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MI GRAN COPA   Leave a comment

adrenalina1. La Copa volvió a ser La Copa, justo cuando ya casi nadie esperaba que lo fuera. Cuando la Copa de las sorpresas era ya sólo un lejano recuerdo, cuando muchos habíamos repetido hasta la saciedad que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando ese eslogan de los cuatro días de adrenalina parecía haberse quedado más obsoleto que el teletexto emergió por fin esta Copa 2016 para devolvernos nuestra fe en el baloncesto, en la ACB, en el deporte e incluso en el ser humano como ente capaz de (aún en momentos de máxima exigencia) generar emociones maravillosas. Esta edición quedará ya como una de las mejores de la historia, probablemente como la mejor en lo que llevamos de siglo. No es poca cosa viniendo de donde veníamos.

2. Estaba todo el madridismo desatado celebrando el título, estaban todas las emociones desbordadas en la casa blanca (mención especial para Pablo Laso, también en ese aspecto) y mientras tanto allí arriba en el palco su presidente permanecía circunspecto, hierático, hermético, como si todo aquello no fuese con él. Quizás porque en el fondo no fuese con él, quizás por una mera cuestión protocolaria, quizás porque en su ánimo pesara mucho más el empate de Málaga que el título de A Coruña o quizás porque el no exteriorizar las emociones sea una condición inherente a su estatus de Ser Superior, es tal su grado de plenitud interior que dejarlo traslucir hacia fuera sería poco menos que una vulgaridad. O quizás sea algo mucho más simple que todo eso, quizás sea sólo que cada título del Madrid de baloncesto no sólo no le produce ninguna satisfacción sino que le genera una intensa irritación. Recapitulemos: allá por el verano de 2014 Don Florentino estuvo a punto de hacerle a Laso un ancelotti (un año antes de hacérselo al propio Ancelotti), no lo hizo y desde entonces su eternamente cuestionado (por algunos) técnico no ha hecho otra cosa que pagárselo con títulos, títulos a tutiplén, títulos a todas horas, títulos de todos los colores, títulos uno detrás de otro.RMcampeones Cada uno de esos títulos es como una daga en el corazón del florentinismo, una especie de recordatorio de que existe otra manera de hacer las cosas, esa que consiste en perseverar en un proyecto y no en cambiar necesariamente de proyecto cada dos por tres. Si caminas en la misma dirección tarde o temprano acabarás llegando a algún destino, si cambias de trayecto a cada rato nunca llegarás a ningún sitio, es así de sencillo. De alguna manera cada título de la sección de baloncesto parece existir sólo para recordarle al Presidente todos los títulos que está dejando de ganar en fútbol. Ahí le duele.

3. Hacia finales de agosto de 2008, tras la final olímpica de Pekín, escribí (una de tantas tonterías que suelo escribir de vez en cuando) que aquella selección española en realidad no había ganado la plata sino el oro, si bien se lo habían dado bañado en plata sólo para disimular, sólo para que el campeón oficial no se ofendiera. Me acordé de esas palabras tras la final de este domingo, quizás porque (salvando las distancias, obviamente) lo dicho sobre aquella selección vale también para este Granca. Desconfíe de las apariencias, en realidad el Club Baloncesto Gran Canaria ganó también esta Copa, la ganó tanto como el que más, le nombraron subcampeón y le dieron un trofeo en miniatura por aquello del que dirán pero ese sub acabará desapareciendo, ese trofeo se acabará engrandeciendo con el mero paso del tiempo. Por supuesto que el Madrid es justo y merecido campeón, sólo faltaría. Pero más allá de eso esta Copa quedará ya para siempre como la Copa del Granca, así será al menos hasta que lo mejore en una próxima edición. Que todo se andará.

4. Gran Granca desde el principio hasta el final, hasta la Final (sí, esa misma para la que muchos le trataron como si no fuera a presentarse, como si el resultado estuviera ya escrito de antemano, como si su único destino fuera ser una mera comparsa a merced del Madrid; afortunadamente para ellos su entrenador y sus jugadores no fueron de la misma opinión).herbalife-gran-canaria-real-madrid-102_g Gran Granca incluso hasta el final de la Final, cuando todo parecía sentenciado y hasta el más elemental sentido común aconsejaba rendirse. ¿Rendirse, dije? Si no se rindieron cuando estaban 12 abajo ante Valencia, si aún menos se rindieron cuando estaban 19 abajo ante Bilbao a ver por qué habrían de rendirse aunque estén otra vez 12 abajo ante el Madrid a poco más de un minuto para el final. Aplíqueseles aquello que cantaba Serrat de los piratas, larga vida y gloria eterna, para hincarles de rodillas hay que cortarles las piernas. Gloria eterna.

5. Vivo en un país que sacraliza lo joven y demoniza lo (aparentemente) viejo, de tal manera que en cuanto un profesional cumple los treinta y falla un par de veces ya se le coloca una de las más crueles etiquetas que puedan adjudicarse a deportista alguno, la de acabado, que acostumbra además a arrojarse a la espalda de cualquiera con inusitada crueldad. Estás acabao, no sé ya cuántas veces tuvo que escucharlo en tiempos de Messina (y aún en los primeros de Laso) un Felipe Reyes que cada día que pasa parece más joven. Estás acabao, no imagino cuántas veces habrán tenido que escucharlo dos tipos que han escrito algunas de las páginas más bellas de esta Copa, Don Albert Oliver y Don Alex Mumbrú.oliver Ambos pusieron mucho más de lo que estaba en su mano para ganar, ambos se negaron radicalmente a perder, ambos lloraron su respectiva derrota como si no fueran veteranos curtidos ya en mil batallas sino imberbes quinceañeros no preparados aún para los duros avatares de la vida. Oliver y Mumbrú, Mumbrú y Oliver, bien merecen que nos pongamos metafóricamente (que no físicamente, ya que entonces no podría teclear) EN PIE. Bendito acabamiento.

6. Y a veces ni siquiera hace falta esperar tanto para que te entierren, a veces te colocan la etiqueta de acabado antes incluso de cumplir los treinta. En el verano de 2014 Gustavo Ayón contaba sólo 29 primaveras pero ya entonces tuvo que escuchar toda clase de lindezas sobre el presunto declive (cuando no final) de su carrera, tanto más cuando el Barça regaló sus derechos al Madrid y seguidamente se descojonó de la risa como diciendo vaya paquete que nos hemos quitado de encima, vaya gol que le acabamos de meter al eterno rival. Y los primeros meses de aquella temporada 2014/2015 parecieron abundar en aquella misma teoría sin reparar en que Ayón estaba aún convaleciente en el plano físico, acaso también en el psíquico tras algún grave problema personal. Fue justo hace un año (Copa 2015) cuando Ayón emergió por fin como el gran pívot que siempre fue, el que conocimos en Fuenlabrada y no acabaron de conocer en NBA, sólo que ahora además corregido y aumentado por la experiencia, por la sabiduría que te da la vida tanto más cuanto más adversa sea.ayonmvp Y desde entonces ya no ha parado, habiendo sido parte no ya importante sino imprescindible en todos los múltiples y variopintos títulos ganados por el Madrid durante este último año. Este Ayón 2016 es tan indispensable en este Madrid como puedan ser los Sergios, como pueda ser Felipe. Y lo mejor es que es sólo el principio. Pocas veces un MVP fue más justo.

7. Y si te entierran a los treinta, qué decir ya a los setenta. Setenta inviernos cumplirá ya este año Don Alejandro García-Reneses, sí, setenta, por más que su aspecto eternamente joven y su cabello eternamente desencanecido parezcan indicar lo contrario. 53 años han pasado ya desde que debutó en Estudiantes, 51 desde que protagonizó aquel insospechado cameo en La Familia y Uno Más, 43 desde que empezó su carrera como entrenador, 31 desde que empezó a entrenar al Barça, ocho desde que ganó su última Copa con aquella maravillosa Penya de la erre que erre (Ricky & Rudy). En cualquier otro lugar sería un mito, una leyenda quizás comparable a lo que en USA representan Krzyzewski o Popovich por ejemplo. Aquí en cambio le vemos como uno más, casi un cualquiera, somos así, nos encanta ensalzar a los muertos pero nos cuesta horrores encumbrar a los vivos, tanto más cuanto más vivos. De hecho no es ya que no los ensalcemos sino que procuramos despiezarlos en cuanto se nos presenta la ocasión.aitoGC No seré yo quien caiga en eso, no esta vez al menos. Lo repetiré una vez más, no es ya que Aíto sea parte esencial de nuestro baloncesto (que también), es que Aíto ES el baloncesto. Nada habría sido igual sin él.

8. Decían en las clases de religión de mi lejana infancia que Dios escribe derecho con renglones torcidos (que yo con infantil candor pensaba entonces que vaya chulería más absurda, si tan todopoderoso era a ver qué trabajo le costaba enderezarlos, y luego ya escribir normal… Ya ven que la fe nunca fue mi fuerte, ni siquiera cuando era obligatoria). Josean Querejeta no es Dios ni falta que le hace, pero de alguna manera su Baskonia está también lleno de renglones torcidos, deshechos de tienta que algunos ya no consideraban aprovechables ni siquiera para un equipo de nivel medio, no digamos ya para uno que aspira siempre a la élite aún por muchas limitaciones presupuestarias que se le impongan. Renglones torcidos como un Bourousis que abandonó (o le abandonaron) el Madrid casi fondón, fuera de punto y de ilusión, y que hoy sin embargo está considerado unánimemente como uno de los jugadores más en forma de Europa, y ello en su doble papel de pívot evidente y base encubierto de este equipo. Renglones torcidos como Darius Adams o Mike James (rebautizado el pasado sábado como Froilán James, en un gozoso momento tuitero), o como un Davis Bertans recién emergido de una de esas lesiones que ponen la carrera de cualquiera del revés. Renglones torcidos como tantos otros, incluso como el propio Peras tras su traumático despido valenciano. Y con todos ellos este Baskonia ha conseguido escribir tan derecho como para ganar en el Palacio y el Palau, como para batir al imbatible Cheska y hasta acabar con la imbatibilidad liguera de Valencia. Dicen que el mejor escribano echa un borrón, pero su derrota in-extremis del sábado casi no fue ni borrón siquiera. A este (tan peculiabourousis_hernangomez_baskonia_copa_EFE_foto610x342r como maravilloso) Baskonia 2016 aún le habrán de quedar muchas más páginas por escribir.

