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LA LIGA DE LA MARMOTA   3 comments

Hará cosa de un mes (día arriba, día abajo), en uno de esos momentos de enajenación mental transitoria que me caracterizan, se me ocurrió escribir en Twitter el hashtag #LaLigaDeLaMarmota para ilustrar el hecho evidente de que los finales de temporada ACB se parecen unos a otros como gotas de agua: un año más (y van…) el premio al Entrenador del Año recaía en el técnico del primer clasificado en temporada regular como si no existiera ninguna otra posibilidad; un año más (y van…) Burgos volvía a ascender a ACB para quedarse finalmente en LEB; un año más (y van…) la cobertura televisiva dejaba mucho que desear y las audiencias se desmoronaban (llegará el día en que dejen de caer por una mera cuestión física, porque una vez que estás en el fondo ya no es posible ir más abajo); un año más (y van…) la final de la Liga (como antes la de la Copa, y aún antes la de la Supercopa) habría de enfrentar irremisiblemente a Barcelona y Real Madrid. Ni que decir tiene que dicho hashtag provocó el efecto que cabía esperar, es dmarmotaecir, el 99 por ciento de mis hipotéticos fólogüers pasó olímpicamente de él y de entre el 1 por ciento restante hubo de todo, como en botica: alguno a favor, alguno en contra… y alguno que reaccionó como si le hubiera mentado a la madre.

Me pilló por sorpresa, reconozco que nunca suelo estar psicológicamente preparado para estas cosas. No esperaba yo que por quejarme de otra final Madrid-Barça alguien me dijera que vivía en un cuento de hadas, que cómo podía yo despreciar de ese modo una final entre dos de los mejores equipos del Continente (como si la hubiera despreciado en algún momento, como si no la disfrutara tanto como el que más) y lo mejor de todo, que si yo pensaba así era porque veía muy poco baloncesto [Acotación al margen: ¿que yo veo poco baloncesto? Creo que si mi mujer leyera esto iría a buscarle y le mataría con sus propias manos (entiéndase esto último en sentido figurado y en un tono meramente lúdico-festivo, no vaya a ser que dentro de cinco años alguien me lo encuentre y me acuse de inducción al asesinato, o similar)], opinión jaleada desde su cla por una seguidora sumamente fiel que le aclamaba al grito de ¡¡¡Muy bien Javi, así se habla!!! como si en verdad supiera de lo que estaba hablando, como si aquello fuera un combate en un ring y no un intercambio de pareceres en Twitter. La gota que colmó el vaso vino cuando alguien (que no fui yo) le hizo una exposición sumamente razonada y su respuesta fue bla bla bla. Tal cual, simplemente esas nueve letras, bla bla bla, así como diciendo lo vuestro son sólo palabras, total qué me importan a mí vuestros argumentos de mierda si de mi lado está La Razón, con mayúsculas. Hasta ahí. No me importa (incluso me agrada) la sana discrepancia, pero no soporto la prepotencia. Dejé de seguirle, él de inmediato dejó de seguirme, y punto. Y aquí paz y después gloria.

O eso pensaba yo, en mi tierna ingenuidad. Días después, con evidente retraso, me topé en su púlpito con un artículo suyo, que llevaba el breve a par que elegante título de La final repetida entre Real Madrid-Barcelona y el postureo de los ¿puristas? Obviamente no me mencionaba (tampoco era cuestión de hacerme publicidad), pero bastaba con leer su primer párrafo para que no hubiera lugar a dudas (aclaro que copio y pego íntegramente, por lo que la puntuación y la sintaxis son ajenas a mi responsabilidad): No puedo evitar soltar una sonrisa picarona durante estos días que se confirma la final entre los dos mejores equipos de la ACB y todos aquellos muestran su amargor sobre la enésima repetición entre Real Madrid y FC. Barcelona comenzando su perorata habitual sobre el duopolio de ambos contendientes, el presupuesto del fútbol, la imposibilidad de alternativa y algunos se atreven incluso a calificarlo de la liga de la marmota como si no pudiéramos disfrutar del espectáculo que, a partir del viernes, ambos equipos nos ofrecerán en un duelo de altísimo nivel y que es difícil de encontrar en alguna de las otras ligas europeas.posturistas Y tras esta elaborada argumentación (¿qué tendrá que ver el preferir otra final con el que se pueda o no disfrutar de esta final?), añadía: las dudas me asolan ante tanto “postureo” y me hacen dudar del verdadero conocimiento sobre la ACB de estos puristas… Acabáramos, era eso: si prefieres una final Madrid-Barça es que sabes de esto, si prefieres cualquier otra es que no tienes ni puta idea. Y así todo. Haberlo dicho antes, ahora ya nos vamos entendiendo.

Vayamos por partes. ¿Postureo? ¿Qué es postureo? (y tú me lo preguntas, postureo eres tú…): la Real Academia aún está trabajando en su definición, así que mientras acaba les pongo la que ofrece la Fundeula adopción de ciertos hábitos, poses y actitudes más por apariencia que por convicción. ¿Apariencia, a estas alturas? Vaya por dios, y yo sin saberlo. Llevo opinando así media vida (y la otra media no porque aún no tenía dónde opinar), a lo mejor llevo media vida postureando sin darme cuenta o a lo mejor es que algunos etiquetan como postureo a todo aquello que se escapa de su entendimiento. ¿Purista?: Según la Real Academia (prescindo deliberadamente de las dos primeras acepciones, de contenido meramente lingüístico) dícese de aquel que defiende el mantenimiento de una doctrina, una práctica, una costumbre, etc., en toda su pureza y sin admitir cambios ni concesiones. Lo que ya no dice la Real Academia es que quien se reconoce purista lo hace (supongo, no es mi caso) con todas las de la ley, en cambio quien define a otro como purista lo hace en términos despectivos, arrojándoselo a la cara con toda su bilis. Pues vale, si he de ser purista lo seré, obviamente me han llamado y me llamarán cosas mucho peores. Pero si me atengo a la definición de la Real Academia habré de reconocer que no me siento identificado en absoluto. ¿En toda su pureza y sin admitir cambios ni concesiones? Todo lo contrario. Yo quiero que las cosas cambien, que se dinamice nuestro deporte, que no haya una brecha tan enorme entre ricos (dos) y pobres, que nuestro baloncesto no sea bipolar sino multipolar. Mucho más puristas serán aquellos que prefieren que las cosas sigan como están.

Qué duda cabe, esto de utilizar adjetivos descalificativos debe ser muy tentador, el pedestal es lo que tiene. Siempre me han dado muchísima envidia todos aquellos que se sitúan ante su interlocutor en un plano de absoluta superioridad, sabiendo de antemano que su opinión es la verdad absoluta y que la del de enfrente (en tanto en cuanto sea diferente) sólo merece desprecio. Qué envidia, de verdad, yo de mayor quiero ser como él (y eso que soy mayor que él). Yo por desgracia sólo tengo dudas, me lo habrán notado quienes me leen desde hace años, me lo notarán quienes me lean hoy por primera vez. Suelo decir que la duda es el estado natural del ser humano, tantas más dudas cuanto más humano. Por eso me inquietan tanto todos aquellos que no parecen dudar jamás.

Pero todas estas disquisiciones a ustedes les traen al pairo, así que vuelvo al tema. Siguiente sentencia por su parte: ¿Saben cual es el problema principal? Que hay demasiado baloncesto, así como lo digo, todos estos puristas que critican la final se pasan la vida viendo ACB, NBA, NCAA, Euroliga, Liga Femenina y algún torneo que juegue su equipo de barrio, lo que obliga, de forma indefectible, a no poder seguir una competición en su totalidad y realizar juicios de valor sin entrar a profundizar en lo que se está diciendo… Y se queda tan fresco. Yo jamás he tenido la tentación de hacer juicios de valor ni de de entrar a profundizar, aún menos en Twitter. Yo lo único que hago en dicha red social es expresar mi opinión, no sé si tan válida como cualquier otra pero sí al menos tan legítima como cualquier otra. Si él es tan sabio como para que sus aseveraciones vayan a misa pues olé sus cojones, las mías en cambio no pretenden pasar de la pantalla del ordenador. Sin juzgar, profundizar ni pontificar. Simplemente opinar. Como casi todo el mundo.

Así que al parecer estoy (estamos, que no lo dirá sólo por mí) incapacitado(s) para seguir una competición en su totalidad. Pues nada, que al final con tanto insistir me va a obligar a contarles mi vida (baloncestística): a ver, no es ningún secreto (cualquiera que me lea y/o me siga lo sabe) que entre mediados de noviembre y primeros de abril me centro sobre todo en NCAA, lo cual evidentemente tiene un precio: no veo NBA en temporada regular (luego me desquito en playoffs), no veo Liga Femenina (y bien que lo siento) y el único equipo de barrio al que sigo no juega al baloncesto sino al fútbol, por lo que queda fuera de este análisis. Ahora bien, mi seguimiento NCAA no me impide dejar un hueco cada jueves/viernes para la Euroliga y otro cada domingo para la ACB.bilbao-granca Cualquiera que me lea y/o siga conoce bien mis disquisiciones al respecto, mis difericestos varios (suelo dedicar el domingo por la mañana a tareas domésticas, suelo desquitarme por la tarde), mis legendarias peleas con Orange Arena, si alguien lo duda no tiene más que rebuscar en mis tuits de años atrás ya que ahora está tan de moda. Rara es la jornada ACB en la que no caen al menos dos partidos, incluso tres en la mayoría de los casos. Eso sí, suelo seleccionar, escoger en base a criterios de afinidad (Estu… cuando lo dan), calidad, presumible igualdad o mera estética. Habrá equipos a los que haya visto quince o veinte veces y otros a los que haya visto apenas una vez, no lo niego. Y no sé si eso es mucho o poco, no sé si veo más o menos ACB que él (ni me importa) ni sé si eso me deslegitima (como parece) para opinar acerca de dicha competición. No sé qué es seguir una competición en su totalidad, ni siquiera me atrevería a afirmarlo de la NCAA (y miren que le echo horas) como para afirmarlo de la ACB. Sólo sé que a mí jamás se me ocurriría descalificar la opinión de un interlocutor porque vea menos NCAA/ACB que yo, o porque crea yo (sin tener ni puta idea) que ve menos NCAA/ACB que yo. Como dijo el torero, hay gente pa tó.

En algunas cosas estamos de acuerdo, no vayan a pensar: creo como él que en ACB hay un montón de partidos extraordinarios y un montón de equipos que practican un magnífico baloncesto (y por eso mismo me apena que no puedan llegar más lejos), creo como él que (por ejemplo) la serie de cuartos de final entre Bilbao y Valencia fue sencillamente fantástica. Y creo como él (porque es un hecho cierto) que Valencia y Unicaja tuvieron contra las cuerdas a Madrid y Barça, casi del mismo modo en que hace un año tuvieron contra las cuerdas a Barça y Madrid. Pero exactamente eso, contra las cuerdas. Una cosa es tener a alguien contra las cuerdas y otra romper las cuerdas, una cosa es acorralar y otra ser incapaz de rematar, y que al final el golpe definitivo lo acabe dando siempre el acorralado y nunca el que acorraló. El número 20 del mundo (permítaseme el símil tenístico) puede tener contra las cuerdas a Djokovic cada vez que se enfrenten, pero si de cada diez veces que lo hagan gana una y pierde nueve no dejará por ello de ser el 20 del mundo, ni aún por muy apretado que haya tenido al serbio en todas esas derrotas. Es la delgada línea roja entre ser bueno y ser grande, entre tener la oportunidad de ganar y (sencillamente) ganar. Tan simple como eso.

