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EL EQUIPO DE NADIE   Leave a comment

Hace casi diez años tocamos el cielo. Hace casi diez años el Estu jugó su primera (y última, y única) final ACB, llegó incluso a rozar aquel trofeo justo antes de que se le escapara para siempre de las manos. Quizás no fuera el séptimo cielo pero sí sé que desde luego no fue el primero, ya hubo antes otros cielos, el cielo copero del 2000, el inmenso cielo de 1992 con su Copa y su Final Four de Estambul, quizás incluso aquel otro subcampeonato liguero de 1981 cuando aún no se jugaban finales ni se llamaba ACB siquiera. Tocamos de nuevo el cielo (y qué cielo) en 2004, quién nos iba a decir entonces que aquella sería la última vez. Vale que lo difícil no sea llegar sino mantenerse, vale que una vez que estás arriba sólo cabe ir hacia abajo por un mero principio físico pero hay formas y maneras de caer, hay caídas suaves, pendientes prolongadas, bajadas en picado y luego ya hundimientos definitivos. Esto del Estu es un descenso a los infiernos que parece no tener fin, ríase del Baumgartner aquel de la estratosfera. Cuántas veces creímos haber tocado fondo para luego comprobar que no hay fondo que valga, que el suelo sigue abriéndose una y otra vez bajo nuestros pies. Hasta el infinito y más allá.

Me dirán que precisamente aquellos polvos trajeron estos lodos, que este mísero Estu de hoy no es más que una mera consecuencia de aquel gran Estudiantes de ayer. Que aquel Estu vivió durante demasiados años por encima de sus posibilidades, no sé si habrán oído esto antes. Es lo que tenemos los pobres, que a poco bien que nos vaya ya nos creemos ricos y hasta nos permitimos el lujo de soñar como si en verdad lo fuéramos, menos mal que siempre está la cruda realidad para ponernos en nuestro lugar y recordarnos que los pobres en verdad sólo valemos para comernos la mierda que cagan los ricos, disculpen la brusquedad del símil. Nos creímos lo que no éramos y nos olvidamos de nuestra verdadera razón de ser: un equipo de patio de colegio, nada más (y nada menos). Otros están en la élite y luego además tienen cantera, nosotros no, nosotros siempre fuimos todo lo contrario, nosotros somos cantera y luego además tenemos un equipo en la élite. Un día creímos que podríamos invertir las prioridades, y así nos fue.

No es una mera cuestión de ganar o perder, ojalá fuera todo tan simple. No diré que ganar es de horteras (toda una filosofía de vida reflejada en esa magnífica crónica estudiantil de Guillermo Ortiz), sí diré que ganar o perder en este club nunca fue tan importante como competir, como sentir, como disfrutar. Más que un equipo de baloncesto era una manera de vivir, un estado de ánimo, un soplo de aire fresco que llevó a mucha gente (no necesariamente del Ramiro, no necesariamente de Madrid) a identificarse con él y hacer suyos para siempre esos colores. No por casualidad Estudiantes fue durante al menos un par de años (o puede que aún fueran más y no se hiciera público) el equipo de baloncesto con mayor número de abonados de toda Europa. Se dice pronto, el equipo con más abonados de Europa, piénsese en una ciudad como Madrid con la feroz competencia del vecino, piénsese en la escasa difusión de la ACB, piénsese en la inmensidad de algunas canchas griegas (a comienzos del presente siglo aún no había estallado la crisis), serbias, rusas, turcas o israelíes (Israel es Europa a efectos baloncestísticos, aunque ello se dé de patadas con la geografía) y se comprenderá mucho mejor la magnitud del dato. En estos casos siempre me gusta recurrir a aquella definición del Director de Gigantes Paco Torres, el primer equipo de muchos, el segundo de casi todos. Así era entonces, así fue durante décadas enteras. Me pregunto si aún sigue siéndolo a día de hoy.

