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ME SOBRAN LOS MOTIVOS   5 comments

Aquí donde me ven, este año he decidido rebelarme. Rebelarme contra mí mismo, no teman, rebelarme contra mi propia depresión pre-parto. Año tras año, en los días previos al comienzo de la ACB, se nos instala una sensación como de más de lo mismo: mismo aire mustio, mismas negras perspectivas, misma esclerotización administrativa, misma mortecina audiencia, mismo panorama televisivo, misma sensación de pérdida de talento, mismo coto cerrado para quienes se ganan su ascenso, mismo coto cerrado para quienes acaban en puestos de Euroliga, misma temporada regular interminable, mismos playoffs insignificantes que se nos irán en un suspiro, misma liga de la marmota condenada a una sempiterna bipolaridad… Bueno, pues contra todo eso, y quizás porque hoy contra mi costumbre me he levantado ligeramente optimista (no se confíen, no vaya a ser que se me pase) he decidido rebelarme. Porque aún siendo todo lo anterior más o menos cierto, no es menos cierto que también me sobran los motivos para la ilusión a poco que me pare a buscarlos. Me he puesto a ello, he encontrado unos cuantos (bastantes más de los que imaginaba) y aquí se los traigo, por si les apeteciera acompañarme en esta búsqueda de la ilusión perdida:

1) Porque el (presunto) desembarco de Movistar + de alguna manera me devuelve la ingenua ilusión de recuperar por fin una cobertura televisiva digna de la Liga. No les voy a engañar, llevo casi un cuarto de siglo siendo plusero (aunque no fueron pocas las veces que estuve a punto de dejar de serlo) así que juego con ventaja, tengo ya buena parte del trabajo hecho. Pero aunque no fuera así, creo firmemente que esta ACB necesita con urgencia un reconstituyente, algo que la revitalice.logotipo_movistar_plus_-_liga_endesa_2 En muchos aspectos, pero el aspecto televisivo no es precisamente menor. Que un operador decida apostar firmemente por esta Liga, que decida incluso pagar por darla (es decir, no ofrecerla por puro amor al arte o por la mera visibilidad de sus patrocinadores, como venía sucediendo hasta ahora), ha de ser necesariamente una buena noticia. Aunque a algunos no les guste.

2) Porque sé que volveremos a escuchar (sobre todo dentro de un año, cuando desaparezca el partido de TVE) los mismos cantos de sirena que ya escuchamos en el cuatrienio 1999-2003 acerca de cómo la televisión de pago acabará matando el baloncesto, pero yo no concibo esa razón: porque han pasado ya más de tres lustros desde entonces, porque el nivel de penetración de aquel Canal + no es ni siquiera comparable al que hoy tiene Movistar +, porque algo hemos evolucionado también como espectadores: hoy tenemos múltiples soportes, dispositivos, vías y medios a nuestra disposición, hoy quien quiere ver algo lo ve. Y porque (al contrario que en 1999) en este caso no tenemos ya nada que perder, peor de lo que estamos es difícil que podamos estar. Todo lo que venga vendrá ya por añadidura.

3) Porque el fichaje de Piti Hurtado es lo más ilusionante que le ha pasado a la cobertura televisiva de la ACB desde los tiempos de maricastaña (fuera quien fuera esa señora). Y no llega solo, dicen. Sólo por eso ya habrá merecido la pena.

4) Porque he llegado ya a una fase de mi vida en la que las audiencias me importan un bledo (que no sé lo que es, pero tampoco me importa). Porque me importa otro bledo que seamos mil o un millón, allá cada uno con sus cadaunadas, a quien no le apetezca que haga lo que le parezca. Y porque tampoco me las creo, que lo sepan, porque ese frío dato de audiencia no refleja a quienes lo ven por ordenador (que son legión), aún menos refleja a quienes a veces no podemos verlo en directo y solemos entregarnos al noble arte del difericesto. Y sobre todo, porque ya está bien de autodestruirnos todas las jornadas, todas las semanas de toda nuestra santa vida con este monotema.

5) Porque la liga de la marmota seguirá existiendo (por los siglos de los siglos, salvo indeseado desgajamiento territorial) pero al menos este año parece atisbarse un ligero resquicio de que las cosas podrían llegar a ser de otra manera. Que Unicaja osara ganarle al Madrid la semifinal supercopera (aún con todos los condicionantes blancos) ya fue un buen síntoma (síntoma que luego se nos fue al carajo en la Final, pero síntoma al fin y al cabo), que vaya a llegar algo más de dinero televisivo (menos sería difícil) con el que aliviar un poco la enorme brecha entre clases sociales debería ser otro buen síntoma. Cierto es que con esta Supercopa son ya dieciséis los títulos domésticos consecutivos ganados por Madrid o Barça (todos y cada uno desde hace cinco años y medio, desde aquella liga baskonista de 2009/2010), pero no es menos cierto que cada día que pasa queda un día menos para que conozcamos un campeón de algo que no sea Barça ni Madrid. O dicho de otra manera, que llegados a este punto ya no sé si me he levantado ligeramente optimista o ligeramente gilipollas.

arroyo lawal6) Porque el Barça optó por reinventarse (a la fuerza ahorcan) y ahora toca ver cómo funciona semana tras semana esa reinvención más allá de la euforia supercopera de hace unos días: si Lawal intimida tanto como parece, si Vezenkov es tan bueno como parece, si Samardo aparece por fin, si Perperoglou mezcla bien con todos, si Ribas sigue saliéndose allá donde vaya, si Arroyo acata su papel secundario con las riendas puestas o se las quita para la ocasión, si Navarro aún vive (contra todos esos que hace ya unos cuantos meses decidieron darle por muerto…)

7) Porque el Madrid tiene ante sí el tremendo reto de intentar igualar lo que logró el pasado año (Supercopa aparte), porque será interesante ver cómo administra sus fuerzas por el camino, si vuelve a perder en otoño para ganar en invierno y primavera, si con las derrotas vuelven a emerger a las primeras de cambio sus decapitadores profesionales pretendiendo hacerle a Laso un ancelotti para cumplir con la tradición (aunque esta vez tendrían que inventarse un nuevo objeto de deseo, que sus tradicionales Obradovic, Djordjevic y Katsikaris están pillados…).

8) Porque ver jugar al Chacho siempre fue, es y seguirá siendo un placer. Porque sigue en la ACB como sigue también Llull, justo después de dar por hecho que se irían. Porque no hay noticia mejor para una liga que la continuidad de sus estrellas, que luego esa misma liga no sepa venderlas ya es otra cuestión.

9) Porque Joan Plaza tiene por fin entre manos el equipo que siempre soñó (o casi), porque este Unicaja tiene por fin argumentos más que sobrados para ser la tercera vía (junto con Valencia, obviamente). Luego ya que esa tercera vía aspire a derrotar al bipartidismo o que se nos quede en mero efecto bisagra sólo lo sabremos con el tiempo.

10) Porque el mero hecho de contar con un jugador como Kuzminskas ya te devuelve el precio de la entrada (o el del abono televisivo, en su caso). Porque casi me atrevería a decir que está a un solo paso (el de sus intermitencias, el de esa continuidad que siempre le falta) de ser tan candidato como el que más (si no el que más) a MVP de la ACB.diez unicaja Y porque por detrás de él emerge además un chaval llamado Dani Díez que se encuentra de repente ante la gran oportunidad de su carrera. Y algo me dice (ya algunas muestras ha dado de ello) que no la va a desaprovechar.

