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EL AGUJERO   8 comments

Leí aquella historia en Slam, debió ser como a comienzos del presente siglo. John Thompson (el mítico John Thompson de toda la vida, el sumo hacedor de pívots como Ewing, Mourning o Mutombo) andaba ya jubilado tras su larga etapa en Georgetown; en cambio su hijo John Thompson III empezaba a labrarse una dura carrera como entrenador, aún no en los Hoyas sino en la más modesta (si bien no con menos tradición baloncestística) Universidad de Princeton. Cuentan que el hijo por aquel entonces andaba un tanto desazonado, razón por la cual decidió recurrir a la sabiduría de su amado progenitor:JThompson papá, creo que tengo equipo para aspirar al trono de la Ivy League, tengo buenos bases y aleros, buenos pasadores, tiradores y defensores, tengo casi todo pero me falta sólo un pequeño detalle: no tengo pívot, ninguno. Dime papá, qué puedo hacer, qué sistemas puedo implementar, qué estrategias puedo llevar a cabo, qué solución hay… La lacónica respuesta de su padre quizá no fue la que él esperaba, pero desde luego que el consejo no dejó lugar a dudas: consigue un pívot. Sin más.

No ha pasado mucho tiempo, apenas década y media (ayer, como quien dice), y sin embargo parece como si estuviéramos hablando de la prehistoria. Hoy ya nadie va a John Thompson a decirle coach, no tengo pívot, qué puedo hacer, hoy más bien irán a otros (pongan aquí el nombre que quieran) a preguntarles exactamente lo contrario, coach, tengo un pívot, un tío enorme y con muy buenos fundamentos pero que no abandona jamás las proximidades del aro, por favor coach, dígame qué puedo hacer, dígame cómo me las apaño para sacarlo de ahí… Y probablemente la respuesta de alguno no sería menos lacónica que la del Coach Thompson, si bien en un sentido diametralmente opuesto: no lo pongas, déjalo en el banquillo. Asunto resuelto.

Cómo hemos cambiado. Nos enseñaron que quien tiene un pívot tiene un tesoro, nos repitieron que los equipos se construyen desde el centro, a partir del cinco, a partir de Russell, Chamberlain, Abdul-Jabbar, Ewing, Robinson, Olajuwon, O’Neal. No por casualidad los Blazers escogieron a Bowie antes que a Jordan en el famoso draft de 1984, acaso una de las decisiones más justamente denostadas de la historia pero que en el baloncesto de aquellos tiempos (de casi todos los tiempos) tenía todo el sentido del mundo: escoltas anotadores hay muchos, en cambio los cénters dominantes se pueden contar con los dedos de una mano,top5 pillémonos al mejor que haya disponible y construyamos a partir de ahí. Sabían lo que querían, otra cosa ya es que se equivocaran de medio a medio en su evaluación del talento (y la salud) de cada jugador. Pero en aquel entonces las cosas eran así.

Y no hace tanto que seguían siendo así, no hace tanto (diez años, para ser exactos) que esos mismos Blazers escogían a Oden por encima de Durant, otra vez la cagaron (otra vez la salud, también) pero esa no es la cuestión. La cuestión es que hace una década aún se prefería la carne interior a la exterior (aún por larga que ésta fuera), aún quien tenía un pívot tenía un tesoro, aún algún comentarista encontraba una carencia en algún juego interior y te decía despectivamente que esto es lo que en USA llaman equipo donut, porque tiene un agujero en el centro. Hoy ese agujero se ha hecho más y más grande, se ha institucionalizado pero eso sí, como queda feo llamarlo agujero preferimos llamarlo spacing que queda mucho más bonito, dónde va a parar. Spacing, nada nuevo bajo el sol, ya el añorado Manel Comas en sus comentarios televisivos solía a menudo decir que el baloncesto es un juego de espacios, cosa obvia por otra parte; lo novedoso en todo caso sería la manera de utilizarlos. En ese sentido el actual spacing vendría a ser (simplifico deliberadamente el tema) algo así como la capacidad de abrir los ataques para que se abran también las defensas, sacándolas de su hábitat natural de los alrededores de la zona para generar grandes espacios (valga la redundancia) por los que penetrar. Me dirán que la definición me ha quedado un poco pedestre y que el spacing es mucho más que eso (afortunadamente) pero qué le voy a hacer, no soy técnico sino un mero aficionado, es lo que hay, no doy mucho más de sí.

No hace mucho leía que hoy el baloncesto básicamente consiste en un tío que la sube, otro que le bloquea y los otros tres que esperan al otro lado de la raya del triple a ver si les llega el balón. Sentencia simplista donde las haya, pero que si me apuran la podemos hacer aún más simple todavía: antes el que bloqueaba continuaba casi siempre hacia adentro, hoy continúa cada vez más hacia afuera, hoy se lleva mucho más el pop que el roll. Es curioso, no hace tanto que (algunos) despotricábamos del cuatro abierto pensando que acaso fuera una moda pasajera, y ahora en cambio ya hemos entrado de lleno en la moda del cinco abierto. Y porque no hay más.

Les contaré otra historia reciente (será breve, no huyan) de baloncesto universitario, que ya saben que me pierde. Hace un par de años los Hoosiers de Indiana tenían un equipo sin prácticamente ningún jugador interior, razón por la cual su técnico Tom Crean implementó sabiamente un sistema que generaba un montón de espacios para así aprovechar las cualidades de sus incisivos jugadores exteriores. En cambio al año siguiente llegó por fin el pívot que necesitaban, Thomas Bryant:Crean físicamente imponente, técnicamente bien dotado y psíquicamente muy mal amueblado (pero eso no viene al caso). ¿Creerán entonces que Tom Crean adaptó sus sistemas ante el novedoso hecho de contar por fin con un cénter dominante (rara avis, tanto más en NCAA) en sus filas? Pues no, más bien sucedió todo lo contrario, más bien fue Bryant quien se tuvo que adaptar a jugar mucho más fuera que dentro durante sus dos temporadas en Bloomington. Indiana era un equipo muy divertido de ver como casi cualquiera que practica el (mal llamado) small ball, pero que me lo pasara en grande viéndolo no significa que no me doliera el desperdicio (en mi opinión, habrá quien piense todo lo contrario) de esa ausencia interior. Esta pasada primavera Thomas Bryant se presentó al draft (fue escogido en el puesto 42 por los Lakers, que en el pecado llevarán la penitencia), y seguro que no serán pocos los que crean que el haber jugado por fuera le va a venir de perlas de cara a su carrera profesional. Pero yo más bien veo a un jugador sumamente desorientado (ya les dije que su coco tampoco ayuda) que a estas alturas ya ni sabe lo que es, que ya no es ni chicha ni limoná (signifique eso lo que signifique). Y este es sólo un ejemplo, el primero que se me ha venido a la cabeza. Podría ponerlos a miles, y (obviamente) no sólo de NCAA.

Lo llaman small ball y no lo es. No nos equivoquemos, no es una cuestión de tamaño sino de lo que se sepa hacer con él. Los centímetros, así de alto como de ancho (es decir, de envergadura), siguen valiendo su peso en oro, cuantos más mejor… siempre y cuando no te inmovilicen, siempre y cuando no te aten a la zona ni te pongan a jugar de espaldas. Hoy se cotiza la velocidad a campo abierto, la versatilidad para defender indistintamente a interiores y exteriores, el desplazamiento lateral, el primer paso para atacar de fuera a dentro, la muñeca. Sobre todo la muñeca, cuanto más lejos mejor. Hoy ya no te piden shaquilles ni olajuwones sino clones de aquel adelantado a su tiempo que fue Kevin Garnett. Hoy apenas quedan cincos, casi no hay ni cuatros, aquellos que llamamos cincos o cuatros abiertos en realidad no son más que especímenes más desarrollados y evolucionados del tres.

¿Exagero? Probablemente, pero aún así les agradeceré que echen conmigo una ojeada a alguno de los pívots más reputados del momento. Pongamos por ejemplo al gran Karlito, Karl-Anthony Towns: unos fundamentos técnicos depuradísimos, unas condiciones atléticas sobresalientes, un talento innato… que sin embargo no sería el jugador que es (y no digamos el que va a ser) si no hubiera hecho del triple parte esencial e indispensable de su juego.embiid O pongamos Joel Embiid, que nos enamoró en la Universidad de Kansas (y aún antes, en el McDonald’s All American) gracias a un juego de pies de espaldas al aro como no habíamos visto (casi) desde Olajuwon, pero que hoy (es decir, en lo poco que hemos podido verle tras su eterna lesión) tira ya triples como si no hubiera trabajado en otra cosa durante los largos meses que pasó en el dique seco. O pongamos sin ir más lejos a nuestro Marc Gasol, el cénter por antonomasia, acaso el cinco más cinco que podamos encontrar hoy en día en el mercado… y que sin embargo (a la fuerza ahorcan) también ha incorporado recientemente el triple a su ya de por sí selecto repertorio. Y no hablemos ya de Ibaka: ¿recuerdan cuando pontificábamos que Scariolo siempre preferiría para la selección a Mirotic porque le privaban los cuatros abiertos? Así es y así va a seguir siendo, pero ese argumento hace ya tiempo que se nos quedó obsoleto: hoy Ibaka en ataque es ya casi tan cuatro abierto como Mirotic. Que ya es decir.

Pero el problema (si es que es un problema) no son los triples, ojalá fuera tan simple como eso. Me dirán que pívots que tiraron triples siempre hubo, y muy probablemente me traerán a colación al gran Arvydas. Por supuesto que sí, Sabonis tiraba de fuera con inusitado acierto del mismo modo que pasaba el balón como los propios ángeles, fruto todo ello de su formación como base antes de pegar el estirón. Pero ello no le impedía desenvolverse como pez en el agua por la zona, mirar el juego de espaldas al aro o restregarse contra sus rivales cuando fuera menester. Su tiro exterior era UN recurso (para momentos muy puntuales), no EL recurso. Me dirán que como Marc, exactamente lo mismo, pero permítanme que establezca una sutil diferenciación: Sabonis lo llevaba de serie, Marc lo ha tenido que implementar, casi como una mera cuestión de supervivencia profesional.

Insisto, el problema NO son los triples, el problema es que de tanto tirar triples nos acabemos olvidando de casi todo lo demás. Soy casi prehistórico (y prehistérico), crecí en un tiempo en el que sólo se televisaban los partidos de Copa de Europa del Madrid o lo que es casi lo mismo, crecí viendo lanzar ganchos a Clifford Luyk. Gancho de Luyk, decía el Héctor Quiroga de turno, y a mí que era un crío que aún no sabía nada de baloncesto (tampoco es que ahora sepa mucho más) aquel me parecía un tiro casi indefendible: si te lo lanzan así como de medio lado, desde más arriba de la coronilla y con la mano más alejada del aro, pues a ver cómo paras eso.nba_jabbarhooks_800 Luego vimos mundo, descubrimos el skyhook de Jabbar y hasta el baby hook de Magic, conocimos incluso a un pívot eminentemente defensivo llamado Dikembe Mutombo que en ataque vivía casi exclusivamente del gancho porque era casi lo único que sabía hacer. Y ya. Recuerdo unas declaraciones que le leí hace quince o veinte años a un mítico pívot ex céltico llamado Dave Cowens, en aquel entonces entrenador de los Warriors, en las que se lamentaba precisamente de eso, de que un recurso tan efectivo como el gancho se encontrara prácticamente en peligro de extinción. Hoy ya no es que esté en peligro de extinción, hoy ya es que cuando vemos (si es que alguna vez lo vemos) a un pívot hacer un gancho casi nos entran ganas de abalanzarnos sobre la pista o la pantalla del televisor a darle un beso en los morros. Y ello aunque sea del equipo rival.

Casi hemos perdido el gancho y no tardará en llegar el día en que perdamos también el juego de pies de espaldas al aro. Pívot como su propio nombre indica viene de pivote, de pivotar, casi la esencia misma de este juego. A algunos aún se nos caen las lágrimas al recordar la maravillosa plasticidad de Hakeem Olajuwon, aquel a quien Montes llamaba (y muy pocos apodos habrá más descriptivos) el Bailarín de Claqué del Cotton Club. Pura poesía en movimiento. Hoy (poco más de dos décadas después) esos movimientos son casi pieza de museo, recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver que decía la copla. Hoy son patrimonio casi exclusivo de gasoles y demás veteranos formados casi en las postrimerías del pasado siglo, por eso cuando en la universidad se nos apareció el antes mencionado Embiid haciendo olajuwonadas a diestro y siniestro algunos románticos de esto pensamos que quién sabe, tal vez no estuviera todo perdido, quizás aún hubiera esperanza. Esperemos que sus rodillas y sus técnicos no nos la quiten.

