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realidades paralelas   2 comments

Realidad A: téngase un modesto club ubicado en la esquina noroeste del mapa, uno de esos que se ven obligados a reinventarse cada temporada, que fichan y fichan y vuelven a fichar suplentes ajenos, desechos de tienta, temporeros varios, criaturillas recién salidas del cascarón que emprenden cada verano el camino de Santiago no tanto para obtener el jubileo como para revalorizarse y/o relanzar su carrera, luego una vez que lo hacen si te he visto no me acuerdo, adiós muy buenas, fue un placer. Los peregrinos de este verano se llamaron Xanthopoulos, Durand Scott, Muscala, Delas, Minnerath, sobre sus frágiles hombros la responsabilidad de borrar el recuerdo que dejaron Kendall, Hummel, Mejri, Buford, de borrar incluso el recuerdo del gran Andrés Rodríguez, luego pídale a todos ellos que funcionen desde el primer día, pídale a Moncho Fernández que de ahí saque un equipo desde el primer día como si no hubiera pasado nada, otro acaso le diría que los milagros casi mejor pídaselos al Santo, él en cambio se pone y lo hace, saldrá mejor o peor pero lo hace, podrá tardar más o menos pero lo hace, vaya si lo hace, a las pruebas me remito.

Realidad B (nunca mejor puesta dicha letra): téngase otro club pero éste ya ubicado en la esquina nordeste del mapa, éste ya no modesto sino grande entre los grandes, tan grande que incluso es más que un club, la mera definición de club hace ya muchos años que se le quedó pequeña. Un club que cuando se reinventa no lo hace por necesidad sino por vicio, es lo que pasa cuando tienes el dinero (del fútbol) por castigo, que se te antoja Spanoulis y Teodosic y McCalebb y la madre que les parió y te vas a por todos ellos como si no hubiera un mañana, puede pasar que todos ellos te digan que no pero ello no habrá de arredrarte en absoluto porque aún podrás fichar a lo más florido y granado del panorama continental, Lampe, Nachbar, Dorsey, Papanikolaou, Pullen, la de dios, claro que siempre habrá algún tocapelotas que te dirá que dónde vas con tanto cuatro cuando se suponía que estabas buscando un base, que dónde vas con Pullen cuando se suponía que estabas buscando un (verdadero) base, es bien sabido que la tocapelotez es una cualidad inherente al ser humano, somos así, algunos nos empeñamos en ver cromos repetidos donde deberíamos ver un plantillón inmarcesible, no tenemos remedio…

Ahora bien, ¿qué sucede cuando ambas realidades paralelas se entrecruzan? [Ya sé que en el colegio nos explicaron que dos líneas paralelas nunca llegan a juntarse pero recuérdese que esto es deporte, nuestras realidades no se rigen por las leyes de la física, aquí todas las líneas (aún por muy paralelas que sean) se cruzan al menos un par de veces por temporada] En condiciones normales a nadie podría extrañarle que la realidad B aplaste a la realidad A, sobre todo si tenemos en cuenta que todo el equipo A cabe (en términos económicos) en un solo jugador del B. Claro que también puede pasar que no haya aplastamiento y el equipo B se limite a ganar sin excesos al A, mera faena de aliño, a cubrir el expediente y a otra cosa mariposa. Por pasar puede pasar incluso que A gane a B, no es fácil que el pez chico se coma al grande pero tampoco es imposible, al fin y al cabo un mal día lo tiene cualquiera. Lo que ya no suele pasar de ningún modo, lo que ya no cabe en cabeza humana es que A no se limite a ganar a B sino que se dé incluso el gustazo de humillar a B. Y sin embargo…