Pero vale, está bien, Madrid y Barça estuvieron una vez más contra las cuerdas, asumámoslo como hecho (más o menos) objetivo. Asumido esto, ahora me van a permitir que les traiga yo aquí unos cuantos hechos más, aún más objetivos si cabe: En las 28 primeras ligas ACB, las que van desde la temporada 1983/1984 hasta la 2010/2011, sólo hubo 9 finales Madrid-Barça. Nueve en 28 años, y sólo en un par de ocasiones hubo dos consecutivas (1988 y 1989, 2000 y 2001); en cambio desde la 2011/2012 llevamos cuatro (o sea todas), las cuatro de manera consecutiva como no podría ser de otra manera.copas Y si esto pasa en la Liga aún es más llamativo el dato de la Copa: en sus primeros 26 años auspiciada por la ACB, es decir, desde la temporada 1983/1984 a la 2008/2009, hubo sólo cuatro finales Madrid-Barça. Cuatro en 26 años (1988, 1989, 2001 y 2007, nótese por ejemplo que no hubo ni una sola en toda la década de los Noventa). En cambio en los seis años que van desde 2009 hasta ahora llevamos cinco, es decir todas excepto la de 2013 (y porque en ésta ambos equipos quedaron emparejados en cuartos de final, que si no ya habríamos visto). Repito, 4 de 26 contra 5 de 6. ¿Quieren más? Si sumamos las tres competiciones ACB, Liga, Copa y Supercopa, descubriremos que ambos grandes se han jugado el uno contra el otro diez de las últimas doce finales, trece de las últimas dieciocho. Pero si miramos sólo títulos el tema resulta ya estremecedor: para encontrar un título no ganado por Madrid ni Barça tenemos que remontarnos otra vez a la temporada 2009/2010, a aquel dos más uno de SanEme que consumó aquel histórico baskoniazo. Madrid y Barça se han repartido íntegramente los últimos 15 títulos ACB en disputa, 17 de los últimos 18. Y lo que te rondaré morena. O como diría una insigne comunicadora, estos son los datos y suyas son las conclusiones.

La ACB es una Liga que juegan dieciocho contra dieciocho y siempre gana el Madrid o el Barça, que diría Gary Linerker si supiera de qué va esto. Dualidad, duopolio, bicefalia, bipartidismo, bifrontismo, bipolaridad… Denominaciones que al parecer hieren la sensibilidad de todos aquellos que tienen la sensibilidad a flor de piel predispuesta a que se la hieran. Nada me gustaría más que no tener que utilizarlas, nada me gustaría más que el que no fueran ciertas. Por desgracia los datos están ahí, y a poco que los repasemos comprobaremos que ya hasta hemos conseguido superar a la liga de fútbol (y miren que lo teníamos difícil), hasta a esa liga escocesa de la que tanto hemos rajado en los últimos tiempos. Al menos ellos conocieron hace un año una excepción (que confirma la regla) llamada Atlético de Madrid, al menos otra excepción llamada Athletic de Bilbao se atrevió a asomarse tímidamente este mismo año a la Final de Copa. Flor de un día, no digo yo que no. Pero flor al fin y al cabo. El fútbol además aún está a tiempo de corregir errores pasados con el nuevo reparto de sus milmillonarios derechos de televisión. Nosotros en cambio casi no tenemos ni migajas televisivas que repartir.

Yo creo que uno de los principales indicadores de la grandeza de una liga es precisamente el número de equipos con posibilidades reales de ganarla, con posibilidades de aspirar a ganarla al menos. Y no es algo que crea yo solo, precisamente uno de los leitmotiv (o como se diga) de la ACB cuando nació hace treintaitantos años fue precisamente ese, que esto no fuera sólo cena para dos sino que hubiera unos cuantos con legítimas aspiraciones a pillar una buena parte del pastel. Con tal motivo se incorporó el segundo extranjero, con tal motivo el tercer extranjero provocó llanto y crujir de dientes unos pocos años después (y téngase en cuenta que hablamos de los ochenta y los primeros noventa, en aquel entonces aún no había libre circulación de trabajadores ni Bosman ni cotonús ni guineanos o turkmenistanos repentinamente nacionalizados). Se consiguió sólo a medias, claro está, siempre habrá ricos y pobres y esta competición no habría de ser la excepción. Pero aún siendo sólo a medias hubo un tiempo en que no sólo decíamos ser la mejor liga del mundo después de la NBA sino que muy probablemente lo éramos, aún consiguiéndose sólo a medias hubo equipos como CAI, Penya, Estu, Baskonia, Unicaja, Valencia, Sevilla, Cáceres, Granada, Manresa o Bilbao que durante un momento (o varios) se creyeron con derecho a soñar, que algunos no sólo se creyeron con derecho a soñar sino que a veces hasta soñaron, que algunos no sólo soñaron sino que hasta se atrevieron a convertir esos sueños en realidad. Pregúntense ahora si esos sueños (sólo sueños, no hablo ya de realidades) serían siquiera imaginables a día de hoy.

¿Cómo hemos llegado a esto? En estos casos resulta muy socorrido recurrir al concepto crisis, esa de la que (dicen que) ya estamos saliendo aunque la tozuda realidad se empeñe día tras día en demostrarnos lo contrario. Un tópico si así lo quieren, pero no por más tópico menos cierto. Quizá recuerden que hubo un tiempo en que los patrocinadores comían de nuestra mano, un tiempo en que mirabas los nombres de nuestros equipos y sólo veías entidades financieras, otro en que sólo veías compañías de seguros, otro en que sólo veías inmobiliarias, la burbuja que les explotó poco después también se le estampó en plena cara a la ACB. Añádase que se cerró también (salvo excepciones) el grifo del dinero público (afortunadamente, porque en tiempos de escasez debe estar para otras cosas) y el resultado de todo ello salta a la vista. La clase alta (dos) cada vez más alta y en cambio la media-alta cada vez más media, la media cada vez más baja, de la que antes era baja mejor no hablemos. Hoy Unicaja y Mercadona (más bien su Cultura del Esfuerzo) pasan por ser nuestros mejores patrocinadores pero es mentira, en realidad no son patrocinadores sino dueños, y que sigan siéndolo por muchos años por la cuenta que les (nos) tiene. El resto andan mendigando a ver si una caja de ahorros local, una empresa de productos dietéticos, una agencia de viajes o una gran compañía telefónica (loado sea el cielo) va y se acuerda de nosotros, y cuando ello sucede nos damos con un canto en los dientes y nos decimos que en el fondo podría ser mucho peor. Lo cual es cierto, pero no es menos cierto que (al menos en esto) cualquier tiempo pasado fue mejor. Además de anterior.

Claro está que en esto de los patrocinadores también podemos engañarnos a nosotros mismos, lo que antes les comentaba de Unicaja o Mercadona apenas es nada al lado del argumentario de mi sesudo interlocutor: …como si fuera un pecado mortal que tu principal patrocinador sea una parte de tu mismo club que se dedica al fútbol y tenga menos mérito que, por ejemplo, una entidad bancaria o una cadena de alimentación por poner ejemplos de los semifinalistas de esta temporada. Me encanta, de verdad se lo digo.madribarça Toda la vida creyendo que el Madrid y el Barça eran clubes de fútbol que además tenían una sección de baloncesto y ahora resulta que no, que el fútbol en realidad es sólo una parte de ese mismo club, el cual además ejerce de patrocinador principal de sí mismo. Pues vale, aceptemos barco como animal acuático (o pulpo como animal de compañía), aceptemos que el Madrid y el Barça de fútbol son simplemente patrocinadores de sus secciones de baloncesto (me da la risa de sólo escribirlo), como Río Natura del Obra, La Bruixa d’Or del Manresa o Montakit del Fuenla pongamos por caso, lo mismo. ¿Lo mismo? Sin necesidad de entrar en cantidades (que en ningún caso serían comparables), quizá no esté de más reparar en el pequeño detalle de que Madrid y Barça no tienen que vivir bajo la espada de Damocles de que su patrocinador principal les abandone a final de temporada dado que llevan patrocinando al baloncesto desde su fundación, ya ven que cosas. Es más, ni siquiera tienen que preocuparse de que les cuadre el debe y el haber, los demás si no les cuadra tienen un serio problema (con las nefastas consecuencias que conocemos verano tras verano) pero ellos dos no, si a final de año el debe supera con creces al haber no tienen más que tirar de la caja común, será por dinero, éstos son patrocinadores y lo demás es tontería. Y no estará de más recordar que el Madrid hoy llena el Palacio pero hubo un tiempo en que ni siquiera era capaz de llenar el viejo pabellón de su extinta Ciudad Deportiva, del mismo modo que el Barça que un día llenó el Sant Jordi hoy es incapaz de promediar media entrada en el Palau. ¿Que no cuadran las cuentas? No hay problema, Dios (o el fútbol, que viene a ser lo mismo) proveerá.

En este punto del debate siempre suelen aparecer dos puntos de vista antagónicos, A) el que reclama que Madrid y Barça sean abducidos full time por la Euroliga para que así podamos recuperar la igualdad en nuestra liga doméstica, y B) el que afirma que una supuesta liga sin Madrid ni Barça sería la ruina absoluta para la ACB. Y aquí mis convicciones flaquean, ya les dije al principio que en el fondo sólo tengo dudas: mi romanticismo escogería la A pero mi (escaso) sentido común reconocería que tienen razón los de la B. Esto es como aquella coplilla de antaño, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero. Tal cual. A veces me pregunto qué popularidad habría alcanzado nuestro deporte en este país si el Madrid y el Barça no hubiesen creado una sección de baloncesto (perdón, quería decir si el Madrid y el Barça de fútbol no hubiesen decidido patrocinar a un equipo de baloncesto, en qué estaría yo pensando): probablemente hoy no sería más popular que el balonmano, el voleibol o el waterpolo, por más que me duela reconocerlo. Como me pregunto también (soy muy de preguntarme cosas; mis dudas, ya saben) qué sucedería si se diera aquella hipótesis que les planteaba más arriba, si Madrid y Barça se integraran en una Euroliga cerrada que les obligara a dejar la liga doméstica. Si aún con ellos (y aún con el futbolerismo y el madribarçismo que nos meten hasta en la sopa nuestros medios) nos cuesta tener visibilidad, pues imagínense sin ellos: probablemente caeríamos en el ostracismo más absoluto, probablemente nuestra repercusión se asemejaría a la de la LEB. Tan triste como cierto.

Para el final dejó mi ínclito contertulio su última andanada, ni que decir tiene que tan sutil como las anteriores: …a muchos no los convenceré (tampoco lo pretendo) y otros entrarán en esa categoría moderna de “haters” que su principal objetivo es ver a uno de los dos finalistas fuera de los títulos sin entrar en más profundidades (seguramente estén ocupados viendo otras cosas porque su equipo hace ya mucho que acabó la liga), (…) y quién no quiera verlo, pues nada, que siga con su “postureo” mientras ve una de las mejores finales posibles. Cómo no, un ganador como él (tanto más este año) no podía dejar pasar la oportunidad de restregarnos a los demás nuestra condición de perdedores, hasta ahí podíamos llegar. Es curiosa la vida. Habrá haters, no les digo yo que no, pero yo más bien pertenezco a esa otra categoría de perdedores que podríamos denominar perdedores gilipollas (no hace falta que me pongan adjetivos, ya me los pongo yo solo), que es como ser perdedores por partida doble: tan gilipollas como para alegrarme muy sinceramente con algunas victorias europeas de los ganadores;rmeuroliga alegrarme incluso más que algunos (sólo algunos) que se pasaron años deseando que perdiera su propio equipo para que echaran al coach; alegrarme incluso más que algunos (sólo algunos) que (de tan ganadores como son) cuando ganan de verdad ni siquiera saben cómo disfrutarlo, todos esos para quienes la victoria es más un alivio que una alegría en palabras de su propio entrenador. Alegrarme por lo bien que me cae su (otrora vilipendiado) técnico, por la debilidad que siento por cierto jugador, por lo que sea. Alegrarme muy sinceramente porque me gusta el baloncesto aún por encima de cualquier color, de sobra lo saben un montón de madridistas de bien que tienen la insana costumbre de leerme y de aguantarme, si ahora el listo de turno lo quiere llamar postureo llámelo como le plazca pero le aseguro que es la pura verdad. Aunque hoy, a la vista de ciertas actitudes, casi me arrepienta de haberme alegrado tanto.

