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brotes verdes   Leave a comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 15 de octubre de 2013)

Granca y CAI han llegado para quedarse. Granca y CAI llegaron hace cinco meses, ganaron donde no les tocaba, subvirtieron el orden establecido, dieron el puñetazo encima de la mesa y dijeron hola buenas, aquí estamos, Granca y CAI llegaron y rompieron de un plumazo los esquemas de nuestro adocenado baloncesto patrio, acostumbrado por lo general a que tercero y cuarto fueran más o menos los de siempre para así justificar sin necesidad de más explicaciones que la Euroliga también la jugaran más o menos los de siempre.brotes-verdes Granca y CAI supusieron un maravilloso soplo de aire fresco (dos soplos, más bien) para nuestra alicaída Liga, dos brotes verdes (que éstos en verdad lo son aunque parezcan rojos o amarillos, no como esos otros que insisten en vendernos por ahí) en mitad de este páramo desolado, cada vez más yermo porque cada vez hay menos con que regarlo, también porque esos dos enormes eucaliptos plantificados allí en medio se chupan casi toda el agua e impiden que surja a su alrededor cualquier otro atisbo de vegetación. Granca y CAI surgieron sin embargo, resultó fácil la tentación de creer que fueran flor de un día pero nada más lejos de la realidad, casi medio año después ahí siguen cada vez más lozanos y frondosos, aguantando la sequía, los embates de los vientos y hasta las acometidas del temporal…

Y no será porque no les podaron (no sé si no estaré llevando la metáfora demasiado lejos), no será porque no intentaran quitarles todo lo aprovechable en cuanto se vio que podían prosperar. No había acabado casi el CAI de eliminar al Valencia Basket, no se había enfriado aún el parquet de La Fonteta y ya estaban los del Equipo Hacendado haciendo buena aquella vieja máxima, si no puedes vencer a tu enemigo únete a él, si no puedes vencer a tu enemigo intenta al menos quitarle lo mejor que tenga para que así puedas vencerle la próxima vez. La Cultura del Refuerzo, como si dijéramos. Dicho y hecho, Pablo Aguilar y Sam Van Rossom hicieron el breve trayecto Zaragoza-Valencia y de repente a orillas del Ebro se vieron de nuevo ante la necesidad de reinventarse, reinventarse relativamente porque al fin y al cabo allí seguirían los Llompart, Roll, Rudez, Stefansson o Joseph Jones, pero reinventarse de todos modos. Lo que para otros sería un grave problema, para Willy Villar es sencillamente un reto diseñado a la medida de su capacidad.

Si a alguien le quedaba alguna duda, se le debió quitar en cuanto vio aparecer por aquellas tierras a esa especie de Mister Bean con cuarenta centímetros de más llamado Giorgi Shermadini, todo un vigente campeón de Euroliga escogiendo ser cabeza de ratón (aunque hay ratones y ratones) en vez de cola de león, pasar de jugar diez minutos en un gran equipo a jugar treinta en un buen equipo como paso fundamental para relanzar (aún más) su carrera. Aun así alguno le puso pegas, ya dijo el torero que hay gente pa tó, que si no es un fino estilista, que si sus movimientos son manifiestamente mejorables, que si… Pura envidia, me temo. Shermadini podrá no resultar tan pintón como otros (como su magnífico compañero Joseph Jones, por ejemplo) pero es que tampoco lo necesita. A Shermadini se le mide en términos de eficacia, de economía de medios, para qué hacer cuatro pivotes y dieciséis reversos si con apenas un giro y un toque suave ya es capaz de sacar petróleo de las piedras. Y a ambos lados de la cancha, además. Cómo se lo explicaría: al precio que va hoy en día el kilo de cénter de calidad en el mercado europeo, ya hay que tenerlos bien cuadraos para poner pegas a un jugador así, y tanto más estando en un equipo como el CAI. Lo del sábado fue sólo el principio.

