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LA CASA POR LA VENTANA   Leave a comment

Éramos pocos y parió la FIBA. Parió hace cinco años en Kuala Lumpur, que no es un insulto a Leticia Sabater sino la capital de Malasia. Parió (la FIBA, no la Sabater) y algunos en nuestra natural ingenuidad pensamos que sería flor de un día, una ventolera que les ha dado a estos señores tan mayores ahí recluidos los pobres entre güisqui y güisqui en su hotel malayo sin nada mejor que hacer, ya verás como en cuanto vuelvan cada mochuelo a su olivo y se sienten a pensar un poco se les pasa la tontería. Al fin y al cabo aún es noviembre de 2012, pues anda que no queda todavía hasta noviembre de 2017, tiempo más que sobra tienen para recapacitar. O no.

Hoy ya es noviembre de 2017 (lo mismo esto ya lo sabían), hoy el fruto de ese parto de la FIBA está ya talludito y en edad de merecer (merecer qué, que cada cual añada lo que parezca), hoy ya es un niño jodón preparado para empezar a dar por donde acostumbran a dar los niños jodones.ventanas3 Una extraña criatura a la que pudieron llamar boquete o (aún mejor) destrozo pero prefirieron ponerle ventana que queda como más chic. Como tenemos pocos agujeros hagámonos unos cuantos más, un montón de ventanas que nadie ha pedido para que se nos termine de escapar el poco aire que aún nos queda. Tiremos la casa por la ventana, como si nos lo pudiéramos permitir.

Claro está, la FIBA no parió porque sí sino por (sospecho) una buena razón, buena para ellos se entiende, buena aunque (precisamente por ello) inconfesable: recaudar, sacar tajada, pillar cacho, llámese como se quiera. La FIBA de mayor quiere ser la FIFA, lleva queriéndolo casi desde su fundación, incapaz de entender por más veces que se le explique que fútbol sólo hay uno y a su vera los demás deportes no tenemos ni media hostia. La FIBA está harta de ver cómo la FIFA (y su hermana menor, la UEFA) organiza fases de clasificación de mundiales y eurocopas y se lleva un porcentaje de la recaudación de cada Bulgaria-Moldavia, Lituania-Bielorrusia o Somalia-Tanzania, lo ve la FIBA y se le cae la baba y exclama hostia tú, pues si los del fútbol lo hacen a ver por qué no lo vamos a poder hacer nosotros también. Pues porque no, mire usted. El fútbol va de chulo porque puede, a su lado los demás no somos nadie. Y nada hay más ridículo que ir de chulo cuando no eres nadie.

El fútbol lo aguanta todo, el fútbol puede darse el lujo de parar durante un par de semanas sus ligas, sus copas y sus champions para darte a cambio un Andorra-San Marino o un Pakistán-Afganistán, lo hace y no pasa nada porque sabe que a la vuelta volverán a estar sus fieles aún más ansiosos si cabe, si alguien cometiera el atrevimiento de olvidarse de su existencia ya se encargaría el bombardeo mediático de recordársela. Nosotros en cambio no tenemos bombardeo sino más bien ninguneo mediático, paremos nuestras competiciones impunemente durante quince días y a ver quién se encarga luego de recordárselas al personal.ventanas4 Vale, sí, estaremos quizá los cuatro colgados de siempre, pero al resto, a ese común de los mortales que consume en un ochenta o noventa por ciento fútbol y al que tanto costó fidelizar, ponte ahora de nuevo a intentar fidelizarlo tras haberlo desfidelizado a conciencia durante un par de semanas en las que habrá huido despavorido a presenciar cualquier otra competición. Y todo ello para (aún en el improbable caso de que lo consigas) volver a desfidelizarlo de nuevo (aún más si cabe) dos o tres meses después.

Claro está que la FIBA no te va a reconocer públicamente su presunto afán recaudatorio, hasta ahí podíamos llegar. Resulta mucho más socorrido decir que lo hace por puro amor al arte, hasta ahora nuestros aficionados no podían disfrutar de su selección jugando partidos oficiales en casa, ahora ya por fin se les ofrecerá esa oportunidad. Acabáramos. Que a ver, que no digo yo que en Noruega, Bolivia o Azerbaiyán no haya un auténtico clamor social exigiendo ver por fin a su selección de baloncesto disputando un partido de competición en Bergen, Cochabamba o Bakú, no me consta pero vaya usted a saber, lo mismo hasta habrá habido manifestaciones incluso, cuando la FIBA lo plantea de esta forma será porque es algo crucial para la vida de esas buenas gentes. Sólo puedo hablar de lo que conozco, de esos países de nuestro entorno en los que al común de los mortales (salvo excepciones, lógicamente) se les da una higa poder ver in situ a su (sucedáneo de) selección. No digamos ya en el nuestro, a ver quién necesita ventanas teniendo Ruta Eñe, si cada verano ya paseamos nuestro circo preparatorio por Navalmoral de la Mata, Argamasilla de Alba, Madrigal de las Altas Torres o La Almunia de Doña Godina para qué queremos más, rechace imitaciones.