Así que al parecer yo debería haber estado ocupado viendo otras cosas porque mi equipo hace ya mucho que acabó la liga, y sin embargo vi y disfruté la Final como el que más, acaso más que el que más porque me daba igual cómo acabara, porque la habría disfrutado igualmente si el resultado hubiera sido otro. Y sin embargo algunos que estaban predestinados para disfrutar esta final prefirieron no disfrutarla, ya ven lo que son las cosas. Les contaré una historia absolutamente verídica, que tiene que ver con un compañero de trabajo del que les he hablado alguna vez: justo ese que es casi el único con quien puedo hablar de baloncesto, justo ese que alguna vez (con toda la buena intención del mundo) viene a comentar conmigo el partido de la noche anterior sin saber que yo aún lo tengo grabado esperando para poder verlo. No escribiré su nombre completo no vaya a ser que alguna vez le dé por guglearse y se encuentre con lo que no se espera [Él no sabe que tengo este blog ni puñetera falta que le hace, procuro mantener a rajatabla la separación entre mi vida laboral y mi vida virtual no vaya a ser que algún día mi jefe me encuentre blogueando o tuiteando en horas de servicio; sólo una vez un par de compañeros me pillaron un artículo publicado en otro lugar con mi nombre y mis dos apellidos, mi buen disgusto me costó pero la cosa no pasó de ahí], sólo diré (para añadir verosimilitud al relato) que sus iniciales son JMPG y que es quien lleva (muy bien por cierto) los asuntos informáticos de mi oficina. Baloncestero sin exageraciones (es decir, que le gusta esto pero no es un enfermo como el que suscribe), madridista sin forofismos ni fanatismos, de esos capaces de ver por igual la paja y la viga, en el ojo propio o en el ajeno. Un gusto hablar de baloncesto (y de cualquier otra cosa) con él.

Bueno, pues JMPG vino a mi despacho al día siguiente de acabar la semifinal Barça-Unicaja y me comentó que no pensaba ver la final Barça-Madrid. JMPG sólo deja de ver al Madrid de baloncesto por dos razones, porque sus múltiples obligaciones familiares se lo impidan o porque la tensión de los últimos minutos le haga dar la espalda al televisor, no lo vaya a pagar en salud. Y sin embargo en este caso resultaba evidente que su decisión no se correspondía con ninguno de esos dos motivos, era algo mucho más simple: de verdad, tío, no puedo ya con más Barça-Madrid, no aguanto más, todos los años lo mismo, la misma historia, las mismas tonterías, los mismos rollos, siempre igual, como si no hubiera más equipos, ya estoy cansao, de verdad…  Tal cual. Y hasta donde yo sé cumplió su palabra, no vio ninguno de los tres partidos ni vino a comentármelos ni fui yo tampoco a comentárselos a él. Ahora llamen también a esto postureo si así lo quieren, pero díganme antes qué necesidad tendría JMPG de posturear ante un compañero de trabajo al que ni le va ni le viene lo que haga con su vida. Y es que en el fondo es todo mucho más sencillo (y mucho más complicado, a la vez), en realidad las cosas no son sólo blancas y negras (o blancas y blaugranas, para el caso que nos ocupa), también las hay grises. Incluso en el propio blanco hay múltiples tonalidades de gris. Véase la muestra.

Que sí, que ya lo sé, que mi compañero es otra de esas excepciones que confirman la regla, que son muchos más los madridistas o barcelonistas jurboleros que sólo consideran a su equipo de baloncesto digno de ser mirado cuando se enfrenta al eterno rival. Algunos por lo que parece estarían tan felices con aquella ACB que imaginé para 2053 (en otro de mis habituales procesos de enajenación mental), una liga en la que sólo se enfrentaran chiquicientas veces al año Madrid y Barça con todos los demás equipos confinados en la LEB.vialibre Sería tal vez el sueño húmedo de ese futbolerismo mediático que sólo vive para el Clásico (para todos y cada uno de los Clásicos) como si cualquier otra realidad careciera de sentido. Pero como decía mi abuela, lo poco agrada pero lo mucho enfada. No es ya que este país sea muchísimo más grande que Madrid y Barcelona (afortunadamente), no es ya que en esas mismas ciudades haya también otras sensibilidades distintas a las oficiales, no es ya que en un montón de estadios y pabellones de nuestra geografía se coree ese estoy hasta los huevos del Barça y del Madrid… Es que incluso en algunos sectores (todavía muy minoritarios) de esas mismas aficiones comienzan a apreciarse ya algunos leves síntomas de saturación, algunos librepensadores capaces de ver que hay otros mundos (pero están en éste), que otras rivalidades también son posibles. Por algo se empieza.

No tengo la solución, ojalá la tuviera. Eso sí, algo me consuela (mal de muchos…) saber que otros no es ya que no vean la solución sino que ni siquiera ven el problema. Yo al menos tengo claro que esta desigualdad entre ricos (dos) y pobres (el resto, con matices) está matando (si no la ha matado ya) a la gallina de los huevos de oro, o quizá sería más propio decir a la marmota de los huevos de oro dadas las circunstancias (ya sé que las marmotas no ponen huevos, es sólo una licencia poética). En apenas diez o doce meses (o diez o doce años, o diez o doce siglos) nos encontraremos aquí de nuevo repitiendo como papagayos (como marmotas) que el Madrid y el Barça volvieron a encontrarse en la final de Liga, en la de Copa, en la de Supercopa y en la de la Recontracopa si la hubiere, que volvió a ser nombrado Entrenador del Año el técnico del primer clasificado en temporada regular, que las audiencias siguieron cayendo hasta el infinito y más acá (¿pararán en el cero o llegará incluso el día en que alcancemos audiencia negativa, desafiando así las más elementales leyes de la física?), que Burgos volvió a ascender un año más a la ACB para quedarse finalmente en LEB… O no, o quizá esto último no suceda, que toda paciencia tiene un límite y en esa recia capital castellana parecen haberlo sobrepasado con creces. Pero ésa (la de Burgos, la Ourense, la de…) es ya otra historia, y deberá ser comentada en otra ocasión.

Publicado julio 5, 2015 por zaid en ACB

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DEFENSA DE LA ALEGRÍA (edición 2015)   1 comment

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El insigne (y nunca suficientemente añorado) guionista Rafael Azcona contaba una triste anécdota de sus años mozos, aquellos duros tiempos de guerra, posguerra, miseria y desolación que le tocó vivir. Contaba que a veces (raras veces) algo les hacía gracia, lo que fuera, una anécdota del barrio, un programa de radio, cualquier cosa, lo suficiente como para romper la monotonía, como para tirarse toda la familia un buen rato echándose sus buenas risas, así hasta que de repente su madre cortaba en seco la diversión: mucho nos estamos riendo, ya lo pagaremos… Puro fatalismo, esa amargura de serie que nos inocularon en aquellos años y en los inmediatamente posteriores, rígida moral cristiana mediante: tanta alegría no puede ser buena, la felicidad no nos está permitida, hemos venido a este mundo a sufrir, a suspirar gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Esa filosofía perduró hasta nuestros días, de alguna manera nos la fuimos transmitiendo casi sin querer de generación en generación. No se trata ya tanto de que no disfrutemos como de que sintamos remordimientos de conciencia cada vez que disfrutamos, como si nos estuviera prohibido el mero hecho de disfrutar: todo lo que da placer o es pecado o engorda, todo lo que haga gozar habrá de estar siempre bajo sospecha, así en todos los órdenes de la vida. Sí, también en baloncesto.

El baloncesto también proscribió durante un montón de años la alegría, Aquí la frase no era ya (aunque igualmente podría haberlo sido) mucho nos estamos riendo ya lo pagaremos, sino este baloncesto no sirve para ganar títulos. Cuántas veces no lo habremos escuchado (aquí o allá o en donde fuera) cada vez que un equipo se desataba, cada vez que se entregaba a la lujuria y el desenfreno como forma de vida.CC WILLIAMS GROUP Este baloncesto no sirve para ganar títulos, podrá servir en temporada regular pero nunca en playoffs, nos lo repetían como un mantra desde el otro lado del charco y nosotros nos lo creíamos, cómo no nos lo íbamos a creer si los hechos casi siempre les acababan dando la razón: con aquellos maravillosos Kings de comienzos de siglo, con los no menos maravillosos Suns de Nash, acaso también en décadas anteriores con los Warriors o los Nuggets, tantos otros. O acaso también en NCAA con los Phi Slama Jama a comienzos de los ochenta o los Fab Five a comienzos de los noventa, los ejemplos eran cuantiosos y solían darles la razón como si en verdad la tuvieran. Claro está, si hubiéramos tenido capacidad de raciocinio habríamos podido encontrar ejemplos en sentido contrario, equipos a los que la alegría de vivir les funcionó también (y aún mejor si cabe) en los momentos decisivos, los Lakers del showtime o la Nevada-Las Vegas de Tark The Shark por citar los dos primeros ejemplos que se me vienen a la cabeza. Pero entonces ni nos lo planteábamos, asumíamos la versión baloncestera del cerrojazo o el cerocerismo como única fórmula posible del éxito. Acaso aún hoy no hayamos dejado de asumirla.

[Llegados a este punto conviene hacer una matización. En baloncesto, como en la vida, no es verdad que lo divertido sea lo contrario de lo serio. NO ES VERDAD. De hecho la diversión será tanto más divertida cuanto más seria sea, cuanto más trabajada esté. Lo divertido es lo contrario de lo aburrido, punto. O dicho en términos de baloncesto: no es verdad que la diversión en ataque se contraponga a la defensa. NO ES VERDAD. De hecho el ataque será tanto más alegre (y tendrá más posibilidades de éxito) cuanto mejor trabajado llegue desde atrás, cuanto mejor se hayan empezado las cosas al otro lado de la cancha. La diversión sólo se contrapone al aburrimiento, el juego alegre sólo es lo contrario del triste, nada tiene que ver con la defensa sino con el mareo de perdiz en ataque, con el tenerla y sobarla durante veintitantos segundos sin arriesgar apenas un pase no vaya a ser que se pierda, sin casi más objetivo que el reducir el número de posesiones del rival. Quede claro el concepto, ya que para algunos si reivindicas la creatividad en ataque demonizas la defensa. No hay falacia mayor. Dicen que el ataque gana partidos y la defensa campeonatos, la segunda parte de la frase no puede ser más cierta, nos guste o no. Aunque para ganarlos no estará de más que tengas un buen ataque también.]

limoges maljkovicEn cambio en Europa no hizo falta que nadie nos dijera que este baloncesto no servía para ganar títulos, a partir de un determinado momento todos parecíamos llevarlo interiorizado de serie. Quizá todo empezara en 1993 con aquel Limoges de Maljkovic, fue como dejar escrito en piedra que para ganar un título debías de anotar (y encajar, obviamente) menos de sesenta puntos por partido. Como explicaba antes, no era tanto cuestión de defender (que también) como de adormecer con posesiones interminables, quitándole al juego todo lo que lo hace atractivo: el contraataque, la velocidad, la creatividad, el dinamismo, el riesgo y demás malos vicios que habrían de quedar definitivamente desterrados en aras de conseguir el único fin que justificaba todos los medios: la victoria. Había nacido el baloncesto-control, por otro nombre baloncesto-tostón. Era una opción tan válida como cualquier otra, qué duda cabe. El problema es que durante un tiempo dejó de ser una opción para convertirse en LA opción. Acaso aún estemos en ese tiempo…

Dicen que las excepciones confirman la regla, pero yo no concibo esa razón. No la concibo en absoluto. Las excepciones (cuantas más mejor, menos excepcionales serán) son siempre bienvenidas porque subvierten la norma, porque hacen posible lo (que parecía) imposible, porque convierten el sueño (juego) en realidad (títulos), porque demuestran de una vez por todas a los escépticos que otro baloncesto es posible.1999-metu-kauno-zalgiris-61213595 Siempre recordaré como un oasis en medio del desierto aquel título europeo de 1999, aquel maravilloso Zalgiris Kaunas liderado por el enanito (Trecet dixit) Tyus Edney, un verdadero chorro de agua fresca justo cuando más espeso era el cemento. O cómo no recordar (a otro nivel, pero también con sustanciosos títulos en su zurrón) aquella Penya de finales de la pasada década, aquella deliciosa criatura de Aíto y sus Erre que Erre. Sólo algunos ejemplos (habría muchos más) para mostrar una obviedad: que jugar (además de bien) bonito también gana campeonatos, que la especulación y el colmillo retorcido también los pierde, aún por bien que nos lo envuelvan los pierde, aún por mucho que nos lo vendan los pierde. A las pruebas me remito.

