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IMÁGENES REFRESCANTES   1 comment

En tiempos era una práctica habitual, no sé si hoy seguirá siéndolo porque ya casi no veo noticiarios televisivos, con Internet tengo más que suficiente. En tiempos te sentabas a ver el telediario veraniego y tras tragarte la habitual ristra de catástrofes, escándalos, disturbios, sucesos y conflictos varios el comunicador (suplente) de turno ponía su mejor cara de felicidad y te soltaba aquello de …y hoy, para acabar nuestro informativo, les dejamos con unas imágenes refrescantes. Y en tu televisor se iban sucediendo esculturales cuerpos practicando esquí náutico, intrépidos surfistas cabalgando sobre las olas, gráciles veleros surcando la mar serena mientras tú, ahí bien recocido en tu sofá a tus cuarenta y tantos grados centígrados, sin aire (ni acondicionado ni sin acondicionar) ni ventilador ni vacaciones, te acordabas de la madre que parió al comunicador, al director, al realizador y al surfista incluso, ya puestos. Nunca hubo nada menos refrescante que unas imágenes refrescantes, ni aún por muy sugestivas que éstas fueran. De hecho en mi caso siempre produjeron el efecto contrario, si bien habré de reconocer que los exabruptos que soltaba al verlas sí acababan dejándome una extraña sensación de liberación. Quizá fuera eso lo que pretendieran…

Y sin embargo aquí me tienen, intentando provocarles ese mismo efecto… sólo que en términos estrictamente baloncestísticos, no vayan a pensar. No teman, no abundaré en la serie de catastróficas desdichas que aflige a la ACB en estos días, no abundaré porque ya las conocen de sobra, porque ya se las hemos contado en este mismo lugar y por no amargarles (aún más si cabe) la vida. Pero a cambio les ofreceré mis particulares imágenes refrescantes, casi las únicas que ofrece en estos días nuestra atribulada competición. No hará falta que les recuerde que cada vez hay menos dinero para desembolsar, que cada vez llegan americanos de menos postín y tronío, que los que vienen pesan mucho menos que los que se van… pero no hay mal que por bien no venga, dicen. Antes los fichábamos curtidos en mil batallas europeas, ahora los fichamos casi recién salidos del cascarón universitario, lo cual, para alguien que se pasa los inviernos enteros pegado a la NCAA como es mi caso, no deja de ser un plus. Así que esas van a ser mis particulares imágenes refrescantes, si buscaban esculturales cuerpos en traje de baño me temo que no acudieron al lugar adecuado. Eso sí, a cambio les presentaré (in alphabetical order) a seis sujetos casi recién salidos de fábrica y que llegan con la loable misión de refrescar (en la medida de lo posible) nuestra endogámica, esclerotizada, envejecida y encorsetada Liga ACB. Ojalá lo consigan.

1. Algunos que ya peinamos abundantes canas aún recordamos a su padre. También es verdad que tiene truco, si se hubiera apellidado Smith o Jones probablemente lo habríamos olvidado pero Abromaitis no creo yo que haya muchos en la guía telefónica, en cualquier caso si usted no lo recuerda no se preocupe, más bien alégrese, es una mera cuestión de edad. Aquel Jim Abromaitis se hizo carne y habitó entre nosotros en la temporada 1980/1981, hace la friolera de 35 años ya;abromaitisx-large no diré que dejó una huella imborrable (más allá de su apellido) porque no sería cierto, y eso que no estuvo en un equipo cualquiera sino en el mismísimo Real Madrid de los Corbalán, Brabender, Iturriaga, Rullán, Romay, Prada, You Llorente, Indio Díaz, Randy Meister y demás familia. Era un buen tirador, nada más (y nada menos) que eso. Bastante más que eso (pero también eso) es su hijo, Tim Abromaitis, gracias entre otras cosas a haberse formado en una universidad como Notre Dame en la que no basta con tirar bien sino que además tienes que jugar muy bien al baloncesto. Los Fighting Irish de Mike Brey podrán tener mejores o peores promociones pero mueven siempre el balón como los ángeles y utilizan como nadie los espacios, lo que les convierte en una verdadera delicia de equipo. No por casualidad sus productos acostumbran a ser jugadores muy bien formados, aquí mismo hemos podido comprobarlo hace bien poco con Ben Hansbrough o Luke Harangody (y aprovecho la ocasión para dejarles otro nombre recién graduado, Pat Connaughton, si no cuaja en NBA y tienen mano en ACB tírense en plancha a por él). Abromaitis es otro buen ejemplo, y ello a pesar de que se perdió su último año de elegibilidad por culpa de una rotura del ligamento cruzado anterior que pareció cercenar ya para siempre su carrera profesional. Pero se repuso, se vino a Europa y durante estas tres últimas temporadas (Villeurbanne, Estrasburgo, Braunschweig) no ha hecho sino mejorar. Si a todo esto añadimos su inmejorable currículum académico y su impecable estampa de yerno ideal, el resultado de todo ello nos dará un producto que parece hecho a medida para un proyecto como el de Tenerife, del mismo modo que la propuesta de Alejandro Martínez parece que ni pintada para un jugador como él. Que sea por muchos años.

2. No me pregunten por qué, pero hubo un tiempo en el que a los entrenadores ACB les encantaba fichar mormones. Cualquier jugador recién importado de USA venía siempre rodeado de incertidumbres, cómo será, qué carácter tendrá, cómo se adaptará, etc. Incertidumbres que en tratándose de mormones se reducían contylerhawssiderablemente ya que su adaptabilidad, entrenabilidad, disciplina y entendimiento del juego resultaban estar siempre muy por encima de la media. Ejemplos hubo a patadas (también excepciones, claro), todos los que usted quiera, desde aquel legendario Steve Trumbo hasta los recientes Toolson (todos los Toolson) o Yeisi Carroll. Bien, pues el siguiente a añadir a esta lista se llama Tyler Haws y llega a Santiago de Compostela directamente desde Brigham Young (BYU para los amigos), la universidad mormona por antonomasia. Ahora bien, más allá de sus creencias, más allá de esa cara de asco (mi madre, menos diplomática para estas cosas, diría que parece que estuviera oliendo mierda), más allá de ese aura de superioridad tan yanqui que le caracteriza, sepan bien que estamos ante un anotador compulsivo: un sujeto que ha promediado más de 22 puntos por partido superando así los registros históricos de otros legendarios cougars como Danny Ainge o (mucho más recientemente) Jimmer Fredette. Añádase además que no llega con los típicos 22 años de cada graduado universitario sino con 24, fruto de haber pasado esa particular mili mormona de los dos años de misión, concretamente en Filipinas; añádase también que la criatura nació en Bélgica por esas cosas raras de la vida, lo que supongo que le conferirá la condición de comunitario por si su fichaje no fuera ya suficientemente chollo de por sí. Pensé yo que encontraría hueco en cualquier franquicia NBA, probablemente también lo pensaron en el Obra cuando lo apalabraron, probablemente aún no acaben de creerse que vayan a disfrutar durante todo un año de un jugador así. Eso sí, tampoco le pidan más, tengan claro que en apenas unos meses (y siempre y cuando no le reclamen de USA) seguro que habrá ya unos cuantos grandes de Europa peleándose por sus servicios. Al tiempo.