Y miren que pudo haber momentos buenos y malos, años de éxito y otros de fracaso, miren que pudo haber generaciones mejores o peores pero lo que sí que hubo siempre fue un mínimo denominador común, una imagen de marca que trascendía desde las mismas raíces de la institución y que se reflejaba sobre todo en la manera de jugar del primer equipo, un Estu style que tal vez podríamos descomponer en cuatro premisas fundamentales:

1) un base, preferiblemente (aunque no necesariamente) canterano, que hiciera del descaro y el atrevimiento su razón de ser; que no perdiera la cabeza (no es incompatible una cosa con la otra) pero sí asumiera riesgos y practicara un baloncesto desinhibido para así contagiar de esa misma desinhibición al resto de la plantilla. Obviamente estoy pensando en Azofra mientras lo escribo pero no fue sólo Nacho, hubo muchos otros que (con ligeras matizaciones) también pudieron encajar en ese mismo perfil, tal vez Antúnez y aún antes Vicente Gil, luego los Hermanos Martínez (podría hasta remontarme a la prehistoria y mencionar a su padre), quizás el Conguito Jennings, el gran Sergio Rodríguez si no nos hubiera durado tan poco, el mismísimo Granger de estas últimas temporadas.

2) un alero, preferiblemente (aunque no necesariamente) yanqui, que aportara anotación y (sobre todo) espectacularidad para así hacer las delicias de chicos y grandes y ahondar aún más si cabe en el componente lúdico-festivo de la entidad. La eterna leyenda de Russell y Winslow nunca tuvo continuidad, pero en un momento dado hasta nos pudo valer con anotadores puros (aún sin mates) como el Bombillo Ahearn, Lofton, English, ya hasta con Kirksay nos conformábamos hasta hace bien poco…

3) un pívot o ala-pívot, no necesariamente dotado (o tal vez manifiestamente limitado) en lo físico, pero que fuera capaz de suplir esas carencias con grandes dotes técnicas y (sobre todo) una inteligencia superlativa para sacarlas partido, para aportar dirección desde el poste y llegar a ser más base incluso que el base mismo. Pinone por supuesto (pónganse en pie) pero no sólo él, también Rafa Vecina, también Shawn Vandiver, también en algún momento Alfonso Reyes, también sin ir más lejos el mismísimo Germán Gabriel.

y 4) un buen puñado de aguerridos mocetones, no necesariamente (aunque sí preferiblemente) de la casa, que se partieran el alma por cada balón; el espíritu de Carlos Jiménez o el de los primeros tiempos del Chimpa, como también el de Carlos Montes, Aísa o El Rata por fuera, o el de Pedro (Picapiedra) Rodríguez, Rementería o incluso Rafa Vidaurreta por dentro…

¿Qué queda hoy de esas cuatro premisas básicas? Yo se lo diré: NADA. Absolutamente nada. Y no es que me remonte a la noche de los tiempos, ya ven que he mencionado a tíos (Jayson, Germán, Tariq, Carl) que vistieron aún de azul hasta hace dos telediarios como quien dice. Jaime apenas logra ser una pálida copia borrosa y discontinua (a su pesar) del punto 1, Kuric (mal que me pese) no le llega ni a la suela de los talones a ninguno de los mencionados en el 2, no hablemos ya de Banic (de aquel de Bilbao sólo queda el apellido) en comparación con los del 3. ¿Y del 4? Pues quizá podríamos encajar ahí con mucha generosidad a Dejan Ivanov, prototipo de esa innata capacidad estudiantil de fichar siempre al hermano malo (Domen Lorbek, Samo Udrih), a ver si así llegaran los genes donde no llega el presupuesto. Tuiteé (me estremece usar este verbo) el otro día que acaso éste sea el peor Estudiantes de la historia, y por ahora nadie me ha dado argumentos que me hagan cambiar de opinión.