Y sin embargo la FEB sí quiere más, la FEB ha optado por lo que cualquier organismo de esta índole acostumbra a hacer en caso de conflicto, ser la voz de su amo y no morder la mano que le da de comer y que le lleva a reunirse a Kuala Lumpur y demás bellos e ignotos lugares del planeta. La FEB como la FIBA te vende las ventanas clasificatorias como si éstas fueran la biblia en verso, la FEB como la FIBA te vende que el que no puedan venir los NBA es hasta bueno porque así los jugadores jóvenes de cada país tendrán más oportunidades, la FEB como la FIBA exige en cambio que acudan los de la Euroliga porque se ve que en este caso las oportunidades que puedan dejar para los jóvenes ya se la sudan, que una cosa es una cosa y otra más ya son dos cosas. La FEB como la FIBA se comporta como el típico abusón de (pongamos) tercero de primaria, con los de quinto (NBA) no me voy a meter porque me pueden así que a cambio me meto con los de segundo (Euroliga) o primero (ligas nacionales) que no tienen ni media hostia, pa chulo yo. Así cualquiera.

Que dicho sea de paso, esa es otra sutil diferencia entre las fases clasificatorias de la FIFA y de la FIBA, permítanme que abunde en ello por si algún preboste de esta última organización aún no hubiera reparado en dicho aspecto, dada su cortedad. Argentina reclama a Messi para jugar contra Paraguay y ni que decir tiene que el susodicho (y tantos otros) se cruza el planeta de esquina a esquina cuantas veces sean menester en sendos interminables viajes de ida y vuelta con el consiguiente desparrame de husos horarios que ello supone.ventanas1 Ahora bien, sea usted (por ejemplo) Letonia y dese el capricho de reclamar a Porzingis para jugar contra Ucrania, hágalo y podrá escuchar desde su casa las carcajadas en el Madison Square Garden, no necesitará para ello ni móvil ni skype, le bastará con dejar las ventanas (nunca mejor dicho) abiertas. O dicho de otra manera: las fases clasificatorias del fútbol son de verdad, las del baloncesto son de mentira. Una pura mentira, no ya porque las disputen selecciones B (o en algún caso incluso C) sino porque si se diera el caso de que alguna de las grandes quedara fuera ya se encargaría rauda y veloz la FIBA de hacerle llegar una invitación.

Sí, la FIBA se reserva el derecho de (in)admisión, pero no por ello toca menos las pelotas. Sus franquicias territoriales, fieles cumplidoras de las instrucciones emanadas de la casa madre, emiten convocatorias en las que se cuidan muy mucho de incluir a los NBA (el descojone, ya saben) pero les falta el tiempo para incluir a los de la Euroliga. Así que ahí los tienen, lo más florido y granado que aún nos queda a este lado del charco puesto de repente en el disparadero, obligado de repente a escoger entre el club que le paga y el país al que (supuestamente) representa. O dicho de otra manera, obligado de repente a escoger entre quedar mal con su equipo o con su selección. Haga lo que haga nunca le habrá de faltar quien se lo reproche.

Imaginemos que aplican el sentido común (el mío, al menos), que deciden mandar cortésmente a paseo a la FIBA y sus ventanas y quedarse en su club para cumplir así con su calendario previamente establecido. No sé qué pasaría en ese caso en otros países, pero conozco demasiado bien a mis clásicos como para no saber qué sucederá en el mío. Si ya en 2005 o 2010 hubo quien linchó mediáticamente a Pau (¡¡¡a Pau!!!) por tomarse un miniverano sabático, no quiero ni imaginar lo que puede suceder ahora cuando quienes renuncien no lo hagan desde América sino desde aquí mismo a la vuelta de la esquina.ventanas5 Tanto más en estos tiempos de sentimientos nacionalistas (que no nacionales) completamente desatados que nos ha tocado vivir: tiempos de cogérsela con papel de fumar, sacar los trapos de colores a pasear, restregárselos al de enfrente por menos de nada y hasta quemar las naves por los insignificantes ribetes de una camiseta cualquiera. Alguno será tachado de traidor a la patria, al tiempo.

