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CINCO SEGUNDOS   1 comment

guiancaa1516Un año más, las buenas gentes de Basket Americano vuelven a publicar su imprescindible Guía NCAA, acaso la mejor publicación de baloncesto universitario en castellano que encontrarse pueda en todo el mundo mundial, y en la que de nuevo me han hecho el honor de ofrecerme que les emborrone unas cuantas páginas. El primer fruto de dicho emborronamiento es éste que les dejo a continuación, espero que sepan perdonármelo…

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La vida es eterna en cinco minutos, cantaba hace ya demasiados años el siempre añorado Víctor Jara. La vida es eterna en cinco segundos, esto último no lo cantó nadie (que yo sepa) pero podríamos cantarlo a coro todos los aficionados al baloncesto. Cinco segundos, un suspiro, un golpe de tos, una distracción irreparable, un fragmento infinitesimal de nuestra existencia. Casi se tarda más en escribirlos o en leerlos que en vivirlos. Cinco segundos, apenas nada y sin embargo todo. Todo lo que necesitas para comerte el balón o para que se lo coma el de enfrente, para no poder sacarlo tras agotar el bote (o aún botándolo, si de NCAA hablamos), para provocar una pérdida del rival. Todo lo que necesitas para dar un vuelco o para recibirlo, para empezar a ganar o acabar de perder, para arruinar una victoria o salvar una derrota. Cabe un partido entero, una temporada entera, una vida entera en cada cinco segundos.

Cinco segundos, todo lo que tienes que quitarle a 35 para que la resta dé 30 (maravillosa perogrullada). La ínfima, enorme distancia que separa el juego del ayer y el del mañana, el baloncesto universitario que un día conocimos y el que estamos conociendo desde ya, el que muy probablemente estará ya en juego cuando ustedes lean estas líneas. Nada y todo, parece casi un mundo pero créanme que antes hubo otros mundos, créanme que algunos que peinamos (demasiadas) canas siempre podremos contar que cuando empezamos a seguir este baloncesto las posesiones ni siquiera eran de 35 sino de 45,NCAA_Shot_clock eso porque llegamos demasiado tarde a la NCAA (más bien fue la NCAA la que llegó demasiado tarde a nosotros), de haber llegado sólo un poquitín antes habríamos conocido un baloncesto colegial sin reloj de posesión. No, no vayan a pensar que estoy hablando de los tiempos de Naismith, que uno tiene años pero no tantos. Hablo de los primeros noventa, de los felices ochenta. Para ponerlo en perspectiva: aquella histórica final de 1993 que la UNC de Dean Smith ganó a los Fab Five de Michigan (sí, la del terrible tiempo muerto de Chris Webber) aún se disputó con posesiones de 45 segundos. Y aquella no menos histórica final de 1985 que la insospechada Villanova de Rollie Massimino ganó a la mismísima Georgetown (aún con todo su Pat Ewing en el centro de la zona) aún se disputó sin control alguno de posesión.

Piensen en esa fecha, 1985, y reparen por un segundo en que para entonces la NBA llevaba ya la friolera de 30 años (desde 1954, concretamente) con sus 24 segundos, superando así dramas como el de aquel Pistons-Lakers de 1950 que acabó 19-18 (sólo 13 tiros de campo, sólo 8 canastas en 48 minutos de juego) o aquel otro Nats-Knicks que los primeros ganaron 75-69 tras anotar 75 de esos puntos (o sea, todos) desde el tiro libre, se ve que no encontraron los Knicks otra manera de que soltaran el balón. Es más, incluso la esclerótica FIBA también lo instaurslow motionó en los cincuenta (si bien aquí de 30 segundos, alegrías las justas) tras numeritos como aquel mítico Yugoslavia-Israel del Eurobasket’53, empate a 55 en el minuto 40, victoria yugoslava 57-55 en el minuto 60 (es decir, 2-0 en el total de las cuatro prórrogas): cuentan que los plavi se llevaban el balón en cada salto inicial y durante cuatro minutos y pico de cada prórroga se limitaban a aguantarlo sin hacer nada con él, para acabar tirando a canasta sólo en los últimos segundos; obviamente sólo en la última prórroga consiguieron acertar…

Sí, la NCAA como organización siempre fue mucho más conservadora para estas cosas (y para muchas otras) que el baloncesto profesional, qué les voy a contar que ustedes no sepan. O quizás no fuera sólo conservadurismo, acaso creyeran firmemente que las cosas tenían que ser así. No se me extrañen, más de una vez durante estos últimos años escuché voces autorizadas reivindicando que esa posesión de 35 segundos que aún se estilaba en el baloncesto colegial debería hacerse también extensiva a todo el baloncesto de formación sobre la faz de la tierra. Su argumentario resulta irreprochable, claro: la principal finalidad del baloncesto de formación es formar como su propio nombre indica, difícilmente podrá el jugador joven adquirir conceptos, automatismos, mecánicas y fundamentos imprescindibles para mejorar en su deporte si pende permanentemente sobre su cuello esa espada de damocles de que en cuanto se demore o se descuide le va a sonar la bocina. Nada que objetar, como tampoco tendría por qué haber nada que objetar al argumento contrario: qué mejor manera de formar a un chaval para el (hipotético) baloncesto profesional que recreando, ya desde las primeras etapas de su formación, exactamente las mismas condiciones que luego habrá de encontrarse en ese (supuesto) baloncesto profesional. Ya se sabe, teorías siempre va a haber para todos los gustos, sólo hace falta encontrar la que mejor 2009-07-07-shot-clockse adecue a nuestra manera de pensar.

Desde la propia NCAA (y aledaños) se han alzado también durante este verano toda clase de voces en un sentido y en otro, acerca de ésta (tan aparentemente nimia) reducción de cinco segundos: la gran mayoría abiertamente a favor, a qué negarlo, pero también alguna que otra muy significativa en contra: según ellos esta menor posesión aumentará la efectividad de las defensas presionantes, lo que redundará en un número mucho mayor de malos tiros, lanzamientos desesperados sobre la bocina y/o pérdidas de balón, supongo que por ese efecto damocles del que antes les hablaba. Todo lo cual (según ellos, reitero) no redundará en marcadores más altos, más espectáculo y mejor baloncesto sino en todo lo contrario: malas decisiones, posesiones inacabadas, violaciones por doquier, basket interruptus y todo ello a la par que una deficiente formación del jugador. Podrá usted estar o no de acuerdo pero no lo descalifique así de entrada, entre otras cosas porque detrás de esta opinión hay voces tan autorizadas como la de (por ejemplo) Tom Izzo. Que algo sabe de esto, me temo.

Claro está que yo juego con ventaja, probablemente usted también. Yo no tengo que verlo con ojos de técnico ni de experto ni de analista profesional, mi punto de vista es el del mero aficionado, con eso tengo más que suficiente. Y como mero aficionado que no puede vivir sin su dosis diaria de NCAA durante cinco meses al año (y que aguanta el mono como buenamente puede en los siete meses restantes), todo lo que contribuya a mejorar (aún más si cabe) este espectáculo lo recibo con los brazos abiertos. De hecho aunque sólo fuera por una mera cuestión matemática ya merecería la pena: si usted divide 40 minutos entre 30 segundos le salen 80 posesiones por partido, si los divide entre 35 las posesiones no llegan ni a 70. Dado que las posesiones no siempre se agotan (afortunadamente), quizás no resulte descabellado afirmar que en cada partido que veamos disfrutaremos de (pongamos) quince o veinte posesiones más, dato éste meramente indicativo y sin ningún valor científico pero que probablemente se aproxime bastante a la realidad. Es decir, quince o veinte ataques, quince o veinte defensas, quince o veinte tomas de decisiones, quincshotclock30e o veinte tiros (o robos, o pérdidas, o sucesos varios) más de los que hasta ahora estábamos acostumbrados a ver en cada partido. Quince o veinte razones más para disfrutar.

Todos esos catastrofismos acabarán (espero) dándose de bruces con la cruda realidad, de hecho ya se dieron hace unos meses cuando la propia NCAA ensayó la reducción en el NIT. Partidos plásticos y bien jugados, en los que todo fluyó con plena normalidad sin que en ningún momento pareciera que equipos tan contrastados como Stanford, Miami o Temple se sintieran para nada incómodos con la medida. Que a ver, tampoco niego la mayor, probablemente es bien cierto que habrá muchos equipos que tras 30 segundos de posesión serán incapaces de encontrar un tiro librado, un buen pase o una solución cualquiera para desentrañar la defensa rival; pero no es menos cierto que esos mismos equipos tampoco eran capaces de encontrarla tras posesiones de 35 segundos. Estos cinco segundos de menos no penalizan a los ataques frente a las defensas, para nada. Más bien penalizan a los equipos malos respecto a los buenos o para ser más preciso, penalizan el mal baloncesto en beneficio del bueno (ya que no es algo que tenga tanto que ver con la calidad de los jugadores como con la calidad del juego que se practica): penalizan la especulación, el bote tras bote inocuo, el pasarte 30 segundos (que ahora serán 25) sin hacer nada, sin intentar nada, sin arriesgar nada, sin buscar ni un resquicio siquiera, total para luego cuando acucia la bocina tirártela en plan rifa a ver si por una vez te toca la chochona o el perrito piloto o en este caso concreto la canasta de tres. Estos cinco segundos de menos sólo penalizan la mediocridad.

Y hay un último factor que redundará en nuestro beneficio (espero), que es que ahora tendremos un argumento más de peso para hacer frente a ese extraño fenómeno que podríamos llamar cuñadismo baloncestero. Es decir, todos esos seres humanos que hacia mediados de marzo (y hasta comienzos de abril) se asoman con cara de asco al baloncesto universitario, no tanto porque les apetezca sino porque es lo que se lleva en esos días, y que como no les gusta lo que ven (porque no lo conocen, porque en realidad van ya predispuestos a que no les guste) deciden de inmediato arreglarnos la vida: por dios, pero qué haces, pero cómo se te ocurre, pero cómo te puede gustar esto, pero si apenas meten 50 ó 60 puntos, pero si no hay más que tiempos muertos, pero si las posesiones son todavía de 35 segundos, pero siSyracuse_Shot_Clock_Monument_Close-Up Pero si leches. De muchos de esos pseudargumentos hablaremos otro día (si es que aún quedan ganas, que algunos ya nos hemos tirado demasiados marzos intentando rebatirlos), lo de los tiempos muertos también lo podemos dejar para otro momento (que alguno menos habrá este año, por cierto) pero lo de las posesiones te lo rebato ya, so listo: a partir de este año son de 30, que lo sepas. Y no me vengas con remilgos de que aún te parecen muchos, que al fin y al cabo tú como yo te criaste viendo un baloncesto FIBA con posesiones de 30 segundos y bien pocos ascos le hacías entonces. Reconozcámoslo, un juego con posesiones de 30 segundos es mucho más vendible que otro con posesiones de 35. Aunque sólo fuera por eso (tan importante como es vender en estos tiempos que corren) ya merecería la pena intentarlo.

Así que ya lo saben. Éste será el año en que despidamos con todos los honores a Marcus Paige, Georges Niang, Kris Dunn, Buddy Hield, Perry Ellis, Denzel Valentine, A.J. Hammons, Kyle Wiltjer, Smith-Rivera, Baker & Van Vleet, tantos otros. Este será el año en que consagremos (aún más si cabe) a Melo Trimble, Jakob Poeltl, Greyson Allen, Nigel Hayes, Tyler Ulis, Isaiah Taylor, Domas Sabonis y a saber cuántos más que ahora no se me vienen a la mente. Este será el año en que recibamos con los brazos abiertos (para luego en muchos casos despedirlos apenas cinco meses después, con gran dolor de nuestro corazón) a Simmons, Labissiere, Ingram, Diallo, Rabb, Trier, Stone, Swanigan, Brunson, Jaylen Brown, Jamal Murray. Este será el año en que nos acostumbremos a vivir sin Donovan ni Hoiberg, será el año de Smart en Texas o Mullin en St. John’s… Pero éste quedará ya para siempre, antes de nada y por encima de todo, como el año aquel en que se redujo por fin en cinco segundos la posesión. Cinco segundos, se dice pronto. Cinco segundos, apenas nada, parece muy poco pero nunca fue tanto. Un pequeño paso para el baloncesto, pero un gran salto para la NCAA. La vida es eterna en cinco segundos.

