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a propósito de Orenga   4 comments

Se lo advertiré de antemano: no es mi estilo linchar entrenadores, no lo ha sido nunca, no lo va a ser tampoco en esta ocasión. Si usted ha empezado a leer esto con la idea de encontrarse un linchamiento de Orenga lamento decepcionarle, éste no es su sitio, seguro que en cualquier otro blog encontrará algún texto que se adecue mucho mejor a sus deseos. Intentaré hacer un repaso mesurado, seguro que no me saldrá nada complaciente pero de ahí al linchamiento debería haber un trecho (o espero que lo haya). Avisados quedan.

Empecemos por lo bueno (o por lo que yo considero bueno) de Orenga, que haberlo haylo aunque no siempre lo parezca. Creo sinceramente que Orenga reúne dos requisitos básicos, los conocimientos y la capacidad adecuada para transmitirlos. Así se lo leí a Alfred Julbe (que le conoce bien porque le entrenó en Cáceres), que en lo tocante a cultura táctica nadie tuviera duda alguna al respecto. Y así se lo he leído también a muchos otros en estos días. No dudo de sus saberes, y aún menos de su capacidad para enseñarlos. Hace algún tiempo Orenga estuvo una temporada entera comentando partidos de NBA en Canal Plus, y durante todas esas madrugadas pudimos comprobar dos cosas manifiestamente evidentes: 1) que no tenía ni puñetera idea de NBA, y 2) que eso apenas importaba (o al menos a mí apenas me importaba, a otros no sé) porque lo suplía con amplios apuntes técnicos. Astutamente le pusieron casi cada noche al lado de iñaki Cano Jr., peculiar narrador que sabe aún menos de NBA (y no digamos ya de baloncesto) y cuya principal preocupación durante los partidos suele ser fijarse en las caras de los espectadores de las primeras filas para ver si reconoce a alguno. Era tal su ignorancia (y sigue siéndola) que Orenga adoptó con él una actitud profesoral, casi paternal, explicándole a menudo por qué determinado jugador se iba por este lado y no por aquel otro, por qué determinados bloqueos estaban bien o mal hechos, por qué determinadas posiciones defensivas tenían más o menos sentido. Acostumbrados como estábamos a algún iluminado que a la hora de comentar partidos rara vez hablaba de otra cosa que no fueran marcas de zapatillas, créanme que resultaba un soplo de aire fresco que de repente alguien te hablara de baloncesto. Aunque casi ni conociera siquiera a esos mismos jugadores de los que estaba hablando.

Esa misma aptitud pedagógica pudimos comprobarla también en el Eurobasket Sub20 de Bilbao 2011. La abundancia de partidos televisados y la proliferación de tiempos muertos con micrófono incorporado nos permitió descubrir a un Orenga pausado, mesurado incluso en las broncas, terriblemente didáctico. Más que un entrenador dirigiendo a jugadores parecía un profesor dirigiéndose a sus alumnos. Pensé entonces (y aún sigo pensándolo ahora) que esa habilidad a la hora de transmitir conocimientos le convertía en un técnico ideal para el baloncesto de formación… lo cual no significaba que hubiera de serlo también para el baloncesto profesional de alto nivel. No diré que esto sea como en USA (que NCAA y NBA son dos mundos completamente diferentes, razón por la cual resulta siempre tan difícil que un entrenador que ha triunfado en el primero triunfe también en el segundo), pero algo de eso hay también aquí. No necesitas las mismas cosas para enseñar a chavales que para entrenar a adultos, no te comunicas de la misma manera con unos que con otros, ni siquiera regañas igual a unos o a otros. Si tienes ya una dilatada experiencia en el campo profesional probablemente puedas adaptarte a trabajar con chavales (como tantos otros que acostumbran a dar ese mismo paso cada verano), si sólo has trabajado con chavales estará por ver que puedas adaptarte a trabajar en el baloncesto de alto nivel. Podrás, no digo yo que no, pero necesitarás un tiempo de adaptación. Si vienes de cuidar gatos y te echan a los leones, no va a ser fácil que te hagas ya con ellos el primer día…

