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SI YO FUERA MADRIDISTA   6 comments

chachocska

Reconozco que a veces me gustaría ser madridista. No, no digo madridista normal (madridista humano, lo llamaremos de aquí en adelante), de esos que se alegran con sus victorias y se entristecen con sus derrotas (que eso al fin y al cabo está al alcance de cualquiera, quien más quien menos puede serlo alguna vez en la vida) sino madridista-madridista. Madridista ultramontano, madridista recalcitrante, madridista de los del o-estás-conmigo-o-estás-contra-mí, madridista de esos que no entienden el deporte como una competición sino como una guerra, que no creen tener vida más allá de la de su propio equipo, que no ven más que conspiraciones a su paso, que no tienen rivales sino enemigos. Me gustaría serlo alguna vez, siquiera fuera por cinco minutos (más tampoco aguantaría), para intentar así entender su proceso de pensamiento. Sólo para saber qué se siente.

Me dirán con razón que de esos hay en todos los equipos. Por supuesto que sí, en el mío, en el suyo y en el de cualquiera, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pero en el caso del madridismo existen últimamente un par de factores (llamémoslos así) diferenciales que hacen de lo ultramontano algo no tanto ocasional como cotidiano, no tanto excepción como regla. Algo que deja de ser la actitud de unos pocos energúmenos para acabar generalizándose a buena parte de su población, como si fuera lo más natural del mundo; y convirtiendo de paso en sospechosos a todos aquellos que no comulgan con esa misma opinión.

El primero es el factor Mou. Sí, Mou, a estas alturas. Hay un antes y un después de la llegada de Mourinho al banquillo futbolero del Real Madrid, un antes y un después en la forma de entender el deporte y hasta en la forma de entender la vida. Mou instauró el vale todo, de tal manera que aquello que no se ganaba por lo civil podía también ganarse (y aún mejor si cabe) por lo criminal.Jose-Mourinho-Real-Madrid No sé quién dijo que el fútbol es la continuación de la guerra por otros medios, pero Mou consiguió darle la vuelta al aforismo; la guerra sería la continuación del fútbol por otros medios, la verdadera batalla comenzaría una vez sonara el pitido final: un falso testimonio, un amedrentamiento mafioso, un complot judeo-masónico, una omertá, un villarato, un dedo en el ojo, lo que fuera. Cuando casi al día siguiente de que lo hincara se le recibió con aquella explícita pancarta, tu dedo nos señala el camino, supimos que el mal ya estaba hecho (en el supuesto de que no lo supiéramos ya de antemano): la filosofía ultra había trascendido, había dejado de ser patrimonio de unos pocos cafres para convertirse en moneda de uso común. Y pobre del que discrepara y no acatara aquel nuevo matonismo oficial, ese ya no era madridista sino pseudomadridista (crimen nefando donde los haya), quién mejor que el propio Mourinho para encargarse de distribuir los carnets. Es curioso: con Mourinho el fútbol del Madrid no ganó casi nada, desde que se fue llevan ya tres Champions… y sin embargo aún hoy no faltan (más bien sobran) los que recuerdan aquella etapa con nostalgia, los que siguen echándolo de menos, los que a pesar de los resultados aún darían cualquier cosa para volver a tenerlo de entrenador del Madrid.

Y el segundo factor es el que yo llamo factor umbilical. El madridismo tiene cierta propensión a considerarse el ombligo del mundo, el primer club del universo, el eje central a cuyo alrededor giran todos los demás. Un lugar en el que la victoria no es satisfacción sino obligación, en el que los títulos no representan una alegría sino un alivio, esto no es que lo diga yo sino que lo dijo en cierta ocasión su propio entrenador de baloncesto. Un ente cuya desmesura hace que casi nos parezcan normales cosas tales como ir a pagar presuntamente por un único jugador ciento ochenta millones de euros (repito, 180.000.000 €), afortunadamente ya hemos perdido la insana costumbre de traducirlo todo a pesetas pero si aún la conserváramos nos saldrían treinta mil millones de las susodichas (repito, 30.000.000.000 pts.). Lo normal, una fruslería, lo que usted o yo nos gastaríamos en desayunar una mañana cualquiera. La grandeza es lo que tiene.

Anda crecido el madridismo en estos tiempos (aún más que de costumbre). Porque puede, dirán ustedes, una vez más con razón. El haber ganado consecutivamente sus dos últimas Champions bien lo merece, otra cosa ya es la manera que cada uno tenga de (digámoslo así) disfrutarlo. El madridismo humano se limita a ser feliz, en cambio el madridismo ultramontano se recrea en echárselo en cara a casi todos los demás: no ya a los de su eterno rival, que eso hasta tendría un pasar; no ya a los aficionados de equipos modestos (equipos perdedores, dirían ellos), que eso tiene delito pero lo aguantamos con paciencia y resignación; incluso a sus congéneres: incluso a esos (pseudo)madridistas (humanos) cuya entrega a la causa del (verdadero) madridismo al parecer no alcanza el nivel suficiente para ser considerados (verdaderos) madridistas. Por ellos mismos, claro está.

Les pondré un ejemplo: apenas habían pasado un par de días de su última Champions cuando saltó ante mis ojos un hilo (los designios de Twitter son inescrutables) verdaderamente estremecedor: una leyenda del Madrid había osado desear suerte a un jugador en activo del Madrid que lo dejaba para irse a otro equipo, lo cual dicho así suena de lo más normal (y para no crear adivinanzas innecesarias, aclararé que el futbolista en cuestión se llama Pepe, y que la leyenda en cuestión se llama Manolo Sanchís).sanchiscope Bien, pues la catarata de insultos que hube de leer a continuación como respuesta a dicho tuit me dejó preguntándome en qué mundo estaba, si éste es el que me ha tocado vivir párenlo por favor que yo me bajo. Pepe al parecer era un traidor (¿?) pero eso ya era lo de menos, lo verdaderamente grave era que Sanchís le deseara suerte, como si la mereciera: créanme que lo más suave que le llamaban a Sanchís era hijodeputa, a partir de ahí imaginen todo lo más bajo que puedan imaginar. A Sanchís, que creo yo que pocos habrá por ahí que paseen con tanto y tan indisimulado orgullo su madridismo. Y sin embargo para ellos no era ya que fuera pseudomadridista sino que había pasado directamente a ser antimadridista, con dos cojones. Tanto más por trabajar y expresar sus opiniones en un medio tan evidentemente antimadridista (según ellos) como la Cope, que esto ya sí que terminó de romperme por completo los esquemas. Miren que trabajo poco la Cope, pero alguna que otra vez me dejo caer por el Tiempo de Juego de Paco González y llamar a eso antimadridismo vendría a ser casi como llamar anticlerical al Papa de Roma poco más o menos. Si un medio así es antimadridista no sé qué requisitos habrás de tener para ser considerado madridista. Vamos, que ni Real Madrid TV.

Delirios de futboleros enajenados, pensé yo y me olvidé por completo del tema, afortunadamente en nuestro baloncesto estas cosas no pasan… o eso quisiéramos. Este virus ultramontano es capaz de extenderse a ámbitos hasta los que jamás pensamos que se extendería. Hasta al hecho de que un jugador, que dejó la sección de baloncesto del Madrid hace más de un año, pueda ser considerado ahora traidor por pasar de los Sixers de Philadelphia al CSKA de Moscú. Repito (no porque no lo sepan, sino para que quede aún más remarcada la absurdez del caso): de los Sixers de Philadelphia al CSKA de Moscú.

Abundaré una vez más en el periplo de Sergio Rodríguez (párrafo prescindible, porque ya numerosos comunicadores lo han contado con mucha más habilidad que yo): Sergio Rodríguez se fue hace un año a Philadelphia por dos razones: porque le pagaban un pastón y porque le daban la oportunidad de retomar su sueño interruptus NBA.chachosixers Se dejó buena parte de la nómina de los Sixers en pagar hasta el último céntimo de su cláusula como no podía ser de otra manera, se curró su temporada, le salió regular y al acabar se sentó a esperar, a ver qué otra franquicia decidía apostar en firme (contrato garantizado por tres años, a ser posible) por él. Hasta que acabó asumiendo que su sueño bien podría seguir siendo la NBA pero el sueño de la NBA no parecía ser precisamente Sergio Rodríguez, tanto menos con la inmensa camada de bases que ingresa este año en la Liga. Se rindió, miró en otras direcciones, pensó en su Madrid pero éste le dejó bien a las claras que no contaba con él (vamos, que ni una mínima oferta a la baja siquiera)… y en estas apareció el CSKA. El CSKA que es el equipo que mejor paga de Europa, que aspira a la Euroliga casi por definición, que le garantiza titularidad y mando en plaza tras la marcha de Teodosic, que le ofrece una oportunidad que ningún ser humano en su sano juicio podría en modo alguno dejar pasar. Dicho y hecho.

Y justo entonces el verdadero madridismo emergió de su ostracismo, justo entonces descubrió que a falta de traidores futbolísticos (cosa rara en esos días) habían encontrado un traidor baloncestístico, mira tú qué bien. Traidor, con dos razones, por cometer el nefando crimen de aceptar la mejor oferta posible cuando su propio ex equipo no le había hecho ninguna. ¿Qué se supone que debería haber hecho entonces el Chacho para no ser tachado de traidor? ¿Postrarse de hinojos a las puertas del Bernabéu, se lo ruego Don Florentino, acójanme de nuevo en su seno, pofavó pofavó pofavó? ¿Aceptar cualquier cutreoferta birriosa de la NBA aunque ésta tardara cuatro meses en llegar, aunque fuera infinitamente inferior en tiempo, salario y expectativas a lo que le han puesto por delante en Moscú? ¿Estamos todos locos?

tuitsY sin embargo Twitter de inmediato se llenó de insultos que en nada tuvieron que envidiar a aquellos otros de Sanchís, y lo más suave que le llamaron fue rata, y hasta le desearon toda clase de desgracias no ya en el plano profesional sino en el personal incluso. Y todo por irse al CSKA (vía Sixers, no lo olviden). Al CSKA. No quiero ni imaginar qué habría pasado si se le hubiera ocurrido fichar por el Barça (iba a añadir o por el Estu, pero mejor no plantear utopías impensables), lo mismo habrían quemado su casa con él dentro o le habrían colgado de lo más alto del WiZink Center (o como demonios se llame esta semana) para escarnio popular. Ya a cualquier cosa le llaman traición.

Hace ya unos cuantos años, en el ya lejano foro de SEDENA, escribí un post irrecuperable sobre estos temas: sobre la diferente vara de medir que se aplicaba en el deporte con relación a la vida cotidiana, sobre lo absurdo que me resultaba que a alguien por el mero hecho de cambiarse a otro trabajo mejor pagado y/o con mayores posibilidades laborales se le tachara de inmediato de traidor. Nada me molesta más que esos típicos gritos de jugadores mercenarios o de que los jugadores no sienten los colores: no sienten los colores porque no tienen por qué sentirlos (salvo en casos muy particulares, criados en su seno desde pequeñitos), lo cual no significa que sean mercenarios sino que son profesionales. No son soldados sino deportistas, no es una guerra (aunque para algunos sí lo sea, siempre lo sea) sino una actividad profesional. Como la suya o como la mía, salvando las distancias.

Se me contestó precisamente en base a esas distancias, se me recordó el componente afectivo inherente al deporte. Vale sí, hasta ahí llego. Si te cambias de Google a Amazon, de Burger King a McDonald’s, de Zara a Mango, de Mercadona a Carrefour o del Ministerio de Hacienda al de Fomento no es probable que nadie te tache de traidor (más allá de tu jefe) ni que te insulte en las redes sociales, por tratarse de actividades que (afortunadamente) no arrastran riadas de aficionados detrás. Pero quizá por ese componente afectivo a veces (demasiadas veces) nos olvidamos de que la práctica profesional del deporte no deja de ser un trabajo remunerado como (casi) otro cualquiera, que debería regirse por las mismas normas que otro cualquiera.tuitAA Me asusta que se vea tan normal que los clubes puedan prescindir de sus jugadores cuando quieran pero un jugador no pueda decidir su futuro, tuiteaba el otro día con toda la razón Andrés Aragón. Se nos llena la boca con que nuestro equipo (el que sea) debería poner en la calle a Fulano o Mengano aunque tenga contrato en vigor, pero luego a un jugador sin contrato le negamos el derecho a irse a donde le dé la gana. Aplíquenlo por favor a su realidad laboral cotidiana (si la hubiere) y luego vuelvan, una vez hecha la debida comparación.

Pero al madridismo ultramontano (al ultramontanismo de cualquier sitio, en realidad) todo esto se la suda, pone y da y quita etiquetas de traidor sin importarle cualquier otra consideración. Sin reparar por ejemplo en que el factor umbilical puede ser de aplicación directa al fútbol pero no tiene ningún sentido en baloncesto. Espejito mágico, ¿hay acaso en todo el orbe planetario un club más grande que yo? En fútbol por supuesto que la respuesta es no por dios, cómo podría haberlo, pero en baloncesto el espejito directamente se descojona, no es ya que no seas el ombligo del mundo (sólo al otro lado del charco hay ya treinta ombligos más grandes que el tuyo), es que por no ser no eres ni siquiera el ombligo de Europa, hay como tres o cuatro con los que hoy por hoy no te puedes ni comparar, quizás el más hermoso de todos ellos esté precisamente en Moscú. Ante lo cual el madridismo arrebatado rompe el espejo, no soporta esta respuesta, no soporta ser uno de los mejores cuando no es el mejor, no soporta llegar a la Final Four (como si fuera fácil) para luego no ganarla, como si el título europeo no fuera (insisto) opción sino obligación. Lo cual a la larga (y disculpen el ripio) sólo genera frustración.