11) Porque será interesante ver si las llegadas de Planinic, Blazic, Bourousis o Corbacho dan para que el Baskonia de Peras forme también parte de esa tercera vía. Me encantaría que así fuera (cuantos más mejor) pero por ahora permítanme que sea muy escéptico al respecto. Si las cosas no van bien ya se encargará Querejeta de reinventarlas cuanto sea menester, pero a día de hoy me deja muy frío este proyecto baskonista 2015/2016, qué le vamos a hacer.

12) Porque he leído más de una vez en estos días que Darius Adams lo tiene todo para ser el nuevo Elmer Bennett, y no sé si se trata de un brindis al sol, de la mera expresión de un deseo o de una afirmación fundada, basada tal vez en sus (presuntas) actuaciones de pretemporada (que no he tenido el placer de contemplar). Dado que mis recuerdos de Adams me retrotraen a la temporada pasada, permítanme que por ahora me reserve el beneficio de la duda.

13) Porque Pedro Martínez llega por fin a ese (casi) grande que llevaba años mereciendo, al menos desde que le dieron aquella oportunidad en Baskonia para quitársela luego apenas cuatro días después de empezar. Llega ahora a la plaza más exigente que imaginarse pueda, un lugar donde la paciencia (la paciencia con sus entrenadores, en particular) no acostumbra a ser precisamente moneda común. Todo lo cual hace este reto todavía más hermoso, todavía mucho más especial. Ojalá que te vaya bonito, Pedro.

14) Porque a Valencia llega también Shurna (que me encanta desde sus tiempos en Northwestern, ya se lo dije), llega también SanEme (que me encanta de toda la vida de dios), llegan Hamilton y Sikma que son una garantía. Súmenlo a lo que ya había y descubrirán que con paciencia (bien escaso, insisto) y sin precipitaciones ni ataques de nervios deberían aspirar a casi todo. Lástima ese casi.

pangos granca15) Porque me apetece empezar a ver ya a mis viejos conocidos NCAA, ver de qué son capaces todas esas imágenes refrescantes de que les hablé hace unas pocas semanas: Pangos en Granca (algo ya mostró en la Supercopa), Haws en Obra, Henton en Sevilla, Jeff Taylor (si juega finalmente algún día) en el Madrid, Abromaitis en Tenerife, incluso David Wear en Fuenla aunque no sea santo de mi devoción. Lista que por otra parte se me quedó incompleta, ahora ya tendría que añadir al otro gemelo Wear (Travis, dicen que de camino hacia Gipuzkoa; más consistente que David, pero tampoco se me emocionen en exceso), al ex Fighting Illini Brandon Paul en la Penya… Muchos argumentarán que tanta presencia del club Al Salir de Clase sólo refleja el manifiesto empobrecimiento de la competición; pues vale, será así, no seré yo quien lo niegue. Pero a mí me encanta, qué quieren que les diga.

16) Porque este hacer de la necesidad virtud se refleja también a nivel doméstico, porque podría/debería ser la hora de Santi Yusta, Miguel Rico, Luka Doncic (aunque en este caso no hay necesidad que valga), Alex Suárez, Tomeu Rigo, Ili Diop, tantos otros (excluyo deliberadamente a Estu y Penya, que tendrán luego párrafo aparte). Economía de guerra si así lo quieren. La imaginación al poder.

17) Porque Granca se nos ha hecho grande. Porque la suma de Newley, Báez, Oliver, Pangos, Salin, Omic, Aguilar, Kuric o Rabaseda (cada uno a su manera) da como resultado una magnífica plantilla, Porque con Aíto el todo siempre suma más que la suma de las partes.

18) Porque Taph Savané aún continúa entre nosotros (baloncestísticamente hablando, me refiero). Porque su DNI podrá decir misa en arameo, pero su desempeño nos demuestra bien a las claras que está más joven cada año que pasa. Porque yo de (aún más) mayor quiero ser como él.

19) Porque Alejandro Martínez lleva media vida al frente del CB Canarias (por otro nombre Iberostar Tenerife) y aún le quedará otra media (recién renovado hasta 2017), porque pocos proyectos (si alguno hubiera) personifican mejor la continuidad, en los despachos, en los banquillos y en los parquets. Porque siguen Richotti o Sekulic (su permanencia es siempre el mejor fichaje), porque llegan O’Leary o Beirán. Porque todas sus piezas encajan, porque saben crear el caldo de cultivo para que todas sus piezas encajen. Porque son un ejemplo que muchos deberían imitar.

bellas cai20) Porque me duele no ver ya a Bellas en el Granca, pero al mismo tiempo me apetece ver a Bellas en otro lugar que no sea el Granca, tanto más en un lugar tan propicio como el CAI. Nuevos compañeros, nuevos técnicos, nuevas gentes, nuevo clima, nueva vida, por primera vez lejos de su (muy bien ganada) zona de confort.

21) Porque (me gustaría pensar que) cada vez que conecten con Zaragoza conectarán con el Pabellón José Luis Abós, cada vez que alguien empiece a narrar dirá bienvenidos al Pabellón José Luis Abós, cada vez que las cámaras enfoquen la cancha leeremos en la parte superior Pabellón José Luis Abós. Le pese a quien le pese. (Me gustaría pensarlo, pero lo pongo entre paréntesis porque justo después de escribirlo descubro que no será así por ahora, que los tribunales han suspendido cautelarmente el cambio de nombre; mandagüevos, añado, desde el exquisito respeto a las resoluciones judiciales que no comparto en absoluto).

22) Porque soy campazzista, lo soy desde antes de los Juegos de 2012, desde antes de que en el Madrid supieran siquiera que existía. Porque por serlo me he llevado hostias tuiteras a tutiplén (legítimas discrepancias, en cualquier caso) de todos aquellos que echaron pestes tras la marcha de Draper, todos esos iluminados que decían que no era digno de vestir la camiseta del Madrid (que leyéndoles a veces piensas que ni Magic Johnson en sus buenos años habría sido digno de vestir la camiseta del Madrid, a poco que hubiera fallado un pase). Soy campazzista y me preparo para cobrarme mi revancha, porque sé que este año en Murcia, con minutos, confianza y Fotis (y a poco que le acompañe la salud), sencillamente se va a salir. Recuérdenmelo en primavera.

23) Porque además de Campazzo Murcia será este año un verdadero latin team: Augusto Lima (si finalmente se queda y no es abducido por la casa blanca, lo cual aún no está claro a la hora del cierre de estas líneas), Vitor Benite, Sadiel Rojas… Porque con Fotis al mando, Cabezas dejando poso, Wood en los triples, Lischuk en los bloqueos y Antelo anteleando sólo pueden salir cosas buenas de ese equipo.

24) Porque también soy brizuelista (no saben cuánto), porque creo sinceramente que Darío Brizuela es lo mejor que le ha pasado al Estu desde hace muchísimo tiempo, lo mejor que ha salido de esa cantera desde el Chacho si me apuran (y aunque sé que Jaime Fernández tendría razones más que fundadas para decir algo al respecto).brizuela vicedo Tendrá minutos, apunta a titular, ya veremos si de aquí a unos meses no estaremos hablando del jugador revelación de la ACB (y miren que este año hay competencia). Papeletas lleva, tantas como el que más.