Pero es que además no vino solo, ponga usted un georgiano en su vida y a poco que se descuide tendrá dos por el mismo precio (bueno, no exactamente por el mismo precio, pero ustedes me entienden). Por si no tenías bastante con Mister Bean vas y le pones al lado al Señor Cuesta de aquí no hay quien viva (o de como demonios se llamara aquello), por otro nombre Viktor Sanikidze, un sujeto que dicen que pasó tiempo ha por Estudiantes aunque él se esforzara concienzudamente en disimularlo. Éramos más jóvenes (sobre todo él), hoy este Sanikidze tiene infinitamente menos pelo e infinitamente más baloncesto que entonces. Georgiano y georgiano, la pareja perfecta, desconfíe de parecidos y otras chorradas porque estamos ante el futuro (quizá ya presente) dúo de moda en la ACB, por separado son buenos pero juntos son capaces de fabricar baloncesto como los propios ángeles (no sé si como los Lakers o como los Clippers, pero como los ángeles al fin y al cabo), así en su selección como en su club. Nace el CAI Zaragozadze.

Si además cambias belga por belga, Van Rossom por Tabu (será por apellidos pintorescos), si además te sacas de la manga a un Pere Tomás que necesitaba ya resetearse fuera de Badalona, si además conservas casi todo lo demás (incluso Norel, que por ahí sigue aunque aún no goce de buena salud) el resultado de todo ello nos da un proyecto maravilloso, un equipo al que da gloria verlo. En Bilbao lo vieron y no parece que les diera mucha gloria, como tampoco parece que les diera mucha gloria en Vitoria ver al Granca, es lo que tienen las derrotas. Estas cosas son así, hace un par de años los equipos vascos epataban al resto de los mortales, hoy en cambio andan metidos en (relativas) penurias, mañana quién sabe. Tendrán que poner las cosas en perspectiva (es decir, tendrán que no jugar contra ellos) para apreciar en su justa medida lo que estas fantásticas criaturas de Abós y Martínez son capaces de hacer, lo que ya están haciendo. Para ver crecer los brotes verdes.

Y es que lo dicho cuatro párrafos más arriba para Willy Villar vale exactamente igual para Berdi Pérez. Aún no habían acabado de caer ante el Barça, aún no habían acabado de despedirse y desearse un buen verano y ya estaba Ryan Toolson vestido de verde Unicaja. Y el siguiente fue Spencer Nelson, más de uno contaba en la Isla con que recogiera el testigo de Jim Moran y se perpetuara de amarillo pero se ve que él tenía otros planes. ¿Problema? En absoluto. Hay seres humanos que no acostumbran a tener problemas sino soluciones, y me da que Berdi debe ser uno de ellos. Antes de traer lo bueno que haya por ahí procuremos conservar lo bueno que aún tenemos, que no es poco: Newley renovó contra todo pronóstico, como renovó Bellas tras arduo proceso que costó poco menos que un parto pero que al final (ya casi fuera de cuentas) acabó en alumbramiento feliz para todas las partes. Como siguieron también Beirán, Báez (¿acaso el jugador más infravalorado de la Liga?), el aún achacoso (aunque mientras estuvo en la selección no quisiéramos darnos cuenta) Xavi Rey y hasta la joya de la corona Edy Tavares. No estaba mal para empezar…

