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defensa de la alegría   1 comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 14 de mayo de 2013)

Aquellos (presuntos) madridistas que en la pasada Final de Liga se mostraban aterrados ante la posibilidad de que el Madrid la ganara porque ello significaría la continuidad de Laso (luego no la ganó y aún así continuó); aquellos que tras la derrota (dos prórrogas incluidas) en cuartos de final de Copa ante el Barça escribieron qué bien, un partido menos para que llegue Obradovic; aquellos que durante la semifinal de este pasado viernes aún decían preferir que perdiera el Madrid para que echen a Laso de una vez, aquellos en suma que salieron en manifestación cuando Laso fue nombrado entrenador del Madrid debieron ver por fin el cielo abierto al acabar la Final Four. Si ya lo decían ellos que con este entrenador no iban a ningún sitio, si estaba claro que no era un técnico a la altura de la grandeza de la entidad, una institución de tal calibre necesita tener a su frente a lo más florido y granado del universo mundo, qué sé yo, un Obradovic, un Blatt, un Messina, un… ¿Messina, dije? ¿El mismo Messina que ya pasó por esa casa y que se infló a ganar títulos, como todo el mundo sabe? ¿El mismo que últimamente parece haberse situado por encima del bien y del mal, en un plano superior al del resto de los demás mortales? ¿El del discurso egocéntrico, victimista y un tanto mourinhizado de estos últimos tiempos, ese mismo que cuando le oyes o le lees casi parece que hubiera inventado él este juego? Es una idea, sí señor, recuperen a Messina (tampoco él se iba a dejar), no tienen más que ver (previa comparación de presupuestos) lo bien que le ha ido con CSKA. Rechace imitaciones.

Lo diré una vez más para que no queden dudas: no considero que Pablo Laso sea el mejor entrenador del mundo (ni falta que le hace, por otra parte), de hecho está lejos incluso de ser siquiera mi entrenador preferido, quede constancia de ello no vayan a pensar que como siempre le estoy defendiendo va a ser que somos cuñados o algo. No, no tengo ni tendré nunca el placer de conocerlo, pero ello no quita para que tome partido ante esa campaña de acoso y derribo a la que se le viene sometiendo desde que llegó a la casa blanca hace ya casi dos años. Por supuesto que cualquier entrenador por el mero hecho de serlo está siempre en el ojo del huracán, y por supuesto que si encima estás al frente de una institución como el Madrid pues entonces ya no digamos, a la que te descuidas te caen palos por todos lados. Pero te caen tras las derrotas, no necesariamente tras las victorias, aún menos antes de empezar a experimentar victorias ni derrotas. Laso jamás tuvo el beneficio de la duda, Laso aún no había dirigido su primer entrenamiento y ya le pitaban los oídos pidiendo su cese, de hecho empezaron a pitarle desde el mismo momento en que se anunció su nombramiento. Desde entonces cada derrota ha sido culpa de él y cada victoria ha sido a pesar de él, si éstos ya no son nadie, si tienen el peor equipo de su historia, ganarles no es que sea un éxito ni siquiera un logro sino que es una obligación para un equipo de la grandeza del Madrid, cuántas veces no habremos tenido que leer o escuchar cosas así incluso en referencia a su eterno rival. La grandeza, dichosa grandeza, esa cosa que lo explica todo, esa extraña vara de medir por la que esa sacrosanta institución sólo puede fichar a lo más laureado del planeta, medianías abstenerse. Fulanito no es jugador para el Madrid, Menganito no es entrenador para el Madrid por una mera cuestión de pedigrí, de no tener un currículum plagado de éxitos internacionales sin parangón o de no haber costado chorrocientos millones de euros. Ese es el criterio, y a partir de ahí todo técnico de relumbrón con ínfulas de semidiós será siempre el entrenador ideal para el Madrid por mucho que la cague, y a partir de ahí todo técnico de escaso bagaje y actitud humilde será siempre un advenedizo por muy bien que lo haga. A las pruebas me remito.

