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LO QUE QUEDA DE LA COPA   2 comments

Aquellos que tengan la insana costumbre de leerme desde hace años sabrán ya que no acostumbro a comprar ese viejo discurso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esto es como decía aquel manido proverbio (topicazo al canto), si lloras porque no puedes ver el sol tus lágrimas no te dejarán ver las estrellas, si te pasas la vida echando de menos el ayer no disfrutarás el hoy, disfruta el hoy para que puedas echarlo de menos mañana. Crecí rodeado de padres, abuelos y tíos que no hablaban jamás de baloncesto pero sí de fútbol y créanme que en aquellos tiempos no había conversación sobre el dichoso deporte-rey que no acabara con el típico esto ya no es lo que era, tú que sabrás si no has visto jugar a Di Stéfano, Puskas, Kubala, aquello sí que era fútbol de verdad, que el niño que era yo acababa incluso lamentándose de no haber nacido diez o quince años antes para no habérselo perdido. Y en lo tocante al baloncesto pues qué les voy a contar que no sepan ya, a aquellos que lloraron en los noventa por no poder ver ya a Magic o Bird sus lágrimas no les permitieron ver al mejor Jordan, aquellos que echaron de menos a Jordan no supieron disfrutar de Kobe o Iverson, aquellos que aún hoy siguen echando de menos a todos los anteriores se están perdiendo a Durant o LeBron. Cada tiempo tiene su momento, la nostalgia bien entendida resulta lícita y hasta saludable siempre y cuando no te ciegue, siempre y cuando no te impida ver lo que sucede a tu alrededor. Cualquier tiempo pasado fue… anterior. Punto.

Y sin embargo yo tampoco puedo evitar a veces esa misma sensación (aunque me la prohíba a mí mismo), yo tampoco puedo evitar sentarme cada año a ver la Copa, nuestra Copa, y pensar que (esta vez sí) cualquier tiempo pasado fue mejor. Hoy nos siguen vendiendo la Copa como si aún siguiera siendo el bazar de las sorpresas, como si aún estuviéramos en aquellos años ochenta y noventa en los que el pez chico no sólo podía comerse al grande sino que incluso a veces se lo comía. En lo que llevamos de siglo las sorpresas (verdaderas sorpresas me refiero, no cuenten a Baskonia o Unicaja cuando aún podían competir de igual a igual con Madrid o Barça) podrían contarse con los dedos de una mano y aún nos sobrarían cuatro dedos, acaso la última fuera la del Joventut ganando en el Buesa en 2008, sorpresa además muy relativa porque aquella maravillosa Penya de Aíto y los erre que erre (Rudy & Ricky) jugaba como los ángeles y no le temblaba el pulso a la hora de codearse con los grandes. Aquello del bazar de las sorpresas ya es sólo una reliquia del pasado, un hermoso recuerdo, aquellos sueños hechos (casi) realidad en Cáceres, Manresa, CAI o Estu. Nostalgia de un pasado que ya nunca más ha de volver, que decía la copla. Año tras año seguirán vendiéndonos (y harán bien) que la magia de esta competición estriba en que a un solo partido cualquier cosa puede pasar, y ello aunque la triste realidad se empeñe en demostrarnos que en estos últimos tiempos no ha habido torneo más previsible en nuestras vidas que la Copa del Rey.

