Archivo para la etiqueta ‘Pau Gasol

RUTA ÑOÑA   1 comment

Un año más, me había prometido a mí mismo no volver a ponerles la cabeza mala con esa cosa que algunos llamamos fase de preparación y otros llaman Ruta Ñ. Un año más voy a incumplir mi promesa aún a sabiendas de que dirán joder, ya está aquí otra vez el plasta éste con la misma canción de todos los veranos. Es más, a sabiendas de que si luego triunfamos (como en 2009, como en 2011, no digamos ya 2015) me lo reprocharán aún más si cabe, ya ves, tanto quejarte y mira luego lo bien que nos ha ido.rutaÑ avion Tienen razón, unos y otros tienen razón, sé bien que ahora mismo debería envainármela y dejar en paz las teclas, sé que me arrepentiré de haberlo escrito como sé también que me arrepentiría si no lo escribiera. Créanme que lo siento en el alma, pero es superior a mis fuerzas.

De entrada, las cartas sobre la mesa: no he visto prácticamente nada de toda esta (presunta) fase de preparación. Mi muy particular Ruta Ñ se limitó casi a lo que no es Ruta Ñ, ya que el único partido que pude ver íntegro fue el que jugamos en Kaunas. Añádanle un cuarto (segundo, por más señas) contra Venezuela y ya tendrán todo lo que he podido ver a nuestra selección en estos días. Y no, no me voy a colgar por ello una medalla ni diré que lo he hecho a modo de protesta ante el nulo interés que suscita etc etc, en realidad es todo muchísimo más simple: estaba de vacaciones, y (por paradójico que resulte) la dura rutina vacacional (playa, piscina, comida, sopor, más playa, tal vez excursión, paseo, cañas, pinchos, cena, más sopor) me resulta mucho más incompatible con la contemplación baloncestera que la laboral (de casa al trabajo, del trabajo a casa). Dicho lo cual, no les negaré que en otras ocasiones aún estando de vacaciones me he buscado la vida para verla, pero en ésta no. Igual que me la busqué para ver (y disfrutar) a la Sub20 me la podría haber buscado para ver a sus mayores, pero reconozco que en este caso me faltó la motivación. Durante los Juegos no tendré ningún reparo en trasnochar (incluso por encima de mis posibilidades) para ver lo que haga falta, durante la preparación no me pidan que altere en absoluto mi rutina. Ya no.

Ahora bien, espero que el hecho de no haberlo visto no me deslegitime para quejarme de ello, que por información no habrá de quedar. Seis partidos, seis (que ya de entrada son menos que otras veces): contra Angola (¿hubo alguna vez una fase de preparación en la que no jugáramos contra Angola?), contra Lituania, otra vez contra Lituania, contra Venezuela, otra vez contra Venezuela…rutaÑ cmf y con (que es que si pongo contra me da la risa) Costa de Marfil. Perdimos dos veces, en y con Lituania, y sobrevivimos a todo lo demás. Es decir, en esta Ruta Ñ (que por fin hace honor a su nombre ya que acaso sea la más ÑOÑA que se recuerda) hemos ganado nada más y nada menos que a Angola (que no estará en los Juegos), Venezuela (por la que tengo muchísimo respeto tras su fenomenal Torneo de las Américas de hace un verano, pero que con una sola vez habría sido más que suficiente) y Costa de Marfil, y con ese imponente bagaje nos vamos a plantar en Rio para enfrentarnos (diez días después del último amistoso, que ésa es otra) a Croacia, y luego a la anfitriona Brasil, a Nigeria, a Lituania (again), a Argentina y a lo que venga, si es que algo ha de venir. Así de entrada a una Croacia que estará aún como una moto tras ganar su Preolímpico llevándose por delante a Italia (en Turín) y Grecia. Palabras mayores. Como para encararlas en paños menores.

Una vez más la FEB ha demostrado con creces aquello de que cualquier cosa aún por muy mal que esté siempre es susceptible de empeorar, ya sea por acción o por omisión. Sí, por omisión, porque la sensación que nos queda desde fuera no es tanto de que se hayan hecho mal las cosas como de que no se han hecho, punto. Primer ejemplo: apenas tres o cuatro días antes de ese último amistoso de Zaragoza aún no se sabía quién habría de ser el rival, supongo que si finalmente engañaron a los costamarfileños debió ser porque Andorra o Liechtenstein ya estarían pillados. Segundo ejemplo: hace días trascendió (creo que fue el propio Pau quien lo dejó caer) que estaban buscando deprisa y corriendo un rival para estos días que aún faltan hasta el inicio de los Juegos, supongo que porque finalmente repararon en que estar semana y media sin jugar ni un solo partido (o casi dos semanas, si no consideráramos como tal el de Costa de Marfil) es una barbaridad a estas alturas. Por ahora no parece que lo hayan encontrado…rutaÑ entradas Y tercer ejemplo: hasta hace apenas unas horas, si pinchabas en la web de la FEB, lo primero que se te aparecía era un monísimo anuncio en el que se leía España, Ruta Ñ 2016 presentada por Endesa, tienes que estar, entradas ya a la venta. ¡¡¡Entradas ya a la venta!!!, meritorio concepto teniendo en cuenta que hacía ya más de 24 horas que había finalizado el último partido de la gira. Acaso hayan inventado una novedosa aplicación que permita viajar hacia atrás en el tiempo, ganas me entraron de pinchar para intentar sacarlas para (por ejemplo) el España-Angola del 12 de julio, ir al partido me daría igual pero si me permitiera iniciar otra vez las vacaciones lo daría todo por bien empleado. O dicho de otra manera, que esa misma FEB que en otro tiempo transmitía sensación de rapiña transmite ahora una incomprensible sensación de abandono. Y no sé qué es peor.

Lo peor es el (aparente) vacío de poder de todos estos meses, con un presidente saliente yéndose discretamente por la puerta de atrás (no fuera a ser que nos acordáramos de las razones que le empujaban a marcharse) sin dejar por ello de tutelar todo el proceso sucesorio como si eso fuera lo único importante. Y con un presidente entrante que lleva apenas dos días como aquel que dice y al que obviamente no se le pueden pedir peras al olmo. El problema es lo que se hizo (o mejor dicho, lo que no se hizo) antes, como si no hubiera nadie al mando, como si hubiéramos cambiado la planificación meramente recaudatoria de otro tiempo por la nula planificación de este 2016. Retales, chapuza y pastiche, remiendos, tapujos y parches, total apariencia de improvisación en medio de una permanente jornada de puertas abiertas (no tanto hacia dentro como hacia fuera), salgo ahora a San Antonio que he quedao, que llaman de Nueva York que a ver si me puedo pasar un segundo, voy un momento a Philadelphia a firmar unos papeles y ahora mismo vuelvo.rutaÑ pauricky Y hoy éste no juega porque tiene aún papeles por arreglar, y ahora aquél tampoco no vaya a ser que se le desarreglen, y Pau que reconoce que no está ni de lejos al cien por cien (¿y cómo habría de estarlo tras tres meses sin jugar, si casi ni ha empezado a calentar siquiera?), la cuestión no es ya que no lo esté Pau (siendo eso lo más grave) como que no lo debe estar ninguno, algo particularmente terrible en una selección cogida con alfileres y en la que los veteranos achacosos no son pocos precisamente. El coño de la Bernarda, si alguna lectora con ese nombre tuviera a bien pasarse por aquí ruego tenga la amabilidad de disculparme la expresión.

Y veteranos por veteranos, resulta especialmente estremecedora en estos días la comparación con Argentina. En todos los sentidos, además. Estos Juegos habrán de significar la despedida de las dos generaciones que han marcado el baloncesto mundial (USA aparte) durante la primera década y media del presente siglo, pero mientras Argentina no cesa de rendir pleitesía por activa y por pasiva a lo que aún queda de su Generación Dorada (Ginóbili, Scola, Nocioni) nosotros parecemos casi avergonzarnos de lo que aún queda de la nuestra (Pau, Navarro, Calderón, Felipe) como si la despedida por la puerta de atrás fuera la imagen de marca de esta FEB, si así lo tuvo que hacer su presidente que lo hagan también así sus jugadores más emblemáticos no vaya a ser que alguien piense que fueron más importantes que el Sumo Hacedor, hasta ahí podíamos llegar. Y en lo que respecta a la preparación en sí tampoco hay color, echen un vistazo a lo que aún está jugando Argentina en estos días (en casa, sí… pero es que esta vez tendrán los Juegos en la casa de al lado), compárenlo con lo que hemos jugado (ya hace días) nosotros y díganme si no se les cae el alma a los pies a la vista de dicha comparación (que es sólo un ejeriogruposmplo, que cualquier otra comparación con cualquier otra selección no sería menos odiosa: Francia, Serbia, Croacia o Lituania también andan jugando estos días por el Cono Sur mientras nosotros nos dedicamos a la vida contemplativa). Qué envidia. Sana, sí, pero envidia al fin y al cabo.

Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Que en similares circunstancias se nos haya aparecido alguna vez la virgen (hace un año en forma de tiro libre fallado por Schröder, sin ir más lejos) no significa que se nos vaya a aparecer siempre. Nos hemos especializado en jugar con fuego, en tirar la gira a la basura para que la primera fase de competición sea nuestra verdadera fase de preparación, que hasta ahora hayamos sobrevivido (y hasta hayamos salido reforzados del trance, en aplicación de aquella vieja máxima de que lo que no te mata te hace más fuerte) no significa que siempre vaya a ser así. Permítanme recordarles que el grupo es tremendo (y cómo no habría de serlo, tratándose de unos Juegos), que si la cagamos el primer día ante Croacia y luego ante la anfitriona Brasil (escenario perfectamente plausible) nos veremos abocados a jugárnosla ante Lituania y Argentina (y pocas cosas más terribles que un duelo a vida o muerte con Argentina), palabras mayores. Y que de seis pasan cuatro, sí, pero que pasar como cuarto es poco menos que un pasaporte a la eliminación porque lo normal es que te esté esperando USA al otro lado. Circunstancias durísimas, que requerían una preparación acorde a dichas circunstancias y no este destensado paripé de brazos caídos y rivales inexistentes. Nos hemos especializado en jugar con fuego, pero de tanto hacerlo llegará tarde o temprano el día en que nos acabemos quemando. Y no sé yo si esta vez no se nos ha ido un poco la mano con la llama.

Anuncios

KOBE   1 comment

Durante años creí (sólo creí) ser de los Lakers.

