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17 ALICIENTES   Leave a comment

guiaba2017Si aman (un poquito siquiera) el baloncesto universitario, ya están tardando en descargarse (gratis total) la imprescindible Guía NCAA 2016/2017 de BasketAmericano. No es porque yo lo diga sino porque es la pura verdad, por mucho que busquen difícilmente encontrarán en el mercado otra publicación más completa, no ya en castellano sino en casi cualquier otra lengua. Trescientas y pico páginas, análisis de todos los equipos de todas las conferencias grandes y medianas, perfiles pormenorizados de todos esos freshmen que pueblan ya las quinielas pre draft… Y todo ello gracias a la colaboración desinteresada de un buen puñado de locos, veintitantos sujetos enamorados hasta las trancas (y las barrancas) de este juego maravilloso. Me temo que yo soy uno de ellos, y una vez más me ha sido concedido el honor de inaugurar dicha Guía con el típico artículo de presentación de la temporada. Justo este mismo que les pongo a continuación (si encuentran alguna obsolescencia no me la tengan en cuenta, tengan presente que ha pasado ya más de un mes desde que lo escribí) para que vayan abriendo boca. A ver si así terminan de convencerse de una vez por todas…

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Hablar de alicientes para presentar una temporada cualquiera de baloncesto universitario (como si los necesitara) me parece casi una herejía. No existe mayor aliciente que la competición en sí misma, ese impecable planteamiento-nudo-desenlace que empieza en el Tip-Off Marathon y acaba en la Final Four tras un mágico crescendo de apenas cinco meses. ¿Alicientes? Venga ya. Coja un bol, llénelo de palomitas (o de lo que le apetezca en su defecto), desmorónese en su sofá y limítese a mirar, y a disfrutar (bien acompañado por esta Guía, a ser posible). No necesitará absolutamente nada más.

Pero como soy especialista en proclamar una cosa y hacer exactamente la contraria, este año he decidido saltarme mi propia norma y elaborar una relación de detalles que ayuden a vender lo que en modo alguno necesita ser vendido; que nos hagan mirar a esta NCAA como algo aún más interesante de lo que ya es. Cada uno tendrá los suyos pero allá van los míos, los primeros diecisiete alicientes (pensé en hacer quince pero se me fue la mano, pensé luego en hacer veinte pero no me dieron las fuerzas) que se me han venido a la cabeza. Espero que no me lo tengan en cuenta.

1. La sobredosis de Duke. No, por mucho que rebusquen no encontrarán muchos rankings de pretemporada (puede que ninguno, de hecho) que no sitúen a los Blue Devils en el primer puesto del escalafón. Krzyzewski está ante la cuadratura del círculo: conserva piezas fundamentales del pasado año (sobre todo el travieso Grayson Allen y el resucitado Amile Jefferson, pero también Matt Jones, el tirador Kennard y hasta el fantasmagórico Jeter) y puede presumir al mismo tiempo de otra inmejorable promoción de futuro (y van…) gracias al aterrizaje del presunto base Frank Jackson, el versátil Jason Tatum, el imponente Marques Bolden y el más que probable número 1 del draft (eso sí, cuando las lesiones le respeten, lo que a día de hoy parece mucho pedir) Harry Giles. ¿Recuerdan cuando el Coach K debía hacer de la necesidad virtud, utilizando como cuatros (o como cincos, a veces) de mentira a tipos como Jabari o Ingram? Tiempos pasados que no habrán de volver (salvo catástrofe), ya que este año el abanico de posibilidades que se le presentan por dentro nada tiene que envidiar al que podrá presentar por fuera. Rotación interminable, posibilidades inmensas, versatilidad absoluta. Nadie tiene más ni mejor que Duke, lo cual no quiere decir que no podamos encontrar alguna sombra: acaso la dirección (no parece haber más base que Frank Jackson, que tampoco acabo de estar muy seguro de que lo sea) o acaso el exceso de favoritismo, presión que en criaturas tan tiernas puede volverse en su contra. Nada que el ya casi inmortal Krzyzewski no pueda manejar.

2. Gabinete Calipari, 8ª edición. Que Krzyzewski haya superado a Calipari en el ¿noble? arte del one and done no significa que éste no siga siendo el maestro de maestros en dicha faceta. Un año más se ha visto en la tesitura de rearmarse con fornidas criaturas que en apenas unos meses dirán adiós muy buenas y le dejarán un año más en la tesitura de rearmarse con fornidas criaturas que… (y así sucesivamente): por fuera llegan De’Aaron Fox y Malik Monk (productos físicos y/o explosivos para la dirección, muy al gusto de aquella casa) para acompañar a un Isaiah Briscoe que reivindicará su cuota de protagonismo tras verse oscurecido en su año freshman por la dupla Ulis-Murray; y por dentro el habitual chorro de centímetros, no serán más altos que casi cualquier franquicia NBA como sucedió hace un par de años, pero tampoco le andarán muy a la zaga: Wenyen Gabriel, Sacha Killeya-Jones y esa fuerza de la naturaleza (hasta en el nombre) que llaman Bam Adebayo, todos los cuales habrán de asociarse con el veterano (alguno habría de quedar) Derek Willis. Es decir, nada nuevo bajo el sol. Un año más los Wildcats se hincharán a ganar partidos, un año más se llevarán la SEC y se meterán en el Madness sin despeinarse pero una vez allí ya será otra historia, esa que sólo suele estar al alcance de los elegidos. ¿Final Four? Tal vez, es muy posible (no sé si también probable). ¿Título? Ni de coña, en mi opinión. Luego cuando lo ganen acuérdense de venir a cerrarme la boca.

