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LO QUE QUEDA DE LA COPA   2 comments

Aquellos que tengan la insana costumbre de leerme desde hace años sabrán ya que no acostumbro a comprar ese viejo discurso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esto es como decía aquel manido proverbio (topicazo al canto), si lloras porque no puedes ver el sol tus lágrimas no te dejarán ver las estrellas, si te pasas la vida echando de menos el ayer no disfrutarás el hoy, disfruta el hoy para que puedas echarlo de menos mañana. Crecí rodeado de padres, abuelos y tíos que no hablaban jamás de baloncesto pero sí de fútbol y créanme que en aquellos tiempos no había conversación sobre el dichoso deporte-rey que no acabara con el típico esto ya no es lo que era, tú que sabrás si no has visto jugar a Di Stéfano, Puskas, Kubala, aquello sí que era fútbol de verdad, que el niño que era yo acababa incluso lamentándose de no haber nacido diez o quince años antes para no habérselo perdido. Y en lo tocante al baloncesto pues qué les voy a contar que no sepan ya, a aquellos que lloraron en los noventa por no poder ver ya a Magic o Bird sus lágrimas no les permitieron ver al mejor Jordan, aquellos que echaron de menos a Jordan no supieron disfrutar de Kobe o Iverson, aquellos que aún hoy siguen echando de menos a todos los anteriores se están perdiendo a Durant o LeBron. Cada tiempo tiene su momento, la nostalgia bien entendida resulta lícita y hasta saludable siempre y cuando no te ciegue, siempre y cuando no te impida ver lo que sucede a tu alrededor. Cualquier tiempo pasado fue… anterior. Punto.

Y sin embargo yo tampoco puedo evitar a veces esa misma sensación (aunque me la prohíba a mí mismo), yo tampoco puedo evitar sentarme cada año a ver la Copa, nuestra Copa, y pensar que (esta vez sí) cualquier tiempo pasado fue mejor. Hoy nos siguen vendiendo la Copa como si aún siguiera siendo el bazar de las sorpresas, como si aún estuviéramos en aquellos años ochenta y noventa en los que el pez chico no sólo podía comerse al grande sino que incluso a veces se lo comía. En lo que llevamos de siglo las sorpresas (verdaderas sorpresas me refiero, no cuenten a Baskonia o Unicaja cuando aún podían competir de igual a igual con Madrid o Barça) podrían contarse con los dedos de una mano y aún nos sobrarían cuatro dedos, acaso la última fuera la del Joventut ganando en el Buesa en 2008, sorpresa además muy relativa porque aquella maravillosa Penya de Aíto y los erre que erre (Rudy & Ricky) jugaba como los ángeles y no le temblaba el pulso a la hora de codearse con los grandes. Aquello del bazar de las sorpresas ya es sólo una reliquia del pasado, un hermoso recuerdo, aquellos sueños hechos (casi) realidad en Cáceres, Manresa, CAI o Estu. Nostalgia de un pasado que ya nunca más ha de volver, que decía la copla. Año tras año seguirán vendiéndonos (y harán bien) que la magia de esta competición estriba en que a un solo partido cualquier cosa puede pasar, y ello aunque la triste realidad se empeñe en demostrarnos que en estos últimos tiempos no ha habido torneo más previsible en nuestras vidas que la Copa del Rey.

Nos venden las sorpresas y nos venden la emoción, también. Cuatro días de adrenalina rezaba pomposamente el cartelón de este año, pero una vez vista la competición no me quedó claro si el que lo redactó se refería a la emoción del juego o al consumo de sustancias estupefacientes ajenas al mismo. Adrenalina lo que se dice adrenalina sólo la hubo en tres partidos, y ello siendo muy generoso y metiendo también en el ajo al Unicaja-CAI aunque su final fuera más bien una sucesión de tiros libres. El resto (hasta un total de siete) estuvieron ya resueltos en el segundo cuarto, alguno incluso en el primero como aquel insospechado Barça-Valencia por más que luego el entusiasmo valencianista maquillara las sensaciones y/o el marcador. Nada que deba sorprendernos, al fin y al cabo es el signo de los tiempos (lo habré escrito ya quinientas veces pero lo escribiré una más por si alguien me leyera por primera vez), los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, la clase alta cada vez más alta, la media-alta cada vez menos alta y más media, la clase media cada vez más baja y la baja en peligro de extinción por pura inanición. La vida misma, y el baloncesto forma parte de ella nos guste o no. A un lado Madrid y Barça y su desparrame futbolístico-televisivo, al otro todos los demás: los que andan mendigando un patrocinador aunque éste ya no deje ni la cuarta parte de lo que antes se dejaba, los que ya no huelen un céntimo del maná público (ni falta que hace, que éste está para otras cosas), los que ya ni recuerdan aquellas vacas gordas de los derechos de televisión. Puede que todas aquellas sorpresas de otro tiempo fueran consecuencia de vivir muy por encima de sus posibilidades, pero es que hoy ya no nos quedan ni posibilidades siquiera. Ni encima ni debajo.

sabadoClaro que está muy bien vender sorpresas y emociones y la biblia en verso, está muy bien venderlas pero aún estaría mejor si las lucieras en un escaparate desde el que la gente las pudiera comprar. Es bien sabido que en materia televisiva autonómica siempre hubo aficionados de primera y aficionados de segunda, esto es así desde que las públicas se reparten el (amargo) pastel baloncestero pero con un ligero matiz, que es que hubo un tiempo en que la proporción primera/segunda fue más/menos 80/20 y hoy debe ser más/menos 20/80, que parece lo mismo pero es exactamente al revés. Obviamente no tengo datos que permitan corroborarlo pero parece evidente que cada vez somos más los que viajamos en el furgón de cola sobre todo desde que tres Comunidades tan pobladas como Madrid, Andalucía y Valencia se bajaron del barco (bien porque ya no tienen Autonómica o bien porque aún la tienen pero es casi como si no la tuvieran). Todo lo cual no representaría un problema si (como solía suceder antaño) las espaldas de las Autonómicas (por decirlo así) las cubriera Teledeporte, pero no fue el caso.domingo Arseni Cañada anunció pomposamente durante sus partidos de jueves, viernes y sábado que la otra eliminatoria del día podría verse luego en diferido en Teledeporte, quizá fuera así en los cuartos de final pero en lo que respecta a la semifinal autonómica Barça-Valencia ya les digo yo que no, de hecho a estas alturas aún la estamos esperando. A lo largo de la madrugada del sábado al domingo Teledeporte reservó dos ventanas para la Copa, a la 1:55 y a las 6:35, acaso las dos únicas rendijas que pudo abrir en su cobertura full time de los Juegos de Sochi. Parecía lógico que la primera fuera la destinada para ofrecer el Barça-Valencia (anunciado a bombo y platillo por el propio Arseni, recuerden) pero aguanté despierto hasta esa hora y cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré con la redifusión del Madrid-CAI. Bueno, pues si no es ahora será a las 6:35, pensé con mi natural ingenuidad. Programé la grabación, me fui a la cama y cuando a la mañana me abalancé sobre el iPlus con la sana intención de ver por fin el partido ¿qué dirán ustedes que me encontré? Efectivamente, la rerrerrerredifusión del Madrid-CAI, no fuera a ser que a esa hora quedase todavía un solo mortal sin verlo. Del Barça-Valencia nunca más se supo, quizás ello explicaría la foto aquella que hizo furor pocas horas después en las redes sociales en la que se apreciaba la relajación de alguno de los miembros del equipo, mucho más pendiente del fútbol televisado que del baloncesto in situ. Quizás no lo narraran porque no se iba a dar o quizás no se diera porque no lo narraron, vaya usted a saber.