Tampoco quiero que se me malinterprete, tampoco creo que esa sea la opción mayoritaria ni mucho menos. Lo fue en un principio, no me cabe la menor duda, pero el propio Laso a fuerza de hacer bien las cosas ha invertido la tendencia de tal manera que en mi opinión (evidentemente no manejo estadísticas al respecto) hoy son ya muchos más aquellos que valoran su trabajo y su estilo de juego que aquellos que aún siguen pidiendo sistemáticamente su cabeza. Pero ese sector crítico aún por minoritario que sea sigue haciendo mucho ruido (mucho más que el resto, por supuesto), ese Frente Anti-Laso (en adelante FAL) no cejará en su empeño hasta conseguir finalmente su defenestración. El Madrid perdió la Final de la Euroliga ergo a partir de ahora ya no le quedará otra que centrarse en la Liga, una Liga que desde este mismo momento dejará de interpretarse como objetivo para pasar a convertirse en obligación. Si la gana nadie le dará la menor importancia, con ventaja de campo y con la superioridad mostrada a lo largo de toda la temporada regular pues qué menos, sólo faltaría. Pero si la pierde, ay si la pierde: si la pierde bien hará Laso en coger a su familia y marcharse de inmediato de vacaciones al último rincón de la última isla del último archipiélago perdido del Pacífico, a ser posible sin móvil y sin cobertura de Internet pero eso sí, bien provisto de bastoncillos de algodón para rascarse los oídos cuando éstos le empiecen de nuevo a pitar, es decir en cuanto el FAL (muy crecido de militantes para la ocasión) empiece de nuevo a (citaré a los clásicos) ladrar su rencor por las esquinas.

Laso, señalado unánimemente por el FAL (y allegados) como principal culpable (y quién si no) de la derrota ante Olympiacos, tendrá una significativa cuota de culpa, qué duda cabe. La tendrá como máximo responsable de un equipo que no supo administrar su imponente ventaja del primer cuarto, que encajó la friolera de 90 puntos en los tres siguientes, que no supo ver cuán bajo estaba el listón de los palos, que no fue capaz de aprovecharlo en su defensa del mismo modo que el rival lo aprovechó en la suya, que pecó de pardillo hasta la náusea. Laso tendrá una significativa cuota de culpa pero Laso no juega, sólo dirige. Si le apuntamos en el debe su dirección en la Final pues entonces también habríamos de apuntarle en el haber aquella magnífica reacción en el último cuarto de la semifinal, sus aciertos en la serie ante el Maccabi, tantas otras cosas. Hoy nos dicen que Laso está señalado por el dedo pero no sé entonces cómo deberían sentirse aquellos que no llegaron donde llegó Laso, teniendo en algún caso (sólo alguno) muchos más medios humanos y/o económicos para conseguirlo: Messina, Blatt, Mahmuti, Pedulakis, Pianigiani, pongamos que incluso Repesa, tantos otros (nótese que no incluyo a Pascual como tampoco incluyo a Tabak o Plaza, que bastante tuvieron, cada uno a su manera, con sortear las piedras que el destino fue poniéndoles en su camino). Hoy el Madrid es subcampeón de Europa y muchos hablan de fracaso; que lo será, no digo yo que no, dada la magna grandeza de una entidad en la que todo lo que no sea campeonar ya es fracasar; pero que si esto es fracaso explíquenme entonces cómo llamamos a lo de CSKA, Efes, Besiktas, Panathinaikos, Fenerbahçe, Maccabi, incluso Khimki. O más fácil todavía, comparen a este Madrid que aparentemente fracasó por perder la Final con aquel otro Madrid de hace un año que evidentemente fracasó por no alcanzar siquiera los cuartos de final. A corto plazo y al calor del momento puedo entender casi cualquier cosa, pero ¿es de recibo, aún por muy Real Madrid que seas, aún por muchas expectativas que generes, que el disgusto por ser Subcampeón de Europa sea superior al disgusto por caer en el Top16? Así está el patio.