Y sin embargo durante meses sí que tuvieron razones más que fundadas para sentirse el ombligo de Europa, y quizá por ello no fueron pocos los que de octubre a abril pontificaron acerca de que este Madrid post-Chacho era mucho mejor que el Madrid del Chacho, a las pruebas me remito, dónde va a parar. Hay que tener mucho cuidado con las sentencias de otoño/invierno no vaya a ser que luego te las tengas que comer en mayo, no digamos ya en junio. Cuando resultó patente que en los minutos cruciales ya no te basta con la épica del a mí el pelotón Sabino que los arrollo, ya no te basta con la impagable determinación de Sergio Llull, todo eso está muy bien pero además necesitas algo más. Necesitas frescura de ideas, necesitas alguien que cuando las defensas se ponen turbias sepa ver lo que otros no ven, sepa encontrar a quién pasar, y cómo. Necesitas dirección sobre la pista, nada más y nada menos. Y no, no estoy diciendo que el Madrid perdiera ambas finales (sólo) por eso, el Madrid perdió por muchas más cosas, perdió sobre todo porque Fenerbahçe y Valencia Basket fueron dos equipazos (cada uno a su manera, cada uno con su presupuesto) que supieron encontrarle las debilidades y buscarle las vueltas. No, el Madrid no perdió por no tener un (verdadero) base, pero algunos románticos de este juego siempre pensaremos que haber tenido a mano (lo que yo entiendo por) un base quizá no le habría venido del todo mal.

Quién sabe, quizá precisamente esos que se vanagloriaban hace meses de lo bueno que era su equipo sin el Chacho (cambiando de paso la primera vocal de su apodo para poder ridiculizarlo, ya puestos) sean ahora los mismos que le insultan sin pudor y le reprochan traiciones sin cuento, los mismos que afirman sin rubor que no fue el Chacho el que hizo grande al Madrid sino el Madrid el que hizo grande al Chacho (sandez incomparable, como si la grandeza no fuera siempre tarea de uso común),chachocska2 los mismos que hacen campaña para que sea recibido como se merece (y ya imaginarán lo que creen ellos que se merece) cuando el CSKA visite el Palacio el próximo 19 de octubre. Miren, yo no les voy a decir lo que deben hacer ese día, sólo faltaría, allá cada cual con su conciencia. Sólo diré lo que yo haría. Sólo diré que si yo fuera madridista y estuviera esa noche en el Palacio me rompería las manos a aplaudir a un jugador bajo cuyo concurso el Madrid ganó doce títulos en seis años, a saber, tres ligas, cuatro copas, tres supercopas, una Intercontinental y sobre todo una Euroliga a la que hay que sumar otras tres Final Four. Un jugador al que jamás hubo nada que reprochar, un jugador que nos divirtió más que ningún otro en un equipo que también nos divirtió más que ningún otro, siendo él precisamente parte esencial de todos esos éxitos y de toda esa diversión. Un jugador que nos hizo soñar, que nos hizo ver que otro baloncesto era posible y que además de ser posible también servía para ganar títulos. Si yo fuera madridista sólo podría sentir infinito agradecimiento hacia un jugador así, por encima de casi cualquier otra consideración. Ustedes mismos.

En cualquier caso habré de reconocerlo, no soy neutral en esta historia. No soy madridista pero sí chachista, lo fui siempre, ejemplos a docenas pueden encontrar en (lo que queda de) este blog. Lo fui desde que emergió en aquellos geniales últimos segundos de la Final de 2004, aún más lo fui tras aquella inolvidable Final del Eurobasket Sub18 disputado en Zaragoza pocos meses después. Y aún más lo seguí siendo (y con más razón) mientras permaneció y se crió en mi Estu, como seguí siéndolo en Blazers, Kings o Knicks, como nunca dejé de serlo mientras permaneció en el Madrid, más bien al contrario, me alegré con todos y cada uno de sus puntos (excepto los que anotó contra el Estu… si bien éstos tampoco me dolieron especialmente, nunca tanto como otros), con cada uno de sus pases, sus éxitos, sus triunfos o sus títulos, casi tanto como si fueran míos. Y seguiré alegrándome con todos ellos en Moscú, en un Cheska que tampoco fue ni será nunca mi equipo lo cual no me impedirá disfrutar hasta la náusea de todo lo bueno que le pase por allí. Qué le voy a hacer, así es como yo lo siento, bien harán los ultramontanos en llamarme gilipollas si así les parece. Al menos lo que no podrán es llamarme traidor.

DELIRIOS DE GRANDEZA   4 comments

Pónganse en situación. Miércoles 5 de octubre, a eso de las nueve de la noche. En un televisor cualquiera, el Barça y los Thunder hacen como que se enfrentan. Y en un hogar cualquiera se produce la siguiente conversación:

llulltripleElla: Creo que el Madrid hizo una hazaña el otro día…

Él: Sí, algo así. Perdían de veinte, remontaron, en el último minuto aún perdían de seis, fallaron aposta un tiro libre para que luego Llull empatara con un triple sobre la bocina, y luego ya en la prórroga…

Ella: Ya, pero supongo que estos otros estarán todavía en pretemporada, claro…

Él: No es ya que estén en pretemporada, es que era su primer partido de este año, es que casi ni habían entrenado siquiera. Pero lo que pasa es que algunos se lo creen, y a partir de ahí ya se piensan que el Madrid podría aspirar a jugar los playoffs de la NBA…

Ella: ¡¿Pero cómo puede ser?! ¡Pero si hasta yo que no tengo ni idea sé que eso es una barbaridad, que no es lo mismo jugar contra éstos ahora que luego, cuando ya estén rodados! ¿Cómo es posible que quienes se supone que entienden piensen eso?

Puedo asegurarles que la conversación fue tal cual como la cuento (palabra arriba o abajo), más que nada porque la viví muy de cerca. De hecho ella era mi señora esposa, y no les resultará muy difícil imaginar quién era su interlocutor. Y puedo asegurarles también que a partir de un determinado momento me quedé sin palabras (sí, a veces me pasa), sin argumentos, sin fuerzas para intentar explicarle lo inexplicable. Cómo es posible que quienes se supone que entienden piensen eso, o aún peor, cómo es posible que quienes se supone que informan vendan eso, pretendan impunemente hacernos creer eso. Cómo hemos podido llegar una vez más a esta situación.

[ADVERTENCIA: lo que van a encontrar a partir de este momento es una sucesión de obviedades y lugares comunes. O al menos a mí me lo parecen, probablemente a usted también pero no así al común de los mortales, a la vista de las cosas que hemos ido oyendo/leyendo durante toda esta semana. Por eso las escribo.]

Imaginen que el Real Madrid de fútbol (repito, el de fútbol) volviera a la actividad a mediados de julio y que al día siguiente se marchara a hacer su pretemporada a China. Imaginen que a los dos días de estar allí jugara contra el Beijing (no tengo ni pajolera idea de fútbol chino, pero supongo que algún Beijing habrá). Imaginen que el entrenador del Madrid así de entrada alineara a los titulares para justificar su caché y por aquello del qué dirán, pero que a los pocos minutos los sentara y dedicara ya el resto del encuentro a su verdadero objetivo, es decir, ver a los suplentes, a los que regresan de cesiones y a los que subieron del filial para comprobar cuántos y cuáles de ellos le pueden ser útiles de cara a la nueva temporada. Imaginen que el Madrid marcara pronto, que empezara dominando cómodamente, que se relajara y que hacia el minuto 30 o 40 de la segunda parte el Beijing tras denodados esfuerzos consiguiera el empate. E imaginen que aún no contentos con ello los chinos fueran a por el partido aprovechándose de la caraja madridista, y que finalmente en el descuento lograran el gol de la victoria, imponiéndose así el Beijing por un ajustado 2-1. REAL MADRID - OKLAHOMA CITY THUNDERY ahora imaginen que en la rueda de prensa posterior un periodista chino preguntara a Cristiano Ronaldo, o a Sergio Ramos: ¿piensa usted que el Beijing podría pelear por los puestos que dan acceso a la Copa de la UEFA (o como se llame eso ahora) en la liga española? ¿Qué creen que contestarían Cristiano y Ramos, qué cara creen que se les pondría? Es más, ¿qué no escribirían al día siguiente nuestros medios, qué clase de cachondeo formarían ante semejante delirio de grandeza de la prensa local? (Y ya sé que la distancia entre el fútbol chino y el nuestro probablemente sea mucho mayor que la que hay entre nuestro baloncesto y el yanqui, hasta ahí ya llego; pero ustedes cogen la idea).

Obviamente Westbrook pudo ser más diplomático. Obviamente pudo responder algo más elegante que ese tío, eres muy gracioso cuando le preguntaron si este Madrid podría pelear por los playoffs NBA. Qué sé yo, algo más elaborado, algo como hombre, aquello es otra historia, el Real Madrid es un grandísimo equipo y hoy lo ha demostrado, pero la NBA tiene unas exigencias físicas y técnicas que a día de hoy no creo que estén al alcance de… Qué sé yo, algo así. Nótese que NO se le preguntó si el Madrid podría competir en la NBA (que ya tendría delito), se le preguntó si podría pelear por los playoffs; o dicho de otra manera, se le preguntó indirectamente si consideraba que este Real Madrid podía ser mejor que casi la mitad de franquicias de aquella Liga. Siguiendo por esta misma línea, cabe suponer que la próxima vez que suceda le preguntarán a la estrella visitante si cree que este Real Madrid podría aspirar legítimamente a ganar el anillo. Y así sucesivamente. No tengo por qué defender a Westbrook (que ni siquiera fue nunca santo de mi devoción como jugador; o quizá sí como jugador pero no como director de juego) pero me reconocerán que se lo pusieron a güevo.

roncerohistoriaClaro está, lo peor no fue esa pregunta, lo peor ni siquiera fue esa no-respuesta de Westbrook, lo peor fue todo lo que vino después, la reacción del florentinismo, el roncerismo y demás madridismo mediático de todo a cien saliendo en tromba a limpiar el buen nombre baloncestístico de la entidad (como si éste necesitara ser limpiado), supuestamente mancillado por la estrella de los Thunder. Llamó especialmente la atención la furibunda reacción de un afamado periodista de la SER vinculado profesionalmente al baloncesto y a quien yo tenía (acaso ingenuamente) por un buen conocedor de este juego, un tipo llamado Francisco José Delgado y conocido popularmente como Pacojó. No voy a transcribir al completo sus palabras hacia (como él le llama) el sobrado Westbrook pero sí su frase final, que por sí sola resulta ya más que esclarecedora para que nos hagamos una idea:

pacojoEvidentemente el Real Madrid tendría hueco en la clase media de la NBA, y Sergio Llull, seguro, hueco en la NBA. Así que mejor haría Westbrook en tratar de ser un poquito más humilde y en recordar que no todo se acaba en Estados Unidos, y si no que mire a las plantillas de la NBA, que cada vez están más llenas de europeos.

Por partes: claro que Llull tendría hueco en la NBA, en eso (sólo en eso) siempre vamos a estar de acuerdo. De hecho la única razón de que aún no esté allí es porque no ha querido, ni más ni menos. Y ésa es una opción personal tan legítima como cualquier otra por más que a algunos les pese, por más que se lo echen en cara como si no hubiera otra vara de medir, por más que haya hasta a quien se les llene la boca de insultos grandilocuentes para calificar esa renuncia provisional (véase la muestra). Esto es como aquello que me decía mi padre cuando era niño (y que yo entonces no entendía, claro), en esta vida tienes que escoger entre ser cabeza de ratón y ser cola de león. O trasladado a sullullcobarde caso, escoger entre ser la estrella de uno de los mejores equipos de Europa o ser un jugador más de una franquicia de nivel medio en la mejor liga del mundo. Y tan válida es una opción como la otra. Puede que tarde o temprano los Rockets se lo lleven al huerto o puede que se tire en el Madrid toda la vida, y ello no habrá de modificar en absoluto el hecho de que sea o deje de ser un grandísimo jugador. Al menos en lo que a mí respecta.

