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SOY CURRYSTA   1 comment

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Hay imágenes que valen más que mil palabras (qué frase tan original para empezar). Hay fotografías que por sí solas explican media vida, toda una carrera profesional. Y si no se lo creen no tienen más que echar un vistazo a esa que tienen ahí un poquito más arriba, ya sé que muchos la habrán visto hasta la saciedad durante estos últimos años pero aún así contémplenla una vez más, repásenla conmigo, háganme ese favor. El sujeto que vemos a la derecha no creo que necesite ninguna presentación ni siquiera para aquellos que no llegaran a conocerlo en vida, de hecho la mera mención de su nombre debería hacer que nos pusiéramos todos en pie. El que está en el centro tampoco requeriría de mucha presentación pero aún así puede generar más dudas, por lo que habré de recordarles que se llamaba (y se seguirá llamando a día de hoy) Mitch Richmond y que había sido estrella en los Golden State Warriors si bien para aquel entonces ya jugaba en los Kings de Sacramento. Detrás de él, de perfil, en un discreto segundo plano, precisamente el que había sido su entrenador en esos Warriors y había llevado a esa franquicia a cotas ciertamente impensables (a las que por cierto volvería a llevarla más de tres lustros después), el amigo Don Nelson a quien hoy imaginamos disfrutando de su dorada jubilación en las no menos doradas playas de Hawaii. Y finalmente, a la izquierda de la foto (prescindamos del periodista de los cascos, a quien no tengo el placer de conocer) podemos intuir a uno de los mejores triplistas que haya conocido este juego, aquel implacable alero llamado Dell Curry a quien años más tarde Montes apodaría Muñequita Linda, pocos motes hubo mejor puestos; pero digo intuir porque apenas se le ve, porque está medio tapado por la criatura que tiene sobre su regazo, un niño ligeramente cabezón y con cara de bueno que parece mirarse su manita y sus cinco deditos como diciendo veréis la que voy a liar yo con esto cuando sea mayor. Aquel crío era su primer hijo, llevaba por nombre Stephen y aún no había cumplido cuatro años cuando se tomó esa foto, allá por el Concurso de Triples del Fin de Semana de las Estrellas de (supongo que) febrero de 1992.

Hubieron de pasar más de quince años para que conociéramos a ese niño, para que supiéramos siquiera de su existencia. Nunca había oído hablar de él hasta que de repente, hacia mediados de julio de 2007, se me fue a aparecer dos veces en el mismo día por una de esas casualidades de la vida (y de los calendarios televisivos). Por la tarde me senté como tantas otras veces a ver un partido cualquiera de primera ronda del Torneo Final universitario, uno de esos que el Plus acostumbraba (supongo que seguirá acostumbrando, aunque ahora ya no lo trabajo) a ofrecernos cada verano con sólo cuatro meses de diferido no fuera a ser que nos enteráramos del resultado antes de tiempo; y esa misma noche me senté de nuevo ante el televisor para ver (supongo que ya en directo) un partido cualquiera del Mundial Júnior de aquel mismo año, uno de los pocos que tuvo a bien ofrecernos Teledeporte. Y allí estaba él, por la tarde y por la noche, ensartando triple tras triple exactamente de la misma manera, como si entre un partido y otro no hubieran transcurrido esas quince o veinte semanas que ante mis ojos resultaban ser sólo unas pocas horas. Los de la tarde (o sea, los del Plus) nos dieron pelos y señales acerca de aquel liviano freshman de la Universidad de Davidson, nos contaron que de casta le venía al galgo y que de tal palo tal astilla ya que era hijo de etc etc etc. En cambio los de la noche (o sea, los de Teledeporte) nos contaron bastante menos (más bien nada) acerca de aquel liviano base de la selección USA sub19: el marrón (si no recuerdo mal) le cayo al ínclito Javier Metelmicroahí López, ese cuyo verbo grácil y chispeante puede convertir cualquier apetecible espectáculo baloncestero en una pura ruina, véase por ejemplo su paso por la LEB; no es ya que no nos contara que era hijo de Dell Curry, es que si a alguien se le hubiera ocurrido mencionárselo seguro que él habría preguntado ¿y quién es ese Delcarri?, que ya decía mi abuela que de donde no hay no se puede sacar

