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SI YO FUERA MADRIDISTA   6 comments

chachocska

Reconozco que a veces me gustaría ser madridista. No, no digo madridista normal (madridista humano, lo llamaremos de aquí en adelante), de esos que se alegran con sus victorias y se entristecen con sus derrotas (que eso al fin y al cabo está al alcance de cualquiera, quien más quien menos puede serlo alguna vez en la vida) sino madridista-madridista. Madridista ultramontano, madridista recalcitrante, madridista de los del o-estás-conmigo-o-estás-contra-mí, madridista de esos que no entienden el deporte como una competición sino como una guerra, que no creen tener vida más allá de la de su propio equipo, que no ven más que conspiraciones a su paso, que no tienen rivales sino enemigos. Me gustaría serlo alguna vez, siquiera fuera por cinco minutos (más tampoco aguantaría), para intentar así entender su proceso de pensamiento. Sólo para saber qué se siente.

Me dirán con razón que de esos hay en todos los equipos. Por supuesto que sí, en el mío, en el suyo y en el de cualquiera, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pero en el caso del madridismo existen últimamente un par de factores (llamémoslos así) diferenciales que hacen de lo ultramontano algo no tanto ocasional como cotidiano, no tanto excepción como regla. Algo que deja de ser la actitud de unos pocos energúmenos para acabar generalizándose a buena parte de su población, como si fuera lo más natural del mundo; y convirtiendo de paso en sospechosos a todos aquellos que no comulgan con esa misma opinión.

El primero es el factor Mou. Sí, Mou, a estas alturas. Hay un antes y un después de la llegada de Mourinho al banquillo futbolero del Real Madrid, un antes y un después en la forma de entender el deporte y hasta en la forma de entender la vida. Mou instauró el vale todo, de tal manera que aquello que no se ganaba por lo civil podía también ganarse (y aún mejor si cabe) por lo criminal.Jose-Mourinho-Real-Madrid No sé quién dijo que el fútbol es la continuación de la guerra por otros medios, pero Mou consiguió darle la vuelta al aforismo; la guerra sería la continuación del fútbol por otros medios, la verdadera batalla comenzaría una vez sonara el pitido final: un falso testimonio, un amedrentamiento mafioso, un complot judeo-masónico, una omertá, un villarato, un dedo en el ojo, lo que fuera. Cuando casi al día siguiente de que lo hincara se le recibió con aquella explícita pancarta, tu dedo nos señala el camino, supimos que el mal ya estaba hecho (en el supuesto de que no lo supiéramos ya de antemano): la filosofía ultra había trascendido, había dejado de ser patrimonio de unos pocos cafres para convertirse en moneda de uso común. Y pobre del que discrepara y no acatara aquel nuevo matonismo oficial, ese ya no era madridista sino pseudomadridista (crimen nefando donde los haya), quién mejor que el propio Mourinho para encargarse de distribuir los carnets. Es curioso: con Mourinho el fútbol del Madrid no ganó casi nada, desde que se fue llevan ya tres Champions… y sin embargo aún hoy no faltan (más bien sobran) los que recuerdan aquella etapa con nostalgia, los que siguen echándolo de menos, los que a pesar de los resultados aún darían cualquier cosa para volver a tenerlo de entrenador del Madrid.

Y el segundo factor es el que yo llamo factor umbilical. El madridismo tiene cierta propensión a considerarse el ombligo del mundo, el primer club del universo, el eje central a cuyo alrededor giran todos los demás. Un lugar en el que la victoria no es satisfacción sino obligación, en el que los títulos no representan una alegría sino un alivio, esto no es que lo diga yo sino que lo dijo en cierta ocasión su propio entrenador de baloncesto. Un ente cuya desmesura hace que casi nos parezcan normales cosas tales como ir a pagar presuntamente por un único jugador ciento ochenta millones de euros (repito, 180.000.000 €), afortunadamente ya hemos perdido la insana costumbre de traducirlo todo a pesetas pero si aún la conserváramos nos saldrían treinta mil millones de las susodichas (repito, 30.000.000.000 pts.). Lo normal, una fruslería, lo que usted o yo nos gastaríamos en desayunar una mañana cualquiera. La grandeza es lo que tiene.

Anda crecido el madridismo en estos tiempos (aún más que de costumbre). Porque puede, dirán ustedes, una vez más con razón. El haber ganado consecutivamente sus dos últimas Champions bien lo merece, otra cosa ya es la manera que cada uno tenga de (digámoslo así) disfrutarlo. El madridismo humano se limita a ser feliz, en cambio el madridismo ultramontano se recrea en echárselo en cara a casi todos los demás: no ya a los de su eterno rival, que eso hasta tendría un pasar; no ya a los aficionados de equipos modestos (equipos perdedores, dirían ellos), que eso tiene delito pero lo aguantamos con paciencia y resignación; incluso a sus congéneres: incluso a esos (pseudo)madridistas (humanos) cuya entrega a la causa del (verdadero) madridismo al parecer no alcanza el nivel suficiente para ser considerados (verdaderos) madridistas. Por ellos mismos, claro está.

Les pondré un ejemplo: apenas habían pasado un par de días de su última Champions cuando saltó ante mis ojos un hilo (los designios de Twitter son inescrutables) verdaderamente estremecedor: una leyenda del Madrid había osado desear suerte a un jugador en activo del Madrid que lo dejaba para irse a otro equipo, lo cual dicho así suena de lo más normal (y para no crear adivinanzas innecesarias, aclararé que el futbolista en cuestión se llama Pepe, y que la leyenda en cuestión se llama Manolo Sanchís).sanchiscope Bien, pues la catarata de insultos que hube de leer a continuación como respuesta a dicho tuit me dejó preguntándome en qué mundo estaba, si éste es el que me ha tocado vivir párenlo por favor que yo me bajo. Pepe al parecer era un traidor (¿?) pero eso ya era lo de menos, lo verdaderamente grave era que Sanchís le deseara suerte, como si la mereciera: créanme que lo más suave que le llamaban a Sanchís era hijodeputa, a partir de ahí imaginen todo lo más bajo que puedan imaginar. A Sanchís, que creo yo que pocos habrá por ahí que paseen con tanto y tan indisimulado orgullo su madridismo. Y sin embargo para ellos no era ya que fuera pseudomadridista sino que había pasado directamente a ser antimadridista, con dos cojones. Tanto más por trabajar y expresar sus opiniones en un medio tan evidentemente antimadridista (según ellos) como la Cope, que esto ya sí que terminó de romperme por completo los esquemas. Miren que trabajo poco la Cope, pero alguna que otra vez me dejo caer por el Tiempo de Juego de Paco González y llamar a eso antimadridismo vendría a ser casi como llamar anticlerical al Papa de Roma poco más o menos. Si un medio así es antimadridista no sé qué requisitos habrás de tener para ser considerado madridista. Vamos, que ni Real Madrid TV.

Delirios de futboleros enajenados, pensé yo y me olvidé por completo del tema, afortunadamente en nuestro baloncesto estas cosas no pasan… o eso quisiéramos. Este virus ultramontano es capaz de extenderse a ámbitos hasta los que jamás pensamos que se extendería. Hasta al hecho de que un jugador, que dejó la sección de baloncesto del Madrid hace más de un año, pueda ser considerado ahora traidor por pasar de los Sixers de Philadelphia al CSKA de Moscú. Repito (no porque no lo sepan, sino para que quede aún más remarcada la absurdez del caso): de los Sixers de Philadelphia al CSKA de Moscú.

Abundaré una vez más en el periplo de Sergio Rodríguez (párrafo prescindible, porque ya numerosos comunicadores lo han contado con mucha más habilidad que yo): Sergio Rodríguez se fue hace un año a Philadelphia por dos razones: porque le pagaban un pastón y porque le daban la oportunidad de retomar su sueño interruptus NBA.chachosixers Se dejó buena parte de la nómina de los Sixers en pagar hasta el último céntimo de su cláusula como no podía ser de otra manera, se curró su temporada, le salió regular y al acabar se sentó a esperar, a ver qué otra franquicia decidía apostar en firme (contrato garantizado por tres años, a ser posible) por él. Hasta que acabó asumiendo que su sueño bien podría seguir siendo la NBA pero el sueño de la NBA no parecía ser precisamente Sergio Rodríguez, tanto menos con la inmensa camada de bases que ingresa este año en la Liga. Se rindió, miró en otras direcciones, pensó en su Madrid pero éste le dejó bien a las claras que no contaba con él (vamos, que ni una mínima oferta a la baja siquiera)… y en estas apareció el CSKA. El CSKA que es el equipo que mejor paga de Europa, que aspira a la Euroliga casi por definición, que le garantiza titularidad y mando en plaza tras la marcha de Teodosic, que le ofrece una oportunidad que ningún ser humano en su sano juicio podría en modo alguno dejar pasar. Dicho y hecho.

Y justo entonces el verdadero madridismo emergió de su ostracismo, justo entonces descubrió que a falta de traidores futbolísticos (cosa rara en esos días) habían encontrado un traidor baloncestístico, mira tú qué bien. Traidor, con dos razones, por cometer el nefando crimen de aceptar la mejor oferta posible cuando su propio ex equipo no le había hecho ninguna. ¿Qué se supone que debería haber hecho entonces el Chacho para no ser tachado de traidor? ¿Postrarse de hinojos a las puertas del Bernabéu, se lo ruego Don Florentino, acójanme de nuevo en su seno, pofavó pofavó pofavó? ¿Aceptar cualquier cutreoferta birriosa de la NBA aunque ésta tardara cuatro meses en llegar, aunque fuera infinitamente inferior en tiempo, salario y expectativas a lo que le han puesto por delante en Moscú? ¿Estamos todos locos?

tuitsY sin embargo Twitter de inmediato se llenó de insultos que en nada tuvieron que envidiar a aquellos otros de Sanchís, y lo más suave que le llamaron fue rata, y hasta le desearon toda clase de desgracias no ya en el plano profesional sino en el personal incluso. Y todo por irse al CSKA (vía Sixers, no lo olviden). Al CSKA. No quiero ni imaginar qué habría pasado si se le hubiera ocurrido fichar por el Barça (iba a añadir o por el Estu, pero mejor no plantear utopías impensables), lo mismo habrían quemado su casa con él dentro o le habrían colgado de lo más alto del WiZink Center (o como demonios se llame esta semana) para escarnio popular. Ya a cualquier cosa le llaman traición.

Hace ya unos cuantos años, en el ya lejano foro de SEDENA, escribí un post irrecuperable sobre estos temas: sobre la diferente vara de medir que se aplicaba en el deporte con relación a la vida cotidiana, sobre lo absurdo que me resultaba que a alguien por el mero hecho de cambiarse a otro trabajo mejor pagado y/o con mayores posibilidades laborales se le tachara de inmediato de traidor. Nada me molesta más que esos típicos gritos de jugadores mercenarios o de que los jugadores no sienten los colores: no sienten los colores porque no tienen por qué sentirlos (salvo en casos muy particulares, criados en su seno desde pequeñitos), lo cual no significa que sean mercenarios sino que son profesionales. No son soldados sino deportistas, no es una guerra (aunque para algunos sí lo sea, siempre lo sea) sino una actividad profesional. Como la suya o como la mía, salvando las distancias.

Se me contestó precisamente en base a esas distancias, se me recordó el componente afectivo inherente al deporte. Vale sí, hasta ahí llego. Si te cambias de Google a Amazon, de Burger King a McDonald’s, de Zara a Mango, de Mercadona a Carrefour o del Ministerio de Hacienda al de Fomento no es probable que nadie te tache de traidor (más allá de tu jefe) ni que te insulte en las redes sociales, por tratarse de actividades que (afortunadamente) no arrastran riadas de aficionados detrás. Pero quizá por ese componente afectivo a veces (demasiadas veces) nos olvidamos de que la práctica profesional del deporte no deja de ser un trabajo remunerado como (casi) otro cualquiera, que debería regirse por las mismas normas que otro cualquiera.tuitAA Me asusta que se vea tan normal que los clubes puedan prescindir de sus jugadores cuando quieran pero un jugador no pueda decidir su futuro, tuiteaba el otro día con toda la razón Andrés Aragón. Se nos llena la boca con que nuestro equipo (el que sea) debería poner en la calle a Fulano o Mengano aunque tenga contrato en vigor, pero luego a un jugador sin contrato le negamos el derecho a irse a donde le dé la gana. Aplíquenlo por favor a su realidad laboral cotidiana (si la hubiere) y luego vuelvan, una vez hecha la debida comparación.

Pero al madridismo ultramontano (al ultramontanismo de cualquier sitio, en realidad) todo esto se la suda, pone y da y quita etiquetas de traidor sin importarle cualquier otra consideración. Sin reparar por ejemplo en que el factor umbilical puede ser de aplicación directa al fútbol pero no tiene ningún sentido en baloncesto. Espejito mágico, ¿hay acaso en todo el orbe planetario un club más grande que yo? En fútbol por supuesto que la respuesta es no por dios, cómo podría haberlo, pero en baloncesto el espejito directamente se descojona, no es ya que no seas el ombligo del mundo (sólo al otro lado del charco hay ya treinta ombligos más grandes que el tuyo), es que por no ser no eres ni siquiera el ombligo de Europa, hay como tres o cuatro con los que hoy por hoy no te puedes ni comparar, quizás el más hermoso de todos ellos esté precisamente en Moscú. Ante lo cual el madridismo arrebatado rompe el espejo, no soporta esta respuesta, no soporta ser uno de los mejores cuando no es el mejor, no soporta llegar a la Final Four (como si fuera fácil) para luego no ganarla, como si el título europeo no fuera (insisto) opción sino obligación. Lo cual a la larga (y disculpen el ripio) sólo genera frustración.

Y sin embargo durante meses sí que tuvieron razones más que fundadas para sentirse el ombligo de Europa, y quizá por ello no fueron pocos los que de octubre a abril pontificaron acerca de que este Madrid post-Chacho era mucho mejor que el Madrid del Chacho, a las pruebas me remito, dónde va a parar. Hay que tener mucho cuidado con las sentencias de otoño/invierno no vaya a ser que luego te las tengas que comer en mayo, no digamos ya en junio. Cuando resultó patente que en los minutos cruciales ya no te basta con la épica del a mí el pelotón Sabino que los arrollo, ya no te basta con la impagable determinación de Sergio Llull, todo eso está muy bien pero además necesitas algo más. Necesitas frescura de ideas, necesitas alguien que cuando las defensas se ponen turbias sepa ver lo que otros no ven, sepa encontrar a quién pasar, y cómo. Necesitas dirección sobre la pista, nada más y nada menos. Y no, no estoy diciendo que el Madrid perdiera ambas finales (sólo) por eso, el Madrid perdió por muchas más cosas, perdió sobre todo porque Fenerbahçe y Valencia Basket fueron dos equipazos (cada uno a su manera, cada uno con su presupuesto) que supieron encontrarle las debilidades y buscarle las vueltas. No, el Madrid no perdió por no tener un (verdadero) base, pero algunos románticos de este juego siempre pensaremos que haber tenido a mano (lo que yo entiendo por) un base quizá no le habría venido del todo mal.

