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DELIRIOS BLAUGRANAS   3 comments

Ficha el Barça compulsivamente. Ficha como si no hubiera un mañana, como si le faltara el aire, como si se acabara el mundo. Ficha todo lo que se menea y lo que no se menea también, ya puestos, no vaya a ser que se empiece a menear. Ficha con ansia, sin medida, sin merma ni tasa, ficha como decía mi madre que comía yo de niño (y aún a veces mi señora, de adulto), hijo, comes sin conocimiento, ficha el Barça sin conocimiento, casi sin saber qué ficha, puro fichar por fichar. Ficha como si tuviera que desahogarse en baloncesto de la carencia de fichajes del fútbol, como la FIFA no nos deja echemos aquí la casa por la ventana no vaya a ser que se olviden de lo que somos. Ficha como si no le importara una mierda (acaso porque no le importe una mierda) esa reciente auditoría que cuantificaba en 5 millones los ingresos y en 27 millones los gastos de la sección, nos podrá importar a usted o a mí pero a ellos obviamente se la suda, los llenazos del Camp Nou pagan sobradamente los inmensos vacíos del Palau, será por dinero.carlos-arroyo-640 Fichan y fichan y vuelven a fichar, fichan para hacer aún más grande la distancia entre el segundo y el tercero (y ello aunque también fiche el tercero), luego cuando vuelva a hablarles de liga de dos, de bipolaridad, de previsibilidad, de liga de la marmota y demás zarandajas no se les olvide volverme a linchar.

Ficha el Barça a Arroyo, Ribas, Perperoglou, Samuels, Vezenkov, Lawal, Diagné, no nos ficha a usted o a mí porque no estamos en el mercado que si no también nos ficharía aunque sólo fuera para llevar el agua. Ficha cincos como para poner una cinquería, hasta un quinteto de cincos (añadiendo a Tomic) podría alinear si le diera la vena (acaso sea ese el sueño húmedo de Pascual y no nos hayamos enterado), una especie de cinco por cinco (veinticinco) como si dijéramos. Ficha a un Perperoglou que es el pegamento que todo buen equipo necesita, ficha a un Pau Ribas que haría las delicias de cualquiera, hasta ahí todo normal, lo emocionante llega cuando se pone a buscar base y dispara a todo lo que se mueve como si le diera igual huevo que castaña, director que anotador, cerebral que crepuscular, viejo que joven, Prigioni que Shved… o que Arroyo, pongamos por caso.

Ficha el Barça a Arroyo a sus 36 años cumplidos, aún éramos jóvenes cuando le veíamos trotar a la vera de Raül López por esas canchas de dios (del dios mormón de Salt Lake City, para ser exactos). Ficha un potro (ya más bien caballo percherón) desbocxavipascualado, un manantial de talento a chorros, un líder absoluto, un jugador que allá donde pasó no giró en torno al equipo sino que más bien fue el equipo el que giró en torno a él… ¿y en tales circunstancias aspira el Barça a que se convierta en algo así como la prolongación del entrenador sobre la cancha? Si lo de las riendas funcionó mal con Ricky y regular con Marcelinho, con Arroyo (que no es precisamente de riendas) no quiero ni imaginármelo. Pueden pasar dos cosas, que Arroyo se pascualice (que ya me extrañaría, a estas alturas de su carrera) o que Pascual se arroyice aunque sólo sea por la cuenta que le trae, entreguemos las llaves del reino a Don Carlos que él sabrá muy bien que hacer con ellas, para todo lo demás dios proveerá. Puede que tengamos un one man show al más puro estilo Galatasaray o puede que no haya pascualización ni arroyamiento alguno, que cada cual vaya por su lado y los demás ya no sepan de qué lado estar. Llega Arroyo para ser (algo así como) el brazo armado de Pascual, sólo espero que esa extremidad no acabe separándosele del cuerpo. Al menos siempre le quedará la otra, de nombre Satoranski. Menos da una piedra.

Y puestos a fichar hasta ficha el Barça a Lassa, tal cual, con dos eses y en femenino no se me vayan a confundir. Lassa como usted ya sabrá perfectamente (sobre todo ahora que voy yolassa a contárselo) es la marca líder en neumáticos de Turquía, seguramente en el país otomano la conocerá todo dios (o todo alá, según), en esta otra parte del globo quizá también pero yo (que vivo permanentemente instalado en la ignorancia) he tenido primero que averiguarlo para poder escribirlo. Lassa no ha encontrado mejor manera de expandirse que patrocinar a las secciones barcelonistas, bienvenido sea aunque rompa los esquemas a todos aquellos que sostienen que éstas ya están patrocinadas por su sección de fútbol, será que en Turquía no se han informado al respecto. Ya estoy viendo el titular del Marca en el próximo Clásico, el Barça Lassa contra el Madrid de Laso, cosas peores hemos leído. Y aún se podría mejorar, bastaría con que el Madrid se dejara de tekas y pasara a estar esponsorizado (terrible verbo) por Leche Pascual (o aún mejor sería Pascuala por aquello de la simetría, me cuentan que en Valencia hay un mítico bar con ese nombre pero no creo que le llegue el presupuesto para esponsorizaciones de tal calibre). Imaginen, Barça Lassa vs Madrid Pascual, ese sí que sería el verdadero mundo al revés, desde el tiempo aquel en que el Clásico era Real-Regal no se vio nada semejante. Todo es ponerse.