Sí, peor incluso que el del descenso virtual de hace año y medio, no les quepa la menor duda. Aquel equipo empezó ya lastrado por el desastre del Trío Los Panchos (de infausto recuerdo) y a partir de ahí todos los parches que se quisieron poner (mención especial para el caso Bullock) no hicieron sino agravar la mala salud del enfermo. De donde no hay no se puede sacar, pero lo que nunca pudo reprochárseles fue que no lo intentaran, que no se dieran cabezazos contra la pared, que no pelearan incluso más contra sí mismos que contra los demás. Aquel equipo consumó su descenso (virtual), y lo que en tantos otros campos en similares circunstancias suele ser llanto y crujir de dientes, gritos de mercenarios, apelaciones a la genitalidad de sus jugadores e incluso lanzamiento de huevos sobre sus cabezas en algún caso concreto, aquí en cambio fue que salgan los toreros, uououó. Que salgan los toreros, porque la gente entendió que habían hecho todo lo que habían podido, que ellos no tenían la culpa, que en todo caso no eran la causa sino la consecuencia del problema. Que salgan los toreros, y los toreros avergonzados no querían salir pero al final no les quedó más remedio porque la gente de allí no se iba, que salgan los toreros, uououó, aún hoy estarían cantándolo de no haber salido. Salieron rotos y la ovación que se llevaron les rompió más todavía al descubrir finalmente que aquel era un club distinto, un club en el que las victorias y las derrotas (aún con descensos de por medio) no importaban tanto como la manera de lograrlas. Que salgan los toreros…

Hoy ya no quedan toreros. Hoy sólo quedan temporeros, deshechos de tienta, queda una política de fichajes consistente en dejar pasar el verano para luego traerse deprisa y corriendo lo que no ha querido nadie, salvo excepciones. Fichar por fichar, ya que se han ido estos tendremos que traernos a otros más que nada para rellenar los huecos y que así parezca que hacemos algo. Pasémonos tres meses fichando a Marcos Mata para que luego cuando llegue la hora de la verdad escoja finalmente (con buen criterio, dicho sea de paso) marcharse a orillas del Guadalquivir.rabaseda Traigámonos en su defecto a Rabaseda, parecía una buena idea (la única) pero ha resultado ser el principal ejemplo de ese extraño fenómeno según el cual cada jugador que cruza por la puerta del Ramiro empeora de manera exponencial sus registros de la temporada anterior. Este Rabaseda es infinitamente peor que aquel otro al que Pascual ponía de pascuas a ramos en el Barça (y no digamos ya el que pasó por el Fuenla), pero no es un caso aislado: Quino Colom (que nunca fue santo de mi devoción, dicho sea de paso) está también a años luz del de Fuenlabrada, al igual que (el hijo pródigo) Miso no es ni la sombra del de Murcia, al igual que… Misterios sin resolver.

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué hay equipos que mejoran por sí solos las prestaciones de quienes los integran (mismamente Estudiantes fue uno de ellos, no hace tanto tiempo), y sin embargo hay otros en los que todo parece volverse del revés? ¿Es sólo cuestión de (esa cosa tan etérea que llaman) química, o hay algo más? Miren, yo no creo en eso de los mercenarios como tampoco creo en que los jugadores sientan (o no) los colores, los jugadores son meros profesionales como usted o como yo en nuestros respectivos trabajos (si los hubiere). Pero sí creo en una cosa que se llama implicación, que puede hacer que en un momento dado (y aún con el mismo sueldo, o menor incluso) rindas más en un sitio que en otro porque te encuentres más a gusto, porque te traten mejor, porque te sientas más identificado con el proyecto, por lo que sea. O viceversa. En este Estu no parece que haya nadie identificado con el proyecto por la sencilla razón de que tampoco parece haber un proyecto con el que identificarse. El resultado es que los jugadores se visten, saltan a la cancha, cumplen con el trámite, les meten de treinta, se duchan y se marchan mientras el entrenador se queda en la sala de prensa echándole las culpas al empedrao (que ya quisieran muchos tener un empedrao como el nuestro, dicho sea de paso). Cero implicación, cero pasión, pura rutina.