3. ¿Villanova, again? ¿Y por qué no? Ya lo sé, no es nada habitual que un equipo repita título, no hay más que recordar que en estos últimos 43 años sólo ha ocurrido dos veces, mérito exclusivo de las extraordinarias promociones de Duke (1991-1992) y de Florida (2006-2007). Por no ser ni siquiera es fácil que un equipo repita Final Four, pero estos Wildcats tienen los ingredientes suficientes para lograrlo entre otras cosas porque no han padecido la tradicional desbandada de otros equipos campeones. Sólo se fueron quienes se tenían que ir, Arcidiacono y Ochefu.hart-jenkins-300x250 Palabras mayores, sí, pero tampoco son mancos quienes se quedan: el hombre-milagro Kris Jenkins, ese Josh Hart que aspira a ser uno de los jugadores del año, ese Jalen Brunson ya con toda la responsabilidad en la dirección, esos Bridges, Booth o Reynolds que son magníficos complementos. Y añádase al transfer Paschall (desde Fordham), y ahora es cuando tocaría añadir también al freshman Omari Spellman si no fuera porque su inelegibilidad académica nos va a privar de verle por este año, lo que quizás ha rebajado un puntito las ilusiones en Philadelphia. Con todo y con eso no habrá más favoritos que ellos para la Big East, y una vez en el Madness yo tampoco apostaría en su contra. Ya no. Se lo digo por experiencia.

4. La hora de Oregon. ¿Y si yo ahora me tirara a la piscina y les dijera que Oregon es mi principal favorito para alzarse con el título? Pues que me lincharían, probablemente. Apuesta arriesgada, lo reconozco, ésta de situar a los Ducks por encima de las cuadrillas de Krzyzewski o Calipari, incluso de la Villanova de Jay Wright. Pero qué quieren que les diga, saben que no soy de comida rápida sino de cocción a fuego lento, y el guiso éste que están cocinando en Eugene huele que alimenta: echarán de menos sin duda a Elgin Cook y al efervescente Bnejamin, pero a cambio el griego Tyler Dorsey ya será sophomore, Jordan Bell y/o Chris Boucher seguirán sembrando el pánico en la zona, Casey Benson aportará sobriedad en la dirección y el ex villavovense Dylan Ennis (de los Ennis de toda la vida) podrá jugar por fin su año de done and one, una vez superados sus achaques. Y para el final me he dejado a la guinda del pastel, Dillon Brooks, un tipo que me encanta y que es mi principal favorito a jugador del año (otra apuesta arriesgada, ya lo sé), si bien su misteriosa lesión de este verano hará que se incorpore más tarde y puede complicar un poquito mis optimistas pronósticos. Y por supuesto, todo ello amasado por la mano maestra de Dana Altman, acaso uno de los coaches más infravalorados de la nación. El año pasado ganaron por partida doble la Pac12 y se quedaron a un solo paso de la Final Four, superar un balance así no ha de ser tarea fácil pero tampoco hay razones para pensar que no pueda ser posible. Veremos si no es incluso probable.

5. El reto de Izzo. ¿Quién ejercerá de líder en estos Spartans? En temporadas precedentes Michigan State era el equipo de Izzo (obvio) pero era también el equipo de Draymond Green, el equipo de Adreian Payne, el equipo de Denzel Valentine… Este año en cambio resulta muy difícil encontrar un caso similar,freshmen-michst resulta muy difícil encontrar ese mismo predicamento en tipos como Eron Harris (sénior, sí… pero que apenas lleva un año en East Lansing tras aterrizar desde West Virginia) o Tum Tum Nairn. Claro que las penas con pan son menos, y a cambio Izzo tendrá a su disposición una de las mejores camadas de freshmen que ha tenido nunca, una de las mejores que cualquiera pueda presentar este año: Cassius Winston, Josh Langford, Miles Bridges, nombres que hemos conocido hace apenas cuatro días pero que en apenas cuatro más nos resultarán ya como de la familia. Será apasionante ver a Izzo modelando a toda esta panda de imberbes (es un decir) yogurines, le costará más o menos tiempo pero que nadie dude que acabará consiguiéndolo. Por eso, cuando saquemos conclusiones precipitadas en noviembre, habremos de recordar que en NCAA los exámenes finales siempre son en marzo. Tanto más en Michigan State.

6. Gard, Happ. Bo Ryan dijo hasta aquí he llegado y Greg Gard se comió el marrón, pero se lo comió tan bien y con tanta clase que el mundo baloncestístico entero fue un clamor para que se le quitara de una vez por todas el cartel de interino y se le reconocieran sus méritos con un contrato largo y sustancioso, a ser posible. Dicho y hecho, y hoy por fin nos encontramos ante su primera temporada completa en Wisconsin, en la que sus Badgers volverán a girar alrededor de Bronson Koenig y de un Nigel Hayes que parece haberse estancado un tanto en su progresión (o acaso nuestras expectativas fueran demasiado altas, no sé). Y sin embargo me van a permitir que yo me centre sobre todo en un jugador que me epató en su año freshman y que a poco que progrese adecuadamente puede convertirse en una especie de Kaminski 2.0. Se llama Ethan Happ y es una verdadera delicia, otro de esos interiores que no deslumbran por su físico (en absoluto) pero enamoran por sus fundamentos. Sus progresos, unidos a los de Gard en el banquillo, pueden llevar a estos Badgers mucho más arriba de lo que parece.

7. Shaka, segundo acto. No nos engañemos (tampoco podríamos), Kansas volverá a ser favorito único e indiscutible al trono de la Big12, y ya veremos si a más cosas todavía. Pero más allá de ese pequeño detalle sin importancia no serán pocos los alicientes que nos ofrezca una vez más la conferencia del Medio Oeste, y a mí particularmente uno de los que más me apetece es asistir a la evolución de los Longhorns en la segunda temporada de Shaka Smart. Hace un año se encontró un equipo heredado que poco a poco fue modelando (no sin dificultades) a su imagen y semejanza; ahora en cambio el proyecto ya es mucho más suyo, ya se asemeja mucho más a su filosofía: ya no estarán Ridley ni Lammert ni Taylor ni siquiera Javan Felix, ya será sobre todo el equipo de los sophomores Kerwin Roach, Tevin Mack y Eric Davis, tres sobresalientes piezas con las que mirar al presente y al futuro inmediato con una buena dosis de optimismo. Pero será además Texas el equipo de Kendal Yancy y Shaq Cleare, será el equipo de los apetecibles novatos Andrew Jones y Jarrett Allen (interior muy al gusto de Smart, reclutado sobre la bocina tras múltiples avatares), será el equipo de la versatilidad, la velocidad, la intensidad y (ya sí, también) el HAVOC. Será, por encima de cualquier otra consideración, el equipo de Shaka. Nada más y nada menos que eso.