TORO O TORERO   5 comments

Antes de nada me gustaría dejar claras algunas cosas, para que así se entienda mejor lo que venga después: Creo que Laso la cagó pero bien en esta Final ACB, disculpen la vulgaridad. Creo que Laso se puso la venda antes de la herida, probablemente porque en su fuero interno supiera que dicha herida existía aunque nosotros no la viéramos. Y además se fue a poner la venda equivocada, vaya por dios. La venda arbitral, que no sólo no tapa la herida sino que la abre más todavía. El victimismo arbitral nunca sirvió para nada, si alguna vez dio réditos a corto plazo fue a costa de proporcionar grandes pérdidas a medio/largo plazo, el tiempo justo de quedar grabado a fuego en la entidad (cualquier entidad), total para qué lo vamos a intentar si no nos van a dejar, el pretexto para algo que todavía no ha pasado (pero que ya estamos predisponiéndonos a que nos pase), la coartada perfecta. El victimismo (versión arbitral) fue siempre el primer paso hacia la derrota.

Laso vio cosas raras en el arbitraje del primer partido, no las vio ni Roncero (ligera exageración) pero él sí, vaya por dios, o las vio o creyó verlas o ni lo uno ni lo otro pero decidió jugar con eso, si tantos otros lo han hecho antes a ver por qué yo no, dejo caer que nos han perjudicado en el primero y ya verás cómo nos benefician en el segundo. O no. En el segundo no hubo caso porque ganó el Madrid de calle, en el tercero menos porque ganó de calle el Barça. Agarrarte al victimismo con palizas así no es de recibo pero ya saben, hay gente pa tó. Lo cierto es que el Madrid entró al cuarto partido con la venda puesta, menuda porquería de venda, aún no habían transcurrido tres minutos y ya les estaba escapando la pus. Aún no había un motivo siquiera para quejarse de los árbitros y ya se comportaban como si hubiera un plan preconcebido, como si les estuvieran robando, como si tuvieran que justificarse ante su afición, mirad, que si no ganamos no es porque no queramos ni porque no podamos sino porque no nos dejan, qué mejor manera de mostrarle al mundo entero que llevamos ya la derrota pintada en la cara, perder ya hemos perdido (aún antes de empezar), ahora ya sólo necesitamos inventarnos una explicación. Sólo fue el principio, hubimos de llegar al tercer cuarto para presenciar aquella patética escena que habrá de quedar para los anales de la historia, Laso abandonando su silla de ruedas y atravesando media pista a la pata coja para espetarle al trío arbitral en su propia cara que aquello era una puta vergüenza, jamás en la vida se vio nada igual, si queríamos imágenes de impacto para ganar audiencia ahí tuvimos una buena, ya otra cosa sería que además supiéramos qué hacer con ella. Por un momento (por toda una serie, más bien) Laso se nos convirtió en Óscar Quintana sin reparar en que ese papel no le pega nada (de hecho no le pega ni al propio Óscar, pero eso ya no tiene remedio), ni le pega a Laso ni aún menos a su club, un club que se autodefine como Club Señor aunque en demasiadas ocasiones haya tratado de disimularlo, el mourinhismo es lo que tiene. Pero Mourinho sólo hay uno (afortunadamente) como sólo hay un Quintana, rechace imitaciones. Laso no puede ponerse a ese nivel de verdulera (dicho sea con todos los respetos para tan noble profesión), ni como estrategia ni como arrebato. Ni le pega al entrenador que es ni al jugador que fue ni al buen tío que aparenta ser. Todo tiene un límite.

Laso se fue al vestuario a verlo por la tele (supongo) y justo entonces sucedieron dos cosas paradójicas: 1) que el Madrid encontró por fin algún verdadero motivo para quejarse de los árbitros, bastante superados ya por la presión (y quién no lo estaría en su lugar) a estas alturas: aquellas dos andideportivas, la primera no lo pareció en absoluto, la segunda sí… pero como tantos otros hachazos intencionados en media pista para cortar el contraataque que antes se habían dejado sin pitar; dos nimiedades, sin duda, pero mucho más llamativas que aquellas otras por las que (supuestamente) habían montado el pollo un rato antes. Y 2), y mucho más importante, que el Madrid se rearmó: el Madrid, reunido en asamblea tras la marcha de Laso, decidió (o eso interpreté yo desde mi casa) dejarse de lloros, prescindir de paranoias, olvidarse de los árbitros y ponerse de una vez por todas a jugar al baloncesto aún teniéndolo todo perdido, aún con las escasas fuerzas que les quedaban. Y funcionó, casualmente funcionó, el Madrid no sólo volvió al partido sino que estuvo a punto de ganarlo, si no lo hizo fue (como bien explicaba Mariano de Pablos en su magnífico artículo) porque los tiros librados del Barça entraron casi todos mientras que al Madrid no le entró casi ninguno: cansancio extremo (físico y/o psicológico), agarrotamiento, quizás también un exceso de presión. Paradójicamente fueron mejores en régimen de autogestión (o con la gestión de López y Cuspinera, reconozcámosles los méritos), algo que quedará en el debe de Laso como también quedará en el debe de Laso no haber sabido medir los tiempos, no haber sabido distribuir adecuadamente los picos y valles de estado de forma a lo largo de la temporada (algo que ya fue un problema en años anteriores, pero aún mucho más en éste) y, sobre todo, no haber sabido recuperar ni física ni aún menos psicológicamente a sus criaturas tras lo de Milán. La defensa se les quedó allí, en la Piazza del Duomo, quizá la última gota de gasolina también. Siguieron por inercia, pero sólo con inercia no ganas la Liga. Necesitas algo más.