9. Es bien sabido que en lo tocante a baloncesto (acaso también a algún otro deporte) las palabras Valencia y paciencia nunca acostumbran a ir en la misma frase, ni aunque rimen. En lo que fueron ganando chiquicientos partidos seguidos todo fueron loas y parabienes, pero ha sido verse fuera de dos competiciones y empezar de inmediato a afilar los cuchillos para no faltar a la tradición. Las rachas iniciales no sirven para nada, dicen, lo que cuenta de verdad es estar en plenitud cuando llega la hora de la verdad, todo lo demás son milongas etc etc. Es curioso, justo lo mismo que dijeron de aquel Madrid de Laso 2013/2014, aquel que tras la más espectacular temporada que vieron los siglos fue a morir en una prórroga ante el Maccabi. No hará falta que les recuerde (más que nada porque ya lo he contado hace siete párrafos) que aquel linchamiento no prosperó y hoy bien que recogen los frutos, y no estoy estableciendo con ello ningún paralelismo ni diciendo que esta racha truncada de 2016 garantice títulos en 2017, líbreme el cielo. Sólo digo que hay muchísimo baloncesto en esa plantilla y ese cuerpo técnico y que ha quedado demostrado con creces que se trata de un proyecto sólido en el que merece la pena perseverar, tanto más si tenemos en cuenta que de no haber sido por la temblequera que le entró al pobre Justin Hamilton quizás hoy estaríamos hablando de otra historia muy diferente. Sé bien que la filosofía del señor Roig es quitar un producto de las estanterías en cuanto no cumple con sus expectativas de venta, pero alguien tendrá que explicarle alguna vez que un equipo de baloncesto nada tiene que ver con una cadena de superhipermercados, ni aún por exitosísimos que éstos sean. Quién sabe, quizás aún esté a tiempo de entenderlo.

10. TVE sigue siendo una televisión pública, aunque se esfuerce concienzudamente en disimularlo. TVE aplica estrictos criterios de televisión privada a la hora de programar (curioso, dado que supuestamente no viven ya de la publicidad), de tal manera que si prevé que algo va a tener audiencia lo acarrea raudo y veloz a La1, si prevé que no la va a tener lo arrincona en cualquier otro canal.tvecr Supongo que están en su derecho, ya otra cosa es que el ejercicio de ese derecho respete las más elementales normas de la ética. Programar en TVE1 un previsible Barça-Valencia y reubicarlo en Teledeporte cuando la realidad te devuelve un Bilbao-Granca no es ya una falta de respeto a los aficionados de ambos equipos, a los aficionados al baloncesto en general y hasta a sus propios trabajadores, es también algo más: es mandar un mensaje sumamente peligroso, vosotros vendéis la Copa de las Sorpresas pero que sepáis que a mí esas sorpresas me joden enormemente, a mí de toda vuestra Copa en realidad sólo me interesan un par de equipos y los demás me chupan un pie, así que no me jodáis y dadme exactamente lo que os estoy pidiendo porque si no es casi mejor que no me deis nada. Tal cual. Al matrimonio ACB-TVE le quedan apenas tres o cuatro meses, lo sentiré por Lalo Alzueta y demás buenos profesionales que aún quedan en esa casa, lo sentiré por quienes sólo vean baloncesto en abierto pero por todo lo demás qué quieren que les diga: que tanta paz lleven como descanso dejan.

y 11. Qué pasará, qué misterio habrá, puede ser mi gran noche. Fuenlabrada introdujo el raphaelismo en sus celebraciones baloncesteras (sumamente frecuentes en estos últimos tiempos) y éste a su vez dio el salto a la ACB para convertirse casi en el himno de esta Copa, para que acabara cantándolo/bailándolo todo dios cada vez que hubo motivos para ello. Quién se lo iba a decir al afamado a la par que veterano vocalista jiennense, que una copla suya de hace medio siglo acabaría (cine mediante) convertida en símbolo por esas canchas de Dios. Qué pasará, qué misterio habrá, qué tendrá la Copa para hechizarnos de ese modo, para devolvernos ese hechizo de hace tantos años cuando ya lo creíamos perdido, para regalarnos una edición de 2016 que difícilmente podremos olvidar mientras el señor Alzheimer nos lo permita. Mi gran Copa. Nuestra gran Copa.

LO QUE QUEDA DE LA COPA   2 comments

Aquellos que tengan la insana costumbre de leerme desde hace años sabrán ya que no acostumbro a comprar ese viejo discurso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esto es como decía aquel manido proverbio (topicazo al canto), si lloras porque no puedes ver el sol tus lágrimas no te dejarán ver las estrellas, si te pasas la vida echando de menos el ayer no disfrutarás el hoy, disfruta el hoy para que puedas echarlo de menos mañana. Crecí rodeado de padres, abuelos y tíos que no hablaban jamás de baloncesto pero sí de fútbol y créanme que en aquellos tiempos no había conversación sobre el dichoso deporte-rey que no acabara con el típico esto ya no es lo que era, tú que sabrás si no has visto jugar a Di Stéfano, Puskas, Kubala, aquello sí que era fútbol de verdad, que el niño que era yo acababa incluso lamentándose de no haber nacido diez o quince años antes para no habérselo perdido. Y en lo tocante al baloncesto pues qué les voy a contar que no sepan ya, a aquellos que lloraron en los noventa por no poder ver ya a Magic o Bird sus lágrimas no les permitieron ver al mejor Jordan, aquellos que echaron de menos a Jordan no supieron disfrutar de Kobe o Iverson, aquellos que aún hoy siguen echando de menos a todos los anteriores se están perdiendo a Durant o LeBron. Cada tiempo tiene su momento, la nostalgia bien entendida resulta lícita y hasta saludable siempre y cuando no te ciegue, siempre y cuando no te impida ver lo que sucede a tu alrededor. Cualquier tiempo pasado fue… anterior. Punto.

Y sin embargo yo tampoco puedo evitar a veces esa misma sensación (aunque me la prohíba a mí mismo), yo tampoco puedo evitar sentarme cada año a ver la Copa, nuestra Copa, y pensar que (esta vez sí) cualquier tiempo pasado fue mejor. Hoy nos siguen vendiendo la Copa como si aún siguiera siendo el bazar de las sorpresas, como si aún estuviéramos en aquellos años ochenta y noventa en los que el pez chico no sólo podía comerse al grande sino que incluso a veces se lo comía. En lo que llevamos de siglo las sorpresas (verdaderas sorpresas me refiero, no cuenten a Baskonia o Unicaja cuando aún podían competir de igual a igual con Madrid o Barça) podrían contarse con los dedos de una mano y aún nos sobrarían cuatro dedos, acaso la última fuera la del Joventut ganando en el Buesa en 2008, sorpresa además muy relativa porque aquella maravillosa Penya de Aíto y los erre que erre (Rudy & Ricky) jugaba como los ángeles y no le temblaba el pulso a la hora de codearse con los grandes. Aquello del bazar de las sorpresas ya es sólo una reliquia del pasado, un hermoso recuerdo, aquellos sueños hechos (casi) realidad en Cáceres, Manresa, CAI o Estu. Nostalgia de un pasado que ya nunca más ha de volver, que decía la copla. Año tras año seguirán vendiéndonos (y harán bien) que la magia de esta competición estriba en que a un solo partido cualquier cosa puede pasar, y ello aunque la triste realidad se empeñe en demostrarnos que en estos últimos tiempos no ha habido torneo más previsible en nuestras vidas que la Copa del Rey.

Nos venden las sorpresas y nos venden la emoción, también. Cuatro días de adrenalina rezaba pomposamente el cartelón de este año, pero una vez vista la competición no me quedó claro si el que lo redactó se refería a la emoción del juego o al consumo de sustancias estupefacientes ajenas al mismo. Adrenalina lo que se dice adrenalina sólo la hubo en tres partidos, y ello siendo muy generoso y metiendo también en el ajo al Unicaja-CAI aunque su final fuera más bien una sucesión de tiros libres. El resto (hasta un total de siete) estuvieron ya resueltos en el segundo cuarto, alguno incluso en el primero como aquel insospechado Barça-Valencia por más que luego el entusiasmo valencianista maquillara las sensaciones y/o el marcador. Nada que deba sorprendernos, al fin y al cabo es el signo de los tiempos (lo habré escrito ya quinientas veces pero lo escribiré una más por si alguien me leyera por primera vez), los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, la clase alta cada vez más alta, la media-alta cada vez menos alta y más media, la clase media cada vez más baja y la baja en peligro de extinción por pura inanición. La vida misma, y el baloncesto forma parte de ella nos guste o no. A un lado Madrid y Barça y su desparrame futbolístico-televisivo, al otro todos los demás: los que andan mendigando un patrocinador aunque éste ya no deje ni la cuarta parte de lo que antes se dejaba, los que ya no huelen un céntimo del maná público (ni falta que hace, que éste está para otras cosas), los que ya ni recuerdan aquellas vacas gordas de los derechos de televisión. Puede que todas aquellas sorpresas de otro tiempo fueran consecuencia de vivir muy por encima de sus posibilidades, pero es que hoy ya no nos quedan ni posibilidades siquiera. Ni encima ni debajo.

sabadoClaro que está muy bien vender sorpresas y emociones y la biblia en verso, está muy bien venderlas pero aún estaría mejor si las lucieras en un escaparate desde el que la gente las pudiera comprar. Es bien sabido que en materia televisiva autonómica siempre hubo aficionados de primera y aficionados de segunda, esto es así desde que las públicas se reparten el (amargo) pastel baloncestero pero con un ligero matiz, que es que hubo un tiempo en que la proporción primera/segunda fue más/menos 80/20 y hoy debe ser más/menos 20/80, que parece lo mismo pero es exactamente al revés. Obviamente no tengo datos que permitan corroborarlo pero parece evidente que cada vez somos más los que viajamos en el furgón de cola sobre todo desde que tres Comunidades tan pobladas como Madrid, Andalucía y Valencia se bajaron del barco (bien porque ya no tienen Autonómica o bien porque aún la tienen pero es casi como si no la tuvieran). Todo lo cual no representaría un problema si (como solía suceder antaño) las espaldas de las Autonómicas (por decirlo así) las cubriera Teledeporte, pero no fue el caso.domingo Arseni Cañada anunció pomposamente durante sus partidos de jueves, viernes y sábado que la otra eliminatoria del día podría verse luego en diferido en Teledeporte, quizá fuera así en los cuartos de final pero en lo que respecta a la semifinal autonómica Barça-Valencia ya les digo yo que no, de hecho a estas alturas aún la estamos esperando. A lo largo de la madrugada del sábado al domingo Teledeporte reservó dos ventanas para la Copa, a la 1:55 y a las 6:35, acaso las dos únicas rendijas que pudo abrir en su cobertura full time de los Juegos de Sochi. Parecía lógico que la primera fuera la destinada para ofrecer el Barça-Valencia (anunciado a bombo y platillo por el propio Arseni, recuerden) pero aguanté despierto hasta esa hora y cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré con la redifusión del Madrid-CAI. Bueno, pues si no es ahora será a las 6:35, pensé con mi natural ingenuidad. Programé la grabación, me fui a la cama y cuando a la mañana me abalancé sobre el iPlus con la sana intención de ver por fin el partido ¿qué dirán ustedes que me encontré? Efectivamente, la rerrerrerredifusión del Madrid-CAI, no fuera a ser que a esa hora quedase todavía un solo mortal sin verlo. Del Barça-Valencia nunca más se supo, quizás ello explicaría la foto aquella que hizo furor pocas horas después en las redes sociales en la que se apreciaba la relajación de alguno de los miembros del equipo, mucho más pendiente del fútbol televisado que del baloncesto in situ. Quizás no lo narraran porque no se iba a dar o quizás no se diera porque no lo narraron, vaya usted a saber.