Y sin embargo la historia nos contará que el pasado sábado 23 de noviembre la realidad A, por otro nombre Obradoiro o simplemente Obra (también Río Natura-Monbús, pero me permitirán que prescinda de apellidos publicitarios para la ocasión), se permitió el lujo de humillar a la realidad B, por otro nombre Fútbol Club Barcelona o simplemente Barça. Hasta ahí los hechos, pero si usted no los vio es muy posible que además (y por el mismo precio) me demande una explicación. Pues qué quiere que le diga, ya me gustaría poder dársela. Ya me gustaría poder explicar el hecho de que aquellas criaturillas compostelanas  parecieran un señor equipo mientras que en cambio las rutilantes estrellas blaugranas parecían poco menos que una banda, ya me gustaría saber cómo demonios explicar que (por poner un solo ejemplo) un tipo como Óscar Junyent que ya andaba por allí cuando Naismith colgó las cestas de melocotones le pintara la cara a una leyenda viva del basket europeo como Ante Tomic, también de paso a sus amigos según iban pasando por allí; ya me gustaría poder explicar que a ratos pareciera que el único que tiraba del carro de aquel Barça fuera Abrines, precisamente Abrines, nada más y nada menos que Abrines…

Dirán en Can Barça que tienen coartada, cómo no habrían de tenerla, siempre ha de haber un empedrao para echarle la culpa, siempre tenemos una excusa para cada ocasión. Dirán que volvían de Belgrado, de ganar sobradamente en un feudo otrora inexpugnable como es la Pionir; dirán que estaban extenuados por tan gran esfuerzo y tan largo viaje (no quiero ni pensar si en vez de en jueves hubieran jugado en viernes), que no se puede estar a todas, que acaso el precio que tengas que pagar por ganar en Serbia sea palmar luego en Galicia tres días después. Dirán que tienen muchos nuevos (¿y Obradoiro?), que apenas les ha dado tiempo a conjuntarlos, que algunos llegaron con el tiempo justo y sumamente cansados tras el Eurobasket, que así no hay manera. Dirán que con tanto partido apenas les queda tiempo para entrenamientos (como si eso en esa casa fuese algo nuevo), que apenas tuvieron dos días para preparar lo que Obradoiro se tiró preparando una semana entera. Dirán misa en arameo si es preciso, quién sabe si apelarán incluso al socorrido maltrato arbitral (precedentes hay al respecto), podrán decir lo que quieran pero probablemente se les pasará por alto un pequeño detalle: un grande puede perder pero no puede perder así, de ningún modo, ni aún por muchas excusas que tenga. Un Barça puede caer como cayó en Bilbao, faltaría más, pero de ningún modo puede dar la patética imagen que dio en Santiago.

Un Barça puede tener (y de hecho tiene) una gran plantilla, que además tenga un gran equipo ya es otro cantar. Un Barça puede gastarse el dinero (del fútbol) a espuertas, ya otra cosa es que además sepa cómo y en qué se lo gasta. Te das el lujo, compras jugadores contrastados, la flor y nata del basket europeo, todo eso está muy bien pero a veces entre estar contrastado y estar ya de vuelta sólo hay un paso y algunos ya parecen haber empezado a darlo (mención especial para Nachbar en ese aspecto). Como sólo hay un paso entre tener la cabeza fría y ser un pichafría (mención especial para Nachbar, de nuevo), como sólo hay un paso entre tener la cabeza caliente y que esa misma calentura al final se te vaya de las manos. A algunos ya nos pareció en verano que meter a dos tipos como Lampe y Dorsey en el vestuario del Barça era como meter al zorro a cuidar las gallinas (dicho sea con todos los respetos y sin ningún ánimo peyorativo, líbreme el cielo), en este caso además dos zorros por el precio de uno. Por ahora no me consta que hayan provocado ningún incendio de puertas adentro pero parecen siempre a punto de provocarlo de puertas afuera, jugadores al borde de un ataque de nervios como si dijéramos. O quizá no, o será acaso que les miro con malos ojos, no lo voy a negar: miro a Lampe y veo a un tipo de calidad excelsa que se cree siempre mucho más importante que el equipo en el que está, sea éste cual sea; miro a Dorsey y veo a un jugador físicamente imponente pero que apenas ha evolucionado desde aquel otro que conocí hace seis años en Memphis (Universidad de), más allá de ponerse músculo; aquellos Tigers (entre los que estaba un tal Derrick Rose) perdieron una final universitaria por su manifiesta incapacidad para atinar con los tiros libres, basta ver hoy a Dorsey para comprobar que no aprendió nada de aquella experiencia. Si además de físico tuviera baloncesto las franquicias NBA se estarían pegando por él, si además de físico y baloncesto tuviera también algo de seso (sin equis, no se confundan) no le veríamos por Europa ni de visita. No es el caso, me temo.