¿Qué tendrá este Estudiantes que quien puede irse se va, que todo aquel que llega huye despavorido en cuanto se le presenta la ocasión? ¿Qué verán en esos despachos enmoquetados, qué impresión sacarán de todas esas facciones directivas tirándose a degüello y buscándose la yugular (una de las más acendradas tradiciones de este club)? Jugadores, técnicos de mayor o menor nivel, directores deportivos, empleados varios, público en general. Ya hasta se nos van antes de llegar como fue el caso del presunto salvador Morris Finley, se asomó y fue como si hubiera visto un fantasma o el anuncio de la lotería (más o menos fue por esas fechas), pies para qué os quiero. Eso sí, no pudo salvarnos Finley pero al menos pudimos quedarnos con Uros Slokar, el pichafría por antonomasia, justo lo que necesitábamos. Entre los que huyeron como de la peste, los que están como si no estuvieran, los que están en cuerpo pero no en alma (que ésta igual se les quedó en Atlanta) y los que entraron en Estudiantes pero Estudiantes no entró en ellos, el resultado total no puede ser más prometedor.

Hay desde hace meses en las redes sociales un debate que se pregunta si para este viaje hacían falta alforjas, si puestos a hacer el papelón no habría sido mucho mejor y más productivo hacerlo con gente de la casa. O como diría aquel, que si hay que fichar se ficha, pero fichar pa ná es tontería. Es así de sencillo, puestos a perder de treinta prefiero hacerlo con los chavales, pringaré igual pero al menos no tendré la sensación de estar traicionándome mientras lo hago. ¿Que la cantera no es lo que era? Pues tal vez, pero la única manera de comprobarlo es poniéndoles a jugar. Quizás puedas perder de cincuenta un día pero lo mismo al siguiente pierdes de treinta, al otro de diez, después quién sabe. Lo mismo en la Penya (permítanme la comparación) también pensaron que la cantera no es lo que era antes de atreverse a poner a Vives o Sans, quizás también lo pensaran en su día antes de alinear a Llovet, Ventura o Barrera, quizás incluso algún iluminado lo pensara antes de Rudy o Ricky (hay gente pa tó), si quieren sigo remontándome aún más atrás. La Penya, no estará de más recordarlo, también pasó su viacrucis a mediados/finales de los noventa, también vivió por encima de sus posibilidades, también cayó a los infiernos después de haber tocado (y ganado) el cielo de la Euroliga. Hoy no diré que su situación sea boyante porque no lo es en absoluto, pero al menos en el plano deportivo saben lo que quieren y sientan las bases para conseguirlo sin dejar por ello de ser fieles a su filosofía. Ojalá todos pudiéramos decir lo mismo.

Dicen que cuando llegas al fondo del pozo ya sólo cabe ir hacia arriba (otro mero principio físico) pero ese sigue siendo el principal problema, no sabemos aún dónde está ese fondo, mal podremos repuntar cuando todavía no hemos acabado de caer. Algunos creen que ese fondo es la LEB pero yo no concibo esa razón, la LEB no es más que otro escalón más abajo del cual aún hay más, obviamente no me refiero a la EBA sino a ese otro fondo del que ya no se sale ni se repunta y que se llama (miedo me da escribirlo) desaparición. No me quiero poner trágico (aunque ya me haya puesto) pero creo que hay cosas mucho peores que perder la categoría y una de ellas es perder la identidad, a la ACB siempre se puede volver (en el supuesto de que alguna vez llegue a consumarse algún descenso) pero la identidad es mucho más difícil de recuperar. Aquello que decía el bolero, alma corazón y vida, esas tres cositas nada más te doy, de las dos primeras no queda ni rastro y la tercera ya veremos cuánto nos dura. Aquel primer equipo de muchos y segundo de casi todos va camino de convertirse en el equipo de nadie más allá de los fieles, sólo hará falta que siga existiendo para que aún podamos seguir manteniendo esa misma fidelidad. Pero se ha dilapidado capital humano, se ha dilapidado capital social (por no hablar del capital económico), se ha dilapidado imagen, se han echado a perder las sensaciones, los sentimientos y las emociones de toda aquella gente que un día se hizo de este club (aunque fuera en segundas nupcias) por la sencilla razón de que era completamente diferente a todos los demás. Hoy este Estu es una ruina, un mero esqueleto, apenas un pálido reflejo de aquello que fue, eso es todo lo que nos queda. Veremos por cuánto tiempo.