Publicado septiembre 24, 2015 por zaid en NCAA

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IMÁGENES REFRESCANTES   1 comment

En tiempos era una práctica habitual, no sé si hoy seguirá siéndolo porque ya casi no veo noticiarios televisivos, con Internet tengo más que suficiente. En tiempos te sentabas a ver el telediario veraniego y tras tragarte la habitual ristra de catástrofes, escándalos, disturbios, sucesos y conflictos varios el comunicador (suplente) de turno ponía su mejor cara de felicidad y te soltaba aquello de …y hoy, para acabar nuestro informativo, les dejamos con unas imágenes refrescantes. Y en tu televisor se iban sucediendo esculturales cuerpos practicando esquí náutico, intrépidos surfistas cabalgando sobre las olas, gráciles veleros surcando la mar serena mientras tú, ahí bien recocido en tu sofá a tus cuarenta y tantos grados centígrados, sin aire (ni acondicionado ni sin acondicionar) ni ventilador ni vacaciones, te acordabas de la madre que parió al comunicador, al director, al realizador y al surfista incluso, ya puestos. Nunca hubo nada menos refrescante que unas imágenes refrescantes, ni aún por muy sugestivas que éstas fueran. De hecho en mi caso siempre produjeron el efecto contrario, si bien habré de reconocer que los exabruptos que soltaba al verlas sí acababan dejándome una extraña sensación de liberación. Quizá fuera eso lo que pretendieran…

Y sin embargo aquí me tienen, intentando provocarles ese mismo efecto… sólo que en términos estrictamente baloncestísticos, no vayan a pensar. No teman, no abundaré en la serie de catastróficas desdichas que aflige a la ACB en estos días, no abundaré porque ya las conocen de sobra, porque ya se las hemos contado en este mismo lugar y por no amargarles (aún más si cabe) la vida. Pero a cambio les ofreceré mis particulares imágenes refrescantes, casi las únicas que ofrece en estos días nuestra atribulada competición. No hará falta que les recuerde que cada vez hay menos dinero para desembolsar, que cada vez llegan americanos de menos postín y tronío, que los que vienen pesan mucho menos que los que se van… pero no hay mal que por bien no venga, dicen. Antes los fichábamos curtidos en mil batallas europeas, ahora los fichamos casi recién salidos del cascarón universitario, lo cual, para alguien que se pasa los inviernos enteros pegado a la NCAA como es mi caso, no deja de ser un plus. Así que esas van a ser mis particulares imágenes refrescantes, si buscaban esculturales cuerpos en traje de baño me temo que no acudieron al lugar adecuado. Eso sí, a cambio les presentaré (in alphabetical order) a seis sujetos casi recién salidos de fábrica y que llegan con la loable misión de refrescar (en la medida de lo posible) nuestra endogámica, esclerotizada, envejecida y encorsetada Liga ACB. Ojalá lo consigan.

1. Algunos que ya peinamos abundantes canas aún recordamos a su padre. También es verdad que tiene truco, si se hubiera apellidado Smith o Jones probablemente lo habríamos olvidado pero Abromaitis no creo yo que haya muchos en la guía telefónica, en cualquier caso si usted no lo recuerda no se preocupe, más bien alégrese, es una mera cuestión de edad. Aquel Jim Abromaitis se hizo carne y habitó entre nosotros en la temporada 1980/1981, hace la friolera de 35 años ya;abromaitisx-large no diré que dejó una huella imborrable (más allá de su apellido) porque no sería cierto, y eso que no estuvo en un equipo cualquiera sino en el mismísimo Real Madrid de los Corbalán, Brabender, Iturriaga, Rullán, Romay, Prada, You Llorente, Indio Díaz, Randy Meister y demás familia. Era un buen tirador, nada más (y nada menos) que eso. Bastante más que eso (pero también eso) es su hijo, Tim Abromaitis, gracias entre otras cosas a haberse formado en una universidad como Notre Dame en la que no basta con tirar bien sino que además tienes que jugar muy bien al baloncesto. Los Fighting Irish de Mike Brey podrán tener mejores o peores promociones pero mueven siempre el balón como los ángeles y utilizan como nadie los espacios, lo que les convierte en una verdadera delicia de equipo. No por casualidad sus productos acostumbran a ser jugadores muy bien formados, aquí mismo hemos podido comprobarlo hace bien poco con Ben Hansbrough o Luke Harangody (y aprovecho la ocasión para dejarles otro nombre recién graduado, Pat Connaughton, si no cuaja en NBA y tienen mano en ACB tírense en plancha a por él). Abromaitis es otro buen ejemplo, y ello a pesar de que se perdió su último año de elegibilidad por culpa de una rotura del ligamento cruzado anterior que pareció cercenar ya para siempre su carrera profesional. Pero se repuso, se vino a Europa y durante estas tres últimas temporadas (Villeurbanne, Estrasburgo, Braunschweig) no ha hecho sino mejorar. Si a todo esto añadimos su inmejorable currículum académico y su impecable estampa de yerno ideal, el resultado de todo ello nos dará un producto que parece hecho a medida para un proyecto como el de Tenerife, del mismo modo que la propuesta de Alejandro Martínez parece que ni pintada para un jugador como él. Que sea por muchos años.

2. No me pregunten por qué, pero hubo un tiempo en el que a los entrenadores ACB les encantaba fichar mormones. Cualquier jugador recién importado de USA venía siempre rodeado de incertidumbres, cómo será, qué carácter tendrá, cómo se adaptará, etc. Incertidumbres que en tratándose de mormones se reducían contylerhawssiderablemente ya que su adaptabilidad, entrenabilidad, disciplina y entendimiento del juego resultaban estar siempre muy por encima de la media. Ejemplos hubo a patadas (también excepciones, claro), todos los que usted quiera, desde aquel legendario Steve Trumbo hasta los recientes Toolson (todos los Toolson) o Yeisi Carroll. Bien, pues el siguiente a añadir a esta lista se llama Tyler Haws y llega a Santiago de Compostela directamente desde Brigham Young (BYU para los amigos), la universidad mormona por antonomasia. Ahora bien, más allá de sus creencias, más allá de esa cara de asco (mi madre, menos diplomática para estas cosas, diría que parece que estuviera oliendo mierda), más allá de ese aura de superioridad tan yanqui que le caracteriza, sepan bien que estamos ante un anotador compulsivo: un sujeto que ha promediado más de 22 puntos por partido superando así los registros históricos de otros legendarios cougars como Danny Ainge o (mucho más recientemente) Jimmer Fredette. Añádase además que no llega con los típicos 22 años de cada graduado universitario sino con 24, fruto de haber pasado esa particular mili mormona de los dos años de misión, concretamente en Filipinas; añádase también que la criatura nació en Bélgica por esas cosas raras de la vida, lo que supongo que le conferirá la condición de comunitario por si su fichaje no fuera ya suficientemente chollo de por sí. Pensé yo que encontraría hueco en cualquier franquicia NBA, probablemente también lo pensaron en el Obra cuando lo apalabraron, probablemente aún no acaben de creerse que vayan a disfrutar durante todo un año de un jugador así. Eso sí, tampoco le pidan más, tengan claro que en apenas unos meses (y siempre y cuando no le reclamen de USA) seguro que habrá ya unos cuantos grandes de Europa peleándose por sus servicios. Al tiempo.

3. Providence es una fiesta. No me refiero a la capital del estado de Rhode Island (que puede que también lo sea, pero que no tengo el placer de conocer) sino al equipo de baloncesto de su universidad, esos Friars que siempre que los ves te devuelven el precio de la entrada (si lo hubiere), lástima que por jugar en la Big East les veamos mucho menos de lo que nos gustaría. Así fue en 2014 gracias al eléctrico Bryce Cotton (lo último que supe de él es que andaba por los Jazz),henton así ha sido aún más si cabe en 2015 gracias a una fantástica pareja: de un lado el mágico base Kris Dunn, uno de esos jugadores que te entran por los ojos ya desde la primera vez que le ves (y que volverá a Providence en unos meses para completar su año sénior, de lo cual me alegro); y del otro un alero interesantísimo, físicamente muy potente, agresivo en penetración y con muy buena mano, que responde al bello a la par que insospechado nombre de LaDontae Henton (si se están preguntando qué extraña razón lleva a unos padres a ponerle LaDontae a su retoño, habré de confesarles que yo también me lo pregunto). Henton acabó su periplo universitario hace unos meses, no fue drafteado y pensé que se lo rifarían en Europa pero fue pasando el verano y nadie pareció acordarse de él… justo hasta que este pasado fin de semana se ha acordado por fin de él el Baloncesto Sevilla, ese mismo (ex) Caha que en apenas un mes ha pasado de estar casi al borde de la muerte a fichar a todo bicho viviente, apoyo de su entidad financiera propietaria mediante: Bamforth (again), Nachbar (nada menos), Miljenovic (joyita) y ahora este Henton que debería salirles muy bien, aunque el fichaje de una criatura recién salida del cascarón siempre deje alguna duda: cómo procese ese paso del amateurismo al profesionalismo, de Rhode Island a Andalucía e incluso de Ed Cooley a Luis Casimiro; dos pedazo de entrenadores si bien completamente diferentes el uno del otro. Luego acabará como acabe, pero por ahora es una magnífica noticia tenerlo por aquí.

4. Ya he contado alguna vez la historia de aquel primer partido que le vi, que era en realidad el segundo que jugaba en su universidad de Gonzaga. Aquella noche de noviembre de 2011, ante su nuevo público de Spokane, frente a la vecina Washington State, el recién aterrizado Kevin Pangos se marcó la friolera de nueve triples, tal cual, nueve triples uno detrás de otro (claro está, no iban a ser todos a la vez), nueve triples con envidiables porcentajes además, dejando ojipláticos no ya a sus aficionados ni a quienes lo vimos desde la distancia sino incluso a los mismísimos analistas televisivos (que más de una vez se confundieron y le llamaron Pargo, ya que ocupaba jukevin_pangossto el lugar que Jeremy Pargo acababa de dejar). Ni que decir tiene que el canadiense no volvió jamás a repetir una actuación así, pero ello no quita para que durante todos estos años haya seguido jugando a un magnífico nivel. No siempre ejerció de base puro porque a menudo le tocó compartir cancha con un cerebrito como David Stockton (de los Stockton de toda la vida), pero este último año recuperó el mando en plaza y dejó meridianamente claras dos cosas: a) que siempre va a ser un base más anotador que director, y b) que en cualquier caso ha mejorado muchísimo en las labores de dirección. Triunfará en el Granca siempre y cuando sus fieles aficionados tengan paciencia con él (al fin y al cabo es su primer trabajo remunerado como baloncestista profesional), siempre y cuando tengan claro que no van a encontrar en él al sucesor de Tomás Bellas sino a otro estilo de base completamente distinto, casi contrapuesto. Ahora bien, con un maestro en el banquillo como Aíto (extraordinario en la dirección de jóvenes, de toda la vida de dios) y otro en el parquet como Oliver tendrá ya mucho ganado en su proceso de adaptación. Dejemos que Gran Canaria (la isla, la gente, el equipo) se ocupe de todo lo demás.

5. Siempre es un placer ver jugar a Vanderbilt, universidad sita en Nashville, Tennessee. Siempre es un placer ver a los Commodores sobre todo en su casa, en ese incomparable Memorial Gym que no se parece a ningún otro pabellón (que yo haya conocido) sobre la faz de la Tierra, con sus banquillos no en el lateral sino en los fondos, casi al pie de las canastas. Pero más allá de peculiaridades Vanderbilt acostumbra a jugar buen baloncesto gracias a su técnico Kevin Stallings y a interesantes promociones de jugadores,Jeffery_Taylor_Vanderbilt_InsideOnly pongamos por ejemplo aquella de 2012 con el escolta anotador John Jenkins (carne de Liga de Desarrollo durante todos estos años), el pívot fajador nigeriano Festus Ezeli (hoy ya con un anillo en los Warriors) y el alero-chico-para-todo Jeffery Taylor, jugador interesante donde los  haya. Jordan (sí, ESE Jordan) puso sus ojos en él y le escogió para sus Bobcats (hoy ya Hornets) en el 31 del draft (lo que viene siendo el 1º de la segunda ronda), justo un puesto detrás de Ezeli y ocho detrás de Jenkins por cierto. Su elección desató la euforia en las buenas gentes de Charlotte que creyeron (tanto más tras sus magníficas actuaciones en las ligas de verano) haber conseguido un verdadero robo. Bueno, pues no. La realidad como tantas otras veces vino a poner las cosas en su sitio, primero en forma de lesión (aquiles) y luego en forma de sanción por un lamentable episodio de violencia de género que él mismo reconoció y por el que le cayeron 24 partidos. Así las cosas (y tras múltiples idas y venidas a la Liga de Desarrollo) los Hornets acabaron cortándole hace pocos meses. Se le cerraba así la puerta de la NBA pero a cambio se le abría de par en par la de Europa, gracias además al pequeño detalle de que Taylor es sueco; no sueco de conveniencia sino sueco sueco, sueco de pura cepa, nacido en Norrköping mientras su padre estuvo jugando allí. De hecho ha defendido ya la camiseta de su selección, de hecho hasta participó en el Eurobasket 2013 con notable éxito de crítica y público. Dicen que le ha fichado el Real Madrid para sustituir a KC Rivers (que la cosa de los pasaportes la tiene algo más revuelta, por lo visto), de hecho todos los medios lo dieron por hecho hace un par de meses aunque yo a día de hoy no he sido capaz de encontrar confirmación alguna al respecto, bien porque las cosas de palacio van despacio o bien porque soy así de torpe y no habré sabido dónde buscar. Sea como fuere (y dando por supuesto que finalmente llegue a la casa blanca) que nadie espere un clon de Rivers porque su posición podrá ser similar pero su juego es muy distinto: más defensa, más físico, menos tiro que su antecesor. Y más carácter, también. Esperemos que mezcle bien con un equipo tan hecho como este Madrid.