Tampoco hace falta irnos tan lejos, miremos por ejemplo el caso de Germán Gabriel. Su entrenador en aquellos maravillosos Juniors de Oro de Lisboa, Charly Sainz de Aja, lo definía en aquel entonces como el mejor, y créanme que lo era (junto con Navarro y Raül López, si bien por motivos radicalmente diferentes): unos fundamentos incomparables, un juego de pies casi impagable en un chaval que aún no había cumplido los diecinueve. El futuro era suyo, pero cuando se convirtió en presente resultó que éste tenía otros planes. O que los tenían sus entrenadores, más bien.gabriel Como tantas otras veces repararon mucho más en sus carencias que en sus virtudes, y a partir de ahí o bien no le dieron bola (no fueron pocos) o bien intentaron convertirlo en lo que no era. Y lo consiguieron, claro. Si quería sobrevivir en esta jungla tendría que ejercer de cuatro abierto, un cuatro abierto full time al que parecía habérsele prohibido pisar la pintura como si ésta produjera urticaria. Germán salía, metía sus triples, volvía al banquillo, volvía a salir, volvía a meter sus triples y así sucesivamente, de repente convertido en mero especialista, nada que ver con aquel otro Germán Gabriel que algunos habíamos conocido y que nunca acabábamos de echar de menos. Sólo en las postrimerías de su carrera, liberado por fin de ataduras (y con un físico mucho mejor trabajado, también), el Germán del pasado y el del presente volvieron a darse la mano para devolvernos por fin al jugador total, el que te mataba desde el triple pero te podía masacrar también con un reverso o un pivote inverosímil sobre la zona. Y no fueron pocos los que se creyeron la película al contrario, fíjate, cómo ha trabajado, a su buena mano ha añadido también un magnífico juego de pies… Y una leche. Añadió (antes) la mano, los pies siempre estuvieron. Aunque no se los dejaran enseñar.

En cualquier caso en Europa el agujero aún no es tan grande como en USA, justo será reconocerlo. En Europa aún paladeamos talentos interiores como los de Bourousis o Dubljevic, (cito simplemente los dos primeros que se me vienen a la cabeza), dos tíos old school… que sí, que también tiran (y meten) triples cuando se tercia, pero exactamente eso, sólo cuando se tercia, sólo cuando lo exige el guión. Su juego es de espaldas, de espaldas te ganan partidos y emeuvepés y hasta campeonatos. Como te los gana también otra estirpe de pívots, tíos como Ayón o Udoh que apenas salen de la zona, si acaso lo justo para que no les piten tres segundos. Sí, claro, me dirán que en USA también hay de esos (el propio Udoh, en breve), en USA hay de todo pero otra cosa ya es la importancia que se tenga o la trascendencia que se le dé. En Europa un pívot dominante aún puede ser (suele ser, de hecho) jugador franquicia, en USA aún podrá serlo siempre y cuando sepa hacer otras cosas, si no ni de coña. Un peón de rotación o un mero complemento, alguien que se faje ahí dentro y ponga buenos bloqueos a mayor gloria del tirador.

No resulta difícil imaginar que así serán las cosas también en Europa, más tarde o más temprano. Afortunadamente aquí aún no parecen haber llegado (pero se les espera) las famosas estadísticas avanzadas, ésas según las cuales (vuelvo a simplificar deliberadamente el tema) sólo saldrían a cuenta las bandejas y los triples,epv-chart-features por razones obvias: con las bandejas (quien dice bandejas dice también mates, canastas desde debajo o desde encima mismo del aro, escoja usted la versión que prefiera) minimizas el riesgo (perogrullada); con los triples maximizas el resultado ya que cada acierto te proporciona un cincuenta por ciento más de rédito al obtener tres puntos en vez de dos (perogrullada aún mayor si cabe). De acuerdo con esta teoría estarían llamados a desaparecer los tiros comprendidos en un rango de (pongamos) tres a seis metros del aro, por razones que hasta un ceporro estadístico como yo podría llegar a entender: suponen un riesgo similar al del triple, total para sacar el mismo rendimiento (dos puntos) que si tiraras una bandeja; ergo no compensa. Bajo estos parámetros no es ya que te sobren muchos hombres grandes, ya es que hasta un tío como Nikos Gallis lo tendría francamente difícil para sobrevivir en el baloncesto de hoy.

Así que ya saben: movilidad, flexibilidad, versatilidad, buena mano y buenos alimentos, y el tronco quitémonoslo cuanto antes de ahí para que no estorbe. Algunos crecimos creyendo en el sacrosanto principio del equilibrio, la versión baloncestera de aquella famosa manta corta futbolera: ya saben, si te tapas la cabeza te destapas los pies y viceversa. En fútbol se plantea en términos de ataque/defensa pero en baloncesto iría más en el sentido de juego interior/juego exterior: si sobrecargas el uno en detrimento del otro te haces previsible, facilitas la tarea a las defensas, necesitas amenazar desde dentro y desde fuera, cuanto más mejor. Creímos en eso, aún seguimos creyendo, vuelvo a recuperar a Manel Comas cuando en sus comentarios televisivos decía que en ataque al menos uno de cada tres pases ha de ser interior. Dentro-fuera, mover las defensas, hacerlas bascular, llevarlas de un lado al otro, generar ventajas para posibilitar buenas opciones de tiro, eso también es spacing. Y del mejor.

Y no digamos ya si tienes un cénter que sepa pasar, que abra el balón cuando se le cierran, que encuentre al hombre abierto incluso mejor que sus propios bases, que sea capaz incluso de distribuir desde el poste alto cual si de un director de juego encubierto se tratara.john-pinone Podría acordarme de muchos (Sabonis, forever) pero déjenme que tire de colores y me traiga a John Pinone. Un Pinone que hace pocos meses anduvo por aquí y no disimuló en absoluto su contrariedad al ver que su ex equipo del alma se había convertido en lo que tantos otros del otro lado (su lado) del charco, otra máquina de tirar triples sin a diestro y siniestro (muchos de ellos sin ton ni son) como si no hubiera un mañana, como si el baloncesto no pudiera/debiera ser también algo más (mucho más) que eso. Vivimos la dictadura del triple, seguramente harás muy bien en entregarte a ella si entrenas a los Warriors pero si entrenas al Minglanilla (un poner) cabe la posibilidad de que no dispongas de los mejores tiradores sobre la faz de la tierra, ante lo cual quizá necesites un plan B. Un plan B que en realidad no será tal plan B sino el plan A de toda la vida de dios: dársela al grande, si puede que la meta, si no puede que la saque (la pelota, no desparramemos), a partir de ahí empezar a generar. Aunque ya no se lleve.

No me gustaría que vieran esto como el típico arrebato del Abuelo Cebolleta, (pongan voz cascada) el baloncesto ya no es lo que era, los partidos ya no son como antes, cosas así. En absoluto. Quien me conoce sabe que soy un firme creyente en la filosofía de que cualquier tiempo pasado fue ANTERIOR, lo cual no significa necesariamente que fuera mejor. Me gusta el baloncesto bien jugado, lo juegue quien lo juegue (y como lo juegue), venga de donde venga. Disfruto con los Warriors, cómo no habría de disfrutar con un equipo que mueve el balón a esa velocidad y que cuenta además con Curry o Durant en sus filas. Pero disfruto también (y aún más si cabe) con los Spurs. No me preocupa tanto hacia dónde va el baloncesto como lo que nos estamos dejando de lado por el camino: una forma de entender el juego en la que los fundamentos eran aún más importantes que el atleticismo, en la que los partidos eran aún algo más que concursos de triples, en la que los pívots puros no eran aún rémoras sino perros grandes a los que alimentar. No nos dejen también sin eso, por favor. Espero que no sea demasiado tarde.

ALGUNAS CONSIDERACIONES   Leave a comment

– Ricky: llevo toda la semana reivindicándolo, aún a riesgo de que en ese patio de vecindad que llamamos Twitter muchos me den la razón pero otros muchos se me tiren cordial y afectuosamente a la yugular (entiéndase en sentido figurado, of course). Es obvio que Ricky no las mete, y que el hecho de haber fallado alguna bandeja desde debajo mismo del aro no ha ayudado precisamente a su reputación en ese aspecto. Pero es que yo ya no le pido que las meta, yo soy de los que creen que la función primordial de un base no es jugar él sino hacer jugar al equipo, llevo pensando así toda la vida, comprenderán que a estas alturas ya no voy a cambiar. Y convendrán conmigo en que la dirección de Ricky en este Torneo está resultando sobresaliente, nada que ver con el Ricky timorato y constreñido que vimos hace un año, aquel que daba mil vueltas para no llegar nunca a ningún lado. Este año sí, este año Ricky sabe a dónde va, dinamiza el juego, da al equipo la velocidad que necesita, mete un ritmo en defensa y ataque muy difícil de soportar para cualquier rival, pone cada pase en el sitio adecuado y en el momento justo. Y disfruta, se le ve que disfruta, y aquellos que llevamos viendo a Ricky desde que tenía catorce años (desde antes incluso, en aquella Minicopa de Sevilla) sabemos ya de sobra que sin disfrute no hay Ricky (no Ricky no party, o viceversa) sino una mala copia de sí mismo, lo supieron bien en Badalona y Barcelona (aquellos por acción, éstos por omisión), lo saben bien también en Minneapolis. Y es verdad que no las mete, he ahí el problema, pero es que el meterla nunca fue parte esencial de un base sino un mero complemento. Cierto es que a día de hoy no posee ni ese mero complemento siquiera, cierto es que tarde o temprano tendrá que meterlas (sobre todo en NBA) si quiere dar el paso que separa a los buenos de los verdaderamente grandes. Pero por ahora (y a nivel de selección) se lo perdono, vaya si se lo perdono. Le sube la riquirrubina, tantos años después, y esa es una magnífica noticia para todos aquellos que hace apenas un año creímos haberla echado a perder, tal vez ya para siempre. Que dure.

– Calde: no sé si bien aconsejado o repentinamente iluminado, pero lo cierto es que un día Orenga tuvo por fin la ocurrencia de ponerle de (verdadero) base y ¡oh prodigio!, ¡oh maravilla!, de repente volvió el José Manuel (por otro nombre Juan Carlos) Calderón que siempre habíamos conocido, ya ven ustedes qué casualidad. El de Toronto, el de Dallas, el que triangulará en el Madison a la vera de Spike Lee en apenas mes y medio. Bastó con eso, volver a sentirse importante, volver a pensar (siquiera por un instante) que el equipo podía girar a su alrededor en lugar de que fuera él quien girara alrededor del equipo. Y recuperar el toque, la penetración y la muñeca fue todo uno, y recuperar el placer de jugar incluso cuando (vuelta la burra al trigo) vuelven a ponerle de dos vino ya por añadidura. Hemos recuperado a Calde, inmensa satisfacción para todos aquellos que siempre creímos en él, toque de atención para los que ya se llenaban la boca en estos días hablando de llevárselo muerto, hay gente pa tó. El patio de vecindad, ya saben, que por mucho que pulas tu TL nunca faltará alguno que te suelte lo del postureo de Calde o lo de que Navarro está ya acabado (tal cual, se lo juro), hacen bien en soltarlo si así lo piensan, la libertad de expresión es lo que tiene. En un caso y en otro bastó con dejar pasar el tiempo para la cruda realidad les pusiera en su lugar.

– El Chacho: la cuadratura del círculo no tiene solución que yo sepa, lo mismo la han descubierto ya en estos años y yo no me he enterado, tampoco sería de extrañar. No hay soluciones perfectas, arreglar una pieza esencial puede conducir a que se inutilice otra o a que no rinda ya a su nivel esperado. Teníamos desubicado a Calderón, puede que el precio a pagar por reubicarle haya sido desubicar a Sergio Rodríguez. O no, que visto desde fuera puede uno tener sensaciones que no se correspondan con la realidad. Orenga sigue abusando (en mi opinión) de las combinaciones de tres bases tomados de dos en dos, pero al menos habremos de reconocer que se han asignado roles y se ha recuperado un atisbo de (lo que yo entiendo por) sensatez: lo de toda la vida, un titular, un suplente y un tercero para momentos puntuales, cambiar ritmos, dinamitar partidos, esas cosas. A Sergio parece haberle correspondido este último papel, que sea habitualmente el segundo en entrar no evita que acabe siendo casi siempre el tercero en orden de importancia, puede parecer un rol menor pero nada más lejos de la realidad, dígaselo a José Luis Llorente en aquellos Juegos de Los Ángeles o al propio Sergio en Japón 2006, de no haber sido por su participación ante Argentina habríamos acabado peleando el bronce con los yanquis. Quedan (esperemos que queden) tres partidazos en los que no faltarán motivos para recurrir al Chacho, otra cosa ya es que a alguno quizá nos gustara que el orden de los factores fuera un poco diferente. Pero dicen que el orden de los factores no altera el producto y el producto por ahora no puede ser mejor, así que dejémoslo estar.