¿Qué más? Marcelinho constreñido, Sada en decadencia (según se le van yendo las virtudes se le van apreciando más las carencias), Navarro aún convaleciente, Tomic en lo suyo, júntenlo con Nachbar y tendrán la pareja con más talento y menos sangre del Continente. Oleson y Lorbek lesionados (que estará por ver cuándo y cómo vuelven, sobre todo el segundo), Todorovic y (en su caso) Herzonja infrautilizados, al menos parece que Pascual ya perdió el miedo de poner a Abrines (a la fuerza ahorcan), veremos lo que le dura. Y Pullen, Pullen que no es un base (o no es lo que yo entiendo por un base), Pullen que es más dos que uno y que además va por libre, se lo das a un modesto a razón de treinta minutos por noche y lo mismo le arregla la temporada (o se la acaba de hundir), se lo das a un Barça y te preguntas qué demonios pinta allí. Dirá el barcelonismo que para este viaje no hacían falta alforjas, para utilizar a Pullen de revulsivo tiratriples en situaciones desesperadas mejor habrían hecho en quedarse con Jasikevicius que estará mayor pero es casi de la familia, y que además las mete cuando es menester. Dirá el barcelonismo que a ver qué sentido tuvo pasarse todo el verano buscando un base para acabar trayéndose un sucedáneo, para acabar tirando con lo que ya tenían, un Sada ya de vuelta y un Marcelinho que a estas alturas ya ni sabe lo que es.

Pero no es sólo cuestión de jugadores, no vayan a pensar. Saben que el juego de este Barça se me hace bola, por lo que vengo leyendo por ahí sospecho que no soy el único. No es de hoy ni de ayer, son años así, años en los que las victorias y los títulos enmascararon una especie de engrudo de difícil digestión. Hubo (por ejemplo) un Barça triomfant 2009/2010 que arrasó toda la temporada, que se llevó Copa y Euroliga y que no se llevó finalmente la Liga por la gracia de SanEme, quizás hoy muchos recuerden con nostalgia aquellos resultados pero no estará de más recordar que su filosofía de juego era exactamente la misma, este Marcelinho encorsetado que vemos hoy es exactamente ese mismo Ricky escayolado que veíamos entonces, ese del que no entendíamos que no diera un paso al frente cuando quizá no le dejaban darlo. Aquel Barça ganó títulos pero dejó efectos colaterales, la caída en picado de asistentes al Palau Blaugrana no habrá sido el menor de ellos, resulta muy socorrido echarle todas las culpas a la crisis pero quizá deberían recordar que el espectáculo también lleva espectadores, miren a su odiado rival si les queda alguna duda. Muchos se limitan a hablar de defensa, demasiadas veces se dice que Xavi Pascual es defensivo pero yo no concibo esa razón, Xavi Pascual será defensivo en la misma medida en que otros entrenadores también lo son ya que todo buen juego parte de una buena defensa. La verdadera cuestión no es la defensa sino el no soltar las riendas en ataque, ese tener al equipo permanentemente atado en corto, esa manifiesta incapacidad de cambiar el ritmo, ese baloncesto tan (generalmente) eficaz como gris, espeso, pegajoso. Las penas con pan son menos, el aburrimiento si ganas te lo perdonan pero como un día dejes de ganar estás perdido. Tengo a Xavi Pascual por un gran entrenador, jamás me habrán leído otra cosa, tiren para atrás en este blog y encontrarán múltiples pruebas al respecto. Tengo a Xavi Pascual por un gran entrenador, pruebas más que sobradas ha dado de ello (recuérdense sin ir más lejos las dos últimas finales ACB)… pero que me guste o no ya es otro cantar.

