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EL BAILE DE LOS BANQUILLOS   Leave a comment

guiancaa1516Un año más, las buenas gentes de Basket Americano vuelven a publicar su imprescindible Guía NCAA, acaso la mejor publicación de baloncesto universitario en castellano que encontrarse pueda en todo el mundo mundial, y en la que de nuevo me han hecho el honor de ofrecerme que les emborrone unas cuantas páginas. Y este año además por si no querían caldo fui y les di dos tazas, además de aquella que les ofrecí hace unos días les endosé también esta otra que les muestro a continuación. Que les sea leve…

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Cada verano (y finales de primavera, y comienzos de otoño), la expresión coaching carousel se adhiere como una lapa a nuestras sufridas mentes de NCAAdictos, una manera como otra cualquiera (una más) de mantenernos ocupados durante esos consabidos siete meses de ayuno y abstinencia. Cada offseason nos entretenemos (amén de con recruits, transfers, JuCos y demás fauna) con las renovaciones, ceses, fichajes, suspensiones, idas y venidas de los sujetos mejor pagados (tampoco es que haya mucha competencia a ese respecto), las verdaderas estrellas de todo este tinglado colegial.

Claro está que hay veranos y veranos. Hay años en que los cambios pasan casi desapercibidos, dos o tres que de tanto perder acaban cayendo por su propio peso, otras tres o cuatro universidades que decidan reinventarse y lo demás ya saben, el lógico arrastre y corrimiento de cargos que todo ello pueda acarrear. Y hay en cambio otros años absolutamente luminosos, años en que los cambios tampoco es que sean muchos (nunca van a serlo, dada la idiosincrasia de la competición) pero sí bastantes y además espectaculares, lo suficiente como para poner el mapa entero (y a alguna que otra conferencia, de paso) del revés. No hará falta que le diga que éste es uno de esos años, no hará falta que le recuerde los principales cambios porque a estas alturas los sabrá usted ya de sobra pero aún así le pido que tenga la bondad de acompañarme durante los siguientes párrafos para hacer un somero repaso a las novedades más destacadas (sólo las más destacadas, no tema, no huya despavorido), para así estar ya al cabo de la calle cuando el balón eche a rodar…

Shaka Smart quizá sea una de las mejores cosas que le han pasado al baloncesto colegial durante estos últimos años. shaka texasMás allá de aquel insólito periplo (de First Four a Final Four) en 2011, su extenuante defensa y agresivo ataque convirtieron a la modesta (o casi) VCU en uno de los equipos más apetecibles de ver a nivel nacional. Era cuestión de tiempo que empezaran a lloverle ofertas, las cuales fue despreciando olímpicamente hasta que por fin recibió una imposible de rechazar: Texas acababa de despedir (meses después de renovarle) a Rick Barnes, que por más y mejores mimbres que hubiera tenido durante estos últimos años había sido incapaz de hacer un cesto mínimamente consistente. Dicho y hecho. Shaka viajó de Richmond a Austin, firmó su contratazo, se convirtió en Longhorn de-toda-la-vida y se puso a la tarea, y el resultado de todos sus desvelos podremos empezar a apreciarlo ya en los próximos días. ¿Cómo encajarán ese tremendo havoc y ese dinámico juego de ataque, basado todo ello en jugadores tan móviles como versátiles e intercambiables, en una plantilla tan estructurada como ésta de Texas, con bases muy bases y pívots muy pívots? ¿Será éste por fin el gran año de Isaiah Taylor? ¿Veremos correr incluso a Cameron Ridley? ¿Será capaz Smart de cuestionar e incluso hacer que se tambalee la sempiterna hegemonía de Kansas en la Big12? No se pierdan el próximo episodio.