Nos venden las sorpresas y nos venden la emoción, también. Cuatro días de adrenalina rezaba pomposamente el cartelón de este año, pero una vez vista la competición no me quedó claro si el que lo redactó se refería a la emoción del juego o al consumo de sustancias estupefacientes ajenas al mismo. Adrenalina lo que se dice adrenalina sólo la hubo en tres partidos, y ello siendo muy generoso y metiendo también en el ajo al Unicaja-CAI aunque su final fuera más bien una sucesión de tiros libres. El resto (hasta un total de siete) estuvieron ya resueltos en el segundo cuarto, alguno incluso en el primero como aquel insospechado Barça-Valencia por más que luego el entusiasmo valencianista maquillara las sensaciones y/o el marcador. Nada que deba sorprendernos, al fin y al cabo es el signo de los tiempos (lo habré escrito ya quinientas veces pero lo escribiré una más por si alguien me leyera por primera vez), los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, la clase alta cada vez más alta, la media-alta cada vez menos alta y más media, la clase media cada vez más baja y la baja en peligro de extinción por pura inanición. La vida misma, y el baloncesto forma parte de ella nos guste o no. A un lado Madrid y Barça y su desparrame futbolístico-televisivo, al otro todos los demás: los que andan mendigando un patrocinador aunque éste ya no deje ni la cuarta parte de lo que antes se dejaba, los que ya no huelen un céntimo del maná público (ni falta que hace, que éste está para otras cosas), los que ya ni recuerdan aquellas vacas gordas de los derechos de televisión. Puede que todas aquellas sorpresas de otro tiempo fueran consecuencia de vivir muy por encima de sus posibilidades, pero es que hoy ya no nos quedan ni posibilidades siquiera. Ni encima ni debajo.

sabadoClaro que está muy bien vender sorpresas y emociones y la biblia en verso, está muy bien venderlas pero aún estaría mejor si las lucieras en un escaparate desde el que la gente las pudiera comprar. Es bien sabido que en materia televisiva autonómica siempre hubo aficionados de primera y aficionados de segunda, esto es así desde que las públicas se reparten el (amargo) pastel baloncestero pero con un ligero matiz, que es que hubo un tiempo en que la proporción primera/segunda fue más/menos 80/20 y hoy debe ser más/menos 20/80, que parece lo mismo pero es exactamente al revés. Obviamente no tengo datos que permitan corroborarlo pero parece evidente que cada vez somos más los que viajamos en el furgón de cola sobre todo desde que tres Comunidades tan pobladas como Madrid, Andalucía y Valencia se bajaron del barco (bien porque ya no tienen Autonómica o bien porque aún la tienen pero es casi como si no la tuvieran). Todo lo cual no representaría un problema si (como solía suceder antaño) las espaldas de las Autonómicas (por decirlo así) las cubriera Teledeporte, pero no fue el caso.domingo Arseni Cañada anunció pomposamente durante sus partidos de jueves, viernes y sábado que la otra eliminatoria del día podría verse luego en diferido en Teledeporte, quizá fuera así en los cuartos de final pero en lo que respecta a la semifinal autonómica Barça-Valencia ya les digo yo que no, de hecho a estas alturas aún la estamos esperando. A lo largo de la madrugada del sábado al domingo Teledeporte reservó dos ventanas para la Copa, a la 1:55 y a las 6:35, acaso las dos únicas rendijas que pudo abrir en su cobertura full time de los Juegos de Sochi. Parecía lógico que la primera fuera la destinada para ofrecer el Barça-Valencia (anunciado a bombo y platillo por el propio Arseni, recuerden) pero aguanté despierto hasta esa hora y cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré con la redifusión del Madrid-CAI. Bueno, pues si no es ahora será a las 6:35, pensé con mi natural ingenuidad. Programé la grabación, me fui a la cama y cuando a la mañana me abalancé sobre el iPlus con la sana intención de ver por fin el partido ¿qué dirán ustedes que me encontré? Efectivamente, la rerrerrerredifusión del Madrid-CAI, no fuera a ser que a esa hora quedase todavía un solo mortal sin verlo. Del Barça-Valencia nunca más se supo, quizás ello explicaría la foto aquella que hizo furor pocas horas después en las redes sociales en la que se apreciaba la relajación de alguno de los miembros del equipo, mucho más pendiente del fútbol televisado que del baloncesto in situ. Quizás no lo narraran porque no se iba a dar o quizás no se diera porque no lo narraron, vaya usted a saber.