Quién sabe, quizá precisamente esos que se vanagloriaban hace meses de lo bueno que era su equipo sin el Chacho (cambiando de paso la primera vocal de su apodo para poder ridiculizarlo, ya puestos) sean ahora los mismos que le insultan sin pudor y le reprochan traiciones sin cuento, los mismos que afirman sin rubor que no fue el Chacho el que hizo grande al Madrid sino el Madrid el que hizo grande al Chacho (sandez incomparable, como si la grandeza no fuera siempre tarea de uso común),chachocska2 los mismos que hacen campaña para que sea recibido como se merece (y ya imaginarán lo que creen ellos que se merece) cuando el CSKA visite el Palacio el próximo 19 de octubre. Miren, yo no les voy a decir lo que deben hacer ese día, sólo faltaría, allá cada cual con su conciencia. Sólo diré lo que yo haría. Sólo diré que si yo fuera madridista y estuviera esa noche en el Palacio me rompería las manos a aplaudir a un jugador bajo cuyo concurso el Madrid ganó doce títulos en seis años, a saber, tres ligas, cuatro copas, tres supercopas, una Intercontinental y sobre todo una Euroliga a la que hay que sumar otras tres Final Four. Un jugador al que jamás hubo nada que reprochar, un jugador que nos divirtió más que ningún otro en un equipo que también nos divirtió más que ningún otro, siendo él precisamente parte esencial de todos esos éxitos y de toda esa diversión. Un jugador que nos hizo soñar, que nos hizo ver que otro baloncesto era posible y que además de ser posible también servía para ganar títulos. Si yo fuera madridista sólo podría sentir infinito agradecimiento hacia un jugador así, por encima de casi cualquier otra consideración. Ustedes mismos.

En cualquier caso habré de reconocerlo, no soy neutral en esta historia. No soy madridista pero sí chachista, lo fui siempre, ejemplos a docenas pueden encontrar en (lo que queda de) este blog. Lo fui desde que emergió en aquellos geniales últimos segundos de la Final de 2004, aún más lo fui tras aquella inolvidable Final del Eurobasket Sub18 disputado en Zaragoza pocos meses después. Y aún más lo seguí siendo (y con más razón) mientras permaneció y se crió en mi Estu, como seguí siéndolo en Blazers, Kings o Knicks, como nunca dejé de serlo mientras permaneció en el Madrid, más bien al contrario, me alegré con todos y cada uno de sus puntos (excepto los que anotó contra el Estu… si bien éstos tampoco me dolieron especialmente, nunca tanto como otros), con cada uno de sus pases, sus éxitos, sus triunfos o sus títulos, casi tanto como si fueran míos. Y seguiré alegrándome con todos ellos en Moscú, en un Cheska que tampoco fue ni será nunca mi equipo lo cual no me impedirá disfrutar hasta la náusea de todo lo bueno que le pase por allí. Qué le voy a hacer, así es como yo lo siento, bien harán los ultramontanos en llamarme gilipollas si así les parece. Al menos lo que no podrán es llamarme traidor.

ME SOBRAN LOS MOTIVOS   5 comments

Aquí donde me ven, este año he decidido rebelarme. Rebelarme contra mí mismo, no teman, rebelarme contra mi propia depresión pre-parto. Año tras año, en los días previos al comienzo de la ACB, se nos instala una sensación como de más de lo mismo: mismo aire mustio, mismas negras perspectivas, misma esclerotización administrativa, misma mortecina audiencia, mismo panorama televisivo, misma sensación de pérdida de talento, mismo coto cerrado para quienes se ganan su ascenso, mismo coto cerrado para quienes acaban en puestos de Euroliga, misma temporada regular interminable, mismos playoffs insignificantes que se nos irán en un suspiro, misma liga de la marmota condenada a una sempiterna bipolaridad… Bueno, pues contra todo eso, y quizás porque hoy contra mi costumbre me he levantado ligeramente optimista (no se confíen, no vaya a ser que se me pase) he decidido rebelarme. Porque aún siendo todo lo anterior más o menos cierto, no es menos cierto que también me sobran los motivos para la ilusión a poco que me pare a buscarlos. Me he puesto a ello, he encontrado unos cuantos (bastantes más de los que imaginaba) y aquí se los traigo, por si les apeteciera acompañarme en esta búsqueda de la ilusión perdida:

1) Porque el (presunto) desembarco de Movistar + de alguna manera me devuelve la ingenua ilusión de recuperar por fin una cobertura televisiva digna de la Liga. No les voy a engañar, llevo casi un cuarto de siglo siendo plusero (aunque no fueron pocas las veces que estuve a punto de dejar de serlo) así que juego con ventaja, tengo ya buena parte del trabajo hecho. Pero aunque no fuera así, creo firmemente que esta ACB necesita con urgencia un reconstituyente, algo que la revitalice.logotipo_movistar_plus_-_liga_endesa_2 En muchos aspectos, pero el aspecto televisivo no es precisamente menor. Que un operador decida apostar firmemente por esta Liga, que decida incluso pagar por darla (es decir, no ofrecerla por puro amor al arte o por la mera visibilidad de sus patrocinadores, como venía sucediendo hasta ahora), ha de ser necesariamente una buena noticia. Aunque a algunos no les guste.

2) Porque sé que volveremos a escuchar (sobre todo dentro de un año, cuando desaparezca el partido de TVE) los mismos cantos de sirena que ya escuchamos en el cuatrienio 1999-2003 acerca de cómo la televisión de pago acabará matando el baloncesto, pero yo no concibo esa razón: porque han pasado ya más de tres lustros desde entonces, porque el nivel de penetración de aquel Canal + no es ni siquiera comparable al que hoy tiene Movistar +, porque algo hemos evolucionado también como espectadores: hoy tenemos múltiples soportes, dispositivos, vías y medios a nuestra disposición, hoy quien quiere ver algo lo ve. Y porque (al contrario que en 1999) en este caso no tenemos ya nada que perder, peor de lo que estamos es difícil que podamos estar. Todo lo que venga vendrá ya por añadidura.

3) Porque el fichaje de Piti Hurtado es lo más ilusionante que le ha pasado a la cobertura televisiva de la ACB desde los tiempos de maricastaña (fuera quien fuera esa señora). Y no llega solo, dicen. Sólo por eso ya habrá merecido la pena.

4) Porque he llegado ya a una fase de mi vida en la que las audiencias me importan un bledo (que no sé lo que es, pero tampoco me importa). Porque me importa otro bledo que seamos mil o un millón, allá cada uno con sus cadaunadas, a quien no le apetezca que haga lo que le parezca. Y porque tampoco me las creo, que lo sepan, porque ese frío dato de audiencia no refleja a quienes lo ven por ordenador (que son legión), aún menos refleja a quienes a veces no podemos verlo en directo y solemos entregarnos al noble arte del difericesto. Y sobre todo, porque ya está bien de autodestruirnos todas las jornadas, todas las semanas de toda nuestra santa vida con este monotema.

5) Porque la liga de la marmota seguirá existiendo (por los siglos de los siglos, salvo indeseado desgajamiento territorial) pero al menos este año parece atisbarse un ligero resquicio de que las cosas podrían llegar a ser de otra manera. Que Unicaja osara ganarle al Madrid la semifinal supercopera (aún con todos los condicionantes blancos) ya fue un buen síntoma (síntoma que luego se nos fue al carajo en la Final, pero síntoma al fin y al cabo), que vaya a llegar algo más de dinero televisivo (menos sería difícil) con el que aliviar un poco la enorme brecha entre clases sociales debería ser otro buen síntoma. Cierto es que con esta Supercopa son ya dieciséis los títulos domésticos consecutivos ganados por Madrid o Barça (todos y cada uno desde hace cinco años y medio, desde aquella liga baskonista de 2009/2010), pero no es menos cierto que cada día que pasa queda un día menos para que conozcamos un campeón de algo que no sea Barça ni Madrid. O dicho de otra manera, que llegados a este punto ya no sé si me he levantado ligeramente optimista o ligeramente gilipollas.

arroyo lawal6) Porque el Barça optó por reinventarse (a la fuerza ahorcan) y ahora toca ver cómo funciona semana tras semana esa reinvención más allá de la euforia supercopera de hace unos días: si Lawal intimida tanto como parece, si Vezenkov es tan bueno como parece, si Samardo aparece por fin, si Perperoglou mezcla bien con todos, si Ribas sigue saliéndose allá donde vaya, si Arroyo acata su papel secundario con las riendas puestas o se las quita para la ocasión, si Navarro aún vive (contra todos esos que hace ya unos cuantos meses decidieron darle por muerto…)

7) Porque el Madrid tiene ante sí el tremendo reto de intentar igualar lo que logró el pasado año (Supercopa aparte), porque será interesante ver cómo administra sus fuerzas por el camino, si vuelve a perder en otoño para ganar en invierno y primavera, si con las derrotas vuelven a emerger a las primeras de cambio sus decapitadores profesionales pretendiendo hacerle a Laso un ancelotti para cumplir con la tradición (aunque esta vez tendrían que inventarse un nuevo objeto de deseo, que sus tradicionales Obradovic, Djordjevic y Katsikaris están pillados…).

8) Porque ver jugar al Chacho siempre fue, es y seguirá siendo un placer. Porque sigue en la ACB como sigue también Llull, justo después de dar por hecho que se irían. Porque no hay noticia mejor para una liga que la continuidad de sus estrellas, que luego esa misma liga no sepa venderlas ya es otra cuestión.

9) Porque Joan Plaza tiene por fin entre manos el equipo que siempre soñó (o casi), porque este Unicaja tiene por fin argumentos más que sobrados para ser la tercera vía (junto con Valencia, obviamente). Luego ya que esa tercera vía aspire a derrotar al bipartidismo o que se nos quede en mero efecto bisagra sólo lo sabremos con el tiempo.

10) Porque el mero hecho de contar con un jugador como Kuzminskas ya te devuelve el precio de la entrada (o el del abono televisivo, en su caso). Porque casi me atrevería a decir que está a un solo paso (el de sus intermitencias, el de esa continuidad que siempre le falta) de ser tan candidato como el que más (si no el que más) a MVP de la ACB.diez unicaja Y porque por detrás de él emerge además un chaval llamado Dani Díez que se encuentra de repente ante la gran oportunidad de su carrera. Y algo me dice (ya algunas muestras ha dado de ello) que no la va a desaprovechar.

11) Porque será interesante ver si las llegadas de Planinic, Blazic, Bourousis o Corbacho dan para que el Baskonia de Peras forme también parte de esa tercera vía. Me encantaría que así fuera (cuantos más mejor) pero por ahora permítanme que sea muy escéptico al respecto. Si las cosas no van bien ya se encargará Querejeta de reinventarlas cuanto sea menester, pero a día de hoy me deja muy frío este proyecto baskonista 2015/2016, qué le vamos a hacer.

12) Porque he leído más de una vez en estos días que Darius Adams lo tiene todo para ser el nuevo Elmer Bennett, y no sé si se trata de un brindis al sol, de la mera expresión de un deseo o de una afirmación fundada, basada tal vez en sus (presuntas) actuaciones de pretemporada (que no he tenido el placer de contemplar). Dado que mis recuerdos de Adams me retrotraen a la temporada pasada, permítanme que por ahora me reserve el beneficio de la duda.

13) Porque Pedro Martínez llega por fin a ese (casi) grande que llevaba años mereciendo, al menos desde que le dieron aquella oportunidad en Baskonia para quitársela luego apenas cuatro días después de empezar. Llega ahora a la plaza más exigente que imaginarse pueda, un lugar donde la paciencia (la paciencia con sus entrenadores, en particular) no acostumbra a ser precisamente moneda común. Todo lo cual hace este reto todavía más hermoso, todavía mucho más especial. Ojalá que te vaya bonito, Pedro.

14) Porque a Valencia llega también Shurna (que me encanta desde sus tiempos en Northwestern, ya se lo dije), llega también SanEme (que me encanta de toda la vida de dios), llegan Hamilton y Sikma que son una garantía. Súmenlo a lo que ya había y descubrirán que con paciencia (bien escaso, insisto) y sin precipitaciones ni ataques de nervios deberían aspirar a casi todo. Lástima ese casi.

pangos granca15) Porque me apetece empezar a ver ya a mis viejos conocidos NCAA, ver de qué son capaces todas esas imágenes refrescantes de que les hablé hace unas pocas semanas: Pangos en Granca (algo ya mostró en la Supercopa), Haws en Obra, Henton en Sevilla, Jeff Taylor (si juega finalmente algún día) en el Madrid, Abromaitis en Tenerife, incluso David Wear en Fuenla aunque no sea santo de mi devoción. Lista que por otra parte se me quedó incompleta, ahora ya tendría que añadir al otro gemelo Wear (Travis, dicen que de camino hacia Gipuzkoa; más consistente que David, pero tampoco se me emocionen en exceso), al ex Fighting Illini Brandon Paul en la Penya… Muchos argumentarán que tanta presencia del club Al Salir de Clase sólo refleja el manifiesto empobrecimiento de la competición; pues vale, será así, no seré yo quien lo niegue. Pero a mí me encanta, qué quieren que les diga.

16) Porque este hacer de la necesidad virtud se refleja también a nivel doméstico, porque podría/debería ser la hora de Santi Yusta, Miguel Rico, Luka Doncic (aunque en este caso no hay necesidad que valga), Alex Suárez, Tomeu Rigo, Ili Diop, tantos otros (excluyo deliberadamente a Estu y Penya, que tendrán luego párrafo aparte). Economía de guerra si así lo quieren. La imaginación al poder.

17) Porque Granca se nos ha hecho grande. Porque la suma de Newley, Báez, Oliver, Pangos, Salin, Omic, Aguilar, Kuric o Rabaseda (cada uno a su manera) da como resultado una magnífica plantilla, Porque con Aíto el todo siempre suma más que la suma de las partes.