Pero aún había muchos agujeros que tapar. Granca se lanzó en picado a por el jugador más deseado del verano, Nacho Martín. Tenía mal pronóstico, tenía que competir contra ofertas muy superiores de equipos que tal vez le doblaran el presupuesto, tenía que jugar sus bazas. Como dijo aquél, hay cosas que el dinero no puede comprar. Hay personas (y hay edades) que priorizan la pasta y hay también personas (y edades) que están por encima de todo eso. No porque les sobre, nunca sobra, sino porque están ya en otra fase, porque son capaces de valorar aún más la calidad de vida. Entre ganar XXX en un sitio cualquiera o ganar sólo XX en mitad del paraíso, en un lugar de inmejorable clima meteorológico y social, muchos (que no miran más allá de sus narices, o más allá de su cuenta corriente) habrían elegido la opción A, pero Nacho Martín prefirió la B. Granca buscó a Nacho, Nacho Martín escogió Gran Canaria. Un gran lugar, un gran club, un gran tipo (visto al menos desde la distancia, que no tengo el placer), de alguna manera estaban todos ellos condenados a entenderse. Por nada del mundo se me vayan a perder el resultado de ese entendimiento.

Pero quedaba el toque mágico, el que antaño fue Toolson y antes fue Carroll y antes English y antes tantos otros, el que año tras año nos lleva a abrumar de loas y alabanzas a Berdi y antes a Himar y antes otra vez a Berdi. Vistos los antecedentes esperábamos un tirador, ficharon a Ben Hansbrough ergo a partir de ahí ya todos nos lanzamos a decir que Hansbrough es un tirador. Bueno, pues no. Hansbrough es menos que eso, lo que significa que es también muchísimo más que eso. Hansbrough es el pack total, créamelo porque le vi no menos de una docena de veces durante su periplo universitario, Hansbrough puede tirar (y meter) pero no es esa su principal faceta, Hansbrough anotará menos que sus antecesores o anotará tal vez lo mismo pero de otra manera, atacando el aro, dejándose los dientes en cada penetración. Eso sí, a cambio Hansbrough te dará una defensa y una intendencia que los otros no te dieron, ni por asomo. E intensidad, toda la del mundo. No estará tan loco como su afamado hermano Tyler (Psycho T para los amigos), su mirada no es tan enajenada pero sí te permite intuir esa misma determinación en sus ojos. En los días malos se dejará la vida (y pasará por encima de la de cualquiera, si es preciso), en los días buenos también pero además hará muchas más cosas. Siempre y cuando no me lo hayan estropeado desde que salió de Notre Dame.

Añádanle a Albert Oliver, todavía a sus 35 añazos un seguro de vida desde el base, un magnífico pasador (y tantas otras cosas) en el reino de los buenos pasadores, como lo es también Bellas o como lo son (cada uno a su manera) Hansbrough, Beirán, Báez, no digamos ya Nacho Martín. O como lo es incluso O’Leary, el típico alero sobrio y discreto que tanto gusta en aquellas tierras, el que partido tras partido te hará muy poco ruido y te dejará en cambio muchas, muchísimas nueces. Un equipo de buenos pasadores, bien trabajado además como es el caso, podrá ganar o perder pero te asegurará jugar muy bien al baloncesto. He ahí su imagen de marca. En esta Liga ACB podrá haber equipos mejores que el Granca, sobre todo plantillas mejores que la del Granca. Pero difícilmente encontraremos a un equipo que juegue tan bien al baloncesto como lo hace el Granca.

Granca y CAI han llegado para quedarse, y ahora usted (en el dudoso supuesto de que haya aguantado hasta aquí) me preguntará qué significa quedarse. Ojalá lo supiera. Quedarse es no ser aquella flor de un día que les dije en el primer párrafo, quedarse es competir de igual a igual semana tras semana, mes tras mes, es estar ahí rondando permanentemente las proximidades de la excelencia. Quedarse es seguir creciendo, es continuar año tras año peleando copas y playoffs, asumiendo que puedes perder (cómo no habrías de poder, la derrota es parte del juego) pero sabiendo que has hecho siempre todo lo necesario para que puedas ganar. Quedarse es no pensar jamás en títulos, pero si por cualquier circunstancia se ponen a tiro no perderles la cara y mirarlos de frente, siempre de frente. Quedarse es tener claro que hay por ahí dos acorazados pero que el resto son meramente humanos, y que hasta a los acorazados se les pueden encontrar vías de agua de vez en cuando. Quedarse es no ponerse más límites que aquellos que dicte el sentido común (o ni esos siquiera), quedarse es dormir poco y soñar mucho como en buena hora dijo Pedro Martínez. Quedarse es (o debería ser) precisamente eso, haberse ganado por fin el derecho a soñar. Así sea.

