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aproximación al draft   10 comments

Quedan ya muy pocos días para el draft y de un momento a otro las webs especializadas se nos llenarán de completísimas predicciones al respecto, todas ellas perfectamente jerarquizadas del 1 al 10, al 30 ó al 60 dependiendo del nivel de conocimientos y del nivel de esfuerzo del experto en cuestión. No es mi caso. Saben que yo no me considero experto (ni de lejos) sino un mero aficionado, no me baso tanto en conocimientos como en gustos personales y por eso no deberán considerar esto como una predicción sino como una mera aproximación, por supuesto no jerarquizada sino in alphabetical order, de la A a la Z (nunca mejor dicho). Hecha esta salvedad, si aún así tienen a bien acompañarme…

Steven Adams (Pittsburgh): Esperé hasta el último momento que este freshman neozelandés (ya habitual en las selecciones de su país, por cierto) tuviera a bien retirar su nombre del draft y retornara a jugar con los Panthers su temporada sophomore… en vano, obviamente. Desde el punto de vista económico puede ser un acierto (al menos a corto plazo), desde el punto de vista deportivo creo sinceramente que la caga. Pívot tronquete, propenso a las faltas, que mejoraba a su equipo casi cada vez que se sentaba en el banquillo y que de vez en cuando (muy de vez en cuando) dejaba atisbos y esbozos de lo bueno que podría llegar a ser con trabajo, dedicación y minutos. Los que habría tenido en Pittsburgh, los que difícilmente va a tener allá donde vaya. Él sabrá.

Anthony Bennett (UNLV): A este monstruito me lo han comparado repetidas veces con Larry Johnson (espero que recuerden a Larry Johnson) y créanme que la comparación está bien traída, y no sólo por el hecho de que ambos provengan de la misma universidad. Anthony Bennett, canadiense por cierto (vayan acostumbrándose porque últimamente salen a chorros, ya les contaré), es el típico dos por dos casi literal, el típico al que la primera vez que le ves piensas que le faltan centímetros de alto (para jugar dentro, entiéndase) y le sobran de ancho. Esa primera vez que le ves (que debió ser el Nike Hoop Summit, o el McDonald’s All American) piensas que tiene unas condiciones físicas impresionantes pero te quedas ahí y no vas más allá, y sin embargo luego pasa el verano, luego te lo vuelves a encontrar en el baloncesto ya más organizado de los Running Rebels y entonces vas y exclamas ¡¡¡cáspita!!! (en realidad exclamas otra cosa, que no reproduciré), ¡pero si este tío sabe jugar, y cómo…! Unos fundamentos muy por encima de la media, una muñeca aceptable, un primer paso demoledor. No le he visto tanto como debería y por ello les ruego que no me lo tengan muy en cuenta, pero creo que apunta esbozos como para pensar que (con trabajo y paciencia, que aún le falta mucho) puede llegar a ser un gran jugador. No necesariamente un Larry Johnson (que eso ya son palabras mayores) pero sí un gran jugador.

Trey Burke (Michigan): Allá por el lejano diciembre, cuando les hablé de los Wolverines, ya expresé aquí mismo mi estupefacción ante el hecho de que este tío, siendo como era (casi) sin discusión alguna el mejor base de toda la competición universitaria, apenas figurase alrededor del puesto 20 (y eso en el mejor de los casos) en las previsiones pre-draft. Claro está, no hay mal que cien años dure y éste apenas duró tres meses, los que tardaron los pronosticadores en entrar en razón. Hoy ya a nadie se le ocurriría situarle más allá del puesto 10 y son muchos los que le ubican en el top 3 ó top 5. Eso sí, para que abrieran los ojos hizo falta que Burke pusiera sobre la mesa unas cuantas exhibiciones, que se echara el equipo a la espalda en el Torneo Final y lo llevara hasta la mismísima Final Nacional dejando por el camino actuaciones tan inolvidables como aquella de la Semifinal Regional ante Kansas. Burke pasó de ser considerado unánimemente el mejor base de la nación a ser considerado unánimemente el mejor jugador (de cualquier puesto) de la nación (a nivel universitario, entiéndase), de tal manera que hoy ya nadie pone los prejuicios físicos por encima de su talento, hoy la franquicia que le escoja tendrá claro que se estará llevando no sé si a una estrella (tampoco lo descarten) pero sí a un base titular de garantías para muchos, muchos años. Al tiempo.