Claro está, siempre nos quedará Orange Arena. ¿Qué les cuento yo de mi querida Potato Arena o Castaña Arena o Truño Arena o Quéséyoqué Arena que no les haya contado ya? Ya saben, una maravillosa web que es la pura antítesis de la usabilidad y la intuitividad, que te obliga a conectarte cada vez, a sacarte una entrada virtual y a pasar por no menos de seis pantallas distintas cada vez que entras, total para que cuando por fin llegas al contenido solicitado no puedas verlo porque ahora resulta que tu navagador sólo es compatible con la aplicación en los días pares que sean múltiplo de tres y siempre y cuando la luna esté en cuarto menguante (¿o era creciente?), eso con suerte. Eso para la temporada regular, para la Copa era todo un reto conseguir empeorarlo pero quedó bien claro que a estos señores no hay reto que se les resista. Con los directos la empezaron cagando pero hacia la mitad del Unicaja-CAI consiguieron por fin que dejáramos de quejarnos, pero con los diferidos… Había que buscarlos en las profundidades de la web, había que pinchar en el +info de la entrada virtual, había que volverse loco hasta que aparecían, total para descubrir cuando al fin los encontrabas que aún no estaba puesto el que esperabas ver. Busqué inútilmente el Barça-Valencia en la madrugada del sábado y volví a buscarlo inútilmente en la mañana del domingo, no logré encontrarlo (de hecho las dos semifinales no estuvieron colgadas hasta el mediodía, casi veinte horas después de haberse jugado) pero a cambio sí me di de bruces con el cartelito que anunciaba como próximo directo el Barcelona-Real Madrid. Es decir, de una tacada había matado dos pájaros de un tiro (o más bien los dos pájaros me habían pegado el tiro a mí): no había conseguido ver el partido pero sí había conseguido enterarme del resultado antes de ver el partido. Ni que decir tiene que les estaré infinitamente agradecido.

Llull-Madrid-CampeonCopa

¿Qué más nos quedará de esta Copa, aparte de todo lo anterior? De esta Copa quedarán dos partidazos, quedará una canasta sobre la bocina de esas que se recuerdan toda la vida, quedará una final tremenda, tremenda en su grandeza y en sus imperfecciones, de hecho acaso sean precisamente las imperfecciones (dado que la perfección no existe) las que hacen verdaderamente grande a este juego.

Quedará un campeón que parece que pase un examen cada vez que juega una final; como si el juego rácano y especulativo no necesitara demostrar nada porque ya hubiera probado sobradamente su eficacia y en cambio el juego rápido y vistoso hubiera de demostrar una y otra vez que además también sirve para ganar títulos. Laso lleva ya dos copas y una liga, podrá ganar en unos meses su segunda liga pero como no gane además la Euroliga le lloverán palos por doquier, le volverán a cuestionar el modelo y hasta sus cualidades como entrenador, al tiempo.

Quedará también (y ojo con esto) la peligrosa autocomplacencia del campeón, repitiendo algunos a todo aquel que quiera oírlo que hicieron un partidazo (que nadie lo niega) pero acaso olvidando que el partido no se jugó a su manera sino a la del rival, que a poco más de un minuto ganaban de 7 y a poco más de un segundo perdían de 1, que si no es por la iluminación de Llull ahora hablaríamos de otra cosa muy distinta, que si no es por la ofuscación del Barça en los tiros libres sabe dios de qué estaríamos hablando ahora. Esa autocomplacencia en las victorias (al menos de puertas afuera) puede ser su peor enemigo para lo que queda de temporada; mucho peor enemigo que Barça, CSKA, Olympiacos, Fenerbahçe o cualesquiera otros que queramos imaginar.

Quedará la definitiva consagración de Mirotic (ello en el supuesto de que no estuviera consagrado ya más que de sobra), la mayoría de edad de Abrines (aunque a alguno todavía le cueste hacerse a la idea), la puesta de largo (nunca mejor dicho) de Edy Tavares; en realidad Tavares no hizo más que lo que ya viene haciendo semana tras semana en el CID y demás canchas ACB, pero esto es lo que tiene el escaparate de la Copa (y no digamos ya si la juegas contra el Madrid): para medio mundo fue como si lo hiciera por primera vez… quizás porque ese mismo medio mundo le vio jugar el jueves por primera vez.

Quedarán unos fallos organizativos impropios de una competición de tan alta alcurnia y prosapia (sea eso lo que sea): quedará un reloj de posesión que se paraba o iba por libre cada dos por tres, como si la organización esperara la visita de algún miembro (imputado o no) de la familia del señor que da nombre al trofeo y hubiese vuelto a instalar inhibidores de frecuencia, a la manera de aquella infausta fase final del Eurobasket 2007; quedarán unas redes que si el tiro entraba flojo no dejaban caer la bola, que en casi medio siglo de baloncesto no recuerdo haber visto jamás nada semejante, como quedará también la fantasmagoría de alguno que creyó ver en ello un siniestro complot (el futbolerismo migrado por un día al baloncesto es lo que tiene), que a ver cómo le vas a pedir luego que sepa perder cuando llegado el momento ni siquiera sabe ganar.

aro

Quedará una realización televisiva infame, impropia no ya de ésta sino de cualquier otra competición sobre la faz de la tierra: baste decir que Televisión Española incorporó para la ocasión unas novedosas camaritas instaladas justo encima de las canastas, que habrían sido perfectas para ofrecer repeticiones (que es bien sabido que las repeticiones compulsivas son marca de la casa, tanto más cuanto menos permitan ver el juego) si no fuera porque el realizador ya que las tenía decidió jugar con ellas y utilizarlas una y otra vez para el directo (incluso en algún ataque especialmente decisivo de algún partido especialmente decisivo), y no dejándolas quietas sino abriendo y cerrando el plano compulsivamente en plan zoom cual Lazarov en los setenta, de tal manera que al final de cada jugada acababas viendo aro, sólo aro, la pantalla entera llena de aro, un enorme aro en primer plano que rebosaba incluso los contornos del televisor. Por favor, que le den un válium la próxima vez o aún mejor, que le manden a realizar las carreras de caballos, la gala de los Goya o la de Murcia qué hermosa eres, que seguro que allí sus innovaciones estilísticas podrán ser especialmente valoradas por un público afín.