Fue como una puesta de largo. Steph Curry no pasó ronda en aquel Torneo Final NCAA ni ganó aquel Mundial Junior pero se quedó ya para siempre en nuestras vidas, convertido de repente en un jugador a seguir. Dicho así ya parecía mucho pero créanme que no era nada en comparación a lo que viviríamos apenas ocho meses más tarde (y esta vez ya en directo, por fin, MMOD mediante), en aquella inolvidable March Madness de 2008. No fue mi caso porque yo ya venía abducido de serie, pero sí sé de unos cuantos que se hicieron adictos a este baloncesto universitario en general (virus que una vez te lo inoculan ya se te queda ahí dentro para toda la vida), y a este jugador en particular, gracias precisamente a lo que vivieron en aquella March Madness de 2008: Davidson, universidad modesta donde las haya, firmó un impresionante Torneo Final de la mano de un Curry de leyenda, el verdadero jugador del Torneo aunque no llegara a la final ni a la semifinal, así se lo conté entonces por si les apeteciera recordarlo. Partiendo del número 10 de su región estos Wildcats fueron cargándose (por este orden) a la número 7 Gonzaga, a la número 2 Georgetown y a la número 3 Wisconsin, cada campanada aún mayor si cabe que la anterior. Y no contentos con ello aún tuvieron contra las cuerdas a la número 1, a esa imponente Kansas en su mismísima Final Regional, territorio prohibido, palabras mayores. Sonará muy grandilocuente pero créanme que no exagero si les digo que aquel simple partido pudo cambiar la historia: de haber entrado aquel tiro postrero (que hubo de jugarse Richards por estar sobremarcado Curry) Davidson se habría convertido en el más insospechado finalista (de Final Four, entiéndase) de la historia (sí, aún más insospechado que George Mason dos años antes, aún más insospechado que Butler, VCU o Wichita State después); de haber entrado aquel tiro Kansas habría hincado la rodilla y dado por finalizada su temporada quedándose sin aquel glorioso título que alzaría luego brillantemente, apenas ocho días más tarde; de haber entrado aquel tiro los Jayhawks habrían defenestrado injustamente más pronto que tarde a Bill Self… Así se escribe la historia. O no.

Aún quedaría un tercer año de Curry en Davidson, que no fue peor que los anteriores sino más bien todo lo contrario según contaron todos aquellos que lo vieron. No fue mi caso: por aquel entonces casi todas mis opciones de ver baloncesto universitario (y tanto más tratándose de una universidad tan pequeña) se limitaban al Madness y justo aquel marzo una mala derrota les dejó finalmente fuera, algunos aún soñamos con que en el último momento les llegaría una invitación del Comité de Selección pero no coló, tratábase de una conferencia demasiado menor como para meter dos equipos en el Torneo, no hubo excepciones. Curry se apuntó al draft, y de inmediato se inauguró un interminable debate público sobre sus aspiraciones en dicho draft y por extensión en toda su carrera profesional. De un lado la opción romántica, es un jugador fascinante y de calidad excelsa que lo tiene todo para triunfar en la NBA etc etc, del otro lado la opción (llamémoslo así) escéptica, un dos en un cuerpo de ni siquiera un uno, un cuerpo que no responde en absoluto a los cánones físicos que se estilan en aquella Liga, en cuanto salte a cancha se lo van a comer, se va a estrellar, no tiene ninguna posibilidad…Stephen+Curry+2009+NBA+Draft+rcHK9X8QMIHl De entrada ganaron los escépticos, como no podía ser de otra manera: Curry cayó hasta el puesto 7 del draft, por delante de él valores tan presuntamente seguros como Hasheem Thabeet o Johnny Flynn (¿dónde andará Johnny Flynn?), y aún los Warriors hubieron de tragarse un enorme chorro de críticas acerca de la barbaridad que supuestamente habían cometido escogiendo tan arriba a este tío. Vamos que para completar el cuadro ya sólo faltaba lo que efectivamente sucedió pocos días después, que la estrella de aquellos Warriors Monta Ellis montara en cólera al grito de (traducción libre) esta franquicia no es lo suficientemente grande para los dos, forastero

