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Martes 28 de mayo: aún estaba caliente el parquet del Buesa y La Fonteta tras aquellos Cuartos de Final, aún no se había evaporado el vaho ni el olor a humanidad de los vestuarios, aún no se habían acostado cabreados los aficionados baskonistas y valencianistas, aún estaban celebrándolo (casi acababan de empezar) caístas y grancanarios, aún no nos había dado tiempo a asimilar lo que había pasado y sin embargo en el diario As lo tenían ya meridianamente claro:BLakk8VCYAAA8Rz Vía libre para una final Madrid-Barcelona, ese era el titular a toda página que parían en su redacción para encabezar la sección de baloncesto, el que nos encontraríamos a la mañana siguiente en el bar del desayuno cuando no resistiéramos la tentación de ojear el ejemplar que el establecimiento pone a disposición de sus clientes. Vía libre para una final Madrid-Barcelona, con dos razones. No importaba quién había pasado a semifinales, no importaba que Granca y CAI hubiesen hecho la hombrada, no importaba que aún quedaran dos o tres días para el comienzo de unas eliminatorias al mejor de cinco partidos, no importaba siquiera qué equipos habrían de jugarlas, sólo importaba que Baskonia y Valencia ya no iban a hacerlo, ergo los equipos que lo hicieran tendrían que ser peores (muy lógico, dado que acababan de eliminarlos), ergo a efectos prácticos era como si ya no hubiera semis, ergo ya podíamos dar por hecho el cartel de la Final, Madrid-Barça, cuál si no. Pura coherencia.

Tres días después, viernes 31 de mayo, la prensa catalana, para no ser menos que la de Madrid, se sumaba también a la fiesta: El Barça Regal acaricia el pase a la gran final de la Liga. Como lo leen, acaricia. Todavía nadie se había vestido de corto, todavía no había empezado siquiera una serie que habría de durar necesariamente entre tres y cinco partidos y sin embargo ya se hablaba de acariciar la final, como si el Barça llevara ya dos victorias, como si no viniera de pasar unos apuros terribles ante el Bilbao Basket en su serie de cuartos, como si el Granca, aún por modesto que fuera, no les hubiera ganado ya dos veces en temporada regular. Y quien así escribía no era un indocumentado, no era el típico forofo metido a periodista (o viceversa), no era precisamente un becario sino un ex jugador internacional, alguien que fue en su tiempo uno de los mejores bases de Europa, alguien que lleva años y más años analizando este deporte en TV3 y cuyos comentarios siempre me parecieron ecuánimes y razonables cuando tuve el placer de escucharlos (tampoco es que hayan sido muchas veces, que me pilla bastante lejos): Nacho Solozábal. Nada menos. Acaricia la final. Sin haber empezado siquiera a disputar la semifinal. Pues qué bien.

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Claro, ahora me dirán que los acontecimientos les dieron la razón. Pues sí y no. Evidentemente no me he caído de un guindo (que yo sepa). Madrid y Barça eran favoritos, siempre lo fueron, lo son de serie y por definición en cada competición que juegan, no habrá habido ni una sola liga de este deporte o del otro en los últimos veinte o treinta años en la que Madrid y Barça no hayan partido como máximos favoritos, cómo no habrían de serlo aquí también. Pero una cosa es darles como favoritos y otra muy distinta ningunear y faltar al respeto al rival. Cuentan que en las escuelas de periodismo se decía que no es noticia que un perro muerda a un hombre, que noticia es que un hombre muerda a un perro. Aplicando esos criterios (es una metáfora, que nadie se ofenda) jamás debería ser noticia que Madrid y Barça puedan jugar una final, si eso al fin y al cabo eso es lo de siempre, la verdadera noticia sería que tuvieran la oportunidad de jugarla (aunque fuera difícil) dos modestos como Granca y CAI, la verdadera noticia era que estos dos equipos se hubieran cargado a nada menos que Baskonia y Valencia Basket y se atrevieran a retar a dos trasatlánticos que les multiplican en varios dígitos el presupuesto. No es que sea yo el más indicado para dar lecciones de periodismo a nadie dado que no ejerzo esa profesión, pero me da la sensación de que en este país la información (cierta información, no generalicemos) dejó de regirse hace mucho tiempo por criterios periodísticos. Cristiano ha cambiado de marca de gomina, la caca de Kaká sale suelta, Messi se rasca la entrepierna, a Piqué le pica el culo, cualquiera de esos acontecimientos será siempre más noticia que cualquier victoria o resultado que le suceda a cualquier otro equipo aún por sorprendente que éste sea. Será así porque así lo demanda la mayoría de la población, no digo yo que no (ergo no serán criterios periodísticos sino criterios de rentabilidad o de audiencia, en todo caso), pero esa inmensa minoría que no somos ni del Madrid ni del Barça empezamos a estar un poco hasta los mismísimos de que así sea.

O en todo caso podríamos aceptar que la información en torno a Madrid y Barça fuese mayoritaria, cómo no habríamos de aceptarlo. Pero una cosa es que sea mayoritaria y otra es que sea exclusiva o más bien excluyente, otra cosa es este abuso de posición dominante que convierte a nuestro deporte en una especie de duopolio en el que dos macroinstituciones se reparten casi entero el pastel mientras que al resto no les queda más que comerse las migajas. Madrid y Barça son dos pozos sin fondo que parecen tener el dinero por castigo (aunque luego también emerjan pérdidas cuando les escarbas) de tal manera que, mientras que el resto de equipos de nuestro baloncesto tiene que hacer auténticos equilibrios para cuadrar el presupuesto (eso en el mejor de los casos, que otros hay literalmente al borde de la desaparición), los dos grandes pueden permitirse tirar la casa por la ventana cada verano o reponer una pieza por otra mejor cada vez que se les rompa, tanto da, a quién le importa que luego (en algún caso) apenas vayan a verles cuatro gatos, donde no lleguen los ingresos de la canasta ya llegarán los del fútbol. Sí, los ingresos del fútbol, esos que a ellos les sirven para fichar megaestrellas, tapar agujeros y enjugar cualquier déficit, esos mismos déficits que los equipos (digamos) normales (los que no son secciones) se tendrán que comer con patatas. Esos ingresos del fútbol que encima cada vez son más por esa tendencia autodestructiva que a veces tienen en el fútbol, esa extraña cosa de que los dos grandes cobren por derechos de televisión como diez veces más que cualquier modesto (no, en baloncesto eso no pasa… más que nada porque casi no hay ingresos de televisión). Que me da igual, que si ellos quieren cargarse su propia LFP es su problema (relativamente, que como rayista que soy también me jode), pero es que a la larga ese chorro de millones televisivos también repercute en nuestro baloncesto, también contribuye a aumentar la desigualdad (aún más si cabe) de nuestro deporte. Súmenlo a la crisis y concluiremos algo que no por mil veces repetido deja de ser menos cierto: siempre hubo clase alta, clase media-alta, clase media y clase baja, pero nunca jamás fue tan grande como ahora la brecha entre la clase alta y las demás. Siempre Madrid y Barça estuvieron a un lado y el resto al otro, nunca como ahora estuvo tan lejos un lado del otro. También en baloncesto.

Supongo que a estas alturas a los madridistas y barcelonistas que me lean (y que hayan aguantado hasta aquí, lo cual tendría mérito) les tendré ya un poco hartos (con razón); supongo que siempre podrían argumentarme que a saber qué habría sido del baloncesto en este país si no hubieran existido el Madrid y el Barça. Touché. Lo asumo, estoy convencido de que es así, si ambos (más que un) clubes se hubieran conformado con el fútbol y no hubieran creado en su día secciones de basket (o si las hubieran hecho desaparecer) nuestro deporte estaría hoy al nivel de popularidad de la ASOBAL, la liga de voleibol o la de waterpolo, qué sé yo. Esto es como aquella coplilla de antaño, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero. Pues qué quieren que les diga, yo estoy llegando ya a un punto en el que prefiero casi morirme a que me maten, puestos a escoger. O dicho de otra manera, que yo casi firmaría donde hubiera que firmar para que ambos monstruos fueran definitivamente abducidos por una hipotética (¿utópica?) macroeuroliga cerrada, para que se fueran de una vez por todas a pelear con los de su tamaño y dejaran a los pequeños jugarse su propia liga entre ellos en condiciones de relativa equidad, evidentemente con las desigualdades normales de cualquier competición pero no con estas desigualdades paranormales que tenemos ahora. Claro, me dirán que eso sería la muerte de la ACB pero es que al paso que vamos la ACB se nos acabará muriendo sola de todas formas (aún con Madrid y Barça), así están las cosas, si tengo que morir prefiero casi hacerlo con aquello en lo que creo. Lo repetiré una vez más, no tengo nada en contra de su existencia pero sí de que no haya otra existencia, de que no parezca haber vida más allá de ambos dos. No tengo nada en contra de una relación en términos de convivencia pero sí de esta otra relación que padecemos (deportiva, económica, informativa) casi en términos de opresión. Ni siquiera tengo nada en contra de que sean los más grandes, vale, lo admito, los dos más importantes, los más seguidos… pero no los únicos, por favor, recuerden que hay otros mundos, puede que ustedes no se hayan enterado pero créanme que hay otros mundos y además están en éste, si quieren encontrarlos no tienen más que buscarlos. Seré muy raro pero así es como lo veo, otras veces he encontrado palabras más amables e incluso más ocurrentes para expresarlo pero me temo que hoy no me ha salido otro discurso. No tendré un buen día, qué le vamos a hacer.