En cualquier caso no creo que el barcelonismo deba hacer un drama de todo esto, no todavía al menos, no al menos en lo que a resultados respecta. Hace ahora más o menos un año las cosas no eran tan diferentes, baste con recordar que el Barça empezó la Liga 2012/2013 perdiendo en casa contra el Valladolid (¡¡¡el Valladolid!!!), que en fechas posteriores tuvo alguna otra derrota no menos dolorosa, que anduvo en apuros hasta para meterse en la Copa… y que una vez llegó a la Copa la ganó con solvencia, que ya puestos hasta se metió en la Final Four euroliguera y que hasta le forzó el quinto al Madrid en la ACB (y apuntito estuvo de llevársela), todo lo cual fue visto por muchos como una bendición del cielo, si lo comparaban con cómo habían empezado la verdad es que no pudieron acabar mejor, recuérdese incluso que hasta hubo algún iluminado de la acera de enfrente que aprovechó la coyuntura para proclamar a los cuatro vientos que lo hicieron aposta, que tiraron a propósito la temporada regular para así reservar fuerzas para los playoffs. No descarten que este año se repita la historia, el deporte tiene sus tiempos, esto es muy largo, ni el Madrid podrá mantener eternamente su actual nivel de excelencia ni al Barça le durará demasiado este nivel de miseria (entre otras cosas porque ya hará lo que sea para mejorarlo, tirando de chequera si es preciso). Madrid y Barça son también realidades paralelas en cierto modo, el tiempo dirá si llegarán a cruzarse o no.

Y eso sí, mantengamos siempre bien presente que los equipos (aún por muy grandes que sean) nunca pierden solos. Para que un grande la cague de ese modo contra un pequeño no basta con que el grande lo haga todo mal, también hace falta que el pequeño lo haga todo bien. Siempre me dio rabia esa prensa deportiva que explica las derrotas del Madrid o el Barça sólo en base a los errores cometidos por el Madrid o el Barça como si la derrota sólo fuera culpa suya, como si enfrente no hubiera también un rival. Siempre me dio rabia esa prensa deportiva y sospecho que hoy no he hecho más que ponerme a su altura, y por eso siento rabia de mí mismo. Sirva al menos este último párrafo de reconocimiento a Corbacho, al jugador antes conocido como Freire (o sea, Rafa Luz), a Dewar y Pumprla (nunca sé cómo escribirlo), a todos los que ya fueron mencionados anteriormente y por supuesto, cómo no, a ese Moncho Fernández que tras su reputada imagen de cascarrabias esconde un extraordinario entrenador en su interior. En apenas una semana volverán a su cruda realidad, a esa pelea por la permanencia (si es que algo queda en la ACB del concepto permanencia) o por volver a rondar las mieles del medio de la tabla, tanto dará porque lo que ya nadie les podrá quitar será el recuerdo de aquel día en que su realidad se fue a cruzar con la del Barça. O para ser más exactos, del día aquel en que su modesta realidad se llevó por delante a la opulenta realidad del Barça. Nada menos.

la Copa en 16 sorbos   1 comment

1. Cada derrota del Madrid hace aflorar el Frente Anti-Laso (en adelante FAL). Permanecen los miembros del FAL ocultos en sus madrigueras días y días, pueden permanecer así hasta semanas y semanas, meses y meses escudriñando el horizonte, esperando pacientemente hasta que las circunstancias les sean propicias, hasta que llega el día en que comete un mínimo descuido y entonces, zas, dentellada certera a la yugular. Vale, puede que el símil me haya quedado un poco exagerado pero así es como yo lo veo, fue perder el Madrid contra el Barça (que el Madrid en su ámbito doméstico sólo pierde contra el Barça, precisamente contra el Barça, también es casualidad) y emerger de nuevo todos aquellos que salieron en manifestación tras su nombramiento, probablemente esos mismos que hace unos meses preferían que el Madrid perdiera la Liga con tal de que Laso no siguiera, les salió el tiro por la culata porque la perdió y aún así siguió, algunos todavía no se habrán recuperado de la impresión. Va el Madrid líder en Liga y Euroliga pero tanto da, podría incluso ganar ambas competiciones que tanto daría, lo que pierda será culpa de él, lo que gane será a pesar de él. Definitivamente el madridismo (algún madridismo) tiene razones que mi razón no entiende. Ni falta que me hace, por supuesto.