O para ser más preciso: nunca supe ser de un equipo NBA, habré de reconocerlo aunque me avergüence. Sé de qué equipo soy en todos los demás baloncestos habidos y por haber, sé de qué equipo soy hasta en ligas futbolísticas que ni me van ni me vienen, sé que siempre seré de esos equipos independientemente de cómo, cuándo, dónde y con quién jueguen. Y sin embargo en NBA nunca conseguí pasar de una fidelidad a la japonesa, una fidelidad que no era tanto a equipos como a jugadores (y que mudaba de color en cuanto cambiaban de equipo esos mismos jugadores) y/o estilos de juego (y que mudaba de color en cuanto aparecía una propuesta que me seducía más que la anterior). Sé que mi fidelidad al Rayo Vallecano, a Estudiantes o a los Orange de Syracuse (por poner los tres ejemplos más evidentes) siempre estará muy por encima de las circunstancias, como sé también que las circunstancias siempre estarán muy por encima de mi hipotética fidelidad a cualquier equipo NBA. No les pido que lo entiendan ya que ni yo mismo lo entiendo, simplemente soy así (de raro). Y me temo que a estas alturas ya no voy a cambiar.

Y sin embargo, durante años creí (sólo creí) ser de los Lakers. La culpa la tuvieron Magic Johnson y James Worthy, quién si no. La culpa la tuvo TVE, al regalarnos tarde mal y nunca (en su contenedor deportivo de cada domingo por la mañana, probablemente un día de julio o agosto en el que no tendrían nada en directo que ofrecer y no encontraron mejor manera de rellenar) un partido cualquiera de la final de 1984 (o acaso fuera la de 1985). La culpa la tuvo el showtime, aquella maravillosa manera de correr la cancha, el repentino descubrimiento de que había otros baloncestos (pero estaban en éste), de que a esto se podía jugar también así. Me enamoré hasta las trancas (y las barrancas) de aquella maravillosa manera de entender el juego, me enamoré indirectamente de aquel glamuroso equipo que vestía de amarillo donde todos los demás iban de blanco y que corría (más bien volaba) sobre la pista como yo jamás había visto antes. Y me entusiasmé con el repeat y eché de menos el threepeat, y gocé con el advenimiento de Divac (en aquellos tiempos poner a un europeo en la NBA era más difícil que poner un pie en la luna), y vibré como nadie sabe con aquella primera victoria en la final de 1991 (tanto como sufrí con las cuatro derrotas siguientes, las que dieron su primer anillo a Jordan y sus Bulls). Y recibí con alborozo a una debilidad como Eddie Jones y hasta a un jugón como Van Exel, y pareció que nos uniría un vínculo sólido e indestructible… justo hasta ese día en que de repente me encontré a mí mismo queriendo que perdieran. No siempre, claro; sólo cuando jugaban contra otros que me atraían más (pero es que esos otros empezaban a proliferar peligrosamente en mi interior). Algo se había roto entre nosotros, quizás ya para siempre…

Y entonces llegó él.

cropped_kobePero no llegó de cualquier manera, no vayan a pensar. Llegó absolutamente por sorpresa, al menos en lo que a mí respecta. Hace veinte años sólo tenían Internet cuatro gatos y yo no era uno de ellos, razón por la cual mis fuentes informativas se limitaban a las de toda la vida, prensa, radio y televisión. Llegábamos al draft casi en ayunas, conociendo apenas a los universitarios que hubiéramos visto en la Final Four (siempre y cuando alguien hubiera tenido la cortesía de ofrecérnosla), acaso a algún otro cuya fama hubiera trascendido las fronteras, y casi pare usted de contar. Así que cuando nos contaron que los originales Charlotte Hornets (hoy New Orleans Pelicans) habían utilizado su elección número 13, nada menos que la 13 (no me hagan rimas) en una criaturilla recién salida del insti que respondía al extraño nombre de Kobe Bryant, pues como que nos quedamos a cuadros. Y ya cuando nos contaron que no lo querían para quedárselo sino para regalárselo envuelto y con lazo a los Lakers a cambio nada más y nada menos que de Vlade Divac pues ya no es que nos quedáramos a cuadros sino que directamente nos echamos las manos a la cabeza.

Jerry West, logo viviente y jefe de operaciones de los Lakers en aquel entonces, estaba muy por encima del bien y del mal. Su habilidad para detectar el talento antes que los demás y forjar equipos campeones le había otorgado merecida fama, pero aún así aquel movimiento pilló a buena parte del planeta baloncestístico a contrapié. ¿Tan potencialmente bueno habría de ser aquel imberbe yogurín como para sacrificar por ese futuro una buena parte del presente? ¿Había perdido el norte el bueno de West, se le había ido definitivamente la pinza? ¿O acaso había visto una vez más algo que nadie más vio, lo suficiente como para echar el resto y convertir casi en jugador-franquicia a un chaval que aún no había cumplido los 18 años?

Poco a poco fuimos sabiendo cosas. Cosas más o menos accesorias, como que se había criado en Milán por ser hijo del ex jugador de la Olimpia (Simmenthal, Billy, Tracer, Philips, Armani, etc etc) Joe Jellybean Bryant. O como que debía su nombre a aquel exquisito plato de carne (de Kobe, of course) que una noche cenaron sus padres en un restaurante japonés. O como su desclasamiento, por haberse criado lejos, por pertenecer a un segmento sociocultural poco habitual entre los de su raza o a una raza poco habitual en ese segkobe-draftmento sociocultural, lo que llevaba a que ni los unos ni los otros le identificaran como uno de los nuestros. O leyendas urbanas como aquella (cuyo fundamento desconozco) de que en el high school se tocaba a veces todo lo tocable durante tres cuartos, hasta dejaba a propósito que el contrario se fuera en el marcador para luego ya remontar él solo sin ayuda de nadie durante los últimos minutos, tal era su grado de suficiencia y sobradez. El mito estaba ahí llamando a la puerta, ya sólo era cuestión de abrirla y comprobarlo por nosotros mismos.

Recuerdo bien aquellos primeros partidos: era maravilloso, plástico, estético, delicioso, te entraba por los ojos y se te quedaba en ellos, se te convertía en debilidad a poco que te descuidaras, te devolvía las ganas de vivir y hasta las ganas de volver a amar a ese equipo del que ya apenas recordabas haber sido. Tenía muchísimas virtudes y un defecto, uno solo pero eso sí, demasiado visible como para pasarlo de largo: era un chupón desmesurado, se tiraba hasta los calcetines, se creía el centro del universo quizás porque estaba acostumbrado a que el universo entero girara alrededor de él. Nadie parecía haberle advertido que esto no era ya high school, que en NBA la atracción gravitacional funciona de manera muy diferente tanto más cuando acabas de llegar y tienes apenas dieciocho años recién cumplidos. Resultaba ya evidente a estas alturas que los Lakers habían acertado, que de la nada se habían sacado un jugador monstruoso que bien podría marcar toda una era. Pero resultaba no menos evidente que era un pura sangre sin domar, sin pasos intermedios, sin la dosis de humildad y trabajo que podría haberle proporcionado un breve paso por el baloncesto universitario. Tenían entre manos una verdadera joya, pero con eso no bastaba: tendrían además que complementarla para que pudiera brillar.

El primer gran complemento se llamó Shaquille O’Neal (o acaso fuera más bien Kobe el complemento de Shaq, aunque entrar en ese debate supondría reabrir viejas heridas). Eran el matrimonio perfecto, plagado de desavenencias como cualquier matrimonio perfecto. Estaban condenados a entenderse pero lo disimulaban, se resistían, se negaban el uno al otro. Shaq reclamaba más balones desde su privilegiada posición en el centro de la zona, Kobe seguía jugando básicamente para sí mismo. Eran dos gallos en el mismo corral, dos egos desmedidos, dos líderes irreconciliables. Cuando resultó evidente que no sólo no sumaban sino que restaban se fueron a buscar al único ser humano capaz de resolvkobe shaqer aquella ecuación, justo aquel que ya había resuelto otra años atrás en Chicago, aún más difícil si cabe. Señoras, señores, con ustedes Phil Jackson.

Y antes de que nos diéramos cuenta ya tenían un anillo, y luego otro, y al año siguiente otro más. Resultaba difícil no enamorarte de aquel juego triangular en el todo parecía ir como la seda, resultaba manifiestamente imposible no volver a ser de los Lakers, sobre todo cuando ya lo habías sido. Kobe y Shaq no se habían hecho amigos, no habían firmado la paz pero al menos (Maestro Zen mediante) parecían haber encontrado el equilibrio y sentado por fin las bases para una mínima relación de convivencia. Y a donde no llegaban ellos llegaba Derek Harper con su intendencia (¿albañilería, fontanería, electricidad? Llame a Harper Asociados), llegaba el Reflexivo Derek Fisher, llegaba cómo no ese extraño elemento llamado Robert Horry. Fui inmensamente feliz la noche aquella en que remontaron 17 puntos en el último cuarto del último partido a los Jail Blazers para meterse en la Final, disfruté como un enano (¿por qué se dirá esto?) de aquel anillo del 2000… y luego ya mi fiebre amarilla flaqueó, de nuevo: yo era de los Lakers, tenía que ser de los Lakers, cómo no iba a ser de los Lakers, pero le preguntaba al espejito mágico y el susodicho me respondía que sí, que los Lakers estaban muy bien pero que un poco más al norte, en un lugar llamado Sacramento, había otro equipo que tal vez no fuera mejor pero empezaba a resultar más atractivo. Y un día me descubrí a mí mismo viendo volar un triple de Horry sobre la bocina (uno de tantos) sin saber si quería que entrara o no, sin saber si quería que pasaran los Lakers porque eran presuntamente mi equipo o que pasaran los Kings porque sería una injusticia histórica que un baloncesto tan delicioso se quedara sin anillo. Como así fue.

No, no conseguí disfrutar como se merecían aquellos anillos de 2001 y 2002, no desde luego como el del 2000, no digamos ya aquellos otros de los Ochenta. Pero no me pasó a mí solo: de hecho tampoco pareció que los disfrutaran mucho ellos. Algo había empezado a resquebrajarse aún a pesar del delicado equilibrio propiciado por Phil Jackson, una pequeña grieta que se iba a hacer más y más grande en 2003 y que acabaría por abrirse del todo (y derrumbar todo a su paso) en 2004. El rosario de la aurora no fue nada al lado del final de aquel conglomerado de galácticos montado por la Familia Buss con la incorporación al proyecto de unphil-jackson-kobe-bryant-ftr-072715jpg_1rxv1b6xeor8m120gvzt51ctlsos Gary Payton y Karl Malone que a esas alturas estaban ya más fuera que dentro de la Liga. Un equipo que parecía haber sido creado para arrasar, pero que a la postre sólo fue capaz de arrasarse a sí mismo.

