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17 ALICIENTES   Leave a comment

guiaba2017Si aman (un poquito siquiera) el baloncesto universitario, ya están tardando en descargarse (gratis total) la imprescindible Guía NCAA 2016/2017 de BasketAmericano. No es porque yo lo diga sino porque es la pura verdad, por mucho que busquen difícilmente encontrarán en el mercado otra publicación más completa, no ya en castellano sino en casi cualquier otra lengua. Trescientas y pico páginas, análisis de todos los equipos de todas las conferencias grandes y medianas, perfiles pormenorizados de todos esos freshmen que pueblan ya las quinielas pre draft… Y todo ello gracias a la colaboración desinteresada de un buen puñado de locos, veintitantos sujetos enamorados hasta las trancas (y las barrancas) de este juego maravilloso. Me temo que yo soy uno de ellos, y una vez más me ha sido concedido el honor de inaugurar dicha Guía con el típico artículo de presentación de la temporada. Justo este mismo que les pongo a continuación (si encuentran alguna obsolescencia no me la tengan en cuenta, tengan presente que ha pasado ya más de un mes desde que lo escribí) para que vayan abriendo boca. A ver si así terminan de convencerse de una vez por todas…

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Hablar de alicientes para presentar una temporada cualquiera de baloncesto universitario (como si los necesitara) me parece casi una herejía. No existe mayor aliciente que la competición en sí misma, ese impecable planteamiento-nudo-desenlace que empieza en el Tip-Off Marathon y acaba en la Final Four tras un mágico crescendo de apenas cinco meses. ¿Alicientes? Venga ya. Coja un bol, llénelo de palomitas (o de lo que le apetezca en su defecto), desmorónese en su sofá y limítese a mirar, y a disfrutar (bien acompañado por esta Guía, a ser posible). No necesitará absolutamente nada más.

Pero como soy especialista en proclamar una cosa y hacer exactamente la contraria, este año he decidido saltarme mi propia norma y elaborar una relación de detalles que ayuden a vender lo que en modo alguno necesita ser vendido; que nos hagan mirar a esta NCAA como algo aún más interesante de lo que ya es. Cada uno tendrá los suyos pero allá van los míos, los primeros diecisiete alicientes (pensé en hacer quince pero se me fue la mano, pensé luego en hacer veinte pero no me dieron las fuerzas) que se me han venido a la cabeza. Espero que no me lo tengan en cuenta.

1. La sobredosis de Duke. No, por mucho que rebusquen no encontrarán muchos rankings de pretemporada (puede que ninguno, de hecho) que no sitúen a los Blue Devils en el primer puesto del escalafón. Krzyzewski está ante la cuadratura del círculo: conserva piezas fundamentales del pasado año (sobre todo el travieso Grayson Allen y el resucitado Amile Jefferson, pero también Matt Jones, el tirador Kennard y hasta el fantasmagórico Jeter) y puede presumir al mismo tiempo de otra inmejorable promoción de futuro (y van…) gracias al aterrizaje del presunto base Frank Jackson, el versátil Jason Tatum, el imponente Marques Bolden y el más que probable número 1 del draft (eso sí, cuando las lesiones le respeten, lo que a día de hoy parece mucho pedir) Harry Giles. ¿Recuerdan cuando el Coach K debía hacer de la necesidad virtud, utilizando como cuatros (o como cincos, a veces) de mentira a tipos como Jabari o Ingram? Tiempos pasados que no habrán de volver (salvo catástrofe), ya que este año el abanico de posibilidades que se le presentan por dentro nada tiene que envidiar al que podrá presentar por fuera. Rotación interminable, posibilidades inmensas, versatilidad absoluta. Nadie tiene más ni mejor que Duke, lo cual no quiere decir que no podamos encontrar alguna sombra: acaso la dirección (no parece haber más base que Frank Jackson, que tampoco acabo de estar muy seguro de que lo sea) o acaso el exceso de favoritismo, presión que en criaturas tan tiernas puede volverse en su contra. Nada que el ya casi inmortal Krzyzewski no pueda manejar.

2. Gabinete Calipari, 8ª edición. Que Krzyzewski haya superado a Calipari en el ¿noble? arte del one and done no significa que éste no siga siendo el maestro de maestros en dicha faceta. Un año más se ha visto en la tesitura de rearmarse con fornidas criaturas que en apenas unos meses dirán adiós muy buenas y le dejarán un año más en la tesitura de rearmarse con fornidas criaturas que… (y así sucesivamente): por fuera llegan De’Aaron Fox y Malik Monk (productos físicos y/o explosivos para la dirección, muy al gusto de aquella casa) para acompañar a un Isaiah Briscoe que reivindicará su cuota de protagonismo tras verse oscurecido en su año freshman por la dupla Ulis-Murray; y por dentro el habitual chorro de centímetros, no serán más altos que casi cualquier franquicia NBA como sucedió hace un par de años, pero tampoco le andarán muy a la zaga: Wenyen Gabriel, Sacha Killeya-Jones y esa fuerza de la naturaleza (hasta en el nombre) que llaman Bam Adebayo, todos los cuales habrán de asociarse con el veterano (alguno habría de quedar) Derek Willis. Es decir, nada nuevo bajo el sol. Un año más los Wildcats se hincharán a ganar partidos, un año más se llevarán la SEC y se meterán en el Madness sin despeinarse pero una vez allí ya será otra historia, esa que sólo suele estar al alcance de los elegidos. ¿Final Four? Tal vez, es muy posible (no sé si también probable). ¿Título? Ni de coña, en mi opinión. Luego cuando lo ganen acuérdense de venir a cerrarme la boca.

3. ¿Villanova, again? ¿Y por qué no? Ya lo sé, no es nada habitual que un equipo repita título, no hay más que recordar que en estos últimos 43 años sólo ha ocurrido dos veces, mérito exclusivo de las extraordinarias promociones de Duke (1991-1992) y de Florida (2006-2007). Por no ser ni siquiera es fácil que un equipo repita Final Four, pero estos Wildcats tienen los ingredientes suficientes para lograrlo entre otras cosas porque no han padecido la tradicional desbandada de otros equipos campeones. Sólo se fueron quienes se tenían que ir, Arcidiacono y Ochefu.hart-jenkins-300x250 Palabras mayores, sí, pero tampoco son mancos quienes se quedan: el hombre-milagro Kris Jenkins, ese Josh Hart que aspira a ser uno de los jugadores del año, ese Jalen Brunson ya con toda la responsabilidad en la dirección, esos Bridges, Booth o Reynolds que son magníficos complementos. Y añádase al transfer Paschall (desde Fordham), y ahora es cuando tocaría añadir también al freshman Omari Spellman si no fuera porque su inelegibilidad académica nos va a privar de verle por este año, lo que quizás ha rebajado un puntito las ilusiones en Philadelphia. Con todo y con eso no habrá más favoritos que ellos para la Big East, y una vez en el Madness yo tampoco apostaría en su contra. Ya no. Se lo digo por experiencia.

4. La hora de Oregon. ¿Y si yo ahora me tirara a la piscina y les dijera que Oregon es mi principal favorito para alzarse con el título? Pues que me lincharían, probablemente. Apuesta arriesgada, lo reconozco, ésta de situar a los Ducks por encima de las cuadrillas de Krzyzewski o Calipari, incluso de la Villanova de Jay Wright. Pero qué quieren que les diga, saben que no soy de comida rápida sino de cocción a fuego lento, y el guiso éste que están cocinando en Eugene huele que alimenta: echarán de menos sin duda a Elgin Cook y al efervescente Bnejamin, pero a cambio el griego Tyler Dorsey ya será sophomore, Jordan Bell y/o Chris Boucher seguirán sembrando el pánico en la zona, Casey Benson aportará sobriedad en la dirección y el ex villavovense Dylan Ennis (de los Ennis de toda la vida) podrá jugar por fin su año de done and one, una vez superados sus achaques. Y para el final me he dejado a la guinda del pastel, Dillon Brooks, un tipo que me encanta y que es mi principal favorito a jugador del año (otra apuesta arriesgada, ya lo sé), si bien su misteriosa lesión de este verano hará que se incorpore más tarde y puede complicar un poquito mis optimistas pronósticos. Y por supuesto, todo ello amasado por la mano maestra de Dana Altman, acaso uno de los coaches más infravalorados de la nación. El año pasado ganaron por partida doble la Pac12 y se quedaron a un solo paso de la Final Four, superar un balance así no ha de ser tarea fácil pero tampoco hay razones para pensar que no pueda ser posible. Veremos si no es incluso probable.

5. El reto de Izzo. ¿Quién ejercerá de líder en estos Spartans? En temporadas precedentes Michigan State era el equipo de Izzo (obvio) pero era también el equipo de Draymond Green, el equipo de Adreian Payne, el equipo de Denzel Valentine… Este año en cambio resulta muy difícil encontrar un caso similar,freshmen-michst resulta muy difícil encontrar ese mismo predicamento en tipos como Eron Harris (sénior, sí… pero que apenas lleva un año en East Lansing tras aterrizar desde West Virginia) o Tum Tum Nairn. Claro que las penas con pan son menos, y a cambio Izzo tendrá a su disposición una de las mejores camadas de freshmen que ha tenido nunca, una de las mejores que cualquiera pueda presentar este año: Cassius Winston, Josh Langford, Miles Bridges, nombres que hemos conocido hace apenas cuatro días pero que en apenas cuatro más nos resultarán ya como de la familia. Será apasionante ver a Izzo modelando a toda esta panda de imberbes (es un decir) yogurines, le costará más o menos tiempo pero que nadie dude que acabará consiguiéndolo. Por eso, cuando saquemos conclusiones precipitadas en noviembre, habremos de recordar que en NCAA los exámenes finales siempre son en marzo. Tanto más en Michigan State.

6. Gard, Happ. Bo Ryan dijo hasta aquí he llegado y Greg Gard se comió el marrón, pero se lo comió tan bien y con tanta clase que el mundo baloncestístico entero fue un clamor para que se le quitara de una vez por todas el cartel de interino y se le reconocieran sus méritos con un contrato largo y sustancioso, a ser posible. Dicho y hecho, y hoy por fin nos encontramos ante su primera temporada completa en Wisconsin, en la que sus Badgers volverán a girar alrededor de Bronson Koenig y de un Nigel Hayes que parece haberse estancado un tanto en su progresión (o acaso nuestras expectativas fueran demasiado altas, no sé). Y sin embargo me van a permitir que yo me centre sobre todo en un jugador que me epató en su año freshman y que a poco que progrese adecuadamente puede convertirse en una especie de Kaminski 2.0. Se llama Ethan Happ y es una verdadera delicia, otro de esos interiores que no deslumbran por su físico (en absoluto) pero enamoran por sus fundamentos. Sus progresos, unidos a los de Gard en el banquillo, pueden llevar a estos Badgers mucho más arriba de lo que parece.

7. Shaka, segundo acto. No nos engañemos (tampoco podríamos), Kansas volverá a ser favorito único e indiscutible al trono de la Big12, y ya veremos si a más cosas todavía. Pero más allá de ese pequeño detalle sin importancia no serán pocos los alicientes que nos ofrezca una vez más la conferencia del Medio Oeste, y a mí particularmente uno de los que más me apetece es asistir a la evolución de los Longhorns en la segunda temporada de Shaka Smart. Hace un año se encontró un equipo heredado que poco a poco fue modelando (no sin dificultades) a su imagen y semejanza; ahora en cambio el proyecto ya es mucho más suyo, ya se asemeja mucho más a su filosofía: ya no estarán Ridley ni Lammert ni Taylor ni siquiera Javan Felix, ya será sobre todo el equipo de los sophomores Kerwin Roach, Tevin Mack y Eric Davis, tres sobresalientes piezas con las que mirar al presente y al futuro inmediato con una buena dosis de optimismo. Pero será además Texas el equipo de Kendal Yancy y Shaq Cleare, será el equipo de los apetecibles novatos Andrew Jones y Jarrett Allen (interior muy al gusto de Smart, reclutado sobre la bocina tras múltiples avatares), será el equipo de la versatilidad, la velocidad, la intensidad y (ya sí, también) el HAVOC. Será, por encima de cualquier otra consideración, el equipo de Shaka. Nada más y nada menos que eso.

8. Underwood en Stillwater. En estos pasados años el Gallagher-Iba Arena fue cualquier cosa menos un remanso, y no precisamente (o no sólo) por las inolvidables travesuras de Marcus Smart. Con Travis Ford fueron a menos año tras año hasta acabar casi lindando por la insignificancia, razón por la cual los rectores de Oklahoma State decidieron finalmente prescindir de él (veremos si se maneja ahora mejor en Saint Louis) y tuvieron además el exquisito buen gusto de fichar en su sustitución a Brad Underwood. Recuerden, ya ex técnico de Stephen F. Austin y autor intelectual de dos de las más refrescantes sorpresas de estos últimos Madness, la de 2014 cuando sus Lumberjacks se cargaron a VCU y la de este 2016 cuando hicieron lo propio con la West Virginia de su amigo y ex mentor Bob Huggins, Walkup mediante. Pocas contrataciones de entrenadores (acaso ninguna) más ilusionantes habremos tenido en este 2016. Con él los Cowboys volverán a ser más pronto que tarde un equipo ganador, con él los Cowboys volverán a ser (aún más pronto si cabe) un equipo divertido. Su advenimiento, sumado a los ya pretéritos de Shaka y Prohm (continuador de la herencia de Hoiberg) y a la feliz permanencia (por muchos años) de Huggins, le viene de perlas a una Big12 que no siempre fue la alegría de la huerta pero que ahora al menos tendrá ya unas cuantas ventanas abiertas para que pase el aire fresco. Eso sí, si usted es de los que prefieren aburrirse tampoco se me preocupe demasiado: siempre le quedará Baylor.

9. Damocles en UCLA. La espada (la de Damocles, obviamente) pende sobre el cuello de Steve Alford, de quién si no. Al susodicho le pitaron sobremanera los oídos durante la pasada primavera, víctima de una campaña que no reparó en gastos (hasta avionetas sobrevolando el campus) pidiendo indisimuladamente su cabeza.steve-alford Sobrevivió, hizo acto de contrición, examen de conciencia y propósito de enmienda y todo lo que usted quiera, pero muy pocos técnicos va a haber este año en todo el baloncesto universitario a los que se les mueva más el suelo bajo sus pies. Y tanto más tras lo que han puesto en sus manos, una interesantísima camada de freshmen encabezada por el tremendo Lonzo Ball, acaso el mejor base puro de toda esta promoción. Será interesante ver cómo lo mezcla Alford con su hijo Bryce, que presumiblemente habrá de readaptarse ahora al rol de escolta tirador justo cuando parecía haber aprendido por fin (a la fuerza ahorcan) el rol de director de juego. Sumen al lío a Aaron Holiday (de los Holiday de toda la vida), no se olviden de Isaac Hamilton, añadan también a Prince Ali y el resultado de todo ello es que el perímetro de estos Bruins tendrá más y mejores ingredientes que (casi) nunca. Y por dentro echarán de menos a Tony Parker y sobre todo al huido Jonah Bolden pero se apañarán con Welsh, el freshman Leaf y alguna ayudita puntual de Olesinski y del húngaro Goloman. Así las cosas, pueden estar seguros de que todo lo que no sea pelear (al menos) los títulos de la Pac12 y asomarse en serio al Madness será considerado un rotundo fracaso y hará que rueden cabezas. No hará falta que les diga cuál.

10. Foster en Creighton. Más allá del evidente favoritismo de Villanova, más allá incluso del no menos evidente vicefavoritismo de Xavier (un tanto de bajón tras la suspensión de Myles Davis) aún nos habrán de quedar muchísimas cosas destacables en una Big East cada vez más apasionante (a la par que difícil de seguir). Y podría poner el ojo en muchos sitios pero voy a ponerlo en Creighton, o más concretamente voy a ponerlo en Marcus Foster, aquel jugador que nos maravilló en su año freshman en Kansas State y que en su año sophomore se nos fue diluyendo paulatinamente hasta acabar desapareciendo (incluso de manera literal, tras apartarlo Bruce Weber del equipo). Una buena pieza debe ser el amigo Marcus, que ha tardado un año (redshirt mediante) en hacer este viaje de Manhattan (Kansas) a Omaha (Nebraska); habrá que ver si esa temporadita en el rincón de pensar le ha hecho recapacitar, habrá que ver también si encuentra por fin en McDermott lo que no encontró en Weber (que debería). Si así fuera, si reapareciera siquiera mínimamente aquel maravilloso Marcus Foster que un día conocimos, ojo con Creighton. Ojo con estos (ya de por sí fascinantes) Bluejays, mucho ojo con ese tándem que puede formar con Maurice Watson Jr. A ver cuántas universidades de postín, no ya en la Big East sino en la nación entera, pueden presentar una pareja exterior así.

11. Sin Baker ni Van Vleet. Y unos que vienen y otros que se van, hablando de parejas exteriores. Ron Baker y Fred Van Vleet son ya historia (y qué historia) en Wichita, lo que en condiciones normales nos haría temer un estrepitoso bajón en los maravillosos Shockers que hemos conocido y disfrutado durante estos últimos cuatro años. Pues tal vez, algo de bajón habrá, es ley de vida… pero tampoco se me preocupen en exceso: porque llegará la hora de ese fascinante chico para todo llamado Markis McDuffie que ya nos fascinó en su año freshman, porque Rashard Kelly y Shaq Morris impondrán su ley por dentro, porque seguirán defendiendo como perros con Zach Brown a la cabeza, porque el ex Jayhawk Conner Frankamp (ahora ya sin apenas competencia) se tirará y meterá todo lo habido y por haber. La única duda es quién dirigirá todo esto (desde el parquet, me refiero) pero tampoco habrá de preocuparnos porque la verdadera dirección vendrá una vez más desde el banquillo: muchos apostaron a que se iría en cuanto se fueran Baker & Van Vleet (de hecho muchos apostaron por lo mismo incluso en temporadas precedentes, cuando aún estaban ambos) pero lo cierto es que Gregg Marshall ahí sigue, reivindicándose como uno de los grandes, mejorando año tras año su currículum. Ya fue exitoso antes de que llegaran, no hay razón alguna para pensar que no vaya a seguir siéndolo después.