Y quedará en resumidas cuentas (acabo como empecé, vuelta la burra al trigo) esa misma sensación que ya venimos experimentando año tras año de que esto ya no es lo que era, de que esta ya no es mi Copa que me la han cambiao. O no quién sabe, o acaso la Copa siga siendo la misma y el problema esté en que ya no sepa yo apreciarla, acaso la tuviera demasiado idealizada, acaso sea yo el que ya no soy lo que fui. Va a ser eso.

tanta pasión para nada   9 comments

No sé ni por dónde empezar. Siempre se me dieron mal las despedidas tanto más si éstas son definitivas, si no son hasta luego sino hasta siempre, ese hasta siempre que suena tan bien pero que a la larga es una puta mentira, que en realidad suele ser lo mismo que hasta nunca aunque parezca significar lo contrario. No, las despedidas nunca se me dieron bien y las necrológicas se me dan aún peor, quien me lea desde hace años habrá tenido ya sobradas ocasiones de comprobarlo. Y sin embargo, Manel, aquí me tienes, intentándolo de nuevo (ya veremos si consiguiéndolo), intentando decirte ese hasta siempre aunque siempre y nunca vuelvan a ser improbables sinónimos de nuevo. Intentando decirte adiós como si eso importara, como si me hubieras conocido, como si te hubiera conocido yo más allá de los medios, más allá de la lejanía de un banquillo visto desde la grada o desde la pantalla del televisor. Como si pudiera, como si no se me embarullaran todos esos recuerdos que aquí me tienen hecho un lío, sin saber muy bien ni por dónde empezar…

Quizás debería empezar por el principio. No por el tuyo sino por el mío contigo, aquella tarde de 1981, aquella Penya, aquella Carrera Venezia, aquella Final de la Korac, aquella canasta imposible de Joe Galvin, aquella bendita locura. Quizás entonces no fueras aún consciente de lo que significó todo aquello, aquella victoria de alguna manera marcó a toda una generación, críos y jóvenes de repente descubriendo (acaso ya lo sospecháramos) que más allá del baloncesto oficialista (los partidos de Liga del Madrid, los partidos de Copa de Europa del Madrid, los Torneos de Navidad del Madrid) había otros baloncestos que también eran de dios, que también merecían asomarse al televisor y hasta podían volvernos locos de alegría cuando menos lo esperábamos. Quizá nunca fuéramos conscientes, Manel, ni tú ni nadie, de que aquella maravillosa burbuja baloncestera de los 80 empezó a cocerse en realidad en aquel vetusto Palau, en aquella ya lejana primavera de 1981…

Luego fueron tiempos de Licor 43, de Cacaolat, equipos líquidos y míticos de aquella década prodigiosa, podría asociarte con ellos (Santa Coloma, sobre todo) pero de aquella época me queda sobre todo tu imborrable recuerdo de la radio, el repentino descubrimiento de que podíamos hacer con el baloncesto lo que ya veníamos haciendo y tantas otras veces haríamos después con el fútbol, quitar el sonido del televisor y escuchar (sí, escuchar) Antena 3, al mando un José María García repentinamente enamorado del deporte de la canasta, en la narración tal vez ya un Siro López que aún no se había echado al monte, con el inalámbrico (¿existirían ya los inalámbricos?) un atípico sujeto de tez oscura e incipiente calvicie llamado Andrés Montes y en los comentarios técnicos (seguro que lo recuerdas) aquella impagable pareja que formabas con Mario Pesquera, así cada verano en cada Campeonato de Europa o del Mundo, enseñándonos, bebiéndonos vuestras enseñanzas, haciéndonos ver por la radio mucho más baloncesto del que éramos capaces de ver a través de la pantalla del televisor. Pura magia.

Luego te fuiste a Zaragoza y te birlaron impunemente aquella Recopa en Suiza, aquella noche en que los ¿aficionados? del PAOK decidieron que si no podían ganarla por lo civil tendrían que ganarla por lo criminal. Más tarde fuiste a Cáceres y ahí tuvimos un desencuentro, nunca se lo he contado a nadie pero hoy creo que debo hacerlo para ser completamente honesto conmigo mismo, decirte lo mal que me sentó entonces aquello que hiciste en aquella eliminatoria europea, no recuerdo ya qué temporada ni qué ronda era ni contra quién (mi memoria ya no es lo que fue), sí recuerdo que en la ida perdisteis de paliza, qué sé yo, pongamos de 28, que la remontada parecía imposible y sin embargo cuajasteis un encuentro de vuelta de fábula, que le disteis la vuelta a la tortilla, que a dos o tres minutos para el final la hombrada estaba hecha, que ganabais de (pongamos) 32 ó 34… y que justo entonces pediste tiempo muerto y mandaste parar: mirad chicos, ya hemos demostrado que podíamos, ya hemos demostrado que la eliminatoria sería nuestra si quisiéramos pero lo que pasa es que no queremos, aunque pasáramos esta ronda la Korac nunca la íbamos a ganar y en cambio todos esos viajes no harían más que distraernos de nuestro verdadero objetivo que es asegurar la permanencia en la Liga, algo así les dijiste, te hicieron caso, se dejaron ir, en esos últimos minutos perdisteis la diferencia suficiente, ganasteis el partido pero dejasteis escapar conscientemente la eliminatoria, lo explicaste luego por activa y por pasiva y recuerdo bien que me indignó, nunca supe cómo se vivió aquello en Cáceres pero yo desde la distancia lo viví poco menos que como una traición, traición a esos principios sagrados del deporte en los que todavía creía yo desde la ingenuidad de mis treinta y pocos años, al menos hoy desde mis cincuenta y tantos puedo entenderte, puedo mirar ya la vida con más frialdad. Y al final para qué, si en apenas unos años dejó de existir aquel Cáceres, si hoy ya ni siquiera estás (físicamente) tú… Como tantas otras veces, tanta pasión para nada.