3. Providence es una fiesta. No me refiero a la capital del estado de Rhode Island (que puede que también lo sea, pero que no tengo el placer de conocer) sino al equipo de baloncesto de su universidad, esos Friars que siempre que los ves te devuelven el precio de la entrada (si lo hubiere), lástima que por jugar en la Big East les veamos mucho menos de lo que nos gustaría. Así fue en 2014 gracias al eléctrico Bryce Cotton (lo último que supe de él es que andaba por los Jazz),henton así ha sido aún más si cabe en 2015 gracias a una fantástica pareja: de un lado el mágico base Kris Dunn, uno de esos jugadores que te entran por los ojos ya desde la primera vez que le ves (y que volverá a Providence en unos meses para completar su año sénior, de lo cual me alegro); y del otro un alero interesantísimo, físicamente muy potente, agresivo en penetración y con muy buena mano, que responde al bello a la par que insospechado nombre de LaDontae Henton (si se están preguntando qué extraña razón lleva a unos padres a ponerle LaDontae a su retoño, habré de confesarles que yo también me lo pregunto). Henton acabó su periplo universitario hace unos meses, no fue drafteado y pensé que se lo rifarían en Europa pero fue pasando el verano y nadie pareció acordarse de él… justo hasta que este pasado fin de semana se ha acordado por fin de él el Baloncesto Sevilla, ese mismo (ex) Caha que en apenas un mes ha pasado de estar casi al borde de la muerte a fichar a todo bicho viviente, apoyo de su entidad financiera propietaria mediante: Bamforth (again), Nachbar (nada menos), Miljenovic (joyita) y ahora este Henton que debería salirles muy bien, aunque el fichaje de una criatura recién salida del cascarón siempre deje alguna duda: cómo procese ese paso del amateurismo al profesionalismo, de Rhode Island a Andalucía e incluso de Ed Cooley a Luis Casimiro; dos pedazo de entrenadores si bien completamente diferentes el uno del otro. Luego acabará como acabe, pero por ahora es una magnífica noticia tenerlo por aquí.

4. Ya he contado alguna vez la historia de aquel primer partido que le vi, que era en realidad el segundo que jugaba en su universidad de Gonzaga. Aquella noche de noviembre de 2011, ante su nuevo público de Spokane, frente a la vecina Washington State, el recién aterrizado Kevin Pangos se marcó la friolera de nueve triples, tal cual, nueve triples uno detrás de otro (claro está, no iban a ser todos a la vez), nueve triples con envidiables porcentajes además, dejando ojipláticos no ya a sus aficionados ni a quienes lo vimos desde la distancia sino incluso a los mismísimos analistas televisivos (que más de una vez se confundieron y le llamaron Pargo, ya que ocupaba jukevin_pangossto el lugar que Jeremy Pargo acababa de dejar). Ni que decir tiene que el canadiense no volvió jamás a repetir una actuación así, pero ello no quita para que durante todos estos años haya seguido jugando a un magnífico nivel. No siempre ejerció de base puro porque a menudo le tocó compartir cancha con un cerebrito como David Stockton (de los Stockton de toda la vida), pero este último año recuperó el mando en plaza y dejó meridianamente claras dos cosas: a) que siempre va a ser un base más anotador que director, y b) que en cualquier caso ha mejorado muchísimo en las labores de dirección. Triunfará en el Granca siempre y cuando sus fieles aficionados tengan paciencia con él (al fin y al cabo es su primer trabajo remunerado como baloncestista profesional), siempre y cuando tengan claro que no van a encontrar en él al sucesor de Tomás Bellas sino a otro estilo de base completamente distinto, casi contrapuesto. Ahora bien, con un maestro en el banquillo como Aíto (extraordinario en la dirección de jóvenes, de toda la vida de dios) y otro en el parquet como Oliver tendrá ya mucho ganado en su proceso de adaptación. Dejemos que Gran Canaria (la isla, la gente, el equipo) se ocupe de todo lo demás.

5. Siempre es un placer ver jugar a Vanderbilt, universidad sita en Nashville, Tennessee. Siempre es un placer ver a los Commodores sobre todo en su casa, en ese incomparable Memorial Gym que no se parece a ningún otro pabellón (que yo haya conocido) sobre la faz de la Tierra, con sus banquillos no en el lateral sino en los fondos, casi al pie de las canastas. Pero más allá de peculiaridades Vanderbilt acostumbra a jugar buen baloncesto gracias a su técnico Kevin Stallings y a interesantes promociones de jugadores,Jeffery_Taylor_Vanderbilt_InsideOnly pongamos por ejemplo aquella de 2012 con el escolta anotador John Jenkins (carne de Liga de Desarrollo durante todos estos años), el pívot fajador nigeriano Festus Ezeli (hoy ya con un anillo en los Warriors) y el alero-chico-para-todo Jeffery Taylor, jugador interesante donde los  haya. Jordan (sí, ESE Jordan) puso sus ojos en él y le escogió para sus Bobcats (hoy ya Hornets) en el 31 del draft (lo que viene siendo el 1º de la segunda ronda), justo un puesto detrás de Ezeli y ocho detrás de Jenkins por cierto. Su elección desató la euforia en las buenas gentes de Charlotte que creyeron (tanto más tras sus magníficas actuaciones en las ligas de verano) haber conseguido un verdadero robo. Bueno, pues no. La realidad como tantas otras veces vino a poner las cosas en su sitio, primero en forma de lesión (aquiles) y luego en forma de sanción por un lamentable episodio de violencia de género que él mismo reconoció y por el que le cayeron 24 partidos. Así las cosas (y tras múltiples idas y venidas a la Liga de Desarrollo) los Hornets acabaron cortándole hace pocos meses. Se le cerraba así la puerta de la NBA pero a cambio se le abría de par en par la de Europa, gracias además al pequeño detalle de que Taylor es sueco; no sueco de conveniencia sino sueco sueco, sueco de pura cepa, nacido en Norrköping mientras su padre estuvo jugando allí. De hecho ha defendido ya la camiseta de su selección, de hecho hasta participó en el Eurobasket 2013 con notable éxito de crítica y público. Dicen que le ha fichado el Real Madrid para sustituir a KC Rivers (que la cosa de los pasaportes la tiene algo más revuelta, por lo visto), de hecho todos los medios lo dieron por hecho hace un par de meses aunque yo a día de hoy no he sido capaz de encontrar confirmación alguna al respecto, bien porque las cosas de palacio van despacio o bien porque soy así de torpe y no habré sabido dónde buscar. Sea como fuere (y dando por supuesto que finalmente llegue a la casa blanca) que nadie espere un clon de Rivers porque su posición podrá ser similar pero su juego es muy distinto: más defensa, más físico, menos tiro que su antecesor. Y más carácter, también. Esperemos que mezcle bien con un equipo tan hecho como este Madrid.