– La defensa: empezamos cada partido como si no hubiera un mañana, luego con las sucesivas rotaciones nos vamos sedimentando pero es empezar el tercer cuarto y comenzar el arrebato de nuevo. Y podría parecer que es porque salen los mismos que empezaron el encuentro pero no es así, o no exactamente: si el trío exterior inicial acostumbra a ser Ricky-Rudy-Navarro, el trío exterior tras el descanso acostumbra a ser Ricky-Rudy-Llull. Y así lo que perdemos en tacto y finura lo ganamos en agresividad y desenfreno, mire usted. Los equipos rivales se van al vestuario tras el segundo cuarto pensando que han conseguido capear el temporal y cuando vuelven confiados a la cancha se encuentran otra vez el temporal sólo que ahora ya corregido y aumentado, una tremenda defensa de anticipación a la que tampoco son ajenos los gasoles guardándoles las espaldas. Tampoco hemos inventado nada, no es algo tan diferente a lo que hacía (por ejemplo) el propio Laso con Draper mientras le duró la salud (y bien que lo pagó cuando se le acabó). Pero está bien recordarlo porque demasiadas veces nos fijamos sólo en lo que ocurre a un lado de la cancha y nos olvidamos del otro, valoramos si acaso los tapones de Ibaka & cía y nos olvidamos de casi todo lo demás, jugamos bien y bonito y nos creemos que con eso ya basta sin darnos cuenta de que para llegar a eso tiene que haber muchísimo trabajo detrás. Justamente ahí, detrás.

– Los pases: yo soy yo y mis obsesiones, y una de ellas en lo tocante a baloncesto tiene que ver con los pases. No ya con las asistencias (que también) sino con el mero hecho de saber encontrar al compañero y hacerle llegar el balón a la velocidad adecuada en el lugar correcto y en el momento justo, nada más y nada menos que eso. Tengo para mí (que diría Paniagua) que un equipo con buenos pasadores tiene muchísimo ganado en este juego, fue así desde que a Naismith le dio por desfondar aquella cesta de melocotones, fue así desde los Celtics de Bird a los actuales (y maravillosos) Spurs pasando sin ir más lejos por aquellos Kings en los que todos parecían bases, tanto daba que se llamaran Chris Webber, Vlade Divac o Brad Miller. No haré comparaciones (que son odiosas), no descubriré la pólvora a estas alturas cuando les diga que tenemos (también en este aspecto) un lujo al alcance de muy pocos. No hablo ya del trío de bases (que es obvio), no hablo ya de los gasoles (bases de siete pies ambos dos), hablo de otros jugadores cuyo talento en este departamento del juego tiende a pasar más desapercibido pero que son fundamentales para que el balón fluya: mismamente Navarro, mismamente Rudy, mismamente Ibaka. Tenemos un perímetro que es la envidia de medio mundo y un juego interior que es la envidia del mundo entero (y un agujero entre el uno y el otro, también), pero tenemos algo más, algo de lo que casi nadie habla, tenemos la seguridad de que el balón viaje siempre en buenas manos para que llegue cuando y donde tenga que llegar. He ahí nuestro verdadero hecho diferencial.

– Ibaka: cuentan que anda un tanto mohíno en estos días (y su lenguaje no-verbal así parece atestiguarlo), que echa en falta más balones, más participación en el juego de ataque, más jugadas preparadas para él. Y yo le entiendo, cómo no le voy a entender. Hace ya tiempo que Ibaka dejó de ser el chico de los gorros, hace ya tiempo que unió a sus incomparables condiciones físicas unas nada desdeñables aptitudes técnicas: te da lo que le pidas, de cara y de espaldas, por arriba y por abajo, por fuera y por dentro, por delante y por detrás. Y te lo da además (por si con lo físico y lo técnico no fuera suficiente) con una intensidad sin parangón. Sólo el cielo es el límite (frase original donde las haya), será all star más pronto que tarde, no nos quepa a nadie la menor duda. Yo entiendo a Ibaka, de verdad que sí, pero él tiene que entender también lo que tiene a su alrededor: tiene que entender que no es exactamente lo mismo tener como compañeros a Kendrick Perkins, Nick Collison o Steven Adams que tener a Marc y Pau, por razones obvias. Claro que le duele, claro que está acostumbrado a tener mucho más protagonismo en su club (digo franquicia) que en la selección, pero díganme a ver qué jugador no está acostumbrado a tener mucha más participación en su club de la que tiene en esta selección: Calde, el Chacho, Ricky, Navarro, Llull y así sucesivamente, así podríamos continuar hasta agotar la lista, todos son más importantes en su club/franquicia que en el equipo nacional, todos excepto Claver que no es importante ni en un sitio ni en el otro (pero esa es otra historia). Todos. ¿Que se podría sacar más partido de Ibaka en ataque? Sin duda, estoy convencido de ello, como estoy convencido de que nos hará mucha falta ese partido a lo largo del Torneo. Pero que el propio interesado ande mostrando públicamente su insatisfacción porque no se lo sacan no ayuda precisamente al equipo, y aún menos le ayuda a él mismo. Creo que fue Marc Gasol quien dijo una vez (con su habitual escasez de pelos en la lengua) que a la selección se viene sin ego. Pues eso.

– Orenga: que no soy de su club de fans lo saben ustedes de sobra. Pero saben también (o me gustaría que supieran) que no suelo ser ventajista, en esta ocasión tampoco lo seré. Nunca he creído en aquello de que los fracasos sean culpa de y los éxitos a pesar de, ese es el recurso fácil contra el que he peleado siempre (véase por ejemplo al respecto el chorro de entradas sobre Pablo Laso, así en las buenas como en las malas). Si pierdes te linchan pero si ganas te dirán que con esos jugadores es lo menos que podías hacer (o que con esos rivales es lo menos que se te podía pedir, ligera variación), ya ven qué manera tan socorrida de tener siempre razón. [Nada nuevo bajo el sol, recuerdo un afamado coach que ganó once anillos como técnico y en todos y cada uno de ellos tuvo que escuchar que con esos jugadores así cualquiera, si entrenara a Milwaukee ya veríamos cuántos ganaba, cosas así (y no vayan a pensar que estoy comparando a Phil Jackson con Orenga, líbreme el cielo, todavía hay clases). Cosas muy de nuestro deporte por cierto, nadie dice nunca que a ver cuántos títulos ganarían Simeone o Ancelotti si entrenaran al Rayo, será que los del baloncesto somos más de autoflagelarnos con obviedades, me he ido del tema]. Vuelvo: sé que me ganaré la animadversión de muchos (dichoso patio de vecindad) pero creo sinceramente que si a Orenga le llovieron palos (entre ellos los míos) hace un año, no sería descabellado que le llovieran parabienes (entre ellos los míos) a día de hoy, a la vista de cómo está jugando y ganando esta selección. Las cosas no suceden por casualidad, por abundante que sea el talento también hay que gestionarlo, incluso en supuestos autogestionarios como el que nos ocupa también es necesario gestionar la autogestión. Y además, que no se juega así sólo con autogestión, que por buenos que sean (que lo son) se ve de lejos la mano de un entrenador detrás, podemos pensar (y puede que hasta lo pensemos) que esa mano es la de Sito pero el que da la cara aquí es Orenga mientras no se demuestre lo contrario. Y escribo esto aunque muchas de sus decisiones sigan sin gustarme (ese mantener en cancha a los buenos con todo resuelto, hasta mucho más allá de lo razonable, que ya veremos si el día menos pensado no nos acabará Pau dando un disgusto), escribo esto a sabiendas de que en un par de días me puedo arrepentir de haberlo escrito, que sacar la cara (siquiera mínimamente) por él se me puede volver en contra en cuanto vengan mal dadas, ojalá no. Pero qué quieren que les diga, aún a pesar de mi escepticismo creo que Orenga se ha ganado por fin el beneficio de la duda. El mío. Ahora ya sólo falta que se gane también el de todos los demás.

RAZONES PARA EL ESCEPTICISMO   3 comments

Habré de confesarles (por si nunca lo notaron) que el triunfalismo me pone de los hígados. Entiéndanme, no cualquier triunfalismo, no vayan a pensar, sino ese triunfalismo irracional, desmedido y pestilente que desprenden por lo general algunos de nuestros más afamados medios de comunicación, esos que te sacan campañas tan cínicas como aquella de que hay una España admirada por el mundo, sólo tienes que saber qué periódico leer, esos a los que se les llena la boca hablando de eÑebeá, esos que a cada baja ajena para el Mundial dan palmas con las orejas porque así aumenta nuestro (supuesto) favoritismo, como si alguna vez pudiera ser una buena noticia la devaluación de una competición que en este caso además y para más inri organizamos nosotros mismos. Me pone de los nervios ese provincianismo de creernos el ombligo del mundo como si los demás no fueran nadie, me revienta que me vendan la piel antes de cazar el oso, si luego el oso no se deja cazar ya le echaremos las culpas al bosque, al guardia forestal o al que fabricó la escopeta, según. No puedo con ese hedor de euforia mediática premundialista que nos atufa en estos días (no compartido necesariamente por el aficionado de a pie) y quizá por eso me gustaría poner (como aficionado de a pie que soy) un contrapunto, un catálogo de razones que nos permitan mantener siquiera por unos días los pies en el suelo. Luego ya habrá tiempo de volar si se presenta la ocasión.

– La fase de (no) preparación: verán que este año he decidido perdonarles y no ponerles la cabeza mala con mis eñefobias de cada verano. Pero el que no haya escrito específicamente sobre ello no significa que haya cambiado mi opinión al respecto, sigo pensando que los demás equipos hacen (verdaderas) fases de preparación mientras que lo nuestro es otra cosa, una sucesión de bolos y galas veraniegas que más parecen partidos de exhibición que partidos de verdad, eventos plagados de complacencia, colegueo y buenrollismo que acaso sean muy útiles para las arcas de nuestra Federación y para la promoción de nuestro deporte pero que en nada contribuyen al que debería ser el principal objetivo de toda fase de preparación, es decir preparar. Es muy de agradecer que equipos como Croacia (qué buena pinta tienen) o Ucrania (versión postmoderna de aquellos ninjas de Fratello) se pusieran las pilas y nos llevaran un poco (sólo un poco) al límite, todo lo cual no dejó de ser un mero sucedáneo para cuando empiecen los partidos de verdad. Así que un año más volverá a suceder, el 30 de agosto el resto de equipos habrán acabado la preparación y comenzarán la competición, nosotros en cambio habremos acabado la exhibición y comenzaremos la preparación. Haremos el rodaje cuando los demás ya estén rodados y en partidos que ya cuenten para el resultado final, algo que en ocasiones (tras el susto inicial) nos acabó saliendo francamente bien (véase 2009 ó 2011) pero que otras veces nos salió como el culo, disculpen la ordinariez. Veremos este año.

– La edad no perdona: la generación de oro, aquellos que un día fueron los niños de Lisboa, se nos ha hecho mayor, es ley de vida. Pau, Navarro y Felipe ya cumplieron los 34, Calderón (que no estuvo en Lisboa por accidente, pero que pertenece por derecho propio a aquella generación) anda ya por los 33. Decía Chichi Creus que ésta es casi la mejor edad (y él debía saberlo por experiencia, dado que jugó hasta los 42), puede que ello sea cierto a nivel de conocimiento del juego pero no necesariamente a nivel físico, tanto más en una competición de esta índole en la que (a partir de un determinado momento) te la juegas noche sí, noche también. Mi principal recuerdo del pasado Eurobasket 2013 es el de una selección que hacía puntualmente los deberes durante los tres primeros cuartos pero que luego se hundía irremediablemente en el último, consecuencia tal vez de una muy mala preparación (física y/o psicológica). Tras lo visto este año nada me hace pensar que llevemos una preparación mejor (véase punto 1), si acaso lo contrario, puede que esta vez no esperemos necesariamente al último cuarto y nos vengamos abajo ya en el tercero, indicios ha habido al respecto en las pachangas de estos días. Ojalá me equivoque.