re(in)ventando a Marc   3 comments

Existe una peculiar corriente de opinión en nuestro periodismo deportivo, representada básicamente por aquellos que acaso se acercaran al baloncesto a partir del boom de los ochenta (o antes incluso) pero que luego ya sólo han vuelto a nuestro deporte de año en año, en las hipotéticas finales europeas del Madrid o en los sucesivos torneos internacionales de la selección. Dicha corriente, que podríamos denominar Juanmorismo en honor a su más fiel (pero no único) representante, sostiene que las rotaciones están matando este juego. Ellos conocieron un baloncesto en el que los cambios sólo se hacían por necesidad, porque el jugador se lesionaba o porque se metía en faltas, en ningún caso por cuestiones tácticas ni aún menos para darle descanso, por dios qué ocurrencia, hasta ahí podíamos llegar. Los buenos han de jugar sí o sí, permanecer sobre la cancha así llueva o truene o haga sol, así hasta que revienten o hasta que el parquet se hunda bajo sus pies. Verdad verdadera.

Evidentemente no deben saber que el baloncesto ha cambiado un poquito desde entonces. Que hoy se juegan muchísimos más partidos (y muchísimo más duros) que entonces, que aquel juego de finos estilistas devino (degeneró dirían algunos, tal vez con razón) en este otro juego de fajadores en el que el físico demasiadas veces acaba siendo más importante que el talento. Si quieres que el jugador te llegue fresco al momento culminante del partido tendrás que haberle dejado descansar antes, no digamos ya si además quieres que te llegue fresco al momento culminante de cada competición. Lo saben desde Popovich a Aíto, desde George Karl (que fue casi quien las trajo) a Joan Plaza, desde Krzyzewski a Obradovic, lo sabe (y lo practica) a día de hoy prácticamente todo dios. Pero ellos (nuestros juanmoristas) erre que erre, te sacan números de la NBA (en bruto, sin aplicar porcentajes, sin recordar que allí son 48 minutos y aquí 40), si Fulano juega allí tanto a ver por qué aquí no puede jugar cuánto, sin reparar en que la intensidad de la temporada regular NBA (obviamente los playoffs son otra historia) no puede compararse a la de (por ejemplo) este Eurobasket, allí puedes jugar partidos un día sí y otro también pero pasas tres cuartos y medio al trantrán y luego si eso ya te pones, aquí puedes jugar partidos un día sí y otro también y tener que aplicarte desde el primer minuto de la primera fase como si no hubiera un mañana. Allí rotas, los buenos te jugarán más minutos (que porcentualmente son casi los mismos) pero rotas. Aquí también, por una mera cuestión de supervivencia. Aunque algunos no lo entiendan.

Juan Antonio Orenga, entrenador moderno donde los haya, está rotando a sus chicos hasta la extenuación. Tanto los está rotando que a día de hoy no creo que haya nadie en su sano juicio capaz de establecer quién es el uno, el dos, el tres y el cuatro titular de nuestra selección. ¿El cinco? El cinco sí, cómo no, creo que hasta mi sobrina de año y medio sabe ya que nuestro cinco titular es Marc Gasol, faro, lumbre y guía de este equipo, probablemente el mejor pívot de la NBA a día de hoy que es tanto como decir el mejor pívot del mundo a día de hoy. Marc es el puto amo, se lo ha ganado a pulso, tanto se lo ha ganado que Orenga no ve llegar el momento de prescindir de sus servicios, el resto si promedian 20 minutos es por equivocación pero Marc promedia 36, no hace falta echar muchas cuentas, 34 aguantó contra Croacia (ahí seguía en cancha bien entrados ya los minutos de la basura) y 38 ante Eslovenia, 38 durísimos minutos fajándose, encajando, embistiendo y aguantando a su vez las embestidas de los Begic, Vidmar y compañía. A costa de haber dado lo mejor que tenía en los minutos previos, Marc Gasol llegó literalmente fundido al momento de la verdad. El juanmorismo estará contento.