Publicado junio 9, 2013 por zaid en ACB

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defensa de la alegría   1 comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 14 de mayo de 2013)

Aquellos (presuntos) madridistas que en la pasada Final de Liga se mostraban aterrados ante la posibilidad de que el Madrid la ganara porque ello significaría la continuidad de Laso (luego no la ganó y aún así continuó); aquellos que tras la derrota (dos prórrogas incluidas) en cuartos de final de Copa ante el Barça escribieron qué bien, un partido menos para que llegue Obradovic; aquellos que durante la semifinal de este pasado viernes aún decían preferir que perdiera el Madrid para que echen a Laso de una vez, aquellos en suma que salieron en manifestación cuando Laso fue nombrado entrenador del Madrid debieron ver por fin el cielo abierto al acabar la Final Four. Si ya lo decían ellos que con este entrenador no iban a ningún sitio, si estaba claro que no era un técnico a la altura de la grandeza de la entidad, una institución de tal calibre necesita tener a su frente a lo más florido y granado del universo mundo, qué sé yo, un Obradovic, un Blatt, un Messina, un… ¿Messina, dije? ¿El mismo Messina que ya pasó por esa casa y que se infló a ganar títulos, como todo el mundo sabe? ¿El mismo que últimamente parece haberse situado por encima del bien y del mal, en un plano superior al del resto de los demás mortales? ¿El del discurso egocéntrico, victimista y un tanto mourinhizado de estos últimos tiempos, ese mismo que cuando le oyes o le lees casi parece que hubiera inventado él este juego? Es una idea, sí señor, recuperen a Messina (tampoco él se iba a dejar), no tienen más que ver (previa comparación de presupuestos) lo bien que le ha ido con CSKA. Rechace imitaciones.

Lo diré una vez más para que no queden dudas: no considero que Pablo Laso sea el mejor entrenador del mundo (ni falta que le hace, por otra parte), de hecho está lejos incluso de ser siquiera mi entrenador preferido, quede constancia de ello no vayan a pensar que como siempre le estoy defendiendo va a ser que somos cuñados o algo. No, no tengo ni tendré nunca el placer de conocerlo, pero ello no quita para que tome partido ante esa campaña de acoso y derribo a la que se le viene sometiendo desde que llegó a la casa blanca hace ya casi dos años. Por supuesto que cualquier entrenador por el mero hecho de serlo está siempre en el ojo del huracán, y por supuesto que si encima estás al frente de una institución como el Madrid pues entonces ya no digamos, a la que te descuidas te caen palos por todos lados. Pero te caen tras las derrotas, no necesariamente tras las victorias, aún menos antes de empezar a experimentar victorias ni derrotas. Laso jamás tuvo el beneficio de la duda, Laso aún no había dirigido su primer entrenamiento y ya le pitaban los oídos pidiendo su cese, de hecho empezaron a pitarle desde el mismo momento en que se anunció su nombramiento. Desde entonces cada derrota ha sido culpa de él y cada victoria ha sido a pesar de él, si éstos ya no son nadie, si tienen el peor equipo de su historia, ganarles no es que sea un éxito ni siquiera un logro sino que es una obligación para un equipo de la grandeza del Madrid, cuántas veces no habremos tenido que leer o escuchar cosas así incluso en referencia a su eterno rival. La grandeza, dichosa grandeza, esa cosa que lo explica todo, esa extraña vara de medir por la que esa sacrosanta institución sólo puede fichar a lo más laureado del planeta, medianías abstenerse. Fulanito no es jugador para el Madrid, Menganito no es entrenador para el Madrid por una mera cuestión de pedigrí, de no tener un currículum plagado de éxitos internacionales sin parangón o de no haber costado chorrocientos millones de euros. Ese es el criterio, y a partir de ahí todo técnico de relumbrón con ínfulas de semidiós será siempre el entrenador ideal para el Madrid por mucho que la cague, y a partir de ahí todo técnico de escaso bagaje y actitud humilde será siempre un advenedizo por muy bien que lo haga. A las pruebas me remito.

Tampoco quiero que se me malinterprete, tampoco creo que esa sea la opción mayoritaria ni mucho menos. Lo fue en un principio, no me cabe la menor duda, pero el propio Laso a fuerza de hacer bien las cosas ha invertido la tendencia de tal manera que en mi opinión (evidentemente no manejo estadísticas al respecto) hoy son ya muchos más aquellos que valoran su trabajo y su estilo de juego que aquellos que aún siguen pidiendo sistemáticamente su cabeza. Pero ese sector crítico aún por minoritario que sea sigue haciendo mucho ruido (mucho más que el resto, por supuesto), ese Frente Anti-Laso (en adelante FAL) no cejará en su empeño hasta conseguir finalmente su defenestración. El Madrid perdió la Final de la Euroliga ergo a partir de ahora ya no le quedará otra que centrarse en la Liga, una Liga que desde este mismo momento dejará de interpretarse como objetivo para pasar a convertirse en obligación. Si la gana nadie le dará la menor importancia, con ventaja de campo y con la superioridad mostrada a lo largo de toda la temporada regular pues qué menos, sólo faltaría. Pero si la pierde, ay si la pierde: si la pierde bien hará Laso en coger a su familia y marcharse de inmediato de vacaciones al último rincón de la última isla del último archipiélago perdido del Pacífico, a ser posible sin móvil y sin cobertura de Internet pero eso sí, bien provisto de bastoncillos de algodón para rascarse los oídos cuando éstos le empiecen de nuevo a pitar, es decir en cuanto el FAL (muy crecido de militantes para la ocasión) empiece de nuevo a (citaré a los clásicos) ladrar su rencor por las esquinas.

Laso, señalado unánimemente por el FAL (y allegados) como principal culpable (y quién si no) de la derrota ante Olympiacos, tendrá una significativa cuota de culpa, qué duda cabe. La tendrá como máximo responsable de un equipo que no supo administrar su imponente ventaja del primer cuarto, que encajó la friolera de 90 puntos en los tres siguientes, que no supo ver cuán bajo estaba el listón de los palos, que no fue capaz de aprovecharlo en su defensa del mismo modo que el rival lo aprovechó en la suya, que pecó de pardillo hasta la náusea. Laso tendrá una significativa cuota de culpa pero Laso no juega, sólo dirige. Si le apuntamos en el debe su dirección en la Final pues entonces también habríamos de apuntarle en el haber aquella magnífica reacción en el último cuarto de la semifinal, sus aciertos en la serie ante el Maccabi, tantas otras cosas. Hoy nos dicen que Laso está señalado por el dedo pero no sé entonces cómo deberían sentirse aquellos que no llegaron donde llegó Laso, teniendo en algún caso (sólo alguno) muchos más medios humanos y/o económicos para conseguirlo: Messina, Blatt, Mahmuti, Pedulakis, Pianigiani, pongamos que incluso Repesa, tantos otros (nótese que no incluyo a Pascual como tampoco incluyo a Tabak o Plaza, que bastante tuvieron, cada uno a su manera, con sortear las piedras que el destino fue poniéndoles en su camino). Hoy el Madrid es subcampeón de Europa y muchos hablan de fracaso; que lo será, no digo yo que no, dada la magna grandeza de una entidad en la que todo lo que no sea campeonar ya es fracasar; pero que si esto es fracaso explíquenme entonces cómo llamamos a lo de CSKA, Efes, Besiktas, Panathinaikos, Fenerbahçe, Maccabi, incluso Khimki. O más fácil todavía, comparen a este Madrid que aparentemente fracasó por perder la Final con aquel otro Madrid de hace un año que evidentemente fracasó por no alcanzar siquiera los cuartos de final. A corto plazo y al calor del momento puedo entender casi cualquier cosa, pero ¿es de recibo, aún por muy Real Madrid que seas, aún por muchas expectativas que generes, que el disgusto por ser Subcampeón de Europa sea superior al disgusto por caer en el Top16? Así está el patio.

Por primera vez en muchos años el Real Madrid (sección de baloncesto, of course) parece saber lo que quiere. Por primera vez en varios lustros el Madrid parece tener claro hacia dónde se dirige, por una vez todos sus integrantes parecen caminar unidos en una misma dirección. Una filosofía, un técnico ideal para desarrollarla, una idea de juego, unos jugadores adecuados a esa idea, un presupuesto que no será la octava maravilla del universo pero cuántos lo quisieran, un objetivo común. Lo que se llama un proyecto. Dicho así parece lo más normal del mundo, lo que haría cualquiera. Y sin embargo repase usted la trayectoria del Madrid desde que ganó la última Euroliga (dieciocho años ya, algunos que hoy se rasgan las vestiduras ni siquiera habían nacido por aquel entonces) y comprobará que si de algo ha carecido el Madrid durante todos estos años ha sido precisamente de ese concepto tan sencillo, proyecto. Cambiar de entrenador como quien cambia de camisa, Scariolo, Imbroda, Lamas, Maljkovic, Plaza, Messina, tantos otros que me dejo, cada uno de su padre y de su madre, cada uno con sus propias ideas y algunos ni siquiera eso, algunos limitándose a cubrir el expediente y dejándose llevar. Hoy por fin el Madrid tiene un proyecto, un proyecto evidentemente mejorable (sobre todo por la parte de dentro) pero es que de eso se trata, un proyecto no es jamás algo cerrado sino una base sobre la que ir construyendo y mejorando año tras año. Un proyecto que se podrá estrellar o no pero que por ahora les ha dado una Copa (2012) que no ganaba desde hacía casi veinte años y una Final de Euroliga que no jugaba desde hace dieciocho. Y aún así y todo no faltan los que quieren cargárselo, los que lo cambiarían gustosos por cualquier afamado técnico foráneo de rictus amargado y rancio pedigrí que llegara y lo pusiera todo del revés. Qué cosas.