6. En los cinco casos anteriores les he vendido optimismo a raudales pero no se me vengan arriba, no todo ha de ser jijí jajá, me temo que con éste que viene ahora voy a bajar un poco (bastante) el listón. Señoras, señores, les presento a los gemelos Wear, Travis y David Wear, dos gotas de agua como no podía ser de otra manera, dos esbeltos yogurines a los que imaginamos intercambiándose exámenes y castigos sin que sus profesores se dieran cuenta cumpliendo así con la mística asociada a su condición.DavidWearTravisWear Juntos llegaron a North Carolina, juntos decidieron cambiar de aires y emigrar a la soleada California en busca de mejor fortuna, juntos aterrizaron en UCLA, juntos se graduaron cumpliendo casi en la cancha ese mismo papel intercambiable que les imaginábamos en las aulas. Las diferencias (más allá de que el uno llevaba el 12 y el otro el 24) eran sólo de matiz: Travis, a menudo titular, era más completo, algo (sólo algo) más interior, algo menos alérgico a las zonas; David, por lo general suplente, era aún menos fajador si cabe, prototípico cuatro abierto (y decir cuatro es decir mucho) con buena mano y pare usted de contar. Acabada la carrera se separaron finalmente sus destinos, la adultez es lo que tiene: Travis fue a parar a los Knicks para confirmar el hecho evidente de que allí ya juega cualquiera (de hecho recientemente han fichado a Sasha Vujacic, por si nos quedara todavía alguna duda), David en cambio hubo de buscarse la vida (como tantos otros) en la D-League. Supongo que habrán sido sus números en esa competición y (sobre todo) en la pasada Liga de Verano los que han llevado al Fuenla a contratarle, algo que como ya habrán deducido a partir de todo lo anterior no me hace especial ilusión; fíjense que hasta me preguntaron en Twitter si mejoraba a Daniel Clark (comparación odiosa donde las haya) y respondí que para mí no, en absoluto. Dicho lo cual, si yo fuera aficionado fuenlabreño tampoco me preocuparía demasiado al respecto. Primero porque acaso mi recuerdo sea exagerado, porque puede que haya progresado mucho desde entonces. Segundo porque no soy de fiar, no soy un experto sino un mero aficionado cuyo atrevimiento va en paralelo a su ignorancia. Y tercero (y principal) porque bastante tienen ahora mismo con preocuparse sobre si saldrán en ACB como para preocuparse de con qué jugadores saldrán (en su caso) en ACB.

Y hasta aquí. Me habría encantado dedicarle también un parrafito a ese magnífico fichaje del Valencia Basket llamado John Shurna (por quien siento especial debilidad desde su etapa en Northwestern) pero en este caso no tendría sentido que yo se lo presentara ya que ustedes lo conocen ya de sobra tras su etapa en Badalona. Como me habría encantado dedicarle unos parrafillos al flamante fichaje de la Penya Ousmane Drame (Quinnipiac) y al no menos flamante obradoirista Alec Brown (Wisconsin Green-Bay), pero si lo hiciera les estaría vendiendo la moto (aún más si cabe) dado que apenas pude ver jugar a sus respectivas universidades (y bien que lo siento) como para tener formada una opinión. Como me encantaría poder dedicarle algunas líneas a jugadores interesantísimos como Juwan Staten (West Virginia), Askia Booker (Colorado), Jordan Sibert (Dayton), LeBryan Nash (Oklahoma State), Jonathan Holmes (Texas), Emmy Andújar (Manhattan) o Matt Stainbrook (Xavier), me encantaría porque eso significaría que les veríamos por aquí pero por ahora no parece que sea el caso (ni por ningún otro sitio, que yo sepa), por si acaso ahí les dejo sus nombres para lo que gusten mandar. Como me encantaría escribir algo también de tíos como Miljenovic, Vezenkov, Sobin, Vrkic, Musli, McGrath, Caloiaro, Benite, incluso Doncic, Yusta o Rico… pero como dijo aquél, hoy no toca, hoy la cosa iba sólo de denominación de origen NCAA. Además que creo yo que ya está bien, que con seis imágenes refrescantes tienen más que suficiente. No se me vayan a enfriar.

(publicado originalmente en BASKET Y PUNTO)

MEMENTO MORI   2 comments

dA 01Memento mori (en latín), recuerda que eres mortal (en traducción más o menos libre al castellano), cuentan que algo así les decían a los prebostes de la Antigua Roma para que no se creyesen dioses, para que no perdieran la perspectiva de su condición humana ni se situaran por encima del bien y del mal. O dicho a la manera de la Güiqui (que lo explica mucho mejor que yo): cuando un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, tras él un siervo se encargaba de recordarle las limitaciones de la naturaleza humana, con el fin de impedir que incurriese en la soberbia y pretendiese, a la manera de un dios omnipotente, usar su poder ignorando las limitaciones impuestas por la ley y la costumbre. Luego ya otra cosa es que le hicieran caso, claro…

Quizás a Kentucky (universidad de, equipo de baloncesto de) le faltó precisamente eso, que alguien le recordara que era mortal. En las semanas previas a esta March Madness se instaló un debate sobre si a los Wildcats les vendría bien perder algún partido antes de llegar al baile, es decir, antes de entrar en esa fase de la temporada en la que ya no podrían permitirse el lujo de perder ninguno. Yo en este tipo de debates suelo contestar siempre que sí, que la perfección no existe, que cualquier equipo grande tuvo siempre a alguien que le procurara una cura de humildad, que le recordara que el deporte es siempre un juego de dos caras, puedes ganar pero también (aún por bueno que seas) siempre puedes perder. Suelo estar convencido de ello aunque a veces me lo coma con patatas, aún recuerdo cómo me pasé el verano de 2006 argumentando que a aquella selección española le vendría bien perder durante la fase de preparación previa al Mundobasket de Japón, cómo empezó el campeonato y seguí con lo mismo durante la primera fase. Obviamente no sucedió ni una cosa ni la otra, obviamente luego ya todo fueron eliminatorias directas, obviamente pensé que pagaríamos caro el hecho de que nadie nos hubiera recordado nuestra mortalidad… si aquel triple del Chapu hubiera caído del otro lado me habría dado la razón, afortunadamente no sucedió así y ya saben cómo acabó aquella maravillosa historia. Una de tantas excepciones que confirman la regla, y que no impide que a día de hoy siga pensando exactamente lo mismo en cuanto se presenta la ocasión. Memento mori.

En cualquier caso el pecado de Kentucky no fue de soberbia, fue de exceso de presión. Muchos equipos jugaban por llegar cuanto más lejos mejor, algunos peleaban por ganar el título, Kentucky no (o no sólo): Kentucky aspiraba a la grandeza, 40-0, primer campeón invicto desde hace 39 años, un pedestal en el escalón más alto de la historia. Ya no era que pudieran ganar ni que aspiraran a ganar, era que tenían que ganar.NCAA Kentucky Wisconsin Final Four Basketball Demasiada carga sobre las espaldas de chavales de dieciocho, diecinueve, veinte años, muy buenos y muy grandes y muy físicos y muy dotados para jugar a esto (probablemente más que cualquier otro equipo NCAA e incluso alguno NBA), todo lo que usted quiera, sí. Pero chavales al fin y al cabo. Chavales que llegaron a Lexington como estación de paso en su camino hacia el estrellato profesional, que escogieron Kentucky porque allí nadie les rogaría que se quedaran ni les pediría cuentas cuando se fueran antes de tiempo, y que un día de la noche a la mañana se encontraron con que ganar el título no era ya legítima opción sino auténtica obligación. Y hacerlo invictos además, por si el reto de pelear por el campeonato no fuera ya suficientemente grande por sí solo. Aún por bueno que seas, en el momento en que una victoria se convierte en obligatoria estás dando el primer paso hacia la derrota. Ahora ya lo saben.