Ahora bien, tampoco se me vayan a preocupar por el futuro profesional de Rick Barnes, que al hombre ni le dio tiempo a apuntarse al paro siquiera, aún no había acabado de hacer cajas en Texas y ya estaba deshaciéndolas en Tennessee.barnes+from+ut+2 Curiosa la historia de estos Volunteers que han cambiado más de técnico que de camisa en estos últimos tiempos: con el histriónico (a la par que gran entrenador) Bruce Pearl fueron el hotel de los líos, con Cuonzo Martin creyeron ser felices hasta que éste les dio calabazas para marcharse a Berkeley, recurrieron a Tyndall como solución de compromiso pero cuando vieron que podían volver a ser el hotel de los líos (aunque en este caso no fueran suyos, que el susodicho ya los traía de serie) hicieron cruz y raya y se abalanzaron de bruces sobre Barnes que casualmente en ese mismo momento pasaba por allí. Barnes habrá conocido ya en su carrera todos los tonos de naranja, pasó del chillón de Clemson al arcilloso de Texas y pasa ahora al yema-de-huevo de Tennessee, esperemos que aquel prestigio tan bien ganado con sus Tigers y sus primeros Longhorns (cuando aún le salían bien los cestos) renazca ahora con los Volunteers, esperemos que aún estemos a tiempo de reencontrarnos con aquel gran entrenador que un día conocimos.

Éste de Tennessee es sólo uno de los múltiples cambios que podemos encontrar en una SEC a la que nos la han dado la vuelta como un calcetín. A ver, tampoco desparramemos, por supuesto que el Gabinete Calipari aún continuará en Kentucky como continuarán también los cuarenta minutos infernales de Anderson en Arkansas, los maravillosos histrionismos de Pearl en Auburn, los ojos inyectados en sangre de Martin en South Carolina, los silbidos a cuatro dedos de Stallings en Vanderbilt… Pero reconozcamos que cuatro cambios de entrenador es una cifra apreciable para una sola off-season y una sola conferencia. El más sonoro el de Florida, por supuesto. Billy Donovan llevaba años siendo carne de NBA, muchas veces estuvo a punto de dar el paso (de hecho una vez llegó a darlo, para arrepentirse inmediatamente después) pero ha sido este año cuando por fin ha pronunciado el sí quiero, de ahora en adelante tendrá ante sí la hercúlea tarea de domesticar a Westbrook para que sus portentosas facultades no resten (e incluso sumen, a ser posible) a la vera de Durant e Ibaka.michael-white-2 Para reemplazarle los Gators han recurrido a Michael White, entrenador aparentemente de perfil bajo (hasta en el nombre, Miguel Blanco como si dijéramos) pero que viene de hacer una magnífica labor en Louisiana Tech. White se enfrentará a un reto mayúsculo, el de hacer olvidar (o no añorar demasiado, al menos) al técnico que trajo dos títulos y otras tantas Final Four a Gainesville, el que logró que una universidad tradicionalmente footballística se convirtiera también en una potencia baloncestística a nivel nacional. Sólo esperemos que esa sombra de Donovan no sea demasiado alargada.

Mientras tanto en Starkville, Mississippi, decidieron que algo había que hacer. Mississippi State llevaba ya sin rascar bola desde los tiempos de Arnett Moultrie y Renardo Sidney (y tampoco es que rascaran mucha entonces), desde que Rodney Hood huyó despavorido a Duke. Así que puerta para Rick Ray (tres años después de dar puerta a Stansbury) y borrón y cuenta nueva otra vez para los Bulldogs.howland Claro que la cuenta nueva se llama Ben Howland, sujeto del que así de primeras habré de confesarles que no es precisamente santo de mi devoción. Howland impuso en su día un baloncesto obrero e industrial en Pittsburgh (muy en consonancia con la idiosincrasia de dicha ciudad), de pétrea defensa (hasta ahí todo perfecto) y pajizo ataque. Pittsburgh se me hacía bola (aún hoy con Dixon se me sigue haciendo) pero ganaba, por lo que Howland fue pronto llamado a metas mayores. Hizo el petate y se bajó con toda su metalurgia a la otra punta del país, a la soleada California, un lugar donde la mano de obra se estila bastante menos que el glamour. En la mítica UCLA así de primeras no le fue del todo mal. Pese a jugar con el freno de mano echado (lo que no dejaba de tener mérito, contando con tipos como Westbrook, Darren Collison o Kevin Love entre otros) consiguió alcanzar dos Final Four, para estrellarse sucesivamente en ambas contra la bicampeona Florida. Pero si a una propuesta basada casi exclusivamente en resultados le dejan de acompañar los resultados, el castillo de naipes acaba irremisiblemente por caer. Howland se fue al paro en 2013 y emerge ahora en 2015 para sacar del ostracismo a Mississippi State. Juega con dos ventajas: 1) que llega de la mano de uno de los freshman maravilla de este curso, Malik Newman; y 2) que con el listón tan bajo nadie le pedirá veleidades estéticas, con que lleguen los triunfos será más que suficiente. Veremos.