Y además, que hay proyectos y proyectos. Hay madridistas futboleros que me me cuentan que les encanta sentarse a ver a este Madrid de Laso (aunque luego lo hagan de pascuas a ramos), no como aquel de Messina que era un coñazo, cito textualmente. Del mismo modo que hay baloncesteros que no son precisamente del Madrid pero a quienes les encanta ver jugar a este Madrid, y que hasta habrían dado lo que estuviera en su mano por verlo alzarse con el título euroliguero por todo lo que ello habría representado para nuestro deporte, créanme que lo digo con conocimiento de causa porque a alguno lo conozco francamente bien. Esta cualidad, trascender a aficionados al basket ajenos al Madrid y a aficionados al Madrid ajenos al basket, es un valor añadido en el que deberían perseverar ya que no están los tiempos precisamente como para desperdiciar seguidores vengan éstos de donde vengan. Perseveren pues, mantengan el modelo, defiendan la alegría y no permitan que les pongan la cabeza mala con el ejemplo de los Kings del 2000, con que si este estilo podrá ser muy entretenido pero no sirve para ganar títulos o con frases hechas como aquella de que el ataque gana partidos pero la defensa campeonatos, como si este Madrid no defendiera (pregúntenselo al Barça o al Maccabi a ver qué opinan), como si una buena defensa o un buen rebote no fueran casi siempre el primer paso para empezar a correr, como si divertido fuera lo contrario de serio y no lo contrario de aburrido. De hecho a poco que se fijen descubrirán que ese mismo Olympiacos que se les llevó por delante no está tan lejos de estas mismas premisas, defensa al límite y luego ataque alegre, desinhibido y con múltiples opciones, no se meten cien puntos en una final de Euroliga (¿cuántos años hacía que no pasaba algo así?), aún por muchas facilidades que dé el rival, si después de matarte defendiendo no tienes luego esa frescura a la hora de atacar. El resultado no fue tanto una cuestión de estilo como de madurez, la que tiene por ejemplo Spanoulis, la que aún no tienen unos exteriores blancos que habrán podido ser campeones con la selección pero sin ejercer jamás el rol de líderes en esa selección, ese rol que ahora se les pide en el Madrid. La inmadurez se cura con el tiempo (aunque algún caso concreto que parece haberse quedado instalado para siempre en la adolescencia empiece a preocuparme), denles tiempo y recuerden una vez más aquel viejo axioma según el cual para aprender a ganar finales hay que perderlas primero. Quizás esto sólo haya sido el primer paso.

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Allá por el pasado verano, en plenos Juegos Olímpicos, fui un día a comer a casa de mi madre, nada de particular, es algo que suelo hacer con relativa frecuencia como todo hijo que se precie. En la sobremesa, mientras mi señora y su suegra conversaban amigablemente de esas cosas que hablan las señoras con las suegras, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, waterpolo, tiro con arco, lucha grecorromana, lo que haya… Pero me quedé con las ganas por la sencilla razón de que el televisor de mi madre no tenía sintonizado dicho canal. Al respecto conviene recordar que hace algunos años hubo que hacer una resintonización de la TDT (no sé si sólo en Madrid o en más sitios) porque había dos o tres diales (uno de ellos TDP) que cambiaban de frecuencia o dos o tres frecuencias que cambiaban de dial o como se diga, notarán que soy lego en la materia. En mi comunidad de propietarios nos la hicieron de serie pero en la de mi madre que son sólo ocho vecinos, octogenarios en su mayor parte, pues como que no parece que se generara una demanda que hiciera imprescindible esa modificación, no sé si me explico. Claro está que podría haber resintonizado yo el televisor aquella misma tarde pero mi madre habría entrado en pánico sólo de pensar en la posibilidad de que se le fuera alguno de sus canales preferidos, así que ante tamaña responsabilidad preferí dejarlo estar…

Pocos días después, todavía en plenos Juegos Olímpicos, me tocó ir a pasar la tarde al chalet de mis cuñados, experiencia inenarrable donde las haya pero qué quieren, uno es un mandado. En un momento dado, mientras mi cuñado se encontraba ausente atendiendo a sus múltiples actividades profesionales (un bar), mientras mi hijo se bañaba en la piscina con sus primas y mi señora hablaba con su hermana de cosas de hermanas, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, tiro con carabina, esgrima, halterofilia, lo que sea menester… Pero me volví a quedar con las ganas, por la sencilla razón de que el televisor de mis cuñados tampoco tenía sintonizado dicho canal. Mi cuñado es muy de ver deporte en televisión pero eso sí, a la manera española (como si dijéramos): primero fútbol, luego fútbol, después fútbol y finalmente (si no hay fútbol) quizás algo de motos o de Fórmula Uno siempre y cuando esté Alonso, que si no pa qué. Teledeporte ni sabe que existe o quizás alguna vez sí lo supo pero ahora ya no lo recuerda, total ahí sólo dan deportes de esos raros que no tienen motor ni se juegan con los pies. La prueba es que en todos estos años no parece haber sentido ni por un momento la necesidad de resintonizar su televisor.

Obviamente mi madre y mi cuñado no son una muestra significativa de la población, son apenas dos casos aislados, estoy convencido de que en este país y en esta ciudad casi todos los televisores tienen correctamente sintonizados casi todos los canales de la tedeté. El tema no es que haya mucha gente que no tenga Teledeporte, sino que hay muchísima gente que ni se enteraría si de buenas a primeras les desapareciera Teledeporte. El común de los mortales o bien va a tiro hecho o bien se limita a zapear por entre los canales de toda la vida, esos que en casi todos los televisores ocupan los diales del 1 al 6, acaso también el 7 y/o el 8 si aún te queda una televisión autonómica decente. Luego ya los más iniciados es posible que pasen también por Neox, Nova o Energy, los más futboleros mirarán MarcaTV y los más (evitaré adjetivos para no herir susceptibilidades) es posible que viajen aún lejos si cabe, 13TV o Intereconomía que de todo hay en la viña del señor. Y luego ya, un poquito más allá de éstos y un poquito más acá de la Teletienda (pero no mucho), más o menos al lado del Canal 24 horas finalmente encontraremos a Teledeporte (de hecho ellos deben ser plenamente conscientes de que ocupan las profundidades abisales del dial, ya que en los últimos tiempos andan montando una especie de debates un tanto basurísticos al más puro estilo puntopelotero; con nulos resultados, me temo). Y no venga usted ahora a decirme que en su casa no es así, ya sé bien que en su casa no es así al igual que tampoco es en la mía, si está usted leyendo esto ya presupongo que será porque es aficionado al deporte en general y al baloncesto en particular (o porque ha llegado aquí por pura casualidad y aún no tiene muy claro de qué va este blog), razón por la cual tendrá incluido a Teledeporte en su menú televisivo. Pero usted y yo tampoco somos una muestra representativa de la población, desgraciadamente. El común de los mortales tiene sus necesidades deportivas más que cubiertas con los deportes mayoritarios que ofrecen los canales mayoritarios, entre otras cosas porque si en alguna ocasión Nadal (o cualquier otro deportista/equipo español) puede ganar algo ya se encargará TVE de llevárselo perdiendo el culo a La 1 para aprovechar la tajada de audiencia que pueda proporcionar. O dicho de otra manera: el aficionado medio sabe que en Teledeporte sólo dan cosas minoritarias, y sabe que si en alguna rara ocasión dejaran de ser minoritarias se las sacarían de allí para servírselas en bandeja donde las pueda mirar. Ergo ¿para qué sintonizar Teledeporte?

Quizá ya haya deducido (o quizá no, y lleve usted un buen rato preguntándose de qué va este rollo) que viene todo esto a cuento de lo acaecido este pasado fin de semana con ocasión de la Final Four. Televisión Española incumplió drásticamente la regla de oro que acabo de exponer en el párrafo anterior, TVE dio la semifinal por su primera cadena y luego la Final por Teledeporte, y ello a pesar de que dicha Final la disputaba el equipo más televisado, más seguido, más amado/odiado y con más adeptos de todo el territorio nacional. ¿Todo un Real Madrid podía proclamarse campeón de Europa y sin embargo no se atrevían a darlo por TVE1, cómo era ello posible? Pues porque hay palabras mágicas, alma de dios, mire que se lo decía yo aquí mismo hace dos o tres semanas. Diga usted abracadabra pata de cabra y no pasará nada, pero lo que se dice nada, pero nada de nada; ahora bien, diga usted Madrid-Barça y el universo entero conspirará para que empiecen a suceder ante nuestros ojos los hechos más asombrosos jamás contados. Si ambos equipos hubiesen ido por distinto lado del cuadro las dos semis se habrían visto en Teledeporte, si ambos hubiesen perdido no les quepa la menor duda de que el tercer y cuarto puesto habría ido por TVE1 y luego la Final por Teledeporte, es así. No importa el Madrid, no importa el Barça, importa el Madrid-Barça como si ambos conceptos sólo tuviesen razón de ser por la existencia del otro, como el haz y el envés, como el ying y el yang, como el día y la noche, como las dos Coreas. Acaso no haya nada que vertebre (y al mismo tiempo divida) tanto este país como un Madrid-Barça, acaso no haya mayor obstáculo para el famoso proceso soberanista de Cataluña que la posible desaparición de esa rivalidad. Necesitan seguir juntos para poder seguir odiándose.