18) Porque Taph Savané aún continúa entre nosotros (baloncestísticamente hablando, me refiero). Porque su DNI podrá decir misa en arameo, pero su desempeño nos demuestra bien a las claras que está más joven cada año que pasa. Porque yo de (aún más) mayor quiero ser como él.

19) Porque Alejandro Martínez lleva media vida al frente del CB Canarias (por otro nombre Iberostar Tenerife) y aún le quedará otra media (recién renovado hasta 2017), porque pocos proyectos (si alguno hubiera) personifican mejor la continuidad, en los despachos, en los banquillos y en los parquets. Porque siguen Richotti o Sekulic (su permanencia es siempre el mejor fichaje), porque llegan O’Leary o Beirán. Porque todas sus piezas encajan, porque saben crear el caldo de cultivo para que todas sus piezas encajen. Porque son un ejemplo que muchos deberían imitar.

bellas cai20) Porque me duele no ver ya a Bellas en el Granca, pero al mismo tiempo me apetece ver a Bellas en otro lugar que no sea el Granca, tanto más en un lugar tan propicio como el CAI. Nuevos compañeros, nuevos técnicos, nuevas gentes, nuevo clima, nueva vida, por primera vez lejos de su (muy bien ganada) zona de confort.

21) Porque (me gustaría pensar que) cada vez que conecten con Zaragoza conectarán con el Pabellón José Luis Abós, cada vez que alguien empiece a narrar dirá bienvenidos al Pabellón José Luis Abós, cada vez que las cámaras enfoquen la cancha leeremos en la parte superior Pabellón José Luis Abós. Le pese a quien le pese. (Me gustaría pensarlo, pero lo pongo entre paréntesis porque justo después de escribirlo descubro que no será así por ahora, que los tribunales han suspendido cautelarmente el cambio de nombre; mandagüevos, añado, desde el exquisito respeto a las resoluciones judiciales que no comparto en absoluto).

22) Porque soy campazzista, lo soy desde antes de los Juegos de 2012, desde antes de que en el Madrid supieran siquiera que existía. Porque por serlo me he llevado hostias tuiteras a tutiplén (legítimas discrepancias, en cualquier caso) de todos aquellos que echaron pestes tras la marcha de Draper, todos esos iluminados que decían que no era digno de vestir la camiseta del Madrid (que leyéndoles a veces piensas que ni Magic Johnson en sus buenos años habría sido digno de vestir la camiseta del Madrid, a poco que hubiera fallado un pase). Soy campazzista y me preparo para cobrarme mi revancha, porque sé que este año en Murcia, con minutos, confianza y Fotis (y a poco que le acompañe la salud), sencillamente se va a salir. Recuérdenmelo en primavera.

23) Porque además de Campazzo Murcia será este año un verdadero latin team: Augusto Lima (si finalmente se queda y no es abducido por la casa blanca, lo cual aún no está claro a la hora del cierre de estas líneas), Vitor Benite, Sadiel Rojas… Porque con Fotis al mando, Cabezas dejando poso, Wood en los triples, Lischuk en los bloqueos y Antelo anteleando sólo pueden salir cosas buenas de ese equipo.

24) Porque también soy brizuelista (no saben cuánto), porque creo sinceramente que Darío Brizuela es lo mejor que le ha pasado al Estu desde hace muchísimo tiempo, lo mejor que ha salido de esa cantera desde el Chacho si me apuran (y aunque sé que Jaime Fernández tendría razones más que fundadas para decir algo al respecto).brizuela vicedo Tendrá minutos, apunta a titular, ya veremos si de aquí a unos meses no estaremos hablando del jugador revelación de la ACB (y miren que este año hay competencia). Papeletas lleva, tantas como el que más.

25) Porque además de Brizuela habrá bola también para Vicedo, Juancho Hernangómez, Fran Guerra y puede que alguno más, porque con Ocampo al mando sabemos por fin que todas estas criaturas vuelven a estar en buenas manos. ¿Lo demás? Dos veteranos del Vietnam como Nacho y Salgado, dos americanos (de USA) con buena pinta, Bircevic haciendo bulto y la maravillosa guinda final de Stimac, el hombre boquiabierto (es como aquél del pueblo de Gila que le decían ¡oye, que tienes la boca abierta! y contestaba ¡ya lo sé, si la he abierto yo!); no destacará por su estética (en ningún sentido) pero lo compensará con creces con todo lo demás. Y todo lo cual sin más objetivos (al menos por mi parte) que no pasar apuros, crecer, disfrutar, volver a ser felices practicando y viendo baloncesto. Ser de nuevo el Estu, con todo lo que eso comporta.

26) Porque seguiremos abalanzándonos a contemplar cada partido de la Penya (en la medida en que la cobertura televisiva nos lo permita) como si fuera un objeto de culto, quizá porque efectivamente sea un objeto de culto. Porque llegan Drame (mítico apellido en aquella casa, por cierto) o Brandon Paul, porque sigue Mallet que parece el padre de todos, porque sigue Suton, porque aún continúan Vidal o Miralles. Pero también porque Ventura y Llovet ya son imagen de marca, porque Abalde lo será más pronto que tarde (si no lo es ya), porque a la vuelta de la esquina aguardan Sans, Nikolic o Nogués. Pero sobre todo, porque muy pocas cosas resultan más gratificantes (en lo que a ACB respecta) que ver jugar a la Penya.

27) Porque Sevilla sigue viva (un año al menos), porque Bilbao finalmente se ganó la estabilidad. Porque son plazas indispensables, porque una ACB sin Bilbao o sin Sevilla carecería por completo de sentido.

28) Porque cada minuto de Raül López seguirá valiendo su peso en oro, porque se nos irá más pronto que tarde, porque deberíamos de enmarcar todos esos ratos que aún le queden en ACB.

29) Porque Pustovyi, Bendzius y Caloiaro (más la continuidad de Waczynski) seguirán poniendo a prueba la pronunciación de los comunicadores compostelanos en particular, y los de toda la ACB en general. Porque (más allá de chorradas) la enésima reinvención obradoirista volverá a salir adelante como todas las anteriores (Moncho mediante), porque volverá a emocionarnos como todas las anteriores (Miudiño mediante).

shermadini_morabanc_rtva_andorradifusio_ad30) Porque es un lujo y un auténtico placer tener por aquí de nuevo a Míster Bean Shermadini. Aunque habré de reconocer que si hace meses me hubieran preguntado dónde iría jamás habría imaginado que fuera a Andorra, tanto menos con las evidentes carencias interiores en muchas otras plazas ACB de mayor raigambre y tronío. Los designios del mercado (y de la fiscalidad) son inescrutables, sin duda.

31) Porque una cosa es reinventarse y otra (ya un paso más allá) lo que tendrá que hacer el Fuenla: técnico nuevo (Tabak), asistentes nuevos (Cuspinera, Raventós), nueve (sí, 9) jugadores nuevos si no he echado mal la cuenta, incluido el recién llegado (y no por ello menos insospechado) Marko Popovic. Me fascina, me seduce y me intriga (sobre todo me intriga) lo que pueda salir de ese collage, puede ser una maravilla o un caos, esperemos que opten por la primera opción.

32) Porque este año descenderá al menos un equipo a la LEB, de verdad, se lo prometo. No, no es que adivine el futuro (que yo sepa) sino que el postergado ascenso ourensano hará que el último clasificado de la ACB baje esta vez sí o sí (salvo nuevo cambio de opinión o de circunstancias en los próximos meses, que a la vista de los antecedentes tampoco me extrañaría). Y no es que yo le desee mal a nadie, líbreme el cielo, es sólo que recuperar esa dinámica medianamente normal de ascensos y descensos resulta esencial para la supervivencia de esta competición (y no digamos ya de la LEB). Así que algo es algo, menos da una piedra. Aunque sea en diferido.

33) Porque a día de hoy todos parten de cero (por definición), hasta la propia Liga parte de cero, si no nos ilusionamos ahora ya me dirán ustedes cuándo nos vamos a ilusionar. Tiempo habrá para que la cruda realidad venga a ponernos en nuestro sitio.

34) Porque me salen ya a estas alturas 35 motivos pero podrían salirme 350 si me lo propusiera, porque creo que llegados a este punto se han ganado ustedes sobradamente el derecho a que les deje descansar. Y porque muchos de esos otros motivos se nos irán apareciendo según avance la temporada, no les quepa la menor duda. Somos así, todavía capaces de encontrar alicientes aunque nos pueda el desánimo.

y 35) Porque sí. Porque el baloncesto nos hace felices, y a día de hoy (y mientras no se demuestre lo contrario) no tenemos ninguna otra liga profesional de baloncesto más cerca de casa, ni puñetera falta que nos hace. Porque sigue siendo nuestra Liga por más motivos que se empeñen en darnos año tras año para que deje de serlo. Porque ya está bien de lamernos las heridas. Porque sí.

DEFENSA DE LA ALEGRÍA (edición 2015)   1 comment

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El insigne (y nunca suficientemente añorado) guionista Rafael Azcona contaba una triste anécdota de sus años mozos, aquellos duros tiempos de guerra, posguerra, miseria y desolación que le tocó vivir. Contaba que a veces (raras veces) algo les hacía gracia, lo que fuera, una anécdota del barrio, un programa de radio, cualquier cosa, lo suficiente como para romper la monotonía, como para tirarse toda la familia un buen rato echándose sus buenas risas, así hasta que de repente su madre cortaba en seco la diversión: mucho nos estamos riendo, ya lo pagaremos… Puro fatalismo, esa amargura de serie que nos inocularon en aquellos años y en los inmediatamente posteriores, rígida moral cristiana mediante: tanta alegría no puede ser buena, la felicidad no nos está permitida, hemos venido a este mundo a sufrir, a suspirar gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Esa filosofía perduró hasta nuestros días, de alguna manera nos la fuimos transmitiendo casi sin querer de generación en generación. No se trata ya tanto de que no disfrutemos como de que sintamos remordimientos de conciencia cada vez que disfrutamos, como si nos estuviera prohibido el mero hecho de disfrutar: todo lo que da placer o es pecado o engorda, todo lo que haga gozar habrá de estar siempre bajo sospecha, así en todos los órdenes de la vida. Sí, también en baloncesto.

El baloncesto también proscribió durante un montón de años la alegría, Aquí la frase no era ya (aunque igualmente podría haberlo sido) mucho nos estamos riendo ya lo pagaremos, sino este baloncesto no sirve para ganar títulos. Cuántas veces no lo habremos escuchado (aquí o allá o en donde fuera) cada vez que un equipo se desataba, cada vez que se entregaba a la lujuria y el desenfreno como forma de vida.CC WILLIAMS GROUP Este baloncesto no sirve para ganar títulos, podrá servir en temporada regular pero nunca en playoffs, nos lo repetían como un mantra desde el otro lado del charco y nosotros nos lo creíamos, cómo no nos lo íbamos a creer si los hechos casi siempre les acababan dando la razón: con aquellos maravillosos Kings de comienzos de siglo, con los no menos maravillosos Suns de Nash, acaso también en décadas anteriores con los Warriors o los Nuggets, tantos otros. O acaso también en NCAA con los Phi Slama Jama a comienzos de los ochenta o los Fab Five a comienzos de los noventa, los ejemplos eran cuantiosos y solían darles la razón como si en verdad la tuvieran. Claro está, si hubiéramos tenido capacidad de raciocinio habríamos podido encontrar ejemplos en sentido contrario, equipos a los que la alegría de vivir les funcionó también (y aún mejor si cabe) en los momentos decisivos, los Lakers del showtime o la Nevada-Las Vegas de Tark The Shark por citar los dos primeros ejemplos que se me vienen a la cabeza. Pero entonces ni nos lo planteábamos, asumíamos la versión baloncestera del cerrojazo o el cerocerismo como única fórmula posible del éxito. Acaso aún hoy no hayamos dejado de asumirla.

[Llegados a este punto conviene hacer una matización. En baloncesto, como en la vida, no es verdad que lo divertido sea lo contrario de lo serio. NO ES VERDAD. De hecho la diversión será tanto más divertida cuanto más seria sea, cuanto más trabajada esté. Lo divertido es lo contrario de lo aburrido, punto. O dicho en términos de baloncesto: no es verdad que la diversión en ataque se contraponga a la defensa. NO ES VERDAD. De hecho el ataque será tanto más alegre (y tendrá más posibilidades de éxito) cuanto mejor trabajado llegue desde atrás, cuanto mejor se hayan empezado las cosas al otro lado de la cancha. La diversión sólo se contrapone al aburrimiento, el juego alegre sólo es lo contrario del triste, nada tiene que ver con la defensa sino con el mareo de perdiz en ataque, con el tenerla y sobarla durante veintitantos segundos sin arriesgar apenas un pase no vaya a ser que se pierda, sin casi más objetivo que el reducir el número de posesiones del rival. Quede claro el concepto, ya que para algunos si reivindicas la creatividad en ataque demonizas la defensa. No hay falacia mayor. Dicen que el ataque gana partidos y la defensa campeonatos, la segunda parte de la frase no puede ser más cierta, nos guste o no. Aunque para ganarlos no estará de más que tengas un buen ataque también.]

limoges maljkovicEn cambio en Europa no hizo falta que nadie nos dijera que este baloncesto no servía para ganar títulos, a partir de un determinado momento todos parecíamos llevarlo interiorizado de serie. Quizá todo empezara en 1993 con aquel Limoges de Maljkovic, fue como dejar escrito en piedra que para ganar un título debías de anotar (y encajar, obviamente) menos de sesenta puntos por partido. Como explicaba antes, no era tanto cuestión de defender (que también) como de adormecer con posesiones interminables, quitándole al juego todo lo que lo hace atractivo: el contraataque, la velocidad, la creatividad, el dinamismo, el riesgo y demás malos vicios que habrían de quedar definitivamente desterrados en aras de conseguir el único fin que justificaba todos los medios: la victoria. Había nacido el baloncesto-control, por otro nombre baloncesto-tostón. Era una opción tan válida como cualquier otra, qué duda cabe. El problema es que durante un tiempo dejó de ser una opción para convertirse en LA opción. Acaso aún estemos en ese tiempo…

Dicen que las excepciones confirman la regla, pero yo no concibo esa razón. No la concibo en absoluto. Las excepciones (cuantas más mejor, menos excepcionales serán) son siempre bienvenidas porque subvierten la norma, porque hacen posible lo (que parecía) imposible, porque convierten el sueño (juego) en realidad (títulos), porque demuestran de una vez por todas a los escépticos que otro baloncesto es posible.1999-metu-kauno-zalgiris-61213595 Siempre recordaré como un oasis en medio del desierto aquel título europeo de 1999, aquel maravilloso Zalgiris Kaunas liderado por el enanito (Trecet dixit) Tyus Edney, un verdadero chorro de agua fresca justo cuando más espeso era el cemento. O cómo no recordar (a otro nivel, pero también con sustanciosos títulos en su zurrón) aquella Penya de finales de la pasada década, aquella deliciosa criatura de Aíto y sus Erre que Erre. Sólo algunos ejemplos (habría muchos más) para mostrar una obviedad: que jugar (además de bien) bonito también gana campeonatos, que la especulación y el colmillo retorcido también los pierde, aún por bien que nos lo envuelvan los pierde, aún por mucho que nos lo vendan los pierde. A las pruebas me remito.