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 17 de enero de 2014)

(Con mi agradecimiento para el gran @TheobaldPhilips, por su foto de la “implicación” de Rabaseda durante el tiempo muerto…)

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Hubo un tiempo en que mirábamos a la ACB y todo eran cajas (de ahorros, me refiero), hubo un tiempo en que mirábamos a la ACB y todo eran inmobiliarias, hubo un tiempo en que mirábamos a la ACB y todo eran compañías de seguros, hubo un tiempo en que mirábamos a la ACB y todo eran camisetas vacías pidiendo a gritos que se apiadara de ellas un patrocinador. Hoy todavía estamos en ese tiempo (y lo que nos queda) pero se aprecian a veces en lontananza leves indicios, no tanto de recuperación como de las ganas que algunos tienen de echarle imaginación. No es que veamos la luz al final del túnel (dónde habré oído yo esto antes) sino que el túnel tiene grietas por las que se cuela alguna rafaguilla de luz de vez en cuando. Por esas rendijas entraron marcas tan prestigiosas como Gescrap o MadCroc, que antes de llegar al baloncesto ni sabíamos que existieran y que una vez se fueron seguimos sin saber que aún sigan existiendo, de hecho a alguna de ellas aún la deben de andar buscando para que pague lo que dejó a deber. Y por esas rendijas han seguido entrando firmas insospechadas, marcas cuya mera enunciación nos habría hecho descojonarnos de risa (de qué iba a ser si no) hace apenas unos años, pero que hoy mejor será que nos las tomemos muy en serio ya que representan el presente (valga la redundancia) y hasta el futuro de esta competición…

La Bruixa d’Or, por ejemplo. Si hace años hubiéramos tenido un equipo llamado La Bruja de Oro Manresa probablemente habríamos pensado que alguna editorial había tomado al asalto la ACB para promocionar así su colección de literatura infantil: Blancanieves Real Madrid, Caperucita Roja Murcia, El Príncipe Azul Estudiantes, El Corsario Negro Bilbao, Peter Pan Joventut, Josean y las Judías Mágicas Baskonia, El Pollito Pío Gran Canaria, La Isla del Tesoro Tenerife, Cenicienta Valladolid, El Patito Feo Fuenlabrada, Los Tres Cerditos… (vale, a éste casi mejor no lo ubico, no vaya a ser que alguien se ofenda). Afortunadamente el equipo manresano no se llama La Bruja de Oro sino La Bruixa d’Or, parece lo mismo pero no es lo mismo, el catalán es un idioma mucho más sutil que el castellano sin ninguna duda, pruebe a decir cojones y resultará de lo más ordinario, pruebe en cambio a decir collons y quedará hasta elegante. La Bruixa d’Or no es ningún cuento sino una administración de loterías, qué digo una, la administración de loterías por antonomasia, ubicada en Sort y que reparte suerte (como su propio nombre indica) año tras año sobre todo en estas señaladas fechas. Interesante cosa que las administraciones de loterías desembarquen en el patrocinio deportivo, por esa misma regla de tres no sé yo a qué esperan Doña Manolita o La Hermana de Doña Manolita (que también existe) para acoger en su seno por ejemplo al Fuenla, el Manresa de la Meseta como si dijéramos. Ahí les dejo la idea, para lo que gusten mandar.