Retomo el tema. Conste que no suelo ser de los que acuden puntualmente cada lunes a mirar las audiencias (más que nada para no llevarme disgustos) pero reconozco que esta vez no pude evitar que me saltaran a la vista mientras ojeaba un periódico en el bar del desayuno. Si no vi mal (que también es posible) resulta que la semifinal Barça-Madrid dio un millón ochocientos y pico mil espectadores con un 12 por ciento de cuota de pantalla, y que la final Olympiacos-Madrid dio como cienmil más, un millón novecientos y pico mil con un 10 por ciento de share (ya sé que el share y la cuota de pantalla son lo mismo, uso ambos términos para no repetirme). Supongo que la explicación de que la semi tuviera menos espectadores y más share, y en cambio la Final más espectadores y menos share, es bien sencilla hasta para un profano en la materia como yo: los viernes se sale más y hay menos gente ante el televisor, mientras que los domingos a esa hora ya está casi todo dios en su casa. Y supongo que ésa es también la razón de que Televisión Española no tuviera ningún problema en sacrificar su programación del viernes y en cambio no alterara en lo más mínimo su sacrosanta programación del domingo. Y supongo también que en el pecado pudieron llevar la penitencia…

A ver si me explico: diría yo que a la hora de sentarse a ver la tele básicamente (y simplificándolo mucho) existen dos tipos de espectadores, aquellos que tienen claro lo que quieren ver y aquellos que la encienden por pura rutina y van dando vueltas hasta que encuentran algo que (más o menos) les guste. La audiencia de TVE1 bebe de ambas fuentes, están los que van ex profeso a ver el Cuéntame y los que tras zapear se quedan con el Cuéntame porque no encuentran otra cosa que les convenza más. La audiencia de TDP en cambio sólo bebe de la primera fuente, los ex profeso, ya que como decíamos no suele ser un canal de paso al que la gente se pueda enganchar. O dicho de otra manera: el Madrid-Barça del viernes bebió básicamente de aquellos espectadores que querían ver el Madrid-Barça del viernes, pero bebió también de aquellos que pasaban por allí (quizá buscando el Telediario, o quizá sin pensar siquiera en lo que hacían) y de repente exclamaron anda leche, si hay un Madrid-Barça, qué bien, quién me lo iba a decir, me pondré a verlo. Por el contrario el Madrid-Olympiacos del domingo bebió sólo de aquellos que fueron expresamente a buscarlo, dado que casi nadie pasa por allí. ¿Y con todo y con eso la Final la vio más gente que la semifinal, aunque la cuota de pantalla fuera (sólo ligeramente) menor? ¿Qué habría pasado entonces si la Final hubiese ido por TVE1? Pues que además de esos casi dos millones de espectadores fijos bien podrían haber tenido además otro buen puñado de eventuales. Y todo ello tampoco tendría por qué haber supuesto un trauma para TVE1 en términos de programación ya que siempre podrían haber hecho lo que hicieron el viernes: mantener el previo en TDP mientras en La1 estaba Tom Cruise y su Tapadera, dar el partido en La1 (aprovechando el descanso para ofrecer un Telediario en versión corta) y nada más acabar llevarse otra vez el postpartido a TDP (entrega de trofeos incluida, tanto más habiendo perdido el Madrid) y en La1 meter raudos y veloces su dichosa película de la semana. Y ésta apenas habría empezado veinte o treinta minutos más tarde de lo que suele hacerlo cualquier otro domingo, y no creo que ello les hubiera supuesto una gran pérdida (acaso ninguna) en términos de share, y hasta habrían podido enganchar para el cine a una buena parte de la audiencia del basket que (acaso desengañada por el resultado) dijera pues bueno, pues ya que estamos aquí vamos a quedarnos a ver qué tal está esta peli… (Y todo ello por supuesto sin entrar en otras consideraciones relativas al servicio público o al interés general, conceptos éstos que estuvieron muy presentes en nuestras vidas hasta hace algunos años pero que hoy han quedado totalmente arrinconados por el peso de los acontecimientos; si ya nadie se acuerda del interés público en aspectos de la vida que son mucho más trascendentes que éste, como para esperar que alguien se acuerde también aquí…)

A lo largo de estos párrafos he intentado demostrar (de forma bastante reiterativa, me temo) que no es lo mismo TVE1 que Teledeporte, que no cuenta con las mismas posibilidades cualquier evento deportivo en función de que se emita en uno u otro canal. Pero con todo y con eso es posible que usted siga pensando que ambos están a tan solo un click de distancia, o que tan decisivo no será que el baloncesto vaya en La1 si luego la ACB de los domingos saca las audiencias que saca (aunque nada tenga que ver una cosa con otra, los pocos que se sientan a ver la tele un domingo por la mañana por lo general van buscando algo muy concreto, en cambio muchos de quienes se sientan en prime time lo hacen dispuestos a tragarse lo que les echen). Pues vale, pues para usted la perra gorda (frase que solía utilizar mi abuela para darme la razón sin que la tuviera, a fin de que me callara de una vez), acepto barco como animal acuático y pulpo como animal de compañía, lo que usted quiera… pero aunque todo eso fuera cierto permítanme al menos que me queje del detalle. Le pondré un ejemplo: ¿imagina usted que un viernes a mediodía TVE1 ofreciera una hipotética semifinal de Roland Garros Nadal-Ferrer, y que en cambio la hipotética final Nadal-Djokovic la dieran luego el domingo por Teledeporte alegando que no quieren perder cuota de pantalla de su peliculita ñoña de sobremesa, o que al no ser la final un derby entre españoles ya tendrá menos tirón? ¿A que no? ¿A que no puede ni tan siquiera imaginarlo? Claro está que la combinación de palabras Nadal-Ferrer no es mágica como Madrid-Barça, o acaso la palabra Nadal por sí misma sí lo sea sin necesidad de añadirle ninguna otra, sin conservantes ni colorantes ni edulcorantes ni acidulantes ni aditivos de ninguna clase, Nadal podría jugar un partido de exhibición contra mí mismo (y créanme que sería lo más ridículo jamás visto en la historia de la humanidad) y pueden estar seguros de que TVE movería cielo y tierra para darlo por La1, la magia es lo que tiene. Madrid y Barça juntas son palabras mágicas, Madrid y Barça por separado (no siendo fútbol) son palabras inocuas, este mismo domingo pudimos comprobarlo. Y todo esto pasó con todo un Real Madrid, alucina vecina, el día que llegue a la final (por ejemplo) Unicaja ya no quiero ni pensarlo…

palabras mágicas   3 comments

¿Sabían que hay palabras mágicas? Ya, ya sé que a ustedes como a mí les explicaron hace muchos años que la magia no existe, que no sucede lo sobrenatural ni tan siquiera lo paranormal, que todo eso no es más que mera ilusión. Y sin embargo… Piensen por ejemplo en la palabra Madrid: por sí sola no significa nada más allá de lo evidente, una hermosa ciudad (es la mía luego habrá de parecerme hermosa, casi por definición) llena de humos, ruidos y atascos, cuyo nombre coincide casualmente con el de una de las instituciones deportivas más reales y representativas de dicha ciudad; o piensen por ejemplo en la palabra Barça, que identifica plenamente a (mes que) un club de honda raigambre y alcurnia que ha paseado y pasea el nombre de su Ciutat Condal por el universo entero. Meta usted Madrid en cualquier conversación y no pasará nada, escriba usted Barça en cualquier texto y tampoco se producirá ninguna reacción química ni cualquier otra alteración de ninguna otra índole. Ambas por sí solas son completamente inocuas, pero… pruebe a juntarlas, da igual el orden, si acaso separadas por una mínima pausa, un espacio, un simple guión; pruebe a decir Madrid-Barça, pruebe a poner Barça-Madrid y de inmediato sucederá como en esas películas de aventuras en las que se tienen que unir varios trozos de un anillo para que se abran los muros del templo (por ejemplo), pues aquí igual, la mera mención de esas dos palabras mágicas, una detrás de la otra o la otra detrás de la una, hará desencadenarse los sucesos más asombrosos que imaginarse puedan…

Podría poner miles (qué digo miles, millones) de ejemplos relacionados con el mundo del fútbol, pero éste todavía es (o intenta ser) un blog de baloncesto así que me ceñiré a lo mío. Y podría incluso retrotraerme a mi infancia (y miren que queda lejos mi infancia) pero tampoco lo haré, no teman, tan solo viajaré apenas unos meses hacia atrás. Por ejemplo a junio del pasado año, Final ACB: si cualquiera de nuestras palabras mágicas hubiera llegado allí por separado para emparejarse con cualquier otra palabra aséptica, pongamos Baskonia, Valencia, Bilbao, Unicaja, la que ustedes quieran, pues no habría sucedido nada, la vida habría seguido su curso y el mundo no habría dejado de girar. Pero sucedió que el destino quiso juntarlas, Barça-Madrid, final ACB, oh prodigio, oh maravilla, se abrieron los cielos, se alteró el curso de los acontecimientos, se cambiaron horarios y programaciones, de las ocho de la tarde a las diez de la noche, de las catacumbas de Teledeporte al más privilegiado prime time del primer canal por antonomasia de todo nuestro espectro televisivo, de repente el país entero puesto del revés, es lo que tiene el unir esos dos términos prodigiosos. Pero esperen, repriman su asombro que todavía no han visto nada…

Porque ya saben que no hay nada más mágico que la Navidad, esas fechas entrañables (me revuelven las entrañas, debe ser por eso) repletas de fantasía e ilusión. Y en Navidad siempre acuden puntuales a nuestro paso las más acendradas tradiciones, el belén, el turrón, el mazapán, la lotería, la paga-extra (a extinguir), las cenas hasta reventar, las uvas, los regalos, la cabalgata de Reyes, las muñecas de Famosa, la cuesta de enero, el Barça-Madrid… Sí, es bien sabido que el calendario de Liga se establece por sorteo, cómo habría de establecerse si no, en qué cabeza cabe cualquier otra posibilidad; pero fíjense ustedes qué casualidad, que es emparejarse la bola del Barça con la del Madrid (ha de ser cuestión de bolas, sin duda) y que de inmediato ese emparejamiento, que bien podría caer en octubre o en noviembre como tantos otros, por arte de birlibirloque vaya siempre a parar a estas entrañables fechas. Puede ser un 29 de diciembre o puede ser un 3 de enero pero da igual, nunca falla. Durante varias décadas tuvimos el Torneo de Navidad, desde hace años tenemos los emblemáticos partidos NBA del día de Navidad y ahora también la ACB nos trae puntualmente el Clásico por Navidad. Ha de ser cosa de magia, sin duda.