Kobe se quedó solo. No literalmente, claro: siguió teniendo compañeros pero éstos ya no se llamaban Shaq, siguió teniendo entrenadores pero éstos ya no se llamaban Jackson. Acaso fuera lo que siempre había deseado, demostrarle al mundo que él se bastaba y se sobraba para ganar anillos, mejor solo que mal acompañado, dónde va a parar. Resultaba ya evidente a estas alturas que Kobe era un ganador, uno de los mayores y mejores que haya conocido este juego; pero uno de esos ganadores que sólo parecen encontrar placer en la victoria cuando ésta gira sobre su eje. Era sin lugar a dudas (ya sí, por fin) lo más jordanesco que habíamos conocido desde Jordan, lo más jordanesco de una Liga que llevaba buscándole sucesor al susodicho desde antes de que se retirara (desde antes de todas y cada una de sus retiradas, quiero decir) como si eso fuera posible, como si alguien pudiera suceder a Dios. Era lo más jordanesco que habíamos conocido desde Jordan, pero no se daba cuenta de que hasta el mejor Jordan necesitó rodearse de los mejores para ejercer su deidad. Aún tardaría un tiempo en comprenderlo.

Fueron años muy fértiles en el plano individual, años estériles en el plano colectivo, años sumamente difíciles en el plano personal (pero no teman, eso hoy no toca, que hablen de ello quienes trabajen estos temas, no es mi caso). Un día metía 40, al otro 50 y al siguiente 60, rebozado todo ello de arabescos imposibles y canastas ganadoras inconcebibles sobre la bocina. Una mañana de enero de 2006 fui a mirar como cualquier otra mañana lo que había hecho en una liga Fantasy en la que tenía a Kobe en mi equipo, y al ver un 81 en su casilla de puntos pensé que no podía ser, que necesariamente tendría que tratarse de un error, o que en el improbable caso de que fuera cierto tendría que ser porque los Raptors hubieran opuesto una insospechada resistencia, hubieran forzado cuatro o cinco prórrogas, hubiera acabado el partido 180-170, qué sé yo. Tuve que ver el partido para comprobar que no era así, para no salkobejordanir de mi asombro, para descubrir que al término del segundo cuarto llevaba sólo 23 puntos (cifra ya de por sí asombrosa para cualquiera, pero que en él resultaba de lo más normal), ergo en los dos últimos tuvo que meter la friolera de 58, reparen por un segundo en dicha cifra, 58 puntos en 24 minutos que además no fueron tales, que alguno de ellos estuvo descansando en el banquillo. Aún habiéndome hecho spoiler a mí mismo me resultaba difícil de creer, aún sabiendo de antemano lo que iba a pasar me parecía estar asistiendo a un fenómeno paranormal. No puedo imaginar lo que debieron sentir quienes lo vieran en directo.

Kobe me fascinaba tanto o más que nunca, casi en la misma medida en que mi lakerismo se me iba diluyendo tanto o más que siempre. Mis (in)fidelidades NBA nunca tuvieron que ver con victorias ni derrotas (a alguien que es del Rayo y del Estu esas cosas ya no le hacen mella) sino con propuestas, y en aquellos días (muerto ya el sueño de los Kings) me derretía ya por unos Spurs que no sólo contaban en sus filas con Duncan, Parker y mi Manu sino que además jugaban a este juego como siempre pensé que debía jugarse. Me derretía y aún sigo derritiéndome, lo cual no me impide reconocer que mi fiebre amarilla aún habría de conocer un último episodio, que el destino aún me tenía preparada otra vuelta de tuerca.

Y es que Kobe finalmente comprendió (más vale tarde que nunca) que no podía hacerlo solo, que meter puntos a chorros estaba muy bien pero ganar anillos seguía estando mucho mejor. Pidió ayuda, y la pidió a su manera: incendiando de declaraciones los medios, amenazando más o menos veladamente con cambiar de aires si no se satisfacían sus peticiones. Dicho y hecho: de entrada rescataron de su rancho de Montana (o de donde estuviera) a un Phil Jackson que se resistió lo justo, más que nada porque tenía un par de buenas razones para no hacerlo: más allá de esa interminable ristra de ceros a ingresar en su cuenta corriente, su inacabada relación con la hija (y mano derecha, y verdadero brazo ejecutor de aquellos Lakers) del patriarca Buss terminó haciendo el resto.

Resuelto el tema del banquillo faltaba peinar el mercado, rebuscar acá o allá a ver de dónde podían sacar. Sacaron de Memphis, inventaron la cuadratura del círculo con aquel insólito traspaso entre hermanos que mandó un Gasol futuro a Tennessee y trajo un Gasol presente a la soleada California. kobepauCuentan que previamente Kobe llamó a Pau, que le preguntó si estaba dispuesto a ir a por todas, que Pau contestó que sí (lógicamente, a ver qué iba a contestar en tales circunstancias) y ya no hubo nada más que hablar. Y todos fueron felices y comieron perdices, todos tuvieron más o menos lo que querían, Pau su equipo ganador (que ya tocaba, tras seis años y pico penando en Memphis), Kobe su gente con la que ganar y yo mi fiebre amarilla convenientemente resucitada y puesta de limpio, una vez allí Pau ya era difícil ser de nadie más.

Cayeron tres finales, cayeron dos anillos, fruto cómo no de la desbordante hiperactividad de Kobe, fruto también de un contenido y solidario Pau que entendió perfectamente cuál era su papel (costó más que lo entendieran sus aficionados, muchos de los cuales dieron rienda suelta a sus más bajos instintos tras perder la Final de 2008, para afortunadamente tener que envainárselos sólo un año después). El triángulo fluía de nuevo, gracias también a un tercer vértice al que nunca se le acabó de reconocer suficientemente lo que significó en aquel equipo. Un prodigio llamado Lamar Odom, de triste comienzo y aún mucho más triste final pero que por el medio nos dejó sinfonías de baloncesto absolutamente maravillosas, y que en aquellos Lakers vino a ser el pegamento que todo lo unía, el verdadero base encubierto (como también lo era Pau a menudo) desde su atalaya, el que de alguna manera daba sentido a casi todo lo demás. Muchos aficionados, lacustres fijos o eventuales como es mi caso, estaremos eternamente en deuda con él, quede aquí al menos este pequeño párrafo de reconocimiento.

Y entonces (como no podía ser de otra manera) se jodió el invento, esta vez ya para siempre. Phil Jackson anunció que lo dejaba, y a la gerencia angelina no le ocurrió mejor idea que sustituirlo por un mediocre (dicho sea con todos los respetos; pero es lo que pienso) Mike Brown, un sujeto que venía de mostrar su probada incompetencia como coach y su probada competencia como hombre de paja en Cleveland. Acaso pensaran que aquí sería lo mismo, si había funcionado (relativamente) con LeBron a ver por qué no habría de funcionar con Kobe. El desastre duró año y medio y me quitó de raíz la escasa filiación amarilla que aún me quedaba, filiación que de nuevo fue a parar a San Antonio pero esta vez compartida con ukobe-bryant-and-lamar-odomn lugar de la Bahía de San Francisco en el que acababa de aterrizar un colibrí disfrazado de jugador de baloncesto, una criaturilla que me traía ya perfectamente enamorado desde que lo conocí haciendo sus primeras diabluras en la pequeña Universidad de Davidson. Cómo iba ya a ser de Lakers si hasta un pedazo de mi corazón se me fue poco después con Celtics (¡¡¡con Celtics!!!), justo cuando aterrizó en Boston ese Coach Stevens que me traía igualmente enamorado desde Butler… Chaqueterismo, sí, pero involuntario en cualquier caso. Ya se lo advertí, en NBA nunca supe ser de un equipo, sólo sé ser de quien me gusta.

Y de un desastre a otro todavía mayor, de Mike Brown a Mike D’Antoni, ¡¡¡fiesta!!!, baloncesto lúdico-festivo, como si importara el meter (hasta ahí todo normal) pero no el evitar que te metan. Todo parecía precipitarse hacia el abismo, todo se acabó de precipitar aquel mal día de abril de 2013 en el que a Kobe se le rompió el tendón (de tanto usarlo). Pareció el principio del fin, si no el fin mismo. Un aquiles parte cualquier carrera por la mitad, un aquiles al final del camino es casi terminal… salvo que te llames Kobe Bryant, claro. Contra todo pronóstico se empeñó en volver, contra todo pronóstico volvió, y se volvió a lesionar y volvió a volver y así sucesivamente. Muchos otros llegados a este punto se hubieran conformado con lo que les deparaba el destino, pero Kobe nunca fue de esos. Nunca dejó que el destino escribiera su vida, siempre prefirió escribirla él.

Con él se va el penúltimo jugador de dibujos animados que hayamos conocido, el último si exceptuamos a un Curry que (un poco a la manera de Pixar) ha llevado los dibujos animados a una nueva dimensión. Se va un tipo que puso el mundo del revés, que hasta logró subvertir el orden natural de las cosas, un día fue un jugador de baloncesto con nombre de ciudad, si hoy fuéramos a Japón pensaríamos en una ciudad con nombre de jugador de baloncesto. Se va y es como si se fueran veinte años de mi vida, cientos de partidos, miles de canastas imposibles, infinidad de momentos irrepetibles. Se va y sólo me sale darle las gracias, gracias por tantos recuerdos, gracias por tanta magia, gracias infinitas por permitirnos soñar…

Y gracias, sobre todo, por hacerme amar a un equipo del que nunca supe ser.

LO IMPOSIBLE   4 comments

Jamás nos lo habríamos creído. No nos lo habríamos creído si nos lo hubieran dicho hace un año, cuando algunos (aún bajo el síndrome del orengazo) anunciábamos el fin de una era como si en verdad supiéramos de qué estábamos hablando. Aún menos nos habríamos creído si nos lo hubieran dicho hace cinco meses, cuando aún no teníamos seleccionador ni pinta alguna de tenerlo, cuando hasta Pau se mosqueaba con una Federación que parecía estar planeándolo todo con los pies. Aún menos nos lo habríamos creído si nos lo hubieran dicho hace un mes, o mes y medio, sumidos como estábamos en esa cosa ñoña que llamamos Ruta Ñ, esa que al final va a resultar que sí que sirve para preparar a la selección pero no tanto por acción como por omisión (otro día lo explico). Aún menos nos lo habríamos creído hace apenas quince días, cuando Serbia nos crujía e Italia nos acribillaba, cuando ese nuevo baloncesto de los cinco tíos abiertos (¿recuerdan cuando el mero hecho de poner un cuatro abierto ya nos parecía una novedad?) nos sacaba de nuestras casillas, y de nuestras zonas. Aún menos nos lo habríamos creído hace diez días, caminando contra Alemania sobre aquel mismo alambre que ya pisamos hace seis años contra Gran Bretaña, quedándonos a un solo tiro libre de la eliminación (gracias, Schröder), sí, de la eliminación, tras el subidón de moral de restarnos siete puntos en un minuto no les quepa la menor duda de que en la prórroga (y en su casa) nos habrían aniquilado. Pero es que aún menos (y ya es decir) nos lo habríamos creído si nos lo hubieran dicho hace sólo una semana, octavos de final contra Polonia, final del tercer cuarto aún empatados, ganando luego casi por inercia, cayendo los polacos casi de maduros al final. No, en cualquiera de esas circunstancias (y en tantas otras que me dejo), si alguien nos hubiera venido a contar que íbamos a ganar el oro en Lille no es ya que no le habríamos creído sino que directamente le habríamos espetado ande, vaya usted a cagar. Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible…