– Somos previsibles: si yo fuera entrenador de cualquier selección de medio pelo que hubiera de enfrentarse a España (hipótesis absurda), cerraría por completo mi defensa sobre el juego interior rival. Muchísimas ayudas, constantes traps, no ya dos contra uno sino hasta tres contra uno en cuanto el balón llegue ahí dentro, puntuales zonas 2-3 que les formaran el lío más todavía, especial atención a las líneas de pase dentro-fuera para minimizar en lo posible lo buenos pasadores que son… y bien sé que haciendo eso me quedaría vendido en el juego exterior, bien sé que me podrían crujir a triples librados pero ese sería el riesgo, que me ametrallaran desde fuera a ver cuánto aciertan, quien a triple mata a triple muere y a día de hoy nuestra selección tiene mucha más pinta de morir que de matar en este aspecto, lo que le endosamos a Argentina fue sólo la excepción que confirma la regla. Queríamos cuatro abierto y ahora ya lo tenemos, por fin, no se llama Garbajosa ni Mirotic sino Ibaka, quién nos lo iba a decir, su evidente mejora en todos los aspectos del juego le ha llevado a convertirse en (entre otras cosas) un consumado tirador exterior. Esa es la buena noticia. La mala noticia es que durante este mes ha sido nuestro mejor tirador exterior, algo absolutamente incomprensible en un equipo que cuenta con nombres como Navarro, Rudy, Calderón, Llull o Sergio Rodríguez (nótese que no incluyo a Ricky en esa lista, por razones obvias). O afinamos la puntería o seremos previsibles, o anotamos desde fuera o las pasaremos putas, con perdón. Al tiempo.

– El mal del anfitrión: ¿de verdad que somos favoritos (o algo así) por el mero hecho de jugar en casa? Les daré una lista rápida, Eurobasket 1973, Mundial 1986, Juegos Olímpicos 1992, Eurobasket 1997, Eurobasket 2007, me dejaré algún evento pero éstos son los que se me vienen ahora mismo a la cabeza. Y ahora díganme si son tan amables en cuántos de ellos acabamos alzándonos finalmente con el título: efectivamente, ninguno, cero patatero (o pelotero, según). Y puede que en alguno no fuéramos nadie pero en algún otro éramos mucho más favoritos de lo que somos hoy, echen la memoria siete años atrás si les queda alguna duda. No, ejercer de anfitriones nunca se nos ha dado bien (quizá por el suplemento de presión que conlleva) pero tampoco vayan a pensar que nos pasa a nosotros solos. He repasado las últimas competiciones internacionales (Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo y Campeonatos de Europa, que ya para otros continentes no me da la memoria ni el tiempo para mirarlo), y… ¿saben cuál fue la última gran competición ganada por el anfitrión? Efectivamente, los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Desde entonces (y han pasado ya 18 años) ni un solo Eurobasket, Mundobasket o torneo olímpico fue ganado por el equipo de casa, y me dirán que en ese tiempo hubo países organizadores sin pedigrí ninguno en este deporte como Suecia, Japón o el Reino Unido de la Gran Bretaña, lo cual es cierto, casi tan cierto como que en ese mismo periodo hubo países organizadores como la propia USA, Serbia, Lituania, Turquía, Grecia o España, estos tres últimos por partida doble. Puede que ser anfitrión suponga un plus pero en nuestro caso (y en otros como el nuestro) ese plus se nos convierte demasiadas veces en minus. Que no nos pase na.

– USA: no niego que los nombres ausentes pesan casi más que los presentes, no niego que un hipotético quinteto Chris Paul, Kevin Durant, LeBron James, Kevin Love, Dwight Howard (incluso), más los puntuales añadidos de (pongamos) Wall, Kobe (renacido), George (sano), Melo, Kawhi, Aldridge o Griffin impone casi más de lo que hay pero qué quiere que le diga, yo podría ir hasta el fin del mundo con esta verdadera selección USA, yo iría hasta el infinito y más allá con estos Derrick Rose (o lo que quede de él tras estos dos años, casi en fase de pretemporada para llegar a punto a los Bulls), Steph Curry (mi debilidad absoluta desde sus tiempos de Davidson, como les habré dicho ya 792 veces), James Harden (un hipotético emparejamiento defensivo con el Chacho podría ocasionar problemas capilares insospechados), Kenneth Rasta Faried y Anthony Unicej Davis, tanto más si vienen acompañados por Kyrie Irving, Klay Thompson, Rudy Gay, DeMarcus Cousins (esperemos que no se le suelte la pinza) o Andre Drummond entre otros, tanto más si vienen entrenados por los sempiternos Krzyzewski & Boeheim, casi dosmil victorias les contemplan. Se pongan como se pongan y aunque le joda al Marca y me joda incluso a mí mismo, para mí siguen siendo los únicos e indiscutibles favoritos, y así lo seguirán siendo hasta que alguien (ojalá nosotros) me demuestre lo contrario.

– Los Otros: probablemente usted no lo sepa porque los medios están tratando deliberadamente de ocultárnoslo, pero aunque parezca mentira el Mundial no lo juegan sólo Estados Unidos y España, lo juegan también otros veintidós equipos más, varios de ellos de raigambre, tronío y prosapia (sea eso lo que sea) suficiente como para ser tenidos muy en cuenta. Claro que gracias al prodigioso, incomparable e inmarcesible sistema de competición no tendremos que preocuparnos de países como Lituania (ay, Kalnietis), Eslovenia, Turquía, República Dominicana o (la muy apetecible de ver) Australia, de esos que se preocupe USA si así le apetece. Sí tendremos que preocuparnos en cambio de un Brasil que viene con todo (y todo es decir mucho) y que ya nos ganó en Londres 2012 (no haré más comentarios al respecto), de una Serbia puesta en manos de Djordjevic (en pie), de la nueva y rutilante Grecia de Katsikaris y Antetokoumpo (o como se diga), del Puerto Rico de Olmos y/o Arroyo, de una Francia a la deriva (sin dirección, sin Parker, sin De Colo… pero Francia al fin y al cabo), de una Croacia deseosa de entregarse ya a Herzonja o Saric como nosotros nos entregamos a Navarro y Pau hace casi tres lustros, de una Argentina sin Ginóbili (ninguna otra ausencia me duele tanto, ni la de Durant siquiera), y no venga usted ahora a decirme que a éstos ya les ganamos fácil el otro día, quien piense que una pachanga es lo mismo que un cruce es que no conoce el carácter argentino. Suficientes preocupaciones como para no dar nada por supuesto, creo yo. No niego que si un extraterrestre hubiera llegado a la Tierra a comienzos de agosto sin ninguna información previa y se hubiera dedicado a ver todos los amistosos de todas las selecciones participantes (teletransportándose de un lugar a otro para la ocasión) probablemente también pensaría a día de hoy que este Mundial es sólo cosa de dos, pero los que nacimos y crecimos en este planeta sabemos (citando a los clásicos) que no hay rival pequeño y que ya no quedan peritas en dulce. No va a ser un camino de rosas.

– Mis dudas con Orenga: no esperen encontrar aquí un linchamiento, saben que no es mi estilo, no lo haré con Orenga como tampoco lo hice antes con Scariolo (que dicho sea de paso, resulta curioso ver en estos días cómo muchos de los que en su día lincharon a Scariolo hoy no se cortan un pelo en echarlo de menos cuando lo comparan con Orenga, me pregunto si llegará el día en que los que hoy linchan a Orenga le añoren luego cuando toque compararlo con el siguiente). Nada me gustaría más que le fuera bien a Orenga, por el bien de mi selección y por el suyo propio, porque (lo diré una vez más) me cae bien, me parece un sujeto sobradamente preparado y creo que reúne muchas condiciones esenciales para ser un buen entrenador. Ya otra cosa es que lo sea, claro. Las dudas que tuve antes del pasado Eurobasket no sólo no se disiparon sino que se acrecentaron con el transcurso de la competición, dejándome un técnico inexperto, inseguro, de mira corta y perfil bajo. Que a lo mejor es justo eso lo que quiere la FEB, un técnico de perfil bajo para perpetuar el (presunto) modelo autogestionario, nada que ver con Aíto o el primer Scariolo no vaya a ser que se nos enfurruñen las criaturas, si así fuera y los resultados acompañaran créanme que hasta me callaría la boca. Pero a día de hoy sigo sin entender qué sentido tiene ver a Orenga de head coach mientras uno de los mejores técnicos que tenemos en este país, de nombre Sito Alonso, se limita a ejercer de asistente, no lo entiendo como tampoco lo entendí hace un año con Ponsarnau, ganas entran de decir coño, dad un golpe de estado, echadle a un lado y poneros vosotros a ver si así pudiéramos tener un equipo medianamente normal. Insisto, creo que Orenga tiene conocimientos y tiene además una elevada capacidad didáctica para transmitirlos, creo que llegará el día en que pueda ser un entrenador de alto nivel… pero que las prácticas para llegar a serlo tenga que hacerlas precisamente en la selección tiene bemoles, por no decir otra cosa. El mundo al revés.

– La carencia de tres: desde que se retiró Carlos Jiménez no hemos vuelto a tener un tres como es debido, lo cual con ser malo no es lo peor, lo peor es que no parece que vayamos a encontrarlo a corto/medio plazo. Mumbrú se extinguió muy poco después, el Chimpa Suárez se nos fue apagando, Rabaseda ni llegó a encenderse, Dani Díez es aún una luz muy tenue que ya veremos si llega a prender alguna vez. Ante lo cual sólo queda en nuestro baloncesto un tres que así merezca ser llamado, y que como ya habrán deducido responde (poco) al bello nombre de Víctor Claver. Ese mismo pelirrojo de aire lánguido, media sonrisa y mirada perdida que parece pasar cada verano por la selección sin que la selección pase por él, ese mismo que acude puntual a la llamada del seleccionador (sea éste quien sea) porque no tenemos ningún otro jugador de sus características, ese mismo que luego acostumbra a acabar los campeonatos reconvertido en agitatoallas (loable desempeño por otra parte, pero que ya a estas alturas quizá cabría esperar algo mejor), ese mismo que lleva ya dos años enteros echados a perder en Portland y alrededores, y lo que te rondaré morena. Buscas en el diccionario eterna promesa y aparece su foto al lado… Ojalá llegue el día en que me tape la boca, ojalá llegue el día en que un entrenador le dé algo más que minutos de compromiso y/o de la basura, ojalá llegue el día en que él dé a su entrenador algún motivo para darle esos minutos. Ojalá.

– Las rotaciones extrañas: una de las principales consecuencias de esa casi carencia de tres es que tendemos a jugar sin tres, por razones obvias. Pero hay maneras y maneras de jugar sin tres. Está la manera clásica, un base y dos escoltas (la que tantas veces hicimos nosotros durante estos años, disfrazando a Rudy de tres mientras Navarro o Llull jugaban de dos); y luego está la manera Orenga, dos bases y un escolta (que a lo peor también acostumbra a ejercer de base en su club). Que habrá a quien le entusiasme pero que yo no lo veo, mire usted: tenemos tres bases extraordinarios pero que son bases-bases, puros unos (cada uno a su manera) así Ricky como Calde como el Chacho, para uno y medio ya está Llull. Pero ahora nos ha dado por hacer combinaciones de tres elementos tomados de dos en dos, Ricky & Calde, Ricky & Chacho, Chacho & Calde llevándonos a Navarro o al susodicho Llull al puesto de alero, los gasoles y los tres enanitos se llamaría la película. Y qué quieren que les diga, poner a dos bases siempre me pareció un recurso (repito, recurso) para situaciones puntuales, generalmente finales igualados para asegurarte el control del juego, si acaso excepción que ahora por obra y gracia de Orenga se ha convertido en norma. Quintetos que acaban pareciendo cuartetos porque el quinto elemento está de miranda, porque dirigir lo que se dice dirigir sólo dirige uno, el otro base por lo general no sabe qué hacer consigo mismo, no está acostumbrado a buscarse la vida para circular y salir de bloqueos sin balón a la espera de recibir, tiende si acaso a quitarse de enmedio, echarse al costado y esperar a que se la den para tirarse algún triple, punto. Mención especial para Calderón en este aspecto, que ya el año pasado le pidieron que ejerciera de dos (y se estrelló) pero al menos Orenga tuvo coartada porque no estaba Navarro, este año sí que está pero se lo siguen pidiendo y así le va. Y sé que es posible que algún presunto iluminado-que-parece-saberlo-todo se me tire al cuello y me diga que si afirmo esto es porque no he visto a Calderón en Dallas (que sí lo he visto), pero aún así (desde mi ignorancia de mero aficionado que no tiene puta idea) lo seguiré diciendo: Calderón está desubicado en este esquema, Ricky y Sergio a veces también pero Calde especialmente. Y no sé hasta qué punto es lícito desperdiciar un jugador así.