8. Underwood en Stillwater. En estos pasados años el Gallagher-Iba Arena fue cualquier cosa menos un remanso, y no precisamente (o no sólo) por las inolvidables travesuras de Marcus Smart. Con Travis Ford fueron a menos año tras año hasta acabar casi lindando por la insignificancia, razón por la cual los rectores de Oklahoma State decidieron finalmente prescindir de él (veremos si se maneja ahora mejor en Saint Louis) y tuvieron además el exquisito buen gusto de fichar en su sustitución a Brad Underwood. Recuerden, ya ex técnico de Stephen F. Austin y autor intelectual de dos de las más refrescantes sorpresas de estos últimos Madness, la de 2014 cuando sus Lumberjacks se cargaron a VCU y la de este 2016 cuando hicieron lo propio con la West Virginia de su amigo y ex mentor Bob Huggins, Walkup mediante. Pocas contrataciones de entrenadores (acaso ninguna) más ilusionantes habremos tenido en este 2016. Con él los Cowboys volverán a ser más pronto que tarde un equipo ganador, con él los Cowboys volverán a ser (aún más pronto si cabe) un equipo divertido. Su advenimiento, sumado a los ya pretéritos de Shaka y Prohm (continuador de la herencia de Hoiberg) y a la feliz permanencia (por muchos años) de Huggins, le viene de perlas a una Big12 que no siempre fue la alegría de la huerta pero que ahora al menos tendrá ya unas cuantas ventanas abiertas para que pase el aire fresco. Eso sí, si usted es de los que prefieren aburrirse tampoco se me preocupe demasiado: siempre le quedará Baylor.

9. Damocles en UCLA. La espada (la de Damocles, obviamente) pende sobre el cuello de Steve Alford, de quién si no. Al susodicho le pitaron sobremanera los oídos durante la pasada primavera, víctima de una campaña que no reparó en gastos (hasta avionetas sobrevolando el campus) pidiendo indisimuladamente su cabeza.steve-alford Sobrevivió, hizo acto de contrición, examen de conciencia y propósito de enmienda y todo lo que usted quiera, pero muy pocos técnicos va a haber este año en todo el baloncesto universitario a los que se les mueva más el suelo bajo sus pies. Y tanto más tras lo que han puesto en sus manos, una interesantísima camada de freshmen encabezada por el tremendo Lonzo Ball, acaso el mejor base puro de toda esta promoción. Será interesante ver cómo lo mezcla Alford con su hijo Bryce, que presumiblemente habrá de readaptarse ahora al rol de escolta tirador justo cuando parecía haber aprendido por fin (a la fuerza ahorcan) el rol de director de juego. Sumen al lío a Aaron Holiday (de los Holiday de toda la vida), no se olviden de Isaac Hamilton, añadan también a Prince Ali y el resultado de todo ello es que el perímetro de estos Bruins tendrá más y mejores ingredientes que (casi) nunca. Y por dentro echarán de menos a Tony Parker y sobre todo al huido Jonah Bolden pero se apañarán con Welsh, el freshman Leaf y alguna ayudita puntual de Olesinski y del húngaro Goloman. Así las cosas, pueden estar seguros de que todo lo que no sea pelear (al menos) los títulos de la Pac12 y asomarse en serio al Madness será considerado un rotundo fracaso y hará que rueden cabezas. No hará falta que les diga cuál.

10. Foster en Creighton. Más allá del evidente favoritismo de Villanova, más allá incluso del no menos evidente vicefavoritismo de Xavier (un tanto de bajón tras la suspensión de Myles Davis) aún nos habrán de quedar muchísimas cosas destacables en una Big East cada vez más apasionante (a la par que difícil de seguir). Y podría poner el ojo en muchos sitios pero voy a ponerlo en Creighton, o más concretamente voy a ponerlo en Marcus Foster, aquel jugador que nos maravilló en su año freshman en Kansas State y que en su año sophomore se nos fue diluyendo paulatinamente hasta acabar desapareciendo (incluso de manera literal, tras apartarlo Bruce Weber del equipo). Una buena pieza debe ser el amigo Marcus, que ha tardado un año (redshirt mediante) en hacer este viaje de Manhattan (Kansas) a Omaha (Nebraska); habrá que ver si esa temporadita en el rincón de pensar le ha hecho recapacitar, habrá que ver también si encuentra por fin en McDermott lo que no encontró en Weber (que debería). Si así fuera, si reapareciera siquiera mínimamente aquel maravilloso Marcus Foster que un día conocimos, ojo con Creighton. Ojo con estos (ya de por sí fascinantes) Bluejays, mucho ojo con ese tándem que puede formar con Maurice Watson Jr. A ver cuántas universidades de postín, no ya en la Big East sino en la nación entera, pueden presentar una pareja exterior así.