Quedará todo ello en el debe de Laso, he querido escribirlo cuanto antes porque casi nadie ha sido más proLaso que yo en estos años, porque de tanto defenderle casi parezco su cuñado (o algo así), porque nadie es perfecto (y yo menos que nadie), Laso es un buen entrenador pero tiene también sus pros y sus contras, su debe y su haber como lo tiene todo dios. Así que si hoy nos desgañitamos en el debe no será porque desaparezca el haber, si nos cebamos en las múltiples cagadas de esta Final no habremos de pasar por algo toda la grandeza derramada por este equipo en los meses previos a dicha Final. Claro que ahora vendrán todos a decirme que todo eso no sirve para nada, que el segundo sólo es el primero de los que pierden, que del subcampeón no se acuerda nadie y demás zarandajas varias que acostumbran a ser lugar común. Pues qué quiere que le diga, puede que del segundo no se acuerde nadie pero yo (que no soy nadie) no concibo esa razón. Yo sí me acuerdo de los segundos, tanto más cuanta más huella me dejaran con su juego; me acuerdo de mi Estu en 2004, me acuerdo de Butler (Universidad de) en 2010 y 2011, me acuerdo de los Fab Five de Michigan en 1992 y 1993, me acuerdo de los Spurs de 2013 y me seguiría acordando igual aunque no hubieran ganado el título en 2014. Me acuerdo incluso de equipos que ni siquiera llegaron a ser segundos pero también me cautivaron de un modo u otro, sirvan como ejemplo aquellos Kings de comienzos de siglo o los Bucks y (sobre todo) Warriors de Don Nelson, podría ponerles otros doscientos ejemplos más pero acabaría aburriéndoles (aún más si cabe) y no es esa mi intención. Del segundo no se acuerda nadie pero yo a veces me acuerdo más de los segundos que de los primeros, soy así de raro. Fíjense si me acordaré de los segundos que aquí me tienen escribiendo sobre uno de ellos en lugar de lo que en realidad debería estar haciendo, glosar como es debido las virtudes del campeón.

Total, que aún no había acabado el cuarto partido (de hecho puede que aún no hubiera acabado ni el tercero) y ya teníamos a Fotis Katsikaris hasta en la sopa, tal como nos lo vendían casi parecía que estuviera ya embarcando en el aeropuerto de Atenas, dirección Madrid of course. El Madrid lo niega pero no faltan iluminados que lo dan por hecho, ya otra cosa será que estemos dispuestos a creernos cualquier iluminación. A mí Katsikaris me gusta, habré de reconocerlo, de hecho si me pusieran en el brete de tener que escoger entre uno de los dos acabaría confesando que me gusta más que Laso. Pero es que (como decía el añorado Luis Aragonés) ése no el tema y tal. El tema es consolidar un proyecto ya iniciado y en proceso de maduración (aunque a veces algún fruto salga pocho, es ley de vida) o preferir empezar otra vez de cero con todo lo que eso conlleva. El tema es escoger entre lo malo conocido (en el supuesto de que fuera malo) y lo bueno por conocer. El tema es (por utilizar una expresión que oímos a menudo últimamente) decidir si quiere ser toro o torero. Si quiere marcar el paso o que se lo marquen, si quiere seguir llevando la iniciativa en el juego y que sean los demás quienes tengan que contrarrestarla o si prefiere volver a las andadas, perder la personalidad, ser otra vez ese típico equipo que tras tantos técnicos distintos ya ni sabe a qué juega, verse otra vez pegando tumbos por esas canchas de dios, de filosofía en filosofía, de proyecto en proyecto, de entrenador en entrenador.

Así que si quieren cargarse a Laso allá ustedes, son muy dueños, pero antes déjenme que les diga una cosa (a sabiendas de que evidentemente no van a leerla): en el deporte de equipo, hoy en día, no hay mayor valor añadido que la estabilidad. Los clubes que triunfan son los que no se vuelven locos, los que no cortan cabezas a las primeras de cambio, los que saben lo que quieren, sientan las bases para conseguirlo y realizan simplemente los ajustes necesarios para afianzar el proyecto. Podría ponerles otra vez el ejemplo de los Spurs pero les iba a resultar cansino (aún más si cabe) así que les pondré otro que les queda bastante más cerca, justo enfrente: ¿se han parado a pensar cuántos títulos mayores ganó el Barça la temporada pasada, no ésta que acaba ahora sino la anterior, 2012/2013? Uno, exactamente uno, exactamente el mismo que han ganado ustedes este año, la Copa del (ex)Rey. Pudieron decapitar a Pascual el pasado verano, no faltaron voceros que así se lo reclamaron desde todos los ámbitos, pero con buen criterio decidieron apostar por la continuidad. ¿Por qué? Porque saben que el Barça podrá enamorar o no (más bien no), podrá ganar o perder títulos pero siempre, SIEMPRE, va a estar peleando por ellos. Peleándolos hasta el final, hasta la gloria o hasta quedarse a las puertas, hasta el último minuto del último partido, hasta la mismísima bocina de cualquier final. Eso tiene el Barça y eso tiene ahora también el Madrid, me dirán que para la grandeza de su entidad no basta con pelear los títulos sino que además hay que ganarlos, puede ser pero permítanme que les recuerde (una vez más) que ahora al menos los pelean, no siempre fue así, tiempos hubo en que ni se acercaban a ellos, tiempos en los que no es ya que no jugaran finales sino que incluso algún año ni jugaron playoffs, tiempos en que si alguna rara vez ganaban algo era más fruto de la casualidad que de la causalidad, justo esos mismos tiempos en los que casualmente cambiaban casi tanto de entrenador como de equipación. ¿Es ese el modelo que quieren? Traerse al Fotis de turno para luego empezar a cuestionarlo en cuanto pierda dos partidos (que los perderá, nadie es perfecto)? ¿Decir luego aquello de que con Laso vivíamos mejor como ya lo dijeron con Plaza en su día, eso sí después de haberle hecho la vida imposible durante los años que permaneció al frente de la Sección? Toro o torero, recuerden. Lo dejo en sus manos.