Mi primer impulso fue titular esta entrega razones para el pesimismo, pero al final me corté. Me corté por no amargarles la vida pero me corté también por puro sentido común: porque en realidad no creo que existan razones para el pesimismo (ni siquiera yo, que tiendo a ser pesimista por naturaleza), porque creo que tenemos la mayor dosis de talento que hayamos tenido jamás, porque creo que todas esas contrariedades que les he ido poniendo más arriba (la edad, los desequilibrios, las presuntas orengadas, tantas otras) en el fondo son pecata minuta si cuando llegue la hora de saltar a la cancha somos capaces de jugar como sabemos, podemos (con perdón) y debemos. No soy pesimista, de verdad que no, en absoluto… pero no me pidan tampoco que sea optimista, no todavía. Mantengamos (por ahora) los pies en el suelo, volvamos de nuevo a los clásicos, hasta el rabo todo es toro, los partidos duran cuarenta minutos, cada partido es una historia, no queramos meter el segundo gol antes que el primero (que en versión Mundobasket sería no queramos ganar la final antes de haber llegado a ella). O por citar a otro clásico mucho más reciente (pero no por ello menos clásico): vayamos partido a partido, no hay más. No vendamos la piel del oso antes de cazarlo, y ello aunque algunos lleven ya meses (incluso años) intentando vendérnosla. Yo al menos no se la voy a comprar.

del 4 al 15   Leave a comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 23 de septiembre de 2013)

4. Pablo Aguilar. El hombre-Guadiana de esta selección, no precisamente por culpa suya sino porque quienes podían guadianearle le guadianearon convenientemente a lo largo de todo el Torneo. No les negaré que yo en un principio tenía una cierta prevención con Aguilar, siendo como era el jugador más inexperto en lides internacionales de este equipo (junto con Rey) y el que más fácilmente podía pagar la novatada. Pero dicha prevención se me fue quitando en cuanto vi que aportaba minutos de calidad, que no le temblaba el pulso en ataque y que (quizá gracias a ser el cuatro más cuatro de la rotación) hacía un trabajo más que socorrido en defensa, guardando las espaldas de Marc o Xavi cada vez que éstos salían a defender y acudiendo cumplidamente en su ayuda cuando era menester. Todo lo cual debería haberle supuesto que se fueran incrementando sus minutos y sin embargo le supuso todo lo contrario, de hecho llegó hasta el punto de que cuanto mejor lo hacía menos jugaba: si le salía un partidazo luego desaparecía de la rotación en los dos siguientes, si hacía un magnífico segundo cuarto ya no volvía a tocar bola el resto del partido… Y así sucesivamente. Doctores tiene la santa madre iglesia, es bien sabido que los entrenadores ven cosas que permanecen ocultas para el resto de los mortales, supongo que eso es lo que habrá sucedido también en esta ocasión. Pero a mí al menos me queda la sensación de que Pablo Aguilar ha llegado para quedarse. Quizá no quepa en el equipo de 2014 (si vuelven Pau, Felipe y/o Ibaka) pero si todo va normal debería tener plaza asegurada a partir de 2015. Esperemos acontecimientos.

5. Rudy Fernández. Depende de dónde hubieras puesto el listón. Quienes lo pusieron en que Rudy tenía que ser el Navarro de esta selección se habrán llevado un chasco, Rudy no está a día de hoy para desempeñar ese papel (¿y quién lo está?), mal que nos pese. En cambio quienes lo pusimos en base a su última temporada en el Madrid podemos sentirnos moderadamente satisfechos ya que Rudy ha mejorado con creces las prestaciones que ofreció en su año en blanco. Es decir, al menos parece haber puesto fin a su sempiterna pelea con el aro, ya las mete, quizá no tanto como a tantos les gustaría pero las mete (y a veces en condiciones francamente difíciles, además), lo cual no es poco si recordamos su desempeño en la pasada Final de Liga. Y aunque no las meta Rudy se ha ganado ya a pulso a estas alturas que dejemos de valorarle sólo por lo que mete o por lo que deja de meter (pausa valorativa), Rudy es más que eso, Rudy es agresividad en defensa, intensidad, rebote, cabe incluso preguntarse dónde estaríamos a estas alturas si no fuera por el chorro de rebotes defensivos que ha cogido durante toda la competición. Que sí, que a veces le entra la tontería y desespera al más pintado, que a más de uno nos salió espuma por la boca en la prórroga ante Francia, aquellos 20 segundos que se tiró botando allí parado sin mirar a nadie para al final acabar tirándose aquel melón (aunque en su descargo habremos de reconocer que cosas aún más inverosímiles ha metido alguna vez), que cuando se le cruza el cable y se mete en piques resulta insoportable, que todo lo que usted quiera… pero que con todo y con eso estaremos de acuerdo en que ha sido de lo más valioso que hemos tenido en este Eurobasket. No es el Rudy que un día fue ni aún menos el que un día pensamos que sería, pero creo que vuelve a estar (por fin) en el buen camino. O será que puse yo el listón demasiado bajo, no sé…

6. Sergio Rodríguez. Todo el mundo desata por lo general filias y fobias, a cada minuto de cada partido cada jugador genera elogios desmedidos a la par que críticas furibundas… pero quizá en ninguno de ellos se haga tan patente esa bipolaridad como en Sergio Rodríguez. Entre los chachofóbicos que le consideran el culpable de todos los males y los chachofílicos que le consideran el sumo hacedor de todos los bienes debería haber un término medio, y en ese mismo término medio debería intentar situarme yo si no fuera por el pequeño detalle de que (probablemente ustedes ya lo sepan) soy mucho más de chachofilia que de chachofobia. Es decir, creo que mucho de lo bueno que le ha sucedido a la selección en este Torneo ha sido gracias a Sergio, creo que ha creado juego más que ningún otro base (Ricky porque se perdió en el empeño, Calde porque no le dejaron), que ha alimentado a sus compañeros más que nadie (que luego las metieran o no ya es otra historia), que incluso ha defendido más de lo que solía y que cuando no ha encontrado a quién dársela se la ha jugado con la plasticidad, eficacia y agresividad de cara al aro rival que viene siéndole habitual. Y creo además que en más de una ocasión fue sentado indebidamente cuando estaba en pleno trance, que se le racionaron en exceso los minutos, que actuaciones como la que protagonizó en el cruce ante Serbia deberían disipar todas esa dudas que los chachoescépticos puedan aún tener… Amor de fan, dirán ustedes (y con razón, no lo niego), y me dirán también que en los minutos finales ante Francia se dedicó a jugársela sin pasarla, que algunas metió pero demasiadas falló en ese delicado trance, todo lo cual a la larga resultó perjudicial para el equipo… Niego la mayor, como dicen los juristas (tampoco sé muy bien lo que quiere decir, pero queda bien decirlo): la primera opción de Sergio suele ser buscar el pase definitivo, si se encebolló (digámoslo así) en esos minutos fue precisamente porque no había pase alguno, porque todos sus compañeros estaban tapados, porque los mocetones franceses cerraban cualquier fuente de alimentación. A partir de ahí básicamente tenía dos opciones, o lanzar un pase errático al bulto que muy probablemente acabaría en las manos del rival o driblar y buscarse la vida, ya que los demás no se liberan tendré que liberarme yo. Y dicho y hecho, y pudo salir bien (y más de una vez salió bien), y a la postre salió mal porque nadie es perfecto, porque Francia es mucha Francia, porque no se puede luchar solo contra los elementos, porque no es fácil ser sublime sin interrupción. Pero asumió la responsabilidad cuando nadie la quería, y créanme que cuánto mejor nos iría (en la selección e incluso en la vida cotidiana) si hubiera más gente capaz de asumir de la misma manera esa misma responsabilidad. He dicho.

7. Xavi Rey. Por alguna misteriosa razón que no alcanzo a comprender, muchos presuntos aficionados de este país (el concepto presuntos aficionados vendría a englobar a todo ese público mayoritariamente futbolero que sólo se asoma al baloncesto cuando juega la selección, y que ni conoce a la mayoría de los jugadores ni sabe siquiera en qué equipo juegan) decidieron hacerle el blanco de sus chanzas, mofas y befas durante todo el Torneo, convirtiéndole incluso (para vergüenza propia y ajena) en esa cosa que ahora solemos llamar trending topic. Como si fuera un picapedrero o un destripaterrones al que hubieran puesto ahí sólo porque es grande y fuerte y no porque sepa jugar al baloncesto… Todo lo cual confirma una vez más lo atrevida que puede llegar a ser la ignorancia, tanto más en este país. Xavi Rey, no lo olvidemos, llegó a la selección aún convaleciente de una grave lesión, y durante la dichosa Ruta Ñ (que dios confunda) resultó manifiestamente claro que no estaba ni al cincuenta por ciento de su nivel. Pero según fueron pasando los partidos se le fue viendo mejor, mucho más asentado atrás y aportando también sus cositas en ataque gracias entre otras cosas a las asistencias que le proporcionaba su amigo y compañero de habitación Sergio Rodríguez, con quien solía coincidir en cancha. Qué quieren que les diga, su principal función era proporcionar minutos de descanso a Marc Gasol y creo que esa la cumplió con creces, de hecho lo único que lamento es que no tuviera más minutos para que así Marc hubiera podido tener más descanso de cara a los instantes finales. Pero me temo que ese aspecto no dependía ya de él…

8. José M. Calderón. Otra de misterio: por alguna misteriosa razón que se me escapa, Calde se ha convertido también en estos últimos tiempos en el blanco de las iras de cierto sector ultramontano de presuntos aficionados, que hablan de él en unos términos de desprecio que sólo recuerdo haber visto antes en los últimos años de Garbajosa. Como si pegara un atraco, como si viniera a la selección a llevárselo muerto, todas esas expresiones e incluso otras peores he tenido que leer yo en estos días, no necesariamente durante el Torneo sino que incluso antes de que empezara ya le señalaban de ese modo. Pues qué quieren que les diga, ojalá tuviéramos muchos atracadores como Calde en nuestras filas. Recuérdese que se ha tirado todo el Campeonato jugando en un puesto que no es el suyo ni por asomo, como si fuera lo mismo jugar de uno que de dos, como si el mero de tener buena mano en el tiro exterior te convirtiera ya en escolta. Y aún así ha hecho su trabajo lo mejor que ha podido, y hasta ha metido sus tiros exteriores en un porcentaje más que decente, todo lo cual no le ha evitado acabar señalado como uno de los principales responsables de la derrota ante Francia porque falló el tiro que pudo ser decisivo (se salió por muy poco) y porque en la prórroga no se le vio liberado en ningún momento, lo cual llevó a muchos a decir que se escondió. Repitámoslo una vez más, no es su puesto, yo desde mi ignorancia no creo que sea lo mismo subir el balón, repartir juego y luego buscarte espacios que tener que trabajarte esos mismos espacios antes de que te llegue el balón, no puede ser lo mismo cuando enfrente tienes a esos mostrencos galos taponando todas las vías de acceso… No, evidentemente Calderón no ha hecho un buen Eurobasket, eso ya lo sé yo. Lo que ya nunca sabremos es qué parte de responsabilidad fue de él y qué parte fue de quien se empeñó día tras día en que fuera lo que no es. Y aún menos sabremos ya lo que perdió también la selección a causa de ese mismo empeño…

9. Ricky Rubio. Empezó moviéndonos al optimismo, porque en defensa estaba tan hiperactivo como siempre (robando balones como sólo él sabe hacerlo) y porque en ataque ha añadido a su repertorio un tirito de cinco o seis metros saliendo del bloqueo que resulta ser sumamente eficaz. Todo lo cual está muy bien pero no deja de ser un mero espejismo porque Ricky sigue siendo un base, porque a un base por lo general se le pide que dirija al equipo y porque Ricky en esa función en particular fracasó estrepitosamente. Conducción errática, mucho bote inútil, mucho pase picado buscando al pívot que acababa estrellado contra las piernas del defensor, mucha penetración hasta la cocina buscando la bandeja o el pase abierto que acababa sin bandeja y sin pase y con Ricky saliendo de la cocina exactamente igual que había entrado (pero dejándose unos cuantos segundos de posesión en el empeño…) Hay un mal que suele a veces afectar a los bases europeos en NBA, que cuando vuelven para jugar con su selección parecen mucho peores de lo que parecen cuando les ves jugar allí (al propio Tony Parker le afectó este mismo mal durante unos cuantos años), témome que eso sea también lo que le esté pasando a Ricky. Personas que saben de esto bastante más que yo explicaban el otro día que la clave está en esas defensas ilegales que existen allí y no aquí, lo que posibilita que a la hora de circular Ricky encuentre muchos más espacios allí (recuérdese que también la cancha es más ancha) de los que acostumbra a encontrar aquí, a menudo con toda la defensa rival atiborrando la zona y cortando cualquier línea de pase interior. Sea por lo que fuere, resulta evidente que Ricky cada vez es más base NBA y menos base FIBA, lo cual (en lo que a nuestra selección respecta) resulta sumamente preocupante. Esperemos que (como a Parker) se le cure también con el tiempo.