12. Drew en Nashville. El hijo de Homer (a la par que hermano de Scott) sigue creciendo (profesionalmente hablando). Aquel a quien un día conocimos matando sobre la bocina a Ole Miss y protagonizando de paso una de las más emotivas sorpresas que se recuerdan en el Madness, aquel que luego hizo sus pinitos en NBA e incluso ACB (Valencia), aquel a quien Montes rebautizó un día como el Señorito Drew (quizá uno de sus motes menos afortunados) hace ya tiempo que se nos ha hecho mayor.drew-vandy Cinco años ha estado sentando cátedra en su alma máter Valparaiso, tiempo más que suficiente para que sus cualidades hayan llamado la atención de las ligas mayores, concretamente de la SEC y aún más concretamente de Vanderbilt. Cambia el banquillo de los Crusaders por el (ladeado) de los Commodores, cambia Indiana por la capital del country, cambia el nivel de exigencia, cambia un equipo hecho a su imagen y semejanza por otro (podríamos decir) heredado si bien la herencia que le deja Stallings tampoco es que esté tan mal: Wade Baldwin y Damian Jones son ya historia pero a cambio siguen Riley LaChance, Camron Justice, Fisher-Davis y Luke Kornet, material más que decente para empezar a construir algo interesante en Valderbilt. Y mientras tanto al otro lado del país, en Valparaiso, por primera vez en casi treinta años van a tener un entrenador-jefe no apellidado Drew. Les va a costar acostumbrarse.

13. ¿Quo Vadis, Yellow Jackets? Pocas universidades otrora históricas habrán dado más palos de ciego que Georgia Tech durante estos últimos tiempos. Y no acabo de tener yo claro que el coach Gregory fuese siquiera su principal problema (de hecho en esta última temporada hasta pareció revertir ligeramente la tendencia), pero como en tantas otras ocasiones en similares circunstancias han optado por cargárselo, decisión irreprochable si no fuera por el sujeto al que han fichado en su sustitución. Saben que soy mucho más de filias que de fobias, pero hace tiempo que tengo a Josh Pastner (entre ceja y ceja) en esta última categoría. Eso sí, no dudo de sus habilidades como reclutador ya que a menudo consiguió llevarse al huerto a magníficos proyectos para luego desperdiciarlos (y desquiciarlos), sí dudo en cambio de sus (presuntas) habilidades como técnico y no sólo por sus resultados (o su carencia de ellos), también (y sobre todo) por esa actitud histeroide e infantiloide capaz de desesperar al espectador (y al jugador) más avezado. Probablemente en Georgia Tech se vayan a divertir, ahora mucho más que antes; la duda es que sea gracias al baloncesto.

14. Tubby en Memphis. Figúrense si en Memphis lo tendrán claro que para sustituir a Pastner han fichado exactamente todo lo contrario. Tubby Smith no siempre recibió el reconocimiento que merece, no ya por los demás sino por mí mismo en ocasiones. Hace casi veinte años llegó y besó el santo en Kentucky pero a partir de ahí no hizo otra cosa que ir a menos, razón por la cual se nos fue cayendo paulatinamente del cartel. Pero en Minnesota hizo un magnífico trabajo (injustamente retribuido con el despido, en mi opinión) y en Texas Tech más de lo mismo, volviendo a poner a los Red Raiders en el mapa. Así las cosas los Tigers han decidido olvidarse de histrionismos y decantarse por un veterano técnico con la cabeza bien amueblada sobre los hombros, lo que no es poca cosa viniendo de donde vienen. La fuga de Austin Nichols ya hace tiempo que no tiene remedio (palmas con las orejas dan en Virginia), pero alrededor de los hermanos Lawson aún puede haber material como para construir un proyecto bonito. O al menos para que se les quite el mal sabor de boca anterior.

15. Zags vs Gaels en la WCC. O sea, lo de siempre, sólo que aún más y mejor si cabe. Gonzaga huele a nuevo gracias a sus tres flamantes transfers, Nigel Williams-Goss (joyita desde Washington), Jordan Matthews (desde Cal) y Jonathan Williams (desde los escombros de lo que un día fue Mizzou);karnowskidone añádase al (un tanto errático) base Perkins y a la mole polaca (esperemos que por fin sana) Przemek Karnowski y el resultado de todo ello será que ni tiempo tendrán de echar de menos a Wiltjer y Sabonis. Y enfrente St. Mary’s será todo lo contrario, pura continuidad de ese equipo de Naar y Rahon al que sólo las veleidades del Comité de Selección dejaron fuera del Madness el pasado marzo. De tercero en discordia ejercerá como de costumbre BYU (no se pierdan al pívot Eric Mika, por fin de regreso tras sus años de misión por esos mundos de dios). Y para todos los demás quedarán básicamente las migajas, si bien no estará de más prestar atención a dos legendarios bases NBA felizmente reconvertidos al traje y corbata: Terry Porter, en Portland (dónde mejor); y nada menos que Damon Stoudamire, que así para empezar se comerá un buen marrón en la desnortada y castigada Pacific.

16. A10, esa gran desconocida. No son pocas las conferencias que merecerían un párrafo (o varios) para ellas solas, pero dado que tampoco doy para más me van a permitir que dedique al menos unas líneas a la Atlantic 10: a esos Flyers de Dayton (y de Archie Miller) que además de Cooke y Scoochie Smith acogerán ahora también en su seno al enésimo Antetokounmpo (Kostas); a esos Rams de Rhode Island (y de Dan Hurley) que recuperarán por fin para la causa a E.C. Matthews, maravillosa noticia donde las haya; a esos otros Rams de VCU (y de Will Wade) que seguirán jugando al HAVOC como si aún siguiera Shaka; a esos Wildcats de Davidson (y de McKillop) en los que nos volverá a maravillar Jack Gibbs, rodeado ahora además por una apetitosa legión extranjera; a esos Colonials de George Washington que ya no serán de Mike Lonergan, veremos cómo superan su traumático despido; y a Saint Bonaventure, Saint Joseph’s, Saint Louis, UMass, Richmond… A un buen puñado de universidades que deberían recibir mucha más atención por nuestra parte (por la mía, al menos), no digamos ya por parte de un Comité de Selección que en llegando a marzo suele tener cierta tendencia a invitar al Madness no tanto a los que verdaderamente lo merecen como a los que quedan bien. Pero esa es otra historia.

y 17. El resto del carrusel. Del coaching carousel, me refiero. Más allá de los nombres que ya les he ido salpicando aquí y allá en párrafos precedentes, hay otros muchos cambios que no conviene dejar de mencionar: por ejemplo Jamie Dixon, que abandonó su plácido fortín de Pittsburgh para irse a buscar nuevas aventuras en TCU; o Kevin Stallings, que llenará ese hueco en Pitt dejando a su vez otro en Valderbilt para que lo llene Drew; o Rick Stansbury, técnico de aquella Mississippi State de Dee Bost, Arnett Moultrie y Renardo Sidney, asistente después y ahora ya entrenador-jefe de una muy venida a menos Western Kentucky en la que ha irrumpido cual elefante en cacharrería, llevándose ya al huerto a alguno de los mejores productos para 2017; o incluso Johnny Dawkins, que tras su muerte anunciada en Stanford intentará relanzar su carrera en la olvidada UCF; o Beard, Haase, Menzies o Pikiell, cuatro coaches de bien ganado prestigio en mid-majors que ahora habrán de asumir nuevos (y no menores, en absoluto) retos en Texas Tech, Stanford, UNLV (el hotel de los líos, como si dijéramos) y Rutgers respectivamente; o… Tantos como ustedes quieran. Para dar y tomar. La lista sería interminable, más o menos como todos los años. Pero no teman, con esto por ahora tienen más que suficiente.

Y es que podría continuar hasta el infinito (y más allá), podría encontrar un aliciente (o varios) en cada conferencia, en cada equipo, en cada partido. Pero hay ciertas cosas de las que tampoco conviene abusar, por esta vez ya les he torturado bastante, mejor será dejarlo en manos de compañeros que saben mucho más (y mejor) que yo y que en las páginas venideras les ilustrarán sobradamente acerca de todo lo que necesitan saber (y hasta de lo que jamás imaginaron que necesitarían). Con ellos les dejo, pónganse cómodos. Disfrútenlo.

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UN AÑO EN 29 NOMBRES   1 comment

guiaBAmmDe nuevo las buenas gentes de BasketAmericano me pidieron un articulillo que resumiera la temporada regular NCAA para su impagable e imprescindible Guía del Madness, la mejor herramienta en castellano (no precisamente por mi aportación, sino por todas las demás) que puedan encontrar para seguir todo lo bueno que suceda en estos días. En realidad más que articulillo me salió un testamento (sí, se me fue de las manos), pero aún así lo compartiré aquí con ustedes abusando una vez más de su paciencia. Eso sí, permítanme que antes les haga una salvedad: este tocho se terminó de escribir el miércoles 9 de marzo, por lo que tal vez encontrarán en él inexactitudes y obsolescencias varias, alusiones a la burbuja o a las posibilidades de Final Four que se han quedado ya un tanto desactualizadas por el inexorable paso del tiempo (vamos, que a estas alturas está ya más antiguo que yo, incluso). Perdonen las disculpas, y gracias de antemano por su comprensión.

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29 nombres, 29 apellidos en riguroso orden alfabético. No estarán todos los que son, es imposible, pero sí son (dignos de destacar) todos los que están. Probablemente usted habría hecho otra lista, quitaría algunos, añadiría otros, se molestaría en llegar a treinta, no digo yo que no. Pero es que esta es la mía, qué le vamos a hacer. Esta es mi particular manera de reconocer a los principales actores de otra temporada inolvidable:

Jim BOEHEIM: Se me notarán los colores (naranjas) pero aún así no me voy a cortar a la hora de destacar la cuadragésima (¿se dice así?) temporada de este señor en Syracuse. Las perspectivas no podían ser más sombrías: becas recortadas, sanciones variadas, bajas inesperadas, moral por los suelos. Fueron a las Bahamas como las ovejas al matadero, pero ya que estaban allí decidieron que no iban a limitarse a disfrutar de sus playas sino que aprovecharían también para jugar al baloncesto. Y cómo. Victorias sobre Charlotte, Connecticut y Texas A&M, Battle 4 Atlantis al zurrón, expectativas disparadas, de repente ya no parecía que habláramos de un equipo destinado al fracaso sino de un favorito al título. Ni tanto ni tan calLe Moyne Syracuse Basketballvo, que decía mi abuela. Al sueño de Bahamas le sucedió la tozuda realidad del continente con un buen chorro de derrotas, coincidentes varias de ellas con los nueve partidos de suspensión del coach (nada que reprochar al bueno de Mike Hopkins, simplemente resulta imposible que una ruptura de tal calibre a esas alturas de temporada no afecte a cualquier equipo en gran medida, tanto más a uno tan tierno como éste). Empezó el calendario de conferencia, volvió Boeheim, volvió por fin la normalidad que es tanto como decir la irregularidad: lo previsto en un equipo que (una vez perdido para la causa Kaleb Joseph) movió apenas una rotación de siete jugadores (más bien seis y medio, que Franklin Howard apenas juega), todos ellos más o menos exteriores excepto un DaJuan Coleman que confirmó ser por fin de carne y hueso (mucha carne, menos hueso), hubo un tiempo en que llegamos incluso a dudar de su existencia. Tres freshmen que ojalá nos duren (Lydon, Malachi, por favor, al menos otro añito más), Tyler Roberson cogiendo rebotes por encima de sus posibilidades y todo lo demás descansando sobre las anchas espaldas de dos séniors, la muñeca incorrupta de Cooney y la sabia dirección de un Gbinije que en su tránsito del tres al uno se ha ganado el derecho a disfrutar de una sólida carrera profesional (mucho más probable a éste que a aquél lado del charco). Pese a todo mi balance final tiene que ser positivo, tanto más viniendo de donde veníamos, tanto más con el inolvidable recuerdo de aquella maravillosa noche en el Cameron Indoor de Duke. Todo lo demás que haya de venir (si es que algo ha de venir) vendrá ya por añadidura.

Malcolm BROGDON: Año tras año les amputan su principal miembro, año tras año se regeneran como si no hubiera pasado nada. No, no hablo de una película de zombies sino de Virginia, de la Universidad de Virginia para ser exactos. Que se les va Joe Harris y parece que se acaba el mundo, pues les rebrota Justin Anderson. Que se les va Justin Anderson y parece que se acaba el mundo, pues les rebrota Malcolm Brogdon.malcolm-brogdon-1 Brogdon evidentemente no es un advenedizo (como tampoco lo eran Harris ni Anderson) ni viene de ninguna parte, Brogdon tenía ya una sólida trayectoria (no sólo en el plano deportivo sino también en el académico, que al parecer es un cerebrito la criatura), era de esperar que le tocara liderar a estos Cavaliers 2016 pero resultaba difícil imaginar hasta qué punto, hasta ese punto que le ha llevado a ser proclamado jugador del año en la ACC. El equipo se fue construyendo poco a poco, con un comienzo ciertamente titubeante (aquella sonora derrota en cancha de George Washington), un largo proceso de afianzamiento, un breve bache tecnológico (caídas inesperadas en Virginia Tech o Georgia Tech) y luego ya una fase final de absoluta solidez, sin duda el concepto que mejor define a este equipo. O dicho de otra manera, que Tony Bennett lo ha vuelto a hacer, como ya lo hizo el año pasado o el anterior, como volverá a hacerlo el próximo o el siguiente aunque ya no esté Brogdon (ni Gill, ni Tobey), aunque hayan de regenerarse a partir de Perrantes, Shayok, Hall, tantos otros. No es magia, es ciencia, que diría el anuncio. O en realidad ni eso siquiera: trabajo, nada más (y nada menos) que eso.

Dillon BROOKS: Nadie como Dana Altman (otro de esos grandísimos entrenadores de los que se habla mucho menos de lo que se debería) para hacer de la necesidad virtud. El año pasado hizo encaje de bolillos tras haberse quedado casi sin jugadores, este año también se le cayó alguna pieza por el camino (pongamos por ejemplo ese Dylan Ennis que llegó de Villanova para hacer el done and one, y al que casi ni le dio tiempo a vestirse de corto) pero aún así ha logrado armar una auténtica maravilla de equipo,brooks suficiente para ganar brillantemente la temporada regular en la durísima Pac12 pese a contar apenas con una rotación de siete jugadores. Ahora bien, qué siete jugadores: el sobrio base Casey Benson, el maravilloso freshman griego Tyler Dorsey, el atleta Elgin Cook, los taponadores compulsivos Boucher y Bell, el espíritu libre Benjamin… y el canadiense Dillon Brooks, una categoría en sí mismo. En su primer año ya apuntaba grandes cosas, en este segundo las ha consolidado con creces convirtiéndose en la referencia de su equipo y en uno de los grandes de su Conferencia. Y lo mejor es que es sólo el principio, si no toma decisiones precipitadas (que espero que no) no descarten que un par de años acabemos hablando de él en los mismos términos que hoy usamos con (por ejemplo) Buddy Hield (y ya sé que son palabras mayores pero es lo que siento, luego cuando no sea así ya me lo echarán en cara). Todo a su tiempo, no vayamos tan deprisa, quedémonos aún en estos Ducks 2016: siendo muy grande lo que ya han conseguido, aún es más grande lo que pueden llegar a conseguir en este marzo. E incluso (no lo descarten) en el próximo mes de abril.

Jaylen BROWN: Si tienes ya jugadores como Tyrone Wallace, Jabari Bird o Jordan Matthews y se te aparecen además dos de los mejores freshmen de la nación, pues miel sobre hojuelas como suele decirse. Se las prometían muy felices en la Universidad de California con la llegada de Jaylen Brown e Ivan Rabb, tan felices se las prometían que no acabo de estar seguro de que sus resultados (aún siendo buenos) hayan estado a la altura de lo que esperaban.4-jaylen-brown-021717-getty-ftrjpg_16ttnfrizei681c183mge950pg En su cancha fueron inexpugnables (18-0), fuera en cambio fueron expugnados hasta en nueve ocasiones que parecen demasiadas para estos Golden Bears, ya veremos si tanto desequilibrio no da que pensar al Comité de Selección. Por el camino Ivan Rabb dejó claras dos cosas, que es un talentazo de deliciosos fundamentos y que está aún ligeramente tierno para empresas de este nivel. Cuonzo Martin le dio de entrada las llaves del reino (o sea, de la zona) pero tardó apenas unas semanas en comprender que utilizarle de única referencia interior con cuatro exteriores a su alrededor no tenía mucho sentido, en cuanto lo emparejó con un cincazo como Rooks u Okoroh todo fue ya sobre ruedas. Rabb es muy bueno y Jaylen Brown es (y va a ser) aún mejor, pero esa afirmación también requiere algún matiz: es tan bueno que se cree aún mejor de lo que es. Al Jaylen Brown que aterrizó en Berkeley se le notaba a la legua que había sido el puto amo en todos los equipos por los que había pasado, como el balón fuese de su propiedad y los demás fueran meros satélites a su alrededor. Claro está que eso puede estar muy bien en el insti pero en la uni chirría un poco, tanto más si tienes al lado a un pedazo de base como Wallace (y cuando éste se lesionó ya ni les cuento…) Afortunadamente el Brown de estas últimas semanas parece ya mucho más integrado en el equipo (y el equipo más integrado en él), trabajo de Cuonzo Martin mediante. Mimbres tiene para hartar, veremos en estos próximos días cómo acaba de salirle el cesto.

Kyle COLLINSWORTH: Tyler Haws llevaba (merecidamente) la fama, pero la lana la cardaba Kyle Collinsworth. Así fue hasta el pasado año, hasta que Haws se nos hizo profesional y se vino a hacer las galicias de tal manera que Collinsworth se quedó con la fama y con la lana, todo a la vez. Si el susodicho no jugara en BYU ni estuviera en una mid-major hablaríamos y no pararíamos de él, pero como está donde está se nos ha ido pasando desapercibido. Por eso no está de más recordar aquí que Collinsworth ha batido récords, pero no récords individuales ni dcollinsworthe temporada ni de equipo ni de conferencia siquiera: récords absolutos. Collinsworth suma ya once triples-dobles a lo largo de su carrera, lo que le convierte en (dicen los que cuentan estas cosas, así que tendré que creérmelo) el jugador con más triples-dobles en toda la historia de la NCAA. Repito: en toda la historia de la NCAA. Repito: once triples-dobles al cierre de estas líneas, cinco de ellos sólo en esta misma temporada. Verle en acción transmite una extraña sensación de omnipresencia: mete, rebotea, pasa, roba y tapona como si hubiera varios números 5, como si estuviera en todos los sitios a la vez. No es así (obvio), y ello lleva a que BYU sea un buen equipo pero no necesariamente un gran equipo. Suficiente para cuajar una temporada decente a nivel colectivo, suficiente para ganar en Gonzaga, manifiestamente insuficiente para ir al Baile: la derrota en semis del Torneo de la WCC les dejó sin posibilidades de soñar ni desde la burbuja siquiera. Eso sí, que le quiten lo bailao al bueno de Collinsworth. Si las puertas de la NBA no terminan de abrírsele (como a sus antecesores Haws o Fredette) sé de unos cuantos equipos de este otro lado del charco que deberían abalanzarse de bruces a por él. Ya están tardando.