11. Sin Baker ni Van Vleet. Y unos que vienen y otros que se van, hablando de parejas exteriores. Ron Baker y Fred Van Vleet son ya historia (y qué historia) en Wichita, lo que en condiciones normales nos haría temer un estrepitoso bajón en los maravillosos Shockers que hemos conocido y disfrutado durante estos últimos cuatro años. Pues tal vez, algo de bajón habrá, es ley de vida… pero tampoco se me preocupen en exceso: porque llegará la hora de ese fascinante chico para todo llamado Markis McDuffie que ya nos fascinó en su año freshman, porque Rashard Kelly y Shaq Morris impondrán su ley por dentro, porque seguirán defendiendo como perros con Zach Brown a la cabeza, porque el ex Jayhawk Conner Frankamp (ahora ya sin apenas competencia) se tirará y meterá todo lo habido y por haber. La única duda es quién dirigirá todo esto (desde el parquet, me refiero) pero tampoco habrá de preocuparnos porque la verdadera dirección vendrá una vez más desde el banquillo: muchos apostaron a que se iría en cuanto se fueran Baker & Van Vleet (de hecho muchos apostaron por lo mismo incluso en temporadas precedentes, cuando aún estaban ambos) pero lo cierto es que Gregg Marshall ahí sigue, reivindicándose como uno de los grandes, mejorando año tras año su currículum. Ya fue exitoso antes de que llegaran, no hay razón alguna para pensar que no vaya a seguir siéndolo después.

12. Drew en Nashville. El hijo de Homer (a la par que hermano de Scott) sigue creciendo (profesionalmente hablando). Aquel a quien un día conocimos matando sobre la bocina a Ole Miss y protagonizando de paso una de las más emotivas sorpresas que se recuerdan en el Madness, aquel que luego hizo sus pinitos en NBA e incluso ACB (Valencia), aquel a quien Montes rebautizó un día como el Señorito Drew (quizá uno de sus motes menos afortunados) hace ya tiempo que se nos ha hecho mayor.drew-vandy Cinco años ha estado sentando cátedra en su alma máter Valparaiso, tiempo más que suficiente para que sus cualidades hayan llamado la atención de las ligas mayores, concretamente de la SEC y aún más concretamente de Vanderbilt. Cambia el banquillo de los Crusaders por el (ladeado) de los Commodores, cambia Indiana por la capital del country, cambia el nivel de exigencia, cambia un equipo hecho a su imagen y semejanza por otro (podríamos decir) heredado si bien la herencia que le deja Stallings tampoco es que esté tan mal: Wade Baldwin y Damian Jones son ya historia pero a cambio siguen Riley LaChance, Camron Justice, Fisher-Davis y Luke Kornet, material más que decente para empezar a construir algo interesante en Valderbilt. Y mientras tanto al otro lado del país, en Valparaiso, por primera vez en casi treinta años van a tener un entrenador-jefe no apellidado Drew. Les va a costar acostumbrarse.

13. ¿Quo Vadis, Yellow Jackets? Pocas universidades otrora históricas habrán dado más palos de ciego que Georgia Tech durante estos últimos tiempos. Y no acabo de tener yo claro que el coach Gregory fuese siquiera su principal problema (de hecho en esta última temporada hasta pareció revertir ligeramente la tendencia), pero como en tantas otras ocasiones en similares circunstancias han optado por cargárselo, decisión irreprochable si no fuera por el sujeto al que han fichado en su sustitución. Saben que soy mucho más de filias que de fobias, pero hace tiempo que tengo a Josh Pastner (entre ceja y ceja) en esta última categoría. Eso sí, no dudo de sus habilidades como reclutador ya que a menudo consiguió llevarse al huerto a magníficos proyectos para luego desperdiciarlos (y desquiciarlos), sí dudo en cambio de sus (presuntas) habilidades como técnico y no sólo por sus resultados (o su carencia de ellos), también (y sobre todo) por esa actitud histeroide e infantiloide capaz de desesperar al espectador (y al jugador) más avezado. Probablemente en Georgia Tech se vayan a divertir, ahora mucho más que antes; la duda es que sea gracias al baloncesto.

14. Tubby en Memphis. Figúrense si en Memphis lo tendrán claro que para sustituir a Pastner han fichado exactamente todo lo contrario. Tubby Smith no siempre recibió el reconocimiento que merece, no ya por los demás sino por mí mismo en ocasiones. Hace casi veinte años llegó y besó el santo en Kentucky pero a partir de ahí no hizo otra cosa que ir a menos, razón por la cual se nos fue cayendo paulatinamente del cartel. Pero en Minnesota hizo un magnífico trabajo (injustamente retribuido con el despido, en mi opinión) y en Texas Tech más de lo mismo, volviendo a poner a los Red Raiders en el mapa. Así las cosas los Tigers han decidido olvidarse de histrionismos y decantarse por un veterano técnico con la cabeza bien amueblada sobre los hombros, lo que no es poca cosa viniendo de donde vienen. La fuga de Austin Nichols ya hace tiempo que no tiene remedio (palmas con las orejas dan en Virginia), pero alrededor de los hermanos Lawson aún puede haber material como para construir un proyecto bonito. O al menos para que se les quite el mal sabor de boca anterior.

15. Zags vs Gaels en la WCC. O sea, lo de siempre, sólo que aún más y mejor si cabe. Gonzaga huele a nuevo gracias a sus tres flamantes transfers, Nigel Williams-Goss (joyita desde Washington), Jordan Matthews (desde Cal) y Jonathan Williams (desde los escombros de lo que un día fue Mizzou);karnowskidone añádase al (un tanto errático) base Perkins y a la mole polaca (esperemos que por fin sana) Przemek Karnowski y el resultado de todo ello será que ni tiempo tendrán de echar de menos a Wiltjer y Sabonis. Y enfrente St. Mary’s será todo lo contrario, pura continuidad de ese equipo de Naar y Rahon al que sólo las veleidades del Comité de Selección dejaron fuera del Madness el pasado marzo. De tercero en discordia ejercerá como de costumbre BYU (no se pierdan al pívot Eric Mika, por fin de regreso tras sus años de misión por esos mundos de dios). Y para todos los demás quedarán básicamente las migajas, si bien no estará de más prestar atención a dos legendarios bases NBA felizmente reconvertidos al traje y corbata: Terry Porter, en Portland (dónde mejor); y nada menos que Damon Stoudamire, que así para empezar se comerá un buen marrón en la desnortada y castigada Pacific.