realidades paralelas   2 comments

Realidad A: téngase un modesto club ubicado en la esquina noroeste del mapa, uno de esos que se ven obligados a reinventarse cada temporada, que fichan y fichan y vuelven a fichar suplentes ajenos, desechos de tienta, temporeros varios, criaturillas recién salidas del cascarón que emprenden cada verano el camino de Santiago no tanto para obtener el jubileo como para revalorizarse y/o relanzar su carrera, luego una vez que lo hacen si te he visto no me acuerdo, adiós muy buenas, fue un placer. Los peregrinos de este verano se llamaron Xanthopoulos, Durand Scott, Muscala, Delas, Minnerath, sobre sus frágiles hombros la responsabilidad de borrar el recuerdo que dejaron Kendall, Hummel, Mejri, Buford, de borrar incluso el recuerdo del gran Andrés Rodríguez, luego pídale a todos ellos que funcionen desde el primer día, pídale a Moncho Fernández que de ahí saque un equipo desde el primer día como si no hubiera pasado nada, otro acaso le diría que los milagros casi mejor pídaselos al Santo, él en cambio se pone y lo hace, saldrá mejor o peor pero lo hace, podrá tardar más o menos pero lo hace, vaya si lo hace, a las pruebas me remito.

Realidad B (nunca mejor puesta dicha letra): téngase otro club pero éste ya ubicado en la esquina nordeste del mapa, éste ya no modesto sino grande entre los grandes, tan grande que incluso es más que un club, la mera definición de club hace ya muchos años que se le quedó pequeña. Un club que cuando se reinventa no lo hace por necesidad sino por vicio, es lo que pasa cuando tienes el dinero (del fútbol) por castigo, que se te antoja Spanoulis y Teodosic y McCalebb y la madre que les parió y te vas a por todos ellos como si no hubiera un mañana, puede pasar que todos ellos te digan que no pero ello no habrá de arredrarte en absoluto porque aún podrás fichar a lo más florido y granado del panorama continental, Lampe, Nachbar, Dorsey, Papanikolaou, Pullen, la de dios, claro que siempre habrá algún tocapelotas que te dirá que dónde vas con tanto cuatro cuando se suponía que estabas buscando un base, que dónde vas con Pullen cuando se suponía que estabas buscando un (verdadero) base, es bien sabido que la tocapelotez es una cualidad inherente al ser humano, somos así, algunos nos empeñamos en ver cromos repetidos donde deberíamos ver un plantillón inmarcesible, no tenemos remedio…

Ahora bien, ¿qué sucede cuando ambas realidades paralelas se entrecruzan? [Ya sé que en el colegio nos explicaron que dos líneas paralelas nunca llegan a juntarse pero recuérdese que esto es deporte, nuestras realidades no se rigen por las leyes de la física, aquí todas las líneas (aún por muy paralelas que sean) se cruzan al menos un par de veces por temporada] En condiciones normales a nadie podría extrañarle que la realidad B aplaste a la realidad A, sobre todo si tenemos en cuenta que todo el equipo A cabe (en términos económicos) en un solo jugador del B. Claro que también puede pasar que no haya aplastamiento y el equipo B se limite a ganar sin excesos al A, mera faena de aliño, a cubrir el expediente y a otra cosa mariposa. Por pasar puede pasar incluso que A gane a B, no es fácil que el pez chico se coma al grande pero tampoco es imposible, al fin y al cabo un mal día lo tiene cualquiera. Lo que ya no suele pasar de ningún modo, lo que ya no cabe en cabeza humana es que A no se limite a ganar a B sino que se dé incluso el gustazo de humillar a B. Y sin embargo…

Y sin embargo la historia nos contará que el pasado sábado 23 de noviembre la realidad A, por otro nombre Obradoiro o simplemente Obra (también Río Natura-Monbús, pero me permitirán que prescinda de apellidos publicitarios para la ocasión), se permitió el lujo de humillar a la realidad B, por otro nombre Fútbol Club Barcelona o simplemente Barça. Hasta ahí los hechos, pero si usted no los vio es muy posible que además (y por el mismo precio) me demande una explicación. Pues qué quiere que le diga, ya me gustaría poder dársela. Ya me gustaría poder explicar el hecho de que aquellas criaturillas compostelanas  parecieran un señor equipo mientras que en cambio las rutilantes estrellas blaugranas parecían poco menos que una banda, ya me gustaría saber cómo demonios explicar que (por poner un solo ejemplo) un tipo como Óscar Junyent que ya andaba por allí cuando Naismith colgó las cestas de melocotones le pintara la cara a una leyenda viva del basket europeo como Ante Tomic, también de paso a sus amigos según iban pasando por allí; ya me gustaría poder explicar que a ratos pareciera que el único que tiraba del carro de aquel Barça fuera Abrines, precisamente Abrines, nada más y nada menos que Abrines…