No es posible ser sublime sin interrupción, por más que un tal Baudelaire pretendiera lo contrario. Entre otras cosas porque esto acostumbra a ser un juego de dos, en el que el de enfrente por lo general cree tener el mismo derecho a perseguir la perfección que tú. Por eso a veces ganas y a veces (aún por raras que sean) pierdes, y tan normal debería resultar una cosa como la otra. O como alguien escribió en Tuiter hace once meses, tras la derrota del Madrid (otro que nunca está preparado psicológicamente para perder, por la pura idiosincrasia de la Entidad), en aquella Final de Euroliga: es baloncesto. Ganas y pierdes. Si ganas lo celebras, si pierdes felicitas al rival y te vas a casa, a entrenar para intentarlo con más fuerza la próxima vez (la cita no es textual, como ya habrán deducido dado que sobrepasa los 140 caracteres; pero esa era la idea). Felicitas al rival, tan fácil de decir como difícil de hacer. Kentucky lo hizo aunque lo tenía más difícil que nadie, más que nada por la falta de costumbre: con la cabeza alta y los ojos llenos de lágrimas hizo el habitual pasillo para felicitar a los Badgers…KENTUCKY_WISCONSIN_FINAL_FOUR_BASKETB_34135877 con alguna desagradable excepción (que debería confirmar la regla): Willie Cauley-Stein se saltó el protocolo y la buena educación y se fue directamente al vestuario, sin saludar ni abrazar ni dar la mano a nadie. Lo entiendo, cómo no voy a entenderlo, dada la frustración del momento; otra cosa ya es que lo comparta. Willie Cauley-Stein entró en la universidad hace tres años pero la universidad todavía no ha entrado en él (y a estas alturas ya no lo hará, dado que se marcha presuroso al draft); ni en lo meramente deportivo (se va tal cual llegó, imponente en defensa, cero a la izquierda en ataque) ni aún menos en lo que respecta a su formación fuera de la pista. Salidas de pata de banco (como aquella otra que cuentan de Andrew Harrison, que al parecer ofendió luego a Kaminski… aunque se retractó y disculpó inmediatamente después) propias de quien no está preparado psicológicamente para perder, quizá porque nadie le hubiera explicado que ello podía pasar. Memento mori, insisto.

Y podía, vaya si podía. Notre Dame ya había enseñado el camino, apenas con una semana de antelación. Si el pez grande siempre se comiera al chico esto no sería baloncesto, sería la naturaleza o la vida misma, afortunadamente en el deporte existen a veces (raras veces) otras opciones. Kentucky es pez grande en el sentido literal de término: tíos como castillos, fornidos mocetones rebosantes de centímetros y músculo, promedio de estatura que sobrepasa al de 29 franquicias NBA (la excepción es Portland), pónganles enfrente a Sixers, Knicks o Lakers (tanto más con la pasión por la derrota que éstos muestran a diario) y ya veremos quién gana. Pues vale. ¿Y contra eso qué se puede hacer? Jugar al baloncesto, por ejemplo (lo cual no significa que lo de Kentucky no lo fuera, líbreme el cielo; simplemente es que cuando hablo de baloncesto me refiero a lo que los tarras como yo entendimos siempre por baloncesto): pasar bien el balón, llevarlo al lado débil, moverlo cuanto sea menester hasta encontrar tiros librados, sacar a los grandes de sus casillas (en todos los sentidos), poner buenos bloqueos, abrir pasillos, generar espacios, limpiar la zona para posibilitar penetraciones, etc etc.15 15-USP-NCAA-BASKETBALL-FINAL-FOUR-WISCONSIN-VS-KENTU-72110868 Y en defensa asumir que allá donde no llegue tu físico (por comparación con el de ellos) tendrá que llegar tu esfuerzo, tus ayudas, tus recuperaciones de esas ayudas… Cinco contra cinco en vez de uno contra uno (aún por buenos que sean esos unos), baloncesto solidario vs baloncesto de apisonadora, tan sencillo (y tan difícil) como eso. A la mayoría no les funcionará (los pajaritos no suelen disparar a las escopetas) pero a algunos quién sabe, si tienen los pajaritos adecuados y esquivan las balas cualquier cosa puede pasar: a Notre Dame le funcionó durante 39 minutos, lo que tardaron en pesarles las piernas y en entregarse exhaustos al Jeriansistema. En cambio a Wisconsin (que es como Notre Dame, pero más y mejor) le aguantó hasta los cuarenta. Y porque no hubo más.

Y la experiencia, claro. Resulta curioso escuchar/leer a los kentuckianos en estos días, quejándose amargamente de que ahí pudo estar la clave: sus yogurines (yogurines enormes, pero yogurines al fin y al cabo) contra los Kaminski, Dekker, Gasser, Jackson y demás familia wisconsiniana, tíos hechos y derechos y curtidos ya en mil batallas universitarias. Razón tienen, qué duda cabe: la falta de experiencia de sus Wildcats fue decisiva en la derrota. Pero puestos a reflexionar quizá deberían ir un poco más allá, pensar no sólo en la causa sino también en la causa de la causa: esa falta de experiencia no es un hecho casual, sino la lógica consecuencia del modelo. Si compras a Calipari sabes también que compras el one (or two) and done, sabes que acarrearás all americans a espuertas y que se te irán al poco rato, está montado así, no quieras estar al plato y a las tajadas ni estar en misa y repicando (y demás frases hechas que solían decir nuestros antepasados), no quieras conseguir a los mejores chavales de instituto y a la vez tener experiencia, no es posible, no se puede tener todo en esta vida. Si soy tu hada madrina y te pongo una preciosa carroza, unos zapatitos de cristal y un vestido con el que vas a ir monísima de la muerte pero a la vez te digo que a medianoche se te acaba el chollo luego no me vengas a quejarte cuando den las doce, bonita, que conste que yo ya te lo advertí. Es su modelo, que a algunos no nos entusiasme no significa que no sea válido, que a algunos nos guste más la cocción a fuego lento que la cocina con microondas no significa que ésta no pueda dar platos exquisitos, sobre todo cuando cuenta con los mejores ingredientes como es el caso. Es su modelo y es tan válido como cualquier otro, cómo ncalipari NCAA Kentucky Wisconsin Final Four Basketballo habría de ser válido cuando les ha proporcionado cuatro final four en cinco años, cuántos lo quisieran (todos, de hecho). Pero no le pidan además la cuadratura del círculo.

No es tan grave, de verdad se lo digo. Hoy se recuerda aquel 32-0 de Indiana hace 39 años, pero casi nadie se acuerda de que a aquella Final Four llegó también otro equipo invicto, unos Scarlet Knights de Rutgers cuyo sueño también murió (para siempre, jamás han vuelto a verse en otra semejante) en semifinales. Créanme, ha habido unos cuantos casos más en la historia, los suficientes como para no tener que rasgarse ahora las vestiduras como si esto fuera el fin del mundo. Vendrán otras promociones, algunas tan extraordinariamente buenas como para alcanzar la gloria (aún sin experiencia) como aquella de 2012, otras suficientemente buenas para tocarla con los dedos como la de este año o el pasado, justo hasta que (como entonces, como ahora) aparezca otro equipo mejor. Porque al final todo consiste en eso, en este juego casi siempre acostumbra a ganar el mejor: si Kansas, Texas, North Carolina, UCLA, Louisville, Texas A&M, Ole Miss, Arkansas, Florida, LSU, Cincinnati, West Virginia, Notre Dame, tantos otros, al final no acertaron a recordarles su condición de mortales fue sencillamente porque no tuvieron argumentos suficientes para hacerlo, si se lo recordó (demasiado tarde) Wisconsin fue porque finalmente fueron a dar con la voz de su conciencia, porque tras toda una temporada preguntándole al espejito si habrá otra en el reino más guapa que yo, al final éste se acabó cansando y le dijo sí, Calipari, aunque no lo creas hay otra en el reino más guapa que tú, se llama Kaminski (licencia poética). No hay más, es así de sencillo, si Wisconsin ganó a Kentucky es porque a día de hoy (y aunque no tenga necesariamente mejores jugadores que Kentucky) Wisconsin es mejor equipo que Kentucky. Tal cual, no le den más vueltas, es tan simple como eso. Pura ley de vida.