25) Porque además de Brizuela habrá bola también para Vicedo, Juancho Hernangómez, Fran Guerra y puede que alguno más, porque con Ocampo al mando sabemos por fin que todas estas criaturas vuelven a estar en buenas manos. ¿Lo demás? Dos veteranos del Vietnam como Nacho y Salgado, dos americanos (de USA) con buena pinta, Bircevic haciendo bulto y la maravillosa guinda final de Stimac, el hombre boquiabierto (es como aquél del pueblo de Gila que le decían ¡oye, que tienes la boca abierta! y contestaba ¡ya lo sé, si la he abierto yo!); no destacará por su estética (en ningún sentido) pero lo compensará con creces con todo lo demás. Y todo lo cual sin más objetivos (al menos por mi parte) que no pasar apuros, crecer, disfrutar, volver a ser felices practicando y viendo baloncesto. Ser de nuevo el Estu, con todo lo que eso comporta.

26) Porque seguiremos abalanzándonos a contemplar cada partido de la Penya (en la medida en que la cobertura televisiva nos lo permita) como si fuera un objeto de culto, quizá porque efectivamente sea un objeto de culto. Porque llegan Drame (mítico apellido en aquella casa, por cierto) o Brandon Paul, porque sigue Mallet que parece el padre de todos, porque sigue Suton, porque aún continúan Vidal o Miralles. Pero también porque Ventura y Llovet ya son imagen de marca, porque Abalde lo será más pronto que tarde (si no lo es ya), porque a la vuelta de la esquina aguardan Sans, Nikolic o Nogués. Pero sobre todo, porque muy pocas cosas resultan más gratificantes (en lo que a ACB respecta) que ver jugar a la Penya.

27) Porque Sevilla sigue viva (un año al menos), porque Bilbao finalmente se ganó la estabilidad. Porque son plazas indispensables, porque una ACB sin Bilbao o sin Sevilla carecería por completo de sentido.

28) Porque cada minuto de Raül López seguirá valiendo su peso en oro, porque se nos irá más pronto que tarde, porque deberíamos de enmarcar todos esos ratos que aún le queden en ACB.

29) Porque Pustovyi, Bendzius y Caloiaro (más la continuidad de Waczynski) seguirán poniendo a prueba la pronunciación de los comunicadores compostelanos en particular, y los de toda la ACB en general. Porque (más allá de chorradas) la enésima reinvención obradoirista volverá a salir adelante como todas las anteriores (Moncho mediante), porque volverá a emocionarnos como todas las anteriores (Miudiño mediante).

shermadini_morabanc_rtva_andorradifusio_ad30) Porque es un lujo y un auténtico placer tener por aquí de nuevo a Míster Bean Shermadini. Aunque habré de reconocer que si hace meses me hubieran preguntado dónde iría jamás habría imaginado que fuera a Andorra, tanto menos con las evidentes carencias interiores en muchas otras plazas ACB de mayor raigambre y tronío. Los designios del mercado (y de la fiscalidad) son inescrutables, sin duda.

31) Porque una cosa es reinventarse y otra (ya un paso más allá) lo que tendrá que hacer el Fuenla: técnico nuevo (Tabak), asistentes nuevos (Cuspinera, Raventós), nueve (sí, 9) jugadores nuevos si no he echado mal la cuenta, incluido el recién llegado (y no por ello menos insospechado) Marko Popovic. Me fascina, me seduce y me intriga (sobre todo me intriga) lo que pueda salir de ese collage, puede ser una maravilla o un caos, esperemos que opten por la primera opción.

32) Porque este año descenderá al menos un equipo a la LEB, de verdad, se lo prometo. No, no es que adivine el futuro (que yo sepa) sino que el postergado ascenso ourensano hará que el último clasificado de la ACB baje esta vez sí o sí (salvo nuevo cambio de opinión o de circunstancias en los próximos meses, que a la vista de los antecedentes tampoco me extrañaría). Y no es que yo le desee mal a nadie, líbreme el cielo, es sólo que recuperar esa dinámica medianamente normal de ascensos y descensos resulta esencial para la supervivencia de esta competición (y no digamos ya de la LEB). Así que algo es algo, menos da una piedra. Aunque sea en diferido.

33) Porque a día de hoy todos parten de cero (por definición), hasta la propia Liga parte de cero, si no nos ilusionamos ahora ya me dirán ustedes cuándo nos vamos a ilusionar. Tiempo habrá para que la cruda realidad venga a ponernos en nuestro sitio.

34) Porque me salen ya a estas alturas 35 motivos pero podrían salirme 350 si me lo propusiera, porque creo que llegados a este punto se han ganado ustedes sobradamente el derecho a que les deje descansar. Y porque muchos de esos otros motivos se nos irán apareciendo según avance la temporada, no les quepa la menor duda. Somos así, todavía capaces de encontrar alicientes aunque nos pueda el desánimo.

y 35) Porque sí. Porque el baloncesto nos hace felices, y a día de hoy (y mientras no se demuestre lo contrario) no tenemos ninguna otra liga profesional de baloncesto más cerca de casa, ni puñetera falta que nos hace. Porque sigue siendo nuestra Liga por más motivos que se empeñen en darnos año tras año para que deje de serlo. Porque ya está bien de lamernos las heridas. Porque sí.

NO TE SIGNIFIQUES   Leave a comment

Mira que nos lo decía una y otra vez nuestra madre, hijo, no te signifiques, no sé cuántas veces le llegué a escuchar aquella frase en aquellos extraños años del post-franquismo y la predemocracia (puede que aún estemos en esos años, de hecho). Hijo, no te signifiques, me lo decía a mí aunque mi natural timidez me impedía significarme, se lo decía sobre todo a mi hermano (menor) que era mucho más de significarse que yo. Hijo, no te signifiques, sonaba aquello como si fuera una negación de la personalidad, una negación de la persona misma, que no te vean, que no te sientan, que no sepan que existes, sé insignificante por definición. Eso mi madre, mi padre iba aún más allá, oír, ver y callar, ésa era su forma de ir por la vida, ésa fue la filosofía que nos inculcó millones de veces (no le gustaba repetir las cosas) a lo largo de nuestra infancia, oír, ver y callar, huelga decir que no le hicimos caso, huelga decir que ni siquiera yo (que era más de hacerle caso que mi hermano) le hice nunca el menor caso (de hecho ni siquiera él se hizo caso a sí mismo en algún momento de su vida; pero esa es otra historia), de habérselo hecho no estaría aquí ahora dándoles la brasa en este (ni en ningún otro) blog. En el pecado llevan la penitencia.

En fin, que supongo que no les descubro nada nuevo a estas alturas si les cuento que Pedro Martínez ha dejado de ser entrenador del Gran Canaria, como supongo que aún menos les descubriré nada nuevo si hurgo un poco en la polémica que se ha generado a su alrededor. Afirman los (ir)responsables de dicha decisión que ésta se ha tomado sólo en base a razones deportivas, y como quiera que yo soy una persona ingenua y bienpensante por definición (seguro que ya se habían dado cuenta) no puedo por menos que creérmelo, cómo no me lo habría de creer. Razones deportivas, of course, lo dicen porque puede que sea cierto y porque si no lo fuera tampoco podrían decir otra cosa, eso sería tanto como reconocer que han discriminado a un trabajador por motivos ideológicos y contra eso (que yo sepa) hay leyes, incluso en estos tiempos sigue habiéndolas aunque cada vez nos cueste más reconocerlas. Razones deportivas, por supuesto, cómo no, faltaría más, hagamos como que nos lo creemos, repasémoslas juntos, háganme el favor.