16. A10, esa gran desconocida. No son pocas las conferencias que merecerían un párrafo (o varios) para ellas solas, pero dado que tampoco doy para más me van a permitir que dedique al menos unas líneas a la Atlantic 10: a esos Flyers de Dayton (y de Archie Miller) que además de Cooke y Scoochie Smith acogerán ahora también en su seno al enésimo Antetokounmpo (Kostas); a esos Rams de Rhode Island (y de Dan Hurley) que recuperarán por fin para la causa a E.C. Matthews, maravillosa noticia donde las haya; a esos otros Rams de VCU (y de Will Wade) que seguirán jugando al HAVOC como si aún siguiera Shaka; a esos Wildcats de Davidson (y de McKillop) en los que nos volverá a maravillar Jack Gibbs, rodeado ahora además por una apetitosa legión extranjera; a esos Colonials de George Washington que ya no serán de Mike Lonergan, veremos cómo superan su traumático despido; y a Saint Bonaventure, Saint Joseph’s, Saint Louis, UMass, Richmond… A un buen puñado de universidades que deberían recibir mucha más atención por nuestra parte (por la mía, al menos), no digamos ya por parte de un Comité de Selección que en llegando a marzo suele tener cierta tendencia a invitar al Madness no tanto a los que verdaderamente lo merecen como a los que quedan bien. Pero esa es otra historia.

y 17. El resto del carrusel. Del coaching carousel, me refiero. Más allá de los nombres que ya les he ido salpicando aquí y allá en párrafos precedentes, hay otros muchos cambios que no conviene dejar de mencionar: por ejemplo Jamie Dixon, que abandonó su plácido fortín de Pittsburgh para irse a buscar nuevas aventuras en TCU; o Kevin Stallings, que llenará ese hueco en Pitt dejando a su vez otro en Valderbilt para que lo llene Drew; o Rick Stansbury, técnico de aquella Mississippi State de Dee Bost, Arnett Moultrie y Renardo Sidney, asistente después y ahora ya entrenador-jefe de una muy venida a menos Western Kentucky en la que ha irrumpido cual elefante en cacharrería, llevándose ya al huerto a alguno de los mejores productos para 2017; o incluso Johnny Dawkins, que tras su muerte anunciada en Stanford intentará relanzar su carrera en la olvidada UCF; o Beard, Haase, Menzies o Pikiell, cuatro coaches de bien ganado prestigio en mid-majors que ahora habrán de asumir nuevos (y no menores, en absoluto) retos en Texas Tech, Stanford, UNLV (el hotel de los líos, como si dijéramos) y Rutgers respectivamente; o… Tantos como ustedes quieran. Para dar y tomar. La lista sería interminable, más o menos como todos los años. Pero no teman, con esto por ahora tienen más que suficiente.

Y es que podría continuar hasta el infinito (y más allá), podría encontrar un aliciente (o varios) en cada conferencia, en cada equipo, en cada partido. Pero hay ciertas cosas de las que tampoco conviene abusar, por esta vez ya les he torturado bastante, mejor será dejarlo en manos de compañeros que saben mucho más (y mejor) que yo y que en las páginas venideras les ilustrarán sobradamente acerca de todo lo que necesitan saber (y hasta de lo que jamás imaginaron que necesitarían). Con ellos les dejo, pónganse cómodos. Disfrútenlo.

CRÓNICAS DE MARZO (I)   Leave a comment

Ya estamos en marzo (probablemente ya se habrían dado cuenta) luego en apenas unos días entraremos también en plena locura de marzo. En apenas unos días (si mis exiguas fuerzas me lo permiten) empezaré a ponerles como de costumbre la cabeza mala con los torneos de conferencia, el bracket, las primeras rondas, los sweet 16, los elite 8 y demás maravillosas zarandajas universitarias propias de este maravilloso mes. Pero no estará de más que para ir abriendo boca les vaya contando ya alguna que otra historia, cada una de las cuales merecería un post entero por sí misma pero qué quieren, no doy más de sí en estos días así que tendrán que conformarse (o alegrarse, según) con esta especie de cajón de sastre. Al grano…

Si de historias se trata, no hay este año historia más hermosa que la protagonizada por los Shockers de Wichita State. Quizá recuerden que en la pasada temporada se metieron contra todo pronóstico en Final Four (partiendo desde el número 9 de su Región, nada menos), quizá recuerden que al final sólo hincaron la rodilla frente a esos imponentes Cardinals de Louisville que se alzarían con el título un par de días después. Pareció aquello el final de un hermoso sueño… y en realidad fue sólo el principio, quién nos lo iba a decir. Quién se lo iba a decir a los habitantes de Wichita, Kansas, que aquella dulce derrota sería la última, que de ahí en adelante y hasta nuevo aviso no harían ya otra cosa más que ganar. 31-0, se dice pronto, treinta y una victorias por cero derrotas para completar una inmaculada temporada regular, lo nunca visto. No exagero, ya hubo otras universidades que acabaron invictas la regular, la última hace diez años aquella (no menos sorprendente) St. Joseph’s de Jameer Nelson o Delonte West, pero nunca jamás hubo otra que enlazara tantas victorias en el empeño. 31 triunfos son muchos triunfos, que sin embargo no les han servido para ser considerados en ningún momento en el número 1 de la nación ni para evitar que aún así algunos les nieguen el pan y la sal por jugar en la Missouri Valley Conference, es decir, no una de las grandes conferencias sino una de las denominadas mid-majors. Pues qué quieren que les diga, obviamente Evansville, Missouri State, Indiana State, Bradley o Drake no se parecen en nada a Duke, Syracuse, Florida, Kansas o Arizona pongamos por caso, hasta ahí llegamos todos; pero para ganar 31 partidos, en casa y fuera, en ambientes favorables o abiertamente hostiles, no te basta con ser simplemente un buen equipo sino que además tienes que ser un pedazo de equipo. Un pedazo de equipo que además en su periodo de non-conference también ganó a otros pedazos de equipo como BYU, Tennessee, Alabama o Saint Louis (otra de las más gratas sorpresas del año), estas dos últimas a domicilio. No saben perder (literalmente) estos Shockers…