6. En los cinco casos anteriores les he vendido optimismo a raudales pero no se me vengan arriba, no todo ha de ser jijí jajá, me temo que con éste que viene ahora voy a bajar un poco (bastante) el listón. Señoras, señores, les presento a los gemelos Wear, Travis y David Wear, dos gotas de agua como no podía ser de otra manera, dos esbeltos yogurines a los que imaginamos intercambiándose exámenes y castigos sin que sus profesores se dieran cuenta cumpliendo así con la mística asociada a su condición.DavidWearTravisWear Juntos llegaron a North Carolina, juntos decidieron cambiar de aires y emigrar a la soleada California en busca de mejor fortuna, juntos aterrizaron en UCLA, juntos se graduaron cumpliendo casi en la cancha ese mismo papel intercambiable que les imaginábamos en las aulas. Las diferencias (más allá de que el uno llevaba el 12 y el otro el 24) eran sólo de matiz: Travis, a menudo titular, era más completo, algo (sólo algo) más interior, algo menos alérgico a las zonas; David, por lo general suplente, era aún menos fajador si cabe, prototípico cuatro abierto (y decir cuatro es decir mucho) con buena mano y pare usted de contar. Acabada la carrera se separaron finalmente sus destinos, la adultez es lo que tiene: Travis fue a parar a los Knicks para confirmar el hecho evidente de que allí ya juega cualquiera (de hecho recientemente han fichado a Sasha Vujacic, por si nos quedara todavía alguna duda), David en cambio hubo de buscarse la vida (como tantos otros) en la D-League. Supongo que habrán sido sus números en esa competición y (sobre todo) en la pasada Liga de Verano los que han llevado al Fuenla a contratarle, algo que como ya habrán deducido a partir de todo lo anterior no me hace especial ilusión; fíjense que hasta me preguntaron en Twitter si mejoraba a Daniel Clark (comparación odiosa donde las haya) y respondí que para mí no, en absoluto. Dicho lo cual, si yo fuera aficionado fuenlabreño tampoco me preocuparía demasiado al respecto. Primero porque acaso mi recuerdo sea exagerado, porque puede que haya progresado mucho desde entonces. Segundo porque no soy de fiar, no soy un experto sino un mero aficionado cuyo atrevimiento va en paralelo a su ignorancia. Y tercero (y principal) porque bastante tienen ahora mismo con preocuparse sobre si saldrán en ACB como para preocuparse de con qué jugadores saldrán (en su caso) en ACB.

Y hasta aquí. Me habría encantado dedicarle también un parrafito a ese magnífico fichaje del Valencia Basket llamado John Shurna (por quien siento especial debilidad desde su etapa en Northwestern) pero en este caso no tendría sentido que yo se lo presentara ya que ustedes lo conocen ya de sobra tras su etapa en Badalona. Como me habría encantado dedicarle unos parrafillos al flamante fichaje de la Penya Ousmane Drame (Quinnipiac) y al no menos flamante obradoirista Alec Brown (Wisconsin Green-Bay), pero si lo hiciera les estaría vendiendo la moto (aún más si cabe) dado que apenas pude ver jugar a sus respectivas universidades (y bien que lo siento) como para tener formada una opinión. Como me encantaría poder dedicarle algunas líneas a jugadores interesantísimos como Juwan Staten (West Virginia), Askia Booker (Colorado), Jordan Sibert (Dayton), LeBryan Nash (Oklahoma State), Jonathan Holmes (Texas), Emmy Andújar (Manhattan) o Matt Stainbrook (Xavier), me encantaría porque eso significaría que les veríamos por aquí pero por ahora no parece que sea el caso (ni por ningún otro sitio, que yo sepa), por si acaso ahí les dejo sus nombres para lo que gusten mandar. Como me encantaría escribir algo también de tíos como Miljenovic, Vezenkov, Sobin, Vrkic, Musli, McGrath, Caloiaro, Benite, incluso Doncic, Yusta o Rico… pero como dijo aquél, hoy no toca, hoy la cosa iba sólo de denominación de origen NCAA. Además que creo yo que ya está bien, que con seis imágenes refrescantes tienen más que suficiente. No se me vayan a enfriar.

(publicado originalmente en BASKET Y PUNTO)

APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT   Leave a comment

Aquí me tienen de nuevo, un año más, aproximándome (temerariamente) al draft como si en verdad supiera de qué demonios estoy hablando. Estas cosas habría que dejarlas en manos de expertos, yo no lo soy en absoluto, si acaso un mero aficionado que se jarta de ver baloncesto universitario (baloncesto de todas clases, en realidad) y sólo con eso ya se cree con derecho a calentarles la cabeza. Así lo haré una vez más, si bien dosificándolo en porciones para que el trago les resulte algo más llevadero. Avisados quedan.

I – LOS GRANDES

Grandes, para empezar. Pero cuando digo grandes no me refiero a grandes en el sentido de tamaño (que también) sino en el de grandeza, en el sentido de que son los dos jugadores verdaderamente grandes de este draft, acaso los dos únicos (con algún matiz, que explicaré más adelante) que tienen en sus manos marcar (casi) una época. Lo cual no quiere decir que vayan a marcarla, líbreme el cielo, sino que tienen al menos la posibilidad de hacerlo. Cuántos quisieran decir lo mismo.

Karl-Anthony Towns y Jahlil Okafor, Jahlil Okafor y Karl-Anthony Towns, tanto monta monta tanto. Duke y Kentucky, cinco y cuatro y medio, one and done y one and done. Presente y futuro. Okafor es (sobre todo) presente, Towns es (sobre todo) futuro. Preciosa manera de simplificar las cosas.

okaforOkafor es un cénter tremendamente maduro para su edad, uno de los pocos jugadores (quizá el único) de este draft que transmite la sensación de que podría aportar buenos números ya desde el primer día. Ese movimiento de pies, ese trabajo de espaldas al aro, ese saber pasar cuando le sobremarcan, ese oficio en casi todos los aspectos de su juego (esa inoperancia en los tiros libres, también), ese montón de detalles que te dejan la impresión (probablemente errónea) de que se trata de un jugador ya hecho, sin apenas margen de mejora (en los tiros libres sí podría haberlo; es más, debería de haberlo). A Towns en cambio se le ve más verde, especialmente en su proceso de toma de decisiones. Pero en medio de ese verdor se aprecian destellos (repertorio de fundamentos, rango de tiro, soft touch, ese ganchito que es una delicia, esa manera de deslizarse sobre la pista, esa inmejorable actitud en ambos lados de la cancha) de auténtico crack. Y además él sí mete los tiros libres (créanselo, de verdad, se lo juro, aún por increíble que resulte…)

No es ajena a esta percepción la evolución de ambos jugadores durante la temporada 2014/2015. Okafor llegó avasallando, a decir verdad nunca dejó de avasallar (finalista a jugador del año como si dijéramos, sólo derrotado por Kaminski) pero sí llegó un momento en que su dominio pareció ser mucho menos imponente (tanto menos según fue avanzando el curso). Los dobles o triples marcajes le hicieron sufrir más de lo debido, los rivales parecieron haberle tomado la matrícula. Towns en cambio desbarató en una sola temporada aquello que tantas veces hemos dicho (yo el primero) de que el one and done no te hace mejorar, no te da tiempo a evolucionar. Pues depende: hay jugadores que podrían tirarse no ya tres años sino treinta sin progresar ni un ápice en su juego (más adelante les contaré otro caso, también kentuckiano por cierto), y sin embargo hay otros a los que bastan apenas tres meses para mostrar cualidades que antes jamás podíamos imaginar. Y todo ello sin necesidad de salir de la Big Blue Nation, quién me iba a decir a mí que acabaría reconociendo algo así: así sucedió hace tres años con Anthony Davis (recuerdo bien que le puse por los suelos en noviembre y por las nubes en marzo), así ha vuelto a suceder este año con Towns.towns-kentucky Broncas de Calipari mediante, claro está: el técnico que le acogió en su seno desde que le descubrió a los catorce años en uno de sus múltiples viajes para dirigir a la selección dominicana, el que se convirtió en (algo así como) su padre deportivo, el que le ha regañado este año más que a cualquier otro miembro de su plantilla (amores reñidos son los más queridos, también en baloncesto). Quizá porque sabe mejor que nadie todo lo que puede dar de sí.

Es así de sencillo, Okafor llegó tan hecho que pareció como si se estancara, como si nos dejara la (quizá falsa) impresión de no tener más recorrido; Towns llegó tan por hacer (y se hizo tanto en una sola temporada) que su recorrido parece no tener límites. Imagino a Okafor dentro de unos años como un Bogut o un Hibbert mejorado, algo así (aquellos que saben más que yo prefieren compararlo con Al Jefferson, sus razones tendrán); no es poca cosa, desde luego. Pero es que pienso en Towns e inevitablemente pienso (otra vez) en Anthony Davis, una especie de Davis 2.0 con dos cejas y acento dominicano, con menos atleticismo que el original pero mayor repertorio técnico que el que tenía el original a estas alturas de su carrera. Salven las distancias, a día de hoy no me atrevería a insinuar siquiera que Towns pueda llegar a acercarse al nivel del de los Pelicans, sólo imaginarlo ya me parece un atrevimiento. Pero por ahí andaría la idea.

Piensen además que quien escoja a Towns se llevará un dos por uno, no sólo Karl-Anthony sino también su amigo imaginario, Karlito. Dirán que ya está un poco mayor para estas cosas pero qué quieren que les diga, cada uno se estructura su mente como mejor quiere y puede y a él este recurso parece haberle venido de perlas para escuchar la voz de su conciencia, repasar errores y hasta procesar adecuadamente las broncas de su amado coach. Todo un paquete completo en suma, ése que con toda probabilidad se llevarán los Wolves con su número 1 ya que (además de todo lo anterior) debería mezclar muy bien con Pekovic y/o Dieng, no digamos ya con Wiggins. Todo lo cual llevaría a que los Lakers por lógica escogieran a Okafor en el 2. Supongo que finalmente así lo harán, aunque es bien sabido que de un tiempo a esta parte las palabras lógica y Lakers no acostumbran a ir en la misma frase. De hecho se rumoreó que hasta podrían intercambiar su elección por un jugador veterano, lo cual a mí particularmente me parecería un grave error. Algún día tendrán que mirar por fin de frente a ese extraño concepto, reconstrucción, y esa pareja Randle-Okafor parece una magnífica piedra angular sobre la que empezar a cimentar el edificio. Ellos sabrán.

towns okafor

II – LOS DE AQUÍ

¿Qué les cuento yo de Mario Herzonja que no sepan ya? Pues que en cuanto a talento puro (repito, puro, sin aditivos ni conservantes ni colorantes, sólo lo que solemos entender por talento) sería para mí un legítimo número 3 de este draft, y aún me entrarían dudas con los dos de delante. Es más, creo que si no está tan arriba en ningún pronóstico es simplemente porque los americanos (de USA) aún no han llegado a apreciarlo en su verdadera magnitud. Ni nosotros tampoco, cabría añadir.hezonja Lo que hemos visto con cuentagotas, en los contados minutos que Xavi Pascual ha tenido a bien ponerle sobre la cancha, es apenas la punta del iceberg. Imaginen lo que puede salir de ahí debajo en cuanto se libere, cuando juegue regularmente veinte o treinta minutos por noche, cuando llegue por fin ese día en que le suelten definitivamente las riendas.

¿Cuándo sucederá eso? Buena pregunta. Yo creo que si Pascual no le da más bola no es por tirar piedras contra su tejado ni aún menos por joderle la vida, es simplemente que hay cosas que no le acaban de convencer: su defensa, su aún muy escasa comprensión del juego, su egocentrismo, su intolerancia a la frustración, todos esos (pocos) aspectos negativos que a Pascual le pesan mucho más que los (muchos) positivos. Riesgo cero, así ahora con Herzonja como en temporadas anteriores con Abrines. Él sabrá. Pero ahí está quizá la única duda que me queda con Herzonja, su entrenabilidad, traducción libre de lo que en USA llaman coachability. Todos esos cabreos que le hemos visto no son meros actos de rebeldía sino consecuencia de dos características básicas, su autoconfianza y su autoexigencia. Él (muy a la balcánica manera) tiene más fe en sí mismo que la que cualquiera pueda tener depositada en él, él no duda en proclamar a los cuatro vientos que se considera el mejor jugador de este draft cada vez que se le pregunta (casi con la misma desenvoltura con la que proclamaba hace meses haber hecho sin despeinarse todos los mates del concurso de ídem, y aún mejor si cabe). Se tiene en tan alta estima que cuando las cosas no le salen se agarra cabreos bíblicos, aún más bíblicos esos cabreos cuando no aporta todo lo que podría aportar porque no juega todo lo que (él piensa que) debería jugar. Ganador compulsivo, lo cual (viniendo además de donde viene) hace inevitable la (odiosa) comparación: es quizás, en cuanto a actitud, lo más drazenesco que haya dado Croacia desde Drazen. Y miren que en esas tierras hay donde escoger, y espero que me disculpen la herejía de ponerle (siquiera mínimamente) casi a la altura del mito. No digo que sus carreras vayan a parecerse, líbreme el cielo. Sólo digo que (para lo bueno y para lo malo) es de esa forma de ser.