2. Hace muchísimos años, un presidente de gobierno de este país dijo que el único miedo que no nos podemos permitir es el miedo al miedo mismo. Lo dijo y se quedó tan ancho, probablemente ni él mismo sabia qué quería decir pero vio que quedaba bien y lo soltó, ahí va eso. Y sin embargo el otro día me acordé yo de esa fase viendo jugar a Llull y sobre todo recordando aquellas declaraciones suyas de ese mismo día en El País, ésas en las que afirmaba no conocer el miedo, tal cual. Qué duda cabe, está muy bien no tener miedo, el miedo es un sentimiento paralizante que está contraindicado en cualquier actividad humana, no digamos ya en la faceta deportiva. Pero puede que aún peor que el miedo sea el miedo a tener miedo, que por huir del miedo acabemos convirtiendo el atrevimiento (positivo) en temeridad. Llull hizo buenas sus palabras contra el Barça, su apedreamiento del aro rival en los minutos postreros (contraindicado con las necesidades de su equipo) demostró con creces que efectivamente no tenía ningún miedo. Pero un poco de prudencia quizá no le habría venido del todo mal.

3. Yo soy más chachista que llullista, aquellos que lleven años leyéndome ya me lo habrán notado (demasiadas veces, incluso). O acaso sea yo de un llullismo muy particular ya que Llull me gusta como jugador pero no como director de juego, ya saben, debate interminable entre los que le consideran un base y los que no, yo entre ellos. Mi llullismo está condicionado, mi chachismo en cambio es incondicional… lo cual no me impide apreciar sus defectos: ha mejorado en defensa pero aún le cuesta pasar los bloqueos, tanto más si éstos te los pone una especie de globo aerostático de dos por tres con el que mejor harías en saltarlo o incluso en pasar por debajo de sus piernas porque rodeándolo no vas a llegar a tiempo, ni de coña. Sergio Rodríguez puede ser un problema puntual en defensa pero a cambio te ofrece infinidad de variantes en ataque, desde luego muchas más de las que te proporciona Llull Sin Miedo (que básicamente se reducen a dos, la opción bombardeo sin piedad y la opción venda en los ojos, también llamada a mí el pelotón que los arrollo). Por una vez (y esperemos que no sirva de precedente) Laso priorizó los defectos defensivos del Chacho sobre sus virtudes ofensivas, le mantuvo sentado un largo rato en los minutos decisivos mientras dio barra libre a Llull, con los resultados que todos conocemos. Puede que a estas horas aún esté arrepintiéndose de ello.

4. En el cercanías camino del trabajo, en los corrillos de pasillo, en el bar del desayuno no se hablaba de otra cosa. Sí, créanselo, ni fútbol ni leches, por una vez el baloncesto de clubes era el tema del día en aquella mañana de viernes (en lo deportivo, que en lo no-deportivo hay demasiadas historias estos días contra las que no podemos competir), lo cual me llenó de moderada satisfacción. Sí, moderada porque no me llamo a engaño, porque demasiado bien sé que si el partidazo televisado con dos prórrogas no hubiera sido el Madrid-Barça sino el Valencia-Estu (utopía irrealizable, me temo) no se habría acordado de él ni la madre que le parió, más allá de sus respectivas aficiones. Asumámoslo, en este país de fútbol y de Madrid-Barça nuestro deporte sólo existe cuando es capaz de reproducir en su seno el modelo futbolístico imperante. Resignémonos, consolémonos pensando en lo que podría haber sido aquello si la ACB y/o TVE se hubieran atrevido a llevarlo al prime time, o si en vez de jueves hubiera sido miércoles…