Y todo esto, ¿para qué? Sabemos que no llevaremos a la selección A (NBA), supongamos que tampoco llevemos a la B (Euroliga), pongamos que vamos con la C, pongamos que con todo y con eso nos clasificamos para el Mundobasket 2019 (o no pero nos invitan, que para el caso es lo mismo)… y que luego vamos y les decimos muy bien chavales, muchas gracias por los servicios prestados pero que sepáis que a China no vais a ir, que sepáis que a China sólo irán los buenos buenos de verdad de la buena y que vosotros después de habéroslo currado tendréis que conformaros con verlo por la tele mientras lo disfrutan los demás. O pongámoslo a la inversa, pongamos que estos mismos beiranes, vidales o rabasedas pudieran decir total para qué nos vamos a molestar en dar un palo al agua para meternos en el Mundial si luego no lo vamos a jugar, anda y que les den. Divide y vencerás, principio básico de cualquier conflicto que desde luego la FIBA está aplicando a rajatabla: más allá del beneficio meramente crematístico que saque de esto, su principal logro está siendo dejar al resto de estamentos de nuestro básquet como un colador.

Tenemos infinidad de problemas en nuestro deporte, de entre los cuales no son precisamente menores los referidos al calendario: la difícil coexistencia entre la Euroliga y las ligas nacionales, la no menos complicada supervivencia ante la poderosa NBA… Si ya de por sí resulta sumamente difícil construir en nuestro continente unas estructuras competitivas medianamente parecidas a lo que cabría esperar en el siglo XXI, no digamos ya si en éstas irrumpe de repente un dinosaurio intentando retrotraernos a las arcaicas estructuras del XIX. O como le dijo Di Stéfano a aquel portero que tuvo en el Valencia, vale que no me pare las que van dentro, pero por lo menos no me meta las que van fuera. Traducción para la FIBA, vale que no nos solucionen nuestros problemas, pero por lo menos no nos creen nuevos problemas donde no los solíamos tener. Éramos pocos y parió la FIBA, parió con dolor y con sangre como mandan los cánones bíblicos. Y ahora ya es demasiado tarde para parar la hemorragia.

Publicado noviembre 13, 2017 por zaid en selecciones

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RAZONES PARA EL ESCEPTICISMO   3 comments

Habré de confesarles (por si nunca lo notaron) que el triunfalismo me pone de los hígados. Entiéndanme, no cualquier triunfalismo, no vayan a pensar, sino ese triunfalismo irracional, desmedido y pestilente que desprenden por lo general algunos de nuestros más afamados medios de comunicación, esos que te sacan campañas tan cínicas como aquella de que hay una España admirada por el mundo, sólo tienes que saber qué periódico leer, esos a los que se les llena la boca hablando de eÑebeá, esos que a cada baja ajena para el Mundial dan palmas con las orejas porque así aumenta nuestro (supuesto) favoritismo, como si alguna vez pudiera ser una buena noticia la devaluación de una competición que en este caso además y para más inri organizamos nosotros mismos. Me pone de los nervios ese provincianismo de creernos el ombligo del mundo como si los demás no fueran nadie, me revienta que me vendan la piel antes de cazar el oso, si luego el oso no se deja cazar ya le echaremos las culpas al bosque, al guardia forestal o al que fabricó la escopeta, según. No puedo con ese hedor de euforia mediática premundialista que nos atufa en estos días (no compartido necesariamente por el aficionado de a pie) y quizá por eso me gustaría poner (como aficionado de a pie que soy) un contrapunto, un catálogo de razones que nos permitan mantener siquiera por unos días los pies en el suelo. Luego ya habrá tiempo de volar si se presenta la ocasión.

– La fase de (no) preparación: verán que este año he decidido perdonarles y no ponerles la cabeza mala con mis eñefobias de cada verano. Pero el que no haya escrito específicamente sobre ello no significa que haya cambiado mi opinión al respecto, sigo pensando que los demás equipos hacen (verdaderas) fases de preparación mientras que lo nuestro es otra cosa, una sucesión de bolos y galas veraniegas que más parecen partidos de exhibición que partidos de verdad, eventos plagados de complacencia, colegueo y buenrollismo que acaso sean muy útiles para las arcas de nuestra Federación y para la promoción de nuestro deporte pero que en nada contribuyen al que debería ser el principal objetivo de toda fase de preparación, es decir preparar. Es muy de agradecer que equipos como Croacia (qué buena pinta tienen) o Ucrania (versión postmoderna de aquellos ninjas de Fratello) se pusieran las pilas y nos llevaran un poco (sólo un poco) al límite, todo lo cual no dejó de ser un mero sucedáneo para cuando empiecen los partidos de verdad. Así que un año más volverá a suceder, el 30 de agosto el resto de equipos habrán acabado la preparación y comenzarán la competición, nosotros en cambio habremos acabado la exhibición y comenzaremos la preparación. Haremos el rodaje cuando los demás ya estén rodados y en partidos que ya cuenten para el resultado final, algo que en ocasiones (tras el susto inicial) nos acabó saliendo francamente bien (véase 2009 ó 2011) pero que otras veces nos salió como el culo, disculpen la ordinariez. Veremos este año.

