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cuota de pantalla   Leave a comment

Allá por el pasado verano, en plenos Juegos Olímpicos, fui un día a comer a casa de mi madre, nada de particular, es algo que suelo hacer con relativa frecuencia como todo hijo que se precie. En la sobremesa, mientras mi señora y su suegra conversaban amigablemente de esas cosas que hablan las señoras con las suegras, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, waterpolo, tiro con arco, lucha grecorromana, lo que haya… Pero me quedé con las ganas por la sencilla razón de que el televisor de mi madre no tenía sintonizado dicho canal. Al respecto conviene recordar que hace algunos años hubo que hacer una resintonización de la TDT (no sé si sólo en Madrid o en más sitios) porque había dos o tres diales (uno de ellos TDP) que cambiaban de frecuencia o dos o tres frecuencias que cambiaban de dial o como se diga, notarán que soy lego en la materia. En mi comunidad de propietarios nos la hicieron de serie pero en la de mi madre que son sólo ocho vecinos, octogenarios en su mayor parte, pues como que no parece que se generara una demanda que hiciera imprescindible esa modificación, no sé si me explico. Claro está que podría haber resintonizado yo el televisor aquella misma tarde pero mi madre habría entrado en pánico sólo de pensar en la posibilidad de que se le fuera alguno de sus canales preferidos, así que ante tamaña responsabilidad preferí dejarlo estar…

Pocos días después, todavía en plenos Juegos Olímpicos, me tocó ir a pasar la tarde al chalet de mis cuñados, experiencia inenarrable donde las haya pero qué quieren, uno es un mandado. En un momento dado, mientras mi cuñado se encontraba ausente atendiendo a sus múltiples actividades profesionales (un bar), mientras mi hijo se bañaba en la piscina con sus primas y mi señora hablaba con su hermana de cosas de hermanas, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, tiro con carabina, esgrima, halterofilia, lo que sea menester… Pero me volví a quedar con las ganas, por la sencilla razón de que el televisor de mis cuñados tampoco tenía sintonizado dicho canal. Mi cuñado es muy de ver deporte en televisión pero eso sí, a la manera española (como si dijéramos): primero fútbol, luego fútbol, después fútbol y finalmente (si no hay fútbol) quizás algo de motos o de Fórmula Uno siempre y cuando esté Alonso, que si no pa qué. Teledeporte ni sabe que existe o quizás alguna vez sí lo supo pero ahora ya no lo recuerda, total ahí sólo dan deportes de esos raros que no tienen motor ni se juegan con los pies. La prueba es que en todos estos años no parece haber sentido ni por un momento la necesidad de resintonizar su televisor.

Obviamente mi madre y mi cuñado no son una muestra significativa de la población, son apenas dos casos aislados, estoy convencido de que en este país y en esta ciudad casi todos los televisores tienen correctamente sintonizados casi todos los canales de la tedeté. El tema no es que haya mucha gente que no tenga Teledeporte, sino que hay muchísima gente que ni se enteraría si de buenas a primeras les desapareciera Teledeporte. El común de los mortales o bien va a tiro hecho o bien se limita a zapear por entre los canales de toda la vida, esos que en casi todos los televisores ocupan los diales del 1 al 6, acaso también el 7 y/o el 8 si aún te queda una televisión autonómica decente. Luego ya los más iniciados es posible que pasen también por Neox, Nova o Energy, los más futboleros mirarán MarcaTV y los más (evitaré adjetivos para no herir susceptibilidades) es posible que viajen aún lejos si cabe, 13TV o Intereconomía que de todo hay en la viña del señor. Y luego ya, un poquito más allá de éstos y un poquito más acá de la Teletienda (pero no mucho), más o menos al lado del Canal 24 horas finalmente encontraremos a Teledeporte (de hecho ellos deben ser plenamente conscientes de que ocupan las profundidades abisales del dial, ya que en los últimos tiempos andan montando una especie de debates un tanto basurísticos al más puro estilo puntopelotero; con nulos resultados, me temo). Y no venga usted ahora a decirme que en su casa no es así, ya sé bien que en su casa no es así al igual que tampoco es en la mía, si está usted leyendo esto ya presupongo que será porque es aficionado al deporte en general y al baloncesto en particular (o porque ha llegado aquí por pura casualidad y aún no tiene muy claro de qué va este blog), razón por la cual tendrá incluido a Teledeporte en su menú televisivo. Pero usted y yo tampoco somos una muestra representativa de la población, desgraciadamente. El común de los mortales tiene sus necesidades deportivas más que cubiertas con los deportes mayoritarios que ofrecen los canales mayoritarios, entre otras cosas porque si en alguna ocasión Nadal (o cualquier otro deportista/equipo español) puede ganar algo ya se encargará TVE de llevárselo perdiendo el culo a La 1 para aprovechar la tajada de audiencia que pueda proporcionar. O dicho de otra manera: el aficionado medio sabe que en Teledeporte sólo dan cosas minoritarias, y sabe que si en alguna rara ocasión dejaran de ser minoritarias se las sacarían de allí para servírselas en bandeja donde las pueda mirar. Ergo ¿para qué sintonizar Teledeporte?