Y tus años en Baskonia, tus títulos en aquel Baskonia que entonces aún llamábamos Taugrés, tus finales perdidas y finalmente ganadas, tu Copa, tu Recopa, tus Ramón Rivas, Kenny Green, Marcelo Nicola, Velimir Perasovic, Pablo Laso, qué agujero le habrás dejado hoy en el alma a Pablo Laso justo en la semana más apasionante y más difícil de su aún corta carrera profesional. Fueron tus mejores años, los que te abrieron las puertas del Barça, de tu Barça, ante ti la gran oportunidad de entrenar por fin al equipo de tu vida… y como suele suceder no te concedieron ni el beneficio de la duda, no te dieron bola, no te pasaron ni una, aún no habías acabado de deshacer las maletas y ya estabas otra vez empezando a hacerlas. Otra vez más, tanta pasión para nada.

Pero volviste a Badalona y volviste a triunfar, fuiste a Valladolid a conocer las profundidades de la Liga, bajaste a Sevilla a intentar poner alma a ese equipo sin alma al que nunca supimos cómo llamar ni de qué color nos lo íbamos a encontrar. De alguna manera te convertiste (nunca supe si por gusto o a tu pesar) en el personaje de referencia de nuestro baloncesto, vivíamos ya los tiempos de las catacumbas, los carruseles ya jamás prestaban la más mínima atención a nuestro deporte y sin embargo una noche cualquiera hablabas y (como suele decirse) subía el pan, hasta Paco González mandaba parar las máquinas, interrumpía la narración de Lama, la publicidad de Castaño y todo lo que hiciera falta interrumpir para meter el corte con tus declaraciones de ese día, acaso aquellas en las que explicaste la táctica del conejo (cada vez que la veamos nos acordaremos de ti, ya lo hacíamos antes pero ahora con más motivo) o aquellas otras en las que dijiste con tu mejor tono de cabreo que hoy hemos inventado una defensa nueva, en vez de cuatro en zona y uno al hombre hemos defendido cuatro al hombre y uno en zona, o quizás aquellas otras en las que soltaste lo del NAF, joder la que liaste con lo del NAF, hasta yo te puse (demasiado) verde, quizás no supe entender que entre pensar las cosas antes de decirlas y decir las cosas antes de pensarlas siempre preferiste esta segunda opción, aunque luego te costara arrepentirte cienmil veces (de la forma, no del fondo) de lo dicho.

Te tenemos muy reciente, Manel, y por eso duele más que te nos vayas. Volviste a los medios, no eras ya aquel analista de los 80 (o quizá sí lo fueras, y acaso fuéramos nosotros los que ya no éramos los mismos) pero todavía aportabas, vaya si aportabas, sobre todo cuanto mejor fuera aquél que te pusieran al lado para darte la réplica. Quizás tampoco tanto como hubieras podido aportar, porque más de una vez te mordiste la lengua, porque siempre fuiste con el freno de mano echado, porque Arseni nunca supo encontrar la manera de extraerte todo aquello que llevabas dentro. Y por los medios que no te dieron, también, por aquellos vídeos que nunca arrancaban ni paraban a su debido tiempo, por aquella pizarra (una simple y mísera pizarra como la que tienen todos los técnicos en sus banquillos, como aquella que todos los analistas yanquis tienen también a su disposición) que tampoco quisieron nunca comprarte por más veces que la pediste. Una tarde anunciaste lo del cáncer y a muchos se nos cayó el alma a los pies, hasta a aquellos que tanto te criticaron no les quedó más remedio que echarte de menos, acaso fueras para ellos como ese frigorífico al que mientras funciona jamás le das la menor importancia (y hasta puede que te quejes de su ruido tan molesto) y que sólo eres capaz de valorar en su justa medida cuando se te estropea, qué sé yo…

Volviste y dijiste que este bicho no iba a poder contigo, lo recuerdo bien. Así lo dijiste y así nos lo creímos, quizá tu también lo creyeras o quizá fuera tan solo un ejercicio de coraje, una mera declaración de intenciones. Pero cuando apareciste aquella otra tarde con la cabeza afeitada empezamos a preocuparnos, cuando te fuiste de nuevo empezamos a preocuparnos todavía más. El pretexto fue que tu estado de salud no te permitía viajar, pronto vimos que no te permitía viajar ni aunque el partido se jugara en Barcelona casi al lado de tu casa. Empezamos a intuir que jamás volveríamos a tenerte comentando partidos, aún más lo intuimos (lo supimos, más bien) cuando hace apenas un mes saltó a la luz pública esa otra desagradable noticia, ese otro tema del que me niego a hablar, Manel, ya sabes a lo que me refiero. Eres (aún no puedo cambiar el tiempo verbal, aún no logro acostumbrarme a decir fuiste) un grandísimo entrenador y un grandísimo analista, sólo con eso quiero quedarme. Lo demás me importará tal vez (o tal vez no) a su debido tiempo, hoy no desde luego. Hoy sólo me importa saber que esta vez los indios ganaron al Sheriff, que ese puto bicho al final se salió con la suya, que esta vez te tenía bien agarrado por los huevos. O por los pulmones, más bien.

¿Sabes qué es lo único que no te perdono ni podré perdonarte nunca? La cantidad de historias que te llevas a la tumba, la cantidad de conocimientos que ya no tendremos, la cantidad de cosas que ya no sabremos, la cantidad de batallitas y chascarrillos que podrías habernos contado y que habrían dado tal vez para escribir no uno sino un montón de libros, quién sabe si hasta unos cuantos tomos de memorias. Te nos mueres y es como si treinta y tantos años de baloncesto se nos murieran también un poco. Aún seguirás viviendo en nuestros recuerdos, en nuestros vídeos, ese al menos es el consuelo que nos queda, el clavo ardiendo al que tendremos que agarrarnos todos aquellos que nos quedamos a este lado. Tú ya estás al otro, a ti ya todo eso te da lo mismo. Aún no has acabado de irte y ya te estamos echando de menos, Manel.