Por primera vez en muchos años el Real Madrid (sección de baloncesto, of course) parece saber lo que quiere. Por primera vez en varios lustros el Madrid parece tener claro hacia dónde se dirige, por una vez todos sus integrantes parecen caminar unidos en una misma dirección. Una filosofía, un técnico ideal para desarrollarla, una idea de juego, unos jugadores adecuados a esa idea, un presupuesto que no será la octava maravilla del universo pero cuántos lo quisieran, un objetivo común. Lo que se llama un proyecto. Dicho así parece lo más normal del mundo, lo que haría cualquiera. Y sin embargo repase usted la trayectoria del Madrid desde que ganó la última Euroliga (dieciocho años ya, algunos que hoy se rasgan las vestiduras ni siquiera habían nacido por aquel entonces) y comprobará que si de algo ha carecido el Madrid durante todos estos años ha sido precisamente de ese concepto tan sencillo, proyecto. Cambiar de entrenador como quien cambia de camisa, Scariolo, Imbroda, Lamas, Maljkovic, Plaza, Messina, tantos otros que me dejo, cada uno de su padre y de su madre, cada uno con sus propias ideas y algunos ni siquiera eso, algunos limitándose a cubrir el expediente y dejándose llevar. Hoy por fin el Madrid tiene un proyecto, un proyecto evidentemente mejorable (sobre todo por la parte de dentro) pero es que de eso se trata, un proyecto no es jamás algo cerrado sino una base sobre la que ir construyendo y mejorando año tras año. Un proyecto que se podrá estrellar o no pero que por ahora les ha dado una Copa (2012) que no ganaba desde hacía casi veinte años y una Final de Euroliga que no jugaba desde hace dieciocho. Y aún así y todo no faltan los que quieren cargárselo, los que lo cambiarían gustosos por cualquier afamado técnico foráneo de rictus amargado y rancio pedigrí que llegara y lo pusiera todo del revés. Qué cosas.

Y además, que hay proyectos y proyectos. Hay madridistas futboleros que me me cuentan que les encanta sentarse a ver a este Madrid de Laso (aunque luego lo hagan de pascuas a ramos), no como aquel de Messina que era un coñazo, cito textualmente. Del mismo modo que hay baloncesteros que no son precisamente del Madrid pero a quienes les encanta ver jugar a este Madrid, y que hasta habrían dado lo que estuviera en su mano por verlo alzarse con el título euroliguero por todo lo que ello habría representado para nuestro deporte, créanme que lo digo con conocimiento de causa porque a alguno lo conozco francamente bien. Esta cualidad, trascender a aficionados al basket ajenos al Madrid y a aficionados al Madrid ajenos al basket, es un valor añadido en el que deberían perseverar ya que no están los tiempos precisamente como para desperdiciar seguidores vengan éstos de donde vengan. Perseveren pues, mantengan el modelo, defiendan la alegría y no permitan que les pongan la cabeza mala con el ejemplo de los Kings del 2000, con que si este estilo podrá ser muy entretenido pero no sirve para ganar títulos o con frases hechas como aquella de que el ataque gana partidos pero la defensa campeonatos, como si este Madrid no defendiera (pregúntenselo al Barça o al Maccabi a ver qué opinan), como si una buena defensa o un buen rebote no fueran casi siempre el primer paso para empezar a correr, como si divertido fuera lo contrario de serio y no lo contrario de aburrido. De hecho a poco que se fijen descubrirán que ese mismo Olympiacos que se les llevó por delante no está tan lejos de estas mismas premisas, defensa al límite y luego ataque alegre, desinhibido y con múltiples opciones, no se meten cien puntos en una final de Euroliga (¿cuántos años hacía que no pasaba algo así?), aún por muchas facilidades que dé el rival, si después de matarte defendiendo no tienes luego esa frescura a la hora de atacar. El resultado no fue tanto una cuestión de estilo como de madurez, la que tiene por ejemplo Spanoulis, la que aún no tienen unos exteriores blancos que habrán podido ser campeones con la selección pero sin ejercer jamás el rol de líderes en esa selección, ese rol que ahora se les pide en el Madrid. La inmadurez se cura con el tiempo (aunque algún caso concreto que parece haberse quedado instalado para siempre en la adolescencia empiece a preocuparme), denles tiempo y recuerden una vez más aquel viejo axioma según el cual para aprender a ganar finales hay que perderlas primero. Quizás esto sólo haya sido el primer paso.