El Club Baloncesto Gran Canaria, el Granca para los amigos, ha quedado este año quinto clasificado en la ACB, así en temporada regular como en playoffs. Quinto (5º), repito, ello después ganar 22 partidos, más que en cualquier otra temporada por cierto. Algunos (no muchos) hay a quienes eso les parece poco, supongo que en base al esfuerzo económico realizado este pasado verano por la entidad: renovación de Newley o Bellas, adquisición de Oliver, Nacho Martín, Ben Hansbrough u O’Leary por ejemplo (quizá también deberían meter en ese saco la marcha de un jugador tan impagable como Toolson, pero ésa por lo general se les olvida). Supongo que también les parecerá poco por comparación a lo hecho en 2012/2013, año de gracia en que el Granca se clasificó cuarto (tras haber sido séptimo en temporada regular) y se metió además en semifinales de Copa del Rey. Todo ello muy normal claro está, tan normal es que a ellos les parezca poco como que a mí (que no soy nadie) lo hecho este año por el Granca me parezca más que suficiente, quizá porque no acostumbro a pedir la luna si sé que no me la pueden conseguir. Si ser quinto te parece poco mira al menos quiénes son los que están por delante, dos transatlánticos como Madrid y Barça, dos portaaviones como Valencia y Unicaja, cuatro equipos que en condiciones normales (repito, en condiciones normales) deben estar por delante del Granca sí o sí, el dinero es lo que tiene. Si ser quinto te parece poco echa un vistazo al parte de bajas, a la cantidad de semanas en que Martínez debió hacer encaje de bolillos ante las sucesivas lesiones de unos y otros, alguna tan devastadora como la de ese pívot del que ahora ya parece que nadie se acuerda, Xavi Rey. Si ser quinto te parece poco por comparación a lo hecho en 2012/2013 viaja un poco más atrás, tan solo un año, a aquella temporada 2011/2012 en la que el Granca hubo de esperar hasta las últimas jornadas para salvarse del descenso, sin que aquella plantilla de entonces fuera muy distinta de la que vino después. Si vamos a jugar hagámoslo con todas las cartas, por favor.

Pero con todo y con eso las razones deportivas me parecen legítimas, cómo no habrían de parecérmelo. Pongamos que los sabios rectores del Granca, en pleno uso de sus facultades mentales, hayan decidido, justo ahora que tienen nuevo pabellón y mayor previsión de abonados (y por ende de ingresos), que con este técnico han tocado techo (¿Y por qué ese techo habría de fijarlo el técnico y no el presupuesto, por ejemplo?), que este nuevo proyecto a Pedro Martínez le viene grande y por ello precisan de un nuevo entrenador que esté a la altura de las circunstancias, con dos… razones. Cuentan que andan detrás de Aíto (que si así fuera ya veremos si se deja) como podrían contarnos que andan detrás de Obradovic, Popovich, Krzyzewski o la madre que les parió, lo que les pete. Fichen a quien les plazca, probablemente acertarán porque grandes entrenadores hay unos cuantos en el mercado pero eso sí, permítanme antes que les diga una cosa: no dudo que acabarán encontrando a un técnico igual de bueno que Pedro Martínez, pero difícilmente encontrarán a un técnico mejor que Pedro Martínez. Al tiempo.

Ahora bien, Pedro Martínez, ahí donde le ven, tiene un defecto evidente: es un profesional del baloncesto, probablemente es un enamorado del baloncesto pero ello no significa que su vida entera (24 horas al día, siete días a la semana, etc) sea sólo baloncesto. A ratos (pocos) tiene también tiempo libre y hasta se cree con derecho a a utilizarlo en cosas ajenas a nuestro deporte, por dios qué atrevimiento, dónde vamos a llegar. Pedro Martínez lee, escribe, opina como si tuviera derecho a ello, como si fuera éste un país libre en el que poder opinar impunemente, sólo eso faltaba. Pedro Martínez tiene la funesta manía de pensar, es más, tiene también a veces (probablemente muchas menos veces de lo que le gustaría) la funesta manía de decir lo que piensa. Así lo hizo siempre (y alguna vez hubo en que casi le degollaron por ello), así sigue haciéndolo y así seguirá haciéndolo allá donde vaya porque hay cosas que no se pueden (ni se deben) cambiar, porque forman parte intrínseca de la personalidad de cada uno. Y si es un lugar común aquello de que los equipos son un fiel reflejo de la personalidad de sus entrenadores, probablemente ello muy pocas veces fue más cierto que con los equipos dirigidos por Pedro Martínez. Casualmente.

Hijo, no te signifiques… Nuestra sociedad pide modelos planos, tanto más en el mundo del deporte. Seres que no piensen y que si piensan no lo digan, el fútbol es así, el balón no quiso entrar, yo lo que diga el míster, no hay rival pequeño, ya no hay peritas en dulce, los partidos duran noventa minutos, hasta el rabo todo es toro, son cosas del fútbol. Oír, ver y callar (o en su defecto soltar una sarta de simplezas para que todos pensemos que cuánto mejor hubieran hecho permaneciendo callados), ese es el modelo imperante y pobre de aquel que se salga de la norma, tanto más si tu deporte no se juega con los pies. Corren malos tiempos para la lírica y la filosofía y el pensamiento y hasta el sentido común, tiempos en los que aquel que se mueve no sale en la foto (y cada vez son más los que se mueven, por eso cada vez salen peor las fotos). O no dices nada, o dices lo que quieren oír o más pronto que tarde alguien pedirá tu cabeza, sabíamos que era así en otros ámbitos, ahora ya sabemos (o sospechamos, al menos) que puede ser también así en el mundo del deporte. No te signifiques, quién me iba a decir a mí que aquella frase de mi madre volvería a retumbar de nuevo en mi cabeza, casi cuarenta años después…

Ahora bien, destrascendentalicemos (pedazo de verbo) un poco las cosas, esto tampoco es el fin del mundo, por supuesto que no. Curiosamente, al contrario de lo que suele suceder en tantos otros despidos (tantas otras no renovaciones de contrato, para ser más preciso), la situación esta vez no va a ser tan grave para el trabajador como para la empresa que le pone de patitas en la calle. Es obvio que Pedro Martínez no va a ser en ningún caso un parado de larga duración (salvo que él así lo quiera), es obvio que se lo van a rifar, cuántos quisieran estar en su pellejo. En cuanto al Granca… miren, yo a estas alturas ya no sé si esto ha sido por una cosa o por la otra o por todo lo contrario o por las dos a la vez o por ninguna o por un tema económico o por un totum revolutum o por hartazgo mutuo, no lo sé ni quiero saberlo ni creo que tenga por qué saberlo, pero sí hay algo que creo entrever y es el daño que la entidad se ha autoinfligido con esta historia: el Granca a partir de ahora podrá ganar o perder, podrá ser mejor o peor equipo pero créanme que eso a estas alturas es lo de menos, mucho más importante me parece el hecho de haber tirado por tierra de una tacada buena parte de la ilusión y la admiración generada a lo largo de todos estos años, la que les llevó a convertirse en el segundo equipo de muchísima gente (entre la que me incluyo) más allá de su Isla. Ese tesoro, mucho más valioso que cualquier victoria, casi tan valioso como cualquier título, es el que hoy han podido echar a perder. Veremos si algún día son capaces de reconquistarlo.

brotes verdes   Leave a comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 15 de octubre de 2013)