Hace ahora dos años ya les defendí la alegría, y lo hice en circunstancias mucho más difíciles que ésta de hoy. El Real Madrid acababa de perder la Final de la Euroliga 2013, llevaba sin jugar esa final desde el siglo pasado lo cual debiera haber sido razón más que suficiente para disfrutarla aún perdiéndola, pero eso a la larga tanto dio. Es más, por la reacción de alguna gente casi pareció que les habría dolido menos haberse quedado a mitad de camino, haber caído (por ejemplo) en cuartos de final. A mí me pareció que aunque no se hubiera hollado la cima había merecido mucho la pena el viaje hasta llegar a ella (tanto más dada su inusual belleza), que si perseveraban por ese camino tarde o temprano llegarían los ansiados frutos… Muchos estuvieron de acuerdo, pero también los hubo (y no pocos) que me pusieron como hoja de perejil (signifique eso lo que signifique).laso1 Se había levantado la veda, había comenzado de nuevo el tiro al Laso, este baloncesto no sirve para ganar títulos, este tío no tiene carácter, no aprieta riendas, no retuerce el colmillo, no es entrenador para el Madrid. Y si así fue en 2013 no digamos ya en 2014, aquella bendita locura, aquella pura delicia que dimos en llamar lasismo (y su brazo armado en cancha, chachismo), aquella temporada de ensueño que acabó en brusco despertar. Y entonces ya no era que se hubiera levantado la veda sino que el tiro al Laso se convirtió de repente en deporte nacional, ya no había manera de esquivar las balas, el fuego cruzado te acababa alcanzando a poco que te descuidaras. Aquel dantesco final a la pata coja en el Palau pareció su sentencia de muerte, tanto más lo pareció cuando pocos días más tarde le descabezaron el cuerpo técnico, aún hoy me resulta inconcebible que lograra sobrevivir…

Contra viento y marea. Contra los de arriba y los de abajo, contra los de dentro y los de fuera. Contra los que montaron el pollo tras su contratación sin concederle siquiera el beneficio de la duda, los que se relamieron tras cada derrota en sus primeras temporadas (ya falta menos para que vuelva Obradovic, decían), los que se lamentaron tras la consecución de aquella liga porque eso significaría su continuidad (es lo malo que tienen los títulos, decían), los que el pasado verano se engolosinaron con Katsikaris (y hasta le contrataron, casi), los que a la primera derrota de esta misma temporada ya soñaban en voz alta con Djordjevic… Es lo que llamaríamos la paradoja blanca: un equipo que no admite perder, un club que no entiende la posibilidad de la derrota ni como concepto siquiera, una institución en la que cualquier derrota (aún por nimia que sea) viene inevitablemente asociada a la palabra crisis, una entidad que es como la madrastra del cuento, dime espejito mágico, ¿habrá otro equipo en el mundo aún mejor que el mío? (y si le contesta que sí lo hace añicos y se compra otro espejo, será por dinero)… y sin embargo un equipo cuyos aficionados (sólo algunos de ellos, no generalicemos) a menudo prefieren perder con tal de conseguir otro objetivo aún mayor que la victoria, como es el que les sirvan en bandeja de plata la cabeza de su propio entrenador. No sé si es éste un fenómeno extrapolable a otros grandes, sí sé que a mí (que no soy de grandes) no recuerdo que me haya pasado jamás, ni aún por mucha tirria que le tuviera al entrenador de turno. Será que el raro soy yo.

¿Quieren más paradojas? Aquellos que hace un año criticaron a Laso por no haber sabido administrar sus fuerzas, por haber tenido al equipo como una moto en noviembre/diciembre y haber llegado fundido a mayo/junio, son acaso los mismos que este pasado diciembre le pusieron en la picota tras perder apenas un par de partidos como si eso fuera el fin del mundo, y ello cuando resultaba manifiestamente evidente que lo que estaba haciendo el Madrid este año era precisamente lo que le habían demandado, aplicar la dosificación que no aplicó el Floren_2015_Entrenadores_Grande_37_originalaño anterior. Pero llegó a utilizarse con profusión el concepto crisis (para variar), llegó a situársele más fuera que dentro (para seguir variando), llegó incluso a filtrarse que la Federación (o sea Sáez) sólo estaba esperando a que el Madrid finalmente lo destituyera para nombrarle seleccionador… Cinco meses después el Madrid es Campeón de Europa, y lo es entre otras cosas por no repetir errores del pasado, por no haber echado el resto en otoño para luego tener que arrepentirse en primavera, por haber ganado (o no) con lo justo en diciembre para ganar con todo en mayo. Cinco meses después el Madrid está en posesión del mayor título que pueda ganarse a nivel de clubes pero a algunos no parece bastarles, aún hay casos aislados que manifiestan un regusto amargo porque el nivel de aplastamiento no haya sido el que ellos esperaban o porque haya habido que bajarse al barro para conseguirlo, como si el barro no fuera imprescindible en estas circunstancias, como si el gen del madridismo llevara también incorporado de serie el gen de la insatisfacción. Cinco meses después Laso tiene por fin el crédito que siempre mereció, pero habrá de saber que ese crédito le durará exactamente hasta la próxima derrota (vales tanto como el último partido que juegas), hasta el próximo título (aún por nimio que fuera) que se escape de las vitrinas de tan sacrosanta entidad. Marca de la casa, no tienen más que mirar a su sección de fútbol si aún les queda alguna duda.

Dure lo que dure habrá merecido la pena. La alegría, aquella catarsis que hace un par de años reivindicó con pasión José Manuel Puertas, resulta mucho más fácil de defender cuando hay un título que la sustente. Todo lo cual no resta méritos (más bien al contrario) a otros equipos lúdico-festivos (pero no por ello menos efectivos), ese maravilloso Canarias de Alejandro Martínez, la Penya de Maldonado (casi cualquier Penya, en realidad), tantos otros. Pero los títulos de alguna manera crean escuela, marcan doctrina, enseñan el camino a seguir. Cuando un equipo alegre gana un título es como si lo ganara dos veces, por lo que representa el título en sí y por lo que representa haberlo ganado así. Este Madrid de Laso ganó Supercopas y pareció poco, ganó Copas y aún no pareció suficiente, ganó una Liga y pareció que aún faltaba algo, gana ahora por fin la Euroliga y debería ser ésta ya la victoria definitiva, la que despeje dudas, la que consagre para siempre este estilo de juego tan válido como cualquier otro, en realidad mucho más válido que cualquier otro porque gana como cualquier otro pero a la vez divierte más que cualquier otro (no sé si me explico). Repito: debería ser. No nos confiemos. Volverán los apóstoles del feísmo como volvieron las oscuras golondrinas, de hecho están ahí agazapados esperando su oportunidad, soñando con que este Madrid se la vuelva a pegar en ACB o con que lpablo-lasoos fantásticos Warriors de Kerr & Curry no ganen esta NBA para volver a contagiarnos con su bilis, para vendernos otra dosis de cemento y apretarnos todavía un poco más las riendas. Mantengámonos alerta.

Ahora bien, cuando vengan mal dadas, cuando las cañas se tornen lanzas (cursilada que hasta hoy jamás me había atrevido a utilizar), cuando pinten bastos (pasado mañana, como quien dice), el Madrid, antes de tomar medidas drásticas, deberá sentarse a valorar todo lo que representó el lasismo (y el chachismo, por extensión) para la idiosincrasia de este club. No es ésta una entidad que por lo general coseche adhesiones allá por donde pasa, más bien al contrario, tiende a generar animadversiones por doquier, fruto de la propia grandeza de la entidad. Y sin embargo este Madrid de Laso ha conseguido la cuadratura del círculo, que muchísimos aficionados que no son ni fueron ni serán nunca del Madrid disfruten viendo jugar (y ganar, incluso) a este equipo (créanme que sé de lo que hablo, créanme que conozco no a uno ni dos sino a unos cuantos). Que este Madrid vaya a ser recordado por sus títulos pero también (y sobre todo) por su juego, por las simpatías y empatías que genera, por mejorar, promover y publicitar por el mundo la maltrecha imagen de marca de la entidad. Por algo tan simple como (permítaseme la expresión) devolver el baloncesto a la gente. Gente que cuando se sienta a ver un partido (tanto más si no se trata de su equipo) lo hace sólo para disfrutar, para que le dejen ser feliz siquiera un par de horas, que para aburrirse o amargarse bastante tiene ya con su vida cotidiana, con mirar a su alrededor, con mirarse incluso en el espejo cada mañana. Digámoslo de una vez por todas, no es verdad que hayamos venido a este mundo a sufrir, no es verdad que este baloncesto no sirva para ganar títulos. NO ES VERDAD. A este valle de lágrimas hemos venido a llorar lo menos posible, a reír hasta hartarnos sin temer represalias, a gozar del juego que amamos (y de la manera en que lo amamos) sin tener que arrepentirnos después. Defendamos siempre la alegría, por favor. También en baloncesto.

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ALGUNAS CONSIDERACIONES   Leave a comment

– Ricky: llevo toda la semana reivindicándolo, aún a riesgo de que en ese patio de vecindad que llamamos Twitter muchos me den la razón pero otros muchos se me tiren cordial y afectuosamente a la yugular (entiéndase en sentido figurado, of course). Es obvio que Ricky no las mete, y que el hecho de haber fallado alguna bandeja desde debajo mismo del aro no ha ayudado precisamente a su reputación en ese aspecto. Pero es que yo ya no le pido que las meta, yo soy de los que creen que la función primordial de un base no es jugar él sino hacer jugar al equipo, llevo pensando así toda la vida, comprenderán que a estas alturas ya no voy a cambiar. Y convendrán conmigo en que la dirección de Ricky en este Torneo está resultando sobresaliente, nada que ver con el Ricky timorato y constreñido que vimos hace un año, aquel que daba mil vueltas para no llegar nunca a ningún lado. Este año sí, este año Ricky sabe a dónde va, dinamiza el juego, da al equipo la velocidad que necesita, mete un ritmo en defensa y ataque muy difícil de soportar para cualquier rival, pone cada pase en el sitio adecuado y en el momento justo. Y disfruta, se le ve que disfruta, y aquellos que llevamos viendo a Ricky desde que tenía catorce años (desde antes incluso, en aquella Minicopa de Sevilla) sabemos ya de sobra que sin disfrute no hay Ricky (no Ricky no party, o viceversa) sino una mala copia de sí mismo, lo supieron bien en Badalona y Barcelona (aquellos por acción, éstos por omisión), lo saben bien también en Minneapolis. Y es verdad que no las mete, he ahí el problema, pero es que el meterla nunca fue parte esencial de un base sino un mero complemento. Cierto es que a día de hoy no posee ni ese mero complemento siquiera, cierto es que tarde o temprano tendrá que meterlas (sobre todo en NBA) si quiere dar el paso que separa a los buenos de los verdaderamente grandes. Pero por ahora (y a nivel de selección) se lo perdono, vaya si se lo perdono. Le sube la riquirrubina, tantos años después, y esa es una magnífica noticia para todos aquellos que hace apenas un año creímos haberla echado a perder, tal vez ya para siempre. Que dure.

– Calde: no sé si bien aconsejado o repentinamente iluminado, pero lo cierto es que un día Orenga tuvo por fin la ocurrencia de ponerle de (verdadero) base y ¡oh prodigio!, ¡oh maravilla!, de repente volvió el José Manuel (por otro nombre Juan Carlos) Calderón que siempre habíamos conocido, ya ven ustedes qué casualidad. El de Toronto, el de Dallas, el que triangulará en el Madison a la vera de Spike Lee en apenas mes y medio. Bastó con eso, volver a sentirse importante, volver a pensar (siquiera por un instante) que el equipo podía girar a su alrededor en lugar de que fuera él quien girara alrededor del equipo. Y recuperar el toque, la penetración y la muñeca fue todo uno, y recuperar el placer de jugar incluso cuando (vuelta la burra al trigo) vuelven a ponerle de dos vino ya por añadidura. Hemos recuperado a Calde, inmensa satisfacción para todos aquellos que siempre creímos en él, toque de atención para los que ya se llenaban la boca en estos días hablando de llevárselo muerto, hay gente pa tó. El patio de vecindad, ya saben, que por mucho que pulas tu TL nunca faltará alguno que te suelte lo del postureo de Calde o lo de que Navarro está ya acabado (tal cual, se lo juro), hacen bien en soltarlo si así lo piensan, la libertad de expresión es lo que tiene. En un caso y en otro bastó con dejar pasar el tiempo para la cruda realidad les pusiera en su lugar.

– El Chacho: la cuadratura del círculo no tiene solución que yo sepa, lo mismo la han descubierto ya en estos años y yo no me he enterado, tampoco sería de extrañar. No hay soluciones perfectas, arreglar una pieza esencial puede conducir a que se inutilice otra o a que no rinda ya a su nivel esperado. Teníamos desubicado a Calderón, puede que el precio a pagar por reubicarle haya sido desubicar a Sergio Rodríguez. O no, que visto desde fuera puede uno tener sensaciones que no se correspondan con la realidad. Orenga sigue abusando (en mi opinión) de las combinaciones de tres bases tomados de dos en dos, pero al menos habremos de reconocer que se han asignado roles y se ha recuperado un atisbo de (lo que yo entiendo por) sensatez: lo de toda la vida, un titular, un suplente y un tercero para momentos puntuales, cambiar ritmos, dinamitar partidos, esas cosas. A Sergio parece haberle correspondido este último papel, que sea habitualmente el segundo en entrar no evita que acabe siendo casi siempre el tercero en orden de importancia, puede parecer un rol menor pero nada más lejos de la realidad, dígaselo a José Luis Llorente en aquellos Juegos de Los Ángeles o al propio Sergio en Japón 2006, de no haber sido por su participación ante Argentina habríamos acabado peleando el bronce con los yanquis. Quedan (esperemos que queden) tres partidazos en los que no faltarán motivos para recurrir al Chacho, otra cosa ya es que a alguno quizá nos gustara que el orden de los factores fuera un poco diferente. Pero dicen que el orden de los factores no altera el producto y el producto por ahora no puede ser mejor, así que dejémoslo estar.