Michael Carter-Williams (Syracuse): Por alguna misteriosa razón tiendo a ser más crítico con mis jugadores (con los jugadores de mis equipos, entiéndase) que con los demás, y quizá esa sea la causa de que no acabe de entusiasmarme con alguien como MCW que debería ser mi chico favorito. Y miren que reúne buena parte de las cualidades que se pueden pedir a un base: largos brazos, buenas piernas, mejor manejo de balón, pase correcto, adecuada lectura del juego, magníficos fundamentos técnicos, en transición y/o penetración es sencillamente imparable, su tiro es manifiestamente mejorable pero seguro que lo mejorará en cuanto se lo proponga… ¿Y entonces? Entonces me preocupa su proceso de toma de decisiones, tanto más cuanto más crujientes sean los minutos en que tenga que tomarlas. Que le he visto aturullarse demasiadas veces en los momentos decisivos, vamos. Lo cual tampoco tiene por qué ser demasiado grave: porque no deja de ser un pecado de juventud (que se cura con el tiempo), porque la tensión de cada partido NCAA poco tiene que ver con la existencia rutinaria de la temporada regular NBA (luego los playoffs ya son otra historia, claro) y porque me imagino que su destino a corto plazo será ejercer de base suplente allá donde caiga; años tendrá por delante para irse poco a poco acostumbrando a asumir la responsabilidad.

Shane Larkin (Miami): Una de las sensaciones de la temporada, un base al que me sorprende no ver aún más arriba en los pronósticos (no le dan más acá del 14) porque tiene un perfil muy enebeable (por decirlo así): base más anotador que director (lo cual no quiere decir que desdeñe esta última faceta), buenísima mano, aún mejores piernas, tremendo penetrador (suena feo esto), estupendo pasador y además con buen criterio a la hora de tomar decisiones gracias entre otras cosas a haber estado a las órdenes de un magnífico maestro como Jim Larrañaga. Y con cierto perfil mediático además ya que es hijo del hall of famer beisbolístico Barry Larkin, si usted es amante de dicho deporte sabrá quién es, desgraciadamente no es mi caso. Lo dicho, creo que tiene un amplio recorrido por delante en NBA, ya veremos si (como tantas otras veces) me equivoco.

Alex Len (Maryland): A día de hoy, para mi gusto, el mejor pívot de este draft. Lo cual no es decir mucho porque en este draft no hay shaquilles ni olajuwones ni de lejos, pero sí es bastante en estos tiempos que corren. Repito, a día de hoy, no vaya a ser que dentro de unos años tengamos a Noel convertido en megaestrella, no les digo yo que no (aunque lo dude) pero créanme que hoy por hoy el de Kentucky (aún sano) no le llega al de Maryland ni a la suela del zapato (ligera exageración). Repito también, para mi gusto… que no debe ser tan raro porque resulta que el ucraniano ha subido como la espuma en estas últimas semanas, de hecho hay mocks (qué palabras tan extrañas utilizamos a veces) que ya apuntan a él como número 1… supongo que más que nada porque los Cavs andan buscando un cénter y no acaban de fiarse de Noel. Si le escogen no habrán encontrado una estrella (pero es que de ésas no hay en este draft) pero sí habrán hecho una buena elección, ténganlo por seguro.