cuota de pantalla   Leave a comment

Allá por el pasado verano, en plenos Juegos Olímpicos, fui un día a comer a casa de mi madre, nada de particular, es algo que suelo hacer con relativa frecuencia como todo hijo que se precie. En la sobremesa, mientras mi señora y su suegra conversaban amigablemente de esas cosas que hablan las señoras con las suegras, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, waterpolo, tiro con arco, lucha grecorromana, lo que haya… Pero me quedé con las ganas por la sencilla razón de que el televisor de mi madre no tenía sintonizado dicho canal. Al respecto conviene recordar que hace algunos años hubo que hacer una resintonización de la TDT (no sé si sólo en Madrid o en más sitios) porque había dos o tres diales (uno de ellos TDP) que cambiaban de frecuencia o dos o tres frecuencias que cambiaban de dial o como se diga, notarán que soy lego en la materia. En mi comunidad de propietarios nos la hicieron de serie pero en la de mi madre que son sólo ocho vecinos, octogenarios en su mayor parte, pues como que no parece que se generara una demanda que hiciera imprescindible esa modificación, no sé si me explico. Claro está que podría haber resintonizado yo el televisor aquella misma tarde pero mi madre habría entrado en pánico sólo de pensar en la posibilidad de que se le fuera alguno de sus canales preferidos, así que ante tamaña responsabilidad preferí dejarlo estar…

Pocos días después, todavía en plenos Juegos Olímpicos, me tocó ir a pasar la tarde al chalet de mis cuñados, experiencia inenarrable donde las haya pero qué quieren, uno es un mandado. En un momento dado, mientras mi cuñado se encontraba ausente atendiendo a sus múltiples actividades profesionales (un bar), mientras mi hijo se bañaba en la piscina con sus primas y mi señora hablaba con su hermana de cosas de hermanas, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, tiro con carabina, esgrima, halterofilia, lo que sea menester… Pero me volví a quedar con las ganas, por la sencilla razón de que el televisor de mis cuñados tampoco tenía sintonizado dicho canal. Mi cuñado es muy de ver deporte en televisión pero eso sí, a la manera española (como si dijéramos): primero fútbol, luego fútbol, después fútbol y finalmente (si no hay fútbol) quizás algo de motos o de Fórmula Uno siempre y cuando esté Alonso, que si no pa qué. Teledeporte ni sabe que existe o quizás alguna vez sí lo supo pero ahora ya no lo recuerda, total ahí sólo dan deportes de esos raros que no tienen motor ni se juegan con los pies. La prueba es que en todos estos años no parece haber sentido ni por un momento la necesidad de resintonizar su televisor.

Obviamente mi madre y mi cuñado no son una muestra significativa de la población, son apenas dos casos aislados, estoy convencido de que en este país y en esta ciudad casi todos los televisores tienen correctamente sintonizados casi todos los canales de la tedeté. El tema no es que haya mucha gente que no tenga Teledeporte, sino que hay muchísima gente que ni se enteraría si de buenas a primeras les desapareciera Teledeporte. El común de los mortales o bien va a tiro hecho o bien se limita a zapear por entre los canales de toda la vida, esos que en casi todos los televisores ocupan los diales del 1 al 6, acaso también el 7 y/o el 8 si aún te queda una televisión autonómica decente. Luego ya los más iniciados es posible que pasen también por Neox, Nova o Energy, los más futboleros mirarán MarcaTV y los más (evitaré adjetivos para no herir susceptibilidades) es posible que viajen aún lejos si cabe, 13TV o Intereconomía que de todo hay en la viña del señor. Y luego ya, un poquito más allá de éstos y un poquito más acá de la Teletienda (pero no mucho), más o menos al lado del Canal 24 horas finalmente encontraremos a Teledeporte (de hecho ellos deben ser plenamente conscientes de que ocupan las profundidades abisales del dial, ya que en los últimos tiempos andan montando una especie de debates un tanto basurísticos al más puro estilo puntopelotero; con nulos resultados, me temo). Y no venga usted ahora a decirme que en su casa no es así, ya sé bien que en su casa no es así al igual que tampoco es en la mía, si está usted leyendo esto ya presupongo que será porque es aficionado al deporte en general y al baloncesto en particular (o porque ha llegado aquí por pura casualidad y aún no tiene muy claro de qué va este blog), razón por la cual tendrá incluido a Teledeporte en su menú televisivo. Pero usted y yo tampoco somos una muestra representativa de la población, desgraciadamente. El común de los mortales tiene sus necesidades deportivas más que cubiertas con los deportes mayoritarios que ofrecen los canales mayoritarios, entre otras cosas porque si en alguna ocasión Nadal (o cualquier otro deportista/equipo español) puede ganar algo ya se encargará TVE de llevárselo perdiendo el culo a La 1 para aprovechar la tajada de audiencia que pueda proporcionar. O dicho de otra manera: el aficionado medio sabe que en Teledeporte sólo dan cosas minoritarias, y sabe que si en alguna rara ocasión dejaran de ser minoritarias se las sacarían de allí para servírselas en bandeja donde las pueda mirar. Ergo ¿para qué sintonizar Teledeporte?