Dirán en Can Barça que tienen coartada, cómo no habrían de tenerla, siempre ha de haber un empedrao para echarle la culpa, siempre tenemos una excusa para cada ocasión. Dirán que volvían de Belgrado, de ganar sobradamente en un feudo otrora inexpugnable como es la Pionir; dirán que estaban extenuados por tan gran esfuerzo y tan largo viaje (no quiero ni pensar si en vez de en jueves hubieran jugado en viernes), que no se puede estar a todas, que acaso el precio que tengas que pagar por ganar en Serbia sea palmar luego en Galicia tres días después. Dirán que tienen muchos nuevos (¿y Obradoiro?), que apenas les ha dado tiempo a conjuntarlos, que algunos llegaron con el tiempo justo y sumamente cansados tras el Eurobasket, que así no hay manera. Dirán que con tanto partido apenas les queda tiempo para entrenamientos (como si eso en esa casa fuese algo nuevo), que apenas tuvieron dos días para preparar lo que Obradoiro se tiró preparando una semana entera. Dirán misa en arameo si es preciso, quién sabe si apelarán incluso al socorrido maltrato arbitral (precedentes hay al respecto), podrán decir lo que quieran pero probablemente se les pasará por alto un pequeño detalle: un grande puede perder pero no puede perder así, de ningún modo, ni aún por muchas excusas que tenga. Un Barça puede caer como cayó en Bilbao, faltaría más, pero de ningún modo puede dar la patética imagen que dio en Santiago.

Un Barça puede tener (y de hecho tiene) una gran plantilla, que además tenga un gran equipo ya es otro cantar. Un Barça puede gastarse el dinero (del fútbol) a espuertas, ya otra cosa es que además sepa cómo y en qué se lo gasta. Te das el lujo, compras jugadores contrastados, la flor y nata del basket europeo, todo eso está muy bien pero a veces entre estar contrastado y estar ya de vuelta sólo hay un paso y algunos ya parecen haber empezado a darlo (mención especial para Nachbar en ese aspecto). Como sólo hay un paso entre tener la cabeza fría y ser un pichafría (mención especial para Nachbar, de nuevo), como sólo hay un paso entre tener la cabeza caliente y que esa misma calentura al final se te vaya de las manos. A algunos ya nos pareció en verano que meter a dos tipos como Lampe y Dorsey en el vestuario del Barça era como meter al zorro a cuidar las gallinas (dicho sea con todos los respetos y sin ningún ánimo peyorativo, líbreme el cielo), en este caso además dos zorros por el precio de uno. Por ahora no me consta que hayan provocado ningún incendio de puertas adentro pero parecen siempre a punto de provocarlo de puertas afuera, jugadores al borde de un ataque de nervios como si dijéramos. O quizá no, o será acaso que les miro con malos ojos, no lo voy a negar: miro a Lampe y veo a un tipo de calidad excelsa que se cree siempre mucho más importante que el equipo en el que está, sea éste cual sea; miro a Dorsey y veo a un jugador físicamente imponente pero que apenas ha evolucionado desde aquel otro que conocí hace seis años en Memphis (Universidad de), más allá de ponerse músculo; aquellos Tigers (entre los que estaba un tal Derrick Rose) perdieron una final universitaria por su manifiesta incapacidad para atinar con los tiros libres, basta ver hoy a Dorsey para comprobar que no aprendió nada de aquella experiencia. Si además de físico tuviera baloncesto las franquicias NBA se estarían pegando por él, si además de físico y baloncesto tuviera también algo de seso (sin equis, no se confundan) no le veríamos por Europa ni de visita. No es el caso, me temo.

¿Qué más? Marcelinho constreñido, Sada en decadencia (según se le van yendo las virtudes se le van apreciando más las carencias), Navarro aún convaleciente, Tomic en lo suyo, júntenlo con Nachbar y tendrán la pareja con más talento y menos sangre del Continente. Oleson y Lorbek lesionados (que estará por ver cuándo y cómo vuelven, sobre todo el segundo), Todorovic y (en su caso) Herzonja infrautilizados, al menos parece que Pascual ya perdió el miedo de poner a Abrines (a la fuerza ahorcan), veremos lo que le dura. Y Pullen, Pullen que no es un base (o no es lo que yo entiendo por un base), Pullen que es más dos que uno y que además va por libre, se lo das a un modesto a razón de treinta minutos por noche y lo mismo le arregla la temporada (o se la acaba de hundir), se lo das a un Barça y te preguntas qué demonios pinta allí. Dirá el barcelonismo que para este viaje no hacían falta alforjas, para utilizar a Pullen de revulsivo tiratriples en situaciones desesperadas mejor habrían hecho en quedarse con Jasikevicius que estará mayor pero es casi de la familia, y que además las mete cuando es menester. Dirá el barcelonismo que a ver qué sentido tuvo pasarse todo el verano buscando un base para acabar trayéndose un sucedáneo, para acabar tirando con lo que ya tenían, un Sada ya de vuelta y un Marcelinho que a estas alturas ya ni sabe lo que es.