Kris DUNN: Quizás la culpa no sea suya sino nuestra, quizás a veces se nos vaya la mano encumbrando a según quién, de tal manera que si luego no responden a nuestras expectativas no sea tanto por ellos como porque se nos dispararon las expectativas. Kris Dunn no tiene la culpa de que lo eleváramos a los altares antes de tiempo, Dunn es muy bueno y va a seguir siéndolo en NBA más pronto que tarde, pero una cosa es eso y otra que sea la quintaesencia del base moderno que creímos ver cuando nos enamoró (deportivamente hablando) en su año freshman y/o sophomore.dunn Enamoramiento individual y también colectivo, que ya puestos nos enamoramos también de Providence a comienzos de temporada y depositamos en ellos (buena parte de) nuestras esperanzas de que acabara por fin el reinado de Villanova en la Big East. Craso error. No he podido seguir a los Friars todo lo que me hubiese gustado en esta segunda mitad de curso (que ver partidos de la Big East es casi más difícil que ver la aurora boreal) pero sí lo suficiente para confirmar que apenas queda nada de aquel equipo deslumbrante que conocimos en noviembre. Al cierre de estas líneas (9 de marzo) Providence es aún un equipo de burbuja, burbuja que está a rebosar y reventará definitivamente el domingo 13 a las 11 de la noche dejando muchos heridos a su paso, sólo esperemos que los Friars no estén entre ellos. Y en lo que a Dunn se refiere basta mirar sus estadísticas para comprobar que hoy ya ni siquiera es el máximo anotador de su equipo (en otro tipo de base no pasaría nada, en un base jugón como éste chirría bastante el dato), honor que ahora corresponde por derecho propio al robusto a la par que eficaz Ben Bentl. Y es que es así, somos enamoradizos por definición pero es bien sabido que de la pasión al desengaño sólo hay un paso, no caigamos tampoco en ese error. Ojalá aún nos quede marzo para volvernos a enamorar.

Perry ELLIS: Hay séniors que parece que acabaran de llegar cuando se van y otros en cambio que parece que llevaran siendo séniors toda la vida, no me pregunten por qué. Perry Ellis pertenece a esta última categoría. Perry Ellis es el Jordi Hurtado de la NCAA, probablemente ya estaba en Kansas cuando ganaron el título en 1988 aunque los datos oficiales nos digan que en aquel entonces aún no había nacido, que ni estaba en proyecto siquiera.perryellis405 Perry Ellis no es de Kansas sino que es Kansas, sin preposición, ha visto pasar a su vera a Withey, McLemore, Manning (como assistant coach, no se me asusten), Wiggins, Embiid, Oubre, Mason, Selden, Diallo, tipos con los que nos hemos llenado y aún nos llenamos la boca, con Ellis no, como si los demás tuvieran mérito y lo de él en cambio viniera de serie, como si lo hubiera plantado el ayuntamiento de Lawrence, como si siempre hubiese estado ahí. Ni siquiera su nombre acudió en su ayuda, se llama exactamente igual que un legendario diseñador y una prestigiosísima cadena de tiendas de moda (caprichositos sus padres), prueben a guglearlo si no se lo creen, de hecho es el único jugador de la NCAA que puede ver su nombre aparecer en la publicidad estática mientras juega. Y todo ello con un aire de frialdad casi funcionarial, como si lo que sucede a su alrededor no fuera con él, él a lo suyo, salir, anotar, rebotear, pasar, ganar e irse, siempre guardando las distancias, siempre con ese hieratismo que hasta parece que te mirara por encima del hombro, siempre con más oficio que beneficio. Así toda la vida (aunque nos quieran convencer que fueron sólo cuatro años), así también este año, llénense la boca con quien quieran pero nadie puso más que él en estos irregulares Jayhawks que aún así volvieron a ganar por enésima vez la Big XII y llegan a estas alturas de temporada como indiscutibles Top 1 y máximos favoritos de la nación. En apenas un mes acabará el curso (quién sabe si con título en su zurrón), en apenas ocho meses empezará el nuevo, hay por ahí quienes aseguran que en esos nuevos Jayhawks 2016/2017 no estará, no podrá estar ya Perry Ellis. Tendré que verlo para creerlo.

Yogi FERRELL: Podría venderles ahora que Yogi es mi chico favorito y el sueño de mi vida y qué sé yo cuántas cosas más, pero probablemente se me notaría la impostura. Yogi es un magnífico base, vertiginoso y de portentosa muñeca, que sería aún mejor si tuviera algo menos de fe en sí mismo y un poquito más de fe en aquellos que le rodean. Es un extraordinario pasador, no les quepa la menor duda; lo que pasa es que a veces se esfuerza en disimularlo.Yogi-Ferrell Dicho lo cual, y como lo cortés no quita lo valiente, habré de reconocer que en momentos puntuales de este año sí que ha conseguido seducirme. Y lo tenía bien difícil, él y sus Hoosiers, con la espada de Damocles pendiendo sobre el cuello de Tom Crean y con un turbulento comienzo de temporada, fracaso en el Maui Invitational incluido. Sólo faltaba la definitiva lesión de Blackmon Jr. para que todo acabara de torcerse… o tal vez no. Indiana remontó el vuelo, a la habitual plasticidad de su ataque se sumó (ya era hora) una buena defensa, el indómito Thomas Bryant les dio por fin algo de consistencia interior y finalmente Yogi consiguió implicar a sus compañeros (sin desimplicarse él mismo por ello) en pos de un objetivo común. Los resultados saltan a la vista, brillantes campeones de la dificilísima Big Ten y a la espera de días mejores que seguro habrán de venir. Hoy ya no parece que penda ninguna espada sobre la cabeza de Crean, gracias al pedazo de temporadón que se han marcado estos Hoosiers. Mérito de todos ellos. Sí, también (y sobre todo) de Yogi Ferrell.

Greg GARD: Bo Ryan lo dejó todo atado y bien atado (frase mítica donde las haya). Primero amagó con marcharse a final de temporada, pero luego sorprendió a todos en su comparecencia del 15 de diciembre tras ganar a Texas A&M-Corpus Christi cuando anunció que ni un día más santo tomás. Y todos pensamos que estaba cansado, que la sombra de Kaminski y Dekker era demasiado alargada, que veía que con éstos no iba a ninguna parte y no quería comerse otro par de temporadas de transición hasta lograr ensamblar un equipo medianamente competitivo…gard O quizás fuera algo mucho más sencillo que todo eso, simplemente la constatación de que había llegado el momento, no tanto por agotamiento propio (que también) como por capacidad ajena: lo que a priori parecía un inmenso marrón para el interino Gard, a la larga resultó ser una bendición. Koenig, Showalter, Nigel Hayes, Vitto Brown y esa especie de proyecto de Kaminski 2.0 llamado Ethan Happ, transición si así lo quieren, pero también muchísimo más que eso: han ganado a Michigan State, a Indiana, a Ohio State, en Maryland, en Iowa, aún con el mal comienzo y las once derrotas que acumulan tienen aún serias posibilidades de entrar al Madness, créanme que eso está muy por encima de lo que cualquiera (¿incluso el propio Ryan?) hubiera podido imaginar a comienzos de temporada. Greg Gard está pidiendo a gritos (entiéndase en sentido figurado, que el hombre es discreto a más no poder) que le quiten de una vez por todas el cartel de interino y le retribuyan por fin de acuerdo a su mérito y capacidad. Todo se andará.

Buddy HIELD: Lon Kruger ha creado una criatura casi perfecta, fruto de que sus cuatro principales jugadores (Woodard, Cousins, Hield y Spangler) lleven tres temporadas completas saliendo como titulares y compartiendo treinta y tantos minutos por noche. Eso evidentemente tiene una inmensa virtud, la expresión jugar de memoria nunca fue más cierta que con estos tíos; y tiene también un pequeño defecto, cuando finalmente aflora el cansancio se les resquebrajan las costuras. Ahora bien, cuando tienes material de tanta calidad que se te resquebrajen las costuras es lo de menos.buddy h Y Woodard, Cousins y Spangler son francamente buenos cada uno en lo suyo pero lo de Hield es capítulo aparte, que les voy a contar que ustedes no sepan ya. Nadie, y cuando digo nadie quiero decir NADIE, fue tan determinante durante este curso como este bahameño apellidado Hield y a quien sus padres en un alarde de originalidad pusieron Chavano Rainer, que sustituyera todo eso por Buddy fue sólo cuestión de tiempo. Buddy ya nos epató en su año sophomore, ya nos entusiasmó en su año júnior pero en su año sénior ha rozado sencillamente lo paranormal. Los números difícilmente pueden explicar lo que ha hecho este tío pero aún así resulta tentador recurrir a ellos, recordar por ejemplo aquella noche del 4 de enero, aquel inolvidable Kansas-Oklahoma de las tres prórrogas que marcó casi un antes y un después. Aquella noche Hield anotó 46 puntazos (y 8 rebotes, y 7 asistencias) pero con ser grandes sus números aún más grandes fueron sus sensaciones, ese negarse a perder cuando todo parecía ya perdido, ese acabar reventado, ese seguir peleando hasta la extenuación. En apenas unos días será elegido jugador del año, en apenas unos días más puede estar recogiendo otro premio aún mucho más importante. En Oklahoma (y en muchos otros sitios, también) saben ya más que de sobra que con él todo es posible. Todo. No les quepa la menor duda.

Bob HUGGINS: Algún día (con más tiempo, más espacio, más paciencia) les contaré detalladamente lo mío con Huggins, que empezó mal y va camino de acabar en amor eterno (entiéndase en un plano meramente baloncestístico). Habré de reconocer (aunque me duela) que hacia finales del pasado siglo no le soportaba, lo cual tampoco tiene nada de particular porque daba la impresión de que aquel histriónico, histérico y desquiciado técnico de los Bearcats de Cincinatti no se soportaba ni siquiera a sí mismo.bob-huggins-092714-getty-ftrjpg_1fvaiq4lu6iea1kxbzxt2vkmpa Pasaron muchas cosas (quizás demasiadas) en su vida, pasó un infarto, un grave incidente de tráfico (driving under the influence, como dicen por allá), un traumático despido, una brevísima estancia en Kansas State y finalmente un regreso a su alma máter, su West Virginia de siempre. Los Mountaineers nos devolvieron otro Huggins, el Huggins del chándal, mucho más sereno y apacible (aún en su desmesura), aún mucho mejor entrenador. El Huggins que ganó el Torneo de la Big East y metió a su equipo en Final Four en 2010, el que una vez en la Big XII decidió dar una vuelta de tuerca a su carrera y convertir a West Virginia en Press Virginia con los resultados ya por todos conocidos: nadie presiona más (ni mejor) que ellos, nadie roba más balones, nadie provoca más pérdidas, nadie atrapa más rebotes ofensivos, nadie amarga más la vida de cualquier rival. Y todo esto, ¿con quién? El año pasado al menos tenía a Juwan Staten (que entonces nos parecía la quintaesencia en persona y hoy ahí anda el pobre ganándose la vida en los Delaware 87ers nada menos, esperando a que alguna franquicia NBA se apiade de él y se atreva a darle una oportunidad), este año ni eso siquiera: Devin Williams, Carter, Paige, Holton, Phillip, Miles, Adrian, buenos pero sin grandeza, estajanovistas incansables en defensa, recursos limitadísimos en ataque; ninguno pisará la NBA, algunos se ganarán la vida en Europa, unos cuantos ni llegarán a profesionales siquiera. Mi premio al Entrenador del Año sería siempre para quien hace más con menos, y nadie hizo más con menos este año que Bob Huggins. No hay para mí otro Coach of the Year, no ya en la Big XII sino en toda la NCAA.

Brandon INGRAM: Tenía un aire lánguido, era apenas un longilíneo montón de huesos, transmitía una terrible sensación de fragilidad pero joder cómo jugaba al baloncesto. Me entró por los ojos en aquel McDonald’s All American y ya no hubo manera de sacármelo, ni siquiera por el hecho de ir a Duke. El Ingram que reencontré en Durham ya no era tan frágil, ya había ganado peso (ya había perdido delgadez, más bien), ya sí tenía pinta de jugador universitario con todas las de la ley.Ingram_h79m8y4y_1mklw6tc_hfhsh0rr_1t72t8yg La suficiente para que los gurús de esto se entregaran de inmediato a las odiosas comparaciones (en USA les encantan, ya saben) y sacaran a relucir una vez tras otra el nombre de Kevin Durant. A ver, todo a su tiempo, para que Ingram se parezca mínimamente a Durant (más allá del físico) tendrán que pasar todavía unos cuantos telediarios, no nos volvamos locos. Dejemos que la vida siga su curso y mientras tanto recreémonos en lo que ha conseguido este año Ingram, que no ha sido poco: la lesión de Amile Jefferson y las pocas ganas de rotar de Krzyzewski le obligaron a tener que abandonar su zona de confort como tres y tener que oficiar a menudo de cuatro, incluso a veces de cinco cuando descansaba Marshall Plumlee. Lo pasó mal, no lo tuvo fácil, pero no duden que ese aprendizaje le vendrá de perlas en el futuro. Todo un máster, propiciado por las peculiares circunstancias de un equipo tan sobrado de talento como escaso de efectivos, algún día hubo que el Coach K sólo rotó a sus cinco principales supervivientes (Allen, Kennard, Jones, Ingram y Plumlee) cuando no le quedó más remedio, y así le fue. Año irregular este de Duke, que se vio fuera del Top 25 por primera vez en mucho tiempo y perdió más partidos en su otrora inexpugnable Cameron Indoor que en varias temporadas juntas. Y aún así las hazañas bélicas del niño travieso Grayson Allen (I hate Grayson Allen, próximamente en sus pantallas), la zurda incorrupta de Kennard y las diabluras de Ingram les salvaron finalmente de la quema. No descubro nada si les digo que esta Duke es tan capaz de plantarse de nuevo en Final Four como de caer otra vez en primera ronda, de una forma u otra una sola cosa tengo clara: suceda lo que suceda ése será el último partido de Ingram con los Blue Devils, en apenas tres meses le esperará (como mínimo) el número 2 del draft.

Brice JOHNSON: Ese mítico Kansas-Oklahoma del 4 de enero del que les hablaba en el párrafo dedicado a Hield tuvo además un indeseado efecto colateral, ya que opacó todo lo que sucedió a su alrededor. Y a su alrededor sucedió otro partidazo disputado apenas dos horas antes, un Florida State-North Carolina que habría hecho correr ríos de tinta si toda la tinta no hubiera ido a parar al Allen Fieldhouse. Vimos en Tallahassee una actuación individual casi paranormal, la de un Brice Johnson que se marcó aquella noche 39 puntos y 23 rebotes, con 14 de 16 en tiros de campo y 11 de 16 en libres.brice johnson1 ¿Hecho aislado? En absoluto. Sus números se dispararon en aquellos días por la puntual ausencia de su cómplice interior Kennedy Meeks, pero ya con Meeks ha cuajado actuaciones muy similares, pongamos por ejemplo 27 y 11 ante Wake Forest, 19 y 17 en Virginia Tech, 29 y 19 ante Duke, 16 y 15 ante Miami, 18 y 21 otra vez ante Duke (pero esta vez en Duke). Brice Johnson es el antidivo por antonomasia: tiene cara de no haber roto nunca un plato (y de que si lo rompiera se echaría a llorar), no es espectacular, no está especialmente musculado, no mete triples, no la rompe contra el aro, sus virtudes se limitan a un extraordinario saber estar en cancha, un tremendo instinto para el rebote (sobre todo ofensivo) y una maravillosa muñeca a tres/cuatro metros del aro, no más. Tan poco y tanto a la vez. Brice Johnson ha liderado (él, que jamás tuvo pinta de liderar nada) a estos irregulares y atípicos Tar Heels, unos Tar Heels en los que se esperaba el liderazgo de un Marcus Paige que se fue empequeñeciendo según avanzaba la temporada (prodigiosa involución la de este chico) y en los que sin embargo emergió la muy apreciable dirección de un cada vez más consolidado Joel Berry. Y Johnson, claro. Un Brice Johnson que fue el mejor del mejor equipo de la ACC, que hizo méritos más que sobrados para ser elegido jugador del año en su conferencia (sin que ello suponga hacer de menos a un Malcolm Brogdon que lo merecía tanto como él) pero al que perjudicó una vez más su aparente apocamiento, su infinita discreción, su papel presuntamente reservado a la intendencia. Brice Johnson no vende, no sabe venderse. Sólo esperemos que aún así alguna franquicia lo sepa comprar.

Jim LARRAÑAGA: Miren que hemos hablado largo y tendido este año de North Carolina, Duke, Virginia, Louisville, Syracuse y demás power houses de la ACC, pero con todo y con eso no puedo evitar la sensación de que estemos cometiendo un olvido imperdonable, no ya a nivel de esa conferencia sino de toda la NCAA. La Universidad de Miami, la de Miami Florida (nunca está de más aclararlo, que ya saben que hay otra en Ohio) ha vuelto a cuajar otra temporada extraordinaria, quizás no al nivel de aquella de Shane Larkin o Durand Scott pero tampoco demasiado lejos.larrañaga Y miren que al principio no nos lo queríamos creer, miren que ganaron de manera aplastante el Puerto Rico TipOff (Utah y Butler entre sus víctimas) pero de vuelta al hogar cascaron ante Northeastern y ello nos llevó a pensar que ya estaba aquí otra vez la Miami del pasado año, la que asaltaba el feudo de los Gators pero luego perdía ante Green Bay o Eastern Kentucky, la que era capaz de imponerse en el mismísimo Cameron Indoor de Duke para caer después ante Georgia Tech o Wake Forest, la Miami ciclotímica al compás de su no menos ciclotímico base Ángel Rodríguez. Pues no. Rodríguez sigue teniendo sus cositas (la mayoría de ellas buenas) pero ahora ya los Hurricanes no ganan sólo de vez en cuando sino un día sí y otro también, y no lo hacen de cualquier manera sino por aplastamiento, a ser posible. Físicos exuberantes (no exentos para nada de talento) que te desbordan en defensa y te abrasan en ataque, desde el propio Rodríguez al imponente Yekiri pasando por los Sheldon McClellan, Devon Reed (y sus respectivas muñecas), Kamari Murphy o Ja’Quan Newton (cuando no está sancionado), quizás la única excepción (que confirma la regla) sea nuestro Iván Cruz-Uceda, la más pura expresión del cuatro abierto que imaginarse pueda. Jay Larrañaga (lo diré siempre, para mí uno de los entrenadores más infravalorados de todo el baloncesto universitario) ha creado un monstruo, casualmente también uno de los equipos más infravalorados de esta Liga (al menos de momento, veremos si su hipotético despliegue durante el torneo de conferencia no hará que muchos cambien de opinión). Se hablará poco de ellos, pero estén seguros de que nadie querrá encontrárselos de camino a la Final Four. Al tiempo.