Quizá ya haya deducido (o quizá no, y lleve usted un buen rato preguntándose de qué va este rollo) que viene todo esto a cuento de lo acaecido este pasado fin de semana con ocasión de la Final Four. Televisión Española incumplió drásticamente la regla de oro que acabo de exponer en el párrafo anterior, TVE dio la semifinal por su primera cadena y luego la Final por Teledeporte, y ello a pesar de que dicha Final la disputaba el equipo más televisado, más seguido, más amado/odiado y con más adeptos de todo el territorio nacional. ¿Todo un Real Madrid podía proclamarse campeón de Europa y sin embargo no se atrevían a darlo por TVE1, cómo era ello posible? Pues porque hay palabras mágicas, alma de dios, mire que se lo decía yo aquí mismo hace dos o tres semanas. Diga usted abracadabra pata de cabra y no pasará nada, pero lo que se dice nada, pero nada de nada; ahora bien, diga usted Madrid-Barça y el universo entero conspirará para que empiecen a suceder ante nuestros ojos los hechos más asombrosos jamás contados. Si ambos equipos hubiesen ido por distinto lado del cuadro las dos semis se habrían visto en Teledeporte, si ambos hubiesen perdido no les quepa la menor duda de que el tercer y cuarto puesto habría ido por TVE1 y luego la Final por Teledeporte, es así. No importa el Madrid, no importa el Barça, importa el Madrid-Barça como si ambos conceptos sólo tuviesen razón de ser por la existencia del otro, como el haz y el envés, como el ying y el yang, como el día y la noche, como las dos Coreas. Acaso no haya nada que vertebre (y al mismo tiempo divida) tanto este país como un Madrid-Barça, acaso no haya mayor obstáculo para el famoso proceso soberanista de Cataluña que la posible desaparición de esa rivalidad. Necesitan seguir juntos para poder seguir odiándose.

Retomo el tema. Conste que no suelo ser de los que acuden puntualmente cada lunes a mirar las audiencias (más que nada para no llevarme disgustos) pero reconozco que esta vez no pude evitar que me saltaran a la vista mientras ojeaba un periódico en el bar del desayuno. Si no vi mal (que también es posible) resulta que la semifinal Barça-Madrid dio un millón ochocientos y pico mil espectadores con un 12 por ciento de cuota de pantalla, y que la final Olympiacos-Madrid dio como cienmil más, un millón novecientos y pico mil con un 10 por ciento de share (ya sé que el share y la cuota de pantalla son lo mismo, uso ambos términos para no repetirme). Supongo que la explicación de que la semi tuviera menos espectadores y más share, y en cambio la Final más espectadores y menos share, es bien sencilla hasta para un profano en la materia como yo: los viernes se sale más y hay menos gente ante el televisor, mientras que los domingos a esa hora ya está casi todo dios en su casa. Y supongo que ésa es también la razón de que Televisión Española no tuviera ningún problema en sacrificar su programación del viernes y en cambio no alterara en lo más mínimo su sacrosanta programación del domingo. Y supongo también que en el pecado pudieron llevar la penitencia…