Claro está, siempre nos quedará Orange Arena. ¿Qué les cuento yo de mi querida Potato Arena o Castaña Arena o Truño Arena o Quéséyoqué Arena que no les haya contado ya? Ya saben, una maravillosa web que es la pura antítesis de la usabilidad y la intuitividad, que te obliga a conectarte cada vez, a sacarte una entrada virtual y a pasar por no menos de seis pantallas distintas cada vez que entras, total para que cuando por fin llegas al contenido solicitado no puedas verlo porque ahora resulta que tu navagador sólo es compatible con la aplicación en los días pares que sean múltiplo de tres y siempre y cuando la luna esté en cuarto menguante (¿o era creciente?), eso con suerte. Eso para la temporada regular, para la Copa era todo un reto conseguir empeorarlo pero quedó bien claro que a estos señores no hay reto que se les resista. Con los directos la empezaron cagando pero hacia la mitad del Unicaja-CAI consiguieron por fin que dejáramos de quejarnos, pero con los diferidos… Había que buscarlos en las profundidades de la web, había que pinchar en el +info de la entrada virtual, había que volverse loco hasta que aparecían, total para descubrir cuando al fin los encontrabas que aún no estaba puesto el que esperabas ver. Busqué inútilmente el Barça-Valencia en la madrugada del sábado y volví a buscarlo inútilmente en la mañana del domingo, no logré encontrarlo (de hecho las dos semifinales no estuvieron colgadas hasta el mediodía, casi veinte horas después de haberse jugado) pero a cambio sí me di de bruces con el cartelito que anunciaba como próximo directo el Barcelona-Real Madrid. Es decir, de una tacada había matado dos pájaros de un tiro (o más bien los dos pájaros me habían pegado el tiro a mí): no había conseguido ver el partido pero sí había conseguido enterarme del resultado antes de ver el partido. Ni que decir tiene que les estaré infinitamente agradecido.

Llull-Madrid-CampeonCopa

¿Qué más nos quedará de esta Copa, aparte de todo lo anterior? De esta Copa quedarán dos partidazos, quedará una canasta sobre la bocina de esas que se recuerdan toda la vida, quedará una final tremenda, tremenda en su grandeza y en sus imperfecciones, de hecho acaso sean precisamente las imperfecciones (dado que la perfección no existe) las que hacen verdaderamente grande a este juego.

Quedará un campeón que parece que pase un examen cada vez que juega una final; como si el juego rácano y especulativo no necesitara demostrar nada porque ya hubiera probado sobradamente su eficacia y en cambio el juego rápido y vistoso hubiera de demostrar una y otra vez que además también sirve para ganar títulos. Laso lleva ya dos copas y una liga, podrá ganar en unos meses su segunda liga pero como no gane además la Euroliga le lloverán palos por doquier, le volverán a cuestionar el modelo y hasta sus cualidades como entrenador, al tiempo.

Quedará también (y ojo con esto) la peligrosa autocomplacencia del campeón, repitiendo algunos a todo aquel que quiera oírlo que hicieron un partidazo (que nadie lo niega) pero acaso olvidando que el partido no se jugó a su manera sino a la del rival, que a poco más de un minuto ganaban de 7 y a poco más de un segundo perdían de 1, que si no es por la iluminación de Llull ahora hablaríamos de otra cosa muy distinta, que si no es por la ofuscación del Barça en los tiros libres sabe dios de qué estaríamos hablando ahora. Esa autocomplacencia en las victorias (al menos de puertas afuera) puede ser su peor enemigo para lo que queda de temporada; mucho peor enemigo que Barça, CSKA, Olympiacos, Fenerbahçe o cualesquiera otros que queramos imaginar.

Quedará la definitiva consagración de Mirotic (ello en el supuesto de que no estuviera consagrado ya más que de sobra), la mayoría de edad de Abrines (aunque a alguno todavía le cueste hacerse a la idea), la puesta de largo (nunca mejor dicho) de Edy Tavares; en realidad Tavares no hizo más que lo que ya viene haciendo semana tras semana en el CID y demás canchas ACB, pero esto es lo que tiene el escaparate de la Copa (y no digamos ya si la juegas contra el Madrid): para medio mundo fue como si lo hiciera por primera vez… quizás porque ese mismo medio mundo le vio jugar el jueves por primera vez.

Quedarán unos fallos organizativos impropios de una competición de tan alta alcurnia y prosapia (sea eso lo que sea): quedará un reloj de posesión que se paraba o iba por libre cada dos por tres, como si la organización esperara la visita de algún miembro (imputado o no) de la familia del señor que da nombre al trofeo y hubiese vuelto a instalar inhibidores de frecuencia, a la manera de aquella infausta fase final del Eurobasket 2007; quedarán unas redes que si el tiro entraba flojo no dejaban caer la bola, que en casi medio siglo de baloncesto no recuerdo haber visto jamás nada semejante, como quedará también la fantasmagoría de alguno que creyó ver en ello un siniestro complot (el futbolerismo migrado por un día al baloncesto es lo que tiene), que a ver cómo le vas a pedir luego que sepa perder cuando llegado el momento ni siquiera sabe ganar.

aro

Quedará una realización televisiva infame, impropia no ya de ésta sino de cualquier otra competición sobre la faz de la tierra: baste decir que Televisión Española incorporó para la ocasión unas novedosas camaritas instaladas justo encima de las canastas, que habrían sido perfectas para ofrecer repeticiones (que es bien sabido que las repeticiones compulsivas son marca de la casa, tanto más cuanto menos permitan ver el juego) si no fuera porque el realizador ya que las tenía decidió jugar con ellas y utilizarlas una y otra vez para el directo (incluso en algún ataque especialmente decisivo de algún partido especialmente decisivo), y no dejándolas quietas sino abriendo y cerrando el plano compulsivamente en plan zoom cual Lazarov en los setenta, de tal manera que al final de cada jugada acababas viendo aro, sólo aro, la pantalla entera llena de aro, un enorme aro en primer plano que rebosaba incluso los contornos del televisor. Por favor, que le den un válium la próxima vez o aún mejor, que le manden a realizar las carreras de caballos, la gala de los Goya o la de Murcia qué hermosa eres, que seguro que allí sus innovaciones estilísticas podrán ser especialmente valoradas por un público afín.

Y quedará en resumidas cuentas (acabo como empecé, vuelta la burra al trigo) esa misma sensación que ya venimos experimentando año tras año de que esto ya no es lo que era, de que esta ya no es mi Copa que me la han cambiao. O no quién sabe, o acaso la Copa siga siendo la misma y el problema esté en que ya no sepa yo apreciarla, acaso la tuviera demasiado idealizada, acaso sea yo el que ya no soy lo que fui. Va a ser eso.

SuperPOCA   3 comments

Poca promoción: Conozco aficionados al baloncesto, seguidores habituales de la ACB, que se enteraron por pura casualidad (o por Twitter, que viene a ser lo mismo) el mismo viernes por la tarde de que se estaba disputando la Supercopa ACB. Es posible que ni recordaran que existía, o es posible que la asociaran con el fin de semana y pensaran que sería en sábado y domingo, yo que sé. La clandestinidad empieza a ser nuestro estado natural, cada año un poco más si cabe que el anterior. Luego la final fue un Madrid-Barça y se paró el mundo (*) pero antes de las semifinales no se enteró ni dios, entre otras cosas porque tampoco se acordó de anunciárnoslas ni dios.

[(*) No lo vi, y no me gusta escribir de lo que no veo. Pero sí quiero dejar constancia de que el pasado viernes, aproximadamente entre las 22:30 y las 23:00, hubo quejas en Twitter de espectadores de TVE1 que dijeron haber visto una promo en la que se anunciaba para la tarde siguiente la retransmisión del partido Real Madrid-Barcelona, final de la Supercopa ACB. A esas horas del viernes el Barça todavía estaba jugando con el Baskonia, estaba ganando al Baskonia pero todavía no había ganado al Baskonia. Si así fuera me resultaría inconcebible, me parecería una estremecedora falta de ética anunciar ya un partido entre dos equipos cuando aún no ha acabado de clasificarse uno de ellos, simplemente porque al tratarse de un Madrid-Barça perdamos el culo por venderlo. Para promociones así casi prefiero que no haya promoción, francamente. Repito: si así fuera, que yo verlo no lo vi]

Poca claridad: no resulta fácil para el común de los mortales entender por qué la Supercopa la juegan determinados equipos y no otros. Ésta vez no fue una excepción, y no faltaron los que se preguntaron el mismo día de las semifinales (antes ni sabrían que existía) qué demonios pintaban allí Baskonia y Bilbao Basket en lugar de (por ejemplo) CAI y Granca, tercer y cuarto clasificado respectivamente de la pasada Liga. A ver, yo a estas alturas ya me conozco el truco, y no tengo el menor inconveniente en compartirlo con ustedes: la Supercopa la juegan, por definición, el campeón de liga, el campeón de copa, el equipo más destacado en competiciones europeas (signifique lo que signifique eso) y el anfitrión. Es decir, la de este año la jugaron el Madrid (campeón de liga), el Barça (campeón de copa), el Baskonia (anfitrión) y el Bilbao Basket, que llegó a la final de la Eurocup (obviamente el Madrid y el Barça también llegaron a la Final Four de la Euroliga, pero ellos ya estaban clasificados por otras vías). Nada que reprochar pues en base a la reglamentación. Ya otra cosa será que sea lógica o ilógica dicha reglamentación. Y ya otra cosa será que se le dé la debida publicidad a dicha reglamentación, para que la gente sepa a qué atenerse cuando lo ve.