Chris MACK: Si a día de hoy me pidieran un pronóstico para Final Four, pueden estar seguros de que Xavier estaría entre mis cuatro elegidos para la gloria (todo será que cuando lean esto ya ni siquiera estén en competición, escribir con tanta antelación es lo que tiene). Tienen de todo y todo bueno. juego interior con Reynolds o el imponente Farr, juego exterior con el deslumbrante freshman Sumner, la estrella Bluiett, el trompetista Myles Davis o el ex hoosier Abell, fondo de armario con Macura, Austin y O’Mara…Chris-Mack Todo lo cual daría como resultado una gran plantilla pero no necesariamente un gran equipo, y ahí es donde entra en juego nuestro protagonista: Chris Mack ha montado (una vez más) una maquinaria perfectamente engrasada, una orquesta en la que nada ni nadie chirría: perfecta en estático, demoledora en campo abierto y enormemente agresiva en defensa, con mención especial a esa arriesgadísima zona 1-3-1 que practican de cuando en vez y que les sale a las mil maravillas. Unos Musketeers intensos, dinámicos, incompatibles con el aburrimiento a la par que tremendamente competitivos. No fueron número 1 (ni 2) de la nación en ningún momento del curso, pero de verdad se lo digo, a mí hay muy pocos equipos a día de hoy que me infundan más respeto, muy poquitos equipos con los que me gustaría menos cruzarme que con Xavier. Ahora no me dejen mal, por favor.

Nic MOORE: Qué pena, oigan. No entraré en la justicia o injusticia de las sanciones a Larry Brown y SMU (como no entré tampoco en la justicia o injusticia de las sanciones a Syracuse y Boeheim, aunque en este último caso mi filiación Orange me haga tener mucho más clara mi opinión), pero el no juzgar las causas no significa que no me den pena las consecuencias. O por decirlo de otra manera, haré mías (por una vez y sin que sirva de precedente) las palabras del mítico a la par que histriónico analista Dick Vitale durante un reciente partido de los Mustangs,nicmoore castiguen económicamente a la Universidad, sanciónenla con veinte millones de dólares si es preciso pero por amor de dios, no dejen a estas criaturas sin su Madness, ellos qué culpa tienen, no les penalicen deportivamente, no les roben el premio que se han ganado merecidamente sobre la cancha… (algo así). Me dirán que no les pilla de sorpresa, que desde antes de que empezara el curso ya sabían que acabaría así, pero ello no lo hace menos doloroso tras el temporadón que se han marcado, tras sobreponerse brillantemente a la ausencia de su coach y aguantar luego invictos más que nadie aunque en el sprint final Temple les arrebatara (no menos brillantemente) la AAC. Una pena para todos ellos, una pena sobre todo para un Nic Moore que hace un año pasó ya de bueno a grande y ahora deja SMU convertido por derecho propio en uno de los mejores directores de juego de la nación sin ningún género de dudas. Qué quieren que les diga, habremos de convenir que estos Mustangs tienen muy mala suerte desde que llegó Brown: en su primer año ya les dejaron injustamente (en mi opinión) fuera del Madness (esta vez sólo por razones deportivas), en su segundo año una decisión arbitral más que discutible (aquel goaltendind de Moreira vs UCLA) les privó de pasar ronda, en este tercero se vieron condenados a jugar por nada, a participar fuera de concurso. Y todo ello con un entrenador mítico donde los haya, y que a estas alturas (ya más cerca de los ochenta que de los setenta) no creo que merezca precisamente un final así. Qué pena, oigan.

Monté MORRIS: Puestos a hablar de Iowa State me pediría el cuerpo hacerlo de un jugador como Georges Niang por el que siempre profesé auténtica debilidad, pero en este caso (y aprovechando quizás una ligera disminución de rendimiento del susodicho en este año sénior) voy a reprimir mis impulsos para hablarles de otro sujeto de aún mayor protagonismo, el base Monté Morris. Solía decir yo hace un año que Morris era uno de los dos directores de juego más infravalorados de toda la NCAA (el otro era el virginiano Perrantes).montemorris Hoy ya no, pero no precisamente porque su rendimiento haya ido hacia abajo (más bien todo lo contrario) sino porque la consideración que se le dispensa ha subido como la espuma. Claro está, él se lo ha ganado a pulso, con actuaciones portentosas y con una cualidad que vale su peso en oro, la capacidad para resolver sobre la bocina. Todo un clutch man, no tienen más que preguntárselo por ejemplo a sus vecinos de enfrente (Iowa Hawkeyes), que lo padecieron en sus propias carnes. Con él al mando, más Niang, más el agujero negro Nader (sustituto a su vez de otro agujero negro, el lesionado Long), el díscolo McKay y el recién llegado transfer Burton (una bendición del cielo), de alguna manera estos Cyclones han conseguido casi la cuadratura del círculo, que apenas nadie se acuerde ya de una leyenda viva en Ames como Fred Hoiberg. Mérito también por supuesto de un Steve Prohm, que no rompió nada y, en aplicación de aquella vieja máxima del si funciona no lo toques, optó sabiamente por la continuidad. No le dio para atacar el reinado de Kansas (que eso son palabras mayores) pero sí para seguir siendo élite y afianzar lo ya conseguido en temporadas precedentes. No está mal para empezar.

Gary PAYTON II: Llamarte Gary Payton puede ser una bendición (en términos de genes, quizás también en términos de posibilidades formativas, de que te abra puertas que para otros estén cerradas) pero también puede ser un auténtico calvario en la adolescencia, sobre todo si no se sabe gestionar como es debido. Vara de medir superior al resto, odiosas (e injustas) comparaciones por ser hijo de, y hasta que a la hora de ponerte un apodo te rebauticen como The Mitten (La Manopla) por contraposición a The Glove.gary-payton-ii-ncaa-basketball-oregon-state-utah-850x560 Payton II hubo de encontrar (no sin dificultades) su propio camino, un camino que pasó por un JuCo antes de acabar por fin en ese mismo lugar donde su padre marcó una época, en los Beavers de Oregon State. Época por época, ésta que ha marcado su hijo es muy distinta pero no por ello menos importante. Payton II no es un base (no en la manera en que lo era su padre, no aunque a menudo le etiqueten como tal) sino más bien un point-forward capaz de gobernar un partido desde diferentes planos, como se refleja en su liderazgo en casi todas las categorías estadísticas y en su legítima candidatura a jugador del año en la Pac12. Y todo ello en un equipo de burbuja, una universidad en franco crecimiento desde que unió sus destinos a los del Coach Tinkle, divertidísima de ver y con aún más futuro que presente gracias a freshmen como el pívot (de deliciosos fundamentos) Eubanks y a los hijos del cuerpo técnico Tres Tinkle (que juega con el 3 a la espalda, en un supremo ejercicio de coherencia) y Stevie Thompson Jr. Ojalá quepan en este Baile, aunque sólo sea para que el bueno de The Mitten pueda despedirse como se merece. Para que pueda presentarse (por fin) en sociedad.

Jakob POELTL: Casi en cada partido que le veo sale a relucir el nombre de Pau Gasol, que es bien sabido que a los yanquis les encantan las (odiosas) comparaciones y nunca dejan pasar la oportunidad de evaluar el futuro en base al pasado o aún mejor, al presente. En todo caso el paralelismo puede estar bien tirado si lo vemos en términos de potencial, es decir, si pensamos no en el actual Pau sino en el de hace 16 años, el que acababa de ganar el oro de Lisboa y pugnaba por abrirse paso en el primer equipo del Barça.jakob-poeltl Claro que aquel Pau era más tres/cuatro y este Poeltl ya es un puro cinco, pero no pidamos a los analistas USA que hilen tan fino: simplemente ven en el vienés las formas y maneras del de Sant Boi y se tiran de inmediato a la piscina, luego ya el tiempo dará y quitará razones como dijo aquél. Poeltl tuvo que pasar su duro periodo de adaptación en NCAA (así con los rivales como con los árbitros, que tienden a pitarle falta en cuanto respira) y deberá pasarlo aún más duro en NBA, donde parece previsible que vaya a llevarse más palos que una estera hasta que consiga por fin ganarse el respeto que merece. Quizás no sea nunca una estrella (o quizás sí, quién sabe) pero sí que será con total seguridad un pívot muy importante (y muy bien pagado) en una Liga muy necesitada de ellos. Pero no vayamos tan deprisa, todo a su tiempo, dejémosle aún que disfrute de su merecida elección como jugador del año en la Pac12. Hoy por hoy su tiempo todavía está en Utah, hoy por hoy estos Utes aún deberían tener mucho que decir.

Dave RICE: En el deporte profesional (tanto más cuanto más profesional) cada vez es más frecuente que en cuanto vienen mal dadas caiga la cabeza del entrenador, es ley de vida, quede constancia aquí de que no me suelen gustar las decisiones traumáticas a mitad de temporada pero asumo que son el pan nuestro de cada día… Pero repito, en el deporte profesional. La NCAA mientras que no se demuestre lo contrario no es deporte profesional.dave-rice-unlv-getty-ftr-011016jpg_7rc44axieyf01s0xitseya2he Es decir, sí lo son los entrenadores (como lo son también los profesores, a cualquier nivel) que ganan una pasta en muchos casos mareante, no así unos deportistas que no ven un centavo (y pobre del que le pillen viéndolo) y juegan sólo a cambio de / como parte de su educación. La NCAA es deporte de formación, y como tal no parece que tenga ningún sentido cambiar al formador a mitad de curso simplemente porque el nivel de aprobados (es decir, de resultados) no responda a las expectativas. La Universidad de Nevada-Las Vegas decidió cargarse a Rice el pasado 10 de enero, en una decisión que tendrá algún precedente, no digo yo que no (a estas alturas ya casi nada sucede por primera vez) pero no me pregunten cuál es porque yo desde luego no lo conozco. En el momento del cese la UNLV estaba 9-7 en el global de la temporada, si bien sólo 0-3 en su recién empezada conferencia. Si les pica la curiosidad les diré que tras su cese las cosas tampoco fueron mucho mejor, un balance de 8-7 que sumado a lo anterior da un total de 17-14, tan solo 8-10 en una Mountain West en la que sólo fueron sextos y quedaron a años-luz del abrumador dominio de San Diego State. Vale, puede que muy lejos también de lo que esperaran conseguir con su McCaw y su Derrick Jones y su flamante freshman Zimmerman, pero aún así: ¿tan terrible era como para no poder esperar hasta marzo, para poner un mero parche a mitad de enero como si eso fuera a arreglar algo (salvo que existiera algún otro trasfondo detrás, que francamente lo desconozco)? Tienen ocho meses al año para tomar medidas, el curso baloncestístico (si no juegas postemporada) apenas dura cuatro, al menos durante esos cuatro meses dejen a los chavales en paz.

Domantas SABONIS: Doctor Jekill por dentro y Mster Hyde por fuera, Gonzaga empezó la temporada como el equipo más descompensado de todo el panorama NCAA. Creímos ingenuamente que sus inmensas virtudes interiores pesarían más que sus carencias exteriores (mención especial para el base Josh Perkins, que tiende a desesperarme cada vez que le veo), pero la realidad vino a poner las cosas en su sitio:domas primero fue la lesión de su fornido pívot polaco Karnowski, luego la progresiva desaparición de su cuatro abierto (tan abierto que más bien parece un tres, y al paso que va terminará siendo un dos) Kyle Wiltjer, que empezó la temporada como firme candidato a jugador del año y la va a acabar como firme candidato a la insignificancia. Así las cosas los Zags se agarraron desesperadamente al joven Sabonis como su única tabla de salvación posible, entregándose de inmediato al DomasSistema y la DomasDependencia. Era hacer el susodicho la cuarta falta e irse todos por las patas abajo, era hacer la quinta y proclamar su rendición incondicional. Gonzaga se ha marcado una temporada terriblemente irregular que hasta estuvo a punto de dejarle fuera del Madness por primera vez en lo que llevamos de siglo (y parte del anterior), afortunadamente salvaron los muebles en el Torneo de WCC ante BYU y (su bestia negra) St. Mary’s, con buenísimas actuaciones de Perkins y Wiltjer (más que nada para dejarme mal) y con un Sabonis sencillamente imperial, un Sabonis que en este segundo año ha superado con creces las (ya de por sí elevadas) expectativas depositadas en él. Toda una mili la que se ha currado el bueno de Domas, todo un curso acelerado de asunción de responsabilidades que le será de gran utilidad en un futuro. Un futuro que, dicho sea de paso, cada vez pinta mejor para él.

Ben SIMMONS: Pudo haber ido donde le diera la gana, pero escogió Louisiana State porque su padrino (y amigo íntimo de su padre, desde que ambos coincidieron en la liga australiana) ejercía de asistente allí. En el pecado llevó la penitencia. LSU es un equipo sin pies ni cabeza, en un sentido casi literal: a menudo no se sabe quién lo dirige sobre la cancha, a menudo no se sabe tampoco si alguien lo dirige desde el banquillo. Ni que decir tiene que la llegada de un prodigio como Simmons (cuerpo de cuatro, cabeza de uno, versatilidad absoluta, talento a espuertas) fue recibida como agua de mayo por el Coach Jones, ya otra cosa es que además supiera qué hacer con él:111715_simmons_1200 de entrada intentó convertirle en una especie de hombre-orquesta, el que la sube, el que la pasa, el que la tira y el que la rebotea, todo a la vez. El que saca los córners y el que los remata de cabeza, en terminología futbolística. Pero entre los muchos dones de la criatura aún no se encuentra el de la ubicuidad, así que el resultado fue un desastre; ligeramente atemperado según fue avanzando la temporada por la mejora del freshman Blakeney y la (re)aparición de un par de refrescantes piezas, el tirador Hornsby y el transfer Craig Victor que aportó al menos algo de consistencia interior. Vale también con Simmons ese eterno símil de la manta corta, si le pones a dirigir destapas tu juego interior, si (como parece indicar la lógica) le liberas y le acercas un poco al aro acabarás dejando la dirección en manos de cualquiera, en manos por ejemplo de un cabezaloca como Tim Quarterman, explosividad a raudales pero una toma de decisiones que no es ya que sea cuestionable, es que el día que acierta en algo redoblan las campanas en Baton Rouge. A día de hoy LSU lo tiene en chino para entrar al Madness (aunque cosas más raras hemos visto), claro que ello no debería afectar en exceso a un Simmons que en condiciones normales será número 1 del draft sí o sí aunque como tantas otras veces se estén sobredimensionando las expectativas a su alrededor: casi no hay partido en que no escuche a algún analista hablar de él como el próximo Magic o el próximo LeBron, y a mí me parece que esos son zapatos demasiado grandes para llenar. Simmons está a años-luz de la creatividad del primero, está a años-luz del físico del segundo, está a siglos-luz de la personalidad y el carácter de cualquiera de los dos. Simmons será simplemente el próximo Ben Simmons, y créanme que no es poca cosa. No le pidan más.

Shaka SMART: Muchos (yo el primero) nos pasamos de listos a comienzos de temporada, puff, Shaka en VCU estaba acostumbrado a jugadores muy versátiles que podían cubrir todas las posiciones, nada que ver con esta plantilla tan estructurada que se encuentra en Texas, bases muy bases y pívots muy pívots, se va a estrellar, hasta que no consiga construir un equipo a su imagen y semejanza no habrá manera de que estos Longhorns jueguen el baloncesto de aquellos Ramssmart Paparruchas. Quizás el punto de inflexión fuera la lesión del pétreo Cameron Ridley, tan desafortunada como cualquier otra pero a la que en este caso casi se le podría aplicar aquello de que no hay mal que por bien no venga ya que permitió el ascenso al quinteto titular de Prince Ibeh, mucho más móvil, mucho mejor defensor, complemento perfecto para el sempiterno cuatro abierto Connor Lammert. Claro que la verdadera transformación llegó por fuera, con DeMarcus Holland relegado a las profundidades del banquillo en beneficio del eficaz Kendall Yancy y/o de la Caja de Cerillas Javan Felix, cuerpo extraño (donde los haya) convertido por fin en líder espiritual de este equipo, liberando así de paso a su presunta estrella Isaiah Taylor de las engorrosas (para él) tareas de dirección. Y cómo no, otorgando cada vez más peso específico en la rotación a sus tres freshmen, Tevin Mack, Kerwin Roach y sobre todo un Eric Davis Jr. que (salvo indeseada huida precipitada) está llamado a regalar muchas tardes de gloria en Austin. Con ser buenos (por fin) los resultados (humillante derrota en casa vs Kansas al margen), aún mejores resultaron ser las sensaciones: aún no hablaremos de havoc (yo no me atrevería, al menos) pero sí diremos que en estos Longhorns se aprecia ya bien reconocible en defensa y ataque la huella de Shaka Smart.. No es ya que la felicidad haya llegado por fin a Texas (Universidad de) o que sus perspectivas sean inmejorables de cara al Madness, todo eso con ser bueno no es lo mejor; lo mejor es que es sólo el principio.

Melo TRIMBLE: Si dijera yo aquí ahora que tanto el de Maryland en general como el de Melo Trimble en particular me parecen dos de los más grandes fracasos de esta temporada (de lo que llevamos de temporada, más bien), probablemente me mandarían a esparragar. ¿Llamar fracaso a un balance de 24/7 en el global del curso, 12/6 en lo que se corresponde a su durísima Big Ten?melo-trimble Pues sí (en mi opinión, claro), porque Turgeon ha tenido entre manos una plantilla como casi no hay otra en toda la nación, así en términos de calidad como de cantidad: la muñeca de Sulaimon o Layman, la imponente versatilidad de Robert Carter, la pétrea presencia interior de Diamond Stone (nunca hubo nombre mejor puesto), la profundidad que te da tener tíos como Cekovsky o Dodd… Y cómo no, un base por el que hace nueve meses habrían bebido los vientos todas las franquicias en el draft si hubiera decidido dar ese paso que afortunadamente no dio, un Romelo (sí, así se llama) Trimble que a día de hoy ha empeorado sensiblemente su posición en los mocks con relación a la que tenía hace un año, sería un puntazo que se quedara otra temporada más para intentar reconducirla pero no sé por qué me da que eso no va a pasar (no vaya a ser que la empeore más todavía). Con estos mimbres Turgeon tendría que haber construido un cesto impecable y resplandeciente pero le ha salido uno más bien chuchurrío (para mi gusto, claro está, que habrá a quien le parezca precioso). Lo bueno es que tiene mucho margen de mejora, que no sería el primer plantillón que la caga en temporada regular y luego se sale cuando verdaderamente importa. No descarten que el cesto que exhiban en el escaparate del Madness no se parezca en casi nada a este otro que vemos a día de hoy. Más que nada por la cuenta que les tiene.