PARECE QUE FUE HOY   Leave a comment

portadaGuia-600x400Una vez más (no escarmientan), las buenas gentes de BasketAmericano me pidieron que juntara unas cuantas letras para su imprescindible Guía del March Madness 2015. Me propuse hacer una especie de resumen de la temporada regular NCAA (ya un tanto obsoleto por el imparable transcurso de los acontecimientos), pero me temo que esto fue lo que salió. Sólo espero que no me lo tengan en cuenta…

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Las temporadas son cada año más cortas, es así aunque duren lo mismo, es así aunque el calendario se empeñe en demostrarnos lo contrario, cómo si no íbamos a estar ya acabando lo que hace apenas un rato estábamos empezando, parece casi que fue ayer (acaso lo fuera) cuando mirábamos aquel VCU-Tennessee con la ilusión de un niño con zapatos nuevos (¿siguen ilusionándose los niños con zapatos nuevos? ¿no se habrá quedado ya un tanto obsoleta esta metáfora?), esos mismos zapatos de invierno que estrenamos sin falta a mediados de noviembre y ya jamás nos quitamos hasta abril. Parece que fue ayer (acaso lo fuera) cuando inauguramos el tipoff marathon, cuando Miami asaltó el feudo de Florida (Ángel Rodríguez mediante) haciéndonos saber de paso el calvario que les esperaba este año a los Gators,domas cuando Gonzaga apalizó a SMU y los americanos (de USA) empezaron a quedarse embobados con un lituano de Torremolinos (o malagueño de Kaunas, según) llamado Domas Sabonis, cuando Kentucky apalizó aún más si cabe a Kansas, el gabinete del Doctor Calipari epatando al mundo con sus platoones, sus cambios a la americana, su rotación tan larga que ni él mismo parecía saber muy bien qué hacer con ella, su plantilla NBA disfrazada de NCAA para darnos tema de conversación, para que elucubráramos en vano si aquellos Wildcats ganarían a estos Sixers (o lo que quede de ellos…)

Y aún no repuestos ya nos fuimos de excursión, viajamos (con la imaginación, qué otra cosa nos queda) a Puerto Rico, a Hawaii o las Bahamas, a ver a Arizona llevándose el Maui, a West Virginia estrenando en el Coliseo Roberto Clemente su fantástica temporada y destapando de paso las vergüenzas de Connecticut,b4a a Butler volviendo a ejercer de (el mejor) Butler a costa de los Tar Heels, a los Sooners apropiándose del Battle 4 Atlantis para que Buddy Hield fuera al fin profeta en su tierra. Y antes de que nos diéramos cuenta ya era diciembre, ya estaba la Big10 ganando contra pronóstico a la ACC, ya teníamos a Duke pegando un puñetazo en la mesa de Wisconsin para que nos fuéramos enterando (en el supuesto de que no nos hubiéramos enterado todavía) de quién era Jahlil Okafor, quién su amigo Tyus Jones o su socio Justice Winslow de los Winslow de toda la vida, ya los Zags (también llamados Bulldogs) se dejaban su preciada imbatibilidad en el McKale Center de Arizona, las buenas gentes de Spokane jamás podrán ya olvidar la temblequera que le entró al pobre Byron Wesley en aquellos tiros libres…

Parece que fue hace ayer (pero fue hace ya casi tres meses) cuando Kentucky se las vio con UCLA, aún por flojos que anduvieran los Bruins sonaba realmente bien ese Kentucky-UCLA, sonaba a partidazo, sonaba a duelo entre históricos, sonaba a choque espectacular, sonaba a leches, veintitantos a cero de inicio, ¡¡¡44-7!!! al descanso, 83-44 al final porque a las criaturas de Calipari ya les dio por relajarse, tampoco era cuestión de abusar. Y cinco días después ya era Christmas Day (de hecho en Syracuse lo fue todo el año, con el 25 a la espalda para que no cupiera ninguna duda), de todos es sabido que vecinos, hermanos y hasta cuñados mal avenidos acostumbran a quedar en esas entrañables fechas para felicitarse las pascuas, por ejemplo Florida se las felicitó a Florida State con la autocanasta más absurda que se recuerda,chris-jones-flops-mattstonephotog-600x800 Wildcats y Cardinals no iban a ser menos y se citaron también para intercambiarse sus regalos como todos los años, 58 regalos de Kentucky por sólo 50 de Louisville, no pudo elegir peor día Chris Jones para poner en pause su carrera baloncestística e inaugurar su carrera artística con notable éxito de crítica y público, lástima que a su director de escena Pitino le pareciera un tanto sobreactuada su interpretación y le reprendiera por ello, de ahí a la ruptura ya sólo hubo un paso, Louisville se empezó a quedar sin Jones como Washington se iba a quedar sin Upshaw, como Duke (¡¡¡Duke!!!) se habría de quedar sin Sulaimon…

Claro que antes de quedarse sin Sulaimon aún tuvieron ocasión de engolosinarse con las deseadas mil victorias de su coach (K), justo entonces fue cuando empezaron a perder por esas cosas raras de la vida, primero ante la manada de lobos de North Carolina State, luego en su propio feudo (¡¡¡en su propio feudo!!!) ante Miami (¡¡¡Miami!!!), más tarde en Notre Dame,coachk_960x5401 finalmente se serenaron y coronaron a su amado técnico en el Madison (dónde mejor), Krzyzewski fue por fin milenario además de legendario (que eso ya hacía tiempo que lo era), para celebrarlo se fueron a Virginia y ya que estaban allí aprovecharon para acabar con la imbatibilidad de los Cavaliers, los de Bennett perdieron aquel partido como perdieron poco después a Justin Anderson y hasta un rato a (su infravalorado base) Perrantes, pareció el principio del fin pero fue sólo el fin del principio, lo que a otros les descompone a ellos apenas les despeina, la solidez es lo que tiene. Y es que a todo esto estábamos ya (¿ya?) en enero, ya hacía tiempo que se habían acabado los bolos preparatorios, los escenarios paradisiacos y las pendencias vecinales para quedarnos con cada calendario de conferencia puro y duro, ya Kentucky sudaba (pero seguía ganando), ya Kansas se apropiaba de la BigXII casi en la misma medida en que Texas se descomponía, ya Louisville daba una de cal y dos de arena (y su afamado Monster Harrell tres cuartos de lo mismo), ya Utah, Maryland, Baylor y hasta Oregon emergían de ninguna parte, ya el gran Kaminski volvía a ser el puto amo en la Big10 (y por extensión en la Liga entera), ya nos volvíamos locos sábado tras sábado (y sólo era el principio), ya no dábamos abasto, ya era interminable nuestra lista de partidos pendientes de ver (sólo una manera de engañarnos a nosotros mismos, ya que más bien es la lista de partidos que nunca llegaremos a ver…)