Tres cuartos de lo mismo en Alabama, cuya irregularidad (y algún puntual problema disciplinario, también) acabó costándole el cargo al bueno de Anthony Grant. Y para sustituirle no han buscado asistentes de relumbrón ni veteranos de prestigio ni técnicos de universidades menores, qué va, más bien han preferido rompernos por completo los esquemas:
Avery Johnson, aquel base sobrio y sacrificado que ganó un anillo con los Spurs, aquél a quien Montes rebautizó como Míster Bonobús porque siempre trazaba el mismo recorrido en su camino hacia el aro rival. Ejerció luego como entrenador en Mavs (donde le fue regular) y Nets (donde le fue mal), y luego nunca más se supo. Su averyexperiencia como técnico NCAA se reduce a cero, cero patatero, lo cual no tiene por qué ser malo ni bueno, es un mero hecho objetivo. Le van a pedir que reflote a esta Marea Carmesí, y no me negarán que así a priori la apuesta no puede ser más apasionante. Que además salga bien ya será otro cantar.

Claro que a todo hay quien gane: Si Avery no tiene experiencia en banquillos NCAA pero sí está curtido en banquillos NBA, el siguiente de quien vamos a hablar no tiene experiencia alguna como técnico ni en profesionales ni en universitarios ni en el patio de su casa siquiera (bueno, quizás ahí sí). Vamos, que no ha entrenado ni ejercido de asistente jamás en la vida, lo cual no evitará que la mera mención de su nombre nos haga ponernos metafóricamente (e incluso físicamente) en pie:mullin Chris Mullin, aquél que está ya por méritos propios en el Salón de la Fama (desde 2011), que ganó dos oros olímpicos y que sentó cátedra durante más de una década en Golden State y aún antes en su Universidad de St. John’s, justo la misma que se ha agarrado ahora a él como a un clavo ardiendo para intentar recuperar parte de su prestigio perdido. Un prestigio que desde la marcha del legendario Lou Carnesecca no hizo más que decaer, por más que durante esta última etapa de Steve Lavin pudiera parecer lo contrario: su postrera (a la par que insospechada y un tanto discutible) invitación al Baile no evitó que acabaran la temporada como un solar, un solar que tras el cese de Lavin se acrecentó aún más si cabe. Mullin llegó como revulsivo y se encontró un erial, (casi) nadie a quien entrenar, todo el trabajo aún por hacer… Nada que debiera preocuparle, que los banquillos aún está por ver cómo se le den pero los despachos se le dan como hongos (por qué se dirá esto), lleva en ellos desde que se retiró más o menos. Contrató de inmediato a dos asistentes con buena fama de reclutadores y se puso a la tarea mañana, tarde y noche, asumiendo que casi todo lo bueno (cinco y cuatro estrellas) estaba ya pillado, rastreando hasta debajo de las piedras. El resultado es un equipo con nueve (¡¡¡9!!!) jugadores nuevos, cinco de ellos freshmen, uno de ellos nuestro Yankuba Sima. Un montón de novatos sobre el parquet dirigidos por un novato en los banquillos, un proyecto al que habrá que conceder tiempo y paciencia… y sin embargo un proyecto tremendamente apetecible de ver, por todo lo que representa, por ser quien es quien lo representa. Ojalá les salga bien.