Ya, pero… ¿quiénes son estos Shockers? Podría casi copiapegarme y traer aquí lo que ya les conté hace once meses tras clasificarse para la Final Four, de hecho sólo tendría que borrar al base Armstead, al cuasipívot Hall y al mediocre pívot suplente Orupke, nigeriano al que pocos meses más tarde fichó UCAM Murcia por razones que a día de hoy todavía se me escapan. El resto del párrafo me valdría casi entero: Cleanthony Early sigue ejerciendo de estrella, Ron Baker sigue enchufándolas, Fred Van Vleet promocionó a base titular y confirmó las extraordinarias expectativas que ya había en torno a él… Súmenle a Tekele Cotton, al bahameño Kadeem Coleby y a alguna otra adición interesante desde el banquillo, principalmente los canadienses Chadrack Lufile y Nick Wiggins, ya saben, hermano mayor del hierático niño prodigio de Kansas Andrew Wiggins. Aunque sigo pensando como hace un año que el secreto mejor guardado de estos Shockers no viste camiseta de tirantes sino traje y corbata y lleva por nombre Gregg Marshall. Un técnico aparentemente (sólo aparentemente) de perfil bajo, que no hace tanto ruido como otros congéneres suyos pero cuya producción de nueces está muy por encima de la media, a las pruebas me remito. Obviamente nada será igual a partir de ahora, obviamente no será fácil que repitan Final Four (ni aún siendo como serán número 1 de su región en el Gran Baile)… pero que les quiten lo bailao, nunca mejor dicho. Pase lo que pase.

No, no llegaron en ningún momento a ser considerados número 1 de la nación, un honor que aún ostentan a día de hoy los Gators de Florida (no seré yo quien lo critique, tanto menos habiendo arrasado como han arrasado en su Conferencia… pero ello no me impedirá decir que no me seducen, en absoluto), un honor que aún antes ostentaron mis Orange de Syracuse… Ay, mis Orange de Syracuse. Mis Orange fueron el penúltimo equipo en perder, aguantando ahí al pie del cañón junto a Wichita State pero transmitiendo durante esas últimas semanas la inevitable sensación de que su imbatibilidad estaba cogida con alfileres. Ganaron ya por los pelos en Pittsburgh, ganaron aún más por los pelos en casa a North Carolina State, en ésas estaban cuando recibieron la visita de Boston College y justo ese día (justo ante el rival más insospechado) pasó por fin lo que tenía que pasar: los Eagles se llevaron (tras prórroga) la victoria del Carrier Dome, ni que decir tiene que eso fue sólo el principio: seguidamente los Orange viajaron por primera vez en su historia a un Cameron Indoor de Duke donde les esperaban con el cuchillo entre los dientes (esto sólo es el principio de una hermosa rivalidad): final polémico (casi tanto como el que ambos equipos ya habían experimentado semanas atrás en Syracuse), arrebato y expulsión de Boeheim, segunda derrota consecutiva. La tercera no tardaría en llegar y sería este pasado sábado en Virginia, paliza incluida. Y aún habría una cuarta este martes, en casa y ante Georgia Tech nada menos, otro de esos equipos con mucho más pasado que presente. En caída libre, justo en el momento culminante de la temporada. Qué quieren que les diga, me encantaría escribir otra cosa pero no creo que a día de hoy mis Orange (ni aún con las mejores versiones de C.J. Fair, Tyler Ennis o Jerami Grant) estén para repetir Final Four. De hecho a día de hoy mis Orange no están para (casi) nada.

Esa paliza padecida por Syracuse ante Virginia aseguró además el título de temporada regular de la ACC para los Cavaliers, hecho éste que también requiere párrafo aparte. Que en la ACC quizá más competida de la historia, con Syracuse, Pittsburgh o Notre Dame sumándose a las tradicionales Carolinas, Duke, Maryland, Florida State y demás familia, el título finalmente haya sido para Virginia no debería pasarnos desapercibido. Trátase de una universidad clásica que vivió tiempos de grandeza (que algunos no podremos evitar nunca asociar a la egregia figura de Ralph Sampson) pero que en estas últimas décadas andaba un poco venida a menos, razón por la cual sus responsables recurrieron a la cirugía. Hace cinco años se cargaron al técnico Dave Leitao (Lechón, si tradujéramos su apellido del portugués) y se fueron a la otra esquina del país a buscar su sustituto, Tony Bennett, en este caso no se trataba de ningún cantante sino de un joven entrenador que venía realizando una estupenda labor en Washington State. No diré que los resultados no se hicieron esperar porque sí se hicieron esperar, tampoco mucho, los cinco años que hicieron falta para que su estilo madurara, para que el escolta Brogdon o el pívot Mike Tobey se sumaran al extraordinario alero Joe Harris (ya en sus últimas semanas como universitario) y entre todos compusieran esta máquina infernal. Que en esta endemoniada ACC hayan ganado 16 partidos y perdido tan solo 1 (en Duke, el 13 de enero) es un logro que deberíamos valorar en su justa medida. Pase lo que pase a partir de ahora.