Orenga evidentemente había tenido ya una experiencia en el baloncesto adulto. Pero como si no. Orenga entrenó durante apenas tres o cuatro meses al Estudiantes, allá por la campaña 2005/2006, pero no hará falta que yo les recuerde que aquello acabó como el rosario de la aurora. Y ya está, hasta ahí su experiencia como técnico-jefe en el baloncesto de alto nivel (todo lo de alto nivel que pueda considerarse al Estu), desde entonces ya no tuvo otro contacto que no fuera su labor como asistente de Scariolo. Que dicho sea de paso y ya que estamos en confianza, me van a permitir una maldad: siempre tuve la sensación durante todos estos años de que Scariolo pasaba de él. Es decir, yo no conozco el día a día de la selección, es posible que fuera de la cancha fueran uña y carne y que hasta compartieran habitación, no digo yo que no. Yo sólo veía lo que sucedía en la cancha, que Scariolo apenas hablaba con él (ni él con Scariolo), que veías al técnico italiano consultar con casi todos sus asistentes excepto con el ex pívot castellonense, que hasta llegué a tener la sensación de que le ninguneaba (o era el propio Orenga quien se ninguneaba a sí mismo, no sé). Ahí tenías a Orenga a un costado del banquillo como un pasmarote, como si le hubiera puesto allí el ayuntamiento (la Federación, más bien), con la mirada perdida mientras todo lo relativo al baloncesto iba sucediéndose a su alrededor. Eso me pareció durante estos años pero vamos, tampoco me hagan mucho caso, serán manías mías…

Scariolo

Viajemos ya al presente. A toda la pedagogía de Orenga estrellándose contra la cruda realidad de la vida. Lo diré una vez más, no es de recibo ir ganando partidos con esa claridad, 8, 10, 14, 15 puntos de margen, y que te los remonten sistemáticamente; te puede pasar alguna vez, pero no todas. No es de recibo que todos, absolutamente todos los finales igualados que tengas los pierdas; te puede pasar alguna vez, pero no todas. Nuestra selección en este Eurobasket sólo supo ganar por aplastamiento, abrumando a rivales incautos para impedirles cualquier atisbo de remontada. Pero cuando dio con rivales de su talla la cosa cambió, de entrada intentó aplicar la misma táctica pero cuando el contrario decidió que ya estaba bien y se puso también a jugar se nos vino el mundo encima, como si no tuviéramos reparo en abusar de los pequeños pero nos diera miedo enfrentarnos con los de nuestro tamaño, como si no estuviéramos preparados para jugar de igual a igual. Ahí nació nuestra táctica del cangrejo (como la del conejo, solo que al revés) aunque también podría haberle llamado la táctica de la tortuga, ya puestos: encerrados en nuestro caparazón mientras por fuera nos arreaban los golpes. Encerrados en pases erráticos que no iban a ningún sitio (¿verdad, Ricky?), en posesiones agotadas sin saber cómo, en tiros desesperados sin ventaja ni posición, en jugadores que se escondían y brazos que se encogían sin saber muy bien por qué. Encerrados en el dos para Calderón, el tres para Rudy y el cuatro para Mumbrú, ¡¡¡para Mumbrú!!!, encerrados en un Marc reventado de antemano, asfixiados en nuestra propia demolición física; sumidos en un ataque de pánico que viajaba de la cancha hacia el banquillo (o viceversa) y se traslucía de inmediato a aficionados, espectadores y lo que es peor, a todos esos rivales que se habían visto muertos y que ahora de repente descubrían que los muertos éramos nosotros, que ahí nos tenían además ofreciéndoles el cuello a su entera disposición para que acabaran de asestarnos la dentellada en la yugular…

En defensa no tengo queja, o no demasiada. De más a menos como todo lo que hemos hecho en todos los partidos del Torneo, pero manteniendo más o menos la dignidad. En ataque sí, en ataque tengo todas las del mundo. Nuestro ataque era un caos, un descalzaperros, una casa de tocamerroque como diría el eximio narrador plusero Guillermo Giménez. Caos controlado en los partidos buenos y en el principio de los malos, caos absoluto en casi todo lo demás. Parecía como si en defensa hubiera orden y concierto pero en ataque se practicara el juego libre, pura improvisación. Que está muy bien, que si el rival te deja tú improvisas, mueves rápido el balón, buscas al hombre abierto y queda precioso, pero que si el rival decide que también quiere ganar (hay que ver cómo son) pues entonces a lo mejor necesitas algo más, algún sistema que no lo confíe todo al libre albedrío. Nosotros no parecíamos tener más sistema que el bloqueo del pívot al base en lo alto de la bombilla para luego generar juego a partir de ahí; que vale, que es lo que hace básicamente todo dios, pero que de tanto hacerlo llega un momento que el rival se lo sabe y a lo mejor entonces necesitas algo más, tener otras opciones, plantear otras cosas… No sé, probablemente tuviéramos también un completísimo libro de jugadas, no digo yo que no, pero si así fuera nos esforzamos concienzudamente en disimularlo. Que no parezca que tenemos nada pensado, no vaya a ser que el rival se lo aprenda.