– La edad no perdona: la generación de oro, aquellos que un día fueron los niños de Lisboa, se nos ha hecho mayor, es ley de vida. Pau, Navarro y Felipe ya cumplieron los 34, Calderón (que no estuvo en Lisboa por accidente, pero que pertenece por derecho propio a aquella generación) anda ya por los 33. Decía Chichi Creus que ésta es casi la mejor edad (y él debía saberlo por experiencia, dado que jugó hasta los 42), puede que ello sea cierto a nivel de conocimiento del juego pero no necesariamente a nivel físico, tanto más en una competición de esta índole en la que (a partir de un determinado momento) te la juegas noche sí, noche también. Mi principal recuerdo del pasado Eurobasket 2013 es el de una selección que hacía puntualmente los deberes durante los tres primeros cuartos pero que luego se hundía irremediablemente en el último, consecuencia tal vez de una muy mala preparación (física y/o psicológica). Tras lo visto este año nada me hace pensar que llevemos una preparación mejor (véase punto 1), si acaso lo contrario, puede que esta vez no esperemos necesariamente al último cuarto y nos vengamos abajo ya en el tercero, indicios ha habido al respecto en las pachangas de estos días. Ojalá me equivoque.

– Somos previsibles: si yo fuera entrenador de cualquier selección de medio pelo que hubiera de enfrentarse a España (hipótesis absurda), cerraría por completo mi defensa sobre el juego interior rival. Muchísimas ayudas, constantes traps, no ya dos contra uno sino hasta tres contra uno en cuanto el balón llegue ahí dentro, puntuales zonas 2-3 que les formaran el lío más todavía, especial atención a las líneas de pase dentro-fuera para minimizar en lo posible lo buenos pasadores que son… y bien sé que haciendo eso me quedaría vendido en el juego exterior, bien sé que me podrían crujir a triples librados pero ese sería el riesgo, que me ametrallaran desde fuera a ver cuánto aciertan, quien a triple mata a triple muere y a día de hoy nuestra selección tiene mucha más pinta de morir que de matar en este aspecto, lo que le endosamos a Argentina fue sólo la excepción que confirma la regla. Queríamos cuatro abierto y ahora ya lo tenemos, por fin, no se llama Garbajosa ni Mirotic sino Ibaka, quién nos lo iba a decir, su evidente mejora en todos los aspectos del juego le ha llevado a convertirse en (entre otras cosas) un consumado tirador exterior. Esa es la buena noticia. La mala noticia es que durante este mes ha sido nuestro mejor tirador exterior, algo absolutamente incomprensible en un equipo que cuenta con nombres como Navarro, Rudy, Calderón, Llull o Sergio Rodríguez (nótese que no incluyo a Ricky en esa lista, por razones obvias). O afinamos la puntería o seremos previsibles, o anotamos desde fuera o las pasaremos putas, con perdón. Al tiempo.

– El mal del anfitrión: ¿de verdad que somos favoritos (o algo así) por el mero hecho de jugar en casa? Les daré una lista rápida, Eurobasket 1973, Mundial 1986, Juegos Olímpicos 1992, Eurobasket 1997, Eurobasket 2007, me dejaré algún evento pero éstos son los que se me vienen ahora mismo a la cabeza. Y ahora díganme si son tan amables en cuántos de ellos acabamos alzándonos finalmente con el título: efectivamente, ninguno, cero patatero (o pelotero, según). Y puede que en alguno no fuéramos nadie pero en algún otro éramos mucho más favoritos de lo que somos hoy, echen la memoria siete años atrás si les queda alguna duda. No, ejercer de anfitriones nunca se nos ha dado bien (quizá por el suplemento de presión que conlleva) pero tampoco vayan a pensar que nos pasa a nosotros solos. He repasado las últimas competiciones internacionales (Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo y Campeonatos de Europa, que ya para otros continentes no me da la memoria ni el tiempo para mirarlo), y… ¿saben cuál fue la última gran competición ganada por el anfitrión? Efectivamente, los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Desde entonces (y han pasado ya 18 años) ni un solo Eurobasket, Mundobasket o torneo olímpico fue ganado por el equipo de casa, y me dirán que en ese tiempo hubo países organizadores sin pedigrí ninguno en este deporte como Suecia, Japón o el Reino Unido de la Gran Bretaña, lo cual es cierto, casi tan cierto como que en ese mismo periodo hubo países organizadores como la propia USA, Serbia, Lituania, Turquía, Grecia o España, estos tres últimos por partida doble. Puede que ser anfitrión suponga un plus pero en nuestro caso (y en otros como el nuestro) ese plus se nos convierte demasiadas veces en minus. Que no nos pase na.