Granca y CAI han llegado para quedarse. Granca y CAI llegaron hace cinco meses, ganaron donde no les tocaba, subvirtieron el orden establecido, dieron el puñetazo encima de la mesa y dijeron hola buenas, aquí estamos, Granca y CAI llegaron y rompieron de un plumazo los esquemas de nuestro adocenado baloncesto patrio, acostumbrado por lo general a que tercero y cuarto fueran más o menos los de siempre para así justificar sin necesidad de más explicaciones que la Euroliga también la jugaran más o menos los de siempre.brotes-verdes Granca y CAI supusieron un maravilloso soplo de aire fresco (dos soplos, más bien) para nuestra alicaída Liga, dos brotes verdes (que éstos en verdad lo son aunque parezcan rojos o amarillos, no como esos otros que insisten en vendernos por ahí) en mitad de este páramo desolado, cada vez más yermo porque cada vez hay menos con que regarlo, también porque esos dos enormes eucaliptos plantificados allí en medio se chupan casi toda el agua e impiden que surja a su alrededor cualquier otro atisbo de vegetación. Granca y CAI surgieron sin embargo, resultó fácil la tentación de creer que fueran flor de un día pero nada más lejos de la realidad, casi medio año después ahí siguen cada vez más lozanos y frondosos, aguantando la sequía, los embates de los vientos y hasta las acometidas del temporal…

Y no será porque no les podaron (no sé si no estaré llevando la metáfora demasiado lejos), no será porque no intentaran quitarles todo lo aprovechable en cuanto se vio que podían prosperar. No había acabado casi el CAI de eliminar al Valencia Basket, no se había enfriado aún el parquet de La Fonteta y ya estaban los del Equipo Hacendado haciendo buena aquella vieja máxima, si no puedes vencer a tu enemigo únete a él, si no puedes vencer a tu enemigo intenta al menos quitarle lo mejor que tenga para que así puedas vencerle la próxima vez. La Cultura del Refuerzo, como si dijéramos. Dicho y hecho, Pablo Aguilar y Sam Van Rossom hicieron el breve trayecto Zaragoza-Valencia y de repente a orillas del Ebro se vieron de nuevo ante la necesidad de reinventarse, reinventarse relativamente porque al fin y al cabo allí seguirían los Llompart, Roll, Rudez, Stefansson o Joseph Jones, pero reinventarse de todos modos. Lo que para otros sería un grave problema, para Willy Villar es sencillamente un reto diseñado a la medida de su capacidad.

Si a alguien le quedaba alguna duda, se le debió quitar en cuanto vio aparecer por aquellas tierras a esa especie de Mister Bean con cuarenta centímetros de más llamado Giorgi Shermadini, todo un vigente campeón de Euroliga escogiendo ser cabeza de ratón (aunque hay ratones y ratones) en vez de cola de león, pasar de jugar diez minutos en un gran equipo a jugar treinta en un buen equipo como paso fundamental para relanzar (aún más) su carrera. Aun así alguno le puso pegas, ya dijo el torero que hay gente pa tó, que si no es un fino estilista, que si sus movimientos son manifiestamente mejorables, que si… Pura envidia, me temo. Shermadini podrá no resultar tan pintón como otros (como su magnífico compañero Joseph Jones, por ejemplo) pero es que tampoco lo necesita. A Shermadini se le mide en términos de eficacia, de economía de medios, para qué hacer cuatro pivotes y dieciséis reversos si con apenas un giro y un toque suave ya es capaz de sacar petróleo de las piedras. Y a ambos lados de la cancha, además. Cómo se lo explicaría: al precio que va hoy en día el kilo de cénter de calidad en el mercado europeo, ya hay que tenerlos bien cuadraos para poner pegas a un jugador así, y tanto más estando en un equipo como el CAI. Lo del sábado fue sólo el principio.

Pero es que además no vino solo, ponga usted un georgiano en su vida y a poco que se descuide tendrá dos por el mismo precio (bueno, no exactamente por el mismo precio, pero ustedes me entienden). Por si no tenías bastante con Mister Bean vas y le pones al lado al Señor Cuesta de aquí no hay quien viva (o de como demonios se llamara aquello), por otro nombre Viktor Sanikidze, un sujeto que dicen que pasó tiempo ha por Estudiantes aunque él se esforzara concienzudamente en disimularlo. Éramos más jóvenes (sobre todo él), hoy este Sanikidze tiene infinitamente menos pelo e infinitamente más baloncesto que entonces. Georgiano y georgiano, la pareja perfecta, desconfíe de parecidos y otras chorradas porque estamos ante el futuro (quizá ya presente) dúo de moda en la ACB, por separado son buenos pero juntos son capaces de fabricar baloncesto como los propios ángeles (no sé si como los Lakers o como los Clippers, pero como los ángeles al fin y al cabo), así en su selección como en su club. Nace el CAI Zaragozadze.

Si además cambias belga por belga, Van Rossom por Tabu (será por apellidos pintorescos), si además te sacas de la manga a un Pere Tomás que necesitaba ya resetearse fuera de Badalona, si además conservas casi todo lo demás (incluso Norel, que por ahí sigue aunque aún no goce de buena salud) el resultado de todo ello nos da un proyecto maravilloso, un equipo al que da gloria verlo. En Bilbao lo vieron y no parece que les diera mucha gloria, como tampoco parece que les diera mucha gloria en Vitoria ver al Granca, es lo que tienen las derrotas. Estas cosas son así, hace un par de años los equipos vascos epataban al resto de los mortales, hoy en cambio andan metidos en (relativas) penurias, mañana quién sabe. Tendrán que poner las cosas en perspectiva (es decir, tendrán que no jugar contra ellos) para apreciar en su justa medida lo que estas fantásticas criaturas de Abós y Martínez son capaces de hacer, lo que ya están haciendo. Para ver crecer los brotes verdes.

Y es que lo dicho cuatro párrafos más arriba para Willy Villar vale exactamente igual para Berdi Pérez. Aún no habían acabado de caer ante el Barça, aún no habían acabado de despedirse y desearse un buen verano y ya estaba Ryan Toolson vestido de verde Unicaja. Y el siguiente fue Spencer Nelson, más de uno contaba en la Isla con que recogiera el testigo de Jim Moran y se perpetuara de amarillo pero se ve que él tenía otros planes. ¿Problema? En absoluto. Hay seres humanos que no acostumbran a tener problemas sino soluciones, y me da que Berdi debe ser uno de ellos. Antes de traer lo bueno que haya por ahí procuremos conservar lo bueno que aún tenemos, que no es poco: Newley renovó contra todo pronóstico, como renovó Bellas tras arduo proceso que costó poco menos que un parto pero que al final (ya casi fuera de cuentas) acabó en alumbramiento feliz para todas las partes. Como siguieron también Beirán, Báez (¿acaso el jugador más infravalorado de la Liga?), el aún achacoso (aunque mientras estuvo en la selección no quisiéramos darnos cuenta) Xavi Rey y hasta la joya de la corona Edy Tavares. No estaba mal para empezar…

Pero aún había muchos agujeros que tapar. Granca se lanzó en picado a por el jugador más deseado del verano, Nacho Martín. Tenía mal pronóstico, tenía que competir contra ofertas muy superiores de equipos que tal vez le doblaran el presupuesto, tenía que jugar sus bazas. Como dijo aquél, hay cosas que el dinero no puede comprar. Hay personas (y hay edades) que priorizan la pasta y hay también personas (y edades) que están por encima de todo eso. No porque les sobre, nunca sobra, sino porque están ya en otra fase, porque son capaces de valorar aún más la calidad de vida. Entre ganar XXX en un sitio cualquiera o ganar sólo XX en mitad del paraíso, en un lugar de inmejorable clima meteorológico y social, muchos (que no miran más allá de sus narices, o más allá de su cuenta corriente) habrían elegido la opción A, pero Nacho Martín prefirió la B. Granca buscó a Nacho, Nacho Martín escogió Gran Canaria. Un gran lugar, un gran club, un gran tipo (visto al menos desde la distancia, que no tengo el placer), de alguna manera estaban todos ellos condenados a entenderse. Por nada del mundo se me vayan a perder el resultado de ese entendimiento.