¿Por qué hace esto Orenga? ¿Acaso porque es un firme convencido de estas teorías y piensa que los buenos tienen que jugar hasta que revienten (y si no lo hace con los demás es porque todavía no acaba de tener claro quiénes son los buenos)? Pues no. Orenga mantiene a Marc en cancha por la sencilla razón de que no se atreve a sentarle, porque el mero hecho de pensarlo siquiera le hace entrar en pánico. No es ya que Orenga tenga confianza ciega en Marc (y quién no), es que tiene confianza cero en cualquiera que pueda entrar en su sustitución. En Xavi Rey, por ejemplo. Xavi no es Marc, lo cual no tiene nada de particular porque nadie (excepto Marc) es Marc, Xavi no lo es como tampoco lo serían Felipe o Ibaka si estuvieran con la selección. Xavi no es Marc pero es que casi no es ni Xavi tampoco, me explico: este Xavi Rey está a años luz del mejor Xavi Rey, de aquel que vimos y disfrutamos en los primeros meses de la pasada temporada. No es culpa suya, tuvo una grave lesión, no diré (porque no tengo elementos de juicio para decirlo) que se haya precipitado su reaparición pero lo que sí tengo claro (de hecho llevo pensándolo desde la presunta fase de preparación) es que está totalmente fuera de punto, que no alcanza ni siquiera al cincuenta por ciento de su nivel habitual. Y Orenga lo sabe, probablemente lo sabía ya cuando le convocó. Y aún así le llevó. Y ahora no se atreve a ponerle. Reconocerán que para este viaje no nos hacían falta alforjas.

Y sin embargo Orenga aún parece creer más en ese cincuenta por ciento de Xavi Rey que en el cien por ciento de Germán Gabriel. ¿Se acuerdan de Germán Gabriel? Sí, aquel de quien Sainz de Aja decía que era el mejor de entre los Júniors de oro de Lisboa, aquel a quien sus compañeros de entonces llamaban Yogui, aquel a quien luego sucesivos técnicos fueron derivando hacia la posición de cuatro pero que tenía y aún tiene hoy un juego de pies que debería ser la envidia del mundo entero, aquel por el que (habré de confesarlo) siento una especial debilidad desde hace ya unos cuantos años. Puede que ya no lo recuerden (casi ni yo mismo lo recuerdo) pero créanme que Germán Gabriel forma también parte de esta selección, como tal fue convocado, como tal se tragó entera la Gira Ñ (y a veces hasta la jugó, incluso), como tal supuestamente viajó a Eslovenia, no nos consta que haya sido secuestrado por un grupo terrorista ni que haya sido abducido por los extraterrestres así que habremos de suponer que allí sigue, no sé si en calidad de jugador o de entrenador asistente (que el título lo tiene) pero allí debe estar todavía. No, él tampoco es Marc, no las pasaría menos putas que Rey en defensa pero aportaría cosas distintas en ataque, movilidad, cintura, muñeca, frescura, versatilidad. Y minutos, otro puñadito de minutos para que el Gasolito nos pudiera reposar un poco más…