– La defensa: empezamos cada partido como si no hubiera un mañana, luego con las sucesivas rotaciones nos vamos sedimentando pero es empezar el tercer cuarto y comenzar el arrebato de nuevo. Y podría parecer que es porque salen los mismos que empezaron el encuentro pero no es así, o no exactamente: si el trío exterior inicial acostumbra a ser Ricky-Rudy-Navarro, el trío exterior tras el descanso acostumbra a ser Ricky-Rudy-Llull. Y así lo que perdemos en tacto y finura lo ganamos en agresividad y desenfreno, mire usted. Los equipos rivales se van al vestuario tras el segundo cuarto pensando que han conseguido capear el temporal y cuando vuelven confiados a la cancha se encuentran otra vez el temporal sólo que ahora ya corregido y aumentado, una tremenda defensa de anticipación a la que tampoco son ajenos los gasoles guardándoles las espaldas. Tampoco hemos inventado nada, no es algo tan diferente a lo que hacía (por ejemplo) el propio Laso con Draper mientras le duró la salud (y bien que lo pagó cuando se le acabó). Pero está bien recordarlo porque demasiadas veces nos fijamos sólo en lo que ocurre a un lado de la cancha y nos olvidamos del otro, valoramos si acaso los tapones de Ibaka & cía y nos olvidamos de casi todo lo demás, jugamos bien y bonito y nos creemos que con eso ya basta sin darnos cuenta de que para llegar a eso tiene que haber muchísimo trabajo detrás. Justamente ahí, detrás.

– Los pases: yo soy yo y mis obsesiones, y una de ellas en lo tocante a baloncesto tiene que ver con los pases. No ya con las asistencias (que también) sino con el mero hecho de saber encontrar al compañero y hacerle llegar el balón a la velocidad adecuada en el lugar correcto y en el momento justo, nada más y nada menos que eso. Tengo para mí (que diría Paniagua) que un equipo con buenos pasadores tiene muchísimo ganado en este juego, fue así desde que a Naismith le dio por desfondar aquella cesta de melocotones, fue así desde los Celtics de Bird a los actuales (y maravillosos) Spurs pasando sin ir más lejos por aquellos Kings en los que todos parecían bases, tanto daba que se llamaran Chris Webber, Vlade Divac o Brad Miller. No haré comparaciones (que son odiosas), no descubriré la pólvora a estas alturas cuando les diga que tenemos (también en este aspecto) un lujo al alcance de muy pocos. No hablo ya del trío de bases (que es obvio), no hablo ya de los gasoles (bases de siete pies ambos dos), hablo de otros jugadores cuyo talento en este departamento del juego tiende a pasar más desapercibido pero que son fundamentales para que el balón fluya: mismamente Navarro, mismamente Rudy, mismamente Ibaka. Tenemos un perímetro que es la envidia de medio mundo y un juego interior que es la envidia del mundo entero (y un agujero entre el uno y el otro, también), pero tenemos algo más, algo de lo que casi nadie habla, tenemos la seguridad de que el balón viaje siempre en buenas manos para que llegue cuando y donde tenga que llegar. He ahí nuestro verdadero hecho diferencial.

– Ibaka: cuentan que anda un tanto mohíno en estos días (y su lenguaje no-verbal así parece atestiguarlo), que echa en falta más balones, más participación en el juego de ataque, más jugadas preparadas para él. Y yo le entiendo, cómo no le voy a entender. Hace ya tiempo que Ibaka dejó de ser el chico de los gorros, hace ya tiempo que unió a sus incomparables condiciones físicas unas nada desdeñables aptitudes técnicas: te da lo que le pidas, de cara y de espaldas, por arriba y por abajo, por fuera y por dentro, por delante y por detrás. Y te lo da además (por si con lo físico y lo técnico no fuera suficiente) con una intensidad sin parangón. Sólo el cielo es el límite (frase original donde las haya), será all star más pronto que tarde, no nos quepa a nadie la menor duda. Yo entiendo a Ibaka, de verdad que sí, pero él tiene que entender también lo que tiene a su alrededor: tiene que entender que no es exactamente lo mismo tener como compañeros a Kendrick Perkins, Nick Collison o Steven Adams que tener a Marc y Pau, por razones obvias. Claro que le duele, claro que está acostumbrado a tener mucho más protagonismo en su club (digo franquicia) que en la selección, pero díganme a ver qué jugador no está acostumbrado a tener mucha más participación en su club de la que tiene en esta selección: Calde, el Chacho, Ricky, Navarro, Llull y así sucesivamente, así podríamos continuar hasta agotar la lista, todos son más importantes en su club/franquicia que en el equipo nacional, todos excepto Claver que no es importante ni en un sitio ni en el otro (pero esa es otra historia). Todos. ¿Que se podría sacar más partido de Ibaka en ataque? Sin duda, estoy convencido de ello, como estoy convencido de que nos hará mucha falta ese partido a lo largo del Torneo. Pero que el propio interesado ande mostrando públicamente su insatisfacción porque no se lo sacan no ayuda precisamente al equipo, y aún menos le ayuda a él mismo. Creo que fue Marc Gasol quien dijo una vez (con su habitual escasez de pelos en la lengua) que a la selección se viene sin ego. Pues eso.

– Orenga: que no soy de su club de fans lo saben ustedes de sobra. Pero saben también (o me gustaría que supieran) que no suelo ser ventajista, en esta ocasión tampoco lo seré. Nunca he creído en aquello de que los fracasos sean culpa de y los éxitos a pesar de, ese es el recurso fácil contra el que he peleado siempre (véase por ejemplo al respecto el chorro de entradas sobre Pablo Laso, así en las buenas como en las malas). Si pierdes te linchan pero si ganas te dirán que con esos jugadores es lo menos que podías hacer (o que con esos rivales es lo menos que se te podía pedir, ligera variación), ya ven qué manera tan socorrida de tener siempre razón. [Nada nuevo bajo el sol, recuerdo un afamado coach que ganó once anillos como técnico y en todos y cada uno de ellos tuvo que escuchar que con esos jugadores así cualquiera, si entrenara a Milwaukee ya veríamos cuántos ganaba, cosas así (y no vayan a pensar que estoy comparando a Phil Jackson con Orenga, líbreme el cielo, todavía hay clases). Cosas muy de nuestro deporte por cierto, nadie dice nunca que a ver cuántos títulos ganarían Simeone o Ancelotti si entrenaran al Rayo, será que los del baloncesto somos más de autoflagelarnos con obviedades, me he ido del tema]. Vuelvo: sé que me ganaré la animadversión de muchos (dichoso patio de vecindad) pero creo sinceramente que si a Orenga le llovieron palos (entre ellos los míos) hace un año, no sería descabellado que le llovieran parabienes (entre ellos los míos) a día de hoy, a la vista de cómo está jugando y ganando esta selección. Las cosas no suceden por casualidad, por abundante que sea el talento también hay que gestionarlo, incluso en supuestos autogestionarios como el que nos ocupa también es necesario gestionar la autogestión. Y además, que no se juega así sólo con autogestión, que por buenos que sean (que lo son) se ve de lejos la mano de un entrenador detrás, podemos pensar (y puede que hasta lo pensemos) que esa mano es la de Sito pero el que da la cara aquí es Orenga mientras no se demuestre lo contrario. Y escribo esto aunque muchas de sus decisiones sigan sin gustarme (ese mantener en cancha a los buenos con todo resuelto, hasta mucho más allá de lo razonable, que ya veremos si el día menos pensado no nos acabará Pau dando un disgusto), escribo esto a sabiendas de que en un par de días me puedo arrepentir de haberlo escrito, que sacar la cara (siquiera mínimamente) por él se me puede volver en contra en cuanto vengan mal dadas, ojalá no. Pero qué quieren que les diga, aún a pesar de mi escepticismo creo que Orenga se ha ganado por fin el beneficio de la duda. El mío. Ahora ya sólo falta que se gane también el de todos los demás.

RAZONES PARA EL ESCEPTICISMO   3 comments

Habré de confesarles (por si nunca lo notaron) que el triunfalismo me pone de los hígados. Entiéndanme, no cualquier triunfalismo, no vayan a pensar, sino ese triunfalismo irracional, desmedido y pestilente que desprenden por lo general algunos de nuestros más afamados medios de comunicación, esos que te sacan campañas tan cínicas como aquella de que hay una España admirada por el mundo, sólo tienes que saber qué periódico leer, esos a los que se les llena la boca hablando de eÑebeá, esos que a cada baja ajena para el Mundial dan palmas con las orejas porque así aumenta nuestro (supuesto) favoritismo, como si alguna vez pudiera ser una buena noticia la devaluación de una competición que en este caso además y para más inri organizamos nosotros mismos. Me pone de los nervios ese provincianismo de creernos el ombligo del mundo como si los demás no fueran nadie, me revienta que me vendan la piel antes de cazar el oso, si luego el oso no se deja cazar ya le echaremos las culpas al bosque, al guardia forestal o al que fabricó la escopeta, según. No puedo con ese hedor de euforia mediática premundialista que nos atufa en estos días (no compartido necesariamente por el aficionado de a pie) y quizá por eso me gustaría poner (como aficionado de a pie que soy) un contrapunto, un catálogo de razones que nos permitan mantener siquiera por unos días los pies en el suelo. Luego ya habrá tiempo de volar si se presenta la ocasión.

– La fase de (no) preparación: verán que este año he decidido perdonarles y no ponerles la cabeza mala con mis eñefobias de cada verano. Pero el que no haya escrito específicamente sobre ello no significa que haya cambiado mi opinión al respecto, sigo pensando que los demás equipos hacen (verdaderas) fases de preparación mientras que lo nuestro es otra cosa, una sucesión de bolos y galas veraniegas que más parecen partidos de exhibición que partidos de verdad, eventos plagados de complacencia, colegueo y buenrollismo que acaso sean muy útiles para las arcas de nuestra Federación y para la promoción de nuestro deporte pero que en nada contribuyen al que debería ser el principal objetivo de toda fase de preparación, es decir preparar. Es muy de agradecer que equipos como Croacia (qué buena pinta tienen) o Ucrania (versión postmoderna de aquellos ninjas de Fratello) se pusieran las pilas y nos llevaran un poco (sólo un poco) al límite, todo lo cual no dejó de ser un mero sucedáneo para cuando empiecen los partidos de verdad. Así que un año más volverá a suceder, el 30 de agosto el resto de equipos habrán acabado la preparación y comenzarán la competición, nosotros en cambio habremos acabado la exhibición y comenzaremos la preparación. Haremos el rodaje cuando los demás ya estén rodados y en partidos que ya cuenten para el resultado final, algo que en ocasiones (tras el susto inicial) nos acabó saliendo francamente bien (véase 2009 ó 2011) pero que otras veces nos salió como el culo, disculpen la ordinariez. Veremos este año.

– La edad no perdona: la generación de oro, aquellos que un día fueron los niños de Lisboa, se nos ha hecho mayor, es ley de vida. Pau, Navarro y Felipe ya cumplieron los 34, Calderón (que no estuvo en Lisboa por accidente, pero que pertenece por derecho propio a aquella generación) anda ya por los 33. Decía Chichi Creus que ésta es casi la mejor edad (y él debía saberlo por experiencia, dado que jugó hasta los 42), puede que ello sea cierto a nivel de conocimiento del juego pero no necesariamente a nivel físico, tanto más en una competición de esta índole en la que (a partir de un determinado momento) te la juegas noche sí, noche también. Mi principal recuerdo del pasado Eurobasket 2013 es el de una selección que hacía puntualmente los deberes durante los tres primeros cuartos pero que luego se hundía irremediablemente en el último, consecuencia tal vez de una muy mala preparación (física y/o psicológica). Tras lo visto este año nada me hace pensar que llevemos una preparación mejor (véase punto 1), si acaso lo contrario, puede que esta vez no esperemos necesariamente al último cuarto y nos vengamos abajo ya en el tercero, indicios ha habido al respecto en las pachangas de estos días. Ojalá me equivoque.

– Somos previsibles: si yo fuera entrenador de cualquier selección de medio pelo que hubiera de enfrentarse a España (hipótesis absurda), cerraría por completo mi defensa sobre el juego interior rival. Muchísimas ayudas, constantes traps, no ya dos contra uno sino hasta tres contra uno en cuanto el balón llegue ahí dentro, puntuales zonas 2-3 que les formaran el lío más todavía, especial atención a las líneas de pase dentro-fuera para minimizar en lo posible lo buenos pasadores que son… y bien sé que haciendo eso me quedaría vendido en el juego exterior, bien sé que me podrían crujir a triples librados pero ese sería el riesgo, que me ametrallaran desde fuera a ver cuánto aciertan, quien a triple mata a triple muere y a día de hoy nuestra selección tiene mucha más pinta de morir que de matar en este aspecto, lo que le endosamos a Argentina fue sólo la excepción que confirma la regla. Queríamos cuatro abierto y ahora ya lo tenemos, por fin, no se llama Garbajosa ni Mirotic sino Ibaka, quién nos lo iba a decir, su evidente mejora en todos los aspectos del juego le ha llevado a convertirse en (entre otras cosas) un consumado tirador exterior. Esa es la buena noticia. La mala noticia es que durante este mes ha sido nuestro mejor tirador exterior, algo absolutamente incomprensible en un equipo que cuenta con nombres como Navarro, Rudy, Calderón, Llull o Sergio Rodríguez (nótese que no incluyo a Ricky en esa lista, por razones obvias). O afinamos la puntería o seremos previsibles, o anotamos desde fuera o las pasaremos putas, con perdón. Al tiempo.