No sabía cómo empezar y aún menos sé cómo acabar. Me temo que a estas horas de la tarde no se me ocurre nada mejor que autoplagiarme y recurrir a aquellas sabias palabras de Brecht que me apropié ya en cierta ocasión para glosar la figura de MonsalveHay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. Manel, lo sabes de sobra, tú eras otro de esos imprescindibles, tú formabas parte de ese pequeño puñado de seres humanos que no es que sean gentes de baloncesto sino que son el baloncesto, sin más. Un buen pedazo de nuestro baloncesto se nos ha ido hoy contigo, Manel, lo sabes. Un montón de años de baloncesto vividos con absoluta pasión, esa pasión que no fue en vano aunque a ti hoy ya no te sirva para nada. Hasta siempre (que será igual que hasta nunca pero que yo sigo prefiriendo el hasta siempre, aunque en el fondo dé igual, aunque ya tampoco tenga ningún sentido), Manel. Descansa en paz.

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Allá por el pasado verano, en plenos Juegos Olímpicos, fui un día a comer a casa de mi madre, nada de particular, es algo que suelo hacer con relativa frecuencia como todo hijo que se precie. En la sobremesa, mientras mi señora y su suegra conversaban amigablemente de esas cosas que hablan las señoras con las suegras, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, waterpolo, tiro con arco, lucha grecorromana, lo que haya… Pero me quedé con las ganas por la sencilla razón de que el televisor de mi madre no tenía sintonizado dicho canal. Al respecto conviene recordar que hace algunos años hubo que hacer una resintonización de la TDT (no sé si sólo en Madrid o en más sitios) porque había dos o tres diales (uno de ellos TDP) que cambiaban de frecuencia o dos o tres frecuencias que cambiaban de dial o como se diga, notarán que soy lego en la materia. En mi comunidad de propietarios nos la hicieron de serie pero en la de mi madre que son sólo ocho vecinos, octogenarios en su mayor parte, pues como que no parece que se generara una demanda que hiciera imprescindible esa modificación, no sé si me explico. Claro está que podría haber resintonizado yo el televisor aquella misma tarde pero mi madre habría entrado en pánico sólo de pensar en la posibilidad de que se le fuera alguno de sus canales preferidos, así que ante tamaña responsabilidad preferí dejarlo estar…

Pocos días después, todavía en plenos Juegos Olímpicos, me tocó ir a pasar la tarde al chalet de mis cuñados, experiencia inenarrable donde las haya pero qué quieren, uno es un mandado. En un momento dado, mientras mi cuñado se encontraba ausente atendiendo a sus múltiples actividades profesionales (un bar), mientras mi hijo se bañaba en la piscina con sus primas y mi señora hablaba con su hermana de cosas de hermanas, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, tiro con carabina, esgrima, halterofilia, lo que sea menester… Pero me volví a quedar con las ganas, por la sencilla razón de que el televisor de mis cuñados tampoco tenía sintonizado dicho canal. Mi cuñado es muy de ver deporte en televisión pero eso sí, a la manera española (como si dijéramos): primero fútbol, luego fútbol, después fútbol y finalmente (si no hay fútbol) quizás algo de motos o de Fórmula Uno siempre y cuando esté Alonso, que si no pa qué. Teledeporte ni sabe que existe o quizás alguna vez sí lo supo pero ahora ya no lo recuerda, total ahí sólo dan deportes de esos raros que no tienen motor ni se juegan con los pies. La prueba es que en todos estos años no parece haber sentido ni por un momento la necesidad de resintonizar su televisor.

Obviamente mi madre y mi cuñado no son una muestra significativa de la población, son apenas dos casos aislados, estoy convencido de que en este país y en esta ciudad casi todos los televisores tienen correctamente sintonizados casi todos los canales de la tedeté. El tema no es que haya mucha gente que no tenga Teledeporte, sino que hay muchísima gente que ni se enteraría si de buenas a primeras les desapareciera Teledeporte. El común de los mortales o bien va a tiro hecho o bien se limita a zapear por entre los canales de toda la vida, esos que en casi todos los televisores ocupan los diales del 1 al 6, acaso también el 7 y/o el 8 si aún te queda una televisión autonómica decente. Luego ya los más iniciados es posible que pasen también por Neox, Nova o Energy, los más futboleros mirarán MarcaTV y los más (evitaré adjetivos para no herir susceptibilidades) es posible que viajen aún lejos si cabe, 13TV o Intereconomía que de todo hay en la viña del señor. Y luego ya, un poquito más allá de éstos y un poquito más acá de la Teletienda (pero no mucho), más o menos al lado del Canal 24 horas finalmente encontraremos a Teledeporte (de hecho ellos deben ser plenamente conscientes de que ocupan las profundidades abisales del dial, ya que en los últimos tiempos andan montando una especie de debates un tanto basurísticos al más puro estilo puntopelotero; con nulos resultados, me temo). Y no venga usted ahora a decirme que en su casa no es así, ya sé bien que en su casa no es así al igual que tampoco es en la mía, si está usted leyendo esto ya presupongo que será porque es aficionado al deporte en general y al baloncesto en particular (o porque ha llegado aquí por pura casualidad y aún no tiene muy claro de qué va este blog), razón por la cual tendrá incluido a Teledeporte en su menú televisivo. Pero usted y yo tampoco somos una muestra representativa de la población, desgraciadamente. El común de los mortales tiene sus necesidades deportivas más que cubiertas con los deportes mayoritarios que ofrecen los canales mayoritarios, entre otras cosas porque si en alguna ocasión Nadal (o cualquier otro deportista/equipo español) puede ganar algo ya se encargará TVE de llevárselo perdiendo el culo a La 1 para aprovechar la tajada de audiencia que pueda proporcionar. O dicho de otra manera: el aficionado medio sabe que en Teledeporte sólo dan cosas minoritarias, y sabe que si en alguna rara ocasión dejaran de ser minoritarias se las sacarían de allí para servírselas en bandeja donde las pueda mirar. Ergo ¿para qué sintonizar Teledeporte?