Y ahora llega el momento de hablarles de mi particular debilidad de este draft, que contra lo que suele ser habitual no procede del Carrier Dome, el Cameron Indoor o el Pauley Pavillion sino del Pabellón San Pablo, no se llama Smith ni Jones sino Kristaps Porzingis, rechace imitaciones. Una debilidad que no me viene de ACB sino de antes incluso, de la primera vez que me enamoró con su Letonia sub18 nada menos.porzingis Que le faltará chicha, no digo yo que no, pero que esa combinación de estatura, envergadura, muñeca y fundamentos (ese biotipo paugasolesco que tan locos vuelve a los ojeadores yanquis) no es nada fácil de encontrar en el baloncesto de hoy en día. Y si encima le añaden su actitud y su capacidad de mejora pues tendrán ya el paquete completo, qué más se puede pedir… Experiencia, si acaso. Es la única duda que me queda, que ese salto Sevilla-NBA pueda venirle todavía un poco grande, que el choque cultural y el de estilos de juego pueda pesarle, que quizá no le habría venido mal alguna breve estancia en un equipo europeo de cierto nivel (o en el propio Sevilla, pero con más nivel a su alrededor) antes de dar el paso…

Y sin embargo en USA empiezan a beber los vientos por él, y yo bien que me alegro. Hasta hace unos días rondaba (al igual que Herzonja, por cierto) las posiciones 6, 7 u 8 en las previsiones, sospecho que aún seguirá rondándolas en la mayoría de las webs pero ya hay al menos dos (draftexpress y nbadraft, por más señas) que se han atrevido a ascenderle hasta el número 3 nada menos. Lo cual me ilusiona y me alucina casi en la misma medida en que me resulta difícil de creer: en ese número 3 (salvo traspaso) deberían elegir los Tankers, digo Sixers, y andan ya éstos ahítos de noeles y embiides (aún con achaques) como para plantearse escoger otro hombre alto (aún por bueno que éste fuera) pudiendo llevarse un muy buen base por el mismo precio (y en la próxima entrega les contaré quién habría de ser ese base, si no lo saben ya). Quede claro en cualquier caso que sus acciones han comenzado a dispararse en la bolsa neoyorquina, quede claro que algún avezado columnista de por allí (pero con conocimientos de por aquí) ya ha dicho que de haber jugado Porzingis en NCAA (es decir, de haber tenido la exposición mediática que tuvieron otros) hoy andaría disputándose con Okafor y Towns el número 1 de este draft. No faltan incluso quienes insinúan que hasta los Lakers podrían estar pensándoselo para su elección número 2… Palabras mayores. Sólo espero que esto no desboque las expectativas, que no haga esperar tanto de él que luego cualquier cosa nos parezca poco. Dependerá (como tantas otras veces) de dónde caiga, de la confianza que le den, de la competencia que tenga a su alrededor, de cómo (y cuándo, y cuánto) se desarrolle muscularmente, de lo que su coach quiera (o no) arriesgar… Tengan paciencia, no esperen que la reviente el primer día, sólo denle tiempo y ya veremos si con el paso de los años no habrá muchos que se arrepientan de no haberse fijado en él.

Claro está, este capítulo no estaría completo si no profundizáramos un poquito más, a ver si se nos aparece algún otro conocido en las previsiones. Y vaya si se nos aparece: hacia la mitad encontramos ni más ni menos que a nuestro Willy Hernangómez, puesto 32 (según draftexpress) presuntamente elegido por Houston o puesto 26 (según nbadraft) presuntamente elegido por San Antonio, nada de particular porque ya se sabe que cualquier pívot internacional de finales de primera ronda es por definición carne de Spurs, carne de quedarse luego unos pocos años macerándose en su lugar de origen (y si ese lugar de origen es campeón de Euroliga tanto mejor) hasta que alcance el punto justo de maduración. Ya mucho más abajo (y dependiendo de en qué lista miremos) aún podremos encontrar al fuenlabreño Diagne (a quien comparan con Biyombo, no se han complicado mucho la vida), al manresano Marc García o al madridista-donostiarra itinerante Dani Díez. Y si ampliamos el espectro al otro lado de los Pirineos aún se nos aparecerán (siempre en esos medios/últimos puestos) nombres como el insigne Cedi Osman o como Gudaitis, Jaiteh, Milutinov, Vezenkov, Mitrovic… Todo lo cual, a estas alturas, no deja de ser más que un magnífico brindis al sol. Como en tantas otras ocasiones (y sobre todo en esta segunda ronda) cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia.

porz-herz-hern

III – LOS DE FUERA

Toca bases, toca empezar con esa tierna criatura amamantada bajo los pechos de Thad Matta (apenas seis meses de lactancia) en Ohio State y que responde al bello nombre de D’Angelo Russell. Para muchos el mayor talento de este draft, no me atrevería yo a afirmarlo con tanta rotundidad pero sí habré de reconocer que es una auténtica delicia de jugador, uno de esos que te entran por los ojos cuando lo ves y que se te quedan ya ahí grabados en la retina para casi toda la vida. Gracilidad pura, así en sus penetraciones por resquicios insospechados como en su incomparable capacidad para trazar no menos insospechadas líneas de pase donde otros sólo ven bultos.Angelo+Russell Nadie es perfecto, claro está, y él no habría de ser una excepción: a mi modo de ver le falta consistencia, algo lógico dada su edad y su inexperiencia: inconsistente en su toma de decisiones, como si no fuera un base natural (que no lo es), como si fueran las circunstancias de la vida (y su inmensa calidad, también) las que le hubieran empujado a ejercer de (presunto) director de juego; e inconsistente en su tiro. No digo que sea mal tirador, líbreme el cielo, más bien todo lo contrario, pero es de esos que tan pronto te hacen cuatro triples seguidos como te clavan un 2 de 13 en cualquier partido decisivo del Torneo Final. Dando por supuesto que sus virtudes permanecerán (y se acrecentarán, incluso) y que sus defectos se irán puliendo con los años, creo sinceramente que podemos estar ante un grandísimo base NBA… siempre y cuando tengan paciencia con él, siempre y cuando asuman que necesitará tiempo para crecer (no precisamente en estatura, sino en musculatura y sabiduría) y desarrollarse en aquella Liga. Por si acaso ya se lo rifan, y si hasta hace dos días dábamos por hecho que sería carne de Tankers (digo Sixers) con su número 3, hoy ya las cosas no están tan claras: unos le han bajado al 4 para subir al 3 a Porzingis, otros en cambio le han ascendido incluso hasta el 2 (bajando a Okafor al 4 y manteniendo también en el 3 a Porzingis, de lo que parece deducirse que los Sixers deben estar como locos con el letón). 2, 3 ó 4 significaría Lakers, Sixers o Knicks, Los Ángeles, Philadelphia o Nueva York, no parecen precisamente malos sitios donde empezar una sólida carrera profesional.

Y pasemos a continuación a uno de los grandes enigmas de este draft, ese sujeto de nacionalidad congoleña (de Kinshasa, antiguo Zaire, aún más antiguo Congo Belga), crianza estadounidense (asilo político mediante) y formación (es un decir) china llamado Emmanuel Mudiay. Vi por primera (y última, y única) vez a Mudiay en una de esas maravillosas fiestas de graduación que montan los yanquis para presentar en sociedad a sus criaturas en edad de merecer, no recuerdo ahora mismo si el evento en cuestión fue el McDonald’s All America, el Nike Hoop Summit, el Jordan Brand Classic o el Sabrá Dios Qué. Lo cierto es que su puesta de largo se saldó con notable éxito de crítica y público, al menos en lo que a mí respecta: me encantó, y ni que decir tiene que a partir de ese instante empecé a salivar con lo que nos depararía cuando cumpliera su promesa de cursar estudios en la Universidad Metodista del Sur (SMU para los amigos), y ni que decir tiene que mi salivación se me pasó a los pocos días, justo lo que tardó en cambiar los Mustangs del insigne Larry Brown por los Guangdong Southern Tigers, millón y pico de dólares mediante.Emmanuel-Mudiay Y como solía decir en estos casos doña Mayra Gómez Kemp (si no sabe quién es no se preocupe, más bien alégrese, son cosas de la edad), hasta ahí puedo leer. Sé que debería haber visto uno o varios partidos de Mudiay en China para poder ofrecerles una valoración más pormenorizada pero habré de reconocerles que no he encontrado el momento, mi indolencia es lo que tiene. De allí llegaron primero noticias de que estaba haciendo unos números extraordinarios (creo que hasta mi octogenaria madre podría hacer unos números medianamente decentes en aquella liga, dado el nivel defensivo que se gastan), luego llegaron noticias de que se había escogorciado el tobillo, finalmente dejaron de llegar noticias lo cual (si nos atenemos a ese famoso proverbio yanqui, no news, good news) puede que hasta fuera una buena señal… No lo sé. Sólo sé que me gustó en aquella lejana pachanga (pero pachanga al fin y al cabo), sólo sé que algún afamado columnista ha escrito de él que es uno de los tres jugadores de este draft (junto a Okafor y Towns) con potencial de jugador franquicia, ahí es nada la pomada, no seré yo quien se lo discuta… pero tampoco quien se lo confirme. Si él lo dice, sus razones tendrá.

Un poco más abajo en el escalafón, ya hacia el final de la lotería, encontramos a Cameron Payne, recién llegado desde la humilde Murray State para continuar la senda que ya iniciara en su día Isaiah Canaan. Cuentan maravillas de él, me encantaría refrendárselas pero no me atrevo porque no le he visto jugar lo suficiente (apenas nada) como para tener formada una opinión (y ya sé que este capítulo me está quedando un poco deslucido, pero es lo que hay). Bastante mejor conozco a los cuatro siguientes (ya bien avanzada la primera ronda), los últimos que mencionaré aquí para no aburrirles (aún más si cabe): Tyus Jones (íntimo amigo de Jahlil Okafor por cierto), que fue de menos a más hasta cuajar un extraordinario fin de temporada, no les quepa la menor duda de que sin su concurso no sería hoy Duke campeón NCAA. Delon Wright, formado a las órdenes de Larry Krystkowiak en Utah, que nos epató a todos en su año júnior y nos desepató un poco en su año sénior (quizá porque de tanto como nos había epatado antes se nos desmesuraron las expectativas). Terry Rozier, ex pupilo de Pitino en Louisville, potente donde los haya, mucho más físico que técnico (sin que sea manco tampoco en este aspecto) por lo que podemos estar seguros de que los general managers beberán los vientos por él. Y finalmente Jerian Grant, de los Grant de toda la vida (hijo de Harvey Grant, sobrino de su gemelo y Señor de los Anillos Horace Grant, hermano del ex de Syracuse y hoy en Sixers Jerami Grant), completo donde los haya, de esos que juegan y hacen jugar, determinante cuando hace falta, muy bien formado (si bien con algún altibajo por su mala cabeza) en Notre Dame y que me da a mí que puede ser una gratísima sorpresa. Y aún cabría añadir alguno más a esta lista, pero a ése casi mejor prefiero reservármelo para la última entrega de esta serie. Ya les diré por qué.

IV – LOS DE DENTRO

No teman, no volveré a hablar aquí de Towns y Okafor, que ya bastante bola les di en el primer episodio. Ni de Porzingis (en la medida en que le consideremos también interior), que ya bastante bola le di en el segundo. Vayamos un poco más allá.

cauley-stein¿Recuerdan que cuando les hablaba de Towns les decía que había progresado en tres meses lo que otros no logran progresar en tres años (ni en treinta, si se diera el caso)? Pensaba en aquel entonces en otro fornido mocetón calipariano, justo aquél que lleva por nombre Willie Cauley-Stein. Cauley-Stein aterrizó en Kentucky en la temporada 2012/2013 como una fuerza de la naturaleza, siete pies de músculo absolutamente bien proporcionado que sembraba el terror en defensa y que parecía evidente que a poco que trabajara lo sembraría también en ataque. Contra todo pronóstico volvió para un segundo año, esperábamos encontrar grandes mejoras en su juego pero el único cambio apreciable fue aparecer con el pelo teñido de rubio platino, algo de lo que afortunadamente se arrepintió a los pocos días a la vista de los resultados. Contra todo pronóstico volvió también para un tercer año, creímos ingenuamente que ésta ya sería la definitiva, que por fin su torrente defensivo se correspondería con un amplio caudal de habilidades ofensivas, lo creímos hasta que comprobamos que este Cauley-Stein seguía siendo exactamente el mismo que habíamos conocido años atrás, que probablemente lo seguiría siendo ya para toda su vida deportiva. No, ahora ya no volverá para un cuarto año, tampoco es de extrañar, visto lo visto podría repetir curso 28 veces, podría volver a la universidad un año tras otro hasta el 2043 y aún así seguiría siendo el mismo jugador unidireccional que conocemos hoy. Que no es que esté mal, a ver si me explico: la intimidación cotiza al alza, las franquicias se lo rifarán, de hecho hasta algún pronosticador se ha atrevido a ascenderle hasta el número 4 en las previsiones pre-draft, lo cual no sería de extrañar porque en ese puesto escogen los Knicks y es bien sabido que son capaces de cualquier cosa. Triunfará en lo suyo aunque al otro lado sólo le veamos anotar en plan pichichi (tras rebote ofensivo o culminando alley-oops), llegará el día en que le nombren defensor del año y todos nos congratulemos de ello… aunque algunos (sólo algunos) no podremos evitar pensar también en lo que pudo haber sido y no fue.