Pero no es sólo cuestión de jugadores, no vayan a pensar. Saben que el juego de este Barça se me hace bola, por lo que vengo leyendo por ahí sospecho que no soy el único. No es de hoy ni de ayer, son años así, años en los que las victorias y los títulos enmascararon una especie de engrudo de difícil digestión. Hubo (por ejemplo) un Barça triomfant 2009/2010 que arrasó toda la temporada, que se llevó Copa y Euroliga y que no se llevó finalmente la Liga por la gracia de SanEme, quizás hoy muchos recuerden con nostalgia aquellos resultados pero no estará de más recordar que su filosofía de juego era exactamente la misma, este Marcelinho encorsetado que vemos hoy es exactamente ese mismo Ricky escayolado que veíamos entonces, ese del que no entendíamos que no diera un paso al frente cuando quizá no le dejaban darlo. Aquel Barça ganó títulos pero dejó efectos colaterales, la caída en picado de asistentes al Palau Blaugrana no habrá sido el menor de ellos, resulta muy socorrido echarle todas las culpas a la crisis pero quizá deberían recordar que el espectáculo también lleva espectadores, miren a su odiado rival si les queda alguna duda. Muchos se limitan a hablar de defensa, demasiadas veces se dice que Xavi Pascual es defensivo pero yo no concibo esa razón, Xavi Pascual será defensivo en la misma medida en que otros entrenadores también lo son ya que todo buen juego parte de una buena defensa. La verdadera cuestión no es la defensa sino el no soltar las riendas en ataque, ese tener al equipo permanentemente atado en corto, esa manifiesta incapacidad de cambiar el ritmo, ese baloncesto tan (generalmente) eficaz como gris, espeso, pegajoso. Las penas con pan son menos, el aburrimiento si ganas te lo perdonan pero como un día dejes de ganar estás perdido. Tengo a Xavi Pascual por un gran entrenador, jamás me habrán leído otra cosa, tiren para atrás en este blog y encontrarán múltiples pruebas al respecto. Tengo a Xavi Pascual por un gran entrenador, pruebas más que sobradas ha dado de ello (recuérdense sin ir más lejos las dos últimas finales ACB)… pero que me guste o no ya es otro cantar.

En cualquier caso no creo que el barcelonismo deba hacer un drama de todo esto, no todavía al menos, no al menos en lo que a resultados respecta. Hace ahora más o menos un año las cosas no eran tan diferentes, baste con recordar que el Barça empezó la Liga 2012/2013 perdiendo en casa contra el Valladolid (¡¡¡el Valladolid!!!), que en fechas posteriores tuvo alguna otra derrota no menos dolorosa, que anduvo en apuros hasta para meterse en la Copa… y que una vez llegó a la Copa la ganó con solvencia, que ya puestos hasta se metió en la Final Four euroliguera y que hasta le forzó el quinto al Madrid en la ACB (y apuntito estuvo de llevársela), todo lo cual fue visto por muchos como una bendición del cielo, si lo comparaban con cómo habían empezado la verdad es que no pudieron acabar mejor, recuérdese incluso que hasta hubo algún iluminado de la acera de enfrente que aprovechó la coyuntura para proclamar a los cuatro vientos que lo hicieron aposta, que tiraron a propósito la temporada regular para así reservar fuerzas para los playoffs. No descarten que este año se repita la historia, el deporte tiene sus tiempos, esto es muy largo, ni el Madrid podrá mantener eternamente su actual nivel de excelencia ni al Barça le durará demasiado este nivel de miseria (entre otras cosas porque ya hará lo que sea para mejorarlo, tirando de chequera si es preciso). Madrid y Barça son también realidades paralelas en cierto modo, el tiempo dirá si llegarán a cruzarse o no.

Y eso sí, mantengamos siempre bien presente que los equipos (aún por muy grandes que sean) nunca pierden solos. Para que un grande la cague de ese modo contra un pequeño no basta con que el grande lo haga todo mal, también hace falta que el pequeño lo haga todo bien. Siempre me dio rabia esa prensa deportiva que explica las derrotas del Madrid o el Barça sólo en base a los errores cometidos por el Madrid o el Barça como si la derrota sólo fuera culpa suya, como si enfrente no hubiera también un rival. Siempre me dio rabia esa prensa deportiva y sospecho que hoy no he hecho más que ponerme a su altura, y por eso siento rabia de mí mismo. Sirva al menos este último párrafo de reconocimiento a Corbacho, al jugador antes conocido como Freire (o sea, Rafa Luz), a Dewar y Pumprla (nunca sé cómo escribirlo), a todos los que ya fueron mencionados anteriormente y por supuesto, cómo no, a ese Moncho Fernández que tras su reputada imagen de cascarrabias esconde un extraordinario entrenador en su interior. En apenas una semana volverán a su cruda realidad, a esa pelea por la permanencia (si es que algo queda en la ACB del concepto permanencia) o por volver a rondar las mieles del medio de la tabla, tanto dará porque lo que ya nadie les podrá quitar será el recuerdo de aquel día en que su realidad se fue a cruzar con la del Barça. O para ser más exactos, del día aquel en que su modesta realidad se llevó por delante a la opulenta realidad del Barça. Nada menos.