10. Víctor Claver. Sin lugar a dudas, el jugador que más ha mejorado sus anteriores prestaciones con la selección… lo cual no es decir mucho, dado que sus anteriores prestaciones con la selección se limitaban a pelarse el culo en el banquillo y ejercer de espectador privilegiado de los encuentros, sin pisar jamás el parquet para otra cosa que no fuera la rueda de calentamiento. Claver ha sido un poco el Carlos Jiménez de esta selección (salven todas las distancias), el hombre-intangible, rebotes, defensa, trabajo aseado en general e incluso momentos muy puntuales de excelsa brillantez… fuera de los cuales ha vuelto a ser el jugador apocado que siempre conocimos, un tipo con una envidiable condición física y unas no menos envidiables aptitudes técnicas pero a quien le falla estrepitosamente el carácter. Sigue siendo el campeón mundial de encogimiento de brazo, el que rehúsa tiros abiertos para endosarle el marrón al compañero, total para que al final la bola le vuelva en peores condiciones y se acabe sacando de encima un mendrugo sin ningún sentido (y no sólo en la prórroga contra Francia sino en bastantes más ocasiones a lo largo del Torneo). Y sin embargo luego a veces le ves hacer una maravilla puntual que te hace exclamar ¡¡¡joder, pero si sabes hacer esto ¿por qué demonios no lo haces más a menudo?!!!, mero espejismo para volver de nuevo a las andadas pocos segundos después. No me interpreten mal, no fue ni de lejos lo peor de esta selección pero aún sigue siendo el jugador pasmado, pensé que el pasar un año fuera de casa le habría venido bien (como a tantos otros) en términos de espabile pero está claro que me equivoqué. Debería entender que esto es la jungla (y más en USA), que o comes o te comen, debería entenderlo de una puñetera vez pero me da la sensación de que ya empieza a ser demasiado tarde para eso.

11. Fernando San Emeterio. No hizo un buen año con Baskonia (no al nivel que nos tenía acostumbrados, al menos) y ello sirvió para que muchos cuestionaran su presencia en la selección, para que le pusieran como el típico ejemplo de jugador que va porque le toca ir (por su pertenencia al club, como si dijéramos) pero no porque realmente lo merezca. Y sin embargo una vez allí yo definiría su actuación con una sola palabra, infrautilizado. Un equipo que alineaba sistemáticamente un uno en el puesto de dos, un dos en el de tres y un tres en el de cuatro no fue capaz de aprovechar convenientemente a un (llamémoslo así) dos y medio como SanEme, alguien que te puede defender a los treses rivales mejor que (por ejemplo) Rudy o Llull y que en ataque (aún no estando en su mejor versión) tiene la agresividad suficiente para atacar el aro y el aplomo suficiente para (sin ser un tirador) jugársela cuando la ocasión lo requiere. Insisto, yo mismo que siempre fui muy de SanEme no sé si le habría llevado en esta ocasión… pero ir pa ná es tontería como dijo aquél, si finalmente le llevas le tienes que sacar partido. Quizás precisamente en detrimento de Llull…

12. Sergio Llull. Llull es el jugador arrebatado por antonomasia, la versión baloncestística de aquel ¡¡¡a mí el pelotón Sabino que los arrollo!!! que cuentan que popularizó la selección de fútbol hace casi un siglo. Llull salta a la cancha como si le fuera la vida en ello, a menudo no parece que esté jugando un partido sino que estuviera emprendiendo una cruzada, algo que muchas veces puede ser muy bueno (y que en tantas ocasiones le sirvió para salvar a su club, cuando corrían tiempos peores) pero que también en determinadas ocasiones puede resultar muy perjudicial. Llull a veces parece que estuviera peleado con el mundo (contra el mundo, más bien), puede hacerte una semifinal horrorosa ante Francia y luego ponerse a ensartar triples uno tras otro en el partido por el bronce ante Croacia, y en medio de todo ello ponerse a celebrarlo no como si hubiera conseguido una canasta sino como si estuviera exorcizando todos sus demonios interiores. De hecho ya no sé si parece que estuviera peleado con el mundo o consigo mismo, o si en su cabeza el mundo y él vienen a ser la misma cosa. Llull juega en el Madrid de base y aquí de escolta, y lo que con otros me parece francamente mal con él me parece francamente bien porque a mi Llull no me gusta de base, me gusta (en la medida en que me gusta) de escolta. Llull es el jugador arrebatado por antonomasia pero entre el arrebato y el atropello a veces sólo hay un paso, puestos a atropellarse prefiero que no lo haga de uno (que arrastrará a todo el equipo) sino de dos (que con un poco de suerte sólo se arrastrará a sí mismo). Y así anduvimos en este Eurobasket, de atropello en atropello hasta el arrebato final. Baloncesto visceral, es decir, no jugado tanto con la cabeza sino con las vísceras, desde las mismísimas entrañas. Baloncesto crepuscular, un poco al estilo de aquellos legendarios spaghetti westerns de Sergio Leone. Así es Llull, o lo tomas o lo dejas. Rechace imitaciones.

13. Marc Gasol. Siendo como era nuestro hombre-franquicia, estaba más que claro que los rivales habrían de intentar pararle por lo civil o por lo criminal. Vaya si lo hicieron, garrotazo y tentetieso, a cinco faltas por pívot tenemos unas cuantas para gastar así que apliquémonos a ello, si anulamos a éste habremos anulado también a casi todos los demás Tal cual. Marc aguantó el tipo, se fajó, encajó, sacudió también alguna vez de vez en cuando, resistió el embate a duras penas y acabó haciendo un gran campeonato (no excelso pero sí muy bueno) y entrando por méritos propios en el quinteto ideal del Torneo. ¿Qué le faltó para que todo fuera perfecto? Le faltó ayuda, le faltó que alguien llegara a donde no podía llegar, que si salía a defender el bloqueo de su par alguien le cubriera consistentemente las espaldas. Le faltó (vuelta la burra al trigo) descanso, a este ritmo de partidos (11 en 19 días, recuerden) y a este nivel de intensidad los excesos se pagan, vaya si se pagan, repasen los últimos minutos ante Grecia, Italia o Francia si les queda alguna duda. E incluso le faltó (ya puestos) algo de entendimiento con sus compañeros, acabar de saber dónde se la podía poner Sergio o (sobre todo) que los demás supieran dónde se la podía poner él. Detalles menores, en cualquier caso. Seamos realistas, con Marc fuimos bronce, perdimos cuatro partidos de muy mala manera pero fuimos bronce. Sin Marc, estoy convencido, no habríamos llegado siquiera a cuartos de final. Su mejor jugada, no les quepa la menor duda, la hizo el día aquel de julio en que anunció que finalmente estaría en Eslovenia con la selección. Todo lo demás vino ya por añadidura.

14. Germán Gabriel. A Germán le tocó el premio gordo del sorteo, un viaje de tres semanas a Eslovenia con todos los gastos pagados visitando Celje, Ljubljana y alrededores, con entrada garantizada para presenciar en primera fila todos los encuentros de la selección y con la posibilidad además de convivir en el día a día con todos y cada uno de sus jugadores. Cuántos lo quisiéramos. Claro que, puestos a querer, algunos de los que llevábamos años queriendo que Germán Gabriel fuera a la selección habríamos querido también que tuviera minutos significativos en ella, y cuando digo minutos significativos obviamente no me refiero a entrar en el minuto 38 cuando vas ganando de 30, me refiero a un poquito antes, al rato ese en el que todavía te estás jugando las habichuelas. Algunos (desde nuestra supina ignorancia, por supuesto) seguimos pensando que esa versatilidad de cuatro y medio de Germán podría haber causado estragos en más de un rival, ahora te destrozo la cintura con un juego de pies sin apenas comparación, ahora que te lo has creído te la clavo desde fuera, ahora… Ahora leches. Germán que es muy buen tío seguro que se lo habrá pasado bien y habrá disfrutado la experiencia, que habrá hecho equipo, se habrá echado unas risas y a la vez provocado que otros también se las echen, y hasta puede que (ya puestos) todo esto le haya servido también para hacer prácticas de cara a su futura carrera como entrenador. Todo eso está muy bien, qué duda cabe, pero seguro que usted y yo esperábamos otra cosa. Y él muy probablemente también, aunque ahora intente disimularlo.

15. Alex Mumbrú. Reconozco que no sé si fue antes el huevo o la gallina: no sé si la FEB le tiró los tejos para que volviera y él aceptó, o si más bien fue él quien se dejó querer diciendo que estaría dispuesto a volver hasta que la FEB aceptó. Sea como fuere, incluso a mí que nunca fui muy de Mumbrú me pareció bien su vuelta, al fin y al cabo venía a rellenar esa posición de tres en la que tenemos un agujero endémico, bienvenido fuera, seguro que al final acabaría pasándome como tantas otras veces en años anteriores, que primero eché pestes por su convocatoria y luego al final tuve que acabar reconociendo que su presencia le hacía mucho bien a la selección… Bueno, pues no. Esta vez no. Tampoco necesariamente por culpa suya, alguno se debe creer que por el hecho de que de vez en cuando postee a su defensor para hacer valer su superioridad física eso ya le convierte en un cuatro, ojalá fuera todo tan fácil pero la realidad es que Mumbrú tiene de cuatro lo que yo de monje cisterciense poco más o menos (ligera exageración). Y sin embargo casi no ha jugado de otra cosa, casi no ha tenido otro papel que dar relevos a Claver (que tampoco es necesariamente un cuatro) en esa misma posición, tanto más cuanto más ajustado estuviera el marcador y cuantos menos minutos quedaran, total para estamparse una y otra vez contra la cruda realidad de la vida (o contra la defensa rival, que viene a ser lo mismo). Aquella sucesión de balones perdidos en el último cuarto ante Francia fue la metáfora perfecta para demostrarnos que ni él estaba ya para estos trotes ni estos trotes estaban ya para él. Se le agradecen una vez más los servicios prestados, señor Mumbrú, pero creo yo que hasta aquí hemos llegado, esta vez de verdad. Fue un placer.

la táctica del cangrejo   7 comments

No entiendo qué nos pasa. No entiendo que tengamos ganada a Eslovenia y perdamos, que tengamos ganada a Grecia y perdamos, que tengamos ganada a Italia y perdamos. Somos el mejor equipo del mundo en el minuto 35, lástima que los partidos duren 40 (ó 45, a veces). No lo entiendo o no lo quiero entender, porque si me paro a intentar entenderlo mi escaso entendimiento me dice que estamos hechos una mierda, que nuestro estado físico (¿y psíquico?) no nos da para tanto, que acabamos sistemáticamente con la lengua fuera, que mientras remamos a favor de corriente vamos como la seda pero como se nos ponga el viento en contra no damos ya ni una palada en condiciones. No lo quiero entender porque si intento entenderlo me acabaré yendo a lo de siempre, a una pésima pretemporada, a la Ruta Ñ de los cojoñes, a una preparación física de la que no me atrevo a opinar porque no la conozco pero que a la vista de los resultados parece dejar mucho que desear. Ves al resto de equipos y acaban como deben, ves al nuestro y acaba echando espuma por la boca, bajando los brazos, pidiendo la hora. De verdad se lo digo, prefiero no entenderlo. Porque como lo entienda va a ser peor.