C.J. McCollum (Lehigh): McCollum entró de lleno en nuestras vidas y en nuestros corazones allá por el Torneo Final de 2012, llevando a la modestísima Lehigh a cargarse contra todo pronóstico a la archifavorita Duke con todo su Coach K y su Austin Rivers y sus Plumlee y demás familia. En aquel partido y en el siguiente McCollum se nos presentó como un base jugón maravilloso, un auténtico líder además. Y ya está, y no me pidan más porque eso fue en marzo de 2012, en la temporada 2012/2013 no le he visto ni una sola vez, que no es que sea Lehigh de las universidades más televisadas precisamente… aunque muy mal no le habrá ido si le listan tan arriba. Sea como fuere, ver a un base sénior (rara avis) de una universidad tan pequeña en puestos de lotería me parece una magnífica noticia. Seguro que el equipo que lo escoja no se va a equivocar.

Ben McLemore (Kansas): Me deja frío, no les voy a engañar. Es decir, reconozco que es un escolta de calidad excelsa al que apenas se le aprecian defectos evidentes, reconozco que aún siendo freshman fue con diferencia el mejor jugador de Kansas (lo cual tampoco es decir mucho, que el amigo Self hizo milagros con lo poco que tenía entre manos), reconozco que su comienzo de temporada fue sencillamente demoledor… y que luego muy poquito a poco fue yendo a menos, que empezó pareciendo la octava maravilla del universo y acabó pareciendo (casi) un jugador más. No sé, será que me acostumbré a él o será que le miro con malos ojos o será que en el fondo me parece uno de tantos, muy bueno pero muy parecido a tantos otros que también son muy buenos y que luego en NBA acaban convertidos en jugadores del montón. No sé lo que será pero lo cierto es que me deja frío, qué le vamos a hacer. No me lo tengan en cuenta.

Shabazz Muhammad (UCLA): hace algunos meses lo definí como LeBroncito. Una especie de sucedáneo del original, un Lebron de garrafón pero eso sí, manifiestamente mejorable todavía. Para la cosa de la mejorabilidad quizá no le habría venido mal tirarse un año a la vera de Alford para complementar el que se tiró a la vera de Howland, pero en vez de eso la criatura ha decidido dar el salto al draft, probablemente lo tuviera decidido ya desde bastante antes de su azarosa llegada a UCLA. En el pecado llevará la penitencia: hace un verano muchos le daban como número 1 de este draft y pocos le situaban más allá del puesto 3. Hoy en cambio casi nadie le da más acá del puesto 10.

Nerlens Noel (Kentucky): Si no hubiera sucedido lo que sucedió el pasado 12 de febrero en el encuentro ante Florida no les quepa la menor duda de que Noel (pronúnciese Nouel) sería el más que probable número 1 de este draft. Lo sería gracias a sus presuntos 6,10 pies de altura (no sé si le midieron con o sin tupé) y 7,3 de envergadura (lo que viene siendo en metros como 2,08 y 2,20, respectivamente), lo sería gracias a su físico perfectamente coordinado y su movilidad extrema, lo sería no tanto por lo que es como por lo que parece que puede llegar a ser. En ataque a día de hoy se limita a ejercer de pichichi y machacar lo que le ponen o lo que se pone él solo a partir de rebote ofensivo, no le pidan más porque hoy por hoy no sabe hacer más (o si lo sabe lo disimula); eso sí, sus posibilidades son inmensas, de que se aplique más o menos dependerá que se acabe convirtiendo en un Olajuwon de la vida (demasiado optimismo parece) o que se quede en poco menos que un Howard (en flaco) de la vida. Eso sí, donde no ofrece dudas es en defensa, una garantía en el rebote y una verdadera máquina a la hora de taponar… Todo lo cual, como les decía, caducó el pasado 12 de febrero. Ese día se dejó un ligamento al bies, cómo vuelva tras su recuperación es una incógnita (incógnita sería aún estando sano, así que estando así ya ni les cuento…). Algunos aún siguen apostando por él como número 1 del draft, yo creo que caerá bastante más atrás.