Dean_Smith_Jerry_TarkanianParece que fue hace un rato (que ojalá no hubiera sido) cuando febrero nos arrancó de cuajo a Dean Smith, cuando no tuvo suficiente y se llevó también a Tark The Shark Tarkanian para confirmar aquel viejo aforismo de que las desgracias nunca vienen solas. Parece que fue ahora (pero fue apenas unos días más tarde) cuando Duke y North Carolina se citaron como cada año en plena Rivalry Week para homenajear conjuntamente al propio Dean y de paso al baloncesto entero, 92-90 sin aditivos ni conservantes ni colorantes, una gozada impagable, ni en el mejor de los sueños se nos hubiera ocurrido siquiera imaginar un homenaje mejor.vacated Parece que fue hace otro rato (que ojalá tampoco hubiera sido) cuando los sabios rectores de la NCAA arrebataron a Syracuse un buen trozo de pasado y otro aún mayor de futuro, cuando las 966 victorias de Boeheim se convirtieron como por arte de magia en 858, que sea justo y necesario (que lo será, quién soy yo para dudarlo) no lo hace menos doloroso…

Parece que fue hoy (ni ayer siquiera) cuando acabamos la temporada regular de cada conferencia (pero si hace apenas un segundo que la estábamos empezando), cuando nos metimos ya de cabeza en la Champ Week, esa locura de marzo que es tan locura de marzo como la verdadera locura de marzo aunque aún no se llame oficialmente locura de marzo (no sé si me explico). Cuando Wisconsin se confirmó en la Big Ten, Arizona en la Pac12, Villanova en la Big East, SMU en la American, VCU en la Atlantic10, Gonzaga en la West Coast o Kentucky (como no podía ser de otra manera) en la SEC,comeback cuando el comeback-team Iowa State pasó por encima de Kansas (y de Oklahoma, y de Texas, y de quien se le pusiera por delante) en la BigXII, cuando la aparatosa ACC no la ganó Duke ni Virginia ni North Carolina ni Louisville siquiera sino la maravillosa Notre Dame. Cuando Northern Iowa asaltó por fin la MVC a mayor gloria de Seth Tuttle, cuando Harvard ganó el desempate a Yale en la Ivy League más extraña que se recuerda, cuando hasta el gran Wyoming (equipo de) se coronó en la Mountain West para que así el mundo entero pueda conocer por fin a Larry Nance Jr. Cuando el Comité de Selección nos desconcertó como todos los años, cuando como cada año supimos que, aún siendo grandes los prodigios que llevábamos ya contemplados, éstos no son nada al lado de los prodigios que aún nos quedarán por contemplar. Créanme, las temporadas son más cortas cada año que pasa, del mismo modo que las no-temporadas son cada vez más largas. Pero esa es otra historia…

el partido de nunca acabar   1 comment

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 16 de febrero de 2013)

Cada sábado, la ESPN culmina su incesante chorro de partidos universitarios (a cuál mejor) con el College GameDay, lo que aquí llamaríamos el partido de la jornada. Ya imaginarán que dicho encuentro tiene tratamiento especial: los mejores medios, el mejor narrador y/o comentarista (generalmente Dan Schulman y el histriónico a la par que incomparable Dick Vitale) y toda la cohorte de analistas de esa casa (Jay Bilas y demás familia) que por una vez a la semana dejan el plató y se desplazan en pleno al lugar de los hechos haciendo desde allí el previo, los reportajes del descanso, etc. Un verdadero lujo emitido además en pleno prime time, a las 21:00 horas (como aquí, vamos), no se me sorprendan y recuerden que la ESPN al fin y al cabo es un canal de deportes, no tiene que preocuparse de otros contenidos, le basta con colocar en su mejor horario lo mejor que tiene. Y en estas fechas no hay mejor producto que éste, así que echa el resto: hace algunas semanas le tocó a aquel maravilloso Butler-Gonzaga, hace semana y pico fue el duelo en la cumbre entre Indiana y Michigan, este pasado sábado tocaba una oferta muy interesante pero quizá no tan llamativa en principio como las anteriores, Notre Dame-Louisville, dos muy buenos equipos (cada uno a su manera) que auguraban que al menos veríamos un buen partido. ¿Un buen partido, dije? ¿Un gran partido, tal vez? Entonces aún no podíamos ni imaginar (ni siquiera aquellos que lo vemos con casi tres días de retraso, que mi trabajo me cuesta no enterarme de según qué resultados) que el College GameDay se nos va a convertir en algo así como el College GameYear. El partido del año.

Hagamos las presentaciones, para empezar. Ortodoxia versus heterodoxia como si dijéramos. La ortodoxia vendría representada por el equipo local, Notre Dame, los Fighting Irish; que como decían no sé a santo de qué en un capítulo de Los Simpson (no me pongan esa cara, mi hijo es adicto, todo se pega), no deja de ser  curioso que se hagan llamar Irlandeses Combativos teniendo un nombre francés (pero eso sí, pronunciado siempre a la inglesa, Notredéim). Notre Dame es de esos equipos que siempre juegan bien (muy bien, incluso), de esos equipos cuyos resultados siempre parecen estar muy por encima de sus expectativas. Este año tampoco es una excepción: un buen base como es Atkins, un interesantísimo escolta como es Jerian Grant, el muy apañado alero Connaughton y sobre todo un cénter grandote y de aspecto tosco pero no se me fíen de las apariencias porque nada más lejos de la realidad: el gran Jack Cooley. Todos ellos (y alguno más, que ya irá apareciendo en escena) dirigidos por un pedazo de entrenador nunca suficientemente valorado (aunque ya alguna vez haya sido reconocido como técnico del año), Mike Brey. Desde luego, mucho menos mediático y glamouroso que su rival de hoy…

Porque enfrente están los Pitinitos (si Valdano dijo una vez que un equipo entrenado por Camacho siempre garantizaba once camachitos, lo mismo cabría decir de los equipos entrenados por Pitino), o sea los Cardinals, o sea Louisville. Louisville que a comienzos de temporada nos parecía lo más de lo más, un quinteto de lujo, el pívot senegalés Gorgui Dieng que cada año que pasa es mejor jugador, dos aleros imponentes como Blackshear y Behanan, el maravilloso base Peyton Siva y un escolta que es puro talento, Russ Smith, uno de esos tíos de los que siempre había pensado yo (ya desde la pasada temporada) que si en vez de estar en Louisville estuviera en un equipo menos coral sería una de las estrellas de la Liga (fíjense que lo he puesto en pasado, había pensado yo; luego verán por qué). Nadie parecía tener más argumentos que estos Cardinals pero por alguna misteriosa razón los equipos de Pitino suelen ser ciclotímicos, de rachas, así en los partidos (minutos de trance alternados con minutos de berza total) como en las temporadas incluso. No hace mucho alcanzaron el número 1 de la nación y justo entonces perdieron tres partidos seguidos (Syracuse, Villanova, Georgetown) así que ahora mismo ahí andan, entre el favoritismo y el desconcierto. Suelen pillar la racha buena en marzo, cuando llega la March Madness Pitino les pone a cien, si el pasado año fueron Final Four no hay razones objetivas para que este año no puedan repetirlo y hasta mejorarlo incluso. Pero de momento…