No entiendo que si te sacan de fondo en tu propia canasta, a dos segundos del final, pongas a Marc Gasol a defender sobre el que saca. Te puede salir bien, qué duda cabe, Marc ocupa mucho espacio y tapa casi toda la visión… pero si pasa el balón estás muerto. Si pasa el balón, llega al compañero y el compañero se va de su par, o tienes algo sólido ahí detrás o te van a clavar la bandeja. Nosotros no tenemos nada sólido en la posición de cuatro y aunque lo tuviéramos tampoco jugaría, jugaría Claver, incluso Mumbrú. Sólo Marc es sólido, y a Marc ya no le da tiempo a volver. Estás muerto.

No entiendo el small ball, tanto menos lo entiendo en un entrenador que fue pívot, toda la vida pensando que a los técnicos que habían sido pívots les encantaba jugar con pívots y hemos tenido que conocer a Orenga para conocer a la excepción que confirma la regla. Sí entiendo que tenemos al mejor center del Torneo (y tal vez del mundo entero) y a tres de los mejores bases del Torneo, y que cojeamos en todo lo demás. Pero que eso nos lleve a jugar sistemáticamente con un uno en la posición de dos, un dos en la posición de tres y un tres en la posición de cuatro me parece sumamente discutible. Cosas así te pueden funcionar de manera puntual pero es difícil que funcionen de manera sistemática. Pueden ser una saludable excepción, pero de ninguna manera deberían ser la regla. Yo lo veo así, evidentemente no soy técnico sino un mero aficionado así que pueden echármelo en cara cuantas veces gusten (y harán muy bien, además). De hecho doctores tiene la santa madre iglesia que opinan lo contrario, en estos casos siempre recuerdo aquella vez que George Karl juntó sobre la cancha de los Bucks a Sam Casell, Ray Allen, Glenn Robinson y Tim Thomas en un partido de playoffs; se lo criticaron y él se defendió citando a su maestro Dean Smith, no te empeñes en poner a un jugador por posición, empéñate en poner buenos jugadores, algo que me puede parecer perfectamente válido para un baloncesto universitario en el que las posiciones no suelen estar tan marcadas ni los físicos tan trabajados. ¿En el baloncesto profesional? Ojalá lo fuera, juntaríamos a la vez a todos los jugones y muy probablemente nos divertiríamos más. Pero la realidad por desgracia va por otro lado, la realidad te demuestra que un equipo así es un equipo descompensado. Si lo haces una vez puedes pillar al rival por sorpresa, si lo haces siempre eres previsible, se te ve venir de lejos. A nosotros se nos ven las carencias de lejos, de muy lejos. Y así nos va.

No entiendo (yendo más a lo particular) el desperdicio de poner a Calderón de dos. Ricky (o Sergio), Calde y Rudy juntos, y a Calde que se le pide que haga de Navarro (como si eso estuviera al alcance de cualquiera), y Calde que a veces está abierto y mete sus tiros, lo cual está muy bien, pero que otras veces se le ve más perdido que el alambre del pan de molde porque no sabe qué hacer ni para dónde ir, porque no es su sitio, porque su verdadera querencia le lleva a pedir el balón y subirlo, porque está acostumbrado a defender bases pero las pasa putas ante escoltas (tanto más cuanto más agresivos y penetradores sean), porque tal vez sea ya demasiado tarde para aprender a interpretar otro papel. A costa de querer aprovechar a nuestros tres bases estamos desaprovechando a uno de ellos, casualmente el más consistente, experimentado y cerebral que tenemos. Y ya sé bien que muchos no estarán de acuerdo, sé bien que el Frente Anti-Calderón se va haciendo más y más grande cada día que pasa, que ya no están de moda los bases como él, sé bien que en Dallas pusieron el grito en el cielo con su fichaje y que incluso las encuestas dijeron que habrían preferido a Brandon Jennings (que se lo pregunten a Nowitzki, a ver qué opina), sé bien que en estos tiempos se lleva más el ruido pero pensé que Orenga sería más de nueces, que valoraría más la consistencia que la espuma. Ya no estoy tan seguro.

Como tampoco entiendo (soy duro de entendederas, obviamente) que a la caída en desgracia de Germán Gabriel le suceda ahora la caída en desgracia de Pablo Aguilar. Si no entendía ya qué nefando crimen había cometido el primero aún menos entiendo ahora de qué demonios se acusa al segundo. Como no tenemos cuatros, nuestra única solución pasa por dejar en el banquillo a los dos únicos cuatros que tenemos. ¿Qué nos queda? Pues nos queda Claver que no es un cuatro (aunque hace las veces, de hecho lleva haciéndolas toda la vida) y nos queda Mumbrú que es aún menos cuatro que Claver. ¿Que muchos equipos te juegan con cuatros abiertos? Pues claro, cuatros abiertos pero cuatros al fin y al cabo, que lo mismo se te abren para clavártela como te atacan el aro o te la lían por dentro en cuanto se les presenta la ocasión. Esto es como aquello que dicen los futboleros de la manta corta, que por tapar una cosa acabas destapando todas las demás; que eres Marc o Xavi, te vas a defender el famoso pick & roll central y por detrás no queda nadie que te cubra las espaldas; o que si luego toca pelear por el rebote probablemente tengan que hacerlo los exteriores, porque quienes deberían hacerlo o les pilla lejos o no están sobre el parquet… El mundo al revés.

En resumidas cuentas, que no entiendo a qué aspiramos jugando así, cagándola así, acabando los partidos así. El miércoles me sentaré a ver el partido contra Serbia y aunque nos pongamos 40 arriba (utopía irrealizable) pensaré que no es bastante, que total qué más da si en los últimos minutos nos lo van a remontar. Contra la táctica del conejo que inmortalizó el añorado Manel Comas nosotros hemos inventado la táctica del cangrejo, que vendría a ser exactamente lo mismo sólo que exactamente al revés. Lo que viene siendo ir de culo, para entendernos. La táctica del conejo es la que a nosotros nos hacen casi todos los demás. Estamos aconejados, sencillamente.

re(in)ventando a Marc   3 comments

Existe una peculiar corriente de opinión en nuestro periodismo deportivo, representada básicamente por aquellos que acaso se acercaran al baloncesto a partir del boom de los ochenta (o antes incluso) pero que luego ya sólo han vuelto a nuestro deporte de año en año, en las hipotéticas finales europeas del Madrid o en los sucesivos torneos internacionales de la selección. Dicha corriente, que podríamos denominar Juanmorismo en honor a su más fiel (pero no único) representante, sostiene que las rotaciones están matando este juego. Ellos conocieron un baloncesto en el que los cambios sólo se hacían por necesidad, porque el jugador se lesionaba o porque se metía en faltas, en ningún caso por cuestiones tácticas ni aún menos para darle descanso, por dios qué ocurrencia, hasta ahí podíamos llegar. Los buenos han de jugar sí o sí, permanecer sobre la cancha así llueva o truene o haga sol, así hasta que revienten o hasta que el parquet se hunda bajo sus pies. Verdad verdadera.

Evidentemente no deben saber que el baloncesto ha cambiado un poquito desde entonces. Que hoy se juegan muchísimos más partidos (y muchísimo más duros) que entonces, que aquel juego de finos estilistas devino (degeneró dirían algunos, tal vez con razón) en este otro juego de fajadores en el que el físico demasiadas veces acaba siendo más importante que el talento. Si quieres que el jugador te llegue fresco al momento culminante del partido tendrás que haberle dejado descansar antes, no digamos ya si además quieres que te llegue fresco al momento culminante de cada competición. Lo saben desde Popovich a Aíto, desde George Karl (que fue casi quien las trajo) a Joan Plaza, desde Krzyzewski a Obradovic, lo sabe (y lo practica) a día de hoy prácticamente todo dios. Pero ellos (nuestros juanmoristas) erre que erre, te sacan números de la NBA (en bruto, sin aplicar porcentajes, sin recordar que allí son 48 minutos y aquí 40), si Fulano juega allí tanto a ver por qué aquí no puede jugar cuánto, sin reparar en que la intensidad de la temporada regular NBA (obviamente los playoffs son otra historia) no puede compararse a la de (por ejemplo) este Eurobasket, allí puedes jugar partidos un día sí y otro también pero pasas tres cuartos y medio al trantrán y luego si eso ya te pones, aquí puedes jugar partidos un día sí y otro también y tener que aplicarte desde el primer minuto de la primera fase como si no hubiera un mañana. Allí rotas, los buenos te jugarán más minutos (que porcentualmente son casi los mismos) pero rotas. Aquí también, por una mera cuestión de supervivencia. Aunque algunos no lo entiendan.

Juan Antonio Orenga, entrenador moderno donde los haya, está rotando a sus chicos hasta la extenuación. Tanto los está rotando que a día de hoy no creo que haya nadie en su sano juicio capaz de establecer quién es el uno, el dos, el tres y el cuatro titular de nuestra selección. ¿El cinco? El cinco sí, cómo no, creo que hasta mi sobrina de año y medio sabe ya que nuestro cinco titular es Marc Gasol, faro, lumbre y guía de este equipo, probablemente el mejor pívot de la NBA a día de hoy que es tanto como decir el mejor pívot del mundo a día de hoy. Marc es el puto amo, se lo ha ganado a pulso, tanto se lo ha ganado que Orenga no ve llegar el momento de prescindir de sus servicios, el resto si promedian 20 minutos es por equivocación pero Marc promedia 36, no hace falta echar muchas cuentas, 34 aguantó contra Croacia (ahí seguía en cancha bien entrados ya los minutos de la basura) y 38 ante Eslovenia, 38 durísimos minutos fajándose, encajando, embistiendo y aguantando a su vez las embestidas de los Begic, Vidmar y compañía. A costa de haber dado lo mejor que tenía en los minutos previos, Marc Gasol llegó literalmente fundido al momento de la verdad. El juanmorismo estará contento.

¿Por qué hace esto Orenga? ¿Acaso porque es un firme convencido de estas teorías y piensa que los buenos tienen que jugar hasta que revienten (y si no lo hace con los demás es porque todavía no acaba de tener claro quiénes son los buenos)? Pues no. Orenga mantiene a Marc en cancha por la sencilla razón de que no se atreve a sentarle, porque el mero hecho de pensarlo siquiera le hace entrar en pánico. No es ya que Orenga tenga confianza ciega en Marc (y quién no), es que tiene confianza cero en cualquiera que pueda entrar en su sustitución. En Xavi Rey, por ejemplo. Xavi no es Marc, lo cual no tiene nada de particular porque nadie (excepto Marc) es Marc, Xavi no lo es como tampoco lo serían Felipe o Ibaka si estuvieran con la selección. Xavi no es Marc pero es que casi no es ni Xavi tampoco, me explico: este Xavi Rey está a años luz del mejor Xavi Rey, de aquel que vimos y disfrutamos en los primeros meses de la pasada temporada. No es culpa suya, tuvo una grave lesión, no diré (porque no tengo elementos de juicio para decirlo) que se haya precipitado su reaparición pero lo que sí tengo claro (de hecho llevo pensándolo desde la presunta fase de preparación) es que está totalmente fuera de punto, que no alcanza ni siquiera al cincuenta por ciento de su nivel habitual. Y Orenga lo sabe, probablemente lo sabía ya cuando le convocó. Y aún así le llevó. Y ahora no se atreve a ponerle. Reconocerán que para este viaje no nos hacían falta alforjas.