Victor Oladipo (Indiana): En la temporada 2011/2012 ya nos demostró bien a las claras que era un portento físico y un prodigio de intensidad. En la temporada 2012/2013 siguió demostrando (aún más si cabe) ambas cosas pero también una tercera: su enorme capacidad de mejora. Ya no era sólo el saltimbanqui desatado que un día conocimos, ya lucía también una coordinación de movimientos que jamás le habríamos sospechado, un progreso envidiable en el tiro y una imponente presencia defensiva que le hacía ser el designado por Crean para encimar al principal jugador rival así éste fuera alero o base, tipos tan solventes como Burke o Carter-Williams pueden dar buena fe de ello. La franquicia que lo elija escogerá a un valor seguro, si bien no me atrevo a imaginarle como estrella sino como machaka, ya saben, el típico especialista defensivo indesmayable que solemos encontrar en cualquier quinteto NBA que se precie. Machaka ilustrado si así lo quieren, machaka con un cierto nivel de calidad si así lo prefieren pero machaka al fin y al cabo. Nada más (y nada menos) que eso.

Kelly Olynyk (Gonzaga): Otro presunto integrante de esa selección canadiense para (pongamos) los Juegos de 2020 a la que intentaré dedicar un post próximamente (permanezcan atentos a sus pantallas). De la temporada 2011/2012 a la 2012/2013 Kelly Olynyk dejó crecer su pelo y vio también crecer exponencialmente su juego (una especie de Sansón a la inversa), sin que me conste que haya relación causa efecto entre ambos crecimientos. La franquicia que le escoja no tendrá una estrella (ni de coña) pero se asegurará un ala-pívot honesto y trabajador, que curra bien dentro y tiene una mano bastante aceptable desde fuera. No es poco.

Otto Porter (Georgetown): El mejor all-around-player que he visto jamás, la frase no es mía (que jamás me atrevería yo a tanto) sino de alguien que le sufrió desde el banquillo de enfrente, el mítico Jim Boeheim. Un tanto hiperbólico el insigne coach de Syracuse, me temo, pero ustedes cogen la idea. No estoy seguro de que sea para tanto pero sí creo firmemente que libra por libra es el jugador más completo de este draft, el típico jugador que es bueno en todo aunque tal vez no sea extraordinario en nada. Si yo tuviera una franquicia en los primeros puestos del draft me tiraría de bruces a por él… y ello a pesar de las reservas que me dejan últimamente los jugadores de Georgetown, que a veces me recuerdan a aquello que dijo cierto abrupto entrenador futbolístico de la cantera de cierto equipo, que según él sólo producía mingafrías. Jugadores que me enamoran técnicamente pero a los que luego en un momento dado parece faltarles ese instinto asesino, ese puntito de agresividad: como Hibbert (aunque se haya redimido sobradamente en estos pasados playoffs), como Monroe, como este Porter. Tantas eliminaciones prematuras de los Hoyas en el Torneo Final, casi siempre ante equipos presuntamente inferiores (culminadas este pasado marzo con su estrepitoso hundimiento ante Florida Gulf Coast) no pueden suceder por casualidad.

Cody Zeller (Indiana): Me acuso: reconozco que se me fue la olla con él, que le puse por las nubes demasiado pronto, que ponderé sus virtudes más allá de sus defectos. Aunque en mi descargo habré de alegar que no fui el único (mal de muchos…), a comienzos de temporada casi todo dios le daba el número 1 del draft y hoy ha caído hasta más allá del 10, y bajando. Su calidad es (a mi juicio) infinitamente superior a la de su rudimentario hermano Tyler, y sin embargo se da la paradoja de que Tyler acabó siendo mucho más eficaz y resolutivo en sus Tar Heels de lo que Cody ha acabado siéndolo en sus Hoosiers. Sobrado de fundamentos, sobrado de centímetros, sobrado de movilidad para (por ejemplo) correr bien la cancha… pero por resumir en una sola palabra sus carencias diría yo que le falta presencia. Presencia para hacerse valer en ataque y que no se le coman los pívots rivales, presencia sobre todo en defensa para que fuera capaz de intimidar un poquito siquiera… Me gustaría que le fuera bien (más que nada porque a los jugadores de clase siempre me gusta que les vaya bien) pero tengo serias dudas. Para mí es una incógnita.