Como mágico fue el hecho de que en dicho partido navideño distinguiéramos con nitidez no sólo a los jugadores (que hasta ahí llegamos, más o menos) sino incluso a los espectadores que poblaban las primeras filas. Sí, no me pongan esa cara de asombro, nos pasamos el año entero viendo partidos en TVE1, así en los tiempos de la tarde como en los (más recientes) de la mañana, así se trate de Barça-Baskonia, Madrid-Unicaja, Bilbao-Valencia, los que ustedes quieran, los vemos con mucho grano como los hemos visto toda la vida de dios pero de vez en cuando nos pica la curiosidad, mira tú que si lo estuvieran dando en alta definición, así que con la ingenuidad que nos caracteriza pulsamos el mando a distancia y nos asomamos a esa extraña cosa que todavía llaman TVE-HD Emisión en Pruebas (soy consciente de que nunca llegaré a conocerles otra emisión que no sea en pruebas, de hecho es más que probable que los nietos de mis nietos tampoco lleguen jamás a conocerla), total para comprobar que efectivamente están poniendo Cuéntame como pasó, Águila Roja o Los Misterios de Laura, no falla, siempre es una de estas tres series o algún documental ignoto, cualquier cosa menos la ACB… salvo que se trate del Barça-Madrid, oh prodigio, oh maravilla, entonces sí, faltaría más, lo que haga falta, por supuesto en HD y porque no tenemos 3D que si no también se lo daríamos y hasta les regalaríamos las gafas para la ocasión. Será por magia.

Y por si todo lo anterior no les hubiera parecido suficiente quédense al menos con lo que sucedió este pasado domingo. Antes de nada les pondré en antecedentes, dado que si no viven en esta Comunidad no tienen por qué saber que su televisión pública, por otro nombre Telemadrid, emprendió hace meses una especie de plan de ajuste o plan de reestructuración o plan de preexternalización o plan de nosequeleches, con consecuencias más o menos graves según los casos: entre las más graves estaría el hecho de que tres cuartas partes de sus trabajadores fueran puestos en la calle (ERE lo llaman, precioso eufemismo), entre las menos graves estaría el hecho de que decidieran desprenderse de todos sus derechos deportivos para ahorrar costes. Y la ACB fue la primera en caer, faltaría más, en tiempos de economía de guerra pocas cosas hay más prescindibles que el baloncesto, hasta ahí podíamos llegar, de tal manera que a los ciudadanos de esta Comunidad, que hasta hace apenas unos meses aún podíamos ver tres o cuatro partidos a la semana con sólo encender el televisor (el cuarto por satélite a través de Andalucía TV, otra que tal), hoy ya sólo nos queda el partido de TVE1 y/o Teledeporte, para todo lo demás nos hemos de encomendar a Orange Arena que es como jugárnosla a la lotería, a ver si esa semana por un casual le tocara funcionar. Y una vez puestos en antecedentes retomo nuevamente el hilo original…

Porque sabrán que este pasado domingo hubo Madrid-Barça, otra vez las dos palabras juntas, probablemente la ACB habría preferido que fuera también en navidades como el primero pero será que sus poderes no dan para tanto, que una cosa es la magia y otra ya el abuso. Pero no teman porque una vez más el clásico en cuestión vino acompañado por algo absolutamente prodigioso, incomparable, irrepetible (al menos hasta que se vuelva a repetir) como es el hecho de que fuera emitido por Telemadrid. Sí, han leído bien, Telemadrid, esa misma Telemadrid que se sacó de encima el baloncesto a la par que se sacaba de encima a la inmensa mayoría de su plantilla, esa misma que al parecer aún existe (este mismo domingo pudimos comprobarlo) aunque para muchos madrileños (entre los que me incluyo) ya es como si no existiera, esa misma perdió el culo por decirle a la ACB que ellos también querían dar el Madrid-Barça (o acaso fuera la ACB la que perdió el culo porque lo dieran para aminorar así el impacto de que no se viera en TVE, lo mismo me da que me da lo mismo). No me consta que lo perdieran hace una semana para dar por ejemplo el Fuenla-Estu, hasta ahí podíamos llegar, esos son equipos de pobres, no tienen ni encanto ni magia ni lo hay que tener; como tampoco me consta que lo perdieran (seamos justos) por cualquiera de los múltiples partidos del Madrid ofrecidos por las Autonómicas en estos últimos meses. No, fue una vez más el efecto de unir las dos palabras mágicas, junte usted Madrid y Barça y de repente como por ensalmo (signifique lo que signifique ensalmo) la televisión pública madrileña recuperará el poder de ofrecer baloncesto, de repente será como si nunca lo hubiera perdido, como si aún tuviera medios técnicos y humanos para producirlo y no tuviera que llamar pidiendo socorro a TV3, como si aún estuviera allí Antonio Martín para ejercer de presunto analista (¿para esto sí hay dinero?), lo de Felipe Galán en la narración y Antonio Vaquerizo a piedepista ya lo tenían más difícil porque sospecho que debieron estar entre los defenestrados por el ERE, tantos años contándonos (mejor o peor) nuestro deporte para al final acabar así, mandagüevos; así que de la narración se encargó un tal Alfonso, no es que yo le conozca sino que sospecho que se llamará así porque en una ocasión Antonio Martín se dirigió a él por ese nombre, parece una razón de peso, buena gana de llamarle Alfonso si se llamara por ejemplo Eduardo, pero vamos que tampoco es que esté yo muy seguro, que en tratándose de un Madrid-Barça cualquier hecho asombroso me parece perfectamente plausible, hasta que se tratara de un narrador virtual surgido de la nada como por arte de magia y creado ex profeso para la ocasión. Cualquier cosa.

Pensarán que ya lo han visto todo pero créanme que no, que aún nos quedarán por ver cosas todavía más asombrosas si cabe. En apenas unos días Barça y Madrid, Madrid y Barça tanto monta monta tanto, se darán cita en la Final Four de la Euroliga, evento supremo del baloncesto europeo que en estos pasados años apenas mereció una atención tangencial así la jugara el Barça o incluso en cierta ocasión el Madrid, pero que este año no es ya que la juegue el uno o el otro sino los dos, cara a cara, frente a frente, viernes 10 a las nueve de la noche en el O2 Arena de Londres, hecho más que suficiente para que los medios se vuelquen, para que la prensa deportiva enloquezca y hasta se olvide del fútbol por un par de horas (no más, tampoco hay que pasarse), para que las radios emitan carruseles a tal efecto y hasta la misma tele que tanto y tan a menudo pasa de nuestro deporte monte un despliegue crepuscular para la ocasión y se entregue en cuerpo y alma a su cobertura como si no hubiera un mañana… Es así, asumámoslo, si Madrid y Barça montaran equipo de petanca o de colombofilia estas especialidades deportivas tendrían más o menos la misma cobertura mediática que tienen hoy (cero) pero eso sí, el día que se enfrentaran, ¡¡¡ay el día que se enfrentaran!!! (¿habrá enfrentamientos directos en colombofilia? Es más, ¿habrá liga nacional de colombofilia incluso?), ese día se desataría la rivalidad, se acapararía la atención mediática, no se hablaría ya en nuestra piel de toro de otra cosa que no fuera la petanca o la colombofilia, a elegir. Nada une más y al mismo tiempo nada divide más a los ciudadanos de este país que un Madrid-Barça, nada provoca tanta atracción y al mismo tiempo nada genera tanto rechazo, hasta el punto de que ambas, atracción y rechazo, pueden llegar a manifestarse incluso en las mismas personas y a la misma vez… Ni que decir tiene que esa extraña cualidad, provocar al mismo tiempo un efecto y el contrario, también ha de ser necesariamente cosa de magia. Como para no creer en ella, a estas alturas.

Publicado abril 29, 2013 por zaid en ACB

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doble moral   2 comments

Lo siento en el alma pero no soporto la doble moral, ni en el baloncesto ni en el fútbol ni en la vida. Sé que debería estar acostumbrado viviendo en el país que vivo pero qué quieren, soy así, ya no voy a cambiar a estas alturas. No voy a cambiar yo como tampoco va a cambiar Rudy (salvando todas las distancias), Rudy es como es, a mí también me gustaría que fuera de otra manera pero es así, o lo tomas o lo dejas. El problema empieza cuando unas veces lo tomas y otras lo dejas dependiendo de qué camiseta vista o deje de vestir. Aquellos que durante años le cantaron que se fuera al teatro hoy le ríen todas las gracias, del mismo modo que aquellos que durante años le rieron las gracias hoy ya no le pasan ni una, sencillamente por estar donde está. No es algo nuevo, ya lo sé, donde hoy decimos Rudy hace un cuarto de siglo pudimos decir Drazen (salvando otra vez las distancias), acaso el más genuino ejemplo que pueda encontrarse de jugador odiado o amado según fuera de los nuestros o del enemigo, según dejara de ser de los unos para ser de los otros o viceversa. Tampoco hace falta ir tan atrás, en nuestros días podemos también encontrar unos cuantos ejemplos con sólo mirar a la liga de fútbol sin ir más lejos. Somos así, la ética no suele ser nuestro fuerte, la bondad o maldad no es una característica intrínseca del ser humano sino que depende exclusivamente del bando en que se esté, si estás entre los míos serás un santo varón pero si estás en los de enfrente serás un cabrón, somos así de simples, sin término medio. O será lo que dicen que dijo aquél, que vemos la paja en el ojo ajeno pero nos cuesta ver la viga en el propio. La vida es del color del cristal con que la miramos, por eso no estaría de más que de vez en cuando (aún por muy miopes que seamos) fuéramos capaces de quitarnos el cristal.