Quizá ya haya deducido (o quizá no, y lleve usted un buen rato preguntándose de qué va este rollo) que viene todo esto a cuento de lo acaecido este pasado fin de semana con ocasión de la Final Four. Televisión Española incumplió drásticamente la regla de oro que acabo de exponer en el párrafo anterior, TVE dio la semifinal por su primera cadena y luego la Final por Teledeporte, y ello a pesar de que dicha Final la disputaba el equipo más televisado, más seguido, más amado/odiado y con más adeptos de todo el territorio nacional. ¿Todo un Real Madrid podía proclamarse campeón de Europa y sin embargo no se atrevían a darlo por TVE1, cómo era ello posible? Pues porque hay palabras mágicas, alma de dios, mire que se lo decía yo aquí mismo hace dos o tres semanas. Diga usted abracadabra pata de cabra y no pasará nada, pero lo que se dice nada, pero nada de nada; ahora bien, diga usted Madrid-Barça y el universo entero conspirará para que empiecen a suceder ante nuestros ojos los hechos más asombrosos jamás contados. Si ambos equipos hubiesen ido por distinto lado del cuadro las dos semis se habrían visto en Teledeporte, si ambos hubiesen perdido no les quepa la menor duda de que el tercer y cuarto puesto habría ido por TVE1 y luego la Final por Teledeporte, es así. No importa el Madrid, no importa el Barça, importa el Madrid-Barça como si ambos conceptos sólo tuviesen razón de ser por la existencia del otro, como el haz y el envés, como el ying y el yang, como el día y la noche, como las dos Coreas. Acaso no haya nada que vertebre (y al mismo tiempo divida) tanto este país como un Madrid-Barça, acaso no haya mayor obstáculo para el famoso proceso soberanista de Cataluña que la posible desaparición de esa rivalidad. Necesitan seguir juntos para poder seguir odiándose.

Retomo el tema. Conste que no suelo ser de los que acuden puntualmente cada lunes a mirar las audiencias (más que nada para no llevarme disgustos) pero reconozco que esta vez no pude evitar que me saltaran a la vista mientras ojeaba un periódico en el bar del desayuno. Si no vi mal (que también es posible) resulta que la semifinal Barça-Madrid dio un millón ochocientos y pico mil espectadores con un 12 por ciento de cuota de pantalla, y que la final Olympiacos-Madrid dio como cienmil más, un millón novecientos y pico mil con un 10 por ciento de share (ya sé que el share y la cuota de pantalla son lo mismo, uso ambos términos para no repetirme). Supongo que la explicación de que la semi tuviera menos espectadores y más share, y en cambio la Final más espectadores y menos share, es bien sencilla hasta para un profano en la materia como yo: los viernes se sale más y hay menos gente ante el televisor, mientras que los domingos a esa hora ya está casi todo dios en su casa. Y supongo que ésa es también la razón de que Televisión Española no tuviera ningún problema en sacrificar su programación del viernes y en cambio no alterara en lo más mínimo su sacrosanta programación del domingo. Y supongo también que en el pecado pudieron llevar la penitencia…