Claro está, siempre nos quedará Orange Arena. ¿Qué les cuento yo de mi querida Potato Arena o Castaña Arena o Truño Arena o Quéséyoqué Arena que no les haya contado ya? Ya saben, una maravillosa web que es la pura antítesis de la usabilidad y la intuitividad, que te obliga a conectarte cada vez, a sacarte una entrada virtual y a pasar por no menos de seis pantallas distintas cada vez que entras, total para que cuando por fin llegas al contenido solicitado no puedas verlo porque ahora resulta que tu navagador sólo es compatible con la aplicación en los días pares que sean múltiplo de tres y siempre y cuando la luna esté en cuarto menguante (¿o era creciente?), eso con suerte. Eso para la temporada regular, para la Copa era todo un reto conseguir empeorarlo pero quedó bien claro que a estos señores no hay reto que se les resista. Con los directos la empezaron cagando pero hacia la mitad del Unicaja-CAI consiguieron por fin que dejáramos de quejarnos, pero con los diferidos… Había que buscarlos en las profundidades de la web, había que pinchar en el +info de la entrada virtual, había que volverse loco hasta que aparecían, total para descubrir cuando al fin los encontrabas que aún no estaba puesto el que esperabas ver. Busqué inútilmente el Barça-Valencia en la madrugada del sábado y volví a buscarlo inútilmente en la mañana del domingo, no logré encontrarlo (de hecho las dos semifinales no estuvieron colgadas hasta el mediodía, casi veinte horas después de haberse jugado) pero a cambio sí me di de bruces con el cartelito que anunciaba como próximo directo el Barcelona-Real Madrid. Es decir, de una tacada había matado dos pájaros de un tiro (o más bien los dos pájaros me habían pegado el tiro a mí): no había conseguido ver el partido pero sí había conseguido enterarme del resultado antes de ver el partido. Ni que decir tiene que les estaré infinitamente agradecido.

Llull-Madrid-CampeonCopa

¿Qué más nos quedará de esta Copa, aparte de todo lo anterior? De esta Copa quedarán dos partidazos, quedará una canasta sobre la bocina de esas que se recuerdan toda la vida, quedará una final tremenda, tremenda en su grandeza y en sus imperfecciones, de hecho acaso sean precisamente las imperfecciones (dado que la perfección no existe) las que hacen verdaderamente grande a este juego.

Quedará un campeón que parece que pase un examen cada vez que juega una final; como si el juego rácano y especulativo no necesitara demostrar nada porque ya hubiera probado sobradamente su eficacia y en cambio el juego rápido y vistoso hubiera de demostrar una y otra vez que además también sirve para ganar títulos. Laso lleva ya dos copas y una liga, podrá ganar en unos meses su segunda liga pero como no gane además la Euroliga le lloverán palos por doquier, le volverán a cuestionar el modelo y hasta sus cualidades como entrenador, al tiempo.

Quedará también (y ojo con esto) la peligrosa autocomplacencia del campeón, repitiendo algunos a todo aquel que quiera oírlo que hicieron un partidazo (que nadie lo niega) pero acaso olvidando que el partido no se jugó a su manera sino a la del rival, que a poco más de un minuto ganaban de 7 y a poco más de un segundo perdían de 1, que si no es por la iluminación de Llull ahora hablaríamos de otra cosa muy distinta, que si no es por la ofuscación del Barça en los tiros libres sabe dios de qué estaríamos hablando ahora. Esa autocomplacencia en las victorias (al menos de puertas afuera) puede ser su peor enemigo para lo que queda de temporada; mucho peor enemigo que Barça, CSKA, Olympiacos, Fenerbahçe o cualesquiera otros que queramos imaginar.

Quedará la definitiva consagración de Mirotic (ello en el supuesto de que no estuviera consagrado ya más que de sobra), la mayoría de edad de Abrines (aunque a alguno todavía le cueste hacerse a la idea), la puesta de largo (nunca mejor dicho) de Edy Tavares; en realidad Tavares no hizo más que lo que ya viene haciendo semana tras semana en el CID y demás canchas ACB, pero esto es lo que tiene el escaparate de la Copa (y no digamos ya si la juegas contra el Madrid): para medio mundo fue como si lo hiciera por primera vez… quizás porque ese mismo medio mundo le vio jugar el jueves por primera vez.