– USA: no niego que los nombres ausentes pesan casi más que los presentes, no niego que un hipotético quinteto Chris Paul, Kevin Durant, LeBron James, Kevin Love, Dwight Howard (incluso), más los puntuales añadidos de (pongamos) Wall, Kobe (renacido), George (sano), Melo, Kawhi, Aldridge o Griffin impone casi más de lo que hay pero qué quiere que le diga, yo podría ir hasta el fin del mundo con esta verdadera selección USA, yo iría hasta el infinito y más allá con estos Derrick Rose (o lo que quede de él tras estos dos años, casi en fase de pretemporada para llegar a punto a los Bulls), Steph Curry (mi debilidad absoluta desde sus tiempos de Davidson, como les habré dicho ya 792 veces), James Harden (un hipotético emparejamiento defensivo con el Chacho podría ocasionar problemas capilares insospechados), Kenneth Rasta Faried y Anthony Unicej Davis, tanto más si vienen acompañados por Kyrie Irving, Klay Thompson, Rudy Gay, DeMarcus Cousins (esperemos que no se le suelte la pinza) o Andre Drummond entre otros, tanto más si vienen entrenados por los sempiternos Krzyzewski & Boeheim, casi dosmil victorias les contemplan. Se pongan como se pongan y aunque le joda al Marca y me joda incluso a mí mismo, para mí siguen siendo los únicos e indiscutibles favoritos, y así lo seguirán siendo hasta que alguien (ojalá nosotros) me demuestre lo contrario.

– Los Otros: probablemente usted no lo sepa porque los medios están tratando deliberadamente de ocultárnoslo, pero aunque parezca mentira el Mundial no lo juegan sólo Estados Unidos y España, lo juegan también otros veintidós equipos más, varios de ellos de raigambre, tronío y prosapia (sea eso lo que sea) suficiente como para ser tenidos muy en cuenta. Claro que gracias al prodigioso, incomparable e inmarcesible sistema de competición no tendremos que preocuparnos de países como Lituania (ay, Kalnietis), Eslovenia, Turquía, República Dominicana o (la muy apetecible de ver) Australia, de esos que se preocupe USA si así le apetece. Sí tendremos que preocuparnos en cambio de un Brasil que viene con todo (y todo es decir mucho) y que ya nos ganó en Londres 2012 (no haré más comentarios al respecto), de una Serbia puesta en manos de Djordjevic (en pie), de la nueva y rutilante Grecia de Katsikaris y Antetokoumpo (o como se diga), del Puerto Rico de Olmos y/o Arroyo, de una Francia a la deriva (sin dirección, sin Parker, sin De Colo… pero Francia al fin y al cabo), de una Croacia deseosa de entregarse ya a Herzonja o Saric como nosotros nos entregamos a Navarro y Pau hace casi tres lustros, de una Argentina sin Ginóbili (ninguna otra ausencia me duele tanto, ni la de Durant siquiera), y no venga usted ahora a decirme que a éstos ya les ganamos fácil el otro día, quien piense que una pachanga es lo mismo que un cruce es que no conoce el carácter argentino. Suficientes preocupaciones como para no dar nada por supuesto, creo yo. No niego que si un extraterrestre hubiera llegado a la Tierra a comienzos de agosto sin ninguna información previa y se hubiera dedicado a ver todos los amistosos de todas las selecciones participantes (teletransportándose de un lugar a otro para la ocasión) probablemente también pensaría a día de hoy que este Mundial es sólo cosa de dos, pero los que nacimos y crecimos en este planeta sabemos (citando a los clásicos) que no hay rival pequeño y que ya no quedan peritas en dulce. No va a ser un camino de rosas.