O sí, quién sabe. A veces se alinean los planetas, a veces el orengazo va y se vuelve del revés, a veces basta con tener un entrenador para que por fin entendamos que eso es infinitamente mejor que no tener ninguno. A veces una selección que es como media selección resulta ser (en las manos adecuadas) mucho más equipo que toda una pléyade de estrellas. A veces se juntan el hambre y las ganas de comer, un grupo de madridistas que de tanto ganar títulos ya ni se acuerdan de cómo perderlos y un jugador que no es tal jugador, no se dejen engañar, ese concepto vale sólo para los que están a ras de suelo, Pau hace tiempo ya que trascendió esa categoría, que alcanzó la condición de líder (jamás lo fue tanto como ahora) y hoy ya finalmente la de mito, mito viviente, Pau Gasol que estás en lo cielos sin haber dejado jamás de estar en la Tierra, gracias y más gracias y mil veces gracias. Y es entonces cuando por fin comprendemos que esta selección no estaba muerta (estaba de parranda), que le ganamos a esa Grecia a la que de ningún modo podíamos ganar, luego a esa Francia (en Francia) a la que casi ni pensábamos que nos pudiéramos acercar, finalmente a esta meritoria Lituania con la que jamás pudimos imaginar tanta superioridad. Pero cómo puede ser, pero si todo esto tenía que haber sido hace un año, pero si ahora no tocaba… Somos como esos carteles que antaño se ponían en las tiendas o en los talleres, las cosas difíciles las hacemos al momento, las imposibles tardamos un poquito más. En 2006 éramos los mejores, en 2009 y 2011 éramos favoritos, ahora en cambio no éramos nada, pura decadencia. Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, tan imposible que ni nos atrevimos a soñarlo siquiera. Sólo por eso (porque ni siquiera es un sueño cumplido, porque por una vez el sueño vino después que la realidad) sabe aún mejor que todas las veces anteriores. Gracias infinitas por hacernos felices cuando ya no tocaba que lo fuéramos. Gracias por devolvernos el derecho a soñar.

España-Eurobasket-2015

ABRIL   3 comments

El pasado 11 de septiembre de 2014, cabreado como estaba tras aquel estrepitoso orengazo que nos dejaba fuera del Mundobasket, escribí, entre otras muchas cosas, lo siguiente:

188578-944-629Se acabo. Es el fin de una era. Y fíjense que no digo fin de ciclo, que ése más o menos lo dábamos ya por descontado ganáramos o perdiéramos. Digo fin de una era, digo fin de la ilusión por esta selección que es tanto como decir fin de la ilusión por el baloncesto, en el supuesto de que aún quedara algo de ella. Echen cuentas, entre jubilados, sabáticos y desencantados en 2015 no nos reconocerá ni la madre que nos parió, iremos al Eurobasket multisede a que nos pinten la cara, la consecuencia inmediata será que no obtendremos plaza para Río’2016 ni con preolímpico ni sin preolímpico, ni de coña, si tenían alguna ilusión con dicha cita vayan quitándosela de la cabeza, yo ya estoy en ello. Quizá en 2017 seamos capaces de empezar la regeneración o quizá no, quién sabe…

Hasta aquí, no les pongo más, con este fragmento tienen más que suficiente. Lo escribí en pleno arrebato y luego pensé que quizá me había pasado, que se me había ido la mano con el pesimismo, demasiado agorero tal vez para lo que se estila por estos pagos, vender la moto aunque no tengamos moto, luego cuando nos la compren ya se darán cuenta de que en realidad les estábamos vendiendo humo. Es lo que se estila pero nunca fue mi estilo, yo escribo las cosas como las siento aunque luego lo sienta. Sentí entonces que me había pasado, seguí pensándolo mucho después pero hoy más bien creo que me quedé corto. Muy corto.

Saez.jpgHoy, siete meses después (al menos a día 17 de abril de 2015, que es cuando escribo esto), seguimos sin tener seleccionador nacional de baloncesto. Supongo que será inminente su nombramiento si nos atenemos a las sabias palabras de nuestro Egregio e Insigne e Inmarcesible (signifique eso lo que signifique) Presidente de la Federación, el Nunca Bien Ponderado e Ilustrísimo y Excelentísimo Sumo Hacedor Don José Luis Sáez a quien dios guarde muchos años (bien guardado, a ser posible). Dijo el Egregio que tendríamos seleccionador en abril pero no especificó de qué año, que es bien sabido que suele haber un abril cada doce meses. Es decir, puede que ya haya seleccionador cuando usted lea esto, puede que esté al caer o puede que lo dejemos para más adelante, total ya de perdidos al río, quedando lo que queda para qué nos vamos a molestar.

Les parecerá una tontería, dirán que total qué más da que haya seleccionador en abril cuando el Eurobasket Multisede no empieza hasta septiembre. Quizá tengan razón, no digo yo que no, yo al fin y al cabo no soy nadie como para meterme en estos berenjenales así que no estará de más que escuchemos una segunda opinión, a ser posible de una voz más autorizada que la mía. Por ejemplo ésta que leerán a continuación, formulada por un sujeto cuyo nombre les resultará levemente familiar:

Pau-GasolMe parece sorprendente que la selección no tenga todavía entrenador a punto de llegar al mes de abril. Es importante que se elija a un técnico para que pueda preparar el campeonato. Un seleccionador nuevo para un cargo nuevo con nuevas dinámicas necesita tiempo para adaptarse a su rol. Me sorprende como jugador y como aficionado que no se haya tomado una decisión al respecto.

(Pau Gasol, Marca, 26/03/2015)

Repito: Pau Gasol. No Marc, no, que ya sabemos que el segundo de la familia acostumbra a ser más respondón y contestatario en todos los órdenes de la vida, pero esta vez no, esta vez es el mayor el que levanta la voz con su sobriedad y discreción características, pareciendo que no dice nada y diciéndolo todo. Y como si no. Han pasado ya más de tres semanas desde aquellas palabras, hemos doblado ya la esquina entre quincenas pero ahí seguimos, sin la menor noticia, sin un indicio siquiera. Esperemos que no le haya pasado como a Sabina, esperemos que al Egregio no le hayan robado el mes de abril.

Preparar el campeonato, nuevas dinámicas, adaptarse a su rol… O dicho de otra manera: ¿Se han parado a pensar (por ejemplo) que en condiciones normales la lista de este año no se debería parecer en nada a la de años anteriores, ni aún a pesar de la santa voluntad de nuestro Sumo Hacedor para que vayan siempre los mismos, lo merezcan o no? ¿Se han parado a pensar que Ricky, Calderón e Ibaka estarán convalecientes y sus franquicias (y puede que ni ellos mismos) no verán con buenos ojos que anden haciendo excesos durante el verano?pepe_saez_feb2--644x362 ¿Alguien se ha dirigido a los hermanos Gasol (el mayor ya 35 años para entonces, no lo olviden) para averiguar qué intenciones tienen al respecto? ¿Saben acaso si Felipe Reyes (otros 35 tacos) sigue retirado de la selección como anunció en 2014, o si vuelve a estar desretirado y hasta los cojones como acabó en 2015? ¿Son conscientes de que Navarro está al límite y tensar aún más la cuerda (tanto más en un torneo con partidos casi a diario) puede hacer que se rompa para siempre? ¿Habrá alguien (más allá de nuestro Egregio Sumo Hacedor, por supuesto) que se esté preocupando de monitorizar los progresos (si los hubiere) de Claver en Khimki? ¿Habrá alguien (que para esto, Egregio e Inmarcesible Prócer, me da que no sería usted el más indicado, por ser persona non grata) que esté llamando a Chicago cada lunes y cada martes para decirle, NIko, te queremos, vuelve aquí, te necesitamos Niko, de verdad que nunca fuiste plato de segunda mesa, todo fue un malentendido, pelillos a la mar? ¿Se ha contactado incluso con Fran Vázquez para explorar la posibilidad de que pudiera venir, en el dudoso e indeseado supuesto de que Pau decidiera no venir? ¿Se están evaluando como es debido los progresos (o no) de Jaime Fernández, Pau Ribas, Alex Abrines, Dani Díez, Carlos Suárez, Alex Suárez, Willy Hernangómez, tantos otros? ¿Es acaso éste y no otro el archifamoso Método FEB?

¿A qué espera, Señor Sáez (me permitirá Su Ilustrísima que mientras me dirija a usted le apee el tratamiento aunque sólo sea para agilizar la lectura, no tema, serán sólo un par de párrafos)? ¿A que se levante (cosa improbable) la normativa que le impide fichar un técnico ACB en activo? ¿A que algún equipo cese a un entrenador de su agrado para así poder ficharlo? Hace meses se rumoreó que el elegido sería Pablo Laso, que sólo esperaban a que el Madrid le decapitara para hacerse con sus servicios, si así fuera la cosa no salió como la tenían planeada, el Madrid remontó el vuelo y Laso salvó la cabeza,saezcariolo si no gana la Euroliga el florentinismo afilará de nuevo los cuchillos pero no es probable que ello suceda antes del verano, tarde ya para sus fines. Al igual que se rumoreó unas cuantas veces que el elegido sería Scariolo 2.0, si por ahora no lo ha sido (y dado que no tiene ningún vínculo contractual que le ate) habrá que pensar que es porque no traga, segundas partes nunca fueron buenas tanto más cuando tienen tan mala pinta como ésta. Ergo una vez (presuntamente) descartadas estas dos opciones con las que los futurólogos nos calentaron sobremanera la cabeza, ¿qué les queda? ¿Esperar a ver qué entrenador queda libre al acabar la ACB? ¿Forzar que algún entrenador de su gusto se libere al acabar la ACB? ¿Pillar al vuelo a un entrenador que vaya a cambiar de equipo y contratarlo como seleccionador-para-toda-la-vida aunque sea un secreto a voces que cuando acabe el campeonato dejará el cargo y se irá a ese otro equipo (lo que llamaríamos Modelo Aíto 2008)? O acaso…

¿O acaso habrá llegado ya el momento de dejarnos por fin de subterfugios y empezar a llamar a las cosas por su nombre? Señor Sáez, no se prive, nómbrese usted seleccionador a sí mismo, aunque sólo sea para oficializar una situación de hecho. Absolutismo baloncestero como si dijéramos, la Federación soy Yo, de ahí a decir la Selección soy Yo sólo hay un paso.808jose_luis_saez A la selección con alegría, no tema por el qué dirán, al fin y al cabo hemos llegado ya a un punto en el que no nos asustamos de nada, a ver por qué habría de ser usted la excepción. Anúncielo a los cuatro vientos, sin rodeos, tras largas y procelosas conversaciones con cientos de aspirantes para el cargo he llegado a la conclusión de que nadie está más preparado para ejercer de seleccionador que yo, entre otras cosas porque nadie reúne más experiencia que yo a ese respecto. Recibirá críticas, no le digo yo que no, de envidiosos y mezquinos está el mundo lleno, pero usted sabe bien por sus largos años en el cargo que las críticas son sólo el peaje que hay que pagar en su largo camino hacia la excelencia. Un paso más, acaso el definitivo.