Poca gente: si montas este tinglado en una ciudad relativamente pequeña pero que tiene un equipo realmente grande, cuyos aficionados llevan viendo baloncesto de élite desde tiempo inmemorial, es más que probable que (fuera del partido de su equipo) sólo acudan a presenciarlo cuatro gatos. Y si encima su pabellón es inmenso, es aún más probable que esos cuatro gatos acaben pareciéndonos apenas gato y medio. Yo el pasado viernes lancé en Twitter una idea que obtuvo respuestas encontradas, pero como no escarmiento la lanzaré también aquí: montar la Supercopa en ciudades que no tengan ni hayan tenido nunca baloncesto ACB, que haberlas hay unas cuantas y algunas bien grandes por cierto: Vigo, A Coruña, Oviedo, Santander, Pamplona, Palma de Mallorca, Córdoba, Cádiz, tantas otras. No haría falta un pabellón de 15.000 espectadores, la Supercopa no es la Copa, no arrastra aficiones de otros lugares, con uno de 4.000 ó 5.000 sería más que suficiente. Añádanle una adecuada promoción (con fan zone y demás actividades alternativas) y una adecuada política de precios (que no están los tiempos para excesos) y no me cabe la menor duda de que la ciudad en cuestión se volcaría ante la posibilidad de ver por fin al lado de su casa a los mejores equipos ACB, Madrid y Barça incluidos por supuesto, faltaría más. Miren, señores de la ACB (en el supuesto de que quede alguno), no es por establecer comparaciones odiosas con la dichosa Ruta Ñ de mis pecados pero habremos de reconocer que en esto de vender el producto y abrir nuevos mercados la FEB les da cienmil vueltas. Hagan algo, lo que sea, cualquier cosa excepto volver a transmitir (precisamente en el torneo que da inicio a la temporada, el que debería servir de plataforma de lanzamiento para todo lo demás) esta misma imagen de desolación.

Poca televisión: hubo un tiempo en que una semifinal la daba la estatal y la otra las Autonómicas, hubo un tiempo en que el concepto Autonómicas englobaba a un amplísimo segmento de población, hubo un tiempo en que no había crisis y aún atábamos a los perros con longaniza, también en lo que se refiere a televisión pública. Hoy dices que determinada semifinal la dan las Autonómicas y eso lo más que significa es que tres o cuatro comunidades la verán en directo (en algún caso por canales realmente insospechados), que otras dos la verán en diferido (bien entrada la madrugada, a ser posible) y que el resto (y ese resto incluye a Andalucía, Madrid, las dos Castillas, Asturias, Cantabria, Navarra, La Rioja, Baleares, Murcia, Extremadura, no sé si me dejo alguna) habrán de encomendarse a esa extraña cosa llamada Orange Arena (y rezar lo que sepan, por supuesto). Siempre hubo ciudadanos de primera y otros de segunda en lo que a televisión se refiere; nunca como ahora fue tan pequeña la primera ni tan grande la segunda.

Poca modernidad: me duelen ya los dedos de teclear siempre lo mismo, pero aún así tendrán que aguantármelo otra vez: en NCAA y/o NBA cualquier amago de atisbo de sospecha de presunto mal uso de los codos o de cualesquiera otras partes del cuerpo hace que los árbitros se tiren no menos de diez minutos viendo repeticiones junto a la mesa de anotadores, así hasta tener toda la información que les permita adoptar una resolución justa. Aquí en cambio puede montarse una pseudo-reyerta como la que se montaron Sada y Carroll, puede hasta formarse una trifulca posterior que apenas deje ver nada y aún así los árbitros tendrán que seguir tomando su decisión por ciencia infusa, como si aún no estuviéramos en el siglo XXI, como vinieron haciéndolo toda la vida de dios. Vale que aquí las realizaciones no son las de allí (ni de lejos) pero al menos esta vez no podremos decir que no se lo curraran, nada que reprochar en esta ocasión a TVE, hasta recortaron la señal en el descanso pero ese no fue el problema, el problema es que aquí la instant replay ni está ni se la espera. Allí, a donde no llega la visión del árbitro llegan las repeticiones. Aquí, a donde no llega la visión del árbitro llega la imaginación.

Poca fe (y no me refiero a aquella Fe López a la que seguimos echando de menos, sino a la poca fe que tienen ustedes en sus propios productos): durante muchos años hubo concurso de mates y triples, luego desaparecieron y finalmente reaparecieron el pasado año… en la clandestinidad. Un miércoles por la mañana, en el patio de Endesa y exclusivamente para los trabajadores de la empresa, esa a la que este año no se han atrevido a volver no fuera a ser que esos mismos trabajadores les montaran el pollo por la negociación de su convenio colectivo.Josh-Ruggles-640x359 De los mates nunca más se supo pero al menos los triples salieron del hoyo, este año volvieron al evento supercopero lo cual está muy bien… pero eso sí, con disimulo, a escondidas, no fuera a ser que la gente se enterara. No como un evento que merezca ser visto en sí mismo sino como un mero divertimento para entretener al espectador hasta que empiece la final. No como dos buenos platos de una misma comida (uno más ligero que el otro, eso sí) sino como un mero aperitivo, poca cosa, si acaso unas aceitunillas para abrir boca, de esas que en vez de servirse en el salón se sirven a la entrada, de esas que en vez de servirse en TVE1 con el plato principal se sirven en las catacumbas de Teledeporte. En el pecado llevaron la penitencia: probablemente el mejor concurso de triples que recuerdan los tiempos fue a disputarse sin que casi nadie lo supiera, sin que hubiera casi ni un alma en el pabellón. Estarán contentos.

Poca pasión: más de lo mismo, Arseni Cañada (yo sigo echando de menos a Lalo Alzueta) y Juanma Iturriaga, no es ni de lejos el peor escenario posible pero tampoco el mejor, ni mucho menos. Itu está pidiendo a gritos (aunque no se le oiga) alguien que le complemente, que aporte algo más que chispa, que explique conocimientos técnicos y lo haga además con amenidad, a ser posible. Así que llegados a este punto, señores de la ACB (si es que queda alguien por ahí), me van a permitir que les haga una sugerencia: creo que la solución la podrían tener ahí mismo, a la vuelta de la esquina o para ser más exactos al otro lado del pupitre: Antonio Rodríguez. Sabe de esto más que (casi) nadie y es capaz de contarlo además con una pasión que para sí la quisieran muchos otros que viven de esto, véanse cualquiera de los cientos de partidos que comentó en su día para el Plus si quieren comprobarlo. Me le tienen ahí al lado haciendo labores de documentación y/o intendencia, escribiendo además artículos para su Espacio Liga Endesa (que igualmente podría seguir haciéndolos), lo tienen a güevo, ofrézcanle un micrófono y de inmediato mejorarán (con creces) el producto. Ustedes mismos.

Poca formalidad: si retransmites la final de cualquier competición debes ofrecer además la ceremonia de entrega de trofeos de dicha competición. Tanto me da que sea la final del Mundial de fútbol, la final de la Supercopa Endesa o la final del Trofeo de la Galleta de Aguilar de Campoo, lo mismo me da que me da lo mismo, una final no está completa si no están también los abrazos, las medallas, la (super)copa. Ya me pareció mal que hace dos semanas Sánchez y Daimiel despidieran perdiendo el culo la conexión tras la final del Eurobasket (no fuera a resentirse la portentosa audiencia de Cuatro) y mandaran la entrega de medallas a Energy, pero al menos quienes quisimos verla pudimos irnos también a Energy. Ayer no. Ayer según acabo la final tuvo que entrar el sacrosanto Telediario, no iban a hacerle esperar cinco minutos, faltaría más, hasta ahí podíamos llegar. Claro que también podrían haber hecho lo que sus colegas y mandar la ceremonia a Teledeporte pero eso habría resultado demasiado fácil, allí estaban dando tenis (casualmente) y tampoco era cuestión de molestar, casi mejor comámonos la ceremonia con patatas y tranquilicemos a la audiencia diciéndola que luego ya si eso durante el Telediario a lo mejor ofreceremos las imágenes… Qué quieren que les diga, me parece una falta de respeto: para los aficionados del equipo ganador en particular y para los aficionados al baloncesto en general.

Poca emoción: el buen concurso de triples y la magnífica final me reconciliaron un poco con el baloncesto al acabar el sábado, lo cual me resultó muy reconfortante teniendo en cuenta que 24 horas antes había acabado la del viernes sumido en la depresión profunda. Sé que me repito (y por eso no dedicaré al tema un post entero, sino sólo este párrafo) pero me lo tendrán que leer una vez más: vamos camino de una liga de dos o lo que viene siendo lo mismo, dos ligas, una por los dos primeros puestos y la otra por los puestos del 3 al 18. Vamos camino de reproducir fielmente en el baloncesto el modelo del fútbol, esa que llaman liga escocesa aunque ya el concepto se haya quedado caduco porque a día de hoy ya no hay dos grandes en Escocia sino uno. Vamos camino de reproducir fielmente en el baloncesto el modelo de la vida cotidiana (tampoco íbamos a ser una excepción): la clase alta cada vez más alta, la media-alta cada vez más media, la media cada vez más baja, la baja cada vez más cerca de la desaparición. El Barça y el Madrid siempre fueron favoritos pero hubo un tiempo en que supimos que les podía ganar (casi) cualquiera, no ya un partido puntual sino una serie de playoffs o incluso una liga entera. Hoy en cambio la brecha se nos va haciendo cada vez más y más grande, habrá quien esté encantado con ello (me consta que los hay, y no son pocos) pero a mí me duele en el alma ver cómo se nos va muriendo cada día un poco más (por si no viniera ya bastante muerta de serie) esta gran competición.

tiempos oscuros   2 comments

Escribo en las últimas horas del último día del mes. En apenas un rato se nos acabará julio, suceso que en sí mismo no será demasiado grave porque según se nos acabe comenzará agosto como viene siendo habitual. Lo que ya no suele ser tan habitual es que con el mes se nos acabe también un canal de televisión. Sí, en apenas unas horas dejará de existir (probablemente ya habrá dejado de existir cuando usted lea esto) Marca TV, lo cual en sí mismo tampoco será demasiado grave ya que según se nos acabe comenzará otro canal (novedoso donde los haya), La Tienda en Casa, veinticuatro horas al día de tienda en casa, mandagüevos, rechace imitaciones. Así que no, no teman, no haré un drama, no están precisamente los tiempos con la que está cayendo como para que nos rasguemos las vestiduras por la desaparición de una simple señal de televisión, sólo faltaría; pero no me pidan que me guste.