– El mal del anfitrión: ¿de verdad que somos favoritos (o algo así) por el mero hecho de jugar en casa? Les daré una lista rápida, Eurobasket 1973, Mundial 1986, Juegos Olímpicos 1992, Eurobasket 1997, Eurobasket 2007, me dejaré algún evento pero éstos son los que se me vienen ahora mismo a la cabeza. Y ahora díganme si son tan amables en cuántos de ellos acabamos alzándonos finalmente con el título: efectivamente, ninguno, cero patatero (o pelotero, según). Y puede que en alguno no fuéramos nadie pero en algún otro éramos mucho más favoritos de lo que somos hoy, echen la memoria siete años atrás si les queda alguna duda. No, ejercer de anfitriones nunca se nos ha dado bien (quizá por el suplemento de presión que conlleva) pero tampoco vayan a pensar que nos pasa a nosotros solos. He repasado las últimas competiciones internacionales (Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo y Campeonatos de Europa, que ya para otros continentes no me da la memoria ni el tiempo para mirarlo), y… ¿saben cuál fue la última gran competición ganada por el anfitrión? Efectivamente, los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Desde entonces (y han pasado ya 18 años) ni un solo Eurobasket, Mundobasket o torneo olímpico fue ganado por el equipo de casa, y me dirán que en ese tiempo hubo países organizadores sin pedigrí ninguno en este deporte como Suecia, Japón o el Reino Unido de la Gran Bretaña, lo cual es cierto, casi tan cierto como que en ese mismo periodo hubo países organizadores como la propia USA, Serbia, Lituania, Turquía, Grecia o España, estos tres últimos por partida doble. Puede que ser anfitrión suponga un plus pero en nuestro caso (y en otros como el nuestro) ese plus se nos convierte demasiadas veces en minus. Que no nos pase na.

– USA: no niego que los nombres ausentes pesan casi más que los presentes, no niego que un hipotético quinteto Chris Paul, Kevin Durant, LeBron James, Kevin Love, Dwight Howard (incluso), más los puntuales añadidos de (pongamos) Wall, Kobe (renacido), George (sano), Melo, Kawhi, Aldridge o Griffin impone casi más de lo que hay pero qué quiere que le diga, yo podría ir hasta el fin del mundo con esta verdadera selección USA, yo iría hasta el infinito y más allá con estos Derrick Rose (o lo que quede de él tras estos dos años, casi en fase de pretemporada para llegar a punto a los Bulls), Steph Curry (mi debilidad absoluta desde sus tiempos de Davidson, como les habré dicho ya 792 veces), James Harden (un hipotético emparejamiento defensivo con el Chacho podría ocasionar problemas capilares insospechados), Kenneth Rasta Faried y Anthony Unicej Davis, tanto más si vienen acompañados por Kyrie Irving, Klay Thompson, Rudy Gay, DeMarcus Cousins (esperemos que no se le suelte la pinza) o Andre Drummond entre otros, tanto más si vienen entrenados por los sempiternos Krzyzewski & Boeheim, casi dosmil victorias les contemplan. Se pongan como se pongan y aunque le joda al Marca y me joda incluso a mí mismo, para mí siguen siendo los únicos e indiscutibles favoritos, y así lo seguirán siendo hasta que alguien (ojalá nosotros) me demuestre lo contrario.

– Los Otros: probablemente usted no lo sepa porque los medios están tratando deliberadamente de ocultárnoslo, pero aunque parezca mentira el Mundial no lo juegan sólo Estados Unidos y España, lo juegan también otros veintidós equipos más, varios de ellos de raigambre, tronío y prosapia (sea eso lo que sea) suficiente como para ser tenidos muy en cuenta. Claro que gracias al prodigioso, incomparable e inmarcesible sistema de competición no tendremos que preocuparnos de países como Lituania (ay, Kalnietis), Eslovenia, Turquía, República Dominicana o (la muy apetecible de ver) Australia, de esos que se preocupe USA si así le apetece. Sí tendremos que preocuparnos en cambio de un Brasil que viene con todo (y todo es decir mucho) y que ya nos ganó en Londres 2012 (no haré más comentarios al respecto), de una Serbia puesta en manos de Djordjevic (en pie), de la nueva y rutilante Grecia de Katsikaris y Antetokoumpo (o como se diga), del Puerto Rico de Olmos y/o Arroyo, de una Francia a la deriva (sin dirección, sin Parker, sin De Colo… pero Francia al fin y al cabo), de una Croacia deseosa de entregarse ya a Herzonja o Saric como nosotros nos entregamos a Navarro y Pau hace casi tres lustros, de una Argentina sin Ginóbili (ninguna otra ausencia me duele tanto, ni la de Durant siquiera), y no venga usted ahora a decirme que a éstos ya les ganamos fácil el otro día, quien piense que una pachanga es lo mismo que un cruce es que no conoce el carácter argentino. Suficientes preocupaciones como para no dar nada por supuesto, creo yo. No niego que si un extraterrestre hubiera llegado a la Tierra a comienzos de agosto sin ninguna información previa y se hubiera dedicado a ver todos los amistosos de todas las selecciones participantes (teletransportándose de un lugar a otro para la ocasión) probablemente también pensaría a día de hoy que este Mundial es sólo cosa de dos, pero los que nacimos y crecimos en este planeta sabemos (citando a los clásicos) que no hay rival pequeño y que ya no quedan peritas en dulce. No va a ser un camino de rosas.

– Mis dudas con Orenga: no esperen encontrar aquí un linchamiento, saben que no es mi estilo, no lo haré con Orenga como tampoco lo hice antes con Scariolo (que dicho sea de paso, resulta curioso ver en estos días cómo muchos de los que en su día lincharon a Scariolo hoy no se cortan un pelo en echarlo de menos cuando lo comparan con Orenga, me pregunto si llegará el día en que los que hoy linchan a Orenga le añoren luego cuando toque compararlo con el siguiente). Nada me gustaría más que le fuera bien a Orenga, por el bien de mi selección y por el suyo propio, porque (lo diré una vez más) me cae bien, me parece un sujeto sobradamente preparado y creo que reúne muchas condiciones esenciales para ser un buen entrenador. Ya otra cosa es que lo sea, claro. Las dudas que tuve antes del pasado Eurobasket no sólo no se disiparon sino que se acrecentaron con el transcurso de la competición, dejándome un técnico inexperto, inseguro, de mira corta y perfil bajo. Que a lo mejor es justo eso lo que quiere la FEB, un técnico de perfil bajo para perpetuar el (presunto) modelo autogestionario, nada que ver con Aíto o el primer Scariolo no vaya a ser que se nos enfurruñen las criaturas, si así fuera y los resultados acompañaran créanme que hasta me callaría la boca. Pero a día de hoy sigo sin entender qué sentido tiene ver a Orenga de head coach mientras uno de los mejores técnicos que tenemos en este país, de nombre Sito Alonso, se limita a ejercer de asistente, no lo entiendo como tampoco lo entendí hace un año con Ponsarnau, ganas entran de decir coño, dad un golpe de estado, echadle a un lado y poneros vosotros a ver si así pudiéramos tener un equipo medianamente normal. Insisto, creo que Orenga tiene conocimientos y tiene además una elevada capacidad didáctica para transmitirlos, creo que llegará el día en que pueda ser un entrenador de alto nivel… pero que las prácticas para llegar a serlo tenga que hacerlas precisamente en la selección tiene bemoles, por no decir otra cosa. El mundo al revés.

– La carencia de tres: desde que se retiró Carlos Jiménez no hemos vuelto a tener un tres como es debido, lo cual con ser malo no es lo peor, lo peor es que no parece que vayamos a encontrarlo a corto/medio plazo. Mumbrú se extinguió muy poco después, el Chimpa Suárez se nos fue apagando, Rabaseda ni llegó a encenderse, Dani Díez es aún una luz muy tenue que ya veremos si llega a prender alguna vez. Ante lo cual sólo queda en nuestro baloncesto un tres que así merezca ser llamado, y que como ya habrán deducido responde (poco) al bello nombre de Víctor Claver. Ese mismo pelirrojo de aire lánguido, media sonrisa y mirada perdida que parece pasar cada verano por la selección sin que la selección pase por él, ese mismo que acude puntual a la llamada del seleccionador (sea éste quien sea) porque no tenemos ningún otro jugador de sus características, ese mismo que luego acostumbra a acabar los campeonatos reconvertido en agitatoallas (loable desempeño por otra parte, pero que ya a estas alturas quizá cabría esperar algo mejor), ese mismo que lleva ya dos años enteros echados a perder en Portland y alrededores, y lo que te rondaré morena. Buscas en el diccionario eterna promesa y aparece su foto al lado… Ojalá llegue el día en que me tape la boca, ojalá llegue el día en que un entrenador le dé algo más que minutos de compromiso y/o de la basura, ojalá llegue el día en que él dé a su entrenador algún motivo para darle esos minutos. Ojalá.

– Las rotaciones extrañas: una de las principales consecuencias de esa casi carencia de tres es que tendemos a jugar sin tres, por razones obvias. Pero hay maneras y maneras de jugar sin tres. Está la manera clásica, un base y dos escoltas (la que tantas veces hicimos nosotros durante estos años, disfrazando a Rudy de tres mientras Navarro o Llull jugaban de dos); y luego está la manera Orenga, dos bases y un escolta (que a lo peor también acostumbra a ejercer de base en su club). Que habrá a quien le entusiasme pero que yo no lo veo, mire usted: tenemos tres bases extraordinarios pero que son bases-bases, puros unos (cada uno a su manera) así Ricky como Calde como el Chacho, para uno y medio ya está Llull. Pero ahora nos ha dado por hacer combinaciones de tres elementos tomados de dos en dos, Ricky & Calde, Ricky & Chacho, Chacho & Calde llevándonos a Navarro o al susodicho Llull al puesto de alero, los gasoles y los tres enanitos se llamaría la película. Y qué quieren que les diga, poner a dos bases siempre me pareció un recurso (repito, recurso) para situaciones puntuales, generalmente finales igualados para asegurarte el control del juego, si acaso excepción que ahora por obra y gracia de Orenga se ha convertido en norma. Quintetos que acaban pareciendo cuartetos porque el quinto elemento está de miranda, porque dirigir lo que se dice dirigir sólo dirige uno, el otro base por lo general no sabe qué hacer consigo mismo, no está acostumbrado a buscarse la vida para circular y salir de bloqueos sin balón a la espera de recibir, tiende si acaso a quitarse de enmedio, echarse al costado y esperar a que se la den para tirarse algún triple, punto. Mención especial para Calderón en este aspecto, que ya el año pasado le pidieron que ejerciera de dos (y se estrelló) pero al menos Orenga tuvo coartada porque no estaba Navarro, este año sí que está pero se lo siguen pidiendo y así le va. Y sé que es posible que algún presunto iluminado-que-parece-saberlo-todo se me tire al cuello y me diga que si afirmo esto es porque no he visto a Calderón en Dallas (que sí lo he visto), pero aún así (desde mi ignorancia de mero aficionado que no tiene puta idea) lo seguiré diciendo: Calderón está desubicado en este esquema, Ricky y Sergio a veces también pero Calde especialmente. Y no sé hasta qué punto es lícito desperdiciar un jugador así.

Mi primer impulso fue titular esta entrega razones para el pesimismo, pero al final me corté. Me corté por no amargarles la vida pero me corté también por puro sentido común: porque en realidad no creo que existan razones para el pesimismo (ni siquiera yo, que tiendo a ser pesimista por naturaleza), porque creo que tenemos la mayor dosis de talento que hayamos tenido jamás, porque creo que todas esas contrariedades que les he ido poniendo más arriba (la edad, los desequilibrios, las presuntas orengadas, tantas otras) en el fondo son pecata minuta si cuando llegue la hora de saltar a la cancha somos capaces de jugar como sabemos, podemos (con perdón) y debemos. No soy pesimista, de verdad que no, en absoluto… pero no me pidan tampoco que sea optimista, no todavía. Mantengamos (por ahora) los pies en el suelo, volvamos de nuevo a los clásicos, hasta el rabo todo es toro, los partidos duran cuarenta minutos, cada partido es una historia, no queramos meter el segundo gol antes que el primero (que en versión Mundobasket sería no queramos ganar la final antes de haber llegado a ella). O por citar a otro clásico mucho más reciente (pero no por ello menos clásico): vayamos partido a partido, no hay más. No vendamos la piel del oso antes de cazarlo, y ello aunque algunos lleven ya meses (incluso años) intentando vendérnosla. Yo al menos no se la voy a comprar.

el Madrid de los prodigios   Leave a comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 15 de noviembre de 2013)

Fui a ver el Real Madrid-Anadolu Efes, y fue como si hubiera ido a ver un Harlem Globetrotters-New York Nationals. Fui a verlo con mi hijo de dieciséis años, basketescéptico (por más que lo he intentado nunca he conseguido inocularle el virus) y realmadridfóbico, que empezó con cara de aburrimiento como diciendo no sé qué pinto yo aquí, quién demonios me mandaría decirle que sí a mi padre cuando me pidió que le acompañara, y que acabó en cambio disfrutando como un loco, poniéndose en pie, jaleando y aplaudiendo cabriolas y arabescos como un niño (como el niño que en el fondo sigue siendo, aunque se resista a reconocerlo). No habría de ser ese el único prodigio de aquella noche…

Fui a ver el Real Madrid-Anadolu Efes y fue como ir a ver un Harlem Globetrotters-New York Nationals, pero no estará de más que delimitemos de qué hablamos cuando hablamos de Nationals. Viejos (y buenos) conocidos como Savanovic, Vasileiadis, Planinic, Barac, un pívot solvente y de gozoso pasado céltico como Semih Erden, dos cotizadísimos americanos (de USA) como Gordon y Hopson más el sólido Dragicevic, más otro par de turcos cocinados a fuego lento en NCAA y que aspiran aún a día de hoy a encontrar su sitio en Europa, el ex Longhorn (de Texas) Dogus Balbay y el ex Mountaineer (de West Virginia) Deniz Kilicli, todo ello amalgamado además por un entrenador de probada solvencia, sin duda uno de los grandes, Oktai Mahmuti. ¿Los Nationals, dice usted? A ver, tampoco nos volvamos locos, en las horas previas y posteriores al partido escuché hablar del Efes como candidato serio a la Final Four, yo no diría tanto, yo lo veo como candidato indiscutible al Top16, como candidato (ya más discutible) a meterse en el playoff de cuartos de final, la Final Four ya me parecen palabras mayores para este equipo. Posible sí, como no habría de serlo. Probable no, en mi modesta opinión. Ahora bien, ¿los Nationals? En otra temporada, en otro momento, este mismo Efes habría podido ocasionar un buen incendio en el Palacio (decir incendio y Palacio en la misma frase suena como jugar con fuego, nunca mejor dicho), habría garantizado un partido igualado al menos. Es más, este mismo Efes bien habría podido provocar ese mismo incendio si su visita en vez de al Palacio hubiese sido al Palau, no digamos ya al Buesa o al Carpena.  Este mismo Efes que se la podría liar a cualquiera fue un vulgar juguete, un mero comparsa, un simple azucarillo disuelto en el agua que le dio el Madrid. Los Estambul Nationals.