5. ¿Y por qué no era miércoles? No, no se conformen con la respuesta obvia (¡pues porque era jueves!), vayan un poco más allá. Los jueves está el Cuéntame, está El Barco, está hasta José Mota, en cambio los miércoles no diré que no haya nada porque algo habrá pero ni comparación, de hecho este miércoles por no haber no había ni fútbol, sólo la selección y a esas horas ya había acabado más que de sobra… ¿No habría merecido la pena intentarlo? ¿No habría sido un puntazo ese Madrid-Barça eliminatorio en la noche del miércoles, a las 22:00 pongamos por caso? ¿No merecería la pena (independientemente de todo lo anterior) que los cuartos de final en vez de ser jueves-viernes fueran miércoles-jueves, dejando así además un día de descanso reparador a los equipos que van por el lado débil del cuadro? Sí, ya lo sé, un día más de hotel, más gastos… pero creo que los beneficios compensarían los perjuicios más que de sobra. Piénsenlo.

6. Total que el Barça-Madrid valió por partido y medio y luego ya para compensar el Baskonia-CAI se nos quedó en medio partido, el que se jugó hasta el descanso. 1,5 + 0,5 = 2, es decir, hasta ese momento llevábamos la cosa más o menos equilibrada. Pero resultó luego que de dos cuartos de final previstos para el viernes sólo tuvimos uno, resultó el sábado que de dos semifinales previstas sólo hubo una (o ni eso siquiera, más bien tres cuartos), resultó el domingo que la Final se nos quedó apenas en media final… Me las prometía yo muy felices el jueves a las nueve y pico de la noche, pensaba entonces que mis temores eran infundados pero apenas tardé un rato en darme de bruces contra la cruda realidad. Lo dicho, esto ya no es lo que era… o acaso sea yo el que ya no soy lo que fui. Eso va a ser.

7. Acaso pensaran que no podían ganar la Copa estando de prestado en la ACB, que el mero hecho de intentarlo sería ya un atrevimiento viniendo de LEB, un poco como aquella selección de Dinamarca que osó ganar una vez la Eurocopa de fútbol sin haberse clasificado siquiera para jugarla. Acaso llegaran ya acomplejados a Vitoria y lo de English no hizo más que darles la puntilla o tal vez no, tal vez llegaran con buen ánimo y fue el entripao de su referente el que hizo que se les cayera el alma a los pies. Y una vez en los pies ya no la recogieron, claro, total para qué. Estudiantes no compareció en el Buesa o más bien lo hizo en cuerpo pero no en alma, el alma se quedó en el hotel a la vera de English para hacerle compañía en el lecho del dolor (o en la taza del váter, no sé). Tanto largar yo aquí de equipos que entienden la Copa como un fin y no como un medio, que se conforman con llegar y no intentan ir más allá… y al final he tenido que escribirlo hasta de quien jamás pensé que tendría que escribirlo, quién me lo iba a decir.

8. Una vez acabada la jornada del viernes alguien escribió en Twitter que no le sorprendía en absoluto la victoria del Granca sobre el Bilbao Basket porque que gane el que mejor juega es lo normal. Ojalá fuera todo tan fácil. Probablemente el Granca hiciera el mejor baloncesto de la Copa (que es tanto como decir de toda la ACB), del mismo modo que el Granca probablemente fuera la plantilla menos fuerte de las ocho que compitieron (o así) en Vitoria. Gracias a lo primero pasó una ronda y está tercero en liga, por desgracia lo segundo no le permitió ni le permitirá ir mucho más allá. Hoy no faltan iluminados que proclaman que el Granca se conformó con ganar al fin un partido y que se borró para la semifinal. Permítanme que discrepe totalmente: el Granca es lo que es y tiene lo que tiene; gracias a ser lo que es llegó hasta donde llegó, gracias a tener lo que tiene (o más bien a no tener lo que no tiene) difícilmente podrá aspirar a mucho más. Demasiado hizo.