Y por eso deberíamos de tener también mucho cuidado en no justificar según qué cosas.  Anoche las redes sociales echaban humo, enfrentamientos más o menos abiertos entre aquellos que condenaban (a veces de manera desmedida) lo sucedido y aquellos que aseguraban comprenderlo y hasta defenderlo con el socorrido argumento de que al fin y al cabo él se lo ha buscado. Quien siembra vientos recoge tempestades, como si dijéramos (sólo que dicho menos elegantemente). Cuidado con eso. Se empieza justificando una agresión en base a la personalidad del agredido y se acaba pudiendo justificar cualquier cosa, cualquiera. La historia está llena de frases hechas pretendiendo explicar lo inexplicable, y luego dicen que les pegan, algo habrá hecho, si es que vais provocando, barbaridades así. El linchamiento será una forma muy moderna y muy evolucionada de justicia, no les digo yo que no, pero algunos preferimos métodos más tradicionales basados en la legalidad, somos así de antiguos. ¿Cómo era aquello de condenar la violencia venga de donde venga? No hagamos apología de la impunidad, por favor.

Pero tampoco nos volvamos locos por lo sucedido. Rudy la cagó en la ida, la cagó y se disculpó (no sé si por propia iniciativa o inducido por su club, no me consta) y hasta se amigó con Jankunas antes de empezar la vuelta, todo lo cual no le sirvió para evitar el broncazo. Que dicho sea de paso tampoco me pareció que fuera para tanto, durante el partido me refiero. Hoy nos lo pueden presentar como un infierno si así les conviene para sus intereses, pero ustedes y yo sabemos que por mucho que abuchearan a Rudy cualquier parecido con Grecia o la antigua Yugoslavia es pura coincidencia. Sí, probablemente se podrían haber ahorrado esos vídeos y esas pancartas y todo ese material presuntamente difamatorio del que sólo nos enteramos porque luego pasó lo que pasó (que si no ni nos lo habrían contado) pero no caigamos por ello en la tentación de echarle la culpa al mensajero, háganme el favor. El culpable de un delito suele ser el que lo comete, aquello de es que son los demás los que me hacen ser así queda muy socorrido pero no cuela. En el Zalgirio Arena se reunieron quincemil almas que animaron a su equipo, creyeron verle ganar, finalmente le vieron perder y luego ya se fueron cariacontecidos cada uno a su casa a cenar y a dormir que hoy les tocaba madrugar para volver a sus ocupaciones cotidianas. No condenemos a todo un pueblo ni a toda una (en líneas generales, maravillosa) afición por culpa de un par de gilipollas, que indeseables hay en todas partes y nosotros por desgracia no solemos ser una excepción. Ya les comenté una vez que aquella frase de Valdano referida a Uruguay, un país que en sus fronteras en vez de aduanas debería tener porterías, podría aplicarse también perfectamente a Lituania sólo que cambiando las porterías por canastas, obviamente. No dejemos que unos pocos descerebrados nos lo estropeen.

Doble moral también por mi parte, no se lo voy a negar, que una cosa es que no la soporte y otra que no pueda caer también en ella en cuanto me descuido. Yo ahora debería escribir (y de hecho voy a hacerlo) el típico párrafo quejándome de esos medios de comunicación nuestros que sólo parecen acordarse de nuestro deporte cuando hay bronca en nuestro deporte. Ayer Zalgiris Kaunas y Real Madrid jugaron un inolvidable partidazo que en condiciones normales no habría recibido ni una sola mención en nuestros telediarios patrios, vamos que ni para decir el resultado siquiera. Pero pasó lo que pasó y eso de inmediato lo convierte en noticia, alguien nos lo reprochaba anoche en twitter a todos aquellos que nos quejábamos, que se juegue un partidazo NO es noticia, que agredan a alguien SÍ es noticia, pues entonces de qué quiere usted que hablemos, hombre de dios. Los del baloncesto por desgracia ya estamos en esa fase, en fútbol puede pararse el mundo por el mero hecho de que Cristiano Ronaldo se cambie la raya del pelo de la derecha a la izquierda pero a los del baloncesto para aparecer en según qué medios sólo nos vale una bronca crepuscular, una agresión impune, una guerra de bengalas o un sillazo en la cabeza, todo lo demás es pura rutina y a nadie le importa, al parecer. Pues vale, pues habrá de ser así, que hablen de nosotros aunque sea mal o aún peor, que hablen de nosotros aunque sea bien, tendrá que ser así, no digo que no, pero a mí me parece muy triste. Y aquí me tienen pontificando al respecto, sí, pero también haciendo examen de conciencia, de ahí lo que les decía de mi doble moral: el partido de ayer fue un partidazo, lo disfruté como un enano (¿por qué se dirá esto?) pero de no haber sucedido luego lo que sucedió probablemente no habría encontrado hoy las ganas ni la motivación para sentarme a escribir este post. O dicho de otra manera, al final estoy cayendo en lo mismo que critico, dejando el baloncesto de lado y hablándoles de todo lo malo que sucede a su alrededor. O como dicen que dijo aquél, que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. No seré yo.

la Copa en 16 sorbos   1 comment

1. Cada derrota del Madrid hace aflorar el Frente Anti-Laso (en adelante FAL). Permanecen los miembros del FAL ocultos en sus madrigueras días y días, pueden permanecer así hasta semanas y semanas, meses y meses escudriñando el horizonte, esperando pacientemente hasta que las circunstancias les sean propicias, hasta que llega el día en que comete un mínimo descuido y entonces, zas, dentellada certera a la yugular. Vale, puede que el símil me haya quedado un poco exagerado pero así es como yo lo veo, fue perder el Madrid contra el Barça (que el Madrid en su ámbito doméstico sólo pierde contra el Barça, precisamente contra el Barça, también es casualidad) y emerger de nuevo todos aquellos que salieron en manifestación tras su nombramiento, probablemente esos mismos que hace unos meses preferían que el Madrid perdiera la Liga con tal de que Laso no siguiera, les salió el tiro por la culata porque la perdió y aún así siguió, algunos todavía no se habrán recuperado de la impresión. Va el Madrid líder en Liga y Euroliga pero tanto da, podría incluso ganar ambas competiciones que tanto daría, lo que pierda será culpa de él, lo que gane será a pesar de él. Definitivamente el madridismo (algún madridismo) tiene razones que mi razón no entiende. Ni falta que me hace, por supuesto.

2. Hace muchísimos años, un presidente de gobierno de este país dijo que el único miedo que no nos podemos permitir es el miedo al miedo mismo. Lo dijo y se quedó tan ancho, probablemente ni él mismo sabia qué quería decir pero vio que quedaba bien y lo soltó, ahí va eso. Y sin embargo el otro día me acordé yo de esa fase viendo jugar a Llull y sobre todo recordando aquellas declaraciones suyas de ese mismo día en El País, ésas en las que afirmaba no conocer el miedo, tal cual. Qué duda cabe, está muy bien no tener miedo, el miedo es un sentimiento paralizante que está contraindicado en cualquier actividad humana, no digamos ya en la faceta deportiva. Pero puede que aún peor que el miedo sea el miedo a tener miedo, que por huir del miedo acabemos convirtiendo el atrevimiento (positivo) en temeridad. Llull hizo buenas sus palabras contra el Barça, su apedreamiento del aro rival en los minutos postreros (contraindicado con las necesidades de su equipo) demostró con creces que efectivamente no tenía ningún miedo. Pero un poco de prudencia quizá no le habría venido del todo mal.

3. Yo soy más chachista que llullista, aquellos que lleven años leyéndome ya me lo habrán notado (demasiadas veces, incluso). O acaso sea yo de un llullismo muy particular ya que Llull me gusta como jugador pero no como director de juego, ya saben, debate interminable entre los que le consideran un base y los que no, yo entre ellos. Mi llullismo está condicionado, mi chachismo en cambio es incondicional… lo cual no me impide apreciar sus defectos: ha mejorado en defensa pero aún le cuesta pasar los bloqueos, tanto más si éstos te los pone una especie de globo aerostático de dos por tres con el que mejor harías en saltarlo o incluso en pasar por debajo de sus piernas porque rodeándolo no vas a llegar a tiempo, ni de coña. Sergio Rodríguez puede ser un problema puntual en defensa pero a cambio te ofrece infinidad de variantes en ataque, desde luego muchas más de las que te proporciona Llull Sin Miedo (que básicamente se reducen a dos, la opción bombardeo sin piedad y la opción venda en los ojos, también llamada a mí el pelotón que los arrollo). Por una vez (y esperemos que no sirva de precedente) Laso priorizó los defectos defensivos del Chacho sobre sus virtudes ofensivas, le mantuvo sentado un largo rato en los minutos decisivos mientras dio barra libre a Llull, con los resultados que todos conocemos. Puede que a estas horas aún esté arrepintiéndose de ello.

4. En el cercanías camino del trabajo, en los corrillos de pasillo, en el bar del desayuno no se hablaba de otra cosa. Sí, créanselo, ni fútbol ni leches, por una vez el baloncesto de clubes era el tema del día en aquella mañana de viernes (en lo deportivo, que en lo no-deportivo hay demasiadas historias estos días contra las que no podemos competir), lo cual me llenó de moderada satisfacción. Sí, moderada porque no me llamo a engaño, porque demasiado bien sé que si el partidazo televisado con dos prórrogas no hubiera sido el Madrid-Barça sino el Valencia-Estu (utopía irrealizable, me temo) no se habría acordado de él ni la madre que le parió, más allá de sus respectivas aficiones. Asumámoslo, en este país de fútbol y de Madrid-Barça nuestro deporte sólo existe cuando es capaz de reproducir en su seno el modelo futbolístico imperante. Resignémonos, consolémonos pensando en lo que podría haber sido aquello si la ACB y/o TVE se hubieran atrevido a llevarlo al prime time, o si en vez de jueves hubiera sido miércoles…

5. ¿Y por qué no era miércoles? No, no se conformen con la respuesta obvia (¡pues porque era jueves!), vayan un poco más allá. Los jueves está el Cuéntame, está El Barco, está hasta José Mota, en cambio los miércoles no diré que no haya nada porque algo habrá pero ni comparación, de hecho este miércoles por no haber no había ni fútbol, sólo la selección y a esas horas ya había acabado más que de sobra… ¿No habría merecido la pena intentarlo? ¿No habría sido un puntazo ese Madrid-Barça eliminatorio en la noche del miércoles, a las 22:00 pongamos por caso? ¿No merecería la pena (independientemente de todo lo anterior) que los cuartos de final en vez de ser jueves-viernes fueran miércoles-jueves, dejando así además un día de descanso reparador a los equipos que van por el lado débil del cuadro? Sí, ya lo sé, un día más de hotel, más gastos… pero creo que los beneficios compensarían los perjuicios más que de sobra. Piénsenlo.