A ver si me explico: diría yo que a la hora de sentarse a ver la tele básicamente (y simplificándolo mucho) existen dos tipos de espectadores, aquellos que tienen claro lo que quieren ver y aquellos que la encienden por pura rutina y van dando vueltas hasta que encuentran algo que (más o menos) les guste. La audiencia de TVE1 bebe de ambas fuentes, están los que van ex profeso a ver el Cuéntame y los que tras zapear se quedan con el Cuéntame porque no encuentran otra cosa que les convenza más. La audiencia de TDP en cambio sólo bebe de la primera fuente, los ex profeso, ya que como decíamos no suele ser un canal de paso al que la gente se pueda enganchar. O dicho de otra manera: el Madrid-Barça del viernes bebió básicamente de aquellos espectadores que querían ver el Madrid-Barça del viernes, pero bebió también de aquellos que pasaban por allí (quizá buscando el Telediario, o quizá sin pensar siquiera en lo que hacían) y de repente exclamaron anda leche, si hay un Madrid-Barça, qué bien, quién me lo iba a decir, me pondré a verlo. Por el contrario el Madrid-Olympiacos del domingo bebió sólo de aquellos que fueron expresamente a buscarlo, dado que casi nadie pasa por allí. ¿Y con todo y con eso la Final la vio más gente que la semifinal, aunque la cuota de pantalla fuera (sólo ligeramente) menor? ¿Qué habría pasado entonces si la Final hubiese ido por TVE1? Pues que además de esos casi dos millones de espectadores fijos bien podrían haber tenido además otro buen puñado de eventuales. Y todo ello tampoco tendría por qué haber supuesto un trauma para TVE1 en términos de programación ya que siempre podrían haber hecho lo que hicieron el viernes: mantener el previo en TDP mientras en La1 estaba Tom Cruise y su Tapadera, dar el partido en La1 (aprovechando el descanso para ofrecer un Telediario en versión corta) y nada más acabar llevarse otra vez el postpartido a TDP (entrega de trofeos incluida, tanto más habiendo perdido el Madrid) y en La1 meter raudos y veloces su dichosa película de la semana. Y ésta apenas habría empezado veinte o treinta minutos más tarde de lo que suele hacerlo cualquier otro domingo, y no creo que ello les hubiera supuesto una gran pérdida (acaso ninguna) en términos de share, y hasta habrían podido enganchar para el cine a una buena parte de la audiencia del basket que (acaso desengañada por el resultado) dijera pues bueno, pues ya que estamos aquí vamos a quedarnos a ver qué tal está esta peli… (Y todo ello por supuesto sin entrar en otras consideraciones relativas al servicio público o al interés general, conceptos éstos que estuvieron muy presentes en nuestras vidas hasta hace algunos años pero que hoy han quedado totalmente arrinconados por el peso de los acontecimientos; si ya nadie se acuerda del interés público en aspectos de la vida que son mucho más trascendentes que éste, como para esperar que alguien se acuerde también aquí…)

A lo largo de estos párrafos he intentado demostrar (de forma bastante reiterativa, me temo) que no es lo mismo TVE1 que Teledeporte, que no cuenta con las mismas posibilidades cualquier evento deportivo en función de que se emita en uno u otro canal. Pero con todo y con eso es posible que usted siga pensando que ambos están a tan solo un click de distancia, o que tan decisivo no será que el baloncesto vaya en La1 si luego la ACB de los domingos saca las audiencias que saca (aunque nada tenga que ver una cosa con otra, los pocos que se sientan a ver la tele un domingo por la mañana por lo general van buscando algo muy concreto, en cambio muchos de quienes se sientan en prime time lo hacen dispuestos a tragarse lo que les echen). Pues vale, pues para usted la perra gorda (frase que solía utilizar mi abuela para darme la razón sin que la tuviera, a fin de que me callara de una vez), acepto barco como animal acuático y pulpo como animal de compañía, lo que usted quiera… pero aunque todo eso fuera cierto permítanme al menos que me queje del detalle. Le pondré un ejemplo: ¿imagina usted que un viernes a mediodía TVE1 ofreciera una hipotética semifinal de Roland Garros Nadal-Ferrer, y que en cambio la hipotética final Nadal-Djokovic la dieran luego el domingo por Teledeporte alegando que no quieren perder cuota de pantalla de su peliculita ñoña de sobremesa, o que al no ser la final un derby entre españoles ya tendrá menos tirón? ¿A que no? ¿A que no puede ni tan siquiera imaginarlo? Claro está que la combinación de palabras Nadal-Ferrer no es mágica como Madrid-Barça, o acaso la palabra Nadal por sí misma sí lo sea sin necesidad de añadirle ninguna otra, sin conservantes ni colorantes ni edulcorantes ni acidulantes ni aditivos de ninguna clase, Nadal podría jugar un partido de exhibición contra mí mismo (y créanme que sería lo más ridículo jamás visto en la historia de la humanidad) y pueden estar seguros de que TVE movería cielo y tierra para darlo por La1, la magia es lo que tiene. Madrid y Barça juntas son palabras mágicas, Madrid y Barça por separado (no siendo fútbol) son palabras inocuas, este mismo domingo pudimos comprobarlo. Y todo esto pasó con todo un Real Madrid, alucina vecina, el día que llegue a la final (por ejemplo) Unicaja ya no quiero ni pensarlo…

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