9. Lo normal de cualquier competición deportiva sería una dinámica similar a la que rige para cualquier composición narrativa, ya saben, aquello de planteamiento-nudo-desenlace: un crescendo de emociones empezando por unos buenos cuartos de final que fueran preparando la atmósfera para unas magníficas semifinales que a su vez sembraran el caldo de cultivo para acabar desembocando en una extraordinaria final, algo así. ¿Se imaginan una novela o una película en la que el clímax se alcanzara ya en su primera escena y luego el resto de la trama fuera languideciendo sin remedio hasta el final? La ACB, también en eso, es el mundo al revés. No les echo la culpa porque no creo que haya culpables, esto está montado así y no hay que darle más vueltas. Pero es así.

10. Anda el madridismo (sector tangencial, es decir, esa inmensa mayoría futbolera que sólo ve a su equipo de baloncesto cuando juega contra el Barça) haciéndose cruces con Tomic estos días, ayer mismo sin ir más lejos me pedía uno una explicación, pero vamos a ver, pero cómo es posible, pero si era un pichafría, pero si… Pues vaya usted a saber, a lo mejor es el clima, que ese clima mediterráneo de Barcelona se parezca mucho más al de su Duvrovnik natal y eso le haga más feliz, nada que ver con estos fríos y estas sequedades que nos gastamos tierra adentro; o a lo mejor lo que le hace más feliz es estar en un equipo con muchos más sistemas orientados hacia los pívots, viniendo como viene de otro equipo mucho más pensado para el juego exterior… pero no, qué malpensados somos, cómo habría de ser eso. Será el clima, seguro.

11. No suelo llevarme bien en estos últimos tiempos con esas designaciones coperas de MVP hechas generalmente a matacaballo desde la improvisación: a falta de cinco minutos, mientras estás pendiente de un partido que acaso ni siquiera esté resuelto y del que tienes que hacer la crónica (eso cuando no lo estás contando en directo), te ponen un papelito para que votes deprisa y corriendo y claro, así pasa, que en lugar de pensar a quién votas y luego votar lo acabas haciendo al contrario, primero votas para salir del paso y después te lo piensas, véase Itu ayer sin ir más lejos. Pete Mickeal hizo una buena Copa pero no una gran Copa, se salió ante el Madrid (¿qué extraño mecanismo se activa en el cerebro de esta criatura cada vez que juega contra el Madrid?) y luego estuvo bien, sin más. Pero puestos a escoger (y aún con las evidentes limitaciones de un equipo tan coral) permítanme que yo me quede con Marcelinho. Desde que Pascual le ha aflojado las riendas (o desde que se ha soltado él, no sé) es otro jugador, y su equipo lo agradece y sus compañeros lo agradecen aún más si cabe. Es a quien yo habría votado pero claro, yo juego con ventaja, yo he podido pensarlo (tampoco mucho, que ya saben que no es mi fuerte) antes de escribir esto. Otros no tuvieron esa oportunidad.

12. En las horas previas a la Final, me asaltó una duda (sí, a veces me pasan estas cosas): ¿Qué equipo llegaría más fresco, el Barça tras dos partidos muy exigentes pero habiendo tenido un día de descanso, o el Valencia tras dos partidos muy cómodos pero no habiendo tenido descanso alguno? La Final dejó muy clara la respuesta, sin lugar a dudas: esa dinámica de jugar el viernes a las 21:30, luego el sábado a las 21:30 y finalmente el domingo a las 19:00 es mortal de necesidad (aún por apacibles que fueran sus duelos previos), tanto más si tu plantilla es más corta (o menos larga) que la de tu rival. No, no puede llover a gusto de todos pero quizá sí se podría intentar canalizar esa lluvia de algún modo… para lo cual me remito nuevamente a lo expresado en el sorbo número 5.