De momento vayamos a un partido que durante la primera mitad y buena parte de la segunda transcurre como tantos otros, ni mejor ni peor: igualdad, intensidad, baja anotación y una cierta tendencia arbitral a pitar más que de costumbre (virus bastante extendido en esos días por cierto, y no sólo en USA), con la consecuencia lógica de que unos cuantos jugadores importantes se carguen de faltas antes de tiempo. El problema parece más grave para el que menos profundidad de banquillo tiene, es decir Notre Dame, y la cosa se confirma abruptamente cuando el primer eliminado resulta ser nada menos que Jack Cooley, tras una quinta falta sumamente discutible (ya lo había sido la cuarta) que desata las iras de la parroquia (nunca  mejor dicho) que abarrota el Purcell Pavilion de South Bend, Indiana. Notre Dame para entonces ya pierde de 6, está atascadísimo en ataque, quedan aún casi siete minutos para el final. No tardarán mucho los Irish en perder también a su otro soporte interior, el mucho más discreto Tom Knight, y todo ello mientras enfrente Gorgui Dieng aún aguanta con sus cuatro personales sobre la pista. Así que pasa lo que tiene que pasar: Louisville se va en el marcador, 53-45 a falta de minuto y cuarto, 56-48 a falta de 50 segundos, 8 puntos de diferencia que con tan baja anotación parecen más aún, los estudiantes de a pie aún aguantan en los fondos con su entusiasmo habitual pero en las localidades caras empiezan a verse claros que antes no existían, buenas gentes que habrán dado todo el pescado por vendido, que acaso estén ya camino del aparcamiento…

Pero Jerian Grant no es de esa misma opinión. Jerian Grant aún no sabe que acaba de entrar en trance, Jerian Grant anota un triple que es su primera canasta de la noche y seguidamente (tras la consiguiente falta y los consiguientes tiros libres de Louisville) mete otro, y luego (tras otros dos tiros libres de Louisville) otro más y de repente Notre Dame que ya está a 3 puntos, ¡¡¡one possession game!!! grita Vitale sin dar crédito a lo que está viendo pero es que aquello todavía no ha acabado, Louisville tiene otros dos tiros libres pero esta vez le toca a Dieng que los estampa contra el hierro, quedan aún 23 segundos, la sube directamente Grant que esta vez por hacer algo diferente se va de cabeza hacia el aro, por supuesto la mete y saca de paso la falta, ni que decir tiene que convierte el adicional… ¡This game was over! dice Schulman sin entender nada, ¡absolutely! le responde alucinado Vitale, a falta de 46 segundos para el final ganaba Louisville 56-48, a falta de 16 segundos para el final el resultado es ya de empate a 60, esos 12 puntos locales anotados todos por el mismo jugador… Pero ojo que aún faltan esos 16 segundos, aún tendrán bola los Cardinals para ganar el partido, la sube Siva, se la da a Dieng, se le cae, no tiran… ¡PRÓRROGA! La locura en el Purcell Pavillion: Cooley brinca como un loco, Brey no sabe ni qué hacer, hasta el cura (trátase de una universidad católica como cualquiera podría deducir a la vista de su nombre, razón por la cual siempre hay un sacerdote en su banquillo, debe ser fundamental) está allí dando saltos de alegría en medio de la pista. Y aquellos claros de cuando perdían de 8 son ya historia, aquellas gradas vuelven a verse llenas quizá porque los que se iban se arrepintieron a tiempo antes de salir del recinto, o quizá porque los del gallinero se bajaron a ocupar los huecos dejados por los que se fueron (los cuales, si los hubiere, jamás en toda su vida se perdonarán haberse ido…)

Aquí suele decirse que las prórrogas las gana el que las fuerza, pero en USA no conciben esa razón. O no necesariamente, al menos. A falta de dos minutos estamos empate a 66 y es entonces cuando sobreviene otro drama para Notre Dame, la quinta falta de su hombre milagro Jerian Grant. Más difícil todavía. Tras el habitual intercambio de tiros libres (anotados) y tiros de campo (fallados) resulta nos encontramos otra vez en la misma situación, empate y Louisville de nuevo con la última bola a su entera disposición y casi 12 segundos para intentar ganar el partido, por alguna misteriosa razón deciden que esta vez no la suba Siva sino un Russ Smith que cruza parsimoniosamente la línea del centro del campo… y se para. Tal cual. Como si tuviera una posesión entera de 35 segundos, como si esperara a que le hicieran un aclarado, como si no hubiera compañeros a quienes dársela, como si no le quedaran ya 5, 4, 3… a Pitino le va a dar algo, Smith que finalmente se da cuenta (a la fuerza ahorcan), que se levanta desde casi 10 metros para tirarse un mendrugo, que lo falla como era de esperar, empate a 68, ¡¡PRÓRROGA!! (y ya serán dos), Pitino que abronca a Smith, que se lo quiere comer, que acaso luego lamente no habérselo comido…

Pues allá vamos, o here we go como dicen en USA. Continuamos de empate en empate pero a falta de 2,20 para el final de esta segunda prórroga se va a producir una sustanciosa novedad, la primera eliminación por faltas en Louisville (recordemos que los Irish ya llevan tres), nada menos que su base Peyton Siva. Habrá de ser Russ Smith quien se encargue de dirigir al equipo a partir de ahora… Russ Smith meterá un par de tiros libres a falta de 25 segundos para el final que situarán a los Cardinals tres arriba, una situación que ya nos resulta extrañamente familiar. Notre Dame obligada otra vez al milagro como no podía ser de otra manera, la sube Atkins, hace como que penetra pero se da la vuelta y encuentra en la línea de tres puntos al impronunciable alero freshman Biedscheid, ni que decir tiene que éste se levanta y la clava, otra vez empate pero quedan aún 15 segundos, otra vez (y van tres) Louisville dispone de la última bola para ganar, la sube Russ Smith (esta vez a velocidad normal), decide penetrar que se supone que es su especialidad pero se encuentra en su camino a las torres suplentes rivales y suelta por encima de ellas una especie de globo (lo que allí llamarían un floater y aquí una bombita a lo Navarro) que no toca ni el aro, ni de lejos, empate a 75, ¡¡¡PRÓRROGA!!! (y con ésta serán tres…)

A todo esto a los Irish ya no los reconoce ni la madre que los parió; aún siguen en cancha (jugando minutos y minutos, haciendo sendos partidazos, literalmente reventados) Atkins y Connaughton pero el resto son actores secundarios (algunos incluso terciarios), el ya mencionado alero Bietscheid, el ala-pívot freshman Zach Auguste y y el cénter sénior Garrick Sherman, que no se ha visto en otra semejante y que probablemente esté viviendo esa noche sus minutos de gloria, esos que ya no podrá olvidar jamás en la vida. Enfrente en cambio Louisville aún mantiene a su plana mayor (excepto Siva): Russ Smith (cuando no la caga) metiendo tiros libres, el impagable Behanan reboteando y anotando sin parar, el suplente (de lujo) Hancock enchufando triples desde las esquinas (desempeñando ese papel fundamental en cualquier equipo de Pitino, ése que el pasado año desempeñaba Kyle Kuric) y cómo no, Dieng, aún Dieng que lleva ya con cuatro faltas desde el siglo pasado poco más o menos. Y vuelta la burra al trigo, a 16 segundos para el final Behanan anota un tiro libre y empata, parece que esta vez la última opción será para Notre Dame pero tampoco, Atkins en su penetración se trompica y se cae, los defensores de Louisville recuperan la bola, piden tiempo, quedan aún casi 4 segundos, se la dan a Russ Smith, esta vez a la carrera, llega a tiempo, se levanta, pega en el hierro, empate a 83, ¡¡¡¡PRÓRROGA!!!! (y con ésta serán cuatro…)