A ver si me explico: diría yo que a la hora de sentarse a ver la tele básicamente (y simplificándolo mucho) existen dos tipos de espectadores, aquellos que tienen claro lo que quieren ver y aquellos que la encienden por pura rutina y van dando vueltas hasta que encuentran algo que (más o menos) les guste. La audiencia de TVE1 bebe de ambas fuentes, están los que van ex profeso a ver el Cuéntame y los que tras zapear se quedan con el Cuéntame porque no encuentran otra cosa que les convenza más. La audiencia de TDP en cambio sólo bebe de la primera fuente, los ex profeso, ya que como decíamos no suele ser un canal de paso al que la gente se pueda enganchar. O dicho de otra manera: el Madrid-Barça del viernes bebió básicamente de aquellos espectadores que querían ver el Madrid-Barça del viernes, pero bebió también de aquellos que pasaban por allí (quizá buscando el Telediario, o quizá sin pensar siquiera en lo que hacían) y de repente exclamaron anda leche, si hay un Madrid-Barça, qué bien, quién me lo iba a decir, me pondré a verlo. Por el contrario el Madrid-Olympiacos del domingo bebió sólo de aquellos que fueron expresamente a buscarlo, dado que casi nadie pasa por allí. ¿Y con todo y con eso la Final la vio más gente que la semifinal, aunque la cuota de pantalla fuera (sólo ligeramente) menor? ¿Qué habría pasado entonces si la Final hubiese ido por TVE1? Pues que además de esos casi dos millones de espectadores fijos bien podrían haber tenido además otro buen puñado de eventuales. Y todo ello tampoco tendría por qué haber supuesto un trauma para TVE1 en términos de programación ya que siempre podrían haber hecho lo que hicieron el viernes: mantener el previo en TDP mientras en La1 estaba Tom Cruise y su Tapadera, dar el partido en La1 (aprovechando el descanso para ofrecer un Telediario en versión corta) y nada más acabar llevarse otra vez el postpartido a TDP (entrega de trofeos incluida, tanto más habiendo perdido el Madrid) y en La1 meter raudos y veloces su dichosa película de la semana. Y ésta apenas habría empezado veinte o treinta minutos más tarde de lo que suele hacerlo cualquier otro domingo, y no creo que ello les hubiera supuesto una gran pérdida (acaso ninguna) en términos de share, y hasta habrían podido enganchar para el cine a una buena parte de la audiencia del basket que (acaso desengañada por el resultado) dijera pues bueno, pues ya que estamos aquí vamos a quedarnos a ver qué tal está esta peli… (Y todo ello por supuesto sin entrar en otras consideraciones relativas al servicio público o al interés general, conceptos éstos que estuvieron muy presentes en nuestras vidas hasta hace algunos años pero que hoy han quedado totalmente arrinconados por el peso de los acontecimientos; si ya nadie se acuerda del interés público en aspectos de la vida que son mucho más trascendentes que éste, como para esperar que alguien se acuerde también aquí…)

A lo largo de estos párrafos he intentado demostrar (de forma bastante reiterativa, me temo) que no es lo mismo TVE1 que Teledeporte, que no cuenta con las mismas posibilidades cualquier evento deportivo en función de que se emita en uno u otro canal. Pero con todo y con eso es posible que usted siga pensando que ambos están a tan solo un click de distancia, o que tan decisivo no será que el baloncesto vaya en La1 si luego la ACB de los domingos saca las audiencias que saca (aunque nada tenga que ver una cosa con otra, los pocos que se sientan a ver la tele un domingo por la mañana por lo general van buscando algo muy concreto, en cambio muchos de quienes se sientan en prime time lo hacen dispuestos a tragarse lo que les echen). Pues vale, pues para usted la perra gorda (frase que solía utilizar mi abuela para darme la razón sin que la tuviera, a fin de que me callara de una vez), acepto barco como animal acuático y pulpo como animal de compañía, lo que usted quiera… pero aunque todo eso fuera cierto permítanme al menos que me queje del detalle. Le pondré un ejemplo: ¿imagina usted que un viernes a mediodía TVE1 ofreciera una hipotética semifinal de Roland Garros Nadal-Ferrer, y que en cambio la hipotética final Nadal-Djokovic la dieran luego el domingo por Teledeporte alegando que no quieren perder cuota de pantalla de su peliculita ñoña de sobremesa, o que al no ser la final un derby entre españoles ya tendrá menos tirón? ¿A que no? ¿A que no puede ni tan siquiera imaginarlo? Claro está que la combinación de palabras Nadal-Ferrer no es mágica como Madrid-Barça, o acaso la palabra Nadal por sí misma sí lo sea sin necesidad de añadirle ninguna otra, sin conservantes ni colorantes ni edulcorantes ni acidulantes ni aditivos de ninguna clase, Nadal podría jugar un partido de exhibición contra mí mismo (y créanme que sería lo más ridículo jamás visto en la historia de la humanidad) y pueden estar seguros de que TVE movería cielo y tierra para darlo por La1, la magia es lo que tiene. Madrid y Barça juntas son palabras mágicas, Madrid y Barça por separado (no siendo fútbol) son palabras inocuas, este mismo domingo pudimos comprobarlo. Y todo esto pasó con todo un Real Madrid, alucina vecina, el día que llegue a la final (por ejemplo) Unicaja ya no quiero ni pensarlo…

había una vez un circo   Leave a comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 14 de enero de 2013)