Y hasta aquí. Quizás echen de menos a algún otro jugador, por ejemplo a ese anotador de la Universidad de Georgia que responde al proceloso nombre de Kentavious Caldwell-Pope y que tanto ha subido últimamente en los pronósticos (pero es que sólo le he podido ver en algún vídeo aislado, no le he visto un partido entero y en tales circunstancias no me atrevo a hablarles de él, lo siento). O por ejemplo a aquellos que no provienen de la NCAA, y de los que no voy a hablarles porque a algunos como Gobert o Adetokumbo (o como se llame) no los conozco y a otros como Nogueira o Abrines ya los conocemos todos demasiado, qué les voy a contar que ustedes no sepan ya. Pues eso, que hasta aquí. Y recuerden lo que les dije al principio, es sólo el punto de vista de un aficionado, en caso de cagada les agradeceré que no me lo tengan demasiado en cuenta…

dos agradables sorpresas   1 comment

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 27 de febrero de 2013)

Si miramos semana tras semana el Top25 encontraremos más arriba o más abajo a un puñado de equipos (de esos que llamaríamos) clásicos, qué sé yo, pongamos Indiana, Michigan, Michigan State, Duke, Kansas, Louisville, Syracuse, Florida, Arizona… También podremos encontrar a poco que nos fijemos a alguno de esos equipos procedentes de mid-majors pero que a fuerza de hacer bien las cosas consiguen colarse con relativa frecuencia entre los de siempre, digamos Gonzaga, Butler, incluso Creighton o San Diego State… Pero este año además nos encontraremos con algún invitado especial ciertamente insospechado, eso que llamaríamos universidad pequeña (en términos baloncestísticos) en conferencia grande, equipos acostumbrados por lo general a ejercer de comparsas en alguna de las ligas más importantes de la nación pero que esta temporada no es ya que se codeen con los mejores sino que con frecuencia les superan, incluso… Permítanme si son tan amables que les presente a dos de ellos, dos de las sorpresas más agradables de esta NCAA 2012/2013:

1. En la esquina inferior derecha del mapa de USA, esa que acostumbramos a llamar sureste, se encuentra una populosa población cuyo nombre tal vez les resulte lejanamente familiar: Miami, ya saben, localidad famosa por su sofocante clima, sus paradisíacas playas, sus cayos (dícese del accidente geográfico que lleva ese nombre), sus viviendas de lujo para jubilados con posibles, sus mansiones de superlujo para vocalistas hispanos más o menos acabados, sus cubanos exiliados, su corrupción (legendaria serie televisiva, no vayan a pensar), sus dolphins futboleros (fútbol americano, entiéndase) y cómo no, sus Heat, vigentes campeones de la NBA y lo que te rondaré morena. Bueno, y ahora también famosa por sus Hurricanes, no me refiero a las tormentas tropicales que cada verano asolan esas costas sino a su equipo de baloncesto universitario. Sí, no me pongan esa cara, en Miami además de todas esas cosas también hay universidad, esa que allí llaman Miami (FL), le suelen poner detrás la matrícula del estado para diferenciarla de otra Miami mucho menos conocida y que queda mucho más al norte, en el Estado de Ohio. Reconozcámoslo, no es precisamente esta Miami de Florida un centro de gran tradición baloncestera hasta el punto de que durante la década de los setenta y primera mitad de los ochenta ni siquiera tuvieron equipo, lo refundaron hacia 1985 y desde entonces ha ido existiendo con más pena que gloria, saboreando en muy contadas ocasiones las mieles del torneo final… hasta ahora. Hasta estos Hurricanes 2012/2013 que están haciendo añicos todo su pasado y convirtiéndose en verdadera referencia de su Conferencia, la mismísima ACC. Ahí donde los ven han ganado (apalizado, en algún caso) con apenas unos días de margen a las tres grandes potencias, Duke, North Carolina y North Carolina State, de hecho hasta pueden presumir de algo que jamás había logrado nadie en toda la historia del baloncesto universitario, ganar en una misma temporada a Duke y UNC por más de 25 puntos de margen. Que en el caso de North Carolina puede chirriar menos porque porque los Tar Heels andan últimamente un tanto lánguidos, pero que a Duke la recibieron cuando era número 1 de la nación y la destrozaron por 90-63, resultado un tanto engañoso porque en algún momento la diferencia llegó a ser de 34, de hecho hacia el comienzo de la segunda mitad los Hurricanes ganaban 49-19 nada menos. Aquel día hicieron honor a su apodo más de lo que cualquier otro equipo universitario lo haya hecho jamás, aquel día habrían arrasado con todo aquello que se les hubiera puesto por delante…