Eso sí, todo tiene un límite, póngase de seleccionador pero no se le ocurra ponerse además de entrenador, una cosa es una cosa y otra cosa más ya son dos cosas, imagine la hilaridad que podría provocar en los rivales verlo ahí a usted al pie del banquillo (quién sabe, a lo mejor podría resultar una buena táctica, mientras se descojonan no juegan), no tentemos la suerte, sea usted seleccionador pero nombre a alguien que haga el papel de entrenador, da igual quién, con que haga el papel es más que suficiente. Alguien que ya esté en nómina de su Federación a ser posible, que se le dé bien el paripé, que sea buen chaval, que diga a todo que sí y jamás ose cuestionar las decisiones de su Amado Líder. ¿Experiencia? ¿Conocimientos? Todo eso qué más da, total a quién le importa si para todo eso ya está usted. Y por si no se le ocurre quién aquí le dejo un nombre muy socorrido que además le pilla bien cerca, Jorge Garbajosa, si no le acaba de convencer (no vaya a ser que la criatura tenga personalidad y se crea con derecho a utilizarla) no se preocupe, candidatos no le habrán de faltar, recuerde que estamos en crisis y que la gente tiene la funesta manía de comer, por un buen puñado de euros y por el bien de nuestra amada Federación se hace lo que sea. Y si luego perdemos los palos ya se los llevará él, y si luego ganamos las medallas ya se las colgará usted. Vaya novedad.

17 de abril. El Eurobasket es en septiembre, la Rutaeñe de los cojoñes es en agosto, la concentración digo yo que empezará a finales de julio, la lista supongo que habrán de facilitarla ya a finales de junio cuando acaben ACB y NBA… Ustedes mismos. Hace siete meses titulé el fin de una era, pensé ingenuamente que habíamos tocado fondo pero reconozco que me equivoqué, que infravaloré la capacidad de nuestras autoridades (o más bien de nuestra AUTORIDAD, con mayúsculas) para seguir cavando, para seguir profundizando más y más todavía. Veremos hasta dónde son capaces de llegar.

¿Y QUÉ?   2 comments

Hace algunos años (qué sé yo, pongamos diez, quince, no lo recuerdo con exactitud ni ganas tengo de mirarlo) Lenny Wilkens se convirtió en el entrenador con más victorias en la historia de la NBA. El logro fue glosado hasta la saciedad en los medios de aquel lado del Atlántico, el veterano técnico recibió toda clase de merecidos parabienes, loas y elogios por doquier… excepto en una populosa ciudad situada al norte de la frontera canadiense y que lleva por nombre Toronto.lenny-wilkens En aquel tiempo Wilkens entrenaba a los Raptors, en aquel tiempo perdía más que ganaba (como en casi todos los tiempos de dicha franquicia, por cierto), no necesariamente por culpa suya sino porque la plantilla tampoco daba para mucho más. Pero es bien sabido que el primero en llevarse palos en caso de derrota(s) acostumbra a ser el entrenador, si hasta al propio Laso hace unos días le querían colgar del palo mayor por haber perdido (por primera y hasta ahora única vez esta temporada) en Estambul, pues ya imaginarán cómo no habrían de pitarle los oídos en aquel entonces al bueno de Lenny. En aquellas circunstancias el récord de victorias pilló a la prensa canadiense con el pie cambiado, viéndose de repente en el trance de tener que elogiar a aquél a quien día tras otro se dedicaban casi exclusivamente a denostar. Claro que el desasosiego se les pasó al poco rato, exactamente lo que tardaron en darle la vuelta al dato: Lenny Wilkens podrá ser el entrenador con más victorias de la historia de la NBA, pero es también el segundo entrenador con más derrotas de la historia de la NBA, afirmaron sin cortarse un pelo con los números en la mano. Y se quedaron tan anchos.

No he podido evitar acordarme de aquel episodio en estos días, cuando se ha hecho público (a bombo y platillo, además) que Kobe Bryant se ha convertido en el jugador con más tiros fallados de la historia. Nada más y nada menos que 15.310 tiros errados (en el momento de publicarse la noticia, que ahora ya serán más), dicho así en bruto estremece, no lo vamos a negar. Repito, en bruto, los valores absolutos es lo que tienen, por eso nunca está de más relativizarlos.Kobe Bryant Poner las cosas en perspectiva. Ir un poco más allá de ese ¡¡¡Joder, pero pásala!!! ¡¡¡Dásela a Shaq (o a Pau, según épocas), suéltala ya de una pu…ñetera vez, chupón, que eres un chupón!!! que todos hemos gritado alguna vez o incluso miles de veces viéndole jugar, generalmente pocos segundos antes de que volviera por enésima vez a tirársela… y a meterla. Porque esa es la madre del cordero (la oveja), que las metía. Tanto más cuanto más se la chupara (qué mal suena esto), tanto más cuanto más difícil fuera. Hoy nos cuentan los fallos, miles y miles de fallos, es verdad. Casi tantos como aciertos.

Sigamos relativizando. Kobe Bryant lleva 19 (sí, diecinueve) temporadas en la NBA, exactamente desde la 1996/1997. Mi hijo (hoy a punto de ser mayor de edad) aún no había nacido, puede que alguno de ustedes tampoco. Bueno, pues en todos esos años su porcentaje de anotación jamás bajó del cuarenta por ciento. Que me dirán (con razón) que tampoco es para tanto un cuarenta por ciento, pero presuntas estrellas hay por ahí que rara vez lo sobrepasan y bien que seguimos riéndoles las gracias. Es más, en todos estos años su peor porcentaje fue precisamente en la temporada de su debut, la 96/97, un 41,7 por ciento, a partir de ahí no es ya que no bajara del 41 sino que en doce de esas temporadas ni siquiera bajó del 45 por ciento, cifra envidiable para cualquier jugador exterior. Regularidad absoluta que sólo está empezando a desplomarse en esta 2014/2015, a día de hoy anda por el 37,7 por ciento pero no estará de más recordar que aún queda casi toda la temporada por delante y que además tiene coartada(s):kobe_bryant_trayvon_martin_comment_0 ya cumplió los 36, viene de una dramática rotura del tendón de aquiles (que muchos otros a su edad habrían aprovechado para retirarse) y es hasta normal que ahora se tire hasta las zapatillas dada la caterva de indocumentados que tiene a su alrededor. Ya no es el que fue, y por no ser el que fue te puede hacer cualquier aciago viernes un 1 de 14, 7 por ciento si les queda la curiosidad. Pero aún no siendo el que fue te puede resurgir de sus cenizas y hacerte al domingo siguiente un 15 de 34 (44 por ciento) para totalizar 44 puntazos nada más y nada menos (eso sí, 34 tiros en sólo tres cuartos, 24 lanzamientos a canasta llevaba ya al descanso, cuando le da le da, genio y figura la criatura), 44 puntazos que de poco sirven si luego Steph Curry y sus amigos te clavan 136, que es bien sabido que en los Lakers el concepto defensa hace años que no lo trabajan. Pero 44 puntazos al fin y al cabo. Quede constancia de ello.

Llegados a este punto no estará de más recurrir a unos cuantos lugares comunes, para que se entienda un poco mejor de qué estamos hablando: quien camine más que nadie tropezará más que nadie, pero eso no le impedirá llegar más lejos que nadie (metáfora que tomo prestada del gran Gonzalo Vázquez). Nadie romperá más platos que quien más friegue, nadie se equivocará más que quien más decisiones tome, nadie pegará más gatillazos que quien más folle, disculpen la vulgaridad. Todo lo cual no debería eliminar la satisfacción ante los millones de kilómetros recorridos, los millones de platos bien fregados, las millones de decisiones acertadas o los miles (tampoco exageremos) de polvos enteramente satisfactorios. A igualdad de condiciones, quien viva cien años experimentará a lo largo de su vida muchos más disgustos que aquel que sólo viva cincuenta. Ahora bien, también habrá de experimentar muchas más satisfacciones (repito, a igualdad de condiciones), por una mera cuestión matemática.kobe-bryant-650x350 Quien tire treinta mil veces a lo largo de su carrera fallará mucho más que aquél que sólo tire quince mil, parece obvio, casi tan obvio como que también acertará mucho más a poca puntería que tenga. Para poder comparar valores tan dispares y evaluar los datos en su justa medida se inventaron unas cosas llamadas porcentajes, ya ven ustedes qué tontería. Fin del catálogo de obviedades.

Es curioso, en casi todas las noticias se informaba de que Kobe había batido el récord de tiros fallados pero en ninguna vi que se dijera a quiénes había superado, ni una mención acerca de quién lo ostentaba hasta la fecha, seguramente por torpeza mía que en vez de profundizar en la raíz de la información me quedé en la superficialidad del titular. Pero tenía mis sospechas, así que me he ido a investigarlo y así he podido comprobar que el primer clasificado hasta hace unos días (y ahora ya segundo, obviamente) era la leyenda céltica John Havlicek, desde 1962 hasta 1978 enchufándolas (y también fallándolas, claro) de todos los colores para los Arrogantes Verdes. En el tercer lugar de dicha ingrata clasificación estaría Karl Malone (figúrense la de asistencias que se perdió Stockton), cuarto clasificado sería un tal Michael Jordan y quinto Kareem Abdul Jabbar, es lo que tiene estar veinte años en la Liga, que por muy cerca que tires y muchos sky hooks que metas también te da tiempo a fallar. Ya lo ven, todos ellos jugadores mediocres y sin pedigrí, es lo que tiene. ¿Imaginan que alguien nos contara que nadie falló más tiros que Navarro en toda la historia de la ACB, o que nadie marró más disparos a puerta que Cristiano Ronaldo en toda la historia de la Champions? (lo digo por decir, no tengo datos al respecto ni falta que me hace). Seguro que a Víctor Claver (por poner un ejemplo tonto que ahora mismo se me acaba de ocurrir, no sé por qué) no le pasará nunca esto de estar en la lista de mayores falladores de la historia. Eso que se lleva por delante. Y por detrás.