Y ahora (para desengrasar) pasemos a algo así como el anti-Cauley-Stein, un tipo que carece del músculo y el atleticismo del kentuckiano pero que rebosa de absolutamente todo lo demás. Señoras, señores, con ustedes, recién llegado de Wisconsin, el Jugador del Año, el único, el incomparable, el irrepetible Frank Kaminski, pónganse todos en pie.kaminski Se me cae la baba con Kaminski, se me cae hasta ponerme perdido y lo peor es que no me pasa a mí solo, con las babas que todos los kaminskianos hemos generado durante estos últimos años se podría llenar un embalse, discúlpenme la guarrería. Saben que a mí se me gana mucho más por talento que por físico y por eso Kaminski es de esos jugadores que me llevaría a una isla desierta o aún mejor, a un equipo de baloncesto si lo tuviera. Así me va, por eso nunca llegaré a nada en la vida, por decantarme por la estética en detrimento de la sordidez, afortunadamente (para ellos) los general managers tienen sus pies mucho más en el suelo que yo y por eso todo parece indicar que pasarán de Kaminski en los primeros puestos del draft. Los pronósticos más favorables le sitúan en el puesto 8 mientras que los más desfavorables le mandan hasta el veintitantos, entre uno y otro un amplísimo abanico de posibilidades. El susodicho, oliéndose la tostada, ha ido ampliando sobremanera su rango de tiro ante la evidencia de que las franquicias despreciarán sus fundamentos bajo el aro por no llevar una gran cáscara de músculo a su alrededor (el síndrome de Tomic, como si dijéramos). Acabará ganándose la vida de especialista, puro cuatro abierto por una mera cuestión de supervivencia, muy probablemente emergiendo desde el banquillo. Y a muchos les encantará y les parecerá la quintaesencia del baloncesto moderno, pero a mí (que soy muy raro) no dejará de parecerme un desperdicio.

Volvamos ahora a Kentucky para hablar de Trey Lyles, otro espigado mocetón muy al gusto de aquella casa. Montones de centímetros, kilotones de músculo, atleticismo devastador, una especie de Cauley-Stein 2.0… pero con un ligero matiz. Cauley-Stein es un libro cerrado, resulta muy difícil imaginar que pueda llegar a ser otra cosa distinta a lo que ya es; Lyles en cambio es una pkentuckybigságina en blanco, está por escribir, puede quedarse en mero físico o evolucionar a jugador total, vaya usted a saber. Obviamente también está más verde, será mucho más trabajosa su adaptación a la Liga, los románticos de esto siempre pensaremos que debería haber permanecido al menos otro año en Lexington (aunque el currículum de Cauley-Stein nos lo desmienta) pero eso ya no tiene vuelta atrás. Dependerá (como en tantas otras ocasiones) de cuánto trabaje, de en dónde caiga, de cuánta bola le den. Apunta a número 8 en el mejor de los casos aunque tampoco en este caso ha faltado algún (presunto) especialista insinuando que los Knicks podrían escogerle en el 4, así están las cosas en la Gran Manzana, creo que si yo me presentara al draft también sonaría para los Knicks. Qué cruz.

Y permítanme que como de costumbre acabe el capítulo con cuatro nombres más, cuatro jugadores interiores que me provocan fascinación y me generan dudas, todo a la vez aún por contradictorio que ello resulte: Myles Turner, de Texas, trabajadísimo saco de fundamentos, calidad excelsa no exenta de músculo pero que fue de más a menos en la misma medida en que fue de más a menos (para acabar casi en nada) su Universidad. Bobby Portis, de Arkansas, debilidad personal del que suscribe, intenso todoterreno con todas las papeletas para convertirse en un interesantísimo cuatro de rotación aún a pesar de su falta de centímetros para ese puesto. Kevon Looney, de UCLA, fascinante físico longilíneo y bracilargo a lo Kevin Garnett, fascinante cóctel de aptitud y actitud que me enamoró en sus primeros partidos con los Bruins… y que me decepcionó (quizá por culpa mía, que esperé más de lo que debería) en casi todos los demás. Tierno e inconsistente como corresponde a su edad, prototípico caso de jugador al que otro año en la universidad le hubiese venido de cine… tanto más teniendo en cuanta que no parece ni que vaya a oler siquiera las primeras posiciones de este draft. Y finalmente Montrezl Monster Harrell, personaje de Louisville que por sí solo requeriría un capítulo aparte, si bien intentaré sintetizarlo en unos pocos renglones: un monstruo (como su propio apodo indica) que en su primer año pareció que iba a comerse el mundo, que en su segundo año (jamás pensamos que volviera para un segundo año) pareció habérselo comido y que en su tercer año (jamás pensamos que volviera para un tercer año) pareció haberle sentado mal la digestión. Puede salir una megaestrella o un bluff, casi sin término medio. Yo aún le tengo fe, aunque su estancamiento en esta última temporada y su propensión al cruce de cables me hagan cogérmela (la fe) con pinzas. Pero aún así no apostaría en su contra.

V – LOS DEL MEDIO

Doses, treses, doses y medios, treses y medios, acaso también algún uno y medio al que me cueste ver como base… de todo hay en esta quinta (y penúltima, espero) entrega, todo un genuino cajón de sastre. Y desastre, en lo que a mí respecta. Unos pocos mediocampistas (con perdón) que seguramente no marcarán una época pero a quienes no está de más conocer. Por lo que pueda pasar.

WINSLOW-02Empecemos cómo no por Justise Winslow, de la Universidad de Duke y de los Winslow de toda la vida, para mí será ya siempre el hijo de Rickie por más que en USA Rickie Winslow (aún con su gran carrera en la Universidad de Houston) sea ya sólo el padre de Justise. Justise es el típico jugador que lo mismo cose un huevo que fríe un alfiler, genuino todocampista, de esos que nunca serán una estrella pero que te los llevarías al fin del mundo si pudieras. Muy buen defensor, tremendo penetrador, aguerrido luchador. En los Blue Devils ejercía de tres o incluso de cuatro pero en NBA probablemente le tocará ser un dos, dos y medio a lo sumo; una posición para la que deberá mejorar su relación con las faltas (las que comete, que son demasiadas; y las que le cometen, que no aprovecha en los tiros libres como debiera) y muy especialmente su relación con el aro rival desde la larga distancia, condición sine qua non (signifique eso lo que signifique) para un magnífico proyecto de machaka (ilustrado) como el que nos ocupa. Muy probablemente será 6 ó 7 del draft, muy probablemente será carne de Kings o Nuggets. Nadie construirá un equipo alrededor de él, pero cualquier equipo será mucho mejor con él.

stanley johnsonCasi en la otra punta del país, en Tucson, Arizona, Stanley Johnson viene de hacer prácticamente el mismo viaje que Justise Winslow… sólo que en sentido inverso. Empezó la temporada como presumible número 3 del draft (y hasta el 2 le daban en algún pronóstico) y como favorito indiscutible a Jugador del Año en su conferencia; acabó la temporada rozando a duras penas los puestos de lotería y ya no siendo ni el mejor de su propio equipo siquiera (honor que correspondió al magnífico base sénior T.J. McConnell, a quien dicho sea de paso no encuentro en ninguna lista predraft; si es usted propietario de un equipo europeo ya está tardando en echarle el guante). Stanley dio maravillosamente el pego en un principio pero según fue avanzando el año se le vieron las carencias, que son muchas y variadas. Otro añito en Arizona le habría venido de perlas… o no, porque acaso su flojísimo final de temporada fuese porque en el fondo estaba deseando salir de allí. Él sabrá.

Viajemos ahora (como casi en cada entrega de esta serie) a Kentucky, pero esta vez para hablarles de un jugador realmente especial. Quizá el que menos nos llamara la atención de toda aquella ingente camada de freshmen que desembarcó hace un año en Lexington: liviano, nada sobrado de músculo, rozando a duras penas los dos metros (que no aparenta) y con cierto aire de buen chaval que desentonaba con la pinta de sobraos de muchos de sus compañeros. Devin Booker (que así se llama el susodicho) fue asignado de entrada al segundo pelotón (white platoon, en la jerga calipariana), pensamos que pasaría desapercibido pero nada más lejos de la realidad, enseguida vimos que estábamos ante un auténtico microondas, un chaval que en cuanto aparecía y afinaba su muñeca podía poner el partido entero del revés. Porque esa es sin lugar a dudas la mejor (pero no única) cualidad de Booker, para mi gusto el mejor tirador exterior puro de este draft (Herzonja y el ex Gator Michael Frazier podrían discutírselo, aunque en el caso de este último no hay color). Y es bien sabido que en esta NBA tan propensa al triple que nos ha tocado vivir el kilo de tirador se paga muy pero que muy bien, razón por la cual Booker con sólo un año de devin-booker1campus tendrá puesto de lotería y un contratazo acorde con dicha posición. En el mejor de los casos podríamos soñar con un Klay Thompson (palabras muy mayores), en el caso intermedio estaríamos ante un Korver o un Redick de la vida, en el peor una especie de Kapono que tampoco es que sea mala cosa. Nunca le pierdan de vista.

Y de Kentucky a Wisconsin para dedicar un parrafillo al gran Sam Dekker, acaso la prueba perfecta de cómo una buena actuación en marzo puede disparar tu carrera profesional en general y tus perspectivas para el draft en particular, hasta el punto de hacerte casi rozar la lotería. Que Dekker era bueno lo sabíamos ya de sobra tras sus tres años en los Badgers, que Dekker podía ser grande lo supimos tras una Madness realmente excepcional, en la que se echó el equipo a la espalda y se convirtió en el principal culpable (aún más que Kaminski, incluso) de que Wisconsin se metiera en la Final y se quedara a apenas un paso de alzarse con el título. En NCAA se movía entre el tres y el cuatro abierto, en NBA difícilmente dejará de ser un tres ya que tiene el físico perfecto para ello. Otro de esos tíos que no son extraordinarios en nada pero son buenos en un montón de cosas, a destacar su defensa (como no podría ser de otra Sam-Dekkermanera viniendo de donde viene), su muñeca y su impagable carácter ganador. Quien lo escoja no se va a arrepentir, seguro.

No quiero acabar esta entrega sin mencionar otros dos nombres, otras dos incógnitas, otros dos recorridos divergentes en su camino hacia el draft: Justin Anderson, que se echó sobre sus hombros a los Cavaliers de Virginia durante toda esta temporada (excepto cuando anduvo lesionado, y bien que lo acusó su equipo); interesantísimo cóctel de atleticismo, muñeca, defensa (viniendo de Virginia lo lleva de serie) y actitud, y cuyas perspectivas draftísticas parecen haber mejorado sobremanera en los últimos tiempos gracias a unos magníficos workouts. Y Kelly Oubre, que llegó hace un año a Kansas haciendo muchísimo ruido pero luego lo de las nueces ya fue otro cantar. Su cartel de estrella de poco le sirvió porque así de entrada Bill Self prefirió no darle bola, cuando finalmente se la dio vimos que ahí sí que había jugador suficiente como para sacarle las castañas del fuego… pero tampoco mucho más, por ahora. A día de hoy no deja de ser un mero proyecto (como casi todos, pero aún más en este caso), interesante pero proyecto al fin y al cabo, como bien demuestra su caída en picado en las últimas previsiones pre-draft. Cuánto mejor habría hecho quedándose otro año más en Lawrence.

y VI – LOS DEMÁS

Me permitirán que con la temeridad que me caracteriza (y que da título al post) divida esta última categoría en dos subcategorías, a saber, presuntos robos del draft y presuntos petardazos del draft (tres de cada, que a estas alturas tampoco conviene abusar). Eso sí, ya saben que me avala la experiencia, donde pongo el ojo pongo la bala, no tienen más que mirar dónde andan hoy aquellos por quienes bebí los vientos (pongamos por ejemplo Adam Morrison o Royce White) o aquellos de quienes eché pestes (pongamos por ejemplo Steven Adams) para comprobarlo… Es decir, guarden cuidadosamente esta entrada y así podrán volver a restregármela dentro de unos pocos años, seguro que argumentos no les van a faltar.