Ahora bien: ¿el Madrid tendría hueco en la clase media de la NBA? ¿De verdad? ¿En base a qué? ¿En base a un mero partido amistoso (sí, amistoso) de pretemporada? Y si esta brillante victoria les da para sacar semejante conclusión, ¿no debería bastarles también la abultada derrota de hace un año ante los Celtics para sacar también la conclusión contraria? Y aunque así no fuera, ¿son verdaderamente conscientes de lo que están diciendo? ¿Son verdaderamente conscientes de las diferencias físicas (no entro ya en las técnicas, ni en las de velocidad) entre el baloncesto de allá y el de aquí? (Ya les dije que esto iba a ser un catálogo de obviedades, luego no digan que no se lo advertí). ¿Son verdaderamente conscientes de que un equipo de clase media NBA viene a jugar aproximadamente cien partidos oficiales al año (82 de temporada regular más los que alcance en playoffs), cada uno de ellos de 48 minutos de duración? ¿Que allí juegas cada lunes y cada martes, quince partidos al mes, tres o cuatro por semana, de promedio uno cada dos días, a veces varios en días consecutivos? ¿Son conscientes de las inalcanzables nóminas que se manejan allí, de las desmesuradas estructuras de cada franquicia, de los aviones privados, de los viajes constantes e interminables (que no es porque el Madrid esté en Europa, que aunque trasladara provisionalmente su sede a Idaho seguirían siendo interminables)? ¿Son conscientes de que muchos de esos grandes jugadores del Madrid de los que dicen que podrían estar perfectamente en la NBA en realidad darían cualquier cosa por poder estar en la NBA? ¿Son conscientes de que si no están allí es simplemente porque la NBA no los ha querido (excepción hecha de Llull, obviamente)? ¿Son conscientes en suma de que aquello es otro mundo, de que la NBA y Europa son dos realidades completamente distintas a la par que distantes?roncerobarc%cc%a7a El cuñadismo está muy bien para la barra del bar o para la cena de Nochebuena, pero debería estar de más en un medio de comunicación (que se dice) de prestigio.

A no ser que lo que se diga no sea tanto lo que se piense como lo que se cree que el oyente (lector, espectador) quiere oír. La audiencia deportiva es en su inmensa mayoría futbolera, la audiencia futbolera es en un tanto por ciento muy elevado madridista. Y se ve que al madridismo hay que regalarle constantemente los oídos diciéndole cada lunes y cada martes que su equipo es la más grande institución deportiva jamás creada sobre la faz de la Tierra, así sea verdad o no. Claro está, cierto madridismo está muy mal acostumbrado, cierto madridismo pregunta a su espejito mágico y éste le responde que el Madrid es el equipo de fútbol más grande de la galaxia, cómo no habría de serlo si a día de hoy es el campeón de la Champions. Pero cuando ese mismo madridismo pregunta por su equipo de baloncesto ahí ya la cosa cambia, ahí ya el espejito le responde que acaso puedas ser el más grande de Europa (lo fue hace un año, lo puede volver a ser este mismo año) pero no del mundo porque resulta que al otro lado del Atlántico hay no uno ni dos sino treinta equipos más grandes que tú. Algo que buena parte de sus seguidores entienden y asumen como algo evidente a la par que inevitable (nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio, que cantaba Serrat)… pero no todos, claro.

No todos empezando incluso por su propio presidente, que no fueron pocas las veces que se llenó la boca diciendo que su intención era meter al Madrid en la NBA como si eso fuera posible (de hecho él es el primero que sabe perfectamente que no es posible, entre otras cosas porque si lo fuera ya lo habría hecho).florentinonba Miren, lo de la presunta conferencia europea de la NBA es una entelequia que yo jamás veré, que no se creen ni quienes la enuncian, que no va a ser realidad ni a corto ni a medio plazo, a largo (pongamos cincuenta años) quién sabe. Y que si llegara a suceder alguna vez probablemente no sucedería con las actuales estructuras deportivas europeas, sino con la NBA fundando aquí sus propias franquicias. Deporte ficción, como si dijéramos. A día de hoy (y de mañana, y de pasado) la única realidad es que el Madrid no puede jugar en la NBA, pero eso no es algo exclusivo del Madrid (sigo con las obviedades). Le pasa exactamente lo mismo al Barça, al Fenerbahçe, al CSKA, al Olympiacos, al Maccabi y a cualesquiera otros grandísimos equipos europeos (algunos de los cuales manejan presupuestos bastante más sustanciosos que el de la sección baloncestística de la casa blanca), sin que me conste que ninguno de ellos se haya hecho las mismas pajas mentales tras conseguir (en su caso) alguna victoria de semejante calibre. O quizá sí se las hayan hecho y yo no me haya enterado, que eso también puede ser.

Qué quieren que les diga, a mí me da mucha pena que una victoria tan espectacular y brillante como ésta no haya sido disfrutada por una parte de su afición en la manera en que lo merecería. Nada nuevo bajo el sol, en cualquier caso. Dijo una vez Laso que en este club los títulos no son tanto una alegría como un alivio, y yo aún añadiría que a veces (demasiadas veces) sus victorias no son tanto una alegría como un motivo para ajustar cuentas con el resto de la humanidad. Supongo que es el precio a pagar por tanta grandeza, que las victorias ya las llevas de serie y no te está permitido reaccionar ante ellas como acostumbra a hacerlo el resto de los mortales. Pero claro, una cosa es la grandeza y otra ya muy distinta los delirios de grandeza, que está muy bien tenerlos cuando eres chico pero que resultan un poco ridículos cuando ya eres grande. Quítenselos de la cabeza, por favor. No lloren si no pueden ver el sol, porque sus lágrimas no les dejarán ver las estrellas (ya ven qué frase tan original me ha salido). ¿Por qué ese empeño con el quiero y no puedo de la NBA, siendo como son el equipo más laureado y galardonado y vanagloriado del mundo no-NBA? Son ustedes (permítanme una última obviedad) uno de los mejores equipos de Europa, ya veremos si no el mejor a día de hoy. Nada más y nada menos. Con eso deberían tener más que suficiente.

MI GRAN COPA   Leave a comment

adrenalina1. La Copa volvió a ser La Copa, justo cuando ya casi nadie esperaba que lo fuera. Cuando la Copa de las sorpresas era ya sólo un lejano recuerdo, cuando muchos habíamos repetido hasta la saciedad que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando ese eslogan de los cuatro días de adrenalina parecía haberse quedado más obsoleto que el teletexto emergió por fin esta Copa 2016 para devolvernos nuestra fe en el baloncesto, en la ACB, en el deporte e incluso en el ser humano como ente capaz de (aún en momentos de máxima exigencia) generar emociones maravillosas. Esta edición quedará ya como una de las mejores de la historia, probablemente como la mejor en lo que llevamos de siglo. No es poca cosa viniendo de donde veníamos.

2. Estaba todo el madridismo desatado celebrando el título, estaban todas las emociones desbordadas en la casa blanca (mención especial para Pablo Laso, también en ese aspecto) y mientras tanto allí arriba en el palco su presidente permanecía circunspecto, hierático, hermético, como si todo aquello no fuese con él. Quizás porque en el fondo no fuese con él, quizás por una mera cuestión protocolaria, quizás porque en su ánimo pesara mucho más el empate de Málaga que el título de A Coruña o quizás porque el no exteriorizar las emociones sea una condición inherente a su estatus de Ser Superior, es tal su grado de plenitud interior que dejarlo traslucir hacia fuera sería poco menos que una vulgaridad. O quizás sea algo mucho más simple que todo eso, quizás sea sólo que cada título del Madrid de baloncesto no sólo no le produce ninguna satisfacción sino que le genera una intensa irritación. Recapitulemos: allá por el verano de 2014 Don Florentino estuvo a punto de hacerle a Laso un ancelotti (un año antes de hacérselo al propio Ancelotti), no lo hizo y desde entonces su eternamente cuestionado (por algunos) técnico no ha hecho otra cosa que pagárselo con títulos, títulos a tutiplén, títulos a todas horas, títulos de todos los colores, títulos uno detrás de otro.RMcampeones Cada uno de esos títulos es como una daga en el corazón del florentinismo, una especie de recordatorio de que existe otra manera de hacer las cosas, esa que consiste en perseverar en un proyecto y no en cambiar necesariamente de proyecto cada dos por tres. Si caminas en la misma dirección tarde o temprano acabarás llegando a algún destino, si cambias de trayecto a cada rato nunca llegarás a ningún sitio, es así de sencillo. De alguna manera cada título de la sección de baloncesto parece existir sólo para recordarle al Presidente todos los títulos que está dejando de ganar en fútbol. Ahí le duele.

3. Hacia finales de agosto de 2008, tras la final olímpica de Pekín, escribí (una de tantas tonterías que suelo escribir de vez en cuando) que aquella selección española en realidad no había ganado la plata sino el oro, si bien se lo habían dado bañado en plata sólo para disimular, sólo para que el campeón oficial no se ofendiera. Me acordé de esas palabras tras la final de este domingo, quizás porque (salvando las distancias, obviamente) lo dicho sobre aquella selección vale también para este Granca. Desconfíe de las apariencias, en realidad el Club Baloncesto Gran Canaria ganó también esta Copa, la ganó tanto como el que más, le nombraron subcampeón y le dieron un trofeo en miniatura por aquello del que dirán pero ese sub acabará desapareciendo, ese trofeo se acabará engrandeciendo con el mero paso del tiempo. Por supuesto que el Madrid es justo y merecido campeón, sólo faltaría. Pero más allá de eso esta Copa quedará ya para siempre como la Copa del Granca, así será al menos hasta que lo mejore en una próxima edición. Que todo se andará.

4. Gran Granca desde el principio hasta el final, hasta la Final (sí, esa misma para la que muchos le trataron como si no fuera a presentarse, como si el resultado estuviera ya escrito de antemano, como si su único destino fuera ser una mera comparsa a merced del Madrid; afortunadamente para ellos su entrenador y sus jugadores no fueron de la misma opinión).herbalife-gran-canaria-real-madrid-102_g Gran Granca incluso hasta el final de la Final, cuando todo parecía sentenciado y hasta el más elemental sentido común aconsejaba rendirse. ¿Rendirse, dije? Si no se rindieron cuando estaban 12 abajo ante Valencia, si aún menos se rindieron cuando estaban 19 abajo ante Bilbao a ver por qué habrían de rendirse aunque estén otra vez 12 abajo ante el Madrid a poco más de un minuto para el final. Aplíqueseles aquello que cantaba Serrat de los piratas, larga vida y gloria eterna, para hincarles de rodillas hay que cortarles las piernas. Gloria eterna.

5. Vivo en un país que sacraliza lo joven y demoniza lo (aparentemente) viejo, de tal manera que en cuanto un profesional cumple los treinta y falla un par de veces ya se le coloca una de las más crueles etiquetas que puedan adjudicarse a deportista alguno, la de acabado, que acostumbra además a arrojarse a la espalda de cualquiera con inusitada crueldad. Estás acabao, no sé ya cuántas veces tuvo que escucharlo en tiempos de Messina (y aún en los primeros de Laso) un Felipe Reyes que cada día que pasa parece más joven. Estás acabao, no imagino cuántas veces habrán tenido que escucharlo dos tipos que han escrito algunas de las páginas más bellas de esta Copa, Don Albert Oliver y Don Alex Mumbrú.oliver Ambos pusieron mucho más de lo que estaba en su mano para ganar, ambos se negaron radicalmente a perder, ambos lloraron su respectiva derrota como si no fueran veteranos curtidos ya en mil batallas sino imberbes quinceañeros no preparados aún para los duros avatares de la vida. Oliver y Mumbrú, Mumbrú y Oliver, bien merecen que nos pongamos metafóricamente (que no físicamente, ya que entonces no podría teclear) EN PIE. Bendito acabamiento.

6. Y a veces ni siquiera hace falta esperar tanto para que te entierren, a veces te colocan la etiqueta de acabado antes incluso de cumplir los treinta. En el verano de 2014 Gustavo Ayón contaba sólo 29 primaveras pero ya entonces tuvo que escuchar toda clase de lindezas sobre el presunto declive (cuando no final) de su carrera, tanto más cuando el Barça regaló sus derechos al Madrid y seguidamente se descojonó de la risa como diciendo vaya paquete que nos hemos quitado de encima, vaya gol que le acabamos de meter al eterno rival. Y los primeros meses de aquella temporada 2014/2015 parecieron abundar en aquella misma teoría sin reparar en que Ayón estaba aún convaleciente en el plano físico, acaso también en el psíquico tras algún grave problema personal. Fue justo hace un año (Copa 2015) cuando Ayón emergió por fin como el gran pívot que siempre fue, el que conocimos en Fuenlabrada y no acabaron de conocer en NBA, sólo que ahora además corregido y aumentado por la experiencia, por la sabiduría que te da la vida tanto más cuanto más adversa sea.ayonmvp Y desde entonces ya no ha parado, habiendo sido parte no ya importante sino imprescindible en todos los múltiples y variopintos títulos ganados por el Madrid durante este último año. Este Ayón 2016 es tan indispensable en este Madrid como puedan ser los Sergios, como pueda ser Felipe. Y lo mejor es que es sólo el principio. Pocas veces un MVP fue más justo.

7. Y si te entierran a los treinta, qué decir ya a los setenta. Setenta inviernos cumplirá ya este año Don Alejandro García-Reneses, sí, setenta, por más que su aspecto eternamente joven y su cabello eternamente desencanecido parezcan indicar lo contrario. 53 años han pasado ya desde que debutó en Estudiantes, 51 desde que protagonizó aquel insospechado cameo en La Familia y Uno Más, 43 desde que empezó su carrera como entrenador, 31 desde que empezó a entrenar al Barça, ocho desde que ganó su última Copa con aquella maravillosa Penya de la erre que erre (Ricky & Rudy). En cualquier otro lugar sería un mito, una leyenda quizás comparable a lo que en USA representan Krzyzewski o Popovich por ejemplo. Aquí en cambio le vemos como uno más, casi un cualquiera, somos así, nos encanta ensalzar a los muertos pero nos cuesta horrores encumbrar a los vivos, tanto más cuanto más vivos. De hecho no es ya que no los ensalcemos sino que procuramos despiezarlos en cuanto se nos presenta la ocasión.aitoGC No seré yo quien caiga en eso, no esta vez al menos. Lo repetiré una vez más, no es ya que Aíto sea parte esencial de nuestro baloncesto (que también), es que Aíto ES el baloncesto. Nada habría sido igual sin él.