Hace ahora dos años ya les defendí la alegría, y lo hice en circunstancias mucho más difíciles que ésta de hoy. El Real Madrid acababa de perder la Final de la Euroliga 2013, llevaba sin jugar esa final desde el siglo pasado lo cual debiera haber sido razón más que suficiente para disfrutarla aún perdiéndola, pero eso a la larga tanto dio. Es más, por la reacción de alguna gente casi pareció que les habría dolido menos haberse quedado a mitad de camino, haber caído (por ejemplo) en cuartos de final. A mí me pareció que aunque no se hubiera hollado la cima había merecido mucho la pena el viaje hasta llegar a ella (tanto más dada su inusual belleza), que si perseveraban por ese camino tarde o temprano llegarían los ansiados frutos… Muchos estuvieron de acuerdo, pero también los hubo (y no pocos) que me pusieron como hoja de perejil (signifique eso lo que signifique).laso1 Se había levantado la veda, había comenzado de nuevo el tiro al Laso, este baloncesto no sirve para ganar títulos, este tío no tiene carácter, no aprieta riendas, no retuerce el colmillo, no es entrenador para el Madrid. Y si así fue en 2013 no digamos ya en 2014, aquella bendita locura, aquella pura delicia que dimos en llamar lasismo (y su brazo armado en cancha, chachismo), aquella temporada de ensueño que acabó en brusco despertar. Y entonces ya no era que se hubiera levantado la veda sino que el tiro al Laso se convirtió de repente en deporte nacional, ya no había manera de esquivar las balas, el fuego cruzado te acababa alcanzando a poco que te descuidaras. Aquel dantesco final a la pata coja en el Palau pareció su sentencia de muerte, tanto más lo pareció cuando pocos días más tarde le descabezaron el cuerpo técnico, aún hoy me resulta inconcebible que lograra sobrevivir…

Contra viento y marea. Contra los de arriba y los de abajo, contra los de dentro y los de fuera. Contra los que montaron el pollo tras su contratación sin concederle siquiera el beneficio de la duda, los que se relamieron tras cada derrota en sus primeras temporadas (ya falta menos para que vuelva Obradovic, decían), los que se lamentaron tras la consecución de aquella liga porque eso significaría su continuidad (es lo malo que tienen los títulos, decían), los que el pasado verano se engolosinaron con Katsikaris (y hasta le contrataron, casi), los que a la primera derrota de esta misma temporada ya soñaban en voz alta con Djordjevic… Es lo que llamaríamos la paradoja blanca: un equipo que no admite perder, un club que no entiende la posibilidad de la derrota ni como concepto siquiera, una institución en la que cualquier derrota (aún por nimia que sea) viene inevitablemente asociada a la palabra crisis, una entidad que es como la madrastra del cuento, dime espejito mágico, ¿habrá otro equipo en el mundo aún mejor que el mío? (y si le contesta que sí lo hace añicos y se compra otro espejo, será por dinero)… y sin embargo un equipo cuyos aficionados (sólo algunos de ellos, no generalicemos) a menudo prefieren perder con tal de conseguir otro objetivo aún mayor que la victoria, como es el que les sirvan en bandeja de plata la cabeza de su propio entrenador. No sé si es éste un fenómeno extrapolable a otros grandes, sí sé que a mí (que no soy de grandes) no recuerdo que me haya pasado jamás, ni aún por mucha tirria que le tuviera al entrenador de turno. Será que el raro soy yo.

¿Quieren más paradojas? Aquellos que hace un año criticaron a Laso por no haber sabido administrar sus fuerzas, por haber tenido al equipo como una moto en noviembre/diciembre y haber llegado fundido a mayo/junio, son acaso los mismos que este pasado diciembre le pusieron en la picota tras perder apenas un par de partidos como si eso fuera el fin del mundo, y ello cuando resultaba manifiestamente evidente que lo que estaba haciendo el Madrid este año era precisamente lo que le habían demandado, aplicar la dosificación que no aplicó el Floren_2015_Entrenadores_Grande_37_originalaño anterior. Pero llegó a utilizarse con profusión el concepto crisis (para variar), llegó a situársele más fuera que dentro (para seguir variando), llegó incluso a filtrarse que la Federación (o sea Sáez) sólo estaba esperando a que el Madrid finalmente lo destituyera para nombrarle seleccionador… Cinco meses después el Madrid es Campeón de Europa, y lo es entre otras cosas por no repetir errores del pasado, por no haber echado el resto en otoño para luego tener que arrepentirse en primavera, por haber ganado (o no) con lo justo en diciembre para ganar con todo en mayo. Cinco meses después el Madrid está en posesión del mayor título que pueda ganarse a nivel de clubes pero a algunos no parece bastarles, aún hay casos aislados que manifiestan un regusto amargo porque el nivel de aplastamiento no haya sido el que ellos esperaban o porque haya habido que bajarse al barro para conseguirlo, como si el barro no fuera imprescindible en estas circunstancias, como si el gen del madridismo llevara también incorporado de serie el gen de la insatisfacción. Cinco meses después Laso tiene por fin el crédito que siempre mereció, pero habrá de saber que ese crédito le durará exactamente hasta la próxima derrota (vales tanto como el último partido que juegas), hasta el próximo título (aún por nimio que fuera) que se escape de las vitrinas de tan sacrosanta entidad. Marca de la casa, no tienen más que mirar a su sección de fútbol si aún les queda alguna duda.

Dure lo que dure habrá merecido la pena. La alegría, aquella catarsis que hace un par de años reivindicó con pasión José Manuel Puertas, resulta mucho más fácil de defender cuando hay un título que la sustente. Todo lo cual no resta méritos (más bien al contrario) a otros equipos lúdico-festivos (pero no por ello menos efectivos), ese maravilloso Canarias de Alejandro Martínez, la Penya de Maldonado (casi cualquier Penya, en realidad), tantos otros. Pero los títulos de alguna manera crean escuela, marcan doctrina, enseñan el camino a seguir. Cuando un equipo alegre gana un título es como si lo ganara dos veces, por lo que representa el título en sí y por lo que representa haberlo ganado así. Este Madrid de Laso ganó Supercopas y pareció poco, ganó Copas y aún no pareció suficiente, ganó una Liga y pareció que aún faltaba algo, gana ahora por fin la Euroliga y debería ser ésta ya la victoria definitiva, la que despeje dudas, la que consagre para siempre este estilo de juego tan válido como cualquier otro, en realidad mucho más válido que cualquier otro porque gana como cualquier otro pero a la vez divierte más que cualquier otro (no sé si me explico). Repito: debería ser. No nos confiemos. Volverán los apóstoles del feísmo como volvieron las oscuras golondrinas, de hecho están ahí agazapados esperando su oportunidad, soñando con que este Madrid se la vuelva a pegar en ACB o con que lpablo-lasoos fantásticos Warriors de Kerr & Curry no ganen esta NBA para volver a contagiarnos con su bilis, para vendernos otra dosis de cemento y apretarnos todavía un poco más las riendas. Mantengámonos alerta.

Ahora bien, cuando vengan mal dadas, cuando las cañas se tornen lanzas (cursilada que hasta hoy jamás me había atrevido a utilizar), cuando pinten bastos (pasado mañana, como quien dice), el Madrid, antes de tomar medidas drásticas, deberá sentarse a valorar todo lo que representó el lasismo (y el chachismo, por extensión) para la idiosincrasia de este club. No es ésta una entidad que por lo general coseche adhesiones allá por donde pasa, más bien al contrario, tiende a generar animadversiones por doquier, fruto de la propia grandeza de la entidad. Y sin embargo este Madrid de Laso ha conseguido la cuadratura del círculo, que muchísimos aficionados que no son ni fueron ni serán nunca del Madrid disfruten viendo jugar (y ganar, incluso) a este equipo (créanme que sé de lo que hablo, créanme que conozco no a uno ni dos sino a unos cuantos). Que este Madrid vaya a ser recordado por sus títulos pero también (y sobre todo) por su juego, por las simpatías y empatías que genera, por mejorar, promover y publicitar por el mundo la maltrecha imagen de marca de la entidad. Por algo tan simple como (permítaseme la expresión) devolver el baloncesto a la gente. Gente que cuando se sienta a ver un partido (tanto más si no se trata de su equipo) lo hace sólo para disfrutar, para que le dejen ser feliz siquiera un par de horas, que para aburrirse o amargarse bastante tiene ya con su vida cotidiana, con mirar a su alrededor, con mirarse incluso en el espejo cada mañana. Digámoslo de una vez por todas, no es verdad que hayamos venido a este mundo a sufrir, no es verdad que este baloncesto no sirva para ganar títulos. NO ES VERDAD. A este valle de lágrimas hemos venido a llorar lo menos posible, a reír hasta hartarnos sin temer represalias, a gozar del juego que amamos (y de la manera en que lo amamos) sin tener que arrepentirnos después. Defendamos siempre la alegría, por favor. También en baloncesto.

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PENYAZO   Leave a comment

La palabra peñazo así escrita, con eñe, tiene en castellano evidentes connotaciones negativas. De hecho vendría a ser una especie de eufemismo, un sucedáneo para evitar usar la malsonante y sexista coñazo. Peñazo con eñe implicaría pesadez, hastío, insoportabilidad, aburrimiento, hartazgo. Pero eso, con eñe. Pruebe a cambiar la eñe por la enye, pruebe a decir penyazo en lugar de peñazo. Sonar sonará igual, no le digo yo que no, pero créame que su significado es radicalmente distinto, casi opuesto. Al menos en términos de baloncesto.

13601Porque penyazo (con enye) en términos de baloncesto significa pasión, buen juego, diversión, felicidad absoluta. Penyazo viene de penya, de la Penya, del Club Joventut de Badalona o lo que viene siendo lo mismo, FIATC Joventut, saben que no soy de citar patrocinadores pero no estará de más hacerlo siquiera por esta vez (aunque sea gratis) como reconocimiento a su aportación para mantener este tinglado. Joventut o Penya, acaso la institución baloncestística más emblemática que haya dado este país (o lo que quede de él). Otros querrán colgarse esa medalla pero nadie como ellos agita la verdadera bandera (verde y negra) de este juego. Rechace imitaciones.

Hubo una vez una Penya (que se creyó) grande, una Penya que vivió por encima de sus posibilidades porque creyó que esas eran realmente sus posibilidades, porque nadie le dijo nunca que no tuviera derecho a ello, porque la brecha entre los dos de siempre y el resto no era entonces tan abismal como lo es ahora. Hubo una vez una Penya setentera y ochentera que peleó (y a veces hasta ganó) títulos nacionales e internacionales,Fotor0408112124 hubo una vez una Penya noventera que llamó a las puertas del cielo en 1992 y las atravesó finalmente en 1994. Y hubo una vez otra Penya pequeñita, la que entendió demasiado tarde que lo difícil no es llegar sino mantenerse, que si estás en lo más alto sólo cabe ir hacia abajo, que cuando un pobre triunfa siempre vendrán otros a recordarte que ese no es tu sitio, que te bajes de la nube y vuelvas a ese fango del que nunca debiste salir. Despertar de los sueños es difícil, despertar de un sueño convertido en realidad es particularmente cruel.

Y hubo también otra Penya que renació de sus cenizas, puso los pies en el suelo y entendió finalmente dónde estaba y cuál era su papel. Mantener las esencias, no un club de élite que además tiene cantera sino un club de cantera que además tiene un equipo en la élite. No traicionar las prioridades, no traicionar jamás a todos aquellos que se formaron, se forman y se seguirán formando en ese club, poner al primer equipo al servicio de la Institución como una pieza más del puzzle, nunca al revés.13543 El primer equipo como estación-término, lugar de llegada pero también (a la fuerza ahorcan) puerta de salida, escaparate para esas ventas que permitan seguir viviendo. La taquilla es exigua, el reparto televisivo casi inexistente, los patrocinios ya no son lo que eran. Y mantener toda esa estructura cuesta una pasta. La cantera es cara, dicen, y es bien cierto. Por eso hay que rentabilizarla.