– Mis dudas con Orenga: no esperen encontrar aquí un linchamiento, saben que no es mi estilo, no lo haré con Orenga como tampoco lo hice antes con Scariolo (que dicho sea de paso, resulta curioso ver en estos días cómo muchos de los que en su día lincharon a Scariolo hoy no se cortan un pelo en echarlo de menos cuando lo comparan con Orenga, me pregunto si llegará el día en que los que hoy linchan a Orenga le añoren luego cuando toque compararlo con el siguiente). Nada me gustaría más que le fuera bien a Orenga, por el bien de mi selección y por el suyo propio, porque (lo diré una vez más) me cae bien, me parece un sujeto sobradamente preparado y creo que reúne muchas condiciones esenciales para ser un buen entrenador. Ya otra cosa es que lo sea, claro. Las dudas que tuve antes del pasado Eurobasket no sólo no se disiparon sino que se acrecentaron con el transcurso de la competición, dejándome un técnico inexperto, inseguro, de mira corta y perfil bajo. Que a lo mejor es justo eso lo que quiere la FEB, un técnico de perfil bajo para perpetuar el (presunto) modelo autogestionario, nada que ver con Aíto o el primer Scariolo no vaya a ser que se nos enfurruñen las criaturas, si así fuera y los resultados acompañaran créanme que hasta me callaría la boca. Pero a día de hoy sigo sin entender qué sentido tiene ver a Orenga de head coach mientras uno de los mejores técnicos que tenemos en este país, de nombre Sito Alonso, se limita a ejercer de asistente, no lo entiendo como tampoco lo entendí hace un año con Ponsarnau, ganas entran de decir coño, dad un golpe de estado, echadle a un lado y poneros vosotros a ver si así pudiéramos tener un equipo medianamente normal. Insisto, creo que Orenga tiene conocimientos y tiene además una elevada capacidad didáctica para transmitirlos, creo que llegará el día en que pueda ser un entrenador de alto nivel… pero que las prácticas para llegar a serlo tenga que hacerlas precisamente en la selección tiene bemoles, por no decir otra cosa. El mundo al revés.

– La carencia de tres: desde que se retiró Carlos Jiménez no hemos vuelto a tener un tres como es debido, lo cual con ser malo no es lo peor, lo peor es que no parece que vayamos a encontrarlo a corto/medio plazo. Mumbrú se extinguió muy poco después, el Chimpa Suárez se nos fue apagando, Rabaseda ni llegó a encenderse, Dani Díez es aún una luz muy tenue que ya veremos si llega a prender alguna vez. Ante lo cual sólo queda en nuestro baloncesto un tres que así merezca ser llamado, y que como ya habrán deducido responde (poco) al bello nombre de Víctor Claver. Ese mismo pelirrojo de aire lánguido, media sonrisa y mirada perdida que parece pasar cada verano por la selección sin que la selección pase por él, ese mismo que acude puntual a la llamada del seleccionador (sea éste quien sea) porque no tenemos ningún otro jugador de sus características, ese mismo que luego acostumbra a acabar los campeonatos reconvertido en agitatoallas (loable desempeño por otra parte, pero que ya a estas alturas quizá cabría esperar algo mejor), ese mismo que lleva ya dos años enteros echados a perder en Portland y alrededores, y lo que te rondaré morena. Buscas en el diccionario eterna promesa y aparece su foto al lado… Ojalá llegue el día en que me tape la boca, ojalá llegue el día en que un entrenador le dé algo más que minutos de compromiso y/o de la basura, ojalá llegue el día en que él dé a su entrenador algún motivo para darle esos minutos. Ojalá.

– Las rotaciones extrañas: una de las principales consecuencias de esa casi carencia de tres es que tendemos a jugar sin tres, por razones obvias. Pero hay maneras y maneras de jugar sin tres. Está la manera clásica, un base y dos escoltas (la que tantas veces hicimos nosotros durante estos años, disfrazando a Rudy de tres mientras Navarro o Llull jugaban de dos); y luego está la manera Orenga, dos bases y un escolta (que a lo peor también acostumbra a ejercer de base en su club). Que habrá a quien le entusiasme pero que yo no lo veo, mire usted: tenemos tres bases extraordinarios pero que son bases-bases, puros unos (cada uno a su manera) así Ricky como Calde como el Chacho, para uno y medio ya está Llull. Pero ahora nos ha dado por hacer combinaciones de tres elementos tomados de dos en dos, Ricky & Calde, Ricky & Chacho, Chacho & Calde llevándonos a Navarro o al susodicho Llull al puesto de alero, los gasoles y los tres enanitos se llamaría la película. Y qué quieren que les diga, poner a dos bases siempre me pareció un recurso (repito, recurso) para situaciones puntuales, generalmente finales igualados para asegurarte el control del juego, si acaso excepción que ahora por obra y gracia de Orenga se ha convertido en norma. Quintetos que acaban pareciendo cuartetos porque el quinto elemento está de miranda, porque dirigir lo que se dice dirigir sólo dirige uno, el otro base por lo general no sabe qué hacer consigo mismo, no está acostumbrado a buscarse la vida para circular y salir de bloqueos sin balón a la espera de recibir, tiende si acaso a quitarse de enmedio, echarse al costado y esperar a que se la den para tirarse algún triple, punto. Mención especial para Calderón en este aspecto, que ya el año pasado le pidieron que ejerciera de dos (y se estrelló) pero al menos Orenga tuvo coartada porque no estaba Navarro, este año sí que está pero se lo siguen pidiendo y así le va. Y sé que es posible que algún presunto iluminado-que-parece-saberlo-todo se me tire al cuello y me diga que si afirmo esto es porque no he visto a Calderón en Dallas (que sí lo he visto), pero aún así (desde mi ignorancia de mero aficionado que no tiene puta idea) lo seguiré diciendo: Calderón está desubicado en este esquema, Ricky y Sergio a veces también pero Calde especialmente. Y no sé hasta qué punto es lícito desperdiciar un jugador así.