Miliki nos dejó hace algunas semanas, Gaby hizo lo propio hace ya unos cuantos años, Fofó se nos fue hace tanto tiempo que ya apenas nos acordamos de él cada vez que paseamos por la calle vallecana (contigua al estadio del Rayo) que lleva su nombre. Fofito ya sólo está para los anuncios de Campofrío y Milikito ni eso, Milikito hace ya siglos que (tras recuperar milagrosamente el habla) se nos convirtió en don Emilio, presunto actor cómico e insigne empresario de la comunicación (o viceversa). Casi nada queda ya (más allá de nuestro recuerdo) de aquellos que se autodenominaron los payasos de la tele… pero su llama sigue viva, su espíritu sigue presente en TVE gracias (quién nos lo iba a decir) a nuestra insospechada Liga ACB.

Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón… Señoras y señores, niños y niñas, distinguido público, sean todos bienvenidos al mayor espectáculo del mundo, pasen y vean, tenemos payasos (dicho sea con todo el respeto, que es una profesión muy digna), prestidigitadores, malabaristas, equilibristas, funambulistas, trapecistas, aún nos faltan los domadores y la mujer barbuda pero no crean, estamos en ello, aparecerán también el día menos pensado. Somos una liga de baloncesto en la que ya lo de menos es el baloncesto, tenemos tan poca confianza en nuestro producto (aún por bueno que éste salga) que ya ni siquiera nos molestamos en intentar venderlo porque hemos comprobado que a la larga resulta mucho más rentable venderles nuestra propia gestión, somos así, quién necesita hablar del juego cuando da mucho más juego todo lo ajeno al juego, valgan las redundancias. Quién necesita baloncesto teniendo circo. El espectáculo debe continuar.

Lleno de color, un mundo de ilusión, pleno de alegría y emoción… Pura magia, pongamos por ejemplo un partido los sábados por la tarde en Teledeporte y luego hagámoslo desaparecer, abracadabra pata de cabra, ahora lo ves, ahora no lo ves, ahora es que ya no lo verás ni de coña ni aún por mucho que mires, ni te molestes en buscarlo que ya no está. Eso sí, añadámosle unas gotas de humor en la mejor tradición de Juan Tamariz y tantos otros grandes de este noble arte de la prestidigitación, atribuyamos su desaparición al santo de la madre del que narra y así mientras se echan unas risas no nos pillan el truco, luego cuando aquello ya no cuele (en el supuesto de que hubiera colado alguna vez) atribuyámosla a que en diciembre no se dieron las condiciones y ya veremos cuándo vuelven a darse pero eso sí, pondremos mucho cuidado en no desvelar jamás cuáles son esas condiciones, sólo faltaría, los magos nunca revelan sus secretos, hasta ahí podíamos llegar, tachán, tatachán, tatatachááánnnn

Sin temer jamás al frío o al calor, el circo daba siempre su función… Querían trapecistas, pues aquí los tienen, triple salto mortal, qué digo triple si hasta puede ser cuádruple o incluso quíntuple, lo nunca visto, un salto al vacío desde las siete de la tarde a las doce y media del mediodía, más difícil todavía. Y a pelo, sin red, mariconadas las justas, si al fin y al cabo estamos acostumbrados a sentir el vacío bajo nuestros pies, la caída libre es nuestra especialidad. Y además lo bueno que tenemos es que por mucho que caigamos nunca encontramos el final, cada vez que creemos haber tocado fondo acaba resultando que ese fondo aún quedaba un poquito más allá. Viajamos de la noche a la mañana buscando audiencias para acabar entrando en colisión con otros baloncestos que ya diversifican sus audiencias, si antes apenas éramos cuatro gatos ahora ya no llegamos ni a tres pero no teman, aún nos queda margen de mejora (o de empeora), aún podemos añadir otro salto mortal (sin red, of course) y caer hasta las siete de la mañana a ver si así ya sólo nos ven los que se levanten a pasear al perro. Ya saben, recuérdenlo una vez más, nunca lo olviden, pase lo que pase el espectáculo debe continuar.