Marca TV, vista así desde lejos, es un poco la crónica de lo que pudo haber sido y no fue. Se autodenominó la televisión del deporte pero casi siempre acabó siendo la televisión del fútbol confirmando así rápidamente nuestras sospechas de que para Marca (y para tantos otros) el fútbol es el único deporte que merece ser considerado como tal, los demás apenas seríamos meros sucedáneos. Y lo que no fue fútbol fue fútbol-sala, o fue boxeo, o fue esa extraña cosa que llaman wrestling o pressing catch o como demonios se llame y que habré de confesarles que me enciende la sangre, no soporto que me quieran colar como deporte una actividad lúdico-recreativa que tiene de deporte lo que de deporte tiene el circo, el ilusionismo, la danza del vientre o las revistas de variedades pongamos por caso, actividades todas ellas sumamente respetables entre otras cosas porque nadie intenta hacerlas pasar por lo que no son. Me parece perfecto que haya un público predispuesto al que le guste contemplar cómo dos tipos esperpénticos se suben a un ring para hacer como que se patean los huevos o se arrancan la cabeza, allá ellos. Pero no intenten venderme como deporte algo que ustedes y yo (y hasta esos mismos espectadores predispuestos, salvo raras excepciones) sabemos perfectamente que no lo es.

Pero Marca TV, vista desde más cerca, fue también a veces (raras veces) la televisión del baloncesto. Marca TV nació si no me traiciona la memoria a finales del verano de 2010, coincidiendo con la disputa del Mundial de Turquía, y durante varias semanas se nos convirtió en nuestra principal ventana abierta a dicho campeonato, la única que nos permitió seguir todos y cada uno de los partidos en los que no jugaba nuestra selección. Marca TV tiró incluso la casa por la ventana para la ocasión, fichó comentaristas de lujo como Djordjevic, Messina, Nicola o Lavodrama junto a otros más domésticos como Trecet o el inevitable Nanclares, Marca TV nos dejó una cobertura irreprochable de aquel campeonato (con alguna puntual excepción que hizo que en aquel momento me hirviera la sangre, pero que confirma la regla), nos llenó a los aficionados al baloncesto de esperanzas por lo que pudiera venir después…

Y después apenas vino nada, o vino mucho menos de lo que esperábamos. Pero aún así Marca TV nos salvó la Euroliga durante esta temporada 2012/2013, se la salvó a los aficionados de Unicaja en particular y a los aficionados al baloncesto en general, de no haber existido habría sido una competición aún mucho más fantasma de lo que ya fue, condenada a las catacumbas de Real Madrid TV (Teledeporte desembarcó cuando ya era demasiado tarde) o a la territorialidad de Cataluña y el País Vasco. Y aún así Marca TV, que nació con baloncesto a finales del verano de 2010, se nos muere también con baloncesto a comienzos del verano de 2013. Marca TV nos ha regalado un espectacular mes de julio con todas las competiciones de formación, sub18, sub19 y sub20, masculinas y femeninas, todas sin excepción, bien narradas y aún mejor comentadas. Que habría podido ser mejor, no digo yo que no, si se hubieran estirado un poco, si no se hubieran limitado a los partidos de nuestra selección y hubieran dado algún otro (las finales, al menos), si la FIBA hubiera iniciado antes su cobertura del dichoso Mundial sub19 (pero eso no fue problema de ellos, obviamente…) Pero con todo y con eso fue mucho más de lo que solíamos tener, y me temo que mucho más de lo que tendremos en años venideros. A las pruebas me remito.

En el fondo la desaparición de Marca TV es sobre todo un síntoma, un pésimo síntoma, otro más. Seguimos con la incertidumbre televisiva en torno a la ACB, sumamos ahora la incertidumbre televisiva en torno a la Euroliga, no sabemos qué pasará con todo ello (ni con tantas otras cosas) pero sí sabemos que tendremos ya una ventana temática menos con la que jugar. Queda Teledeporte para la caridad, para aquello que le pidan que dé pero siempre y cuando no le cueste un euro darlo, que no parece estar ya el Ente Público para semejantes dispendios; quedan los canales deportivos del Plus pero tampoco les pidan que hagan excesos, la empresa que los sustenta anda también en estado semicomatoso al parecer; queda tal vez Eurosport pero es como si no quedara, porque de baloncesto más bien poquito y porque además se nos ha marchado de la plataforma plusera ante el elevado precio que le cobraban por el alquiler. Y pare usted de contar. Cada vez serán más los acontecimientos deportivos (eventos minoritarios, ligas menores, competiciones internacionales en las que no haya españoles con opciones) que no encuentren ventana televisiva a la que asomarse, piensen por ejemplo en cuánto estaríamos viendo del Mundial de Natación si no fuéramos los anfitriones. Que los del baloncesto estamos mal pero que hay muchos que están aún peor, que algunos aún estamos esperando que TVE se apiade finalmente de nosotros y se decida a darnos el Mundial de Atletismo, ése que viene siendo el mayor acontecimiento deportivo a escala planetaria de cada año impar, ése que hasta hace unos días no tenía quién le televisara, de hecho a día de hoy todavía no está nada claro que vaya a tenerlo.  Así está el panorama.

Vivimos tiempos oscuros, en éste como en tantos otros órdenes de la vida. Ya les dije al principio que no quería hacer un drama (no sé si lo he logrado), que reconozco que andar quejándome de una nimiedad televisiva en estos tiempos que corren me resulta casi inmoral. Pero es que éste todavía sigue siendo un blog de baloncesto (aunque no siempre lo parezca), un lugar en el que hoy deberíamos estar congratulándonos sin más por aquel épico triplazo de Juancho Hernangómez, que lo recordaremos por lo que fue y lo que supuso pero que de alguna manera lo recordaremos también por haber puesto el broche final a un canal que a ratos (sólo a ratos) nos permitió ser un poco más felices. En apenas unos minutos Marca TV habrá dado paso a La Tienda en Casa y será casi (salvando las inmensas distancias) como cuando CNN+ dio paso al Gran Hermano 24 horas o como demonios se llamara aquello, será otra pequeña derrota, otro síntoma más de nuestro empobrecimiento cotidiano. Y créanme que jamás (ni en el mejor de mis sueños) imaginé que diría yo algo así de un medio apellidado Marca, pero es lo que hay. Aunque ni yo mismo me lo explique.

Publicado julio 31, 2013 por zaid en medios

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tanta pasión para nada   9 comments

No sé ni por dónde empezar. Siempre se me dieron mal las despedidas tanto más si éstas son definitivas, si no son hasta luego sino hasta siempre, ese hasta siempre que suena tan bien pero que a la larga es una puta mentira, que en realidad suele ser lo mismo que hasta nunca aunque parezca significar lo contrario. No, las despedidas nunca se me dieron bien y las necrológicas se me dan aún peor, quien me lea desde hace años habrá tenido ya sobradas ocasiones de comprobarlo. Y sin embargo, Manel, aquí me tienes, intentándolo de nuevo (ya veremos si consiguiéndolo), intentando decirte ese hasta siempre aunque siempre y nunca vuelvan a ser improbables sinónimos de nuevo. Intentando decirte adiós como si eso importara, como si me hubieras conocido, como si te hubiera conocido yo más allá de los medios, más allá de la lejanía de un banquillo visto desde la grada o desde la pantalla del televisor. Como si pudiera, como si no se me embarullaran todos esos recuerdos que aquí me tienen hecho un lío, sin saber muy bien ni por dónde empezar…

Quizás debería empezar por el principio. No por el tuyo sino por el mío contigo, aquella tarde de 1981, aquella Penya, aquella Carrera Venezia, aquella Final de la Korac, aquella canasta imposible de Joe Galvin, aquella bendita locura. Quizás entonces no fueras aún consciente de lo que significó todo aquello, aquella victoria de alguna manera marcó a toda una generación, críos y jóvenes de repente descubriendo (acaso ya lo sospecháramos) que más allá del baloncesto oficialista (los partidos de Liga del Madrid, los partidos de Copa de Europa del Madrid, los Torneos de Navidad del Madrid) había otros baloncestos que también eran de dios, que también merecían asomarse al televisor y hasta podían volvernos locos de alegría cuando menos lo esperábamos. Quizá nunca fuéramos conscientes, Manel, ni tú ni nadie, de que aquella maravillosa burbuja baloncestera de los 80 empezó a cocerse en realidad en aquel vetusto Palau, en aquella ya lejana primavera de 1981…

Luego fueron tiempos de Licor 43, de Cacaolat, equipos líquidos y míticos de aquella década prodigiosa, podría asociarte con ellos (Santa Coloma, sobre todo) pero de aquella época me queda sobre todo tu imborrable recuerdo de la radio, el repentino descubrimiento de que podíamos hacer con el baloncesto lo que ya veníamos haciendo y tantas otras veces haríamos después con el fútbol, quitar el sonido del televisor y escuchar (sí, escuchar) Antena 3, al mando un José María García repentinamente enamorado del deporte de la canasta, en la narración tal vez ya un Siro López que aún no se había echado al monte, con el inalámbrico (¿existirían ya los inalámbricos?) un atípico sujeto de tez oscura e incipiente calvicie llamado Andrés Montes y en los comentarios técnicos (seguro que lo recuerdas) aquella impagable pareja que formabas con Mario Pesquera, así cada verano en cada Campeonato de Europa o del Mundo, enseñándonos, bebiéndonos vuestras enseñanzas, haciéndonos ver por la radio mucho más baloncesto del que éramos capaces de ver a través de la pantalla del televisor. Pura magia.