lo de todos los años   7 comments

Me permitirán que me autoplagie (o que me autocite, que queda más elegante), que copiapegue aquí lo que escribí hace hoy exactamente un año y diez días, más que nada porque no me apetece volver a escribirlo:

El proceso de elección de Entrenador del Año en nuestra Liga ACB responde a un mecanismo ciertamente muy complejo, en el que inciden un sinfín de variables que resultaría sumamente prolijo explicar aquí, en el corto espacio de unas breves líneas. Pese a ello, y dada mi natural vocación de síntesis, haré un ímprobo esfuerzo para resumirles de la mejor manera posible los pasos que por lo general conducen a la concesión del susodicho galardón:

Paso 1: se espera a que termine la temporada regular.
Paso 2: una vez finalizada la temporada regular se obtiene la clasificación.
Paso 3: se mira dicha clasificación para comprobar qué equipo ocupó el primer puesto.
Paso 4: se comprueba quién es el entrenador de dicho equipo.
Paso 5: se otorga a dicho técnico el premio al Entrenador del Año. Sin más.

O dicho de otra manera: en la temporada 2009/2010 el Barça acabó primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le fue otorgado a Xavi Pascual. En la temporada 2010/2011 el Barça acabó primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le fue otorgado igualmente a Xavi Pascual. Y en ésta recién concluida 2011/2012 el Barça ha acabado primero la temporada regular, y el premio al Entrenador del Año le ha sido concedido a… (terminen ustedes la frase, háganme el favor, que es que a mí me da la risa).

Fin de la cita, evidentemente aquella entrada era mucho más larga (y cómo no habría de serlo) pero el resto eran ya generalidades y vaguedades que venían a cuento entonces pero hoy ya no vienen al caso. Hoy podría simplemente continuar aquella cita añadiendo que en esta temporada 2012/2013 el primer clasificado de la temporada regular ya no ha sido el Barça sino el Madrid, razón por la cual el Entrenador del Año ya no ha sido Xavi Pascual sino

Creo que no soy precisamente sospechoso de lasofobia, creo que nadie que me lea con cierta asiduidad pensará que si escribo así es porque le tengo cierta manía a Pablo Laso. Más bien al contrario, saben que le he puesto por las nubes un montón de veces, la última hace apenas unos días con notable éxito de público y no tanto de crítica, que de esa hay para todos los gustos. Lo repetiré una vez más, valoro a Laso muy por encima de lo que lo hacen muchos aficionados de su propio equipo y creo firmemente que está haciendo un extraordinario trabajo cuyos resultados se ven a simple vista: el título copero del pasado año, la Final de la Euroliga, el liderazgo en ACB y sobre todo la creación de un estilo de juego perfectamente reconocible y sumamente atractivo para el espectador. Valoro a Laso y hasta lo tengo en gran estima, no les quepa la menor duda, pero una cosa es una cosa y otra cosa ya son dos cosas. Laso es el entrenador del Madrid (lo mismo de esto ya se habían dado cuenta), y nadie dice que sea fácil entrenar al Madrid como tampoco es fácil entrenar al Barça, faltaría más; pero las penas con pan son menos como suele decirse. O dicho de otra manera, que no sé si me estoy explicando: es muy meritorio acabar primero la fase regular ACB, qué duda cabe, pero es algo que queda mucho más a mano si manejas un presupuesto futbolero como el de Madrid o Barça que si manejas cualquier otro presupuesto, cualquiera. ¿Entrenador del año? Para mí entrenador del año sería el que tuviera mejor relación calidad-precio, es decir, mejor relación entre los resultados conseguidos y los medios que fueron puestos en su mano para conseguirlos. El que hace más con menos, por decirlo así. Todo lo cual no quita para que si en un momento dado un equipo grande hace una temporada superlativa su técnico no pueda ser considerado entrenador del año, faltaría más. Pero eso, una temporada muy puntual, unas circunstancias muy concretas; no que por el mero hecho de quedar primero te lo den ya, de serie, sin atender a ninguna otra consideración.

Supongo que hasta se podría otorgar este premio en base a parámetros matemáticos, y obviamente no me refiero al puesto en la clasificación o a una mera suma estadística sino a algo más elaborado; quizás podría establecerse una correlación (inversa), de un lado el número de victorias, del otro el presupuesto del equipo o bien la suma de las nóminas de sus jugadores, ahí les dejo la idea (y gratis) por si les apeteciera llevarlo a cabo, yo no lo haré por varias razones: porque soy lego en la materia, porque aunque no lo fuera no tengo ni el tiempo ni las ganas de ponerme a calcular una cosa así y porque (sobre todo) no soy tanto de números como de sensaciones. Y mis sensaciones me dicen que el que ha hecho más con menos (muy alto el más, muy bajo el menos) ha sido el técnico del CB Canarias Alejandro Martínez. Primera temporada en la élite, casi rozando los playoffs, casi la misma plantilla que subió de LEB más algún ligero retoque y añadiendo además (por si todo lo anterior fuera poco) esas mismas cualidades que decíamos de Laso, ese estilo reconocible y muy atractivo. Sí, él habría sido sin lugar a dudas mi entrenador del año, y en su defecto tampoco me habría chirriado que lo fueran Pedro Martínez, Moncho Fernández, Roberto González o José Luis Abós, ejemplos perfectos todos ellos (cada uno a su manera) de optimizar plantillas y conseguir resultados muy por encima de las expectativas generadas. Cualquiera de ellos (y algún otro que me dejo) en mi opinión lo merecía más que Laso, simplemente porque ninguno de ellos tuvo ni de lejos el plantillón, los medios ni las posibilidades que tuvo Laso. Repito una vez más, todo ello sin menospreciar en absoluto el grandísimo trabajo de Pablo Laso.