Quizá ya haya deducido (o quizá no, y lleve usted un buen rato preguntándose de qué va este rollo) que viene todo esto a cuento de lo acaecido este pasado fin de semana con ocasión de la Final Four. Televisión Española incumplió drásticamente la regla de oro que acabo de exponer en el párrafo anterior, TVE dio la semifinal por su primera cadena y luego la Final por Teledeporte, y ello a pesar de que dicha Final la disputaba el equipo más televisado, más seguido, más amado/odiado y con más adeptos de todo el territorio nacional. ¿Todo un Real Madrid podía proclamarse campeón de Europa y sin embargo no se atrevían a darlo por TVE1, cómo era ello posible? Pues porque hay palabras mágicas, alma de dios, mire que se lo decía yo aquí mismo hace dos o tres semanas. Diga usted abracadabra pata de cabra y no pasará nada, pero lo que se dice nada, pero nada de nada; ahora bien, diga usted Madrid-Barça y el universo entero conspirará para que empiecen a suceder ante nuestros ojos los hechos más asombrosos jamás contados. Si ambos equipos hubiesen ido por distinto lado del cuadro las dos semis se habrían visto en Teledeporte, si ambos hubiesen perdido no les quepa la menor duda de que el tercer y cuarto puesto habría ido por TVE1 y luego la Final por Teledeporte, es así. No importa el Madrid, no importa el Barça, importa el Madrid-Barça como si ambos conceptos sólo tuviesen razón de ser por la existencia del otro, como el haz y el envés, como el ying y el yang, como el día y la noche, como las dos Coreas. Acaso no haya nada que vertebre (y al mismo tiempo divida) tanto este país como un Madrid-Barça, acaso no haya mayor obstáculo para el famoso proceso soberanista de Cataluña que la posible desaparición de esa rivalidad. Necesitan seguir juntos para poder seguir odiándose.

Retomo el tema. Conste que no suelo ser de los que acuden puntualmente cada lunes a mirar las audiencias (más que nada para no llevarme disgustos) pero reconozco que esta vez no pude evitar que me saltaran a la vista mientras ojeaba un periódico en el bar del desayuno. Si no vi mal (que también es posible) resulta que la semifinal Barça-Madrid dio un millón ochocientos y pico mil espectadores con un 12 por ciento de cuota de pantalla, y que la final Olympiacos-Madrid dio como cienmil más, un millón novecientos y pico mil con un 10 por ciento de share (ya sé que el share y la cuota de pantalla son lo mismo, uso ambos términos para no repetirme). Supongo que la explicación de que la semi tuviera menos espectadores y más share, y en cambio la Final más espectadores y menos share, es bien sencilla hasta para un profano en la materia como yo: los viernes se sale más y hay menos gente ante el televisor, mientras que los domingos a esa hora ya está casi todo dios en su casa. Y supongo que ésa es también la razón de que Televisión Española no tuviera ningún problema en sacrificar su programación del viernes y en cambio no alterara en lo más mínimo su sacrosanta programación del domingo. Y supongo también que en el pecado pudieron llevar la penitencia…

A ver si me explico: diría yo que a la hora de sentarse a ver la tele básicamente (y simplificándolo mucho) existen dos tipos de espectadores, aquellos que tienen claro lo que quieren ver y aquellos que la encienden por pura rutina y van dando vueltas hasta que encuentran algo que (más o menos) les guste. La audiencia de TVE1 bebe de ambas fuentes, están los que van ex profeso a ver el Cuéntame y los que tras zapear se quedan con el Cuéntame porque no encuentran otra cosa que les convenza más. La audiencia de TDP en cambio sólo bebe de la primera fuente, los ex profeso, ya que como decíamos no suele ser un canal de paso al que la gente se pueda enganchar. O dicho de otra manera: el Madrid-Barça del viernes bebió básicamente de aquellos espectadores que querían ver el Madrid-Barça del viernes, pero bebió también de aquellos que pasaban por allí (quizá buscando el Telediario, o quizá sin pensar siquiera en lo que hacían) y de repente exclamaron anda leche, si hay un Madrid-Barça, qué bien, quién me lo iba a decir, me pondré a verlo. Por el contrario el Madrid-Olympiacos del domingo bebió sólo de aquellos que fueron expresamente a buscarlo, dado que casi nadie pasa por allí. ¿Y con todo y con eso la Final la vio más gente que la semifinal, aunque la cuota de pantalla fuera (sólo ligeramente) menor? ¿Qué habría pasado entonces si la Final hubiese ido por TVE1? Pues que además de esos casi dos millones de espectadores fijos bien podrían haber tenido además otro buen puñado de eventuales. Y todo ello tampoco tendría por qué haber supuesto un trauma para TVE1 en términos de programación ya que siempre podrían haber hecho lo que hicieron el viernes: mantener el previo en TDP mientras en La1 estaba Tom Cruise y su Tapadera, dar el partido en La1 (aprovechando el descanso para ofrecer un Telediario en versión corta) y nada más acabar llevarse otra vez el postpartido a TDP (entrega de trofeos incluida, tanto más habiendo perdido el Madrid) y en La1 meter raudos y veloces su dichosa película de la semana. Y ésta apenas habría empezado veinte o treinta minutos más tarde de lo que suele hacerlo cualquier otro domingo, y no creo que ello les hubiera supuesto una gran pérdida (acaso ninguna) en términos de share, y hasta habrían podido enganchar para el cine a una buena parte de la audiencia del basket que (acaso desengañada por el resultado) dijera pues bueno, pues ya que estamos aquí vamos a quedarnos a ver qué tal está esta peli… (Y todo ello por supuesto sin entrar en otras consideraciones relativas al servicio público o al interés general, conceptos éstos que estuvieron muy presentes en nuestras vidas hasta hace algunos años pero que hoy han quedado totalmente arrinconados por el peso de los acontecimientos; si ya nadie se acuerda del interés público en aspectos de la vida que son mucho más trascendentes que éste, como para esperar que alguien se acuerde también aquí…)

A lo largo de estos párrafos he intentado demostrar (de forma bastante reiterativa, me temo) que no es lo mismo TVE1 que Teledeporte, que no cuenta con las mismas posibilidades cualquier evento deportivo en función de que se emita en uno u otro canal. Pero con todo y con eso es posible que usted siga pensando que ambos están a tan solo un click de distancia, o que tan decisivo no será que el baloncesto vaya en La1 si luego la ACB de los domingos saca las audiencias que saca (aunque nada tenga que ver una cosa con otra, los pocos que se sientan a ver la tele un domingo por la mañana por lo general van buscando algo muy concreto, en cambio muchos de quienes se sientan en prime time lo hacen dispuestos a tragarse lo que les echen). Pues vale, pues para usted la perra gorda (frase que solía utilizar mi abuela para darme la razón sin que la tuviera, a fin de que me callara de una vez), acepto barco como animal acuático y pulpo como animal de compañía, lo que usted quiera… pero aunque todo eso fuera cierto permítanme al menos que me queje del detalle. Le pondré un ejemplo: ¿imagina usted que un viernes a mediodía TVE1 ofreciera una hipotética semifinal de Roland Garros Nadal-Ferrer, y que en cambio la hipotética final Nadal-Djokovic la dieran luego el domingo por Teledeporte alegando que no quieren perder cuota de pantalla de su peliculita ñoña de sobremesa, o que al no ser la final un derby entre españoles ya tendrá menos tirón? ¿A que no? ¿A que no puede ni tan siquiera imaginarlo? Claro está que la combinación de palabras Nadal-Ferrer no es mágica como Madrid-Barça, o acaso la palabra Nadal por sí misma sí lo sea sin necesidad de añadirle ninguna otra, sin conservantes ni colorantes ni edulcorantes ni acidulantes ni aditivos de ninguna clase, Nadal podría jugar un partido de exhibición contra mí mismo (y créanme que sería lo más ridículo jamás visto en la historia de la humanidad) y pueden estar seguros de que TVE movería cielo y tierra para darlo por La1, la magia es lo que tiene. Madrid y Barça juntas son palabras mágicas, Madrid y Barça por separado (no siendo fútbol) son palabras inocuas, este mismo domingo pudimos comprobarlo. Y todo esto pasó con todo un Real Madrid, alucina vecina, el día que llegue a la final (por ejemplo) Unicaja ya no quiero ni pensarlo…