Mi primer impulso fue titular esta entrega razones para el pesimismo, pero al final me corté. Me corté por no amargarles la vida pero me corté también por puro sentido común: porque en realidad no creo que existan razones para el pesimismo (ni siquiera yo, que tiendo a ser pesimista por naturaleza), porque creo que tenemos la mayor dosis de talento que hayamos tenido jamás, porque creo que todas esas contrariedades que les he ido poniendo más arriba (la edad, los desequilibrios, las presuntas orengadas, tantas otras) en el fondo son pecata minuta si cuando llegue la hora de saltar a la cancha somos capaces de jugar como sabemos, podemos (con perdón) y debemos. No soy pesimista, de verdad que no, en absoluto… pero no me pidan tampoco que sea optimista, no todavía. Mantengamos (por ahora) los pies en el suelo, volvamos de nuevo a los clásicos, hasta el rabo todo es toro, los partidos duran cuarenta minutos, cada partido es una historia, no queramos meter el segundo gol antes que el primero (que en versión Mundobasket sería no queramos ganar la final antes de haber llegado a ella). O por citar a otro clásico mucho más reciente (pero no por ello menos clásico): vayamos partido a partido, no hay más. No vendamos la piel del oso antes de cazarlo, y ello aunque algunos lleven ya meses (incluso años) intentando vendérnosla. Yo al menos no se la voy a comprar.

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Escribo en las últimas horas del último día del mes. En apenas un rato se nos acabará julio, suceso que en sí mismo no será demasiado grave porque según se nos acabe comenzará agosto como viene siendo habitual. Lo que ya no suele ser tan habitual es que con el mes se nos acabe también un canal de televisión. Sí, en apenas unas horas dejará de existir (probablemente ya habrá dejado de existir cuando usted lea esto) Marca TV, lo cual en sí mismo tampoco será demasiado grave ya que según se nos acabe comenzará otro canal (novedoso donde los haya), La Tienda en Casa, veinticuatro horas al día de tienda en casa, mandagüevos, rechace imitaciones. Así que no, no teman, no haré un drama, no están precisamente los tiempos con la que está cayendo como para que nos rasguemos las vestiduras por la desaparición de una simple señal de televisión, sólo faltaría; pero no me pidan que me guste.

Marca TV, vista así desde lejos, es un poco la crónica de lo que pudo haber sido y no fue. Se autodenominó la televisión del deporte pero casi siempre acabó siendo la televisión del fútbol confirmando así rápidamente nuestras sospechas de que para Marca (y para tantos otros) el fútbol es el único deporte que merece ser considerado como tal, los demás apenas seríamos meros sucedáneos. Y lo que no fue fútbol fue fútbol-sala, o fue boxeo, o fue esa extraña cosa que llaman wrestling o pressing catch o como demonios se llame y que habré de confesarles que me enciende la sangre, no soporto que me quieran colar como deporte una actividad lúdico-recreativa que tiene de deporte lo que de deporte tiene el circo, el ilusionismo, la danza del vientre o las revistas de variedades pongamos por caso, actividades todas ellas sumamente respetables entre otras cosas porque nadie intenta hacerlas pasar por lo que no son. Me parece perfecto que haya un público predispuesto al que le guste contemplar cómo dos tipos esperpénticos se suben a un ring para hacer como que se patean los huevos o se arrancan la cabeza, allá ellos. Pero no intenten venderme como deporte algo que ustedes y yo (y hasta esos mismos espectadores predispuestos, salvo raras excepciones) sabemos perfectamente que no lo es.