A veces me pregunto qué es lo que mueve a la ACB a perpetrar esta solemne majadería año tras año. Evidentemente no lo sé, pero por buscarle alguna explicación me contesto que será tal vez por un impulso mediático, porque piensen que dárselo a un personaje mínimamente reconocible les permitirá vender mejor el producto. Lo cual, si fuera cierto, no haría sino confirmar la evidente incapacidad de la propia ACB a la hora de saber cómo vender su producto. Si se lo tienen que dar al entrenador del equipo líder (que suele coincidir con Barça o Madrid, casualmente) porque piensen (acaso con razón) que si se lo dan a cualquier otro no lo va a conocer ni la madre que lo parió, aviados vamos. Como siempre, el mundo al revés. La NBA, ese espejo en el que tanto les gusta mirarse, no tuvo ningún reparo en darle hace algunos años el premio de Entrenador del Año a un Doc Rivers que por aquel entonces no era el técnico de éxito que hoy conocemos en los Celtics sino un técnico rookie que, recién colgadas las botas, hacía sus primeros pinitos en Orlando. Aquellos Magic se quedaron a las puertas del playoff y muchos por aquí (quizá la falta de costumbre) pusieron el grito en el cielo, cómo es posible que se lo den si no está en playoffs, sin reparar en el pequeño detalle de que Rivers había hecho encaje de bolillos con una plantilla que no había por dónde cogerla, con un equipo que era algo menos que un equipo de transición. El que hace más con menos, recuerden, los votantes NBA lo vieron claro. La NBA crea estrellas y a partir de ahí las vende, la ACB espera que se creen solas y a partir de ahí tampoco hace nada, simplemente se deja llevar, no se atreve a salirse ni siquiera un poquito del guión.

Si sólo fuera el Entrenador del Año… Es Mirotic de MVP, es ese quinteto ideal políticamente correcto con tres jugadores del primer clasificado, otro del segundo y otro del tercero como si más allá no hubiera baloncesto, como si no existieran Nacho Martín, Justin Doellman, Germán Gabriel, tantos otros. Les compro a Sergio Rodríguez porque saben que soy muy del Chacho y porque creo que lo merece (aunque algún otro Rodríguez de acento puertorriqueño podría tener algo que decir), podría comprarles a Tomic aunque sus prestaciones a un lado de la cancha no tengan nada que ver con las del otro, podría hasta comprarles (con muchísimas reservas) a Mirotic pero por favor, no me vendan a Rudy, no me vendan al Chapu, este año no, a ambos les aprecio y les tengo en gran estima pero no me vendan la moto, tengan la bondad. No, no les pondré esta vez como ejemplo a la NBA porque allí también hacen sus cagadas (ese defensor del año en el segundo mejor quinteto defensivo del año, esos Wade y Howard en el tercer mejor quinteto de la Liga como si en verdad lo merecieran) y para eso me basta y me sobra con las nuestras. ¿Mirotic MVP? Es muy bueno y va a ser mucho mejor (pero esto se da por lo que se es, no por lo que se vaya a ser), cierto es que ha hecho partidos realmente extraordinarios pero no es menos cierto que en otros ha estado prácticamente desaparecido. Ya les dije antes que no me muevo tanto por números como por sensaciones, y mis sensaciones me llevan a un extraño concepto llamado continuidad: la que no encuentro en Mirotic, la que sí encuentro en aquellos otros Doellman o Nacho Martin que les decía más arriba (cada uno a su manera), la que encuentro incluso en su compañero Sergio Rodríguez antes que en él mismo. Claro está, Mirotic es la estrella emergente, jugará en la NBA tarde o temprano y queda mucho mejor a la hora de lucirlo, va usted a comparar, pones en el cuadro de honor MVP Nikola Mirotic y queda como dios, pones en cambio MVP Nacho Martín y queda de lo más cutre, ya ves tú, Nacho y encima Martín, pero quién demonios es ese tío, por dios qué vulgaridad. Habremos de reconocerlo, premiar a Mirotic resulta mucho más estético, ya otra cosa es que además sea justo.

Así que miren, déjense de tonterías de una vez por todas y para el año que viene institucionalicen todos estos premios, tengan la bondad. Háganlo en la misma línea que les proponía al comienzo, proclamen con antelación que el Entrenador del Año será el técnico del equipo que gane la temporada regular, que el MVP será el jugador más vendible e icónico de ese mismo equipo campeón de la regular, que el quinteto ideal estará integrado necesariamente por jugadores de los tres primeros clasificados en rigurosa proporción a los méritos contraídos por éstos, que los jugadores de aquellos equipos a partir del cuarto puesto podrán optar al Premio a la Actitud Azul o al Premio a la Tocada de Huevos Verde pero a los premios principales no, nunca, jamás, en ningún caso, bajo ningún concepto. Déjenlo por escrito, díganlo por adelantado y al menos sabremos a que atenernos. Nos parecerá igual de injusto, pero ya no nos pillará por sorpresa.

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