Pero quedaba el toque mágico, el que antaño fue Toolson y antes fue Carroll y antes English y antes tantos otros, el que año tras año nos lleva a abrumar de loas y alabanzas a Berdi y antes a Himar y antes otra vez a Berdi. Vistos los antecedentes esperábamos un tirador, ficharon a Ben Hansbrough ergo a partir de ahí ya todos nos lanzamos a decir que Hansbrough es un tirador. Bueno, pues no. Hansbrough es menos que eso, lo que significa que es también muchísimo más que eso. Hansbrough es el pack total, créamelo porque le vi no menos de una docena de veces durante su periplo universitario, Hansbrough puede tirar (y meter) pero no es esa su principal faceta, Hansbrough anotará menos que sus antecesores o anotará tal vez lo mismo pero de otra manera, atacando el aro, dejándose los dientes en cada penetración. Eso sí, a cambio Hansbrough te dará una defensa y una intendencia que los otros no te dieron, ni por asomo. E intensidad, toda la del mundo. No estará tan loco como su afamado hermano Tyler (Psycho T para los amigos), su mirada no es tan enajenada pero sí te permite intuir esa misma determinación en sus ojos. En los días malos se dejará la vida (y pasará por encima de la de cualquiera, si es preciso), en los días buenos también pero además hará muchas más cosas. Siempre y cuando no me lo hayan estropeado desde que salió de Notre Dame.

Añádanle a Albert Oliver, todavía a sus 35 añazos un seguro de vida desde el base, un magnífico pasador (y tantas otras cosas) en el reino de los buenos pasadores, como lo es también Bellas o como lo son (cada uno a su manera) Hansbrough, Beirán, Báez, no digamos ya Nacho Martín. O como lo es incluso O’Leary, el típico alero sobrio y discreto que tanto gusta en aquellas tierras, el que partido tras partido te hará muy poco ruido y te dejará en cambio muchas, muchísimas nueces. Un equipo de buenos pasadores, bien trabajado además como es el caso, podrá ganar o perder pero te asegurará jugar muy bien al baloncesto. He ahí su imagen de marca. En esta Liga ACB podrá haber equipos mejores que el Granca, sobre todo plantillas mejores que la del Granca. Pero difícilmente encontraremos a un equipo que juegue tan bien al baloncesto como lo hace el Granca.

Granca y CAI han llegado para quedarse, y ahora usted (en el dudoso supuesto de que haya aguantado hasta aquí) me preguntará qué significa quedarse. Ojalá lo supiera. Quedarse es no ser aquella flor de un día que les dije en el primer párrafo, quedarse es competir de igual a igual semana tras semana, mes tras mes, es estar ahí rondando permanentemente las proximidades de la excelencia. Quedarse es seguir creciendo, es continuar año tras año peleando copas y playoffs, asumiendo que puedes perder (cómo no habrías de poder, la derrota es parte del juego) pero sabiendo que has hecho siempre todo lo necesario para que puedas ganar. Quedarse es no pensar jamás en títulos, pero si por cualquier circunstancia se ponen a tiro no perderles la cara y mirarlos de frente, siempre de frente. Quedarse es tener claro que hay por ahí dos acorazados pero que el resto son meramente humanos, y que hasta a los acorazados se les pueden encontrar vías de agua de vez en cuando. Quedarse es no ponerse más límites que aquellos que dicte el sentido común (o ni esos siquiera), quedarse es dormir poco y soñar mucho como en buena hora dijo Pedro Martínez. Quedarse es (o debería ser) precisamente eso, haberse ganado por fin el derecho a soñar. Así sea.

un soplo de aire fresco   4 comments

Recapitulemos: Xavi Rey, que estaba haciendo la mejor temporada de su vida y que en algún momento pudo hasta ser considerado (eso que solemos llamar) jugador-franquicia, lleva lesionado desde tiempo inmemorial. Jon Scheyer se apeó del barco en marcha, colgó las botas y las cambió por el traje y la corbata para irse a la vera del maestro Krzyzewski en su Cameron Indoor de Duke. Su presunto sustituto Chamberlain Oguchi se quedó pinchado en un bloqueo nada más llegar y ahí sigue, por ahora. Tomás Bellas, rescatado hace años de las profundidades de la LEB, hoy es probablemente el base más infravalorado de la ACB, acaso también el jugador (de cualquier posición) más infravalorado de la Liga; algo en lo que no le va muy a la zaga (en la infravaloración, me refiero) su compañero Eulis Báez, auténtica joya que tal vez sólo necesitaba encontrarse con el técnico ideal para sacar a relucir todas sus capacidades. Jugadores que dieron tumbos por aquí y por allá, como el propio Báez, como Newley, como ese mismo Beirán que necesitó irse tan lejos de casa para que por fin entendiéramos que era mucho más que un tirador. O como Slokar, ése de quien Messina dijo una vez que era demasiado inteligente para jugar al baloncesto, tal vez su problema fuera no haberse encontrado aún con el entrenador capaz de asumir y administrar esa misma inteligencia. Añádase a Óscar Alvarado y Walter Tavares, diamantes (cada vez menos) en bruto que van puliéndose día a día; añádase a Roberto Guerra, leyenda viva del club, el jugador canario por antonomasia, rescatado casi de la jubilación para hacer equipo y bien que lo está haciendo; añádase por supuesto a Spencer Nelson, camino de convertirse en una institución como en su día lo fue (lo será siempre) Jim Moran; añádase cómo no a un Ryan Toolson que desde ya debería dejar de ser el sobrino de y el primo de, la verdadera estrella de un equipo sin estrellas. Y ciérrese el círculo con el principal culpable de todo esto, don (hoy más don que nunca) Pedro Martínez, con todo su equipo técnico, también con ese previo encaje de bolillos que hoy hace Berdi Pérez, que antes hizo Himar Ojeda y aún antes otra vez Berdi. Y con sus gentes, esas buenas gentes que cada domingo se visten de amarillo y se pegan el madrugón (una hora menos, recuerden) para abarrotar el CID, que llevaban años rondándolo, que rompieron una primera barrera en febrero y ahora han roto por fin la barrera definitiva, que acaso crean que han cumplido un sueño y no se den cuenta (o tal vez sí) de que el sueño sigue abierto, no tiene por qué ser final sino principio, esto no ha hecho más que empezar. Esto es suyo, esta felicidad es de todos ustedes, disfrútenla por favor.