Presuntos ROBOS del draft

syracyse-rakeem-christmas-blockMe van a permitir que tire para mis colores y empiece con Rakeem Christmas, pívot Orange que acostumbra a lucir el dorsal 25 en perfecta consonancia con su navideño apellido. Christmas llegó a Syracuse hace cuatro años como una imponente fuerza de la naturaleza, pero durante sus primeras tres temporadas no pasó de ahí. Entraba (a menudo como titular), ponía un par de tapones, se cargaba de faltas, se iba raudo y veloz al banquillo y luego ya si te he visto no me acuerdo. En cambio durante la temporada 2014/2015 su mejora fue exponencial, ya no era sólo defensa sino que de repente también sabía atacar el aro rival (y cómo), convirtiéndose de la noche a la mañana en pieza esencial de estos atribulados Orange. Ahora bien, tampoco es cuestión de que lance yo ahora las campanas al vuelo: deberá protegerse un poco mejor de las faltas (auténtica cruz), deberá ampliar su rango de tiro (a dos metros del aro ya nos valdría) y lo que difícilmente tendrá ya solución (salvo milagro de la ciencia) es su relativa falta de centímetros para un jugador tan interior. Y sin embargo, aún a pesar de todos estos pronunciamientos negativos, yo le tengo fe: porque le he visto mejorar hasta cotas que hace un par de años jamás hubiera imaginado, porque creo que posee la paciencia y la ética de trabajo necesarias para progresar en la vida (y en la Liga), porque bien llevado puede ser extraordinariamente aprovechable… y porque (a qué negarlo) me encantaría que le fuera bien. Los colores, ya saben.

upshawY si arriesgada era ya la apuesta anterior, no vean la que viene ahora: Robert Upshaw, devastadora fuerza interior donde las haya, especialista no tanto en rebotear (que también) como en salir rebotado él mismo de todos los sitios por donde pasa, así le sucedió hace dos años en Fresno State y así le ha sucedido este año en esa Universidad de Washington de la que hubo de marcharse por patas a mitad de temporada, apenas dos meses después de empezar. Quien le escoja ya sabe a lo que se expone, si le gustan las emociones fuertes no lo dude, éste es su hombre… Ahora bien, quien asuma el riesgo se estará también llevando (si le sabe llevar) una auténtica fuerza interior. En todo el baloncesto universitario nadie promedió más tapones que él durante los escasos meses que estuvo guardando la zona de los Huskies. Nadie, en toda la NCAA. Créanme que sus posibilidades son inmensas, créanme también que puede salir mal… pero que a poco que siente la cabeza podemos estar ante un auténtico pelotazo en toda regla. Prefiero pensar que va a ser así, quizá porque (como diría cierta ilustre alcaldesa) yo también creo mucho en la reinserción.

Y ahora pido a los lectores más veteranos (si alguno hubiere) que viajen conmigo hasta los ochenta, incluso a la primera mitad de los noventa. Probablemente recordarán a un alero que creció (junto a Olajuwon, Drexler, Michaux…) en aquellos Phi Slama Jama de la Universidad de Houston, que luego sentó cátedra en Pucela, que años después hasta ganó una Euroliga a las órdenes de Boza Maljkovic en aquel infumable Limoges…WP-OregonJosephYoung-620x400 Se llamaba (se seguirá llamando) Michael Young y las metía de todos los colores (incluso en Limoges; de hecho era casi el único que las metía en Limoges), pero obviamente no es de él de quien quiero hablarles sino de su hijo, Joseph Young, que también empezó su carrera universitaria en Houston hasta que se aburrió y pidió el transfer para marcharse a los Ducks de Oregon. Ni que decir tiene que a las órdenes de Dana Altman ha explotado (aún más si cabe), ni que decir tiene que es tan anotador compulsivo como el padre pero es además muchas más cosas. Este último año se vio obligado a ejercer de director de juego full time por necesidades del guión y cumplió ese papel a las mil maravillas, algo que debería venirle muy bien en su carrera profesional. Quizá por eso me chirría una barbaridad verle tan atrás en las previsiones del draft, entre el puesto 42 y el 49 a día de hoy. Qué quieren que les diga, en mi modesta opinión vale mucho más que eso. Ahora ya sólo falta que le den la oportunidad de demostrarlo.

Presuntos PETARDAZOS del draft

Pues como en los robos, me van a permitir que para empezar tire para mis colores: Chris McCullough llegó a Syracuse hace un verano y así de entrada nos encandiló. Típico alero longilíneo, muy bien trabajado técnicamente y que en sus primeros dos o tres partidos lo hizo de maravilla, razón más que suficiente para que los sufridos aficionados Orange nos engolosináramos de inmediato.mccullough Claro que el engolosinamiento se nos fue pasando en cuanto comprobamos que no era para tanto (unos pocos partidos más sin rascar bola) y se nos cayó del todo en cuanto se lesionó de gravedad y se perdió lo que restaba de temporada (casi toda ella, en realidad). En semejantes circunstancias cualquier criatura con dos dedos de frente habría visto su caché caer en picado y habría optado por volver a Syracuse para un segundo año, él no, él a pesar de todos los pesares prefirió mantener su apuesta por el one and done (obviamente no sé cuál es su situación económica familiar, obviamente sí sé que el futuro inmediato de su universidad tampoco es que motive demasiado). El resultado fue el que cabía esperar, que un jugador al que en noviembre todos daban en los diez primeros puestos del draft hoy aparezca al final de la primera ronda en el mejor de los casos, en el peor ya ni les cuento. Necesitará mucha paciencia y además muchos minutos, sospecho que los encontrará en la Liga de Desarrollo, puede que allí explote definitivamente o puede que acabe cayendo en el ostracismo más absoluto, todo por haber precipitado su proceso de maduración. Ojalá no sea así.

Y ahora me voy a Kansas para indisponerme con todos aquellos (que son unos cuantos) que ven a Cliff Alexander como posible robo del draft, dado que yo lo veo exactamente al revés. El susodicho llegó al campus de Lawrence precedido de magnífica fama y adobado de potente masa muscular, viéndole resultaba inevitable recordar a aquel otro ex Jayhawk llamado Thomas Robinson por quien yo bebí los vientos durante su etapa universitaria,cliff alexander pero del que habré de reconocer (aunque me duela) que luego apenas ha rascado bola en NBA. Parecido físico pero no técnico, Alexander está aún a años luz de las prestaciones que acabó ofreciendo Robinson, con tiempo y trabajo habría podido alcanzarlas pero no tuvo (ni tendrá ya) ni lo uno ni lo otro. Bill Self de entrada le dio muy poca bola, luego ya se animó a ponerle más y finalmente acabó la temporada no contando con él nada en absoluto: un poco porque no le convencía, y un mucho porque las sospechas acerca de presuntas irregularidades en su reclutamiento le llevaron a dejarle definitivamente en el banquillo que con las cosas de comer no se juega, no se fuera a enfadar la NCAA. Ni que decir tiene que esas sospechas fueron el último empujón que necesitaba para tirarse en plancha al draft, algo que probablemente también habría hecho en cualesquiera otras circunstancias. Lo cierto es que en lo poco que le vimos demostró poderío (lo lleva de serie)… y casi pare usted de contar. Otro caso palmario de jugador que en noviembre estaba en los primeros puestos de cualquier mock y al que hoy en cambio hay que encontrar (tras ardua búsqueda) en las profundidades de la segunda ronda. Otro presunto juguete roto. Esperemos que no.

Acabo viaje en North Carolina para presentarles (en el supuesto de que no lo conozcan ya) a una criatura que responde al bello a la par que peculiar nombre de J.P. Tokoto (pronúnciese en esdrújulo, tókoto). Tokoto aspira a pertenecer a esa categoría de jugadores que yo suelo llamar machakas y que los expertos ahora denominan 3&D;tokoto-2 es decir, exteriores que en defensa se meriendan a quien les pongan por delante y que en ataque se especializan en caer distraídamente hacia el lado débil para recibir libres de marca y clavar el triple desde la esquina: Bruce Bowen, Shane Battier o Tony Allen, por poner tres ejemplos muy divergentes entre sí pero que responderían más o menos a esta descripción. El problema con Tokoto en lo tocante al 3&D es que la cosa de la D se le da como hongos (por qué se dirá esto) pero la cosa del 3 como que le cuesta, creo que si revisaran a fondo aros y tableros del Dean Dome encontrarían múltiples abolladuras propiciadas por el apedreamiento al que se han visto sometidos por este sujeto durante los últimos tres años. Y es bien sabido que en NBA aún por bien que la metas te piden que algo defiendas y aún por bien que defiendas te piden que algo la metas (la pelota por el aro, entiéndase). Así las cosas el susodicho parece haber caído casi en la insignificancia, saltarse su último año universitario sólo le va a servir para ser escogido a mediados de segunda ronda, eso en el mejor de los casos. Para este viaje no hacían falta alforjas.

**********

Y hasta aquí. Me pesa no haber dicho ni media palabra del one and done de UNLV Rashad Vaughn (digno aspirante a haber sido incluido en mis presuntos robos del draft), del todoterreno arizónico Rondae Hollis-Jefferson, de los grandes de LSU Mickey & Martin, de los pequeños de Stanford Brown & Randle, del seguro alero de Texas Jonathan Holmes, del perrofláutico (a la par que maravilloso) alero de Nebraska Terran Petteway, del delicioso canadiense de Boston College Olivier Hanlan, de los kentuckianos gemelos Harrison (otros que se encaminan irremediablemente al ostracismo), de… No doy más de sí. Por esta vez creo que ya está bien, aquellos que hayan aguantado hasta aquí tras leerse las seis entregas merecerán para toda la eternidad el testimonio de mi consideración más distinguida (o algo así). Y a todos, gracias infinitas por su paciencia y su atención.

Publicado junio 25, 2015 por zaid en NBA, NCAA

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APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT (y VI – LOS DEMÁS)   Leave a comment

Me permitirán que con la temeridad que me caracteriza (y que da título al post) divida esta última categoría en dos subcategorías, a saber, presuntos robos del draft y presuntos petardazos del draft (tres de cada, que a estas alturas tampoco conviene abusar). Eso sí, ya saben que me avala la experiencia, donde pongo el ojo pongo la bala, no tienen más que mirar dónde andan hoy aquellos por quienes bebí los vientos (pongamos por ejemplo Adam Morrison o Royce White) o aquellos de quienes eché pestes (pongamos por ejemplo Steven Adams) para comprobarlo… Es decir, guarden cuidadosamente esta entrada y así podrán volver a restregármela dentro de unos pocos años, seguro que argumentos no les van a faltar.

Presuntos ROBOS del draft

syracyse-rakeem-christmas-blockMe van a permitir que tire para mis colores y empiece con Rakeem Christmas, pívot Orange que acostumbra a lucir el dorsal 25 en perfecta consonancia con su navideño apellido. Christmas llegó a Syracuse hace cuatro años como una imponente fuerza de la naturaleza, pero durante sus primeras tres temporadas no pasó de ahí. Entraba (a menudo como titular), ponía un par de tapones, se cargaba de faltas, se iba raudo y veloz al banquillo y luego ya si te he visto no me acuerdo. En cambio durante la temporada 2014/2015 su mejora fue exponencial, ya no era sólo defensa sino que de repente también sabía atacar el aro rival (y cómo), convirtiéndose de la noche a la mañana en pieza esencial de estos atribulados Orange. Ahora bien, tampoco es cuestión de que lance yo ahora las campanas al vuelo: deberá protegerse un poco mejor de las faltas (auténtica cruz), deberá ampliar su rango de tiro (a dos metros del aro ya nos valdría) y lo que difícilmente tendrá ya solución (salvo milagro de la ciencia) es su relativa falta de centímetros para un jugador tan interior. Y sin embargo, aún a pesar de todos estos pronunciamientos negativos, yo le tengo fe: porque le he visto mejorar hasta cotas que hace un par de años jamás hubiera imaginado, porque creo que posee la paciencia y la ética de trabajo necesarias para progresar en la vida (y en la Liga), porque bien llevado puede ser extraordinariamente aprovechable… y porque (a qué negarlo) me encantaría que le fuera bien. Los colores, ya saben.

upshawY si arriesgada era ya la apuesta anterior, no vean la que viene ahora: Robert Upshaw, devastadora fuerza interior donde las haya, especialista no tanto en rebotear (que también) como en salir rebotado él mismo de todos los sitios por donde pasa, así le sucedió hace dos años en Fresno State y así le ha sucedido este año en esa Universidad de Washington de la que hubo de marcharse por patas a mitad de temporada, apenas dos meses después de empezar. Quien le escoja ya sabe a lo que se expone, si le gustan las emociones fuertes no lo dude, éste es su hombre… Ahora bien, quien asuma el riesgo se estará también llevando (si le sabe llevar) una auténtica fuerza interior. En todo el baloncesto universitario nadie promedió más tapones que él durante los escasos meses que estuvo guardando la zona de los Huskies. Nadie, en toda la NCAA. Créanme que sus posibilidades son inmensas, créanme también que puede salir mal… pero que a poco que siente la cabeza podemos estar ante un auténtico pelotazo en toda regla. Prefiero pensar que va a ser así, quizá porque (como diría cierta ilustre alcaldesa) yo también creo mucho en la reinserción.

Y ahora pido a los lectores más veteranos (si alguno hubiere) que viajen conmigo hasta los ochenta, incluso a la primera mitad de los noventa. Probablemente recordarán a un alero que creció (junto a Olajuwon, Drexler, Michaux…) en aquellos Phi Slama Jama de la Universidad de Houston, que luego sentó cátedra en Pucela, que años después hasta ganó una Euroliga a las órdenes de Boza Maljkovic en aquel infumable Limoges…WP-OregonJosephYoung-620x400 Se llamaba (se seguirá llamando) Michael Young y las metía de todos los colores (incluso en Limoges; de hecho era casi el único que las metía en Limoges), pero obviamente no es de él de quien quiero hablarles sino de su hijo, Joseph Young, que también empezó su carrera universitaria en Houston hasta que se aburrió y pidió el transfer para marcharse a los Ducks de Oregon. Ni que decir tiene que a las órdenes de Dana Altman ha explotado (aún más si cabe), ni que decir tiene que es tan anotador compulsivo como el padre pero es además muchas más cosas. Este último año se vio obligado a ejercer de director de juego full time por necesidades del guión y cumplió ese papel a las mil maravillas, algo que debería venirle muy bien en su carrera profesional. Quizá por eso me chirría una barbaridad verle tan atrás en las previsiones del draft, entre el puesto 42 y el 49 a día de hoy. Qué quieren que les diga, en mi modesta opinión vale mucho más que eso. Ahora ya sólo falta que le den la oportunidad de demostrarlo.