Y qué decir del Tuenti Móvil Estudiantes. Tuentimóvil, qué bonito, dicho así todo junto suena casi a coche de los Autos Locos (Pier Nodoyuna y Patán, Penélope Glamour, los Hermanos Macana, si no sabe de qué le hablo alégrese, es una mera cuestión de edad) o al de Los Picapiedra (que era en realidad el troncomóvil, también sería buen nombre para una empresa de telefonía). Fíjense si será supina mi ignorancia en estas materias que yo aTuenti la tenía por una especie de red social de iniciación a la española, que algunos aún seguirán en ella de por vida (como hay quien sigue de por vida en la preadolescencia) pero que a la mayoría les debió servir de paso previo para dar luego el salto al Féisbuc, al Guasap, al Túiter y demás zarandajas que nos traen a mal traer en estos tiempos. Eso pensaba yo que era Tuenti, pero… ¿Tuenti Móvil? Se lo comenté a mi asesor tecnológico (o sea mi hijo), ¿sabes que ahora Estudiantes se llama Tuenti Móvil Estudiantes?, a lo que me respondió que sí, que por supuesto, que cómo no habría de saberlo, que él ya conocía de sobra la empresa y que de hecho es a la que tiene pensado apuntarse cuando se ponga Internet en el móvil, dado que ofrece las tarifas más baratas del mercado (paja mental que se ha hecho él solo consigo mismo, por ahora con el wifi de casa va que chuta, lo de ponerle tarifa de Internet todavía tendrá que esperar, aún por muy barata que sea). Todo un hallazgo que esperemos que no caiga en saco roto, que ojalá sigan raudos y veloces su ejemplo (el del patrocinio ACB, me refiero) Amena, Yoigo, Simyo, tantas otras (no, no incluyo a Orange, líbreme el cielo, con lo que ya patrocina tenemos más que suficiente, y eso que se me ocurren un par de equipos ideales para tenerle como espónsor por una mera cuestión indumentaria). ¿Imaginan por ejemplo un derby madrileño Tuenti Móvil Estudiantes-Pepephone Fuenlabrada, retransmitido además por Orange Arena? Es más: ¿podrán decir libremente Tuenti Móvil los narradores de Orange Arena cuando retransmitan al Estu, o lo tendrán prohibido para no hacerse a sí mismos la competencia? Es más: ¿será por esto por lo que cada vez le televisan menos partidos al Estu (y menos aún que le van a televisar como siga jugando así)?

Claro que si todo esto les parece raro no se pierdan ya lo de Unicaja, que en este caso nada tiene que ver con dicha entidad financiera sino con ese otro rótulo que sus jugadores llevan sobre las espaldas en los partidos de Euroliga, entre el apellido y el dorsal: AP-46 Pedrizas, tal cual. Sí, es exactamente lo que parece, una autopista de pillaje digo de peaje, la también denominada Autopista del Guadalmedina (la Güiquipedia hace milagros), que al parecer facilita el acceso a Málaga (previo pago, of course) evitando de paso las sinuosas y procelosas curvas del Puerto de Las Pedrizas, como su propio nombre indica. Pues nada, los aficionados al baloncesto les damos la bienvenida y les deseamos una feliz estancia en nuestras camisetas, faltaría más, lo que ya no sé es si sus usuarios compartirán esa misma felicidad cada vez que les toca pasar por caja. No hace mucho leí que el Presidente de la Patronal de Autopistas había tenido la luminosa idea de pedir que se cobre también peaje en las autovías para así atajar la grave crisis que atraviesa el sector (hay que ver, qué hombre tan inteligente), no sé muy bien cómo encaja ese discurso con esta huida hacia adelante de esponsorizar (siquiera mínimamente) a una entidad deportiva. Y además, ¿por qué sólo en Euroliga? ¿Creerán acaso que por emitirse los partidos en una plataforma de pago el target (o como se diga) de espectadores se asemeja más al de sus potenciales usuarios? ¿Creerán acaso que así llegan también al público internacional, que los aficionados turcos, lituanos o eslovenos dirán al verlo, anda mira, si alguna vez en nuestra vida viajamos a Málaga y decidimos acercarnos a conocer Antequera ya sabemos por donde tirar? Lo dicho, bienvenidos sean y ya que están aquí no dejen de comentar a sus compañeros lo bien que se está a ver si así se anima alguno más, de hecho sería un puntazo si así fuera, de hecho nuestros equipos ya no parecerían equipos sino robots de la Guerra de las Galaxias, R-2 Real Madrid, R-3 Estudiantes, AP-1 Baskonia, AP-2 Zaragoza, AP-4 Sevilla, AP-6 Valladolid, AP-7 Barça, AP-41 Fuenlabrada, AP-53 Obradoiro, AP-68 Bilbao… (ya ven que me lo he currado). Eso sí, por favor, no se les olvide pasar por caja antes de salir.