El polo opuesto de esta historia podríamos buscarlo en la Big12, podríamos encontrarlo si miráramos por ejemplo hacia Oklahoma State, ya saben, los afamados Cowboys del no menos afamado Marcus Smart. Hacia mediados/finales de enero iban 16-3, se las prometían muy felices estos Cowboys aún a pesar de sus evidentes carencias en el juego interior (pero de esos hay muchos), aún a pesar de su mala suerte con las lesiones, aún a pesar de ser quizá el equipo más macarra de América, aún a pesar de que Smart de tanto querer hacer honor a su apellido haya veces que hasta se pase de listo, no estará de más que de ahora en adelante vaya moderando su pasión por el flopping porque de no hacerlo le van a caer sanciones a chorros en NBA. Se las prometían muy felices estos Cowboys pero justo entonces empezaron a pasar cosas: perdieron en la visita a sus vecinos Sooners de Oklahoma, perdieron en casa ante Baylor y Iowa State y seguidamente fueron a jugar a un escenario a priori bastante más asequible, la Universidad de Texas Tech. Pero resultó que los nuevos pupilos de Tubby Smith no eran de la misma opinión: en los minutos finales ya era más que evidente que los Cowboys saldrían de allí con su cuarta derrota consecutiva… y entonces sucedió: un frustrado Marcus Smart fue a poner un tapón a la desesperada y cayó sobre el público, lo cual no hubiera tenido la menor importancia de no ser por el pequeño detalle de que al levantarse propinó un soberano empujón al espectador de la fila de atrás (que probablemente habría aprovechado la ocasión para soltarle algún improperio). A perro flaco todo son pulgas, la broma le costó a Smart tres partidos de sanción que supusieron otras tres derrotas para los Cowboys, en total siete consecutivas, mucho más de lo que cualquier universidad con aspiraciones puede soportar. Ante tal panorama resultaba manifiestamente evidente que peligraba su presencia en el Baile… o no: andan rehaciéndose, a día de hoy han conseguido enlazar de nuevo cuatro victorias, una de ellas precisamente ante Kansas (en un partido mucho más plácido que aquel otro de Lawrence…) Veremos.

Podría estar así varias horas contándoles batallitas universitarias, pero ni yo doy ya más de sí ni ustedes tampoco me lo iban a aguantar. Podría contarles por ejemplo que la semana pasada fue pródiga en partidazos (Minnesota-Iowa, North Carolina State-North Carolina, Indiana-Iowa…), podría contarles incluso que en otro de ellos sucedió un rocambolesco final. ¿Imaginan un ex jugador que fuera leyenda de una determinada universidad, y que viera a esa universidad caer derrotada por una canasta sobre la bocina de su propio hijo? Tal cual. Glenn Robinson fue leyenda en Purdue a mediados de los noventa, entonces le llamaban Big Dog Robinson, luego en sus años de Milwaukee Montes le rebautizó como Pichichi Robinson. Glenn Robinson tiene jugando en los Wolverines de Michigan a su hijo Glenn Robinson III, ya otras veces les hablé de él (ligeramente sobrevalorado por ser hijo de quien es, aunque esto no pasa de ser una opinión personal mía sin ningún fundamento). Pasó que esta pasada semana Michigan rindió visita al feudo de Purdue, pasó que allí estaba Robinson padre en primera fila viendo a su retoño contra su alma máter acompañado por otra leyenda local (a diferente nivel) como es Brian Cardinal, pasó lo que tenía que pasar: últimos instantes de la prórroga, uno arriba Purdue, los boilermakers ya relamiéndose, ataca a la desesperada Michigan, ese último balón que bien podría haber sido para Stauskas, LeVert o Albrecht pero hete aquí que fue a parar a Robinson, ese Robinson que en un escorzo imposible se suelta una especie de churro, suena la bocina, la bola que parece que no va entrar, la bola que finalmente cae dentro, ese Robinson padre al que imaginamos por un lado loco de alegría y por el otro no sabiendo dónde meterse… Y todo esto y más aún en febrero, un mero aperitivo, imaginen cuántas de estas historias nos tocará contar en marzo. Permanezcan atentos a sus pantallas.

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 7 de marzo de 2014)

chico listo   2 comments

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 9 de marzo de 2013)

No he podido resistir la tentación y le he pedido al gúguel trasleit que me devolviera el significado de la palabra smart, aunque ya sabía de antemano lo que me iba a contestar. Efectivamente, smart significa inteligente, creo que hasta mi cuñado el del bar que apenas sabe una palabra de inglés (y pocas más de castellano) habría sido capaz de deducirlo a la vista de los múltiples reclamos publicitarios que pueblan nuestras vidas, smartphone, smart tv, smart box, tampoco es que sea algo exclusivo de ese idioma porque en el nuestro también podemos encontrar numerosas alusiones a edificios inteligentes, electrodomésticos inteligentes y hasta bolígrafos inteligentes si me apuran, somos así. Pero smart, in english, no es sólo una cualidad presuntamente humana sino que resulta que además es apellido, algunos lo aprendimos ya de niños (momento cebolleta) mientras veíamos aquella impagable serie nunca suficientemente repuesta, el Superagente 86, recuerden (si llegaron a tiempo de conocerlo), Maxwell Smart, el temible operario del recontraespionaje

Vale, sí, aquel era un personaje de ficción con apellido puesto ad hoc para que pudiera utilizarse como juego de palabras (de hecho el título original de aquella serie era get smart) pero es que a lo largo de los años hemos conocido otros smart nada ficticios sino más bien de carne y hueso: sin salir del ámbito del baloncesto podemos traer a colación a Keith Smart, héroe postrero del último título de la Universidad de Indiana allá por 1987 y actual entrenador de los Sacramento Kings; o a Shaka Smart, joven pero sobradamente preparado técnico de esa alucinante VCU (o lo que viene siendo lo mismo, Universidad de Virginia Commonwealth) que hace ya un par de años conoció las mieles de la Final Four… Ambos dos honran sobradamente su apellido pero no son la razón de que les esté soltando esta larga introducción (que llevarán un rato preguntándose a qué viene): la verdadera razón se llama Marcus Smart y está en su primer año (y último, me temo) de carrera en la Universidad de Oklahoma State.