Presuntos PETARDAZOS del draft

Pues como en los robos, me van a permitir que para empezar tire para mis colores: Chris McCullough llegó a Syracuse hace un verano y así de entrada nos encandiló. Típico alero longilíneo, muy bien trabajado técnicamente y que en sus primeros dos o tres partidos lo hizo de maravilla, razón más que suficiente para que los sufridos aficionados Orange nos engolosináramos de inmediato.mccullough Claro que el engolosinamiento se nos fue pasando en cuanto comprobamos que no era para tanto (unos pocos partidos más sin rascar bola) y se nos cayó del todo en cuanto se lesionó de gravedad y se perdió lo que restaba de temporada (casi toda ella, en realidad). En semejantes circunstancias cualquier criatura con dos dedos de frente habría visto su caché caer en picado y habría optado por volver a Syracuse para un segundo año, él no, él a pesar de todos los pesares prefirió mantener su apuesta por el one and done (obviamente no sé cuál es su situación económica familiar, obviamente sí sé que el futuro inmediato de su universidad tampoco es que motive demasiado). El resultado fue el que cabía esperar, que un jugador al que en noviembre todos daban en los diez primeros puestos del draft hoy aparezca al final de la primera ronda en el mejor de los casos, en el peor ya ni les cuento. Necesitará mucha paciencia y además muchos minutos, sospecho que los encontrará en la Liga de Desarrollo, puede que allí explote definitivamente o puede que acabe cayendo en el ostracismo más absoluto, todo por haber precipitado su proceso de maduración. Ojalá no sea así.

Y ahora me voy a Kansas para indisponerme con todos aquellos (que son unos cuantos) que ven a Cliff Alexander como posible robo del draft, dado que yo lo veo exactamente al revés. El susodicho llegó al campus de Lawrence precedido de magnífica fama y adobado de potente masa muscular, viéndole resultaba inevitable recordar a aquel otro ex Jayhawk llamado Thomas Robinson por quien yo bebí los vientos durante su etapa universitaria, pero del que habré de reconocer (aunque me duela) que luego apenas ha rascado bola en NBA.cliff alexander Parecido físico pero no técnico, Alexander está aún a años luz de las prestaciones que acabó ofreciendo Robinson, con tiempo y trabajo habría podido alcanzarlas pero no tuvo (ni tendrá ya) ni lo uno ni lo otro. Bill Self de entrada le dio muy poca bola, luego ya se animó a ponerle más y finalmente acabó la temporada no contando con él nada en absoluto: un poco porque no le convencía, y un mucho porque las sospechas acerca de presuntas irregularidades en su reclutamiento le llevaron a dejarle definitivamente en el banquillo que con las cosas de comer no se juega, no se fuera a enfadar la NCAA. Ni que decir tiene que esas sospechas fueron el último empujón que necesitaba para tirarse en plancha al draft, algo que probablemente también habría hecho en cualesquiera otras circunstancias. Lo cierto es que en lo poco que le vimos demostró poderío (lo lleva de serie)… y casi pare usted de contar. Otro caso palmario de jugador que en noviembre estaba en los primeros puestos de cualquier mock y al que hoy en cambio hay que encontrar (tras ardua búsqueda) en las profundidades de la segunda ronda. Otro presunto juguete roto. Esperemos que no.

Acabo viaje en North Carolina para presentarles (en el supuesto de que no lo conozcan ya) a una criatura que responde al bello a la par que peculiar nombre de J.P. Tokoto (pronúnciese en esdrújulo, tókoto). Tokoto aspira a pertenecer a esa categoría de jugadores que yo suelo llamar machakas y que los expertos ahora denominan 3&D;tokoto-2 es decir, exteriores que en defensa se meriendan a quien les pongan por delante y que en ataque se especializan en caer distraídamente hacia el lado débil para recibir libres de marca y clavar el triple desde la esquina: Bruce Bowen, Shane Battier o Tony Allen, por poner tres ejemplos muy divergentes entre sí pero que responderían más o menos a esta descripción. El problema con Tokoto en lo tocante al 3&D es que la cosa de la D se le da como hongos (por qué se dirá esto) pero la cosa del 3 como que le cuesta, creo que si revisaran a fondo aros y tableros del Dean Dome encontrarían múltiples abolladuras propiciadas por el apedreamiento al que se han visto sometidos por este sujeto durante los últimos tres años. Y es bien sabido que en NBA aún por bien que la metas te piden que algo defiendas y aún por bien que defiendas te piden que algo la metas (la pelota por el aro, entiéndase). Así las cosas el susodicho parece haber caído casi en la insignificancia, saltarse su último año universitario sólo le va a servir para ser escogido a mediados de segunda ronda, eso en el mejor de los casos. Para este viaje no hacían falta alforjas.

**********

Y hasta aquí. Me pesa no haber dicho ni media palabra del one and done de UNLV Rashad Vaughn (digno aspirante a haber sido incluido en mis presuntos robos del draft), del todoterreno arizónico Rondae Hollis-Jefferson, de los grandes de LSU Mickey & Martin, de los pequeños de Stanford Brown & Randle, del seguro alero de Texas Jonathan Holmes, del perrofláutico (a la par que maravilloso) alero de Nebraska Terran Petteway, del delicioso canadiense de Boston College Olivier Hanlan, de los kentuckianos gemelos Harrison (otros que se encaminan irremediablemente al ostracismo), de… No doy más de sí. Por esta vez creo que ya está bien, aquellos que hayan aguantado hasta aquí tras leerse las seis entregas merecerán para toda la eternidad el testimonio de mi consideración más distinguida (o algo así). Y a todos, gracias infinitas por su paciencia y su atención.

APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT (V – LOS DEL MEDIO)   Leave a comment

Doses, treses, doses y medios, treses y medios, acaso también algún uno y medio al que me cueste ver como base… de todo hay en esta quinta (y penúltima, espero) entrega, todo un genuino cajón de sastre. Y desastre, en lo que a mí respecta. Unos pocos mediocampistas (con perdón) que seguramente no marcarán una época pero a quienes no está de más conocer. Por lo que pueda pasar.

WINSLOW-02Empecemos cómo no por Justise Winslow, de la Universidad de Duke y de los Winslow de toda la vida, para mí será ya siempre el hijo de Rickie por más que en USA Rickie Winslow (aún con su gran carrera en la Universidad de Houston) sea ya sólo el padre de Justise. Justise es el típico jugador que lo mismo cose un huevo que fríe un alfiler, genuino todocampista, de esos que nunca serán una estrella pero que te los llevarías al fin del mundo si pudieras. Muy buen defensor, tremendo penetrador, aguerrido luchador. En los Blue Devils ejercía de tres o incluso de cuatro pero en NBA probablemente le tocará ser un dos, dos y medio a lo sumo; una posición para la que deberá mejorar su relación con las faltas (las que comete, que son demasiadas; y las que le cometen, que no aprovecha en los tiros libres como debiera) y muy especialmente su relación con el aro rival desde la larga distancia, condición sine qua non (signifique eso lo que signifique) para un magnífico proyecto de machaka (ilustrado) como el que nos ocupa. Muy probablemente será 6 ó 7 del draft, muy probablemente será carne de Kings o Nuggets. Nadie construirá un equipo alrededor de él, pero cualquier equipo será mucho mejor con él.

stanley johnsonCasi en la otra punta del país, en Tucson, Arizona, Stanley Johnson viene de hacer prácticamente el mismo viaje que Justise Winslow… sólo que en sentido inverso. Empezó la temporada como presumible número 3 del draft (y hasta el 2 le daban en algún pronóstico) y como favorito indiscutible a Jugador del Año en su conferencia; acabó la temporada rozando a duras penas los puestos de lotería y ya no siendo ni el mejor de su propio equipo siquiera (honor que correspondió al magnífico base sénior T.J. McConnell, a quien dicho sea de paso no encuentro en ninguna lista predraft; si es usted propietario de un equipo europeo ya está tardando en echarle el guante). Stanley dio maravillosamente el pego en un principio pero según fue avanzando el año se le vieron las carencias, que son muchas y variadas. Otro añito en Arizona le habría venido de perlas… o no, porque acaso su flojísimo final de temporada fuese porque en el fondo estaba deseando salir de allí. Él sabrá.

Viajemos ahora (como casi en cada entrega de esta serie) a Kentucky, pero esta vez para hablarles de un jugador realmente especial. Quizá el que menos nos llamara la atención de toda aquella ingente camada de freshmen que desembarcó hace un año en Lexington: liviano, nada sobrado de músculo, rozando a duras penas los dos metros (que no aparenta) y con cierto aire de buen chaval que desentonaba con la pinta de sobraos de muchos de sus compañeros.devin-booker1 Devin Booker (que así se llama el susodicho) fue asignado de entrada al segundo pelotón (white platoon, en la jerga calipariana), pensamos que pasaría desapercibido pero nada más lejos de la realidad, enseguida vimos que estábamos ante un auténtico microondas, un chaval que en cuanto aparecía y afinaba su muñeca podía poner el partido entero del revés. Porque esa es sin lugar a dudas la mejor (pero no única) cualidad de Booker, para mi gusto el mejor tirador exterior puro de este draft (Herzonja y el ex Gator Michael Frazier podrían discutírselo, aunque en el caso de este último no hay color). Y es bien sabido que en esta NBA tan propensa al triple que nos ha tocado vivir el kilo de tirador se paga muy pero que muy bien, razón por la cual Booker con sólo un año de campus tendrá puesto de lotería y un contratazo acorde con dicha posición. En el mejor de los casos podríamos soñar con un Klay Thompson (palabras muy mayores), en el caso intermedio estaríamos ante un Korver o un Redick de la vida, en el peor una especie de Kapono que tampoco es que sea mala cosa. Nunca le pierdan de vista.

Y de Kentucky a Wisconsin para dedicar un parrafillo al gran Sam Dekker, acaso la prueba perfecta de cómo una buena actuación en marzo puede disparar tu carrera profesional en general y tus perspectivas para el draft en particular, hasta el punto de hacerte casi rozar la lotería.Sam-Dekker Que Dekker era bueno lo sabíamos ya de sobra tras sus tres años en los Badgers, que Dekker podía ser grande lo supimos tras una Madness realmente excepcional, en la que se echó el equipo a la espalda y se convirtió en el principal culpable (aún más que Kaminski, incluso) de que Wisconsin se metiera en la Final y se quedara a apenas un paso de alzarse con el título. En NCAA se movía entre el tres y el cuatro abierto, en NBA difícilmente dejará de ser un tres ya que tiene el físico perfecto para ello. Otro de esos tíos que no son extraordinarios en nada pero son buenos en un montón de cosas, a destacar su defensa (como no podría ser de otra manera viniendo de donde viene), su muñeca y su impagable carácter ganador. Quien lo escoja no se va a arrepentir, seguro.

No quiero acabar esta entrega sin mencionar otros dos nombres, otras dos incógnitas, otros dos recorridos divergentes en su camino hacia el draft: Justin Anderson, que se echó sobre sus hombros a los Cavaliers de Virginia durante toda esta temporada (excepto cuando anduvo lesionado, y bien que lo acusó su equipo); interesantísimo cóctel de atleticismo, muñeca, defensa (viniendo de Virginia lo lleva de serie) y actitud, y cuyas perspectivas draftísticas parecen haber mejorado sobremanera en los últimos tiempos gracias a unos magníficos workouts. Y Kelly Oubre, que llegó hace un año a Kansas haciendo muchísimo ruido pero luego lo de las nueces ya fue otro cantar. Su cartel de estrella de poco le sirvió porque así de entrada Bill Self prefirió no darle bola, cuando finalmente se la dio vimos que ahí sí que había jugador suficiente como para sacarle las castañas del fuego… pero tampoco mucho más, por ahora. A día de hoy no deja de ser un mero proyecto (como casi todos, pero aún más en este caso), interesante pero proyecto al fin y al cabo, como bien demuestra su caída en picado en las últimas previsiones pre-draft. Cuánto mejor habría hecho quedándose otro año más en Lawrence.

APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT (IV – LOS DE DENTRO)   Leave a comment

No teman, no volveré a hablar aquí de Towns y Okafor, que ya bastante bola les di en el primer episodio. Ni de Porzingis (en la medida en que le consideremos también interior), que ya bastante bola le di en el segundo. Vayamos un poco más allá.