Y si lo de Mullin les agrada aunque les chirríe (o viceversa), lo que viene a continuación no les chirriará ni les agradará menos tampoco. Les presento (aunque tampoco debería necesitar ninguna presentación) o otra ex leyenda NBA, otro sujeto que fue varias veces all star. Señoras y señores, con todos ustedes Mark Price;MAIN_MarkPrice_UNCC_HeadCoach-afb70961 pinta de yerno ideal, dirección de juego impecable, muñeca de seda (de los mejores lanzadores de tiros libres que haya dado este juego en su historia), base indiscutible de aquellos elegantísimos Cavs de finales de los ochenta y primeros noventa que cuando dejaron de estrellarse contra los Pistons empezaron a estrellarse contra los Bulls; a su vera Craig Ehlo, Larry Nance (sénior, obviamente) y aquel maravilloso ex Tar Heel, Brad Daugherty. Todo lo cual estuvo muy bien, como no estuvo mal tampoco haberse ganado luego muy dignamente la vida como asistente en chiquicientos equipos NBA durante todos estos años, de hecho hasta hace apenas unos meses se la ganaba muy bien ganada en los jordanescos Hornets (ex Bobcats) de Charlotte. Así que cuando la Universidad de Charlotte dio por terminada la etapa Major (tiempos difíciles, con abundantes problemas de salud) y decidió ponerse a buscar un nuevo técnico tampoco tuvo que ir muy lejos, de hecho lo fue a encontrar a la vuelta de la esquina. Vale aquí lo dicho sobre la inexperiencia de Mullin, será éste también el primer trabajo de Mark Price como head coach (y su primer trabajo de cualquier clase en NCAA que yo sepa, ya que todas sus anteriores prácticas como asistente lo fueron en NBA); como vale igualmente aquí el mismo deseo que con Mullin: ojalá que le vaya bonito.

Y de Charlotte a Ames, Estado de Iowa, sede la Universidad de Iowa State. Un lugar donde Fred Hoiberg (otro yerno ideal, por cierto) lo tenía todo, lo era todo, una ciudad entera y casi medio estado rendido a sus pies. El Alcalde le llamaban, el Puto Amo le habríamos llamado aquí que somos más ordinarios. Pero es bien sabido que el hombre es un ser inquieto por naturaleza, siempre en trance de mejorar aunque sea a costa de asumir riesgos, de sacrificar su propia zona de confort. A la llamada de esa NBA en la que un día le conocimos no pudo decir que no, tanto menos si dicha llamada venía de un lugar tan apetecible como Chicago.prohm Para allá que se fue con su Pau y su Niko, con su Butler, su Rose y su Noah, a intentar devolver un poco (o un mucho) de alegría a aquellos Bulls tristones que legó Tibodó. Y dejando de paso a sus Cyclones de toda la vida con un palmo de narices… o no del todo: otearon el horizonte, vieron lo que había en el mercado y se fueron de cabeza a por Steve Prohm, técnico que ha hecho una extraordinaria labor durante estos últimos años al frente de Murray State (contar a sus órdenes con bases como Isaiah Canaan y Cameron Payne también ayudó, claro) y que representa además una clara apuesta por la continuidad en su estilo de juego. Con él los Cyclones seguirán haciendo honor a su nombre (aún más si cabe) en ésta 2015/2016, con él volverán a ser legítimos aspirantes (como Oklahoma, como la antes mencionada Texas) a desbancar del trono a Kansas. Palabras mayores.

Y si hablamos de equipos divertidos cómo no mencionar a los Sun Devils de Arizona State, equipo sumamente apetecible de ver sobre todo en su casa gracias a ese teatrillo que montan para distraer al rival en los tiros libres, y que no tiene parangón (que yo sepa) en toda la NCAA. Claro que en lo tocante a baloncesto no pareció haber tanta diversión es estos últimos años, menos quizá de la que esperaban con todo su Jahii Carson y su McKisssic y su Bachynsky y demás familia. ¿Solución? Pues la de siempre, Sendek a la calle y a buscar alguien que devuelva la ilusión, alguien cuyo mero nombre evoque resonancias pretéritas y legendarias…Hurley Bobby Hurley fue el base del mejor equipo de Duke que vieron los siglos (y miren que hay donde escoger), aquel con Grant Hill y Christian Laettner que se proclamó campeón consecutivamente en 1991 y 1992. Más allá le esperaba el profesionalismo, la fama y el dinero, todo lo cual se habría cumplido a rajatabla si aquel terrible accidente no le hubiera destrozado la carrera, de hecho a punto estuvo de destrozarle bastante más que eso [Lean al respecto (si no lo hicieron ya) el magnífico artículo que escribió Iker García en la Guía del pasado año, La Zanja]. Intentó volver al baloncesto pero el baloncesto no logró volver a él, se retiró oficialmente cinco años más tarde y casi desapareció de nuestras vidas, casi nos olvidamos de él. Un día no lejano reapareció como técnico asistente a la vera de su hermano menor, otro día aún menos lejano ascendió a head coach y se marchó a la humilde Buffalo… Y el resto ya se lo saben: brillante título de la compleja Mid-American Conference, viaje al Baile, reputación que sube como la espuma, media América (ligera exageración) le quiere, Arizona State se abalanza sobre él antes de que se lo quiten. No lo va a tener fácil, tanto menos en esta Pac12 que volverá a ser una de las más disputadas conferencias de la nación. Pero es que nadie dijo que fuera fácil. Y no me negarán que merece la pena intentarlo.