Siempre viajar, siempre cambiar, pasen a ver el circo… Señoras y señores, niños y niñas, distinguido público, les ruego un momento de atención porque a continuación podrán presenciar el increíble número del descanso menguante, suenen clarines y timbales, mantengan un silencio sepulcral, aguanten la respiración dado que cualquier desviación por ínfima que ésta fuera podría hacer peligrar la vida del artista. Trátase en suma de encajar un partido de aproximadamente hora y tres cuartos en un periodo de tiempo de exactamente hora y tres cuartos, para lo cual el artista habrá de caminar literalmente sobre el alambre manteniendo un arriesgadísimo equilibrio ente la duración teórica de las sucesivas pausas y la duración real y efectiva de dichas pausas. Así pues se recomienda encarecidamente que abandonen la sala aquellos espectadores que padezcan del corazón-corazón dada la extrema peligrosidad del ejercicio; una vez éste haya finalizado (es decir, a las 14:25 en punto) podrán reintegrarse sin problema a la contemplación del espectáculo ya que a partir de esa hora tan solo se ofrecerán contenidos perfectamente adecuados a su delicada salud cardiovascular.

Otro país, otra ciudad, pasen a ver el circo… De ciudad en ciudad en ciudad viajan (supongo) las unidades móviles en la mejor tradición de los circos ambulantes, de ciudad en ciudad viajan (a veces) Izaskun Ruiz y África de Miquel, si acaso ésta última viaja un poco más porque acostumbra a darse unos cuantos paseos por las nubes en cada partido, los viajes astrales son su especialidad pero eso sí, a los demás no se nos ocurra sacarlos del plató no vaya a ser que se nos constipen que estos fríos son muy traicioneros. Claro está, no están los tiempos (ni en la ACB ni aún menos en el Ente) para acometer gastos innecesarios pero ello no nos impide seguir siendo fieles a nuestras tradiciones, qué sería de este noble arte si no lo fuéramos, de ahí que en cada jornada paguemos a un tío que vive en Madrid para que vaya a Barcelona, comente el partido desde un plató en Sant Cugat y luego vuele otra vez a Madrid… y ello aunque el partido se juegue en Madrid. No, no le busquen lógica, nadie va al circo a ver cosas lógicas porque para eso ya tienen la vida cotidiana, la gente va a al circo a ver cosas asombrosas. Véase la muestra.

Es magistral, sensacional, pasen a ver el circo… En nuestro constante afán de mejora hemos querido seguir el ejemplo de algunos de los más grandiosos espectáculos circenses que recorren el planeta, si ellos crearon el circo de tres pistas nosotros inventamos el baloncesto con dos… canchas. Supongo que lo leyeron hace días, teníamos previsto el Madrid-Granca el domingo a las 12:30 y (con el pretexto de que hay que televisarlo) pusimos también el Estu-Barça a las 12:40, ambos partidos en el mismo escenario, ambos casi a la misma hora, lo nunca visto. Pues ya está, donde juegan dos juegan cuatro, bastaría con quitar unas pocas butacas del Palacio de Deportes y montar dos pistas paralelas, al Madrid le reservamos el ala Goya/Felipe II que es más noble, al Estu le dejamos el ala Jorge Juan/Fuente del Berro que es más sobria, empieza el Madrid-Granca, cuando llega el primer tiempo muerto se apaga su cancha y se enciende el Estu-Barça, al siguiente tiempo muerto se reanuda el Madrid-Granca hasta el final del primer cuarto y así sucesivamente, alternándose ambos dos chous hasta el final. ¿Se imaginan las inmensas posibilidades que plantearía esta fórmula? Los aficionados del Estu podrían animar a su equipo y al Granca a la vez, los aficionados del Madrid podrían animar al Madrid y al… al Madrid, a quién si no. Eso sí, por TVE1 sólo se vería el Estu-Barça según lo previsto, los ratos en que hubiera Madrid-Granca los aprovecharíamos para ofrecer toda la ristra de making-of del anuncio de Endesa, faltaría más. Y por supuesto que habrían de respetarse escrupulosamente los tiempos televisivos, si Madrid y Granca se quieren quedar hasta las tantas es su problema pero Estu y Barça habrían de acabar necesariamente a las 14:25 no vayamos a generar problemas coronarios, si no cabe se le quitan minutos de juego y adiós muy buenas. No, por desgracia la idea no ha cuajado para este finde, va a ser que nuestros retrógados aficionados todavía no están preparados para propuestas tan innovadoras. Pero todo se andará.