Quedarán unos fallos organizativos impropios de una competición de tan alta alcurnia y prosapia (sea eso lo que sea): quedará un reloj de posesión que se paraba o iba por libre cada dos por tres, como si la organización esperara la visita de algún miembro (imputado o no) de la familia del señor que da nombre al trofeo y hubiese vuelto a instalar inhibidores de frecuencia, a la manera de aquella infausta fase final del Eurobasket 2007; quedarán unas redes que si el tiro entraba flojo no dejaban caer la bola, que en casi medio siglo de baloncesto no recuerdo haber visto jamás nada semejante, como quedará también la fantasmagoría de alguno que creyó ver en ello un siniestro complot (el futbolerismo migrado por un día al baloncesto es lo que tiene), que a ver cómo le vas a pedir luego que sepa perder cuando llegado el momento ni siquiera sabe ganar.

aro

Quedará una realización televisiva infame, impropia no ya de ésta sino de cualquier otra competición sobre la faz de la tierra: baste decir que Televisión Española incorporó para la ocasión unas novedosas camaritas instaladas justo encima de las canastas, que habrían sido perfectas para ofrecer repeticiones (que es bien sabido que las repeticiones compulsivas son marca de la casa, tanto más cuanto menos permitan ver el juego) si no fuera porque el realizador ya que las tenía decidió jugar con ellas y utilizarlas una y otra vez para el directo (incluso en algún ataque especialmente decisivo de algún partido especialmente decisivo), y no dejándolas quietas sino abriendo y cerrando el plano compulsivamente en plan zoom cual Lazarov en los setenta, de tal manera que al final de cada jugada acababas viendo aro, sólo aro, la pantalla entera llena de aro, un enorme aro en primer plano que rebosaba incluso los contornos del televisor. Por favor, que le den un válium la próxima vez o aún mejor, que le manden a realizar las carreras de caballos, la gala de los Goya o la de Murcia qué hermosa eres, que seguro que allí sus innovaciones estilísticas podrán ser especialmente valoradas por un público afín.

Y quedará en resumidas cuentas (acabo como empecé, vuelta la burra al trigo) esa misma sensación que ya venimos experimentando año tras año de que esto ya no es lo que era, de que esta ya no es mi Copa que me la han cambiao. O no quién sabe, o acaso la Copa siga siendo la misma y el problema esté en que ya no sepa yo apreciarla, acaso la tuviera demasiado idealizada, acaso sea yo el que ya no soy lo que fui. Va a ser eso.

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Hoy me van a permitir que les cuente mi vida. No toda, no se me asusten, tan solo una nimia e insignificante parte de la misma: mi vida con Orange Arena, concretamente. Y ni siquiera me remontaré a mi desesperación de hace dos, tres o cuatro años (¿recuerdan aquella promoción, en tus manos el destino de poder cambiar la historia, porque la verdadera victoria es no perderte ni un partido?), ni siquiera me remontaré a aquel insoportable bucle que a veces sucedía en la pasada temporada (pinchas en ver, te pide que saques entrada, sacas tu entrada, pinchas en ver, te pide que saques entrada, sacas tu entrada, pinchas en ver, te pide que…); es más, ni siquiera me remontaré al caos del partido exclusivo OA en la primera jornada de este año, ni siquiera me remontaré a lo sucedido hace apenas una semana cuando tuvimos que sacrificar el primer cuarto y mitad y andar a saltos en todo lo demás porque al parecer éramos demasiados e hicimos petar la instalación, hay que ver cómo somos, qué desfachatez la nuestra, pretender ver baloncesto todos a la vez porque da la casualidad de que hay cinco partidos (a cual mejor) jugándose todos a la vez. No, no me remontaré a nada de eso (aunque ya lo esté haciendo), no me hace falta: con contarles mi experiencia de este pasado fin de semana será más que suficiente.