La cuarta prórroga (se dice pronto) ya huele a final, no podría ser de otra manera dado que Louisville sigue con todo su arsenal y Notre Dame apenas con los meritorios. A 40 segundos gana Louisville de 4, Notre Dame ataca a la desesperada pero entonces emerge una vez más el último héroe inesperado de la noche, ese Garrick Sherman que debió salir de las profundidades de su banquillo para ocupar el hueco dejado en el centro de la zona por las prematuras eliminaciones de Cooley y Knight. Se anticipa en el salto a Behanan (los Cardinals también están cansados, obviamente), gana el rebote, la mete, todavía 2 abajo Notre Dame a falta de 34 segundos, balón para Louisville con casi una posesión completa a su entera disposición, el sentido común dicta que los Cardinals se limiten a tener el balón al menos hasta que los Irish decidan interrumpir el proceso y llevarlos a la línea de tiros libres… Pero el sentido común no es el fuerte de Russ Smith, que según recibe pasa de contemporizar y decide irse de cabeza hacia la canasta contraria. Si la metiera aún tendría un pasar, vale, les has regalado un chorro de segundos pero al menos has sumado dos puntos… No es el caso. La bandeja que ni siquiera toca el aro, Pitino que parece arrepentirse profundamente de haberle perdonado la vida allá por la primera prórroga, la bola otra vez para Notre Dame, 24 segundos aún por jugar, ¿creíamos haberlo visto todo? Bola para Atkins, está fundido y se le escapa pero la salva Auguste que se suelta un gancho imposible, pega en el aro, rebote para Sherman que la estampa contra el tablero pero aún así les vuelve otra vez la bola ante la imposibilidad e impasibilidad de las torres (no menos fundidas) de Louisville, Auguste y Sherman la palmean a dos manos, es otro empate, ¡¡¡unbelievable, unbelievable!!! grita Vitale, quedan aún 5 segundos, la última opción casualmente para Louisville que aún dispone de dos tiempos muertos pero nadie se acuerda de pedirlos, la última bola casualmente para un Russ Smith que en su cabalgada desesperada hacia el aro contrario se deja el balón atrás, ya lo que le faltaba a la criatura, cuando quiere recuperarlo ya es tarde, 93-93, ¡¡¡¡¡PRÓRROGA!!!!! y ya serán cinco, Vitale está enajenado, ¡¡¡¡¡¿Are you serious? ¿Are you serious? Five Overtimes!!!!!, Schulman apela al recuerdo de aquellas 6 prórrogas de hace cuatro años entre Syracuse y Connecticut, el Purcell Pavilion se instala en una especie de locura colectiva, incluso a los propios árbitros les da ya la risa…

Y a mí a esas alturas no diré que se me ha caído un mito con Russ Smith porque nunca alcanzó la categoría de mito, pero sí sé que a partir de ahora tendré que mirarlo de otra manera. O no, porque queda (al menos) otra prórroga y todo puede cambiar, vaya usted a saber. De momento lo que cambia es que a 4 minutos para el final cae por fin la quinta falta de Dieng casi media hora después (de juego real, me refiero) de que le pitaran la cuarta y de que cayera su rival Cooley. El puesto de Dieng pasa a ocuparlo un freshman más que interesante que hoy por alguna misteriosa razón ha jugado poquísimo, Montrezl Harrell, en cualquier caso Louisville sigue encomendándose a Behanan al igual que Notre-Dame sigue encomendándose a sus insospechados Auguste y Sherman, y en estas llegamos al último minuto con la ligera sensación de que algo ha cambiado por fin, de que por primera vez la iniciativa parece haber pasado a Notre Dame y Louisville parece ir a remolque, a 24 segundos para el final los Cardinals están 2 abajo y el susodicho Harrell tiene dos tiros libres para empatar pero los falla, Connaughton meterá uno para poner 3 arriba a los Irish, quedan aún 9 segundos y como en los cinco finales anteriores Louisville vuelve a tener a su disposición la última bola pero esta vez con una pequeña diferencia, esta vez no es bola para ganar sino para salvar los muebles, por supuesto que la sube Russ Smith, por supuesto que no mira a nadie, que se va a un costado para jugarse un triple (tampoco podía jugarse ya otra cosa) desde nueve metros que se estampa contra el aro, el rebote se va fuera, suena la bocina, 104-101, ¡¡¡¡¡¡IRISH WIN!!!!!!, es el acabose (nunca mejor dicho), en el Purcell Pavilion se instala la locura (sí, aún más si cabe), no ha pasado ni un segundo y ya hay cienes y cienes de estudiantes sobre el parquet abrazando a sus héroes mientras Pitino se retira desencajado, mientras sus jugadores se esconden donde buenamente pueden, mientras un no menos desencajado (pero inmensamente más feliz) Mike Brey atiende (policía mediante) a la piedepista de la ESPN, mientras aquellos (presuntamente) neutrales que lo vemos a muchos kilómetros (y a muchas horas) de distancia no podemos evitar pensar que al final ha ganado el que más lo mereció, el que mejor hizo las cosas, el que resistió y superó todas las adversidades imaginables, el que tuvo más fe (será por fe en Notre Dame); ese equipo de esa Universidad que además (y por si fuera poco todo lo anterior) resulta que está en Indiana, dónde si no, recuérdenlo una vez más, en los otros 49 estados es sólo baloncesto, pero

Jamás en mi vida (y miren que llevo vida) había visto yo un partido con cinco prórrogas. Evidentemente aún tengo fresco en mi memoria el recuerdo de aquel famoso Syracuse-Connecticut de las seis prórrogas pero no pude verlo en su día (y sólo yo sé cuánto me dolió perdérmelo, pérdida que subsanaré próximamente porque no hace mucho me lo bajé, por fin), como tampoco pude ver aquel Manresa-Barça con cuatro prórrogas que tuvo lugar más o menos en esas mismas fechas. Y hasta tengo oído que en tiempos remotos existió incluso algún partido con siete u ocho prórrogas… pero en lo que mí respecta mi récord personal estaba en tres, así en ACB (Estudiantes mediante) como en NBA o NCAA. Hasta ahora, claro, hasta este partido que duró 65 minutos, que acabó presuntamente con empate a 60 y que conoció sucesivos presuntos finales con empate a 68, 75, 83 y 93 antes de acabar (esta vez ya sí) 104-101. Por si les apetece algún dato particular les contaré que la versión que me descargué duraba más de tres horas (y eso que venía ya limpia de tiempos muertos y publicidades varias), que empecé a verlo el pasado martes a eso de las diez y media de la noche y lo acabé más allá de la una y media de la madrugada (hora prohibitiva para alguien a quien le suena el despertador cada mañana a las siete menos cuarto), y que una vez en la cama tardé al menos otra hora en poderme dormir, tal era el estado de excitación (en términos deportivos, entiéndase) que me había dejado el partido, con un montón de ideas bulléndome aún en mi cabeza y que acaso sólo encontraran salida si las plasmaba por escrito, aunque ello hubiera de ser unos cuantos días después…

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