Sigamos recapitulando pero ahora un poco más arriba, unos cuantos miles de kilómetros hacia el nordeste: Henk Norel (como Xavi Rey en el párrafo anterior), seriamente averiado justo cuando iba camino de convertirse en la piedra angular de este proyecto. Michael Roll, Chad Toppert, Damjan Rudez, Joseph Jones, Golubovic, seres anónimos de cuya existencia apenas sabrían cuatro gatos antes de llegar a Aragón, tipos a quienes aún hoy apenas reconocerían más abajo de Calatayud o más arriba de Barbastro (por ejemplo). Como Stefansson, el islandés errante, tantas veces rebotado de tantos y tantos sitios. O como el mismísimo Sam Van Rossom, otro gran base, otro ejemplo palmario de infravaloración. O como Albert Fontet, quién nos lo iba a decir, felizmente recuperado para el baloncesto de élite. Y ese Pedro Llompart que era la pieza que faltaba para completar el puzzle, el pegamento que da sentido a todo lo demás; y por supuesto ese Pablo Aguilar, la verdadera joya de la corona que mucho me temo que les va a durar lo que (dicen que) dura un caramelo a la puerta de un colegio. Claro está, dirán que todo eso no es gran cosa, dirán que todos estos nombres más bien parecen deshechos de tienta, dirán lo mismo que habrían dicho en el párrafo anterior pero sucede a veces que para amalgamarlo existen profesionales como aquel Pedro Martínez o este José Luis Abós, el hombre (aparentemente) tranquilo que durante estas pasadas temporadas cargó con el mochuelo de que los resultados no estuvieran (presuntamente) en consonancia con la inversión realizada, contra todo pronóstico sus jefes tuvieron paciencia, le respaldaron y ahí está el fruto, ese que hoy disfruta (valga la redundancia) una afición inmensa, la misma que no murió cuando murió el anterior CAI, la misma que vio nacer de la nada a este nuevo CAI y lo mantuvo vivo en LEB, la misma que soportó frustración tras frustración en cada intento de ascenso a la ACB y aún así siguió adelante como si no hubiera pasado nada, la misma que tuvo al fin su premio y lo perdió y volvió a tenerlo, la misma que hoy valorará esto más que nadie porque sabe lo que cuesta lograrlo, sabe que han tenido que pasar más de veinte años para que Zaragoza (con otro club que se llama igual pero ya no es el mismo) vuelva a sentirse en la élite de la ACB.

Probablemente habrá quien se rasgue las vestiduras (más allá de lo obvio, más allá de las lógicas rasgaduras en Vitoria o Valencia), habrá incluso quien se eche las manos a la cabeza y piense que van a ser unas semifinales descafeinadas, que esto puede ser la ruina para la ACB y para su relación con TVE, todo lo que ustedes quieran pero qué quieren que les diga, a mí el hecho de que dos proyectos tan ilusionantes como Granca y CAI vayan a jugar las semifinales de la ACB me parece una magnífica noticia y un maravilloso soplo de aire fresco para nuestro baloncesto. Quizá no recuerden que hubo un tiempo (pongamos que dos décadas atrás) en el que se solía decir que ACB era en realidad el acrónimo de Acaban los Cuatro Buenos (creo recordar que la paternidad de la idea correspondió a Vicente Salaner) por aquello de que, sucediera lo que sucediera antes, al final las semifinales siempre las acababan jugando Madrid, Barça, Joventut y Estudiantes. Quizá sí recuerden que hubo otro tiempo bastante más reciente en el que igualmente Acababan casi siempre los Cuatro Buenos si bien estos ya eran Madrid, Barça, Baskonia y Unicaja, si acaso con ligerísimas incursiones (según las épocas) de Caja San Fernando, Valencia o más recientemente Bilbao Basket. En demasiadas ocasiones las semifinales ACB han parecido un coto cerrado, y por eso me alegra tanto que esta competición de alguna manera se democratice, que se abra a equipos que llevan años y años trabajando bien y se merecen con creces este premio. Me alegra aunque también lo sienta por un gran tipo como Zan Tabak, aunque lo sienta por un Valencia Basket que fichó tal vez mejor que ningún año para al final acabar casi igual que todos los años. Me alegra aunque los agoreros del apocalipsis intenten estropeármelo, me alegra aunque algunos linces ya estén dando por hecho cuál será el resultado, me alegra aunque algún periódico deportivo abra hoy su sección de baloncesto titulando a cinco columnas Todo apunta a una final Real Madrid-Barcelona como si no hubiera otra noticia, como si en este país no existieran otras realidades deportivas que merezcan ser contadas más allá de esa estomagante dualidad. Me alegra aunque siga sin entender (problema mío, que soy así de ignorante) qué tendría que pasar para que Granca y/o CAI jugaran Euroliga (que eso sí que es un coto cerrado), si les bastaría con llegar a la final o si además necesitarían ganarla, o si ni aún así la jugarían siquiera. Sí, me alegran estas semis y pienso disfrutarlas aunque una vez más me las vayan a televisar a medias, y créanme que todo lo demás (audiencias incluidas) por una vez me va a importar poco menos que un bledo (sea lo que sea un bledo). Si éstas también son sus semis, no permitan que nada ni nadie se las estropee.

lo de todos los años   7 comments

Me permitirán que me autoplagie (o que me autocite, que queda más elegante), que copiapegue aquí lo que escribí hace hoy exactamente un año y diez días, más que nada porque no me apetece volver a escribirlo:

El proceso de elección de Entrenador del Año en nuestra Liga ACB responde a un mecanismo ciertamente muy complejo, en el que inciden un sinfín de variables que resultaría sumamente prolijo explicar aquí, en el corto espacio de unas breves líneas. Pese a ello, y dada mi natural vocación de síntesis, haré un ímprobo esfuerzo para resumirles de la mejor manera posible los pasos que por lo general conducen a la concesión del susodicho galardón:

Paso 1: se espera a que termine la temporada regular.
Paso 2: una vez finalizada la temporada regular se obtiene la clasificación.
Paso 3: se mira dicha clasificación para comprobar qué equipo ocupó el primer puesto.
Paso 4: se comprueba quién es el entrenador de dicho equipo.
Paso 5: se otorga a dicho técnico el premio al Entrenador del Año. Sin más.

O dicho de otra manera: en la temporada 2009/2010 el Barça acabó primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le fue otorgado a Xavi Pascual. En la temporada 2010/2011 el Barça acabó primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le fue otorgado igualmente a Xavi Pascual. Y en ésta recién concluida 2011/2012 el Barça ha acabado primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le ha sido concedido a… (terminen ustedes la frase, háganme el favor, que es que a mí me da la risa).

Fin de la cita, evidentemente aquella entrada era mucho más larga (y cómo no habría de serlo) pero el resto eran ya generalidades y vaguedades que venían a cuento entonces pero hoy ya no vienen al caso. Hoy podría simplemente continuar aquella cita añadiendo que en esta temporada 2012/2013 el primer clasificado de la temporada regular ya no ha sido el Barça sino el Madrid, razón por la cual el Entrenador del Año ya no ha sido Xavi Pascual sino

Creo que no soy precisamente sospechoso de lasofobia, creo que nadie que me lea con cierta asiduidad pensará que si escribo así es porque le tengo cierta manía a Pablo Laso. Más bien al contrario, saben que le he puesto por las nubes un montón de veces, la última hace apenas unos días con notable éxito de público y no tanto de crítica, que de esa hay para todos los gustos. Lo repetiré una vez más, valoro a Laso muy por encima de lo que lo hacen muchos aficionados de su propio equipo y creo firmemente que está haciendo un extraordinario trabajo cuyos resultados se ven a simple vista: el título copero del pasado año, la Final de la Euroliga, el liderazgo en ACB y sobre todo la creación de un estilo de juego perfectamente reconocible y sumamente atractivo para el espectador. Valoro a Laso y hasta lo tengo en gran estima, no les quepa la menor duda, pero una cosa es una cosa y otra cosa ya son dos cosas. Laso es el entrenador del Madrid (lo mismo de esto ya se habían dado cuenta), y nadie dice que sea fácil entrenar al Madrid como tampoco es fácil entrenar al Barça, faltaría más; pero las penas con pan son menos como suele decirse. O dicho de otra manera, que no sé si me estoy explicando: es muy meritorio acabar primero la fase regular ACB, qué duda cabe, pero es algo que queda mucho más a mano si manejas un presupuesto futbolero como el de Madrid o Barça que si manejas cualquier otro presupuesto, cualquiera. ¿Entrenador del año? Para mí entrenador del año sería el que tuviera mejor relación calidad-precio, es decir, mejor relación entre los resultados conseguidos y los medios que fueron puestos en su mano para conseguirlos. El que hace más con menos, por decirlo así. Todo lo cual no quita para que si en un momento dado un equipo grande hace una temporada superlativa su técnico no pueda ser considerado entrenador del año, faltaría más. Pero eso, una temporada muy puntual, unas circunstancias muy concretas; no que por el mero hecho de quedar primero te lo den ya, de serie, sin atender a ninguna otra consideración.