Hay mucho de Globetrotters en este Madrid, no ya en su juego ni en sus virguerías ni en las asistencias ni en los contraataques ni en los robos de balón sino en algo mucho más importante que todo eso: la actitud. Esa sensación de ser felices, de disfrutar haciendo su trabajo, de pasárselo deputamadre juntos y transmitir esa misma vibración a todos los de alrededor. Ese situarse casi por encima del bien y del mal, ese mofarse involuntariamente de la autoridad competente como se mofan los Globetrotters de los pseudoárbitros durante su chou, esa simple jugada como metáfora de todo un partido, quién sabe si de toda una temporada: salen a la carrera, el Chacho desde media pista se la pone a Slaughter, éste clava el alley-oop, el Palacio se viene abajo pero llega el árbitro y dice que no, que mire usted, señor Rodríguez, quizá no se diera cuenta pero le hicieron falta al dar el pase así que no vale nada de todo lo que vino después, el Palacio es un clamor, a ese amplio sector del madridismo educado en la ley de la ventaja le cuesta mucho entender que aquí las cosas no sean así. ¿Qué hacer? Dar al replay, otra vez a la carrera, otro cuelgue a Slaughter desde el mismo sitio, otro alley-oop exactamente igual o aún mejor si cabe que el anterior, quienes lo vieran por la tele pensarían que les estaban dando la repetición pero no, ya era otra jugada, la misma y otra a la vez, ahí la llevas Lamonica, si no quieres caldo pues toma dos tazas, a ver si ésta me la anulas también… La locura.

Viendo al Madrid en vivo (viendo cualquier baloncesto en vivo, en realidad) aprecias cosas que a menudo se te escapan por televisión. Aprecias por ejemplo que Laso tenía razón en aquella queja del otro día, mucho contraataque, mucho passing game, mucha orgía y desenfreno, mucho jijí jajá, todo eso es así y está muy bien que nos lo valoren pero no se queden sólo ahí, aquí no sólo atacamos sino que también defendemos, de hecho no podríamos atacar como atacamos si no defendiéramos como defendemos, en realidad todo nuestro juego empieza desde la defensa (evidentemente no lo dijo con estas mismas palabras, pero ustedes me entienden). Y hay defensas y defensas. Hay defensas meramente posicionales, defensas centradas exclusivamente en dificultar las acciones del rival, defensas que si están bien hechas son extraordinarias como no podría ser de otra manera. Pero hay también defensas (llamémoslo así) proactivas, que no esperan al movimiento del rival sino que intentan anticiparse, no esperar a que empiece la jugada sino atacar la génesis misma de dicha jugada, meter mano por doquier, buscar compulsivamente el robo de balón si es preciso. Mérito tiene que lo haga cualquier equipo pero aún más mérito tiene que lo haga un equipo que nunca destacó en estos últimos tiempos por su defensa, un equipo en el que algunos de sus principales jugadores nunca parecieron haber sido llamados por los caminos de la defensa. Otro mérito que adjudicarle a Laso, otro mérito que adjudicarle a un técnico cuyos críticos, empujados por los acontecimientos, por fin parecen haber desaparecido del mapa. Hoy ya no leo madridistas preocupados por las victorias porque así no habrá manera de echarle, hoy ya no leo madridistas festejando las derrotas (lógico, dado que no hay derrotas) porque así quedará menos para que vuelva Obradovic. Estarán todos ellos (supongo) agazapados, esperando que se les presente de nuevo la oportunidad. Que sigan así por mucho tiempo.

Y el Chacho. Qué les digo yo del Chacho que no les haya dicho ya, qué les digo yo del Chacho que no les haya dicho aquí mismo, hace sólo tres semanas. Que si verlo en televisión es una gozada verlo en vivo es gozada y media, que es de locos verle mirando y botando y mirando y trazando líneas imaginarias y mirando y finalmente viendo, viendo lo que nadie más ve, poniéndola donde nadie más la pone, montando un partido tras otro la feria de la asistencia, ésta del derecho, ésta del revés, ésta otra a la esquina, mejor ésta al bies, ésta ya mirando al tendido, ésta casi mejor me la tiro yo que también tengo derecho y como estoy en estado de gracia (más bien mi estado es la gracia, ya de manera permanente) pues también la meto, vaya que si la meto. No descubro nada si les digo que el Chacho es el gran secreto de este Madrid (junto con Bourousis, que también merecería capítulo aparte), pero no estará de más añadir que otro de los secretos es la manera en que el Madrid (es decir Laso) utiliza al Chacho. No se trata de un modelo Papaloukaste quedas ahí cinco minutos en el banquillo estudiando el partido y luego ya entras y la lías, no, es algo de eso pero es también algo mucho más perverso que todo eso, es dejar que el rival se crea todavía en el partido, es empezar las rotaciones, es meter a Sergio como si fuera una rotación más, el de enfrente lo ve venir pero sabe que haga lo que haga será ya demasiado tarde, que en apenas cinco minutos tendrá el partido entero del revés… No es showtime, es chachowtime, me gustaría atribuirme la paternidad de la chorrada pero no lo haré porque no es mía, la descubrí ayer en una web no precisamente madridista sino todo lo contrario, la de la TV3 de CataluñaChachowtime, yo no podría haberlo definido mejor.

Hay equipos que te molestan, equipos que te aburren, equipos que te dejan indiferente, equipos que te gustan, equipos que te entusiasman y luego ya hay equipos que incluso te trasladan a un estatus superior. Una vez escribí que hay equipos que actúan como un reconstituyente: acaba el partido y te sientes mejor, más a gusto contigo mismo y con los que te rodean, rebosante de energía, de vitalidad, de optimismo. Si es verdad aquello de que la felicidad reside en las pequeñas cosas, ésta debe de ser sin lugar a dudas una de ellas. Una vez escribí esto mismo que acaban de leer y no lo hice para elogiar a ningún Madrid sino a otro equipo mucho más modesto, aquella maravillosa Penya de la erre que erreRicky & Rudy team, aquella fantástica criatura de Aíto. Hace ya casi siete años que lo escribí y desde entonces nunca he tenido la tentación de volver a escribirlo, no desde luego para glosar las virtudes de ningún equipo de este lado del Atlántico, quizá sí para glosar las de alguna universidad yanqui o las de los actuales Warriors de Golden State. Hasta hoy. Hoy estamos de nuevo ante un equipo cuyo juego nos devuelve la alegría y hasta las ganas de vivir, en el supuesto de que las hubiéramos perdido alguna vez. Y eso en estos tiempos que corren de crisis, paro y mierda por doquier, en estos tiempos de baloncesto adocenado en que los equipos se parecen los unos a los otros como gotas de agua, créanme que es un auténtico lujo que no podemos dejar pasar. Una rara especie que deberíamos proteger.

Y aún hay algo más, hay algo perverso en este Real Madrid de los prodigios, algo que diferencia a los buenos equipos de los verdaderamente grandes. La capacidad de ser no necesariamente amados pero sí admirados, no ya por los propios (que eso no tiene ningún mérito) sino también (y sobre todo) por los extraños. No haré comparaciones odiosas, no sacaré a relucir al Barça de Guardiola como ya alguno ha hecho por ahí con dudoso gusto, aquello fue cuestión de varios años y un montón de títulos, esto otro está en pañales todavía. Pero sí es verdad que este Madrid está empezando a generar entusiasmos incluso entre los no madridistas, véase la muestra, no diré que incluso entre los antimadridistas porque eso ya sería decir demasiado. La prueba irrefutable de que ganar, aún con ser importante, no es necesariamente lo más importante. Ganar sin enamorar es para fanáticos, enamorar sin ganar es para románticos, ganar y enamorar a la vez es para todo dios. Incluso para aquellos que jamás se habrían imaginado a sí mismos enamorándose de ver jugar (y ganar) al Real Madrid.

Sólo una sombra en medio de tanta euforia, y es precisamente esa misma, la euforia. La euforia desmedida no se puede controlar, pero esa misma euforia desmedida en una institución obligada a ganarlo todo puede resultar muy peligrosa. El año pasado el Madrid ganó la Liga y jugó la Final de la Euroliga, entonces fue suficiente pero tengo claro que este año ya no lo va a ser. Todo lo que no sea ganar la Euroliga será considerado (en base a los códigos del madridismo) como un fracaso, ya habría sido así antes, no digamos ya ahora ante esta catarata de baloncesto. Y esta Euroliga tiene muchos, pero muchísimos novios, el CSKA de Messina, el bicampeón Olympiacos, el sempiterno Panathinaikos, el mismísimo Barça, no digamos ya ese Fenerbahçe de un Obradovic que no tiene por costumbre perder euroligas, tanto menos en su primer año en cada equipo que entrena. Una mala tarde y se va todo al garete, una crisis puntual y se te vuelve todo del revés, cuanto más arriba estés más dura será la caída. Este Madrid está jugando que te cagas pero no estará de más recordar que aún estamos en noviembre, ya hace dos años se salió en noviembre y luego tras ganar la Copa le sobrevino el bajón, ya el pasado año se salió en noviembre y le sobrevino el bajón a la altura de la Copa aunque consiguiera reponerse después. ¿Es posible ser sublime sin interrupción, vivir eternamente instalado en pleno éxtasis, permanecer en este estado de grandeza hasta mayo, quizás hasta junio? Ese sí sería el mayor de los prodigios. Asúmanlo, cuando empiezas mal el año luego cualquier cosa que consigas te la van a dar por buena (véase el Barça de la pasada temporada), en cambio si lo empiezas de manera sublime todo que luego consigas (aún por mucho que sea) siempre va a parecer poco. He ahí el peligro. Al otro lado de la felicidad siempre reside el miedo, a más felicidad más miedo, cuanto más felices somos más tenemos que perder. Téngase muy en cuenta.

Pero como dijo aquel, que les quiten lo bailao. Lo bailao por ejemplo en aquel miércoles 13 de noviembre en que fui con mi hijo a ver un Real Madrid-Anadolu Efes y fue como cuando aquella tarde de hace seis años y medio le llevé a ver a los Harlem Globetrotters, también obviamente a los New York Nationals. Con una sutil diferencia, que aquellos eran los Globetrotters de verdad aunque su baloncesto fuera de mentira, éstos de blanco en cambio eran unos Globetrotters de mentira pero su baloncesto no podía ser más de verdad. La pura verdad. Ojalá siga siéndolo por mucho tiempo.

estado de gracia   4 comments

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 24 de octubre de 2013)

A veces me pregunto cuánto tiempo necesita permanecer un jugador en estado de gracia para que deje de decirse que está en estado de gracia. Me explico (o lo intento): de los grandes jugadores (o de los grandes en cualquier otra disciplina) nunca se dice que estén en estado de gracia, se dice que son buenos y punto, la gracia se les da por supuesta, se presupone que la gracia es su estado natural. Esa expresión, estado de gracia, no sería entonces para los sublimes sino para los normales, profesionales corrientes y molientes, jugadores del montón que de repente un día, dos o tres se salen de la norma, razón por la cual diremos que han entrado en estado de gracia. Pero eso, una semana, un mes, un año y medio… ¿Un año y medio?

Sergio Rodríguez, base del Real Madrid, explotó de repente en los playoffs de 2012, primero en la semifinal ante el Baskonia y luego en la Final contra el Barça, razón por la cual empezamos a escuchar una y otra vez que estaba en estado de gracia. Sergio Rodríguez se ganó el derecho a ser llamado a la Selección y jugó a buen nivel en los Juegos Olímpicos de Londres, luego volvió al Madrid y comenzó extraordinariamente bien la temporada 2012/2013, razones todas ellas por las que seguimos escuchando que estaba en estado de gracia. Sergio Rodríguez realizó un temporadón excelso que culminó en un título de Liga y una Final de Euroliga, Sergio Rodríguez para algunos (entre los que me cuento) se habría merecido mucho más el MVP que su compañero Mirotic… y con todo y con eso aún tuvimos que escuchar que seguía en estado de gracia. Sergio Rodríguez fue tal vez el mejor hombre de la Selección en el Eurobasket de Eslovenia, se echó el equipo a la espalda cuando nadie más lo hacía y todo lo que consiguió a cambio (además de un bronce) fue seguir escuchando que estaba en estado de gracia. Sergio Rodríguez ha empezado como un tiro la temporada 2013/2014, está incluso mejorando sus casi inmejorables prestaciones de hace meses, está consiguiendo que hasta aquellos que siempre le negaron el pan y la sal le empiecen a reconocer sus méritos (no digamos ya los que siempre se los reconocimos)…. y por increíble que parezca, aún hoy el denominador común de todas las crónicas y de todas sus menciones sigue siendo que está en estado de gracia. Qué gracia.

En otros la gracia es la norma, un mal partido apenas es una excepción. En cambio en Sergio la gracia parece ser la excepción (¿año y medio de excepción?) luego habremos de concluir que la desgracia sería su norma. ¿En serio? Es como si se hubiese quedado instalado ya para siempre en su etapa negra, sus años con McMillan, su tiempo con Messina, como si no hubiese existido el antes y sobre todo no existiera el después, como si el de Portland (y Sacramento, y Nueva York) fuese el Sergio real y éste de ahora fuese el Sergio virtual. Como si en cualquier momento se pudiera romper el hechizo. Cualquier gran jugador puede hacer un mal partido, dos, tres, y no por ello dejará de ser un gran jugador. Esperen a que Sergio haga un mal partido, sólo uno, y ya verán cómo tendremos que escuchar que se acabó su estado de gracia. Como si no fuese sino que estuviese (ventajas de tener un idioma que distingue entre ser y estar), como si nos lo hubiesen instalado ya para siempre en la temporalidad. Otros son buenos fijos, por mucho que la caguen no dejarán de serlo, en cambio a Sergio parece haberle sido asignado el papel de bueno provisional, por muy bien que lo haga incluso durante años enteros seguirá estando bajo la lupa, seguirán impidiéndole ascender a la categoría superior. Seguirá examinándose partido a partido, seguirá saliéndose partido tras partido, seguiremos repitiendo todos como papagayos partido tras partido que está en estado de gracia. Bendita gracia.