había una vez un circo   Leave a comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 14 de enero de 2013)

Miliki nos dejó hace algunas semanas, Gaby hizo lo propio hace ya unos cuantos años, Fofó se nos fue hace tanto tiempo que ya apenas nos acordamos de él cada vez que paseamos por la calle vallecana (contigua al estadio del Rayo) que lleva su nombre. Fofito ya sólo está para los anuncios de Campofrío y Milikito ni eso, Milikito hace ya siglos que (tras recuperar milagrosamente el habla) se nos convirtió en don Emilio, presunto actor cómico e insigne empresario de la comunicación (o viceversa). Casi nada queda ya (más allá de nuestro recuerdo) de aquellos que se autodenominaron los payasos de la tele… pero su llama sigue viva, su espíritu sigue presente en TVE gracias (quién nos lo iba a decir) a nuestra insospechada Liga ACB.

Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón… Señoras y señores, niños y niñas, distinguido público, sean todos bienvenidos al mayor espectáculo del mundo, pasen y vean, tenemos payasos (dicho sea con todo el respeto, que es una profesión muy digna), prestidigitadores, malabaristas, equilibristas, funambulistas, trapecistas, aún nos faltan los domadores y la mujer barbuda pero no crean, estamos en ello, aparecerán también el día menos pensado. Somos una liga de baloncesto en la que ya lo de menos es el baloncesto, tenemos tan poca confianza en nuestro producto (aún por bueno que éste salga) que ya ni siquiera nos molestamos en intentar venderlo porque hemos comprobado que a la larga resulta mucho más rentable venderles nuestra propia gestión, somos así, quién necesita hablar del juego cuando da mucho más juego todo lo ajeno al juego, valgan las redundancias. Quién necesita baloncesto teniendo circo. El espectáculo debe continuar.

Lleno de color, un mundo de ilusión, pleno de alegría y emoción… Pura magia, pongamos por ejemplo un partido los sábados por la tarde en Teledeporte y luego hagámoslo desaparecer, abracadabra pata de cabra, ahora lo ves, ahora no lo ves, ahora es que ya no lo verás ni de coña ni aún por mucho que mires, ni te molestes en buscarlo que ya no está. Eso sí, añadámosle unas gotas de humor en la mejor tradición de Juan Tamariz y tantos otros grandes de este noble arte de la prestidigitación, atribuyamos su desaparición al santo de la madre del que narra y así mientras se echan unas risas no nos pillan el truco, luego cuando aquello ya no cuele (en el supuesto de que hubiera colado alguna vez) atribuyámosla a que en diciembre no se dieron las condiciones y ya veremos cuándo vuelven a darse pero eso sí, pondremos mucho cuidado en no desvelar jamás cuáles son esas condiciones, sólo faltaría, los magos nunca revelan sus secretos, hasta ahí podíamos llegar, tachán, tatachán, tatatachááánnnn

Sin temer jamás al frío o al calor, el circo daba siempre su función… Querían trapecistas, pues aquí los tienen, triple salto mortal, qué digo triple si hasta puede ser cuádruple o incluso quíntuple, lo nunca visto, un salto al vacío desde las siete de la tarde a las doce y media del mediodía, más difícil todavía. Y a pelo, sin red, mariconadas las justas, si al fin y al cabo estamos acostumbrados a sentir el vacío bajo nuestros pies, la caída libre es nuestra especialidad. Y además lo bueno que tenemos es que por mucho que caigamos nunca encontramos el final, cada vez que creemos haber tocado fondo acaba resultando que ese fondo aún quedaba un poquito más allá. Viajamos de la noche a la mañana buscando audiencias para acabar entrando en colisión con otros baloncestos que ya diversifican sus audiencias, si antes apenas éramos cuatro gatos ahora ya no llegamos ni a tres pero no teman, aún nos queda margen de mejora (o de empeora), aún podemos añadir otro salto mortal (sin red, of course) y caer hasta las siete de la mañana a ver si así ya sólo nos ven los que se levanten a pasear al perro. Ya saben, recuérdenlo una vez más, nunca lo olviden, pase lo que pase el espectáculo debe continuar.

Siempre viajar, siempre cambiar, pasen a ver el circo… Señoras y señores, niños y niñas, distinguido público, les ruego un momento de atención porque a continuación podrán presenciar el increíble número del descanso menguante, suenen clarines y timbales, mantengan un silencio sepulcral, aguanten la respiración dado que cualquier desviación por ínfima que ésta fuera podría hacer peligrar la vida del artista. Trátase en suma de encajar un partido de aproximadamente hora y tres cuartos en un periodo de tiempo de exactamente hora y tres cuartos, para lo cual el artista habrá de caminar literalmente sobre el alambre manteniendo un arriesgadísimo equilibrio ente la duración teórica de las sucesivas pausas y la duración real y efectiva de dichas pausas. Así pues se recomienda encarecidamente que abandonen la sala aquellos espectadores que padezcan del corazón-corazón dada la extrema peligrosidad del ejercicio; una vez éste haya finalizado (es decir, a las 14:25 en punto) podrán reintegrarse sin problema a la contemplación del espectáculo ya que a partir de esa hora tan solo se ofrecerán contenidos perfectamente adecuados a su delicada salud cardiovascular.