bilbao-granca

Este pasado fin de semana no estuve en casa. Aprovechando el minipuente de Todos los Santos (o de Jálogüin, que decimos ahora) me escapé a oxigenarme un poco por la costa cántabra, que buena falta me hacía. Lo cual, en lo tocante a esta historia que les cuento, tiene dos consecuencias fundamentales: 1) que en tales circunstancias no puedo ver partidos en directo porque casi siempre me pillan caminando por la playa, o recorriendo algún monte cercano, o dando buena cuenta de una ración de rabas en cualquier lugar selecto (terrible sacrificio el mío, sí); y 2) que mi conexión a Internet no es que sea mala pero tampoco es para tirar cohetes, nada que ver con la que habitualmente disfruto en casa: puede que alguna vez se me pare algún directo y puede que algún vídeo se me descargue más despacio que de costumbre, pero por lo general me permite salir del paso. Dicho lo cual…

Noche del sábado 2 de noviembre: mi señora y mi hijo eligen quedarse ante el televisor contemplando las correrías de un sexagenario Indiana Jones en pos de la calavera de cristal, yo en cambio opto por escaparme a otro rincón con mi portátil con la ¿sana? intención de ver el Estudiantes-UCAM Murcia. Accedo a Orange Arena, compruebo que ahí está mi entrada previamente reservada para la ocasión, voy a los diferidos, pincho en el Estu-Murcia y de inmediato la pantalla me muestra un pabellón que no parece Palacio sino Fonteta, de cuyo techo cuelga además (para que no haya dudas) una enorme escarapela naranja en la que se lee Cultura del Esfuerzo. Habré pinchado mal, tonto estoy. Salgo y vuelvo a pinchar, vuelve a aparecer la Fonteta ergo no debo ser yo (o no sólo yo) el que está tonto. Siguiente reflexión por mi parte, si pinchando el Estu-Murcia aparece el Valencia-Valladolid, igual pinchando el Valencia-Valladolid aparece el Estu-Murcia… Pues tampoco. Pinchando el Valencia-Valladolid aparece el Valencia-Valladolid, parece lógico. Nuevo intento en el Estu-Murcia (ya van tres), más Fonteta… pero esta vez decido esperar a ver qué pasa. Pasa que tras diez minutos de ver a valencianos y pucelanos calentando la imagen pega un brinco y nos muestra por fin a estudiantiles y murcianos calentando, la cosa marcha por fin, si ya además consiguen que la narración de OA deje de solaparse con la de Popular TV Murcia puede que hasta consigamos ver el partido en condiciones. Dicho y hecho, por fin todo va bien (todo excepto el Estu, pero esa es otra historia), qué más podría pasar… Pues que a falta de 3:44 para el final del tercer cuarto, 33-50 en el marcador, el vídeo se pare definitivamente. Yo en mi tierna ingenuidad pienso que la culpa es de mi conexión, que bastará con dejar pasar unos minutos, dar tiempo a que se recargue… Pues tampoco. Pincho adelante y atrás, atrás me deja ir a donde yo quiera pero adelante no hay manera, haga lo que haga el vídeo se para siempre exactamente en ese mismo punto. Mi hijo (con la sabiduría tecnológica que le caracteriza) me sugiere que recargue la página, de entrada me resisto porque pienso que me tocará otra vez empezar a ver el partido desde el principio, finalmente lo hago… y aquello se muere definitivamente. Toda la pantalla en blanco, con un minúsculo letrero de Orange Arena en su parte central. Habría petado, o estaría en tareas de mantenimiento (lo que para el caso viene a ser lo mismo). Ya son casi las dos de la madrugada, vámonos a la cama, mañana será otro día…