Curry jugó ya muy bien su primera temporada, se quedó casi a las puertas de ser el rookie del año (algunos siempre pensaremos que debió compartir aquel premio con Tyreke) pero aún así los apóstoles de lo físico siguieron encontrando argumentos en su contra. El chaval se nos fue a romper por donde menos pensábamos, sus defensores no le quebraban las costillas ni le arrancaban de cuajo la cabeza ni le sacaban de un plumazo de la pista (más que nada porque no les daba tiempo) pero sus tobillos empezaban a flaquear. Un esguince llevaba a otro, y éste a otro a su vez, casi siempre en el mismo tobillo pero a veces también en el otro para variar, y un verano decidió operarse pero fue peor el remedio que la enfermedad, y de perderse semanas pasó a perderse meses y en la bahía de San Francisco empezaron a echarse las manos a la cabeza, y hasta los más agoreros pensaron que no aguantaría, que su físico no estaba hecho para jugar a esto, que lo tendría que dejar… Más quirófanos, más tratamientos, más fortalecimiento y mire usted por donde el jugador que volvimos a encontrarnos en el otoño de 2012 pareció ya un hombre nuevo, ya no era aquel guadiana que en los dos años anteriores entraba y salía (más salía que entraba) de las alineaciones cada dos por tres, ya sus tobillos aguantaban y ello a su vez repercutía en su confianza, ya volvía a ser aquel Curry de Davidson o del primer año en Golden State pero ahora ya por fin corregido y aumentado, más hecho, más sabio, más adaptado (no sólo físicamente) a la Liga. Aún hoy le veo jugar y pienso que puede troncharse a cada paso, aún hoy me asusto cuando sale renqueante tras alguna penetración, ya son ganas de asustarse porque la realidad no responde en absoluto a esos temores, durante estas dos últimas temporadas sus ausencias (rara vez relacionadas con sus tobillos) pueden contarse con los dedos de una mano y aún sobrarían dedos. Hoy esa frágil y quebradiza estructura de cristal de bohemia esconde a un sujeto cada vez más fuerte; y también (aún por imposible que parezca) cada vez mejor jugador, si cabe. El equilibrio perfecto entre estética y eficacia, entre plasticidad y efectividad, entre hacerlo bonito y hacerlo bien. El equilibrio perfecto entre el corazón y la razón.

Y es que hay otros jugadores que te epatan, que te abruman, que te ganan casi por aplastamiento. Otros hay que te gustan, claro que sí (cómo no te habrían de gustar), que puede que hasta te entusiasmen, que los veas y digas joder qué bueno es, qué clase, qué maravilla, qué bien lo hace todo, lo que usted quiera, te gustan pero no te enamoran, vaya por dios, les falta justo ese último escalón. Otros hay que te impactan pero a la vez te dejan frío, qué poderío y qué dominio pero también qué falta de gracia, qué poquita capacidad de seducción. Otros hay que lo tuvieron todo para enamorarte, que te enamoraron justo hasta ese día en que se creyeron más grandes que ellos mismos, hasta que se les rebosó el ego, el equipo es un mal necesario, me importo yo y yo y yo y nadie más que yo. Y finalmente hay algunos que te entran por los ojos, que (éstos sí) te seducen, te vuelven loco, tanto más loco te vuelven cada dstephen-curry-celebrates-pelicans-121414.1200x672ía que pasa, cada partido que los ves; justo esos son los imprescindibles, que diría Bertolt Brecht si aún viviera y le gustara el baloncesto (ustedes disculpen la herejía). Los encantadores de serpientes, los que te hipnotizan, los que te devuelven a otro tiempo en el que el talento aún era mucho más importante que el músculo. Curry es imprescindible porque nos reconcilia con el baloncesto que una vez soñamos, aquel juego (nunca mejor dicho) en el que lo lúdico convivía en armonía con lo táctico, la magia atravesaba el cemento y ganar (aún siendo lo más importante) no era tan importante como disfrutar. Curry de alguna manera nos devuelve a la infancia, a la adolescencia. A la suya, sí, pero también (y sobre todo) a la nuestra.