Esto es así. Nos pasamos meses y meses diciendo que tal o cual jugador está ya para la selección, que debería ir convocado sí o sí, que sería el ideal para ocupar el hueco que habrá de dejar éste o el otro… pero luego llega la hora de la verdad y o bien no nos atrevemos a convocarlo (véase Nacho Martín) o bien le convocamos pero no nos atrevemos a ponerlo. Y mientras tanto seguimos reinventando la (no) rotación de Marc, que es tanto como decir que seguimos reventando a Marc. Lo peor no es ya que ayer llegara hecho unos zorros al final por no haber descansado antes, lo peor es que ese partido ante Eslovenia pueda acabar convirtiéndose en una metáfora del Torneo. Que Polonia, Chequia y (sobre todo) Georgia no nos vayan a regalar nada, que en la (presunta) segunda fase aún menos, que por no tener descanso ahora acabe llegando hecho unos zorros a (por ejemplo) cuartos de final. El juanmorismo estará encantado de que así sea, todo lo que sea promediar menos de cuarenta minutos les parecerá poco, luego cuando vengan mal dadas ya le echarán las culpas al empedrao. Pero yo que no soy juanmorista no pienso esperar tanto, yo soy casi más de curarme ya en salud, o damos descanso a Marc ahora o lo acabaremos pagando después, al tiempo. Dicho queda.

lo de todos los años   7 comments

Me permitirán que me autoplagie (o que me autocite, que queda más elegante), que copiapegue aquí lo que escribí hace hoy exactamente un año y diez días, más que nada porque no me apetece volver a escribirlo:

El proceso de elección de Entrenador del Año en nuestra Liga ACB responde a un mecanismo ciertamente muy complejo, en el que inciden un sinfín de variables que resultaría sumamente prolijo explicar aquí, en el corto espacio de unas breves líneas. Pese a ello, y dada mi natural vocación de síntesis, haré un ímprobo esfuerzo para resumirles de la mejor manera posible los pasos que por lo general conducen a la concesión del susodicho galardón:

Paso 1: se espera a que termine la temporada regular.
Paso 2: una vez finalizada la temporada regular se obtiene la clasificación.
Paso 3: se mira dicha clasificación para comprobar qué equipo ocupó el primer puesto.
Paso 4: se comprueba quién es el entrenador de dicho equipo.
Paso 5: se otorga a dicho técnico el premio al Entrenador del Año. Sin más.

O dicho de otra manera: en la temporada 2009/2010 el Barça acabó primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le fue otorgado a Xavi Pascual. En la temporada 2010/2011 el Barça acabó primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le fue otorgado igualmente a Xavi Pascual. Y en ésta recién concluida 2011/2012 el Barça ha acabado primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le ha sido concedido a… (terminen ustedes la frase, háganme el favor, que es que a mí me da la risa).

Fin de la cita, evidentemente aquella entrada era mucho más larga (y cómo no habría de serlo) pero el resto eran ya generalidades y vaguedades que venían a cuento entonces pero hoy ya no vienen al caso. Hoy podría simplemente continuar aquella cita añadiendo que en esta temporada 2012/2013 el primer clasificado de la temporada regular ya no ha sido el Barça sino el Madrid, razón por la cual el Entrenador del Año ya no ha sido Xavi Pascual sino

Creo que no soy precisamente sospechoso de lasofobia, creo que nadie que me lea con cierta asiduidad pensará que si escribo así es porque le tengo cierta manía a Pablo Laso. Más bien al contrario, saben que le he puesto por las nubes un montón de veces, la última hace apenas unos días con notable éxito de público y no tanto de crítica, que de esa hay para todos los gustos. Lo repetiré una vez más, valoro a Laso muy por encima de lo que lo hacen muchos aficionados de su propio equipo y creo firmemente que está haciendo un extraordinario trabajo cuyos resultados se ven a simple vista: el título copero del pasado año, la Final de la Euroliga, el liderazgo en ACB y sobre todo la creación de un estilo de juego perfectamente reconocible y sumamente atractivo para el espectador. Valoro a Laso y hasta lo tengo en gran estima, no les quepa la menor duda, pero una cosa es una cosa y otra cosa ya son dos cosas. Laso es el entrenador del Madrid (lo mismo de esto ya se habían dado cuenta), y nadie dice que sea fácil entrenar al Madrid como tampoco es fácil entrenar al Barça, faltaría más; pero las penas con pan son menos como suele decirse. O dicho de otra manera, que no sé si me estoy explicando: es muy meritorio acabar primero la fase regular ACB, qué duda cabe, pero es algo que queda mucho más a mano si manejas un presupuesto futbolero como el de Madrid o Barça que si manejas cualquier otro presupuesto, cualquiera. ¿Entrenador del año? Para mí entrenador del año sería el que tuviera mejor relación calidad-precio, es decir, mejor relación entre los resultados conseguidos y los medios que fueron puestos en su mano para conseguirlos. El que hace más con menos, por decirlo así. Todo lo cual no quita para que si en un momento dado un equipo grande hace una temporada superlativa su técnico no pueda ser considerado entrenador del año, faltaría más. Pero eso, una temporada muy puntual, unas circunstancias muy concretas; no que por el mero hecho de quedar primero te lo den ya, de serie, sin atender a ninguna otra consideración.