¿Recucauley-steinerdan que cuando les hablaba de Towns les decía que había progresado en tres meses lo que otros no logran progresar en tres años (ni en treinta, si se diera el caso)? Pensaba en aquel entonces en otro fornido mocetón calipariano, justo aquél que lleva por nombre Willie Cauley-Stein. Cauley-Stein aterrizó en Kentucky en la temporada 2012/2013 como una fuerza de la naturaleza, siete pies de músculo absolutamente bien proporcionado que sembraba el terror en defensa y que parecía evidente que a poco que trabajara lo sembraría también en ataque. Contra todo pronóstico volvió para un segundo año, esperábamos encontrar grandes mejoras en su juego pero el único cambio apreciable fue aparecer con el pelo teñido de rubio platino, algo de lo que afortunadamente se arrepintió a los pocos días a la vista de los resultados. Contra todo pronóstico volvió también para un tercer año, creímos ingenuamente que ésta ya sería la definitiva, que por fin su torrente defensivo se correspondería con un amplio caudal de habilidades ofensivas, lo creímos hasta que comprobamos que este Cauley-Stein seguía siendo exactamente el mismo que habíamos conocido años atrás, que probablemente lo seguiría siendo ya para toda su vida deportiva. No, ahora ya no volverá para un cuarto año, tampoco es de extrañar, visto lo visto podría repetir curso 28 veces, podría volver a la universidad un año tras otro hasta el 2043 y aún así seguiría siendo el mismo jugador unidireccional que conocemos hoy. Que no es que esté mal, a ver si me explico: la intimidación cotiza al alza, las franquicias se lo rifarán, de hecho hasta algún pronosticador se ha atrevido a ascenderle hasta el número 4 en las previsiones pre-draft, lo cual no sería de extrañar porque en ese puesto escogen los Knicks y es bien sabido que son capaces de cualquier cosa. Triunfará en lo suyo aunque al otro lado sólo le veamos anotar en plan pichichi (tras rebote ofensivo o culminando alley-oops), llegará el día en que le nombren defensor del año y todos nos congratulemos de ello… aunque algunos (sólo algunos) no podremos evitar pensar también en lo que pudo haber sido y no fue.

Y ahora (para desengrasar) pasemos a algo así como el anti-Cauley-Stein, un tipo que carece del músculo y el atleticismo del kentuckiano pero que rebosa de absolutamente todo lo demás. Señoras, señores, con ustedes, recién llegado de Wisconsin, el Jugador del Año, el único, el incomparable, el irrepetible Frank Kaminski, pónganse todos en pie.kaminski Se me cae la baba con Kaminski, se me cae hasta ponerme perdido y lo peor es que no me pasa a mí solo, con las babas que todos los kaminskianos hemos generado durante estos últimos años se podría llenar un embalse, discúlpenme la guarrería. Saben que a mí se me gana mucho más por talento que por físico y por eso Kaminski es de esos jugadores que me llevaría a una isla desierta o aún mejor, a un equipo de baloncesto si lo tuviera. Así me va, por eso nunca llegaré a nada en la vida, por decantarme por la estética en detrimento de la sordidez, afortunadamente (para ellos) los general managers tienen sus pies mucho más en el suelo que yo y por eso todo parece indicar que pasarán de Kaminski en los primeros puestos del draft. Los pronósticos más favorables le sitúan en el puesto 8 mientras que los más desfavorables le mandan hasta el veintitantos, entre uno y otro un amplísimo abanico de posibilidades. El susodicho, oliéndose la tostada, ha ido ampliando sobremanera su rango de tiro ante la evidencia de que las franquicias despreciarán sus fundamentos bajo el aro por no llevar una gran cáscara de músculo a su alrededor (el síndrome de Tomic, como si dijéramos). Acabará ganándose la vida de especialista, puro cuatro abierto por una mera cuestión de supervivencia, muy probablemente emergiendo desde el banquillo. Y a muchos les encantará y les parecerá la quintaesencia del baloncesto moderno, pero a mí (que soy muy raro) no dejará de parecerme un desperdicio.

Volvamos ahora a Kentucky para hablar de Trey Lyles, otro espigado mocetón muy al gusto de aquella casa. Montones de centímetros, kilotones de músculo, atleticismo devastador, una especie de Cauley-Stein 2.0… pero con un ligero matiz. Cauley-Stein es un libro cerrado, resulta muy difícil imaginar que kentuckybigspueda llegar a ser otra cosa distinta a lo que ya es; Lyles en cambio es una página en blanco, está por escribir, puede quedarse en mero físico o evolucionar a jugador total, vaya usted a saber. Obviamente también está más verde, será mucho más trabajosa su adaptación a la Liga, los románticos de esto siempre pensaremos que debería haber permanecido al menos otro año en Lexington (aunque el currículum de Cauley-Stein nos lo desmienta) pero eso ya no tiene vuelta atrás. Dependerá (como en tantas otras ocasiones) de cuánto trabaje, de en dónde caiga, de cuánta bola le den. Apunta a número 8 en el mejor de los casos aunque tampoco en este caso ha faltado algún (presunto) especialista insinuando que los Knicks podrían escogerle en el 4, así están las cosas en la Gran Manzana, creo que si yo me presentara al draft también sonaría para los Knicks. Qué cruz.

Y permítanme que como de costumbre acabe el capítulo con cuatro nombres más, cuatro jugadores interiores que me provocan fascinación y me generan dudas, todo a la vez aún por contradictorio que ello resulte: Myles Turner, de Texas, trabajadísimo saco de fundamentos, calidad excelsa no exenta de músculo pero que fue de más a menos en la misma medida en que fue de más a menos (para acabar casi en nada) su Universidad. Bobby Portis, de Arkansas, debilidad personal del que suscribe, intenso todoterreno con todas las papeletas para convertirse en un interesantísimo cuatro de rotación aún a pesar de su falta de centímetros para ese puesto. Kevon Looney, de UCLA, fascinante físico longilíneo y bracilargo a lo Kevin Garnett, fascinante cóctel de aptitud y actitud que me enamoró en sus primeros partidos con los Bruins… y que me decepcionó (quizá por culpa mía, que esperé más de lo que debería) en casi todos los demás. Tierno e inconsistente como corresponde a su edad, prototípico caso de jugador al que otro año en la universidad le hubiese venido de cine… tanto más teniendo en cuanta que no parece ni que vaya a oler siquiera las primeras posiciones de este draft. Y finalmente Montrezl Monster Harrell, personaje de Louisville que por sí solo requeriría un capítulo aparte, si bien intentaré sintetizarlo en unos pocos renglones: un monstruo (como su propio apodo indica) que en su primer año pareció que iba a comerse el mundo, que en su segundo año (jamás pensamos que volviera para un segundo año) pareció habérselo comido y que en su tercer año (jamás pensamos que volviera para un tercer año) pareció haberle sentado mal la digestión. Puede salir una megaestrella o un bluff, casi sin término medio. Yo aún le tengo fe, aunque su estancamiento en esta última temporada y su propensión al cruce de cables me hagan cogérmela (la fe) con pinzas. Pero aún así no apostaría en su contra.

APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT (III – LOS DE FUERA)   Leave a comment

Toca bases, toca empezar con esa tierna criatura amamantada bajo los pechos de Thad Matta (apenas seis meses de lactancia) en Ohio State y que responde al bello nombre de D’Angelo Russell. Para muchos el mayor talento de este draft, no me atrevería yo a afirmarlo con tanta rotundidad pero sí habré de reconocer que es una auténtica delicia de jugador, uno de esos que te entran por los ojos cuando lo ves y que se te quedan ya ahí grabados en la retina para casi toda la vida. Gracilidad pura, así en sus penetraciones por resquicios insospechados como en su incomparable capacidad para trazar no menos insospechadas líneas de pase donde otros sólo ven bultos.Angelo+Russell Nadie es perfecto, claro está, y él no habría de ser una excepción: a mi modo de ver le falta consistencia, algo lógico dada su edad y su inexperiencia: inconsistente en su toma de decisiones, como si no fuera un base natural (que no lo es), como si fueran las circunstancias de la vida (y su inmensa calidad, también) las que le hubieran empujado a ejercer de (presunto) director de juego; e inconsistente en su tiro. No digo que sea mal tirador, líbreme el cielo, más bien todo lo contrario, pero es de esos que tan pronto te hacen cuatro triples seguidos como te clavan un 2 de 13 en cualquier partido decisivo del Torneo Final. Dando por supuesto que sus virtudes permanecerán (y se acrecentarán, incluso) y que sus defectos se irán puliendo con los años, creo sinceramente que podemos estar ante un grandísimo base NBA… siempre y cuando tengan paciencia con él, siempre y cuando asuman que necesitará tiempo para crecer (no precisamente en estatura, sino en musculatura y sabiduría) y desarrollarse en aquella Liga. Por si acaso ya se lo rifan, y si hasta hace dos días dábamos por hecho que sería carne de Tankers (digo Sixers) con su número 3, hoy ya las cosas no están tan claras: unos le han bajado al 4 para subir al 3 a Porzingis, otros en cambio le han ascendido incluso hasta el 2 (bajando a Okafor al 4 y manteniendo también en el 3 a Porzingis, de lo que parece deducirse que los Sixers deben estar como locos con el letón). 2, 3 ó 4 significaría Lakers, Sixers o Knicks, Los Ángeles, Philadelphia o Nueva York, no parecen precisamente malos sitios donde empezar una sólida carrera profesional.

Y pasemos a continuación a uno de los grandes enigmas de este draft, ese sujeto de nacionalidad congoleña (de Kinshasa, antiguo Zaire, aún más antiguo Congo Belga), crianza estadounidense (asilo político mediante) y formación (es un decir) china llamado Emmanuel Mudiay. Vi por primera (y última, y única) vez a Mudiay en una de esas maravillosas fiestas de graduación que montan los yanquis para presentar en sociedad a sus criaturas en edad de merecer, no recuerdo ahora mismo si el evento en cuestión fue el McDonald’s All America, el Nike Hoop Summit, el Jordan Brand Classic o el Sabrá Dios Qué. Lo cierto es que su puesta de largo se saldó con notable éxito de crítica y público, al menos en lo que a mí respecta: me encantó, y ni que decir tiene que a partir de ese instante empecé a salivar con lo que nos depararía cuando cumpliera su promesa de cursar estudios en la Universidad Metodista del Sur (SMU para los amigos), y ni que decir tiene que mi salivación se me pasó a los pocos días, justo lo que tardó en cambiar los Mustangs del insigne Larry Brown por los Guangdong Southern Tigers, millón y pico de dólares mediante.Emmanuel-Mudiay Y como solía decir en estos casos doña Mayra Gómez Kemp (si no sabe quién es no se preocupe, más bien alégrese, son cosas de la edad), hasta ahí puedo leer. Sé que debería haber visto uno o varios partidos de Mudiay en China para poder ofrecerles una valoración más pormenorizada pero habré de reconocerles que no he encontrado el momento, mi indolencia es lo que tiene. De allí llegaron primero noticias de que estaba haciendo unos números extraordinarios (creo que hasta mi octogenaria madre podría hacer unos números medianamente decentes en aquella liga, dado el nivel defensivo que se gastan), luego llegaron noticias de que se había escogorciado el tobillo, finalmente dejaron de llegar noticias lo cual (si nos atenemos a ese famoso proverbio yanqui, no news, good news) puede que hasta fuera una buena señal… No lo sé. Sólo sé que me gustó en aquella lejana pachanga (pero pachanga al fin y al cabo), sólo sé que algún afamado columnista ha escrito de él que es uno de los tres jugadores de este draft (junto a Okafor y Towns) con potencial de jugador franquicia, ahí es nada la pomada, no seré yo quien se lo discuta… pero tampoco quien se lo confirme. Si él lo dice, sus razones tendrá.

Un poco más abajo en el escalafón, ya hacia el final de la lotería, encontramos a Cameron Payne, recién llegado desde la humilde Murray State para continuar la senda que ya iniciara en su día Isaiah Canaan. Cuentan maravillas de él, me encantaría refrendárselas pero no me atrevo porque no le he visto jugar lo suficiente (apenas nada) como para tener formada una opinión (y ya sé que este capítulo me está quedando un poco deslucido, pero es lo que hay). Bastante mejor conozco a los cuatro siguientes (ya bien avanzada la primera ronda), los últimos que mencionaré aquí para no aburrirles (aún más si cabe): Tyus Jones (íntimo amigo de Jahlil Okafor por cierto), que fue de menos a más hasta cuajar un extraordinario fin de temporada, no les quepa la menor duda de que sin su concurso no sería hoy Duke campeón NCAA. Delon Wright, formado a las órdenes de Larry Krystkowiak en Utah, que nos epató a todos en su año júnior y nos desepató un poco en su año sénior (quizá porque de tanto como nos había epatado antes se nos desmesuraron las expectativas). Terry Rozier, ex pupilo de Pitino en Louisville, potente donde los haya, mucho más físico que técnico (sin que sea manco tampoco en este aspecto) por lo que podemos estar seguros de que los general managers beberán los vientos por él. Y finalmente Jerian Grant, de los Grant de toda la vida (hijo de Harvey Grant, sobrino de su gemelo y Señor de los Anillos Horace Grant, hermano del ex de Syracuse y hoy en Sixers Jerami Grant), completo donde los haya, de esos que juegan y hacen jugar, determinante cuando hace falta, muy bien formado (si bien con algún altibajo por su mala cabeza) en Notre Dame y que me da a mí que puede ser una gratísima sorpresa. Y aún cabría añadir alguno más a esta lista, pero a ése casi mejor prefiero reservármelo para la última entrega de esta serie. Ya les diré por qué.

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