Por eso hay que lucir a los chavales en la élite. Sin prisa (pero sin pausa), todo a su tiempo, cada cual en su punto justo de maduración. Ahora bien, además hay que saberlo envolver: proporcionarles el caldo de cultivo para que sigan creciendo, un espejo en el que mirarse aunque estén ya en el primer equipo y crean que no les queda nada por ver. El delicado equilibrio, ese término medio en el que decían nuestras abuelas que estaba la virtud. Lucir a Pere Tomás o Guillem Vives estuvo bien, lucir a Alex Suárez está muy bien, lucir más pronto que tarde a Agustí Sans o Alberto Abalde estará francamente bien, lucir permanentemente (en tránsito de hacerse jugadores de club) a Barrera, Ventura o Llovet no puede estar mejor. Pero sólo con eso no basta, sólo con cantera te vas al carajo, hace falta algo más, unas pocas cucharadas de harina para espesar bien la salsa, un buen puñado de cemento para amalgamar la masa, algo así. Necesitas consistencia.

maxresdefaultNecesitas tipos como Albert Miralles o Sergi Vidal, amigos (íntimos) y residentes en Badalona, que un día ya lejano salieron (cada uno a su manera) por la puerta de atrás y finalmente encontraron la manera de volver por la de delante, pelillos a la mar, ésta al fin y al cabo siempre fue nuestra casa aunque un día renegáramos de ella, aunque un día renegarais de nosotros por ello. Necesitas tipos como Demond Mallet, el primo pequeño de Shaq, otro hijo pródigo, acaso ya entrenador disfrazado de jugador a sus 36 tacos aunque semana tras semana y con la verdinegra puesta se esfuerce en disimularlo. Necesitas otro año más la efervescencia contagiosa de Tariq, necesitas un bosnio pasado por Michigan State como antes necesitaste una ametralladora pasada por Northwestern, hoy Suton, ayer Shurna, mañana quién sabe. Necesitas equilibrio pero también descaro, frescura, la portentosa desinhibición de un jugón como Clevin Hannah.12660 Necesitas la grandeza (en todos los sentidos), la entereza y la integridad de Taph Savané, grande dentro de la cancha y aún más si cabe fuera de ella, aún hoy impartiendo incansables lecciones de baloncesto y de vida. Necesitas Maestros. No basta con que estén en el banquillo, hacen falta también sobre el parquet. Dicho y hecho.

Luego hará falta que mezclen bien, claro. Que los ingredientes jóvenes se complementen con los menos jóvenes, que las manos que mecen el guiso sean las adecuadas, que acierten con los condimentos… Y que hay generaciones y generaciones, claro. No todas las décadas te sale un Rudy, un Ricky, un Ribas o un Raül López, como no todas las décadas te saldrá un Montero o un Villacampa, unos hermanos Jofresa, una familia Margall. A finales de la primera década del presente siglo la Penya volvió a tocar el cielo, casi como aquella otra de quince años atrás. La Penya de la Erre que Erre, la de la riquirrubina, la del mejor Rodolfo que vieron nunca nuestros ojos, la de Aíto tejiendo los hilos con primorosa maestría. Pero contra la tentación de tirar la casa por la ventana supieron bien dónde pisaban, mantuvieron los pies firmemente asentados sobre el suelo, si quieres volar mejor será que tengas una buena base para tomar impulso y una buena red para cuando llegue la inevitable caída. No hubo traumas esta vez. Ya no hay rickys ni rudys, que esas cosas pasan apenas una vez en la vida. Ya hay un buen equipo, nada más (y nada menos) que eso.

Pero tampoco basta sólo con eso. Además es preciso enamorar. Creo que fue más o menos por aquel entonces cuando escribí que si el baloncesto es una forma de vida, el juego de la Penya parece la metáfora de la mejor vida posible. Algo así como un reconstituyente: acaba el partido y te sientes mejor, más a gusto contigo mismo y con los que te rodean, rebosante de energía, de vitalidad, de optimismo… Hoy suena a exagerado, porque lo es. Hoy no diría tanto (ni falta que hace), hoy simplemente diría que la Penya garantiza el espectáculo. Que si en un determinado momento he de escoger entre varios partidos en Orange Arena, no duden que a igualdad de condiciones escogeré el de la Penya. Porque más allá del resultado (y hasta del juego), un partido de la Penya no será nunca un partido cualquiera.112877_81_112576_81-460x261 Podrán ganar o perder, podrán jugar mejor o peor pero sabes de antemano que volarán, que te entretendrán, que la moverán al gusto, que harán que pasen cosas, que no entenderán de imposibles, así les pongas al Madrid de hace unos días o al Barça de hace unas horas tanto dará, juntas la inconsciencia de la juventud con la sabiduría de la madurez y ya tienes montada una revolución en cuanto te descuidas.

Claro está, toda revolución (triunfe o no) necesita un líder. Por alguna extraña razón que no alcanzo a descifrar, Salva Maldonado está entre los técnicos más infravalorados (o menos suficientemente valorados) de esta Liga. Nunca entra en las (por otra parte inútiles) quinielas para entrenador del año, nunca suena para dar el salto a un grande, nunca se habla de él como candidato para dirigir a la selección. Nada. Le conocimos en Manresa, supimos de su paso por LEB, de su vuelta a la élite en Gran Canaria y Fuenlabrada, de su retorno final a la Penya.Salva-Maldonado-dirigiendo-un-_54294369921_54115221152_960_640 Vemos semana a semana su corbata verdinegra y su extrema delgadez, apenas reparamos en él como si fuera sólo un entrenador cualquiera sin siquiera darnos cuenta de que eso es precisamente lo más difícil, ser nada más y nada menos que un (grandísimo) entrenador cualquiera. Uno capaz de entender (porque lo mamó) que la Penya no es una institución cualquiera, que tiene una idiosincrasia especial, que ganar o perder nunca importa tanto como jugar, como formar, como desarrollar. Como ser fieles a una idea. Nada es más importante que eso (en términos baloncestísticos), ser fieles a una idea. Aquellos (no verdinegros sino azules) que un día dejamos de serlo lo sabemos mejor que nadie.

Y atreverse a desafiar el orden establecido, también. Los pajaritos disparando a las escopetas, puede salirte por la culata como hace dos semanas en el Barclayleches (lo cual no restó un ápice a la inmensa belleza de haberlo intentado hasta el final) o puede salirte de cara como ayer en el Blaugrana, el pez chico comiéndose al grande, el mundo al revés. PENYAZO con todas las letras, puñetazo en la mesa del vecino y en la de la Liga, también. Recuperar, siquiera por unas horas, no ya el derecho a soñar sino el derecho a no despertar del sueño. Ya llegará el tiempo de volver a la realidad.

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LA ARAÑA   Leave a comment

Allá por mis lejanos tiempos universitarios (tan lejanos que ya han pasado más de treinta años, hay que joroderse), solía contarse, sobre todo en las facultades de ciencias, un chiste (por decirlo de algún modo) que solíamos llamar del investigador y la araña. Se suponía que el investigador cortaba a la araña una de sus ocho patas y a continuación la llamaba, ¡araña, ven!, ante lo cual la araña (aún mostrando una leve cojera) acudía presurosa a la llamada del investigador, que así lo anotaba en su cuadernillo. Luego el investigador amputaba otra pata de la araña, ¡araña, ven!, la araña venía si bien ya con más dificultades, el investigador volvía a anotarlo, así sucesivamente (les ahorro los pasos intermedios) hasta que a la araña ya sólo le quedaban (pongamos) tres patas, de nuevo el investigador le cortaba una, quedaban dos, ¡araña, ven!, la araña tras denodados esfuerzos aún conseguía llegar hasta el investigador, éste así lo anotaba en su cuadernillo, lo siguiente era quitarle a la araña una de las dos patas que le quedaban, ¡araña, ven!, la araña con su única pata a modo de palanca, tras muchísimos intentos y casi arrastrándose conseguía finalmente acercarse hasta donde estaba el investigador, éste una vez más lo anotaba en su cuadernillo para seguidamente quitarle ya a la araña su última pata, ¡araña, ven!, pero ahora ya la araña no se movía, ¡¡¡ARAÑA, VEN!!!, pero no había manera, ¡¡¡¡¡ARAÑAAA, VEEEN!!!!!, pero la araña seguía quieta, ante lo cual el investigador, una vez hechas las comprobaciones pertinentes, procedía a anotar la conclusión final del experimento en su cuadernillo: cuando a una araña se le quitan todas las patas, se queda sorda.

La ACB es una araña (quizá esté un poco traída por los pelos la metáfora) a la que de vez en cuando le quitan patas y de cuando en vez se le caen solas. Hace pocos días fue Bilbao, sin duda una de sus patas principales, pero es que en otro tiempo más o menos lejano fueron también Granada, Alicante, Girona, Huesca, León, Cáceres, Salamanca, tantas y tantas otras, cada una a su manera, cada una en su estilo. La araña siguió siempre andando cual si no pasara nada, siguió acudiendo puntual (o casi) a la llamada de cada temporada pero no hacía falta ser un observador avezado para comprobar que ya nunca andaba de la misma manera, que a cada año que pasaba la cojera se le iba haciendo más y más evidente. Patas que se pierden y patas que aún aguantan a duras penas apuntaladas por sabe dios qué, acaso por dinero público (sujeto además a los caprichos del mandamás político de turno, para más inri), acaso por alguna entidad financiera hasta que se canse del juguete, acaso por dudosas corporaciones de ultramar justo allá donde la entidad financiera ya se cansó. Y patas que parecen aguantar pero que en realidad ya hace tiempo que dejaron de hacerlo, patas que siguen ahí disimulando como si aún sostuvieran el cuerpo de la araña, como si aún anduvieran en lugar de dejarse llevar por las demás. Y patas que se amputan una vez tras otra, un año tras otro, patas que se caen a pedazos pero que en pasando unos meses se regeneran como si nada, como si siempre hubiesen estado ahí; y en cambio otras patas nuevas, a estrenar, patas ajenas pero flamantes y lustrosas que sin embargo no pueden serle implantadas porque hete aquí que nuestra araña es sumamente delicada y exige rigurosísimos controles de calidad, no le vale cualquier injerto, de hecho es que no le vale casi ninguno… Apasionante mundo éste de la araña, sin duda.

Por supuesto que siempre habrá patas y patas, por supuesto que a nuestra araña nunca le pasará lo que a la del chiste porque siempre le quedarán dos patas que no se le van a caer, dos patas futboleras que nadie en su sano juicio osará arrancar jamás. ¿El resto? Que levanten la mano (la pata) las que no hayan dado siquiera un traspiés, las que no se hayan visto con el agua al cuello, las que no se hayan sentido al menos una vez al borde del abismo de la desaparición. Quizá recuerden que hace ahora año y pico parí un delirio titulado 2053 (léanlo después de éste, y así ya les habré acabado de estropear el día), quizá recuerden que en aquella elucubración a la ACB ya sólo le quedaban dos patas, digo equipos, casualmente Madrid y Barça enfrentándose entre sí chiquicientas veces por temporada, el uno era campeón y el otro descendía… para finalmente permanecer y así perpetuar el modelo, ya que ninguno de nuestros restantes equipos (confinados todos ellos en la LEB) era capaz de cumplir las draconianas condiciones impuestas por la ACB para su readmisión. ¿Ridículo? Por supuesto que sí (de hecho pretendía que lo fuera)… pero no tanto como me gustaría. Recuerden que la naturaleza imita el arte y que la realidad tiende a parecerse cada vez más a la ficción. Cuestión de tiempo.

La araña de la ACB pende de un hilo, lo cual no tiene nada de particular porque pender de un hilo es muy de arañas. Claro que también es muy de arañas trenzar con ese hilo una tela de araña para procurarse el sustento, en cambio a nuestra araña de la ACB la tela le sale como el culo, disculpen la vulgaridad, cada vez más desvaída y llena de agujeros por los que año tras año se le siguen escapando aficionados, seguidores y patrocinadores por doquier. Mientras enfrente el investigador contempla todo este proceso pero no ve más allá de sus narices, mira apenas un segundo a esa araña renqueante y hecha unos zorros y con eso ya le basta para pontificar al respecto y anotar sus sesudas conclusiones en su cuadernillo, pongamos por ejemplo el baloncesto ya no interesa, con esos marcadores normal que la gente no quiera verlo, la defensa y el tacticismo están matando el juego, el problema es la dispersión de horarios, el problema es el sistema de competición, la culpa es de los playoffs… O lo que viene siendo lo mismo, que si la araña cojea no será porque se le pierdan las patas ni porque se muera de hambre ni porque se caiga a pedazos ni porque no haya quien la venda ni por su pésima administración ni por el monocultivo del fútbol ni por la madre que les parió a todos, será sólo porque se nos está quedando sorda, va a ser eso. No tan sorda como ciegos estamos los de alrededor.

Publicado julio 30, 2014 por zaid en ACB

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TORO O TORERO   5 comments

Antes de nada me gustaría dejar claras algunas cosas, para que así se entienda mejor lo que venga después: Creo que Laso la cagó pero bien en esta Final ACB, disculpen la vulgaridad. Creo que Laso se puso la venda antes de la herida, probablemente porque en su fuero interno supiera que dicha herida existía aunque nosotros no la viéramos. Y además se fue a poner la venda equivocada, vaya por dios. La venda arbitral, que no sólo no tapa la herida sino que la abre más todavía. El victimismo arbitral nunca sirvió para nada, si alguna vez dio réditos a corto plazo fue a costa de proporcionar grandes pérdidas a medio/largo plazo, el tiempo justo de quedar grabado a fuego en la entidad (cualquier entidad), total para qué lo vamos a intentar si no nos van a dejar, el pretexto para algo que todavía no ha pasado (pero que ya estamos predisponiéndonos a que nos pase), la coartada perfecta. El victimismo (versión arbitral) fue siempre el primer paso hacia la derrota.