6. Total que el Barça-Madrid valió por partido y medio y luego ya para compensar el Baskonia-CAI se nos quedó en medio partido, el que se jugó hasta el descanso. 1,5 + 0,5 = 2, es decir, hasta ese momento llevábamos la cosa más o menos equilibrada. Pero resultó luego que de dos cuartos de final previstos para el viernes sólo tuvimos uno, resultó el sábado que de dos semifinales previstas sólo hubo una (o ni eso siquiera, más bien tres cuartos), resultó el domingo que la Final se nos quedó apenas en media final… Me las prometía yo muy felices el jueves a las nueve y pico de la noche, pensaba entonces que mis temores eran infundados pero apenas tardé un rato en darme de bruces contra la cruda realidad. Lo dicho, esto ya no es lo que era… o acaso sea yo el que ya no soy lo que fui. Eso va a ser.

7. Acaso pensaran que no podían ganar la Copa estando de prestado en la ACB, que el mero hecho de intentarlo sería ya un atrevimiento viniendo de LEB, un poco como aquella selección de Dinamarca que osó ganar una vez la Eurocopa de fútbol sin haberse clasificado siquiera para jugarla. Acaso llegaran ya acomplejados a Vitoria y lo de English no hizo más que darles la puntilla o tal vez no, tal vez llegaran con buen ánimo y fue el entripao de su referente el que hizo que se les cayera el alma a los pies. Y una vez en los pies ya no la recogieron, claro, total para qué. Estudiantes no compareció en el Buesa o más bien lo hizo en cuerpo pero no en alma, el alma se quedó en el hotel a la vera de English para hacerle compañía en el lecho del dolor (o en la taza del váter, no sé). Tanto largar yo aquí de equipos que entienden la Copa como un fin y no como un medio, que se conforman con llegar y no intentan ir más allá… y al final he tenido que escribirlo hasta de quien jamás pensé que tendría que escribirlo, quién me lo iba a decir.

8. Una vez acabada la jornada del viernes alguien escribió en Twitter que no le sorprendía en absoluto la victoria del Granca sobre el Bilbao Basket porque que gane el que mejor juega es lo normal. Ojalá fuera todo tan fácil. Probablemente el Granca hiciera el mejor baloncesto de la Copa (que es tanto como decir de toda la ACB), del mismo modo que el Granca probablemente fuera la plantilla menos fuerte de las ocho que compitieron (o así) en Vitoria. Gracias a lo primero pasó una ronda y está tercero en liga, por desgracia lo segundo no le permitió ni le permitirá ir mucho más allá. Hoy no faltan iluminados que proclaman que el Granca se conformó con ganar al fin un partido y que se borró para la semifinal. Permítanme que discrepe totalmente: el Granca es lo que es y tiene lo que tiene; gracias a ser lo que es llegó hasta donde llegó, gracias a tener lo que tiene (o más bien a no tener lo que no tiene) difícilmente podrá aspirar a mucho más. Demasiado hizo.

9. Lo normal de cualquier competición deportiva sería una dinámica similar a la que rige para cualquier composición narrativa, ya saben, aquello de planteamiento-nudo-desenlace: un crescendo de emociones empezando por unos buenos cuartos de final que fueran preparando la atmósfera para unas magníficas semifinales que a su vez sembraran el caldo de cultivo para acabar desembocando en una extraordinaria final, algo así. ¿Se imaginan una novela o una película en la que el clímax se alcanzara ya en su primera escena y luego el resto de la trama fuera languideciendo sin remedio hasta el final? La ACB, también en eso, es el mundo al revés. No les echo la culpa porque no creo que haya culpables, esto está montado así y no hay que darle más vueltas. Pero es así.

10. Anda el madridismo (sector tangencial, es decir, esa inmensa mayoría futbolera que sólo ve a su equipo de baloncesto cuando juega contra el Barça) haciéndose cruces con Tomic estos días, ayer mismo sin ir más lejos me pedía uno una explicación, pero vamos a ver, pero cómo es posible, pero si era un pichafría, pero si… Pues vaya usted a saber, a lo mejor es el clima, que ese clima mediterráneo de Barcelona se parezca mucho más al de su Duvrovnik natal y eso le haga más feliz, nada que ver con estos fríos y estas sequedades que nos gastamos tierra adentro; o a lo mejor lo que le hace más feliz es estar en un equipo con muchos más sistemas orientados hacia los pívots, viniendo como viene de otro equipo mucho más pensado para el juego exterior… pero no, qué malpensados somos, cómo habría de ser eso. Será el clima, seguro.

11. No suelo llevarme bien en estos últimos tiempos con esas designaciones coperas de MVP hechas generalmente a matacaballo desde la improvisación: a falta de cinco minutos, mientras estás pendiente de un partido que acaso ni siquiera esté resuelto y del que tienes que hacer la crónica (eso cuando no lo estás contando en directo), te ponen un papelito para que votes deprisa y corriendo y claro, así pasa, que en lugar de pensar a quién votas y luego votar lo acabas haciendo al contrario, primero votas para salir del paso y después te lo piensas, véase Itu ayer sin ir más lejos. Pete Mickeal hizo una buena Copa pero no una gran Copa, se salió ante el Madrid (¿qué extraño mecanismo se activa en el cerebro de esta criatura cada vez que juega contra el Madrid?) y luego estuvo bien, sin más. Pero puestos a escoger (y aún con las evidentes limitaciones de un equipo tan coral) permítanme que yo me quede con Marcelinho. Desde que Pascual le ha aflojado las riendas (o desde que se ha soltado él, no sé) es otro jugador, y su equipo lo agradece y sus compañeros lo agradecen aún más si cabe. Es a quien yo habría votado pero claro, yo juego con ventaja, yo he podido pensarlo (tampoco mucho, que ya saben que no es mi fuerte) antes de escribir esto. Otros no tuvieron esa oportunidad.

12. En las horas previas a la Final, me asaltó una duda (sí, a veces me pasan estas cosas): ¿Qué equipo llegaría más fresco, el Barça tras dos partidos muy exigentes pero habiendo tenido un día de descanso, o el Valencia tras dos partidos muy cómodos pero no habiendo tenido descanso alguno? La Final dejó muy clara la respuesta, sin lugar a dudas: esa dinámica de jugar el viernes a las 21:30, luego el sábado a las 21:30 y finalmente el domingo a las 19:00 es mortal de necesidad (aún por apacibles que fueran sus duelos previos), tanto más si tu plantilla es más corta (o menos larga) que la de tu rival. No, no puede llover a gusto de todos pero quizá sí se podría intentar canalizar esa lluvia de algún modo… para lo cual me remito nuevamente a lo expresado en el sorbo número 5.

13. ·Existe por ahí una corriente de opinión que considera que para mejorar el baloncesto y recuperar los tanteos de antaño la clave sería que los árbitros pitaran todo lo habido y por haber, que sancionaran cualquier contacto por mínimo que éste fuera, lo cual al parecer redundaría en que los defensores se lo pensaran mucho más a la hora de defender. A ver: no niego yo que una cosa así no pudiera funcionar a medio/largo plazo (aunque a corto plazo sería un coñazo) siempre y cuando ese criterio se aplicara en todas las ocasiones y no sólo cuando a los árbitros se les pusiera en la punta del pie: ayer, por ejemplo. Ayer hicieron eso tan típico de hoy para que no se nos escape el partido vamos a pitar todo lo que veamos, pero todo todo. Y dicho y hecho, y a ellos no se les escapó el partido, se nos escapó a nosotros. Sí, me dirán que pitar muchas faltas es otra buena manera de aumentar los tanteos porque así hay más tiros libres pero qué quieren que les diga (sé que alguno me linchará por lo que voy a escribir a continuación), prefiero un partido a sesenta puntos dejando jugar que uno a noventa puntos que se pare cada dos por tres. Baloncesto interruptus no, por favor.

14. Algunos opinadores nos intentaron vender ayer que el título copero del Barça, viniendo como venía de un séptimo puesto al final de la primera vuelta, era una sorpresa. Pues no. Sorpresa sería que la hubiera ganado el Valencia, que la hubiera ganado el Baskonia, no digamos ya que la hubiera ganado el Granca. Venga desde donde venga, un título del Barça nunca puede ser una sorpresa como nunca podría serlo el del Madrid aunque pasara como octavo. Reconozcámoslo, la crisis (e incluso la injusta distribución de derechos televisivos en según qué deportes, también) ha abierto mucho más la brecha entre estos dos y el resto: pueden flojear durante un tiempo puntual pero cuando llega la hora de jugarse los títulos a un lado están ellos (aún por mal que estén) y al otro el resto de la humanidad. Asumámoslo, es así.