Supongo que hasta se podría otorgar este premio en base a parámetros matemáticos, y obviamente no me refiero al puesto en la clasificación o a una mera suma estadística sino a algo más elaborado; quizás podría establecerse una correlación (inversa), de un lado el número de victorias, del otro el presupuesto del equipo o bien la suma de las nóminas de sus jugadores, ahí les dejo la idea (y gratis) por si les apeteciera llevarlo a cabo, yo no lo haré por varias razones: porque soy lego en la materia, porque aunque no lo fuera no tengo ni el tiempo ni las ganas de ponerme a calcular una cosa así y porque (sobre todo) no soy tanto de números como de sensaciones. Y mis sensaciones me dicen que el que ha hecho más con menos (muy alto el más, muy bajo el menos) ha sido el técnico del CB Canarias Alejandro Martínez. Primera temporada en la élite, casi rozando los playoffs, casi la misma plantilla que subió de LEB más algún ligero retoque y añadiendo además (por si todo lo anterior fuera poco) esas mismas cualidades que decíamos de Laso, ese estilo reconocible y muy atractivo. Sí, él habría sido sin lugar a dudas mi entrenador del año, y en su defecto tampoco me habría chirriado que lo fueran Pedro Martínez, Moncho Fernández, Roberto González o José Luis Abós, ejemplos perfectos todos ellos (cada uno a su manera) de optimizar plantillas y conseguir resultados muy por encima de las expectativas generadas. Cualquiera de ellos (y algún otro que me dejo) en mi opinión lo merecía más que Laso, simplemente porque ninguno de ellos tuvo ni de lejos el plantillón, los medios ni las posibilidades que tuvo Laso. Repito una vez más, todo ello sin menospreciar en absoluto el grandísimo trabajo de Pablo Laso.

A veces me pregunto qué es lo que mueve a la ACB a perpetrar esta solemne majadería año tras año. Evidentemente no lo sé, pero por buscarle alguna explicación me contesto que será tal vez por un impulso mediático, porque piensen que dárselo a un personaje mínimamente reconocible les permitirá vender mejor el producto. Lo cual, si fuera cierto, no haría sino confirmar la evidente incapacidad de la propia ACB a la hora de saber cómo vender su producto. Si se lo tienen que dar al entrenador del equipo líder (que suele coincidir con Barça o Madrid, casualmente) porque piensen (acaso con razón) que si se lo dan a cualquier otro no lo va a conocer ni la madre que lo parió, aviados vamos. Como siempre, el mundo al revés. La NBA, ese espejo en el que tanto les gusta mirarse, no tuvo ningún reparo en darle hace algunos años el premio de Entrenador del Año a un Doc Rivers que por aquel entonces no era el técnico de éxito que hoy conocemos en los Celtics sino un técnico rookie que, recién colgadas las botas, hacía sus primeros pinitos en Orlando. Aquellos Magic se quedaron a las puertas del playoff y muchos por aquí (quizá la falta de costumbre) pusieron el grito en el cielo, cómo es posible que se lo den si no está en playoffs, sin reparar en el pequeño detalle de que Rivers había hecho encaje de bolillos con una plantilla que no había por dónde cogerla, con un equipo que era algo menos que un equipo de transición. El que hace más con menos, recuerden, los votantes NBA lo vieron claro. La NBA crea estrellas y a partir de ahí las vende, la ACB espera que se creen solas y a partir de ahí tampoco hace nada, simplemente se deja llevar, no se atreve a salirse ni siquiera un poquito del guión.

Si sólo fuera el Entrenador del Año… Es Mirotic de MVP, es ese quinteto ideal políticamente correcto con tres jugadores del primer clasificado, otro del segundo y otro del tercero como si más allá no hubiera baloncesto, como si no existieran Nacho Martín, Justin Doellman, Germán Gabriel, tantos otros. Les compro a Sergio Rodríguez porque saben que soy muy del Chacho y porque creo que lo merece (aunque algún otro Rodríguez de acento puertorriqueño podría tener algo que decir), podría comprarles a Tomic aunque sus prestaciones a un lado de la cancha no tengan nada que ver con las del otro, podría hasta comprarles (con muchísimas reservas) a Mirotic pero por favor, no me vendan a Rudy, no me vendan al Chapu, este año no, a ambos les aprecio y les tengo en gran estima pero no me vendan la moto, tengan la bondad. No, no les pondré esta vez como ejemplo a la NBA porque allí también hacen sus cagadas (ese defensor del año en el segundo mejor quinteto defensivo del año, esos Wade y Howard en el tercer mejor quinteto de la Liga como si en verdad lo merecieran) y para eso me basta y me sobra con las nuestras. ¿Mirotic MVP? Es muy bueno y va a ser mucho mejor (pero esto se da por lo que se es, no por lo que se vaya a ser), cierto es que ha hecho partidos realmente extraordinarios pero no es menos cierto que en otros ha estado prácticamente desaparecido. Ya les dije antes que no me muevo tanto por números como por sensaciones, y mis sensaciones me llevan a un extraño concepto llamado continuidad: la que no encuentro en Mirotic, la que sí encuentro en aquellos otros Doellman o Nacho Martin que les decía más arriba (cada uno a su manera), la que encuentro incluso en su compañero Sergio Rodríguez antes que en él mismo. Claro está, Mirotic es la estrella emergente, jugará en la NBA tarde o temprano y queda mucho mejor a la hora de lucirlo, va usted a comparar, pones en el cuadro de honor MVP Nikola Mirotic y queda como dios, pones en cambio MVP Nacho Martín y queda de lo más cutre, ya ves tú, Nacho y encima Martín, pero quién demonios es ese tío, por dios qué vulgaridad. Habremos de reconocerlo, premiar a Mirotic resulta mucho más estético, ya otra cosa es que además sea justo.

Así que miren, déjense de tonterías de una vez por todas y para el año que viene institucionalicen todos estos premios, tengan la bondad. Háganlo en la misma línea que les proponía al comienzo, proclamen con antelación que el Entrenador del Año será el técnico del equipo que gane la temporada regular, que el MVP será el jugador más vendible e icónico de ese mismo equipo campeón de la regular, que el quinteto ideal estará integrado necesariamente por jugadores de los tres primeros clasificados en rigurosa proporción a los méritos contraídos por éstos, que los jugadores de aquellos equipos a partir del cuarto puesto podrán optar al Premio a la Actitud Azul o al Premio a la Tocada de Huevos Verde pero a los premios principales no, nunca, jamás, en ningún caso, bajo ningún concepto. Déjenlo por escrito, díganlo por adelantado y al menos sabremos a que atenernos. Nos parecerá igual de injusto, pero ya no nos pillará por sorpresa.

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