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Domingo 3 de noviembre: inasequible al desaliento, decido intentar ver el final del Estu-Murcia mientras desayuno. La buena noticia es que se ve (ya incluso sin la introducción del Valencia-Valladolid), la mala es que me obliga a empezar de nuevo desde el principio, la peor es que a los pocos minutos se para definitivamente, esta vez ni siquiera pasa del primer cuarto. Lo dejo por imposible, me paso al Cajasol-Baskonia, de entrada me aguanta un poco más pero no tardará en llegar el momento en que también se cuelgue sin remedio. ¿Será mi conexión? Curiosamente esa misma conexión sí me permite irme a una web de descargas, bajarme el partido sin problema alguno y acabar de ver por fin la paliza de los de Aíto a los de Scariolo desde donde la había dejado, sin más contratiempos que el tener que alargar la hora del desayuno hasta mucho más allá de lo razonable. Será que mi conexión se ha vuelto muy selectiva y funciona bien para unas cosas pero mal para otras, o será quizá que Orange Arena se ha vuelto extremadamente sensible… En fin, por ahora se me ha acabado el baloncesto, los directos ni catarlos pero seguro que esta noche ya de vuelta en casa y con mi router wifi a tope me podré desquitar cumplidamente, eso pensaba yo entonces con mi natural ingenuidad…

toma2Once y pico de la noche, ya de vuelta en casa, ya todos los deberes domésticos hechos, ya de nuevo ante el ordenador. Acudo raudo y veloz a Orange Arena, ahí en la parte inferior de la pantalla están relacionados todos los diferidos sólo esperando a que yo los vea, ese Madrid-Bilbao, ese apetecible derby canario, ese Fuenla-Obra, incluso ese Estu-Murcia que seguro que ahora ya se cargará rápidamente y podré acabar de verlo sin problema, no tengo más que pinchar en uno cualquiera de ellos y empezar por fin a disfrutar… 

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Está bien, no tan deprisa, primero tengo que loguearme (terrible verbo), esto es así, una y otra vez te obligan a acceder sin que te guarden el acceso de una vez para otra (o será que soy muy torpe y no lo hago bien), mero trámite tan simple como engorroso. Dejo que la función de autocompletar me escriba la dirección de correo electrónico, tecleo mi password, pongo especial cuidado en no pinchar (por una vez) en la gigantesca casilla regístrate ya sino en la minúscula acceder (¿seré yo el único que se confunde de casilla cada dos por tres?), parece que acierto, accedo…

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Ya he accedido, ya Orange Arena me abruma con una sucesión de ofertas, alguna de ellas tan inquietante como ésta que pueden ver en la parte superior. Por desgracia no estoy ya a esas horas ni para penetraziones ni para sorpressas (y aún menos en Becerril de la Sierra), ya llegados a este punto lo único que pido es poder ver tal vez algún baloncesto antes de acostarme. Pero mi entrada (la que yo reservé puntualmente en Orange Arena para la ocasión) ha desaparecido, supuestamente ahora ya no tengo entrada reservada (¿por qué?), en cualquier caso no me asusto, para los diferidos no siempre se necesitó entrada, puede que ese sea el caso, seguro que si pincho en baloncesto ahí estarán todos los partidos esperándome…

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Y una leche. Si pincho en baloncesto me aparece una sucesión de recuadros con pelotas, para qué te lo vamos a poner fácil si es mucho más divertido que tengas que posicionarte encima de cada uno de ellos con el cursor para así averiguar de qué partido se trata. Voy de uno a otro, muevo el cursor de arriba a abajo, lo muevo de derecha a izquierda pero da igual, todo da lo mismo, todo lo que allí aparece es de la Jornada 3, lo más reciente es aquel Baskonia-Estu del domingo 27 de octubre por la tarde, de ahí para atrás todo lo que usted quiera, de ahí en adelante nada, pero nada en absoluto. ¿Pero cómo es posible, pero si en la home de la web (o como coño se llame) estaban todos los partidos de la jornada ahí relacionados, por qué aquí no? Vuelvo al inicio, ahí siguen estando… pero ahí ya no estoy yo, porque al volver a la página inicial me hace logout (o como coño se diga), me obliga a volver a loguearme, me logueo y vuelven a desaparecer, y en la pestaña de baloncesto vuelven a estar sólo los de la jornada anterior… ¿Me estaré volviendo loco (aún más si cabe)?