Tyler ULIS: ¿Quién es a día de hoy el mejor base de la nación (a nivel universitario, entiéndase)? Muchos se decantarán por Dunn, algunos románticos se acordarán (nos acordaremos) de Van Vleet, no serán pocos los que apuntarán hacia Trimble, Ferrell, incluso Morris… Bien, pues permítanme que yo aparque por un momento mi debilidad por el de Wichita y me incline definitivamente por Tyler Ulis.ulis-_ Ulis llegó a Kentucky hace año y pico y ya de entrada resultó evidente que era mucho mejor que Andrew Harrison (¿qué fue de los gemelos Harrison?), pese a lo cual fue asignado al segundo pelotón por una mera cuestión de antigüedad. Pasó un año, llegó su temporada sophomore, pareció que el puesto sería suyo pero negros nubarrones aparecieron por el horizonte, freshmen de postín como Briscoe y Murray que habrían de disputarle el puesto… o no. De alguna manera Calipari hizo suya aquella frase atribuida al mítico Dean Smith, no te empeñes en poner necesariamente un jugador por posición, empéñate en poner cinco buenos jugadores. Dicho y hecho, Coach Cal juntó a los tres en su quinteto titular y el resultado no pudo ser mejor, hasta el punto de que hoy resultaría muy difícil encontrar una pareja exterior mejor que Ulis-Murray en toda la NCAA: una especie de monstruo de dos cabezas rebosante de creatividad, actitud, aptitud y talento. Kentucky tuvo un año irregular, lo propio de un equipo sobrado por fuera y más bien escaso por dentro (y con Poythress a ratos por el medio), con alguna que otra derrota traumática (UCLA, LSU, quizás también Texas A&M por la manera en que se produjo) pero también con un montón de momentos de inusitada brillantez. Sirva todo ello para reivindicar (alguna vez tenía que ser) a un Calipari que este año ha demostrado que no sólo sabe remar con viento a favor, que con viento de costado también es muy capaz de optimizar el rendimiento de su nave. Nadie querrá cruzarse con ella en estos próximos días, por lo que pueda pasar.

Jarrod UTHOFF: Iowa me tapó por fin la boca… y luego me la volvió a abrir. Me explico. He rajado demasiadas veces de unos Hawkeyes que me encanta como juegan pero que son incapaces de acabar lo que empiezan, así se trate de partidos puntuales como de temporadas enteras. Así lo volví a hacer cuando a comienzos de temporada arrojaron por el sumidero (Monté Morris mediante) una cómoda ventaja en cancha de sus vecinos (y eternos rivales) de Iowa State.usa-today-9089781.0 Afortunadamente esta vez les faltó el tiempo para taparme la boca y recordarme que estoy mucho más guapo (o menos feo) calladito: acabaron espectacularmente con la imbatibilidad de Michigan State (éstos alegaron como coartada no tener a Valentine) y no contentos con ello volvieron a ganarles, otra vez de paliza, esta vez a domicilio, esta vez ya con Valentine. Y siguieron ganando acá y allá y acullá, y fueron felices y comieron perdices, y las portentosas actuaciones de este fascinante Uthoff le hicieron candidato a jugador del año no ya de su conferencia sino de toda la NCAA… Demasiado bonito para ser verdad, tal vez. Iowa ha vuelto a abrirme la boca, ha perdido (en el momento de escribir esto) cinco de sus siete últimos partidos, ha empezado a cuestionarse el presunto estrellato de Uthoff, ha cercenado de raíz sus legítimas aspiraciones de alcanzar por fin el título de la Big Ten. Si las temporadas acabasen a mediados de febrero serían candidatos al título, mientras sigan acabándose a primeros de abril seguirán siendo candidatos al fracaso. O no, quién sabe, al fin y al cabo aún están a tiempo de taparme otra vez la boca, y créanme que nada me alegraría más: por el Coach McCaffery, por el propio Uthoff, por tíos como Gessell o Woodbury que no merecen acabar con tan mal sabor de boca su periplo en la Universidad. Ojalá sea así, pero no me pidan que apueste por ello. Ya no.

Denzel VALENTINE: El ojito derecho de Izzo, y el de todos los que acuden a cada partido de East Lansing, y hasta el mío si me permiten que me sitúe a ese mismo nivel. Lleva siéndolo desde su año freshman, cuando era un inmenso montón de talento aún sin pulir,denzel-valentine-msu cuando Izzo lo acogió en su seno y se propuso convertir ese diamante en bruto en una piedra preciosa de incalculable valor (si fue capaz de sacar auténtico brillo de un pedazo de adoquín como Costello, qué no habría de hacer con una potencial joya). Así siguió haciéndolo en su año sophomore (cuando aún lideraba allí Adreian Payne) y en el júnior (cuando lideraba Branden Dawson), estaba más que claro que en este año sénior le habría de tocar a él… Y cómo. Los resultados han superado con creces las expectativas (y miren que estaban altas las expectativas), así a nivel individual como colectivo. En lo colectivo los Spartans empezaron demasiado bien (demasiado bien para el gusto de su coach, para el gusto de un equipo que siempre acostumbró a ir de menos a más), pasaron luego su particular bache (coincidiendo con la lesión de Valentine, casualmente) y ahora ya están por fin en su medio natural, no diga marzo, diga Izzo. Y en lo personal Valentine fue alma, corazón y vida, anotó y asistió y lideró y enamoró hasta el punto de que casi no hubo canasta espartana que no pasara por él. Y todo ello sin que Izzo rebajara ni por un momento su nivel de exigencia, sabiendo exactamente cuándo, cómo y dónde le tenía que apretar para optimizar su rendimiento aún más si cabe. Este Denzel Valentine es un verdadero prodigio, el indiscutible jugador del año si no existiera otro jugador del año llamado Buddy Hield (y aún así algunos nos atreveríamos a cuestionar esa jerarquía). Y sólo es el principio, aún le queda marzo (¿y abril?), aún le habrá de quedar una extraordinaria carrera profesional. Nunca le pierdan de vista.

Fred VAN VLEET: Wichita State empezó fatal la temporada y muchos, con el atrevimiento que sólo da la ignorancia, nos echamos las manos a la cabeza y dijimos que hasta aquí había llegado el reinado de los Shockers sin reparar en el pequeño detalle de que les faltaba Fred Van Vleet, que era como decir que les faltaba medio equipo. La cosa parecía estar gris oscura de cara al Madness, de cara incluso a su propia conferencia pero qué casualidad, fue reaparecer Van Vleet y empezar otra vez a ir para arriba.PAN Exchange Vegas Shocked Basketball La temporada regular distó mucho de ser un camino de rosas, pero aún así los Shockers ganaron sobrados su Conferencia del Valle del Missouri con cuatro victorias de ventaja sobre el siguiente. Todo parecía estar ya preparado para el happy end, para el fueron felices y comieron perdices, pero resultó que en Northern Iowa no eran de la misma opinión. Los chicos de Jacobson podrían haber dejado que Baker & Van Vleet se licenciaran en loor de multitud pero (egoístas como son) prefirieron eliminarles en semifinales del Arch Madness para al día siguiente ganarse ante Evansville (Culopollo Washpun mediante) su plaza para el March Madness por segundo año consecutivo. Así las cosas Wichita State vive al cierre de estas líneas (9 de marzo) en un sinvivir, en la duda de si el comité de selección ponderará más sus lamentables derrotas de non-conference (pero tenían coartada, recuerden) o su casi impecable ejecutoria en la MVC. Permítanme que haga campaña (como si no fuera ya a estar resuelta la burbuja en un sentido u otro cuando estas líneas vean la luz): en su año freshman Baker & Van Vleet fueron Final Four, en su año sophomore llegaron invictos al Madness (y sólo cayeron sobre la bocina ante el futuro finalista Kentucky), en su año júnior fueron sweet sixteen tras aquella inolvidable victoria ante sus todopoderosos vecinos de Kansas, con todo ese pasado sería una tristeza infinita que no pudieran decir adiós al Madness y se vieran abocados a despedirse en el NIT… He dicho (y si cuela, cuela).

Jay WRIGHT: Hay equipos que se me hacen bola, no ya equipos mediocres ni del montón sino buenos equipos, equipos que deberían de gustarme pero que me resultan estropajosos vaya usted a saber por qué. Claro está que todo ello me genera una cierta desazón, si son tan buenos a ver por qué yo no les encuentro el punto, así hasta que un día interactúas con otros enfermos de esto y descubres con alivio que a ellos también  les pasa lo mismo: no ya que también tengan equipos que se les atragantan, sino que se les atragantan casi los mismos que a ti: Pittsburgh (sobre todo), Baylor, San Diego St…. Villanova.031915_nova2_600 No, Villanova no (me) seduce, pero ello no me va a impedir reconocerle los méritos (como se los reconozco también a Pitt, Baylor y San Diego State por su no menos magnífica temporada, aprovechando la coyuntura), aunque me cueste: el Clooney de los Banquillos (o sea Jay Wright) lo ha vuelto a hacer, y no me refiero a interpretar el nuevo anuncio de Nespresso (que eso sería lo normal) sino a armar otro equipo sólido y correoso que lidere con paso firme la Big East: Arcidiacono (sénior ya, y parece que fue ayer cuando llegó), Hart, Ochefu, Brunson… Claro que esta vez fue un paso más allá y hasta se permitió liderar la nación entera por primera vez en su historia, o al menos así lo decidieron las autoridades cuando les mantuvieron durante unas pocas semanas en el Top1. Y nada tiene que ver que a algunos nos pareciera sobredimensionado ese número 1 (nuestro atragantamiento, ya saben), que pensáramos que en cuanto salieran de su burbuja de la Big East la iban a pifiar ni que los Mosqueteros de Xavier (quién si no) les pusieran hace algunas semanas en su sitio. Lo cortés no quita lo valiente (dicen), que estos Wildcats villanovenses no nos emocionen no significa que no merezcan nuestro respeto. Quede constancia pues, aunque el caprichoso orden alfabético los haya dejado para el último lugar…

Esto en ningún caso pretendió ser una relación exhaustiva, pero aún así sé que llevaré sobre mi conciencia no haber podido dedicar siquiera un párrafo a Ryan Anderson, Andrew Andrews, Dwayne Bacon, D.J. Balentine, Cat Barber, Alex Caruso, Quenton DeCosey, Andy Enfield, A.J. English, Kay Felder, Patricio Garino, Daniel Hamilton, A.J. Hammons, Aaron Holiday, Demetrius Jackson, Damian Jones, Roosevelt Jones, Damion Lee, Frank Martin, Egidijus Mockevicius, Tayshawn Prince, Justin Robinson, Wes Washpun, Maurice Watson Jr. y ese otro que ahora mismo no recuerdo pero que seguro que es el que usted está pensando al grito de ¡Joder, ¿pero es que a este tío ni lo va a mencionar siquiera?! No hablo de ellos por una evidente cuestión de tiempo (no doy para más) y por otra aún mucho más evidente cuestión de espacio: bastantes páginas me he comido ya, esta guía es un proyecto colectivo, aquí al lado hay gente que sabe de esto mucho más y lo explica mucho mejor que yo. Les dejo en buenas manos, disfrútenlo.

APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT (V – LOS DEL MEDIO)   Leave a comment

Doses, treses, doses y medios, treses y medios, acaso también algún uno y medio al que me cueste ver como base… de todo hay en esta quinta (y penúltima, espero) entrega, todo un genuino cajón de sastre. Y desastre, en lo que a mí respecta. Unos pocos mediocampistas (con perdón) que seguramente no marcarán una época pero a quienes no está de más conocer. Por lo que pueda pasar.

WINSLOW-02Empecemos cómo no por Justise Winslow, de la Universidad de Duke y de los Winslow de toda la vida, para mí será ya siempre el hijo de Rickie por más que en USA Rickie Winslow (aún con su gran carrera en la Universidad de Houston) sea ya sólo el padre de Justise. Justise es el típico jugador que lo mismo cose un huevo que fríe un alfiler, genuino todocampista, de esos que nunca serán una estrella pero que te los llevarías al fin del mundo si pudieras. Muy buen defensor, tremendo penetrador, aguerrido luchador. En los Blue Devils ejercía de tres o incluso de cuatro pero en NBA probablemente le tocará ser un dos, dos y medio a lo sumo; una posición para la que deberá mejorar su relación con las faltas (las que comete, que son demasiadas; y las que le cometen, que no aprovecha en los tiros libres como debiera) y muy especialmente su relación con el aro rival desde la larga distancia, condición sine qua non (signifique eso lo que signifique) para un magnífico proyecto de machaka (ilustrado) como el que nos ocupa. Muy probablemente será 6 ó 7 del draft, muy probablemente será carne de Kings o Nuggets. Nadie construirá un equipo alrededor de él, pero cualquier equipo será mucho mejor con él.

stanley johnsonCasi en la otra punta del país, en Tucson, Arizona, Stanley Johnson viene de hacer prácticamente el mismo viaje que Justise Winslow… sólo que en sentido inverso. Empezó la temporada como presumible número 3 del draft (y hasta el 2 le daban en algún pronóstico) y como favorito indiscutible a Jugador del Año en su conferencia; acabó la temporada rozando a duras penas los puestos de lotería y ya no siendo ni el mejor de su propio equipo siquiera (honor que correspondió al magnífico base sénior T.J. McConnell, a quien dicho sea de paso no encuentro en ninguna lista predraft; si es usted propietario de un equipo europeo ya está tardando en echarle el guante). Stanley dio maravillosamente el pego en un principio pero según fue avanzando el año se le vieron las carencias, que son muchas y variadas. Otro añito en Arizona le habría venido de perlas… o no, porque acaso su flojísimo final de temporada fuese porque en el fondo estaba deseando salir de allí. Él sabrá.

Viajemos ahora (como casi en cada entrega de esta serie) a Kentucky, pero esta vez para hablarles de un jugador realmente especial. Quizá el que menos nos llamara la atención de toda aquella ingente camada de freshmen que desembarcó hace un año en Lexington: liviano, nada sobrado de músculo, rozando a duras penas los dos metros (que no aparenta) y con cierto aire de buen chaval que desentonaba con la pinta de sobraos de muchos de sus compañeros.devin-booker1 Devin Booker (que así se llama el susodicho) fue asignado de entrada al segundo pelotón (white platoon, en la jerga calipariana), pensamos que pasaría desapercibido pero nada más lejos de la realidad, enseguida vimos que estábamos ante un auténtico microondas, un chaval que en cuanto aparecía y afinaba su muñeca podía poner el partido entero del revés. Porque esa es sin lugar a dudas la mejor (pero no única) cualidad de Booker, para mi gusto el mejor tirador exterior puro de este draft (Herzonja y el ex Gator Michael Frazier podrían discutírselo, aunque en el caso de este último no hay color). Y es bien sabido que en esta NBA tan propensa al triple que nos ha tocado vivir el kilo de tirador se paga muy pero que muy bien, razón por la cual Booker con sólo un año de campus tendrá puesto de lotería y un contratazo acorde con dicha posición. En el mejor de los casos podríamos soñar con un Klay Thompson (palabras muy mayores), en el caso intermedio estaríamos ante un Korver o un Redick de la vida, en el peor una especie de Kapono que tampoco es que sea mala cosa. Nunca le pierdan de vista.

Y de Kentucky a Wisconsin para dedicar un parrafillo al gran Sam Dekker, acaso la prueba perfecta de cómo una buena actuación en marzo puede disparar tu carrera profesional en general y tus perspectivas para el draft en particular, hasta el punto de hacerte casi rozar la lotería.Sam-Dekker Que Dekker era bueno lo sabíamos ya de sobra tras sus tres años en los Badgers, que Dekker podía ser grande lo supimos tras una Madness realmente excepcional, en la que se echó el equipo a la espalda y se convirtió en el principal culpable (aún más que Kaminski, incluso) de que Wisconsin se metiera en la Final y se quedara a apenas un paso de alzarse con el título. En NCAA se movía entre el tres y el cuatro abierto, en NBA difícilmente dejará de ser un tres ya que tiene el físico perfecto para ello. Otro de esos tíos que no son extraordinarios en nada pero son buenos en un montón de cosas, a destacar su defensa (como no podría ser de otra manera viniendo de donde viene), su muñeca y su impagable carácter ganador. Quien lo escoja no se va a arrepentir, seguro.

No quiero acabar esta entrega sin mencionar otros dos nombres, otras dos incógnitas, otros dos recorridos divergentes en su camino hacia el draft: Justin Anderson, que se echó sobre sus hombros a los Cavaliers de Virginia durante toda esta temporada (excepto cuando anduvo lesionado, y bien que lo acusó su equipo); interesantísimo cóctel de atleticismo, muñeca, defensa (viniendo de Virginia lo lleva de serie) y actitud, y cuyas perspectivas draftísticas parecen haber mejorado sobremanera en los últimos tiempos gracias a unos magníficos workouts. Y Kelly Oubre, que llegó hace un año a Kansas haciendo muchísimo ruido pero luego lo de las nueces ya fue otro cantar. Su cartel de estrella de poco le sirvió porque así de entrada Bill Self prefirió no darle bola, cuando finalmente se la dio vimos que ahí sí que había jugador suficiente como para sacarle las castañas del fuego… pero tampoco mucho más, por ahora. A día de hoy no deja de ser un mero proyecto (como casi todos, pero aún más en este caso), interesante pero proyecto al fin y al cabo, como bien demuestra su caída en picado en las últimas previsiones pre-draft. Cuánto mejor habría hecho quedándose otro año más en Lawrence.

APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT (IV – LOS DE DENTRO)   Leave a comment

No teman, no volveré a hablar aquí de Towns y Okafor, que ya bastante bola les di en el primer episodio. Ni de Porzingis (en la medida en que le consideremos también interior), que ya bastante bola le di en el segundo. Vayamos un poco más allá.

¿Recucauley-steinerdan que cuando les hablaba de Towns les decía que había progresado en tres meses lo que otros no logran progresar en tres años (ni en treinta, si se diera el caso)? Pensaba en aquel entonces en otro fornido mocetón calipariano, justo aquél que lleva por nombre Willie Cauley-Stein. Cauley-Stein aterrizó en Kentucky en la temporada 2012/2013 como una fuerza de la naturaleza, siete pies de músculo absolutamente bien proporcionado que sembraba el terror en defensa y que parecía evidente que a poco que trabajara lo sembraría también en ataque. Contra todo pronóstico volvió para un segundo año, esperábamos encontrar grandes mejoras en su juego pero el único cambio apreciable fue aparecer con el pelo teñido de rubio platino, algo de lo que afortunadamente se arrepintió a los pocos días a la vista de los resultados. Contra todo pronóstico volvió también para un tercer año, creímos ingenuamente que ésta ya sería la definitiva, que por fin su torrente defensivo se correspondería con un amplio caudal de habilidades ofensivas, lo creímos hasta que comprobamos que este Cauley-Stein seguía siendo exactamente el mismo que habíamos conocido años atrás, que probablemente lo seguiría siendo ya para toda su vida deportiva. No, ahora ya no volverá para un cuarto año, tampoco es de extrañar, visto lo visto podría repetir curso 28 veces, podría volver a la universidad un año tras otro hasta el 2043 y aún así seguiría siendo el mismo jugador unidireccional que conocemos hoy. Que no es que esté mal, a ver si me explico: la intimidación cotiza al alza, las franquicias se lo rifarán, de hecho hasta algún pronosticador se ha atrevido a ascenderle hasta el número 4 en las previsiones pre-draft, lo cual no sería de extrañar porque en ese puesto escogen los Knicks y es bien sabido que son capaces de cualquier cosa. Triunfará en lo suyo aunque al otro lado sólo le veamos anotar en plan pichichi (tras rebote ofensivo o culminando alley-oops), llegará el día en que le nombren defensor del año y todos nos congratulemos de ello… aunque algunos (sólo algunos) no podremos evitar pensar también en lo que pudo haber sido y no fue.