Somos felices de conseguir a un niño hacer reír… A un niño hacer reír y a un adulto echar espuma por la boca (que eso también es espectáculo) porque siempre hay algunos amargados que no nos entienden, que por más que nos empeñemos en que no vean baloncesto aún siguen queriendo ver baloncesto, hay que ver cómo son. Hace décadas que dejaron de creer en los Reyes Magos pero aún siguen creyendo en Orange Arena (en adelante OA, que no están los tiempos para regalar publicidad), creen vivir en el siglo XXI y no se dan cuenta de que el verdadero circo es una actividad puramente artesanal y debe seguir haciéndose como se hacía ya en el XIX. Por creerse hasta se creyeron aquella publicidad de antaño, en tus manos el destino de poder cambiar la historia porque la verdadera victoria es no perderte ni un partido. Claro está, resulta difícil no perderte ni un partido cuando llega la jornada de (por ejemplo) el 6 de enero y de nueve partidos posibles dan tres, ¡¡¡tres!!! por todo lo alto, ni rastro de choques fundamentales como el Estu-Baskonia o el Granca-Unicaja pero ahí sigues inasequible al desaliento, nunca has entendido por qué OA algunas veces funciona sin más y otras tienes que sacar entrada (virtual) pero aún así lo intentas, hoy toca entrada y toca además acoquinar porque es jornada solidaria, este partido lo jugamos todos, envía futuro al 28028, mandas gustoso tu esemeese porque es para ver baloncesto y además para una buena causa, te envían un código, vas al ordenador y sigues escrupulosamente sus instrucciones, tecleas tu número de móvil, tecleas el código, pinchas en acceder y como si te rascas, aquello que te devuelve la misma pantalla, tecleas otra vez y más de lo mismo, y otra vez y otra y otra más y así hasta qué sé yo, pongamos catorce o quince veces pero tanto da, si pinchas en volver vuelves pero si pinchas en acceder no accedes, eso habría sido demasiado fácil, al final no te queda otra que acabar homenajeando al eximio don Fernando Fernán Gómez (¡¡¡A la mieerrrrda!!!) mientras piensas que ojalá el 1,45 € de tu esemeese le haya servido a alguien para construir su futuro porque lo que es a ti para ver baloncesto ni de casualidad. Sí, OA también es puro circo, un maravilloso mundo de fantasía e ilusión ideal para todos aquellos que aún vivimos de ilusiones (como el tonto de los…). La cruda realidad va por otro lado, me temo.

Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón, que alegraba siempre el corazón… Reconozco que a mí el circo nunca me alegró el corazón sino más bien al contrario, siempre me puso triste. Me ponía triste de adulto al ver lo que me cobraban por la entrada y por las sucesivas chorradas con que intentaban engatusar a mi hijo; pero me ponía aún más triste de niño, en el fondo me generaba una intensa amargura ver a todos esos artistas que a cambio de hacer cosas imposibles para el común de los mortales sólo conseguían ir de pueblo en pueblo viviendo en un carromato, no digamos ya ver a esos payasos de entre los que siempre había uno que parecía el listo y otro que parecía el tonto pero que al final resultaba que el tonto era más listo que el listo y el listo era más tonto que el tonto (no sé si me explico). No acabo de tener yo muy claro quiénes son los listos en este circo baloncestero nuestro pero sí empiezo a tener meridianamente claro quiénes somos los tontos. Y saberlo no me hace reír, no me alegra el corazón, más bien me genera una inmensa tristeza. Para variar.

Publicado enero 20, 2013 por zaid en ACB, medios

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cosas alucinantes   2 comments

El afamado narrador plusero David Carnicero acostumbra a despedir sus partidos de la NBA diciendo a los espectadores que por nada del mundo se pierdan el del día siguiente, que seguro que van a pasar cosas… ¡¡¡ALUCINANTES!!! (en realidad no es más que una mera adaptación al castellano del eslogan promocional de dicha Liga, where amazing happens). ¿Cosas alucinantes, dice usted? ¿Mates estratosféricos, tapones escalofriantes, asistencias imposibles, triples del copón? Buah, qué vulgaridad, por favor, si eso es lo de siempre, el pan de cada día, déjese usted de tonterías y no se moleste en mirar tan lejos que las cosas verdaderamente alucinantes están aquí mismo, a la vuelta de la esquina, quién podría necesitar la NBA si para alucinar en colores nos basta y nos sobra con nuestra incomparable Liga ACB.