Kobe tiene pros y contras como casi todo el mundo, Kobe ganó brillantemente cinco anillos, cerca anduvo de llevarse otros dos, fue MVP unas cuantas veces, dejó canastas y momentos inolvidables a chorros y forma ya (acabe como acabe su carrera) parte esencial de la historia de este juego, fruto todo ello de un talento superlativo y un gen competitivo sin parangón para la práctica del baloncesto.nba_bryant_jackson_580 Todo lo cual no quita para que Kobe fuera también un ego desmedido, una estrella con evidentes dificultades para implicar a sus compañeros en un proyecto común, alguien que en demasiadas ocasiones se creyó mucho más grande que su propio equipo y que tuvo la fortuna de que en un par de ocasiones a lo largo de su carrera se cruzara en su camino un tal Phil Jackson, acaso el único que a duras penas (y no sin dificultades) le logró domesticar. Pros y contras, usted decidirá si pesan más los primeros o los segundos, yo al menos tengo claro que (guste o no) Kobe quedará ya para siempre como uno de los GRANDES con mayúsculas de este deporte. ¿El que más tiros falló a lo largo de su historia? (Permítanme que les responda con otra pregunta) ¿Y QUÉ? Una anécdota que de ningún modo deberíamos convertir en categoría, una mera chorrada a la que en ningún caso deberíamos dar más importancia de la que tiene, un dato que de ninguna manera debería ocuparnos más de dos segundos ni merecernos más de dos renglones… Es decir, exactamente lo contrario a lo que estoy haciendo yo.

ALGUNAS CONSIDERACIONES   Leave a comment

– Ricky: llevo toda la semana reivindicándolo, aún a riesgo de que en ese patio de vecindad que llamamos Twitter muchos me den la razón pero otros muchos se me tiren cordial y afectuosamente a la yugular (entiéndase en sentido figurado, of course). Es obvio que Ricky no las mete, y que el hecho de haber fallado alguna bandeja desde debajo mismo del aro no ha ayudado precisamente a su reputación en ese aspecto. Pero es que yo ya no le pido que las meta, yo soy de los que creen que la función primordial de un base no es jugar él sino hacer jugar al equipo, llevo pensando así toda la vida, comprenderán que a estas alturas ya no voy a cambiar. Y convendrán conmigo en que la dirección de Ricky en este Torneo está resultando sobresaliente, nada que ver con el Ricky timorato y constreñido que vimos hace un año, aquel que daba mil vueltas para no llegar nunca a ningún lado. Este año sí, este año Ricky sabe a dónde va, dinamiza el juego, da al equipo la velocidad que necesita, mete un ritmo en defensa y ataque muy difícil de soportar para cualquier rival, pone cada pase en el sitio adecuado y en el momento justo. Y disfruta, se le ve que disfruta, y aquellos que llevamos viendo a Ricky desde que tenía catorce años (desde antes incluso, en aquella Minicopa de Sevilla) sabemos ya de sobra que sin disfrute no hay Ricky (no Ricky no party, o viceversa) sino una mala copia de sí mismo, lo supieron bien en Badalona y Barcelona (aquellos por acción, éstos por omisión), lo saben bien también en Minneapolis. Y es verdad que no las mete, he ahí el problema, pero es que el meterla nunca fue parte esencial de un base sino un mero complemento. Cierto es que a día de hoy no posee ni ese mero complemento siquiera, cierto es que tarde o temprano tendrá que meterlas (sobre todo en NBA) si quiere dar el paso que separa a los buenos de los verdaderamente grandes. Pero por ahora (y a nivel de selección) se lo perdono, vaya si se lo perdono. Le sube la riquirrubina, tantos años después, y esa es una magnífica noticia para todos aquellos que hace apenas un año creímos haberla echado a perder, tal vez ya para siempre. Que dure.

– Calde: no sé si bien aconsejado o repentinamente iluminado, pero lo cierto es que un día Orenga tuvo por fin la ocurrencia de ponerle de (verdadero) base y ¡oh prodigio!, ¡oh maravilla!, de repente volvió el José Manuel (por otro nombre Juan Carlos) Calderón que siempre habíamos conocido, ya ven ustedes qué casualidad. El de Toronto, el de Dallas, el que triangulará en el Madison a la vera de Spike Lee en apenas mes y medio. Bastó con eso, volver a sentirse importante, volver a pensar (siquiera por un instante) que el equipo podía girar a su alrededor en lugar de que fuera él quien girara alrededor del equipo. Y recuperar el toque, la penetración y la muñeca fue todo uno, y recuperar el placer de jugar incluso cuando (vuelta la burra al trigo) vuelven a ponerle de dos vino ya por añadidura. Hemos recuperado a Calde, inmensa satisfacción para todos aquellos que siempre creímos en él, toque de atención para los que ya se llenaban la boca en estos días hablando de llevárselo muerto, hay gente pa tó. El patio de vecindad, ya saben, que por mucho que pulas tu TL nunca faltará alguno que te suelte lo del postureo de Calde o lo de que Navarro está ya acabado (tal cual, se lo juro), hacen bien en soltarlo si así lo piensan, la libertad de expresión es lo que tiene. En un caso y en otro bastó con dejar pasar el tiempo para la cruda realidad les pusiera en su lugar.

– El Chacho: la cuadratura del círculo no tiene solución que yo sepa, lo mismo la han descubierto ya en estos años y yo no me he enterado, tampoco sería de extrañar. No hay soluciones perfectas, arreglar una pieza esencial puede conducir a que se inutilice otra o a que no rinda ya a su nivel esperado. Teníamos desubicado a Calderón, puede que el precio a pagar por reubicarle haya sido desubicar a Sergio Rodríguez. O no, que visto desde fuera puede uno tener sensaciones que no se correspondan con la realidad. Orenga sigue abusando (en mi opinión) de las combinaciones de tres bases tomados de dos en dos, pero al menos habremos de reconocer que se han asignado roles y se ha recuperado un atisbo de (lo que yo entiendo por) sensatez: lo de toda la vida, un titular, un suplente y un tercero para momentos puntuales, cambiar ritmos, dinamitar partidos, esas cosas. A Sergio parece haberle correspondido este último papel, que sea habitualmente el segundo en entrar no evita que acabe siendo casi siempre el tercero en orden de importancia, puede parecer un rol menor pero nada más lejos de la realidad, dígaselo a José Luis Llorente en aquellos Juegos de Los Ángeles o al propio Sergio en Japón 2006, de no haber sido por su participación ante Argentina habríamos acabado peleando el bronce con los yanquis. Quedan (esperemos que queden) tres partidazos en los que no faltarán motivos para recurrir al Chacho, otra cosa ya es que a alguno quizá nos gustara que el orden de los factores fuera un poco diferente. Pero dicen que el orden de los factores no altera el producto y el producto por ahora no puede ser mejor, así que dejémoslo estar.

– La defensa: empezamos cada partido como si no hubiera un mañana, luego con las sucesivas rotaciones nos vamos sedimentando pero es empezar el tercer cuarto y comenzar el arrebato de nuevo. Y podría parecer que es porque salen los mismos que empezaron el encuentro pero no es así, o no exactamente: si el trío exterior inicial acostumbra a ser Ricky-Rudy-Navarro, el trío exterior tras el descanso acostumbra a ser Ricky-Rudy-Llull. Y así lo que perdemos en tacto y finura lo ganamos en agresividad y desenfreno, mire usted. Los equipos rivales se van al vestuario tras el segundo cuarto pensando que han conseguido capear el temporal y cuando vuelven confiados a la cancha se encuentran otra vez el temporal sólo que ahora ya corregido y aumentado, una tremenda defensa de anticipación a la que tampoco son ajenos los gasoles guardándoles las espaldas. Tampoco hemos inventado nada, no es algo tan diferente a lo que hacía (por ejemplo) el propio Laso con Draper mientras le duró la salud (y bien que lo pagó cuando se le acabó). Pero está bien recordarlo porque demasiadas veces nos fijamos sólo en lo que ocurre a un lado de la cancha y nos olvidamos del otro, valoramos si acaso los tapones de Ibaka & cía y nos olvidamos de casi todo lo demás, jugamos bien y bonito y nos creemos que con eso ya basta sin darnos cuenta de que para llegar a eso tiene que haber muchísimo trabajo detrás. Justamente ahí, detrás.

– Los pases: yo soy yo y mis obsesiones, y una de ellas en lo tocante a baloncesto tiene que ver con los pases. No ya con las asistencias (que también) sino con el mero hecho de saber encontrar al compañero y hacerle llegar el balón a la velocidad adecuada en el lugar correcto y en el momento justo, nada más y nada menos que eso. Tengo para mí (que diría Paniagua) que un equipo con buenos pasadores tiene muchísimo ganado en este juego, fue así desde que a Naismith le dio por desfondar aquella cesta de melocotones, fue así desde los Celtics de Bird a los actuales (y maravillosos) Spurs pasando sin ir más lejos por aquellos Kings en los que todos parecían bases, tanto daba que se llamaran Chris Webber, Vlade Divac o Brad Miller. No haré comparaciones (que son odiosas), no descubriré la pólvora a estas alturas cuando les diga que tenemos (también en este aspecto) un lujo al alcance de muy pocos. No hablo ya del trío de bases (que es obvio), no hablo ya de los gasoles (bases de siete pies ambos dos), hablo de otros jugadores cuyo talento en este departamento del juego tiende a pasar más desapercibido pero que son fundamentales para que el balón fluya: mismamente Navarro, mismamente Rudy, mismamente Ibaka. Tenemos un perímetro que es la envidia de medio mundo y un juego interior que es la envidia del mundo entero (y un agujero entre el uno y el otro, también), pero tenemos algo más, algo de lo que casi nadie habla, tenemos la seguridad de que el balón viaje siempre en buenas manos para que llegue cuando y donde tenga que llegar. He ahí nuestro verdadero hecho diferencial.

– Ibaka: cuentan que anda un tanto mohíno en estos días (y su lenguaje no-verbal así parece atestiguarlo), que echa en falta más balones, más participación en el juego de ataque, más jugadas preparadas para él. Y yo le entiendo, cómo no le voy a entender. Hace ya tiempo que Ibaka dejó de ser el chico de los gorros, hace ya tiempo que unió a sus incomparables condiciones físicas unas nada desdeñables aptitudes técnicas: te da lo que le pidas, de cara y de espaldas, por arriba y por abajo, por fuera y por dentro, por delante y por detrás. Y te lo da además (por si con lo físico y lo técnico no fuera suficiente) con una intensidad sin parangón. Sólo el cielo es el límite (frase original donde las haya), será all star más pronto que tarde, no nos quepa a nadie la menor duda. Yo entiendo a Ibaka, de verdad que sí, pero él tiene que entender también lo que tiene a su alrededor: tiene que entender que no es exactamente lo mismo tener como compañeros a Kendrick Perkins, Nick Collison o Steven Adams que tener a Marc y Pau, por razones obvias. Claro que le duele, claro que está acostumbrado a tener mucho más protagonismo en su club (digo franquicia) que en la selección, pero díganme a ver qué jugador no está acostumbrado a tener mucha más participación en su club de la que tiene en esta selección: Calde, el Chacho, Ricky, Navarro, Llull y así sucesivamente, así podríamos continuar hasta agotar la lista, todos son más importantes en su club/franquicia que en el equipo nacional, todos excepto Claver que no es importante ni en un sitio ni en el otro (pero esa es otra historia). Todos. ¿Que se podría sacar más partido de Ibaka en ataque? Sin duda, estoy convencido de ello, como estoy convencido de que nos hará mucha falta ese partido a lo largo del Torneo. Pero que el propio interesado ande mostrando públicamente su insatisfacción porque no se lo sacan no ayuda precisamente al equipo, y aún menos le ayuda a él mismo. Creo que fue Marc Gasol quien dijo una vez (con su habitual escasez de pelos en la lengua) que a la selección se viene sin ego. Pues eso.