8. Decían en las clases de religión de mi lejana infancia que Dios escribe derecho con renglones torcidos (que yo con infantil candor pensaba entonces que vaya chulería más absurda, si tan todopoderoso era a ver qué trabajo le costaba enderezarlos, y luego ya escribir normal… Ya ven que la fe nunca fue mi fuerte, ni siquiera cuando era obligatoria). Josean Querejeta no es Dios ni falta que le hace, pero de alguna manera su Baskonia está también lleno de renglones torcidos, deshechos de tienta que algunos ya no consideraban aprovechables ni siquiera para un equipo de nivel medio, no digamos ya para uno que aspira siempre a la élite aún por muchas limitaciones presupuestarias que se le impongan. Renglones torcidos como un Bourousis que abandonó (o le abandonaron) el Madrid casi fondón, fuera de punto y de ilusión, y que hoy sin embargo está considerado unánimemente como uno de los jugadores más en forma de Europa, y ello en su doble papel de pívot evidente y base encubierto de este equipo. Renglones torcidos como Darius Adams o Mike James (rebautizado el pasado sábado como Froilán James, en un gozoso momento tuitero), o como un Davis Bertans recién emergido de una de esas lesiones que ponen la carrera de cualquiera del revés. Renglones torcidos como tantos otros, incluso como el propio Peras tras su traumático despido valenciano. Y con todos ellos este Baskonia ha conseguido escribir tan derecho como para ganar en el Palacio y el Palau, como para batir al imbatible Cheska y hasta acabar con la imbatibilidad liguera de Valencia. Dicen que el mejor escribano echa un borrón, pero su derrota in-extremis del sábado casi no fue ni borrón siquiera. A este (tan peculiabourousis_hernangomez_baskonia_copa_EFE_foto610x342r como maravilloso) Baskonia 2016 aún le habrán de quedar muchas más páginas por escribir.

9. Es bien sabido que en lo tocante a baloncesto (acaso también a algún otro deporte) las palabras Valencia y paciencia nunca acostumbran a ir en la misma frase, ni aunque rimen. En lo que fueron ganando chiquicientos partidos seguidos todo fueron loas y parabienes, pero ha sido verse fuera de dos competiciones y empezar de inmediato a afilar los cuchillos para no faltar a la tradición. Las rachas iniciales no sirven para nada, dicen, lo que cuenta de verdad es estar en plenitud cuando llega la hora de la verdad, todo lo demás son milongas etc etc. Es curioso, justo lo mismo que dijeron de aquel Madrid de Laso 2013/2014, aquel que tras la más espectacular temporada que vieron los siglos fue a morir en una prórroga ante el Maccabi. No hará falta que les recuerde (más que nada porque ya lo he contado hace siete párrafos) que aquel linchamiento no prosperó y hoy bien que recogen los frutos, y no estoy estableciendo con ello ningún paralelismo ni diciendo que esta racha truncada de 2016 garantice títulos en 2017, líbreme el cielo. Sólo digo que hay muchísimo baloncesto en esa plantilla y ese cuerpo técnico y que ha quedado demostrado con creces que se trata de un proyecto sólido en el que merece la pena perseverar, tanto más si tenemos en cuenta que de no haber sido por la temblequera que le entró al pobre Justin Hamilton quizás hoy estaríamos hablando de otra historia muy diferente. Sé bien que la filosofía del señor Roig es quitar un producto de las estanterías en cuanto no cumple con sus expectativas de venta, pero alguien tendrá que explicarle alguna vez que un equipo de baloncesto nada tiene que ver con una cadena de superhipermercados, ni aún por exitosísimos que éstos sean. Quién sabe, quizás aún esté a tiempo de entenderlo.

10. TVE sigue siendo una televisión pública, aunque se esfuerce concienzudamente en disimularlo. TVE aplica estrictos criterios de televisión privada a la hora de programar (curioso, dado que supuestamente no viven ya de la publicidad), de tal manera que si prevé que algo va a tener audiencia lo acarrea raudo y veloz a La1, si prevé que no la va a tener lo arrincona en cualquier otro canal.tvecr Supongo que están en su derecho, ya otra cosa es que el ejercicio de ese derecho respete las más elementales normas de la ética. Programar en TVE1 un previsible Barça-Valencia y reubicarlo en Teledeporte cuando la realidad te devuelve un Bilbao-Granca no es ya una falta de respeto a los aficionados de ambos equipos, a los aficionados al baloncesto en general y hasta a sus propios trabajadores, es también algo más: es mandar un mensaje sumamente peligroso, vosotros vendéis la Copa de las Sorpresas pero que sepáis que a mí esas sorpresas me joden enormemente, a mí de toda vuestra Copa en realidad sólo me interesan un par de equipos y los demás me chupan un pie, así que no me jodáis y dadme exactamente lo que os estoy pidiendo porque si no es casi mejor que no me deis nada. Tal cual. Al matrimonio ACB-TVE le quedan apenas tres o cuatro meses, lo sentiré por Lalo Alzueta y demás buenos profesionales que aún quedan en esa casa, lo sentiré por quienes sólo vean baloncesto en abierto pero por todo lo demás qué quieren que les diga: que tanta paz lleven como descanso dejan.

y 11. Qué pasará, qué misterio habrá, puede ser mi gran noche. Fuenlabrada introdujo el raphaelismo en sus celebraciones baloncesteras (sumamente frecuentes en estos últimos tiempos) y éste a su vez dio el salto a la ACB para convertirse casi en el himno de esta Copa, para que acabara cantándolo/bailándolo todo dios cada vez que hubo motivos para ello. Quién se lo iba a decir al afamado a la par que veterano vocalista jiennense, que una copla suya de hace medio siglo acabaría (cine mediante) convertida en símbolo por esas canchas de Dios. Qué pasará, qué misterio habrá, qué tendrá la Copa para hechizarnos de ese modo, para devolvernos ese hechizo de hace tantos años cuando ya lo creíamos perdido, para regalarnos una edición de 2016 que difícilmente podremos olvidar mientras el señor Alzheimer nos lo permita. Mi gran Copa. Nuestra gran Copa.

ME SOBRAN LOS MOTIVOS   5 comments

Aquí donde me ven, este año he decidido rebelarme. Rebelarme contra mí mismo, no teman, rebelarme contra mi propia depresión pre-parto. Año tras año, en los días previos al comienzo de la ACB, se nos instala una sensación como de más de lo mismo: mismo aire mustio, mismas negras perspectivas, misma esclerotización administrativa, misma mortecina audiencia, mismo panorama televisivo, misma sensación de pérdida de talento, mismo coto cerrado para quienes se ganan su ascenso, mismo coto cerrado para quienes acaban en puestos de Euroliga, misma temporada regular interminable, mismos playoffs insignificantes que se nos irán en un suspiro, misma liga de la marmota condenada a una sempiterna bipolaridad… Bueno, pues contra todo eso, y quizás porque hoy contra mi costumbre me he levantado ligeramente optimista (no se confíen, no vaya a ser que se me pase) he decidido rebelarme. Porque aún siendo todo lo anterior más o menos cierto, no es menos cierto que también me sobran los motivos para la ilusión a poco que me pare a buscarlos. Me he puesto a ello, he encontrado unos cuantos (bastantes más de los que imaginaba) y aquí se los traigo, por si les apeteciera acompañarme en esta búsqueda de la ilusión perdida:

1) Porque el (presunto) desembarco de Movistar + de alguna manera me devuelve la ingenua ilusión de recuperar por fin una cobertura televisiva digna de la Liga. No les voy a engañar, llevo casi un cuarto de siglo siendo plusero (aunque no fueron pocas las veces que estuve a punto de dejar de serlo) así que juego con ventaja, tengo ya buena parte del trabajo hecho. Pero aunque no fuera así, creo firmemente que esta ACB necesita con urgencia un reconstituyente, algo que la revitalice.logotipo_movistar_plus_-_liga_endesa_2 En muchos aspectos, pero el aspecto televisivo no es precisamente menor. Que un operador decida apostar firmemente por esta Liga, que decida incluso pagar por darla (es decir, no ofrecerla por puro amor al arte o por la mera visibilidad de sus patrocinadores, como venía sucediendo hasta ahora), ha de ser necesariamente una buena noticia. Aunque a algunos no les guste.

2) Porque sé que volveremos a escuchar (sobre todo dentro de un año, cuando desaparezca el partido de TVE) los mismos cantos de sirena que ya escuchamos en el cuatrienio 1999-2003 acerca de cómo la televisión de pago acabará matando el baloncesto, pero yo no concibo esa razón: porque han pasado ya más de tres lustros desde entonces, porque el nivel de penetración de aquel Canal + no es ni siquiera comparable al que hoy tiene Movistar +, porque algo hemos evolucionado también como espectadores: hoy tenemos múltiples soportes, dispositivos, vías y medios a nuestra disposición, hoy quien quiere ver algo lo ve. Y porque (al contrario que en 1999) en este caso no tenemos ya nada que perder, peor de lo que estamos es difícil que podamos estar. Todo lo que venga vendrá ya por añadidura.

3) Porque el fichaje de Piti Hurtado es lo más ilusionante que le ha pasado a la cobertura televisiva de la ACB desde los tiempos de maricastaña (fuera quien fuera esa señora). Y no llega solo, dicen. Sólo por eso ya habrá merecido la pena.

4) Porque he llegado ya a una fase de mi vida en la que las audiencias me importan un bledo (que no sé lo que es, pero tampoco me importa). Porque me importa otro bledo que seamos mil o un millón, allá cada uno con sus cadaunadas, a quien no le apetezca que haga lo que le parezca. Y porque tampoco me las creo, que lo sepan, porque ese frío dato de audiencia no refleja a quienes lo ven por ordenador (que son legión), aún menos refleja a quienes a veces no podemos verlo en directo y solemos entregarnos al noble arte del difericesto. Y sobre todo, porque ya está bien de autodestruirnos todas las jornadas, todas las semanas de toda nuestra santa vida con este monotema.

5) Porque la liga de la marmota seguirá existiendo (por los siglos de los siglos, salvo indeseado desgajamiento territorial) pero al menos este año parece atisbarse un ligero resquicio de que las cosas podrían llegar a ser de otra manera. Que Unicaja osara ganarle al Madrid la semifinal supercopera (aún con todos los condicionantes blancos) ya fue un buen síntoma (síntoma que luego se nos fue al carajo en la Final, pero síntoma al fin y al cabo), que vaya a llegar algo más de dinero televisivo (menos sería difícil) con el que aliviar un poco la enorme brecha entre clases sociales debería ser otro buen síntoma. Cierto es que con esta Supercopa son ya dieciséis los títulos domésticos consecutivos ganados por Madrid o Barça (todos y cada uno desde hace cinco años y medio, desde aquella liga baskonista de 2009/2010), pero no es menos cierto que cada día que pasa queda un día menos para que conozcamos un campeón de algo que no sea Barça ni Madrid. O dicho de otra manera, que llegados a este punto ya no sé si me he levantado ligeramente optimista o ligeramente gilipollas.

arroyo lawal6) Porque el Barça optó por reinventarse (a la fuerza ahorcan) y ahora toca ver cómo funciona semana tras semana esa reinvención más allá de la euforia supercopera de hace unos días: si Lawal intimida tanto como parece, si Vezenkov es tan bueno como parece, si Samardo aparece por fin, si Perperoglou mezcla bien con todos, si Ribas sigue saliéndose allá donde vaya, si Arroyo acata su papel secundario con las riendas puestas o se las quita para la ocasión, si Navarro aún vive (contra todos esos que hace ya unos cuantos meses decidieron darle por muerto…)

7) Porque el Madrid tiene ante sí el tremendo reto de intentar igualar lo que logró el pasado año (Supercopa aparte), porque será interesante ver cómo administra sus fuerzas por el camino, si vuelve a perder en otoño para ganar en invierno y primavera, si con las derrotas vuelven a emerger a las primeras de cambio sus decapitadores profesionales pretendiendo hacerle a Laso un ancelotti para cumplir con la tradición (aunque esta vez tendrían que inventarse un nuevo objeto de deseo, que sus tradicionales Obradovic, Djordjevic y Katsikaris están pillados…).

8) Porque ver jugar al Chacho siempre fue, es y seguirá siendo un placer. Porque sigue en la ACB como sigue también Llull, justo después de dar por hecho que se irían. Porque no hay noticia mejor para una liga que la continuidad de sus estrellas, que luego esa misma liga no sepa venderlas ya es otra cuestión.

9) Porque Joan Plaza tiene por fin entre manos el equipo que siempre soñó (o casi), porque este Unicaja tiene por fin argumentos más que sobrados para ser la tercera vía (junto con Valencia, obviamente). Luego ya que esa tercera vía aspire a derrotar al bipartidismo o que se nos quede en mero efecto bisagra sólo lo sabremos con el tiempo.