Supongo que hasta se podría otorgar este premio en base a parámetros matemáticos, y obviamente no me refiero al puesto en la clasificación o a una mera suma estadística sino a algo más elaborado; quizás podría establecerse una correlación (inversa), de un lado el número de victorias, del otro el presupuesto del equipo o bien la suma de las nóminas de sus jugadores, ahí les dejo la idea (y gratis) por si les apeteciera llevarlo a cabo, yo no lo haré por varias razones: porque soy lego en la materia, porque aunque no lo fuera no tengo ni el tiempo ni las ganas de ponerme a calcular una cosa así y porque (sobre todo) no soy tanto de números como de sensaciones. Y mis sensaciones me dicen que el que ha hecho más con menos (muy alto el más, muy bajo el menos) ha sido el técnico del CB Canarias Alejandro Martínez. Primera temporada en la élite, casi rozando los playoffs, casi la misma plantilla que subió de LEB más algún ligero retoque y añadiendo además (por si todo lo anterior fuera poco) esas mismas cualidades que decíamos de Laso, ese estilo reconocible y muy atractivo. Sí, él habría sido sin lugar a dudas mi entrenador del año, y en su defecto tampoco me habría chirriado que lo fueran Pedro Martínez, Moncho Fernández, Roberto González o José Luis Abós, ejemplos perfectos todos ellos (cada uno a su manera) de optimizar plantillas y conseguir resultados muy por encima de las expectativas generadas. Cualquiera de ellos (y algún otro que me dejo) en mi opinión lo merecía más que Laso, simplemente porque ninguno de ellos tuvo ni de lejos el plantillón, los medios ni las posibilidades que tuvo Laso. Repito una vez más, todo ello sin menospreciar en absoluto el grandísimo trabajo de Pablo Laso.

A veces me pregunto qué es lo que mueve a la ACB a perpetrar esta solemne majadería año tras año. Evidentemente no lo sé, pero por buscarle alguna explicación me contesto que será tal vez por un impulso mediático, porque piensen que dárselo a un personaje mínimamente reconocible les permitirá vender mejor el producto. Lo cual, si fuera cierto, no haría sino confirmar la evidente incapacidad de la propia ACB a la hora de saber cómo vender su producto. Si se lo tienen que dar al entrenador del equipo líder (que suele coincidir con Barça o Madrid, casualmente) porque piensen (acaso con razón) que si se lo dan a cualquier otro no lo va a conocer ni la madre que lo parió, aviados vamos. Como siempre, el mundo al revés. La NBA, ese espejo en el que tanto les gusta mirarse, no tuvo ningún reparo en darle hace algunos años el premio de Entrenador del Año a un Doc Rivers que por aquel entonces no era el técnico de éxito que hoy conocemos en los Celtics sino un técnico rookie que, recién colgadas las botas, hacía sus primeros pinitos en Orlando. Aquellos Magic se quedaron a las puertas del playoff y muchos por aquí (quizá la falta de costumbre) pusieron el grito en el cielo, cómo es posible que se lo den si no está en playoffs, sin reparar en el pequeño detalle de que Rivers había hecho encaje de bolillos con una plantilla que no había por dónde cogerla, con un equipo que era algo menos que un equipo de transición. El que hace más con menos, recuerden, los votantes NBA lo vieron claro. La NBA crea estrellas y a partir de ahí las vende, la ACB espera que se creen solas y a partir de ahí tampoco hace nada, simplemente se deja llevar, no se atreve a salirse ni siquiera un poquito del guión.