Pero Marca TV, vista desde más cerca, fue también a veces (raras veces) la televisión del baloncesto. Marca TV nació si no me traiciona la memoria a finales del verano de 2010, coincidiendo con la disputa del Mundial de Turquía, y durante varias semanas se nos convirtió en nuestra principal ventana abierta a dicho campeonato, la única que nos permitió seguir todos y cada uno de los partidos en los que no jugaba nuestra selección. Marca TV tiró incluso la casa por la ventana para la ocasión, fichó comentaristas de lujo como Djordjevic, Messina, Nicola o Lavodrama junto a otros más domésticos como Trecet o el inevitable Nanclares, Marca TV nos dejó una cobertura irreprochable de aquel campeonato (con alguna puntual excepción que hizo que en aquel momento me hirviera la sangre, pero que confirma la regla), nos llenó a los aficionados al baloncesto de esperanzas por lo que pudiera venir después…

Y después apenas vino nada, o vino mucho menos de lo que esperábamos. Pero aún así Marca TV nos salvó la Euroliga durante esta temporada 2012/2013, se la salvó a los aficionados de Unicaja en particular y a los aficionados al baloncesto en general, de no haber existido habría sido una competición aún mucho más fantasma de lo que ya fue, condenada a las catacumbas de Real Madrid TV (Teledeporte desembarcó cuando ya era demasiado tarde) o a la territorialidad de Cataluña y el País Vasco. Y aún así Marca TV, que nació con baloncesto a finales del verano de 2010, se nos muere también con baloncesto a comienzos del verano de 2013. Marca TV nos ha regalado un espectacular mes de julio con todas las competiciones de formación, sub18, sub19 y sub20, masculinas y femeninas, todas sin excepción, bien narradas y aún mejor comentadas. Que habría podido ser mejor, no digo yo que no, si se hubieran estirado un poco, si no se hubieran limitado a los partidos de nuestra selección y hubieran dado algún otro (las finales, al menos), si la FIBA hubiera iniciado antes su cobertura del dichoso Mundial sub19 (pero eso no fue problema de ellos, obviamente…) Pero con todo y con eso fue mucho más de lo que solíamos tener, y me temo que mucho más de lo que tendremos en años venideros. A las pruebas me remito.

En el fondo la desaparición de Marca TV es sobre todo un síntoma, un pésimo síntoma, otro más. Seguimos con la incertidumbre televisiva en torno a la ACB, sumamos ahora la incertidumbre televisiva en torno a la Euroliga, no sabemos qué pasará con todo ello (ni con tantas otras cosas) pero sí sabemos que tendremos ya una ventana temática menos con la que jugar. Queda Teledeporte para la caridad, para aquello que le pidan que dé pero siempre y cuando no le cueste un euro darlo, que no parece estar ya el Ente Público para semejantes dispendios; quedan los canales deportivos del Plus pero tampoco les pidan que hagan excesos, la empresa que los sustenta anda también en estado semicomatoso al parecer; queda tal vez Eurosport pero es como si no quedara, porque de baloncesto más bien poquito y porque además se nos ha marchado de la plataforma plusera ante el elevado precio que le cobraban por el alquiler. Y pare usted de contar. Cada vez serán más los acontecimientos deportivos (eventos minoritarios, ligas menores, competiciones internacionales en las que no haya españoles con opciones) que no encuentren ventana televisiva a la que asomarse, piensen por ejemplo en cuánto estaríamos viendo del Mundial de Natación si no fuéramos los anfitriones. Que los del baloncesto estamos mal pero que hay muchos que están aún peor, que algunos aún estamos esperando que TVE se apiade finalmente de nosotros y se decida a darnos el Mundial de Atletismo, ése que viene siendo el mayor acontecimiento deportivo a escala planetaria de cada año impar, ése que hasta hace unos días no tenía quién le televisara, de hecho a día de hoy todavía no está nada claro que vaya a tenerlo.  Así está el panorama.

Vivimos tiempos oscuros, en éste como en tantos otros órdenes de la vida. Ya les dije al principio que no quería hacer un drama (no sé si lo he logrado), que reconozco que andar quejándome de una nimiedad televisiva en estos tiempos que corren me resulta casi inmoral. Pero es que éste todavía sigue siendo un blog de baloncesto (aunque no siempre lo parezca), un lugar en el que hoy deberíamos estar congratulándonos sin más por aquel épico triplazo de Juancho Hernangómez, que lo recordaremos por lo que fue y lo que supuso pero que de alguna manera lo recordaremos también por haber puesto el broche final a un canal que a ratos (sólo a ratos) nos permitió ser un poco más felices. En apenas unos minutos Marca TV habrá dado paso a La Tienda en Casa y será casi (salvando las inmensas distancias) como cuando CNN+ dio paso al Gran Hermano 24 horas o como demonios se llamara aquello, será otra pequeña derrota, otro síntoma más de nuestro empobrecimiento cotidiano. Y créanme que jamás (ni en el mejor de mis sueños) imaginé que diría yo algo así de un medio apellidado Marca, pero es lo que hay. Aunque ni yo mismo me lo explique.

Publicado julio 31, 2013 por zaid en medios

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