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Y además, yo tenía entrada. No siempre fue necesaria la entrada para los diferidos, pero es que resulta que yo SÍ la tenía. Y por si acaso pincho en ver tus entradas y ahí está, junto con las anteriores, justo debajo del rótulo de eventos ya disfrutados. ¿eventos ya disfrutados, dice usted? (Omitiré los calificativos que pasaron por mi mente justo en ese instante, dado el respeto que me merecen las madres de los responsables de la aplicación). Qué cachondo, eventos ya disfrutados dice… Es casi la una de la mañana, faltan menos de seis horas para que me suene el despertador, ha sido un día largo y duro (cinco horas y pico de volante incluidas), estoy cansado, está claro que ha llegado el momento de rendirme. Podría hacerlo citando a los clásicos (¡¡¡¡¡A la mieeerrrda!!!!!), pero ya no me quedan fuerzas, ni para eso siquiera…

Sé que lo mío no fue nada, sé que en directo hubo casos peores, no hace falta que me lo digan. Sé que el Madrid-Bilbao provocó un trasvase masivo de aficionados desde OA a la web de ETB, que entre no-ver el partido en tu idioma o tener que verlo en otro idioma está claro que optaron por la segunda opción. Sé que quienes perseveraron con OA acabaron viéndolo a trozos, como sé también que no siempre es así, que no tendría por qué ser necesariamente así, que incluso hay veces (raras veces) en las que funciona relativamente bien. Yo mismo volví a probar en la tarde del lunes 4 de noviembre y ahí estaban ya los diferidos de la jornada a mi entera disposición, y además esta vez era verdad que estaban a mi disposición (y sin necesidad de entrada de ninguna clase, oigan), que hasta pude ver con sólo día y medio de retraso el Madrid-Bilbao, el final del Barça-GBC, el Granca-Canarias… A buenas horas mangas verdes.

que es oa

No entiendo a la ACB (responsable última, por acción o por omisión), no entiendo que magníficos profesionales como Óscar Cuesta, Gerard Solé, Matías Castañón, Mario Gómez, tantos otros narradores o técnicos tengan que ver semana tras semana cómo buena parte de su trabajo se pierde sistemáticamente en el limbo. No entiendo a la ACB, pero aún menos entiendo a Orange. De verdad se lo digo, si no fuera de Orange (que no lo soy) pero estuviera pensando en cambiarme a Orange (que no lo estoy) les aseguro que me lo pensaría dos (y más) veces a la vista de cómo funciona su cacareada aplicación, esa que lleva su nombre y su imagen corporativa y que hasta dice estar powered by Orange para que no quede ninguna duda. ¿Qué confianza te puede merecer su línea de ADSL, su cobertura telefónica, su política tarifaria o su servicio de atención al cliente, cuando semana tras semana nos demuestran su probada incapacidad para hacer que esta plataforma funcione medianamente bien (y ya son años los que llevan con ella)? Si yo fuera su responsable de marketing (o similar) créanme que (además de caérseme la cara de vergüenza) haría todo lo que estuviera en mi mano para quitarle el nombre y hasta el color naranja a la aplicación, para que ésta dejara de representar una publicidad negativa para la empresa. ¿Quieren otro nombre? ¿Recuerdan que hubo un tiempo en que cuando a alguien le salía malo un aparato le decíamos vaya patata que te has comprado (no sé de dónde le viene tan mala fama a la patata, pero así era)? Ahí les dejo la idea, cambien de una vez por todas el cítrico por el tubérculo, rebauticen su aplicación como Potato Arena. Así ustedes dejarán de tirar por tierra la imagen de su compañía, y así nosotros sabremos exactamente (aún más si cabe) a qué atenernos.

Publicado noviembre 5, 2013 por zaid en ACB, medios

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