Y sin embargo Orenga aún parece creer más en ese cincuenta por ciento de Xavi Rey que en el cien por ciento de Germán Gabriel. ¿Se acuerdan de Germán Gabriel? Sí, aquel de quien Sainz de Aja decía que era el mejor de entre los Júniors de oro de Lisboa, aquel a quien sus compañeros de entonces llamaban Yogui, aquel a quien luego sucesivos técnicos fueron derivando hacia la posición de cuatro pero que tenía y aún tiene hoy un juego de pies que debería ser la envidia del mundo entero, aquel por el que (habré de confesarlo) siento una especial debilidad desde hace ya unos cuantos años. Puede que ya no lo recuerden (casi ni yo mismo lo recuerdo) pero créanme que Germán Gabriel forma también parte de esta selección, como tal fue convocado, como tal se tragó entera la Gira Ñ (y a veces hasta la jugó, incluso), como tal supuestamente viajó a Eslovenia, no nos consta que haya sido secuestrado por un grupo terrorista ni que haya sido abducido por los extraterrestres así que habremos de suponer que allí sigue, no sé si en calidad de jugador o de entrenador asistente (que el título lo tiene) pero allí debe estar todavía. No, él tampoco es Marc, no las pasaría menos putas que Rey en defensa pero aportaría cosas distintas en ataque, movilidad, cintura, muñeca, frescura, versatilidad. Y minutos, otro puñadito de minutos para que el Gasolito nos pudiera reposar un poco más…

Esto es así. Nos pasamos meses y meses diciendo que tal o cual jugador está ya para la selección, que debería ir convocado sí o sí, que sería el ideal para ocupar el hueco que habrá de dejar éste o el otro… pero luego llega la hora de la verdad y o bien no nos atrevemos a convocarlo (véase Nacho Martín) o bien le convocamos pero no nos atrevemos a ponerlo. Y mientras tanto seguimos reinventando la (no) rotación de Marc, que es tanto como decir que seguimos reventando a Marc. Lo peor no es ya que ayer llegara hecho unos zorros al final por no haber descansado antes, lo peor es que ese partido ante Eslovenia pueda acabar convirtiéndose en una metáfora del Torneo. Que Polonia, Chequia y (sobre todo) Georgia no nos vayan a regalar nada, que en la (presunta) segunda fase aún menos, que por no tener descanso ahora acabe llegando hecho unos zorros a (por ejemplo) cuartos de final. El juanmorismo estará encantado de que así sea, todo lo que sea promediar menos de cuarenta minutos les parecerá poco, luego cuando vengan mal dadas ya le echarán las culpas al empedrao. Pero yo que no soy juanmorista no pienso esperar tanto, yo soy casi más de curarme ya en salud, o damos descanso a Marc ahora o lo acabaremos pagando después, al tiempo. Dicho queda.

el Mejor   1 comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 31 de mayo de 2013)

De alguna manera es un salto cualitativo. Hasta ahora habíamos mandado a nuestras criaturas a hacer las américas, hasta ahora nos habíamos sentido orgullosos de ellos (incluso de aquellos que más pronto que tarde hubieron de volverse con el rabo entre las piernas), hasta ahora habíamos presumido de tener a uno de los mejores jugadores interiores de la NBA (caso de Pau), algún año también pudimos presumir de tener a uno de los mejores bases de la Liga (caso de Calde) y aún a veces nos lanzamos al ruedo y presumimos de tener a uno de los tíos con más y mejor futuro de esa competición (caso de Ricky). Pero eso, siempre en plural, nunca en singular. Siempre uno de los mejores, nunca el mejor. Nunca… hasta hoy. Hoy ya sí. Por fin.

Acaso piense que me estoy refiriendo a Marc Gasol, y en ese caso habré de reconocerle que evidentemente está usted en lo cierto. Acaso crea que me estoy refiriendo a su reciente nombramiento como Mejor Defensor del Año, y en ese caso habré de decirle que está usted absolutamente equivocado. Pero antes de que se me tire al cuello al grito de ya está aquí el tocahuevos éste tirando por tierra nuestros magníficos logros a escala internacional, permítanme al menos que me explique: yo no le habría dado a Marc Gasol ese premio al Mejor Defensor, y no se lo habría dado por pura coherencia personal, porque ya en alguna ocasión despotriqué acerca del hecho de que de un tiempo a esta parte la NBA sólo reparta dicho galardón entre los pívots como si sólo ellos defendieran, como si defender bien fuera sólo intimidar, plantificarte allí en medio de la zona y poner tapones, como si cualquier otra manera de parar reglamentariamente a un rival no mereciera ser tenida en consideración. Antaño fueron Ben Wallace o Mutombo, más recientemente (reiteradas veces) Dwight Howard, el pasado año Chandler, éste Marc, más pronto que tarde lo será Ibaka. Créanme que nadie estará más contento que yo (igual es posible, más es difícil) por el hecho de que a nuestro Gasolito le haya caído en gracia este premio, pero una cosa es eso y otra no reconocerle que yo tal vez se lo habría dado antes al abrasivo LeBron James o en su defecto a cualquiera de los machakas que pueblan esa Liga, quién sabe si a su mismísimo compañero Tony Allen. Es un premio raro éste de Defensor del Año, tan raro es que hasta puede suceder que el Defensor del Año no forme parte del Quinteto Defensivo del Año, cualquier año sucederá (precedentes hay al respecto) que el MVP de la Liga no forme parte del Quinteto Ideal de la Liga, si algo así pasara en ACB se nos llevarían los demonios (de hecho ya se nos llevan sin que pase), en cambio allí nos cuentan que es que son votantes diferentes, mire usted, y sólo con eso ya nos parece de lo más normal. Somos así.

Ahora bien, es posible que usted con su natural perspicacia aprecie una contradicción entre mi satisfacción del primer párrafo y mi discrepancia del segundo, así que déjeme que le explique: no creo que Marc Gasol sea el Mejor Defensor de la Liga, pero sí creo firmemente que es (no uno de los mejores, sino) el Mejor en otro aspecto muy concreto de dicha Liga. Marc, permítaseme el atrevimiento, es a día de hoy el mejor cénter puro de la NBA. Repito, cénter puro, o pívot puro o cinco puro si así lo prefieren. Repito una vez más, a día de hoy.

Escribí esto mismo en Twitter hace algunas semanas y por si acaso me curé en salud, por si acaso empecé advirtiendo que no soy precisamente de aquellos que suelen pecar de chauvinismo, no me fueran a linchar. Y contra todo pronóstico no me linchó nadie, contra todo pronóstico casi todo dios me dio la razón, si acaso alguno prefirió puntualizar que lo sería igualado con Fulano o que estaría al mismo nivel que Mengano, pudieron encontrarle alguno a su altura pero nadie, nadie por encima. Nadie a día de hoy, insisto en ello, hace apenas un año aún le situábamos en tercer lugar pero hoy aquellos dos primeros clasificados andan desaparecidos o en vías de desaparición: Andrew Bynum no ha vuelto a jugar ni tan siquiera un segundo desde entonces, sumido al parecer en una peculiar convalecencia que no le impide viajar por todo lo largo y ancho de este mundo ni participar en los más variopintos saraos, inclúyanse tablaos flamencos y demás antros y garitos de la noche madrileña cuando es menester. En Philadelphia estarán contentos. Y el inefable Dwight Howard prosigue su interminable viaje hacia la insignificancia, hace años creyó haberse convertido en Supermán y a día de hoy no nos consta que haya vuelto a bajar a la Tierra, con que se hubiera preocupado un poco menos de sus músculos y un poco más de sus fundamentos ya le habría bastado para convertirse en un pívot absolutamente incomparable, no fue el caso, en su lugar prefirió enredar, ahora me apetece cargarme este entrenador, ahora ser el amo de este equipo, ahora ya me he cansado de estar aquí y me quiero ir allí que hay más playa, ahora me vuelvo a cambiar que es que allí hace demasiado calor, durante años le rieron las gracias como a todo niño malcriado que se precie pero ya cansa, cansa a los aficionados y acabará cansando hasta a las franquicias más pacientes a este paso. Qué desperdicio.

Ausentes (o algo así) Bynum y Howard, ¿quién queda? Vale, sí, la NBA ha incluido a Marc en su segundo mejor quinteto, lo cual habría de significar que para los votantes sí que hay un cinco mejor que Marc; and the winner is… Tim Duncan. Pues vale, pues será así si usted lo dice pero yo creo que eso es trampa, qué quiere que le diga. Algunos conocimos a Duncan hace ya casi veinte años (tópico al canto, madre mía, cómo pasa el tiempo, si parece que fue ayer), cuando el Plus nos ofreció unos pocos partidos de temporada regular de Wake Forest para que viéramos a nuestro Ricardo Peral; recuerdo que nos recomendaron que nos fijáramos sobre todo en Randolph Childress (excelso chupón, de quien luego poco más se supo) pero nuestros ojos se nos fueron de inmediato hacia aquel pívot novato recién llegado de Islas Vírgenes que parecía ya entonces la mismísima reencarnación de Olajuwon, sin duda habría heredado su trono de haber caído en cualquier otra franquicia pero fue a parar a San Antonio por obra y gracia del más afortunado sorteo del draft que recuerdan los tiempos. Sucedió que allí ya estaba desde tiempo inmemorial David Robinson lo cual le obligó a moverse a la posición de cuatro, cuatro y medio si así lo prefieren, y en ello sigue desde entonces. Tim Duncan puede ser eventualmente un cinco, hasta podría ser un seis o un siete si dichas posiciones existieran pero lo que sí es full time es un cuatro, no un cuatro cualquiera sino acaso el mejor cuatro de toda la historia de este juego. No me lo comparen pues con Marc, no procede, en lo que cincos respecta Duncan está fuera de concurso.

¿Otros? Obviamente el kilo de cinco bueno va bastante caro en estos días, obviamente la demanda supera con creces a la oferta. Podríamos meter en la comparación a Joakim Noah, ya saben, el hombre arrebatado por antonomasia, pura garra, cuajo, carácter… pero que en lo tocante a talento creo yo que está algún pueblo por detrás del segundo de los Gasoles. O a su ex compañero (de Noah, me refiero) en Florida, Al Horford (¿no sería también cuatro y medio?), o a ese pobre Andrew Bogut al que las lesiones le han dejado en menos de la mitad de lo que fue. ¿Quién más? Ese Monroe que es seda pura pero al que quizá le falte un hervor todavía, ese Cousins que podría ser lo que él quisiera si no fuera por esa cabeza que parece un sonajero, ese Varejao que fue a lesionarse justo cuando mejor estaba, ese Brook López que apenas parece tener sangre en las venas… ¿Todavía alguien más (recuerden, cincos puros, sucedáneos abstenerse)? ¿Tyson Chandler, DeAndre Jordan, JaVale McGee, Omer Asik? ¿¡¡¡Kendrick Perkins!!!? (Vale, está bien, ya lo dejo…)

Y aún quedaría uno que nos es muy familiar en estos días (y a quien me he dejado fuera a propósito con la sana intención de dedicarle párrafo aparte), Roy Hibbert, un sujeto por el que confieso tener una particular debilidad desde sus ya lejanos tiempos en Georgetown, un sujeto que además tiene en común con Marc una fascinante historia de superación personal: a ambos les sobra estatura para jugar de lo que juegan pero ambos también, por tipología física (el uno por exceso, el otro por defecto), tuvieron muy mal pronóstico en sus comienzos. Hoy Hibbert ya es la imponente presencia interior que yo siempre pensé que sería, un pívot que pudo alguna vez dejarnos fríos en temporada regular pero que está alcanzando su consagración definitiva en estos playoffs. ¿Significa ello que esté al nivel de Marc? No, en mi opinión. Significa simplemente que es muy bueno y será aún mejor, como lo será el propio Marc, como lo será Noah, como lo será cualquier jugador que tenga una mínima inquietud por prosperar en su profesión, como no lo será Howard si no cambia ni Bynum si no madura (física y mentalmente). Lo que ocurra en el futuro no podemos saberlo ni falta que nos hace, con el presente tenemos ya más que de s0bra. Y el presente nos dice que hoy por hoy Hibbert es un obstáculo casi insalvable en defensa que cada vez se mueve más y mejor en ataque, pero que con todo y con eso no creo que tenga aún la movilidad ni los fundamentos técnicos ni la capacidad de pase ni el conocimiento del juego ni el toque suave de muñeca que atesora nuestro Marc. Opinión personal, creo que alejada de cualquier chauvinismo (aunque no soy la persona más adecuada para juzgarlo). No obstante son ustedes muy dueños de pensar lo contrario, faltaría más.

Habría estado bonito un duelo a siete partidos Hibbert-Marc en la Final de la NBA, pero por ahora nos vamos a quedar con las ganas. Marc Gasol está ya de vacaciones, acaso pensándose si va a la selección o si se toma un verano sabático (o acaso teniéndolo ya decidido y callándose astutamente). Sea como fuere el futuro es suyo, entre otras cosas porque suyo es también el presente. Marc Gasol es a día de hoy el mejor cinco puro de la Liga, no es que lo diga yo que no soy nadie sino que lo dicen ya hasta en USA, de hecho parece haber mucho más consenso en esto que en lo del Mejor Defensor. Todo lo cual, como diría un señor de cuyo nombre no quiero acordarme, me llena de orgullo y satisfacción. Genuino orgullo, inmensa satisfacción. Que sea así por muchos años.

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