musselmanY antes de acabar no me resisto a sacar todavía a colación otro par de nombres: de un lado el Hombre-Mejillón, Eric Musselman, un obseso de esto, un sujeto del que dicen que hace honor a su apellido porque es capaz de pasarse las 24 horas del día (y porque no hay más) encerrado en su caparazón sin pensar en otra cosa que no sea baloncesto. Entrenó a Kings y Warriors, fue asistente en Arizona State (sí, con Sendek) y LSU y llega ahora a Reno para intentar reflotar a la Universidad de Nevada, en el que (creo que) es su primer trabajo como técnico-jefe NCAA. Que sea para bien. Y del Mejillón al Lechón (dichos sean ambos con todo el respeto y el cariño, faltaría más), Dave Leitao, lo de Lechón no es mote sino apellido traducido literalmente del portugués (de baloncesto no les aportaré nada, pero al menos me aprenden idiomas). Leitao (de antepasados caboverdianos, por si se lo estuvieran preguntando) hizo un magnífico trabajo en De Paul durante los primeros años del presente siglo, suficiente para que nada menos que Virginia pusiera sus ojosleitao en él. Pero en los Cavaliers fue de más a menos hasta acabar casi en nada, tanto que finalmente optaron por cargárselo e irse de cabeza a por Tony Bennett, sabia decisión donde las haya.
Y de Leitao nunca más se supo… hasta ahora, que vuelve precisamente a De Paul. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero también dicen que no hay regla sin excepción. Y tiene dos ventajas, que conoce la casa y que el listón aquí ya no es que esté bajo sino que está literalmente por los suelos, a poco bien que lo haga mejorará con creces la desastrosa herencia de Purnell. Ojalá sea así, ojalá a medio/largo plazo volvamos a ver competir de verdad a esta histórica Universidad.

Y hasta aquí, que por esta vez ya les he entretenido (o aburrido) lo suficiente, que queda mucha Guía y mucha Liga por delante. Disfrútenlas, háganme el favor.

esperando a Kabongo   Leave a comment

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 31 de diciembre de 2012)

Hoy toca hablar de longhorns. Longhorns, ya saben, esos encantadores animalitos que pastan en las verdes praderas del Estado de Texas (alguna habrá, porque si no a ver de qué iban a comer estas pobres criaturas) y que tienen un par de cualidades que les diferencian del  resto de vacas y toros del mundo mundial, a saber: una cornamenta extremadamente larga como su propio nombre indica, y un peculiar color marrón rojizo. Pero ya adivinarán que no es de estos longhorns de quienes quiero yo hablarles (si bien espero que aprecien en su justa medida el esfuerzo divulgativo) sino de aquellos otros que juegan en la Universidad de Texas y que heredaron de los longhorns originales no sólo el apodo sino también la cornamenta (sólo en el logo, no vayan a pensar) e incluso el color, ese inconfundible tono arcilloso que no encontrarán en ningún otro uniforme de equipo deportivo alguno (que yo conozca, al menos) sobre la faz de la Tierra. Hablemos de Longhorns, pues.

Allá por la temporada 2010/2011 los Longhorns, los de la Universidad de Texas, presentaban un roster que daba gloria verlo: Jordan Hamilton, los canadienses Cory Joseph y Tristan Thompson, el fornido pívot (o así) Gary Johnson, el también interior Wangmene y además J’Covan Brown, el turco Dogus Balbay y hasta Jai Lucas (sí, de los Lucas de toda la vida…) Un magnífico equipo con legítimas aspiraciones de ganarlo todo pero que a la larga hizo una temporada manifiestamente irregular que acabó de forma abrupta en tercera ronda del Torneo Final ante Arizona. Y a partir de ahí, el caos: de Texas se fueron todos aquellos a quienes tocaba irse y se fueron también todos aquellos a quienes apeteció irse, que fueron muchos más de los que en Austin habrían deseado. De hecho de la lista anterior sólo volvieron J’Covan Brown (reconvertido de la noche a la mañana en principal estrella del equipo) y el camerunés Wangmene, del resto nunca más se supo. Claro está, no hay mal que por bien no venga debieron pensar en aquella casa, tenemos una camada de freshmen potencialmente magnífica así que no nos va a quedar otra que darles bola desde el principio a ver cómo responden. Y dicho y hecho…