Y luego hay también marcas cuya llegada al baloncesto deberíamos valorar en su justa medida por el efecto arrastre que podrían ejercer en sus congéneres, es decir, lo que vienen siendo las empresas del sector. Pongamos por ejemplo UCAM, la Universidad Católica de Murcia, cuyo aterrizaje en las camisetas de la entidad pimentonera (qué cursilada) bien podría provocar que siguieran sus pasos otros centros del saber, así católicos como agnósticos, así públicos como privados, tanto da entre otras cosas porque al paso que vamos los públicos serán también privados pasado mañana. Quedaría una monísima ensalada de siglas, una especie de NCAA a la española… excepto por el pequeño detalle de que aquí no habría más universitarios que los que venden los bocadillos y los que limpian el pabellón, acaso también los que pasan la mopa. El signo de los tiempos, ya saben. Y qué decir del efecto arrastre que podría provocar el insigne Sr. Roig si se dejara de componendas y subterfugios, de culturas y esfuerzos y demás zarandajas y llamara por fin a su equipo Mercadona Valencia (Hacendado Valencia y Bosque Verde Valencia también valdrían), cómo no imaginar al resto del sector perdiendo el culo (si lo tuvieren) por seguir sus pasos: El Corte Inglés Real Madrid (Dios los cría y ellos se juntan), Ahorramás Estudiantes, Alcosto Fuenlabrada, Carrefour Baskonia, Hipercor Zaragoza, Alcampo Sevilla, Caprabo Barça, Eroski Bilbao, El Árbol Valladolid, Inditex Obradoiro… (no, por ahora no me consta que Inditex trabaje el tema de la alimentación, pero todo es ponerse). Ya en su día tuvimos un Caprabo Lleida, un Valvi Girona, un Covirán Granada y hasta un Tenerife Número 1 por ejemplo, no es un gremio que nos sea nuevo, acaso sólo necesite un leve empujoncito para volver a depositarnos su confianza. En sus manos lo dejo, Sr. Roig.

Este maravilloso mundo del patrocinio deportivo me lleva siempre a hacerme un montón de preguntas, algunas de las cuales amenazo con compartir con ustedes. Por ejemplo: ¿Todo producto es susceptible de esponsorizar a un equipo de baloncesto (o de lo que sea), o hay marcas que nos chirriarían, por una mera cuestión de sentido común? ¿Cómo reaccionaríamos ante nombres como Mimosín Real Madrid, Nenuco Estudiantes, Dodotis Joventut, La Española Barça, Paellador Valencia, El Cobrador del Frac Valladolid, Espárragos Cojonudos Baskonia? ¿Cabría siquiera imaginar en nuestras camisetas (de baloncesto o de lo que fueran) marcas como Supositorios Rovi, Hemoal, Micralax, Prenatal, Indasec (para esas pequeñas pérdidas de orina), Eau de Rochas, Chanel nº 5, tantas otras? [Cuentan que hace ya unos cuantos años una afamada marca de preservativos ofreció una pasta por aparecer en las camisetas del equipo de fútbol más laureado sobre la faz de la Tierra, cuentan también que la directiva de dicho club rechazó de plano tan sustanciosa oferta, será que la cosa del Durex no les acabó de encajar con aquello de que las mocitas madrileñas van alegres y risueñas cuando juega su Madrid] O bien: ¿Qué demonios hace una bebida como San Miguel 0,0 patrocinando al baloncesto, en otro tiempo la ACB, hoy la FEB? (y no, nada tiene que ver que un jugador de ese apellido luzca ese dorsal, dado que no le pagan ni un duro por el detalle) ¿Cómo es posible que un producto apellidado precisamente cero cero no patrocine a la liga de fútbol, siendo como es ese 0-0 el resultado balompédico por antonomasia? [Es más, creo sinceramente que si yo fuera el responsable de publicidad de dicha marca montaría en los campos de fútbol una campaña como esas que montan los burguer en los pabellones NBA… sólo que al revés: en vez de dar dos por uno en hamburguesas si el equipo local pasa de 100, regalaría dos por uno en cervezas (sin) en los bares de alrededor si el partido acaba 0-0. Imaginen ese tiempo de descuento, ese delantero local a punto de marcar el gol de la victoria, esos aficionados debatiéndose entre la alegría de ver ganar al equipo de sus amores o la alegría de que les salga gratis la caña (sin) de después…]