Laso vio cosas raras en el arbitraje del primer partido, no las vio ni Roncero (ligera exageración) pero él sí, vaya por dios, o las vio o creyó verlas o ni lo uno ni lo otro pero decidió jugar con eso, si tantos otros lo han hecho antes a ver por qué yo no, dejo caer que nos han perjudicado en el primero y ya verás cómo nos benefician en el segundo. O no. En el segundo no hubo caso porque ganó el Madrid de calle, en el tercero menos porque ganó de calle el Barça. Agarrarte al victimismo con palizas así no es de recibo pero ya saben, hay gente pa tó. Lo cierto es que el Madrid entró al cuarto partido con la venda puesta, menuda porquería de venda, aún no habían transcurrido tres minutos y ya les estaba escapando la pus. Aún no había un motivo siquiera para quejarse de los árbitros y ya se comportaban como si hubiera un plan preconcebido, como si les estuvieran robando, como si tuvieran que justificarse ante su afición, mirad, que si no ganamos no es porque no queramos ni porque no podamos sino porque no nos dejan, qué mejor manera de mostrarle al mundo entero que llevamos ya la derrota pintada en la cara, perder ya hemos perdido (aún antes de empezar), ahora ya sólo necesitamos inventarnos una explicación. Sólo fue el principio, hubimos de llegar al tercer cuarto para presenciar aquella patética escena que habrá de quedar para los anales de la historia, Laso abandonando su silla de ruedas y atravesando media pista a la pata coja para espetarle al trío arbitral en su propia cara que aquello era una puta vergüenza, jamás en la vida se vio nada igual, si queríamos imágenes de impacto para ganar audiencia ahí tuvimos una buena, ya otra cosa sería que además supiéramos qué hacer con ella. Por un momento (por toda una serie, más bien) Laso se nos convirtió en Óscar Quintana sin reparar en que ese papel no le pega nada (de hecho no le pega ni al propio Óscar, pero eso ya no tiene remedio), ni le pega a Laso ni aún menos a su club, un club que se autodefine como Club Señor aunque en demasiadas ocasiones haya tratado de disimularlo, el mourinhismo es lo que tiene. Pero Mourinho sólo hay uno (afortunadamente) como sólo hay un Quintana, rechace imitaciones. Laso no puede ponerse a ese nivel de verdulera (dicho sea con todos los respetos para tan noble profesión), ni como estrategia ni como arrebato. Ni le pega al entrenador que es ni al jugador que fue ni al buen tío que aparenta ser. Todo tiene un límite.

Laso se fue al vestuario a verlo por la tele (supongo) y justo entonces sucedieron dos cosas paradójicas: 1) que el Madrid encontró por fin algún verdadero motivo para quejarse de los árbitros, bastante superados ya por la presión (y quién no lo estaría en su lugar) a estas alturas: aquellas dos andideportivas, la primera no lo pareció en absoluto, la segunda sí… pero como tantos otros hachazos intencionados en media pista para cortar el contraataque que antes se habían dejado sin pitar; dos nimiedades, sin duda, pero mucho más llamativas que aquellas otras por las que (supuestamente) habían montado el pollo un rato antes. Y 2), y mucho más importante, que el Madrid se rearmó: el Madrid, reunido en asamblea tras la marcha de Laso, decidió (o eso interpreté yo desde mi casa) dejarse de lloros, prescindir de paranoias, olvidarse de los árbitros y ponerse de una vez por todas a jugar al baloncesto aún teniéndolo todo perdido, aún con las escasas fuerzas que les quedaban. Y funcionó, casualmente funcionó, el Madrid no sólo volvió al partido sino que estuvo a punto de ganarlo, si no lo hizo fue (como bien explicaba Mariano de Pablos en su magnífico artículo) porque los tiros librados del Barça entraron casi todos mientras que al Madrid no le entró casi ninguno: cansancio extremo (físico y/o psicológico), agarrotamiento, quizás también un exceso de presión. Paradójicamente fueron mejores en régimen de autogestión (o con la gestión de López y Cuspinera, reconozcámosles los méritos), algo que quedará en el debe de Laso como también quedará en el debe de Laso no haber sabido medir los tiempos, no haber sabido distribuir adecuadamente los picos y valles de estado de forma a lo largo de la temporada (algo que ya fue un problema en años anteriores, pero aún mucho más en éste) y, sobre todo, no haber sabido recuperar ni física ni aún menos psicológicamente a sus criaturas tras lo de Milán. La defensa se les quedó allí, en la Piazza del Duomo, quizá la última gota de gasolina también. Siguieron por inercia, pero sólo con inercia no ganas la Liga. Necesitas algo más.

Quedará todo ello en el debe de Laso, he querido escribirlo cuanto antes porque casi nadie ha sido más proLaso que yo en estos años, porque de tanto defenderle casi parezco su cuñado (o algo así), porque nadie es perfecto (y yo menos que nadie), Laso es un buen entrenador pero tiene también sus pros y sus contras, su debe y su haber como lo tiene todo dios. Así que si hoy nos desgañitamos en el debe no será porque desaparezca el haber, si nos cebamos en las múltiples cagadas de esta Final no habremos de pasar por algo toda la grandeza derramada por este equipo en los meses previos a dicha Final. Claro que ahora vendrán todos a decirme que todo eso no sirve para nada, que el segundo sólo es el primero de los que pierden, que del subcampeón no se acuerda nadie y demás zarandajas varias que acostumbran a ser lugar común. Pues qué quiere que le diga, puede que del segundo no se acuerde nadie pero yo (que no soy nadie) no concibo esa razón. Yo sí me acuerdo de los segundos, tanto más cuanta más huella me dejaran con su juego; me acuerdo de mi Estu en 2004, me acuerdo de Butler (Universidad de) en 2010 y 2011, me acuerdo de los Fab Five de Michigan en 1992 y 1993, me acuerdo de los Spurs de 2013 y me seguiría acordando igual aunque no hubieran ganado el título en 2014. Me acuerdo incluso de equipos que ni siquiera llegaron a ser segundos pero también me cautivaron de un modo u otro, sirvan como ejemplo aquellos Kings de comienzos de siglo o los Bucks y (sobre todo) Warriors de Don Nelson, podría ponerles otros doscientos ejemplos más pero acabaría aburriéndoles (aún más si cabe) y no es esa mi intención. Del segundo no se acuerda nadie pero yo a veces me acuerdo más de los segundos que de los primeros, soy así de raro. Fíjense si me acordaré de los segundos que aquí me tienen escribiendo sobre uno de ellos en lugar de lo que en realidad debería estar haciendo, glosar como es debido las virtudes del campeón.

Total, que aún no había acabado el cuarto partido (de hecho puede que aún no hubiera acabado ni el tercero) y ya teníamos a Fotis Katsikaris hasta en la sopa, tal como nos lo vendían casi parecía que estuviera ya embarcando en el aeropuerto de Atenas, dirección Madrid of course. El Madrid lo niega pero no faltan iluminados que lo dan por hecho, ya otra cosa será que estemos dispuestos a creernos cualquier iluminación. A mí Katsikaris me gusta, habré de reconocerlo, de hecho si me pusieran en el brete de tener que escoger entre uno de los dos acabaría confesando que me gusta más que Laso. Pero es que (como decía el añorado Luis Aragonés) ése no el tema y tal. El tema es consolidar un proyecto ya iniciado y en proceso de maduración (aunque a veces algún fruto salga pocho, es ley de vida) o preferir empezar otra vez de cero con todo lo que eso conlleva. El tema es escoger entre lo malo conocido (en el supuesto de que fuera malo) y lo bueno por conocer. El tema es (por utilizar una expresión que oímos a menudo últimamente) decidir si quiere ser toro o torero. Si quiere marcar el paso o que se lo marquen, si quiere seguir llevando la iniciativa en el juego y que sean los demás quienes tengan que contrarrestarla o si prefiere volver a las andadas, perder la personalidad, ser otra vez ese típico equipo que tras tantos técnicos distintos ya ni sabe a qué juega, verse otra vez pegando tumbos por esas canchas de dios, de filosofía en filosofía, de proyecto en proyecto, de entrenador en entrenador.

Así que si quieren cargarse a Laso allá ustedes, son muy dueños, pero antes déjenme que les diga una cosa (a sabiendas de que evidentemente no van a leerla): en el deporte de equipo, hoy en día, no hay mayor valor añadido que la estabilidad. Los clubes que triunfan son los que no se vuelven locos, los que no cortan cabezas a las primeras de cambio, los que saben lo que quieren, sientan las bases para conseguirlo y realizan simplemente los ajustes necesarios para afianzar el proyecto. Podría ponerles otra vez el ejemplo de los Spurs pero les iba a resultar cansino (aún más si cabe) así que les pondré otro que les queda bastante más cerca, justo enfrente: ¿se han parado a pensar cuántos títulos mayores ganó el Barça la temporada pasada, no ésta que acaba ahora sino la anterior, 2012/2013? Uno, exactamente uno, exactamente el mismo que han ganado ustedes este año, la Copa del (ex)Rey. Pudieron decapitar a Pascual el pasado verano, no faltaron voceros que así se lo reclamaron desde todos los ámbitos, pero con buen criterio decidieron apostar por la continuidad. ¿Por qué? Porque saben que el Barça podrá enamorar o no (más bien no), podrá ganar o perder títulos pero siempre, SIEMPRE, va a estar peleando por ellos. Peleándolos hasta el final, hasta la gloria o hasta quedarse a las puertas, hasta el último minuto del último partido, hasta la mismísima bocina de cualquier final. Eso tiene el Barça y eso tiene ahora también el Madrid, me dirán que para la grandeza de su entidad no basta con pelear los títulos sino que además hay que ganarlos, puede ser pero permítanme que les recuerde (una vez más) que ahora al menos los pelean, no siempre fue así, tiempos hubo en que ni se acercaban a ellos, tiempos en los que no es ya que no jugaran finales sino que incluso algún año ni jugaron playoffs, tiempos en que si alguna rara vez ganaban algo era más fruto de la casualidad que de la causalidad, justo esos mismos tiempos en los que casualmente cambiaban casi tanto de entrenador como de equipación. ¿Es ese el modelo que quieren? Traerse al Fotis de turno para luego empezar a cuestionarlo en cuanto pierda dos partidos (que los perderá, nadie es perfecto)? ¿Decir luego aquello de que con Laso vivíamos mejor como ya lo dijeron con Plaza en su día, eso sí después de haberle hecho la vida imposible durante los años que permaneció al frente de la Sección? Toro o torero, recuerden. Lo dejo en sus manos.

GRANDEZAS Y MISERIAS   3 comments

Miren que se lo dije hace ya casi un año, que entonces Laso ganó la Liga y sólo por eso le perdonaron que no hubiera ganado la Euroliga, pero que en este 2014 ya podría ganar Liga, Copa, Supercopa y Recontracopa (si la hubiere) que si no ganaba también la Euroliga no se lo iban a perdonar… Dicho y hecho: a día de hoy el Real Madrid es el vigente campeón de Liga y Copa, sólo con eso cualquier otra afición viviría ya instalada en el éxtasis permanente pero ésta no, a (buena parte de) la merengada no le basta, como si su superioridad local viniese ya de serie y se diera por supuesta, como si todas esas competiciones nacionales no fueran más que meros trofeos veraniegos al lado de la gran competición continental. Me dirán que esa es precisamente la grandeza de la entidad pero yo más bien creo que es la miseria de la entidad: la incapacidad para disfrutar de las cosas pequeñas, esa sensación de que ganes lo que ganes no puedes festejarlo porque siempre te quedará otra cosa más importante por ganar. Les pondré un ejemplo que no es de baloncesto sino de fútbol y que no es de ahora sino de finales de los ochenta, de un Madrid que ganaba sistemáticamente liga tras liga y se estrellaba sistemáticamente en la Copa de Europa, de una afición tan obsesionada por esa competición que incluso abucheaba a sus jugadores en el mismo momento de obtener el título nacional. A lo mejor tendremos que perder la Liga un año para que se den cuenta de lo que cuesta ganarla, dijo entonces cabreadísimo un ilustre miembro de aquella Quinta. Tal cual, aquel Madrid no perdió la Liga un año sino cuatro, todas ellas a manos de su odiado rival para más inri, de tal manera que cuando pasado un lustro volvieron a ganarla la cogieron ya con muchísimas más ganas. Es lo que tiene malacostumbrar al personal.