Otro país, otra ciudad, pasen a ver el circo… De ciudad en ciudad en ciudad viajan (supongo) las unidades móviles en la mejor tradición de los circos ambulantes, de ciudad en ciudad viajan (a veces) Izaskun Ruiz y África de Miquel, si acaso ésta última viaja un poco más porque acostumbra a darse unos cuantos paseos por las nubes en cada partido, los viajes astrales son su especialidad pero eso sí, a los demás no se nos ocurra sacarlos del plató no vaya a ser que se nos constipen que estos fríos son muy traicioneros. Claro está, no están los tiempos (ni en la ACB ni aún menos en el Ente) para acometer gastos innecesarios pero ello no nos impide seguir siendo fieles a nuestras tradiciones, qué sería de este noble arte si no lo fuéramos, de ahí que en cada jornada paguemos a un tío que vive en Madrid para que vaya a Barcelona, comente el partido desde un plató en Sant Cugat y luego vuele otra vez a Madrid… y ello aunque el partido se juegue en Madrid. No, no le busquen lógica, nadie va al circo a ver cosas lógicas porque para eso ya tienen la vida cotidiana, la gente va a al circo a ver cosas asombrosas. Véase la muestra.

Es magistral, sensacional, pasen a ver el circo… En nuestro constante afán de mejora hemos querido seguir el ejemplo de algunos de los más grandiosos espectáculos circenses que recorren el planeta, si ellos crearon el circo de tres pistas nosotros inventamos el baloncesto con dos… canchas. Supongo que lo leyeron hace días, teníamos previsto el Madrid-Granca el domingo a las 12:30 y (con el pretexto de que hay que televisarlo) pusimos también el Estu-Barça a las 12:40, ambos partidos en el mismo escenario, ambos casi a la misma hora, lo nunca visto. Pues ya está, donde juegan dos juegan cuatro, bastaría con quitar unas pocas butacas del Palacio de Deportes y montar dos pistas paralelas, al Madrid le reservamos el ala Goya/Felipe II que es más noble, al Estu le dejamos el ala Jorge Juan/Fuente del Berro que es más sobria, empieza el Madrid-Granca, cuando llega el primer tiempo muerto se apaga su cancha y se enciende el Estu-Barça, al siguiente tiempo muerto se reanuda el Madrid-Granca hasta el final del primer cuarto y así sucesivamente, alternándose ambos dos chous hasta el final. ¿Se imaginan las inmensas posibilidades que plantearía esta fórmula? Los aficionados del Estu podrían animar a su equipo y al Granca a la vez, los aficionados del Madrid podrían animar al Madrid y al… al Madrid, a quién si no. Eso sí, por TVE1 sólo se vería el Estu-Barça según lo previsto, los ratos en que hubiera Madrid-Granca los aprovecharíamos para ofrecer toda la ristra de making-of del anuncio de Endesa, faltaría más. Y por supuesto que habrían de respetarse escrupulosamente los tiempos televisivos, si Madrid y Granca se quieren quedar hasta las tantas es su problema pero Estu y Barça habrían de acabar necesariamente a las 14:25 no vayamos a generar problemas coronarios, si no cabe se le quitan minutos de juego y adiós muy buenas. No, por desgracia la idea no ha cuajado para este finde, va a ser que nuestros retrógados aficionados todavía no están preparados para propuestas tan innovadoras. Pero todo se andará.

Somos felices de conseguir a un niño hacer reír… A un niño hacer reír y a un adulto echar espuma por la boca (que eso también es espectáculo) porque siempre hay algunos amargados que no nos entienden, que por más que nos empeñemos en que no vean baloncesto aún siguen queriendo ver baloncesto, hay que ver cómo son. Hace décadas que dejaron de creer en los Reyes Magos pero aún siguen creyendo en Orange Arena (en adelante OA, que no están los tiempos para regalar publicidad), creen vivir en el siglo XXI y no se dan cuenta de que el verdadero circo es una actividad puramente artesanal y debe seguir haciéndose como se hacía ya en el XIX. Por creerse hasta se creyeron aquella publicidad de antaño, en tus manos el destino de poder cambiar la historia porque la verdadera victoria es no perderte ni un partido. Claro está, resulta difícil no perderte ni un partido cuando llega la jornada de (por ejemplo) el 6 de enero y de nueve partidos posibles dan tres, ¡¡¡tres!!! por todo lo alto, ni rastro de choques fundamentales como el Estu-Baskonia o el Granca-Unicaja pero ahí sigues inasequible al desaliento, nunca has entendido por qué OA algunas veces funciona sin más y otras tienes que sacar entrada (virtual) pero aún así lo intentas, hoy toca entrada y toca además acoquinar porque es jornada solidaria, este partido lo jugamos todos, envía futuro al 28028, mandas gustoso tu esemeese porque es para ver baloncesto y además para una buena causa, te envían un código, vas al ordenador y sigues escrupulosamente sus instrucciones, tecleas tu número de móvil, tecleas el código, pinchas en acceder y como si te rascas, aquello que te devuelve la misma pantalla, tecleas otra vez y más de lo mismo, y otra vez y otra y otra más y así hasta qué sé yo, pongamos catorce o quince veces pero tanto da, si pinchas en volver vuelves pero si pinchas en acceder no accedes, eso habría sido demasiado fácil, al final no te queda otra que acabar homenajeando al eximio don Fernando Fernán Gómez (¡¡¡A la mieerrrrda!!!) mientras piensas que ojalá el 1,45 € de tu esemeese le haya servido a alguien para construir su futuro porque lo que es a ti para ver baloncesto ni de casualidad. Sí, OA también es puro circo, un maravilloso mundo de fantasía e ilusión ideal para todos aquellos que aún vivimos de ilusiones (como el tonto de los…). La cruda realidad va por otro lado, me temo.

Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón, que alegraba siempre el corazón… Reconozco que a mí el circo nunca me alegró el corazón sino más bien al contrario, siempre me puso triste. Me ponía triste de adulto al ver lo que me cobraban por la entrada y por las sucesivas chorradas con que intentaban engatusar a mi hijo; pero me ponía aún más triste de niño, en el fondo me generaba una intensa amargura ver a todos esos artistas que a cambio de hacer cosas imposibles para el común de los mortales sólo conseguían ir de pueblo en pueblo viviendo en un carromato, no digamos ya ver a esos payasos de entre los que siempre había uno que parecía el listo y otro que parecía el tonto pero que al final resultaba que el tonto era más listo que el listo y el listo era más tonto que el tonto (no sé si me explico). No acabo de tener yo muy claro quiénes son los listos en este circo baloncestero nuestro pero sí empiezo a tener meridianamente claro quiénes somos los tontos. Y saberlo no me hace reír, no me alegra el corazón, más bien me genera una inmensa tristeza. Para variar.

Publicado enero 20, 2013 por zaid en ACB, medios

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