10) Porque el mero hecho de contar con un jugador como Kuzminskas ya te devuelve el precio de la entrada (o el del abono televisivo, en su caso). Porque casi me atrevería a decir que está a un solo paso (el de sus intermitencias, el de esa continuidad que siempre le falta) de ser tan candidato como el que más (si no el que más) a MVP de la ACB.diez unicaja Y porque por detrás de él emerge además un chaval llamado Dani Díez que se encuentra de repente ante la gran oportunidad de su carrera. Y algo me dice (ya algunas muestras ha dado de ello) que no la va a desaprovechar.

11) Porque será interesante ver si las llegadas de Planinic, Blazic, Bourousis o Corbacho dan para que el Baskonia de Peras forme también parte de esa tercera vía. Me encantaría que así fuera (cuantos más mejor) pero por ahora permítanme que sea muy escéptico al respecto. Si las cosas no van bien ya se encargará Querejeta de reinventarlas cuanto sea menester, pero a día de hoy me deja muy frío este proyecto baskonista 2015/2016, qué le vamos a hacer.

12) Porque he leído más de una vez en estos días que Darius Adams lo tiene todo para ser el nuevo Elmer Bennett, y no sé si se trata de un brindis al sol, de la mera expresión de un deseo o de una afirmación fundada, basada tal vez en sus (presuntas) actuaciones de pretemporada (que no he tenido el placer de contemplar). Dado que mis recuerdos de Adams me retrotraen a la temporada pasada, permítanme que por ahora me reserve el beneficio de la duda.

13) Porque Pedro Martínez llega por fin a ese (casi) grande que llevaba años mereciendo, al menos desde que le dieron aquella oportunidad en Baskonia para quitársela luego apenas cuatro días después de empezar. Llega ahora a la plaza más exigente que imaginarse pueda, un lugar donde la paciencia (la paciencia con sus entrenadores, en particular) no acostumbra a ser precisamente moneda común. Todo lo cual hace este reto todavía más hermoso, todavía mucho más especial. Ojalá que te vaya bonito, Pedro.

14) Porque a Valencia llega también Shurna (que me encanta desde sus tiempos en Northwestern, ya se lo dije), llega también SanEme (que me encanta de toda la vida de dios), llegan Hamilton y Sikma que son una garantía. Súmenlo a lo que ya había y descubrirán que con paciencia (bien escaso, insisto) y sin precipitaciones ni ataques de nervios deberían aspirar a casi todo. Lástima ese casi.

pangos granca15) Porque me apetece empezar a ver ya a mis viejos conocidos NCAA, ver de qué son capaces todas esas imágenes refrescantes de que les hablé hace unas pocas semanas: Pangos en Granca (algo ya mostró en la Supercopa), Haws en Obra, Henton en Sevilla, Jeff Taylor (si juega finalmente algún día) en el Madrid, Abromaitis en Tenerife, incluso David Wear en Fuenla aunque no sea santo de mi devoción. Lista que por otra parte se me quedó incompleta, ahora ya tendría que añadir al otro gemelo Wear (Travis, dicen que de camino hacia Gipuzkoa; más consistente que David, pero tampoco se me emocionen en exceso), al ex Fighting Illini Brandon Paul en la Penya… Muchos argumentarán que tanta presencia del club Al Salir de Clase sólo refleja el manifiesto empobrecimiento de la competición; pues vale, será así, no seré yo quien lo niegue. Pero a mí me encanta, qué quieren que les diga.

16) Porque este hacer de la necesidad virtud se refleja también a nivel doméstico, porque podría/debería ser la hora de Santi Yusta, Miguel Rico, Luka Doncic (aunque en este caso no hay necesidad que valga), Alex Suárez, Tomeu Rigo, Ili Diop, tantos otros (excluyo deliberadamente a Estu y Penya, que tendrán luego párrafo aparte). Economía de guerra si así lo quieren. La imaginación al poder.

17) Porque Granca se nos ha hecho grande. Porque la suma de Newley, Báez, Oliver, Pangos, Salin, Omic, Aguilar, Kuric o Rabaseda (cada uno a su manera) da como resultado una magnífica plantilla, Porque con Aíto el todo siempre suma más que la suma de las partes.

18) Porque Taph Savané aún continúa entre nosotros (baloncestísticamente hablando, me refiero). Porque su DNI podrá decir misa en arameo, pero su desempeño nos demuestra bien a las claras que está más joven cada año que pasa. Porque yo de (aún más) mayor quiero ser como él.

19) Porque Alejandro Martínez lleva media vida al frente del CB Canarias (por otro nombre Iberostar Tenerife) y aún le quedará otra media (recién renovado hasta 2017), porque pocos proyectos (si alguno hubiera) personifican mejor la continuidad, en los despachos, en los banquillos y en los parquets. Porque siguen Richotti o Sekulic (su permanencia es siempre el mejor fichaje), porque llegan O’Leary o Beirán. Porque todas sus piezas encajan, porque saben crear el caldo de cultivo para que todas sus piezas encajen. Porque son un ejemplo que muchos deberían imitar.

bellas cai20) Porque me duele no ver ya a Bellas en el Granca, pero al mismo tiempo me apetece ver a Bellas en otro lugar que no sea el Granca, tanto más en un lugar tan propicio como el CAI. Nuevos compañeros, nuevos técnicos, nuevas gentes, nuevo clima, nueva vida, por primera vez lejos de su (muy bien ganada) zona de confort.

21) Porque (me gustaría pensar que) cada vez que conecten con Zaragoza conectarán con el Pabellón José Luis Abós, cada vez que alguien empiece a narrar dirá bienvenidos al Pabellón José Luis Abós, cada vez que las cámaras enfoquen la cancha leeremos en la parte superior Pabellón José Luis Abós. Le pese a quien le pese. (Me gustaría pensarlo, pero lo pongo entre paréntesis porque justo después de escribirlo descubro que no será así por ahora, que los tribunales han suspendido cautelarmente el cambio de nombre; mandagüevos, añado, desde el exquisito respeto a las resoluciones judiciales que no comparto en absoluto).

22) Porque soy campazzista, lo soy desde antes de los Juegos de 2012, desde antes de que en el Madrid supieran siquiera que existía. Porque por serlo me he llevado hostias tuiteras a tutiplén (legítimas discrepancias, en cualquier caso) de todos aquellos que echaron pestes tras la marcha de Draper, todos esos iluminados que decían que no era digno de vestir la camiseta del Madrid (que leyéndoles a veces piensas que ni Magic Johnson en sus buenos años habría sido digno de vestir la camiseta del Madrid, a poco que hubiera fallado un pase). Soy campazzista y me preparo para cobrarme mi revancha, porque sé que este año en Murcia, con minutos, confianza y Fotis (y a poco que le acompañe la salud), sencillamente se va a salir. Recuérdenmelo en primavera.

23) Porque además de Campazzo Murcia será este año un verdadero latin team: Augusto Lima (si finalmente se queda y no es abducido por la casa blanca, lo cual aún no está claro a la hora del cierre de estas líneas), Vitor Benite, Sadiel Rojas… Porque con Fotis al mando, Cabezas dejando poso, Wood en los triples, Lischuk en los bloqueos y Antelo anteleando sólo pueden salir cosas buenas de ese equipo.

24) Porque también soy brizuelista (no saben cuánto), porque creo sinceramente que Darío Brizuela es lo mejor que le ha pasado al Estu desde hace muchísimo tiempo, lo mejor que ha salido de esa cantera desde el Chacho si me apuran (y aunque sé que Jaime Fernández tendría razones más que fundadas para decir algo al respecto).brizuela vicedo Tendrá minutos, apunta a titular, ya veremos si de aquí a unos meses no estaremos hablando del jugador revelación de la ACB (y miren que este año hay competencia). Papeletas lleva, tantas como el que más.

25) Porque además de Brizuela habrá bola también para Vicedo, Juancho Hernangómez, Fran Guerra y puede que alguno más, porque con Ocampo al mando sabemos por fin que todas estas criaturas vuelven a estar en buenas manos. ¿Lo demás? Dos veteranos del Vietnam como Nacho y Salgado, dos americanos (de USA) con buena pinta, Bircevic haciendo bulto y la maravillosa guinda final de Stimac, el hombre boquiabierto (es como aquél del pueblo de Gila que le decían ¡oye, que tienes la boca abierta! y contestaba ¡ya lo sé, si la he abierto yo!); no destacará por su estética (en ningún sentido) pero lo compensará con creces con todo lo demás. Y todo lo cual sin más objetivos (al menos por mi parte) que no pasar apuros, crecer, disfrutar, volver a ser felices practicando y viendo baloncesto. Ser de nuevo el Estu, con todo lo que eso comporta.

26) Porque seguiremos abalanzándonos a contemplar cada partido de la Penya (en la medida en que la cobertura televisiva nos lo permita) como si fuera un objeto de culto, quizá porque efectivamente sea un objeto de culto. Porque llegan Drame (mítico apellido en aquella casa, por cierto) o Brandon Paul, porque sigue Mallet que parece el padre de todos, porque sigue Suton, porque aún continúan Vidal o Miralles. Pero también porque Ventura y Llovet ya son imagen de marca, porque Abalde lo será más pronto que tarde (si no lo es ya), porque a la vuelta de la esquina aguardan Sans, Nikolic o Nogués. Pero sobre todo, porque muy pocas cosas resultan más gratificantes (en lo que a ACB respecta) que ver jugar a la Penya.

27) Porque Sevilla sigue viva (un año al menos), porque Bilbao finalmente se ganó la estabilidad. Porque son plazas indispensables, porque una ACB sin Bilbao o sin Sevilla carecería por completo de sentido.

28) Porque cada minuto de Raül López seguirá valiendo su peso en oro, porque se nos irá más pronto que tarde, porque deberíamos de enmarcar todos esos ratos que aún le queden en ACB.

29) Porque Pustovyi, Bendzius y Caloiaro (más la continuidad de Waczynski) seguirán poniendo a prueba la pronunciación de los comunicadores compostelanos en particular, y los de toda la ACB en general. Porque (más allá de chorradas) la enésima reinvención obradoirista volverá a salir adelante como todas las anteriores (Moncho mediante), porque volverá a emocionarnos como todas las anteriores (Miudiño mediante).

shermadini_morabanc_rtva_andorradifusio_ad30) Porque es un lujo y un auténtico placer tener por aquí de nuevo a Míster Bean Shermadini. Aunque habré de reconocer que si hace meses me hubieran preguntado dónde iría jamás habría imaginado que fuera a Andorra, tanto menos con las evidentes carencias interiores en muchas otras plazas ACB de mayor raigambre y tronío. Los designios del mercado (y de la fiscalidad) son inescrutables, sin duda.

31) Porque una cosa es reinventarse y otra (ya un paso más allá) lo que tendrá que hacer el Fuenla: técnico nuevo (Tabak), asistentes nuevos (Cuspinera, Raventós), nueve (sí, 9) jugadores nuevos si no he echado mal la cuenta, incluido el recién llegado (y no por ello menos insospechado) Marko Popovic. Me fascina, me seduce y me intriga (sobre todo me intriga) lo que pueda salir de ese collage, puede ser una maravilla o un caos, esperemos que opten por la primera opción.

32) Porque este año descenderá al menos un equipo a la LEB, de verdad, se lo prometo. No, no es que adivine el futuro (que yo sepa) sino que el postergado ascenso ourensano hará que el último clasificado de la ACB baje esta vez sí o sí (salvo nuevo cambio de opinión o de circunstancias en los próximos meses, que a la vista de los antecedentes tampoco me extrañaría). Y no es que yo le desee mal a nadie, líbreme el cielo, es sólo que recuperar esa dinámica medianamente normal de ascensos y descensos resulta esencial para la supervivencia de esta competición (y no digamos ya de la LEB). Así que algo es algo, menos da una piedra. Aunque sea en diferido.

33) Porque a día de hoy todos parten de cero (por definición), hasta la propia Liga parte de cero, si no nos ilusionamos ahora ya me dirán ustedes cuándo nos vamos a ilusionar. Tiempo habrá para que la cruda realidad venga a ponernos en nuestro sitio.

34) Porque me salen ya a estas alturas 35 motivos pero podrían salirme 350 si me lo propusiera, porque creo que llegados a este punto se han ganado ustedes sobradamente el derecho a que les deje descansar. Y porque muchos de esos otros motivos se nos irán apareciendo según avance la temporada, no les quepa la menor duda. Somos así, todavía capaces de encontrar alicientes aunque nos pueda el desánimo.

y 35) Porque sí. Porque el baloncesto nos hace felices, y a día de hoy (y mientras no se demuestre lo contrario) no tenemos ninguna otra liga profesional de baloncesto más cerca de casa, ni puñetera falta que nos hace. Porque sigue siendo nuestra Liga por más motivos que se empeñen en darnos año tras año para que deje de serlo. Porque ya está bien de lamernos las heridas. Porque sí.

MEDIA VIDA   2 comments

Sucedió hace media vida, no tanto en sentido figurado (que también) como literal. Tenía yo la mitad de años que tengo ahora, sabía de todo aquello (de todo, en general) cien veces menos de lo que sé ahora, sentía por todo aquello cien veces más fascinación de la que aún siento hoy, de la que espero no dejar jamás de sentir por el mero hecho de que se nos haya vuelto cotidiano todo lo entonces era sencillamente (maravillosamente) excepcional. Sucedió hace media vida, el tópico diría que parece que fue ayer, qué más quisiera yo que fuera sólo un tópico. Veintisiete años, media vida. Tan lejos y tan cerca.