Claro que no todo es culpa de Orenga, evidentemente. Orenga no tiene la culpa de su inexperiencia, Orenga sobre todo no tiene la culpa de que alguien aún conociendo esa misma inexperiencia decidiera que era la persona ideal para este cargo. A Orenga le ofrecieron el puesto y lo aceptó, cómo no habría de aceptarlo, a ver qué habríamos hecho usted o yo si nos hubieran ofrecido un puesto así (que si quieren perfil bajo créanme que el mío es ínfimo, ahí lo dejo caer por si les pudiera interesar); no te preocupes, si ya sabes lo buenos que son, si se entrenan solos, si con que estés allí y pongas el careto es más que suficiente. Esa es la teoría, puede que sea también la práctica pero sucede que a veces no basta con eso, sucede que en determinadas ocasiones tienes que tomar determinadas decisiones. Ese es el problema, la toma de decisiones. Orenga no ha entrenado jamás a este nivel de presión, Orenga por ejemplo no ha dirigido jamás ni un solo partido de playoffs en toda su vida, Orenga a lo más que llegó fue a dirigir tres meses a un equipo de patio de colegio y algún verano a una panda de chavales a quienes apenas seguimos cuatro gatos, y ahora de repente vas y le pones a dirigir con el agua al cuello y todo un país detrás, que hasta parece que se acabara el mundo con cada derrota. Si Orenga se hubiese curtido durante unos pocos años en ACB ó incluso LEB no me habría chirriado verle ahí. pero poner al frente de todo un equipo nacional a alguien que casi no ha entrenado a ningún equipo en particular no tiene ningún sentido… salvo que se pretenda que tenga precisamente ese sentido. No sé si me explico.

De todos modos, es curiosa la vida. Si antes de empezar el campeonato nos hubieran dicho que de nuevo íbamos a estar ahí arriba peleando por los metales, probablemente más de uno (y yo el primero, que estaba convencido de que esta vez no pasábamos de cuartos) habría preguntado que dónde hay que firmar. Y sin embargo ahora aquí estamos, tirándonos los unos a los otros los trastos a la cabeza. ¿Por qué? Pues porque una vez allí comprobamos que el que más y el que menos tenía bajas, que el nivel era bajísimo, que en ese país de ciegos el tuerto iba a ser el rey, qué mejor tuerto que nosotros ya puestos. Y sobre todo porque si hubiéramos perdido esos partidos de poder a poder, incluso si los hubiéramos perdido de paliza no nos habría quedado tan mal sabor de boca, habríamos asumido nuestra inferioridad y punto. El mal sabor de boca no fue por perder sino porque nos hicieron creer que podíamos ganar, porque los dimos casi por ganados de antemano. Si nadie te ofrece un caramelo no pasa nada, en cambio si te lo ponen en la punta de los labios, te dejan darle un chupetón y luego te lo quitan pues te jode, a ver cómo no te va a joder. Si nadie te dice que eres superior no pasa nada, en cambio si te demuestran esa superioridad, te ponen la victoria al alcance de la mano y luego te la quitan pues te jode, a ver cómo no te va a joder. Lo malo no es perder sino la cara que se te queda, decía (si no recuerdo mal) Lolo Sainz. Yo aún diría más, lo malo no es perder sino perder cuando crees que ya has ganado. Entonces sí que es digna de verse la cara que se te queda.