Creo que se me nota, soy currysta, pondré buen cuidado en escribirlo con y griega porque una vez lo tuiteé con i latina y se me empezaron a aparecer fans de Curro Romero por doquier (a mí, que tengo de taurino lo que de monje trapense poco más o menos). Soy currysta, no es ya una debilidad sino algo que está más allá de eso, practico el currysmo como practico el chachismo o el ginobilismo pongamos por caso, cada uno a su manera, cada uno en su justa medida, cada uno a su debido tiempo. Soy currysta y sé que no soy el único, sé que el currysmo es una religión cada vez con más adeptos pero ello no lo hace menos especial, más bien al contrario. Soy currysta desde hace ya casi ocho años, desde antes que (casi) nadie, desde que aún no sabía que lo fuera, desde que muchos que hoy son currystas casi ni sabían que existiera. Soy currysta y me colma de dicha y regocijo (o me llena de orgullo y satisfacción, como prefieran) que aquel niño que se miraba los deditos sobre el regazo de su padre y a la vera de Don, Mitch y Drazen, que aquel post-adolescente que nos enamoraba (deportivamente) en Davidson sea oficialmente a día de hoy (y con todos los respetos a Harden, LeBron, Davis y tantas otras maravillas) el mejor jugador de la NBA, que es tanto como decir a día de hoy el mejor jugador de baloncesto sobre la faz de la tierra. Soy currysta y lo mejor es que es sólo el principio, que sólo son 27 años, que aún caben más emvipís en esa carrera, que hay ya un anillo esperándole a la vuelta de la esquina, si así no fuera no se preocupen porque habrá muchas más esquinas tras las que esperar. Soy currysta, si usted aún no lo es será o porque no le gusta o porque no lo ha probado, si es lo primero me parece perfecto (sobre gustos no hay nada escrito), si es lo segundo déjeme que le diga que no sabe lo que se está perdiendo. Avisado queda.

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lo de todos los años   7 comments

Me permitirán que me autoplagie (o que me autocite, que queda más elegante), que copiapegue aquí lo que escribí hace hoy exactamente un año y diez días, más que nada porque no me apetece volver a escribirlo:

El proceso de elección de Entrenador del Año en nuestra Liga ACB responde a un mecanismo ciertamente muy complejo, en el que inciden un sinfín de variables que resultaría sumamente prolijo explicar aquí, en el corto espacio de unas breves líneas. Pese a ello, y dada mi natural vocación de síntesis, haré un ímprobo esfuerzo para resumirles de la mejor manera posible los pasos que por lo general conducen a la concesión del susodicho galardón:

Paso 1: se espera a que termine la temporada regular.
Paso 2: una vez finalizada la temporada regular se obtiene la clasificación.
Paso 3: se mira dicha clasificación para comprobar qué equipo ocupó el primer puesto.
Paso 4: se comprueba quién es el entrenador de dicho equipo.
Paso 5: se otorga a dicho técnico el premio al Entrenador del Año. Sin más.

O dicho de otra manera: en la temporada 2009/2010 el Barça acabó primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le fue otorgado a Xavi Pascual. En la temporada 2010/2011 el Barça acabó primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le fue otorgado igualmente a Xavi Pascual. Y en ésta recién concluida 2011/2012 el Barça ha acabado primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le ha sido concedido a… (terminen ustedes la frase, háganme el favor, que es que a mí me da la risa).

Fin de la cita, evidentemente aquella entrada era mucho más larga (y cómo no habría de serlo) pero el resto eran ya generalidades y vaguedades que venían a cuento entonces pero hoy ya no vienen al caso. Hoy podría simplemente continuar aquella cita añadiendo que en esta temporada 2012/2013 el primer clasificado de la temporada regular ya no ha sido el Barça sino el Madrid, razón por la cual el Entrenador del Año ya no ha sido Xavi Pascual sino