15. O eso o que lo hicieran aposta, claro. No, no lo digo yo (que a mí jamás se me ocurriría siquiera insinuar chorrada semejante), lo dice hoy bien clarito en su columna uno de los periodistas deportivos más prestigiosos (¿?) de este país (y uno de mis demonios familiares, también), el ínclito Juan Mora: “El Barcelona es ahora campeón de Copa, mientras el Madrid se lame sus heridas. No encuentro mejor explicación para entender semejante metamorfosis, que para el Barcelona el valor de la Liga en su fase regular sea cero. Al final todo se reduce a quedar entre los ocho primeros. ¿Para qué, entonces, desperdiciar energías y esfuerzos en algo que no vale de nada? Ha sido el más listo“. Es decir, todo aquello de palmar estrepitosamente en casa ante Blancos de Rueda u Obradoiro, todo aquel hundimiento ante Estudiantes, todo aquello fue a propósito, qué sutil estrategia, qué supremo ejercicio de inteligencia. Acabáramos. El Madrid haciendo el panoli ganando partido tras partido y el Barça en cambio dosificando sabiamente sus derrotas, total a quién le importa ser primero o ser séptimo si habíamos quedado en que la fase regular no sirve para nada, ¿verdad, señor Mora? Claro que si según usted lo del Barça en ACB fue de listos, entonces aplicando ese mismo razonamiento habremos de convenir en que lo del Barça en Euroliga fue de tontos, a quién se le ocurre, ganar partido tras partido echando el resto en la primera fase, total para pasar luego en igualdad de condiciones al Top16. ¿O es que acaso la primera fase euroliguera tiene mucha mayor trascendencia a efectos clasificatorios que la temporada regular ACB? Me lo explique.

y 16. Y es que hay periodistas y periodistas. El viernes en plena Copa nos dejó para siempre uno de los buenos, uno que creó escuela escribiendo de baloncesto desde su Málaga, uno cuya web fue un referente incluso en aquellos tiempos en los que casi ninguna web acostumbraba aún a ser un referente. Paco Rengel nos dejó a esa edad en la que nadie debería aún dejarnos (una edad que me resulta extrañamente familiar) y lo hizo predicando con el ejemplo, haciendo aún periodismo hasta casi el final del final. Este deporte, incluso esta vida, ya difícilmente volverán a ser lo mismo sin la energía y el entusiasmo que tantas veces nos transmitió Paco Rengel. Descanse en paz.

la Copa es sueño   1 comment

Un buen amigo virtual de los lejanos tiempos de SEDENA me pidió una colaboración sobre la Copa para su blog (magnífico por cierto, se lo recomiendo encarecidamente) Jugant per la vida. Este fue el resultado, publicado allí el lunes 4 de febrero:

La Copa es (antes que nada, quizá por encima de todo) añoranza, es el recuerdo de tantas otras copas, tantos otros momentos que ya jamás se borrarán de nuestra memoria, al menos de la de aquellos que tenemos ya una edad, al menos mientras el señor Alzheimer lo permita: la Copa es aquel CAI de 1983 subvirtiendo por vez primera el orden establecido, aquel triple de Solozábal sobre la bocina en 1987, aquel Estu de Pinone, Winslow, Herreros u Orenga en su año de gracia de 1992, aquella accidentadísima edición sevillana de 1994, aquella prórroga imposible que TDK Manresa (es decir, Creus) le levantó al Barça en 1996, aquel Cáceres que se asustó de sí mismo y dilapidó 18 puntos de renta ante la Penya en 1997, aquella reivindicativa defensa de cuatro que se quiso inventar Julbe en 1998, aquella lección magistral de Bennett en 1999; la Copa es también Pau presentándose al mundo en 2001, es Rudy volando y siendo MVP pese a perder en 2004, es la exhibición asistidora de Prigioni en 2006, es el errequeerre show de Ricky & Rudy hipnotizándonos a todos en Vitoria 2008… La Copa, en cierto modo, es añoranza de cuando la Copa era la Copa.

La Copa es magia y es decepción también, a veces. No acostumbro a ponerme en plan abuelo Cebolleta, no suelo comprar jamás ese discurso de que cualquier tiempo pasado fue mejor (más bien suelo decir que cualquier tiempo pasado fue… anterior, punto) pero reconozco que en estos últimos tiempos no puedo evitar como una sensación de que la Copa ya no es lo que era, ustedes me perdonen. Como si aquel bazar de las sorpresas de otro tiempo se nos hubiera convertido en el reino de lo previsible, como si de un tiempo a esta parte ya nada se saliera del guión, ya sólo ganara quien tiene que ganar. Claro que si usted es de uno de esos equipos que siempre van de favoritos me dirá que dónde está lo malo, que cuál es el problema, que a ver por qué va a ser peor que se cumplan los pronósticos a que se rompan. Tendrá razón, no seré yo quien lo discuta pero qué quiere que le diga, la Copa construyó su leyenda a base de romper con lo establecido, partidos y más partidos a cara de perro basados en la típica filosofía yanqui del win or go home, un mundo entero en cuarenta minutos, nada que ver con la regularidad de una liga o de una serie de playoffs porque aquí sí que existía la posibilidad de que el pez chico se pudiera comer al grande, y de hecho muchas veces se lo comía. La Copa fue (me gustaría pensar que aún pudiera seguir siéndolo) como una suerte de democratización de nuestro deporte: por cuatro días cambiábamos el tanto tienes, tanto vales por el un hombre, un voto, que en este caso se traduciría en que cada equipo tenía aparentemente las mismas posibilidades de ganar. No era así, claro, no éramos todos iguales (tampoco aquí) ni jamás íbamos a serlo pero al menos nos hacíamos la ilusión; y ésta a veces incluso se correspondía con la realidad. Hoy ya no, hoy esa extraña suerte de justicia retributiva nos parece mucho más difícil: como si la crisis, también aquí, hubiera agrandado el abismo social.

La Copa es fe, y no me refiero a fe en sentido religioso (que esa no la trabajo) sino a fe en las posibilidades de uno mismo. ¿Recuerdan la teoría de los calzoncillos? Juanan Morales solía contar que en su etapa en la Penya tuvo un entrenador (nunca dijo quién… aunque tengo mis sospechas) que cuando iban a la Copa revisaba las maletas de todos y cada uno de sus jugadores para comprobar cuántos calzoncillos habían metido: si llevaban uno o a lo sumo dos significaba que estaban plenamente convencidos de su eliminación y pensaban volverse a las primeras de cambio (o que eran unos guarros, añado yo, si bien lo pongo entre paréntesis para no estropear el razonamiento); en cambio si llevaban cuatro o cinco quería decir que estaban absolutamente mentalizados para llegar hasta la final. Han pasado los años, obviamente a día de hoy no me imagino a ningún entrenador ACB (no, tampoco a Ivanovic cuando aún estaba) rebuscando ropa interior en el equipaje de sus jugadores, de hecho alguno hasta podría malinterpretarlo… pero si alguien lo hiciera no sé yo qué encontraría (metafóricamente hablando). O dicho de otra manera: acaso nos estemos instalando en el conformismo. La Copa, como los playoffs, nunca debería ser un fin sino un medio. Están los que se clasifican y lo entienden como un premio, ya está, ya hemos llegado, tenemos lo que queríamos así que ya nos podemos relajar, cada postemporada vemos a alguno de éstos; y están los que se clasifican y lo entienden como un primer paso para dejarse el alma por llegar aún más allá. Todas esas sorpresas históricas nacieron de equipos que decidieron no conformarse con lo que tenían. Todas estas no-sorpresas de los últimos tiempos acaso tengan más que ver con una actitud cada vez más arraigada en nuestra sociedad, esa cosa que llamamos resignación.

La Copa en cualquier caso es ilusión, la de aquellos aficionados que se dejan lo que no tienen por seguir a su equipo aunque les toque alojarse a cien kilómetros de su sede (que esa es otra), que confraternizan con los de enfrente y que aunque no pasen ronda se quedan hasta el domingo porque ésta es su fiesta y no van a permitir que una simple derrota se la eche a perder. La Copa es también la ilusión de todos aquellos que nos sentaremos ante el televisor como cada año esperando ver una Copa aunque demasiado bien sepamos que esta vez sólo nos van a dar media, la otra media quedará para paladares más exquisitos. Siempre hubo una Copa de primera y otra de segunda, una Copa estatal y otra autonómica pero al menos a los no-autonómicos aún les quedaba la opción de agarrarse al clavo ardiendo de Teledeporte, ahora ya ni eso, ahora los que no tienen Autonómica y los que sí la tenemos pero es como si no la tuviéramos (y no sólo a efectos baloncestísticos) tendremos que buscarnos la vida en Internet, tendremos que ponernos en manos de Orange Arena (que es como si te tienes que operar y te pones en manos de un fontanero, poco más o menos), rezar lo que sepamos (aunque no sepamos) para ver si existe aún alguna posibilidad por pequeña que sea de salvar el Baskonia-CAI, el Granca-Bilbao y la segunda semifinal. La Copa es ilusión, sin duda, pero este año es también frustración. Y eso que aún ni ha empezado siquiera.

La Copa es sueño, cómo no: el sueño del Madrid de plasmar en títulos su dominio, el sueño del Barça de enderezar (acaso salvar) su temporada, el sueño baskonista de ser (por fin) profeta en su tierra, el sueño del CAI de sobrevivir por el lado imposible del cuadro, el sueño taronja de que aquest any sí, el sueño estudiantil de ser los primeros en ganarla viniendo de LEB (permítaseme la automordacidad), el sueño bilbaíno de estrenar por fin su palmarés nacional, el sueño grancanario de pasar por fin de ronda, más de una a ser posible… Muchos, demasiados sueños que se juntan con los nuestros: recuperar la magia, volver a sorprendernos, sentir otra vez aquella fascinación que un día sentimos por esta competición; que llegue el día en que podamos recordar también con añoranza esta Copa de 2013 tantos años después. Sí, la Copa es sueño pero ya nos dijo Calderón (el de la Barca) que los sueños sueños son: en cuanto te descuidas te despiertas. Esperemos que aún tarde mucho en sonar el despertador.

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