Dicen que la primera impresión es la que vale, pero ello no tiene por qué ser necesariamente así. La primera impresión que se te queda al ver a Marcus Smart es buah, éste tiene que ser el típico chupón que no se la pasa ni a su padre, no hay más que ver esos aires que se gasta, esa pinta de sobrado que tiene (y eso que ya no luce ese peinado cónico que llevaba a comienzos de temporada…) Bueno, pues nada más lejos de la realidad. A ver, pinta de sobrado tiene, pinta de ir de chulo por la vida, es así, no vamos a decir lo que no es. Pero las apariencias engañan, a veces. De hecho a mí me sucedió hace ya casi un año, la primera vez que vi un vídeo de este tío junto con otro montón de vídeos de los recruits presuntamente más destacados para esta temporada: la mayoría de esos vídeos promocionales ponían el énfasis en aspectos meramente individuales (acaso porque no hubiera otros que mostrar), penetraciones suicidas, mates estratosféricos, driblings insospechados y demás juanpalomismos varios; pero había excepciones, excepciones como ese Kyle Anderson al que pocos meses después veríamos en UCLA, acaso también ese Yogi Ferrell de Indiana, desde luego este Marcus Smart; sus vídeos de apenas dos minutos no mostraban sólo egos desmedidos sino también asistencias, robos, ayudas, aplicación defensiva y demás escenas solidarias que parecían indicarnos que esta vez no estábamos ante el típico jugón unidireccional sino todo lo contrario, uno de esos casos aislados de jugadores que acostumbran a hacer muchas cosas, y todas razonablemente bien. Ahora bien, tampoco era cuestión de lanzar las campanas al vuelo, al fin y al cabo era sólo un vídeo, faltaba confrontarlo con la cruda realidad…

La realidad (nada cruda en este caso) o lo que viene siendo lo mismo, la posibilidad de verle en partidos enteros con sus cuarenta minutos completos, nos devolvió un Smart (parece que esté hablándoles de un coche) aún mejor de lo que habíamos imaginado. Smart anota a tutiplén pero también rebotea siempre que puede, asiste que es un primor (en consonancia con el papel de base que le ha sido asignado), roba balones a chorros, incordia siempre al rival y hasta tapona cuando es menester. El típico jugador hiperactivo, de esos que parecen estar en varios sitios a la vez, que sacan el córner y lo rematan de cabeza como diría el dicho futbolístico. Si usted es de los que gusta de tipos polifacéticos y multifuncionales no lo dude, éste puede ser su hombre, eso sí, siempre y cuando no le pida usted peras al olmo que aún le habrán de quedar cosas por pulir, que el tiro lejano aún no es su fuerte, que su comprensión del juego todavía tiene que mejorar, tiempo tiene por delante para ello… Pero de una cosa sí puede estar seguro: es de esos jugadores que casi nunca decepciona; podrá tener días malos en ataque (que los tiene, y los seguirá teniendo) pero siempre lo compensará con lo que aporte en casi todo lo demás.

Y por si todo ello fuera poco, resulta que además Marcus Smart es también un ganador, en el sentido más (digámoslo así) yugoslavo de la palabra. O dicho de otra manera, nunca va a ser ese tipo de jugador al que idolatren las aficiones rivales cuando acuda como visitante. No le idolatraron precisamente en Arkansas, donde su amplio repertorio de ardides, tretas y piscinazos varios para provocar faltas en ataque acabó descomponiendo al perímetro entero de los Razorbacks y por extensión a todos sus aficionados. Ni le idolatraron precisamente en Kansas (partido que por desgracia no pude ver) donde su actuación fue fundamental para acabar con la larguísima imbatibilidad en casa de los Jayhawks, hazaña que no encontró otra manera de celebrar que poniéndose a hacer cabriolas y piruetas varias en el centro de la pista, lo cual fue interpretado por los jugadores y aficionados locales como una falta de respeto (a mí no me pareció que fuera para tanto… quizá porque no soy de Kansas). Recuerden que hace honor a su apellido, no es que lo diga yo sino que hasta los propios analistas yanquis caen con frecuencia en el juego de palabras, por lo que no resulta difícil escuchar en una retransmisión cualquiera algo así como …ooohhh, Marcus Smart is so smart…!!!, o ver cómo en un pantallazo se preguntan how smart is Marcus? La respuesta parece clara, es sumamente inteligente… o no, o quizá no sea tanto eso (que ya nos explicó una vez Messina que un exceso de inteligencia puede resultar perjudicial para la práctica del baloncesto) como que es sumamente listo; no me consta que en el idioma inglés hilen tan fino, mis conocimientos no dan tanto de sí como para diferenciar entre smart y (por ejemplo) clever, pero en el nuestro lo tenemos clarísimo: a un lado quedaría la inteligencia pura y dura, y al otro la listeza o listura como un escalón más evolucionado: como la capacidad de sacarle partido, de saber utilizar en tu propio beneficio esa misma (mayor o menor) inteligencia. No sé cuál será el cociente intelectual de Marcus Smart pero eso sí, listo es un rato, puedo asegurárselo.

Marcus Smart tiene a su lado a Markel Brown, que le echa una mano en tareas de dirección y tiene buenísima mano además; tiene un poco más arriba al peculiar (hasta en el nombre) y estupendo alero Le’Bryan Nash; cuenta también con un par de eficaces ala-pívots (o similar), Cobbins y Kamari Murphy, y con un cénter modelo armario, Phil Jurick, que aporta presencia física y no le pidan más, que ya les dije antes lo de las peras y el olmo. Y finalmente otro freshman que empieza por lo general los partidos en el banquillo y los acaba en la cancha, Phil Forte (pronúnciese forté, con acento en la é), digno sucesor de lo que representó allí durante estos pasados años Keiton Page: el típico jugador de perímetro blanco, pequeño, incordio, de extraordinaria muñeca y no menos extraordinaria actitud; el espíritu de estos Cowboys de Oklahoma State. Sin Smart serían como mucho un buen equipo, sin excesos; con Smart son cosa seria. Suficiente para haber recuperado la ilusión en Stillwater (supongo que los que fundaron la ciudad le pusieron ese nombre para que los colonos que vinieran detrás supieran que allí todavía había agua), suficiente para tener prácticamente garantizada su presencia en la March Madness: no serán favoritos, pero de una cosa podremos estar bien seguros: Marcus Smart no va dejar pasar la oportunidad de dejar su sello en el que será (me temo) su único Torneo Final de la NCAA.

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