Nuestra preclara Liga ACB, supongo o quiero suponer que de común acuerdo con TVE (o acaso fuera TVE, supongo o quiero suponer que de común acuerdo con la ACB) decidió hace unos días pasar el partido estrella de cada jornada de la tarde a la mañana, de las 19:00 a las 12:30, al parecer con la intención de mejorar así sus magras audiencias. Claro está, ya resultaba suficientemente alucinante en sí misma esta pretensión de solapar este baloncesto con todos los demás baloncestos (parece difícil mejorar audiencias cuando estás fragmentando aún más al público potencial de dichas audiencias), razón por la cual algunos con nuestra natural ingenuidad creímos que ya lo habíamos visto todo. ¿Todo? Qué pardillos somos, si en realidad no habíamos visto nada, si lo verdaderamente alucinante no había hecho sino comenzar.

Siguiente jornada: como a las 12:30 la ACB de TVE se nos solapa demasiado con la ACB autonómica (ello donde aún exista dicha ACB autonómica, que esa es otra) pues ya está, retrasemos el horario del partido de TVE1 y asunto resuelto. Y entonces nosotros los sufridos espectadores (que a estas alturas ya nos conformamos con poco) nos dijimos a nosotros mismos pues bueno, pues vale, pues algo es algo, pues mira tú qué bien, ahora lo pasarán a las 13:00, así ya sólo se nos solapará en un trozo, la segunda mitad de los unos con la primera del otro, algo así… ¿Algo así? Y una leche. En realidad todo lo que hicieron fue retrasar el inicio del partido la friolera de diez minutos, por todo lo alto, de las 12:30 a las 12:40 nada menos, para este viaje no hacían falta alforjas. ¿Y por qué si puede saberse, para qué tanta prisa si el Telediario no empieza hasta las 15:00? Pues porque una vez más pecamos de ingenuos, porque antes del Telediario hay otro telediario que no es un telediario pero les importa casi tanto (en términos de audiencia) como el Telediario mismo, un programa llamado Corazón de Otoño o Corazón de Entretiempo o Corazón Corazón (será que ese día dan ración doble) o no sé si ahora ya Corazón a secas, ni lo sé ni me importa, los temas coronarios sólo me interesan si afectan a mi salud o a la de mis allegados, las vidas de las Infantas, la Duquesa de Alba o la Señora Preysler me traen al pairo. Pero ese Corazón de lo que sea tiene que empezar a las 14:25 así llueva o truene, así haya baloncesto o se hunda el mundo, ergo la ACB no podrá empezar en ningún caso más allá de las 12:40 si queremos que quepa, y aún así ya veremos si cabe…

Pues claro que cabe. Caiga quien caiga, cueste lo que cueste, pero cabe. O la encajamos a presión o la metemos con calzador pero caber cabe, vaya que si cabe. Sólo hace falta tomar las medidas oportunas: para qué demonios necesitan estas criaturas un descanso de un cuarto de hora como en el fútbol, tan cansados no estarán cuando aquí el entrenador les está cambiando a cada rato, venga ya, con diez minutos tienen más que suficiente y que no se me anden quejando no vaya a ser que me caliente y se lo deje en cinco (todo se andará). Ya es un hecho, a partir de ahora los descansos de los partidos de TVE1 durarán sólo diez minutos, los demás seguirán durando un cuarto de hora que se ve que si no hay cámaras (o si éstas no son de TVE) las criaturas se cansan más ¿Quería usted cosas alucinantes? Pues aquí las tiene…

Claro está, me dirá usted que hubo un tiempo en el que los descansos baloncesteros duraban mucho menos que ahora y nadie se quejaba, cierto es como no es menos cierto que hubo un tiempo en el que se jugaba en pistas descubiertas con suelos de cemento y canastas de madera, ya que nos ponemos podemos recuperar esas tradiciones también. Hubo un tiempo y un espacio en el que los jugadores ni siquiera iban al vestuario (acaso porque ni siquiera hubiera vestuario) y se quedaban peloteando sobre la cancha (o lo que aquello fuera) mientras recibían, también sobre la marcha, las oportunas instrucciones o reprimendas de su entrenador. ¿Recuerdos de un pasado que ya nunca más ha de volver? No estén tan seguros, la vida cotidiana ya nos ha demostrado con creces en estos días que en determinados aspectos podemos estar retrocediendo cincuenta años sin apenas darnos cuenta, no se me descuiden no vaya a ser que al baloncesto le pase también.