Por supuesto que en estos casos se nos llena la boca de sentencias grandilocuentes, de los subcampeones nadie se acuerda, el segundo es sólo el primero de los que pierden y demás tópicos que no por ser ciertos son menos tópicos (y no por ser tópicos son menos ciertos). Pero puestos a jugar a los tópicos yo más bien creo en esa otra frase que tantas veces solemos dedicar a quienes se quedan en el segundo escalón del podio: ahora están tristes, pero cuando pase un rato y se les pase el disgusto se pararán a pensar y valorarán en su justa medida lo que han conseguido. ¿Cómo dice? ¿Que eso vale para cualquier otro pero no para el Madrid? Ya, claro, la famosa retahíla de que el Madrid por ser quien es habrá de ir de favorito allá donde vaya, de que todo un Real Madrid jamás se puede conformar con ser segundo, juegue donde juegue y sea la competición que sea. Pregúntenle al CSKA, al Barça, al Olympiacos, Panathinaikos o Fenerbahçe, ejemplos casi todos ellos de opulencia deportiva y financiera aún mayor que la del Madrid, a ver cuánto habrían dado ellos por jugar esta Final. ¿Ahora va a resultar que es mejor caer en medio del camino que recorrer entero el camino y caer sólo entonces, siquiera sea a efectos de no hacerse ilusiones? Usted verá. Yo más bien creo que aunque el destino final nos decepcione siempre habrá merecido la pena el viaje, que cualquier cosa será mejor que apearse en marcha a mitad de trayecto. Tanto más tratándose de un viaje tan hermoso como éste.

Pero además: ¿de qué hablamos cuando hablamos de favorito? Una cosa es que aquí el Madrid siempre lo sea y otra ya es que tenga que seguir siéndolo necesariamente cuando lo sacan a pasear por esos mundos de dios. ¿Lo era realmente en esta Final Four? Ateniéndonos exclusivamente a los resultados del Top16 y/o playoffs resulta que hubo dos equipos (Barça y CSKA) que presentaban mejores números, mientras que el tercero (Maccabi, casualmente) racaneó durante el periodo liguero pero sufrió bastante poco en su eliminatoria, aún con desventaja de campo incluso. ¿Qué pasó? Pasó que el viernes Maccabi dio la campanada cargándose al Cheska y que seguidamente el Madrid le metió al Barça de 38, pasó que la suma de ambos factores dio de inmediato como resultado que el equipo blanco ganaría sin bajar del autobús. Resultaba paradójico encontrarse en las horas previas a la Final una sobreabundancia de tuits que manifestaban su preocupación no por el resultado del partido (que ese lo daban por descontado) sino por el conflicto que podría ocasionarse en el entorno del Paseo del Prado entre quienes fueran a la celebración baloncestera blanca y quienes volvieran de la celebración futbolera rojiblanca. Vamos, que en qué cabeza cabía otra posibilidad. Todo eso de alguna manera se transmitió a unos jugadores que del viernes al domingo pasaron de que podían ganar a que tenían que ganar, necesariamente, sí o sí. Unos jugadores que podrán ser muy buenos, podrán ser grandes profesionales, podrán cobrar infinitamente más que usted y que yo pero eso no significa que sean máquinas. Mientras que no se demuestre lo contrario son personas, con sus sensaciones, sus sentimientos, sus emociones. Y su presión. Por supuesto que saben cómo manejarla, por supuesto que es inherente al sueldo pero qué quieren que les diga, una cosa es la presión y otra muy distinta la sobrepresión. Tengo para mí que de haber ganado al Barça de manera (digamos) normal y/o de haber sido la Final contra el CSKA la historia habría sido muy distinta: no en términos de ganar o perder, lo mismo habrían perdido igual (otra cosa sería hacer baloncesto-ficción), sino en términos de actitud, de no salir agarrotados sino sueltos, de no estar tensos sino intensos, de no soportar más presión que la propia presión inherente a cualquier final. Que ya bastante es por sí sola como para tener que llevar además el cartel de campeones colgado del cuello desde mucho antes de empezar.

Y deberíamos aprender de una vez por todas la lección de que (en lo que a Final Four euroligueras respecta) el concepto favorito está tan obsoleto como el concepto cenicienta, exactamente por la misma razón. La Euroliga es como es, te pasas meses y meses jugando una ristra interminable de partidos para que al final todo se decida en dos días, te puede gustar más o menos pero es así y es igual para todos, podríamos entrar en eternas divagaciones sobre qué habría pasado de haberse disputado la Final en formato playoff pero eso volvería a ser baloncesto-ficción y desde luego no es el objetivo de este post. Algo tendrá la Final Four cuando la bendicen, y es sin duda el hecho de que suela ganarla el mejor equipo no ya en términos baloncestíticos sino psicológicos, también. Echen la vista atrás y díganme qué tienen en común el Maccabi de este año, el Olympiacos de las dos pasadas temporadas, el Zalgiris del 99, la misma Penya del 94, no digamos ya el Limoges del 93, el Partizan del 92 o la misma Jugoplastika de tantos años anteriores (tiro de memoria, habrá otros casos pero éstos son los que ahora se me vienen a la mente). Todos ellos llegaron como presuntas cenicientas, como convidados de piedra de un festín que (se suponía que) habrían de comerse otros. Todos ellos fueron luego campeones, en algún caso (evidentes los de Split y Partizan) porque más tarde descubrimos que ahí había mucho más talento del que parecía a primera vista, en todos los casos porque hubo un gran trabajo psicológico detrás. Maljkovic, Obradovic, Bartzokas, Blatt, tantos otros que supieron mejor que nadie cómo optimizar la cenicientez en beneficio propio a la par que minimizaban el favoritismo ajeno. Todo esto también es baloncesto, y en este tipo de partidos a cara o cruz y sin posibilidad alguna de rectificación representa además una parte fundamental del baloncesto. Explica muchas cosas.

Con todo lo cual no pretendo justificar ninguna derrota, tan solo proporcionarles algunas claves que les ayuden a entenderla, luego allá ustedes, si quieren seguir con su linchamiento son muy dueños. Miren, yo no soy del Madrid pero sí soy del estilo de juego de este Madrid. Soy de baloncesto alegre, soy de frescura y desinhibición, soy de velocidad y contraataque, soy de ataque que no desprecia la defensa sino más bien al contrario, que la considera un fundamental punto de partida, soy del Chacho (sospecho que esto ya lo sabían), soy de un técnico que no será el mejor del mundo (nunca dije que lo fuera) y tendrá además carencias y cagadas puntuales (nunca dije que no las tuviera) pero que ha sabido recuperar mejor que ningún otro la legendaria filosofía de una sección que llevaba casi veinte años repartiendo palos de ciego por doquier. Ahora bien, ustedes mismos, no se corten, vuelvan al pasado si así lo quieren, si no les gusta Laso ahí tienen a Messina otra vez libre, ahí tienen incluso a Imbroda que estaría loco por la música. O aún mejor, llamen a Querejeta y propónganle un trueque, Laso por Scariolo, el uno volvería a su tierra y el otro a la Villa y Corte, no duden que el máximo mandatario baskonista les preguntaría entusiasmado dónde hay que firmar. Hagan ustedes lo que les plazca pero antes déjenme que les diga una cosa: han perdido ustedes dos finales europeas consecutivas, dos dolorosísimas derrotas que les han dejado destrozados, cómo no. Ahora bien, ¿saben por qué les pasa eso? ¿Saben por qué ahora pierden finales europeas una tras otra? Porque las juegan. Durante quince años no tuvieron este problema, no se llevaron estos disgustos, no vieron ni en pintura las final four. Ustedes sabrán qué prefieren, si seguir jugando finales aún a riesgo de perderlas (hasta que llegue el día en que las ganen) o seguirlas desde su casa tan ricamente arrellanados frente al televisor. Ustedes mismos.

Empecé contándoles la historia de aquel Madrid de fútbol de finales de los ochenta, déjenme que acabe con otra historia de aquel entonces, mucho más lejana en el espacio (como seiscientos kilómetros más lejana) pero mucho más cercana en términos de deporte ya que (ésta sí) tiene que ver con baloncesto. Con el Barça (otro que tal) de baloncesto de finales de los ochenta, aquel recordado equipo de Solozábal, Epi, Norris, Andrés Jiménez, tal vez aún Sibilio, tantos otros. Aquel equipo acabó con la sempiterna hegemonía del Madrid y dominó durante varios años la competición doméstica pero, ¿saben qué? Pues que en Europa se fue estampando año tras año contra su propia obsesión, así hasta que sus dirigentes decidieron ceder al clamor popular, quitarse del medio a Aíto (sí, ese mismo Aíto hoy merecidamente mitificado, al que entonces se le reprochaba que sabía ganar en casa pero no fuera, que sabía ganar en formato de playoffs pero no en formato de Final Four y no sé cuántas sandeces más) mediante el tradicional sistema de la patada hacia arriba y traerse en su lugar a la bestia negra (más bien amarilla) que se la liaba año tras año, es decir Maljkovic. Y no hará falta que les recuerde cómo acabó aquello, el Barça perdió con Maljkovic exactamente igual que perdía con Aíto, ya ven qué cosas, no era un problema de entrenador sino de jugadores, los tuyos eran buenos pero los jugoplástikos de enfrente eran mejores aún. Es así de simple, Por bueno que seas (o que te creas que eres) siempre puede haber alguien mejor, exactamente eso es el deporte, si ganas lo disfrutas y si pierdes lo reconoces, tal cual, lo que se llama cultura de la derrota, algo de lo que (dicho sea de paso) carecemos por completo en este país. O como dijo (mucho mejor que yo) esa genial parodia virtual llamada Pablo Lolaso (no confundir con el original): Pierdes. Das la mano. Felicitas al rival. Y te vas a casa a entrenar para volverlo a intentar más fuerte. Eso es el baloncesto. Sin más. Sin que sea el fin del mundo, sin llanto y crujir de dientes, sin ir cortando cabezas a cada rato, sin echar a la hoguera a quien hace apenas dos días elevabas a los altares, sin grandezas ni miserias ni demás zarandajas que no sirven absolutamente para nada, sin traumas, sin más. Tan sencillo como eso. No lo compliquen más, por favor.

LO QUE QUEDA DE LA COPA   2 comments

Aquellos que tengan la insana costumbre de leerme desde hace años sabrán ya que no acostumbro a comprar ese viejo discurso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esto es como decía aquel manido proverbio (topicazo al canto), si lloras porque no puedes ver el sol tus lágrimas no te dejarán ver las estrellas, si te pasas la vida echando de menos el ayer no disfrutarás el hoy, disfruta el hoy para que puedas echarlo de menos mañana. Crecí rodeado de padres, abuelos y tíos que no hablaban jamás de baloncesto pero sí de fútbol y créanme que en aquellos tiempos no había conversación sobre el dichoso deporte-rey que no acabara con el típico esto ya no es lo que era, tú que sabrás si no has visto jugar a Di Stéfano, Puskas, Kubala, aquello sí que era fútbol de verdad, que el niño que era yo acababa incluso lamentándose de no haber nacido diez o quince años antes para no habérselo perdido. Y en lo tocante al baloncesto pues qué les voy a contar que no sepan ya, a aquellos que lloraron en los noventa por no poder ver ya a Magic o Bird sus lágrimas no les permitieron ver al mejor Jordan, aquellos que echaron de menos a Jordan no supieron disfrutar de Kobe o Iverson, aquellos que aún hoy siguen echando de menos a todos los anteriores se están perdiendo a Durant o LeBron. Cada tiempo tiene su momento, la nostalgia bien entendida resulta lícita y hasta saludable siempre y cuando no te ciegue, siempre y cuando no te impida ver lo que sucede a tu alrededor. Cualquier tiempo pasado fue… anterior. Punto.