Creo que no soy precisamente sospechoso de lasofobia, creo que nadie que me lea con cierta asiduidad pensará que si escribo así es porque le tengo cierta manía a Pablo Laso. Más bien al contrario, saben que le he puesto por las nubes un montón de veces, la última hace apenas unos días con notable éxito de público y no tanto de crítica, que de esa hay para todos los gustos. Lo repetiré una vez más, valoro a Laso muy por encima de lo que lo hacen muchos aficionados de su propio equipo y creo firmemente que está haciendo un extraordinario trabajo cuyos resultados se ven a simple vista: el título copero del pasado año, la Final de la Euroliga, el liderazgo en ACB y sobre todo la creación de un estilo de juego perfectamente reconocible y sumamente atractivo para el espectador. Valoro a Laso y hasta lo tengo en gran estima, no les quepa la menor duda, pero una cosa es una cosa y otra cosa ya son dos cosas. Laso es el entrenador del Madrid (lo mismo de esto ya se habían dado cuenta), y nadie dice que sea fácil entrenar al Madrid como tampoco es fácil entrenar al Barça, faltaría más; pero las penas con pan son menos como suele decirse. O dicho de otra manera, que no sé si me estoy explicando: es muy meritorio acabar primero la fase regular ACB, qué duda cabe, pero es algo que queda mucho más a mano si manejas un presupuesto futbolero como el de Madrid o Barça que si manejas cualquier otro presupuesto, cualquiera. ¿Entrenador del año? Para mí entrenador del año sería el que tuviera mejor relación calidad-precio, es decir, mejor relación entre los resultados conseguidos y los medios que fueron puestos en su mano para conseguirlos. El que hace más con menos, por decirlo así. Todo lo cual no quita para que si en un momento dado un equipo grande hace una temporada superlativa su técnico no pueda ser considerado entrenador del año, faltaría más. Pero eso, una temporada muy puntual, unas circunstancias muy concretas; no que por el mero hecho de quedar primero te lo den ya, de serie, sin atender a ninguna otra consideración.

Supongo que hasta se podría otorgar este premio en base a parámetros matemáticos, y obviamente no me refiero al puesto en la clasificación o a una mera suma estadística sino a algo más elaborado; quizás podría establecerse una correlación (inversa), de un lado el número de victorias, del otro el presupuesto del equipo o bien la suma de las nóminas de sus jugadores, ahí les dejo la idea (y gratis) por si les apeteciera llevarlo a cabo, yo no lo haré por varias razones: porque soy lego en la materia, porque aunque no lo fuera no tengo ni el tiempo ni las ganas de ponerme a calcular una cosa así y porque (sobre todo) no soy tanto de números como de sensaciones. Y mis sensaciones me dicen que el que ha hecho más con menos (muy alto el más, muy bajo el menos) ha sido el técnico del CB Canarias Alejandro Martínez. Primera temporada en la élite, casi rozando los playoffs, casi la misma plantilla que subió de LEB más algún ligero retoque y añadiendo además (por si todo lo anterior fuera poco) esas mismas cualidades que decíamos de Laso, ese estilo reconocible y muy atractivo. Sí, él habría sido sin lugar a dudas mi entrenador del año, y en su defecto tampoco me habría chirriado que lo fueran Pedro Martínez, Moncho Fernández, Roberto González o José Luis Abós, ejemplos perfectos todos ellos (cada uno a su manera) de optimizar plantillas y conseguir resultados muy por encima de las expectativas generadas. Cualquiera de ellos (y algún otro que me dejo) en mi opinión lo merecía más que Laso, simplemente porque ninguno de ellos tuvo ni de lejos el plantillón, los medios ni las posibilidades que tuvo Laso. Repito una vez más, todo ello sin menospreciar en absoluto el grandísimo trabajo de Pablo Laso.