Y ahora (para desengrasar) pasemos a algo así como el anti-Cauley-Stein, un tipo que carece del músculo y el atleticismo del kentuckiano pero que rebosa de absolutamente todo lo demás. Señoras, señores, con ustedes, recién llegado de Wisconsin, el Jugador del Año, el único, el incomparable, el irrepetible Frank Kaminski, pónganse todos en pie.kaminski Se me cae la baba con Kaminski, se me cae hasta ponerme perdido y lo peor es que no me pasa a mí solo, con las babas que todos los kaminskianos hemos generado durante estos últimos años se podría llenar un embalse, discúlpenme la guarrería. Saben que a mí se me gana mucho más por talento que por físico y por eso Kaminski es de esos jugadores que me llevaría a una isla desierta o aún mejor, a un equipo de baloncesto si lo tuviera. Así me va, por eso nunca llegaré a nada en la vida, por decantarme por la estética en detrimento de la sordidez, afortunadamente (para ellos) los general managers tienen sus pies mucho más en el suelo que yo y por eso todo parece indicar que pasarán de Kaminski en los primeros puestos del draft. Los pronósticos más favorables le sitúan en el puesto 8 mientras que los más desfavorables le mandan hasta el veintitantos, entre uno y otro un amplísimo abanico de posibilidades. El susodicho, oliéndose la tostada, ha ido ampliando sobremanera su rango de tiro ante la evidencia de que las franquicias despreciarán sus fundamentos bajo el aro por no llevar una gran cáscara de músculo a su alrededor (el síndrome de Tomic, como si dijéramos). Acabará ganándose la vida de especialista, puro cuatro abierto por una mera cuestión de supervivencia, muy probablemente emergiendo desde el banquillo. Y a muchos les encantará y les parecerá la quintaesencia del baloncesto moderno, pero a mí (que soy muy raro) no dejará de parecerme un desperdicio.

Volvamos ahora a Kentucky para hablar de Trey Lyles, otro espigado mocetón muy al gusto de aquella casa. Montones de centímetros, kilotones de músculo, atleticismo devastador, una especie de Cauley-Stein 2.0… pero con un ligero matiz. Cauley-Stein es un libro cerrado, resulta muy difícil imaginar que kentuckybigspueda llegar a ser otra cosa distinta a lo que ya es; Lyles en cambio es una página en blanco, está por escribir, puede quedarse en mero físico o evolucionar a jugador total, vaya usted a saber. Obviamente también está más verde, será mucho más trabajosa su adaptación a la Liga, los románticos de esto siempre pensaremos que debería haber permanecido al menos otro año en Lexington (aunque el currículum de Cauley-Stein nos lo desmienta) pero eso ya no tiene vuelta atrás. Dependerá (como en tantas otras ocasiones) de cuánto trabaje, de en dónde caiga, de cuánta bola le den. Apunta a número 8 en el mejor de los casos aunque tampoco en este caso ha faltado algún (presunto) especialista insinuando que los Knicks podrían escogerle en el 4, así están las cosas en la Gran Manzana, creo que si yo me presentara al draft también sonaría para los Knicks. Qué cruz.

Y permítanme que como de costumbre acabe el capítulo con cuatro nombres más, cuatro jugadores interiores que me provocan fascinación y me generan dudas, todo a la vez aún por contradictorio que ello resulte: Myles Turner, de Texas, trabajadísimo saco de fundamentos, calidad excelsa no exenta de músculo pero que fue de más a menos en la misma medida en que fue de más a menos (para acabar casi en nada) su Universidad. Bobby Portis, de Arkansas, debilidad personal del que suscribe, intenso todoterreno con todas las papeletas para convertirse en un interesantísimo cuatro de rotación aún a pesar de su falta de centímetros para ese puesto. Kevon Looney, de UCLA, fascinante físico longilíneo y bracilargo a lo Kevin Garnett, fascinante cóctel de aptitud y actitud que me enamoró en sus primeros partidos con los Bruins… y que me decepcionó (quizá por culpa mía, que esperé más de lo que debería) en casi todos los demás. Tierno e inconsistente como corresponde a su edad, prototípico caso de jugador al que otro año en la universidad le hubiese venido de cine… tanto más teniendo en cuanta que no parece ni que vaya a oler siquiera las primeras posiciones de este draft. Y finalmente Montrezl Monster Harrell, personaje de Louisville que por sí solo requeriría un capítulo aparte, si bien intentaré sintetizarlo en unos pocos renglones: un monstruo (como su propio apodo indica) que en su primer año pareció que iba a comerse el mundo, que en su segundo año (jamás pensamos que volviera para un segundo año) pareció habérselo comido y que en su tercer año (jamás pensamos que volviera para un tercer año) pareció haberle sentado mal la digestión. Puede salir una megaestrella o un bluff, casi sin término medio. Yo aún le tengo fe, aunque su estancamiento en esta última temporada y su propensión al cruce de cables me hagan cogérmela (la fe) con pinzas. Pero aún así no apostaría en su contra.

CON OCHO BASTA   1 comment

Eight is enough. Eight is enough! Así lo proclamó Mike Krzyzewski a los cuatro vientos (y a la CBS, y a la ESPN, y a quien se le pusiera por delante) nada más finalizar su victoriosa Final contra Wisconsin. Eight is enough, con ocho basta, a quienes sean insultantemente jóvenes les parecerá una frase como otra cualquiera, en cambio a quienes ya peinamos (demasiadas) canas nos retrotrae a los últimos Setenta y los primeros Ochenta, a una empalagosa y blandurriagfdfgdsfs serie yanqui que hizo furor en nuestras pequeñas pantallas, ya saben, esa típica familia llena de hijos (ocho, concretamente) que tanto juego dio siempre para comedias (presuntamente) costumbristas de clase alta, así en aquel lado del charco como en éste. Se emitía los viernes a la caída de la tarde, justo antes de Más Vale Prevenir (programa dedicado a la salud presentado por Ramón Sánchez-Ocaña, nada menos), y ni que decir tiene que arrasaba con la audiencia incluso en aquellos tiempos en que aún no teníamos por costumbre medir las audiencias (también es verdad que no tenía nada con qué competir), créanme que no había nada más visto en nuestro panorama televisivo semana tras semana, aún por raro que hoy nos resulte siendo ese día y a esa hora. Nos la tragábamos como pavos (a ver qué quieren, no había otros canales, no había Internet, no había ordenadores ni videojuegos, ni siquiera había nacido aún la costumbre de salir los viernes) y la olvidábamos inmediatamente después hasta el episodio siguiente, finalmente un día desapareció de nuestros televisores y nuestras vidas y la olvidamos ya para siempre o al menos eso creímos, yo al menos he vivido perfectamente durante más de treinta años sin acordarme jamás de ella, y así seguiría si no fuera porque al laureado y milenario (en victorias) Coach K le dio por recordármela la otra noche, justo después de convertirse (además) en pentacampeón…

Eight is enough. Eight is enough!… No, no es que al afamado Krzyzewski (que debería peinar aún más canas que yo, aunque por algún inexplicable e insospechado prodigio no sea así) le sobreviniera un repentino ataque de nostalgia televisiva, en absoluto. Es sólo que el susodicho K acababa de demostrar (por si alguien no lo tuviera ya suficientemente claro a esas alturas) que con lo que tenía tenía más que de sobra;2015-04-07T034227Z_1111927202_NOCID_RTRMADP_3_NCAA-BASKETBALL-FINAL-FOUR-CHAMPIONSHIP-GAME-WISCONSIN-VS-DUKE acababa de dar en las narices a todos aquellos que dijeron (dijimos) que a Duke esta plantilla se le quedaba muy corta, a todos los que insistieron (insistimos) aún más en ello tras la abrupta salida de Sulaimon. Pues ahí lo tienen, con ocho becas deportivas basta, con una rotación de ocho jugadores es más que suficiente. Suficiente para pasarse por la piedra con inusitada claridad a San Diego State, Utah y Gonzaga, suficiente para llegar más sobrados que nadie a Final Four, suficiente para apalizar a Michigan State, suficiente para derrotar finalmente a Wisconsin en una final extraordinaria, a esa misma Wisconsin que un par de días antes se había cepillado a la hipersupermegafavorita Kentucky en otra semifinal no menos extraordinaria. Con ocho basta. Pues va a ser que sí.

Pero tiene truco, claro. Tan sencillo como que no es sólo una cuestión de cantidad, sino también (y sobre todo) de calidad. Que hay ochos y ochos, vamos. Que cuántos, con una rotación manifiestamente más larga, no se hubieran dado con un canto en los dientes (a riesgo de hacerse daño) sólo con tener la cuarta parte del talento que atesoraban estos Blue Devils. Ocho apenas, y cuatro de ellos (y qué cuatro) novatos además para más inri, para que a todos aquellos que recurrieron (recurrimos) al factor experiencia para explicar lo de Wisconsin vs Kentucky el argumento ahora se les (nos) caiga por su propio peso. Con ocho basta, y si encima son unos críos recién salidos del cascarón (pero buenos como diablos) pues tanto mejor, así que ya puestos no estará de más que aprovechemos este modesto (y molesto) blog para rendirles homenaje, que bien merecido se lo tienen. Helos aquí, in alphabetical order:

Grayson ALLEN: La salida de Sulaimon fue el punto de inflexión. Antes apeDuke_c0-262-3082-2058_s561x327nas habíamos conocido a esa cara de chico travieso que llegó a Duke con magníficas referencias desde el instituto, que en sus escasísimas apariciones mostraba con cuentagotas la calidad que atesoraba… pero que no cabía, sin más; era el noveno, rotaban ocho, normalmente se quedaba sin jugar, nada grave, ya habría tiempo, ya llegaría su momento… Todo cambió a partir del 29 de enero: Grayson pasó de noveno a octavo, empezó a tener minutos, empezó a aprovecharlos, empezó a mostrar bien a las claras (por si a alguien le quedaba alguna duda) el pedazo de jugador que había detrás, y todo ello además en progresión ascendente, cada partido un poquito mejor que el anterior. ¿Hablábamos de puntos de inflexión? Lunes 6 de abril, Final universitaria, Wisconsin 9 arriba bien avanzada ya la segunda mitad, los Badgers relamiéndose y de repente el partido entero puesto del revés, un triple por allá, un dos más uno por acá, otro robo por acullá, un cóctel de talento, intensidad y descaro que los de Bo Ryan no supieron cómo procesar. Saben bien en Durham que sin esa eclosión no serían campeones, lo sabe todo dios y lo sabe él mejor que nadie, hasta el punto de que ya ha empezado a escuchar cantos de sirena garantizándole (¿?) un puesto en primera ronda del draft. Afortunadamente ha hecho caso omiso, afortunadamente parece que se quedará en Duke (al menos) una temporada más, créanme que sólo por ver jugar a esta criatura (titular indiscutible ya para entonces, no lo duden) merecerá ya la pena contemplar cualquier partido de los Blue Devils. Sólo denle tiempo.

Quinn COOK: Aterrizó en Durham a mediados de 2011, apenas un año despuéstyus-jones-quinn-cook del anterior título de Duke. Padeció importantes sinsabores, vivió en sus propias carnes la prematura eliminación ante Lehigh en 2012, la no menos prematura eliminación ante Mercer en 2014, la frustrante derrota ante Louisville en la Final Regional de 2013. Compartió vestuario con Austin Rivers, Seth Curry, Andre Dawkins, Michael Gbinije (sí, el de Syracuse), Josh Hairston, Ryan Kelly, Rodney Hood, Jabari Parker, todos los Plumlees. Llegó como una especie de combo guard (signifique eso lo que signifique), las circunstancias le llevaron a ejercer de base full time con notable éxito de crítica y público y justo entonces, cuando ya todos le teníamos como director de juego, apareció Tyus Jones y hubo de desandar lo andado para volver a ejercer de dos, a veces también de uno pero sólo a tiempo parcial. Y los agoreros auguraron catástrofes sin cuento en el perímetro de los Blue Devils por las crisis de celos que podrían suscitarse, pero nada más lejos de la realidad: Cook entendió la maravilla que le habían puesto al lado, asumió la situación, se adaptó a su nuevo rol sin decir oste ni moste. Base correcto, muñeca excelente, no tiene la calidad de alguno de sus compañeros (ni de lejos), no sabemos qué le deparará el destino en su carrera profesional pero de una cosa al menos sí que podemos estar bien seguros: nadie se merece este título tanto como él.

Amile JEFFERSON: Prototípico jugador de equipo, de esos que pareció que serían mucho más amile jeffersonde lo que fueron pero que en el fondo son mucho más de lo que parece que son (no sé si me explico). Pídanle que se asocie con cualquier Plumlee y a fe que lo hará, pídanle que sea referencia interior (no había otra) con Jabari Parker como imprevisto socio y también lo será, pídanle que sirva de báculo a Okafor y cumplirá con creces con su cometido, pídanle que salga desde el banquillo para limpiar la zona a Okafor y aceptará su nuevo rol sin rechistar. Puede parecer que su importancia haya ido disminuyendo con el paso del tiempo (probablemente porque así sea) pero un análisis más profundo quizá nos revelaría aspectos insospechados: nos revelaría, por ejemplo, que allá donde no llegó el amigo Jahlil ni aún menos Marshall Plumlee sí llegó él, que nadie consiguió parar a Kaminski como lo hizo él en esos minutos finales, justo cuando Okafor andaba atenazado en el banquillo con sus cuatro faltas a cuestas. De no haber sido por esa defensa puntual, por ese súbito apagamiento del hasta entonces inspiradísimo Frank the Tank, vaya usted a saber de qué estaríamos hablando ahora.

Matt JONES: En un momento dado de la temporada, quizás en aquella remontada en cancha de Virginia o quizás viniera ya de lejos, Mike Krzyzewski tuvo una idea (que para eso le pagan). Si la defensa rival se cierra sobre Okafor me tapa también a Jefferson, necesitaría un cuatro abierto para generar otras posibilidades pero no lo tengo, así que… ¿qué hacer?matt jones Pues muy fácil, Jefferson al banquillo, Winslow a ejercer de sucedáneo de cuatro y Matt Jones al quinteto titular para tener un arma homicida más desde el exterior. Lo que se llama abrir el campo, cuatro pequeños y un grande, que él por dentro se basta y se sobra y cuando la defensa se cierre sobre él (o sea, casi siempre) ya aprovecharemos su capacidad de pase para sacarla hacia el tirador. Y ni que decir tiene que el cambio le vino a las mil maravillas y que la impecable muñeca de Matt Jones hizo el resto, ya fue instrumental en aquella histórica remontada virginiana y a partir de ahí siempre estuvo donde y cuando se necesitó. Matt Jones aún es sophomore, es carne de cuatro años en Duke, si éste ya fue bueno imaginen lo que aún nos puede deparar en los dos siguientes. Nunca le pierdan de vista.

Tyus JONES: Cuentan que su madre le puso Tyus porque se enamoró de la manera de jugar de Tyus Edney, aquel menudo y maravilloso base que nos epató en UCLA (cómo olvidar aquella Madness de 1995, aquel canastón de costa a costa sobre la bocina, aquella lesión que le impidió jugar casi toda la Final) y que años más tarde siguió epatándonos por media Europa (cómo olvidar aquella Final Four de 1999, aquella Euroliga que ganó para el Zalgiris). Quién le iba a decir a esa madre que cuando escogió ponerle Tyus a su retoño no sólo estaba predestinándole a ser un base tan bueno (al menos) como el anterior, sino incluso a que ganara el título NCAA exactamente veinte años después de que lo hiciera el anterior. Tyus Jones empezó la temporada con más titubeos que Okafor o Winslow (lo cual no quiere decir qu164040615-407-wisconsin-v-dukee estuviera mal, sino que no estaba tan bien) pero eso fue sólo hasta que cogió confianza. Su mes de febrero ya fue extraordinario y su mes de marzo fue aún mejor si cabe, poniéndole todo ello al nivel del mejor base NCAA que podamos imaginar. Y qué decir de esas dos noches de abril… Hace días alguien me aseguraba estar convencido de que Tyus volvería a Duke para su segundo año, discrepé entonces y discrepo aún más ahora, yo más bien estoy convencido (mal que me pese) de que cogerá de la manita a su íntimo amigo Jahlil y se apuntará presuroso al draft, ojalá me equivoque. Eso sí, vaya usted a saber si alguna madre enamorada del juego de Jones no le pondrá a su hijo Tyus cualquier día de estos, vaya usted a saber si ese Tyus Loquesea no liderará a su universidad a ganar el título universitario de 2035… Y nosotros que lo veamos, claro.