13. ·Existe por ahí una corriente de opinión que considera que para mejorar el baloncesto y recuperar los tanteos de antaño la clave sería que los árbitros pitaran todo lo habido y por haber, que sancionaran cualquier contacto por mínimo que éste fuera, lo cual al parecer redundaría en que los defensores se lo pensaran mucho más a la hora de defender. A ver: no niego yo que una cosa así no pudiera funcionar a medio/largo plazo (aunque a corto plazo sería un coñazo) siempre y cuando ese criterio se aplicara en todas las ocasiones y no sólo cuando a los árbitros se les pusiera en la punta del pie: ayer, por ejemplo. Ayer hicieron eso tan típico de hoy para que no se nos escape el partido vamos a pitar todo lo que veamos, pero todo todo. Y dicho y hecho, y a ellos no se les escapó el partido, se nos escapó a nosotros. Sí, me dirán que pitar muchas faltas es otra buena manera de aumentar los tanteos porque así hay más tiros libres pero qué quieren que les diga (sé que alguno me linchará por lo que voy a escribir a continuación), prefiero un partido a sesenta puntos dejando jugar que uno a noventa puntos que se pare cada dos por tres. Baloncesto interruptus no, por favor.

14. Algunos opinadores nos intentaron vender ayer que el título copero del Barça, viniendo como venía de un séptimo puesto al final de la primera vuelta, era una sorpresa. Pues no. Sorpresa sería que la hubiera ganado el Valencia, que la hubiera ganado el Baskonia, no digamos ya que la hubiera ganado el Granca. Venga desde donde venga, un título del Barça nunca puede ser una sorpresa como nunca podría serlo el del Madrid aunque pasara como octavo. Reconozcámoslo, la crisis (e incluso la injusta distribución de derechos televisivos en según qué deportes, también) ha abierto mucho más la brecha entre estos dos y el resto: pueden flojear durante un tiempo puntual pero cuando llega la hora de jugarse los títulos a un lado están ellos (aún por mal que estén) y al otro el resto de la humanidad. Asumámoslo, es así.

15. O eso o que lo hicieran aposta, claro. No, no lo digo yo (que a mí jamás se me ocurriría siquiera insinuar chorrada semejante), lo dice hoy bien clarito en su columna uno de los periodistas deportivos más prestigiosos (¿?) de este país (y uno de mis demonios familiares, también), el ínclito Juan Mora: “El Barcelona es ahora campeón de Copa, mientras el Madrid se lame sus heridas. No encuentro mejor explicación para entender semejante metamorfosis, que para el Barcelona el valor de la Liga en su fase regular sea cero. Al final todo se reduce a quedar entre los ocho primeros. ¿Para qué, entonces, desperdiciar energías y esfuerzos en algo que no vale de nada? Ha sido el más listo“. Es decir, todo aquello de palmar estrepitosamente en casa ante Blancos de Rueda u Obradoiro, todo aquel hundimiento ante Estudiantes, todo aquello fue a propósito, qué sutil estrategia, qué supremo ejercicio de inteligencia. Acabáramos. El Madrid haciendo el panoli ganando partido tras partido y el Barça en cambio dosificando sabiamente sus derrotas, total a quién le importa ser primero o ser séptimo si habíamos quedado en que la fase regular no sirve para nada, ¿verdad, señor Mora? Claro que si según usted lo del Barça en ACB fue de listos, entonces aplicando ese mismo razonamiento habremos de convenir en que lo del Barça en Euroliga fue de tontos, a quién se le ocurre, ganar partido tras partido echando el resto en la primera fase, total para pasar luego en igualdad de condiciones al Top16. ¿O es que acaso la primera fase euroliguera tiene mucha mayor trascendencia a efectos clasificatorios que la temporada regular ACB? Me lo explique.

y 16. Y es que hay periodistas y periodistas. El viernes en plena Copa nos dejó para siempre uno de los buenos, uno que creó escuela escribiendo de baloncesto desde su Málaga, uno cuya web fue un referente incluso en aquellos tiempos en los que casi ninguna web acostumbraba aún a ser un referente. Paco Rengel nos dejó a esa edad en la que nadie debería aún dejarnos (una edad que me resulta extrañamente familiar) y lo hizo predicando con el ejemplo, haciendo aún periodismo hasta casi el final del final. Este deporte, incluso esta vida, ya difícilmente volverán a ser lo mismo sin la energía y el entusiasmo que tantas veces nos transmitió Paco Rengel. Descanse en paz.

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