A veces me pregunto qué es lo que mueve a la ACB a perpetrar esta solemne majadería año tras año. Evidentemente no lo sé, pero por buscarle alguna explicación me contesto que será tal vez por un impulso mediático, porque piensen que dárselo a un personaje mínimamente reconocible les permitirá vender mejor el producto. Lo cual, si fuera cierto, no haría sino confirmar la evidente incapacidad de la propia ACB a la hora de saber cómo vender su producto. Si se lo tienen que dar al entrenador del equipo líder (que suele coincidir con Barça o Madrid, casualmente) porque piensen (acaso con razón) que si se lo dan a cualquier otro no lo va a conocer ni la madre que lo parió, aviados vamos. Como siempre, el mundo al revés. La NBA, ese espejo en el que tanto les gusta mirarse, no tuvo ningún reparo en darle hace algunos años el premio de Entrenador del Año a un Doc Rivers que por aquel entonces no era el técnico de éxito que hoy conocemos en los Celtics sino un técnico rookie que, recién colgadas las botas, hacía sus primeros pinitos en Orlando. Aquellos Magic se quedaron a las puertas del playoff y muchos por aquí (quizá la falta de costumbre) pusieron el grito en el cielo, cómo es posible que se lo den si no está en playoffs, sin reparar en el pequeño detalle de que Rivers había hecho encaje de bolillos con una plantilla que no había por dónde cogerla, con un equipo que era algo menos que un equipo de transición. El que hace más con menos, recuerden, los votantes NBA lo vieron claro. La NBA crea estrellas y a partir de ahí las vende, la ACB espera que se creen solas y a partir de ahí tampoco hace nada, simplemente se deja llevar, no se atreve a salirse ni siquiera un poquito del guión.

Si sólo fuera el Entrenador del Año… Es Mirotic de MVP, es ese quinteto ideal políticamente correcto con tres jugadores del primer clasificado, otro del segundo y otro del tercero como si más allá no hubiera baloncesto, como si no existieran Nacho Martín, Justin Doellman, Germán Gabriel, tantos otros. Les compro a Sergio Rodríguez porque saben que soy muy del Chacho y porque creo que lo merece (aunque algún otro Rodríguez de acento puertorriqueño podría tener algo que decir), podría comprarles a Tomic aunque sus prestaciones a un lado de la cancha no tengan nada que ver con las del otro, podría hasta comprarles (con muchísimas reservas) a Mirotic pero por favor, no me vendan a Rudy, no me vendan al Chapu, este año no, a ambos les aprecio y les tengo en gran estima pero no me vendan la moto, tengan la bondad. No, no les pondré esta vez como ejemplo a la NBA porque allí también hacen sus cagadas (ese defensor del año en el segundo mejor quinteto defensivo del año, esos Wade y Howard en el tercer mejor quinteto de la Liga como si en verdad lo merecieran) y para eso me basta y me sobra con las nuestras. ¿Mirotic MVP? Es muy bueno y va a ser mucho mejor (pero esto se da por lo que se es, no por lo que se vaya a ser), cierto es que ha hecho partidos realmente extraordinarios pero no es menos cierto que en otros ha estado prácticamente desaparecido. Ya les dije antes que no me muevo tanto por números como por sensaciones, y mis sensaciones me llevan a un extraño concepto llamado continuidad: la que no encuentro en Mirotic, la que sí encuentro en aquellos otros Doellman o Nacho Martin que les decía más arriba (cada uno a su manera), la que encuentro incluso en su compañero Sergio Rodríguez antes que en él mismo. Claro está, Mirotic es la estrella emergente, jugará en la NBA tarde o temprano y queda mucho mejor a la hora de lucirlo, va usted a comparar, pones en el cuadro de honor MVP Nikola Mirotic y queda como dios, pones en cambio MVP Nacho Martín y queda de lo más cutre, ya ves tú, Nacho y encima Martín, pero quién demonios es ese tío, por dios qué vulgaridad. Habremos de reconocerlo, premiar a Mirotic resulta mucho más estético, ya otra cosa es que además sea justo.

Así que miren, déjense de tonterías de una vez por todas y para el año que viene institucionalicen todos estos premios, tengan la bondad. Háganlo en la misma línea que les proponía al comienzo, proclamen con antelación que el Entrenador del Año será el técnico del equipo que gane la temporada regular, que el MVP será el jugador más vendible e icónico de ese mismo equipo campeón de la regular, que el quinteto ideal estará integrado necesariamente por jugadores de los tres primeros clasificados en rigurosa proporción a los méritos contraídos por éstos, que los jugadores de aquellos equipos a partir del cuarto puesto podrán optar al Premio a la Actitud Azul o al Premio a la Tocada de Huevos Verde pero a los premios principales no, nunca, jamás, en ningún caso, bajo ningún concepto. Déjenlo por escrito, díganlo por adelantado y al menos sabremos a que atenernos. Nos parecerá igual de injusto, pero ya no nos pillará por sorpresa.

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