Luego te fuiste a Zaragoza y te birlaron impunemente aquella Recopa en Suiza, aquella noche en que los ¿aficionados? del PAOK decidieron que si no podían ganarla por lo civil tendrían que ganarla por lo criminal. Más tarde fuiste a Cáceres y ahí tuvimos un desencuentro, nunca se lo he contado a nadie pero hoy creo que debo hacerlo para ser completamente honesto conmigo mismo, decirte lo mal que me sentó entonces aquello que hiciste en aquella eliminatoria europea, no recuerdo ya qué temporada ni qué ronda era ni contra quién (mi memoria ya no es lo que fue), sí recuerdo que en la ida perdisteis de paliza, qué sé yo, pongamos de 28, que la remontada parecía imposible y sin embargo cuajasteis un encuentro de vuelta de fábula, que le disteis la vuelta a la tortilla, que a dos o tres minutos para el final la hombrada estaba hecha, que ganabais de (pongamos) 32 ó 34… y que justo entonces pediste tiempo muerto y mandaste parar: mirad chicos, ya hemos demostrado que podíamos, ya hemos demostrado que la eliminatoria sería nuestra si quisiéramos pero lo que pasa es que no queremos, aunque pasáramos esta ronda la Korac nunca la íbamos a ganar y en cambio todos esos viajes no harían más que distraernos de nuestro verdadero objetivo que es asegurar la permanencia en la Liga, algo así les dijiste, te hicieron caso, se dejaron ir, en esos últimos minutos perdisteis la diferencia suficiente, ganasteis el partido pero dejasteis escapar conscientemente la eliminatoria, lo explicaste luego por activa y por pasiva y recuerdo bien que me indignó, nunca supe cómo se vivió aquello en Cáceres pero yo desde la distancia lo viví poco menos que como una traición, traición a esos principios sagrados del deporte en los que todavía creía yo desde la ingenuidad de mis treinta y pocos años, al menos hoy desde mis cincuenta y tantos puedo entenderte, puedo mirar ya la vida con más frialdad. Y al final para qué, si en apenas unos años dejó de existir aquel Cáceres, si hoy ya ni siquiera estás (físicamente) tú… Como tantas otras veces, tanta pasión para nada.

Y tus años en Baskonia, tus títulos en aquel Baskonia que entonces aún llamábamos Taugrés, tus finales perdidas y finalmente ganadas, tu Copa, tu Recopa, tus Ramón Rivas, Kenny Green, Marcelo Nicola, Velimir Perasovic, Pablo Laso, qué agujero le habrás dejado hoy en el alma a Pablo Laso justo en la semana más apasionante y más difícil de su aún corta carrera profesional. Fueron tus mejores años, los que te abrieron las puertas del Barça, de tu Barça, ante ti la gran oportunidad de entrenar por fin al equipo de tu vida… y como suele suceder no te concedieron ni el beneficio de la duda, no te dieron bola, no te pasaron ni una, aún no habías acabado de deshacer las maletas y ya estabas otra vez empezando a hacerlas. Otra vez más, tanta pasión para nada.

Pero volviste a Badalona y volviste a triunfar, fuiste a Valladolid a conocer las profundidades de la Liga, bajaste a Sevilla a intentar poner alma a ese equipo sin alma al que nunca supimos cómo llamar ni de qué color nos lo íbamos a encontrar. De alguna manera te convertiste (nunca supe si por gusto o a tu pesar) en el personaje de referencia de nuestro baloncesto, vivíamos ya los tiempos de las catacumbas, los carruseles ya jamás prestaban la más mínima atención a nuestro deporte y sin embargo una noche cualquiera hablabas y (como suele decirse) subía el pan, hasta Paco González mandaba parar las máquinas, interrumpía la narración de Lama, la publicidad de Castaño y todo lo que hiciera falta interrumpir para meter el corte con tus declaraciones de ese día, acaso aquellas en las que explicaste la táctica del conejo (cada vez que la veamos nos acordaremos de ti, ya lo hacíamos antes pero ahora con más motivo) o aquellas otras en las que dijiste con tu mejor tono de cabreo que hoy hemos inventado una defensa nueva, en vez de cuatro en zona y uno al hombre hemos defendido cuatro al hombre y uno en zona, o quizás aquellas otras en las que soltaste lo del NAF, joder la que liaste con lo del NAF, hasta yo te puse (demasiado) verde, quizás no supe entender que entre pensar las cosas antes de decirlas y decir las cosas antes de pensarlas siempre preferiste esta segunda opción, aunque luego te costara arrepentirte cienmil veces (de la forma, no del fondo) de lo dicho.

Te tenemos muy reciente, Manel, y por eso duele más que te nos vayas. Volviste a los medios, no eras ya aquel analista de los 80 (o quizá sí lo fueras, y acaso fuéramos nosotros los que ya no éramos los mismos) pero todavía aportabas, vaya si aportabas, sobre todo cuanto mejor fuera aquél que te pusieran al lado para darte la réplica. Quizás tampoco tanto como hubieras podido aportar, porque más de una vez te mordiste la lengua, porque siempre fuiste con el freno de mano echado, porque Arseni nunca supo encontrar la manera de extraerte todo aquello que llevabas dentro. Y por los medios que no te dieron, también, por aquellos vídeos que nunca arrancaban ni paraban a su debido tiempo, por aquella pizarra (una simple y mísera pizarra como la que tienen todos los técnicos en sus banquillos, como aquella que todos los analistas yanquis tienen también a su disposición) que tampoco quisieron nunca comprarte por más veces que la pediste. Una tarde anunciaste lo del cáncer y a muchos se nos cayó el alma a los pies, hasta a aquellos que tanto te criticaron no les quedó más remedio que echarte de menos, acaso fueras para ellos como ese frigorífico al que mientras funciona jamás le das la menor importancia (y hasta puede que te quejes de su ruido tan molesto) y que sólo eres capaz de valorar en su justa medida cuando se te estropea, qué sé yo…

Volviste y dijiste que este bicho no iba a poder contigo, lo recuerdo bien. Así lo dijiste y así nos lo creímos, quizá tu también lo creyeras o quizá fuera tan solo un ejercicio de coraje, una mera declaración de intenciones. Pero cuando apareciste aquella otra tarde con la cabeza afeitada empezamos a preocuparnos, cuando te fuiste de nuevo empezamos a preocuparnos todavía más. El pretexto fue que tu estado de salud no te permitía viajar, pronto vimos que no te permitía viajar ni aunque el partido se jugara en Barcelona casi al lado de tu casa. Empezamos a intuir que jamás volveríamos a tenerte comentando partidos, aún más lo intuimos (lo supimos, más bien) cuando hace apenas un mes saltó a la luz pública esa otra desagradable noticia, ese otro tema del que me niego a hablar, Manel, ya sabes a lo que me refiero. Eres (aún no puedo cambiar el tiempo verbal, aún no logro acostumbrarme a decir fuiste) un grandísimo entrenador y un grandísimo analista, sólo con eso quiero quedarme. Lo demás me importará tal vez (o tal vez no) a su debido tiempo, hoy no desde luego. Hoy sólo me importa saber que esta vez los indios ganaron al Sheriff, que ese puto bicho al final se salió con la suya, que esta vez te tenía bien agarrado por los huevos. O por los pulmones, más bien.

¿Sabes qué es lo único que no te perdono ni podré perdonarte nunca? La cantidad de historias que te llevas a la tumba, la cantidad de conocimientos que ya no tendremos, la cantidad de cosas que ya no sabremos, la cantidad de batallitas y chascarrillos que podrías habernos contado y que habrían dado tal vez para escribir no uno sino un montón de libros, quién sabe si hasta unos cuantos tomos de memorias. Te nos mueres y es como si treinta y tantos años de baloncesto se nos murieran también un poco. Aún seguirás viviendo en nuestros recuerdos, en nuestros vídeos, ese al menos es el consuelo que nos queda, el clavo ardiendo al que tendremos que agarrarnos todos aquellos que nos quedamos a este lado. Tú ya estás al otro, a ti ya todo eso te da lo mismo. Aún no has acabado de irte y ya te estamos echando de menos, Manel.

No sabía cómo empezar y aún menos sé cómo acabar. Me temo que a estas horas de la tarde no se me ocurre nada mejor que autoplagiarme y recurrir a aquellas sabias palabras de Brecht que me apropié ya en cierta ocasión para glosar la figura de MonsalveHay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. Manel, lo sabes de sobra, tú eras otro de esos imprescindibles, tú formabas parte de ese pequeño puñado de seres humanos que no es que sean gentes de baloncesto sino que son el baloncesto, sin más. Un buen pedazo de nuestro baloncesto se nos ha ido hoy contigo, Manel, lo sabes. Un montón de años de baloncesto vividos con absoluta pasión, esa pasión que no fue en vano aunque a ti hoy ya no te sirva para nada. Hasta siempre (que será igual que hasta nunca pero que yo sigo prefiriendo el hasta siempre, aunque en el fondo dé igual, aunque ya tampoco tenga ningún sentido), Manel. Descansa en paz.

la edad de piedra   5 comments

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No me importa, créanme que no me importa ya a estas alturas si la canasta de Sada fue fuera o dentro de tiempo. [Las investigaciones más avanzadas como ésta del gran Piti Hurtado parecen demostrar que la posesión duró 23,991 segundos, es decir, sería válida por nueve milésimas de segundo, periodo imperceptible y que está incluso en función de que el sujeto que maneja el crono sea más o menos ágil a la hora de pulsar el botón; en ese mismo sentido hay incluso alguna fotografía (como esa composición de ahí más abajo, cortesía de Zuriñe Eguiluz) que muestra el balón ya camino del aro con el crono a cero pero el punto rojo aún apagado, lo cual no tendría nada de particular porque el crono marca el cero desde se quita el uno (obviedad), es decir, cuando quedan aún nueve décimas para que se acabe la posesión]. No me importa, como ya tampoco me importa si hubo falta en la acción de tiro, si Sada antes hizo pasos, si salió y luego entró para trabajarse el rebote o si incluso (como alguien sostiene todavía) el airball de Navarro rozó ligerísimamente el aro y no solo la parte baja de la red. Ya no me importa nada de eso, de verdad se lo digo, saben que no tengo por costumbre entretenerme en temas arbitrales más allá de lo estrictamente necesario, tanto menos tratándose de decisiones que deben ser tomadas en décimas. No me importa tanto que se equivoquen como que cuenten con los medios adecuados para prevenir y (en su caso) evitar esa equivocación. Me importa que mi deporte sea digno, que sea justo o al menos lo intente, que no se parezca a cierto deporte que se juega con los pies y que se jacta de mantener e incluso fomentar los errores arbitrales para así potenciar la discusión, que sea más bien como tantos otros deportes (algunos tan tradicionales como el rugby, por cierto) que ya han incorporado la tecnología a su proceso de toma de decisiones sin que ello les haya supuesto ningún trauma, más bien al contrario. Que nuestro baloncesto sea como tantos otros baloncestos, al otro lado del charco o aquí a la vuelta de cualquier esquina. Que no nos estemos quedando atrás, en esto como en tantas otras cosas. 