– Orenga: que no soy de su club de fans lo saben ustedes de sobra. Pero saben también (o me gustaría que supieran) que no suelo ser ventajista, en esta ocasión tampoco lo seré. Nunca he creído en aquello de que los fracasos sean culpa de y los éxitos a pesar de, ese es el recurso fácil contra el que he peleado siempre (véase por ejemplo al respecto el chorro de entradas sobre Pablo Laso, así en las buenas como en las malas). Si pierdes te linchan pero si ganas te dirán que con esos jugadores es lo menos que podías hacer (o que con esos rivales es lo menos que se te podía pedir, ligera variación), ya ven qué manera tan socorrida de tener siempre razón. [Nada nuevo bajo el sol, recuerdo un afamado coach que ganó once anillos como técnico y en todos y cada uno de ellos tuvo que escuchar que con esos jugadores así cualquiera, si entrenara a Milwaukee ya veríamos cuántos ganaba, cosas así (y no vayan a pensar que estoy comparando a Phil Jackson con Orenga, líbreme el cielo, todavía hay clases). Cosas muy de nuestro deporte por cierto, nadie dice nunca que a ver cuántos títulos ganarían Simeone o Ancelotti si entrenaran al Rayo, será que los del baloncesto somos más de autoflagelarnos con obviedades, me he ido del tema]. Vuelvo: sé que me ganaré la animadversión de muchos (dichoso patio de vecindad) pero creo sinceramente que si a Orenga le llovieron palos (entre ellos los míos) hace un año, no sería descabellado que le llovieran parabienes (entre ellos los míos) a día de hoy, a la vista de cómo está jugando y ganando esta selección. Las cosas no suceden por casualidad, por abundante que sea el talento también hay que gestionarlo, incluso en supuestos autogestionarios como el que nos ocupa también es necesario gestionar la autogestión. Y además, que no se juega así sólo con autogestión, que por buenos que sean (que lo son) se ve de lejos la mano de un entrenador detrás, podemos pensar (y puede que hasta lo pensemos) que esa mano es la de Sito pero el que da la cara aquí es Orenga mientras no se demuestre lo contrario. Y escribo esto aunque muchas de sus decisiones sigan sin gustarme (ese mantener en cancha a los buenos con todo resuelto, hasta mucho más allá de lo razonable, que ya veremos si el día menos pensado no nos acabará Pau dando un disgusto), escribo esto a sabiendas de que en un par de días me puedo arrepentir de haberlo escrito, que sacar la cara (siquiera mínimamente) por él se me puede volver en contra en cuanto vengan mal dadas, ojalá no. Pero qué quieren que les diga, aún a pesar de mi escepticismo creo que Orenga se ha ganado por fin el beneficio de la duda. El mío. Ahora ya sólo falta que se gane también el de todos los demás.

RAZONES PARA EL ESCEPTICISMO   3 comments

Habré de confesarles (por si nunca lo notaron) que el triunfalismo me pone de los hígados. Entiéndanme, no cualquier triunfalismo, no vayan a pensar, sino ese triunfalismo irracional, desmedido y pestilente que desprenden por lo general algunos de nuestros más afamados medios de comunicación, esos que te sacan campañas tan cínicas como aquella de que hay una España admirada por el mundo, sólo tienes que saber qué periódico leer, esos a los que se les llena la boca hablando de eÑebeá, esos que a cada baja ajena para el Mundial dan palmas con las orejas porque así aumenta nuestro (supuesto) favoritismo, como si alguna vez pudiera ser una buena noticia la devaluación de una competición que en este caso además y para más inri organizamos nosotros mismos. Me pone de los nervios ese provincianismo de creernos el ombligo del mundo como si los demás no fueran nadie, me revienta que me vendan la piel antes de cazar el oso, si luego el oso no se deja cazar ya le echaremos las culpas al bosque, al guardia forestal o al que fabricó la escopeta, según. No puedo con ese hedor de euforia mediática premundialista que nos atufa en estos días (no compartido necesariamente por el aficionado de a pie) y quizá por eso me gustaría poner (como aficionado de a pie que soy) un contrapunto, un catálogo de razones que nos permitan mantener siquiera por unos días los pies en el suelo. Luego ya habrá tiempo de volar si se presenta la ocasión.

– La fase de (no) preparación: verán que este año he decidido perdonarles y no ponerles la cabeza mala con mis eñefobias de cada verano. Pero el que no haya escrito específicamente sobre ello no significa que haya cambiado mi opinión al respecto, sigo pensando que los demás equipos hacen (verdaderas) fases de preparación mientras que lo nuestro es otra cosa, una sucesión de bolos y galas veraniegas que más parecen partidos de exhibición que partidos de verdad, eventos plagados de complacencia, colegueo y buenrollismo que acaso sean muy útiles para las arcas de nuestra Federación y para la promoción de nuestro deporte pero que en nada contribuyen al que debería ser el principal objetivo de toda fase de preparación, es decir preparar. Es muy de agradecer que equipos como Croacia (qué buena pinta tienen) o Ucrania (versión postmoderna de aquellos ninjas de Fratello) se pusieran las pilas y nos llevaran un poco (sólo un poco) al límite, todo lo cual no dejó de ser un mero sucedáneo para cuando empiecen los partidos de verdad. Así que un año más volverá a suceder, el 30 de agosto el resto de equipos habrán acabado la preparación y comenzarán la competición, nosotros en cambio habremos acabado la exhibición y comenzaremos la preparación. Haremos el rodaje cuando los demás ya estén rodados y en partidos que ya cuenten para el resultado final, algo que en ocasiones (tras el susto inicial) nos acabó saliendo francamente bien (véase 2009 ó 2011) pero que otras veces nos salió como el culo, disculpen la ordinariez. Veremos este año.

– La edad no perdona: la generación de oro, aquellos que un día fueron los niños de Lisboa, se nos ha hecho mayor, es ley de vida. Pau, Navarro y Felipe ya cumplieron los 34, Calderón (que no estuvo en Lisboa por accidente, pero que pertenece por derecho propio a aquella generación) anda ya por los 33. Decía Chichi Creus que ésta es casi la mejor edad (y él debía saberlo por experiencia, dado que jugó hasta los 42), puede que ello sea cierto a nivel de conocimiento del juego pero no necesariamente a nivel físico, tanto más en una competición de esta índole en la que (a partir de un determinado momento) te la juegas noche sí, noche también. Mi principal recuerdo del pasado Eurobasket 2013 es el de una selección que hacía puntualmente los deberes durante los tres primeros cuartos pero que luego se hundía irremediablemente en el último, consecuencia tal vez de una muy mala preparación (física y/o psicológica). Tras lo visto este año nada me hace pensar que llevemos una preparación mejor (véase punto 1), si acaso lo contrario, puede que esta vez no esperemos necesariamente al último cuarto y nos vengamos abajo ya en el tercero, indicios ha habido al respecto en las pachangas de estos días. Ojalá me equivoque.

– Somos previsibles: si yo fuera entrenador de cualquier selección de medio pelo que hubiera de enfrentarse a España (hipótesis absurda), cerraría por completo mi defensa sobre el juego interior rival. Muchísimas ayudas, constantes traps, no ya dos contra uno sino hasta tres contra uno en cuanto el balón llegue ahí dentro, puntuales zonas 2-3 que les formaran el lío más todavía, especial atención a las líneas de pase dentro-fuera para minimizar en lo posible lo buenos pasadores que son… y bien sé que haciendo eso me quedaría vendido en el juego exterior, bien sé que me podrían crujir a triples librados pero ese sería el riesgo, que me ametrallaran desde fuera a ver cuánto aciertan, quien a triple mata a triple muere y a día de hoy nuestra selección tiene mucha más pinta de morir que de matar en este aspecto, lo que le endosamos a Argentina fue sólo la excepción que confirma la regla. Queríamos cuatro abierto y ahora ya lo tenemos, por fin, no se llama Garbajosa ni Mirotic sino Ibaka, quién nos lo iba a decir, su evidente mejora en todos los aspectos del juego le ha llevado a convertirse en (entre otras cosas) un consumado tirador exterior. Esa es la buena noticia. La mala noticia es que durante este mes ha sido nuestro mejor tirador exterior, algo absolutamente incomprensible en un equipo que cuenta con nombres como Navarro, Rudy, Calderón, Llull o Sergio Rodríguez (nótese que no incluyo a Ricky en esa lista, por razones obvias). O afinamos la puntería o seremos previsibles, o anotamos desde fuera o las pasaremos putas, con perdón. Al tiempo.

– El mal del anfitrión: ¿de verdad que somos favoritos (o algo así) por el mero hecho de jugar en casa? Les daré una lista rápida, Eurobasket 1973, Mundial 1986, Juegos Olímpicos 1992, Eurobasket 1997, Eurobasket 2007, me dejaré algún evento pero éstos son los que se me vienen ahora mismo a la cabeza. Y ahora díganme si son tan amables en cuántos de ellos acabamos alzándonos finalmente con el título: efectivamente, ninguno, cero patatero (o pelotero, según). Y puede que en alguno no fuéramos nadie pero en algún otro éramos mucho más favoritos de lo que somos hoy, echen la memoria siete años atrás si les queda alguna duda. No, ejercer de anfitriones nunca se nos ha dado bien (quizá por el suplemento de presión que conlleva) pero tampoco vayan a pensar que nos pasa a nosotros solos. He repasado las últimas competiciones internacionales (Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo y Campeonatos de Europa, que ya para otros continentes no me da la memoria ni el tiempo para mirarlo), y… ¿saben cuál fue la última gran competición ganada por el anfitrión? Efectivamente, los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Desde entonces (y han pasado ya 18 años) ni un solo Eurobasket, Mundobasket o torneo olímpico fue ganado por el equipo de casa, y me dirán que en ese tiempo hubo países organizadores sin pedigrí ninguno en este deporte como Suecia, Japón o el Reino Unido de la Gran Bretaña, lo cual es cierto, casi tan cierto como que en ese mismo periodo hubo países organizadores como la propia USA, Serbia, Lituania, Turquía, Grecia o España, estos tres últimos por partida doble. Puede que ser anfitrión suponga un plus pero en nuestro caso (y en otros como el nuestro) ese plus se nos convierte demasiadas veces en minus. Que no nos pase na.