Jahlil OKAFOR: Podríamos decir que ha hecho casi el mismo viaje que su amigo Tyus Jones, solo que en sentido inverso. Casi toda su temporada fue excelsa, confirmando las gloriosas expectativas generadas tras sus años de high school y sus fugaces (pero muy brillantes) apariciones durante el último Mundial Sub19. Durante meses hubo consenso en considerarle no ya el unánime número 1 del próximo draft sino el único jugador de dicho draft perfectamente capacitado para jugar ya en NBA y aportar desde el primer día, durante meses hubo consenso en proponerle para jugador del año casi por encima de Kaminski, menos mal que luego la realidad (y el propio Kaminski) acabó poniendo las cosasAPTOPIX NCAA Duke Wisconsin Final Four Basketball en su lugar. Y sin embargo, a partir de un determinado e impreciso momento de finales de temporada, su juego empezó a decaer: ya no era tan dominante, ya las constantes ayudas sobre él empezaban a hacerle mella, ya tenía dificultades no ya para anotar sino incluso para distribuir (otra de sus grandes cualidades, el pase, esa capacidad de doblar el balón desde el poste para encontrar siempre al hombre abierto cada vez que le sobremarcan). Importante siguió siéndolo, siempre lo fue (aunque sólo fuera por el hecho de atraerse a media defensa rival, aunque sólo fuera por el espacio que libera para que los cañoneros tengan tiempo de clavarla desde fuera); pero ya no determinante. Sirva como coartada que hubo de bregar (y habremos de reconocer que salió airoso) contra algunos de los juegos interiores más ilustrados de la competición: el de Utah (Poeltl, Bachynski), el de Gonzaga (Karnowski, Wiltjer, Sabonis)… o contra un juego interior bastante menos ilustrado pero no por ello menos incordioso, esos rústicos Costello y/o Schilling de Michigan State. Pero en la Final palideció (así en defensa como en ataque) ante Kaminski, por más que un par de canastas en los minutos postreros le sirvieran al menos para cubrir el expediente. Ha perdido cartel, qué duda cabe, hasta el punto de que a día de hoy resulta difícil seguir apostando por él como número 1 del draft, tanto más tras la emergencia de ese fascinante dominicano (y kentuckiano) llamado Karl-Anthony Towns (más verde en términos de presente, mucho más potencial en términos de futuro). No teman, Okafor en el peor de los casos será número 2, lo demás será ya cosa suya. Eso sí, yo le recomendaría encarecidamente que desde ya se ponga a trabajar en (por ejemplo) las faltas personales: las que hace (que le pitan demasiadas) y (sobre todo) las que le hacen: verle arrojar tiros libres es un dolor, se lo aseguro. Aún me dura el vello de punta tras aquel escalofriante airball que se marcó en semejante suerte ante Gonzaga…

Marshall PLUMLEE: Desde su primer año se vio ya que no se parecía ni WEB_PLUMLEEde lejos a Myles ni a Mason (con quienes llegó a coincidir, protagonizando el hecho insólito de que tres hermanos no gemelos ni trillizos jugaran a la vez en una misma universidad). Bueno, sí: en el apellido (obvio), en la inicial del nombre (qué fijación con la M) y en el físico, bien se ve que los tres han sido fabricados con el mismo molde. Pero pare usted de contar. Marshall anda bastante menos dotado en cuanto a talento que sus dos predecesores (que tampoco es que sean la quintaesencia a ese respecto), de hecho en su primer año ni le vimos y en el segundo sólo en momentos muy puntuales (y no sería porque hubiera mucha competencia, dada la escasez de juego interior en aquellos Blue Devils 2014). En este tercer año ha entrado por fin en la rotación como miembro de pleno derecho, exclusivamente para dar descanso a Okafor cada vez que necesitaba oxígeno o se cargaba de faltas. Y lo mejor que se puede decir de él es que no ha desentonado y ha cumplido muy dignamente con ese papel. Aún le queda un año, y será interesante ver qué le depara el futuro a partir de entonces; difícil será que siga los (discretos) pasos NBA de sus dos hermanos, pero no descarten que acabe ganándose muy bien la vida con esto. Planta tiene, actitud también, sólo le falta todo lo demás.

Justise WINSLOW: para muchos de nosotros será ya para siempre el hijo de Rickie, por más que para los americanos (de USA) Rickie Winslow sea ya sólo el padre de Justise. Vaya joya Justise, uno de esos jugadores totales que pueden hacer casi de todo y casi todo lo hacen bien, un tres que puede ser dos pero también cuatro más o menos abierto, de hecho ha ejercido ya de ello unas cuantas veces durante estos últimos meses. Wisconsin v DukeEn USA (tan propensos como son a las odiosas comparaciones) ya andaban el otro día comparándole con Kawhi Leonard, palabras mayores, no negaré que es ese corte de jugador pero aún así no deja de parecerme un atrevimiento, si le comparan con Leonard como si le comparan con Harden (por ejemplo), pero por ahora es sólo Justise Winslow (que no es poco) y tiene que encontrar su propio camino. Un camino que será mucho más fácil si parte desde posiciones altas del draft, a día de hoy anda ya encaramado en el Top 5 y no tiene visos de bajar, más bien al contrario, su aptitud y su actitud han entusiasmado durante este mes de marzo a todos aquellos que no vinieran ya entusiasmados de serie. Resulta tentador en este punto compararle (más comparaciones odiosas) con otro alero freshman del mismo corte, ese Stanley Johnson arizónico que llegó con mejor cartel y que sin embargo ha hecho exactamente el camino inverso, Justise fue p’arriba y Stanley p’abajo. De verdad se lo digo, si nuestro hijo de Rickie se aplica con las faltas y consolida su (aún mejorable) tiro exterior, el futuro es suyo (y si no también, pero menos). O como suelen decir por allí, sólo el cielo es el límite. Amén.

MEMENTO MORI   2 comments

dA 01Memento mori (en latín), recuerda que eres mortal (en traducción más o menos libre al castellano), cuentan que algo así les decían a los prebostes de la Antigua Roma para que no se creyesen dioses, para que no perdieran la perspectiva de su condición humana ni se situaran por encima del bien y del mal. O dicho a la manera de la Güiqui (que lo explica mucho mejor que yo): cuando un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, tras él un siervo se encargaba de recordarle las limitaciones de la naturaleza humana, con el fin de impedir que incurriese en la soberbia y pretendiese, a la manera de un dios omnipotente, usar su poder ignorando las limitaciones impuestas por la ley y la costumbre. Luego ya otra cosa es que le hicieran caso, claro…

Quizás a Kentucky (universidad de, equipo de baloncesto de) le faltó precisamente eso, que alguien le recordara que era mortal. En las semanas previas a esta March Madness se instaló un debate sobre si a los Wildcats les vendría bien perder algún partido antes de llegar al baile, es decir, antes de entrar en esa fase de la temporada en la que ya no podrían permitirse el lujo de perder ninguno. Yo en este tipo de debates suelo contestar siempre que sí, que la perfección no existe, que cualquier equipo grande tuvo siempre a alguien que le procurara una cura de humildad, que le recordara que el deporte es siempre un juego de dos caras, puedes ganar pero también (aún por bueno que seas) siempre puedes perder. Suelo estar convencido de ello aunque a veces me lo coma con patatas, aún recuerdo cómo me pasé el verano de 2006 argumentando que a aquella selección española le vendría bien perder durante la fase de preparación previa al Mundobasket de Japón, cómo empezó el campeonato y seguí con lo mismo durante la primera fase. Obviamente no sucedió ni una cosa ni la otra, obviamente luego ya todo fueron eliminatorias directas, obviamente pensé que pagaríamos caro el hecho de que nadie nos hubiera recordado nuestra mortalidad… si aquel triple del Chapu hubiera caído del otro lado me habría dado la razón, afortunadamente no sucedió así y ya saben cómo acabó aquella maravillosa historia. Una de tantas excepciones que confirman la regla, y que no impide que a día de hoy siga pensando exactamente lo mismo en cuanto se presenta la ocasión. Memento mori.

En cualquier caso el pecado de Kentucky no fue de soberbia, fue de exceso de presión. Muchos equipos jugaban por llegar cuanto más lejos mejor, algunos peleaban por ganar el título, Kentucky no (o no sólo): Kentucky aspiraba a la grandeza, 40-0, primer campeón invicto desde hace 39 años, un pedestal en el escalón más alto de la historia. Ya no era que pudieran ganar ni que aspiraran a ganar, era que tenían que ganar.NCAA Kentucky Wisconsin Final Four Basketball Demasiada carga sobre las espaldas de chavales de dieciocho, diecinueve, veinte años, muy buenos y muy grandes y muy físicos y muy dotados para jugar a esto (probablemente más que cualquier otro equipo NCAA e incluso alguno NBA), todo lo que usted quiera, sí. Pero chavales al fin y al cabo. Chavales que llegaron a Lexington como estación de paso en su camino hacia el estrellato profesional, que escogieron Kentucky porque allí nadie les rogaría que se quedaran ni les pediría cuentas cuando se fueran antes de tiempo, y que un día de la noche a la mañana se encontraron con que ganar el título no era ya legítima opción sino auténtica obligación. Y hacerlo invictos además, por si el reto de pelear por el campeonato no fuera ya suficientemente grande por sí solo. Aún por bueno que seas, en el momento en que una victoria se convierte en obligatoria estás dando el primer paso hacia la derrota. Ahora ya lo saben.

No es posible ser sublime sin interrupción, por más que un tal Baudelaire pretendiera lo contrario. Entre otras cosas porque esto acostumbra a ser un juego de dos, en el que el de enfrente por lo general cree tener el mismo derecho a perseguir la perfección que tú. Por eso a veces ganas y a veces (aún por raras que sean) pierdes, y tan normal debería resultar una cosa como la otra. O como alguien escribió en Tuiter hace once meses, tras la derrota del Madrid (otro que nunca está preparado psicológicamente para perder, por la pura idiosincrasia de la Entidad), en aquella Final de Euroliga: es baloncesto. Ganas y pierdes. Si ganas lo celebras, si pierdes felicitas al rival y te vas a casa, a entrenar para intentarlo con más fuerza la próxima vez (la cita no es textual, como ya habrán deducido dado que sobrepasa los 140 caracteres; pero esa era la idea). Felicitas al rival, tan fácil de decir como difícil de hacer. Kentucky lo hizo aunque lo tenía más difícil que nadie, más que nada por la falta de costumbre: con la cabeza alta y los ojos llenos de lágrimas hizo el habitual pasillo para felicitar a los Badgers…KENTUCKY_WISCONSIN_FINAL_FOUR_BASKETB_34135877 con alguna desagradable excepción (que debería confirmar la regla): Willie Cauley-Stein se saltó el protocolo y la buena educación y se fue directamente al vestuario, sin saludar ni abrazar ni dar la mano a nadie. Lo entiendo, cómo no voy a entenderlo, dada la frustración del momento; otra cosa ya es que lo comparta. Willie Cauley-Stein entró en la universidad hace tres años pero la universidad todavía no ha entrado en él (y a estas alturas ya no lo hará, dado que se marcha presuroso al draft); ni en lo meramente deportivo (se va tal cual llegó, imponente en defensa, cero a la izquierda en ataque) ni aún menos en lo que respecta a su formación fuera de la pista. Salidas de pata de banco (como aquella otra que cuentan de Andrew Harrison, que al parecer ofendió luego a Kaminski… aunque se retractó y disculpó inmediatamente después) propias de quien no está preparado psicológicamente para perder, quizá porque nadie le hubiera explicado que ello podía pasar. Memento mori, insisto.

Y podía, vaya si podía. Notre Dame ya había enseñado el camino, apenas con una semana de antelación. Si el pez grande siempre se comiera al chico esto no sería baloncesto, sería la naturaleza o la vida misma, afortunadamente en el deporte existen a veces (raras veces) otras opciones. Kentucky es pez grande en el sentido literal de término: tíos como castillos, fornidos mocetones rebosantes de centímetros y músculo, promedio de estatura que sobrepasa al de 29 franquicias NBA (la excepción es Portland), pónganles enfrente a Sixers, Knicks o Lakers (tanto más con la pasión por la derrota que éstos muestran a diario) y ya veremos quién gana. Pues vale. ¿Y contra eso qué se puede hacer? Jugar al baloncesto, por ejemplo (lo cual no significa que lo de Kentucky no lo fuera, líbreme el cielo; simplemente es que cuando hablo de baloncesto me refiero a lo que los tarras como yo entendimos siempre por baloncesto): pasar bien el balón, llevarlo al lado débil, moverlo cuanto sea menester hasta encontrar tiros librados, sacar a los grandes de sus casillas (en todos los sentidos), poner buenos bloqueos, abrir pasillos, generar espacios, limpiar la zona para posibilitar penetraciones, etc etc.15 15-USP-NCAA-BASKETBALL-FINAL-FOUR-WISCONSIN-VS-KENTU-72110868 Y en defensa asumir que allá donde no llegue tu físico (por comparación con el de ellos) tendrá que llegar tu esfuerzo, tus ayudas, tus recuperaciones de esas ayudas… Cinco contra cinco en vez de uno contra uno (aún por buenos que sean esos unos), baloncesto solidario vs baloncesto de apisonadora, tan sencillo (y tan difícil) como eso. A la mayoría no les funcionará (los pajaritos no suelen disparar a las escopetas) pero a algunos quién sabe, si tienen los pajaritos adecuados y esquivan las balas cualquier cosa puede pasar: a Notre Dame le funcionó durante 39 minutos, lo que tardaron en pesarles las piernas y en entregarse exhaustos al Jeriansistema. En cambio a Wisconsin (que es como Notre Dame, pero más y mejor) le aguantó hasta los cuarenta. Y porque no hubo más.

Y la experiencia, claro. Resulta curioso escuchar/leer a los kentuckianos en estos días, quejándose amargamente de que ahí pudo estar la clave: sus yogurines (yogurines enormes, pero yogurines al fin y al cabo) contra los Kaminski, Dekker, Gasser, Jackson y demás familia wisconsiniana, tíos hechos y derechos y curtidos ya en mil batallas universitarias. Razón tienen, qué duda cabe: la falta de experiencia de sus Wildcats fue decisiva en la derrota. Pero puestos a reflexionar quizá deberían ir un poco más allá, pensar no sólo en la causa sino también en la causa de la causa: esa falta de experiencia no es un hecho casual, sino la lógica consecuencia del modelo. Si compras a Calipari sabes también que compras el one (or two) and done, sabes que acarrearás all americans a espuertas y que se te irán al poco rato, está montado así, no quieras estar al plato y a las tajadas ni estar en misa y repicando (y demás frases hechas que solían decir nuestros antepasados), no quieras conseguir a los mejores chavales de instituto y a la vez tener experiencia, no es posible, no se puede tener todo en esta vida. Si soy tu hada madrina y te pongo una preciosa carroza, unos zapatitos de cristal y un vestido con el que vas a ir monísima de la muerte pero a la vez te digo que a medianoche se te acaba el chollo luego no me vengas a quejarte cuando den las doce, bonita, que conste que yo ya te lo advertí. Es su modelo, que a algunos no nos entusiasme no significa que no sea válido, que a algunos nos guste más la cocción a fuego lento que la cocina con microondas no significa que ésta no pueda dar platos exquisitos, sobre todo cuando cuenta con los mejores ingredientes como es el caso. Es su modelo y es tan válido como cualquier otro, cómo ncalipari NCAA Kentucky Wisconsin Final Four Basketballo habría de ser válido cuando les ha proporcionado cuatro final four en cinco años, cuántos lo quisieran (todos, de hecho). Pero no le pidan además la cuadratura del círculo.

No es tan grave, de verdad se lo digo. Hoy se recuerda aquel 32-0 de Indiana hace 39 años, pero casi nadie se acuerda de que a aquella Final Four llegó también otro equipo invicto, unos Scarlet Knights de Rutgers cuyo sueño también murió (para siempre, jamás han vuelto a verse en otra semejante) en semifinales. Créanme, ha habido unos cuantos casos más en la historia, los suficientes como para no tener que rasgarse ahora las vestiduras como si esto fuera el fin del mundo. Vendrán otras promociones, algunas tan extraordinariamente buenas como para alcanzar la gloria (aún sin experiencia) como aquella de 2012, otras suficientemente buenas para tocarla con los dedos como la de este año o el pasado, justo hasta que (como entonces, como ahora) aparezca otro equipo mejor. Porque al final todo consiste en eso, en este juego casi siempre acostumbra a ganar el mejor: si Kansas, Texas, North Carolina, UCLA, Louisville, Texas A&M, Ole Miss, Arkansas, Florida, LSU, Cincinnati, West Virginia, Notre Dame, tantos otros, al final no acertaron a recordarles su condición de mortales fue sencillamente porque no tuvieron argumentos suficientes para hacerlo, si se lo recordó (demasiado tarde) Wisconsin fue porque finalmente fueron a dar con la voz de su conciencia, porque tras toda una temporada preguntándole al espejito si habrá otra en el reino más guapa que yo, al final éste se acabó cansando y le dijo sí, Calipari, aunque no lo creas hay otra en el reino más guapa que tú, se llama Kaminski (licencia poética). No hay más, es así de sencillo, si Wisconsin ganó a Kentucky es porque a día de hoy (y aunque no tenga necesariamente mejores jugadores que Kentucky) Wisconsin es mejor equipo que Kentucky. Tal cual, no le den más vueltas, es tan simple como eso. Pura ley de vida.

CRÓNICAS DE MARZO (y IV)   Leave a comment

Aunque el calendario diga que ya estamos en abril, para mí sigue siendo marzo. Para mí y para todos los que amamos (en exceso, incluso) este baloncesto universitario seguirá siendo marzo hasta que el próximo lunes 7 (que para nosotros será ya martes 8) se entregue el trofeo al ganador, hasta que se apaguen finalmente las luces del gigantesco estadio de los Cowboys de Dallas, hasta que en los televisores norteamericanos (y poco después en los youtubes del mundo entero) suene por fin ese imprescindible one shining moment, la catarata de escenas inolvidables de cada torneo final. Sí, en nuestros corazones y en nuestras vidas sigue siendo marzo, seguirá siendo aún March Madness aunque ya sólo nos queden tres partidos, ese maravilloso colofón de cada temporada que solemos llamar Final Four. Los cuatro finales, los cuatro únicos supervivientes, los cuatro grandes. Aquí los tienen.

FLORIDA

Una vez más perdí una magnífica oportunidad de permanecer callado. Fue aquí mismo, hace apenas dos semanas, cuando en lugar de dejarme llevar por la vía fácil y conceder el favoritismo a Florida como hizo casi todo dios preferí meterme en camisas de once varas y decirles que Florida era el principal favorito de esta edición sin favoritos (o con demasiados favoritos) (…) Se ha beneficiado de una conferencia como la SEC que pasa por ser grande pero que anda un poco sobrevalorada en estos últimos tiempos (opinión muy personal que no tienen por qué compartir, faltaría más); ganó en casa y fuera, ganó a todos los que se encontró pero también lo pasó mal por el camino (…) Equipo muy completo, muy veterano, muy profundo pero que a mí con todo y con eso me deja alguna duda, qué le vamos a hacer. Si algún aficionado gator tuvo la infeliz ocurrencia de leerse esta solemne sarta de tonterías creo yo que debió quedarse muy tranquilo, dadas mis conocidas habilidades pronosticadoras. Dicho y hecho, hoy Florida está ya en Final Four y yo a la altura del betún. Cada cosa en su lugar.

La cosa no es ya que Florida esté en Final Four, la cosa es que está en Final Four sin despeinarse, sin dar casi un palo al agua ni hacer el más mínimo esfuerzo más allá de lo estrictamente necesario. Obviamente contó con la ventaja de que le fueron limpiando el camino, obviamente se lo fue limpiando Dayton que les quitó del medio a Ohio State, Syracuse y Stanford la cual a su vez se había cargado previamente a Kansas. Así las cosas, rivales de postín como si dijéramos Florida sólo se encontró a Pittsburgh y UCLA y a ambos los despachó con solvencia, con suficiencia incluso. Todo ello antes de jugarse la Final Four con la sorprendente Dayton, esos modestos Flyers que juegan como los ángeles (no me refiero a los Lakers precisamente) y que hasta osaron oponer un atisbo de resistencia pero hubieron de acabar claudicando ante la maquinaria pesada Gator como no podía ser de otra manera. La maquinaria pesada de un talentazo (a la par que portento físico) como Scottie Wilbekin en la dirección (no es propiamente un director, pero se las apaña), de un interior sólido y efectivo (aunque no alcanzó a ser todo lo que yo esperaba en su primer año) como Patrick Young, de la intendencia de un Will Yeguete, de un sumamente mejorado Casey Prather y de un jugador del que apenas se habla (quizá por ser el único sophomore entre tanto sénior) pero que cuenta con una de las muñecas más prodigiosas de la Liga, Michael Frazier. Llevan mucho tiempo juntos (salvo Frazier, obviamente), se conocen como si se hubieran parido, juegan de memoria y defienden como lobos (o como caimanes, sería más apropiado en este caso). He ahí su principal valor.