Pero usted, que es muy de preguntarse cosas, andará preguntándose qué demonios tienen estos Hurricanes que les haga ser tan buenos. Pues para empezar su entrenador, Jim Larranaga, me entran ganas de ponerle el rabito de la eñe pero no lo haré aunque me lo pida el cuerpo porque ellos no lo ponen ni tampoco lo pronuncian, así que Larranaga, no debería resultarles desconocido ese apellido y no sólo porque les recuerde a un afamado actor patrio recientemente desaparecido sino por causas meramente baloncesteras: Jim Larranaga empezó su carrera como entrenador-jefe en Bowling Green (que es también una universidad, aunque suene a otra cosa), allí tuvo bajo sus órdenes (entre otros muchos) a su hijo Jay Larranaga, aquel que nos dejó sus buenos triples (más o menos) en Granca, Sevilla o Madrid y que hoy al parecer ejerce de asistente de Rivers en los Celtics y de seleccionador nacional de Irlanda (sí, por increíble que resulte hay selección de baloncesto en Irlanda); pero volvamos a su padre que es quien nos ocupa, tras su brillante trayectoria en Bowling Green pasó a George Mason y dejó otra trayectoria aún más brillante si cabe, para los anales de la historia quedará aquella noche de marzo de 2006 en que derrotaron a Connecticut y se metieron en la Final Four, acaso una de las mayores sorpresas que se hayan dado nunca en este baloncesto universitario. Hacia la primavera-verano de 2011 la Universidad de Miami vio cómo su emblemático técnico Frank Heith se le iba para sustituir a Mike Anderson en Missouri, y justo entonces pensó en este entrenador sesentón (y que aparenta aún más años de los que tiene) y apacible que tan buena labor labor venía haciendo en universidades tan modestas. Para Jim Larranaga, qué duda cabe, era por fin la oportunidad de entrenar en una conferencia grande aunque la universidad que le contrataba no lo fuera… ¿Que no lo fuera? A este paso acabará siéndolo, acaso lo sea ya…

Jim Larranaga tiene a sus órdenes a un extraordinario base, Shane Larkin, hijo al parecer de una leyenda del béisbol a quien no tengo el placer de conocer (más allá de que nos lo enfoquen en cada partido) ya que mi ignorancia sobre dicho deporte es absoluta, por desgracia. Y tiene también a sus órdenes a un magnífico ala-pívot (más ala que pívot), Kenny Kadji, versátil y que te mata de mil maneras así por dentro como (sobre todo) por fuera. La tercera pata vendría a ser el completísimo escolta Durant Scott, quizás el mejor defensor de un quinteto que completan Trey McKinney-Jones por fuera y el también gran defensor (y sobre todo taponador) Julian Gamble por dentro. Aunque la verdadera referencia interior de este equipo sale generalmente desde el banquillo a modo de sexto hombre, se llama Reggie Johnson (sí, suena a jugador de otro tiempo) y es de esos típicos pívots a quienes faltan centímetros de alto y sobran de ancho. Su físico le limita mucho en lo que a minutos se refiere (y viene de una lesión muy seria además) pero ello lo compensa sobradamente con otras cualidades: fundamentos depurados, excelente juego de pies y esa cosa que allí llaman soft touch: acostumbrados a cénters que se van de su par y luego son incapaces de meterla a medio metro del aro, resulta una gozada ver la habilidad que atesora este tío (en distancias cortas, entiéndase) para depositarla dentro con la suavidad justa. No sé qué le deparará el futuro, no lo tendrá fácil con ese cuerpo pero espero fervientemente que pueda ganarse la vida con esto, sería una pena que ese talento se perdiera.

Añadan si les place a Rion Brown y al interminable freshman Jekiri y ya tendremos prácticamente la rotación completa. Suficiente para ser líder indiscutible de la potentísima ACC, suficiente para haber permanecido invicta en dicha conferencia hasta que hace apenas unos días Wake Forest (contra todo pronóstico) les rompió la racha, suficiente para haber llegado a ocupar incluso el número 2 de la nación, lo nunca visto. Y para que estudiantes y no estudiantes hagan interminables colas bajo las palmeras para acceder a su BankUnited Center (sito en los paradisíacos parajes de Coral Gables, para más inri), para que incluso LeBron y Wade acudan a ver jugar a los Hurricanes si les pilla en día libre… Y para que la NCAA, siempre tan susceptible, ande con la mosca detrás de la oreja y haya puesto la lupa sobre sus procesos de reclutamiento; pero ésa (de ser algo) será ya otra historia: por ahora dejémosles soñar.

2. En la esquina superior izquierda del mapa USA, esa que comúnmente acostumbramos a llamar Noroeste, se encuentra un estado cuyo nombre nos sonará ligeramente familiar, Oregon, nada que ver con ese otro de por aquí aunque nos resulte parecido, no se confundan, allí no se baila la jota oregonesa sino que son más dados a otros folklores, allí la ciudad más populosa no se llama Zaragoza sino Portland (la de los Blazers, of course) si bien la que hoy nos ocupa queda un poco más al sur, Eugene, Eugenio como si dijéramos. Porque es allí en Eugene donde tiene su sede la Universidad de Oregon propiamente dicha, ésa en la que sus deportistas reciben el peculiar y no muy sugerente sobrenombre de the Ducks, oseasé los Patos. Durante muchos años estos Ducks baloncesteros nos ofrecieron un juego espectacular, alegre y desinhibido a la par, una verdadera gozada para los sentidos, si además lo hubieran acompañado con un buen puñado de victorias habría sido ya la leche pero no fue el caso, todo lo más podemos recordar algún gran año alrededor de un base fascinante y que era pura fantasía como Luke Ridnour (luego su juego acabó haciéndose mucho más funcionarial para sobrevivir en la jungla de la NBA, a la fuerza ahorcan) o alrededor de otro base rapidísimo y rompedor como Aaron Brooks y pare usted de contar. En cualquier caso sus resultados casi siempre parecieron estar muy por debajo de sus plantillas, razón por la cual se llevaron por delante a su técnico Ernie Kent como suele pasar. Para sustituirlo miraron hacia Omaha, Nebraska, hacia una universidad de Creighton que llevaba ya unas cuantas temporadas siendo el caso contrario, jugando muy bien y obteniendo además magníficos resultados desde la modestia, todo ello a las órdenes del ya prestigioso técnico Dana Altman. Fueron a por él, le convencieron (no debió ser fácil, ya que años atrás había llegado prácticamente a un acuerdo con Arkansas y al final prefirió dar marcha atrás y seguir siendo fiel a sus Bluejays) y el resto es historia: Dana Altman dejó su puesto en Creighton para que lo ocupara la familia McDermott y se fue para Eugene, Oregon, donde imparte su magisterio desde hace ya casi tres años con notable éxito de crítica y público.

Ahora bien, no les voy a engañar, todo esto que les cuento llega ya demasiado tarde, para que estas líneas sobre Oregon tuvieran aún algo de sentido tendrían que haber sido escritas hace más de un mes. Hace más de un mes todo eran risas en el seno de los Ducks, hace más de un mes contaban sus partidos por victorias en la Pac12, habían llegado al número 10 de la nación, habían ganado incluso a UCLA en su Pauley Pavilion (aunque eso a día de hoy casi lo hace cualquiera) y se las prometían muy felices y hasta comían perdices… y justo entonces se les fue a lesionar su base titular, el fantástico freshman Dominic Artis. Fue un punto de inflexión, un duro golpe en lo físico y acaso aún más en lo psicológico, como si de repente hubieran descubierto que eran mortales y que cualquier contratiempo por pequeño que éste fuera (y éste no era pequeño, en absoluto) podía provocar que se les desmoronara todo el castillo de naipes. Desde entonces han perdido mucho más que han ganado, aún aguantan a duras penas en los puestos altos de su conferencia y aún mantienen intactas sus esperanzas de llegar al Gran Baile pero empiezan a notar como tiembla el suelo bajo sus pies.

Ya, pero… qué tienen estos Ducks, se estarán preguntando de nuevo ustedes con su insaciable curiosidad. Pues empecemos por aquel que nos pueda resultar más familiar y que no es otro que E.J. Singler, hermano pequeño del ex Duke, ex Lucentum, ex Madrid y hoy Piston Kyle Singler. E.J., sénior ya, vendría a ser algo así como el espíritu de este equipo: no tiene ni de lejos el talento de su hermano (o eso me parece, al menos) pero es un alero sumamente completo, de buena mano e irreprochable actitud. Y a su lado dos jugadores interiores sumamente interesantes (y también de último año), Tony Woods y Arsalan Kazemi, el primer iraní (y único, por ahora) que haya jugado nunca en la NCAA, un sujeto que es pura intensidad, que no se maneja nada mal en ataque y que atrapa rebotes a chorros ya que los pelea casi como si le fuera la vida en ello. Por fuera encontrarán al otro gran freshman de este equipo, Damyean Dotson, que formaba feliz pareja con Artis hasta que éste le dejó cojo (nunca mejor dicho) el juego exterior; y finalmente a Johnathan Loyd, base decente, titular el pasado año, suplente en principio este año para dar relevos de calidad, titular ahora de nuevo por necesidades del guión… Añadan desde el banquillo a Emory (magnífica mano), Carter y Austin y ya tendremos la rotación completa. Un buen equipo, no necesariamente un gran equipo, pero que en circunstancias (físicas, psicológicas) normales puede dar tanta guerra como el que más.

Ahora bien, en las actuales circunstancias resulta toda una incógnita aventurarse a pronosticar qué les deparará el futuro (lo es en todos los casos, por definición, pero en éste aún más si cabe). Sólo sabemos que seguirán haciendo un gran baloncesto y que seguirá siendo una gozada verles correr la cancha en su Matt Arena, sobre ese fascinante parquet que no se parece a ningún otro y que recuerda casi a un claro en el bosque. Los resultados ya serán otro cantar… o no: si Artis finalmente vuelve (que ahora parece que sí, pero no siempre estuvo tan claro), y dependiendo de cómo vuelva, estos Ducks podrían otra vez ser un equipo a tener muy en cuenta. Ojalá porque me caen bien, porque les tengo en mi Top10 particular desde el año aquel de Ridnour, porque también tengo en gran estima a Altman desde sus tiempos en Creighton, porque me encanta cómo juegan. Ojalá les veamos muy arriba en marzo, en ese marzo loco que está ya ahí mismo a la vuelta de la esquina…

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