Leo por ahí que la FEB (o sea Sáez) tiene ya la decisión tomada, que Orenga ha sido ratificado (terrible palabro futbolero) en su cargo y continuará de seleccionador hasta el Mundial 2014. Lo dije al principio, me cae bien Orenga, pero el mundo está lleno de personas que me caen incluso mejor que Orenga (ustedes mismos, sin ir más lejos) y no por ello pienso que sean las más indicadas para ejercer el cargo de seleccionador. Qué duda cabe, el bronce le habrá facilitado las cosas, pero preferiría que no nos quedáramos en el envoltorio y miráramos también un poco el contenido: cómo se consiguió ese bronce, qué pasos (adelante y atrás) hubimos de dar hasta llegar ahí, qué circunstancias se dieron por el camino. Dicen quienes saben de esto más que yo que lo que se pretende es un entrenador de perfil bajo que favorezca la autogestión de los jugadores, y que evidentemente Orenga encaja en ese patrón a las mil maravillas. Será así, no digo yo que no, pero usted y yo y ellos y todos sabemos que en determinadas circunstancias, cuando el calor aprieta, cuando has de decidir si hacer falta o defenderla, cuando te la tienes que jugar en apenas un segundo no te basta un (presunto) hombre de paja, necesitas un verdadero entrenador detrás. Orenga podrá reunir infinidad de cualidades profesionales pero ello no significa que éstas sean precisamente las más adecuadas para ese puesto, seguro que en el organigrama de la FEB habrá vacantes que se adecuen infinitamente mejor a sus características, Señor Sáez, queda casi un año para el Mundial, tiempo más que suficiente para pensárselo, yo particularmente (y seguro que no seré el único) le agradecería que se lo pensara. Tómeselo en serio, por favor… que como broma ya hemos tenido bastante por esta vez.

¿y ahora qué?   Leave a comment

¿Y ahora qué hacemos?:

Opción A) Cambiar de una vez por todas esa absurda normativa, acabar por fin con la incompatibilidad selección-ACB y nombrar a uno de tantos magníficos entrenadores como pululan por nuestra geografía, pongamos Alonso, Plaza, Martínez, Fernández, Abós, Casas, Maldonado o Vidorreta por citar sólo los primeros apellidos que se me vienen a la cabeza.

Opción B) Nombrar a un técnico extranjero que no esté entrenando ahora mismo en nuestro baloncesto pero que lo conozca suficientemente bien; así de primeras se me ocurre el nombre de Fotis y luego también el de Dusko, si bien en este último caso no sé por qué me da la sensación de que no iba a mezclar bien con alguno de nuestros más reputados jugadores…

Opción C) Nombrar a un entrenador español que esté entrenando ahora mismo en el extranjero y que a ser posible tenga nombre de árbol al que no se le puedan pedir peras (o similar): Olmos o Valdeolmillos, tanto monta monta tanto. Ambos han triunfado en Puerto Rico y México, ambos vendrán al Mundial con sus respectivas selecciones, no será fácil sacarlos de allí.

Opción D) Nombrar a un entrenador español que no esté ahora mismo en activo. ¿Pero quién? Monsalve no creo que tenga ya cuerpo para meterse en un fregao de semejante envergadura, Julbe lleva ya un tiempo sin ejercer, la mera mención del nombre de Pepu provoca retortijones en los intestinos del señor Sáez, Hussein ya ni sé por dónde andará, Pesquera ni pensarlo, Casimiro… Casimiro podría ser una muy buena opción (o a mí me gustaría, al menos), ahí se la dejo para lo que gusten mandar.

Opción E) Continuismo parcial, es decir, dejar la selección en manos de Jaume Ponsarnau. ¿Por qué no? Ha entrenado durante varias temporadas, conoce este negocio, ya este mismo año habría sido mucho más lógico tenerle a él de principal y a Orenga de asistente que no al revés…

Opcion F) Continuismo interruptus o lo que viene siendo lo mismo, nombrar de nuevo a Scariolo, para lo cual obviamente tendría que dejar su cargo en el Baskonia… en el dudoso supuesto de que el verano que viene siga siendo aún entrenador del Baskonia, que estará por ver. Yo no lo haría, que dicen que segundas partes nunca fueron buenas. No tentemos a la suerte.

Opción G) Continuismo total, es decir, seguir con Orenga. Ahora mismo casi nos tiemblan las piernas ante esta posibilidad, pero conociendo como conozco a mis clásicos, créanme que no me extrañaría…

Y por último, Opción H) Tanto como se nos llena la boca hablando de autogestión, de técnicos de perfil bajo para dejarles hacer lo que quieran, de que se entrenan solos… No, obviamente no lo estoy proponiendo en serio ni creo que a nadie en su sano juicio se le ocurriera proponerlo, pero reconózcanme que estaría curioso, mirad chicos, ahí os quedáis, apañároslas vosotros mismos. Quizás así entenderíamos que a veces utilizamos algunas palabras demasiado a la ligera, que las cosas no siempre son tan fáciles por dentro como a menudo nos parecen desde fuera…

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