Responder lo que se dice responder respondieron más bien poco, de hecho la temporada 2011/2012 fue (como era de esperar) sensiblemente peor que la anterior. Acabaron entrando en el Torneo Final por esas cosas que tiene a veces la NCAA pero lo hicieron con el número 11 de su Región, nada menos, condenados a caer a las primeras de cambio ante los Bearcats de Cincinnati. ¿Qué había pasado? Pues que en el fondo apenas había nada de sustancia, que aquellos freshmen con el tiempo podrían ser muy buenos pero todavía no eran tan buenos como para cargar con casi todo el peso del equipo sobre sus hombros. Aquellos freshmen, va siendo hora de que se los presente, se llamaban Sheldon McClellan, Julien Lewis, Jonathan Holmes y el más reputado de todos ellos, Myck Kabongo. Quédense con sus nombres porque estos novatos de ayer son los sophomores de hoy, los casi veteranos de un equipo en el que (ya sin J’Covan Brown) no hay prácticamente nadie de tercer o cuarto año medianamente consistente. El peso del equipo ya por fin descansando completamente sobre todos ellos… o no.

No del todo, o no sobre todos más bien. Kabongo parecía predestinado a convertirse en la estrella y sin embargo empezó la temporada y resultó que el susodicho no aparecía por ningún lado, resultó que había sido puesto en cuarentena por la NCAA mientras se le sometía a una exhaustiva investigación. Pero como usted es de natural curioso y estará preguntándose de qué se le acusa a esta pobre criatura, que nefando crimen podría haber cometido para que no se le permitiera jugar, pues intentaré explicárselo (ya otra cosa será que lo consiga): Allá por la pasada primavera Myck Kabongo flirteó con el draft, o (como dicen por allí) testeó las aguas del draft. Ya saben que un jugador puede apuntarse al draft y luego arrepentirse, es un proceso habitual que la NCAA consiente… siempre y cuando el jugador no contrate agente. Si tiene agente se entiende que ya se ha declarado profesional a todos los efectos y no se permite volver a la universidad de ningún modo. Y ahí está el lío, más o menos. Kabongo, de nacionalidad canadiense aunque su apellido parezca indicar otra cosa, aprovechó esos días para entrenar con sus paisanos y ex Longhorns Tristan Thompson y Cory Joseph, y supuestamente aprovechó también para dejarse querer por el agente de ambos (y de LeBron, y de tantos otros), Rich Paul. Finalmente Kabongo no vio claro lo del draft y prefirió volver a Texas para un segundo año, no consta que antes de eso hubiera firmado nada con el tal Paul pero a la NCAA (desconfiada por naturaleza) le olió a chamusquina, se puso a investigar y lo que vio no le gusto nada;  y cuentan que el oscurantismo del propio Kabongo, ocultando de entrada cosas que luego se supieron, tampoco es que le ayudara mucho precisamente. Total, que la investigación acabó hace unos días con una sentencia demoledora: Kabongo quedaba suspendido para toda la temporada 2012-2013. La Universidad de Texas recurrió al día siguiente y la NCAA a la vista de las alegaciones presentadas debió pensar que tal vez se le había ido un poco la mano, por lo que finalmente le rebajó la sanción a sólo 23 partidos. Si no hay nuevos giros en esta historia Kabongo se estrenará por fin el 13 de febrero en su feudo de Austin, ante los Cyclones de Iowa State.

O dicho de otra manera: a esta irregular Universidad de Texas aún le queda mes y medio de intentar sobrevivir capeando el temporal mientras espera el advenimiento de Kabongo cual si del mesías se tratara… lo que nos lleva a preguntarnos si realmente es tan bueno Kabongo, si no estarán depositando demasiadas esperanzas en él. A mí en las pocas veces que pude verle durante la pasada temporada Kabongo me pareció un base interesante pero poco más, un buen proyecto de director de juego aún a medio hacer. No es de esos jugadores que te quitan er sentío y que la primera vez que los ves ya te enamoran para toda la vida (o al menos a mí no, no sé si a otros, no sé si en otros partidos que yo no lo viera). Está bien, no me cabe la menor duda de que en ésta su segunda temporada habría estado aún mucho mejor… pero no sé si es como para tirar cohetes. O no tantos cohetes, al menos.