Si sólo fuera el Entrenador del Año… Es Mirotic de MVP, es ese quinteto ideal políticamente correcto con tres jugadores del primer clasificado, otro del segundo y otro del tercero como si más allá no hubiera baloncesto, como si no existieran Nacho Martín, Justin Doellman, Germán Gabriel, tantos otros. Les compro a Sergio Rodríguez porque saben que soy muy del Chacho y porque creo que lo merece (aunque algún otro Rodríguez de acento puertorriqueño podría tener algo que decir), podría comprarles a Tomic aunque sus prestaciones a un lado de la cancha no tengan nada que ver con las del otro, podría hasta comprarles (con muchísimas reservas) a Mirotic pero por favor, no me vendan a Rudy, no me vendan al Chapu, este año no, a ambos les aprecio y les tengo en gran estima pero no me vendan la moto, tengan la bondad. No, no les pondré esta vez como ejemplo a la NBA porque allí también hacen sus cagadas (ese defensor del año en el segundo mejor quinteto defensivo del año, esos Wade y Howard en el tercer mejor quinteto de la Liga como si en verdad lo merecieran) y para eso me basta y me sobra con las nuestras. ¿Mirotic MVP? Es muy bueno y va a ser mucho mejor (pero esto se da por lo que se es, no por lo que se vaya a ser), cierto es que ha hecho partidos realmente extraordinarios pero no es menos cierto que en otros ha estado prácticamente desaparecido. Ya les dije antes que no me muevo tanto por números como por sensaciones, y mis sensaciones me llevan a un extraño concepto llamado continuidad: la que no encuentro en Mirotic, la que sí encuentro en aquellos otros Doellman o Nacho Martin que les decía más arriba (cada uno a su manera), la que encuentro incluso en su compañero Sergio Rodríguez antes que en él mismo. Claro está, Mirotic es la estrella emergente, jugará en la NBA tarde o temprano y queda mucho mejor a la hora de lucirlo, va usted a comparar, pones en el cuadro de honor MVP Nikola Mirotic y queda como dios, pones en cambio MVP Nacho Martín y queda de lo más cutre, ya ves tú, Nacho y encima Martín, pero quién demonios es ese tío, por dios qué vulgaridad. Habremos de reconocerlo, premiar a Mirotic resulta mucho más estético, ya otra cosa es que además sea justo.

Así que miren, déjense de tonterías de una vez por todas y para el año que viene institucionalicen todos estos premios, tengan la bondad. Háganlo en la misma línea que les proponía al comienzo, proclamen con antelación que el Entrenador del Año será el técnico del equipo que gane la temporada regular, que el MVP será el jugador más vendible e icónico de ese mismo equipo campeón de la regular, que el quinteto ideal estará integrado necesariamente por jugadores de los tres primeros clasificados en rigurosa proporción a los méritos contraídos por éstos, que los jugadores de aquellos equipos a partir del cuarto puesto podrán optar al Premio a la Actitud Azul o al Premio a la Tocada de Huevos Verde pero a los premios principales no, nunca, jamás, en ningún caso, bajo ningún concepto. Déjenlo por escrito, díganlo por adelantado y al menos sabremos a que atenernos. Nos parecerá igual de injusto, pero ya no nos pillará por sorpresa.

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