decaimiento general por contraposición al brillo y esplendor que generalmente vemos en cualquier partido yanqui, incluso aunque se trate de la más ínfima universidad); la política de comunicación (más facilidades a medios de todas clases para que nuestra presencia sea mayor, más dinamismo y agilidad en la web, más frescura en los contenidos, más creatividad e imaginación en los vídeos, más y mejor presencia en redes sociales, menos apatía, menos desidia, menos acartonamiento en suma); la conversión de nuestras estrellas en iconos mediáticos (que haberlos haylos potencialmente en nuestra liga, aunque no nos demos cuenta); la modernización y agilización de nuestras estructuras… Tantas y tantas y tantas y tantas cosas. Tuve una vez un jefe obsesionado por la calidad, cuyo lema era piensa en grande, actúa en pequeño y avanza deprisa. No suena mal para empezar.

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB conseguiría por fin, de una vez por todas, ese tan ansiado como imposible consenso en el seno de nuestra Asociación. Sí, créanselo, desconfíen de imitaciones, no hagan caso a todas esas presuntas unanimidades que nos han estado vendiendo en estos días: gracias a mi mandato, en apenas unas semanas todos los clubes que integran la ACB estarían por fin absolutamente de acuerdo en una sola cosa: defenestrarme. Sólo por eso ya habría merecido la pena…

(publicado originalmente en tirandoafallar.com)

Publicado junio 2, 2014 por zaid en ACB

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