Con Kabongo o sin Kabongo son estos Longhorns un equipo de freshmen y sophomores casi en exclusiva, acaso una de las rotaciones más jóvenes de la actual NCAA, al menos entre las universidades de cierto nivel. De entre los sophomores McClellan pone clase a chorros, Julien Lewis pone muñeca (magnífico saliendo de bloqueos a cinco o seis metros del aro) y Holmes vendría a ser el chico para todo. Y el resto son novatos, de entre los que merece una especial mención el principal beneficiado por la ausencia de Kabongo, una especie de caja de cerillas (pequeño, cuadrado, explosivo) que responde al nombre de Javan Felix (allí lo pronuncian Felíx, con acento en la ix). Su físico peculiar le ayuda mucho en las penetraciones porque no excluye el contacto, es más, yo diría que incluso lo busca para que el defensor le sirva de punto de apoyo. Y su verdadera especialidad es el aro pasado, jugada que le encanta y a la que otorga una nueva dimensión porque lo suyo es aro pasado por partida doble: ataca la canasta por la derecha, deja la bandeja desde la izquierda y el balón tras golpear en el tablero vuelve a caer otra vez por la derecha. Quizá ya estén deduciendo a partir de estas sutiles insinuaciones que a la criatura aún le queda mucho por mejorar, pero no nos engañemos: es freshman, no estaba predestinado a jugar tantos minutos, si estuviera Kabongo apenas tendría cinco o diez por partido (y veremos qué pasa cuando vuelva), bastante está haciendo. Y mejora de día en día.

En el centro de la zona hay otro freshman (que completa el cinco titular con los tres sophomores y Felix), Cameron Ridley, un chico al que dan 6,9 (como 2,05) medidos con muchísima generosidad y que tiene toda la pinta de que en cuanto se descuide un poco se nos puede pasar de peso. Magnífica actitud y movimientos muy aceptables, es el típico que con trabajo y paciencia puede llegar a ser un pívot más que decente. El día que ganaron a North Carolina pudo sobradamente con todos los cénters (no menos novatos que él) que le fue poniendo Roy Williams, en cambio el día que fueron al feudo de Michigan State se dio de bruces con Derrick Nix (misma tipología pero mucho más hecho, mucho más curtido, mucho más baloncesto) y el Spartan se lo comió con patatas, sólo le faltó rebañar. ¿Quieren aún más freshmen? Prácticamente todos los que emergen desde el banquillo lo son también: Holland, Lammert (típico alero alto tirador, también llamado cuatro abierto), el taponador Prince Ibeh y el alero Ioannis Papapetrou que (como usted ya habrá deducido con su natural sagacidad) es griego, de la mismísima Atenas más concretamente.

En resumidas cuentas: un equipo con un futuro esplendoroso para los próximos años siempre y cuando no vuelva a padecer otra deserción masiva (sospecho que Kabongo se irá perdiendo el culo en cuanto pueda no vaya a ser que le vuelva a pasar lo mismo; pero el resto deberían quedarse); y un equipo con un presente muy incierto, que espera el regreso de su base titular como agua de mayo pero que ya veremos si ese efecto Kabongo a la larga no es mucho más psicológico que real. Un equipo (fruto de todos estos líos, fruto también de su inexperiencia) capaz de lo mejor y de lo peor, capaz de ir al Maui Invitational y caer a las primeras de cambio ante Chaminade (modesta universidad hawaiana que jamás participaría en ese torneo si no fuera el equipo local), capaz de caer de paliza ignominiosa ante Georgetown… pero capaz también de ir poco a poco volviendo a su ser, que su trabajo le estará costando al bueno de Rick Barnes: últimamente les he visto caer por la mínima ante la no menos desconcertante UCLA, ganar bien a UNC y perder muy dignamente en cancha de Michigan State. Serán tiempos difíciles en Austin, en cualquier caso. Lo serán con total seguridad de aquí al 13 de febrero… y ya veremos qué pasa después.

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