Y claro está, todo esto sin luz y sin taquígrafos, sin aviso previo de ninguna clase, los aficionados malagueños volviendo a toda prisa a su localidad sin tiempo apenas para pagar el refresco ni para sacudirse la última gota siquiera, Repesa y Pascual sentando a sus criaturas, empezando a hablar, mirad tíos, lo que no puede ser es que, y en esto que les suena ya el timbre para volver de nuevo a escena… Cómo vamos a pensar que lo supieran los equipos si por no saberlo ni siquiera lo sabían en la propia TVE (y ello siendo como era una decisión de TVE), si los primeros que no tenían ni la menor idea del asunto eran aquellos trabajadores del Ente Público a quienes correspondía la responsabilidad de sacar adelante el partido. ¿Querían cosas (aún más) alucinantes? El descanso entero repleto de contenidos para llenar un cuarto de hora, que si el trívial, que si el vídeo, que si el otro vídeo, que si tal y que si cual y en éstas que el partido se reanuda de repente, que a Arseni y compañía les pilla (es un decir) en bragas, que África por una vez se entera de lo que pasa y se lo dice a Arseni, que Arseni (parece que) se resigna, que Manel le tira de la lengua, que Arseni le responde ¡Manel, no me tires de la lengua, no me tires de la lenguaaa…! En resumidas cuentas, un despiporre, un descalzaperros (sentido homenaje a otro insigne narrador plusero, Guillermo Giménez), la casa de tócame Roque. Un sindiós.

¿Y total para qué, si al final el propio Arseni hubo de despedir perdiendo el culo sin siquiera un mínimo postpartido, sin tiempo para entrevistas ni para vídeos ni para abrir los sobrecitos ni para decir adiós, sin tiempo casi ni para escuchar la bocina final siquiera? Visto lo visto no descarten que llegue un día en que el partido esté resuelto y lo despidan a falta de dos minutos para el final, no vaya a ser que por culpa del baloncesto tengan que recortarle algún segundo al vídeo de Felipe Juan Froilán de Todos los Santos. O no descarten otras medidas de choque, visto que la reducción del descanso en un tercio no parece suficiente: qué sé yo, que se reduzcan los descansos entre cuartos, que los tiempos muertos duren cuarenta segundos (si la publicidad dura más no hay problema, ya nos comeremos el juego), que se supriman los tiros libres y todas las faltas se saquen de banda que es más rápido, que los partidos pasen a durar 36 minutos divididos en cuatro cuartos de 9 minutos cada uno, que si aún así el partido se alarga se le resten minutos del último cuarto para que acabe necesariamente a su hora (sí, a la manera de la Fórmula Uno). Y de prórroga ni hablemos, lanzamientos desde la línea de tiros libres a razón de cinco por equipo o bien (si ello no resultara suficiente) recuperar para los partidos televisados la ancestral figura del empate, elemento imprescindible en todos aquellos deportes que son como dios manda y se juegan con los pies. Lo que haga falta.

Hubo un tiempo en que repetíamos como papagayos aquello de que la ACB era la segunda mejor liga del mundo después de la NBA, hoy ya nos cuesta más decirlo no vaya a ser que se nos rían pero aún así habremos de reconocer que hay algo en lo que nuestra liga doméstica no tiene parangón, vamos que ni la NBA siquiera, de hecho ya me imagino a Stern en el mullido sillón de su despacho neoyorquino mirando verde de envidia a la ACB: no habrá competición alguna sobre la faz de la tierra capaz de generar tanto caos, no habrá competición alguna en la que aquello que sucede sobre la cancha parezca ser lo de menos porque ahora ya sólo hablamos de lo que sucede a su alrededor. Chinche y rabie el señor Stern que necesita a sus estrellas para vender muy bien su liga, nosotros no, nosotros a este paso acabaremos inventando la liga de baloncesto sin baloncesto, ya que no vendemos juego vendamos líos, establezcamos un nuevo eslogan, que hablen de nosotros aunque sea mal (o aún mejor, que hablen de nosotros aunque sea bien). Hágame caso, se lo repito una vez más, deje ya de una vez por todas de buscar cosas alucinantes al otro lado del charco porque las cosas verdaderamente alucinantes las tiene usted aquí mismo a la vuelta de cualquier esquina. Rechace imitaciones.

Publicado diciembre 28, 2012 por zaid en ACB, medios

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