Quizás aquella presunta desgracia (por contraposición a esta gracia) naciera en Portland, hace ya unos cuantos años. Allí se juntaron el hambre y las ganas de comer, se juntaron un Sergio tan talentoso como inmaduro y un Nate McMillan tan buen entrenador como cuadriculado a más no poder. Que a Sergio el baloncesto se le salía por los poros lo sabíamos ya desde hace tiempo, desde aquel inolvidable Eurobasket Sub18 de Zaragoza 2004, desde antes incluso, desde aquella última canasta del último minuto del último partido de la Final ACB 2004. A Sergio el baloncesto se le salía por los poros pero ése con ser su principal valor era también su gran problema, su incapacidad de administrar esa segregación. Sergio era un potro sin domar, si estaba inspirado era incomparable, si estaba atravesado te podía meter en un lío. McMillan habría pasado de él si le hubieran dejado pero como no le dejaron decidió domesticarlo, con poco ahínco esa es la verdad dada la poca fe que tenía en él. Nada que pudiera sorprendernos, cualquiera que hubiera conocido al Nate McMillan de los Sonics y conociera ahora a este Sergio sabría que nunca hubo dos bases más contrapuestos en toda la historia de la humanidad.

Y para domesticarlo (o así) recurramos a aquella vieja táctica del palo y zanahoria. Mucho palo y muy poca zanahoria, para ser exactos. Te pongo unos minutos, podría aguantarte un rato en cancha aunque la cagues pero no, el mensaje que te transmito es exactamente el contrario, en cuanto pierdas un balón, hagas un mal tiro o se te escape tu defendido te volverás al banquillo echando viruta. Sergio se acostumbró a jugar un día tras otro, un mes tras otro, un año tras otro con la espada de Damocles permanentemente instalada sobre su cabeza. El más mínimo error le condenaba de inmediato al banquillo, acaso ya por lo que restara de partido, acaso también para el partido siguiente. Para algunos ésta será la quintaesencia del buen entrenador, la letra con sangre entra como si dijéramos, las imprudencias se pagan como diría la DGT. Acaso algunos ingenuos pensáramos que la forma de aprender de tus errores no debería ser mediante el castigo sino mediante la confianza, si juegas pensando que al primer fallo ya te van a sentar jamás serás libre, jamás disfrutarás, en el mejor de los casos te convertirás en un adocenado incapaz de arriesgar, en el peor la presión de fallar te hará fallar más todavía. Acaso algunos ingenuos pensáramos lo que no debíamos, quién nos mandará pensar.

Tras aquel páramo de Oregon vinieron aquellos dos breves espejismos de Sacramento y Nueva York. Algunos creyeron que con el carapasmao de Westphal o el desbaratao de D’Antoni las cosas serían diferentes, yo no, yo me temí lo peor y por una vez (y por desgracia) acerté. De la capital de California sacó una gran amistad con el Chapu a la par que dejó un buen recuerdo, aún este verano se podía leer en las webs locales que Greivis Vásquez iba a ser el primer base pasador de la franquicia desde que se marchó Sergio Rodríguez; de la capital del mundo no sacó ni eso siquiera, cuentan que al acabar aquella temporada le ofrecieron (no sé si con mucho ahínco) un contrato que probablemente le habría convertido en el suplente del suplente, eso en el mejor de los casos. Era el momento de dejarlo, con gran dolor de su corazón. Sergio amaba la NBA sobre todas las cosas, Sergio en sus años mozos (según confesión propia) se pasaba madrugadas enteras en vela viendo partidos históricos en el Plus, Sergio se marchó luego a la NBA en cuanto pudo y vio así sus sueños convertidos en realidad. Apenas necesitó unos pocos años para comprender que la realidad rara vez se parece a los sueños.

Cambiar la NBA por la ACB fue como salir de Málaga para entrar en Malagón, como pasar de Guatemala a Guatepeor, como cambiar a McMillan por Messina.  No me interpreten mal, en realidad sólo fue una cuestión de incompatibilidad de caracteres. O de maneras de entender el baloncesto, más bien. Y miren que algunos ya lo intuimos aquel mismo verano, de hecho hasta se nos vinieron a la cabeza algunos versos de su inmenso (en varios sentidos) paisano Caco Senante. Senante era el autor de aquella canción con la que le había rebautizado el gran Montes, Mojo Picón, Mojo Picón, la rica salsa canaria se llama Mojo Picón, pero no era precisamente de esa canción de la que yo me acordaba aquel verano, sino de otra mucho más triste…

Se te adivina al caminar con ademanes de cansado.
Cansado de no ver el mar, de respirar aire viciado.

Parece que la gran ciudad te está intentando destruir
y te amenaza en cada esquina.
Y que ese mundo de hormigón, de ruido, asfalto y polución,
de golpe, se te viene encima.

Al contemplarte, creo ver, ave de mar en tierra adentro,
que quiere a la costa volver y anda buscando su momento.

No te consigues habituar a esta manera de vivir
y ya te invade la añoranza.
Y estás pensando en regresar para la tierra, a trabajar,
y eso mantiene tu esperanza,………te digo

Qué es lo que haces tú aquí, una gaviota en Madrid.

Una gaviota en EL Madrid, más bien. Un espíritu libre en el prieto corsé de Messina. Más palo y más zanahoria (mucho palo y muy poca zanahoria), más espada de Damocles, más y más de aquella vieja dinámica macmillaniana, entras-la cagas-sales, te pongo-me fallas-te quito, así una vez tras otra hasta el fin de los tiempos. Otra vez la presión añadida de que cualquier fallo signifique banquillo (bronca mediante), otra vez sin derecho al error. Messina es un gran entrenador, qué duda cabe, pero pertenece a esa categoría de grandes entrenadores que sólo entienden el baloncesto de una única manera, casualmente la suya propia. Todo lo que se sale de la norma (su norma) debe ser considerado sospechoso, por definición. Messina estaba acostumbrado a que en Moscú le dieran todo lo que pidiera, en cambio en Madrid le dieron sólo algo de lo que pidió (que fue bastante más de lo que le habían dado a su antecesor, por cierto) y mucho de lo que no pidió ni por asomo. Entre lo que no pidió ni por asomo estaba Sergio. Una gaviota difícilmente podrá volar si le cortan las alas, aún menos si la encierran en una caja. Hasta un ciego veía que aquello jamás podría funcionar. Sólo era cuestión de tiempo.

¡¡¡Se bota para penetrar a canasta, si no se pasa!!!, aún retumban en mi cabeza aquellos gritos de Messina al Chacho en vaya usted a saber qué tiempo muerto. Aquellas palabras siempre me parecieron un perfecto ejemplo de rigidez. En principio (sin tener en cuenta al jugador, sin tener en cuenta la situación, ni las circunstancias) puede ser una adecuada filosofía, qué duda cabe. Un base que bota y bota porque sí, con el yoyó puesto como si dijéramos, es manifiestamente contraproducente: adormece los ataques, fija las defensas, entontece a los compañeros, arruina las posesiones. Pero es que Sergio Rodríguez no entra en esta categoría, no se corresponde en absoluto con ese perfil. Sergio no paraliza el juego de su equipo sino que lo dinamiza, Sergio jamás bota por botar, Sergio bota y procesa, busca ese pase definitivo que saliendo de sus manos no es pase sino pre-asistencia, el pre sólo en función del posterior acierto de su receptor. Y si no lo encuentra, o reinicia o se la juega: o desde fuera (cada vez más desde fuera, cada vez mejor desde fuera) o para adentro. Claro está, ése del que les hablo es el Sergio desinhibido que hace ya casi diez años conocimos y también el que hoy (re)conocemos, ése no era en ningún caso el Sergio maniatado y cohibido de Messina ni el de McMillan. Un Sergio antinatural, un Sergio reprimido y por ello también deprimido. A la fuerza ahorcan.

Se fue (traumáticamente) Messina, se quedó Molin, se fue Molin, llegó Laso. Aunque Laso no hubiera ganado una Liga, una Copa y dos Supercopas, aunque no hubiera alcanzado una Final de Euroliga, aunque su equipo no jugara como los ángeles, aunque no hubiera ningún otro mérito que reconocerle siempre nos quedaría reconocerle el mérito de haber recuperado para la causa a Sergio Rodríguez. ¿El secreto? Obviamente no lo sé, no estoy ahí para saberlo. Puedo pensar que algo tendrá que ver el hecho de que Pablo Laso también fuera base, y cuando digo base quiero decir base: no un gladiéitor defensivo en plan McMillan sino un director de juego en toda regla; menos creativo que Sergio, más seguro que Sergio, tan buen pasador como Sergio. Algo tendrá que ver, seguro, pero aún más tendrá que ver otro concepto mucho más sencillo: confianza. Tan simple como eso, darle confianza. O aún mejor: no darle desconfianza. Que por primera vez en muchos años sintiera que podía arriesgar sin temor a las represalias, que perdiera de una vez por todas el miedo a equivocarse, que su permanencia en cancha ya no dependiera por fin de que la cagara o la dejara de cagar. Tan simple como eso.

Hoy nos puede parecer que todo su tiempo con Laso fue un camino de rosas, pero nada más lejos de la realidad. Los primeros meses fueron duros, no por Laso ni por él sino porque el proceso de descompresión requiere tiempo, no se sacude uno las telarañas de un plumazo así como así. Había que quitarse la escayola, el acartonamiento, la represión, había que dejar que poco a poco fueran volviendo aquellas viejas sensaciones de antaño, que el baloncesto volviera a fluir en su interior… Requiere tiempo y paciencia, pero el tiempo y la paciencia no son conceptos fáciles de manejar en una institución permanentemente instalada en la urgencia como es el Real Madrid. Cortoplacismo, que se dice ahora. Hacia mediados de la temporada 2011/2012 resultaba ya evidente que Laso había recuperado a Sergio, aunque éste aún no fuera el que hoy conocemos ni siquiera el que un día conocimos. Pero estaba en el buen camino, aquello sólo podía ser el principio de una hermosa amistad… y sin embargo era un secreto a voces que el Madrid ya tenía apalabrado a Dontaye Draper, y que éste no venía porque sí sino que venía precisamente para ocupar el puesto de Sergio Rodríguez. Sergio entró en los playoffs de 2012 convencido de que le iban a largar, convencido estaba él y convencidos estábamos también todos los aficionados al baloncesto (que lo entendiéramos o no ya era otra historia). Apenas unas semanas más tarde entró en estado de gracia. Y hasta la fecha.

Nunca dejes que te cambien, cuentan que alguien se lo dijo una vez (y evidentemente no se refería a que le sustituyeran sobre la cancha sino a que le cambiaran su forma de ser, su manera de jugar). Quien se lo dijo sabía bien de qué hablaba, lo sabía por propia experiencia, se llamaba (se seguirá llamando) Iván Corrales, otro espíritu libre (incluso demasiado), todo un personaje sobre la cancha y acaso también fuera de ella, muchos entrenadores se empeñaron en domesticarlo, alguno finalmente lo acabó consiguiendo y el remedio fue mucho peor que la enfermedad, aquel Corrales desbocado se nos fue diluyendo poco a poco hasta acabar quedándosenos prácticamente en nada. No fue un caso aislado, comparen por ejemplo a aquel explosivo Jason Williams de sus comienzos con aquel otro Jason Williams casi funcionarial (en el peor sentido del término) de sus últimos años. O a Luke Ridnour, hoy un base anodino en NBA pero al que algunos recordamos epatándonos en la Universidad de Oregon, créanme si les digo que era fantasía pura. Ellos dejaron que les cambiaran, no por gusto sino porque de ese cambio dependía que pudieran ganarse (muy bien) la vida jugando a esto. Cuántos no se habrán quedado en el camino, simplemente por no dejarse domesticar…

Claro está que hay librepensadores y librepensadores, también en lo que respecta a la dirección de juego. En mis lejanos tiempos del colegio me decían que no hay que confundir la libertad con el libertinaje (que nunca supe lo que era), también que la libertad de uno acaba donde empieza la libertad de los demás (o viceversa). La libertad de un base acaba donde empieza la de sus compañeros. A menudo metemos en el mismo saco al base hipercreativo que juega sólo para sí mismo y al base hipercreativo que pone su excelsa creatividad al servicio del equipo, como si ambos excesos fueran lo mismo. No es lo mismo, no puede ser lo mismo. El libertinaje en la dirección de juego suele ser tóxico, la libertad puede ser maravillosa. Y sin embargo hay entrenadores incapaces de distinguir entre uno y otro concepto, quizá porque en el fondo les dé miedo todo aquello que se escape de su control. Afortunadamente no son todos, ni la mayoría siquiera: muchos sí separan la paja del grano, muchos no consideran el talento como algo sospechoso sino como algo que se puede (se debe) encauzar. Sergio Rodríguez gastó media carrera deportiva en el empeño pero finalmente acabó encontrando la horma de su zapato. Gracias a Laso, también (y sobre todo) gracias a sí mismo, acabó casi resolviendo la cuadratura del círculo: el equilibrio imposible entre ser más Chacho que nunca, no dejar que le cambiaran (y no será porque no lo intentaron algunos) y que sin embargo todo ese desparrame de talento ya no despertara sospechas, que fuera visto por fin como algo positivo para su equipo, que provocara de una vez por todas la admiración general. Todo su baloncesto puesto al servicio de una idea, toda una idea hecha a imagen y semejanza de su baloncesto. Por fin.

Me van a permitir que me tire al barro. Estoy convencido de que al final de su carrera (pongamos dentro de ocho o diez años) Sergio Rodríguez estará considerado como uno de los bases de referencia del baloncesto europeo. Al mismo nivel de consideración que hoy podamos sentir hacia (fíjense qué nombres pongo) Diamantidis, Spanoulis o incluso Papaloukas, que sean los tres de la misma nacionalidad es una mera casualidad. Tres bases (dicho sea de paso) de quienes nadie dijo ni dirá jamás que estén en estado de gracia,, ellos no están sino que son. En condiciones normales (si no hay lesiones ni caídas insospechadas, si no se se cruza otro técnico represor en su camino por uno de esos avatares del destino) el Chacho de treintaitantos será aún mejor que este mismo Chacho de 27 que hoy conocemos: menos pujante físicamente (es ley de vida) pero mucho más maduro, más equilibrado y no por ello menos atrevido. Llegará el día en que le nombren el mejor base de Europa, llegará el día en que despierte murmullos de admiración en todo el Continente, llegará el día en que se nos caiga la baba con él (aún más que ahora)… y sin embargo es muy probable que para entonces aún tengamos que seguir escuchando esta misma retahíla, que lo que pasa con Sergio es que está en estado de gracia, mire usted. ¿Cuántos años de estado de gracia serán necesarios para la gracia deje de ser un estado y se convierta por fin en su condición natural? Esperemos averiguarlo algún día…

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