En cualquier caso todos esos patrocinios más o menos atípicos deberían abrirnos los ojos, deberían hacernos entender que hay otros mundos pero están en éste, frase clásica publicitaria que queda muy socorrida en un post dedicado a la publicidad. Si Mahoma no va a la montaña tendrá que ser la montaña la que vaya a Mahoma, si los patrocinadores no vienen al baloncesto tendrá que ser el baloncesto el que vaya a buscarlos donde sea menester. Al cine, por ejemplo. El mundo del cine ha hecho alguna aparición esporádica en las camisetas futbolísticas pero es todavía un territorio inexplorado en las baloncestísticas, y ello cuando hemos visto películas que les habrían venido a nuestros equipos como anillo al dedo, Titanic Barça (en otro tiempo Titanic Real Madrid), Avatar Estudiantes, Men in Black Bilbao (ésta era obvia), Dulce Pájaro de Joventut, Lo Imposible Valladolid, Ninette (y un señor de) Murcia, El Sitio de Zaragoza. O qué decir de esas superproducciones musicales tan en boga en nuestros teatros de la Villa y Corte, imaginen por ejemplo Mamma Mía Real Madrid, Hoy no me Puedo Levantar Baskonia, Los Miserables Valladolid (no se me enfaden, recuerden cómo acaba), Más de Cien Mentiras Estudiantes, Marta Tiene un Marcapasos… no, ésta ya sí que no, sería una crueldad innecesaria endosarle ese nombre a equipo alguno. Todo tiene un límite.

O como dijo aquél, yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto naves en llamas más allá de Orion, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de nosedónde, he visto a un partido político patrocinando a un club deportivo… Créanselo porque es absolutamente cierto, no de forma encubierta sino con total impunidad, que se me enrede ahora mismo el dedo entre las teclas si les miento, sucedió hacia finales de los setenta o principios de los ochenta del pasado siglo, fue en León y el equipo creo recordar que era de voleibol (aunque de esto último ya no estoy seguro), debió quedarse de repente sin espónsor y el partido mayoritario en aquel entonces decidió patrocinarlo, soltarle una pasta a cambio de que luciera en su denominación y en sus camisetas las siglas de la Unión de Centro Democrático. Y así cuando en los telediarios y en los estudioestadios de aquel entonces se daban los resultados del voleibol (sí, en los telediarios y en los estudioestadios de aquel entonces se daban los resultados del voleibol y hasta los de la Liga Nacional de Tenis de Mesa, ya les dije que había visto cosas) aquel equipo era mencionado como UCD León, tal cual aparecía en pantalla… Ergo con ese precedente no hará falta que les cuente el inmenso abanico de posibilidades que se abre ahora mismo ante nuestros ojos: PP Valencia, PSOE Sevilla, CiU Barça, ERC Manresa, IU Fuenlabrada, PNV Bilbao, Sortu GBC, BNG Obradoiro, Coalición (Gran) Canaria… En peores cosas se han gastado en todos estos años el dinero que no tienen, el que reciben de subvenciones y hasta el que les cae del cielo (ese que algunos malpensados llaman financiación irregular), a ver por qué no se habrían de dejar también en nosotros algunos eurillos (siquiera fuera para blanquearlos). Si al fin y al cabo hemos anunciado aseguradoras de dudoso gusto, especuladores inmobiliarios con o sin burbuja, entidades financieras con o sin preferentistas, diputaciones provinciales con o sin presupuesto, si hasta hemos vendido empresas de explotación laboral (ay perdón, quise decir de trabajo temporal, en qué estaría yo pensando), a ver por qué nos habríamos de asustar ahora de tener que vender partidos políticos, conglomerados fraudulentos, organizaciones mafiosas e incluso casas de lenocinio si ello fuera menester (ejemplos todos ellos independientes entre sí, no vayan a pensar que estoy comparando a unos con otros). Recuerden una vez más que la realidad siempre supera a la ficción. Si ya les parece raro todo lo que hemos visto, no quieran ni imaginar lo que aún nos quedará por ver.

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