Y sin embargo yo tampoco puedo evitar a veces esa misma sensación (aunque me la prohíba a mí mismo), yo tampoco puedo evitar sentarme cada año a ver la Copa, nuestra Copa, y pensar que (esta vez sí) cualquier tiempo pasado fue mejor. Hoy nos siguen vendiendo la Copa como si aún siguiera siendo el bazar de las sorpresas, como si aún estuviéramos en aquellos años ochenta y noventa en los que el pez chico no sólo podía comerse al grande sino que incluso a veces se lo comía. En lo que llevamos de siglo las sorpresas (verdaderas sorpresas me refiero, no cuenten a Baskonia o Unicaja cuando aún podían competir de igual a igual con Madrid o Barça) podrían contarse con los dedos de una mano y aún nos sobrarían cuatro dedos, acaso la última fuera la del Joventut ganando en el Buesa en 2008, sorpresa además muy relativa porque aquella maravillosa Penya de Aíto y los erre que erre (Rudy & Ricky) jugaba como los ángeles y no le temblaba el pulso a la hora de codearse con los grandes. Aquello del bazar de las sorpresas ya es sólo una reliquia del pasado, un hermoso recuerdo, aquellos sueños hechos (casi) realidad en Cáceres, Manresa, CAI o Estu. Nostalgia de un pasado que ya nunca más ha de volver, que decía la copla. Año tras año seguirán vendiéndonos (y harán bien) que la magia de esta competición estriba en que a un solo partido cualquier cosa puede pasar, y ello aunque la triste realidad se empeñe en demostrarnos que en estos últimos tiempos no ha habido torneo más previsible en nuestras vidas que la Copa del Rey.

Nos venden las sorpresas y nos venden la emoción, también. Cuatro días de adrenalina rezaba pomposamente el cartelón de este año, pero una vez vista la competición no me quedó claro si el que lo redactó se refería a la emoción del juego o al consumo de sustancias estupefacientes ajenas al mismo. Adrenalina lo que se dice adrenalina sólo la hubo en tres partidos, y ello siendo muy generoso y metiendo también en el ajo al Unicaja-CAI aunque su final fuera más bien una sucesión de tiros libres. El resto (hasta un total de siete) estuvieron ya resueltos en el segundo cuarto, alguno incluso en el primero como aquel insospechado Barça-Valencia por más que luego el entusiasmo valencianista maquillara las sensaciones y/o el marcador. Nada que deba sorprendernos, al fin y al cabo es el signo de los tiempos (lo habré escrito ya quinientas veces pero lo escribiré una más por si alguien me leyera por primera vez), los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, la clase alta cada vez más alta, la media-alta cada vez menos alta y más media, la clase media cada vez más baja y la baja en peligro de extinción por pura inanición. La vida misma, y el baloncesto forma parte de ella nos guste o no. A un lado Madrid y Barça y su desparrame futbolístico-televisivo, al otro todos los demás: los que andan mendigando un patrocinador aunque éste ya no deje ni la cuarta parte de lo que antes se dejaba, los que ya no huelen un céntimo del maná público (ni falta que hace, que éste está para otras cosas), los que ya ni recuerdan aquellas vacas gordas de los derechos de televisión. Puede que todas aquellas sorpresas de otro tiempo fueran consecuencia de vivir muy por encima de sus posibilidades, pero es que hoy ya no nos quedan ni posibilidades siquiera. Ni encima ni debajo.

sabadoClaro que está muy bien vender sorpresas y emociones y la biblia en verso, está muy bien venderlas pero aún estaría mejor si las lucieras en un escaparate desde el que la gente las pudiera comprar. Es bien sabido que en materia televisiva autonómica siempre hubo aficionados de primera y aficionados de segunda, esto es así desde que las públicas se reparten el (amargo) pastel baloncestero pero con un ligero matiz, que es que hubo un tiempo en que la proporción primera/segunda fue más/menos 80/20 y hoy debe ser más/menos 20/80, que parece lo mismo pero es exactamente al revés. Obviamente no tengo datos que permitan corroborarlo pero parece evidente que cada vez somos más los que viajamos en el furgón de cola sobre todo desde que tres Comunidades tan pobladas como Madrid, Andalucía y Valencia se bajaron del barco (bien porque ya no tienen Autonómica o bien porque aún la tienen pero es casi como si no la tuvieran). Todo lo cual no representaría un problema si (como solía suceder antaño) las espaldas de las Autonómicas (por decirlo así) las cubriera Teledeporte, pero no fue el caso.domingo Arseni Cañada anunció pomposamente durante sus partidos de jueves, viernes y sábado que la otra eliminatoria del día podría verse luego en diferido en Teledeporte, quizá fuera así en los cuartos de final pero en lo que respecta a la semifinal autonómica Barça-Valencia ya les digo yo que no, de hecho a estas alturas aún la estamos esperando. A lo largo de la madrugada del sábado al domingo Teledeporte reservó dos ventanas para la Copa, a la 1:55 y a las 6:35, acaso las dos únicas rendijas que pudo abrir en su cobertura full time de los Juegos de Sochi. Parecía lógico que la primera fuera la destinada para ofrecer el Barça-Valencia (anunciado a bombo y platillo por el propio Arseni, recuerden) pero aguanté despierto hasta esa hora y cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré con la redifusión del Madrid-CAI. Bueno, pues si no es ahora será a las 6:35, pensé con mi natural ingenuidad. Programé la grabación, me fui a la cama y cuando a la mañana me abalancé sobre el iPlus con la sana intención de ver por fin el partido ¿qué dirán ustedes que me encontré? Efectivamente, la rerrerrerredifusión del Madrid-CAI, no fuera a ser que a esa hora quedase todavía un solo mortal sin verlo. Del Barça-Valencia nunca más se supo, quizás ello explicaría la foto aquella que hizo furor pocas horas después en las redes sociales en la que se apreciaba la relajación de alguno de los miembros del equipo, mucho más pendiente del fútbol televisado que del baloncesto in situ. Quizás no lo narraran porque no se iba a dar o quizás no se diera porque no lo narraron, vaya usted a saber.

Claro está, siempre nos quedará Orange Arena. ¿Qué les cuento yo de mi querida Potato Arena o Castaña Arena o Truño Arena o Quéséyoqué Arena que no les haya contado ya? Ya saben, una maravillosa web que es la pura antítesis de la usabilidad y la intuitividad, que te obliga a conectarte cada vez, a sacarte una entrada virtual y a pasar por no menos de seis pantallas distintas cada vez que entras, total para que cuando por fin llegas al contenido solicitado no puedas verlo porque ahora resulta que tu navagador sólo es compatible con la aplicación en los días pares que sean múltiplo de tres y siempre y cuando la luna esté en cuarto menguante (¿o era creciente?), eso con suerte. Eso para la temporada regular, para la Copa era todo un reto conseguir empeorarlo pero quedó bien claro que a estos señores no hay reto que se les resista. Con los directos la empezaron cagando pero hacia la mitad del Unicaja-CAI consiguieron por fin que dejáramos de quejarnos, pero con los diferidos… Había que buscarlos en las profundidades de la web, había que pinchar en el +info de la entrada virtual, había que volverse loco hasta que aparecían, total para descubrir cuando al fin los encontrabas que aún no estaba puesto el que esperabas ver. Busqué inútilmente el Barça-Valencia en la madrugada del sábado y volví a buscarlo inútilmente en la mañana del domingo, no logré encontrarlo (de hecho las dos semifinales no estuvieron colgadas hasta el mediodía, casi veinte horas después de haberse jugado) pero a cambio sí me di de bruces con el cartelito que anunciaba como próximo directo el Barcelona-Real Madrid. Es decir, de una tacada había matado dos pájaros de un tiro (o más bien los dos pájaros me habían pegado el tiro a mí): no había conseguido ver el partido pero sí había conseguido enterarme del resultado antes de ver el partido. Ni que decir tiene que les estaré infinitamente agradecido.

Llull-Madrid-CampeonCopa

¿Qué más nos quedará de esta Copa, aparte de todo lo anterior? De esta Copa quedarán dos partidazos, quedará una canasta sobre la bocina de esas que se recuerdan toda la vida, quedará una final tremenda, tremenda en su grandeza y en sus imperfecciones, de hecho acaso sean precisamente las imperfecciones (dado que la perfección no existe) las que hacen verdaderamente grande a este juego.

Quedará un campeón que parece que pase un examen cada vez que juega una final; como si el juego rácano y especulativo no necesitara demostrar nada porque ya hubiera probado sobradamente su eficacia y en cambio el juego rápido y vistoso hubiera de demostrar una y otra vez que además también sirve para ganar títulos. Laso lleva ya dos copas y una liga, podrá ganar en unos meses su segunda liga pero como no gane además la Euroliga le lloverán palos por doquier, le volverán a cuestionar el modelo y hasta sus cualidades como entrenador, al tiempo.

Quedará también (y ojo con esto) la peligrosa autocomplacencia del campeón, repitiendo algunos a todo aquel que quiera oírlo que hicieron un partidazo (que nadie lo niega) pero acaso olvidando que el partido no se jugó a su manera sino a la del rival, que a poco más de un minuto ganaban de 7 y a poco más de un segundo perdían de 1, que si no es por la iluminación de Llull ahora hablaríamos de otra cosa muy distinta, que si no es por la ofuscación del Barça en los tiros libres sabe dios de qué estaríamos hablando ahora. Esa autocomplacencia en las victorias (al menos de puertas afuera) puede ser su peor enemigo para lo que queda de temporada; mucho peor enemigo que Barça, CSKA, Olympiacos, Fenerbahçe o cualesquiera otros que queramos imaginar.

Quedará la definitiva consagración de Mirotic (ello en el supuesto de que no estuviera consagrado ya más que de sobra), la mayoría de edad de Abrines (aunque a alguno todavía le cueste hacerse a la idea), la puesta de largo (nunca mejor dicho) de Edy Tavares; en realidad Tavares no hizo más que lo que ya viene haciendo semana tras semana en el CID y demás canchas ACB, pero esto es lo que tiene el escaparate de la Copa (y no digamos ya si la juegas contra el Madrid): para medio mundo fue como si lo hiciera por primera vez… quizás porque ese mismo medio mundo le vio jugar el jueves por primera vez.

Quedarán unos fallos organizativos impropios de una competición de tan alta alcurnia y prosapia (sea eso lo que sea): quedará un reloj de posesión que se paraba o iba por libre cada dos por tres, como si la organización esperara la visita de algún miembro (imputado o no) de la familia del señor que da nombre al trofeo y hubiese vuelto a instalar inhibidores de frecuencia, a la manera de aquella infausta fase final del Eurobasket 2007; quedarán unas redes que si el tiro entraba flojo no dejaban caer la bola, que en casi medio siglo de baloncesto no recuerdo haber visto jamás nada semejante, como quedará también la fantasmagoría de alguno que creyó ver en ello un siniestro complot (el futbolerismo migrado por un día al baloncesto es lo que tiene), que a ver cómo le vas a pedir luego que sepa perder cuando llegado el momento ni siquiera sabe ganar.

aro

Quedará una realización televisiva infame, impropia no ya de ésta sino de cualquier otra competición sobre la faz de la tierra: baste decir que Televisión Española incorporó para la ocasión unas novedosas camaritas instaladas justo encima de las canastas, que habrían sido perfectas para ofrecer repeticiones (que es bien sabido que las repeticiones compulsivas son marca de la casa, tanto más cuanto menos permitan ver el juego) si no fuera porque el realizador ya que las tenía decidió jugar con ellas y utilizarlas una y otra vez para el directo (incluso en algún ataque especialmente decisivo de algún partido especialmente decisivo), y no dejándolas quietas sino abriendo y cerrando el plano compulsivamente en plan zoom cual Lazarov en los setenta, de tal manera que al final de cada jugada acababas viendo aro, sólo aro, la pantalla entera llena de aro, un enorme aro en primer plano que rebosaba incluso los contornos del televisor. Por favor, que le den un válium la próxima vez o aún mejor, que le manden a realizar las carreras de caballos, la gala de los Goya o la de Murcia qué hermosa eres, que seguro que allí sus innovaciones estilísticas podrán ser especialmente valoradas por un público afín.

Y quedará en resumidas cuentas (acabo como empecé, vuelta la burra al trigo) esa misma sensación que ya venimos experimentando año tras año de que esto ya no es lo que era, de que esta ya no es mi Copa que me la han cambiao. O no quién sabe, o acaso la Copa siga siendo la misma y el problema esté en que ya no sepa yo apreciarla, acaso la tuviera demasiado idealizada, acaso sea yo el que ya no soy lo que fui. Va a ser eso.

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