Sucedió un 24 de octubre de 1988. Apenas año y pico después de que la NBA hubiera empezado a entrar a cuentagotas en nuestras vidas gracias a la aventura de Fernando Martín en Portland, apenas unos cuantos meses después de que nos hubiéramos acostumbrado a vivir cerca de las estrellas, apenas cuatro meses después de que nos hubiéramos vuelto locos con los siete partidos de aquella histórica (e histérica) Final entre Lakers y Pistons. Hoy nos puede parecer irreal pero créanme que entonces no se hablaba de otra cosa, créanme que en los colegios, institutos y trabajos (y tanto más en mi trabajo de entonces, todos aún jóvenes por aquel entonces) se formaban corrillos para comentar ese quinto, sexto o séptimo partido que acababa de jugarse en la madrugada anterior, si llegabas a tu oficina confiado en no enterarte del resultado para verlo luego en diferido estabas muerto, era científicamente imposible que no te lo reventaran, ni aún aislándote del mundo evitarías ese espóiler que entonces aún no se llamaba espóiler. Era otro mundo, quién iba a imaginar que en apenas unos meses se rebajaría a bajar a nuestro mundo.

Aquel 24 de octubre de 1988 el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. El verbo eran los Celtics, los mismísimos Boston Celtics, rechace imitaciones. No, no eran los vigentes campeones pero como si lo fueran, al fin y al cabo lo habían sido sólo dos años antes (quién nos iba a decir que habrían de pasar veinte años más para que volvieran a serlo),boston al fin y al cabo eran los campeones por antonomasia, sabíamos aún poco pero sí lo suficiente como para saber que estábamos ante la franquicia más grande sobre la faz de la Tierra, acaso el equipo de baloncesto más legendario del mundo, digno representante de la mejor competición deportiva del mundo. Podíamos recitar su quinteto de carrerilla casi mejor que el de muchas alineaciones de fútbol de entonces, Dennis Johnson, Danny Ainge, Larry Bird, Kevin McHale, Robert Parish, se nos llenaba la boca con sus nombres, nos poníamos metafóricamente (y a veces hasta físicamente) en pie con su mera enunciación. Habíamos soñado muchas veces con ellos y ahora de repente los teníamos aquí, a punto de jugar contra el mismísimo Real Madrid (una vez que ambos cumplieron con su respectivo trámite semifinal). Hay otros mundos pero están en éste, decía (quizás por aquel entonces) un anuncio. Nunca fue más verdad.

Aquel 24 de octubre de 1988, domingo por más señas, me llevé a la que ya era mi pareja pero aún sólo mi novia a pasar la tarde al bar, mi única tabla de salvación posible por aquel entonces. Hoy algo así sería impensable, hoy (matrimonio mediante, bodas de plata cumplidas) me diría que no hombre que no, que a mí qué me va a apetecer, de eso nada, vaya rollo, si tanta ilusión te hace te vas tú pero a mí no me líes. Pero en los noviazgos de entonces a veces hacíamos cosas así, sacrificios insospechados, también en eso eran otros tiempos. Me la llevé (más bien nos llevamos mutuamente) a un bar vallecano que hoy ya hace muchos años que no existe (de hecho por no existir ni siquiera existe la manzana que lo sustentaba), de nombre HO (sí, sólo esas dos letras, no me pregunten por qué) y sito en la calle Carlos Martín Álvarez, casi esquina con la Avenida Martínez de la Riva. El típico bar de barrio de toda la vida con un minúsculo televisor en blanco y negro en su parte superior (muy superior, que el techo estaba bien alto), lo suficiente como para que nos dejáramos el cuello en el empeño todos los que allí estuvimos mirándolo sin parar durante las dos horas largas que duró el evento. No nos dolió, y si nos dolió no nos acordamos. En cambio lo que vimos lo recordaremos siempre, siempre y cuando aún nos quede memoria para recordarlo.

Johnson vs Drazen Petrovic, Ainge vs Biriukov, Parish vs Romay, McHale vs Fernando Martín, Bird vs Johnny Rogers. Visto así el quinteto del Madrid parecía algo (parecía mucho, de hecho) pero visto al lado del otro se quedaba en nada, un mero juguete en manos de cinco hombrecillos (hombretones, más bien) verdes recién aterrizados de otra galaxia. La duda no era que los Celtics fueran a ganar, la única duda era por cuánto (o como decíamos en baloncesto, de cuánto). Los más optimistas situaban la diferencia en veinte o treinta, los realistas en cuarenta o cincuenta, los pesimistas no bajaban de sesenta. Claro está que hoy jugamos con ventaja, hoy sabemos ya que la NBA de octubre nada tiene que ver con la de mayo, que la pretemporada NBA es tan pretemporada como cualquier otra o más siS0101_McDonalds_Open_AB017 cabe, a las estrellas unos pocos minutitos no se vayan a cansar, el resto un mero campo de pruebas para comprobar quién se gana el puesto o quién lo pierde, quién se queda y quién se va. Hoy bien sabemos todo esto pero entonces lo ignorábamos, o acaso lo intuyéramos, o acaso sí lo supiéramos pero tampoco nos importara los más mínimo. Aquellos eran los Celtics, no necesitábamos saber nada más.

Imagino que (dado el típico ambiente de todo bar que se precie, tanto más en aquellos tiempos) aquel partido lo vimos pero no lo oímos, quizás por eso no fuimos muy conscientes de la poca pasión que TVE le puso al evento, o quizás sí lo fuéramos pero como era lo de siempre tampoco nos llamara la atención. En la narración Pedro Barthe, un Pedro Barthe que así de primeras transmitía la inequívoca sensación de preferir estar en cualquier otro sitio, como si en vez de ofrecerle la oportunidad de narrar un encuentro histórico le hubieran puesto un castigo insoportable. Y en los comentarios técnicos Nacho Calvo, la mera enunciación de los conceptos comentarios técnicos y Nacho Calvo en la misma frase representa un oxímoron de proporciones bíblicas, no hace falta decir nada más. Ni rastro de nadie que conociera siquiera mínimamente aquel otro baloncesto, ni rastro de un Ramón Trecet al que ni siquiera necesitaban contratar porque ya era de la casa y que habría sido de lejos la solución más lógica para hacer aquel partido por parte de TVE (no, lógica y TVE tampoco deberían ir nunca en la misma frase), solo o en compañía de otros. Eran así, tampoco es que hayan evolucionado mucho desde entonces.

Barthe y Calvo decían en repetidas ocasiones que el griterío era ensordecedor y a fe que lo era, no lo notaríamos entonces (bastante tendríamos con el ruido del bar) pero bien que lo apreciamos hoy volviendo a ver el partido para la ocasión. Hoy viene la NBA a Europa y el ambiente de cualquier global game de esos está a medio camino entre un espectáculo teatral, un happening de centro comercial y una merienda campestre: plas plas plas (onomatopeya de aplausos) tras cualquier jugada, oooooohhhhh tras alguna cabriola. jijí jajá en las chorradas de los tiempos muertos y luego ya si acaso nos ponemos las pilas en los últimos minutos siempre y cuando el resultado conserve algo de emoción, si no ni eso.real-madrid-boston En cambio en 1988 aquello no parecía tanto un Madrid-Celtics como un Madrid-Maccabi por ejemplo: locura colectiva, pasión absoluta, clamor tras cada canasta propia, pitos en cada subida de balón ajena, ovación de reconocimiento cuando anotaban pero sin que ello rebajara ni por un momento la intensidad, la tensión. Cómo hemos cambiado.

Quizás también por la propia evolución del partido, porque los madridistas del Palacio (y los de fuera) se creyeron legítimamente con derecho a soñar. El mero hecho de plantar cara ya era sueño, sólo 5 abajo tras el primer cuarto (titulares vs titulares), 5 que apenas un rato después iban a ser 18 cuando los Celtics se pusieron a tirar de fondo de armario: Jim Paxson, Reggie Lewis, Brian Shaw, Acres, Lohaus… Y entonces sucedió: de las profundidades del banquillo madridista emergió un espigado mocetón gerundense, Pep Cargol, que iba a dejar asociado ya para siempre su nombre a aquella mítica noche: un canastón por aquí, un arrebato por allá, alguna que otra defensa por acullá haciendo incluso enfadar al mismísimo Bird, mala cosa porque en cuanto te descuidabas se ponía a jugar como él sabe. 14 de diferencia al descanso, parecía evidente que lo mejor estaba aún por llegar. Aunque no imagináramos de qué modo.

Y es que a la vuelta del vestuario a los Celtics se les rompieron por completo los esquemas, vale que allí tendréis la ley no escrita de empezar el tercer cuarto con los titulares pero yo no concibo esa razón, yo soy Lolo Sáinz y sabes que no tengo por costumbre hacer cambios salvo cuando no me queda más remedio pero mira tú por donde hoy me voy a dar el gusto, que aquí leyes no escritas no tenemos: meto a Cargol de tres, a Antonio Martín de cuatro y a You Llorente de base pasando a Drazen al dos, chúpate esa mandarina Jimmy Rodgers.real-madrid-boston-celtics--644x362 Y de repente aquel tercer cuarto era un delirio, una locura, un Madrid que plantaba cara, una catarata de baloncesto por ambos lados, ya la gente gritaba este partido lo vamos a ganar como si en verdad lo creyera (quizás porque en verdad lo creía), ya hasta Pedro Barthe estaba entusiasmado (ya era Barthe en estado puro, de hecho: se están dando cuenta de que existe un continente que se llama Europa y un baloncesto europeo de categoría, si pensaban que venían a tomar el sol, a pasearse y a ganar de 40 ya se están dando cuenta que no va de eso), ya hasta el mismísimo Nacho Calvo estaba entusiasmado (ya, ya sé que entusiasmo y Nacho Calvo tampoco deberían ir nunca en la misma línea), créanme que si en aquel momento hubiera aterrizado un extraterrestre en el Palacio (o cualquier ser humano que no hubiera visto jamás un partido de baloncesto, que para el caso viene a ser lo mismo) se habría quedado prendado de aquel juego para siempre. Ocho de diferencia al final del tercer cuarto, que aún habrían podido ser menos si Drazen no se hubiera creído más importante que su equipo, si no se hubiera jugado las suyas y las de los demás, si no hubiera escogido cuidadosamente aquel momento para presentarse al mercado norteamericano, si hubiera procesado a tiempo que aquellas defensas de Dennis Johnson o Brian Shaw nada tenían que ver con las que acostumbraba a encontrarse por aquí. Pero con todo y con eso eran ocho puntos de diferencia, lo que venía a significar que el Madrid había ganado de 6 aquel tercer periodo. Hoy nos puede parecer una nimiedad, pero entonces fue un dato que quedó para la historia.

¿Tú que crees, Pedro, que los Boston (sic) creen que están jugando contra el Madrid, o que se están jugando el anillo en una final de la NBA contra Los Angeles Lakers?, preguntaba Calvo. ¡¡¡Pocos partidos tan difíciles tienen a lo largo de la temporada los Celtics!!!, respondía Barthe. Ingenuidades aparte, los Celtics por fin entendieron que se habían acabado los experimentos, las probaturas y las pretemporadas y finalmente obraron en consecuencia: fue ponerse Bird a gobernar el chou en su insigne papel de puto amo y antes de que nos diéramos cuenta se habían ido de 25 para nunca más volver. O tal vez sí, pero ya en los minutos de la basura (aunque aún no nos acostumbráramos a llamarlos así), con Quique Villalobos de blanco y Ramón Rivas de verde, con un Pep Cargol que aún quiso poner la guimg_ggomez_20150326-110615_imagenes_md_otras_fuentes_madridceltics-kUuH--572x385@MundoDeportivo-Webinda final al pastel. Ni sesenta ni cincuenta ni cuarenta ni treinta ni veinte, Barthe dixit. Quince, ni más ni menos. 96-111 para ser exactos. Eran otro mundo, aún seguirían siéndolo por mucho tiempo. Pero empezaban a no estar tan lejos como siempre habríamos creído imaginar.

Y de nuevo al día siguiente no se hablaba de otra cosa, y el medio país que se lo perdió se tiraba de los pelos por habérselo perdido, y recuerdo bien a madres de mi trabajo mendigando el vídeo a todo aquél que hubiera tenido la ocurrencia de grabarlo, déjamelo esta tarde por dios, por caridad, que quiero poder enseñárselo a mi hijo… Era una fascinación que iba más allá del baloncesto mismo, más allá del choque entre dos mundos, más allá de las chorradas de los tiempos muertos o de todas esas cheerleaders que ni siquiera eran de los Celtics (que aún no tenían, ni puñetera falta que les hacía) sino de los Tigers de la Universidad de Memphis State (hoy Memphis a secas), contratadas ex profeso para la ocasión. Una especie de fascinación global que hoy, volviendo a contemplar aquel partido media vida después, nos deja (a mí, al menos) un cierto poso de amargura. No ya por quienes nos dejaron prematuramente (obviamente Drazen y Fernando, pero también Dennis Johnson y Reggie Lewis… y ese número 11 del Madrid que la inmensa mayoría de lectores ni recordarán quién era, Carlos García Ribas, quede aquí merecida constancia), sino también por todo aquello que se nos perdió por el camino: la ingenuidad, la capacidad de alucinar con cosas nuevas, la pasión tal vez. La juventud, seguro. Recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver.