– USA: no niego que los nombres ausentes pesan casi más que los presentes, no niego que un hipotético quinteto Chris Paul, Kevin Durant, LeBron James, Kevin Love, Dwight Howard (incluso), más los puntuales añadidos de (pongamos) Wall, Kobe (renacido), George (sano), Melo, Kawhi, Aldridge o Griffin impone casi más de lo que hay pero qué quiere que le diga, yo podría ir hasta el fin del mundo con esta verdadera selección USA, yo iría hasta el infinito y más allá con estos Derrick Rose (o lo que quede de él tras estos dos años, casi en fase de pretemporada para llegar a punto a los Bulls), Steph Curry (mi debilidad absoluta desde sus tiempos de Davidson, como les habré dicho ya 792 veces), James Harden (un hipotético emparejamiento defensivo con el Chacho podría ocasionar problemas capilares insospechados), Kenneth Rasta Faried y Anthony Unicej Davis, tanto más si vienen acompañados por Kyrie Irving, Klay Thompson, Rudy Gay, DeMarcus Cousins (esperemos que no se le suelte la pinza) o Andre Drummond entre otros, tanto más si vienen entrenados por los sempiternos Krzyzewski & Boeheim, casi dosmil victorias les contemplan. Se pongan como se pongan y aunque le joda al Marca y me joda incluso a mí mismo, para mí siguen siendo los únicos e indiscutibles favoritos, y así lo seguirán siendo hasta que alguien (ojalá nosotros) me demuestre lo contrario.

– Los Otros: probablemente usted no lo sepa porque los medios están tratando deliberadamente de ocultárnoslo, pero aunque parezca mentira el Mundial no lo juegan sólo Estados Unidos y España, lo juegan también otros veintidós equipos más, varios de ellos de raigambre, tronío y prosapia (sea eso lo que sea) suficiente como para ser tenidos muy en cuenta. Claro que gracias al prodigioso, incomparable e inmarcesible sistema de competición no tendremos que preocuparnos de países como Lituania (ay, Kalnietis), Eslovenia, Turquía, República Dominicana o (la muy apetecible de ver) Australia, de esos que se preocupe USA si así le apetece. Sí tendremos que preocuparnos en cambio de un Brasil que viene con todo (y todo es decir mucho) y que ya nos ganó en Londres 2012 (no haré más comentarios al respecto), de una Serbia puesta en manos de Djordjevic (en pie), de la nueva y rutilante Grecia de Katsikaris y Antetokoumpo (o como se diga), del Puerto Rico de Olmos y/o Arroyo, de una Francia a la deriva (sin dirección, sin Parker, sin De Colo… pero Francia al fin y al cabo), de una Croacia deseosa de entregarse ya a Herzonja o Saric como nosotros nos entregamos a Navarro y Pau hace casi tres lustros, de una Argentina sin Ginóbili (ninguna otra ausencia me duele tanto, ni la de Durant siquiera), y no venga usted ahora a decirme que a éstos ya les ganamos fácil el otro día, quien piense que una pachanga es lo mismo que un cruce es que no conoce el carácter argentino. Suficientes preocupaciones como para no dar nada por supuesto, creo yo. No niego que si un extraterrestre hubiera llegado a la Tierra a comienzos de agosto sin ninguna información previa y se hubiera dedicado a ver todos los amistosos de todas las selecciones participantes (teletransportándose de un lugar a otro para la ocasión) probablemente también pensaría a día de hoy que este Mundial es sólo cosa de dos, pero los que nacimos y crecimos en este planeta sabemos (citando a los clásicos) que no hay rival pequeño y que ya no quedan peritas en dulce. No va a ser un camino de rosas.

– Mis dudas con Orenga: no esperen encontrar aquí un linchamiento, saben que no es mi estilo, no lo haré con Orenga como tampoco lo hice antes con Scariolo (que dicho sea de paso, resulta curioso ver en estos días cómo muchos de los que en su día lincharon a Scariolo hoy no se cortan un pelo en echarlo de menos cuando lo comparan con Orenga, me pregunto si llegará el día en que los que hoy linchan a Orenga le añoren luego cuando toque compararlo con el siguiente). Nada me gustaría más que le fuera bien a Orenga, por el bien de mi selección y por el suyo propio, porque (lo diré una vez más) me cae bien, me parece un sujeto sobradamente preparado y creo que reúne muchas condiciones esenciales para ser un buen entrenador. Ya otra cosa es que lo sea, claro. Las dudas que tuve antes del pasado Eurobasket no sólo no se disiparon sino que se acrecentaron con el transcurso de la competición, dejándome un técnico inexperto, inseguro, de mira corta y perfil bajo. Que a lo mejor es justo eso lo que quiere la FEB, un técnico de perfil bajo para perpetuar el (presunto) modelo autogestionario, nada que ver con Aíto o el primer Scariolo no vaya a ser que se nos enfurruñen las criaturas, si así fuera y los resultados acompañaran créanme que hasta me callaría la boca. Pero a día de hoy sigo sin entender qué sentido tiene ver a Orenga de head coach mientras uno de los mejores técnicos que tenemos en este país, de nombre Sito Alonso, se limita a ejercer de asistente, no lo entiendo como tampoco lo entendí hace un año con Ponsarnau, ganas entran de decir coño, dad un golpe de estado, echadle a un lado y poneros vosotros a ver si así pudiéramos tener un equipo medianamente normal. Insisto, creo que Orenga tiene conocimientos y tiene además una elevada capacidad didáctica para transmitirlos, creo que llegará el día en que pueda ser un entrenador de alto nivel… pero que las prácticas para llegar a serlo tenga que hacerlas precisamente en la selección tiene bemoles, por no decir otra cosa. El mundo al revés.

– La carencia de tres: desde que se retiró Carlos Jiménez no hemos vuelto a tener un tres como es debido, lo cual con ser malo no es lo peor, lo peor es que no parece que vayamos a encontrarlo a corto/medio plazo. Mumbrú se extinguió muy poco después, el Chimpa Suárez se nos fue apagando, Rabaseda ni llegó a encenderse, Dani Díez es aún una luz muy tenue que ya veremos si llega a prender alguna vez. Ante lo cual sólo queda en nuestro baloncesto un tres que así merezca ser llamado, y que como ya habrán deducido responde (poco) al bello nombre de Víctor Claver. Ese mismo pelirrojo de aire lánguido, media sonrisa y mirada perdida que parece pasar cada verano por la selección sin que la selección pase por él, ese mismo que acude puntual a la llamada del seleccionador (sea éste quien sea) porque no tenemos ningún otro jugador de sus características, ese mismo que luego acostumbra a acabar los campeonatos reconvertido en agitatoallas (loable desempeño por otra parte, pero que ya a estas alturas quizá cabría esperar algo mejor), ese mismo que lleva ya dos años enteros echados a perder en Portland y alrededores, y lo que te rondaré morena. Buscas en el diccionario eterna promesa y aparece su foto al lado… Ojalá llegue el día en que me tape la boca, ojalá llegue el día en que un entrenador le dé algo más que minutos de compromiso y/o de la basura, ojalá llegue el día en que él dé a su entrenador algún motivo para darle esos minutos. Ojalá.

– Las rotaciones extrañas: una de las principales consecuencias de esa casi carencia de tres es que tendemos a jugar sin tres, por razones obvias. Pero hay maneras y maneras de jugar sin tres. Está la manera clásica, un base y dos escoltas (la que tantas veces hicimos nosotros durante estos años, disfrazando a Rudy de tres mientras Navarro o Llull jugaban de dos); y luego está la manera Orenga, dos bases y un escolta (que a lo peor también acostumbra a ejercer de base en su club). Que habrá a quien le entusiasme pero que yo no lo veo, mire usted: tenemos tres bases extraordinarios pero que son bases-bases, puros unos (cada uno a su manera) así Ricky como Calde como el Chacho, para uno y medio ya está Llull. Pero ahora nos ha dado por hacer combinaciones de tres elementos tomados de dos en dos, Ricky & Calde, Ricky & Chacho, Chacho & Calde llevándonos a Navarro o al susodicho Llull al puesto de alero, los gasoles y los tres enanitos se llamaría la película. Y qué quieren que les diga, poner a dos bases siempre me pareció un recurso (repito, recurso) para situaciones puntuales, generalmente finales igualados para asegurarte el control del juego, si acaso excepción que ahora por obra y gracia de Orenga se ha convertido en norma. Quintetos que acaban pareciendo cuartetos porque el quinto elemento está de miranda, porque dirigir lo que se dice dirigir sólo dirige uno, el otro base por lo general no sabe qué hacer consigo mismo, no está acostumbrado a buscarse la vida para circular y salir de bloqueos sin balón a la espera de recibir, tiende si acaso a quitarse de enmedio, echarse al costado y esperar a que se la den para tirarse algún triple, punto. Mención especial para Calderón en este aspecto, que ya el año pasado le pidieron que ejerciera de dos (y se estrelló) pero al menos Orenga tuvo coartada porque no estaba Navarro, este año sí que está pero se lo siguen pidiendo y así le va. Y sé que es posible que algún presunto iluminado-que-parece-saberlo-todo se me tire al cuello y me diga que si afirmo esto es porque no he visto a Calderón en Dallas (que sí lo he visto), pero aún así (desde mi ignorancia de mero aficionado que no tiene puta idea) lo seguiré diciendo: Calderón está desubicado en este esquema, Ricky y Sergio a veces también pero Calde especialmente. Y no sé hasta qué punto es lícito desperdiciar un jugador así.

Mi primer impulso fue titular esta entrega razones para el pesimismo, pero al final me corté. Me corté por no amargarles la vida pero me corté también por puro sentido común: porque en realidad no creo que existan razones para el pesimismo (ni siquiera yo, que tiendo a ser pesimista por naturaleza), porque creo que tenemos la mayor dosis de talento que hayamos tenido jamás, porque creo que todas esas contrariedades que les he ido poniendo más arriba (la edad, los desequilibrios, las presuntas orengadas, tantas otras) en el fondo son pecata minuta si cuando llegue la hora de saltar a la cancha somos capaces de jugar como sabemos, podemos (con perdón) y debemos. No soy pesimista, de verdad que no, en absoluto… pero no me pidan tampoco que sea optimista, no todavía. Mantengamos (por ahora) los pies en el suelo, volvamos de nuevo a los clásicos, hasta el rabo todo es toro, los partidos duran cuarenta minutos, cada partido es una historia, no queramos meter el segundo gol antes que el primero (que en versión Mundobasket sería no queramos ganar la final antes de haber llegado a ella). O por citar a otro clásico mucho más reciente (pero no por ello menos clásico): vayamos partido a partido, no hay más. No vendamos la piel del oso antes de cazarlo, y ello aunque algunos lleven ya meses (incluso años) intentando vendérnosla. Yo al menos no se la voy a comprar.

A %d blogueros les gusta esto: