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CARTA ENTREABIERTA A LA FIBA   7 comments

Estimados Señores Mandamases de la FIBA:

Disculpen antes de nada mi intromisión. Soy plenamente consciente de que estarán ustedes disfrutando de un merecido descanso en estos días tras las agotadoras jornadas del Mundobasket, más de dos semanas yendo de acá para allá, de la ceca a la meca, de Granada a Madrid, de Gran Canaria a Barcelona, viajando en aviones de mala muerte, durmiendo en hoteles infectos, comiendo de cualquier manera, trabajando a destajo veinticuatro horas al día (o más si cabe) con absoluta entrega y total dedicación para que no quede ni un solo cabo suelto, por dios qué agobio, me está entrando fatiga sólo de pensarlo, fíjense lo que les digo. Disfruten de su asueto que bien ganado se lo tienen, y perdonen que justo en estos días venga yo a importunarles pero qué quieren, soy así, está en mi naturaleza impertinente y desabrida, no lo puedo evitar. Así que me voy a tomar la libertad de comentarles algún asuntillo, poca cosa, nada que deba obligarles a interrumpir sus vacaciones (como si lo fueran a hacer), de hecho ni siquiera hace falta que lo lean ahora, pueden dejarlo para cualquier otro momento (como si en algún momento lo fueran a leer). Gracias por dedicarle a mi carta una pequeña parte de su precioso tiempo (apenas unas décimas de segundo, lo que se tarda en romperla), y ahora ya sin más dilación paso por fin a comentarles todas esas chuminadillas que me traen a mal traer en estos días…

I- Pueden estar orgullosos, el sistema de competición que diseñaron para este Mundial marcará un hito, un antes y un después, un alfa y un omega, una nueva era en la organización de grandes eventos deportivos. La genialidad de partir el Torneo por la mitad cual si se tratara de dos conferencias independientes con sus respectivos cabezas de serie ha provocado la admiración de muchos pero también el resquemor de algunos otros, seres por lo general avinagrados y renegridos (véase éste por ejemplo), gente indeseable que prefiere buscar siempre el lado negativo de las cosas en lugar de colmarles de loas y parabienes como está mandado. Claro está, ante tamaña afrenta ustedes reaccionaron (cómo no habrían de reaccionar), reivindicaron su modelo (cómo no lo habrían de reivindicar) y en su reivindicación recurrieron al socorrido ejemplo del tenis, algo en lo que no estuvieron solos pues no fueron pocos los que les hicieron el coro, dicho sea de paso. Hombre, un poco cogido por los pelos sí que está el ejemplo, si me permiten que se lo diga. Es bien cierto que en el tenis (o en el torneo final de la NCAA, por poner otro ejemplo que a los baloncesteros debería resultarnos más familiar) los dos principales cabezas de serie van por cada lado del cuadro, es bien cierto que nunca podrán encontrarse hasta la final como no es menos cierto que los equipos de un lado del cuadro nunca podrán cruzarse con los del otro… pero se les olvidó un pequeño detalle, que es que en tenis (o NCAA) se hace así porque no podría hacerse de ninguna otra manera. Porque no hay grupos, déjenme que se lo repita, no hay grupos, no se parte de grupos de cuatro o seis equipos sino de eliminatorias directas desde el principio, win or go home, quien gana sigue y quien pierde se va para casa, razón por la cual resulta científicamente imposible que pueda repetirse un partido que ya se haya producido antes. Miren en cambio su Conferencia de Madrid, vean cómo gracias a su prodigioso a la par que inmarcesible sistema de competición todos los enfrentamientos que se dieron a partir de cuartos de final ya fueron bises, ya se habían jugado en Granada previamente (y en todos además se fue a dar el resultado contrario al que se había dado antes, para hacer aún más patente la absurdez del modelo). O dicho de otra manera, que la próxima vez que tengan que defender lo indefendible cúrrense al menos un poquito los argumentos, con que se hubieran limitado a decir sí, lo hacemos así porque nos da la gana y punto, desde luego habrían resultado muchísimo más convincentes. Esa sería una opción, la otra es dejarse de zarandajas y volver al método de siempre, que los equipos vuelvan a cruzarse entre ambos lados del cuadro como se ha hecho toda la vida de dios. Y asumir el riesgo que conlleva, siempre y cuando sean capaces de soportarlo.

II- Seguramente no se habrán enterado, se les habrá pasado (tan liados como han estado en estos días) pero déjenme que les cuente que ha vuelto a suceder. Jueves 4 de septiembre, Gran Canaria Arena, partido Australia-Angola, los unos ya clasificados, los otros ya eliminados, los australianos ganando de calle hasta que en un momento dado empiezan a fallar casi en la misma medida en que los angoleños empiezan a meter, al final victoria africana, nada de particular si no fuera por el pequeño detalle de que gracias a esa derrota los australianos consiguieron quedar terceros en vez de segundos situándose así fuera del alcance de USA en cuartos de final (que dicho sea de paso, si lo hicieron a propósito les salió como el culo ya que luego ni tan siquiera pasaron de octavos, Turquía mediante). Nada nuevo bajo el sol, quizá tampoco recuerden que algo así ya sucedió con nuestra selección en 2012 o con Francia en 2011, aún podríamos seguir remontándonos años atrás y casi en cada torneo encontraríamos algún numerito de éstos, situaciones todas ellas ante las que ustedes tienen por costumbre hacer la vista gorda. Que la tienen bien gorda (la vista) pero que quizá no estaría de más que empezaran a afinarla un poco, a ver si así se coscaban de algo alguna vez. Claro está, me dirán que estas cosas es muy difícil probarlas a posteriori y por ello mi propuesta es que a partir de ahora intenten solucionarlas a priori. Prevenir antes que curar. ¿Cómo? Pues es bien sencillo: sorteando los emparejamientos a partir de octavos de final. Un sorteo mínimamente dirigido en función de los puestos ocupados en la primera fase, de tal manera que (por ejemplo) al primer clasificado del grupo A le pueda tocar el cuarto del B, C ó D, o que al segundo clasificado del grupo D le pueda tocar el tercero del A, B ó C y así sucesivamente. De esta manera en cada esquina del cuadro habría un primero, un segundo, un tercero y un cuarto (como hasta ahora, pero sin que tuvieran el camino establecido previamente), de esta manera ya nadie tendría la tentación de dejarse ir, en caso de duda siempre será mejor quedar segundo que tercero al no saber lo que te vendrá después. Claro está, me dirán que no les gusta, que quedaría el cuadro en manos del azar y ya no podrían mangonearlo a su antojo. Razón tienen, cómo no habrían de tenerla, pero piensen por un momento en las ventajas que acarrearía: no sólo se ahorrarían todas las disquisiciones y maledicencias sobre si fulano se dejó ganar o mengano prefirió perder, sino que además (y por el mismo precio) tendrían un ingrediente más para ofrecer, un sorteo que podría celebrarse media hora después de que acabara la primera fase y que mantendría pegados al televisor a los aficionados de los dieciséis países supervivientes (o de quince, que los de USA pasarían). Tendría más audiencia que muchos partidos del Campeonato, no les quepa la menor duda. Ahí les dejo la idea (y gratis total), ahora ustedes verán lo que hacen con ella. De nada.

III- Este es un tema menor, que de hecho ni siquiera sé si es competencia suya o de sus acólitos de la FEB. Miren, el pasado miércoles 10 asistí en carne mortal a los dos partidos de cuartos de final disputados en el Palacio de los Deportes, y con gran sorpresa pude comprobar que cada vez que se interrumpía el juego ponían música. Fíjense que no hablo de descansos entre cuartos ni de tiempos muertos (que eso a estas alturas ya nos resulta de lo más normal), hablo de todas las interrupciones en el juego aún por breves que éstas fueran, sin excepción: lo que se tarda en hacer un cambio, lo que va desde que sale el balón fuera hasta que se saca de banda o desde que se pita una falta hasta que se lanzan los tiros, incluso el brevísimo lapso de tiempo que transcurre desde que se anota una canasta hasta que se saca de fondo, todo ello es tiempo más que suficiente para que el diyéi de turno apriete el botón y nos deleite con piezas (más bien pedazos, trozos, fragmentos) de tres o cinco segundos de duración en las que cabe de todo, desde clásicos convenientemente pasados por la túrmix hasta la Danza Kuduro pasando por el porompompero remasterizado (o como se diga), que ya llega uno a un punto en el que no sabe si está en una cancha de baloncesto en la que de vez en cuando ponen música o en una discoteca en la que de vez en cuando ponen baloncesto. Claro está, todo esto empecé a entenderlo cuando nos dijeron que Los 40 Principales era la radiofórmula oficial de la Copa del Mundo. [Que a ver, que vale que tenga que haber un cronómetro oficial de la Copa del Mundo, pero… ¿una radiofórmula oficial de la Copa del Mundo? ¿Qué será lo próximo? ¿Durex, preservativo oficial de la Copa del Mundo? ¿El Ocaso, servicio de pompas fúnebres oficial de la Copa del Mundo? A lo mejor ya lo hay y yo no me enterado] Acabáramos. Miren, yo entiendo perfectamente que por el mero hecho de asistir a una jornada del Mundial tenga que escucharme 3.414.327 veces (y en varias versiones diferentes) sube la copa uo uououó, sube la copa uo uououó, sube la copa uo uououó, sube la copa uo uououó, cómo no lo voy a entender si es la canción oficial del certamen. Ahora bien, que también tenga que escucharme 27.915 veces yo quiero estar contigo, vivir contigo, bailar contigo, tener contigo una noche loca y besar tu boca, uououó (el uououó debe ser la clave del éxito), pues como que ahí ya no acabo yo de ver qué relación pueda tener dicho engendro con el Mundial ni con el baloncesto mismo (más allá de que el sujeto que lo perpetra fuera visto alguna vez luciendo el careto en la cancha de los Heat). Y de decibelios ya no hablemos, claro. No sé, será que estoy muy antiguo (además de serlo) pero me cuesta, qué quieren que les diga. Quizás en la próxima macrofiesta podrían probar a interrumpir de vez en cuando la música (o lo que fuere) para poner highlights a ver qué pasaba, a ver cómo reaccionaba la peña, lo mismo alguno hasta se quejaba y todo. Rebozamos el baloncesto con toda clase de aditivos como si nos avergonzáramos de él, como si sólo bien envuelto en papel celofán confiáramos en poder venderlo, cuanto más mejor no vaya a ser que se vea lo que hay dentro. Si ya ni siquiera nosotros mismos confiamos en nuestro producto, no queramos luego que le guste a los demás.

IV- Y ahora volvamos si me lo permiten a temas más serios, por ejemplo a esa extraña cosa que hemos dado en llamar falta táctica y que en este Mundial se ha convertido en algo así como el coño de la Bernarda si se me permite la expresión (mis disculpas si pasara alguien por aquí con ese nombre y pudiera sentirse ofendida), ese lugar en donde acaban las defensas cuando ya no queda ninguna otra opción. Antes la veías una o dos veces por partido (a la falta, no a la Bernarda), se te llevaban los demonios, se reanudaba el juego y a otra cosa, antes era excepción pero ahora casi es regla, hay equipos que parecen haber hecho de esta falta su principal medio de vida, que la usan casi más que la defensa misma, de hecho en el cruce de cuartos de final entre Serbia y Brasil (quizá me fijé más por verlo in situ) llegué a pensar que tal vez deberíamos cambiarle el nombre y en vez de falta táctica empezar a llamarla falta serbia por la desenvoltura con que la usaban (y abusaban) los de Djordjevic. La filosofía es bien simple, tenemos faltas a chorros para administrar, hagamos las que sean menester con tal de evitar canastas fáciles, recordemos siempre aquella vieja máxima futbolística, si pasa el balón que no pase el jugador, claro que en fútbol tienen tarjetas y las sacan como si les sobraran, aquí en cambio tenemos antideportivas pero nos las ahorramos no se nos vayan a gastar. En estos casos suele instaurarse un peculiar debate en las redes sociales entre aquellos que consideran que habría que cambiar el reglamento para penalizar más estas acciones y aquellos que responden que la penalización de estas acciones ya está en el reglamento y sólo es cuestión de aplicarlo como es debido. Yo no sé quién tiene razón, si los unos o los otros o todos o ninguno, yo sólo soy un mero aficionado que (como tantos otros) empieza a estar harto de que le estén matando este juego y de que el contraataque sea ya una especie a extinguir. O como bien dijo el gran Piti Hurtado, que con cada falta táctica dos espectadores cambian de canal y otros diez miran el guasap, las cifras son estimativas, no tengo delante la cita exacta. Hagan algo, por favor. Si no existe una norma específica créenla, si ya está en el reglamento aplíquenlo que para eso está. Pero cualquier cosa antes que este basket-interruptus, este fraude de ley de que a los equipos les compense delinquir porque la pena que se les impone resulta ser siempre mucho más leve que el beneficio que obtienen por la comisión del delito. Hagan algo. YA.

V- No teman, voy terminando, pero antes déjenme que les diga que son ustedes unos linces, como no podía ser de ninguna otra manera dada su elevada condición. Ante la imposibilidad de que Ucrania pueda organizar el próximo Eurobasket han inventado el Eurobasket multisede, con dos… razones. Cuatro grupos que se disputarán en Montpellier, Berlín, Zagreb y Riga para luego finalmente confluir en la fase final de Lille, qué gran idea, qué bien pensado, qué maravillosa noticia para todos aquellos que tengan por costumbre seguir a su selección. Imaginemos por ejemplo a un señor de Socuéllamos (elección nada casual, que ahí vemos la bandera en cada partido) que siguiera a la nuestra hasta Riga, imaginemos incluso que pasamos a la siguiente fase (que no deja de ser mucho imaginar, tal y como están las cosas), dile tú ahora que después de haberse ido hasta Letonia si quiere seguir viendo a la selección tiene que venirse a Francia, dile que si antes se dejaba los ahorros de todo un año en el empeño ahora se tendrá que dejar los de dos, ya verás qué cara te pone. O a lo mejor el de Socuéllamos tiene posibles, no digo yo que no, a lo mejor los finlandeses también los tienen pero a lo peor muchos lituanos no, diles que tienen que ir primero a Zagreb y luego a Lille y verás dónde te mandan. Están ustedes en racha, desde aquella idea (que supongo que aún mantienen) de interrumpir las temporadas en pleno invierno para hacer fases de clasificación (en los despachos NBA todavía  están descojonándose) no se les había ocurrido nada tan brillante, así que yo les propongo que para el próximo Mundial hagan lo propio, ya puestos: un grupo en México, otro en Senegal, un tercero en Filipinas, el cuarto en Nueva Zelanda y luego ya los cruces en Sebastopol y Vladivostok. Por ejemplo. Cuentan que hace algunos siglos hubo en este país un monarca absolutista que implantó el despotismo ilustrado, una manera de gobernar que se resumía en el siguiente lema: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Ustedes sin saberlo van por ese mismo camino, de hecho son fieles seguidores suyos, no hay ocurrencia que no nos lo confirme, como si no nos hubiera quedado ya suficientemente claro con el mamoneo de invitaciones de cada torneo que organizan. Todo para el aficionado pero sin el aficionado, eso por ahora, a este paso acabará siendo todo para el baloncesto pero sin baloncesto. Están en ello.

Una última cosa antes de cerrar: si ven por ahí a nuestro egregio mandatario baloncestero patrio Don José Luis Sáez, Pepe para los amigos (que alguno tendrá), salúdenlo muy efusivamente de mi parte y díganle de paso que deje ya de repetir una y otra vez que hemos organizado el mejor Mundial de Baloncesto de la historia. Que a ver, que yo lo entiendo, que el hombre tiene que sacar pecho en esto porque en lo otro le ha quedado muy poco pecho que sacar, ya que no ha podido colgarse la medalla real intenta colgarse la virtual, algo es algo. Pero… ¿el mejor de la historia? Entiendo que no lo dice en términos deportivos (que ni siquiera será el mejor de los celebrados en España) sino en términos organizativos. Pero aún así, ¿de verdad, el mejor de la historia? ¿Mejor incluso que Japón 2006? (que ya sabemos que aquel es un país entregado a la improvisación, la holgazanería y la molicie, no como el nuestro tan metódico, tan concienzudo, tan de no dejar ningún cabo suelto) Puede ser, quién soy yo para negarlo pero por favor, díganle de una vez que deje de decirlo. Si lo dijeran otros me convencería, que sólo lo diga él me hace sospechar, es como si yo me paso una tarde entera diciendo qué buenas me han salido hoy las lentejas, cualquier observador ajeno pensaría que no debían estar tan buenas si tengo que repetirlo a cada rato. Una cosa no es más cierta por repetirla mil veces, aunque los propagandistas lleven tiempo intentándonos convencer de lo contrario. Que se relaje por favor, que se olvide ya del mejor Mundial de Baloncesto de la historia y se dedique de una puñetera vez a organizar su casa, que no sé si se habrán dado cuenta pero la tiene un poco revuelta últimamente…

Y ya sin otro particular, aprovecho para reiterarles el testimonio de mi consideración más distinguida (signifique eso lo que signifique). O dicho de otra manera, hasta más ver o lo que viene siendo lo mismo, hasta 2018 que no sé por qué me da que volveremos a tenerles por aquí, dada nuestra innata propensión a organizar saraos. Por si acaso vayamos ya ensayando, pueden estar seguros de que si nos lo conceden haremos el mejor Mundial de Baloncesto (femenino) de la historia. Y que con su pan se lo coman, faltaría más.

EL FIN DE UNA ERA   8 comments

Esta no es la entrada que pensaba escribir hoy. Hoy había pensado aburrirles con mi día en el Mundial, el único día de toda mi vida del que podré decir que asistí in situ a un Mundial de Baloncesto. Hoy tendría que haberles calentado los cascos con toda clase de historias del antes, del durante y del después, un poco a la manera en que lo hice en aquel Eurobasket de hace ya siete largos años. Hoy tendría que haberles puesto la cabeza mala con las curiosidades que llamaron mi atención, con las ocurrencias que escuché, incluso con las fotos que tomé para la ocasión, con tantas otras cosas que rondaron toda la tarde por mi cabeza y que luego al caer la noche se me fueron todas juntas al carajo, cuando en los minutos finales del infausto España-Francia comprendí por fin que ya no podría haber ninguna otra cosa de qué hablar. Cuando fui palpando la angustia que se vivía a mi alrededor (que acaso no fuera más que un reflejo de mi propia angustia), cuando fui bajando las escaleras del Palacio entre gestos desencajados y ojos enrojecidos, cuando entré en el metro junto a otros tropecientos más y una señora que viajaba en el vagón supo de inmediato que habíamos perdido porque no hay más que veros las caras, cuando fui poco a poco tomando conciencia de la magnitud de aquel fracaso, FRACASO con mayúsculas, fracaso generado entre otras cosas por nuestras enfermizas expectativas de éxito, éste ya con minúsculas. Nunca escribiré ya el post de mi día en el Mundial, o acaso sólo pueda hacerlo cuando haya pasado el tiempo suficiente para que no tenga ya ningún sentido. Ni puñetera falta que le hará tenerlo.

A veces la vida te da la razón cuando menos te lo esperas, cuando menos te gustaría tenerla. Hace 14 días les conté aquí mis razones para el escepticismo, recuerdo bien que mi primera intención fue titularla razones para el pesimismo pero me contuve, era tal el desparrame de triunfalismo alrededor de nuestra selección que pensé que iba a ser yo la única nota discordante, que con ese nombre no me la iba a leer ni dios y el que lo hiciera lo haría para insultarme. Plegué velas, cambié de título en el último instante, quizá suavicé algo el tono pero la esencia fue más o menos la misma, salirme del discurso oficial, explicarles por qué yo, al contrario de (lo que parecía ser) el común de los mortales, no lo veía nada claro. Y empezó el campeonato, empezamos a arrollar a todo dios, empecé a ilusionarme como todo dios pero en el fondo de mi alma seguí sin verlo claro, seguí temiendo el petardazo a la vuelta de cualquier esquina, vi ayer el Serbia-Brasil y comprendí que aquella Serbia en nada se parecía ya a la de Granada, que tenía argumentos más que de sobra para pintarnos la cara… Como si le fuéramos a dar la oportunidad. Me quedé corto. La realidad superó a la ficción, por una vez la realidad superó incluso a mi propio pesimismo/escepticismo. Temí una muerte lenta en semis, jamás imaginé una muerte rápida (pero no por ello menos dolorosa, más bien al contrario) en cuartos de final. Hasta se nos acabó volviendo en contra lo que nos montamos a favor, ese cuadro que preparamos a conciencia para no tener que ver a USA hasta la Final como si fueran dos conferencias separadas, como si todo lo demás no importara, como si diera igual ocho que ochenta, Brasil que México, Francia que Finlandia, Serbia que Ucrania. En el pecado llevamos la penitencia, y qué penitencia. Tenemos lo que nos merecemos.

Ahora todos los dedos apuntan a Orenga y no seré yo quien los aparte, pero me gustaría que fuéramos capaces de señalar un poco más allá. El problema no es Orenga (o no es sólo Orenga), es quien lo nombra. El problema es que en un país con docenas y docenas de extraordinarios entrenadores alguien decida poner de seleccionador nacional a un becario (dicho sea con todos los respetos a Orenga y a los becarios), becario no en lo que se refiere al sueldo (obviamente) sino a la experiencia. ¿Experiencia? Cuatro aciagos meses (y de eso hace ya demasiados años) en uno de los peores Estudiantes que se recuerdan (y miren que hay donde escoger), justo hasta que no les quedó más remedio que enseñarle la puerta de salida. ¿Y con ese portentoso bagaje va el iluminado de turno (por otro nombre José Luis Sáez, no se me vaya a olvidar nombrarlo) y decide que es la persona idónea para regir los des(a)tinos de esta selección? Argumento irreprochable donde los haya, vamos a ponerles a estas criaturas un entrenador contemporizador y poco intervencionista, no vaya ser que si les ponemos jefe alguno no venga. Y usted y yo sabemos que esto por desgracia no funciona así, usted y yo podemos ser extraordinarios en nuestro trabajo y tener además un elevado sentido de la responsabilidad, pero si nos ponen un jefe de paja que no nos dirija sino que nos mire probablemente haremos lo justo, y sin orden ni concierto además. Qué duda cabe, la vida sin jefes sería maravillosa, todos hemos soñado con ello alguna vez, pero sólo a los jugadores de nuestra selección les fue concedido el privilegio de convertir ese sueño en realidad. Y fueron felices y comieron perdices y demás opíparas viandas, jugaron a la pocha, cantaron juntos, zascandilearon por los pasillos y se lo pasaron chachi chupi requeteguay… hasta ayer. Querías perfil bajo, pues ahí lo tienes. Por los suelos.

Pero es que hay algo peor que equivocarte, y es ser contumaz en el error. Sostenella y no enmendalla, que decía aquel. Tropezar de nuevo con la misma piedra, aún por grande que fuera la hostia que te llevaste la primera vez. Puedo llegar a entender el nombramiento de Orenga para el Eurobasket 2013, al menos el ochenta o noventa por ciento de aficionados al baloncesto de este país no lo veíamos pero puedo llegar a entender que usted sí lo viera, usted al fin y al cabo sabe mucho más de baloncesto que nosotros, faltaría más, como corresponde a su alto rango y elevada condición. Pero eso fue antes. Después del Eurobasket 2013 seríamos ya el 99 por ciento de aficionados de este país los que no veíamos a Orenga (ni en pintura, y nunca mejor dicho), y aún me quedaré corto. Se ganó el bronce, se nos vendió como un éxito (sin Pau, sin Navarro, sin Ibaka, a ver a qué más podíamos aspirar), puede que numéricamente así lo fuera pero más allá de los números y de las medallas están las sensaciones. Y éstas nos mostraron partido tras partido a un equipo mal preparado física, técnica y psicológicamente, un equipo incapaz de administrar sus exiguas fuerzas, que arrasaba en los tres primeros cuartos para luego hundirse irremisiblemente en el último, que no sabía remar contra corriente ni era capaz de manejar finales apretados fueran éstos contra quien fueran, así una y otra y otra vez… Las señales parecían evidentes para cualquiera que quisiera verlas pero usted nada, usted erre que erre (nada que ver con Ricky & Rudy en este caso). No queríais Orenga, pues toma, dos tazas. A ver si aún hay huevos para una tercera.

¿Sabe cuál es la diferencia? Que hace un año nos ganó una Francia que era un pedazo de equipo, el mismo que luego sería campeón, también el mismo al que habíamos ganado en 2012, 2011, 2009, tantas otras veces. Hace un año le forzamos una prórroga a la Francia de Tony Parker, en cambio este año no hemos visto ni de lejos a una Francia sin Parker, sin Nando de Colo, sin Joakim Noah, sin Michael Pietrus, sin Ronny Turiaf, sin Kevin Seraphin, sin Alexis Ajinça, sin Ian Mahinmi, si quieren sigo que aún me dejaré alguno. Una Francia light, probablemente la selección francesa con peor pronóstico en un campeonato internacional de los últimos quince años. Pero una Francia con entrenador, fíjense qué cosa más curiosa, una Francia con un pedazo de técnico llamado Vincent Collet que nos conoce como si nos hubiera parido, que nos tiene estudiados hasta la náusea y que debió pasarse las horas previas al partido ensayando mil y una maneras de explotar nuestras debilidades: cómo dejarnos en inferioridad en todos sus picanroles, como invertir e invertir hasta que en uno u otro lado hubiera un tío solo, cómo cortocircuitarnos todo nuestro ataque, cómo negarnos todos los rebotes. Lo que viene siendo preparar un partido, hasta el hartazgo si es preciso. Claro está, ellos tenían que prepararlo, nosotros para qué, si ya sabemos de sobra que somos mejores que ellos, si ya les ganamos de paliza el otro día, si no tenemos nada de que preocuparnos, que se preocupen ellos si se quieren preocupar, nosotros a lo nuestro. Una sesioncilla suave, un permiso de paternidad, algún pasatiempo lúdico-festivo y a otra cosa mariposa, no se nos vayan a cansar.

Claro que si no queríamos que se cansaran a lo mejor podríamos haberlo pensado antes. Haberlo pensado en todos esos días en que ganábamos de treinta y aún así manteníamos a todos los pesos pesados sobre la cancha hasta que quedaban apenas tres minutos, no fuera a ser que nos vinieran a remontar. Haberlo pensado el día de Serbia, que no nos jugábamos absolutamente nada ni ellos tampoco, que el sentido común (el menos común de los sentidos) dictaba meter como titulares a Felipe, Claver y Abrines y darles treinta minutos pero nosotros nada, nosotros con toda la artillería desde el principio hasta el final para que supieran con quién se estaban jugando los cuartos, puras salvas de artificio, luego ya nos iremos por las patas abajo cuando toque jugárselos de verdad. Si no queríamos que se cansaran a lo mejor pudimos caer antes en la cuenta de que los baqueteados cuerpos de 34 años ya no responden como los de 22, es ley de vida. Pero si no caímos y ahora ya les tenemos cansados siempre quedaría la opción de activar el plan B: que Diaw se está quedando una y otra vez en superioridad y nos está crujiendo desde fuera, que Marc está como si no estuviera, que Ibaka parece al borde de un ataque de nervios, que no cogemos un puto rebote y los pocos que cogemos nos los quitan de las manos… pues a ver si es que ha llegado el momento de darle por fin una oportunidad a un tal Felipe Reyes, que no es precisamente un novillero a punto de confirmar la alternativa como Abrines ni un ente etéreo como Claver, que no es un fino estilista como alguno de los que le preceden pero está más que harto de fajarse en cienmil batallas como ésta, que en un partido que se juega en las trincheras será difícil encontrar otro mejor. Claro que para activar el plan B primero hace falta tenerlo. No digo que no lo hubiera, no lo sé ni soy quién para saberlo. Sólo digo que si lo había se esforzaron muy concienzudamente en disimularlo.

Hay derrotas y derrotas. Suelo decir que la alegría por una victoria nos puede quedar para siempre pero la tristeza tras una derrota nunca debería durarnos más de cinco minutos. Porque la vida es mucho más que baloncesto, porque todos tenemos cosas mucho más importantes en que pensar más allá de un mero partido, sea éste cual sea. Suelo decirlo y además suelo cumplirlo… el 99 por ciento de las veces. Porque hay derrotas y derrotas, porque hay algunas (muy pocas, afortunadamente) que se te enquistan y se te quedan para toda la vida en tu interior. Esta es una de ellas, evidentemente. Desde aquel infausto chinazo en el Mundial de Canadá’1994 no había vuelto yo a sentir esta amargura por un resultado de la selección (y fuera de la selección tampoco, exceptuando el presunto descenso estudiantil). Nunca. Ni con las derrotas griegas de 1995 y 1998, ni con las finales perdidas en 1999, 2003 y 2007 (al fin y al cabo éramos finalistas), ni con la durísima eliminación ante USA en los cuartos de final de Atenas 2004, ni con el triplazo de Teodosic en 2010, ni con la prórroga ante Francia del pasado año… Nunca, nunca desde aquel chinazo que marcó (mucho más que el angolazo de dos años antes) un antes y un después. Como lo marcará esta derrota que algún día no lejano nos atreveremos a llamar franciazo. Aunque ni de lejos sea lo mismo, aunque Francia en ningún caso pueda compararse a aquella China o a aquella Angola. Pero tampoco veníamos entonces de donde vinimos ahora, ahora nos hemos pasado todo el Torneo sin otra preocupación que la de si seríamos o no capaces de ganar la Final a los yanquis como si ya estuviéramos en ella, ahora fuimos al Palacio como a una fiesta campestre, como si la única duda no fuera si íbamos a ganar sino de cuánto íbamos a ganar, como si no jugáramos contra nadie sino contra nosotros mismos (y quizá fuera así). Íbamos tan de favoritos, tan creídos, tan sobrados, tan de anfitriones (miren que se lo advertí, que la condición de anfitriones casi siempre acaba resultándonos contraproducente, a nosotros y casi a cualquiera), tan de chulos por la vida, tan de españoles en suma… Ya saben, hay una España envidiada por el mundo, soy español a qué quieres que te gane y demás fanfarronadas propias de nuevo rico (en términos estrictamente deportivos, entiéndase) que nunca tuvo donde caerse muerto, que un día de repente ganó cuatro cosas y a partir de ahí se creyó el amo del cortijo como si en verdad lo fuera. Somos campeones del mundo en vender pieles de oso, nada más que en eso, luego es el oso quien nos mata y además se regodea, con todo merecimiento. Somos campeones del mundo en generar vanas expectativas, así más dura será la caída. Lo está siendo.

¿Y saben qué es lo peor? Lo peor es haber dilapidado con todas estas tonterías los dos últimos años buenos que le quedaban a esta maravillosa generación. Como si diera lo mismo, como si el talento nos saliera a borbotones de debajo de las piedras, como si no hubiéramos necesitado toda una vida para tener una generación así… Se acabo. Es el fin de una era. Y fíjense que no digo fin de ciclo, que ése más o menos lo dábamos ya por descontado ganáramos o perdiéramos. Digo fin de una era, digo fin de la ilusión por esta selección que es tanto como decir fin de la ilusión por el baloncesto, en el supuesto de que aún quedara algo de ella. Echen cuentas, entre jubilados, sabáticos y desencantados en 2015 no nos reconocerá ni la madre que nos parió, iremos al Eurobasket multisede a que nos pinten la cara, tanto dará quien nos (des)entrene, la consecuencia inmediata será que no obtendremos plaza para Río’2016 ni con preolímpico ni sin preolímpico, ni de coña, si tenían alguna ilusión con dicha cita vayan quitándosela de la cabeza, yo ya estoy en ello. Quizá en 2017 seamos capaces de empezar la regeneración o quizá no, quién sabe, si aquel chinazo nos costó cinco años no descarten que ahora haya que esperar más todavía. Es lo que hay, no suelo adivinar el futuro (así que no pierdan la esperanza) pero a día de hoy no sé venderles otra cosa, ustedes me disculparán si les he dado el día (aún más si cabe). Hace dos semanas convertí mis razones para el pesimismo en razones para el escepticismo, hoy ya no, hoy ya sólo me queda pesimismo. A chorros, además. Y no sé cuántos años más habrán de pasar hasta que pueda cambiar de opinión.

ALGUNAS CONSIDERACIONES   Leave a comment

– Ricky: llevo toda la semana reivindicándolo, aún a riesgo de que en ese patio de vecindad que llamamos Twitter muchos me den la razón pero otros muchos se me tiren cordial y afectuosamente a la yugular (entiéndase en sentido figurado, of course). Es obvio que Ricky no las mete, y que el hecho de haber fallado alguna bandeja desde debajo mismo del aro no ha ayudado precisamente a su reputación en ese aspecto. Pero es que yo ya no le pido que las meta, yo soy de los que creen que la función primordial de un base no es jugar él sino hacer jugar al equipo, llevo pensando así toda la vida, comprenderán que a estas alturas ya no voy a cambiar. Y convendrán conmigo en que la dirección de Ricky en este Torneo está resultando sobresaliente, nada que ver con el Ricky timorato y constreñido que vimos hace un año, aquel que daba mil vueltas para no llegar nunca a ningún lado. Este año sí, este año Ricky sabe a dónde va, dinamiza el juego, da al equipo la velocidad que necesita, mete un ritmo en defensa y ataque muy difícil de soportar para cualquier rival, pone cada pase en el sitio adecuado y en el momento justo. Y disfruta, se le ve que disfruta, y aquellos que llevamos viendo a Ricky desde que tenía catorce años (desde antes incluso, en aquella Minicopa de Sevilla) sabemos ya de sobra que sin disfrute no hay Ricky (no Ricky no party, o viceversa) sino una mala copia de sí mismo, lo supieron bien en Badalona y Barcelona (aquellos por acción, éstos por omisión), lo saben bien también en Minneapolis. Y es verdad que no las mete, he ahí el problema, pero es que el meterla nunca fue parte esencial de un base sino un mero complemento. Cierto es que a día de hoy no posee ni ese mero complemento siquiera, cierto es que tarde o temprano tendrá que meterlas (sobre todo en NBA) si quiere dar el paso que separa a los buenos de los verdaderamente grandes. Pero por ahora (y a nivel de selección) se lo perdono, vaya si se lo perdono. Le sube la riquirrubina, tantos años después, y esa es una magnífica noticia para todos aquellos que hace apenas un año creímos haberla echado a perder, tal vez ya para siempre. Que dure.

– Calde: no sé si bien aconsejado o repentinamente iluminado, pero lo cierto es que un día Orenga tuvo por fin la ocurrencia de ponerle de (verdadero) base y ¡oh prodigio!, ¡oh maravilla!, de repente volvió el José Manuel (por otro nombre Juan Carlos) Calderón que siempre habíamos conocido, ya ven ustedes qué casualidad. El de Toronto, el de Dallas, el que triangulará en el Madison a la vera de Spike Lee en apenas mes y medio. Bastó con eso, volver a sentirse importante, volver a pensar (siquiera por un instante) que el equipo podía girar a su alrededor en lugar de que fuera él quien girara alrededor del equipo. Y recuperar el toque, la penetración y la muñeca fue todo uno, y recuperar el placer de jugar incluso cuando (vuelta la burra al trigo) vuelven a ponerle de dos vino ya por añadidura. Hemos recuperado a Calde, inmensa satisfacción para todos aquellos que siempre creímos en él, toque de atención para los que ya se llenaban la boca en estos días hablando de llevárselo muerto, hay gente pa tó. El patio de vecindad, ya saben, que por mucho que pulas tu TL nunca faltará alguno que te suelte lo del postureo de Calde o lo de que Navarro está ya acabado (tal cual, se lo juro), hacen bien en soltarlo si así lo piensan, la libertad de expresión es lo que tiene. En un caso y en otro bastó con dejar pasar el tiempo para la cruda realidad les pusiera en su lugar.

– El Chacho: la cuadratura del círculo no tiene solución que yo sepa, lo mismo la han descubierto ya en estos años y yo no me he enterado, tampoco sería de extrañar. No hay soluciones perfectas, arreglar una pieza esencial puede conducir a que se inutilice otra o a que no rinda ya a su nivel esperado. Teníamos desubicado a Calderón, puede que el precio a pagar por reubicarle haya sido desubicar a Sergio Rodríguez. O no, que visto desde fuera puede uno tener sensaciones que no se correspondan con la realidad. Orenga sigue abusando (en mi opinión) de las combinaciones de tres bases tomados de dos en dos, pero al menos habremos de reconocer que se han asignado roles y se ha recuperado un atisbo de (lo que yo entiendo por) sensatez: lo de toda la vida, un titular, un suplente y un tercero para momentos puntuales, cambiar ritmos, dinamitar partidos, esas cosas. A Sergio parece haberle correspondido este último papel, que sea habitualmente el segundo en entrar no evita que acabe siendo casi siempre el tercero en orden de importancia, puede parecer un rol menor pero nada más lejos de la realidad, dígaselo a José Luis Llorente en aquellos Juegos de Los Ángeles o al propio Sergio en Japón 2006, de no haber sido por su participación ante Argentina habríamos acabado peleando el bronce con los yanquis. Quedan (esperemos que queden) tres partidazos en los que no faltarán motivos para recurrir al Chacho, otra cosa ya es que a alguno quizá nos gustara que el orden de los factores fuera un poco diferente. Pero dicen que el orden de los factores no altera el producto y el producto por ahora no puede ser mejor, así que dejémoslo estar.

– La defensa: empezamos cada partido como si no hubiera un mañana, luego con las sucesivas rotaciones nos vamos sedimentando pero es empezar el tercer cuarto y comenzar el arrebato de nuevo. Y podría parecer que es porque salen los mismos que empezaron el encuentro pero no es así, o no exactamente: si el trío exterior inicial acostumbra a ser Ricky-Rudy-Navarro, el trío exterior tras el descanso acostumbra a ser Ricky-Rudy-Llull. Y así lo que perdemos en tacto y finura lo ganamos en agresividad y desenfreno, mire usted. Los equipos rivales se van al vestuario tras el segundo cuarto pensando que han conseguido capear el temporal y cuando vuelven confiados a la cancha se encuentran otra vez el temporal sólo que ahora ya corregido y aumentado, una tremenda defensa de anticipación a la que tampoco son ajenos los gasoles guardándoles las espaldas. Tampoco hemos inventado nada, no es algo tan diferente a lo que hacía (por ejemplo) el propio Laso con Draper mientras le duró la salud (y bien que lo pagó cuando se le acabó). Pero está bien recordarlo porque demasiadas veces nos fijamos sólo en lo que ocurre a un lado de la cancha y nos olvidamos del otro, valoramos si acaso los tapones de Ibaka & cía y nos olvidamos de casi todo lo demás, jugamos bien y bonito y nos creemos que con eso ya basta sin darnos cuenta de que para llegar a eso tiene que haber muchísimo trabajo detrás. Justamente ahí, detrás.

– Los pases: yo soy yo y mis obsesiones, y una de ellas en lo tocante a baloncesto tiene que ver con los pases. No ya con las asistencias (que también) sino con el mero hecho de saber encontrar al compañero y hacerle llegar el balón a la velocidad adecuada en el lugar correcto y en el momento justo, nada más y nada menos que eso. Tengo para mí (que diría Paniagua) que un equipo con buenos pasadores tiene muchísimo ganado en este juego, fue así desde que a Naismith le dio por desfondar aquella cesta de melocotones, fue así desde los Celtics de Bird a los actuales (y maravillosos) Spurs pasando sin ir más lejos por aquellos Kings en los que todos parecían bases, tanto daba que se llamaran Chris Webber, Vlade Divac o Brad Miller. No haré comparaciones (que son odiosas), no descubriré la pólvora a estas alturas cuando les diga que tenemos (también en este aspecto) un lujo al alcance de muy pocos. No hablo ya del trío de bases (que es obvio), no hablo ya de los gasoles (bases de siete pies ambos dos), hablo de otros jugadores cuyo talento en este departamento del juego tiende a pasar más desapercibido pero que son fundamentales para que el balón fluya: mismamente Navarro, mismamente Rudy, mismamente Ibaka. Tenemos un perímetro que es la envidia de medio mundo y un juego interior que es la envidia del mundo entero (y un agujero entre el uno y el otro, también), pero tenemos algo más, algo de lo que casi nadie habla, tenemos la seguridad de que el balón viaje siempre en buenas manos para que llegue cuando y donde tenga que llegar. He ahí nuestro verdadero hecho diferencial.

– Ibaka: cuentan que anda un tanto mohíno en estos días (y su lenguaje no-verbal así parece atestiguarlo), que echa en falta más balones, más participación en el juego de ataque, más jugadas preparadas para él. Y yo le entiendo, cómo no le voy a entender. Hace ya tiempo que Ibaka dejó de ser el chico de los gorros, hace ya tiempo que unió a sus incomparables condiciones físicas unas nada desdeñables aptitudes técnicas: te da lo que le pidas, de cara y de espaldas, por arriba y por abajo, por fuera y por dentro, por delante y por detrás. Y te lo da además (por si con lo físico y lo técnico no fuera suficiente) con una intensidad sin parangón. Sólo el cielo es el límite (frase original donde las haya), será all star más pronto que tarde, no nos quepa a nadie la menor duda. Yo entiendo a Ibaka, de verdad que sí, pero él tiene que entender también lo que tiene a su alrededor: tiene que entender que no es exactamente lo mismo tener como compañeros a Kendrick Perkins, Nick Collison o Steven Adams que tener a Marc y Pau, por razones obvias. Claro que le duele, claro que está acostumbrado a tener mucho más protagonismo en su club (digo franquicia) que en la selección, pero díganme a ver qué jugador no está acostumbrado a tener mucha más participación en su club de la que tiene en esta selección: Calde, el Chacho, Ricky, Navarro, Llull y así sucesivamente, así podríamos continuar hasta agotar la lista, todos son más importantes en su club/franquicia que en el equipo nacional, todos excepto Claver que no es importante ni en un sitio ni en el otro (pero esa es otra historia). Todos. ¿Que se podría sacar más partido de Ibaka en ataque? Sin duda, estoy convencido de ello, como estoy convencido de que nos hará mucha falta ese partido a lo largo del Torneo. Pero que el propio interesado ande mostrando públicamente su insatisfacción porque no se lo sacan no ayuda precisamente al equipo, y aún menos le ayuda a él mismo. Creo que fue Marc Gasol quien dijo una vez (con su habitual escasez de pelos en la lengua) que a la selección se viene sin ego. Pues eso.

– Orenga: que no soy de su club de fans lo saben ustedes de sobra. Pero saben también (o me gustaría que supieran) que no suelo ser ventajista, en esta ocasión tampoco lo seré. Nunca he creído en aquello de que los fracasos sean culpa de y los éxitos a pesar de, ese es el recurso fácil contra el que he peleado siempre (véase por ejemplo al respecto el chorro de entradas sobre Pablo Laso, así en las buenas como en las malas). Si pierdes te linchan pero si ganas te dirán que con esos jugadores es lo menos que podías hacer (o que con esos rivales es lo menos que se te podía pedir, ligera variación), ya ven qué manera tan socorrida de tener siempre razón. [Nada nuevo bajo el sol, recuerdo un afamado coach que ganó once anillos como técnico y en todos y cada uno de ellos tuvo que escuchar que con esos jugadores así cualquiera, si entrenara a Milwaukee ya veríamos cuántos ganaba, cosas así (y no vayan a pensar que estoy comparando a Phil Jackson con Orenga, líbreme el cielo, todavía hay clases). Cosas muy de nuestro deporte por cierto, nadie dice nunca que a ver cuántos títulos ganarían Simeone o Ancelotti si entrenaran al Rayo, será que los del baloncesto somos más de autoflagelarnos con obviedades, me he ido del tema]. Vuelvo: sé que me ganaré la animadversión de muchos (dichoso patio de vecindad) pero creo sinceramente que si a Orenga le llovieron palos (entre ellos los míos) hace un año, no sería descabellado que le llovieran parabienes (entre ellos los míos) a día de hoy, a la vista de cómo está jugando y ganando esta selección. Las cosas no suceden por casualidad, por abundante que sea el talento también hay que gestionarlo, incluso en supuestos autogestionarios como el que nos ocupa también es necesario gestionar la autogestión. Y además, que no se juega así sólo con autogestión, que por buenos que sean (que lo son) se ve de lejos la mano de un entrenador detrás, podemos pensar (y puede que hasta lo pensemos) que esa mano es la de Sito pero el que da la cara aquí es Orenga mientras no se demuestre lo contrario. Y escribo esto aunque muchas de sus decisiones sigan sin gustarme (ese mantener en cancha a los buenos con todo resuelto, hasta mucho más allá de lo razonable, que ya veremos si el día menos pensado no nos acabará Pau dando un disgusto), escribo esto a sabiendas de que en un par de días me puedo arrepentir de haberlo escrito, que sacar la cara (siquiera mínimamente) por él se me puede volver en contra en cuanto vengan mal dadas, ojalá no. Pero qué quieren que les diga, aún a pesar de mi escepticismo creo que Orenga se ha ganado por fin el beneficio de la duda. El mío. Ahora ya sólo falta que se gane también el de todos los demás.

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Advertencia previa: hoy les voy a hablar de sistemas de competición, por lo que presumo (aún antes de empezar a escribirlo) que me va a quedar una entrada espesa, farragosa y con cierta tendencia a lo infumable. Si usted decide huir para dedicarse a cualquier otra actividad mucho más placentera y/o apetecible (qué sé yo, planchar, limpiar el polvo, hacer los baños, sacudir las alfombras, quitar la grasa acumulada en los armarios de la cocina…) tenga por seguro que no se lo tendré en cuenta; si usted en cambio elige quedarse en el pecado llevará la penitencia pero eso sí, luego no venga diciendo que no se lo advertí.

brasil2014-002-589x450Sí, aquí donde me leen hoy pretendo compararles el sistema de competición del pasado Mundial de fútbol y el del inminente Mundial de Baloncesto. [Inciso, por si alguien tuviera a bien meterme el dedo en el ojo: sé bien que ahora ya no se llama Mundial sino Copa del Mundo pero qué quieren, también el de fútbol se llama Copa del Mundo y no por eso hemos dejado de llamarle Mundial; además tengo ya una edad como para andar cambiando el chip a estas alturas, así que me van a permitir que siga llamándolo Mundial casi todas las veces, que serán todas aquellas que no lo llame Mundobasket. Fin del inciso] Pues vaya tontería dirán ustedes, para qué comparar ambos sistemas de competición si a partir de un determinado momento vienen a ser lo mismo. O así lo parece, al menos:

Mundial-BaloncestoMundial de fútbol: 32 equipos, 8 grupos de 4 equipos cada uno, se clasifican los 2 primeros de cada grupo, 16 en total, y a partir de ahí octavos de final, cuartos de final, semifinales y final.

Mundial de baloncesto: 24 equipos, 4 grupos de 6 equipos cada uno, se clasifican los 4 primeros de cada grupo, 16 en total, y a partir de ahí octavos de final, cuartos de final, semifinales y final.

Pues eso, que si usted mira uno y otro concluirá que ambos torneos una vez finalizada la fase de grupos transcurren ya de la misma manera hasta su final: octavos, cuartos, semifinales… Parecen lo mismo pero créanme, no son lo mismo. Y es justo ahora cuando llega la parte farragosa (aún más si cabe) de este tocho, que es explicarles dónde está la diferencia:

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Mundial de fútbol: el primer clasificado de cada grupo va a un determinado lado del cuadro, mientras el segundo de ese mismo grupo va al otro. Es decir, lo único que sabes a ciencia cierta es que al que pase contigo no volverás a encontrártelo hasta la final (en su caso), pero todo lo demás está abierto. Sabes que empezarás cruzándote en aspa con el inverso del grupo de al lado, y que a partir de ahí en cuartos o semis ya te podrás cruzar con (casi) cualquiera.

Mundial de baloncesto: los cuatro clasificados de cada grupo van a parar al mismo lado del cuadro, a cruzarse con los cuatro clasificados del grupo de al lado. Es decir, es francamente probable que en cuartos o semis te puedas volver a cruzar con equipos con los que ya jugaste en la fase de grupos, y ello mientras que con los otros ocho clasificados de los otros dos grupos no te podrás encontrar hasta la final, jamás, de ningún modo.

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Lo quieren aún más farragoso (o quizá más claro, no sé):

Mundial de fútbol: a un lado del cuadro quedan A1, B2, C1, D2, E1, F2, G1, H2, mientras que al otro quedan A2, B1, C2, D1, E2, F1, G2, H1.

Mundial de baloncesto: a un lado del cuadro quedan A1, A2, A3, A4, B1, B2, B3 y B4, mientras que al otro quedan C1, C2, C3, C4, D1, D2, D3, D4.

Es decir, en el Mundial de fútbol hay equipos de todos los grupos en cada mitad del cuadro, puedes ir a parar a cualquiera de los dos lados independientemente de en qué grupo empieces. En cambio en el Mundial de baloncesto el grupo en el que empieces determina por completo tu futuro en la competición: sabes que si hay un equipo infinitamente superior a los demás (imagínense una USA sin bajas) y vas por ese lado del cuadro tu suerte estará echada: por muy bien que lo hagas probablemente morirás en semifinal.

O dicho de otra manera (sí, todavía otra manera): los grupos del Mundial de fútbol son vasos comunicantes, los del Mundial de baloncesto compartimentos estancos. Los del fútbol se mezclan unos con otros, los del baloncesto van en dos mitades que jamás se pueden comunicar. En la práctica es como si fueran dos mundiales en uno o aún peor, como si fueran dos conferencias al más puro estilo NBA, Este y Oeste, sus respectivos campeones se ven en la final pero jamás se encuentran antes. Dos conferencias que podríamos denominar Conferencia Anfitrión y Conferencia Campeón, o si se prefiere Conferencia España y Conferencia USA (que viene a ser lo mismo) en base a sus respectivos favoritos; o aún mejor, Conferencia Madrid y Conferencia Barcelona en base a sus respectivas sedes.

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Ahora bien: ¿por qué sucede esto? ¿por qué la organización del certamen (llámese FIBA, llámese FEB, llámese como se quiera) ha optado por esta solución que habrá a quien le guste, no digo yo que no, pero que a mí particularmente me parece tremendamente injusta (a la par que una cagada descomunal)?

A) para asegurarnos de que nuestra selección no pueda cruzarse con la de Estados Unidos hasta la final.

B) para asegurarnos de que nuestra selección juegue los cruces en Madrid y no le pueda tocar de ningún modo jugarlos en Barcelona.

C) A y B son correctas.

O a lo mejor soy muy mal pensado y es simplemente que a la FIBA le gusta así, vaya usted a saber. Pero qué quiere que le diga, no puedo evitar la sensación de que alguien (apellidado Sáez o no, quién sabe) tras una profunda reflexión haya recordado el estrepitoso cante que dimos contra (lo de contra es un decir) Brasil en Londres 2012 y a partir de ahí haya movido sus hilos para que el susodicho cante no se tenga que volver a repetir, que luego la gente es muy mala y muy deslenguada y dice cosas inconvenientes que afectan sobremanera al buen rollito que siempre debe reinar en el ámbito de nuestra selección. Muerto el perro se acabó la rabia, si no nos podemos encontrar con USA hasta la final no tendremos que hacer juegos malabares para evitar encontrarnos con USA antes de la final. De cajón.

Claro que la opción B resulta aún más absurda si cabe, como bien habrán podido comprobar todos aquellos que hayan visto los eñemistosos de estos días ante Croacia y Ucrania en el Olimpic de Badalona. Barcelona es muy grande (y no digamos ya su área metropolitana) y hay gente pa tó (tanto más al precio que van las entradas) pero qué quieren, aquí nos la cogemos con papel de fumar en esto como en tantas otras cosas, no descarten que alguien (que tampoco tiene por qué apellidarse necesariamente Sáez) mirara en su día el calendario, viera que la semifinal barcelonesa se jugará precisamente el 11 de septiembre (¡¡¡el 11 de septiembre!!!) y le entrara de inmediato la temblequera de piernas, como si alguno fuera a tener la tentación de irse al Sant Jordi a terminar la manifestación. Muerto el perro se acabó la rabia, again.

SORTEO-MUNDIAL-BALONCESTO

Así que si va usted a participar en una porra en la que acertar los finalistas del Mundial piénselo muy cuidadosamente antes de jugarse los euros, no vaya a hacer como en el fútbol que bien puede decir España-Brasil, Alemania-Argentina, Holanda-Italia o Ghana-Japón, puede decir lo que le dé la gana y nadie le mirará raro (o quizá sí en ese último caso) porque cualquier cosa es posible, aquí no, aquí en el de baloncesto no me vaya usted a apostar por una final España-Francia, Brasil-Argentina, USA-Australia o Turquía-Lituania porque estará tirando el dinero y se descojonarán de usted en la cara, porque todos esos emparejamientos (y tantos otros) sólo podrán darse a cada lado del muro, no hay más. Y si usted soñó alguna vez (como pudo ser mi caso) con una final España-Argentina, o quizá Serbia-Croacia por aquello del morbo, o Lituania-USA porque sí, o tal vez México-Dominicana por sus raíces centroamericanas y/o caribeñas, pues va siendo hora de que vaya dejando de soñar. Que los sueños sueños son, ya lo dijo Calderón (el De La Barca, no el de la selección), y hay que soñarlos con moderación.

Dos por uno como el híper, en vez de un Mundial dos semimundiales, qué más se puede pedir. Pero eso sí, luego no venga a llorarme en cualquier otra competición porque haya cabezas de serie, luego no venga a hablarme de sorteo teledirigido. ¿teledirigido, dice usted? Unos aprendices es lo que son, si quiere usted sorteo teledirigido (teledigerido) véngase al Mundial de baloncesto, rechace imitaciones. Y ya le daré yo teledirección.

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