Yo no sé si repararon en que, durante el tiempo muerto que siguió a la canasta de Sada y precedió al tiro libre adicional, en un momento dado los árbitros se acercaron a la mesa de anotadores. No se les oye (evidentemente) pero sí se ve que consultan algo y que dos miembros de dicha mesa les responden claramente que no. Que a ver, que no es que esté yo capacitado para leer sus labios, pero sí para interpretar su lenguaje gestual y ese movimiento de manos hacia un lado y hacia el otro no podía ser más explícito, que no, que de ningún modo. Claro está, podía ser que les estuvieran preguntando si llovía afuera, si se habían traído el bocata o si tenían plan para luego, pero yo más bien me inclino a sospechar que Redondo y cía les estaban inquiriendo sobre alguna otra cuestión de más enjundia: quizá por la jugada que acababa de suceder, por si tuvieran alguna observación que hacer respecto al tiempo de posesión; o quizá, quién sabe, por si existiera alguna posibilidad por pequeña que fuera de usar el instant replay aunque ello contraviniera la legislación vigente, ya que al parecer (nunca te acostarás sin saber una cosa más) la ACB sólo permite su utilización en canastas sobre la bocina del final de partido y no sobre la bocina del final de posesión, mandagüevos, tanto da que ésta sea decisiva y se produzca apenas unos segundos antes. Nunca sabremos lo que allí hablaron, entre otras cosas porque (permítanme la digresión) TVE suprimió hace algún tiempo esa extraña figura que solíamos llamar piedepista, pensarán que como el narrador y el comentarista ya están in situ pues para qué más, eso que se ahorran, si hay entrevistas que las haga el propio Arsenio como las hacía Quiroga en los setenta, viva la modernidad. Que a ver, que no es sea yo mucho de África de Miquel, ya lo saben de sobra, pero sucede que hay otros/as periodistas y sucede además que a veces la flauta suena por casualidad pero para eso es necesario que haya flauta, si no la hay no va a sonar por mucho que soples. O dicho de otra manera, si está África (o quien sea) detrás de la mesa de anotadores siempre habrá alguna remota posibilidad de que se entere de algo, si no está es francamente imposible.

Pero me he ido del tema (para variar), estaba yo en que los árbitros fueron a la mesa, que les dijeron que no y que nunca sabremos si pidieron el instant replay o si pidieron otra cosa. Claro está, en el supuesto de que lo pidieran había una razón de peso para denegárselo (más allá de la absurda normativa vigente): difícilmente puede haber instant replay cuando no hay replay siquiera. Que no había repetición, que ya había pasado algún minuto y no habíamos vuelto a ver la jugada en cuestión, que ya sólo la veríamos tiempo después, cuando nada tuviera ya sentido… y para más inri desde el mismo plano general que ya habíamos visto en directo, el de ésa que (creo que) llaman cámara máster con cuya toma resultaba científicamente imposible ver el reloj de posesión ni aunque te descoyuntaras en el intento. Y se quedaron tan anchos, ni una repetición más, despedimos perdiendo el culo aunque aún nos sobre tiempo y a otra cosa mariposa, demos paso raudos y veloces a los Irujos y a los Jesulines, esos sí son asuntos de vital trascendencia para la buena marcha de este país y no estas nimiedades de si canasta entró antes o después, del derecho o del revés, total a quién le puede importar esa chorrada, anda y que se vayan a cagar. Dicho y hecho.

¿Es acaso posible que TVE, además de recortar en piedepista, haya recortado también en cámaras y/o operadores de cámara? ¿Es acaso posible que ahora ya ni siquiera haya cámaras al pie de cada canasta, como siempre las hubo toda la vida de dios? Y en el supuesto de que siga habiéndolas, que no lo recuerdo: ¿tan difícil es que el cámara de la canasta contraria al juego enfoque permanentemente un plano abierto del otro lado, para que en caso de duda podamos ver en una misma imagen al reloj y al tirador? ¿Son conscientes de que esto se viene haciendo en USA (NBA, NCAA) desde hace tiempo inmemorial, de tal manera que si surge un conflicto los árbitros siempre tienen no uno sino varios planos para poder escoger, y así tomar la decisión correcta? ¿Cabe la posibilidad, no ya de que les importe un pito la ACB y el instant replay y la madre que les parió (que eso es obvio), sino de que también les importemos un pito sus propios telespectadores? ¿Es más, cabe incluso la posibilidad de que les importen un pito sus propios trabajadores, sus propios profesionales, esos a quienes dejan vendidos ahí al pie del cañón esperando eternamente una repetición que nunca llega,  esos a quienes encima les toca dar la cara para intentar justificar lo injustificable?

Como dijo aquél, partiendo de la nada estamos alcanzando las más altas cotas de la miseria. En cierto modo el baloncesto televisivo es una metáfora del país, seguimos avanzando en sentido inverso (nótese el eufemismo para no decir retrocediendo) de tal manera que del siglo XXI habremos pasado al XX y no tardaremos mucho en llegar al XIX, si nos lo proponemos a este paso acabaremos en la edad de piedra, en vez de televisárnoslo que nos lo dibujen en las paredes de la cueva con un cincel que para el caso viene a ser lo mismo. TVE trata a la ACB como si le estuviera haciendo un favor (acaso porque en el fondo le esté haciendo un favor), no es ya que lo demos sin pagar un duro sino que en el fondo deberíais dar gracias de que no os cobremos por darlo, cutres, que sois unos cutres. Ningún cariño, escasísimos medios y la dosis justa de profesionalidad, ni un gramo más: todo es plano, rutinario, funcionarial en el peor sentido del término. Eso sí, luego tocará final Madrid-Barça y los mismos que hoy desprecian el producto (acaso ni siquiera lo consideren un producto) perderán el culo por poner cámaras hasta en los calzoncillos de los jugadores si es preciso, de tal manera que de cada jugada conflictiva tengamos no ya una repetición sino cinco o seis (ya otra cosa será que alguna de ellas sirva para algo), lo que haga falta; y lo pondrán en prime time, y pararán telediarios si ello fuera menester, y hasta se colgarán medallas cuando suban las audiencias, y otra vez estaremos encantados de habernos conocido y a la vuelta del verano aquí nos veremos de nuevo con la misma mierda televisiva entre las manos sin saber muy bien qué hacer con ella… Acaso la ACB tenga lo que se merece, no digo yo que no; lo que ya no sé es qué habremos hecho nosotros para merecer esto.

Publicado junio 3, 2013 por zaid en ACB, medios

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Allá por el pasado verano, en plenos Juegos Olímpicos, fui un día a comer a casa de mi madre, nada de particular, es algo que suelo hacer con relativa frecuencia como todo hijo que se precie. En la sobremesa, mientras mi señora y su suegra conversaban amigablemente de esas cosas que hablan las señoras con las suegras, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, waterpolo, tiro con arco, lucha grecorromana, lo que haya… Pero me quedé con las ganas por la sencilla razón de que el televisor de mi madre no tenía sintonizado dicho canal. Al respecto conviene recordar que hace algunos años hubo que hacer una resintonización de la TDT (no sé si sólo en Madrid o en más sitios) porque había dos o tres diales (uno de ellos TDP) que cambiaban de frecuencia o dos o tres frecuencias que cambiaban de dial o como se diga, notarán que soy lego en la materia. En mi comunidad de propietarios nos la hicieron de serie pero en la de mi madre que son sólo ocho vecinos, octogenarios en su mayor parte, pues como que no parece que se generara una demanda que hiciera imprescindible esa modificación, no sé si me explico. Claro está que podría haber resintonizado yo el televisor aquella misma tarde pero mi madre habría entrado en pánico sólo de pensar en la posibilidad de que se le fuera alguno de sus canales preferidos, así que ante tamaña responsabilidad preferí dejarlo estar…

Pocos días después, todavía en plenos Juegos Olímpicos, me tocó ir a pasar la tarde al chalet de mis cuñados, experiencia inenarrable donde las haya pero qué quieren, uno es un mandado. En un momento dado, mientras mi cuñado se encontraba ausente atendiendo a sus múltiples actividades profesionales (un bar), mientras mi hijo se bañaba en la piscina con sus primas y mi señora hablaba con su hermana de cosas de hermanas, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, tiro con carabina, esgrima, halterofilia, lo que sea menester… Pero me volví a quedar con las ganas, por la sencilla razón de que el televisor de mis cuñados tampoco tenía sintonizado dicho canal. Mi cuñado es muy de ver deporte en televisión pero eso sí, a la manera española (como si dijéramos): primero fútbol, luego fútbol, después fútbol y finalmente (si no hay fútbol) quizás algo de motos o de Fórmula Uno siempre y cuando esté Alonso, que si no pa qué. Teledeporte ni sabe que existe o quizás alguna vez sí lo supo pero ahora ya no lo recuerda, total ahí sólo dan deportes de esos raros que no tienen motor ni se juegan con los pies. La prueba es que en todos estos años no parece haber sentido ni por un momento la necesidad de resintonizar su televisor.