Hoy media vida después tampoco veré in situ a los Celtics, no culparé a nadie de ello salvo a mi propia torpeza, la que me hizo ir dejándolo durante el verano y acordarme ya en septiembre cuando todas las entradas estaban vendidas. Es decir, vendidas en la web oficial a un precio medianamente razonable (entre 19 y 58 euros), hoy dicha web te informa que están todas agotadas pero al mismo tiempo te remite amablemente a otra web donde puedes encontrarlas al módico precio de entre 75 y 115 euros, alguna otra web hay por ahí donde puedes encontrarlas aún más caras todavía. No estoy tan desesperado como para eso. Lo siento porque me habría gustado reencontrarme con viejos conocidos (y admirados) NCAA como Evan Turner, Marcus Smart, Jared Sullinger, Isaiah Thomas, incluso Kelly Olynyk, Terry Rozier, RJ Hunter o Jae Crowder; lo siento porque me habría gustado reencontrarme con un entrenador como Brad Stevens por quien profeso franca devoción desde sus tiempos de Butler; lo siento simplemente porque son los Celtics, porque ya vi hace años in situ a Grizzlies, Raptors y Jazz pero esto no es lo mismo, no puede ser lo mismo. Por lo que representa esta franquicia en sí misma, por lo que representó aquel partido de 1988, porque aplicando estos mismos parámetros 600nbatemporales ya no volverán por aquí hasta dentro de otra media vida, pongamos por ejemplo octubre de 2042, a saber dónde y cómo estaré (o si estaré siquiera) para entonces. Otra vez (no) será.

Don’t cry for me, hasta ahí podíamos llegar. Obviamente ya no me hará falta buscarme la vida en ningún bar, obviamente veré la primera mitad cómodamente arrellanado en mi sofá (no sin arduas negociaciones previas para resolver el tema de la cena), para la segunda probablemente me echarán del salón pero no teman, como tantas otras veces encontraré acomodo ante el ordenador o ante el televisor del dormitorio, más pequeño pero no por ello menos confortable. Será para mejor (como es el caso) o para peor pero nada será igual a como fue hace veintisiete años, nada nos sorprenderá como entonces, hoy tenemos ya a los Celtics hasta en la sopa, de hecho algunos hasta catamos los ingredientes antes de que los echaran a la sopa. Hace media vida algo tan cotidiano como un partido de baloncesto se nos convirtió en excepcional, hoy algo tan (presuntamente) excepcional como tener aquí a la NBA se nos ha convertido en cotidiano. Si será cotidiano que hasta el presidente del anfitrión anda repitiendo por ahí cada lunes y cada martes que quiere jugar en aquella Liga como si en verdad se lo creyera… No, nada será ya igual, ni parecido siquiera, y sin embargo quién sabe: quizás aún quede por ahí alguien que no tenga donde verlo y encuentre finalmente refugio con su pareja en un bar perdido (donde además lo pondrán por no haber competencia jurbolística esa noche, si no de qué), alguien lo suficientemente virgen como para que la experiencia aún le pueda dejar huella, como para volver a recordarla y contarla media vida después. Sólo por eso ya habría merecido la pena.

IMÁGENES REFRESCANTES   1 comment

En tiempos era una práctica habitual, no sé si hoy seguirá siéndolo porque ya casi no veo noticiarios televisivos, con Internet tengo más que suficiente. En tiempos te sentabas a ver el telediario veraniego y tras tragarte la habitual ristra de catástrofes, escándalos, disturbios, sucesos y conflictos varios el comunicador (suplente) de turno ponía su mejor cara de felicidad y te soltaba aquello de …y hoy, para acabar nuestro informativo, les dejamos con unas imágenes refrescantes. Y en tu televisor se iban sucediendo esculturales cuerpos practicando esquí náutico, intrépidos surfistas cabalgando sobre las olas, gráciles veleros surcando la mar serena mientras tú, ahí bien recocido en tu sofá a tus cuarenta y tantos grados centígrados, sin aire (ni acondicionado ni sin acondicionar) ni ventilador ni vacaciones, te acordabas de la madre que parió al comunicador, al director, al realizador y al surfista incluso, ya puestos. Nunca hubo nada menos refrescante que unas imágenes refrescantes, ni aún por muy sugestivas que éstas fueran. De hecho en mi caso siempre produjeron el efecto contrario, si bien habré de reconocer que los exabruptos que soltaba al verlas sí acababan dejándome una extraña sensación de liberación. Quizá fuera eso lo que pretendieran…

Y sin embargo aquí me tienen, intentando provocarles ese mismo efecto… sólo que en términos estrictamente baloncestísticos, no vayan a pensar. No teman, no abundaré en la serie de catastróficas desdichas que aflige a la ACB en estos días, no abundaré porque ya las conocen de sobra, porque ya se las hemos contado en este mismo lugar y por no amargarles (aún más si cabe) la vida. Pero a cambio les ofreceré mis particulares imágenes refrescantes, casi las únicas que ofrece en estos días nuestra atribulada competición. No hará falta que les recuerde que cada vez hay menos dinero para desembolsar, que cada vez llegan americanos de menos postín y tronío, que los que vienen pesan mucho menos que los que se van… pero no hay mal que por bien no venga, dicen. Antes los fichábamos curtidos en mil batallas europeas, ahora los fichamos casi recién salidos del cascarón universitario, lo cual, para alguien que se pasa los inviernos enteros pegado a la NCAA como es mi caso, no deja de ser un plus. Así que esas van a ser mis particulares imágenes refrescantes, si buscaban esculturales cuerpos en traje de baño me temo que no acudieron al lugar adecuado. Eso sí, a cambio les presentaré (in alphabetical order) a seis sujetos casi recién salidos de fábrica y que llegan con la loable misión de refrescar (en la medida de lo posible) nuestra endogámica, esclerotizada, envejecida y encorsetada Liga ACB. Ojalá lo consigan.

1. Algunos que ya peinamos abundantes canas aún recordamos a su padre. También es verdad que tiene truco, si se hubiera apellidado Smith o Jones probablemente lo habríamos olvidado pero Abromaitis no creo yo que haya muchos en la guía telefónica, en cualquier caso si usted no lo recuerda no se preocupe, más bien alégrese, es una mera cuestión de edad. Aquel Jim Abromaitis se hizo carne y habitó entre nosotros en la temporada 1980/1981, hace la friolera de 35 años ya;abromaitisx-large no diré que dejó una huella imborrable (más allá de su apellido) porque no sería cierto, y eso que no estuvo en un equipo cualquiera sino en el mismísimo Real Madrid de los Corbalán, Brabender, Iturriaga, Rullán, Romay, Prada, You Llorente, Indio Díaz, Randy Meister y demás familia. Era un buen tirador, nada más (y nada menos) que eso. Bastante más que eso (pero también eso) es su hijo, Tim Abromaitis, gracias entre otras cosas a haberse formado en una universidad como Notre Dame en la que no basta con tirar bien sino que además tienes que jugar muy bien al baloncesto. Los Fighting Irish de Mike Brey podrán tener mejores o peores promociones pero mueven siempre el balón como los ángeles y utilizan como nadie los espacios, lo que les convierte en una verdadera delicia de equipo. No por casualidad sus productos acostumbran a ser jugadores muy bien formados, aquí mismo hemos podido comprobarlo hace bien poco con Ben Hansbrough o Luke Harangody (y aprovecho la ocasión para dejarles otro nombre recién graduado, Pat Connaughton, si no cuaja en NBA y tienen mano en ACB tírense en plancha a por él). Abromaitis es otro buen ejemplo, y ello a pesar de que se perdió su último año de elegibilidad por culpa de una rotura del ligamento cruzado anterior que pareció cercenar ya para siempre su carrera profesional. Pero se repuso, se vino a Europa y durante estas tres últimas temporadas (Villeurbanne, Estrasburgo, Braunschweig) no ha hecho sino mejorar. Si a todo esto añadimos su inmejorable currículum académico y su impecable estampa de yerno ideal, el resultado de todo ello nos dará un producto que parece hecho a medida para un proyecto como el de Tenerife, del mismo modo que la propuesta de Alejandro Martínez parece que ni pintada para un jugador como él. Que sea por muchos años.

2. No me pregunten por qué, pero hubo un tiempo en el que a los entrenadores ACB les encantaba fichar mormones. Cualquier jugador recién importado de USA venía siempre rodeado de incertidumbres, cómo será, qué carácter tendrá, cómo se adaptará, etc. Incertidumbres que en tratándose de mormones se reducían contylerhawssiderablemente ya que su adaptabilidad, entrenabilidad, disciplina y entendimiento del juego resultaban estar siempre muy por encima de la media. Ejemplos hubo a patadas (también excepciones, claro), todos los que usted quiera, desde aquel legendario Steve Trumbo hasta los recientes Toolson (todos los Toolson) o Yeisi Carroll. Bien, pues el siguiente a añadir a esta lista se llama Tyler Haws y llega a Santiago de Compostela directamente desde Brigham Young (BYU para los amigos), la universidad mormona por antonomasia. Ahora bien, más allá de sus creencias, más allá de esa cara de asco (mi madre, menos diplomática para estas cosas, diría que parece que estuviera oliendo mierda), más allá de ese aura de superioridad tan yanqui que le caracteriza, sepan bien que estamos ante un anotador compulsivo: un sujeto que ha promediado más de 22 puntos por partido superando así los registros históricos de otros legendarios cougars como Danny Ainge o (mucho más recientemente) Jimmer Fredette. Añádase además que no llega con los típicos 22 años de cada graduado universitario sino con 24, fruto de haber pasado esa particular mili mormona de los dos años de misión, concretamente en Filipinas; añádase también que la criatura nació en Bélgica por esas cosas raras de la vida, lo que supongo que le conferirá la condición de comunitario por si su fichaje no fuera ya suficientemente chollo de por sí. Pensé yo que encontraría hueco en cualquier franquicia NBA, probablemente también lo pensaron en el Obra cuando lo apalabraron, probablemente aún no acaben de creerse que vayan a disfrutar durante todo un año de un jugador así. Eso sí, tampoco le pidan más, tengan claro que en apenas unos meses (y siempre y cuando no le reclamen de USA) seguro que habrá ya unos cuantos grandes de Europa peleándose por sus servicios. Al tiempo.

3. Providence es una fiesta. No me refiero a la capital del estado de Rhode Island (que puede que también lo sea, pero que no tengo el placer de conocer) sino al equipo de baloncesto de su universidad, esos Friars que siempre que los ves te devuelven el precio de la entrada (si lo hubiere), lástima que por jugar en la Big East les veamos mucho menos de lo que nos gustaría. Así fue en 2014 gracias al eléctrico Bryce Cotton (lo último que supe de él es que andaba por los Jazz),henton así ha sido aún más si cabe en 2015 gracias a una fantástica pareja: de un lado el mágico base Kris Dunn, uno de esos jugadores que te entran por los ojos ya desde la primera vez que le ves (y que volverá a Providence en unos meses para completar su año sénior, de lo cual me alegro); y del otro un alero interesantísimo, físicamente muy potente, agresivo en penetración y con muy buena mano, que responde al bello a la par que insospechado nombre de LaDontae Henton (si se están preguntando qué extraña razón lleva a unos padres a ponerle LaDontae a su retoño, habré de confesarles que yo también me lo pregunto). Henton acabó su periplo universitario hace unos meses, no fue drafteado y pensé que se lo rifarían en Europa pero fue pasando el verano y nadie pareció acordarse de él… justo hasta que este pasado fin de semana se ha acordado por fin de él el Baloncesto Sevilla, ese mismo (ex) Caha que en apenas un mes ha pasado de estar casi al borde de la muerte a fichar a todo bicho viviente, apoyo de su entidad financiera propietaria mediante: Bamforth (again), Nachbar (nada menos), Miljenovic (joyita) y ahora este Henton que debería salirles muy bien, aunque el fichaje de una criatura recién salida del cascarón siempre deje alguna duda: cómo procese ese paso del amateurismo al profesionalismo, de Rhode Island a Andalucía e incluso de Ed Cooley a Luis Casimiro; dos pedazo de entrenadores si bien completamente diferentes el uno del otro. Luego acabará como acabe, pero por ahora es una magnífica noticia tenerlo por aquí.