Llevan sin perder desde que allá por el 2 de diciembre Connecticut (precisamente Connecticut) les ganara gracias a un canastón sobre la bocina de Napier (precisamente Napier). Podríamos pensar entonces que han tenido un año fácil pero nada más lejos de la realidad, de hecho sus dificultades fueron más fuera de la cancha que dentro y empezaron ya en verano con alguna historia extradeportiva que hizo dudar de la presencia de Wilbekin y/o Yeguete en esta temporada. Y eso sólo fue el principio, lo siguiente fueron las dificultades para incorporar a su debido tiempo a sus dos más rutilantes freshmen, Kasey Hill y Chris Walker, por haber incumplido sabrá dios cuál de las doscientosmil millones de normas de la NCAA. Hill pudo jugar por fin desde mediados de temporada (y bien que lo agradece Wilbekin, a quien a menudo libera de sus responsabilidades en la dirección permitiéndole dedicarse casi por entero a lo que mejor hace, la anotación) y Walker desde febrero, más vale tarde que nunca, ambos aportan desde el banquillo (sobre todo el primero) aunque quien más aporta desde el banquillo (el verdadero sexto hombre de este equipo, de hecho) es otro sophomore que llegó vía transfer desde Virginia Tech, Dorian Finney-Smith, quédense con ese nombre (aunque sea largo) porque seguro que oirán y leerán hablar de él largo y tendido en los próximos años. Equipo sólido, sin grandes estrellas (Wilbekin, si acaso) pero sin fisuras, al que es dificilísimo hincarle el diente como lo prueba el que sólo se lo hayan hincado dos veces en esta temporada, la ya comentada de Connecticut (precisamente Connecticut) y anteriormente Wisconsin (precisamente Wisconsin), contra su tercer compañero de viaje a Dallas (o sea Kentucky) ya no perdieron pero también las pasaron canutas (o cualquier otra cosa que acabe en utas) en las tres ocasiones en que les tocó enfrentarse, especialmente en la tantas veces mencionada Final de la SEC. También es casualidad, tiene pocas bestias negras este año Florida pero todas han ido a juntársele en esta Final Four, ya veremos si ello les aporta un plus de motivación o más bien les supone una complicación.

CONNECTICUT

En 2011 tocaron el cielo. En 2011 los Huskies de Connecticut, guiados desde el banquillo por el reputado a la par que veterano técnico Jim Calhoun y desde la cancha por ese milagro llamado Kemba Walker, ganaron el campeonato universitario. Ganaron a la meritoria Butler de Brad Stevens, ganaron 53-41 en una Final infame pero ganaron, fueron felices, comieron perdices y colorín colorado que este cuento se ha acabado, entre otras cosas porque el cuento que empezó a continuación fue más bien una especie de pesadilla. En la temporada 2011/2012 Kemba ya era historia, las sospechas de amaños académicos se cernían sobre la universidad, Calhoun (entre enfermedades y sanciones) estaba ya casi más fuera que dentro y el equipo en sí mismo era una jaula de grillos, a mayor gloria y miseria de un sujeto llamado Shabazz Napier. Si el año anterior nos habían encantado los relevos que le daba a Kemba, en éste resultaba pavoroso verle ir por libre tirándose lo suyo y lo de los demás. El equipo soy yo parecía decir, y el equipo que era él, ante la aparente dejación de funciones por parte de Calhoun, se encaminó paulatinamente hacia el desastre. Sólo fue el principio. La NCAA confirmó las sanciones que ya se venían barruntando desde tiempo atrás, la más importante de las cuales fue castigarles sin postre o lo que viene a ser lo mismo, que aún por bien que lo hicieran durante toda la temporada regular 2012/2013 no les sería permitido disputar el Torneo Final. Calhoun acabó por fin de irse y además no se fue solo, ante semejante panorama hubo unos cuantos pesos pesados del vestuario que no se recataron en pedir también el transfer. De repente el equipo era un solar. Sin futuro, casi sin presente, sin más clavo ardiendo al que agarrarse que un jugón egocéntrico y una panda de colegas desestructurados… ¿quién demonios querría lidiar con semejante situación?

ollieNBAQuiso Kevin Ollie. Sabíamos que había jugado también en los Huskies en sus años mozos, le habíamos conocido luego ejerciendo labores de intendencia en no sé cuántas franquicias NBA (resulta casi más fácil enumerar los equipos en que no jugó que aquellos en los que jugó), finalmente tras retirarse encontró cobijo a la vera de Calhoun en su alma máter… hasta ahora. Ante situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Le ofrecieron el cargo y lo aceptó, probablemente muchos fans de Connecticut pensaran que era una locura darle las llaves del reino a un tipo con tan escaso bagaje como técnico, probablemente muchos amigos de Ollie pensaran que era otra locura meterse en un marrón de semejante calibre… Unos y otros se equivocaron de medio a medio, afortunadamente. Ya ese primer año de Ollie fue estupendo, no tendrían derecho al Madness pero nadie les podría quitar el derecho a jugar bien y a ser competitivos y a fe que lo fueron, de principio a fin. De repente los Huskies volvían a parecer un equipo, de repente incluso Napier pareció haber encontrado el punto exacto de equilibrio entre su felicidad y la de sus compañeros, el ser por fin capaz de ayudar a su equipo (o de no ser contraproducente, al menos) sin tener que renunciar por ello a su espontaneidad y su frescura. Todo eran buenas noticias en UConn pero claro (siempre hay un pero claro), al fin y al cabo era un año sin presión, cuando llegue la 2013/2014 y se tengan que jugar las habichuelas de cara al Madness ya veremos lo que pasa…

Pues pasó que hicieron un año sumamente irregular, con grandísimas victorias como esa (tan cacareada ya) ante Florida pero también con derrotas impropias de su condición, pongamos por ejemplo ante Houston o ante la SMU de Larry Brown (dos veces) en esa nueva American Athletic Conference. Pasó que subieron y bajaron, que entraron y salieron del Top25 y que finalmente lograron meterse en el Torneo Final (lo cual está muy bien) pero con un seed 7 que casi les convertía de inmediato en carne de cañón. Nadie dio un duro por ellos más allá del campus de Storrs, pero hete aquí que Shabazz y sus amigos (su alma gemela Boatright, el termómetro DeAndre Daniels, el alemán Giffey, el repescado del JuCo Kromah o el descomunal freshman ghanés Brimah pongamos por caso) tenían otros planes: de entrada ganaron con muchísimas dificultades a esa St. Joseph’s que venía de campeonar en su Conferencia y seguidamente se cepillaron a la mismísima Villanova, uno de los gallitos de esta temporada desde la nueva Big East. Claro está que con el atrevimiento que nos caracteriza todos nos lanzamos a interpretar dicho resultado en base a los deméritos de Villanova y no a los méritos de UConn, así que Ollie y sus chicos nos hubieron de dar un par de veces más (y de qué manera) en las narices, nada menos que ante Iowa State y ante la favoritísima (para casi todo dios) Michigan State. Hoy son ya Final Four y el resto es historia, y creo yo (aunque no tenga datos al respecto) que no habrá por ahí muchos entrenadores que puedan presumir (como presume ya Kevin Ollie, y a mucha honra) de haberlo logrado en su primera oportunidad. ¿Carne de cañón? Pues qué quiere que le diga, yo no volvería a pensar en ellos en esos términos, más que nada porque no tienen nada que perder. Y nadie es más peligroso que Shabazz Napier cuando no tiene nada que perder.

WISCONSIN

Tiene cara de pardillo, de pringao como si dijéramos. Ese típico crío patoso y bonachón al que le dirían que no las chicas cuando las invitara al baile, ese al que le quitarían el bocata en los recreos, le meterían porquería en la taquilla y le pondrían la chincheta en el asiento cuando fuera a sentarse. O no, vaya usted a saber. Las apariencias engañan, vaya que si engañan. Si hubo hace muchos años un presidente del gobierno que a la hora de nombrar ministros del interior valoraba que tuvieran cara de represor, igualmente hubo un entrenador que a la hora de buscar pívots valoraba que tuvieran cara de intimidador. La mirada del tigre, ya saben. Frank Kaminski no es ya que no tenga cara de intimidador ni mirada de tigre sino que por no tener ni siquiera tiene pinta de haber roto jamás un plato en su vida, muchos se quedarían sólo en eso pero Bo Ryan supo ver aún más allá. Bo Ryan no dudó en reclutarle aún a pesar de que no parecía responder en absoluto al típico patrón germánico y cabezacuadrada de tantos otros Badgers de antaño (Leuer, Bruesewitz, Berggren, Krabbenhoft, Nankivil, Butch…), Bo Ryan llamó a filas a aquel escuálido sietepiés quizá porque supo ver que más allá de su frágil apariencia había mucho baloncesto en su interior. En sus dos primeras temporadas en Madison no pasó de ser un jugador más, uno cualquiera, esos promedios de apenas 4 puntos y 2 rebotes no hacían presagiar grandes cosas pero se ve que el talento permanecía ahí agazapado esperando sólo el momento adecuado para aparecer. Apareció por fin en esta 2013/2014 y fue como si hubiera pasado de la nada al todo de un día para otro, si de noviembre a febrero ya nos maravilló lo que ha hecho en marzo roza casi lo paranormal: envidiables movimientos de espaldas, talento igualmente para atacar de cara, buena mano desde donde sea (de tres, incluso), rebotes a espuertas, buenos pases desde el poste, defensa insospechada, carácter en los momentos decisivos y sobre todo esa lectura del juego, ese tomar siempre la decisión más adecuada para ocasión. El verdadero MVP de lo que llevamos de Madness, no les quepa la menor duda.

Pueden estar seguros, el cénter arizónico Kaleb Tarczewski ya no podrá olvidar jamás en lo que le quede de vida a Frank Kaminski [En este Torneo Final tuvimos (que yo recuerde) un Tarczewski, dos Kaminskis, un Bachynski y un Karnowski… de los que sólo este último es polaco, por cierto].Tarzewski no podrá olvidar a Kaminski como Arizona entera no podrá ya olvidar a estos Badgers que se les presentaron casi a las puertas de su casa (Annaheim, California) para levantarles a la chica y llevársela al huerto, es decir a la Final Four (ruego me disculpen si la metáfora no les parece adecuada). ¿Que cómo lo hicieron? Pues utilizando una estrategia muy vieja, muy gastada, que cada vez está menos de moda pero no por ello resulta menos efectiva: jugando muy bien (qué digo muy bien, extraordinariamente bien) al baloncesto. En este mismo Torneo hemos visto unas cuantas universidades pequeñas que interpretan maravillosamente bien este juego (pequeño detalle que a igualdad de calidad es el que te permite marcar diferencias), pero entre las universidades (digamos) grandes no creo que haya ninguna otra que lo interprete como lo hace Wisconsin. Kaminski podrá ser medio equipo (literalmente, a veces) pero de ninguna manera me dejen de lado al otro medio: Decker, Gasser, Traevon Jackson y el tirador Brust más la interesante aportación desde el banquillo del prometedor freshman Hayes y el alero (con nombre de dieta) Dukan. Acaso la mayor concentración de talento que haya tenido jamás entre manos Bo Ryan, un talento que no le impide seguir siendo una de las mejores defensas de la nación pero que le permite además regalarse desacostumbradas alegrías en ataque: ya no necesitan tirarse necesariamente treinta segundos por jugada moviendo la bola hasta encontrar finalmente ese resquicio por el que clavársela al rival, ya su calidad les permite intentar cosas que antes no intentaban o jugarse (y hasta meter) tiros que antes ni por asomo se jugaban. Y hasta correr, cuando se les presenta la ocasión. No les voy a engañar, si buscan un baloncesto trepidante y vertiginoso Wisconsin no es (o no tiene por qué ser) su equipo; pero si buscan un baloncesto bien jugado y que explote como ningún otro las debilidades del contrario difícilmente encontrarán otro equipo que les satisfaga tanto como Wisconsin.

ryanSagerTras acabar esa Final Regional ante Arizona vimos a un Bo Ryan visiblemente emocionado, con voz rota y que apenas podía contener las lágrimas ante el micrófono de Craig Sager (y no, esta vez no se trataba de la lógica reacción ocular ante el deslumbramiento producido por los estrafalarios trajes que acostumbra a lucir el susodicho). Emoción plenamente justificada porque sólo Bo Ryan sabe lo que le ha costado llegar hasta aquí, la de generaciones que han pasado por sus manos durante todos estos años, las veces que lo ha rondado y las que se ha quedado literalmente a las puertas… Clasificarse para la Final Four es un fin en sí mismo, es incluso un título (el de campeones regionales) en sí mismo, pero puede ser también un principio, el principio de algo mucho más grande todavía: Wisconsin casi es novata en estas lides, miren que en esta Final Four tendremos tres equipos que fueron campeones ayer como quien dice mientras que en cambio los Badgers no llegaban tan arriba desde el 2000, cuando aún les entrenaba Dick Bennett (padre del actual técnico de Virginia Tony Bennett), cuando aún Bo Ryan se ganaba la vida en la vecina Wisconsin-Milwaukee. Es así, Wisconsin tiene menos experiencia en estas lides que los demás pero tiene tanto baloncesto como el que más, si no más (valgan las redundancias). Sólo hará falta que se lo crean.

KENTUCKY

Miren que se lo vengo diciendo, que este año perdí unas cuantas oportunidades de permanecer callado. Esta vez fue en diciembre, cuando me despaché a gusto sobre aquel Gabinete Calipari de mis pecados: dos obviedades, que les falta experiencia y que un equipo acostumbra a ser mucho más que la mera suma de sus miembros. El talento lo tienen, la cohesión (aún por secundaria que a su técnico le parezca) tendrá que llegar también tarde o temprano. (…) qué duda cabe de que volverán a estar entre los favoritos… pero eso, a estar entre, no a ser, no sé si captan la sutil diferencia: hoy ya nadie apuesta que esta Big Blue Nation vaya a llevarse necesariamente el gato al agua… lo cual tampoco significa que no pueda llevárselo a poco que se lo proponga. Mimbres tienen para ello, más que nadie. Ya otra cosa será que acaben de hacer el cesto… Todo eso y más escribí yo en diciembre sin reparar precisamente en ese pequeño detalle de que aún estábamos en diciembre. En este juego (y no digamos ya en esta competición, y no digamos ya si además tienes un equipo casi enteramente nuevo y plagado de chavales recién salidos del insti) las realidades de noviembre o diciembre muy poco tienen que ver con las de marzo, menos aún con las de abril para aquellos privilegiados que aún pueden darse el gusto de seguir jugando en abril. Como estos Wildcats, precisamente.

Al final Calipari hizo el cesto, y como los mimbres son buenos pues resulta que el cesto no puede tener mejor pinta. Los mimbres no hace falta que se los presente porque ya se los conocerán de sobra, pero como el saber no ocupa lugar (y menos en Internet) permítanme que les recuerde que el principal se llama Julius Randle, portento físico adobado con nada desdeñables virtudes técnicas, cuatro de libro que rebotea que es un primor y cuya mera fuerza centrífuga (amén de su habilidad en los reversos) hace que los rivales vayan cayéndose a su paso cual bolos al paso de la bola. Un monstruo que debería salir revalorizadísimo hacia el draft (aún más si cabe) por méritos propios pero también por deméritos ajenos, los de Wiggins mayormente. Y a su alrededor pues ya saben, sus egregios compañeros de promoción, el alero James Young y esos gemelos Harrison que parecen mejores cada día que pasa, Andrew cada vez mejor director de juego y más agresivo de cara al aro rival, Aaron cada vez mejor tirador y más clutch, más decisivo en esos momentos en que a otros les tiembla el pulso, pregúntenselo a los Wolverines si les queda alguna duda. El quinteto titular lo completa el quinto freshman (no recuerdo otro caso igual desde aquellos Fab 5 del 92) Dakari Johnson, por méritos propios (cada día que pasa tiene mejor pinta este cénter) pero también por deméritos y achaques varios de Willie Cauley-Stein (pedazo de examen tendrá que pasar mi amigo Kaminski ante este tremendo juego interior). Y no me perdonaría acabar el párrafo sin hacer siquiera una mínima mención a un actor secundario al que hubo de recurrir Calipari cuando los problemas le crecieron por dentro: se llama Marcus Lee, es también freshman (para variar), apenas había jugado en todo el año pero de no haber sido por su portentosa demostración ante Michigan (10 puntos y 8 rebotes -7 de ellos ofensivos- en apenas 15 minutos) hoy los Wildcats no estarían en Final Four. Así de sencillo.

Ya les conté muchas veces que si no ganaron la Final de la Southeastern a Florida fue sólo porque Young tuvo la fatalidad de resbalarse en la jugada clave, algo que por sí solo debería haberme bastado para revalorizar a Kentucky pero que yo en cambio interpreté al revés, minusvalorando a Florida en particular y a la SEC en general, ya me vale. Mal de muchos consuelo de tontos, el Comité de Selección (o como se llame) de la NCAA hizo lo propio y colocó a los Wildcats en el seed 8 de la Región de la Muerte, para empezar cárgate a Kansas State y luego ponte en el trance de tener que cepillarte a la invicta (y aún más revalorizada ahora si cabe, visto el éxito de su rival) Wichita State, aquel milímetro que faltó para que entrara el triple de VanVleet bien pudo cambiar la historia. Luego tendrás que acabar también con tu eterno rival Louisville y ni tiempo tendrás siquiera de recrearte viendo a Pitino sobre la lona porque a la vuelta de la esquina te esperarán Stauskas y sus Wolverines, acaba con todos, métete en Final Four y a ver quién demonios se atreve ahora a no darte como favorito para todo lo que te queda por delante, tan sólo mirando a lo que ya dejaste por detrás. Que nadie tiene unos mimbres como los de Kentucky ya lo sabíamos, ahora sabemos también que finalmente Calipari hizo el cesto, y qué cesto. Que sea además el mejor cesto aún está por demostrar.

Pues ya está, presentada queda la Final Four, por una vez no me dirán que se lo he puesto difícil, cuatro universidades cada una con el mero nombre de su respectivo estado, sin apellidos ni State ni otros palabros raros, sin aditivos ni conservantes ni colorantes, más fácil no puede ser. Ahora bien, ¿qué va a pasar? Buena pregunta (que es lo que se suele contestar cuando no se tiene clara la respuesta). Con el corazón me encantaría una final Connecticut-Wisconsin pero con la cabeza mucho me temo que tendremos una final Florida-Kentucky, una reedición corregida y aumentada de la pasada Final de la SEC. De todos modos creo que en los renglones precedentes ya les he dejado pruebas más que abundantes de mis portentosas habilidades como pronosticador, así que casi mejor no me lo tengan en cuenta…

(publicado originalmente en tirandoafallar.com)
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