Obviamente mi madre y mi cuñado no son una muestra significativa de la población, son apenas dos casos aislados, estoy convencido de que en este país y en esta ciudad casi todos los televisores tienen correctamente sintonizados casi todos los canales de la tedeté. El tema no es que haya mucha gente que no tenga Teledeporte, sino que hay muchísima gente que ni se enteraría si de buenas a primeras les desapareciera Teledeporte. El común de los mortales o bien va a tiro hecho o bien se limita a zapear por entre los canales de toda la vida, esos que en casi todos los televisores ocupan los diales del 1 al 6, acaso también el 7 y/o el 8 si aún te queda una televisión autonómica decente. Luego ya los más iniciados es posible que pasen también por Neox, Nova o Energy, los más futboleros mirarán MarcaTV y los más (evitaré adjetivos para no herir susceptibilidades) es posible que viajen aún lejos si cabe, 13TV o Intereconomía que de todo hay en la viña del señor. Y luego ya, un poquito más allá de éstos y un poquito más acá de la Teletienda (pero no mucho), más o menos al lado del Canal 24 horas finalmente encontraremos a Teledeporte (de hecho ellos deben ser plenamente conscientes de que ocupan las profundidades abisales del dial, ya que en los últimos tiempos andan montando una especie de debates un tanto basurísticos al más puro estilo puntopelotero; con nulos resultados, me temo). Y no venga usted ahora a decirme que en su casa no es así, ya sé bien que en su casa no es así al igual que tampoco es en la mía, si está usted leyendo esto ya presupongo que será porque es aficionado al deporte en general y al baloncesto en particular (o porque ha llegado aquí por pura casualidad y aún no tiene muy claro de qué va este blog), razón por la cual tendrá incluido a Teledeporte en su menú televisivo. Pero usted y yo tampoco somos una muestra representativa de la población, desgraciadamente. El común de los mortales tiene sus necesidades deportivas más que cubiertas con los deportes mayoritarios que ofrecen los canales mayoritarios, entre otras cosas porque si en alguna ocasión Nadal (o cualquier otro deportista/equipo español) puede ganar algo ya se encargará TVE de llevárselo perdiendo el culo a La 1 para aprovechar la tajada de audiencia que pueda proporcionar. O dicho de otra manera: el aficionado medio sabe que en Teledeporte sólo dan cosas minoritarias, y sabe que si en alguna rara ocasión dejaran de ser minoritarias se las sacarían de allí para servírselas en bandeja donde las pueda mirar. Ergo ¿para qué sintonizar Teledeporte?

Quizá ya haya deducido (o quizá no, y lleve usted un buen rato preguntándose de qué va este rollo) que viene todo esto a cuento de lo acaecido este pasado fin de semana con ocasión de la Final Four. Televisión Española incumplió drásticamente la regla de oro que acabo de exponer en el párrafo anterior, TVE dio la semifinal por su primera cadena y luego la Final por Teledeporte, y ello a pesar de que dicha Final la disputaba el equipo más televisado, más seguido, más amado/odiado y con más adeptos de todo el territorio nacional. ¿Todo un Real Madrid podía proclamarse campeón de Europa y sin embargo no se atrevían a darlo por TVE1, cómo era ello posible? Pues porque hay palabras mágicas, alma de dios, mire que se lo decía yo aquí mismo hace dos o tres semanas. Diga usted abracadabra pata de cabra y no pasará nada, pero lo que se dice nada, pero nada de nada; ahora bien, diga usted Madrid-Barça y el universo entero conspirará para que empiecen a suceder ante nuestros ojos los hechos más asombrosos jamás contados. Si ambos equipos hubiesen ido por distinto lado del cuadro las dos semis se habrían visto en Teledeporte, si ambos hubiesen perdido no les quepa la menor duda de que el tercer y cuarto puesto habría ido por TVE1 y luego la Final por Teledeporte, es así. No importa el Madrid, no importa el Barça, importa el Madrid-Barça como si ambos conceptos sólo tuviesen razón de ser por la existencia del otro, como el haz y el envés, como el ying y el yang, como el día y la noche, como las dos Coreas. Acaso no haya nada que vertebre (y al mismo tiempo divida) tanto este país como un Madrid-Barça, acaso no haya mayor obstáculo para el famoso proceso soberanista de Cataluña que la posible desaparición de esa rivalidad. Necesitan seguir juntos para poder seguir odiándose.

Retomo el tema. Conste que no suelo ser de los que acuden puntualmente cada lunes a mirar las audiencias (más que nada para no llevarme disgustos) pero reconozco que esta vez no pude evitar que me saltaran a la vista mientras ojeaba un periódico en el bar del desayuno. Si no vi mal (que también es posible) resulta que la semifinal Barça-Madrid dio un millón ochocientos y pico mil espectadores con un 12 por ciento de cuota de pantalla, y que la final Olympiacos-Madrid dio como cienmil más, un millón novecientos y pico mil con un 10 por ciento de share (ya sé que el share y la cuota de pantalla son lo mismo, uso ambos términos para no repetirme). Supongo que la explicación de que la semi tuviera menos espectadores y más share, y en cambio la Final más espectadores y menos share, es bien sencilla hasta para un profano en la materia como yo: los viernes se sale más y hay menos gente ante el televisor, mientras que los domingos a esa hora ya está casi todo dios en su casa. Y supongo que ésa es también la razón de que Televisión Española no tuviera ningún problema en sacrificar su programación del viernes y en cambio no alterara en lo más mínimo su sacrosanta programación del domingo. Y supongo también que en el pecado pudieron llevar la penitencia…

A ver si me explico: diría yo que a la hora de sentarse a ver la tele básicamente (y simplificándolo mucho) existen dos tipos de espectadores, aquellos que tienen claro lo que quieren ver y aquellos que la encienden por pura rutina y van dando vueltas hasta que encuentran algo que (más o menos) les guste. La audiencia de TVE1 bebe de ambas fuentes, están los que van ex profeso a ver el Cuéntame y los que tras zapear se quedan con el Cuéntame porque no encuentran otra cosa que les convenza más. La audiencia de TDP en cambio sólo bebe de la primera fuente, los ex profeso, ya que como decíamos no suele ser un canal de paso al que la gente se pueda enganchar. O dicho de otra manera: el Madrid-Barça del viernes bebió básicamente de aquellos espectadores que querían ver el Madrid-Barça del viernes, pero bebió también de aquellos que pasaban por allí (quizá buscando el Telediario, o quizá sin pensar siquiera en lo que hacían) y de repente exclamaron anda leche, si hay un Madrid-Barça, qué bien, quién me lo iba a decir, me pondré a verlo. Por el contrario el Madrid-Olympiacos del domingo bebió sólo de aquellos que fueron expresamente a buscarlo, dado que casi nadie pasa por allí. ¿Y con todo y con eso la Final la vio más gente que la semifinal, aunque la cuota de pantalla fuera (sólo ligeramente) menor? ¿Qué habría pasado entonces si la Final hubiese ido por TVE1? Pues que además de esos casi dos millones de espectadores fijos bien podrían haber tenido además otro buen puñado de eventuales. Y todo ello tampoco tendría por qué haber supuesto un trauma para TVE1 en términos de programación ya que siempre podrían haber hecho lo que hicieron el viernes: mantener el previo en TDP mientras en La1 estaba Tom Cruise y su Tapadera, dar el partido en La1 (aprovechando el descanso para ofrecer un Telediario en versión corta) y nada más acabar llevarse otra vez el postpartido a TDP (entrega de trofeos incluida, tanto más habiendo perdido el Madrid) y en La1 meter raudos y veloces su dichosa película de la semana. Y ésta apenas habría empezado veinte o treinta minutos más tarde de lo que suele hacerlo cualquier otro domingo, y no creo que ello les hubiera supuesto una gran pérdida (acaso ninguna) en términos de share, y hasta habrían podido enganchar para el cine a una buena parte de la audiencia del basket que (acaso desengañada por el resultado) dijera pues bueno, pues ya que estamos aquí vamos a quedarnos a ver qué tal está esta peli… (Y todo ello por supuesto sin entrar en otras consideraciones relativas al servicio público o al interés general, conceptos éstos que estuvieron muy presentes en nuestras vidas hasta hace algunos años pero que hoy han quedado totalmente arrinconados por el peso de los acontecimientos; si ya nadie se acuerda del interés público en aspectos de la vida que son mucho más trascendentes que éste, como para esperar que alguien se acuerde también aquí…)

A lo largo de estos párrafos he intentado demostrar (de forma bastante reiterativa, me temo) que no es lo mismo TVE1 que Teledeporte, que no cuenta con las mismas posibilidades cualquier evento deportivo en función de que se emita en uno u otro canal. Pero con todo y con eso es posible que usted siga pensando que ambos están a tan solo un click de distancia, o que tan decisivo no será que el baloncesto vaya en La1 si luego la ACB de los domingos saca las audiencias que saca (aunque nada tenga que ver una cosa con otra, los pocos que se sientan a ver la tele un domingo por la mañana por lo general van buscando algo muy concreto, en cambio muchos de quienes se sientan en prime time lo hacen dispuestos a tragarse lo que les echen). Pues vale, pues para usted la perra gorda (frase que solía utilizar mi abuela para darme la razón sin que la tuviera, a fin de que me callara de una vez), acepto barco como animal acuático y pulpo como animal de compañía, lo que usted quiera… pero aunque todo eso fuera cierto permítanme al menos que me queje del detalle. Le pondré un ejemplo: ¿imagina usted que un viernes a mediodía TVE1 ofreciera una hipotética semifinal de Roland Garros Nadal-Ferrer, y que en cambio la hipotética final Nadal-Djokovic la dieran luego el domingo por Teledeporte alegando que no quieren perder cuota de pantalla de su peliculita ñoña de sobremesa, o que al no ser la final un derby entre españoles ya tendrá menos tirón? ¿A que no? ¿A que no puede ni tan siquiera imaginarlo? Claro está que la combinación de palabras Nadal-Ferrer no es mágica como Madrid-Barça, o acaso la palabra Nadal por sí misma sí lo sea sin necesidad de añadirle ninguna otra, sin conservantes ni colorantes ni edulcorantes ni acidulantes ni aditivos de ninguna clase, Nadal podría jugar un partido de exhibición contra mí mismo (y créanme que sería lo más ridículo jamás visto en la historia de la humanidad) y pueden estar seguros de que TVE movería cielo y tierra para darlo por La1, la magia es lo que tiene. Madrid y Barça juntas son palabras mágicas, Madrid y Barça por separado (no siendo fútbol) son palabras inocuas, este mismo domingo pudimos comprobarlo. Y todo esto pasó con todo un Real Madrid, alucina vecina, el día que llegue a la final (por ejemplo) Unicaja ya no quiero ni pensarlo…

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