4. Ya he contado alguna vez la historia de aquel primer partido que le vi, que era en realidad el segundo que jugaba en su universidad de Gonzaga. Aquella noche de noviembre de 2011, ante su nuevo público de Spokane, frente a la vecina Washington State, el recién aterrizado Kevin Pangos se marcó la friolera de nueve triples, tal cual, nueve triples uno detrás de otro (claro está, no iban a ser todos a la vez), nueve triples con envidiables porcentajes además, dejando ojipláticos no ya a sus aficionados ni a quienes lo vimos desde la distancia sino incluso a los mismísimos analistas televisivos (que más de una vez se confundieron y le llamaron Pargo, ya que ocupaba jukevin_pangossto el lugar que Jeremy Pargo acababa de dejar). Ni que decir tiene que el canadiense no volvió jamás a repetir una actuación así, pero ello no quita para que durante todos estos años haya seguido jugando a un magnífico nivel. No siempre ejerció de base puro porque a menudo le tocó compartir cancha con un cerebrito como David Stockton (de los Stockton de toda la vida), pero este último año recuperó el mando en plaza y dejó meridianamente claras dos cosas: a) que siempre va a ser un base más anotador que director, y b) que en cualquier caso ha mejorado muchísimo en las labores de dirección. Triunfará en el Granca siempre y cuando sus fieles aficionados tengan paciencia con él (al fin y al cabo es su primer trabajo remunerado como baloncestista profesional), siempre y cuando tengan claro que no van a encontrar en él al sucesor de Tomás Bellas sino a otro estilo de base completamente distinto, casi contrapuesto. Ahora bien, con un maestro en el banquillo como Aíto (extraordinario en la dirección de jóvenes, de toda la vida de dios) y otro en el parquet como Oliver tendrá ya mucho ganado en su proceso de adaptación. Dejemos que Gran Canaria (la isla, la gente, el equipo) se ocupe de todo lo demás.

5. Siempre es un placer ver jugar a Vanderbilt, universidad sita en Nashville, Tennessee. Siempre es un placer ver a los Commodores sobre todo en su casa, en ese incomparable Memorial Gym que no se parece a ningún otro pabellón (que yo haya conocido) sobre la faz de la Tierra, con sus banquillos no en el lateral sino en los fondos, casi al pie de las canastas. Pero más allá de peculiaridades Vanderbilt acostumbra a jugar buen baloncesto gracias a su técnico Kevin Stallings y a interesantes promociones de jugadores,Jeffery_Taylor_Vanderbilt_InsideOnly pongamos por ejemplo aquella de 2012 con el escolta anotador John Jenkins (carne de Liga de Desarrollo durante todos estos años), el pívot fajador nigeriano Festus Ezeli (hoy ya con un anillo en los Warriors) y el alero-chico-para-todo Jeffery Taylor, jugador interesante donde los  haya. Jordan (sí, ESE Jordan) puso sus ojos en él y le escogió para sus Bobcats (hoy ya Hornets) en el 31 del draft (lo que viene siendo el 1º de la segunda ronda), justo un puesto detrás de Ezeli y ocho detrás de Jenkins por cierto. Su elección desató la euforia en las buenas gentes de Charlotte que creyeron (tanto más tras sus magníficas actuaciones en las ligas de verano) haber conseguido un verdadero robo. Bueno, pues no. La realidad como tantas otras veces vino a poner las cosas en su sitio, primero en forma de lesión (aquiles) y luego en forma de sanción por un lamentable episodio de violencia de género que él mismo reconoció y por el que le cayeron 24 partidos. Así las cosas (y tras múltiples idas y venidas a la Liga de Desarrollo) los Hornets acabaron cortándole hace pocos meses. Se le cerraba así la puerta de la NBA pero a cambio se le abría de par en par la de Europa, gracias además al pequeño detalle de que Taylor es sueco; no sueco de conveniencia sino sueco sueco, sueco de pura cepa, nacido en Norrköping mientras su padre estuvo jugando allí. De hecho ha defendido ya la camiseta de su selección, de hecho hasta participó en el Eurobasket 2013 con notable éxito de crítica y público. Dicen que le ha fichado el Real Madrid para sustituir a KC Rivers (que la cosa de los pasaportes la tiene algo más revuelta, por lo visto), de hecho todos los medios lo dieron por hecho hace un par de meses aunque yo a día de hoy no he sido capaz de encontrar confirmación alguna al respecto, bien porque las cosas de palacio van despacio o bien porque soy así de torpe y no habré sabido dónde buscar. Sea como fuere (y dando por supuesto que finalmente llegue a la casa blanca) que nadie espere un clon de Rivers porque su posición podrá ser similar pero su juego es muy distinto: más defensa, más físico, menos tiro que su antecesor. Y más carácter, también. Esperemos que mezcle bien con un equipo tan hecho como este Madrid.

6. En los cinco casos anteriores les he vendido optimismo a raudales pero no se me vengan arriba, no todo ha de ser jijí jajá, me temo que con éste que viene ahora voy a bajar un poco (bastante) el listón. Señoras, señores, les presento a los gemelos Wear, Travis y David Wear, dos gotas de agua como no podía ser de otra manera, dos esbeltos yogurines a los que imaginamos intercambiándose exámenes y castigos sin que sus profesores se dieran cuenta cumpliendo así con la mística asociada a su condición.DavidWearTravisWear Juntos llegaron a North Carolina, juntos decidieron cambiar de aires y emigrar a la soleada California en busca de mejor fortuna, juntos aterrizaron en UCLA, juntos se graduaron cumpliendo casi en la cancha ese mismo papel intercambiable que les imaginábamos en las aulas. Las diferencias (más allá de que el uno llevaba el 12 y el otro el 24) eran sólo de matiz: Travis, a menudo titular, era más completo, algo (sólo algo) más interior, algo menos alérgico a las zonas; David, por lo general suplente, era aún menos fajador si cabe, prototípico cuatro abierto (y decir cuatro es decir mucho) con buena mano y pare usted de contar. Acabada la carrera se separaron finalmente sus destinos, la adultez es lo que tiene: Travis fue a parar a los Knicks para confirmar el hecho evidente de que allí ya juega cualquiera (de hecho recientemente han fichado a Sasha Vujacic, por si nos quedara todavía alguna duda), David en cambio hubo de buscarse la vida (como tantos otros) en la D-League. Supongo que habrán sido sus números en esa competición y (sobre todo) en la pasada Liga de Verano los que han llevado al Fuenla a contratarle, algo que como ya habrán deducido a partir de todo lo anterior no me hace especial ilusión; fíjense que hasta me preguntaron en Twitter si mejoraba a Daniel Clark (comparación odiosa donde las haya) y respondí que para mí no, en absoluto. Dicho lo cual, si yo fuera aficionado fuenlabreño tampoco me preocuparía demasiado al respecto. Primero porque acaso mi recuerdo sea exagerado, porque puede que haya progresado mucho desde entonces. Segundo porque no soy de fiar, no soy un experto sino un mero aficionado cuyo atrevimiento va en paralelo a su ignorancia. Y tercero (y principal) porque bastante tienen ahora mismo con preocuparse sobre si saldrán en ACB como para preocuparse de con qué jugadores saldrán (en su caso) en ACB.

Y hasta aquí. Me habría encantado dedicarle también un parrafito a ese magnífico fichaje del Valencia Basket llamado John Shurna (por quien siento especial debilidad desde su etapa en Northwestern) pero en este caso no tendría sentido que yo se lo presentara ya que ustedes lo conocen ya de sobra tras su etapa en Badalona. Como me habría encantado dedicarle unos parrafillos al flamante fichaje de la Penya Ousmane Drame (Quinnipiac) y al no menos flamante obradoirista Alec Brown (Wisconsin Green-Bay), pero si lo hiciera les estaría vendiendo la moto (aún más si cabe) dado que apenas pude ver jugar a sus respectivas universidades (y bien que lo siento) como para tener formada una opinión. Como me encantaría poder dedicarle algunas líneas a jugadores interesantísimos como Juwan Staten (West Virginia), Askia Booker (Colorado), Jordan Sibert (Dayton), LeBryan Nash (Oklahoma State), Jonathan Holmes (Texas), Emmy Andújar (Manhattan) o Matt Stainbrook (Xavier), me encantaría porque eso significaría que les veríamos por aquí pero por ahora no parece que sea el caso (ni por ningún otro sitio, que yo sepa), por si acaso ahí les dejo sus nombres para lo que gusten mandar. Como me encantaría escribir algo también de tíos como Miljenovic, Vezenkov, Sobin, Vrkic, Musli, McGrath, Caloiaro, Benite, incluso Doncic, Yusta o Rico… pero como dijo aquél, hoy no toca, hoy la cosa iba sólo de denominación de origen NCAA. Además que creo yo que ya está bien, que con seis imágenes refrescantes tienen más que suficiente. No se me vayan a enfriar.

(publicado originalmente en BASKET Y PUNTO)

DELIRIOS BLAUGRANAS   3 comments

Ficha el Barça compulsivamente. Ficha como si no hubiera un mañana, como si le faltara el aire, como si se acabara el mundo. Ficha todo lo que se menea y lo que no se menea también, ya puestos, no vaya a ser que se empiece a menear. Ficha con ansia, sin medida, sin merma ni tasa, ficha como decía mi madre que comía yo de niño (y aún a veces mi señora, de adulto), hijo, comes sin conocimiento, ficha el Barça sin conocimiento, casi sin saber qué ficha, puro fichar por fichar. Ficha como si tuviera que desahogarse en baloncesto de la carencia de fichajes del fútbol, como la FIFA no nos deja echemos aquí la casa por la ventana no vaya a ser que se olviden de lo que somos. Ficha como si no le importara una mierda (acaso porque no le importe una mierda) esa reciente auditoría que cuantificaba en 5 millones los ingresos y en 27 millones los gastos de la sección, nos podrá importar a usted o a mí pero a ellos obviamente se la suda, los llenazos del Camp Nou pagan sobradamente los inmensos vacíos del Palau, será por dinero.carlos-arroyo-640 Fichan y fichan y vuelven a fichar, fichan para hacer aún más grande la distancia entre el segundo y el tercero (y ello aunque también fiche el tercero), luego cuando vuelva a hablarles de liga de dos, de bipolaridad, de previsibilidad, de liga de la marmota y demás zarandajas no se les olvide volverme a linchar.

Ficha el Barça a Arroyo, Ribas, Perperoglou, Samuels, Vezenkov, Lawal, Diagné, no nos ficha a usted o a mí porque no estamos en el mercado que si no también nos ficharía aunque sólo fuera para llevar el agua. Ficha cincos como para poner una cinquería, hasta un quinteto de cincos (añadiendo a Tomic) podría alinear si le diera la vena (acaso sea ese el sueño húmedo de Pascual y no nos hayamos enterado), una especie de cinco por cinco (veinticinco) como si dijéramos. Ficha a un Perperoglou que es el pegamento que todo buen equipo necesita, ficha a un Pau Ribas que haría las delicias de cualquiera, hasta ahí todo normal, lo emocionante llega cuando se pone a buscar base y dispara a todo lo que se mueve como si le diera igual huevo que castaña, director que anotador, cerebral que crepuscular, viejo que joven, Prigioni que Shved… o que Arroyo, pongamos por caso.

Ficha el Barça a Arroyo a sus 36 años cumplidos, aún éramos jóvenes cuando le veíamos trotar a la vera de Raül López por esas canchas de dios (del dios mormón de Salt Lake City, para ser exactos). Ficha un potro (ya más bien caballo percherón) desbocxavipascualado, un manantial de talento a chorros, un líder absoluto, un jugador que allá donde pasó no giró en torno al equipo sino que más bien fue el equipo el que giró en torno a él… ¿y en tales circunstancias aspira el Barça a que se convierta en algo así como la prolongación del entrenador sobre la cancha? Si lo de las riendas funcionó mal con Ricky y regular con Marcelinho, con Arroyo (que no es precisamente de riendas) no quiero ni imaginármelo. Pueden pasar dos cosas, que Arroyo se pascualice (que ya me extrañaría, a estas alturas de su carrera) o que Pascual se arroyice aunque sólo sea por la cuenta que le trae, entreguemos las llaves del reino a Don Carlos que él sabrá muy bien que hacer con ellas, para todo lo demás dios proveerá. Puede que tengamos un one man show al más puro estilo Galatasaray o puede que no haya pascualización ni arroyamiento alguno, que cada cual vaya por su lado y los demás ya no sepan de qué lado estar. Llega Arroyo para ser (algo así como) el brazo armado de Pascual, sólo espero que esa extremidad no acabe separándosele del cuerpo. Al menos siempre le quedará la otra, de nombre Satoranski. Menos da una piedra.

Y puestos a fichar hasta ficha el Barça a Lassa, tal cual, con dos eses y en femenino no se me vayan a confundir. Lassa como usted ya sabrá perfectamente (sobre todo ahora que voy yolassa a contárselo) es la marca líder en neumáticos de Turquía, seguramente en el país otomano la conocerá todo dios (o todo alá, según), en esta otra parte del globo quizá también pero yo (que vivo permanentemente instalado en la ignorancia) he tenido primero que averiguarlo para poder escribirlo. Lassa no ha encontrado mejor manera de expandirse que patrocinar a las secciones barcelonistas, bienvenido sea aunque rompa los esquemas a todos aquellos que sostienen que éstas ya están patrocinadas por su sección de fútbol, será que en Turquía no se han informado al respecto. Ya estoy viendo el titular del Marca en el próximo Clásico, el Barça Lassa contra el Madrid de Laso, cosas peores hemos leído. Y aún se podría mejorar, bastaría con que el Madrid se dejara de tekas y pasara a estar esponsorizado (terrible verbo) por Leche Pascual (o aún mejor sería Pascuala por aquello de la simetría, me cuentan que en Valencia hay un mítico bar con ese nombre pero no creo que le llegue el presupuesto para esponsorizaciones de tal calibre). Imaginen, Barça Lassa vs Madrid Pascual, ese sí que sería el verdadero mundo al revés, desde el tiempo aquel en que el Clásico era Real-Regal no se vio nada semejante. Todo es ponerse.

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